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Lo hice con mi Primo Travesti

Acababa de cumplir los 18 años y yo tenía un cuerpo de diez, que gustaba mucho a las chicas y me permitía ligar con facilidad, pero también había notado intensas miradas de hombres que me recorrían de arriba abajo. Era delgado, fibroso y fuerte, con cintura muy delgada, vientre totalmente plano, trasero generoso y bien levantado, espaldas anchas y rectas y piernas de escultura romana. Además tenía ya bien desarrollado “algo” que se notaba mucho en mis ajustados vaqueros, un rabo largo y grueso, que alcanza los 27 centímetros en erección. A las tías se les mojaba el coño en cuanto apretaba mi paquete contra su pubis al bailar en las discotecas. Algunos compañeros del colegio me habían meneado la polla e incluso uno me la había mamado hasta que me corrí en su boca, lo que me gustó realmente mucho. Yo les insultaba y les llamaba maricones pero les aprovechaba para correrme y pasar buenos ratos. Al fin y al cabo eran más fáciles que las chicas. No podía llegar a una chica y decirle que me la sacara y me la menease, pero la verdad es que yo siempre pensaba en chicas mientras los compañeros maricas me hacían pajas.

Murió una tía mía y fui con mis padres al velatorio. Había numerosas personas, porque mi tía era una persona con mucha vida social, ayudada por la herencia de su marido, un rico comerciante que había muerto varios años atrás. Yo era al fin y al cabo un jovencito, así que fui a mi aire, con ropa informal, vaqueros, un forro polar porque era invierno, en fin, normal. Había gente muy puesta, mucho traje a medida, zapatos de firmas y todo eso. La verdad es que nosotros teníamos tan poco trato con mi tía que no conocíamos a casi nadie. Al llegar había saludado a los hijos de mi tía, a los que no había visto desde muy pequeño, así que ni me acordaba de ellos. Era mucho mayores que yo, de treinta y tantos años tres de ellos y el más joven acababa de cumplir 27 años.

Fue este último el que me llamó la atención. Llevaba el pelo castaño con rizos un poco “afro”, pero con brillos como reflejos muy artificiales. Vestía de traje, pero muy peculiar, el pantalón ajustado como una segunda piel, aunque casi no se le notaba “paquete”, en cambio la costura, muy metida entre las nalgas, hacía que estas resaltasen muy redondas, levantadas y un poco provocativas, como si fuera una chica. A diferencia de sus hermanos no llevaba corbata y tres botones desabrochados de la camisa, de seda rosa brillante, dejaban ver un pecho sin un solo rastro de vello, más llamativo porque llevaba, al cuello, una gargantilla de eslabones de oro y porque tenía los pechos muy carnosos y los pezones muy marcados. Pensé para mis adentros que además de maricón debía ser más puta que las gallinas. Cuando me dio un beso, sus labios presionaron y se detuvieron en mi cara más de la normal, y la verdad es que yo noté un poquito de hormigueo en los huevos. Me separé lo más deprisa que pude.

A medida que pasaba el tiempo me di cuenta de que mi primo no me quitaba la vista de encima. Una vez le sorprendí con la mirada puesta en mi abultado paquete. Se percató y se puso colorado como un tomate. A partir de ese momento hizo como si yo no estuviera por allí, dedicándose a charlar con otras personas.

Pasó el velatorio, vinieron a llevarse a mi tía, fuimos todos al cementerio y luego, amigos y familiares se fueron despidiendo. Volví a casa de mi tía para recoger a mi madre, que se había quedado allí para no ir al cementerio. Lo hice en el coche de mi primo “rarito”, que se ofreció a llevarme. De camino me preguntó por mis estudios, estuvo dicharachero y poco a poco fue llevándome a preguntas más personales, de lo que hacía para divertirme, dónde iba y todo eso. Me dijo entonces que mi madre había decidido quedarse un par de días en su casa, para poner todo en orden, y que si yo quería quedarme también para estar con ella, él tenía dos camas en su habitación y podía dormir allí. La invitación me pareció descarada, pero al mismo tiempo me divirtió aceptarla, así que, cuando llegamos a la casa y mi madre nos dijo a mi padre y a mí que iba a quedarse un par de días para ayudar a mis primos a organizar las cosas, le dije que yo me quedaba con ella y rápidamente mi primo, que se llama Carlos Mario, dijo que tenía una cama libre en su habitación y acepté.

A lo largo del día, mi primo estuvo de lo más simpático, salimos a dar una vuelta, estuvimos en varios sitios divertidos y muy normalitos, de ligar chicas, pero ya por la tarde un par de veces se me acercó y rozó un poquito fuera de la normal. La verdad es que yo le dejé hacer y me comporté un poco en este caso de “calienta-coños”, porque le dije que estaba muy salido y que como no me ligase una tía a ver a quien me iba a follar esa noche. Carlos Mario reía, movía cada vez más las caderas y el trasero y me seguía el rollo ofreciéndose como una puta. Me di cuenta de que cada vez tenía más botones desabrochados en su camisa y su pecho completamente lampiño era muy atractivo. Le dije: “Oye, primo ¿te han dicho que tienes tetas de tía?” y le apreté un pecho con la mano. Se puso excitado y no se apartó, al contrario, se dejó sobar el pecho con un gesto que parecía que estaba pidiéndome que le follara allí mismo. Me eché a reír y me aparté un poco. Se le habían puesto los pezones tiesos y duros.

Cuando llegamos a su casa y nos metimos en la amplia habitación de mi primo yo estaba más salido que un mono y pensaba cómo decirle abiertamente que me hiciera una paja. Las dos camas, amplias, estaban separadas por una mesilla de noche. Cuando mi primo se desnudó pude ver que todo su cuerpo estaba igual de limpio de vello que su pecho, me di cuenta de que se depilaba el muy maricón y eso me puso aún más salido. Cuando se quitó el pantalón vi que llevaba un tanga muy pequeño, de tela brillante y con caladitos. Se lo quitó y al ver su pequeño pene, aún más ridículo comparado con el mío, largo y grueso, me eché a reir y se lo dije: “Primo, entre las tetas y el culo que tienes, si te quitan los huevos y te hacen una vagina te pueden dejar esa pollita de clítoris. Menudos revolcones que te iban a dar.” Otra vez se puso muy colorado y se metió en la cama. Yo tardé un poco en meterme en la mía para darle tiempo a que viese bien mi pollón, que además se me estaba poniendo tieso de ganar de echar un polvo.

Cuando apagó la luz yo esperé que me dijera algo, pero pasaron varios minutos y estaba claro que no se atrevía, y mi pene y mis huevos, calientes a tope, necesitaban un polvo, así que decidí tomar la iniciativa. “Oye, primo ¿quieres que me acueste contigo?” Con un hilo tembloroso de voz me contestó que sí, y yo salté de mi cama y me metí en la suya. Como estábamos a oscuras, decidí usarle totalmente como a una mujer. Tenía la piel muy suave y su pequeña pija estaba tiesa, igual que sus pezones. Empecé a manosearle, besarle, frotarme contra él, y se entregaba y dejaba como una colegiala cachonda, entre gemiditos afeminados. Le cogí una mano y le hice ponerla sobre mi polla tiesa. Empezó a meneármela con ganas, me tendí boca arriba y le ordené que me la chupase. No se lo hizo repetir dos veces y su lengua y sus labios empezaron a lamerme la polla y los huevos. Le cogí la cabeza e hice que tragase mi polla hasta la garganta. No se resistía, se entregaba como una tía. “Joder, primo, eres toda una mujercita”, le dije, y le retorcí los pechos y los pezones haciéndole soltar grititos de dolor.

Carlos Mario estaba fuera de sí, todo su cuerpo se estremecía y ardía, y la verdad es que yo estaba también a tope. Me preguntó si quería follarle. Yo nunca había dado por culo a un tío, pero en ese momento tenía unas ganas locas de romperle el culo al maricón de mi primo y hacerle sufrir mi enorme polla. Le dije que sí, que le iba a follar “como a una puta, que es lo que eres”. Entonces se dio la vuelta y se puso tendida boca abajo en la cama, levantando las nalgas para ofrecerme su culo. De la mesilla de noche sacó un frasco de crema, lo abrió y se untó entre las nalgas, metiéndose los dedos por el culo. Volvió a ofrecerme su espléndido trasero y yo, sin poder contenerme, con la mano abierta, descargué varios azotes con toda mi fuerza. Me puso aún más salido ver cómo se le enrojecían las nalgas y las levantaba aún más, entreabriendo los muslos al mismo tiempo.

No me pude contener más, porque mi polla estaba tan caliente que podía correrme fuera. Puse la cabeza de mi pene contra su agujero entreabierto, le cogí las caderas y empujé con todas mis ganas. Mi grueso pollón se abrió camino sin problemas, mientras el muy maricón gemía de placer. Yo siempre aguanto bastante, así que le estuve follando un buen rato, sacando y metiendo toda mi polla. Mi primo estaba disfrutando a tope, porque no dejaba de gemir y me llamaba “machote” y me pedía que le follase más y más fuerte. Cuando noté que me iba a correr se lo dije: “Espera, que la saco, que me voy a correr”, pero él me pidió que no, que me corriese dentro, así que descargué mis chorros de semen dentro de su culo. Carlos Mario se puso como loco, gritando y pidiendo “más, más”, mientras todo su cuerpo se estremecía y apretaba sus nalgas contra mis huevos, cerrando su esfínter como si quisiera quedarse mi polla dentro.
Esa noche dormimos juntos y le eché otro par de polvos.

A mí lo que me gusta de verdad son las tías, pero durante un par de años m estuve tirando a Carlos Mario con frecuencia. La verdad es que me gustaba verle vestirse de mujer para mí y lo puta que era en la cama. Luego, unos años más adelante, cuando me casé, le dije que lo nuestro se había terminado y me pidió una noche de despedida. Pasé con él la noche antes de mi boda y procuré dejarle satisfecho, pero me di cuenta de que yo no disfrutaba ya lo mismo y le pedí que se buscara otros chicos y me olvidara. Dejé de verle, aunque de vez en cuando sabía por amigos que estaba “despendolada”, cada vez más afeminado y exhibicionista y que se lo tiraban docenas de tíos.

Un día, hace pocas semanas, esperando en Roma la salida de un tren para Florencia, donde yo iba a temas de mi trabajo, vi entrar en la sala de espera un travesti vestido de escándalo: tacones, minifalda de cuero fucsia, cortita y muy ajustada, panties de malla, un top muy ajustado y escotado sobre unas tetas pequeñas pero muy levantadas y redondas, el vientre al aire con un dije de brillantes cristales en el ombligo y una bonita cazadora corta del mismo cuero fucsia con cuello de piel. Llevaba el pelo largo y rubio, a mechas y muy ondulado. El travesti me miraba con una sonrisa pícara, y tarde algunos minutos en reconocer, a través de los ojos muy perfilados y con largas pestañas y la boca de labios sensuales, pintados y brillantes, a mi primo Carlos Mario. La verdad es que el muy puta se la pone dura a cualquiera. Me contó que iba a Venecia, a pasar unos días con unos amigos, pero que si yo quería podía pasar una noche en Florencia conmigo. No me pude resistir y pasé la noche con él, sin pegar ojo, porque no paré de follarle una y otra vez. Por la mañana, cuando se despedía para seguir hacia Venecia le pregunté si pensaba operarse, porque sus tetas y caderas indicaban que se estaba hormonando. Me dijo que no, que no quería ser una mujer sino un hombre haciendo de mujer, que le gustaba ser lo que es, un travesti, cada vez más marica, más femenina y más puta. Me puso tan caliente que aún le eché otro polvo salvaje antes de que se marchara. Se ve que al maricón le sientan bien los polvos, porque tiene ya casi cuarenta y cinco años y conserva el cuerpo y el tipo de unos treinta.

Si alguien quiere escribirme, hacerlo a Juan Ezequiel, al email: dick_turpin2002@yahoo.es FOTOS

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