Inicio » Relatos de Lesbianas

Sensaciones muy Especiales

Comentarios (6) 15.07.2009. 13:14

No es cuestión de describirse minuciosamente, pero me llamo Ana, he tenido la oportunidad de escribir algún que otro relato y la verdad es que han tenido muy buena acogida, de hecho puedo presumir de tener una amiga muy especial, una lectora que me escribió y con la cual comparto confidencias especiales. Pero ahora os quiero hacer llegar una  nueva historia .. veréis que me gustan la chicas es innegable.. que cada vez me atraen más incuestionable.. y  aunque en mi círculo de amistades no saben nada siempre procuro ser discreta por razones obvias..

Había coincidido varias veces con  una común amiga con la que he ido adquiriendo una confianza especial nos contábamos casi todo, ella tuvo una mala terminación con el chico con el que salía.. y como no teníamos secretos, pues me lo contó una tarde que vino a buscarme para salir.. y tomar unas copas, ella estaba bastante abatida y se le escaparon algunas lagrimas, Julia como así se llama estaba sentada a mi lado en el sofá, yo la abrace y le dije que pasar página que no se merecía el disgusto que se estaba dando, ella se apoyo en mi hombro y yo tenia mi mano sobre su hombro y le acariciaba el brazo.. en algún momento mi mano rozo su pecho.. y a mi se me encendieron todas las alarmas .. al poco rato fui yo la que busque el contacto de su pecho de una forma discreta pero lo busque.. al instante, se retiro violentamente de mi hombro y me dijo.. me estas tocando a propósito?. Yo me quede sin saber que decir…. A continuación me dijo que era una aprovechada que me estaba aprovechando de su debilidad.. que la había defraudado como amiga.. y secándose las lágrimas se fue de casa…

Estuve  como dos semanas sin saber de ella. Pero como nuestro círculo de amistades era común al final coincidimos.. ni tan siquiera un hola ni un adiós, estaba claro que no lo había olvidado.. esto ocurrió dos o tres veces en nuestras salidas.. en una cena coincidimos una al lado de la otra.  Yo me sentía un poco mal la verdad y tras pasar toda la cena sin dirigirnos la palabra al final cuando me iba a levantar de la mesa, le dije…l o siento Julia, no obtuve respuesta… a continuación nos fuimos todos a una disco a bailar y allí coincidí con una  amiga  con la que estuve bailando en algunos momentos nos juntábamos demasiado siempre riéndonos, jugando con el morbo rozándonos simulando situación altamente sexy ya sabéis como a veces nos ponemos las chicas.., en una de las ocasiones en que bailábamos pegadas descubrí a Julia mirándome… al poco fueron todas la chicas las que imitándonos y  a modo de juego se pusieron a bailar entre ellas olvidándonos de los chicos que estaban contemplándonos alegremente.

En una de las vueltas  tropecé con Julia y nuestras caderas se rozaron.. Sentí como una descarga eléctrica.. y pensé que no podía ser posible, que seria a causa de las copas consumidas..  pero al tocarnos nos miramos a los ojos sin decirnos nada, cuando acabo la pieza me fui a la mesa a sentarme. Al poco dije que estaba cansada y me fui a casa… cuando me desnude para meterme en la cama.. mis pensamientos volaron de nuevo  hacia Julia y sentí mi coño húmedo.. me toque estaba mojada y con un olor bastante pronunciado.. era lo que me faltaba.. esos aromas me excitan y me ponen a mil.. empecé a tocarme y acabe en un fuerte orgasmo.

Esa misma semana me sorprendió un sms de Julia en mi móvil..  decía un escueto.. tenemos que hablar… le conteste… cuando quieras.. me devolvió otro quedando para el día siguiente en una cafetería .. cuando llegue ella ya estaba allí..nos dimos un frío beso en las mejillas… nos sentamos y empezo por preguntarme si lo la había tocado el pecho a  propósito, le conteste que si.. hubo un largo silencio que aprovechamos para beber nuestros cafés,, entonces le dije que me disculpara que me había dejado llevar, pero que no quería perder su amistad.. ella sabia que yo había salido con chicos y me vi. sorprendida por una pregunta..  me dijo. Julia te gustan las chicas.. yo sin dudar le dije que si. y le pedí que por favor no se lo comentara a nadie.. a continuación me comento que mi forma de bailar la otra noche  le tuvo inquieta.. le comente que solo era un juego a causa de los cubatas.. nos reímos y así quedo la cosa.. el distanciamiento se fue diluyendo y  volvimos a ser lo que éramos antes. Al cabo de un tiempo pude comprobar que Julia estaba como más cariñosa conmigo.. y una de las noches que me acompaño a casa después de nuestra salida de fin de semana nos dimos un beso en cada mejilla al despedirnos y nos quedamos mirando a los ojos. Entonces le sonreí y deposite un beso suave en sus labios ella sonrio y no dijo nada. Al día siguiente me dijo que si la invitaba a tomar café en mi casa..  le dije que no tenía ni que preguntarlo..  acudió a casa a eso de las seis de la tarde  fuimos a al cocina ella me dijo que lo quería con hielo y le dije que lo sacara del frigorífico yo mientra prepare la cafetera.. hablabamos de un montón de cosas vimos la tele. Y me sorprendió con.. anoche me tuve que masturbar cuando llegue a casa. Y sonriendo le dije eso es normal yo lo hago frecuentemente.. pero me sorprendió más cuando me dijo.. la culpa  la tuviste tú.. y ese beso en los labios.. sin dejarle terminar le deposite un beso igual.. pero mas largo… igual de suave… pero mas largo.. me dijo cada vez que te siento  o te oigo me siento rara…y dije.. que quieres de mi… me contesto .. no lo se Ana.. pues cuando lo sepas me lo dices. Le respondí.

Yo estaba deseando abrazarla y acariciarla  pero me contuve inicie un juego de seducción como dominante. Cuando se marcho sin ella esperarlo le deposite un beso en los labios pero esta vez mi lengua busco descaradamente su boca.. a ella se le cambio la cara… no acertó a decirme nada…. yo solo sonreía… Al poco de llegar a su casa me llamo al móvil y me dijo que ese beso le había gustado que sintió como una descarga  eléctrica .. que cada vez pensaba mas en mí. Y que creía que la estaba torturando que la hacia sufrir.. le conteste que el juego es así que el deseo y la pasión han de ser  lo máximo. Pero que ella tendría que pedírmelo. Pero que supiera que si lo hacia yo le haría descubrir un montón de sensaciones nuevas. Pero que tendría que complacerme en todo lo que le pidiera.. sin tabúes … Tardo en contestar. Pero me dijo que estaba de acuerdo..  le conteste . te avisare.. deje pasar unos días a idea para que ella o bien lo deseara mas o desistiera, ocurrió lo primero tal  y como yo había previsto.. La llame un jueves por la mañana y le dije que nos iríamos a la playa a pasar el fin de semana. Que había reservado una habitación para la noche del viernes y sábado. Le encanto la idea, el viernes paso a recogerme y cojimos un autobús para la playa el viaje no supero las tres horas, la veía nerviosa disfrute durante el viaje estaba deseando tenerla entre mis brazos y hacerla gozar… y gozar yo… llegamos al hotel sobre las 8 de la tarde.. cuando cerramos la puerta de la habitación le dije que no había vuelta atrás y ella me dijo que  estaba deseando  que no la hiciera sufrir tanto. ..le dije recuerdas que has de complacerme en todo ella dijo . lo recuerdo . y yo le dije pues cuando y como yo diga.. no digo nada. Y la puse apoyada en la pared.. y me acerque a ella lentamente.. y empece a susurrarle al oído rozándole con la lengua en la oreja le dije que su cuerpo me pertenecía y ella  suspiro y dijo que .. es tuyo Ana.. empecé a acariciarle su cuerpo por encima de la ropa. Ella suspiraba y gemía note sus pezones duros y tiesos. Y cuando le toque sus braguitas las note mojadas llegamos a la habitación y me senté en la cama ella estaba de pie frente a mi. Le pedí que se fuera desnudando   le dije que no se quitara las braguitas …ella me obedeció su pechos al quitarse el sujetador estaban tiesos y los pezones se le veían duros eran pequeños pero ahí estaban frente a mi.. entonces le pedí que se volviera . me levante y le pase la mano despacio por su espalda por sus nalgas,, le di la vuelta y acaricie sus pechos lenta y suavemente descendí por su estomago.. y pase por encima de coño, le acaricie la entrepierna.. estaba logrando  lo que en verdad había programado, el olor a sexo se notaba.. eso me excitaba, entonces acerque la cara a sus braguitas.

Un aroma excitante salía de su coño.. restregué la lengua sobre su coño ella gemía y suspiraba le fui bajando las braguitas dejando al descubierto su coño, tenia unos labios algo abultados..  tentadores.. cuando se las quite le dije que debía olerlas y aspirar fuerte.. ella lo hizo cerro los ojos y aspiraba  entonces le dije que me las diera y yo la olí y aspire igual.. se las devolví y le dije que lamiera tanto la parte que había estado rozando el coño como la del culo… lo hizo. después me levante.. la bese, sus labios desprendían un aroma a sexo excitante entonces le dije que me desnudara ella a mi…. Cuando llego a mis braguitas las bajo el olor era mas fuerte y mas intenso. De hecho no me había cambiado  las deje súper olorosas a posta sin decir nada las cojio las olio aspiro y lamió.. había entendido claramente mis gustos. La abrace  por detrás mis pechos pegados a su espalda mis manos sobre los suyos con una mano seguía jugando con ellos y con la otra le acariciaba suavemente la raja de su coño de forma suave lentamente.. no pudo mas se corrió con un orgasmo  fuerte agitándose …mi mano se lleno de líquidos mientras su culo se pegaba a mi coño gemía sin descaro. Me decía.. me enloqueces… así abrazada le puse los dedos en sus labios y ella chupo con avidez después nos besamos fuertemente con desesperación.. apasionadamente su boca ya no podía reprimir los sabores  a sexo.. le dije que fuera lamiendo todo mi cuerpo sin dejar nada desde los pies a la cabeza  cuando llego a mi culo le dije  abre las nalgas y lame bien todo. Yo notaba que mi culo estaba sudado por al excitación  por las tres horas de autobús pero ella lo hizo con avidez me sentí sorprendida de que no rechazara esos aromas cuando lo hizo con mi coño paso su lengua por mis labios  y yo estaba deseando ya correrme le coji la cabeza y me restregué el coño contra su cara  me corrí como una loca.. después le lamí su cara y nos besamos saboreando nuestros jugos y aromas nos tendimos en la cama e hicimos un suculento 69 ella me comía el coño y yo a ella el culo.  Me dijo que por ahí eran sus primeras caricias que le gustaban pues le dije que solo habían comenzado.. con el culo bien mojado presione con uno de mis dedos dando círculos.. al poco entro un poco y yo se lo metía y sacaba hasta que entro casi entero ella se corrió de nuevo y sus líquidos chorrearon sobre mi cara.. después de cambiar de  posición comiéndome ella el culo y yo saboreando su corrida me metió un dedo y luego dos en mi culo  disfrutaba lo hacia de forma desesperada.

Excitada me corrí yo y luego nos levantamos y cada una chupo los dedos de la otra que habían estado en el culo… excitante morboso vicioso pero estábamos entregadas a la vorágine de los olores aromas y sabores.. al placer en definitiva . después de un descanso sudadas y agitadas fuimos al baño entonces le dije que se pusiera de rodillas y ella sorprendida lo hizo y le dije que le iba a mear por sus pechos.. me agache un poco y comencé a descargar un buena meada que resbalaba por su cuello sus pechos su estomago.. ella solo sonreía de placer como lujuriosamente me decía que le excitaba el calor del pis.. después le pedí que ella me lo hiciera a mi  , me puse a lo perrito en el bañera y ella  hizo como si me follara pero echando su meada fuerte sobre mis culo y mis  piernas. Fantástico sentir la presión del pis caliente sobre mi  culo. Después nos incorporamos y yo lamí sus pechos  su estomago y su coño. Salado pero excitante vicios pero morboso. Ella hizo lo mismo conmigo me lamio el culo las nalgas y las piernas después nos besamos y dejamos caer el agua sonriendo   sus ojos la delataban  me dijo que nunca había sentido unas sensaciones tan maravillosas.. el día después fue una copia superada de lo que hicimos  me reconoció que no le había dado asco de nada que eran tabúes infundados y que se sintió muy excitada haciéndolo  - fue un fin de semana para el recuerdo  ahora esperamos tener otra oportunidad. Ella me dijo cuando llegamos de nuevo a casa.. hay que repetirlo..Si alguna lectora se identifica con estas sensaciones  de olores y sabores o desea iniciarse o preguntar no dude en ponerse en contacto conmigo encontrará a una amiga a una cómplice.. Mi dirección es anaana_99@hotmail.com

Las Beatas Marchosas

Comentarios (0) 06.02.2008. 00:01

 Julia pasaba por la calle, con su libro de oraciones, con su pelo largo, recogido en una coleta. Iba vestida de forma discreta y elegante, con una falda gris de vuelo que le llegaba por debajo de las rodillas y una camisa blanca, tapada por una rebeca verde oscura que llevaba puesta. A pesar de ir vestida como una colegiala, excepto por sus zapatos de tacón y las medias, y por ir ligeramente maquillada, Julia llamaba la atención y la austeridad de sus vestidos no podían disimular el cuerpo perfecto de esta chica de veintiocho años, de pelo negro. Julia se sabía hermosa y antes de ponerse aquel tanga de color crema, se había mirado en el espejo y se había sentido hermosa, de pechos firmes y caderas anchas, de piernas largas y muslos redondos. Su marido la dejaba ir a casa de Luisa desde hacía meses, por que estaba convencido de la inocencia de esas reuniones de los jueves por las tardes.


Luisa, la anfitriona, era una mujer de treinta años, a la que no se le había conocido novio. Tenía fama de devota y de mosquita muerta, y a ello ayudaba su aspecto exterior, el de una mujer vestida siempre de la manera más decorosa y de un comportamiento casto, a la que no se le conocía ni escándalo ni cotilleo que le salpicara, con un físico menudo, rubia, delgada y bajita, con el pelo recogido en una coletita, todos pensaban de ella que hubiera sido una buena monja. Era guapa, pero no de una belleza exuberante, sino esas caras perfectamente proporcionadas que transmiten equilibrio.


Antes de llegar al portal de Luisa, Julia pasó a recoger a su amiga Eva. Tocó al timbre y abrió su marido. El marido de Eva era el médico del pueblo, un hombre un poco engreído. Sus cuarenta años no le habían impedido casarse con Eva, que había sido reina de las fiestas con diecinueve años, hacía diez años. Julia y Eva siempre habían sido amigas. Eva era una rubia de pelo ondulado y cara redonda y sensual, nariz chata y ojos verdosos. Era un poco más baja que Julia. Iba vestida con unos vaqueros ajustados y un suéter de manga larga, con un escote de pico de lo más decente. Luisa avisó a Eva de que no llevaba su libro. Eva sonrió y lo cogió y besó discretamente en la boca a su marido al salir de la casa.


Eran las cinco de la tarde, y las tres amigas se encontraron en el portal de Luisa. Olga, la otra compañera de reunión, salió del coche tras despedirse de su marido, que la había traído hasta allí. Al verse las tres juntas saludaron y sonrieron. Olga era una chica de pelo castaño y ojos marrones claros. Sus dos embarazos no le habían restado belleza ni a su cara ni a su cuerpo. Era delgada, alta y elegante, como una modelo. Llevaba un traje de una pieza, que se cerraba por detrás con una cremallera.


Las tres entraron alborotadas al portal de Luisa, hablando en voz alta de temas de revista del corazón. Tocaron en la puerta y no tardó en abrirles la anfitriona, Luisa, que vestía con unos vaqueros y una camisa, y unas zapatillas de andar por casa, de esas de bordes de pelusa y con una bolita rematando el empeine.


Luisa besó a todas con el par de besos de rigor conforme iban pasando dentro. Todas sonreían, reían, hacían que su nerviosismo aflorase durante unos instantes, mientras Luisa conducía a sus invitadas al saloncito que había junto al patio de las casa. Las chicas se dejaban conducir, pues en realidad todas conocían el saloncito, y casi toda la casa.


Entraron al saloncito, con la intimidad y tranquilidad suficiente como para hablar de sus temas sin que nadie se enterara. En la mesita del teléfono, que estaba en la puerta, en el exterior de la habitación, las chicas amontonaban, como otras veces, sus libros de oraciones.


Las cuatro se sentaron, entre risas y susurros y se fueron tranquilizando y entrando en una conversación de mujeres, de esas en las que una habla con otra pero está escuchando lo que dice la de al lado, y al final resulta que todas hablan a la vez. Luisa no tardó en levantarse para traer unos vasitos y una botella de aguardiente, una botella de Cazalla de la Sierra, dulce y fuerte. Luisa sirvió los vasos. Ella sabía como le gustaba a cada una. El primer vasito lo puso al gusto de cada cuál, aunque ya se encargaría luego de ir subiendo hasta el borde el nivel de los siguientes. El primer sorbito era cuestión de animarlas.


Las chicas, una vez que se encontraron animadas, comenzaron a ponerse cómodas. Se quitaron las rebecas después de tomar los primeros vasitos. La conversación se fue animando y subió el tono de la picardía. Hablaban de sus maridos, de lo convencidos que se quedaban en casa, pensando en que se reunían para rezar.


-¡Mi marido se cree que nos pasamos la tarde de rezos! ¡Ja ja ja!.-

-¡Seguro que estará ahora mismo conectado a Internet viendo guarrerías!-

-¡Pues anda que el tuyo! ¡El otro día se le caía la baba mirándole el culo a Clara la panadera! ¡Ja ja ja!.-


- ¿A qué vamos a jugar hoy, chicas?.- Eva propuso empezar con la partidita de cartas para la que se habían reunido.

- ¡A la borracha!.- Dijo Luisa con decisión


Las chicas se miraron unas a otras. Hacía ya algunas semanas que no jugaban a ese juego. La última vez que jugaron, todo acabó de una manera que a ninguna de las chicas, a priori, le hubiera gustado que acabara. Las miradas de sorpresa y desconfianza se fueron convirtiendo poco a poco en miradas llenas de picardía y sonrisas de connivencia.


Jugarían al "Borracho". Jugar al borracho era más económico para todas que jugar con dinero y más divertido y excitante por otra parte. El juego consistía en un continental, en el que ganaba la mano, decidía quién se bebía un cuarto de vasito de anís, mientras si ganaba la partida, entonces las tres restantes se bebían un vasito entero. Las chicas comenzaron a jugar.

En las primeras manos, todas intentaron que Luisa bebiera, por que sabían que era la que mejor jugaba y para castigarla por haber propuesto ese juego, pero Luisa era una experta. A veces, al salir de la casa, las tres amigas sospechaban que hacía trampas y tenía las cartas marcadas. Eva pronto rompió el bloqueo contra Luisa, al ver que Luisa ganaba y le hacía beberse a ella los medios vasos. Olga intentaba ayudar a Julia, pero entre Eva y Luisa, siempre conseguían la victoria, y entre risas y súplicas, Julia y Olga se bebían los medios vasos.


Al final, Luisa ganó la partida. Los carrillos colorados de Olga y Julia denotaban su estado. Luisa se dispuso a servir un vaso de aguardiente repleto hasta el borde a cada una de las tres chicas. A Eva no le importaba demasiado, pero Julia se opuso de manera amable, y junto a Julia, Olga.


-¡Jo! ¡Es que vamos a llegar a casa borrachas perdidas!-

-¡Eso! ¡No nos van a dejar venir más! ¡Ja ja ja!-

-¡Si! ¡Pero el juego es el juego!

-¡Bueno! ¿Por qué, en rescate, no jugamos a las "prendas"? –


Eva comprendió muy bien a Luisa e hizo una proposición. El rescate era un lance del juego, según el cuál, las vencidas accedían a jugar a otro juego, más divertido y excitante para no pagarla el premio a la vencedora.


Julia miró a Olga. Ninguna habían hablado de lo sucedido hacía unas semanas, la última vez que jugaron de esa manera. Julia decidió no hacerse la estrecha y Olga aceptó después.


-¡Bueno!-

-¡Venga! ¡Va!.-


Si fue fácil emborrachar a Julia y a Olga, no fue más difícil conseguir que poco a poco, Julia y Olga fueran dejando sobre la mesa los zapatos, y luego cada una de las medias, y los pendientes. Luisa y Olga perdían de vez en cuando, pero sólo se habían quitado los zapatos cuando a Julia le pusieron en la tesitura de quitarse la camisa o las bragas. El ambiente era díscolo y alegre, pero en este momento, se hizo un silencio. Julia se puso de pié, se subió la falda y se quitó las bragas mientras las otras chicas aplaudían y animaban. Julia dejó caer sus bragas sobre la mesa, extendiendo el brazo y dejándolas caer poco a poco. Estaba muy borracha. Luisa atrapó la prenda y la puso a su lado.


Luego le tocó perder a Olga. SU tesitura era parecida, aunque Olga decidió quedarse en prendas interiores delante de sus amigas a quitarse, por el momento, las bragas.


-¡Al fin y al cabo, estamos entre mujeres! ¡Ja ja ja!-


Eva se quitó los pantis cuando perdió y Luisa, usando una picardía, se quitó el cinturón con el que sostenía sus vaqueros en la cintura cuando le llegó su turno de perder.


Olga tenía que quitarse algo, y sólo le quedaba el sujetador o las bragas. Se quejó mientras se quitaba el sujetador y dejaba al descubierto unos pechos generosos de pezones grandes y oscuros


-¡Eso no vale! ¡Si lo hubiera sabido, hubiera traído una camisa y un pantalón con cinturón, como tú.- Dijo refiriéndose a Luisa que le respondió


-¡Hubieras tardado más en perder pero hubiera perdido de todas las maneras! ¡ja ja ja!.


Todas rieron las ocurrencias mientras divertidas miraban los pechos de su amiga, que se intentaba tapar juntando los brazos, acentuando la profundidad del canal de sus pechos. No tardó en perder Julia, que se quitó la camisa, dejando al descubierto un sujetador blanco de encajes que las chicas celebraron como muy bonito. Julia enrojeció al verse observada.


La siguiente mano no la perdieron ni Eva ni Luisa y le tocó perder a Julia de nuevo. Estaba en la tesitura de perder la falda, y quedarse desnuda, al haberse quitado las bragas, o perder el sostén. Como Olga ya enseñaba los pechos, decidió que lo más apropiado sería perder el sostén. Sus pechos eran menudos pero dulces como dos peritas, de pezones rugosos y marrones claros. Parecía que el frío los hubiera puesto de punta. Tenían una textura, una complexión juvenil.


Eva perdió. Hubiera podido quitarse los pendientes, pero decidió entrar en ambiente. Se quitó los vaqueros y apareció ante las chicas un tanga de color rojo, muy a juego con su sensualidad. Se tiró del suéter, para tapar su vientre plano antes de sentarse. Eva tenía unas piernas largas y contorneadas, por eso le quedaban tan bien los vaqueros.


Le tocó perder a Olga. Sólo podía quitarse las bragas.


-¡Jo! ¡Me habéis dejado en bolas! ¡Prestadme las bragas una mano!-

-¡Nada, nada! ¡Ja ja ja! ¡Las reglas son las reglas!- Dijo Eva

-¡Si sólo es hasta ver si llegamos a un empate!-

-¡Déjala, Eva! ¡Déjala hasta que pierde Julia!- Dijo Luisa


Julia perdió y tenía que, quitarse la falda y quedarse, como Olga, desnuda, pero Eva y Luisa le aplicaron el mismo precedente que a Olga, pero con una condición. Luisa miraba con cara de codicia los pechos de sus amigas mientras le hacía la siguiente proposición.


-Vamos a jugar otra mano, si ganáis, recuperáis vuestras ropas y aquí no ha pasado nada, pero si perdéis, entonces, hasta las ocho menos cuarto, sois nuestras esclavas-


Julia y Olga se miraron y con una mirada pícara y una sonrisa cómplice aceptaron. Eran las seis y cuarto de la tarde. La partida apenas duró cinco minutos. Eva sonrió, Luisa echó sobre la mesa la carta fatídica, y Julia y Olga pusieron esa cara de fatalidad que ponen los jugadores que pierden en una noche la paga extraordinaria.


-¡Bueno chicas! ¡Habéis perdido!- Dijo Eva

-¡Y ahora! ¿Cuál va a ser mi esclava y cual la tuya?- Replicó Luisa

- ¿Nos la jugamos a las cartas?-

- No, más sencillo, si sale cara, eliges tú, y si sale cruz, elijo yo-


Luisa tiró la moneda al aire y la atrapó sobre el dorso de la mano. Eva dio su conformidad. Al levantar la mano apareció un "2" que significaba el triunfo de Julia, que miraba ufana y entornó sus ojos hacia Julia. Luisa sabía lo dulce y dócil que se había mostrado la primera vez que habían jugado. A veces, las conversaciones indiscretas tienen consecuencias indeseables. Las tres amigas hablaban en sus reuniones más de la cuenta y Luisa sabía que Julia deseaba ser tratada con autoridad, con dominio y Luisa deseaba tratarla de esa manera


-¡Julia! ¡Ven aquí! ¿Sabes? ¡He pensado mucho en ti últimamente! ¡Voy a tratarte como no te sabe tratar tu marido!-


Olga había contado muchas veces que su fantasía era, ser poseída violentamente, ser casi violada, resistirse en principio y ceder al final, por la fuerza de los acontecimientos. Cuántas veces les ha contado cómo sus enfados con su marido habían acabado en un polvo explosivo. Eva sabía lo que le gustaba a Olga, pero no sabía de que forma hacerlo.


Julia avanzaba a regañadientes hacia Luisa, que la esperaba con los brazos en la cintura, puestos en jarra. Luisa parecía más delgada así. Se le notaban los huesos de las caderas en un vientre liso, por tener los pantalones, sin correa, un poco caídos. No sabía por que aceptaba ir hacia su amiga, era una atracción hacia un juego al que ya había jugado hacía poco y que interiormente reconocía que le había gustado.


Luisa disfrutaba al ver aquella cara de mosquita muerta. Venía hacia ella desnuda, tenía que proponerle algo que la turbara.


-¡Tienes unos pechos muy bonitos! – Le dijo mientras le manoseaba los pechos. Sentía la turbación de Julia, que no era capaz de contradecir los deseos de Luisa y permitía, con los brazos estirados y las manos unidas frente a su sexo, los manoseos.


Luisa tomó uno de los pezones de Julia entre sus dedos y se lo pellizcó suavemente mientras apretaba el seno en la palma de su mano.


-¡Tócate tú.- Le dijo al final mientras se retiraba y se sentaba en una silla frente a Julia, que comenzaba a acariciar sus pechos con delicadeza.


-¡Así no, mujer! ¡Acaríciate como lo haces en la ducha, cuando tu marido se ha ido a trabajar!-


De nuevo las conversaciones que habían mantenido entre ellas eran aprovechadas para obtener alguna ventaja. Julia ya sabía lo que Luisa quería. Estaba de pié y abrió ligeramente sus piernas. Comenzó a pellizcarse los pezones mientras deslizaba una mano por su vientre y acariciaba su coño de pelos recortados. Miró a Luisa a la cara y se excitó al ver su mirada y sus muecas de chula impaciente. Separó sus labios y sintió su crestita en la yema de su dedo.


Julia desvió la mirada hacia Olga y Eva. Eva era amiga suya. Le hubiera gustado estar con Eva en ese momento. Eva estada sentada en una silla y Olga sobre sus piernas, las dos se besaban apasionadamente, acariciando sus espaldas y sus muslos. Le pareció una forma muy distinta de tener sexo con una mujer.


Se fijó en la boca de sus dos amigas, fundiéndose lentamente para separarse y volver a fundirse. Apretó su mano contra su pecho y deslizó el dedo que había posado sobre su clítoris y que rozaba sin cesar, hacia el interior de su sexo, escurriéndolo hacia dentro y apretando la palma de su mano contra su sexo.


Veía a Luisa, que se había desabrochado la camisa y que, metiendo sus dedos por debajo del sostén lo desplazaba hacia arriba y se sobaba los pechos, pequeños, de pezones rosados y pequeños. Luisa había desabrochado sus vaqueros y metía su mano dentro de sus bragas y la miraba fijamente, esperando.


Julia se sentía húmeda, lubricada. Sus dedos se deslizaban hacia su interior. Su otra mano abandonó su pecho y se deslizó por detrás, sintió en el antebrazo la sensación fría de sus nalgas, contraria al calor de su vientre. Por fin alcanzó su humedad y sus dos manos se concentraron en proporcionar placer a su sexo. Julia ya no miraba a nadie, se concentraba y se sentía penetrada por sus propios dedos, que a pares, desde atrás y desde delante, hacían competencia por profundizar. Sus pezones ardían. Sus flujos se deslizaban entre sus dedos. Un calor avanzaba desde su nuca y le ponía los pelos de punta. Su vientre se contrajo y se volvió a contraer y comenzó a penetrarse con más saña todavía para arrancarse un orgasmo. Comenzó a moverse armónicamente, doblando sus rodillas ligeramente y moviendo su cintura hacia Luisa y hacia detrás.


Luisa veía a Julia y su visión le producía una excitación a la que quería dar rienda suelta. Cuando Julia se corrió, terminó de desnudarse, dejando ver a Julia una desnudez excesiva. Aquellos pechos eran casi pueriles, sus piernas eran largas y delgadas y destacaban sus rodillas, como en sus brazos los codos. Sus manos eran elegantes, como sus pies. Al quitarse las bragas, unas bragas negras escotadas en forma de triángulo, apareció su sexo rubio, con pelos abundantes.


Luisa se sentó y miró a Julia, que esperaba de pié, moviendo le cuello sensualmente, buscando el calor de un contacto que no se había producido. Abrió sus piernas y le ordenó.


-¡Cómete mi coño!-


Julia avanzó de pié hacia Luisa, pero al llegar, Luisa le ordenó que se diera la vuelta y le dio un empujón con el pié en el culo, desplazándola unos dos metros


-¡Ven a gatas desde ahí!-


Luisa veía a Julia avanzar despacio, con la cara gacha, sin atrever a mirarla y con un saludable color rojo en las mejillas, fruto de la bebida, del sexo y tal vez de la vergüenza. Cuando Julia tenía su cabeza a la altura de las rodillas, Luisa la agarró del pelo, y la atrajo hacia ella


-¡Ay! ¡Me haces daño!-


Luisa aflojó un poco su presión pero no la soltó.. Torcía ligeramente el cuello de Julia y no cesó hasta conseguir que la mirara.


-¡Cómete el coñito y dame tanto gusto como le das a tu marido! ¡Entiendes!- le dijo a Julia, que de nuevo se sentía traicionada por el contenido de sus conversaciones entre mujeres.


Julia apenas había comido un coño en su vida, y después de la borrachera de aquella tarde no tan lejana, no había podido averiguar a quien pertenecía.


Puso sus labios en la parte alta de uno los famélicos muslos de Luisa y comenzó a deslizar su lengua hacia el sexo de su anfitriona. Sus labios se liaron en la dura maraña de pelos de Luisa, que la miraba, cogiendo aún su cabeza por su caballera.


Sentía avanzar aquella pasa mojada hacia el centro de su sexo. Luisa se acariciaba los pechos, se hincaba las uñas levemente en sus tetitas diminutas y colocaba los pies sobre la espalda de Julia, abriendo y cerrando las piernas y sintiendo la cara sudorosa y caliente de Julia en el interior de sus muslos. La lengua de Julia se posaba en su clítoris y la lamía una y otra vez. Luisa sentía su excitación aumentar y veía la proximidad de su orgasmo. Tomó entre las manos la cabeza de pelos morenos de Julia, la hincó contra su sexo y comenzó a moverse, buscando el contacto total de la cara de Julia, buscando intuitivamente que alguna parte de aquella cara se incara contra ella. Sentía la barbilla entre los muslos y las nalgas, la nariz contra su clítoris y finalmente, su lengua en su sexo. Comenzó a gemir arqueando su espalda hacia detrás y dándole rienda suelta a la culminación de su placer.


Eva y Olga habían estado observando a la pareja, con la carita junta, una sentada sobre la otra, acariciándose con suavidad sus muslos, sus costados y sus pechos. Eva besó en la boca a Olga, que esperaba sus besos con la misma ternura que los anteriores, pero el ver a la pareja de amigas entregadas a sus juegos habían desatado en Eva sus deseos de saciar a Olga de la manera con la que había fantaseado en alguna que otra de las reuniones.


Eva cogió de la lacia cabellera castaña a Olga y tiró de ella hacia abajo, provocando la sorpresa de Olga, que la miró asustada, con el cuello doblado, por el rabillo del ojo.


-¡Ahora, zorrita, Me vas a comer el coño como ella!-

-¿Qué me estás diciendo, so loca?-


Olga se había desnudado en los primeros momentos. Abrió sus piernas y Olga calló al suelo, entre sus piernas.


-¡Venga! ¡No me hagas decírtelo dos veces!-


Delante de Olga se habría un sexo rubio, cuidado. Sus muslos aparecían finos pero fuertes. El sexo de Olga le olía a especias, la intuía húmeda y excitada, como ella misma se encontraba. Olga nunca lo había revelado, pero si tenía alguna experiencia lésbica. Había estudiado la carrera en un colegio mayor y le salió una novia con la que estuvo varios meses. Cuando de repente se vio delante del coño de Eva, se le despertó un apetito dormido durante años. Eva la tenía atrapada por el pelo, como había visto hacer a Luisa con Julia.


Olga lamió el coño de Eva, a todo lo largo, varias veces, impregnándose de su sabor. Sus manos están a ambos lados de los muslos de su amante, ayudándose para separarle los labios y causarle el máximo placer. Tropezó con la nariz en el clítoris y lo buscó ávidamente, hasta apresarlo entre los labios y darle tironcitos que fueron celebrados por Eva con una ligera expresión de dolor y placer


-¡Hissssss! ¡Ahhhhhh!.-


Olga deslizó su dedo hasta el borde mismo del sexo de Eva y luego, un poquito más y otro poquito más, sintiendo la estrechez de su vagina. Sentía como su sexo se lubricaba al sentir la lubricación de su amante. Se animaba al sentir en su boca la vibración sexual de Eva, al notarla acelerarse, moverse, susurrar, gemir de placer, amasar su cabeza y aletear con sus muslos, rozando su cara suavemente.


Eva, lejos de sentirse calmada, se sentía como cabreada. No era eso precisamente, pero sentía la necesidad de propinar a Olga un trata parecido, o mejor, más duro, darle más placer. Darse ella misma más placer dándoselo a Olga, le gustara o no.


Olga se puso de rodillas frente a Eva con los pelos sobre la cara. Eva no se lo pensó. Sabía que le gustaría en el fondo. La empujó con fuerza y Olga cayó al suelo. Al quitarse los pelos de la cara, estaba de nuevo asustada. Eva la agarró de una pierna y la trajo hacia ella.


-¡Te voy a follar, zorra lesbiana!-


Al escuchar esto y al percibir la agresividad de Eva, Olga sacudió su pierna y se colocó detrás de la mesa donde aguardaba el vaso de los sorbitos y los naipes extendidos sobre la mesa de la última partida. Eva comenzó a perrseguirla. El vaso cayó rodando, pero un reflejo rápido de Luisa evitó su ruptura. Los naipes volaron.


Dieron varias vueltas alrededor de la mesa y Olga comenzó a chillar un poco histérica, por lo que Luisa, decidió intervenir y Olga, atrapada entre las dos amigas, se quedó quieta, se protegió los costados con los brazos y un poco agachada esperó ser atrapada.


Luisa y Eva llevaron a Olga a la mesa y la obligaron a tenderse en ella. Eva le tapó la boca con una mano mientras Luisa le atrapaba las muñecas y tiraba de sus brazos hacia detrás. La otra mano de Eva, recostada sobre Olga, dirigió su otra mano directamente al coño de Olga apretándolo para intimidar a la víctima de su agresiva lujuria


-¡No te preocupes, zorrita! ¡Hoy se va a cumplir tu fantasía! ¡Te vamos a follar a lo salvaje!


Olga se sentía atrapada. Sus fuerzas se agotaban en una lucha extenuante e inútil, pues Luisa tiraba de sus manos hacia ella, y Eva, entre sus piernas, amasaba sus pechos con las manos y manoseaba su sexo, mientras intentaba arrancarle un beso. Ya no chillaba. Era inútil, pues le taparían la boca de nuevo. Había mordido la mano de Eva mientras le tapaba la boca, y ésta, le había respondido con una torta, con la que se había convencido de que era mejor no cabrearla.


Olga no podía mover sus piernas. Eva puso una de las suyas sobre su muslo, y así evitaba sus intentos de evadirse. Miró hacia una esquina de la salita, desde donde Julia las observaba sentada, acariciándose para calmar su deseo incipiente. Con los ojos le suplicaba ayuda pero Julia pensaba que si intervenía, seguramente recibiría un trato parecido.


La boca de Olga se abrió al fin, después de considerar que al fin y al cabo, esa era una versión muy especial de su fantasía insatisfecha. Eva se lanzó a besarla sin miramientos. Sus pechos se rozaban mientras Eva agarraba a Olga de las nalgas y se pegaba a ella.


Eva sentía que Olga se calentaba y comenzó a manosear de nuevo el coño de su amiga, pero de una forma distinta, usando sus dedos como una varita mágica de placer, en lugar de arma intimidatoria, disfrutando ella misma del tacto suave del sexo de Olga en la yema de sus dedos, de su cálida humedad. Probó la dulzura exquisita de aquellos pezones oscuros, bien delimitados, que aparecían arrugados y puntiagudos. Los chupeteó y mordisqueó, hasta obtener de su amiga como concesión, un gemido de placer, y entonces bajó su cara hasta su coño, que aparecía abierto, ya que Eva agarraba cada uno de los muslos de Olga, sobre sus hombros, a ambos lados de su cara.


Eva extendió la mano y apretó delicadamente uno de los senos de Olga. Luisa, al verlo, y sentir que Olga desfallecía en su voluntad de evadirse, buscó su boca, y la besó decidida pero con delicadeza, lenta y sensualmente, mientras amasaba con sus manos, el otro pecho de Olga.


Olga comenzó a correrse. Se sentía especialmente atrapada entre sus dos amigas, forzada a tener un tipo de sexo que no esperaba y pro eso, la experiencia le parecía aún más excitante que si sus raptor fuera un hombre. Sus movimientos animaron más a Luisa y Eva, que al ver a su amiga retorcerse y gemir de placer, se emplearon a fondo, amasando sus pechos con más determinación, y en el caso de Eva, ayudando a su lengua con uno de sus dedos, que introdujo en el sexo, húmedo, cálido y suave de su amiga, tan profundamente como pudo, una y otra vez hasta que Olga, tras correrse una segunda vez, inmediatamente después de la primera, le pidió casi llorando de placer que lo sacara.


Olga estaba tendida sobre la mesa, incrédula de la experiencia que acababa de vivir. Se sentía saciada y con ganas de continuar siendo saciada a la vez. Se sentía insaciable. Miraba a Luisa y a Eva, que la miraban, las dos juntas, con el brazo echado la una sobre la otra, sonriendo. Las miraba y no sabía si quería evadirse o que la siguieran utilizando sexualmente.


Luisa se dio la vuelta y se dirigió a una cómoda, y tras abrir un cajón, sacó un objeto que llevaba envuelto en un trapo. Y antes de desenvolverlo le preguntó a Eva.


-¿Crees que se resistirá?-

-No lo se.-

-¡Estoy segura de que lo hará! ¡Es mejor que la atemos!-


Y antes de que Olga pudiera incorporarse, Eva tomó sus dos tobillos y los levantó todo lo que pudo, con lo que inmovilizó su cuerpo. Luisa atrapó sus manos. No se le ocurrió otra cosa para maniatar a su amiga que unas medias que había en el suelo.


-¡Julia, trae esas medias!-


Olga se sintió de nuevo traicionada por Julia, que obedeció dócil y diligente a Luisa y ayudó a maniatar a Olga, que insultaba a Julia con las peores palabras.


-¡Puta! ¡Mas que puta! ¡Hija de puta!-

Eva, ayudada de Luisa, unió a la fuerza las manos de Olga, que se movía y pataleaba, y pasando las medias por sus muñecas varias veces, ataron los cabos a la parte superior de una de las patas de la mesa. Así, Olga, tendida sobre la mesa, exponía la parte delantera de su cuerpo.


Luisa empezó a desenrollar el trapo y las tres amigas, y especialmente Olga, quedaron boquiabiertas al ver el objeto que aparecía en la mano de la anfitriona. Era un objeto de goma brillante, en forma de enorme pene, un pene de gigante. El pene iba unido a un juego de delgadas correas de cuero negro. Luisa reía y miraba a las chicas mientras mostraba orgullosa el objeto adquirido en un shop-sex de Torremolinos, allí donde no tenía que defender su fama de casta y pura.


-¡Esta sin estrenar! ¡Lo ha guardado para vosotras!-


Las chicas empezaron a comprender por que Luisa se apuntó a aquel viaje que organizó el "Hogar del Jubilado" a Torremolinos la semana anterior. Eva se acercó y lo observó tocándolo con curiosidad, suavemente, comprobando su textura dura y suave de latex. Miró las correas y no tardó en empezar a probar cómo le quedaría el conjunto, poniendo el pene en su vientre, como si se tratara de su propio miembro. Luisa comenzó a atarle las correas y Eva se convirtió de repente en una especie de unicornio. Se miraba orgullosa.


Julia estaba abstraída mirando la extraña estética de su mejor amiga cuando las órdenes de Luisa la despertaron.


-¡Mámale el pene a Eva!


Julia se acercó a Eva, que se había sentado y esperaba con las piernas abiertas y el trasto aquel medio levantado, que Julia llegase y se pusiera de rodillas entre sus piernas, apoyando los brazos en sus muslos y cogiendo el falo y poniendo la cabeza negra del pene de latex en su labio inferior. Era excitante ver el realismo con el que Julia hacía una felación a aquel nabo inanimado. Había empezado rozándolo apenas con los labios y la lengua para introducírselo ahora hasta la mitad. La chupaba y lo soltaba y Eva observaba el rastro húmedo de la saliva en el latex, como testigo de la codicia de Julia.


Julia se hacía ilusiones y ya se veía follada por su mejor amiga, y sufrió unos silenciosos celos cuando Eva apartó el pene de su boca y se dirigió hacia Olga, que de nuevo se movía al comprobar la sensación extraña del pene de latex sobre su vientre, mientras Eva se colocaba entre sus piernas.


-¿Qué vas a hacer? ¡No!-


Dijo cuando sintió ambas manos de Eva colacadas en su cintura tirar de su cuerpo hacia su vientre armado. Olga se revolucionó de nuevo y comenzó a luchar inútilmente, intentando separarse, pero Eva, en un movimiento hábil, consiguió meter la cabeza del pene unos milímetros apenas en el sexo de Olga, que ya no luchaba, por miedo a hacerse daño, y por que ya no deseaba luchas.


Eva se sentía dichosa cuando veía como el pene atravesaba la puerta de Olga e iba desapareciendo en su vagina. Veía el coño de su amiga abierto, el clítoris asomar entre los labios separados. Se excitaba al ver los movimientos ligeros que su amiga hacía para acomodarse, para recibir cada nuevo centímetro del pene de latex.


Olga cambió su actitud pasiva, de intentar adaptar su cuerpo y su vagina a las circunstancias, a desear ser follada, recibir aquel pollazo y correrse contra el vientre de Eva, que al verla moverse, buscar el roce intenso con el pene, comenzó a moverse ella también, de atrás hacia delante, buscando acentuar el placer que Olga sentía. Eva se acordó de su marido, de cómo movía el cintura y especialmente, cómo apretaba el culo. Se imaginó que era su marido y que Olga era ella misma y se comportó como a ella le hubiera gustado que su marido lo hiciera. Comenzó a moverse con movimientos más amplios y profundos, que ganaban en velocidad cuando el pene se insertaba en la vagina de Olga.


Julia y Luisa estaban sentadas en el suelo. La pierna de Luisa estaba entre las de Julia y sus sexos se unían. Sus coños se tocaban cada vez que Luisa apoyaba los pies en el suelo y flexionaba las piernas buscando la ternura húmeda y cálida de la entre pierna de Julia,, que sentada en el suelo, intentaba impactar contra el coño de Luisa con el mismo ritmo que su amiga.


Julia tenía en su mejilla la pierna de Olga, que colgaba y se balanceaba por las embestidas que Eva le propinaba. Toda la mesa chirriaba. Julia buscaba el tacto de la pantorrilla de Olga en la oreja. Sintió los deditos de uno de los pies de Olga en sus hombros y los acarició con su mejillas doblando el cuello. Luego, atrapó aquel pié con una mano, y mientras se follaba coño contra coño con Luisa, lamía los deditos de los pies de Olga, que le parecían una exquisita golosina de sensualidad.


Olga se sintió reventar de placer cuando notó aquella boca chupetear el dedo gordo de su pié. Comenzó a correrse, ayudada por las embestidas, cada vez más decididas que Eva le proporcionaba, y que ahora se tiraba sobre ella, de cintura parra arriba, y le hacía sentir el calor y la suavidad de su vientre y sus pechos sobre su propio cuerpo.


El orgasmo de Olga actuó como un detonante, y Julia, excitada al ver que Olga se corría, buscó el estímulo intenso del coño de Luisa en su propio sexo, con fuerza, casi violentamente, hasta conseguir arrancarse un orgasmo que casi inmediatamente fue respondido por Luisa.


Las chicas quedaron agotadas momentáneamente. Sólo Eva, estaba incorporada. Julia y Luisa se entregaban a delicadas caricias mientras ella se paseaba por la habitación, sin atreverse a observar a Olga, que en silencio sobre la mesa deseaba una caricia, un contacto tierno distinto al de la polla de latex. Eva comenzó a desabrocharse las correas y el pene cayó de sus caderas. Se deslizó al lado de Olga, sobre su cuerpo y las dos mujeres comenzaron a besarse, sintiendo sus cuerpos juntos, solapados, con la misma dulzura con que se habían estado besando y acariciando en un principio. Eva desató las manos de Olga, que comenzó a acariciarla y pronto volvieron al sillón de donde habían partido, con Olga, de nuevo sentada en el regazo de Eva.


Luisa cogió disimuladamente el pene de la mesa y se levantó en silencio y ocultando el pene. Hizo creer a Julia que iba al servicio, pero en realidad, al salir de la salita, comenzó a colocarse las correas para volverse tan masculina, como Eva lo había sido anteriormente. No quería hacerlo delante de las otras. Deseaba hacerlo a solas, por eso, cuando terminó de colocar el pene en su vientre, llamó a Julia, que acudió dócilmente.


Julia se sorprendió al ver a su amiga armada. Su delgadez y baja talla hacían que el pene pareciera más imponente. Comenzó a sentirse nuevamente excitada y mucho más cuando se dio cuenta que el pene estaba impregnado de la más íntima humedad de Olga y que esa humedad la impregnaría a ella. Se sentía una zorra, especialmente cuando vió sobre la mesita del teléfono los tres libros de ejercicios espirituales, pero no estaba dispuesta a perderse la experiencia por nada, así que cuando Luisa le pidió que se diera la vuelta y se pusiera a cuatro patas, Julia la obedeció y no tuvo reparo en ofrecer su culo a Luisa, que colocada de rodillas, empezó a dar azotitos en las nalgas de Julia.


Aquellos azotes ponían cachonda a Julia. Luisa lo sabía. A ella le excitaba ver cómo Julia se ponía cachonda con los azotes, así que ambas se lo pasaban de lo lindo recibiendo una, y dando azotes, la otra.


Luisa levantó el falo a la altura de la raja de Julia. Lo puso en medio de sus labios y apuntó, y comenzó a penetrar en el sexo de Julia, que aguantaba pacientemente, a cuatro patas, con los codos apoyados en el suelo. Se sentía penetrada de manera intensa. Con su marido nunca había conseguido hacerlo así. O se corría a la primera o no llegaba hasta donde tenía que llegar. Pero esta polla era hermosísima y la penetraba completamente, Se sentía totalmente insertada.


EL cuerpo suave de Luisa rozaba y entraba en contacto con el suyo. Aquella sensación le atraía y le excitaba, sobre todo, por el efecto contrario a la rudeza de aquel falo que la penetraba. Luisa la seguía golpeando en las nalgas de vez en cuando y ella temblaba de placer. Cada manotazo provocaba que su sexo se lubricara más y que Luisa profundizara en un penetración.


-¡Muévete!-


Julia obedeció la orden de Luisa. Sentía su vientre en las nalgas y eso significaba que toda aquella polla estaba ya dentro de ella. Comenzó a moverse. Luisa agarró sus pechos con fuerza y los apretó. Julia se movía con dificultad.

-¡Muévete, golfa!-


Repitió Luisa. Soltó los pechos de su amiga y dirigió una mano hacia el sexo abierto y penetrado, y encontró el clítoris entre sus labios. Lo colocó entre sus dedos y comenzó a pellizcarlo y a mover sus dedos en las hendiduras internas que quedan entre los labios y el clítoris. Sintió la turbación de Julia y su excitación creciente cuando tiró de su pelo hacia detrás y tuvo que doblar la espalda. Julia se sentía indefensa, aunque no deseaba defenderse, deseaba que aquello durara un buen rato antes de correrse.


Luisa empezó a moverse contra Julia. El pene entraba y salía. El roce con el pene recorría una y otra vez su vagina. Extendió los brazos y arqueó la espalda cuanto pudo. Se acordó de su marido, casi con melancolía, mientras su cuerpo se liberaba de la presión acumulada.. Los estímulos hicieron que se corriera. Se sentía sucia, pero le gustaba lo que le sucedía. Estuvo a punto de llorar cuando se acabó de correr y sintió un alivio muy grande cuando Luisa sacó aquello de su interior y comenzó a besar su espalda, sus hombros y su cuello, mientras sentía aquellas tetitas diminutas en su espalda.


Eva llamó a Julia al día siguiente.


-¡Chocho! ¡Ayer te confundiste y te llevaste mi libro!

-¡Y tú! ¿Qué me dices de las bragas?-

-¿El qué?-

-¡Pues eso! ¡Que tú te pusiste mis bragas!-


Cosas de mujeres


egarasal1@mixmail.com

El Primer dia de Escuela - 2ª Parte

Comentarios (0) 28.12.2007. 00:00

 Realmente me alegró que me quedara un poco de margarita. Sabía bien.
"¿Entonces el chico te invitó a salir?" dijo Lisa entre sorbos de su vino.
"¿Qué chico?"
"El chico con quien bailabas. El chico de la mesa. Diablos, Chris. No me digas que lo botaste." Lisa me hizo una mueca enojada. Estaba casi un setenta y cinco por ciento segura de que bromeaba.
Había habido un chico. Lo recordé como bastante tierno. Recordé decir "Hola" y mirar el trasero de Lisa. Eso era todo lo que recordaba.
"No, no me invitó a salir. Creo que lo boté," dije.
"¿Quieres volver?" me preguntó Lisa, esta vez con una sonrisa.
"¡No!"
Rió y puso su mano en mi rodilla. Me acarició suavemente antes de levantarla. Busqué mi vaso para no tener que mirar a Lisa a los ojos. El vaso estaba vacío, pero el temblor que había pasado por todo mi cuerpo se había ido.
"¿Quieres otro?" preguntó Lisa.
"De ninguna manera. Fue todo para mí esta noche," dije sinceramente.
Pero no fue el final del baile. Estuvimos en la pista otro par de canciones, esta vez más juntas. Estaba más atiborrado y a menudo nos tocamos al movernos.
No fue hasta que estuve en mi cama esa noche que me permití pensar sobre la sensación que tuve cuando Lisa y yo nos tocábamos. Su mano sobre mi rodilla. Nuestras manos en la pista de baile. Era electrizante y no sabía por qué.
No estaba cautivada por las mujeres. No me fascinaban. No estaba atraída hacia Lisa.
Podía oler su perfume en la cama conmigo. Mi mano estaba frotando el exterior de mis bragas antes de que me diera cuenta. Podía sentir la humedad empezando a atravesarlas. Me moví hacia mi clítoris.
Vi los pechos de Lisa presionados contra su blusa. Los pezones claramente duros. Su culito se movía frente a mí dentro de sus pantalones apretados. Mis dedos presionaron con más fuerza contra mi clítoris.
Ella me tocaba. Mi mano se deslizó al interior de mis bragas y encontró el clítoris de nuevo. Estaba duro y palpitante. Lisa bailaba, pero ahora sin su blusa. Estaba apenas a unos centímetros frente a mí, sus preciosos senos moviéndose con la música.
Mi trasero abandonó la cama cuando inserté un dedo en mi coño. Mis jugos lo empaparon hasta el puño. Puse el dedo en mi clítoris y tomé mucho aire. Lo dejé salir con un sonoro gemido.
Lisa estaba sin pantalones. Luego sin bragas. Estaba desnuda frente a mí, buscando mis manos. Las puso en sus pechos antes de que yo las moviera a su conejo. Me restregué frenéticamente.
Lisa empezó a correrse. "Sí, Lisa. Eso es. Córrete para mí."
Mi cuerpo temblaba histéricamente. Mis piernas se estiraron hasta el final de la cama. Mis caderas subían y caían, intentando follar mi mano. Mi clítoris me gritaba que lo frotara más fuerte...más rápido. Estaba gritando su nombre y corriéndome una y otra vez. Su cuerpo. Su olor. Su rostro y cabello. Me corrí otra vez.
"Cielos, Chris." Aquellas fueron las primeras palabras que realmente oí. Mis manos cubrían mis ojos. Podía olerme a mí misma en mi mano derecha y sentía la humedad en mi frente.
Mi cuerpo dejó de temblar un minuto después. Si había tenido un orgasmo mejor seguramente no podía decir cuándo, o con quién. La culpa se arrastró, seguida por una ola de confusión. ¿Qué acababa de pasar? ¿Me corrí pensando en una mujer que acababa de conocer? ¿Una jodida mujer?
Quedé dormida antes de que me llegara alguna respuesta.
El lunes era el primero de tres días de labor para los profesores antes que llegaran los estudiantes. Logré ponerme en buenos términos con la bienintencionada burla que me hacían en relación a la noche del sábado. Lisa y yo nos sentábamos juntas en las sesiones y almorzamos juntas todos los días. Era una gran ayuda para aclarar lo que necesitaba saber y lo que podía olvidar.
El miércoles en la tarde, durante un descanso, Lisa me preguntó, "Qué tal un trago esta noche después que se acabe esto?"
"Sólo uno." Intenté mantener una mirada decidida en el rostro cuando lo dije. Pero cuando ella rió, yo también lo hice.
"¿Eso es un sí?" indagó Lisa.
"Sí. ¿Dónde?"
"O’Reilly’s en Front Street. ¿Sabes dónde es?," preguntó.
"Claro. Es un buen lugar. No hay banda," dije.
"Genial. ¿Estaría bien a las seis?"
Sonreí. "Allí estaré…de jeans."
También me puse un top con straps delicados que juré nunca me pondría en público. No tengo los pechos más grandes del mundo, pero este top haría que cualquier mujer se viera bien. Allí con mis jeans, me hizo sentir sexy pero no como una puta.
Llegué unos quince minutos antes que Lisa y tomé una mesa lejos de la puerta. Mi cerveza y Lisa aparecieron casi al tiempo. Atravesó la puerta y miró a los lados. El perfil de su figura con jeans y top sin mangas me hipnotizó. Finalmente me vio y pronto se sentaba en una silla junto a mí.
"Chris. Te ves…despampanante," dijo, mirándome dos veces. "Wow."
"¿Es demasiado?"
Lisa sólo me miró. "¿Demasiado qué? ¿Sexy? ¿Atractivo? ¿Chic?"
"Sí." Dije tan despreocupadamente como pude.
Lisa rió con una risa que empezaba a contagiarme. Era una muestra honesta de placer. "Mujer, es todo eso. Me encanta."
"Gracias. Valoro tu opinión," dije cuando se acercó una camarera a tomar la orden de Lisa.
"¿No te alegra que se hayan acabado estos tres días?" preguntó.
"Sí, pero aprendí algunas cosas. Supongo que los profesores…," me detuve apenas a punto de decir ‘más viejos’. "…que han estado más tiempo que yo lo detestan."
"Sí, los profesores más viejos lo detestan." El énfasis que puso en más viejos mostró lo que quería decir, incluso sin su mirada más dura.
"Lo siento. No te considero una de ellos. Eres...como yo de alguna manera. No sé cómo explicarlo," dije, sintiendo tan solo el haberlo mencionado.
"Gracias, creo. Sólo considérame una profesora de primer año de 32 años."
Reí con ella. Me alejaría antes de meterme en más problemas.
Empezaba a aprender que Lisa era una experta en no permitir que la conversación se centrara mucho en ella. Muchas veces desde que la conocí nos había alejado de tópicos que tenían que ver muy de cerca con su vida privada o su pasado. Pocas cosas salían, pero nada que se acercara a lo sustancial.
Tal vez estaba interesada más sinceramente en mí de lo que yo creía. Eso habría sido dulce, pero estaba inclinada a pensar que simplemente no quería hablar de ella. Una cosa que nunca descubriría de mí era que estaba pensando en ella. No hasta que ella admitiera lo mismo de mí, y esa pregunta no la iba a hacer yo.
Nos fuimos unos noventa minutos después. Fuera del bar me deseo suerte en mi primer día con los niños. Lo siguiente que supe es que la estaba abrazando, agradeciéndole su ayuda. Simplemente parecía lo más natural por hacer. Dijimos adiós y tomamos nuestros caminos separados.
Llegué temprano al primer día de escuela. Me detuve en la oficina y revisé mi casillero, que contenía una pequeña caja envuelta. A pesar del afán de abrirlo, lo tomé con el resto de mis cosas y me dirigí al Salón 12, el salón de clases del tercer grado de la Señorita Spivey.
Puse mi bolsa y monedero en el escritorio y me senté para abrir la caja. Al interior de la caja blanca había un pedazo de papel doblado por la mitad. Lo abrí.
"Chris. Felicitaciones y buena suerte. Lisa"
Bajo la nota y un pedazo de algodón estaba un precioso collar dorado con un pendiente de manzana. Mis manos temblaron al sacarlo de la caja. Lo sostuve por un segundo antes de ponerlo en mi cuello y colocarlo en su sitio. Lo puse bajo mi blusa y lo mantuve allí con la mano. Dos lágrimas se escurrieron por mis mejillas antes de que las pudiera secar.
Me apresuré a preparar el cuarto antes de dejar que fluyeran más lágrimas. Respiré profundamente y escuché, "Oye, chiquilla. Hoy es el día."
Lisa sostenía todas sus cosas en los brazos, sonriendo de oreja a oreja.
"Estoy lista…creo," dije.
"Sé que lo estás. Lo harás genial."
Se dio la vuelta hacia el corredor.
"Oye, Lisa," grité a sus espaldas. Se detuvo y volvió a mirar sobre su hombro.
"Gracias."
Miro a la nada por un segundo, hasta que toqué el collar.
"Ah," finalmente dijo. "Espero que te guste."
"Me encanta." Y era cierto. Nadie me compraba nada. Ningún novio había hecho alguna vez algo cercanamente tan hermoso. Me ENCANTABA.
El día fue más suave de lo que esperaba. Los niños eran grandiosos y ninguno se quedó cuando los buses partieron al final del día. Los chicos problemáticos fueron fáciles de reconocer y esperaba poder manejarlos. En general, el día fue un éxito.
Giré el collar alrededor de mi dedo, y en la privacidad de mi salón besé la pequeña manzana. Sentándome en mi silla, la tensión del día se alejó de mí. Cerré los ojos e intenté no pensar en nada. Pero el perfume de Lisa no me dejó.
"¿Quieres hacerlo mañana otra vez?"
Me había atrapado de nuevo. Abrí los ojos de golpe y giré la cabeza para mirar a la puerta. "Sí, quiero. ¿Intentas provocarme un ataque cardíaco?"
"¿Qué?" preguntó, sus manos abiertas a su costado.
"Sabes qué. Esperas hasta que no estoy mirando, lo juro." Sonreí para asegurarme que supiera que no hablaba muy en serio.
"Es mi manera de prepararte para los niños."
"No quiero ningún niño," dije. Tan pronto como lo dije supe lo que ella quería decir. "Es decir, no quiero TENER niños. Quiero niños aquí."
Rió tan fuerte como la había escuchado alguna vez. Miró al corredor. "Oye, Linda. Chris no quiere niños," gritó.
"Lisa Owens. Detente."
"Bueno…"
"Como sea," dije, "creo que necesitas un hombre para tener niños y las oportunidades de eso no son muy buenas justo ahora."
"Podrías haber tenido ese chico en el club la semana pasada," dijo Lisa de manera entusiasta.
"Sí, lo que sea. Por una hora. Luego se va y no lo vuelvo a ver nunca. No gracias."
Lisa no respondió. Lo que la joven profesora decía era demasiado familiar y doloroso. Demasiados hombres habían entrado a la vida de Lisa cuando era más joven y demasiados de ellos desaparecían después de la noche.
Sólo había tenido un hombre desde entonces y eso era más amistad que amor. Eso, igualmente, tampoco duró. Encontraba que las mujeres eran más preocupadas, compasivas y confortantes. Y mejores amantes.
"Escucha, Chris. ¿Qué tal si te pasas por mi casa el sábado. Veremos una película y sólo nos relajamos. Nada de niños," dijo Lisa.
"OK. Me gusta eso," dije. "Intentaré no hacer demasiadas preguntas estúpidas de escuela."
Lisa se apoyó contra el marco de la puerta, sus caderas dobladas como una modelo posando. "Ah, no te preocupes. Si tenemos suerte no hablaremos de la escuela en absoluto."
"¿A qué hora y qué quieres que lleve?" pregunté.
"Qué tal a eso de las siete y yo hago las compras. Ningún gran trato."
Una cita. Realmente no había esperado una cita por tanto tiempo que no podía recordar cuándo fue la última vez. Sin embargo, al conducir a casa debatí conmigo misma si era realmente una cita. Una compañera me había invitado. Eso difícilmente era una cita. ¿Por qué consideraba el que Lisa me invitara una cita?
Decidí que había pasado demasiado tiempo intentado que sucedieran esas cosas.
Sobreviví a la primera semana de escuela y me dirigí al fin de semana con una actitud muy buena. El sábado en la mañana limpié mi apartamento y miré algunos de los trabajos de los niños. En la tarde hice compras y miré televisión, ansiosa de que llegara la noche.
Me duché tras cenar y me puse un poco de loción corporal de hierbas, pensando que no olía ni de cerca tan bien como el perfume de Lisa. Escoger qué ponerme no fue tan difícil. Los jeans estarían bien, desde luego. Me puse el cinturón colocándolo por entre un par de aberturas y lo puse en su sitio justo al frente.
Ahora el top. ¿Con sostén o sin sostén? Esto se estaba poniendo más difícil. Ganó la conservadora y me puse un sostén ligero. Sin embargo cuando me ponía el top sin mangas que me gustaba –y recordando lo mucho que le gustó a Lisa el anterior– mi lado perverso se sacó el sostén y se introdujo el top.
Ajusté las cintas y me miré al espejo. El escote no era mi punto fuerte, pero podías decir que tenía pechos. Me encantaba la manera en que sentía este top contra mis pezones y decidí que era bueno para ver una película con Lisa.
La primera indicación de que Lisa estaba ansiosa al invitarme fue cuando abrió su cajón de ropa interior para "ocasiones especiales." Ojeó dentro antes de mover algunos de los pequeños objetos sedosos a un lado. Allí estaba. Sacó una diminuta tanga negra y empezó a ponérsela. Una pierna a la vez se la puso. La colocó en su sitio y la acomodó con sus dedos.
Se movió a un lado y se vio a sí misma en el espejo. La membrecía en el club de la salud valía cada centavo. Tenía un trasero y cintura espectaculares, de los que se preocupaba y trabajaba constantemente. La parte de atrás de la tanga estaba oculta entre sus nalgas y ella se las sacudió al tiempo alegremente.
Se puso unos jeans que se pegaron a su piel y sacó una camisa del gancho. No cualquier camisa. Esta era su camisa ligera floral –no, mejor transparente– con patrones que ocultaban sus pezones y eso era todo. Se la ajusto sobre los jeans y se vio una vez más ante el espejo.
Muy bien. Desabotonó un botón más en la parte de arriba y miró otra vez. Perfecto. Su último acto en el cuarto fue colocarse, como siempre, un poco de Giorgio.
Lisa revisó la nevera. Tenía cerveza, vino y todos los ingredientes para hacer margaritas. Había hecho una bandeja pequeña de carne y queso y planeaba hacer palomitas de maíz más tarde. Estaba lista.
Yo llegué unos minutos después de las siete, ansiosa de ver el interior del apartamento de Lisa. Lo había descrito como un hoyo en la pared pero yo sospechaba otra cosa.
"Viniste. Entra," dijo Lisa alegremente tan pronto se abrió la puerta.
Una cocina y un comedor se abrían a la derecha con un corredor recto al frente y escaleras a la izquierda. Al final del pasillo había un gran cuarto abierto con luz.
"Wow. Es un lugar grandioso, Lisa," dije.
Puso su mano en mi espalda y me condujo por el corredor.
"Gracias. Es todo lo que necesito," dijo.
Un techo de catedral se levantaba mientras llegábamos a la sala. Un comedor a la derecha junto a la chimenea. Alcé los ojos y vi un ático tras una hermosa reja en madera recorriendo toda una pared.
"Lisa, esto es hermoso. Te envidio mucho."
No fue sino hasta entonces que tuve oportunidad de observar realmente a mi anfitriona. Se veía preciosa con su camisa y jeans. En algún lugar de mi mente se registró que no tenía nada bajo la camisa. Y una extraña sensación me recorrió. Estaba en algún punto entre la excitación y la lujuria.
"Chris, tienes las camisas más hermosas. Me encanta eso en ti," me estaba diciendo Lisa.
"Ah, gracias," dije. "Supuse que esta noche no era formal."
Lisa rió. "Difícilmente. No voy muy bien con lo formal."
Decidimos tomar algo de vino y seguí a Lisa a la cocina. Me pasó la bandeja de carne y queso y la llevé de vuelta a la sala mientras ella servía el vino. Se reunió conmigo unos segundos después y nos sentamos en lados opuestos del sofá.
Mientras hablábamos, comíamos y bebíamos, quedé absorta estudiando los rasgos de la mujer. Su cabello rubio claro, desde luego, era perfecto sin verse falso. Su nariz, ojos y boca eran irreprochables. Además, viéndola de lado cuando se inclinaba para coger más queso, el perfil de sus senos aparecía bajo la camisa. Aunque interrumpida de manera intermitente por los patrones florales, la belleza natural de los senos era evidente.
Esta mujer era el sueño de cualquier hombre y se sentaba aquí un sábado por la noche conmigo. Las piezas del rompecabezas aún estaban desordenadas sobre la mesa en lo que tocaba a Lisa, pero empezaban a emerger patrones. No me preocuparía por la imagen grande hasta después. Por ahora disfrutaba mirando las piezas.
Un rayo relampagueó muchos kilómetros lejos por la ventana. Estaba casi oscuro y el efecto fue macabro. Mientras Lisa volvía a llenar nuestros vasos, caminé hasta la ventana más grande y miré fuera.
"Adelántate y cierra las cortinas," gritó Lisa desde la cocina.
Las cerré y me encontré con ella cerca al sofá.
"No me molestan las tormentas. ¿A ti sí?" preguntó.
"No. No hasta que son muy fuertes. Entonces me preocupo, a veces," dije sin ocultar mis miedos infantiles.
"Si se pone peor, puedes quedarte hasta que pase," dijo calmadamente.
"Podría ser."
Lisa había rentado Chicago y lo pusimos después de hablar un rato más. Hizo algunas palomitas de maíz en el microondas y nos sentamos descalzas en el sofá con las piernas recogidas y cojines a los lados.
Las luces de los rayos y los sonidos de los truenos afuera acompañaban la película. La lluvia golpeaba contra las ventanas en torrentes mientras aullaba el viento. Era un típico aguacero de primavera al comienzo del otoño. Me alegraba estar con alguien.
"Vaya. Es realmente…," empezó a decir Lisa. Entonces un cegador resplandor de rayo fue seguido por oscuridad total y un ensordecer sonido de trueno.
"Ah, mierda," gritó Lisa.
Sólo la luz del rayo que no paraba iluminaba el cuarto. Vi a Lisa levantarse.
"Voy por una linterna y unas velas. Quédate justo ahí," dijo.
Ni siquiera me ofrecí a ayudar. Me sentía como un niño pequeño mientras Lisa revolvía en la cocina. La escuché regresar y me giré para verla caminar con una linterna y un montón de cosas en los brazos.
Se dobló y puso fósforos, velas y otra linterna en el sofá donde nos sentábamos. Las velas eran aromáticas en pequeños candelabros redondos de vidrio.
"Pon un par de velas sobre la mesa y enciéndelas. ¿OK?" preguntó.
Rápidamente encendí dos velas mientras ella ponía una tercera al final de la mesa. El cuarto ya se veía ligeramente más brillante y mucho más "amigable". Lisa se quedó de pie frente al sofá y se inclinó por su vino.
"Bueno. Todo sea por ver Chicago," dijo.
Reí débil y nerviosamente. "Está bien. No es tu culpa."
Otro duro sonido de trueno siguió un a brillante rayo. Lisa se sentó en el sofá cerca a mí.
"¿Estás bien?"
"Sí. Estoy bien. No te preocupes por mí. En tanto esté con alguien…," dije sonando muy poco convincente, estoy segura.
"De acuerdo. Me quedaré entonces," dijo Lisa.
Reí de nuevo. Miramos la luz de las velas combinada con el espectáculo de luces afuera. Era realmente relajante. ¿O era el vino?
En algún momento noté que Lisa me observaba en silencio. La miré a los ojos.
"Chris, realmente me alegra que estés en la escuela. Creo que tendremos un buen año, ¿tú no?" preguntó en la semi-oscuridad entre rayos.
"Eso espero. Me da miedo meter la pata, pero contigo allí para ayudar estaré bien."
"Siempre te lo digo. Lo harás bien," dijo.
La miré y sonreí en vez de decir algo más. Su cabello y sus ojos brillaban a la luz de las velas. Simplemente nos sentábamos y nos miramos una a la otra por un segundo, pero pareció durar por siempre.
Otro rayo al parecer justo afuera del apartamento me hizo saltar. Lisa deslizó un pie o algo así en el sofá hasta que estuvimos tan cerca como para tocarnos. Puso su mano en mi pierna.
"Tranquila, Chris. Estoy aquí."
Puse mi mano en la suya y la acaricié. Ella volteó la mano hasta que se encontraron nuestras palmas. Luego nuestros dedos se entrelazaron y nos apretamos fuerte. La vi de nuevo a la cara. Ya me estaba mirando, pero no con una sonrisa. Era una mirada contenta. Pacífica.
Llevó mi mano a su boca y la besó.
"Todo estará bien."
Un estremecimiento me recorrió. Puso mi mano en su mejilla y mi cuerpo entero se sintió como atraído al suyo. Me incliné hacia ella.
Lisa soltó mi mano y estiró su brazo. Caí en él lentamente. Lo puso alrededor de mi hombro y deslizamos nuestros cuerpos más cerca. Mi cabeza estaba en su hombro antes que supiera siquiera lo que pasaba.
No dijimos nada. Nos sentamos y miramos y escuchamos. Luego olí su perfume. Me rodeaba. Era como si hubiera entrado a otro cuarto–uno seguro y con luz.
La mano de Lisa se deslizaba arriba y abajo por mi brazo, y luego se movió a mi cabello. Haló mi cabeza más fuerte hacia su hombro. Suavemente... delicadamente ... besó la parte de encima de mi cabeza.
Alcé los ojos hacia ella y moví la cabeza de forma que quedamos frente a frente. Estábamos a menos de treinta centímetros. Podía escucharla respirar. Vi a sus labios sensuales separarse. Y yo quería besarla.
Nuestros labios se encontraron mientras mis ojos estaban cerrados. El impacto del contacto me hizo saltar, pero me mantuve en contacto con ella. Ninguna de nosotras intentó hacer del beso más de lo que era.


eltraductorx

El Primer dia de Escuela - 1ª Parte

Comentarios (0) 27.12.2007. 00:02

Nota de la escritora: Detesto dañar una buena historia con trama, pero había algunas cosas que necesitaba decir. Conozco al menos una que entenderán. Lisa, te amo tanto por todo lo que me enseñaste.

Los últimos ecos diáfanos de mis zapatos en el corredor se desvanecieron al acercarme a la puerta, detenerme y echar una mirada. Cinco filas rectas de escritorios llenaban el centro del salón. Las ventanas a lo largo de la pared más alejada permitían que la luz del sol brillara ampliamente por debajo de las cornisas vacías. Un escritorio grande al frente del salón yacía estéril, y el tablero blanco relucía.

"Será diferente cuando tenga treinta niños dentro."
Salté sin quererlo cuando escuché una voz detrás mío. Me di la vuelta rápidamente, intentando mantener el control sobre el montón de libros que tenía en los brazos.
"No te quería asustar. Lo siento," dijo la voz.
"Oh, está bien," logré decir. Con los libros al parecer en su lugar, sonreí. "Este, soy Chris. Chris Spivey. Creo que éste es mi salón."
"Hola. Soy Lisa Owens. Y sí, lo es. ¿Necesitas ayuda?" preguntó Lisa, caminando por el corredor hacía su salón.
"No, gracias. Estoy bien. Es decir, deja que ponga estos libros en algún lugar." Di mis primeros pasos al interior del Salón 12 y los puse en el escritorio de la maestra.
Lisa se quedó en la puerta, viendo cómo la joven profesora nueva revisaba el salón de una esquina a otra. Lisa fue transportada casi diez años atrás al momento en que ella caminó a su propio primer salón de clases. ¿Realmente eran diez años?
"No sé por dónde empezar," dije en un tono que apuntaba a la vergüenza.
Lisa rió ligeramente mientras decía, "Conozco la sensación. Todavía me siento así cuando comienza cada año."
"¿De verdad?" pregunté esperanzada.
"Sí. Realmente es mejor cuando los niños están aquí porque te sientes más al control," dijo Lisa.
Yo parecía desilusionada. "Tal vez tú. Yo seré un caos en ése momento, también."
"Ay, vamos. Linda me dijo que hiciste una de las mejores entrevistas que ella ha hecho en toda su vida," dijo Lisa reconfortantemente, refiriéndose a la directora de la escuela.
Me sonrojé. "Lo dudo. Me puse muy nerviosa."
"Escucha. Dejaré que veas cómo va todo. Vendré a ver cómo te va en un rato. En cualquier otro caso, estoy apenas pasando el corredor. Grita si necesitas cualquier cosa," dijo Lisa.
"Muchas gracias. Probablemente voy a tener muchas preguntas."
"¿Entonces qué tal si planeamos almorzar juntas?" preguntó Lisa.
"Seguro. Eso sería genial. Gracias," dije.
"Hablaremos más tarde," dijo Lisa mientras retornaba a su salón.

Volví a mirar el cuarto otra vez. Estaba ansiosa, entusiasta y dubitativa ... todo al mismo tiempo. La tarea que estaba ante mí parecía ominosa, pero había estudiado durante cuatro años para ésto y hecho prácticas con excelentes profesores. Mi reacción natural, sin embargo, era estar un poco insegura.
Abrí el cajón del inmenso escritorio de maestro y, desde luego, lo encontré completamente vacío. Así es como iba a encontrar la mayoría de cosas en el salón –vacías o limpias, esperando mi toque personal.
Me di la vuelta para observar el tablero blanco tras de mí. Para mi sorpresa un marcador seco azul estaba en la bandeja en la parte inferior del tablero. Le quité la tapa, me acerqué al tablero y escribí "Señorita Spivey" con letras grandes.

Volví a poner el marcador en su lugar y me quedé viendo las palabras. Moví la cabeza hacia la ventana para ocultar la lágrima que se deslizaba por mi mejilla. La sequé rápidamente antes de ser vista y volví al escritorio.
A los 23 y apenas tres meses después de graduarme, era nueva en el "mundo real." Si todo iba bien, mi estatura de 1,65 mts por lo menos me hacía más alta que la mayoría de mis alumnos de tercer grado. Me pasé los dedos por el cabello e intenté ganar suficiente compostura como para pensar en lo que estaba haciendo.
Sabía que Linda, la directora, vendría más tarde. Eso ayudaría. Y además era genial tener a Lisa, la otra profesora de tercer grado, al otro lado del pasillo. Sin embargo no quería parecer tan anonadada como realmente me sentía.
Esto era tan típico. Todos mis amigos sabían que yo era amigable y cálida, pero ‘con mucha confianza’ no eran probablemente las palabras que usarían para describirme. ¿Agresiva? Sí, bien. No Chris Spivey.
Así que la siguiente media hora me la pasé abriendo cada armario, volviendo a arreglar las sillas y escritorios, cuando no estaba imaginando cómo se vería el salón la semana siguiente. Periódicamente, otros profesores asomaban sus cabezas por la puerta y se presentaban. Todos parecían agradables y dispuestos a ayudar. Tal vez ésto funcionaría después de todo.

Caminé hacia el salón de Lisa después de un rato, no tanto porque necesitara ayuda sino más bien para tomar un descanso. Lisa estaba de rodillas, colocando libros en un estante. Parecía estar al comienzo de los treinta, tal vez era unos cinco centímetros más alta que yo. Tenía un precioso cabello rubio corto, arreglado por un profesional, sin duda alguna.

Ciertamente era atractiva e instantáneamente envidié su cuerpo, el cual al parecer no tenía problema en mostrar con sus jeans apretados y su blusa estirada.
Lisa alzó la mirada. "Hola. ¿Cómo te está yendo?"
"Grandioso. Bien. Creo que en seguida voy a ubicar los libros," dije.
Lisa me observó por un instante antes de decir, "¿Qué hora es?"
"Más o menos las 11."
"¿Quieres que a eso de medio día vayamos a buscar algo de comer?" preguntó.
"Sí. Todavía quiero hacer eso. ¿Qué lugar recomiendas?" dije.
"¿Qué tal Panera’s? Me gustan sus sopas y ensaladas."
"Perfecto. También me encantan. Avísame cuando estés lista para ir," dije yo.
"OK. Voy a estar ansiosa de ver cómo te va."
Volví a mi salón, oyendo el sonido de escritorios moviéndose en los otros salones a lo largo del pasillo. Con la mente un poco más despejada, estaba lista para enfrentarme a los libros. Ahora piensa, Chris. ¿Cuál es la manera más lógica de hacerlo? Quise haber estado haciendo esto durante diez años.
El medio día llegó pronto y Lisa entró a mi salón con su bolso en el hombro, lista para salir. Yo tenía un hambre terrible. No necesité de ningún estímulo especial para ponerme de pie, tomar mi bolso y salir con ella caminando. Se ofreció a conducir y yo me sentí obligada a aceptar, así que nos montamos a su SUV y nos dirigimos a Panera’s.
Era cerca, pero la conversación por el camino aumentó mi creencia en que Lisa era una mujer inteligente y que confiaba en sí misma. Esto era bueno. Las cualidades en que a menudo me sentía más débil eran las que buscaba en mis amigos, de manera que al menos uno de nosotros supiera lo que estábamos haciendo. Y el olor de su perfume llenaba el SUV. Lo había notado en su salón. Era agradable.
Lisa ordenó sopa y una ensalada pequeña. Yo pedí una ensalada griega con el usual acompañamiento sin grasa y sin sabor. No hablamos mucho, Lisa se mostraba un poco más callada de lo que había anticipado. Era obvio que pensaba las cosas antes de hablar.
"Hay un buen personal," dijo Lisa en un momento. "Desde luego, tenemos la usual desconsideración que causará problemas durante el año, pero ningún odiado."
Reí ante la forma parca en que lo dijo. "Voy a intentar no hacer nada que haga que los demás me odien. Adviérteme cuando cruce la línea."
"No hay problema. Pero apuesto que no eres del tipo que resulta insoportable."
"¿Por qué?" pregunté inocentemente.
"Ah, pienso que eres demasiado inteligente para ser así. Pienso que vas a sentarte y mirar todo y calcular antes de actuar," dijo antes de atrapar una buena porción de ensalada con el tenedor.
Detesto cuando las personas ya me conocen después de menos de cuatro horas de presentarnos. ¿Soy ASÍ de predecible? ¿O era Lisa tan buena? Me empezaba a intrigar con esa habilidad de captar las cosas tan rápidamente.
"¿No eres casada?" preguntó de manera inesperada.
"Este, no." La pausa que siguió hizo que Lisa esperara la conclusión del pensamiento. Consideré las muchas vías posibles para continuar. "No salgo con nadie en este momento. El último no resultó muy bien."
Lisa me miró por encima del tenedor. "Sé lo que se siente."
"¿Y tú?" pregunté sin emoción.
"No. Nunca me casé. No estoy segura de que sea lo adecuado para mí."
"Ciertamente eres bonita. Debes haber tenido un montón de chicos invitándote a salir," dije.
"Gracias," dijo Lisa, al parecer agradecida por el cumplido. "No diría que un montón, pero ninguno de ellos parecía el correcto."
"Estoy sospechando un poco de todos los hombres en este momento," dije sinceramente. "He tenido algunas malas experiencias dentro y fuera de la escuela…la universidad, quiero decir…y …bueno, ya no confío en muchos hombres."
"Hay un par entre los profesores, pero son inofensivos. Dejaré que lo decidas por ti misma," dijo Lisa.
"Gracias. Seguro que lo haré."
El único evento que fue notable también durante el almuerzo fue mi incapacidad, por momentos, de abstenerme de observar los casi perfectos pechos de la mujer parcialmente ocultos y parcialmente expuestos dentro de su camisa. Era una de aquellas blusas escotadas que moldeaban la figura acentuando cada curva y ángulo. Y las curvas de Lisa eran impecables. No estaba segura de si sentía celos o completa admiración.
¿Cómo podría una mujer como ésta estar a estas alturas de su vida sin un hombre? Claramente había algo de historia aquí que yo no conocía. Sería un proyecto para el año que viene, me dije para mí.
La tarde pasó rápidamente y dormí bien esa noche, cansada del trabajo físico que había hecho todo el verano. Lisa yacía en su cama mirando al techo. Vestida sólo con unas bragas, deslizó sus dedos por el interior de sus muslos, sobre su estómago y eventualmente por sus senos.
Cerró los ojos. Estaba observando a su joven compañera profesora. Yo estaba de pie en el pasillo frente a su salón con mi cabello oscuro cayendo sobre mi cuello. La mano de Lisa subió hasta abarcar su pecho, luego se concentró en el pezón. Lisa me imaginó entrando al salón y caminando hacia ella.
Lisa se inclinó hacia mi cuerpo y me besó. Su mano masajeó su pecho bajo la sábana, que bajó luego para dejar descubiertos los dos pechos. Pasó su mano de un seno al otro, frotándolos.
En su fantasía, nos abrazamos y pusimos nuestras manos dentro de la blusa de la otra. Su mano se deslizaba hacia abajo y desapareció al interior de sus bragas bajo la sábana. Nos quitamos las blusas en el salón imaginario, admirando los pechos de la otra y luego nos unimos de nuevo.
Lisa tenía los dedos sobre su clítoris. Se estaba poniendo más largo y duro. Puso un dedo dentro de su coño para humedecerlo, y luego lo deslizó de vuelta por su clítoris. Empezó una serie de largas y profundas caricias.

Yo desabotonaba sus jeans y bajaba la cremallera. Bajaba los pantalones y pasaba mi palma sobre su coño cubierto por las pantaletas. Podía sentir su humedad. Podía oler su perfume combinado con su propio aroma.
Lisa dobló la espalda y presionó su chochito más fuerte contra su mano. Lo frotó más frenéticamente mientras yo le bajaba las braguitas. Antes de que tuviera la oportunidad de tocarla una vez más, estaba perdida en medio de un intenso orgasmo. Pronunció mi nombre. Se vino múltiples veces antes de dejar caer su cuerpo sobre la cama.
Lisa yacía con su mano cubriendo sus húmedos y cosquilleantes coño y clítoris. Tembló cuando un único dedo se deslizó sobre el clítoris una última vez.

Cuando llegué a la escuela el día siguiente, un sobre blanco estaba pegado con cinta fuera de la puerta de mi salón. "Chris" estaba escrito al frente. Lo tomé antes de mover la llave y abrir la puerta. Al otro lado del pasillo la puerta de Lisa estaba abierta pero no había rastro de la profesora.
Me senté en el escritorio y abrí el sobre. Una tarjeta colorida al interior anunciaba una fiesta de "Bienvenida de Vuelta a la Escuela" el sábado siguiente en uno mis clubes locales favoritos. La tarjeta estaba firmada por Lisa con un renglón adicional, "Por favor ven."
No era necesario revisar mi calendario. Las noches de los sábados generalmente estaban abiertas para mí y ésta no era diferente. Sentí que "pertenecía" un poco más ahora y esperaba que para el final de la fiesta me sintiera mucho más cómoda.

Crucé el pasillo y encontré a Lisa limpiando escritorios.
"Gracias por la invitación. No puedo esperar," dije.
"Bien. Me alegra que puedas ir." Si Lisa se veía bien con su camisa y jeans el día anterior, casi que quitaba el aliento con su top sin mangas y pantalones cortos hoy.
"Hoy me toca día de limpieza," dijo, tal vez notando cómo yo miraba su atuendo. "Los chicos hacen un buen trabajo limpiando durante el verano, pero me gusta limpiar los escritorios una vez más. Sólo un hábito viejo."
"Pienso que para el sábado estaré lista para una fiesta," dije.
"Todos lo estaremos. Es una buena oportunidad de salir juntos y para que los nuevos profesores –como tú– conozcan a los demás. O por lo menos a todos los que aparezcan," dijo Lisa. Miró por encima de mi hombro, como si buscara a alguien, y luego se puso una mano junto a la boca. "No nos preocupa el resto."
Reí. Sonaba como cualquier escuela en la que había hecho prácticas. Puedo ser una maestra sin experiencia pero conocía los juegos sociales que se jugaban. Y había algo en la voz de Lisa. Era suave ... atrayente.
Lisa caminó hacia su escritorio y buscó en su bolso. Sacó un segundo sobre.
"Toma. Esto es para ti," dijo, pasándome el sobre.
Lo abrí ávidamente y saque un bono de compra de una de mis tiendas de ropa favoritas en el centro comercial.
"Ay, Lisa. ¿Esto es para mí?"
"Sí. Quiero que seamos amigas. Tal vez podamos enseñarnos algunos trucos de enseñanza," dijo Lisa con una sonrisa.
"No tenías por qué. Realmente. No tenías por qué hacer esto," tartamudeé.
"Úsalo para comprarte algo bueno."
Yo quería ir hacia ella y mostrarle cuánto se lo agradecía, pero simplemente no me sentía lo suficientemente cómoda como para hacerlo. De forma que me quedé allí como un niño pequeño, apoyando mi peso nerviosamente de una pierna a la otra.
"Lo haré. Gracias, Lisa. Te dejaré volver a trabajar. Pásate cuando necesites un descanso," ofrecí.
"Ya veremos. Te veo en un rato."
Me di la vuelta y volví a mi salón. Mi mente estaba llena de pensamientos sobre el trabajo por hacer, la fiesta del sábado y qué comprar con el bono. Lenta pero firmemente organicé el salón y lo dejé justo como quería. Para la tarde del viernes ya estaba lista para el fin de semana.
Le aseguré a Lisa una vez más que estaría en la fiesta. De hecho, estaba ansiosa por ir y no me la habría perdido por nada. La oportunidad de conocer a los demás profesores –bueno, al menos a la mayoría– en un ambiente social era demasiado buena para pasarla por alto.
La tarde del sábado empecé a pensar seriamente en qué ponerme por la noche. ¿Debería ir con algo "casual de negocios" para mostrar mi madurez (sí, lo sé) o algo alegre? Una vez hube decidido el estilo –alegre– pasé a cómodo versus provocativo versus estilizado. Habiendo descartado provocativo, basada principalmente en mi creencia en que no iba a conseguir ningún hombre esta noche, me concentré en cómodo y estilizado.
Realmente, terminé con una combinación de los dos. Escogí unos jeans diseñados (cómodos) y una blusa denim Chico (estilizada). Me sentí bien.
El club que Lisa escogió era famoso por el jazz en vivo, pero la barra y las mesas estaban excepcionalmente adecuadas para grupos como el nuestro. Podías comer, beber, hablar o hacer todo al tiempo sin necesidad de gritar toda la noche. Si querías bailar, podías. Yo sólo quería sobrevivir.
Entré y busqué a una mesa que sospechaba podría ser un punto probable para nuestro grupo. Exactamente, Lisa y otras tres maestras ya estaban sentadas en una mesa con pasabocas y bebidas frente a ellas.
"Oye, Chris," dijo Lisa en un tono acogedor a mitad del salón.
"Me alegra que hayas venido. Siéntate."
Ya había conocido a las otras mujeres y recordaba todos sus nombres excepto el de una, nada mal para mí. Al poco, una camarera se acercó y tras observar rápidamente lo que las demás bebían ordené un margarita.
"¿Cuánta gente esperas?" le pregunté a Lisa.
"Tal vez quince, pero no juntas al mismo tiempo. Vendrán y se irán. Nos mantenemos muy informales con gente yendo de mesa en mesa. Algunos además bailamos," dijo con una sonrisa.
"Necesitaré muchos margaritas para bailar," dije.
Las mujeres rieron. Se decidió que la meta para esta noche era ver a Chris bailar.
Una vez más me sorprendió el atuendo de Lisa. Vestía un chaleco bordado con unos pantalones ajustados del mismo color. Se veía despampanante con su cabello rubio --sexy sin exhibirse. Sus hombros y brazos desnudos bien bronceados y perfectamente tonificados. Empezaba realmente a disgustarme.
Eventualmente, unas ocho profesoras y dos de los profesores se nos unieron. Yo me tomaba mi segundo margarita y disfrutaba la banda que recién había empezado su presentación en el salón del lado. Me advertí que un sólo margarita más me dejaría lista.
Lisa hacía de anfitrión yendo de mesa a mesa y dejándome conversaciones ocasionales con los demás. Estaba bien, supuse, desde una perspectiva profesional. No obstante, realmente quería hablar más con ella y aprender más de ella.
Al debido tiempo, caminó por detrás de mi silla, me tocó en el hombro y me invitó a caminar con ella hacia la barra. Resueltamente me levanté y me le uní.
Se quedó lo suficientemente cerca como para que nuestros brazos se tocaran.
"Hay dos chicos al otro lado del salón, sentados en una mesa redonda cerca al final de la barra," empezó. Yo comencé a girar. "¡No mires!"
Reí ante la urgencia de su frase.
"Te han estado mirando por lo menos quince minutos. Si te interesan …" No terminó la frase. Nos detuvimos en la barra. Lancé una mirada disimulada.
Eran bastante atractivos y tal vez un par de años mayores que yo. Sólo tomó un par de segundos el que sus ojos nos encontraran. Rápidamente me giré hacia la barra.
"Vino blanco para mí. ¿Chris?"
"Este. Ah, nada por ahora. Gracias," dije.
"¿Y bien?" preguntó Lisa con una sonrisa malévola.
"Creo que es a ti a quien quieren," repliqué ingenuamente.
"Chris Spivey. Lo juro. Necesitamos trabajar en ti."
La bebida de Lisa llegó y caminamos de vuelta a las sillas, evitando las miradas de los dos tipos a toda costa. No estaba segura de qué me excitaba más. El hecho de que pudiera tener razón sobre los chicos o el hecho de que finalmente capturé a Lisa para tener una oportunidad de caminar.
Charlamos sobre la universidad, dónde solíamos vivir, niños sobre los cuales tener cuidado en la escuela y otras cosas sin relación. Era una excelente conversadora con un sentido de humor pícaro y mucho sarcasmo. No lo tomé como el alcohol hablando por ella. Pensé que era la Lisa real saliendo.
Aprendió de mis inseguridades y yo aprendí de sus errores. Aprendió que me gustan más las tinas que las duchas y yo que tiene un cajón de ropa interior para "ocasiones especiales." Nos reímos mucho.
En algún punto durante la conversación un margarita apareció en la mesa frente a mí.

"¿Es mío?" pregunté.
"Debe ser," dijo Lisa. "No vas a dejarlo ahí, ¿o sí?"
"Pero yo…"
"Tómatelo." La voz de Lisa no era maternal, pero la implicación era la misma. Tal vez en diez años podría hacerle lo mismo a una profesora nueva.
Casi inmediatamente estábamos hablando otra vez. Diez minutos después perdí todo el control de la noche. La banda tocaba, yo me movía en la silla con la música y Lisa me tomaba de la mano.
"Vamos," dijo. Me levantó demasiado rápido y logre eludir personas, sillas y mesas sólo por instinto. Unos segundos después estábamos en el salón adjunto. Luego estábamos en la pista de baile.
Afortunadamente no estábamos solas. Sólo reconocí a otra maestra, pero los otros cuerpos me hicieron pensar en mi estado mental medio ebrio que toda la gente en el salón no me miraba sólo a mí.
Lisa podía bailar. Entre la banda apenas a unos seis metros y viéndola moverse, lo empecé a hacer rápidamente. Más gente llegó y para la tercera canción yo bailaba con cualquiera suficientemente valiente como para ponérseme en frente– hombre o mujer.
En algún momento noté un poco del pequeño trasero de Lisa pasando. No podría decir con quién estaba, si es que estaba con alguien. Descansé cuando nos volvimos a unir durante la siguiente canción.
"¿Lista para un descanso?" preguntó, inclinándose a mi oído para hablar por sobre el sonido de la banda.
"Sí. ¿Y tú?"
"También," dijo Lisa. Se dio la vuelta y la seguí.
Mientras nos acercamos a nuestra mesa, una explosión de aplausos surgió del puñado de profesores que nos esperaban. Les di mi mejor mirada enojada. Cuando nos sentamos –más bien Lisa y yo nos derrumbamos– dijo, "Estuviste grandiosa. Has hecho esto antes."
"Sólo cuando soy arrastrada físicamente para que lo haga. Pero me alegra que lo hicieras."

Nota del Traductor X : Hola, por fin estoy de vuelta. Como siempre escríbanme si quieren comentar o pedir algo, o simplemente conversar. ¿Quién sabe qué podamos enseñarnos?


eltraductorx
<< Primera « Anterior [1 / 6] Siguiente » Ultima >>


Categorias

Paginas

Articulos Relacionados

Articulos Mas Vistos

Nuevos Comentarios

Recomienda Superrelatos a Tus Amigos

Tu Nombre:

Correo de Amigo:

Código de Validación:

Introduzca el Código de Validación: