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AMORES PROHIBIDOS


A poco de quedar viuda, mi suegra Irene vino a vivir con nosotros, por insistencia de su hija Susana (mi mujer).

Irene es una hermosa mujer de buen cuerpo aún y, a sus 50 años, se mantiene espléndida y para nada evidencia la edad que tiene, aparentando tener unos 10 años menos.

Confieso que me sentí fuertemente atraído por ella y desde el primer día, ejercí un muy bien disimulado control sobre su persona. Cuando iba a la casa de sus amigas, solícitamente yo la llevaba en mi coche y luego la buscaba; otro tanto cuando salía de compras, al punto de esperarla mientras hacía las mismas. En cierta ocasión y como al pasar, Susana me dijo sonriente:

-Cuidas más a mi madre que a mí misma.

-Tú me tienes a mí –contesté presto- pero ella no tiene quien se ocupe. Pero si te molesta mi atención, dejo de hacerlo y sanseacabó.

-No es para que lo tomes de esa manera –dijo dándome un beso- me encanta que te ocupes de mi madre. Y en prueba de ello, vamos al dormitorio que te lo agradeceré como corresponde…

Días después, Irene me pidió que la llevara de compras. Salió enfundada en una apretada falda de color negro que remarcaba ostensiblemente su espectacular cuerpo, particularmente el bien formado y prominente culo que tiene.

Como Susana se encontraba trabajando y tardaría bastante en volver, pude hablar a Irene sin tapujos antes de buscar el coche:

-Disculpa Irene, pero así como estás vestida YO no te llevo a ninguna parte…

-¿Por qué?- dijo mirándome extrañada- ¿Qué tiene de malo mi vestimenta?

-Es muy provocativa- exclamé vehemente.

-Dime Horacio-dijo acercándose a mí- ¡¿Acaso estás celoso?!

-Muy celoso – exclamé lanzado mientras la tomaba de la cintura – no quiero que nadie te mire…

-Que posesivo eres…, dijo entreabriendo sus jugosos labios.

La besé larga y apasionadamente, hasta casi dejarla sin aire.

-Dejame…respirar…un poco Horacio…me vas a matar…

La volví a besar y ella me respondió con fuego de su boca hambrienta y cuando bajé mi mano bajo la falda buscando su braga, ella me contuvo el gesto y, aún sacudida por la agitación, me dijo:

-Espera…espera… ¿te das cuenta de lo que vamos a hacer…?

-Perfecta cuenta-dije muy excitado-soy responsable de mis actos…

-Si…pero si Susana se percata…será un gran escándalo Horacio…pensemos un poco…estamos muy locos.

-No me importa nada Irene –me escuché decir- te deseo con locura y necesito hacerte mía…

La seguí besando con pasión desbordada, en tanto pude meter mi mano dentro de su braga y acariciar la suave hendidura que se encontraba totalmente mojada.

 

 

 

-Ay Horacio, ah, ah, no sigas porque me vas a hacer correr aquí…vamos a mi habitación…allí estaremos mejor.

La cargué en mis brazos y la llevé al dormitorio; la recosté sobre la cama y le fui quitando una a una sus prendas hasta dejarla totalmente desnuda. Un minúsculo triangulo de vello sedoso cubría la entrada de su coño palpitante; abrí sus piernas y me extendí entre ellas con la polla totalmente entumecida. Muy lentamente la fui introduciendo en el apretado pasaje, que fue enfundando el miembro a medida que ingresaba a su profundidad, en tanto sentía a Irene gemir y suspirar sonoramente.

De manera pausada pero progresiva, la fui bombeando con firmeza extrema, hasta sentir que Irene contraía fuertemente sus esfínteres al tiempo que gritaba:

-Aaahhhhh, aaahhhhh, que me corro Horacio….uuhh…aargg- dijo expulsando afuera sus líquidos hirvientes. Cuando cesaron sus espasmos, enfundé nuevamente la polla hasta lo más profundo y descargué todo mi esperma en cuatro chorros furiosos que rebalsaron sus entrañas.

Mientras descansábamos, me preguntó vivamente:

-¿Qué hora es? ¡No sea que llegue Susana!

-Cálmate Irene, recién son las 10 y 30 horas.

-Ah! Entonces tenemos tiempo ¿verdad?

-¿Tiempo para hacer qué? –pregunté intrigado.

Irene no me contestó y simplemente se puso boca abajo sobre la cama, exhibiendo el espectacular culo que tiene.

-¿No te apetece el postre? – susurró suavemente.

-¡Claro que sí! –exclamé y me ubique presto entre sus nalgas carnosas con la polla totalmente erguida. La lubriqué con restos de semen que brotaba de su coño y apoyé el glande sobre el orificio, el cual cedió generosamente ni bien lo presioné permitiendo al miembro ingresar sin dificultades. Estuve bombeando cosa de 20 minutos, alucinando extasiado dentro de ese conducto genial, el que a ratos semejaba una estrecha boca por la forma en que succionaba la polla. Cuando no pude contenerme más, descargué el resto de leche que me quedaba, el cual se escurrió generosamente en su interior.

-Aguarda, no la saques aún- me susurró roncamente en tanto comprimía fuertemente el orificio a manera de sopapa sobre la polla  consiguiendo extraerme un pequeño chorro de esperma adicional. ¡Fantástica mujer! -pensé hacia mis adentros-es muy buena follando.

Esta fue la primera de una larga cuenta de folladas que tuve (y aún tengo) con mi extraordinaria suegra, a la cual cuido y protejo cada día más…sin olvidar a mi mujer, por supuesto, de la cual también me ocupo. Vivo feliz con mis dos mujeres en casa.

 

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