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Gracias Hija

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Soy un hombre casado de casi 52 años y tengo una hija de 24. Ella es delgada, mide 1.65 metros y es rubia. Tiene un cuerpo muy sexy y normalmente viste con faldas cortas, lo que deja sus lindas piernas a la vista.

Hace unos años, cuando ella tenía unos 18 años de edad, una noche, estábamos en la sala mi esposa y yo viendo una película en la televisión. Cuando la película terminó, noté que mi esposa se había quedado dormida en el sillón. Me levante y subí las escaleras a nuestro cuarto con la intensión de arreglar la cama, y después despertar a mi esposa para que subiéramos juntos a dormir. Al llegar a nuestra recámara, vi que mi hija estaba dormida en nuestra cama. Traía puesta una falda corta y en la posición que estaba, se notaba muy bien la curva que se le formaba en sus nalgas. Se le podían ver los calzones fácilmente y sus piernas muy bien torneadas eran motivo de excitación; al menos para mí. Pensé en levantarla y llevarla a su cama, pero de repente se me ocurrió ver un poco más su cuerpo y le levanté la falda un poco. Al estar contemplando su trasero, tuve una erección muy fuerte y el corazón me empezó a palpitar con fuerza. Me quedé viendo y excitándome por un par de minutos hasta que pensé en rozar un poco sus piernas con mis manos, esperando que no se despertara. Empecé a hacerlo y me calenté demasiado, pensando que en cualquier momento pudiera tener una eyaculación precoz. Como vi que no se despertaba, le empecé a hablar en voz baja, pero mi hija estaba completa y profundamente dormida. Se me ocurrió sacar un condón de mi cajón del tocador y me lo coloqué lo más rápidamente que pude. Moví un poco a mi hija para que quedara completamente boca abajo y le levanté la falda lo más que pude. Poniendo mis piernas a sus costados, prácticamente me encimé arriba de ella teniendo ligeros roces en sus glúteos con mi miembro que parecía reventarse. Duré apenas un minuto cuando se me vino el orgasmo. Hacía tiempo que no tenía uno igual. Rápidamente fui al baño y me limpié, tirando el condón por el drenaje de excusado. Me calmé un poco y después traté de despertar a mi hija para ayudarla a que fuera a su cama. No pude despertarla bien, de modo que la tomé en mis brazos y la llevé a su recámara. Iba completamente dormida. Llamé a mi esposa y nos fuimos a dormir; yo todavía con una especie de arritmia por lo sucedido. Al día siguiente le dije a mi hija en tono de broma que se había quedado dormida en nuestra cama. Ella sonrió y dijo que no se acordaba, pero me dio las gracias por pasarla a su cama.

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