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El Primer dia de Escuela - 2ª Parte

 Realmente me alegró que me quedara un poco de margarita. Sabía bien.
"¿Entonces el chico te invitó a salir?" dijo Lisa entre sorbos de su vino.
"¿Qué chico?"
"El chico con quien bailabas. El chico de la mesa. Diablos, Chris. No me digas que lo botaste." Lisa me hizo una mueca enojada. Estaba casi un setenta y cinco por ciento segura de que bromeaba.
Había habido un chico. Lo recordé como bastante tierno. Recordé decir "Hola" y mirar el trasero de Lisa. Eso era todo lo que recordaba.
"No, no me invitó a salir. Creo que lo boté," dije.
"¿Quieres volver?" me preguntó Lisa, esta vez con una sonrisa.
"¡No!"
Rió y puso su mano en mi rodilla. Me acarició suavemente antes de levantarla. Busqué mi vaso para no tener que mirar a Lisa a los ojos. El vaso estaba vacío, pero el temblor que había pasado por todo mi cuerpo se había ido.
"¿Quieres otro?" preguntó Lisa.
"De ninguna manera. Fue todo para mí esta noche," dije sinceramente.
Pero no fue el final del baile. Estuvimos en la pista otro par de canciones, esta vez más juntas. Estaba más atiborrado y a menudo nos tocamos al movernos.
No fue hasta que estuve en mi cama esa noche que me permití pensar sobre la sensación que tuve cuando Lisa y yo nos tocábamos. Su mano sobre mi rodilla. Nuestras manos en la pista de baile. Era electrizante y no sabía por qué.
No estaba cautivada por las mujeres. No me fascinaban. No estaba atraída hacia Lisa.
Podía oler su perfume en la cama conmigo. Mi mano estaba frotando el exterior de mis bragas antes de que me diera cuenta. Podía sentir la humedad empezando a atravesarlas. Me moví hacia mi clítoris.
Vi los pechos de Lisa presionados contra su blusa. Los pezones claramente duros. Su culito se movía frente a mí dentro de sus pantalones apretados. Mis dedos presionaron con más fuerza contra mi clítoris.
Ella me tocaba. Mi mano se deslizó al interior de mis bragas y encontró el clítoris de nuevo. Estaba duro y palpitante. Lisa bailaba, pero ahora sin su blusa. Estaba apenas a unos centímetros frente a mí, sus preciosos senos moviéndose con la música.
Mi trasero abandonó la cama cuando inserté un dedo en mi coño. Mis jugos lo empaparon hasta el puño. Puse el dedo en mi clítoris y tomé mucho aire. Lo dejé salir con un sonoro gemido.
Lisa estaba sin pantalones. Luego sin bragas. Estaba desnuda frente a mí, buscando mis manos. Las puso en sus pechos antes de que yo las moviera a su conejo. Me restregué frenéticamente.
Lisa empezó a correrse. "Sí, Lisa. Eso es. Córrete para mí."
Mi cuerpo temblaba histéricamente. Mis piernas se estiraron hasta el final de la cama. Mis caderas subían y caían, intentando follar mi mano. Mi clítoris me gritaba que lo frotara más fuerte...más rápido. Estaba gritando su nombre y corriéndome una y otra vez. Su cuerpo. Su olor. Su rostro y cabello. Me corrí otra vez.
"Cielos, Chris." Aquellas fueron las primeras palabras que realmente oí. Mis manos cubrían mis ojos. Podía olerme a mí misma en mi mano derecha y sentía la humedad en mi frente.
Mi cuerpo dejó de temblar un minuto después. Si había tenido un orgasmo mejor seguramente no podía decir cuándo, o con quién. La culpa se arrastró, seguida por una ola de confusión. ¿Qué acababa de pasar? ¿Me corrí pensando en una mujer que acababa de conocer? ¿Una jodida mujer?
Quedé dormida antes de que me llegara alguna respuesta.
El lunes era el primero de tres días de labor para los profesores antes que llegaran los estudiantes. Logré ponerme en buenos términos con la bienintencionada burla que me hacían en relación a la noche del sábado. Lisa y yo nos sentábamos juntas en las sesiones y almorzamos juntas todos los días. Era una gran ayuda para aclarar lo que necesitaba saber y lo que podía olvidar.
El miércoles en la tarde, durante un descanso, Lisa me preguntó, "Qué tal un trago esta noche después que se acabe esto?"
"Sólo uno." Intenté mantener una mirada decidida en el rostro cuando lo dije. Pero cuando ella rió, yo también lo hice.
"¿Eso es un sí?" indagó Lisa.
"Sí. ¿Dónde?"
"O’Reilly’s en Front Street. ¿Sabes dónde es?," preguntó.
"Claro. Es un buen lugar. No hay banda," dije.
"Genial. ¿Estaría bien a las seis?"
Sonreí. "Allí estaré…de jeans."
También me puse un top con straps delicados que juré nunca me pondría en público. No tengo los pechos más grandes del mundo, pero este top haría que cualquier mujer se viera bien. Allí con mis jeans, me hizo sentir sexy pero no como una puta.
Llegué unos quince minutos antes que Lisa y tomé una mesa lejos de la puerta. Mi cerveza y Lisa aparecieron casi al tiempo. Atravesó la puerta y miró a los lados. El perfil de su figura con jeans y top sin mangas me hipnotizó. Finalmente me vio y pronto se sentaba en una silla junto a mí.
"Chris. Te ves…despampanante," dijo, mirándome dos veces. "Wow."
"¿Es demasiado?"
Lisa sólo me miró. "¿Demasiado qué? ¿Sexy? ¿Atractivo? ¿Chic?"
"Sí." Dije tan despreocupadamente como pude.
Lisa rió con una risa que empezaba a contagiarme. Era una muestra honesta de placer. "Mujer, es todo eso. Me encanta."
"Gracias. Valoro tu opinión," dije cuando se acercó una camarera a tomar la orden de Lisa.
"¿No te alegra que se hayan acabado estos tres días?" preguntó.
"Sí, pero aprendí algunas cosas. Supongo que los profesores…," me detuve apenas a punto de decir ‘más viejos’. "…que han estado más tiempo que yo lo detestan."
"Sí, los profesores más viejos lo detestan." El énfasis que puso en más viejos mostró lo que quería decir, incluso sin su mirada más dura.
"Lo siento. No te considero una de ellos. Eres...como yo de alguna manera. No sé cómo explicarlo," dije, sintiendo tan solo el haberlo mencionado.
"Gracias, creo. Sólo considérame una profesora de primer año de 32 años."
Reí con ella. Me alejaría antes de meterme en más problemas.
Empezaba a aprender que Lisa era una experta en no permitir que la conversación se centrara mucho en ella. Muchas veces desde que la conocí nos había alejado de tópicos que tenían que ver muy de cerca con su vida privada o su pasado. Pocas cosas salían, pero nada que se acercara a lo sustancial.
Tal vez estaba interesada más sinceramente en mí de lo que yo creía. Eso habría sido dulce, pero estaba inclinada a pensar que simplemente no quería hablar de ella. Una cosa que nunca descubriría de mí era que estaba pensando en ella. No hasta que ella admitiera lo mismo de mí, y esa pregunta no la iba a hacer yo.
Nos fuimos unos noventa minutos después. Fuera del bar me deseo suerte en mi primer día con los niños. Lo siguiente que supe es que la estaba abrazando, agradeciéndole su ayuda. Simplemente parecía lo más natural por hacer. Dijimos adiós y tomamos nuestros caminos separados.
Llegué temprano al primer día de escuela. Me detuve en la oficina y revisé mi casillero, que contenía una pequeña caja envuelta. A pesar del afán de abrirlo, lo tomé con el resto de mis cosas y me dirigí al Salón 12, el salón de clases del tercer grado de la Señorita Spivey.
Puse mi bolsa y monedero en el escritorio y me senté para abrir la caja. Al interior de la caja blanca había un pedazo de papel doblado por la mitad. Lo abrí.
"Chris. Felicitaciones y buena suerte. Lisa"
Bajo la nota y un pedazo de algodón estaba un precioso collar dorado con un pendiente de manzana. Mis manos temblaron al sacarlo de la caja. Lo sostuve por un segundo antes de ponerlo en mi cuello y colocarlo en su sitio. Lo puse bajo mi blusa y lo mantuve allí con la mano. Dos lágrimas se escurrieron por mis mejillas antes de que las pudiera secar.
Me apresuré a preparar el cuarto antes de dejar que fluyeran más lágrimas. Respiré profundamente y escuché, "Oye, chiquilla. Hoy es el día."
Lisa sostenía todas sus cosas en los brazos, sonriendo de oreja a oreja.
"Estoy lista…creo," dije.
"Sé que lo estás. Lo harás genial."
Se dio la vuelta hacia el corredor.
"Oye, Lisa," grité a sus espaldas. Se detuvo y volvió a mirar sobre su hombro.
"Gracias."
Miro a la nada por un segundo, hasta que toqué el collar.
"Ah," finalmente dijo. "Espero que te guste."
"Me encanta." Y era cierto. Nadie me compraba nada. Ningún novio había hecho alguna vez algo cercanamente tan hermoso. Me ENCANTABA.
El día fue más suave de lo que esperaba. Los niños eran grandiosos y ninguno se quedó cuando los buses partieron al final del día. Los chicos problemáticos fueron fáciles de reconocer y esperaba poder manejarlos. En general, el día fue un éxito.
Giré el collar alrededor de mi dedo, y en la privacidad de mi salón besé la pequeña manzana. Sentándome en mi silla, la tensión del día se alejó de mí. Cerré los ojos e intenté no pensar en nada. Pero el perfume de Lisa no me dejó.
"¿Quieres hacerlo mañana otra vez?"
Me había atrapado de nuevo. Abrí los ojos de golpe y giré la cabeza para mirar a la puerta. "Sí, quiero. ¿Intentas provocarme un ataque cardíaco?"
"¿Qué?" preguntó, sus manos abiertas a su costado.
"Sabes qué. Esperas hasta que no estoy mirando, lo juro." Sonreí para asegurarme que supiera que no hablaba muy en serio.
"Es mi manera de prepararte para los niños."
"No quiero ningún niño," dije. Tan pronto como lo dije supe lo que ella quería decir. "Es decir, no quiero TENER niños. Quiero niños aquí."
Rió tan fuerte como la había escuchado alguna vez. Miró al corredor. "Oye, Linda. Chris no quiere niños," gritó.
"Lisa Owens. Detente."
"Bueno…"
"Como sea," dije, "creo que necesitas un hombre para tener niños y las oportunidades de eso no son muy buenas justo ahora."
"Podrías haber tenido ese chico en el club la semana pasada," dijo Lisa de manera entusiasta.
"Sí, lo que sea. Por una hora. Luego se va y no lo vuelvo a ver nunca. No gracias."
Lisa no respondió. Lo que la joven profesora decía era demasiado familiar y doloroso. Demasiados hombres habían entrado a la vida de Lisa cuando era más joven y demasiados de ellos desaparecían después de la noche.
Sólo había tenido un hombre desde entonces y eso era más amistad que amor. Eso, igualmente, tampoco duró. Encontraba que las mujeres eran más preocupadas, compasivas y confortantes. Y mejores amantes.
"Escucha, Chris. ¿Qué tal si te pasas por mi casa el sábado. Veremos una película y sólo nos relajamos. Nada de niños," dijo Lisa.
"OK. Me gusta eso," dije. "Intentaré no hacer demasiadas preguntas estúpidas de escuela."
Lisa se apoyó contra el marco de la puerta, sus caderas dobladas como una modelo posando. "Ah, no te preocupes. Si tenemos suerte no hablaremos de la escuela en absoluto."
"¿A qué hora y qué quieres que lleve?" pregunté.
"Qué tal a eso de las siete y yo hago las compras. Ningún gran trato."
Una cita. Realmente no había esperado una cita por tanto tiempo que no podía recordar cuándo fue la última vez. Sin embargo, al conducir a casa debatí conmigo misma si era realmente una cita. Una compañera me había invitado. Eso difícilmente era una cita. ¿Por qué consideraba el que Lisa me invitara una cita?
Decidí que había pasado demasiado tiempo intentado que sucedieran esas cosas.
Sobreviví a la primera semana de escuela y me dirigí al fin de semana con una actitud muy buena. El sábado en la mañana limpié mi apartamento y miré algunos de los trabajos de los niños. En la tarde hice compras y miré televisión, ansiosa de que llegara la noche.
Me duché tras cenar y me puse un poco de loción corporal de hierbas, pensando que no olía ni de cerca tan bien como el perfume de Lisa. Escoger qué ponerme no fue tan difícil. Los jeans estarían bien, desde luego. Me puse el cinturón colocándolo por entre un par de aberturas y lo puse en su sitio justo al frente.
Ahora el top. ¿Con sostén o sin sostén? Esto se estaba poniendo más difícil. Ganó la conservadora y me puse un sostén ligero. Sin embargo cuando me ponía el top sin mangas que me gustaba –y recordando lo mucho que le gustó a Lisa el anterior– mi lado perverso se sacó el sostén y se introdujo el top.
Ajusté las cintas y me miré al espejo. El escote no era mi punto fuerte, pero podías decir que tenía pechos. Me encantaba la manera en que sentía este top contra mis pezones y decidí que era bueno para ver una película con Lisa.
La primera indicación de que Lisa estaba ansiosa al invitarme fue cuando abrió su cajón de ropa interior para "ocasiones especiales." Ojeó dentro antes de mover algunos de los pequeños objetos sedosos a un lado. Allí estaba. Sacó una diminuta tanga negra y empezó a ponérsela. Una pierna a la vez se la puso. La colocó en su sitio y la acomodó con sus dedos.
Se movió a un lado y se vio a sí misma en el espejo. La membrecía en el club de la salud valía cada centavo. Tenía un trasero y cintura espectaculares, de los que se preocupaba y trabajaba constantemente. La parte de atrás de la tanga estaba oculta entre sus nalgas y ella se las sacudió al tiempo alegremente.
Se puso unos jeans que se pegaron a su piel y sacó una camisa del gancho. No cualquier camisa. Esta era su camisa ligera floral –no, mejor transparente– con patrones que ocultaban sus pezones y eso era todo. Se la ajusto sobre los jeans y se vio una vez más ante el espejo.
Muy bien. Desabotonó un botón más en la parte de arriba y miró otra vez. Perfecto. Su último acto en el cuarto fue colocarse, como siempre, un poco de Giorgio.
Lisa revisó la nevera. Tenía cerveza, vino y todos los ingredientes para hacer margaritas. Había hecho una bandeja pequeña de carne y queso y planeaba hacer palomitas de maíz más tarde. Estaba lista.
Yo llegué unos minutos después de las siete, ansiosa de ver el interior del apartamento de Lisa. Lo había descrito como un hoyo en la pared pero yo sospechaba otra cosa.
"Viniste. Entra," dijo Lisa alegremente tan pronto se abrió la puerta.
Una cocina y un comedor se abrían a la derecha con un corredor recto al frente y escaleras a la izquierda. Al final del pasillo había un gran cuarto abierto con luz.
"Wow. Es un lugar grandioso, Lisa," dije.
Puso su mano en mi espalda y me condujo por el corredor.
"Gracias. Es todo lo que necesito," dijo.
Un techo de catedral se levantaba mientras llegábamos a la sala. Un comedor a la derecha junto a la chimenea. Alcé los ojos y vi un ático tras una hermosa reja en madera recorriendo toda una pared.
"Lisa, esto es hermoso. Te envidio mucho."
No fue sino hasta entonces que tuve oportunidad de observar realmente a mi anfitriona. Se veía preciosa con su camisa y jeans. En algún lugar de mi mente se registró que no tenía nada bajo la camisa. Y una extraña sensación me recorrió. Estaba en algún punto entre la excitación y la lujuria.
"Chris, tienes las camisas más hermosas. Me encanta eso en ti," me estaba diciendo Lisa.
"Ah, gracias," dije. "Supuse que esta noche no era formal."
Lisa rió. "Difícilmente. No voy muy bien con lo formal."
Decidimos tomar algo de vino y seguí a Lisa a la cocina. Me pasó la bandeja de carne y queso y la llevé de vuelta a la sala mientras ella servía el vino. Se reunió conmigo unos segundos después y nos sentamos en lados opuestos del sofá.
Mientras hablábamos, comíamos y bebíamos, quedé absorta estudiando los rasgos de la mujer. Su cabello rubio claro, desde luego, era perfecto sin verse falso. Su nariz, ojos y boca eran irreprochables. Además, viéndola de lado cuando se inclinaba para coger más queso, el perfil de sus senos aparecía bajo la camisa. Aunque interrumpida de manera intermitente por los patrones florales, la belleza natural de los senos era evidente.
Esta mujer era el sueño de cualquier hombre y se sentaba aquí un sábado por la noche conmigo. Las piezas del rompecabezas aún estaban desordenadas sobre la mesa en lo que tocaba a Lisa, pero empezaban a emerger patrones. No me preocuparía por la imagen grande hasta después. Por ahora disfrutaba mirando las piezas.
Un rayo relampagueó muchos kilómetros lejos por la ventana. Estaba casi oscuro y el efecto fue macabro. Mientras Lisa volvía a llenar nuestros vasos, caminé hasta la ventana más grande y miré fuera.
"Adelántate y cierra las cortinas," gritó Lisa desde la cocina.
Las cerré y me encontré con ella cerca al sofá.
"No me molestan las tormentas. ¿A ti sí?" preguntó.
"No. No hasta que son muy fuertes. Entonces me preocupo, a veces," dije sin ocultar mis miedos infantiles.
"Si se pone peor, puedes quedarte hasta que pase," dijo calmadamente.
"Podría ser."
Lisa había rentado Chicago y lo pusimos después de hablar un rato más. Hizo algunas palomitas de maíz en el microondas y nos sentamos descalzas en el sofá con las piernas recogidas y cojines a los lados.
Las luces de los rayos y los sonidos de los truenos afuera acompañaban la película. La lluvia golpeaba contra las ventanas en torrentes mientras aullaba el viento. Era un típico aguacero de primavera al comienzo del otoño. Me alegraba estar con alguien.
"Vaya. Es realmente…," empezó a decir Lisa. Entonces un cegador resplandor de rayo fue seguido por oscuridad total y un ensordecer sonido de trueno.
"Ah, mierda," gritó Lisa.
Sólo la luz del rayo que no paraba iluminaba el cuarto. Vi a Lisa levantarse.
"Voy por una linterna y unas velas. Quédate justo ahí," dijo.
Ni siquiera me ofrecí a ayudar. Me sentía como un niño pequeño mientras Lisa revolvía en la cocina. La escuché regresar y me giré para verla caminar con una linterna y un montón de cosas en los brazos.
Se dobló y puso fósforos, velas y otra linterna en el sofá donde nos sentábamos. Las velas eran aromáticas en pequeños candelabros redondos de vidrio.
"Pon un par de velas sobre la mesa y enciéndelas. ¿OK?" preguntó.
Rápidamente encendí dos velas mientras ella ponía una tercera al final de la mesa. El cuarto ya se veía ligeramente más brillante y mucho más "amigable". Lisa se quedó de pie frente al sofá y se inclinó por su vino.
"Bueno. Todo sea por ver Chicago," dijo.
Reí débil y nerviosamente. "Está bien. No es tu culpa."
Otro duro sonido de trueno siguió un a brillante rayo. Lisa se sentó en el sofá cerca a mí.
"¿Estás bien?"
"Sí. Estoy bien. No te preocupes por mí. En tanto esté con alguien…," dije sonando muy poco convincente, estoy segura.
"De acuerdo. Me quedaré entonces," dijo Lisa.
Reí de nuevo. Miramos la luz de las velas combinada con el espectáculo de luces afuera. Era realmente relajante. ¿O era el vino?
En algún momento noté que Lisa me observaba en silencio. La miré a los ojos.
"Chris, realmente me alegra que estés en la escuela. Creo que tendremos un buen año, ¿tú no?" preguntó en la semi-oscuridad entre rayos.
"Eso espero. Me da miedo meter la pata, pero contigo allí para ayudar estaré bien."
"Siempre te lo digo. Lo harás bien," dijo.
La miré y sonreí en vez de decir algo más. Su cabello y sus ojos brillaban a la luz de las velas. Simplemente nos sentábamos y nos miramos una a la otra por un segundo, pero pareció durar por siempre.
Otro rayo al parecer justo afuera del apartamento me hizo saltar. Lisa deslizó un pie o algo así en el sofá hasta que estuvimos tan cerca como para tocarnos. Puso su mano en mi pierna.
"Tranquila, Chris. Estoy aquí."
Puse mi mano en la suya y la acaricié. Ella volteó la mano hasta que se encontraron nuestras palmas. Luego nuestros dedos se entrelazaron y nos apretamos fuerte. La vi de nuevo a la cara. Ya me estaba mirando, pero no con una sonrisa. Era una mirada contenta. Pacífica.
Llevó mi mano a su boca y la besó.
"Todo estará bien."
Un estremecimiento me recorrió. Puso mi mano en su mejilla y mi cuerpo entero se sintió como atraído al suyo. Me incliné hacia ella.
Lisa soltó mi mano y estiró su brazo. Caí en él lentamente. Lo puso alrededor de mi hombro y deslizamos nuestros cuerpos más cerca. Mi cabeza estaba en su hombro antes que supiera siquiera lo que pasaba.
No dijimos nada. Nos sentamos y miramos y escuchamos. Luego olí su perfume. Me rodeaba. Era como si hubiera entrado a otro cuarto–uno seguro y con luz.
La mano de Lisa se deslizaba arriba y abajo por mi brazo, y luego se movió a mi cabello. Haló mi cabeza más fuerte hacia su hombro. Suavemente... delicadamente ... besó la parte de encima de mi cabeza.
Alcé los ojos hacia ella y moví la cabeza de forma que quedamos frente a frente. Estábamos a menos de treinta centímetros. Podía escucharla respirar. Vi a sus labios sensuales separarse. Y yo quería besarla.
Nuestros labios se encontraron mientras mis ojos estaban cerrados. El impacto del contacto me hizo saltar, pero me mantuve en contacto con ella. Ninguna de nosotras intentó hacer del beso más de lo que era.


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