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madura y peluda

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Publicado por manolo.tenia 12 a~os pero muy desarrollado, una vecina madura caliente que su marido no atendia.lavando el carro de mi vecina veo que tiene una mata de pelos negros y lacios en sus axilas , me llamo la atencion y me exite. sinquerer moje con la manguera a la vacina y note atravez de su blusa unos pezones oscuros llenos de pelitos largos alrededor de las aureolas, mas me exite.ella noto el bulto en mi pantalon sudadera y me comento; eres un nene pero lo que tienes ahi es de un hombre.su mirada era de leona en celo.entramos a su casa y sin mediar palabras me agarro el rabo a medio para y lo saco, lo tomo en sus manos y me dijo aun no esta totalmente parado a lo que le afirme,y dije; tu lo paras completo. me llevo a su cuarto entramos y me quito el pantalon se arrodillo y empezo a mamar como loca , lo miraba y lo chupaba. me pidio apagar la luz. le pedi que no , que queria ver todos esos pelos de sus axilas, pezones y queria ver la gran pendejera que entendia tenia, a juzgar por sus sobacos y pezones tenia que ser una gran pendejera. ella me comento que su piel era muy sensitiva y no se podia rasurar ni depilar y su esposo le decia que parecia un hombre con tanto pelo.esto creo un complejo en ella y no tenia sexo con su marido en mas de tres a~os.yo le dije; mi cielo a mi me encanta la mujer peluda y mientras mas peluda mas me calienta. con una cara de bellaca me dijo ; quieres pelos ? aqui si hay... se quito la ropa y no me equivoque, la pendejera desde el ombligo era una mata gigante negra lacia y larga. le crecian hasta los muslos , hacia el culo y subian hasta el coxis. pendejos gruesos largos y bien negros.sobresalia una cabecita roja entre aquella selva, me enterre entre aquel monte rico de olor fuerte (como toda mujer pendejuda)ese aroma penetrante que me pone a mil.el punto rojo era su clitoris, parecia el pene de un gato, lo meti en mi boca y lo chupe como bebe ambriento media mas de una pulgada, sus labios vaginales eran enormes , rojos y muy peludos. le mamabamdesde el clitoris hasta el culo peludo rico que tenia.eela calzaba unos zapatitos de tacon cerrados en piel, se los quite y ahi vi los pies mas eroticos que una mujer podia tener, eran perfectos sus dedos eran perfectos y tenia pelitos en los dedos y arriba , estaban sudados olian a sicote con queso manchego, se los empece amamar dedito a dedito.baje a su bollo y se lo mame nuevamente hasta hacerla venir, le extraje toda su venida y con mi boca llena de su venida , regrese a sus pies sicotudos los empape con su leche y que rico la mezcla de sicote con almizcle. subi a sus sobacos los mame sentia el sabor penetrante de su sudor regado por todo los pelos del sobaco. parecia tener una chocha pendejuda abajo de cada axila. la hice venir mamandole los sobacos.me mude a sus ricos y largos pezones. tenia los pezones como el clitoris largos , flacos y con muchos pendejos largos negros al rededor de las aureolas.se los mame hasta sacar un poquito de leche de uno de ellos. ella me paro y me dijo; no aguanto mas clavame yo le complaci.este fue el primero de muchos encuentros ricos mojados calientes y peludos. proto escribire mas... Manuel de Puerto Rico.  [email protected]Cordialmente:

Fetichismo de Pies ( Mis teorias e hipotesis ) - 2ª Parte

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Bueno que tal, hoy les quiero plantear la posibilidad de tener otro debate que creo que va a ser interesante y a la vez nos va a permitir aprender mas acerca de nuestras preferencias sexuales, sobre todo teniendo en cuenta de las experiencias y conclusiones que todos los integrantes del foro podamos aportar:


Bueno creo que nuevamente no hay mejor forma de exponer el tema en cuestión que planteándoles un ejemplo en cuestión, pero esta vez se trata de mi forma de ver las cosas, o mejor dicho como yo las experimento:


Bueno yo diariamente cuando me levanto a la mañana y empiezo mi día, ya sea que se trate de un día hábil en el cual trabajo y estudio, o un fin de semana, estoy convencido que absolutamente todo el tiempo, en el sentido literal de la palabra estoy pensado conscientemente o inconscientemente en pies, en cualquiera de los ámbitos en el que se desarrolle mi día. Es decir que desde que me levanto hasta que me acuesto mi fetichismo o adoración por los pies esta presente en todo momento, y creo que aun buena forma de ejemplificar lo que quiero dar a entender, es justamente hacer un breve cronograma de mis actividades periódicas, correspondientes a un día normal y habitual:


A la mañana cuando me despierto y luego de que me preparo para ir a trabajar, muchas veces concurro al mismo caminando por la avenida Corrientes hasta llegar al microcentro, en esos 35 minutos que dura el recorrido, no hago otra cosa mas que escuchar la radio y simultáneamente creo que ya es completamente normal para mi, ya que lo hago desde que tengo uso de razón, ir observando y mirando el suelo, intentando pescar furtivamente cualquier tipo de pie femenino que se pueda cruzar delante de mis ojos, también lo que intento o me gusta mucho hacer, es también ver chicas lindas y hermosas y detenerme primero en sus rostros, el tiempo suficiente para imaginarme como serian sus pies, para luego justamente bajar la mirada y deleitarme o no, con sus pies, y la verdad que es un acto que no debe durar mas de unos cuantos segundos, pero en ese lapso puedo llegar a excitarme bastante. Es decir que en todo momento voy mirando el piso y los pies de las mujeres, creo que ya lo hago de forma totalmente inconsciente, ya que para mi hacer eso, es tan normal como respirar o el latir de mi corazón. Obviamente este comportamiento no tiene solo que ver con los recorridos que realizo diariamente a mi trabajo, sino cada vez que piso el suelo de las calles para dirigirme a cualquier lugar, es decir cada vez que tengo contacto con la sociedad.


Una vez que llego a mi trabajo, me tomo mi tiempo, ya que llego mas temprano, de saludar a todas las compañeras de trabajo y aprovecho mas que nada de poder observar sus pies y los calzados con los cuales se los cubren, de esta forma ya conozco todos los pares de zapatos que tienen las chicas de mi trabajo y se identificar cuales les queda mejor, cuales son nuevos, etc., etc., y mas de una vez me excite mucho pero mucho cuando mas de una de ellas, en verano obviamente lucen sus sandalias con tiritas finitas, de esas que permiten lucir bien los pies, ya que lo dejan casi totalmente expuestos, pero que a la vez los cubren delicadamente como queriéndolos tapar o cubrir, cosas que provoca que no solo que se insinúen mas, sino que también se luzcan mas y se pueda apreciar mas su belleza.


Luego a la tarde o a la noche, cuando voy a la facultad, también obviamente, intento "cazar" pies con mi mirada de cualquier chica que se me cruce en mi camino, y también cuando estoy en plena clase de cualquier materia.


Finalmente cuando regreso a mi casa, no veo la hora de conectarme a Internet, para no solo recibir la enorme cantidad de fotos, información, noticias, mails, o lo que sea que tengo que ver con pies, y sobre todo lo mas pero mas importante la recorrida diaria por el foro, creo que eso no lo podría dejar de hacer por mas de 24 horas seguidas, distinto es ahora que además tengo tiempo para postear, fotos o comentarios.


Por ultimo cuando me desconecto, y me voy a descansar, luego de prepararme la comida me pongo a ver televisión y también intento encontrar alguna propaganda, programa de tv, publicidad, o lo que sea, que me permita ver pies femeninos, y también un hobby que tengo es grabar con la videograbadora cualquiera de esas escenas, tal como también lo hago con la computadora, en la cual tengo mas de 3 gygabytes de información y fotos de pies, también les confieso que cuando era pequeño también recortaba fotos de pies de la revistas "solo los pies" y lo pegaba con plástica en un hoja en blanco.


También cuando estoy durmiendo, mas de una vez, e tenido sueños o pesadillas, en las cuales se podían ver, tocar, o relacionar con escenas de sexo y claro con los pies, con lo cual obviamente, me despertaba mojado o seco, luego de una polución nocturna.


En resumen creo que toda esta rutina, ya sea cambiando de ámbito o lugar en la vida de cada uno de todos ustedes, en bases o estructura, sin son fetichistas de pies, debe ser completamente la misma que la mía, y esto se da las 24 horas de los 365 días del año, desde que nacimos hasta que nos entierren.


Con lo cual voy a exponer mis más humildes y personales conclusiones, para el debate en cuestión:


Estoy plenamente que nuestros gustos por los pies, no son simples preferencias sexuales o atracción pro una parte del cuerpo, creo que va mucho mas allá, por lo tanto para mí es una obsesión, que condiciona y direcciona nuestros deseos y necesidades sexuales, sino también nuestros estilos de vida, forma de relacionarnos con los demás, conductas y comportamientos específicos, hasta el punto en transformarse en una OBSESION, ya que esta presente en todo momento.


Es decir sino nosotros fuéramos como el común de la gente, llámese común (no fetichistas de pies), solo nos detendríamos por la calle para ver un buen par de pechos, o también disfrutar con la cola de chicas y solo nos daríamos vuelta cuando la chica en cuestión lo justificara, y máxime cuando un día nos levantemos con muchos deseos sexuales, nos va parecer linda hasta las mas fea, nosotros (los fetichistas de pies, somos distintos, ya que no nos fijamos solamente en esas partes, sino en la mas importante para nosotros, y justamente somos nosotros quienes nos damos vuelta o buscamos excusa para ver mas de cerca los pies de las chicas, lindas o hasta las mas feas, pero que tengan lindos pies, cosa que los otros jamas harían.


Claro el tema esta ahora en evaluar si esta obsesión es sana o no tan sana, en mi lugar yo pienso que al tratarse de una obsesión, estamos hablando de un extremo por algo, en este caso el gusto por los pies, y todos los extremos o las cosas en exceso dicen que hacen mal, particularmente yo tengo muchisimas razones para pensar que es una obsesión sana o mejor dicho beneficiosa para todos nosotros en muchos sentidos, y mala también en otros significativos, pero en resumen por lo menos para mi la balanza se inclina finalmente del lado positivo.


Ventajas:


Creo que nosotros tenemos y estoy convencido de eso, mucho más poder sexual, llámese libido o deseo sexual por el otro sexo, ya que nosotros podemos lograr enormes erecciones o excitación sexual en cualquier lugar, tanto solo viendo un pie, y luego del acto sexual, creo también que logramos recuperarnos mas rápido, sin la necesidad de un descanso mas prologado, para reincidir nuevamente en el sexo con nuestras parejas, ya que solo dirigiendo la mirada a los pies, podemos exitarnos mas fácilmente.


Tenemos contacto con nuestros objetos de adoración en forma más directa, desde el punto de vista visual, con nuestras parejas, compañeros y terceros totalmente desconocidos, ya que solo necesitamos ver sus pies, es decir seria medio difícil ver chicas desnudas por la calle, exhibiendo sus cuerpos sin ropa, como necesitan los otros hombres para satisfacer sus deseos.


Nosotros tenemos mas libido, por que nuestro fetichismo por los pies, es poco muy poco común, es muy tabú, y no esta socialmente aceptado, y como ustedes saben todo lo prohibido o no aceptado seduce, atrae y excita mas, creo que esa es una de las razones por la cuales, cuando nosotros vemos un pie, no sacan de las casillas.


En lo personal yo me siento feliz, contento y orgulloso de mi amor por los pies, ya que tengo un arma infalible de excitación que satisface mis más íntimos deseos y necesidades sexuales, es decir el resto de la gente a la hora del sexo, se satisface con practicas comunes y habituales, llámese coito o penetraciones (anales o vaginales), sexo oral, etc., etc., Nosotros claro que disfrutamos de esas practicas pero creo que gozamos aún mas con la adoración de pies, como elemento previo al coito, o como parte del mismo. En decir tenemos mas herramientas de excitación.


Por ultimo para no extenderme mucho mas de lo necesario, creo la posibilidad que tenemos nosotros de poder crear un ambiente o clima previo al acto sexual en sí mismo, es muchisimo más amplio que el resto de los casos, por ejemplo, visitando con nuestras parejas una zapatería y probándose varios pares delante de nuestros ojos, o por ejemplo que nos seduzcan y exciten con calzados que nos permitan bien, observar sus pies, o quizás usando zapatos cerrados para que nosotros nos desesperemos mas, o también, que nos hagan comentarios como "hoy me hice tales arreglos de belleza en los pies, u hoy al pedicuro" etc., etc., o sea todo eso contribuye a que nosotros durante el día incluso viendo pies ajenos a los de nuestras parejas, tengan un nivel de calentura o excitación, que difícilmente se satisfaga con un solo orgasmo de nuestra parte.


Una de las principales ventajas creo que es el VERANO, sin muchas más cosas que agregar al respecto, solo que obviamente estamos mas y más en contacto con nuestros objetos de deseo, con todas las consecuencias que eso conlleva.


Desventajas:


Creo que la única desventaja o la que puede ser más importante, es que nosotros podamos sentir la frustración y represión interna, de no poder confesarle nuestro fetichismo a nuestras parejas, o que las misma no lo logren comprender o respetar, que eso tendría como consecuencia tarde o temprano, motivos de infidelidad o disolución de las relaciones por nuestra parte. Pero más allá de eso creo que lo peor desventaja de todo esto es justamente los prejuicios que todos los fetichistas de pies se "AUTOIMPONEN" y por culpa de eso no le confesamos nuestro amor por los pies, ni tan siquiera al espejo, y mucho menos claro a parejas, amigas o novias, etc., y con eso somos justamente nosotros los que nos imponemos la infelicidad al encerrarnos o bloquearnos con los demás, para que sepan que es lo que justamente hace que a nosotros seamos felices a nivel sexual, y les recuerdo que si son infelices en este sentido o aspecto sumamente interesante de la vida, les va a repercutir directamente o indirectamente en el resto de todas las facetas de sus vidas.

Piensen que nosotros no somos "raros" por tener gustos o preferencias distintas a las demás, y en ultima instancia es tan simple como es, es decir nos gustan los pies de las mujeres y eso no tiene nada de malo, prohibido o ilegal, y nos damos demasiada maquina en analizar o pensar en el "que dirán" o pensaran, en vez de observar las reacciones naturales de las chicas al confesarle nuestros secretos de amor por los pies.

Y en ultima instancia, sino les cabe o les gusta a ellas, pero mucho peor seria, que no nos respetaran, por que tenemos todo el derecho del mundo, de tener gustos o deseos distintos que los demás, y pueden hasta llegar a ser los demás, los cerrados de cerebro al no entender estas cosas.


En conclusión: Para mí el fetichismo de pies es una obsesión, que en mi caso, resulta ser sana o beneficiosa, por que me dio mas satisfacciones que problemas, en base a todo lo anterior expuesto.


Ustedes que opinan?
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Fetichismo de Pies ( Mis teorias e hipotesis ) - 3ª Parte

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Uno de los problemas que se le presenta internamente a muchos fetichistas es la pregunta acerca de la "normalidad" o "anormalidad" de su deseo, que generalmente es mantenido en secreto frente a la sensación de que socialmente no parece ser un tipo de conducta sexual demasiado aprobado y, por otra parte, ofende a los cánones machistas con que hemos sido educados al vernos arrastrándonos ante una mujer que nos permita poder gozar con sus pies. En general, la pregunta es algo así como si uno es un "pervertido" o qué.

Creo que, en este sentido, no debería hablarse de "normalidad", "anormalidad" o "perversión" sino del grado y tipo de satisfacción sexual que se alcanza. En definitiva, la normalidad no es más que un concepto de base estadística que habla de la "norma", o sea de lo más frecuente. Y nadie debería pensar que lo más frecuente es lo mejor, dado que es algo que varía según las sociedades y las épocas.

El problema de la "sanidad" de la satisfacción sexual tiene mucho más que ver con la amplitud de los caminos para lograrla que con un tipo de conducta determinado. En otras palabras, si la UNICA vía de satisfacción sexual es alguna determinada (así sea la más "normal", como la penetración exclusivamente) siempre es para preocuparse. Siguiendo el ejemplo, una penetración sin juegos previos (como besos o caricias) tampoco parecería de lo más "sanito" y tendría bastante parecido con una violación o con aquello que vemos en un zoológico cuando nos paramos frente a la jaula de los monos.

En este razonamiento, lo complicado de la satisfacción fetichista sería si ésta se erigiera como la única forma de satisfacción sexual posible, excluyendo todas las otras. En este caso, tal vez convendría hacer alguna consulta de tipo psicológico, para ayudarnos a ser más felices y ampliar nuestros horizontes.

Si, por el contrario, se la incorpora dentro de una sexualidad más amplia, permite alcanzar mayores grados de placer, siempre y cuando (como es básico) sea consensuada.

Por último (ahora sí creo que la cosa está más redondita), sería interesante que si alguien discrepa con todo o alguna parte de lo dicho o quiere preguntar algo más lo haga sin problemas, a fin de que las cosas nos queden más claras a todos (no me creo el exclusivo dueño de la verdad), enriquezcamos nuestra comprensión y podamos ayudarnos más mutuamente.

Un gran abrazo a todos.

Fetichismo de Pies ( Mis teorias e hipotesis ) - 1ª Parte

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Bueno que tal, ante todo hoy les quiero plantear la posibilidad de tener otro debate que creo que va a ser interesante y a la vez nos va a permitir aprender mas, sobre todo de las experiencias y conclusiones de todos los integrantes del foro:

Bueno creo que no hay mejor forma de exponer el tema en cuestión que planteándoles un ejemplo en cuestión:

Yo estoy plenamente convencido en que todos los fetichistas de pies, en mayor o menor medida y quizás aun mas, en forma totalmente inconsciente, son amantes o disfrutan de la sumisión, y cuando me refiero a la sumisión me refiero justamente a eso, y nada que ver con el sadomasoquismo, que creo que es algo totalmente distinto y mas desde el punto de vista que lo quiero exponer.......

El tema es así, yo tuve la suerte de tener quizás no muchas pero muchas experiencias fetichistas de pies con parejas, pero las pocas que experimente fueron muy pero muy intensas.....y me di cuenta y aprendí como es que a mí satisface, excita y complace mi sed por los pies de las mujeres, en esos casos mis parejas.....(quizás otro día les cuente detalladamente mis experiencias, aunque en realidad ya lo hice una vez)

Bueno ahora si voy a nexo de la cuestión....que más bien son dos:

Que pasa cuando nuestras parejas, son bellas físicamente o quizás no tan lindas de cara y cuerpo, pero que a la vez tienen unos exquisitos pies, que resulten una maravilla, y con un puntaje de 8,9 o 10 para nuestros gustos y preferencias por los pies. Pero, pero a la hora de mantener sexo e intentar satisfacer nuestra necesidades fetichistas por sus pies, y ellas se nos quedan mirándonos, con cara de "que haces, o mira este loco, como calienta con eso???, es decir por mas que ellas ya sepan de que se trata nuestro fetichismo, creo que es fundamental que ellas mismas, se pongan en nuestro lugar, y traten o intenten comprender que nosotros no somos anormales, inmorales, o raros, tan solo por adorar sus pies....

Es mas creo que es hasta contraproducente que su reacción negativa (ya sea de la forma que sea) en especial como juzgándonos, que estamos haciendo algo totalmente antinatural, hace que a nosotros mismos, nos invada una sensación de vergüenza, humillación y culpa, de el acto que estamos cometiendo, y eso creo que tira por la borda, todo lo que podemos llegar a gozar con nuestras parejas, desde el punto de vista de canalización del goce a través de sus pies. Y todo esto tendrá como consecuencia que nos sintamos totalmente frustrados y reprimidos, por que hasta va a llegar un momento en que ya ni insistamos en experimentar esas situaciones, que hasta pueden resultar traumáticas........y me atrevo a decir que hasta puede llegar a ser un causal bastaste importante, de disolución la pareja, por nuestra parte.

Creo como conclusión que si nos aman, quieren, o aprecian de verdad, nos tienen que respetar, comprender y hasta por que no también ser abiertas de mente, y disfrutar con nosotros, de una experiencia distinta, que seguro nunca antes han vivido, y hasta que pueden llegar a disfrutar incluso mas que nosotros, al sentir nuestras lenguas por sus plantas, dedos y uñas de sus pies.....

El otro tema sumamente relacionado con el anterior es el siguiente: teniendo en cuenta que se cumple a la perfección todo el punto anterior...........

Que pasa si a la hora del sexo y los pies, ellas solo asumen una postura totalmente pasiva, que significa esto? Que nosotros somos los que debemos pedirles por favor, que se saquen las medias, o que usen sandalias que expongan sus pies, o que por ejemplo a la hora del sexo, ellas nos pongan los pies en nuestros rostros para que se los empecemos a oler, lamer, chupar, etc,

Es decir de mi humilde punto de vista, para mi todo el acto en si carece de gracia, si solo yo adopto una postura activa, por lo tanto creo que la SIMISION es esencial, por que? Por que para mí es 1.000 veces más excitante, si por ejemplo viene mi novia y me dice "hoy transpire mucho los pies y quiero que me los chupes hasta que queden todos húmedos con tu saliva", o que cuando empieza el acto sexual, ellas misma y por su cuenta empiezan a sacarse las medias y zapatos y posan sus pies en nuestros miembros, cara o pecho, y empiezan a tomar una actitud de plena sumisión nuestra para con ellas, sin caer claro en el sadomasoquismo u otras variantes que incluyan al dolor.

En conclusión: si respetan, entienden, comparten y hasta se excitan con nosotros, pero a la vez toman una actitud pasiva para con nosotros por lo menos para mí, todo pierde sentido hasta incluso a llegar a carecerlo. Creo y estoy convencido al 100% que nosotros gozamos mas si nos hacen sentir escenas de plena sumisión en la cual, nosotros seamos un objeto con el cual ellas puedan hacer cualquier cosa que se les ocurra a ellas con sus pies, yo no nosotros él tener que pedir, proponer, solicitar, o inventar situaciones que intente saciar nuestras mas intimas e inconscientes necesidades de suminision de nuestra parte hacia ellas o mejor dicho a sus pies.


Que opinan?

El Otro lado de Sandra - 2ª Parte

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 original en inglés por Patrickal

Volvimos al club y ella se fue directamente al chico. Se sentó justo en su regazo y le susurró al oído, y en 5 segundos iban al área VIP. Me senté en el escenario cuadrado de nuevo y observé a la última "aficionada" (que obviamente era profesional) terminar su show. Era una caliente rubia clara con un cuerpo perfectamente proporcionado. Yacía en el piso y se había llevado los pies hasta detrás de su cuello. La vista era sorprendente. Después que acabó hubo un lapso de alrededor de 30 minutos mientras los jueces comparaban sus puntajes. Sondra y las demás continuaron con las rondas de baile, y para el momento en que las llamó el DJ al escenario cuadrado para anunciar las ganadoras, llevaba más o menos 5. No vi que ninguna cara triste dejara el área VIP.

Cuando el DJ anunció la ganadora no puedo decir que me sorprendiera. Las profesionales siempre ganan, y la rubia se llevó el botín. Pero Sondra quedó en segundo lugar, y por la aclamación de la multitud dirías que merecía el primero. El segundo lugar eran $750, y Sondra los tomó con una gran sonrisa en su rostro. Todas fueron a los vestidores a cambiarse, y 5 minutos después íbamos en el carro rumbo al hotel. No pudo parar de hablar un minuto mientras conducíamos. Me habló de las rondas de baile, y cómo el estudiante estaba sorprendido. Mientras se le sentaba en el regazo, ella había sentido como la punta de su vara se escapaba por encima del cinturón. "¡Debe medir como 30 centímetros!" dijo. Ella se había abalanzado dentro de sus pantalones y se la había meneado duro, halándolo a la vez. "¡Se vino como un cohete! Había semen por toda la camisa. Menos mal que tenía puesta una camiseta, pues tuvo que quitarse la camisa antes de salir de la cabina. ¡Fue espectacular!"

Para este momento yo había llegado al parqueadero del hotel y nos registramos. Su cuarto quedaba en piso distinto al mío. "Baja a mi cuarto tan rápido como puedas", dijo. Subí a mi cuarto y tiré mis cosas sobre la cama, luego bajé volando a su habitación. Cuando toqué a la puerta hubo una ligera pausa y abrió. Estaba completamente desnuda. Sólo estaba en la puerta mirándome, y luego retrocedió. Entré y cerré la puerta tras de mí. Había ido a la primera cama en el cuarto, y al empezar a caminar hacia ella dijo, "Me has visto desnuda, ahora es mi turno". A los cuarentas no soy Mel Gibson, de lo que estaba un poco más que consciente, pero nunca le doy tiempo de dudar a una mujer que me quiere ver desnudo. Me deshice rápidamente de mi ropa mientras ella estaba allí. Para cuando terminé, estaba tan erecto como la Torre Eiffel.

Caminé hacia ella y ella alargó su mano y tomó mi polla. Después de todo lo que había visto y experimentado esa noche, estaba a un pelo de disparar y así se lo dije. "Bueno, si ese es el caso, ¿porqué no la descargamos de una vez para que nos podamos tomar nuestro tiempo?", fue su respuesta. Fue hacia el tocador y tomó la botella de aceite de bebé que había conseguido en el club y regresó hacia mí. Extendió mis manos y derramó algo de aceite sobre las palmas. Una vez que estuvieron llenas, puso a un lado la botella, me tomó las manos y se las puso en los pechos. Suavemente esparcí el aceite. Luego me volteó y me sentó al borde de la cama. Arrodillada frente a mí, tomó sus tetas llenas de aceite y las colocó alrededor de mi pene. Sosteniéndolas y uniéndolas las deslizó arriba y abajo de mi vara, sin dejar de mirarme a los ojos con una inmensa sonrisa en su rostro. "Apenas me pusiste el aceite en el club pensé en intentar esto. ¡Se siente taaaan bien!" "¡¡También me gusta!!", dije mientras expulsaba un chorro casi a un metro de altura. "¡De verdad estabas lleno!" dijo entre risas. No podía creer en la fuerza de la descarga. Fue por mucho el orgasmo más poderoso que había tenido y se lo conté. "Bueno, ahora me toca a mí. Haz lo que quieras para que me venga".

La dispuse en la cama y me senté a su lado. Me incliné y le di un suave y largo beso. Su boca era tan suave que me quedé allí varios minutos. Mi mano derecha jugaba por todo su vientre, desde justo por encima de su coño hasta sus senos y de nuevo hacia abajo. Después de subir y bajar la mano unas cinco veces, dejé que siguiera derecho hasta su concha. Sus piernas, ya un poco abiertas, se abrieron para mí. Levanté mi cabeza de la suya y me senté recto para admirar su cuerpo. Lentamente moví mi mano en círculo mientras presionaba la palma contra su valle. Estiró su cuello y con los ojos cerrados gimió suavemente.

Entonces me moví entre sus piernas, y empecé a besar su estómago. Me moví lentamente pasando por sobre su concha, besando y lamiendo su muslo interno. Me moví hacia la otra pierna y volví a subir. Entonces abrí mi boca tanto como pude y la coloqué en su vulva. Mientras presionaba con la lengua contra sus labios, lamí en un movimiento de atrás hasta el frente de su raja. Ella tomó mi cabeza y la empujó fuerte hacia ella. En ese momento cerré la boca alrededor de sus labios y la absorbí, moviendo mi lengua rápidamente sobre su clítoris mientras este crecía en mi boca. Sondra se movía mucho, intentando acentuar mi movimiento. Seguí besando y mordisqueando a la vez que jugaba con las manos subiendo y bajando por su cuerpo desde sus pechos hasta el trasero. Empujé mi lengua dentro suyo tanto como puede y usé mi pulgar derecho para dar círculos alrededor de su clítoris. Todo el tiempo aumenté el ritmo y ella se movía más y más rápido. De repente puso las dos manos tras mi cabeza y me empujó tan duro hacia su coño que casi no podía respirar. Moví mi lengua tan rápido como pude por toda su concha y clítoris. Podía sentir cómo venía el orgasmo. Todo su cuerpo se puso rígido y temblaba entre convulsiones, en tanto que ella gritaba una y otra vez. Mantuve el movimiento hasta que ella alejó mi cabeza, y luego sólo me moví y me acomodé sobre ella, mientras mi polla endureciéndose quedo sobre su coño aún en movimiento.

Permanecimos así por al menos 10 minutos hasta que pudo volver a respirar bien. Estaba empapada de dolor y su rostro y pecho estaban enrojecidos. "Esta es una noche de noches", dijo. "Sólo una persona me había bajado allá un par de veces, y nunca tuve un orgasmo así". "Estás bromeando", le dije, "¿a quién no le gustaría hacértelo?" "Me voy a quedar desnuda toda la vida si me prometes hacerlo otra vez", afirmó. "No hay problema", repuse. "Es sólo que no puedo creer que conociéndonos todos estos años llegaríamos así de lejos tan rápido". "Lo sé", me dijo. "Pensaba en ti a veces en el pasado. No creo que hubiera intentado lo que hice hoy con otra persona. No salí allá con la intención de tener algo contigo, pero cuando salí y vi tus ojos observándome, supe que te deseaba y mucho".

Con sólo escucharla mi polla empezó de nuevo a llamar la atención, y ella también pudo sentirlo. Se estiró y puso la punta de mi verga a la entrada de su chochito. "Terminemos", dijo. Me puse en mis rodillas y brazos cuando abrió sus piernas. Lentamente me introduje y se la metí hasta las bolas. Tenía las piernas rectas en el aire en una gran V. Lo saque todo hasta que sólo la punta estaba en su entrada y luego se lo metí de nuevo. Se sentía exquisito. Manteniendo un ritmo lento y constante, me seguí moviendo arriba y abajo hasta que sentí que crecía el orgasmo número dos. Repentinamente enroscó sus piernas tras mi espalda y me haló hacia ella y se empaló en mí con un movimiento circular. ¡¡¡Se estaba corriendo de nuevo!!! Empujaba mi trasero tanto como podía y yo estaba tan adentro de ella que podía sentir la punta de mi verga contra la cima de su coño. Hice un disparo tras otro y me derrumbé sobre ella. "Va a ser una larga semana", me dijo. Tenía razón.

eltraductorx

El Otro lado de Sandra - 1ª Parte

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original en inglés por patrickal


Había estado trabajando con Sondra por casi 8 años. Gerencio un grupo de servicios profesionales en NY, Sondra me había sido asignada como analista de negocios, rastreando nuestras cuentas y manteniéndonos alejados de llegar a la cárcel.

Sandra es una mujer con el cabello claro como la arena. Si bien es inocentemente sexy, se mantiene un poco distante de todo el mundo en el trabajo. Aunque trabajos en ocasiones muy cerca, siempre mantuvo una conducta profesional. El último verano, nuestra compañía ordenó algo de educación obligatoria para todos nuestros consultantes. Esto significaba que Sondra y yo teníamos que ofrecer clase durante tres días a las personas en mi grupo que se encontraban regados por el estado de Nueva York. Escogimos nuestra oficina en una ciudad de este estado como el lugar donde daríamos la clase, y estuvimos de acuerdo en conducir juntos. También nos quedamos en el mismo hotel, imaginando que esto nos daría la oportunidad de cambiar cualquiera de los materiales del curso si lo necesitábamos durante la semana.

Arrancamos en la madrugada del lunes y nos pasamos todo el día alistando el salón y los materiales para el martes. Finalizamos justo antes de las 7 PM, y decidimos comer antes de volver al hotel. Terminamos en un restaurante TGIF, y tomamos una mesa junto a la ventana. Nuestra conversación fue principalmente sobre la clase, con un poco de chismorreo sobre algunos de los personajes más coloridos de nuestro grupo. Hubieron algunos periodos de ese "silencio bizarro", en que simplemente no teníamos nada que decir.

Tras uno de estos periodos, Sondra me dijo: "Mira esa señal al otro lado de la calle. ¿Piensas que realmente dan todo ese dinero?" Desde donde yo me sentaba, tuve que voltearme y mirar por encima de mi hombro izquierdo para ver que era lo que miraba. Al otro lado de la calle había un club de strip–tease, con una gran señal que afirmaba que esa noche era una noche aficionada. También decía que habría un gran premio de $2,000 para la ganadora. "Me imagino que el dinero abunda en ese negocio" dije. No me respondió, y realmente no pensé demasiado en eso.

Tras la cena, al llegar al auto, me dijo: "¿Has estado alguna vez en un club de strip–tease?" Parecía una pregunta con trampa, por lo que mentí. "Hace años, en un viaje de negocios, pero no en mucho tiempo. ¿Y tú?" En realidad, visito un club local más o menos dos veces al mes. "Nunca", dijo, "pero he visto esas series de HBO y lo encuentro interesante. ¿Te molestaría si te pidiera que entraras allí conmigo? Sólo tengo curiosidad y nunca haría esto cerca de donde vivo". Decir que estaba conmocionado sería hacerlo a medias, por lo cual conduje por la calle tan rápido como pude antes que ella pudiera cambiar de opinión.

Cuando entramos al club, eran poco más de las 8PM y se estaba empezando a llenar. El concurso no empezó hasta las 9PM, de manera que sólo estaban las empleadas bailando en dos escenarios diferentes. Uno era una plataforma que emergía de una pared lateral. Tenía como metro y medio de altura y una pequeña barra de bebidas en el borde rodeada de sillas. El otro escenario era una instalación en mitad del piso, con sillas alrededor. Habían sillas y mesas por toda la pared exterior y un área VIP en una esquina. Una chica estaba en la plataforma y recién empezaba, por lo cual estaba aún en bikini. La otra chica ya llevaba una canción en su cuenta, y estaba completamente desnuda. Tomamos dos sillas en la pared exterior y observamos la acción.

La chica en el escenario central era una alta rubia con piernas delgadas y largas. Se sentaba en el borde de la barra de bebidas con sus pies sobre los muslos de uno de los clientes y sus piernas muy abiertas. Sondra estaba un poco conmocionada como para decir cualquier cosa. "¡Pensé que los espectáculos sólo eran en topless!" "No en Nueva York", dije. Expliqué que si no servías licor, podías tener baile con desnudo completo. Estaba sorprendida. No habló mucho, y yo no estaba muy seguro de qué decir. Estaba incómodo aunque excitado de estar allí con ella.

Se sorprendió aún más con la práctica de la ronda de baile. Varias de las muchachas atendían a la multitud que pedía su turno en el área VIP, ofreciendo bailes de a dólar como atractivo. La mayoría no tenían nada arriba de la cintura, y era evidente al mirar hacia el área VIP que en los bailes allí no llevaban encima ninguna prenda. Ella me preguntó qué pensaba de todo esto. "Si dijera que no me excita estaría mintiendo", le dije. Mientras yo decía esto, el DJ anunció que el concurso aficionado empezaría en 15 minutos. El concurso consistiría en dos bailes por concursante, uno en cada escenario. Las participantes tendrían alrededor de una hora entre bailes, durante la cual seguirían la misma práctica de la ronda de baile que las profesionales, y podrían usar el área VIP. La única condición era que la casa se quedaba con el dinero de los bailes VIP y las aficionadas se quedarían con las propinas.

Entonces el DJ pidió a todas las chicas que querían participar ir a su cabina a inscribirse. 5 muchachas se levantaron y acudieron. Dos se veían justo como profesionales. Iban por sí mismas y no se veían nerviosas en lo absoluto. Otras dos iban juntas y parecían risueñas por lo que supuse que habían salido a intentar una experiencia "nueva". La quinta chica estaba con su novio, y parecía nerviosa pero entusiasta. Mientras las mirábamos levantarse, mencioné que requeriría valor hacer eso. "¿Te decepcionarías de mí si lo intentara?" preguntó. Estaba impactado. Sondra es una mujer tan del tipo "chica en la siguiente puerta" que jamás habría esperado esto. Me sorprendía que incluso estuviéramos allí sentados, pero le había achantado esto a que quería ver si lo que había visto en HBO era cierto. Siempre se vestía sencillamente con ropa conservadora, nunca chismorreaba, nunca participaba en nada de la cruda conversación de oficina que ocurría. Simplemente no podía creer que la joven y linda Sondra quisiera hacer esto. "No" le dije. "¿Pero estás completamente segura?" "Siempre he hecho todo lo que se supone que debo hacer", dijo. "Estoy apunto de llegar a los 30 y simplemente necesito hacer algo salvaje". "Bueno, esto se ajusta en serio a esa descripción", le dije. Se levantó rápidamente y se dirigió a la cabina. Iba vestida con un traje de clase compuesto por falda, chaqueta y blusa, con medias veladas y tacones altos. Muchos ojos la siguieron porque simplemente no se veía como el resto.

Después de unos 5 minutos en la cabina del DJ, volvió y se sentó. "Soy la número dos", me dijo. "Tengo que ir al vestidor tan pronto empiece la primera chica. Cada baile dura 3 canciones. Tras mi primer baile, tengo 30 minutos hasta el segundo baile en el escenario cuadrado. Dicen que podemos hacer los bailes en rondas entre nuestro primer y segundo baile y luego después del segundo baile hasta que acabe el concurso. No estoy muy segura de querer hacer eso." "Oye, sólo haz aquello con lo que te sientas cómoda", le dije. Estaba realmente calmada, pero me sonreía cada vez que la miraba. Aún no sabía realmente como reaccionar. Me mantuve pensando una y otra vez si lo hacía para mi beneficio (ego grande), o si era sólo un juego rudo que necesitaba para ejercitarse y se sentía segura conmigo y lejos de su casa.

A los pocos minutos el DJ anunció que el concurso empezaría en poco y pidió a la primera chica reportarse al vestidor. Una de las chicas de las que iban en pareja se levantó. Era una rubia oscura muy pequeña, vestida con pantalones cortos y una blusa que se abrochaba por detrás de su cuello dejando su espalda y hombros descubiertos. Se mantuvo riendo y volteando a ver a su compañera al dirigirse a la puerta. Llevaba un pequeño bolso al hombro. Me di cuenta entonces que todas estas otras chicas llevaban con ellas un cambio de ropa pero Sondra sólo llevaba lo que tenía puesto, y dijo que no le importaba mucho porque, como fuera, no tendría mucho puesto en un rato. No pude discutir sobre ese punto.

Cuando salió la primera chica, Sondra se dirigió al vestidor. Volteó a mirarme y me obsequió una nerviosa sonrisa al desaparecer tras la puerta. La música empezó cuando la chica pisó la pista elevada. Se había puesto una transparencia que no dejaba mucho a la imaginación. Era una cosa pequeña, con pequeñas tetas pero un trasero realmente hermoso. Durante su primera canción, se dejó puesta la transparencia y bailó más bien rápidamente. Se podría decir que era nueva en esto. Tras la primera canción, lentamente se quitó la parte de arriba, revelando lo que ya sabíamos, que su pecho estaba en la categoría de menos uno. Hacia la mitad de la segunda canción, simplemente se detuvo y se quitó los panties. Estaba completamente depilada abajo, y aunque tenía una figura más bien sencilla, tenía buenos movimientos. Se acercó un poco más a los hombres en la barra y les dio algunos panoramas inclinándose. Al tiempo, yo observaba hacia la puerta al vestidor para ver si Sondra ya había salido. Todavía no creía realmente que la atravesaría con esto.

Al acercarse a su final la tercera canción Sondra salió del vestidor. Aún tenía la misma ropa pero las medias se habían ido. Se mantuvo en la puerta con los brazos doblados, observando a la multitud y a la chica en escena, pero sin mirarme a mí. Estuve tentado a levantarme y sentarme en la barra, pero pensé que la pondría muy incómoda por lo que me quede. La tercera canción terminó, y la rubia oscura dejó el escenario con unos buenos aplausos. El DJ anunció el nombre de Sondra, y ésta fue hacia el escenario.

Al empezar la primera canción, se movió lentamente y se dirigió a la multitud. Su chaqueta esta abotonada hasta arriba y noté que no llevaba la blusa debajo. Apenas me di cuenta, empezó a desabotonarla. Sus manos temblaban un poco y le resultaba un poco difícil lograr zafar los botones. Cuando terminó, se dejó la chaqueta y siguió bailando. Estaba lo suficientemente abierta para revelar un hermoso gran par de tetas, pero no lo suficiente para que se viera todo. Era una hermosa vista. Se movió alrededor de la borde frontal del escenario frente a todos los clientes que se sentaban allí. En nada de tiempo terminó la primera canción.

Al empezar la segunda canción, dio la espalda a la audiencia, mandó atrás sus mano y empezó a bajar el cierre de su falda. Al abrirse se notó que no había nada bajo la falda. No perdió tiempo deslizando la falda por sus piernas y deshaciéndose de ésta, revelando un trasero perfectamente redondo. Me sorprendió lo perfecto que era, y lo bien que lo mantuvo oculto todos esos años. La ropa que llevaba a diario nunca acentuaba su cuerpo. Era un cuerpo por el que uno se moriría. Una vez se deshizo de la falda, lentamente se dio la vuelta. La multitud celebró abiertamente. Por su cara podrías decir que estaba nerviosa y sin embargo disfrutaba esto. Siguió bailando, sin abrir mucho sus piernas, pero moviéndose suavemente por el escenario. Su mata estaba finamente cortada y sólo tenía un ligero vello entre las piernas; otra sorpresa. Al ir finalizando la segunda canción, abrió del todo la chaqueta para darnos finalmente el cuadro completo. Sus pechos eran grandiosos; completamente naturales y bien redondeados. Sus pezones estaban tan erectos como podían, indicando que empezaba realmente a disfrutarlo.

Como tercera canción, el DJ puso "Si piensas que soy Sexy" de Rod Stewarts, ¡y ella simplemente despegó! Se empezó a mover realmente con la música y a interactuar con los tipos en el escenario. Había un joven que parecía ser estudiante de una universidad local. Estaba "hechizado", sólo viéndola. Sondra se movió lentamente hacia él y se movió frente a su silla. Su rostro estaba al nivel del coño de Sondra, y no pudo sino observar. Viéndola podría decir que realmente se había metido en esto, justo cuando la canción y el baile terminaron.

Dejó el escenario y volvió al vestidor. La chica siguiente era la segunda de las dos amigas. Era una alta pelirroja con largas piernas y grandes pechos. Llevaba una banda de tela alrededor de su falda y una camiseta realmente apretada. Su amiga, la pequeña rubia, había salido tras su comienzo y estaba dando vueltas con bailes de ronda; aunque lo hacía se veía realmente tímida haciéndolo. Simplemente no estaba segura de cómo preguntar. Cuando empezó la segunda canción Sondra salió del vestidor vistiendo su falda y blusa. Se podría decir que no llevaba sostén. Volvió a mí y se sentó. "¿Cómo lo hice?" "Bueno, estoy impresionado", dije. "¿Cómo estuvo para ti?" "Estaba paralizada justo antes de salir, pero una vez que empecé y la multitud llegó, ¡no puedo creer cuánto más quería hacerlo! Me alegra que no hayas ido al escenario, me habría puesto muy nerviosa contigo allí." "Voy a ir al escenario cuadrado para ver tu segundo baile" le dije. "Ya veremos", fue su respuesta mientras me miraba y sonreía.

Mientras nos sentamos allí, la segunda chica terminó y una de las profesionales empezó. Se podía jurar que la chica estaba perfectamente cómoda al hacerlo, y de verdad interactuaba con los tipos. La pelirroja salió y empezó a dar rondas por la barra como su amiga. "¿Vas a intentar la ruta de ronda de baile?", pregunté. Dijo que no estaba segura, y esperaría hasta después de su segundo baile. Le pregunté qué se iba a poner para la segunda pista y dijo que no tenía idea. También dijo que pensó que las dos profesionales ganarían de cualquier forma porque tenían un montón de ropa y aditamentos allá atrás. Me incliné y le dije: "Tres palabras, aceite de bebé. Por todo lado". Me miró y dijo "¿De verdad?" "Créeme", le dije, "Debe haber algo en ese vestidor. Sólo sal y espárcelo por todo lado. La multitud enloquecerá".

Pasaron otros 45 minutos hasta que la segunda ronda empezó y Sondra se dirigió al vestidor antes que empezara la primera chica. Me había movido a la barra de bebidas en el escenario cuadrado para lograr una vista de primera. Cuando salió la rubia, vestía una camiseta que le quedaba grande y un pedazo de tela entre sus piernas sostenido por una cuerda alrededor de su cintura. Fue rápidamente a este, tras apenas 30 segundos y para el final de la primera canción estaba completamente desnuda. Realmente tenía un hermoso trasero, y me estaba excitando al verla. Al mismo tiempo, no podía esperar a ver a Sondra. Después de las tres canciones, terminó dando paso a los aplausos y dejó la escena. El DJ introdujo de nuevo a Sondra y ella salió, con sus panties y sostén puestos. En la cintura de sus panties había una pequeña botella de aceite de bebé. Esto iba a ser bueno.

A los 30 segundos de la canción se quitó el sostén. Sacó la botella y regó una abundante cantidad entre sus pechos. Entonces vino justo hacia mí, y arrodillándose justo al frente, tomo mis manos y las puso en el aceite. Sin necesidad de hablar, sabía que hacer luego. Moví el aceite por todos sus senos. Mis manos temblaban y ella sólo me miraba con su gran sonrisa. Luego se movió hacia el tipo a mi lado y le dejó continuar. Se veía que los demás hombres no podían esperar a tener su turno. Cuando llegó al joven estudiante, se sentó en la barra frente a él y derramó algo más de aceite sobre sus panties. Él sólo la miraba sin saber qué hacer. Tras apenas 5 segundos, ella se puso la mano derecha de él en el frente de sus panties. Empezó a frotar, ella se dobló y gimió, y el lugar enloqueció. Se levantó de la barra y deslizó los panties empapados en aceite por sus muslos. Entonces llegó otro shock ... entre escenas se había depilado completamente la conchita. Era una sorpresa tras otra.

Terminó la escena poniéndose aceite en el resto del cuerpo. Especialmente en los muslos y el trasero. Para el final de la canción era obvio que no iba a detenerse. Cuando dejó el escenario, corrió a los vestidores desnuda y se escabulló por la puerta. La pelirroja salió y empezó su rutina, pero me mantuve atento a la puerta. Tras más o menos tres minutos salió con la chaqueta y una tanga, que debió haber pedido a alguna de las otras chicas. La chaqueta sólo tenía un botón abotonado, y era obvio que no traía nada abajo. Vino justo a mí, y dijo: "Quiero hacer los bailes de ronda, y quiero que seas el primero." Estaba muy nervioso. Fuimos al área VIP, que tenía varias zonas con cortinas y una más grande con una puerta. "La que tiene puerta vale $90.00 por 15 minutos. Puedo cubrirlo con las propinas que ya me dieron y volveré". "¿Con quién iba a discutir?" Se alejó para pagarle al DJ por la cámara.

Cuando volvió entramos a la cámara y cerramos la puerta. Había un sillón sin brazos que ocupaba toda la pared trasera. Me senté allí y ella vino y se sentó en mi regazo cara a cara. "¡Tengo una historia!", dijo. "Hay una chica en el vestidor que se llama Laura y trabaja aquí y me ha estado ayudando a alistarme y me consiguió el aceite". Mientras hablaba, llevé mis manos bajo la chaqueta y empecé a frotar su espalda. "Gracias por dejarme hacer esto y por venir aquí conmigo. No puedo creer lo divertido que es esto". "Bueno", dije, "Para mí tampoco ha sido malo. Tras todos estos años de conocerte, esto es una gran sorpresa. Nunca supe lo sexy que eras realmente".

Mientras hablaba, lentamente movía mis manos hacia arriba de su espalda. Cuando alcancé el borde de sus hombros, lentamente desplacé mis manos por los lados y agarré sus pechos. Se inclinó y puso su cabeza en mi hombro. "Cuando me tocaste los pechos con el aceite pude sentir que me mojé en 3 segundos. Fue como estar en el fuego". "¿Cuándo te afeitaste?" le pregunté. "Cuando le dije a Laura que necesitaba aceite, me dijo que sería mejor que me afeitara o sería un desastre aceitoso por varios días. Tenía allá atrás todo lo que necesitaba y me ayudó a hacerlo. ¿Te gusta?" "Tanto que me gustaría verlo otra vez", dije. Se puso de pie en el sillón sobre mí y deslizó el tanga. Allí estaba, en toda su calva majestuosidad, con unos pequeños labios que sobresalían alrededor de un centímetro. Me doblé y planté un largo y húmedo beso en el frente de los labios mientras que colocaba mis manos en su trasero para acercarla hacia mí. Presionaba muy fuerte contra mi boca, y mientras lo hacía, deslicé mi lengua a lo largo de su raja. Tembló, se alejó y se sentó de nuevo en mi regazo. "No puedo esperar a salir de aquí y volver al hotel". "Bueno, veamos primero si sales con algo de dinero", dije. Nuestros 15 minutos se acabaron, y supusimos que era mejor salir antes que llegaran a tocar. "¿Te molestaría si hago algunos bailes de ronda?" preguntó. "Ve tranquila", dije, "esta noche es tu noche".

Escríbanme si les gustó la historia, la traducción, si les interesa conocer en donde se encuentra publicado en su idioma original o si desean que les ayude con algún relato en inglés. También si desean leer los relatos que yo he escrito.

Cinco Pañuelos de Seda

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La mujer del corsé rojo se sube pausadamente los guantes negros de cuero hasta los codos. El corsé se adapta tan perfectamente a su anatomía, que le realza los pechos hasta casi dejar al descubierto sus pezones. Es consciente de que está enseñando sus firmes nalgas y eso le gusta. Unas botas altas, negras, también de cuero, ocultan parcialmente unas largas piernas que se adivinan atléticas. El tanga, también rojo, es tan mínimo que apenas alcanza a ocultar a mis ojos su sexo rasurado. Su oscuro cabello se desparrama como una cascada sobre sus níveos hombros desnudos hasta la mitad de su espalda... Es muy guapa. Me avergüenzo hasta de mirarla, porque yo me siento inferior. Por eso le sugerí esta idea. Tiene unos enormes ojos azules y apenas va maquillada. 

La miro. Le pido con la mirada que no se demore más, que venga ya a mi... necesito que me haga suya... dejo escapar un débil gemido...

Ella se acerca despacio a la cama. Yo, feliz, me dejo llevar, inconsciente de lo que me espera. Es la primera vez que me atan a una cama. Antes ella sacó unos pañuelos de seda y con ellos me fue atando a cada extremo de la misma. Solo se puso los guantes porque se los había comprado hace años y no se los ponía nunca. Quería tener un recuerdo para esos guantes. Pero a mi no me gustan, yo prefiero su tacto... pero no le digo nada. No quiero hablar, quiero que ella actúe por su cuenta.

Se sitúa a los pies de la cama. Se arrodilla. No me mira. Se inclina sobre mis pies y, fugazmente, me lame el dedo gordo del pie derecho con la punta de su lengua - yo me estremezco de placer -, para luego cubrírmelos de besos a media que va ascendiendo por el pie hasta el tobillo, y de éste, sube por la pierna hasta la rodilla. Son besos leves, apenas me roza la piel con sus labios, pero yo, que ya la estoy viendo venir, comienzo a sentirme más húmeda. Al inclinarse alcanzo a ver la voluptuosidad de sus pechos, que luchan por salir de la cárcel de su corsé. Quiero adorar esos pechos. Ojalá me deje hacerlo... yo no puedo decir nada, no puedo pedírselo. Hicimos ese pacto.

Deseo que continúe, que me coma, pero ella, quizás intuyendo mis ansias, decide hacerse de rogar y apoya su cabeza en mi muslo mientras desliza la palma de su mano en guantada y extendida desde el interior de mi muslo hasta mi bajo vientre, sin rozarme ni un solo vello púbico. ( A ella no le gustan los sexos depilados. A ella le gusta todo... ).

Su mano izquierda descansa sobre la cama, a mi lado. Yo quiero que me la acerque a los labios, pero no hablo. No digo nada, la dejo hacer. Quiero que me disfrute con total libertad. Entonces descubre con satisfacción que mi sexo ya brilla por la desbordante humedad que emana de él. Sonríe y me despeina ligeramente el vello de esa zona mirándome pícara a los ojos... ¡¡Ah, Dios, cuánto anhelo su tacto!! ... me tiembla todo el cuerpo, cada vez que me toca me estremezco.

Se levanta y se dirige a la cómoda. Abre uno de los cajones y saca otro pañuelo de seda.
El quinto pañuelo de seda.
Me pongo a hacer pucheros, no quiero que me tape los ojos, NO, por favor... ¡¡quiero, necesito verla, quiero devorarla con los ojos!!! ¡¡NO ME TAPES LOS OJOS!!... pero mi grito es mudo, como no podría ser de otra manera.
Ahora la oscuridad lo rodea todo. Cierro los ojos y me rindo a mi suerte, a ella.

Ahora siento su cara cerca de la mía, puedo sentir su respiración y la caricia dulce del inconfundible olor de su piel. Un dedo suave, forrado de cuero, me perfila los labios: primero el labio superior y luego el inferior. Yo lo intento besar, pero ella, juguetona, lo retira rápidamente, dejándome oír su risa suave. El olor del cuero mezclado con el de su piel me están volviendo loca. Vuelve a colocarme la mano en los labios y me pie que le quite el guante con los dientes. Así lo hago, dedo a dedo. Por fin lo consigo.

Un ligero murmullo y entonces siento que ella apoya la mano que acabo de desnudarle en mi sexo, suavemente, ¡tan suavemente que me desespera!. El clítoris se me hincha, anhelando su contacto. Ella ríe. Me lo acaricia una, dos, tres veces... yo levanto las caderas, como pidiendo más, pero ella parece que ha decidido que aún no. Se coloca sobre mí, a cuatro patas. Siento su largo pelo rozándome la piel. Comienza a besarme los pechos, de forma incontrolada, siento el roce de sus labios aquí y allá. Luego me las agarra de la base y las sujeta de tal forma que las une. Hunde su cara entre mis pechos. El calor de su respiración me estremece, siento cómo cada vez me estoy humedeciendo más y más. Me da varios lametones en ambos pezones. Aprieta más mis generosos pechos y se introduce los dos pezones a la vez en la boca. Me los chupa, los dos al mismo tiempo. Después le dedica su particular homenaje a cada uno de ellos, por igual. Yo estoy tan excitada que creo que me voy a volver loca.

Cuando acaba con mis tetas, las suelta y se alza un poco, lo suficiente como para besarme el cuello e ir bajando por la clavícula. Noto la abundancia de sus pechos sobre los míos. Ella vuelve a ascender y me besa en los labios, nuestras lenguas se entrelazan mientras su mano ve descendiendo lentamente hasta mi sexo, para quedarse allí acariciándome los labios, los de abajo. Ahora se aleja de mi y desciende sobre mis caderas, me abre los labios superiores y sopla levemente, como hacia dentro. Me recorre un escalofrío y me entra la risa. Ella también ríe...

Por fin su lengua entra dentro de mí, cálida, ágil y profunda. Y aprieta su cara contra mi sexo. A mi me entra la absurda sensación de que mi sexo debe de ser una fuente, una especie de manguera, de la cantidad de flujos que noto por ahí abajo. Me imagino el dulce y salado sabor de su sexo, me imagino cuando mucho antes de esto hicimos un 69 y entonces, justo entonces, ya no puedo más y me sobreviene un orgasmo que me deja exhausta. Es tan fuerte que, cuando pasa, con solo el roce de sus dedos sobre mi clítoris, arqueo la espalda y sacudo las caderas, desesperada ante su contacto.

Entonces ella me besa profundamente para que yo pueda saborear mi propia miel. Estoy agotada, pero al mismo tiempo tan excitada, que tengo que controlarme para no morderle los labios. Me está volviendo loca el no poder verla, el no poder tocarla...

Luego ella se sienta sobre mi cara, con todo su sexo abierto ante mi... y por culpa del maldito pañuelo que tengo atado a la nuca no puedo verla, disfrutar de la visión de sus pechos vistos desde abajo. Sus labios vaginales entran en contacto con los de mi boca. Los aplico dulcemente sobre ellos y comienzo a buscarle, a acariciarle su hinchado clítoris con mi lengua. Sus jugos comienzan a desbordarme, trato de tragármelo todo, pero me es imposible, es demasiado. Noto cómo se deslizan en frágiles gotas por entre mis comisuras. Las saboreo hasta la saciedad. Su olor me inunda, su sabor calma mi sed, sus gemidos son música celestial, sus manos me queman...

Finalmente ella se corre en mi boca. El espeso líquido se cuela por entre mis labios antes de que me de cuenta. Eso me desespera porque quiero más, pero ella se levanta, se acurruca a mi lado, abrazándome con las piernas, con los brazos, con todo. Siento su cálido sexo en mi cadera mientras que con una mano me acaricia el vientre... y entonces, Morfeo entra por la puerta... y nos acoge a ambas entre sus brazos.

ALIENA DEL VALLE.-

¿ Es Vergonzoso ser Fetichista de Pies ?

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 Como otra idea de incentivar la participacion en el foro de los muchos miembros que lo visitan, espero que participen con sus ides de algunos nuevos debates.
Aqui va el primero.

¿es vergonzoso ser fetichista de pies? ¿porque?
Cuando empeze con mi fetichismo por los pies, crei, como la mayoria de nosotros, que era el unico en el planeta tierra. Obviamente, algo asi no podia ser cierto, tenia que haber alguien mas que compartiera este gusto y de ahi surguieron mis busquedas por la internet. Primeramente di con paginas de Brazil, lo cual llamo mucho mi atencion...y despues descubri las miles de paginas de yanquis sobre los pies. Creia que era el unico en Argentina

Hago esta breve introduccion para llegar al tema.

Durante todo ese tiempo, anterior a conocer personalmente otro fetichista, me sentia muy solo. Raro. Jamas, como la mayoria de los fetichistas que he conocido durante estos ultimos años, habia confesado esto a nadie. ¿Por qué? ¿Por qué tenemos tanta verguenza de decir que nos gustan los pies?

Creo yo, que hay varios motivos...para dar lugar a mas ideas, yo voy a plantear una idea personal: la inseguridad.
No estamos seguros de nosotros mismos (aunque esto parezca un poco fuerte) con este tema. Debido a que principalmente, el 90% de la poblacion mundial, incluidos amigos, hermanos y hasta gente no conocida, disfruta de otras partes del cuerpo, la tipica situacion que vivimos es cuando todos hablan de una mina... y como puede uno explicarle a ellos que los que mas le gustaria seria chuparle los pies!

Eso de algun modo genera inseguridad en uno mismo. Uno se se dice a si mismo:... por ser distinto...¿soy raro?...¿que van a pensar?...si lo comento al pasar a alguien, se rie...
De este modo, vamos acumulando verguenza a tal punto que ni el psicoanalisis nos permiten confesar que somos fetichistas. Creo que la idea que yo di, como aclare antes, es mi idea personal. O mejor dicho,la que yo vivo. Muchas veces me preocupo por la imagen, por el que diran los demas y esto me genera esta situacion que describo. Puede que no sea el caso de algunos de uds o talvez de ninguno. Aunque me gustaria conocer sus ideas, experiencias y demas cosas con respecto a este tema.
Nuevamente:
¿es vergonzoso ser fetichista de pies?¿porque?

Espero respuestas...de todos muchachos y muchachas!

Como otra idea de incentivar la participacion en el foro de los muchos miembros que lo visitan, espero que participen con sus ides de algunos nuevos debates.
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¿es vergonzoso ser fetichista de pies? ¿porque?
Cuando empeze con mi fetichismo por los pies, crei, como la mayoria de nosotros, que era el unico en el planeta tierra. Obviamente, algo asi no podia ser cierto, tenia que haber alguien mas que compartiera este gusto y de ahi surguieron mis busquedas por la internet. Primeramente di con paginas de Brazil, lo cual llamo mucho mi atencion...y despues descubri las miles de paginas de yanquis sobre los pies. Creia que era el unico en Argentina

Hago esta breve introduccion para llegar al tema.

Durante todo ese tiempo, anterior a conocer personalmente otro fetichista, me sentia muy solo. Raro. Jamas, como la mayoria de los fetichistas que he conocido durante estos ultimos años, habia confesado esto a nadie. ¿Por qué? ¿Por qué tenemos tanta verguenza de decir que nos gustan los pies?

Creo yo, que hay varios motivos...para dar lugar a mas ideas, yo voy a plantear una idea personal: la inseguridad.
No estamos seguros de nosotros mismos (aunque esto parezca un poco fuerte) con este tema. Debido a que principalmente, el 90% de la poblacion mundial, incluidos amigos, hermanos y hasta gente no conocida, disfruta de otras partes del cuerpo, la tipica situacion que vivimos es cuando todos hablan de una mina... y como puede uno explicarle a ellos que los que mas le gustaria seria chuparle los pies!

Eso de algun modo genera inseguridad en uno mismo. Uno se se dice a si mismo:... por ser distinto...¿soy raro?...¿que van a pensar?...si lo comento al pasar a alguien, se rie...
De este modo, vamos acumulando verguenza a tal punto que ni el psicoanalisis nos permiten confesar que somos fetichistas. Creo que la idea que yo di, como aclare antes, es mi idea personal. O mejor dicho,la que yo vivo. Muchas veces me preocupo por la imagen, por el que diran los demas y esto me genera esta situacion que describo. Puede que no sea el caso de algunos de uds o talvez de ninguno. Aunque me gustaria conocer sus ideas, experiencias y demas cosas con respecto a este tema.
Nuevamente:
¿es vergonzoso ser fetichista de pies?¿porque?

Espero respuestas...de todos muchachos y muchachas!

Como otra idea de incentivar la participacion en el foro de los muchos miembros que lo visitan, espero que participen con sus ides de algunos nuevos debates.
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¿es vergonzoso ser fetichista de pies? ¿porque?
Cuando empeze con mi fetichismo por los pies, crei, como la mayoria de nosotros, que era el unico en el planeta tierra. Obviamente, algo asi no podia ser cierto, tenia que haber alguien mas que compartiera este gusto y de ahi surguieron mis busquedas por la internet. Primeramente di con paginas de Brazil, lo cual llamo mucho mi atencion...y despues descubri las miles de paginas de yanquis sobre los pies. Creia que era el unico en Argentina

Hago esta breve introduccion para llegar al tema.

Durante todo ese tiempo, anterior a conocer personalmente otro fetichista, me sentia muy solo. Raro. Jamas, como la mayoria de los fetichistas que he conocido durante estos ultimos años, habia confesado esto a nadie. ¿Por qué? ¿Por qué tenemos tanta verguenza de decir que nos gustan los pies?

Creo yo, que hay varios motivos...para dar lugar a mas ideas, yo voy a plantear una idea personal: la inseguridad.
No estamos seguros de nosotros mismos (aunque esto parezca un poco fuerte) con este tema. Debido a que principalmente, el 90% de la poblacion mundial, incluidos amigos, hermanos y hasta gente no conocida, disfruta de otras partes del cuerpo, la tipica situacion que vivimos es cuando todos hablan de una mina... y como puede uno explicarle a ellos que los que mas le gustaria seria chuparle los pies!

Eso de algun modo genera inseguridad en uno mismo. Uno se se dice a si mismo:... por ser distinto...¿soy raro?...¿que van a pensar?...si lo comento al pasar a alguien, se rie...
De este modo, vamos acumulando verguenza a tal punto que ni el psicoanalisis nos permiten confesar que somos fetichistas. Creo que la idea que yo di, como aclare antes, es mi idea personal. O mejor dicho,la que yo vivo. Muchas veces me preocupo por la imagen, por el que diran los demas y esto me genera esta situacion que describo. Puede que no sea el caso de algunos de uds o talvez de ninguno. Aunque me gustaria conocer sus ideas, experiencias y demas cosas con respecto a este tema.
Nuevamente:
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Espero respuestas...de todos muchachos y muchachas!

Adrián (Adorador de Pies)
[email protected]

Un Dulce Castigo

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 Ya estabamos casi en los exámenes finales y el verano estaba a la vuelta de la esquina. Eran increíbles los nervios que teníamos todos; solo se veían apuntes por doquier y el olor a café recién hecho lo impregnaba todo... ¡¡¡ la selectividad iba a acabar con nuestras vidas!!!.

Uno de los profesores a los que más temíamos era a Don Román. Era el profesor de matemáticas. Era un hombre que mostraba un aspecto bastante interesante, siempre llevaba el pelo un poco largo y muy bien peinado, y tenía unos ojos negros de escándalo, unos ojos capaces de seducir a cualquiera que los mirase... tenía un pecho ancho, unas piernas largas y muy bien formadas...sin embargo era un hombre bastante serio. Yo jamás le había visto bromear con respecto a nada. Era más seco que la mojama. Creo que aquel año había cumplido 53 años.

Un día en clase tuvimos una disputa bastante fuerte. Me mandó que saliera a solucionar un problema de ecuaciones de segundo grado en la pizarra, cosa que yo odiaba ya que no soportaba los estúpidos comentarios de los chicos de mi clase, ya que, como tenía un cuerpo muy exuberante a mis 17 años, y encima tenía que vestir el eterno uniforme de colegiala, con la faldita corta de tablas y un fino polo blanco que apenas alcanzaba a disimular minimamente mis enormes pezones, haciendo que siempre se destacaran muchísimo, pues me sentía un poco como un mono de feria cada vez que me sacaban a la pizarra. Pero aquel día no sé por qué tenía menos ganas que cualquier otro y la verdad es que me sentía muy violenta.

Y harta ya de los silbidos, las pícaras sonrisas y los ojos lascivos, no aguanté más y me puse a gritar en clase como una loca, “¡¡Joder, siempre tengo que salir yo!!”... tomándola, en vez de con mis compañeros, con mi profesor. El caso es que Román se puso más serio de lo que normalmente era y me invitó cortésmente a abandonar la clase... y que le esperara al salir de clases aquel día, porque tenía que hablar largo y tendido sobre mi actitud.

Así pasó el día sin más contratiempos, hasta que sonó el timbre y todos mis compañeros salieron del instituto en estampida, mientras que yo me tomaba todo el tiempo del mundo en recoger mis cosas, porque sabía que no podría escapar de mi profesor. Hubiera sido peor el castigo...y por fin llegó Román, con el rostro sonrojado y aparentemente muy enfurecido. Acabé de recoger y, cabizbaja, le seguí hasta el despacho del jefe de estudios. Nos acomodamos en la mesa y me dijo que antes de nada le ayudara a ordenar una serie de exámenes. Me sorprendió la propuesta, pero obedecí, desde luego. Con un poco de suerte, podría ver qué notas tenía la gente... siempre he sido muy curiosa.

Cuando había pasado media hora larga de silencio, apartó los exámenes a un lado y se sentó encima de la mesa. Suspirando resignado me miró y me dijo:

“¿Por qué eres así conmigo, porque eres tan injusta ?¿no entiendes que vas a conseguir que me quiten el puesto de trabajo que tanto me ha costado?”

La verdad es que sus palabras me conmocionaron bastante y provocaron en mi un profundo arrepentimiento. Respiré hondo, levante la mirada hacia él y le dije que lo sentía mucho y que no volvería a pasar, y que si había alguna manera arreglarlo, que haría todo lo que estuviese en mi mano...Me preguntó que por qué me había exasperado tanto antes, en clase, y le dije la verdad. Le dije que no podía soportar los cambios hormonales de mis compañeros de clase cada vez que me tenían a tiro, especialmente cuando salía a la pizarra... y que tampoco soportaba el estúpido uniforme que nos obligaban a poner en el instituto...

“Pues no sabes lo bien que te queda...”

Le miré con los ojos muy abiertos, sorprendida por su respuesta, pero él no dijo nada.
Fue entonces cuando me invitó a sentarme en la mesa del director, junto a él. Obedecí. Sin embargo le notaba muy nervioso. Inconscientemente – lo juro – le miré el paquete de la entrepierna y casi me quedé sin respiración al ver el gran bulto que allí albergaba. Y me excité. Y cuando yo me excito no hay quien me pare. Y lo cierto es que don Román no estaba nada, pero que nada mal...

Y creo que él vio el brillo de la calentura en mis ojos porque pronto se puso muy nervioso. Decidí dar el primer paso.

Me puse de pie con toda naturalidad, levanté mi falda y bajé un poco mis braguitas, dejando entrever los labios que cubrían mi tesoro. Estaban húmedos y turgentes. Se ruborizó, pero no dejó de mirarme con ojos incrédulos.

“Toca, mira qué caliente me he puesto”.

El pobre hombre no sabía qué hacer. Me miró extrañado, y al ver mi naturalidad, acercó tímidamente una de sus manos a mi sexo, pasando un dedo entre sus labios. Luego lo olió disimuladamente, y noté cómo el bulto de su pantalón había aumentado más aún. Mi profesor volvió a deslizar su dedo por mi rajita, sacándolo empapado de un líquido espeso y blanco.

“Déjame olerlo, Román, quiero olerme...”- le pedí-.

Acerqué la cara a su dedo, lo olí y lo chupé. Estaba delicioso. Le invité a probarlo. Su dedo volvió a acariciar mi sexo, y lo saboreó cerrando los ojos... como si aquello fuera el mismísimo elixir de los dioses.
“Profesor, ¿quiere olerlo y probarlo directamente? Si lo lame de mi sexo de seguro que le sabrá mejor ... podrá saborearlo mejor...¿no le apetece...?”.

No pronunció palabra, pero hacía todo lo que yo le iba diciendo. Subió mi falda, apartó mis braguitas blancas de algodón a un lado, y pasó su lengua por la rajita una y otra vez, dándome unos largos lametones que me llevaron de ida y vuelta al cielo...mi profesor de matemáticas, mi serio y huraño profesor me estaba lamiendo enterita...!!!!

“Mis padres me matarían si supieran esto...”

“ Eres una zorrita, una putita...sé buena, porque si no...”

Fue entonces, diciendo esto, cuando tomó la iniciativa. Me tomó por la cintura y me sentó sobre la mesa. Subió mi falda, y me quitó las braguitas, dejando al aire todo mi sexo. Separó delicadamente mis piernas y acercó su cara al hueco que quedaba entre ellas. Me eché hacia atrás, y sentí cómo su lengua acariciaba muy suavemente mi entrepierna, separando con cuidado sus labios, hinchados, rojos de placer, y exhalando aquel aroma a hembra que tan irresistible le estaba resultando a don Román...
Lamió la pequeña abertura, primero muy lentamente, para luego hacerlo mucho más rápido, succionando con sus labios el líquido que emanaba de ella, como un enorme animal sediento. Después lamió el pequeño bultito que encontró hinchándose en la parte superior de mi rajita Lo succionó, como si fuera un biberón, chupetones cortos e intensos que hacían que mis caderas se movieran como si estuviera posesa. Como si me estuviera mamando, qué placer… Veía sus ojos mirándome, mientras me lo hacía, y yo sonreía, me volvía loca de placer, me retorcía de gusto.

Entonces le separé de mi, me puse de pié y le bajé la cremallera de sus pantalones, viendo complacida cómo su polla luchaba por salir del confinamiento de sus calzoncillos. Se los bajé y su pene salió disparado, erguido, duro como una piedra... Era de un tamaño considerable, mediría como unos 20 centímetros, con un glande enorme y de un grosor como los vasos de un cubata. Él se bajo los pantalones a la altura de los muslos, cosa que aproveché para pasarle la punta de mi lengua por su glande... y luego empecé a lamerle sus huevos mientras que con la mano derecha agarraba su miembro y empezaba un lento movimiento ascendente y descendente.

Con mi lengua hice círculos concéntricos en cada uno de sus huevos, para luego subir por la base de su polla siguiendo el contorno de cada una de las venas que sobresalían, hasta llegar al glande, donde una gota brillante de semen se le escapaba, la cual no tardé en recoger con la lengua, la lamí, y me pareció resultándo exquisita. Mis labios volvieron a recorrer toda la longitud de su polla, y llegó el momento de metérmela en la boca. La chupe como si fuera un helado....

Él no decía ni una palabra, tan sólo respiraba fuerte, mi adorado Román, qué bien se lo estaba pasando, gimiendo como un cachorrito...me sentí poderosa.... Siempre se me habían dado bien las felaciones, pero en esta puse especial esmero. Cuando me la volví a meter en la boca quería que sintiera como mis labios bajaban por toda su virilidad hasta llegar a los testículos, enterrándola profundamente en mi garganta y no dejando de mover la lengua. Estuve mamándola durante lo que me pareció una eternidad. Ya empezaba a dolerme la boca, pero aun así no paré ni un instante. Sus gemidos me animaban a seguir. Su pene empezó a contraerse con el preludio de lo que yo sabía que vendría después. Volví a hundirla en mi boca y mi cavidad empezó a llenarse con su semen, fuero tres o cuatro disparos rápidos que soltaron una cantidad considerable, así que tuve que ir tragando deprisa porque no quería desperdiciar ni una solo gota de su agridulce néctar. Cuando me saqué su polla de la boca, volví a lamérsela de nuevo toda entera para no dejar que ni rastro de semen, pero había tanto, que me chorreaba por los labios y la barbilla. Él se acercó y lo bebió de mi boca, mientras me acariciaba suavemente los senos.

Mientras, yo iba desabrochándome el polo, quitándome apresurada el sujetador y la falda (las bragas a saber dónde estarían ya...). Después me tumbó encima de la mesa, no sin antes despejarla de libros y papelorios de un solo manotazo y cogiendo con una mano su enorme polla y empezó a restregármela por el coño. Bajaba desde el clítoris hasta la concavidad de mi vagina, metiéndome tan solo el glande, volvía a repetir la operación, volviéndome loca con cada uno de sus movimientos, empecé a gemir como una perra en celo.

Entonces él me la clavó hasta el fondo, me la metió toda entera hasta que sus huevos golpearon mis nalgas. Sentí como mis paredes vaginales se contraían, y entonces estallé... Él paró un momento dejando que me recuperase, pero inmediatamente después siguió bombeando mi coño. Agarró fuertemente mis caderas y empezó un violento mete-saca, follándome entera.... Las penetraciones eran muy profundas pues no sólo empujaba brutalmente con su polla, sino que además llevaba mis caderas hacia él. Entonces se corrió de nuevo, esta vez dentro de mi, haciéndome sentir su cálido chorro de semen, todo para mi...

Fue entonces cuando sonó la campana: las 3:00 de la tarde...era hora de irse a casa, mi madre me estaría esperando para comer...

Mientras me vestía apurada por la hora, me cogió de la cintura y me susurró al oído...

“Jovencita, está usted absuelta de toda culpa...”



ALIENA DEL VALLE.-

Sorpresa Menstrual

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Nuevamente este relato estará marrado desde la perspectiva de un hombre , el cual es totalmente fruto de mi imaginación.
Hola, qué tal, mi nombre es Mario tengo 22 años y les voy a contar algo que me sucedió el fin de semana pasado .
Eran las 7:00 me disponía a abordar el metro de la ciudad de México , el cual a esas horas va totalmente lleno , y a su vez va dividida el área de mujeres y el área de hombres, pero a veces no falta alguna chava despistada de provincia que desconoce que existe la facilidad de ir con puras mujeres , bueno en fin continuando con el relato , era la Línea 1 y justamente en la estación San Lázaro era donde iba tomarlo , todo parecía totalmente normal , pero tardó un poco el metro por lo cual las personas se acumularon un poco más , y de repente miré a mi izquierda y ahí estaban un grupo de jóvenes provincianas las cuales se les notaba a simple vista ya que vestían unas faldas muy largas con colores muy llamativos y bordados exuberantes , y por si esto fuera poco el tono en que hablaban era el tono típico de unas provincianas, todas ellas se veían hasta cierto punto feas a excepción de una la cuál era morena , delgada , alta 1.70 , unos senos pequeños pero muy bien formados , y llegó el momento deseado en que llegó el metro , que obviamente debido a la cantidad de personas se iba a llenar a reventar , y dicho y hecho se abrieron las puertas las personas empezaron al tiempo que las chicas provincianas iban entrando , yo obviamente conforme se iba acomodando la gente me iba acomodando junto a la chica provinciana , y llegó el momento más esperado en que quedé totalmente junto a esta chica y las personas querían seguir entrando pero como ya estaba lleno siguieron empujando lo cual provocó que yo pudiera meter mano a la chica debido a la presión de toda la gente; el vagón ya estaba lleno se cerraron las puertas y comenzó a avanzar , una mano la tenía a la altura de sus senos y cuál sería mi sorpresa a encontrarme con que no traía sostén se sentían claramente sus pezones a través de la delgada tela , con todas las curvas de las vías me daba de hacer pequeños movimientos que me permitían tocarle totalmente sus senos , era una experiencia inolvidable , y ella por su obvia inocencia no decía ni hacía nada ya que para ella sólo eran los apretones del Metro, y sin saber que ya prácticamente la estaban manoseando , ahora tocaba la otra parte (mi otra mano) la cual estaba exactamente a la altura de su entrepierna , la cual empecé a tocar de manera disimulada , pero de todos modos como iba extremadamente lleno no se daba cuenta , como no dijo nada continué de una manera más descarada , pero no se sentía la tela tan delgada como en la parte superior , decidí ser todavía más audaz , y de un golpe metí mi mano entre su pantaleta y su vulva y cual sería mi sorpresa que estaba totalmente mojada , en esos momentos hizo una cara de espantada de que alguien estaba abusando de ella pero a pesar de todo no decía absolutamente nada , la sensación era medio rara porque no era una humedad caliente sino como que medio fría , pero de todos modos era una experiencia inolvidable , tenía ganas de frotarle su clítoris pero el tiempo era demasiado corto ya que estaba a punto de llegar a una estación en la que baja bastante gente , y no hubo más remedio que sacar mi mano y llegó el momento que tenía que pasar se bajó toda la gente empujándola a ella , yo me quedé en el interior , yo en todo este lapso de tiempo ya había eyaculado por toda esta experiencia , mi trusa se encontraba totalmente mojada , y cual sería mi sorpresa que cuando me llevé la mano a la nariz para oler el aroma de sus jugos , me di cuenta de que ella estaba menstruando , porque mi mano tenía rastros de sangre con coágulos, no me quedó más remedio que meter mis manos bajo mi sudadera y al llegar a mi casa masturbarme por esa increíble experiencia.


Libia

Sin Alarmas

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 La charla transcurría sin alarmas, nos habíamos mudado de ciudad y eso nos había hecho muy compañeros… No conocíamos a nadie y eso hacía que al final del día, cuando nos encontrábamos en casa las charlas fueran sobre todos los temas, de su infancia, de nuestras vidas, de lo nuevo, de lo que extrañábamos, de lo que ya pasó.
Esa conversación parecía una mas, hasta que no sé muy bien porque, empezamos hablar de sus amores…
- Yo nunca mas voy a estar, otra vez, con un chico que sea virgen… tuve dos y ya es bastante… No me gustó. Con Jesús no alcancé a acabar nunca…
- Bueno, creo que ya lo tenés decidido…
- Yo ya no tengo mas paciencia, no sé enseñar, quizás cuando tenga mas de treinta quiera tener un pendejo de dieciocho, pero hoy quiero alguien con experiencia…
- No te gusta enseñar… ¿te gusta aprender?
- Si… creo que tengo ganas de un tipo que sepa… Que me enseñe, que tome la iniciativa…
Podría tomar eso como una insinuación ya que ella tiene casi veinte años y yo cuarenta. Es una de las fantasías de los hombres… ¿Será una fantasía de las mujeres? Pero claro que si, hay miles de libros, novelas, películas sobre amores de mujeres que desean a muchachos, jóvenes. Pero todas estas cosas las pienso ahora, en ese momento no me di cuenta de nada…
Todo la circunstancia fue extraña. La madre de Nati, mi esposa, se había quedado en nuestra ciudad natal, terminando de hacer muchos trámites, que por el apuro de nuestra mudanza, tuvo que hacerse cargo. Pero este tiempo se había extendido mucho mas que lo calculado y deseado. La cosa es que yo hacía mas de tres meses que no tenía relaciones con nadie. Nati tampoco ya que como dije antes no teníamos casi vida social. Yo del trabajo a casa y ella de la facultad a estudia a casa… no le quedaba tiempo libre y cuando lo tenía no tenía con quien compartirlo salvo conmigo…
El diálogo transcurría, mientras yo estaba escribiendo en mi ordenador y ella había puesto música y se sentaba en el sillón del living, a dos metros… no nos mirábamos, pero eso solía ocurrir, todo era como siempre. Y ahora me recriminaba que las toallas higiénicas que había comprado eran para tangas de colaless.
- No me di cuenta, decía con alas y me pareció que eran las que compraba siempre. No sabía que había comunes y para colaless.
- Pero con lo que yo menstrúo eso no me sirve.
- Bueno guardalas para cuando se te esté yendo, que ya no será tanto el caudal… y te compro, mañana de las que vos usas… ¿Todavía te quedan para esta noche?
- Si, si. Me dijo fastidiada y agregó - Yo no sé como alguien puede usar esas toallitas, Ya usar esas bombachas debe ser incómodo y con la regla debe ser aún peor…
Me pareció muy extraño ese comentario y quise saber mas al respecto…
- Pero esa bombachas no se usan cuando estás indispuesta.
- Las minas que usan colaless, la usan todos los días, hasta esos días, dijo en tono de publicidad de la televisión
- Yo creía que las usaban con cierta ropa o los días que iban de guerra…
- Si, pero la mayoría de las que usan colaless, la usan todos los días.
- ¿Vos no usas colaless? (Dije en tono irónico, ya que ella es bastante liberal, su cuerpo lo merecía y nunca pensé que no usara ese tipo de ropa íntima.)
- No nunca usé.
- Pero te probaste, alguna vez… No te lo creo
- No, nunca… Todas las bombachas se te meten en la cola, y una se acostumbra. Malena dice que es mejor porque es menos tela la que se mete en el orto… pero yo no sé…
- Pero hay tipos a los que le gusta la lencería… que le excita, que la mujer usa esas cosas, medias caladas, porta ligas, colaless y esas cosas… otros le gustan las bombachas de nena y así, mil cosas.
- Si también hay tipos que le gusta que las minas estén todas depiladas.. Y ahora me vas a salir con eso de que las cosas que te gustan ahora después cambian y el ejemplo de los besos y el de chuparla…
- Y si, pero no me des bola, yo soy un viejo y todas esas cosas… (Se hizo un silencio y terminé de escribir lo que estaba escribiendo así que apagué la máquina y justo se acabó el CD que Nati había puesto)
La conversación se agotó, ya que se había hecho muy tarde y al otro día los dos teníamos que madrugar…
Cuando volvía a casa al día siguiente, me acordé de esa charla y cuando estaba a pocas cuadras de casa, pasé por una tienda de lencería y vi su vidriera… muchos modelos de ropa interior… todos de buena calidad… A mi no me daba vergüenza, compré mil veces bombachas para mi mujer, a veces lencería fina y otra eróticas… Pensé que Nati nunca se había puesto una porque no le gustaba usar una de otra persona…
- Estoy buscando una tanga de esas que de atrás son muy finitas.
- ¿Una colaless?
- No se como se llama. Muéstreme alguna. La vendedora desapareció tras el mostrador y volvió con varios modelos distintos. Pero confieso que me dio un poco de morbo comprarle a la nena una tanguita de esas características, para colmo de males, la vendedora se puso enseguida nerviosa… y terminé comprando una que no era la mas linda pero era la mas atrevida.
Cuando entré en casa, me acordé que ella llegaría como una hora mas tarde… Todo bien. Tome una tarjetíta y le escribí la siguiente leyenda: “Para que puedas probar y usarla con alguien de experiencia”.
A la hora, llegó como un terremoto. Quiso contarme todo lo que había hecho y más en un segundo, como un torbellino, como siempre. Así que dejé pasar el tiempo, para que se libere de las ganas de contar y después le daba el regalito.
Preparé la cena, como siempre y comimos. Cuando terminamos, ella levantó los platos de la mesa y yo me fui a buscar un cigarro y la sorpresa.
- Nati, Tengo una sorpresa para vos.
- ¿Un regalo?
- No,.. si, tomá. (Extendí el brazo y se lo di.) - Lee, primero la tarjeta…
Tomo el regalo y leyó la tarjeta en voz alta.
- “Para que puedas probar y usarla con alguien de experiencia”. Dijo poniendo voz sensual… Abrió el paquete y me la mostró, como si yo no supiera que era…
Se dio media vuelta y se fue a su cuarto… pasó un minuto, que pareció una hora. Escuche que se abría la puerta de su pieza y no sabía que iba a pasar, Escuche los paso que se acercaban, pero no la veía.
- Cerrá los ojos. Dijo con vos de nena que hace una travesura… Ahora podés abrir los ojos… Cuando los abrí la encontré frente a mi con su tanguita nueva puesta… Se dio vuelta para mostrarla en plenitud. Yo no lo podía creer. Si bien me había imaginado alguna situación erótica con ella, siempre pensé que no iba a pasar del plano de la fantasía.
- Gracias. Me dijo y me abrazó y me dio un beso en la comisura de los labios. Su aliento me envolvió. No atiné a nada. Estaba, totalmente, abrumado… Juro que nunca pensé que me iba a encontrar en esta situación.
- ¿No vas a decir nada?
- ¿Te es cómoda?
- No te hagas el boludo… ¿Qué te parece?
- ¡Te queda mortal!!! Pareces una modelo.
- ¿Por lo tonta?
- No, una mina barbara, una mujer con mayúscula, los vas a matar… me vas a matar.
¿Qué dije? Se hizo un silencio inoportuno, alguno de los dos tenía que tomar la iniciativa y ese era yo, ella ya me lo había dicho ayer cuando hablamos de su sexo y que quería aprender y que mejor que su padrastro, un hombre con experiencia para empezar… ¿Qué hago? Esa es la pregunta, ¿Pateo el tablero o me hago el idiota y la dejo pasar? ¿Debo esperar otra señal? ¿Y si pasa este segundo y pierdo la oportunidad?
Me paré y me puse a su lado, la abracé y la besé, de forma lenta y profunda. Mis manos recorrieron su espalda y sentí como su cuerpo se estremecía. Solo se escuchaba el rumor del televisor haciendo de música ambiental…
Ella se dejaba como me lo había dicho ayer que haría. Pero no es que me rechazara, temblaba toda y jugueteaba en mi boca su lengua. Sus grandes tetas que rebozaban en el escote de su remera, me pedían que las tocara, que las acariciara, que las chupara como nunca se lo hubiera imaginado… Tuve que ayudarla y acercarla al sillón porque tenía miedo que se caiga… Allí la pude ver entera, deseosa, perdida, entregada a la pasión. Lo último que le sacaría es la colaless. Ella se levantó la remera y quedó en corpiño… yo desabroche mi camisa y la dejé en el piso, quería sentir su piel en mi piel. Me abalancé a su cuello, tratando de aspirar el aroma de su piel.
- ¿Tengo olor a chivo? Me dijo entre interrogándome y afirmándolo.
- Me gusta tu olor y si estás transpirada me gusta mas… - Levantá el brazo. Le pedí, para que su axila quede a merced de mi nariz y mi boca. Y mientras lo iba haciendo se quejaba
- A mi no me gusta mi chivo, no sé como podés hacer eso. Mientras yo lamía la caverna que se forma en el interior de la unión entre hombro y brazo.
- ¿No te gusta? Le dije mirándola desde allí.
- Para colmo no me depilé
- Me encanta que no te depiles…
En un arranque que no esperaba ella levantó mi brazo e hizo lo mismo que yo estaba haciendo… en obvia muestra de sus primeras lecciones aprendidas y en un claro mensaje de querer mas cosas nuevas.
- Me gusta tu olor… Me dijo mientras raspaba con sus dientes mi axila.
Mezclamos nuestras lenguas en un beso y nuestros sudores en las bocas… Desabroché su corpiño y me dediqué a sus hermosas tetas, coronadas por pezones opulentos y provocativos… Una de dos, o le encantaba que juegue con sus pechos o nunca lo había experimentado de este modo ya que gemía y no podía dejar de encorvar su espalda… Mientras dejaba descansar mi boca y apretaba sus pezones con mis dedos, miré su cintura y me felicité por haber comprado esa bombachita. Le quedaba hermosa… los bellos se transparentaba bajo la tela fina, que cubría su pubis… Y por la posición, las nalgas eran enmarcadas por las tiras que se perdían en la raya de su cola.
Parece que ella se dio cuenta y me dijo
- ¿Te gusta mirarme la tanguita? O ¿te gustaría mirarme desnuda?
- Por ahora me gusta mirarte así, ¿Estás mojadita?
- Estoy empapada.
- ¿Es incomoda?
Acaricié con mis dedos por su rayita cubierta y la noté humeda… ella gimió, como gimen las mujeres, Olí la yema de mis dedos y su néctar se impregnó en mi olfato.
Nati estaba quebrada, su excitación era tal que gemía, aullaba, se reía… Sin importarle nada de nada. Fue ahí, en ese momento en que le dije,,,
- ¿A ver si sos tan putita como te hacés?
Escuchar que la llamaba así la puso más loca y se dirigió a mi pantalón y trataba sin éxito de desabrocharlo. La ayudé ya que no soy de hierro y yo también estaba a mil…
- Dejame que te ayude, perra. Se arrodilló y dejando que yo vaya bajando los pantalones y el boxer, dejando mi pija al su vista… Su ansiedad era tan enorme, que no pude deshacerme de mis prendas, apenas las pude bajar hasta los tobillos, corriendo el riego de caerme… Decidí que era mejor dejarme caer al piso y así pode hacer un buen sesentinueve. Ella comprendió mis movimientos y recién en ese momento quedé completamente desnudo. La muy puta, todavía mantenía intacta su nueva colaless, como único abrigo. Así como se encontraba tenía dos posibilidades sacársela o apenas correrla porque era tan pequeña que daba para corrérsela y dejar su rayita, a la intemperie… Nati chupaba, mordía olía, lamía desde la cabeza del pene hasta llegar al culo. Así que no lo pensé mas y le chupé la concha a morir… Ella emanaba chorros de flujo y yo acabé muy fuerte en su boca.
Esa noche no fuimos mas allá, solo más caricias y mimos… con paciencia, con amor, ya sin pasión, cansino, sin alarma…

Reporte a mi Amo

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 En la Zapatería

Macarena Río. [email protected]

Como lo había prometido, el relato completo de lo que pasó ayer, y de acuerdo a las instrucciones recibidas por mi Amo con respecto a lo que tendría que hacer después del show Chipendale.

Desde antes de salir de la oficina, mi calentura se había elevado ya por la conversación sostenida con él, y después de unas cuantas copas de vino, esa calentura se elevó.

El show fue muy cachondo, sobre todo al ver la reacción de algunas amigas, que con los bailes sensuales de los chicos las habían puesto cachondas, y las copas, les quitaron las inhibiciones. Entre ellas me encontraba yo, bastante cachonda, pero no participé en el juego, aunque me dí cuenta de que a uno de ellos le hubiera encantado la idea cuando se dio cuenta que estaba usando medias con liguero y que no traía bragas (algo que hice de forma intencional para ver su reacción). No me quitaba los ojos de encima, y eso me gustaba. De alguna forma me sentía sensual. Un vestido entallado y bien amoldado a mi cuerpo, con falda muy corta y gran escote. El cabello totalmente suelto y lacio, y el maquillaje impecable. Me sentía muy atractiva.

El hombre era bastante atractivo he de confesar, y sus movimientos su forma de ofrecerse me excitaron. Seguía viendo mi escote y mis piernas durante todo el show. Mis amigas me insistieron en que me acercara a lo que me negué. El chico terminó su show, y después de vestirse, se acercó a mí, se sentó a mi lado y me quiso hacer charla. Yo seguí su juego durante un rato, es más le permití que acariciara mi pierna para que sintiera la diferencia de texturas entre las medias y mi piel. Me hizo la pregunta directa sobre si era real o se había imaginado si no traía bragas, a lo que contesté que no era imaginación, era real. Quiso alargar su mano, para comprobarlo, cosa que permití a medias. Al momento de sentir que era cierto, me levanté con el pretexto de ir al tocador. Una amiga me acompañó. A pesar de que ella se había dado cuenta del juego que traía no dijo nada. Cuando regresamos a la mesa, el chico seguía ahí. No debería tener más allá de 25 años y con un cuerpo verdaderamente antojable, sobre todo después de darme cuenta lo que escondía detrás del pequeño tanga...

Cuando empezó a insinuarse más descaradamente, lo paré en seco, diciéndole que en ese momento lo único que yo quería era coger con una mujer. Se ha quedado pasmado, creo que nunca esperó esa respuesta. Siento que hasta se enojó. Me preguntó qué hacía una lesbiana en un sitio así. Le dije que no era lesbiana, que me encantaban las pollas, simplemente que era bisexual y que en ese momento, solo me apetecía una mujer. Creo que eso lo encendió más y comencé a notar un bulto que crecía bajo el pantalón. Con los efectos del vino, no me reprimo con nada, así que para que no se sintiera mal, pongo directamente mi mano sobre su bulto entre las piernas. Tomé la suya, la que tenía en mi pierna, y la llevé un poco más dentro, pero sin separar mis piernas ni un milímetro, fue como un detonante, a pesar de su trabajo, siento que mucha experiencia no tiene en otros asuntos. Parecía que tenía un animal vivo debajo del pantalón, eso me calentó más. En ese momento, y como el show ya había terminado, decidimos marcharnos, y me despedí del chico con un tierno beso en la mejilla, y sin más salimos del local.

Me llevaron a casa, y durante todo el trayecto, solo estaba pensando en las instrucciones que me había dado mi Amo. Estaba tan concentrada en mis pensamientos, que ni siquiera me molesté en activar la luz de las escaleras, y conforme iba subiendo, me fui quitando una a una todas las prendas que traía puestas. Cuando llegué a la puerta de casa, solo me quedaba el liguero, las medias y los zapatos.

Sentía la humedad entre mis piernas. Al cerrar la puerta, no soy capaz de llegar hasta mi recamara y me quedo en la estancia, me acomodó en el sofá y me empiezo a acariciar, estoy totalmente empapada, no sólo húmeda, mis dedos se deslizan tan fácil, al simple contacto con mis dedos, mis labios exteriores se abren dejando que mis labios interiores sientan el fresco de la noche. Tengo la luz prendida, ¿Angie está en casa? No lo sé. Las cortinas están abiertas, las luces del vecino de enfrente están encendidas. ¿Me verá? ¿Se dará cuenta de lo que estoy haciendo? No lo sé, debería ir a mi recámara y hacerlo en privado... No, mejor, si alguien me ve, mejor. Acomodo las cosas, de tal forma que si mi vecino es curioso, pueda deleitarse viendo como disfruto siguiendo las instrucciones de Su Alteza. Mis dedos siguen su juego, una mano en mi coño, la otra en mis tetas. Una penetra y acaricia, la otra pellizca y acaricia, sensaciones que se unen como choques eléctricos en mi interior.

Veo mis zapatos, finos tipo zapatilla, de tacón alto, los acaricio, deslizo mis dedos por su piel, suave textura. Me quito uno de los zapatos. Acerco el tacón a mi boca. Recorro mi lengua, lo humedezco, lo acerco a mi coño mojado, lo deslizo a todo lo largo. Me gusta el contacto de la piel con mi coño me excita más. Sigo jugando, me encanta, me quito el otro zapato, lo deslizo por mi cuerpo. Intento introducir el tacón en mi coño, se desliza muy fácil, suave, entra y sale como mantequilla. Es una sensación extraña pero me gusta, lo disfruto, lo hago recorrer toda mi raja, desde el clítoris hasta el culo. Entra, sale, recorre. Se detiene más tiempo en la zona del culo, es tacón fino, está mojado, lubricado, ¿porqué no? Lo intento introducir, se resiste, mientras, con el otro zapato, acaricio mi clítoris, mi coño lo humedezco también, no tiene problemas para entrar en mi coño. Entra y sale. Sigue jugando. Por fín, el otro ha conseguido su objetivo. Los dos tacones dentro. Uno en el coño y otro en el culo. Que sensación tan maravillosa. Tomo ambos zapatos con una mano, para continuar con el mismo ritmo y con la otra acaricio y pellizco mi clítoris.

Sigo así un rato. Siento como a cada segundo mi clítoris crece y se hincha, de pronto, desde el fondo de mis entrañas, sale un gemido de placer ocasionado por una serie de contracciones que tensan mis piernas al momento que espasmos de placer recorren mi cuerpo.

Poco después, cuando he recuperado la conciencia, me quedo mirando mis zapatos, ambos están mojados y pienso. "nunca pensé que unos simples zapatos pudieran provocar tanto placer.

Macarena Río

Quiero tu Semen

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Hace tres años salgo con una mujer a la que adoro, pero, por esas cosas del destino, desde siempre me ha gustado su hermana, con 19 años y cuerpo harto voluminoso. Sus senos son enormes y solía imaginar el tamaño de sus pezones y su color. Y digo solía porque, como verán, tuve oportunidad de descubrir qué tan bien encaminados estaban mis malos pensamientos.
Mi cuñada, de nombre Milena, estudia veterinaria y es una mujer muy consagrada, hogareña, de pocos novios y menos fiestas. Es más, siempre que voy a casa de mi novia, la veo sentada, aplicadísima, en su microscopio, estudiando muestras. Lo cual, dicho sea de paso, me da oportunidad de detallar ese par de enormes mamas que se desprenden de su cuerpo y parecen luchar infructuosamente contra la ley de la gravedad. Un día de tantos, pasé por casa de mi novia a recoger unos libros que había dejado allí días atrás. Mi novia estaba trabajando y de mis suegros dígase lo mismo. Me abrió Milena, quien se mostró un poco más amable que de costumbre. No era una mujer seca, pero quizás el hecho de estar tan involucrada en sus estudios la hacía algo retraída. Me invitó a tomar asiento y me puso conversación.
-¿Sabes en qué trabajo? -Ni idea- le dije. -Pues, mira, estoy empeñada en analizar los hábitos de reproducción de los primates, y en eso he venido trabajando desde hace un año.
El comentario, debo decirlo, no me pareció precisamente afrodisíaco, así que me limité a responderle con un obligado \"¡qué interesante!\". -No sé si tú lo sepas, pero el primate que tiene el más voluminoso miembro reproductivo es el hombre. -Sí, me he dado cuenta- respondí con una larga risotada como remate. -No te rías, es en serio- me dijo. -Bueno, en serio, ¿a qué va esta sesión de datos insólitos?- le respondí mientras lanzaba una mirada furtiva a sus pechos, cuya ropa interior apenas alcanzaba a ver por entre los botones de su bata. -A ver, no es fácil.. Es queeee. bueno, es queee no estudio precisamente el falo de los primates sinooooo... Sinnoooo su líquido seminal y... buenooooo... No es sencillo. -Habla tranquila que nos conocemos desde hace años y sabes que no me gustan los rodeos. -No te lo pediría si no fuera importante. Para mi proyecto de muestras comparativas necesito recolectar datos de supervivencia de espermatozoides en ambientes no controlados. Las muestras de simios ya se hicieron, pero parte de mi tarea es someter al microscopio y anotar datos inmediatos del semen humano una vez se ha producido la eyaculación. Para ello, como supondrás, se necesita una muestra \"fresca\" y no de laboratorio. Y... -¿Y...? -Y necesito que pongas parte de esa muestra en esta plaqueta fija del microscopio electrónico- me dijo ruborizada mientras señalaba el pesado aparato en la mesa. -Es decir, quieres que me masturbe y te traiga algo de mi eyaculación para que la examines. -No precisamente.. Como la muestra debe recogerse directamente y sin mediaciones, necesito que te masturbes junto al microscopio y eyacules tu semen en la plaqueta.
Me quedé de una pieza, pero me alcanzó el ánimo para regalarle una pregunta: ¿habrá alguien mirándome? -Sí, yo. Debo estar presente en el momento de la eyaculación para tomar un registro detallado de los primeros segundos en que la muestra entra en contacto con el aire. -Y no crees que es una petición sumamente embarazosa. -Mira, Jaime, yo sé que lo que te estoy pidiendo no es nada fácil y que tú podrías decirme simplemente no y listo. Pero no tengo a nadie más a quien recurrir. Sería incómodo pedírselo a uno de mis compañeros de materias. Orlando (su novio), como sabes, está de viaje. a mi papá, ¡ni pensarlo! Sólo cuento contigo. -Milena, yo te aprecio mucho, pero no creas que es un favor cualquiera que me pidas masturbarme a unos centímetros de ti y que, además, eyacule- se lo dije, lo confieso, entre avergonzado y excitado. -Jaime, te repito que entiendo por lo que estás pasando y que mi vergüenza es infinita, pero si yo no tengo esos resultados mañana temprano, puedo ir despidiéndome de la beca en la universidad y tú sabes lo que eso significa para papá. Te lo suplico. Mira, te prometo que mientras te masturbas yo me dedico a estudiar algunos papeles, a mirar mis datos en la mesa y ni te miro. -Si accedo, ¿cuándo lo haríamos? -Ahora mismo. -Ayyy, yo no sé qué decirte, y si alguien se entera, ¿qué? Sería muy incómodo. -¡No, te lo prometo! Jamás nadie lo va a saber. -Está bien, está bien, está bien. pero qué locura.
Ella no podía ocultar la dicha, me dio un beso enorme en la mejilla y me tomó de la mano para conducirme al microscopio. Mientras ella organizaba los aparatos, comencé a desvestirme.
-¿Qué haces? -me dijo. -Me desvisto. -¿Es necesario? -Milena, digámonos las cosas como son: hace una semana que no me acuesto con tu hermana y creo que mis reservas de esperma serán abundantes, lo cual es bueno para ti (se puso roja como un tomate), pero no para mi ropa. No quiero mancharme los pantalones o la camisa, así que. -Te entiendo, te entiendo, y discúlpame por la mojigatería.
Mientras, estaba yo ya en calzoncillos. Pero como que no me decidía. Y, para ser sincero, estaba tan incómodo con la situación, que no tenía ni erección. Ella me clavó la mirada y no quedó más remedio que bajarme la ropa interior.
Pude darme cuenta de que cuando vio mis 18 centímetros en reposo, el corazón le dio un brinco. Casi se le salen los ojos, pero trató de disimularlo con un comentario salido de tono.
-Sí, definitivamente el más grande de los primates. -Nada diferente al pene de otra persona, ¿o sí?
Y sucedió algo que nunca me imaginé. Corrió su silla hacia mí y, movida más por el interés científico que por el instinto sexual, tomó mi pene entre sus manos. Descubrió con delicadeza el glande y, con la otra mano, palpó mi escroto. No dije nada.
-Como vez, el tamaño de tu pene es de unos quince o dieciséis centímetros en estado de reposo, lo cual excede el standard. Tu glande es contorneado y bien definido y tus testículos también son de dimensiones afortunadas. En términos de esta investigación, por supuesto.
Mientras hablaba, su respiración rozaba la cabeza de mi pene y ello sumado al movimiento de sus manos, terminó causándome una erección fenomenal. Tanto que mi glande casi tocaba sus labios. Yo de pie y ella sentada y, gracias a ello, con la posibilidad de ver su brassiere a través del cuello de la bata. Estaba muy excitado.
-Si tú me lo permites, quisiera medir tu pene. -Claro.
Sin soltarlo con la mano libre alcanzó una escuadra y dijo: \"¡25 centímetros! Tienes un pene envidiable\".
Ella lo sabía, pero lo que estaba por suceder es cosa de no creerse. Se los contaré en un par de días.


anonimo

Pies Sensuales

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Sin duda, cualquier hombre al conocer una chica, lo primero que le ve son su trasero, o los ojos, o los senos o las piernas, que ellas lucen sabiéndose deseadas. Yo no soy la excepción en esos aspectos, aunque también pongo muchísima atención en los pies, aunque a veces ellas no los lucen como debieran.
Hay mujeres preciosas que sus pies son feos, deformes, o con dedos muy largos o huesudos, y si bien es cierto que mientras el resto del cuerpo esté bello esto es le de menos, en mi caso, cuando encuentro a alguien que además de los atributos antes mencionados, tiene tobillos delineados y pies bonitos, cuidados y sensuales, seguramente estará en mis pensamientos por largo tiempo.
Alicia, la primera novia que tuve, hace aproximadamente 20 años, con la cual llevé una apasionada relación durante 8 años, era una mujer morena clara, alta, delgada, muy guapa, que si bien es cierto, no tenía cuerpo de concurso, siendo más bien delgada, sus senos y trasero eran bonitos y sobre todo tenía unas piernas muy largas y torneadas que terminaban en los tobillos y pies mas lindos y sensuales que he visto en mi vida, superando aún, a los de mi actual esposa, que es decir bastante, pues sus pies son verdaderamente sensuales.
Si en el transcurso de mi vida, tuve oportunidad de tener varias parejas, esta debilidad por los pies femeninos, sólo fue conocida por las dos mujeres arriba mencionadas: Alicia, mi primera novia y Melisa, mi única y actual esposa.
En fin, después de llevar una relación por tanto tiempo con Alicia, nuestros caminos se separaron por completo. Yo cambié de ciudad, donde conocí a Melisa y ella, se quedó donde siempre, lugar donde también hizo su vida.
Por cuestiones propias del trabajo, he recorrido la República Mexicana en varias ocasiones, sin visitar nuestra ciudad natal, en virtud de que por ser hasta la fecha una pequeña ciudad del sureste del país, la empresa para la cual laboro, no la considera una plaza importante, pero por vía telefónica, durante todo este tiempo, al hablar con mis familiares cercanos, he tratado de estar al tanto de mis viejas amistades por lo que, claro está, que yo sabía que Alicia se había desposado al terminar conmigo, con Ernesto, amigo mío de la infancia, de estudios y que siempre había aceptado, estar perdidamente enamorado de ella.
Fue un 25 de julio, hace 6 años, lo recuerdo perfectamente, cuando fui avisado por mi empresa, que por antigüedad y resultados, me haría cargo de la sucursal del sureste del país, teniendo entre otras metas a lograr, el abrir la plaza de mi ciudad natal, aunque mi residencia no sería ahí, sino en el vecino estado situado únicamente a 180 Km. por carretera, aunque tendría yo visitarla con muchísima frecuencia.
Como comprenderán, por lo conocido de mi familia, y en una ciudad pequeña, la noticia fue corrida rápidamente por mis familiares, sobre todo a los que ellos consideraban mis grandes amigos. Desde luego, Ernesto, fue de los primeros avisados, y los saludos, las felicitaciones y las invitaciones a cenar, comer o tomar una copa, en gran cantidad me empezaron a llegar vía mi familia.
Por tanto tiempo de no visitar personalmente mi ciudad, y desde luego porque así lo requería mi propio trabajo, apenas nos instalamos en el lugar de residencia, decidí trasladarme unos días a mi ciudad, acompañado de mi esposa y mis hijos.
Al llegar, mi madre, mis hermanos, en fin, la familia en pleno, me ofreció tremenda recepción, como si yo fuera un gran personaje. Y me hicieron llegar los números telefónicos de todas aquellas personas que supuestamente, esperaban mi llegada.
Por la noche, al acostarme, y en virtud de que mi esposa, cansada por el viaje, e durmió rápidamente, por aburrimiento empecé a leer los nombres de las personas que esperaban mi llamada. Un nombre me hizo sentir un fuerte impacto: Ernesto Méndez.
Pero saben algo? No era por él. Era por Alicia, su esposa, mi novia de tantos años y a quien disfruté tanto sexualmente y tan delicioso cuando ambos apenas empezábamos a despertar en el sexo. ¿Cómo estaría físicamente? ¿Habría embarnecido con los años? ¿Tendría todavía esos pies tan exageradamente sensuales?.
No podía esperar más. De inmediato marqué su número telefónico y después de varios timbrazos que me parecieron eternos, me contestó una voz masculina que de inmediato reconocí: se trataba de Ernesto.
Después de los saludos de rigor, me invitó con mi familia desde luego, para el medio día siguiente a comer un asado, y a bañarnos en la alberca de su casa, a lo que desde luego que acepté de inmediato, sin atreverme a preguntarle por Alicia.
Mi turbación al llegar a su casa al día siguiente fue mayúscula. Creo que la de ella también.
La recorrí una y otra vez con la mirada disimuladamente mientras saludaba efusivamente a mi esposa y mis hijos. Seguía tan guapa como siempre, vestía un bikini que me dejaba apreciar que sus senos habían aumentado un poco de tamaño y amenazaban con salirse del brassier, igual que sus nalgas, que apenas eran cubiertas por la fina tela del calzón, había engrosado un poco, pero siendo ella tan delgada, se le veía un cuerpo de lo más apetecible
Pero de donde no pide separar la vista, al grado que ella se dio cuenta perfectamente, fue de sus bellísimas piernas, largas, torneadas, con unos muslos aterciopelados y firmes, que me daban deseos de morderlos en ese instante, y que terminaban en sus excelsos pies, cuyo tobillo derecho era sensualmente adornado por un collar de perlas pequeñas..
Enviando a los hijos de ambos a disfrutar de la alberca, Ernesto nos invitó a tomar asiento en la mesa de playa, a un lado de la piscina, la cual era cubierta por un largo mantel blanco, cuyas orillas descansaban en nuestros muslos, de manera que solo quedaba visible de los cuatro, de la cintura hacia arriba.
De pronto, sentí en mi entrepierna que algo presionaba mi miembro. Metiendo la mano ajo la mesa, palpé que se trataba del bellísimo pie de Alicia, que sentada exactamente frente a mí, y mientras platicaba tanto con mi esposa como con su esposo, frotaba con su preciosa extremidad inferior el bulto que de inmediato empezó a aumentar de tamaño.
Una ola de terrible excitación me invadió. Cuantas y cuantas veces, siendo pareja, había hecho lo mismo conmigo. Sabía que sus pies me enloquecían. Perdí noción de lo que platicábamos, mi erección era tal bajo el bañador, que sentía unas ansias terribles por deslecharme. Estaba a punto de disculparme para ir al baño a masturbarme, cuando sus preciosos dedos se introdujeron bajo el bañador, rodeando la inflamada cabeza.
¿Verdad que es rico tener los pies calientes?-----La oí decir mientras clavaba por fin su mirada en la mía. Vi que sus ojos brillaban taimen de deseo, mientras hábilmente movía mi dura verga hacia arriba y abajo, con los dedos de su pie.
Afortunadamente, a punto de estallar en una terrible deslechada, y sin saber que contestarle, Ernesto propuso meternos a la alberca. Yo no podía levantarme entonces. Mi erección sería sumamente evidente para mi esposa además que Alicia no hizo el menor intento por retirar su pie de mi entrepierna por lo que mi esposa y Ernesto se metieron a jugar con los niños al agua.
Alicia aumentó el ritmo de los movimientos del pie, logrando que yo me deslechara salvajemente. Con el dedo gordo del pie, oprimía el agujero del pene, evitando que saliera la leche, para que al retirarlo, esta cayera violentamente sobre su preciosa pierna. Me estaba enloqueciendo.
Al levantarse rápidamente para ir a lavarse al baño, metí mi miembro en el bañador y argumentando tener que realizar una llamada telefónica, avisé a mi esposa de mi momentánea ausencia.
Lógicamente, fui tras ella. La alcancé saliendo del sanitario, después de haber lavado mi esperma de su pierna. La empujé hacia el interior, y sin decir ni una palabra, mientras nos dábamos lengua frenéticamente, la acosté en el piso, sobre el tapete del baño, boca arriba y prácticamente arranqué las bragas de su bikini.
Su vagina era tal cual la recordaba. Cuidada al extremo, rodeada de un espeso matorral de rizos negros, totalmente empapada con sus jugos, y el clítoris verdaderamente engrandecido y sensible, sobre el cual pasé de inmediato mi lengua.
Volví a sentir el sabor de su vagina. Sus preciosos pies, en máxima tensión eran involuntariamente arqueados en señal inequívoca de que su orgasmo estaba próximo.
Así fue. Estalló en gemidos que a duras penas pudo reprimir y tomándome de los brazos, me pidió con la mirada que la penetrara. Lo entendí claramente.
Colocando sobre mis hombros sus preciosas piernas, metí mi dura verga en el interior de la vagina, la cual por estar tan verdaderamente mojada por sus propios jugos, la recibió completa y de un solo golpe.
Empecé a bombear lentamente, mientras ella, entrecerrando los ojos, jadeaba al ritmo de mis empujones.
La velocidad de mis movimientos fue aumentando, mientras su respiración se fue entrecortando, sus jadeos aumentando y sus pies, uno a cada lado de mi cara, adoptaban esa forma tan sensual, con la que demostraba que otro orgasmo venía en camino.
No pude resistirlo. Mi boca apresó sus preciosos dedos, y mientras la hacía venirse una y otra vez, mi lengua recorría cuan largos eran sus preciosos pies. Metí la lengua entre los dedos, recorrí el dorso y la planta de cada pie con la lengua y ella seguía viniéndose una y otra vez.
De repente, retiró las piernas de mis hombros, saco mi miembro chorreante de sus jugos y de mi semen que amenazaba con brotar, y tendiéndome boca arriba, se sentó entre mis piernas. Yo supuse que iba a mamarme para que yo me viniera en su boca, pero fue grande mi sorpresa cuando colocó mi duro, grande y enrojecido pene, entre sus dos pies.
Arqueándolos con gran maestría alrededor de mi miembro, empezó a masturbarme con gran velocidad. Era una verdadera delicia. Yo luché hasta el cansancio para no venirme pues quería prolongar ese momento tan delicioso pero no pude más, era demasiado, la leche brotó abundantemente mojando esas dos preciosidades que no olvidaré jamás.
Ella limpiaba con las manos, el caliente líquido que caía sobre sus pies, llevándose a la boca los dedos para saborear el sabor e mi esperma. Fue una sensación que no olvidaré nunca.
Al recuperar ambos el aliento, nos besamos largamente en la boca y salimos del sanitario uno detrás del otro, para no despertar sospechas.
El resto de la velada, fue sin contratiempos, cruzando nuestra mirada de vez en cuando y yo admirando hasta el cansancio, esos preciosos pies, que me hicieron lo que nadie me había hecho.
Hasta el día de hoy, cuantas veces visito mi ciudad, trato de contactar a Alicia, pero no ha aceptado ningún tipo de encuentro de nuevo. Mientras tanto, mi esposa, que también tiene unos pies bellísimos, poco a poco ha ido aprendiendo a usarlos, de tal suerte que espero que algún día me produzca esa misma sensación: tocar el cielo.

Medico

Pesadilla Fetichista

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Era muy peligroso intentar seguir adelante. Había visto sucumbir a todos mis compañeros, a los que conocía y a los que no. Todos en el tercer piso. La niebla hacía de paredes y de techo. El suelo era de piedra. Y ahí estaba yo, lleno de temor. Sabía que mis enemigos tramarían un engaño perfecto e insalvable para mí como habían hecho con mis predecesores. Crearían algo de lo que no pudiese escapar, de los que no quisiese escapar, algo que yo desease. Y recurrieron a mis fantasías sexuales para atraparme.


No sé bien cómo apareció ni cuándo, pero me di cuenta de que enfrente de mí había alguien. Una mujer. Rubia, y en su cara un delirio diabólico. No recuerdo su cuerpo. Sólo su cara, el color de su pelo su sofisticado peinado y... y lo que me volvió loco, sus piernas. Bueno, tampoco eran nítidas, pero se sentían, estaban allí, esperándome.

No tardé ni siquiera un segundo en sacrificarme. Me acerqué a la misteriosa mujer rubia y excitado, empalmado incluso, me tumbé boca abajo delante de ella, a escasos centímetros de sus divinos pies. No lo dije, pero lo pensé, y ella oyó mi pensamiento: "Soy tuyo, señora. Te entrego mi cuerpo para lo que desees." Sé que la oyó, porque la sonrisa pervertida que esbozó no hubiera podido explicarse de otro modo.

Es absurdo lo que hice a continuación. Completamente indefenso, coloqué mis manos sobre mi espalda, con las palmas mirando al cielo y a ella. Mis manos querían ejercer de escabeles para el dolor de sus espuelas.

¡Qué inmenso placer erótico, fruto de mi desviación sumiso-fetichista, obtuve cuando noté las plantas subirse a mi espalda y estampar allí su sello! El calor de su piel se filtraba hasta la mía. ¡Y qué orgasmo en mi cerebro se desató al notar sus afilados tacones clavándose en las plantas de mis manos!

Ya estaba encima de mi, y dijo, satisfecha:

Así es como me gustan los hombres. –

¿Qué quiso decir? ¿Que ya era suyo por completo? ¿Que la debía obediencia? ¿Que el sitio de los machos era a los pies de sus diosas?


Yo hubiera deseado haber disfrutado esa esclavitud un rato. Después, cuando se hubiese aburrido de comprobar mi devoción, me habría concedido el increíble privilegio de besar, lamer, chupar su calzado e indirectamente sus pies. Habría visto la deliciosa herramienta de tortura, una pareja fascinante de piernas enfundadas en un material negro, oscurísimo, y acabadas en el tacón del tormento. ¿Sería goma? ¿Sería su piel, la exquisita piel que envolvía el contorno de sus pies? Tal vez se fusionaban la prenda y el contenido.

Da igual. Yo habría adorado con mi lengua aquellos pies, sostenidos por el tacón de metal, un puñal para hundir en el cuerpo del sumiso. No sé cuándo me habría corrido. Enseguida, no lo dudo. Pero no sé si hubiera aguantado hasta después de degustar la textura de la goma. A veces mi lengua se trabaría, a veces fluiría libre sobre el suave y brillante y húmedo material. Y si conseguía terminar todo el perfil de esos pies ó de esos zapatos ó de aquella imposible mezcla de ambos, hubiera sido tan osado que abriría los ojos para ser cegado por el negro brillante conferido por mi saliva.


Pero no pasó eso. Mi verdugo aplicó el castigo con prontitud. Noté que los tacones se iban afinando más y más, creciendo el dolor. Llegaron al límite en el cual, si se hiciesen más delgados y afilados, perforarían la piel y mi cuerpo, empalándome. Intentaba zafarme del suplicio. Movía mis manos, torturadas por los tacones. Nada conseguí. Y mi ama, feliz por ser la artífice de mi ejecución, ordenó a los tacones mágicos afinarse un poco más. La piel se abrió, las palmas de las manos fueron cosidas por los tacones a mi espalda. Y en menos de lo que se tarda en decirlo, esos tacones asesinos traspasaron mis pulmones y tocaron el suelo.

La severa castigadora rió hasta enronquecer al observar que, en mi rápida agonía, me corrí.

Dr Saccher

Pies de Seda

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Hola, me llaman Descalzo y soy un hombre de 27 años que disfruta todo lo relacionado con el sexo. Particularmente lo que más me gusta es todo lo relacionado con la masturbación, el exhibicionismo y sobre todo los pies femeninos. Unos pies lindos y suaves pueden ser tan provocativos y sexys que fácilmente pueden producir en mi una excitación total que muchas veces me es imposible de ocultar. Hoy voy a compartir con un ustedes una experiencia que viví hace 2 meses con una chica que jamás olvidare.
Era un día de trabajo como cualquier otro y me encontraba navegando en Internet durante la hora del almuerzo. Casi todos habían salido a comer y la paz del lugar me permitía meterme en paginas de historias eróticas. Me encanta leer sobre experiencias de otras personas que tenemos el mismo deseo sexual, y disfrutamos leyendo los que otros hacen para que, después de calentarnos un rato mientras leemos, terminemos con una rica masturbación a solas. Me encontraba totalmente sumergido leyendo una historia de 2 amigas que descubrían la masturbación juntas cuando comenzó a sonar el teléfono. Conteste y era la persona encargada de la entrada que me decía que había un cliente en la puerta y que no había nadie que lo atendiera. Yo molesto por la interrupción y con mi respiración aun exaltada le conteste a la operadora que no quería recibir a nadie en ese momento porque me encontraba almorzando. La operadora insistió en que la persona no quería irse y que le urgía ser atendida en ese instante. Finalmente, no tuve mas alternativa que suspender lo que leía y me fui molesto a recibir a la persona. Pero todo se nublo en mi mente cuando vi aquella chica de unos 20 años esperando en la recepción para ser atendida. Era muy sexy, elegantemente vestida con un taller, de cabello castaño y liso, alta, como de 1.78 m, delgada pero con unos pechos sobresalientes, una cintura pequeña y unos pies hermosos que resaltaban en unas divinas sandalias que solo tenían una pequeña tirita, lo cual permitía poder observar con detalle aquel par de pies grandes y bellos. Creo que evidentemente mi cara me delato cuando al verla me saco la mas dulce sonrisa y le estreche la mano gentilmente para invitarla a pasar. Para mí fue inolvidable el momento en que suavemente pronuncio su nombre...: "Carolina". Ella se mostró bastante agradada e inmediatamente comenzó a hablar de la compañía a la cual representaba mientras caminábamos hacia la sala de reuniones. Debo admitir que no le preste ninguna atención a lo que decía. Mis ojos lo que hacían eran devorarla sin disimulo mientras ella conversaba sin parar. Una vez en la sala de reuniones, mande a que nos trajeran café y ordene que no nos interrumpieran. Poco a poco trate de quitarnos la formalidad de la reunión y de repente cuando leía uno de sus informes para un proyecto ella me dijo: "Me encantan estas sandalias. Las compre hace 2 semanas y ya no sufro teniendo esos zapatos cerrados todo el día" al mismo que tiempo que decía esto, tenia una pierna cruzada, con su pie derecho descalzo encima de su muslo izquierdo, y su mano acariciando tiernamente la planta desnuda de su pie. Inmediatamente me comento "Me encantan además, porque me las puedo quitar en cualquier parte y mis pies se sienten frescos y libres". Quizás para ella ese era un tema de conversación trivial, pero para mi fue motivo suficiente para excitarme. Estaba en shock mientras veía aquella belleza acariciándose sus plantas sin ningún pudor en frente de mí. Lo único que alcance a decir fue: "Tienes unos pies preciosos Carolina". Ella sonrió y me contesto: "Gracias Luis; te puedo llamar Luis, no?" y yo conteste "Claro mi vida, dejemos tanta formalidad". Hubo un instante de silencio; un intercambio de miradas y de sonrisas. Poco después ella me dijo "Luis, porque no nos vamos a tomar un café en otra parte y hablamos con mas calma, te parece?" No podía creer que aquella mujer fuera la que estuviera insistiendome en salir de ahí. Me sentí confundido; incluso por un momento pensé que estaba soñando. Decidimos irnos en mi auto, y una vez en el auto su mirada se torno mas relajada y llena de picardía. Comenzamos a hablar con mas confianza y dejamos el tema del trabajo de lado. Mientras hablábamos ella se quito sus sandalias y recostó sus pies descalzos encima de la aguantera del carro. Inmediatamente después me dijo "Te juro Luis que si fuera por mí viviría descalza. Siempre me pasa que donde quiera que voy estoy es buscando el momento para quitarme las sandalias…" "Es que me encanta sentir que las plantas de mis pies tocan algo que no son mis zapatos…" "creo que por eso es que me la paso acariciándome los pies". Yo no podía creer que aquella mujer me hablaba tan frescamente de algo que para mí había sido motivo de excitación durante toda mi vida. Mi respuesta fue "Mi amor, es que realmente tus pies son preciosos… no deberías usar ningún tipo de zapatos… " al mismo tiempo que decía eso mi mano se dirigía a su pie y acaricie con ternura la suave piel de sus plantas. Ella dijo "Ay Luis... eso me encanta… síguelo haciendo, porfa". No había terminado de decirme eso cuando coloco sus 2 pies descalzos sobre mi pierna derecha. Casi sin pensar comencé a acariciarle las plantas de sus pies con mis manos… sentir aquella piel fresca… suave… bella… evidentemente cuidada… me hizo casi temblar mientras seguía manejando. Sus pies eran grandes, quizás calzaría un 43, eran delgados y largos y sus dedos eran perfectamente redondeados. Nunca había visto unos pies tan bellos con una piel de seda que era bella solamente para verla. A medida que le acariciaba los pies, sus ojos re tornaron muy brillantes y poco a poco fue cerrándolos mientras mostraba la mas dulce de las sonrisas. Con sus ojos cerrados me dijo a manera de confesión: "Luis, te tengo que hacer una confesión". A lo que yo le dije:"lo que quieras mi vida… dime". Ella contesto: "Eso que haces es lo que más me excita en el mundo… creo que estoy a punto de alcanzar el orgasmo si continuas acariciándome los pies de esa manera". Y yo le dije: "Carol, a mi también me excita hacerte esto, te juro que podría hacerlo toda la tarde". Y ella contesto: "…si sigues me voy a tener que masturbar". En ese momento sentí un escalofrio en mi cuerpo; por un momento pensé en solamente detener el auto y hacerle el amor en donde fuese. Mi reacción fue levantar uno de sus pies y comenzar a lamérselo con mi lengua, mientras yo seguía manejando. No sabia a donde iba. Solo queria lamer sus pies y siguió sintiendo esa locura del momento… quería hacerla delirar de ganas. Mi lengua recorría con ansias toda la piel de sus plantas y termine chupando los dedos de sus pies, uno por uno. No quería parar, quería mas, estaba saciando mi mas profundo anhelo con unos pies femeninos. Aun recuerdo lo suave que se sentía mi lengua cuando lamía sus plantas. Recuerdo incluso que sus pies olían al mismo perfume que ella usaba. Ella poco a poco reclino su cabeza hacia atrás y termino casi totalmente acostada. Comenzó a gemir, era como si ya no podía contenerse mas. Me decía "No pares mi amor, no pares, sígueme lamiéndome los pies, esta demasiado rico". Fue entonces cuando se bajo el cierre y vi como su mano desapareció dentro de sus pantalones. Su mano se movía frenéticamente, con ganas, casi con desesperación. Estoy seguro que en aquel momento ella no podía parar, aunque se lo hubiese pedido. Estaba como perdía en el placer, masturbándose con ganas y diciéndome "Papi, que rico, no pares, sígueme lamiendo los pies". Fue entonces cuando ya los gemidos se convirtieron en gritos… y mi boca ya no lamía sino que chupaba sus pies… era como un vicio… era como si yo tuviera el orgasmo al mismo tiempo que ella. Todo esto mientras yo manejaba. La verdad es que no note si alguna persona en otro auto nos vio, pero de haber sido así, ojala que haya disfrutado viendo solo el 10\% de lo que yo sentí. Casi llegando al orgasmo, ella se quito la blusa que cargaba puesta, así como el sostén, para así poder apretarse bien los senos y pellizcarse los pezones como tanto quería. Finalmente, su orgasmo fue una especie de convulsión en la que agitaba la cabeza y sus manos apretaban con fuerzas sus senos y su clítoris. Fue increiblemente bella su cara de felicidad al terminar y ver el brillo de sus ojos. Fue entonces cuando decidió sentarse de lado, viendo hacia mí, aun con sus senos al aire libre y con riesgo a que alguien en los autos cercanos notara que no llevaba nada puesto. Pero su cara de felicidad me demostraba que nada mas le importaba… que se sentía feliz y que había sentido algo que hacia muchísimo tiempo deseaba muy dentro de si misma.
Yo disfrute increiblemente de aquel espectáculo, tanto, que solo con lamerle sus pies mi ropa interior estaba toda llena de semen. Poco tiempo después de su orgasmo, cuando ella recupero el aliento y yo seguía aun manejando sin rumbo, recostó su pie encima de mi pantalón, exactamente encima de mi miembro. Me dijo "Es tu turno mi rey". Sin decir, una palabra, saco mi miembro fuera de mi pantalón y lo comenzó a chupar divinamente por un largo rato. Lo hacia tan bien, se lo metía casi todo en su boca y lamía con suavidad la cabeza. Me sentía en el cielo. Después se acomodo y comenzó a masturbarme con la planta de su pie. Era divino, se sentía mejor que si lo hubiese hecho con su mano. El ritmo era perfecto… sin presionar mucho, ni poco. Por un momento creí perder el conocimiento mientras manejaba. Me siguió masturbando con su pie, y por pequeños lapsos, interrumpía lo que hacia y dirigía su pie a mi boca para que lo chupara. Me encanta aquel espectáculo, yo lamiendo sus preciosos pies con mi semen sobre ellos. Me fui excitando mas y mas y por un momento desee que eso durara para siempre. Cuando estuve mas cerca del orgasmo mis gemidos eran ya gritos… y no hacia mas que repetirle "Me encantas Carolina, no pares, dame tus pies, quiero chuparlos". A los pocos minutos sentí venirme y ella hábilmente cambio de posición y espero que todo mi semen fuera derramado dentro de su boca. Fue exquisito, chupo cada gota de mi semen, tragándoselo todo, sin dejar rastro. Finalmente, concluimos con un largo beso lleno de agradecimiento y placer. Después de mucho rodar terminamos en un motel, haciendo el amor toda la noche. Por supuesto, en todo lo que hicimos, siempre buscamos usar nuestros pies de alguna forma… pero ya esa será parte de otra historia. Lo que si es que debo admitir que esta fue la mejor experiencia sexual que jamás haya tenido en toda mi vida.


Descalzo

Peluqueria Muy Especial

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Una vez mas recorrí la calle para encontrar el número que mi esposo me proporcionó, finalmente un señor con una bata de peluquero me indica que la estética que yo buscaba estaba al otro lado de la acera y él mismo me lleva.
Quise sentarme en una silla que se veía disponible, pero me dijo que no, que siguiera caminando hasta el final del pasillo y que dijera a las personas que estaban ahí que me atendieran.
Hacía calor, y yo estrenando, falda de satín, blusa de ceda, medias, brasiere, pantaleta y con sostén de lycra, zapatos de tacón alto, en fin andaba muy acalorada ese día.
¡Qué buenas nalgotas! Me pareció que dijo y pensando que no hablaba de mí, seguí caminando a donde él me había indicado.
-Siéntate, en un momento te atiendo. -Dijo uno de los dos que estaban ahí. Me senté quedando de espaldas a ellos y como no había espejo enfrente de mí, no podía verlos, entonces manipulando mi cabello uno de ellos me preguntó:
-¿Y cómo lo va ha querer?
-Cortito, con flequito así como japonesita, es como le gusta a mi marido, que por cierto él me recomendó con ustedes.
-Bien bien, vamos a ver qué podemos hacer.
Eran bastante diestros y nada más con tijeras y un peine me hicieron el corte. Me dieron un pequeño espejo y vi que habían hecho un buen trabajo, tal como yo se lo había pedido.
-¿Ya terminaron? -Preguntó el señor de bata.
-No, todavía nos falta peinarla.
-Si nos permite, vamos a hacerla hacia atrás para que podamos lavarle el cabello y la podamos peinar más fácil. -Sugirió.
Pusieron un lavabo portátil detrás de mí y rotaron una manivela haciendo que el sillón se empezara ha inclinar hacía atrás, pensé que estando totalmente horizontal ya podrían trabajar, pero mi cabeza aún no llegaba al cuello del lavabo.
-Ya casi. -Susurro. Y quedé más inclinada de lo normal.
Después comenzó a enjuagarme y lavarme el cabello con champú.
-Vamos ha ponerla más cómoda. ¿Le levantamos un poco sus piernas señora?.
-Sí por favor.
Escuché que armaban algunas cosas de metal a ambos lados del sillón. Suavemente y con ambas manos los dos ayudantes empezaron a elevar mis tobillos, se doblaron levemente mis rodillas y finalmente mis pies y zapatos descansaron en unos soportes donde embonaron perfectamente. Mientras me masajeaba despacio la cabeza con las dos manos, afirmó:
-Fíjese que su marido nos pidió le afeitemos la zona del bikini, porque no le gusto que se le asomaran algunos vellos cuando usted estrenó la tanguita que él le regaló.
-¿Ustedes también ofrecen este servicio? -Pregunté azorada.
-Sí señora, también nos dedicamos a eso, disculpe: ¿Le seco el cabello y procedemos?.
-Sí, por favor.
En ese momento pensé que me iban a incorporar y con una secadora me peinarían y después de pagarles me iría a mi casa, pero rápidamente cambiaron el lavabo por un taburete con una almohada, y ahí recargaron mi cabeza. Empezaron a secarme el pelo muy despacio con una toalla extra grande que me tapaba la cara por completo. Posteriormente afloja el de bata los dos soportes adheridos a mis pies y que acababan de incorporar al sillón, moviéndolos y ajustándolos muy lentamente, con esta acción se fueron doblando mis rodillas aún más y las fue desplazando hacia mí, hasta llegar casi a la altura de mis hombros.
-¿Y qué se supone que está haciendo señor?
-Le voy a tomar una fotografía a la zona genital para que usted compare junto con su esposo cómo se le ve ahora su pantaleta y cómo se le va a ver con tanga cuando termine de rasurarla. ¿Está bien?.
-Si así lo dispuso mi marido.
-Le voy a bajar un poco su pantaleta para que yo pueda empezar ha trabajar.
-Bueno bueno... Oiga espérese tantito. ¿Y el procedimiento es molesto?.
-No se preocupe, tengo amplia experiencia en estos menesteres y seré muy cuidadoso. -Aseguró.
El señor de bata, me baja, quiero decir me sube un poco mis calzones hasta antes de mis rodillas y con un pedazo de tela suave empezó a limpiarme las nalgas, después lo remojó en agua tibia y lo enjugó en mi pubis, en mi vagina, levantando mis piernas todavía un poco más le empezó a llegar agua caliente a mi ano, y al mismo tiempo empezó a frotarlo y lo volvía a enjuagar y ahora eran mis labios mayores y mi pubis, como necesitando asear bien la zona, iba desde mi ombligo hasta mi ano pasando por mi vulva y otra vez todo el recorrido con la tela y a veces se detenía exploraba más de la cuenta, junto con mis fluidos que ya empezaban a confundirse con el agua y el algodón de la tela .Y de ahí a la profundidad de mis nalgas: mi esfínter empieza a abrir a cerrar con espasmos rápidos, indecibles, deliciosos, en un frenesí de sensaciones maravillosas, y el señor de bata está diciéndome que es para que sea más fácil afeitar la zona y para que no estén tan duros los vellos y él continúa hasta que yo llego a mi clímax.
-Considero que está lista para ser afeitada sin que tenga la más mínima irritación. - Anunció.
Luego instruye a uno de sus asistentes para traerle unas tijeras; siento que empieza a cortar en la parte de arriba de mi pubis, y me explica que es más fácil rasurar con el pelo más corto, en ningún momento cortó el vello de mis labios mayores.
Después indica al ayudante que empiece a aplicar un poco de aceite en la parte del pubis para que él pueda empezar a afeitarme, pidió hojas nuevas para su navaja abatible, y desde la parte inferior del ombligo comenzó a trabajar, hacia abajo sin descañonar, suavemente, yo sentía que lo hacía con mucho cuidado pues eran muy cortas sus trayectorias, noté que me estaba dejando un mechón de pelo hasta antes de mi vagina, mismo que ya estaba debidamente recortado.
Con una toalla afelpada, húmeda y muy suave empezó a retirar el exceso de aceite y vellos, en ese momento pensé que iba ha realizar la maniobra anteriormente descrita pero no fue así y supuse que ya habían terminado.
-Vamos a incorporarla señora.
-Adelante. -Le respondí.
Me quitaron los soportes, y así pude estirar mis piernas e instantes después el sillón ya estaba en su posición original, que nunca me subieron mi pantaleta a su lugar.
-Bueno, pues muchas gracias señores. -Dije.
-No señora, fíjese que todavía no terminamos, nos falta todavía la parte de la entrepierna.
-Oiga y ¿por qué no lo hizo en su momento?.
-Es que notamos que usted ya no estaba cómoda en esa posición y decidimos que sería más fácil para nosotros dejarla descansar un poco.
-Tiene razón ya me estaba cansando.
-Me hace el favor de pararse sin subirse sus calzones. -Sugirió.
-¿Por qué no me los puedo subir?. -Le pregunté extrañada.
-Lo que pasa es que esta todavía mojada y si las acomoda se pueden manchar y se ve que están muy finas.
Rápidamente le cambiaron algunas cosas al sillón y me pidieron que caminara hacia atrás muy despacio, de hecho ellos me iban guiando, de reojo podía ver que ya no era el sillón que yo había conocido, el asiento ahora era una sola pieza totalmente horizontal como una barra, mucho más angosta y forrada de hule, estaba más abajo y quedó exactamente debajo de mi pantaleta, entonces cada vez que daba un paso hacia atrás tenía que separar necesariamente mis rodillas, sólo di tres o cuatro pasos y me pidió que me sentara, quedando al final de la barra y él a un lado de mí.
-Hacia delante por favor señora. -Dijo. -Y con suavidad tomó la parte posterior de mi cabeza y empezó a inclinar mi cuerpo hacia delante, mientras uno de sus ayudantes ponía un enorme y suave cojín a la altura de mi vientre, me siguió inclinando hasta que mi cara casi topó con la barra.
-Ponle una almohada, no se le vaya ha raspar el cutis. -Ordenó.
De inmediato uno de sus ayudantes trajo una almohada de satín y la acomodó debajo de mi cara. Entre los dos ayudantes armaron nuevamente unos soportes a ambos lados de la barra, después suavemente y con ambas manos los dos al mismo tiempo empezaron a elevar mis tobillos doblando levemente mis rodillas, pero esta vez me quitaron los zapatos y metieron mis pies en una especie de pedales fijos con funda, mismos que ajustaron perfectamente, acto seguido, atornillaron unas agarraderas de gimnasio adelante de mi cabeza.
-Estire sus brazos y no suelte las agarraderas que acaban de poner.
Entonces quede montada en la barra, completamente horizontal del dorso, todavía cubierto con mi falda y totalmente expuesto mi ano, el introito de mi vagina, mis labios mayores con vello y la línea isquiática que divide mis dos nalgas.
-Ya esta lista, solamente falta subir la barra.
Al instante accionaron un hidráulico que subió la barra como medio metro, quedando mi trasero exactamente a la altura de la cara del señor de bata que oportunamente se había colocado detrás de mí.
-Le voy a subir su falda. -Advirtió.
Lentamente la recogió desde mis tobillos hasta mis hombros.
-¡Necesito más luz y levantarle más la cadera!, -Exclamó.
Inmediatamente sentí el calor de un foco de gran intensidad cuando conectaron la lámpara de fotógrafo que ya tenían dispuesta, mientras uno de asistentes me pedía que levantara más mi vientre para poder acomodar un cojín adicional y así se levantase mi trasero a la altura que él estaba pidiendo.
-Esta vez voy a usar un rastrillo. -Observó.
Con dos dedos me frotó un gel graso en mis labios mayores.
-Tiene dos belfos maravillosos: azulados y carnosos.- Comentó en voz baja y refiriéndose a mis labios menores.
Terminó de untar generosamente el gel y se dispuso a afeitar la zona faltante. Presionando con el dedo pulgar, y haciendo a un lado mis labios menores, que sobresalían de manera irremediable hacia fuera, comenzó a afeitar hacia abajo y de una sola pasada uno de mis labios mayores, se estaban mezclando mis fluidos con el aceite, no faltaba mucho para tener mi primer espasmo del anillo muscular que cierra el esfínter anal.
Sucede que cuando él prueba con sus dedos la elasticidad de mis pétalos, sobrevienen las contracciones: involuntarias, son dos, tres, cuatro,..., y no puedo controlarlas, tengo la certeza de que él pudo observar la intensidad del abrir y cerrar de mi placer con gran detalle.
Fueron dos ultimas trayectorias cuidadosas, expertas, al ras, esta vez de abajo hacia arriba descañonando la piel: perfectas.
-Ya terminamos. -Dijo. -Mientras los dos mozos liberaban mis pies de las dos fundas y yo me incorporaba lentamente.
-¡No! ¡No! Yo se los subo. -Vociferó. -Mientras hacía el intento de subirme los calzones.
Se inclino metió sus manos debajo del satín y me subió los calzones hasta arriba.
-Aquí la esperamos mañana. -Afirmó.
-¿Ya terminaron, no?
-Sucede que ya no nos dio tiempo de tomarle las fotografías para compararlas.
-Bueno, nos vemos mañana.


Derzzu

Los Pies de mi Vecina del Cuarto Piso

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Bueno ante todo esta historia es absolutamente real y actual

La cosa es así....todo empezó una hace mas o menos dos semanas atrás.....
Voy a realizar una breve introducción acerca de mi vida, para que se entiendan mejor las situaciones y circunstancias de cada caso
Bueno, hace mas de 3 años que vivo solo, o completamente solo, por que digo esto? Por que vivo en el barrio de Once, en Capital Federal y más precisamente mi departamento esta en un edificio de oficinas comerciales, es decir no es apto vivienda, y soy además del portero (que esta en piso 14, yo estoy en el 11), el único que vive en el edificio y también el único que queda en el edificio después de los horarios habituales de oficina de los días hábiles, lo que claro tiene muchas ventajas y desventajas, pero no viene al caso, comentarlas en este momento.....
Luego de la introducción voy al tema en cuestión... Bueno como les decía me entere que había una chica que estaba viviendo en el edificio desde casi dos semanas, de todas formas yo me entere de eso, mas o menos hace 1 semana solamente.
Mi reacción fue que claro...por un lado me puse contento por varias cosas...
1-Ya no estaba solo en edificio
2-Se trataba de una chica y no de un chico
Por lo tanto me puse a investigar e indagar quien era ella, a nivel antecedentes, que gracias al custodio de seguridad pude enterarme rápidamente, todo esto a los efectos de saber con que bueyes araba (termino argentino) o mejor dicho para saber si se trataba de gente con la cual podía darme a conocer sin problemas, con lo cual una vez resuelto esto....solo restaba lo mas importante conocerla y saber de quien se trataba.....
También me entere que trabaja justo enfrente del edificio donde ambos vivimos, así que para ir al grano, el Lunes 20 de Agosto último fui al comercio (boutique) en la cual trabaja, y me quede sorprendidisimo, por que era muy linda, claro que en ese momento no le pude ver los pies, por que llevaba botas.
Yo le dije:
"bueno te vine a saludar, para que sepas que no sos la única que vive en el edificio, es mas ahora somos dos...y bueno no te asustes si escuchas ruidos raros de noche, puedo ser yo.....y cualquier cosa que necesites me avisas, etc., etc."
Ella me dijo
"gracias, gracias sos muy amable, etc, pero lo más importante fue que me dijo bueno te llamo para que vengas a curiosear mi casa, así conoces como es mi departamento" y quedo ahí
Al día siguiente, Martes, yo estaba ansioso de que me llamara por el portero eléctrico (ya que es un sistema de intercomunicadores de todas las oficinas del edificio), eran las 9, las 10, las 11 de la noche y nada.....con desconsuelo me resigne.........pero............a las 12.15 de la madrugada sonó el teléfono, (claro era ella quien mas) y me dijo "que tal, que estabas haciendo.....queres bajar a conocer"? yo mas vale dije que si y baje......
Bueno cuando yo llegue la puerta estaba entreabierta y me dijo pasa, pasa, casi me muero lo primero que vi, fue a ella, sentada en una cama de dos plazas, a lo que tuve que tragar saliba para hacerme el que la situación no me afectaba en lo mas mínimo.....
Luego de conversar un rato, la invite a conocer mi casa del piso 11, con la excusa de que para no quedar como descortés, yo le tenia que devolver la atención, que había tenido conmigo y además para demostrar mi hospitalidad...
Con lo cual subimos a mi depto, eran ya el 1 AM del Miércoles, y en mi casa charlamos hasta las 3 AM
La chica en cuestión tiene 37 años, es de la provincia del Chaco, de un pueblo con muy pocos habitantes (3500 habitantes) y bueno la verdad me quede helado con las cosas que me contaba....era la típica historia de una chica del interior que vino a Buenos Aires, cuando tenia 16 años.. solo con un par de condimentos adicionales.............por ejemplo que tubo mas de 6 intentos de violación.......y el primero de ellos fue a los 6 años, el resto imagínenselo Uds., por que ya seria mas largo de contar........bueno me quede literalmente blanco....y pálido después de escucharla.......
Bueno vamos al grano ahora si, tenia que llegar a sus pies de alguna forma, con lo cual no se me ocurrió mejor forma, que inventar una historia en la cual, el mes anterior había hecho un curso de reflexologia, explicándole que consistía en masajes en los pies, que sobre todo relajaban el cuerpo, y libraban de dolores y tensiones al cuerpo, ella puso cara de interesada, pero no le presto demasiada importancia......pero yo le dije que seguramente a ella le vendría bien por que normalmente esta todo el día parada (de pie) en su trabajo
Bueno ese mismo día el Miércoles me había propuesto invitarla a mi casa a cenar, y me obsesione con poder verle los pies, no importa como sea.....el tema es que la llame y la invite a comer ella claro acepto con gusto........y mas después de la primera buena impresión que ambos habíamos tenido mutuamente....
Pero le dije con el mejor tono de boludo (distraído) "che fíjate si podes venir con pantuflas u ojotas ya que en mi casa, puse cerámicos nuevos en el piso (cosa que es verdad) y no quiero rayarlos, por eso yo ando descalzo acá y bueno espero que a vos claro no te moleste"
Ella me dijo no hay problema............a lo cual hablamos dos palabras mas y yo le agregue bueno subite cuando este lista y no te olvides de venir descalza"
No les puedo explicar el nivel de excitación que sentía ni bien termine de hablar hasta al momento que subía a mi casa, (no podía ponerme los pantalones por la erección que tenia)
Cuando subió vino en pantuflas, pero lamentablemente tenia puestas medias de algodón..........bueno algo es algo........no obstante, después de cenar, y la sobremesa, le pedí que me hiciera un favor, jugándome el todo por el todo...."le pedí si me dejaba hacerle masajes en los pies, ya que quería comprobar que tanto me había olvidado de ese curso de reflexologia, y por otra parte que tan bueno era en verdad, ya que ahí solo pude practicar con hombres y no era de mi mayor agrado eso (claro que era todo mentira)
Ella me dijo claro no hay problema y se saco las pantuflas y las medias pero también tenia puesta medibachas o pantymedias debajo de su pantalón.....con lo cual pude verlo los pies debajo de las pantys color piel,,,,y no sus pies desnudos, pero con eso me conformaba, claro....
A todo esto me tome todo el tiempo que tenia para memorizar cada parte de los pies de ella, que les paso a detallar...
Calzaba 36 y medio, casi 37, tenia buenos arcos, tenia muy buenas uñas, y dedos, y además se les notaba las venitas en el empeine, de tanta circulación de sangre al estar parada todo el día....
La cuestión es que empece a masajear sus pies y lentamente y mientras seguíamos charlando de otros temas.......por un plazo de 20 minutos aproximadamente.......después yo quise ir mas lejos todavía......mientras que notaba que sus pies estaban mas relajados y blandos a las caricias de mis manos, y le comente con el mejor tono de boludo..........."sabes que me entere en el curso que hice que hay hombres que les gusta mucho los pies de las mujeres y les excita además", no me digas.......dijo ella........"a mi me gusta mucho usar en verano, sandalias de taco alto, con tiritas finitas, por que me parece muy sensual y elegante, además de pintarme las uñas de los pies, etc., etc., yo estaba realmente super excitado........y como ya estabamos en tema, le conté todo o casi todo o lo mas importante que se acerca del fetichismo de pies, y ella se quedo impactada...............FUE INCREIBLE......no solo estaba masajeando sus pies, sino que también estaba hablando sin vueltas y sin rodeos del fetichismo de pies, claro siempre en tercera persona, no de mi, pero creo que intuía, que algo de mi, también tenia que ver con las personas de la que el hablaba (ya que era mucha casualidad, toda la situación)
Lo único malo era que no estaba con los pies completamente desnudos, por que tenia puesta las pantys, además me olvide de contarles el exquisito olor a transpiración de todo un día de trabajo parada, mezclado con polvo del talco que usaba.....
En definitiva le pregunte si le gusto el masaje y me dijo que mucho, a lo cual yo le dije "que solo era un 25% de mi verdadero potencial y que además tenia que estar con los pies totalmente desnudos, para que el masaje sea 100% efectivo, es decir, era necesario el contacto de mis yemas de los dedos de las manos, con sus plantas, ya que era allí donde estaban las terminales nerviosas, y es mas le dije también que era muy efectivo también el masaje con las plantas de otra persona, en este caso las mías, y también con la lengua, ya que le suavidad de la lengua, junto con la saliba (y sus propiedades cicatrizantes y curativas) hacían que el efecto beneficioso del masaje sea multiplicado por 10 y claro sus piecitos puedan estar mejor.......(claro que se lo creyó todo y me dijo que la próxima venia descalza) y que si era tan bueno como yo le aseguraba que ella,,,,no iba a parar de pedírmelo hasta que me cansara......y que con la muestra que había tenido hoy le alcanzaba para darse cuenta que le había gustado mucho
En fin, hace falta algún comentario mas..........creo que no........
Bueno lo mejor de todo esto, es que esto sigue y seguirá, claro que de sexo todabia nada con ella, prefiero esperar mas tiempo, haber como se dan las cosas.........total lo mas importante ya lo tengo no.............
Estoy a los pies de ella, o mejor dicho los tengo en mis manos.......jajajaj
Espero tener continuaciones
Un Saludo


adrian

Los Pies mas Hermosos

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 Hola saludos a todos , me llamo Denis, tengo 23 años y estoy a punto de culminar la carrera de informática de Venezuela. Ahí va mi historia; soy adorador de pies femeninos desde muy joven, todo empezó por los bellos pies de mi tía que vivía a unos 200 metros de mi casa, cada vez que llegaba de la escuela me iba para la casa de mi tía a ver la televisión, ella se acostaba en la cama con los pies descalzos, también a ver la TV, desde las 6 pm hasta las 8 pm, todos los días, mientras esperaba que llegara su esposo y yo me acostaba al lado de sus pies, yo no me imaginaba que me iba a convertir en fetichista, pero ella empezaba a mover los pies uno encima del otro y yo, como los tenía a unos 60 centímetros de mi cara, empecé a mirárselos y poco a poco me di cuenta que me gustaban esos pies, y poco a poco me movía. Y los tenía a sólo 5 centímetros de mi cara y pasaba el tiempo y todos los días le olía y contemplaba esos bellos pies de mi tía por varios años, ella se dio cuenta que me gustaban sus pies y creo que ha ella le gustaba que se los oliera, pero nunca me atreví a darle un masaje o besárselos, aunque se me hacía agua la boca y ella tampoco me dijo, por respeto y miedo a que me rechazara y más nunca me permitiera a estar cerca de sus pies. Una vez mi prima, de mi misma edad, hace años se quedó varios días en la casa de mi tía y ella le dijo a mi prima disimuladamente, que yo no me diera cuenta (por cierto tiene unos pies hermosos), que a mí me gustaba olerle los pies, entonces mi tía hizo la prueba delante de mi prima, mi tía se acostó en la cama puso los pies en ella y yo me puse muy cerca de sus pies que me rozaban la cara y después se echaron a reír y se fueron. El mismo día en la noche cuando llegué de la escuela me fui corriendo para la casa de mi tía a ver la TV, ya que sabía que estaba mi prima, y me encontré con la sorpresa que mi tía y mi prima estaban viendo la TV y cuando entré al cuarto lo primero que les vi fueron los pies de esas 2 bellezas y me acosté en la cama, al lado de los pies de mi tía, y al rato estaba oliendo los pies bellos de mi tía y mi prima. Esa fue una de las mejores noches que en esa época pasé, todos los días, cuando terminaba de adorar los pies de mi tía, me quedaba su precioso olor de pies en mi nariz y pasaba el resto de la noche soñando con esos bellos pies, y así pasaron como 8 años. Ahora que crecí ya mi tía no me pone sus pies, supongo porque ya soy una persona adulta pero nunca olvidaré esos pies de mi tía. Ahora ya tengo 23 años, he tenido muchas novias, pero no me he atrevido a decirle que soy fetichista del pie, sólo a una le dije que me gustaban los pies bonitos, ella se sorprendió aunque no mucho. Una vez fuimos a la playa con su familia, yo nunca le había visto los pies, ya que siempre usaba zapatos cerrados, ella se estaba desvistiendo y yo estaba esperando que se quitara los zapatos para poder verle los pies, para mi sorpresa, no tenía los pies bonitos, pero aun así me gustaron. Un día estábamos en mi casa y ella me pidió que le besara un pie, se los besé y le gustó, guaooo sí que me gustó, otro día ella se quedó a dormir en mi casa, yo me acosté del lado de sus pies y pasé toda la noche durmiendo, abrazado a sus pies, qué rica sensación sentí. ¿Se acuerdan de mi prima la que se quedó en que mi tía?, bueno, actualmente tiene 22 años, voy a su casa una vez por semana, es muy bonita y con unos pies súper apetitosos, ella cuando ve la TV se sienta en un mueble y pone sus pies sobre otro mueble y, por supuesto, yo me siento y me acomodo al lado de sus pies, qué bellos son, pongo mi cara a unos pocos centímetros de sus hermosos pies. Voy a su casa sólo por esos hermosos pies, aunque a veces no está, o está pero tiene zapatos, y me llevo una gran decepción de no tener cerca los pies de mi prima, yo creo que ella sabe que me gustan sus pies, pero no me atrevo a decirle por miedo a que me rechace, ya que cuando estoy cerca de sus pies ella los mueve mucho y se los mira, le agradecería a los miembros del Grupo que me den unos consejos para caerle a mi prima y poder adorar esos pies de mi primita. También voy mucho a la playa, ya que vivo en Caracas y la playa me queda a unos 45 minutos de la capital, voy a la playa por lo menos 2 veces al mes, generalmente los domingos y días feriados, que son los días donde hay más gente. Miren lo que hago, amigas y amigos, me paseo por la playa en busca de una chica (generalmente entre 18 y 28 años) bella, con unos pies hermosos, cuando encuentre a una o a varias, ya que a veces van con amigas, cuando están acostadas bronceándose, yo me acuesto y pongo mi cara muy cerca de sus pies, a unos 5 centímetros de mi cara, a veces, si la chica lo permite, estoy tan cerca de sus pies que pongo mi cara y mi nariz y toco sus pies, cómo disfruto esos momentos. Por cierto, la semana pasada fui a la playa, había una chica de unos 19 años, bien hermosa, y unos pies super, estaba con un grupo de amigas, ella estaba acostada boca abajo y yo estaba tan cerca de sus pies que me rozaban la cara, ella se dio cuenta y me preguntó \"que si le gustaba el olor de sus pies\" y le respondí \"son los más hermosos de la playa\" y ella, junto con sus amigas, se echaron a reír y dejó que siguiera cerca de sus pies hermosos. Cuando voy a la playa alcanzo a adorar unos pies hermosos, entre 10 y 15 hermosas mujeres, qué rico ¿no?... Espero que les haya gustado mi historia de cómo me hice adorador de pies, y ahora si hay alguna chica con unos pies hermosos de Caracas, Venezuela, EMAIL: [email protected]

Los Pies de La Brasilera

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 Bueno ante todo esta historia es tan absolutamente real e increíble en cada uno de sus detalles...que si me la contaran a mí ...me resultaría no muy fácil de creer....en realidad no quiero ser extenso...pero creo que no valdría la pena omitir detalles.....fue antes de Navidad del año pasado (2001)....alrededor del 16 de diciembre

La cosa es así....todo empezó una tarde de Domingo...yo estaba en la pileta del edificio de la casa de mi vieja....no había mucha gente....solo una chica....(a la cual sinceramente no le preste demasiada atención....otro flaco y yo) no le preste demasiada atención por que como era un edificio con pileta compartida para todos los propietarios...en general todos andan con cara de orto....y apenas si se saludan unos a otros....además...asumen una postura de controlar quien entra o quien sale de la pileta....(colados..). con lo cual la mejor postura era pasar desapercibido y poner cara de boludo o póker.

En fin el flaco se fue...y me quede con la mina....a la cual....tampoco tenia pensado hablarle....una palabra....(por lo arriba expuesto)..en fin como no quedaba..mucho sol....era tipo las 19.30..me tuve que poner al lado de la mina (acostado boca abajo) a menos de 1 metro...y adivinen que tenia justo delante de mis ojos...siiiiii....sus pies.....los tenia re cerca....y la verdad es que estaban bárbaros.....chiquititos....con uñas re bien cuidadas y tenia un arco perfecto....en fin me agarre una calentura tal.....que no podía levantarme o cambiar de posición.....primero por que estaba re al palo y otra porque había hecho un agujero en el piso...en fin....

A todo esto yo le pregunto la hora....(fue de verdad....no es mi técnica para levantarme una mina) a lo que la mina me respondió y me hizo una pregunta a continuación...."¿por que todos en esta pileta tienen tanta mala onda?"

Luego de esa pregunta que como uds podrán captar me dio pie para conversar...nos quedamos charlando mas de una hora y media....(siempre yo con la misma postura y con sus pies delante mío)....

Lo rescatable de la charla fue lo siguiente:

1-La mina era brasileña

2-Tenia 27 años (yo 26)

3-Me dijo que los argentinos eran muy prejuiciosos...que consideraban que una mina abierta o que coje la primera vez....era una puta......a lo que yo le dije "no para nadaaaaaa" yo no pienso así.....etc.....etc...

4-Me aclaro que si le gusta un flaco coje......así nomás.....

5-Me dijo que los argentinos eran muy chamuyeros.....a lo que conteste lo del punto 3......aclarando que no todos son unos santos como yo....

En fin antes de que termine la larga charla....antes de que yo diga algo la mina me dijo "che tenemos que intercambiar teléfonos"....antes de eso yo pensaba..si yo estuviese mal.....en pedirle el teléfono o pensaría que soy una banana.....en fin la mina me dejo en offside....yo le dije "si si claro"..

Luego de cambiar teléfonos me dijo,....que esa misma noche iba a bailar a Malucco Belleza....por que ahí bailaba....salsa y lambada......y me invito a ir...(me volvió a dejar en offside.....pero a mitad de cancha)...

Bueno la cuestión es que cuando llegue a mi casa....ni bien llegue me llamo la mina y me dijo que la había pasado muy bien.....y que le gustaba mucho mi onda...(yo la verdad estaba medio duro) porque nunca me había topado con una mina tan avanzada....

En fin me dijo que no iba a bailar al final.......a lo que yo le dije si quería venir a mi casa ....que le quería mostrar una cosas (excusa muy pelotuda.....) A lo que ella me contesto no puedo por que va a pasar una amiga mía por mi casa y me replico......"no queres venir a mi casa a ayudarme a adornar el arbolito?" a me dejo en offside pero estaba de arquero casi no había salido ni a la cancha...yo le dije si claro.......

Bueno llegue a la casa la mina me tiro las llaves por el balcón....(yo me sentía un winer total) a lo que cuando llegue.....y subí lo primero que vi fue a ella de espaldas y un negro de 2 metros con una cara de trolo terrible....yo me quede blanco (acá me la ponen imagínense)....pero ahí recordé al toque que era el flaco que vivía con ella (no la pareja) pues alquilaban entre los dos......luego de que me tranquilice......terminamos comiendo ella, yo y el bisexual...(luego me entere)...

Hasta ahora esta historia tiene que ver no mucho con los pies.....pero solo por ahora.......sigo

Bueno después de que el negro se fue a dormir....me quede charlando con la brazuca....y disidí tirarle los galgos.......a lo que no la mina también me tiro pero la cara al otro lado.........(yo no lo podía creer) la mina me explico que ella no tenia drama en coger con migo ahí mismo....pero como yo le gustaba no quería arruinar.....las cosas por apresurarlas......yo le dije que por mi parte no tenia problema en arruinarlas del todo ahí nomás........(aunque después de pensarlo bien no quería que el negro se levante...a mear y me vea a mi boca abajo.....no se si entienden)....

En fin esa noche nos quedamos charlando......y me comento que le encantaba masturbarse.....todos los días......que había tenido sexo de a tres......con dos flacos y en otra ocasión con otra mina y un flaco........a todo esto yo ya tenia la pija de corbata a punto de explotar......y siiiiiiiiiii esa no noche no paso nada...

Al otro ida (lunes llegue a mi casa 06.30) y a las 08.30 me fui a laburar destroyer y me sentí muy boludo por que pense que la mina estaba jugando con migo solo para calentarme aunque......me parecía demasiado pelotudo que todo hubiera sido para eso...no tenia mayor sentido, por eso no pensaba llamarla...

El miércoles......la mina paso directamente por mi casa....sin llamar ni nada.....y yo me pegue flor de sorpresa.....grata claro.......la mina subió a mi casa.....se tiro en mi cama.....y empezó a hacer poses eroticas..y además me dijo "te molesta si me saco el corpiño" (tenia una remera abajo).y..descalza claro......yo la verdad uds.....dirán sos un nabo tíratele encima......no podía creer la situación así que pense que tranquilizarme ....cosa que me costo demasiado ....seria la mejor opción por el momento.....

Pasaron 2 horas y media....ya habíamos comido y todo..y yo dije ahora o nunca ..además no sabia que mas hacer o decir.....y opte por poner música con la compu.....y puse mp3 brasilero y la mina como loca se puso a bailar por las paredes....luego de media hora....ya me había podrido y opte por los lentos...bueno ahí nomás después de media hora de lentos.....le tire la cara después de besarle todo el cuello,,,y hombros.....y la mina me dijo....."no me haces un café" yo le dije ni en pedo me sacas de este momento .....a lo que yo seguimos bailando y la mina .........me confeso que tenia miedo.......por que se sentía muy rara pero bien a la vez.....yo le dije que también tenia miedo pero de que la estampe contra la pared......de un empujón con cierta parte de mi cuerpo..ya que tenia que bailar inclinado para no apoyármela......con la tremenda erección que tenia.....

En fin de una vez por todas empezamos a transar.....y la mina me tiro en mi cama a al fuerza......empezamos a franelear mal.......y en lo mejor del momento...en el momento mas fogozo del tema.......que paso?....la mina se puso a llorar......yo no podía creer.....(que loca que me había cruzado)..pero le dije que si sentía eso .....significaba algo bueno.....porque quería decir que existían sentimientos de por medio.....y que no es malo sentirlos sino todo lo contrario..(además la mina me dijo que no se sentía así...desde hacia un par de años)....luego que le dijera que se deje llevar.....por el momento.......nos dispusimos a intentar coger....digo intentar por que la mina me dijo que estaba con Andrés....(periodo) yo le dije que no tenia problemas en coger con Andrés con Miguel o todos lo que se vengan....y la convencí.....bueno empezamos a coger........luego de estar buscando.....10 minutos seguidos los forros que no los encontraba.....

En fin la mina me pego una cepillada terrible con dos posiciones que en mi vida había hecho........

Luego de eso en el entretiempo no aguante mas......y le dije que era fetichista de pies....al extremo........y ella me pido que el explique que era eso.........a lo que cuando termine mi extensa explicación la mina gritando me dijo........"QUE BUENO ME ENCANTA"...como dije yo?.....y ella me dijo que a ella le encantaban sus propios pies.......y que adoraba ir por la calle exponiendolos..a todos con distintos tipos de sandalias y tacos altos........es decir le encantaba que le miren los pies.....y me dijo que noto eso de mi......en el momento que me conoció....en la pileta...(yo la miraba a los pies y no a la cara cuando le hablaba)

En fin no lo podía creer era mi sueño hecho realidad.....una mujer fetichista de pies en mi cama....no lo podía creer.......a todo esto ......me conecte a Internet y le mostré a ella.....todos mis clubes que había fundado los 6.....y mostrarle hasta que punto....yo estaba obsesionado con los pies de las mujeres.....a lo que ella se ponía......mas y mas contenta.....por que yo para ella era su sueño hecho realidad.......por que a ella le encantaba que le miren los pies y imagínense que un fetichista como yo ....le iba gustar 10 veces mas......

En fin luego de una recorrida por la red......y mis fotos....le dije si alguna vez le adoraron los pies.......a lo que ella dijo.....que no claro.....

Bueno como seguir.......nos acostamos en la cama cada uno con la cabeza en una cabecera de las misma y me puso los pies en la cámara......a lo que empece a oler primero y luego a lamer....el arco......de sus pies....luego empece a pasarle la lengua por entremedio de los dedos.....luego empece a chupar cada uno de sus dedos......hasta dejar sus pies totalmente mojados.....con mi saliba......los dos .pies .....a todo eso la mina no tubo mejor cosa que hacer que empezar a masturbarse....y me dijo que había llegado 3 veces........yo estuve adorando sus pies casi 45 minutos......me dijo que le excitaba mucho en todos sentidos.....que yo me sumiera a sus pies.......en fin......después me la cogí......

Lo mejor de todo....fue que la mina me dijo si yo quería, otro día....ella podía venir........con todas sus sandalias y zapatos.....para que modelara para mi y le saque muchas fotos.....y de esa forma pueda subirlas a mis clubes o directamente crear un club nuevo para ella misma como yo le propuse....pero esa es otra historia........que si están interesados y les gusto les puedo contar en otro momento......

Además la mina me dijo que ella tenia mucha experiencia sexual en cosas que yo solo había visto en las películas.....por ejemplo sexo anal....y la verdad yo tenia ganas de probarlas.......pero como les dije eso lo cuento en otra historia o mejor dicho en la continuación de esta


Gracias por llegar hasta acá y espero que hayan valido al pena las 4 hojas y que hayan entretenido y por que no excitado


Adrián

La Terraza

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Hola muy buenas a todos mis lectores y fans, vuelvo con otro nuevo relato para todos aquellos que les guste y a los que no pues bueno, son libres de pensar lo que deseen tengo muchos contactos en el MSN y aun necesito más porque me gusta chatear con las mujeres, quedar y experimentar etc etc, las animo a todas a agregarse y hablar.

Bueno el siguiente relato sucedió en casa de mi amigo Fernando un buen amigo del GYM al que voy y decidimos ir una mañana a tomar el sol en su terraza.
Yo soy moreno de piel y en cuanto me da un poco el sol me pongo más moreno. Subimos a su terraza y nos quitamos las camisetas y los pantalones, quedandonos, yo en un bañador slip que tengo y el en calzoncillos. Estuvimos tomando un rato el sol cuando de repente llamaron al móvil de mi amigo Fernando, tras hablar unos minutos con su interlocutor colgó y me dijo
- Sabes voy a tener que irme
- Y eso
- Nada mi jefe no encuentra unos papeles, pero tranquilo en 1 hora estoy aquí
- Si quieres lo dejamos
- No tranquilo por mi toma el sol, después si quieres nos vamos a comer
- Vale
En fin que me quede allí solo, tomando el sol tan ricamente.
Estaba tumbado mirando un tendedero donde había ropa de alguna vecina porque era ropa femenina y ví unas bragas bastante monas por cierto, seguro que su propietaria seria una hembra de mucho cuidado, mi atrevimiento fue a tal extremo que las cogí las palpe pensando de quien seria, imaginándome como seria su propietaria y mientras yo estaba en esos menesteres y recreándome oí por la espalda la voz de una mujer.
- Que haces
Me gire y vi una hermosa mujer, rubia teñida con gafas buena presencia de unos 40 años de complexión delgada algo castigada quizás por las labores de ama de casa con una camiseta negra y una falda larga con sandalia rojas.
- Yo nada
- Nada y mis bragas ¿Qué haces?
- No es que vera yo ….
- Vera, vera … quien eres tu eso para empezar y que haces aquí porque no te conozco.
- Soy un amigo de Fernando, tu vecino estoy tomando el sol, pero el se ha tenido que ir en cuanto a tus bragas me han parecido atractivas y bueno pues…
- Ya, ya bueno no pasa nada, supongo que es normal a tu edad ya se sabe las hormonas, ya ves esas bragas casi nunca las utilizo, solo para intentar animar a mi marido pero nada, debe tener una amante porque hace tiempo no me hace caso.
- Pues si quiere una opinión esta usted para merecer aun.
- Gracias, no me llame de usted llámame Patricia.
- Encantado Patricia, sabes escribo relatos eróticos mis experiencias y las relato en Internet.
- Vaya interesante.
- Si suelo escribirlas y publicarlas me gusta mucho.
- Muy bien, bueno tengo que hacer cosas
- Y yo tomar el sol
- Venga hasta ahora
- Adiós
Y allí estuve tomando el sol un buen rato y ella recogiendo la ropa, madre mia me ponía a 100 viéndola allí recogiendo la ropa, sus caderas tu cara sus tetas , además la falda aunque larga cuando se alzaba para recoger la ropa se dejaba entre ver algo de sus piernas, tersas y firmes depiladas en fin toda una mujer que por ataños del destino estaba dejando pasar sus mejores años, sin disfrutar de los abatares del sexo.
Cerré mis hijos para recrearme cuando repente oí su voz.

- Oye
- Si dime Patricia
- Veras eso de los relatos como lo haces
- Pues quedo con mujeres, nos contamos intimidades y después si hay sexo bien y si no también, escribo mis experiencias y las envió por Internet
- Pues sabes me excita mucho la idea
- A si
- Si, además no estas mal, te gustaría follarme y escribirlo.
- Pues claro
- Es una forma de saber que aun estoy viva y que mi marido es un mierda
Ella se abalanzo sobre mi y empezamos a besarnos entrelazando nuestras lenguas apasionadamente, mi pene empezó a ponerse duro y sobre mi bañador ella posaba su mano tocándome la polla y sobandome todo lo que podía, y yo recíprocamente le metí la mano por la falda hasta llegar aquella zona prohibida, blanda y jugosa jugando yo con ella también.
De un tirón me quito el bañado y se quito la falda y las bragas se quedo desnuda y se tumbo en el suelo abrió sus piernas y me dijo
- Comeme el coñito, es lo que mas me gusta
Introduje mi lengua por su rajita chupando los efluvios que de ella emanaba con su sabor tan dulce. Acto seguido me entretuve en su clítoris y le introduje 2 dedos dentro, ella no para de gemir, no de una manera fuerte pero si placentera, parecía como si aun no hubiera tenido ninguna relación sexual.
Mi polla se ponía mas y mas dura.
- Te propongo algo
- Que?
- Un 69
Nos dispusimos de aquella manera y empezamos a darnos placer mutuo, mientras yo seguía trabajando aquella rajita ya se metía toda mi verga en su boca jugando con su lengua y tragando y mamando con la misma ímpetu como alguien que hubiera estado 3 días en el desierto y sin agua y le ofrecen un vaso de agua.
Estuvimos unos minutos y lo dejamos y la apoye sobre una barandilla de la terraza poniéndola de culos.
Le penetre con cuidado y mimo notando la profundidad de su coño centímetro a centímetro que estaba a la par muy caliente.
Ella sollozaba y yo me moría del gusto penetrando aquella mujer tan guapa y tan hermosa.
Notaba como los jugos me chorreaban de lo excitada que estaba
De repente entramos los 2 en un estado de placer y nos corrimos juntos mientras yo daba espasmos dentro de ella notaba como aquella cueva se derraba como si quisera darle un gran abrazo a mi miembro.

Acabamos y me dio un beso, me dijo

- Gracias por volverme hacer sentir mujer, lo necesitaba llevaba tiempo sin notar la piel de un hombre.
- Yo también lo necesitaba Patricia
- Recuerda escribirlo, espero verlo publicado.
- Tranquila eso are.
Se vistió sin mas y se fue viéndola como se alejaba y desaparecía detrás de la puerta de la terraza me di cuenta que aquella mujer no se iba a quedar solo con esa experiencia, me pareció ver en su mirada que había despertado en ella toda aquella represión que nunca se había atrevido a aplacar.

Así paso que en 10 minutos apareció mi amigo Fernando.

- Que tal
- Bien
- Y los papeles
- Mi jefe es Gilipollas ya ves los tenia delante y no los encontraba y tu?
- Nada tomando muy placidamente el sol
- Me alegro
Mi amigo Fernando pero bueno si algún día se entera me es igual lo que se han de comer los gusanos que se lo lleven los cristianos.

Un saludo a todos, espero que mas gente se anime agregarse, a poder ser España, Mujeres y de Valencia y si no me es igual solo es por la cercanía , pero me gusta hablar con gente de todo el mundo. Gracias mi MSN y Email es [email protected]

capitanxumino

La Fiesta de Disfraces

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Una Preciosa tarde de verano. Yo estaba a gusto, tranquilo, sentado en una terracita, bajo una sombrilla, esperando al camarero para tomar otro refresco.
Me encantaba el pintoresco acento de aquellas amables gentes, la alegría del ambiente.
Un taxi paró frente a la cafetería. Por fin. Ella, mi mujer, se apeó del taxi, pagó al taxista y lo sonrió, provocando ciertos inevitables celos en mi persona.
Me saludó desde allí, me sonrió, una sonrisa encantadora, y caminó hacia mí, despacio, recreándose en el movimiento de sus caderas, el fino taconeo de sus increíbles piernas, a sabiendas del deseo que ella sabía que provocaba en mí.
Me levanté, la ayudé a sentarse, colocándole la silla, y me senté a su lado. Ella cruzó las piernas, tirando de la larga y ligera, casi translúcida falda, se quitó las gafas de sol, y mirándome con sus ojazos azules, me dijo al oído lo que yo anhelaba tanto.
Te quiero, bichito. ¿Sabes una cosita? No llevo braguitas.
Mmmmm… No sabes lo que dices, mi amor. Podría devorarte aquí mismo.
Ella sonrió de nuevo, volviéndome más loco si cabe, mirando cómo mi pantalón se hinchaba por momentos.
Saqué algo del bolsillo de la chaqueta, que estaba colgada de la silla, y le dije a mi chica al oído:
Tengo una sorpresa para ti…
¿Siii…?
Je… je… Además esto no te lo esperas, mi amor.
Mientras decía esto, ya le estaba subiendo un poco la falda, tratando de llegar a su entrepierna. Le susurré al oído palabras tiernas, para que no parase mi escalada.
¿Qué haces, chiquitín? ¡¡¡Qué me ve la gente las piernas…!!!
Tranquila, mi vida, déjame hacer.
No me irás a hacer aquí una pajita… loco.
Sé buena, ábrete un poquito, ya verás que bien.
Ella, bajándose la falda, apurada por si la veía alguien, se abrió un poco, permitiendo que la introdujese dos deditos. Se mojó enseguida, pero no se esperaba que yo la introdujese las bolitas chinas que tenía preparadas para la ocasión.
Me miró asombrada, algo incómoda al principio, y quizá algo enfurruñada.
Tranquila, mi amor, te he puesto unas bolitas chinas, algo inofensivo, y deseo que las lleves, para que me desees, que permanezcas en un estado de éxtasis, de lujuria. Aprieta las piernas, querida.
¡¡¡Mmmmm… oufff…!!! Eres cruel… ¡Que placer!
Mientras terminábamos y conversábamos sobre lo que haríamos aquella tarde, noté que quería hacerse pasar por indiferente, pero la delataban sus ondulantes movimientos de cadera, sus manitas acariciando mi brazo, sus ojitos entrecerrados, anhelantes, su boquita expectante… ¡¡¡Estuve a punto de tumbarla allí mismo, penetrarla, satisfacer mi loco deseo…
Al cabo de un rato caminábamos por las estrechas calles del casco antiguo de la ciudad. Ella iba pegada a mí, cada vez más melosa. Yo estaba que reventaba, pero quería hacerla pasar por ello, notarla ávida. Sensual.
Nos sentamos frente a una fuente, en un banco de aquel parque, para contemplar el anochecer. Las parejas de enamorados, los niños, poco a poco se iban retirando.
Ella me besó, en un largo y placentero beso. Me acariciaba el cuello, el pecho, por encima de mi camisa. Noté su fuerte deseo de ser amada. Yo sabía que cualquier cosa que la pidiese, la tendría. Y además, yo la quería, la quería con locura.
Anda, chiquitín… ¿Me quitas las bolitas? No puedo más, necesito que me penetres. Llévame a la cama. Por favor, te deseo.
No, no, no… Hemos de seguir paseando, mi vida.
Entonces vamos a comprar, quiero hacerte un regalo.
Dijo ella, que ya sabía que yo la haría de rabiar, y por su mirada traviesa tenía algo en mente.
Al cabo de un rato, supe que ya estaba muerto. Entramos en una antigua tienda de Lencería íntima.
Ella se dirigió a la dependienta, una amable señora.
Fuimos al probador. Yo permanecí sentado fuera. Ella salió, con un conjunto negro, de braguita, sujetador, liguero, y con sus altos zapatos de tacón de aguja.
¿Qué te parece, mi bichito? ¿Te gusta este?
¡¡¡Uuuufff…!!!
Pues te fastidias. Voy a probarme otro.
¡¡¡Que castigo!!! Ella se volvió, contoneándose, sabiéndose observada, taladrada en cada detalle de su escultural cuerpo. Se acarició los pechitos, pasó sus manitas por las caderas, las piernas… me dejó contemplar su espalda, su culito, sus piernas…
Sabía en todo momento el estado febril en que yo me encontraba. Sonrió, picarona.
¿Me esperas? Voy a probarme otro conjunto.
Salió de nuevo, exultante, hermosa, con un conjunto de sujetador, braguitas… uuuufff, todo de color blanco.
Mi amor, tienes mala cara. No querrás que nos vayamos. Me lo estoy pasando muy bien.
Aquello estaba tomando proporciones muy serias. Se estaba vengando, la muy gamberra. Y además sabía que esa noche sería suyo. Hiciese lo que hiciese…
****************************
Ella jadeaba, casi gritaba. Estaba a punto de llegar a lo más alto. Yo me movía sobre ella, de forma frenética, con todo mi miembro introducido en su bien lubricado sexo.
Gritó de placer y lujuria, mientras me clavaba las afiladas uñas en la espalda, provocando cierto dolor, que no hacía mas que acelerarme mas, causar mi salvajismo, mi desesperación.
Seguí follándola, a pesar de que llevaba unos segundos relajada, distendida, con mirada extasiada.
Estaba yo a punto de vaciarme. Ella lo notó, se puso sobre mí mientras yo caía a su lado, se introdujo todo mi pene en su boquita, chupándome toda la sensible piel, saboreando sus propios jugos que lo embadurnaban. Siguió bombeando con su manita, cada vez mas rápido. Un fuerte chorro de semen le llenó la boquita, pero siguió chupando, fuerte, sorbiendo el glande, anhelando no dejarme ni una sola gota de tan preciado manjar. Yo quedé agotado.
Mi amorcito, viendo que mi polla quedaba algo mas relajada, se tumbó a mi lado, dejándose abrazar y acariciar. Saboreó sin tragar, refocilándose, sintiendo en su paladar el fuerte sabor, la espesura del esperma, la fluidez. Tragaba despacio, poco a poco, notando las flemas que se deslizaban por su garganta, con cierto ardor.
Los dos sudábamos, cansados. Nos unimos en un fuerte abrazo, acariciándonos, dejando que nuestras manos recorriesen nuestros empapados cuerpos.
Con mi dedo le fui extendiendo por la mejilla y los labios un poco de esperma que le había quedado en la comisura, para luego introducírselo en la boca, y me lo chupase como si de mi miembro se tratara.
Te quiero, mi amor.
¡¡¡Mmmmm...!!! Que placer me das, loquita mía.
Mi hembra se movía lasciva, como una gatita en celo, y ví en sus ojos lo que deseaba. Me situé entre sus piernas, y pegué mi cara, mi boca, a su palpitante y mojado sexo. Dejé que mi lengua se deslizase muy suave, rozando los abultados labios, escalando hacia su centro de placer. Tomé su clítoris entre mis dientes, muy suave, provocando gritos de placer en mi mujer, y comencé a castigarlo fuertemente con mi lengua.
Noté sus fuertes espasmos, sus gritos. Sus rodillas atraparon mis mejillas, y por fín llegó a un largo orgasmo, seguido de mas espasmos y pequeñas explosiones pseudo-orgásmicas, pues yo no quería parar. De hecho, no paré de castigarla hasta que la noté bien relajada, distraída, con sus ojitos cerrados, susurrando palabras de amor y deseo. Me lancé sobre ella, ciego de deseo, la abrí más y la penetré, follándola sin poder contenerme, mientras la besaba, toda mi cara impregnada de sus fluidos vaginales, el sudor, el fuerte olor a sexo.
La madrugada nos sorprendió dormidos, abrazados.

*****************
Aquella tarde discutimos, celosa ella, se percató de ciertas miradas que dirigía yo a las largas y preciosas piernas de una amable azafata. La verdad es que yo no tenía intención de enfadarla, pero mi mujer era así, posesiva, pasional. Yo era suyo. Mis miradas debían ser a su esbelto y bello cuerpo. Nada existía cuando ella se plantaba ante mí.
No me habló durante unas horas, hasta que le pregunté si por fín se animaba al Baile de Disfraces que en el gran Salón del lujoso hotel se celebraba, y en el que era obligatorio participar con disfraz y máscara a juego.
Preciosa mía. ¿Has preparado el disfraz de esta noche? ¿De qué irás?
Lo siento, es una sorpresa. No pienses que se me ha olvidado el detalle de esta tarde.
Tampoco hace falta que te pongas así por tan poca cosa. Ya sabes que eres la única.
Vaya, la señora estaba de morros. Sin problemas. Esa noche quizá no habría sexo, pero por lo menos me quedaba el consuelo de admirar su ingenio en el baile, su gracia bailando. Y quien sabe, siempre me quedan recursos para provocarla, desatar su lujuria.
Mi mujer salió de su habitación con un largo y ligero abrigo que le cubría todo el cuerpo, dejando a la vista sólo sus preciosos piececitos, enfundados en unos delicados zapatos negros de tacón de aguja.
Llegamos a la recepción, donde nos entregaron dos bonitas máscaras para cubrirnos. Ella, ya en el salón, entregó el abrigo (La verdad nada apropiado en esta estación, excepto para su improvisado uso de cobertura) y todos los presentes nos quedamos de piedra.
¿Te gusta mi disfraz, chiquitín?
Ante mí estaba ella, una mujer preciosísima, vestida sólo con un sujetador, unas braguitas tanga, un liguero y unas medias de costura clásica, todo ello en color negro, además de unos guantes largos que cubrían sus bracitos, sonriente, desafiante, sabiéndose observada y deseada.
Le hizo gracia ver mi rostro, primero asombrado, admirado, y luego enfadado, hosco.
Me sentó mal el asunto. Caminamos entre la gente, muchos de ellos conocidos, pero cubiertos por sus máscaras. Las mujeres observaban escandalizadas, comentando la desfachatez. Los hombres admiraban, disimulando sus fugaces miradas. Los machos solteros acechaban, suspiraban. Todos sabían quienes éramos, aunque nadie se atrevería a asegurar en otra ocasión que había sido ella la osada mujer disfrazada de "salto de noche"
Desde luego te has propuesto ser el centro de atención y lo has conseguido. Creo que te dejaré sola un rato. Voy a la barra. Espero que te des cuenta de que esto no ha sido una buena idea.
¿Te has enfadado?
Mi mujer, que se había dado cuenta de la magnitud de lo que había hecho, provocando al máximo mis celos, y como no había marcha atrás, pues siguió sola, moviéndose y saludando, conversando con conocidos, amistades... llamando la atención.
Se me ocurrió una manera de vengarme. Le devolvería la pelota, y disfrutaría viendo si era capaz de seguirme el juego.
Me acerqué a la pista de baile, donde algunas parejas danzaban música lenta. Allí estaba ella, bailando con un joven galán, que la apretaba contra él. Tomé nota de que las varoniles manos acariciaban su culito, por encima de las braguitas. Ella me vió y sonrió, apartándose un poco de su pareja.
Subí al podio y tomé el micrófono.
Señoras y señores, por favor. Préstenme atención. Mi mujer y yo, conocidos de todos Uds. Queremos hacer una importante donación de fondos a los familiares y huérfanos de los desaparecidos en el último desastre natural del país vecino. Les rogamos su colaboración, y para hacer mas especial el acto, Ella se ha ofrecido a subastar las prendas que lleva puestas.
Ella dejó de bailar, aterrorizada. Me miró, enfadada, desafiante. Se soltó de los brazos de su pareja, y subió al estrado. Pidió música suave, y me hizo señas, con gesto decidido, de que comenzase la subasta. Me desafiaba.
Para empezar, la Señora se despojará de sus guantes por una cantidad mínima de 100000 pesetas. ¿Quién cubre la suma?
Pasó un rato, y ella se despojó de los guantes, las medias, el liguero... muy despacio, bailando, con cadenciosos movimientos de su atractiva figura.
El sujetador fue una prenda muy reñida. Mi mujercita consiguió una importante suma, y hubo de despojarse de él. Todos estaban encantados de sus firmes y turgentes senos.
Ella pensaba que aquí se acabaría todo, pero yo tenía ganas de rematar la jugada.
Por fin, Señores, llega el momento que todos esperábamos. La última prenda. ¿Quién abre con un millón de pesetas?
Ella me miraba, desafiante, avergonzada pero desafiante, y supe que sería capaz de llegar hasta el final.
Por fín, al cabo de otra reñida lucha, un elegante caballero consiguió tan preciada prenda. Mi mujer, presentando su culito a la babeante multitud allí reunida, comenzó a bajarse las braguitas, muy despacio, se las quitó, sacando uno a uno sus piececitos, y se las arrojó al caballero pujante. Éste las olisqueó, y las guardó en un bolsillo.
Ella estaba desnuda y triunfal, y muy excitada, pero enfadada.
Ya iba a dar por terminado el festejo improvisado, pero ella me sorprendió. Me quitó el micrófono, llamó la atención de la gente, que ya se retiraba, y dijo:
Señoras y señores, y ahora viene lo mejor. ¿Quién desea bailar conmigo el resto de la fiesta, y retirarse a mi habitación, haciéndome el amor toda la noche? Mi marido lo permite, y comienza la puja con veinte millones. Por supuesto, mi marido y yo nos despojamos por fín de las máscaras.
Pasó un rato de enfurecidas y salvajes pujanzas. Mientras los más sedientos caballeros lanzaban sus desesperadas ofertas, ella me pidió con su mirada arrepentida que yo también pujase por ella.
A esas alturas todo el mundo se había despojado de sus máscaras. Todos se asombraron de nuestro comportamiento. Muchos hombres y mujeres permanecían morbosamente excitados ante lo que nadie se esperaba.
Yo monté en cólera. Mis celos no me dejaban ver más allá de una terrible y horrenda visión de ella misma, tirada en el suelo abierta en canal y boqueando sangre por su suplicante garganta. Me retiré de allí. Esperé en la barra.
Mientras, mi mujer pasó el resto de la fiesta bailando con un extraño, un apuesto hombre de negocios. Ella notó las manos de su nuevo dueño, acariciando su culito, su graciosa espalda, rozando sus hombros y cuello con los labios. Subieron a la habitación.
Decidí que me quedaría allí a aguantar el chaparrón, poniendo buena cara y sonrisa a la gente que venía, y me mostraba su admiración por lo osado de mi gran mujercita, y mi excelente talante y permisividad ante el hecho de entregar mi mujer a otro hombre por una buena causa.
No podía más. Iba a estallar. Estaba muerto de celos, en un "ataque de cuernos" como nunca nadie había sufrido.
Ya de día, bajé a la recepción del hotel. Dormí aquella noche sólo, si se le puede llamar a eso dormir. No pegué ojo. Tomé El desayuno, y allí estaba mi mujercita, abrazando a aquel desconocido, besándolo en la boca. Se despidió de él y vino a mi mesa.
Hola, amorcito. ¿Me dejas que desayune contigo?
Su mirada me derritió. La amaba.
Estoy muy excitado, putita mía. Y me has tenido abandonado toda la noche.
Nos fuimos corriendo a la habitación donde un poco antes ella había estado follando con su anterior amante.
Me desnudó en el ascensor, presa de tal excitación, que allí mismo me comió el pene, acariciando y sorbiendo con fruición.
En la habitación había un espeso olor a sexo y sudor. Caimos en la cama, devorándonos, abrazándonos.
La penetré, haciéndola daño. Follamos como locos, furiosamente. Excitados, salvajes, desbocados.
¿Quieres que te cuente como me han follado esta noche, cariñito?
¡¡¡Sssssiiiii... PUTAAAA...!!!
Tranquilos, no la maté, pero os aseguro que, aunque no tenemos problemas económicos, de vez en cuando alquilo a mi puta.
Además, es mi mujercita. He de hacerla feliz.

El Mercenario

Exploracion muy Intima

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 No tengo pene porque soy una mujer. Estoy casi segura de que los chicos se preguntan qué se siente al no tener pene, sino vagina. Es decir, que a los hombres les gustaría saber lo que se siente (sexualmente hablando) siendo una mujer. A mí me gustaría saber lo que se siente teniendo un pene entre las piernas. Pero no lo tengo. Lo que sí tengo es el pito de mi novio. Me vengaré en él de mi privación.


Cielo, hoy voy a ser tu enfermera. –


Me lo llevo a la consulta, un poco engañado acerca del juego que vamos a practicar esta vez. Según llegamos le comentó mis inquietudes:


Me parece que debería hacerte una exploración completa de tus zonas eróticas. –

¿Y eso? Estoy sano como una manzana. –

Quiero asegurarme de que es así. –

Pero... –

No hay peros que valgan, niño. Harás lo que te diga la enfermera. –


Entramos. A él le ordeno que se quite toda la ropa y se tumbe en la camilla. Toda la sala está esterilizada. Tiene que ser así, porque voy a hacerle ciertas pruebas bastante íntimas. Yo me voy a cambiar mi traje de chaqueta por el uniforme de enfermera practicante. Un vestidito de latex ajustadísimo a mi increíble cuerpo que me llega hasta medio muslo y la cofia con una cruz roja, casi tanto como mi carmín rojo pasión. Cojo las medias y los zapatos, también blancos, y entro en la sala donde me espera Diego.


Mmmm... Estás divina. –

Ssshhh... está prohibido ligar con las enfermeras. – le digo


Cojo una de las medias y la enrollo para poder ponérmela. Levanto la pierna y le planto el pie en el paquete. Gime, me encanta. Mirándole a los ojos y relamiéndome, voy desenrollando la preciosa media sobre la delicada piel de mi pierna. Con descaro él mira, al levantárseme el vestido hacia arriba, a ver si llevo braguitas. Le dejo que lo haga, aunque sentí la necesidad de darle una bofetada. Cuando vuelve a fijarse en mi cara, sonrío, perversa. Noto que se ha asustado y que desearía no haberlo hecho.


A las enfermeras en cambio nos está permitido ligar con los pacientes.- le tranquilizo


Cojo la otra media y repito el proceso. Me doy cuenta de que ahora, prudentemente, aunque demasiado tarde, no mira. ¡Pobre! Aprieto mi pie sobre su paquete. Le ha tenido que doler. Me mira otra vez. Yo enarco una ceja y suspiro. Lo tengo bien tenso, como me gusta.


Por fin, me retiro un par de pasos y le doy la espalda. Quiero que admire ahora mi largo pelo rubio cayendo por la espalda del inmaculado uniforme y mi culito. ¿Cómo? Muy sencillo, agachándome para abrocharme las tiras de los zapatos. El vestido vuelve a subirse por mi terso cutis, ofreciéndole a Diego una panorámica deliciosa de mi agujero negro.


Acariciando mis largas piernas y muslos no bien he terminado de ponerme los zapatitos, me incorporo y vuelvo a mirarle. Tiene una erección de campeonato. Me divierte verlo empalmado, pero ahora no lo necesito así.


Vaya, vaya. Alguien está caliente. –


Cojo una caja de la vitrina. La abro y saco un termómetro rectal, de los que se usan para tomarle la temperatura a los niños pequeños. Lo acerco a su pecho. El metal helado y le provoca un escalofrío. Toco ambos pezones, y como si de una varita mágica se tratase, el termómetro los pone duros. Sigo bajando por el costado y llego al bajo vientre. La erección persiste.


Niño malo. ¿Por qué tienes tiesa la colilla? –

Por usted, señorita enfermera. –

¿Ah sí? Eso no está nada bien. –

Lo siento. –

Creo que tendré que... –


Toco los testículos con la varilla. Otro gemido sale de sus labios. Subo despacio por el mástil de su pene hasta llegar al frenillo y el glande. Su abertura se contrae. La camilla rechina al estremecerse todo él.


Ajá... – comentó, y adquiero una actitud pensativa

¿Ajá qué? –

Ssshhhh. Creo que ya sé lo que te pasa. –

¿Sí? ¿Estoy malito? –

Sí, creo que tienes fiebre. –


Le toco las mejillas con mucha delicadeza, como acariciándole. Realmente tiene una calentura, aunque ni mucho menos provocada por un germen, sino por su libido exagerada. Por fin, me decido a atormentarlo un poco.


Veamos... –


Me coloco entre sus piernas abiertas y le ordeno que se relaje y cierre los ojos. Lo hace. Pronto su respiración profunda hace eco en la habitación. Tomo un par de guantes de latex. La erección ha aumentado. ¡Peor para él! Le agarro con los dedos índice, corazón y pulgar de la mano derecha a la altura del frenillo. Voy masturbarlo un rato, para que se confíe.


Empiezo a mover mi mano arriba y abajo, retirando su escroto del glande y volviéndolo a poner en su lugar. Otra vez, un poco más rápido. Otra, un poco más lento. Otra, más rápido que antes. Voy aumentando el ritmo y cada vez retiro más piel, extendiendo todo el escroto a lo largo de su miembro. Pronto llego a los topes, el escroto queda tensado por el frenillo y al recogerlo la bolsa de los testículos asciende notablemente.


Su ano está expuesto. Subo por última vez la piel hacia el glande. Ahí doy un tirón doloroso hacia abajo, que deja completamente expuesto el inmenso glande. Al mismo tiempo introduzco sin miramientos el termómetro rectal en su orificio anal. diego, sorprendido, no puede evitar contraer su esfínter sobre él.

¡Aaaahhhh! –

Oh, perdona, ¿te he hecho daño? –


Tomo enseguida sus testículos y los masajeo para calmarlo, o más bien para atemorizarlo, pues alterno apretones con el dejarles circular sobre las palmas de mis manos, sopesándolos.


Diego está a mil, tan excitado como acojonado. ¡Nunca mejor dicho! Yo también estoy algo erotizada, y noto que mis pezones se han puesto erectos contra el ajustado vestido de latex.


Muy bien. – le comento mirando el termómetro. – Parece que tienes una infección. –

¿Sí? Qué mala suerte. –

Ajá. Lo siento pero tendré que hacerte más pruebas. –

¿Me va a doler? –

Noooooo. –


En el tono de mi voz quise deliberadamente que él pensara que mentía. Se puso lívido.


Pero por si acaso, y para evitar que te toques en la zona afectada, te voy a atar a la camilla. –

¿Eso es realmente necesario? –


Entendí que eso me lo preguntó fuera del juego de roles perverso que estábamos haciendo. Tenía verdadero pánico a verse incapacitado de defenderse de mis malvadas intenciones. Eso sí que me gustó. Era precisamente lo que más me motivaba a seguir adelante con el plan. Verlo sufrir, verlo temblar.


Imprescindible. –


Lo hice levantarse y seguirme, desnudo, hasta la sala de exploración ginecológica.


Ponte en la silla. –


Obediente, se sentó, poniendo ambas piernas en los cabestrillos. Regulé la postura del artefacto para que estuviera cómodo. Luego aseguré unas vendas en los reposabrazos y reposapies. Cuando lo tuve todo listo, me apeteció de pronto montarlo un poco. Me subí el vestido y dejé libre el acceso a mi coñito.


Hasta aquí has sido muy buen paciente. Espero que no lo eches a perder. –

No lo haré, señorita enfermera. –


Levanté mi pierna derecha y la hice pasar por encima suyo. Mi rajita se abrió al hacerlo sobre su virilidad, y le dejó ver unas gotitas de sudor perlado en el vello púbico. Era un poco complicado, pero conseguí acoplarme por fin sobre él e introducir su miembro en mi interior. ¡Gimió como un cerdito cuando lo tuve dentro del todo!


Ammmm... –


No lo cabalgué. Me limité a estimular mi clítoris sin prestarle atención a él, que contraía los músculos de la pelvis para intentar mover en mi vagina su pene un poco y obtener así algún placer.


Me notaba muy caliente antes de empezar, pero cuando ya tenía mi mano sobre mi agujero del amor, me di cuenta del grado de excitación en que se hallaba mi cuerpo. El sudor se acumulaba entre mi piel y el vestido, aumentando la sensación de humedad. Me quité la cofia para refrescarme la cabeza.


Por favor, follame. –


Seguí igonorándolo, concentrada en acariciar mi clítoris y mis labios, masajeando estos, frotando aquél. Y dentro, a escasos milímetros, la polla de Diego sufría por no obtener placer alguno. Noté que se deshinchaba de sangre. Cuando alcancé el orgasmo, ya apenas tocaba las paredes internas de mi chocho. Volví a mirarle a los ojos y le vi compungido por la frustración sexual. Le puse el dedo con que me había dado placer sobre los labios cuando quiso quejarse.


Ah, ah, nada de correrse hoy antes de la exploración. –


Me quité de encima y recompuse mi vestido, pegado sobre mi cuerpo. Empezaba a resultarme algo molesto, así que decidí cambiarlo por otro de tela. Antes, no obstante, até bien las piernas y brazos de Diego a la silla. Luego salí para, como he dicho, cambiarme.


Volví más a gusto con la ropa cómoda. El pene de Diego ya era apenas una piltrafilla, ridícula en su estado de absoluta indefensión y exposición, al igual que su ano. Le di un azote en el culo al pasar, como recompensa por su paciencia.


Saqué una bandeja llena de material de exploración. Casi todo era metálico, y casi todo inútil para el análisis anatómico de los genitales masculinos. Encontré sin embargo lo que buscaba: una varilla o sonda de metal fino. Lo suficiente como para ingresarla en la uretra de mi novio.


Pues bien, vamos allá. – le dije y se la mostré. Abrió los ojos desesperado y quiso zafarse. No pudo, aunque desordenó un poco todo.

No por favor. Eso no. –

Te he metido un termómetro en el culo. Esto no es muy diferente. –

Pero, eso duele, seguro que duele. –

No lo sabremos hasta que lo tengas dentro. –

Pero, pero... Por favor. –

Eres un quejica. – le reproché - ¿Quieres que te ponga una inyección para anestesiarte la zona? –


Eso ya lo volvió loco. ¡Con el miedo que le tenía a las agujas! Volvió a intentar liberarse. Me cansé y fui a por un relajante muscular. Se lo inyecté en el pompis. Al rato, perdió la fuerza de sus músculos en casi todo el cuerpo. Perdió también el control del esfínter, y soltó unas descargas de orina sobre la palangana que puse al efecto. Se le notaba humillado. Además, fue incapaz de mantener por más tiempo, como le había ordenado, el termómetro dentro de su recto.

Eres un desastre. –

Lo... siento. – dijo, apenas con fuerza.

Callate de una vez. –


Lo amordacé metiéndole en la boca una perilla que inflé hasta el tope y que aseguré a su cara asustada con unas vendas y esparadrapos.


Por fin estaba listo para la exploración más íntima. Tome la sonda esterilizada y la coloqué sobre el glande fláccido. Era necesario que éste estuviera relajado o sería imposible la inserción.


-Ups, se me olvidaba. –


De un botecito extraje con un cuentagotas vaselina líquida, que apliqué en el orificio y en la punta de la sonda. ¡Preparado! Acerqué el extremo al glande y...


¡Aaayyy! – se quejó, al notar su miembro ser llenado por un objeto extraño.


Con tiento, apliqué una leve presión regular sobre el extremo opuesto de la sonda, dejándola que se deslizara despacio por el interior de su pene. Centímetro a centímetro, la sonda fue penetrando en su carne, igual que mi placer aumentaba al pensar en las sensaciones que Diego estaría experimentando.


Por fin, hallé el músculo que comunicaba la uretra con la vejiga. Se resistió unos segundos, pero con delicadeza para no lastimar el interior de mi amor, logré franquearlo.


Ya está. – le informé a Diego. - ¿Ves como no ha sido tan terrible? –

Aahhh, ay. Es muy incómodo. –

Mentiroso. Vas a ver como lo encuentras muy placentero. –


Moví la sonda en su interior despacio, hacia delante y hacia atrás y girándola sobre sí misma. Pronto di con el modo en que diego disfrutara del tratamiento.


Mmmm.... Así, así. –

Muy bien, nene. Ahora prepárate para lo que sigue. –


Sin dejar de excitarlo, metí el dedo corazón de mi mano libre en su orto y le apliqué un suave masaje, buscando la próstata. El pene creció de tamaño y grosor, aferrando la sonda al expandirse. Se me ocurrió entonces otra genial idea.


Te voy a soltar una mano para que sujetes la sonda en su sitio. –

Vale. –


Así le hacía responsable de su propio placer o dolor. Corté la venda de su mano izquierda con unas tijeras. Diego cogió el extremo de la sonda y sintió un escalofrío.


Uuuffff. –

Bien. Mantente así mientras voy a por unas cositas. –


Salí otra vez al cuarto contiguo, donde había dejado mi bolso. De él extraje un vibrador y un pequeño butt-plug. Regresé a la sala e introduje el butt en su culo, para que tuviese algo metido en él cuando se corriese. Siempre he opinado que eso aumenta la sensación del orgasmo.


Encendí el vibrador y lo apliqué sobre el extremo de la sonda. Al instante unas convulsiones de placer recorrieron a Diego, que se echó la mano libre al rostro.


¡Aaaahhhh, síiiiiiii! –

Vaya, vaya, esto sí que te gusta. –


El metal, al vibrar, estimulaba todo el miembro. Pronto se hizo inevitable la eyaculación. Con el máximo cuidado, extraje la sonda del convulso pene y brotó un chorro de semen que por poco no me salpicó.


Guau, que fiera. – bromee, mientras observaba, muy, muy complacida las sacudidas y contracciones del glande para expeler la corrida.


Diego solo pudo jadear durante casi un minuto, completamente desecho por la tensión. Su esfínter aferraba el plug con fuerza y fue complicado sacarlo. Por fin, libre de ataduras y objetos, Diego se incorporó de la camilla y me besó, agradecido por la absoluta experiencia que le había permitido gozar.


Ha sido una pasada, señorita enfermera. –

Sí, pero me temo que aún hay un problema subyacente. –

¿Cuál? –

Esa eneuresis necesita un tratamiento severo. –

¿Esa qué? –

Tu incapacidad para controlar la orina, bobo. –

Ah, oh, bueno, lo siento. ¿Y qué se puede hacer? –

Tendré que entrenar tus esfínteres en la retención durante un tiempo. –

¿Cómo? –


Antes de irnos hurgué en una de las vitrinas y le mostré unos catéteres uretrales con dispositivo para impedir la mingitación. Un invento cruel, sin duda, que le hizo estremecerse. Y para mí, ¿qué queréis que os diga? Vale la pena atormentarlo del modo que sea, por pervertido que parezca, con tal de pellizcarle las nalgas contraídas por el miedo a mis desviaciones.

En la Zapateria

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Como mi economía no ha estado muy bien que digamos en estos últimos tiempos, he tenido que hacer a un lado las cosas que me causan placer, pero que en estos momentos, se consideran un lujo. Por lo que el día de ayer, como recibí mi bono navideño en el trabajo, decidí darme el gran lujo de hacer dos cosas que para mí son de lo más placenteras: Ir a que me hagan pedicura y comprarme un par de zapatos.
Así que en cuanto dieron las 6:00 p.m., salí de la oficina como un rayo, para dirigirme a la estética a hacerme la pedicura. Al llegar, me encontré que habían incluido otro servicio adicional a pedicura normal, el SPA de pies. Este consiste en dar un buen masaje a los pies, y ponerle mascarillas (yo pensaba que eso se hacía en cara y cuello) para relajarlos, y dejarlos tan suaves como los de un bebé.
No pude resistir la tentación, así que como regalo navideño, me daría el SPA de pies y los zapatos. Sería una tarde formidable.
Había mucha gente, así que tuve que esperar un buen rato, cuando por fin me atendieron, me hicieron sentar en un sillón reclinable, lo cual me llamó la atención, y después de sentarme, lo primero que hicieron fue quitarme los zapatos que llevaba sin permitirme que yo lo hiciera, y hacerme poner lo pies en una tina con agua, la cual tenía sales aromáticas y la tina era especial, con jacuzzi para pies y vibrador para dar masaje. Sentía los pies en la gloria.
A los cinco minutos, la pedicurista, empezó a trabajar en mis pies, cortándome las uñas, quitando la cutícula y limando cualquier aspereza. Al terminar con eso, me seca perfectamente bien los pies, hace que me recueste en el sillón, y comenzó a darme masaje, primero muy suave, y luego con firmeza.
Empecé a relajarme, ya que no hay cosa que más disfrute que un masaje en los pies, y nunca me lo había dado nadie de forma profesional. Así que me relajé para empezar a disfrutarlo.
La chica sabía bien como mover sus manos, comenzó muy suavemente, recorriendo con sus manos todo mi pie. Y cada vez con mas firmeza. Tomando su tiempo para cada dedo, lo tomaba y lo masajeaba, despacio, dedicándole toda su atención a un simple dedo, relajándolo, acariciándolo como lo hacía yo con...
Dejé de pensar, traté de que mi mente no divagara tanto, últimamente, mi vida sexual no había estado muy activa, así que cualquier cosa me hacía pensar en la necesidad tan grande que tenía de hacer el amor. Siempre he tenido un carácter muy fogoso, y mi novio satisface todas mis necesidades, pero ahora, él está tan lejos...
La chica seguía trabajando con mis pies, sentía sus manos entre mis dedos, más que como un masaje, parecían caricias, sus manos eran suaves, sus movimientos firmes, como los de un amante experto. Empecé a imaginar que eran las manos de mi novio, unas manos que tanto placer me habían dado muchas veces, me dejé llevar por mi imaginación...
Imaginaba a mi novio, quien sabía a la perfección mi gran debilidad. Sabía que cuando acariciaba mis pies, podía hacer conmigo lo que quisiera, podía romper cualquier negativa, podía obtener de mí lo que más deseara.
Imaginé que era mi novio el que estaba en lugar de la chica, que era él quien estaba masajeando mis pies, quien me estaba complaciendo tanto. Me dejé llevar por mis sentidos, me dediqué a sentir esas manos suaves recorriendo mis pies, relajándolos, acariciándolos, complaciéndolos, que sensación tan maravillosa. Comenzaba a sentir como se humedecía mi vagina, mientras esas manos expertas me seguían acariciando. Empezaba a flotar, mi cuerpo se abandonó al placer que estaba sintiendo, pensando que esas manos eran las de mi novio, me encontraba relajada, feliz...
Muy pronto sentí como nacía en mí esa sensación maravillosa del preludio al orgasmo, mi piel comenzó a erizarse, sentía como la humedad rebasaba la frontera de mis bragas, mis sentidos me ganaban, hasta que escuché un leve gemido, un gemido que procedía de mi boca sin haberla abierto...
Abrí los ojos, y me costó trabajo entender donde estaba, cuando vi a la chica, ella me miraba con una sonrisa de ¿cómplice? En sus labios. Tuve que bajar de mi nube, no podía permitirme eso, como iba yo a tener un orgasmo en la estética, y mucho menos, provocado por una chica.
Recobré la compostura, y en lo que terminaba con el masaje, me dediqué a buscar el color del barniz que quería me pusiera en las uñas. Elegí un rojo fuego, un rojo muy intenso, a mí en lo particular no me encantaba ese color, pero sabía que a mi novio le volvía loco, tenía cierta fijación con los pies, y los míos, sin ser nada del otro mundo, le parecían muy bonitos.
Mientras esperaba que secara el barniz, comencé a pensar en cual zapatería tenía los zapatos más a mi gusto, me conocía todas las zapaterías de la ciudad, y tengo la manía de coleccionar zapatos, los tengo de todos los colores, con diferentes alturas de tacones, desde los zapatos de piso, planos totalmente, hasta con tacones de 15 cm de alto, zapatos cerrados tipo zapatilla italiana con tacón de aguja, sandalias, de todas las formas, desde las que son unas simples tiritas, hasta las que protegen todo el pie y solo dejan al descubierto el talón y los dedos. Era feliz comprando zapatos, y mi novio motivaba mi "vicio" cada vez que podía, me llegaba con un par de zapatos, los cuales le gustaba que yo estrenara cuando hacíamos el amor.
Antes de salir de la estética, pasé al aseo para quitarme las bragas, no era muy cómodo andar así por la calle, además de que me encantaba la sensación de libertad que eso ocasionaba. Cuando me encontré en la calle, sin pensarlo mucho, me dirigí a una zapatería donde tenían gran surtido de zapatos, pero sobre todo, ahí trabajaba un hombre muy servicial, y mucho muy atractivo, pero una de las razones por las que me gustaba ir ahí, era por que ese hombre, en más de una ocasión me había dicho que tenía unos pies muy bonitos, y lo que más me llamó la atención fue cuando me dijo que cada vez que veía mis pies, le hacía pensar en El Gran Duque, aquel que fue encomendado por el Rey para encontrar a Cenicienta, la dueña de la Zapatilla de Cristal. Y hoy, después del "tratamiento", sentía mis pies hermosos, pero sobre todo, hoy los veía distintos, los veía tremendamente sensuales y capaces de hacer cualquier cosa...
Al entrar en la zapatería, antes de buscar ningún zapato, mi mirada recorrió el establecimiento buscando aquel hombre a quien le gustaban mis pies, ahí estaba, mostrándole a una señora unos zapatos. - - Bueno - me dije - dejaré que termine con la señora, mientras voy escogiendo unos zapatos.
No me tardé mucho en escogerlos, inmediatamente, hubo dos que me gustaron, me llamaron como un imán. Rojos los dos, uno cerrado, con amplio escote al frente, delgados sin llegar a tener mucha punta. Tacón de 12 cm fino, sin llegar a ser un tacón de aguja. Lisos totalmente sin ningún tipo de adorno. Los otros eran unas sandalias, eran tres tiras al frente, muy delgadas, una que iba de lado a lado del pie, a la altura de los dedos, las otras dos, salían del mismo lugar que la primera, y se cruzaban al frente, dejando también un escote amplio, y una cuarta tira, para sujetarse al talón. Tacón un poco más alto. Me quedé observando los zapatos, imaginando como lucirían en mis pies.
Nuevamente busqué al dependiente, estaba dándole el cambio a la señora que atendía cuando llegué. Me encaminé hacia él, disimulando un poco, tratando de parecer que buscaba simplemente alguien que me atendiera. Antes de llegar a donde estaba, él me vio, y adelantándose al uno de sus compañeros, me saludó: - - Bienvenida Señora, ¿le puedo ayudar en algo? - - Gracias, sí, ¿me podría mostrar unos zapatos? - - Con todo gusto, sólo dígame cuáles...
Le mostré los zapatos que quería, ni siquiera se molestó en preguntarme que número calzaba, él lo sabía perfectamente.
Me dirigí a la sección donde estaban las sillas para probarse los zapatos. Busqué la más retirada, puse mi bolso en la silla de a lado, prendí un cigarrillo, y me dediqué a esperarlo. Normalmente no hubiera prendido el cigarrillo, y en su lugar, me hubiera quitado los zapatos para esperar los que me probaría, pero decidí que no, que ahora no lo haría así. El se sentía como "El Gran Duque", dejaría que se comportara como tal.
Apenas había terminado de encender el cigarrillo, cuando el hombre se encontraba a mi lado, no traía como normalmente acostumbran un solo zapato de cada par, traía los dos pares, y otros dos adicionales, también en color rojo.
Acercó el banquito, se sentó en él, y sin decirme nada, tomo mi pierna a la altura del tobillo, me quitó el zapato, y lo colocó sobre el banquito como siempre acostumbra. Esta vez, yo estaba muy consciente de mis pies, y lo bien que lucían. Observé su rostro como tratando de buscar alguna señal, y la encontré. No terminaba de soltar el pie, y lo veía de una forma muy extraña, sin soltarlo, estiró la otra mano para tomar mi otro pie, entonces, soltó el primero para quitarme el zapato, y al intentar colocar mi pie sobre el banquito, y sin que se lo esperara, yo coloqué mi pie sobre su rodilla, y lo miré a los ojos. Él turbado, bajó la mirada y se quedó mirando mis pies. - - ¿Qué zapatos me has traído? - le pregunté - - Los que usted ha pedido Señora - contestó. En su voz se escuchaba un leve nerviosismo. - - ¿Por qué no me los muestras?
Acto seguido, tomó el primer par, el cerrado que yo había elegido, y con sumo cuidado y hasta con cierta reverencia, me los puso. Colocando ahora sí cada pie en el piso.
Me paré para acercarme al espejo, caminé unos cuántos pasos. A pesar de que el tacón era alto, no perdía el estilo al caminar. Me gustó mucho la imagen que el espejo me devolvió. Los tacones altos, estilizan mucho la pierna.
Regresé a mi asiento, al sentarme, dejé un pie en el piso, y el otro lo puse en el banquito, abriendo levemente las piernas. Él lo notó, y trató de ver algo más allá de mis rodillas. Se lo permití por unos segundos, e inmediatamente junté las piernas, me incliné hacia él, y con una voz más melódica y muy suave le dije: - - ¿Qué te parecen? - - Se le ven estupendos señora - - ¿No crees que las sandalias lucirían más? - - El que se ponga usted lo luciría igual, tiene unos pies preciosos - - ¿Te lo parece?
Al decir esto, me quité el zapato, y levanté mi pie hasta apoyarlo nuevamente en su rodilla, y apoyando mi barbilla sobre mi rodilla, le pregunté con la voz más sensual que he podido hacer y de manera inocente: - - ¿De verdad te gustan? - - Sssiii... sí, mmee me gustan mumucho - tartamudeó - - Pues muchas gracias
Me enderecé apoyando mi espalda en el respaldo de la silla, me quité el otro zapato, y lo puse sobre el banquito. Me vino en ese momento a la memoria, el masaje tan maravilloso y sin pensarlo, el pie que tenía apoyado sobre su rodilla, y lo empecé a desplazarlo por su muslo. Él, de forma instintiva, se puso en pie de un salto, diciéndome que iría por otro par de zapatos.
Ese tiempo en él que entró a la trastienda, me hizo analizar lo que estaba sucediendo. El masaje me había dejado muy excitada, y buscaba la forma de desahogarme. Normalmente yo no soy así, sé controlarme. Pero en estos momentos, estaba fuera de control. Miraba mis pies, y no terminaba por entender que tuviera aquella sensación de placer sexual tan solo por las caricias que estimularon mis pies. Pero eso había ocasionado que mi "temperatura se elevara, y la verdad, me sentía muy bien. Me sentí dueña de la situación, y eso me gustó. Aproveché ese tiempo, para acomodar mi falda, y así permitirle a aquel hombre que notara la falta de mis bragas.
Cuando el hombre regresó, se detuvo a hablar con uno de sus compañeros. No traía nada en las manos... ¡Cómo me hubiera gustado ver lo que hizo en la trastienda!
Se volvió a sentar en el banquillo, y sin atreverse a mirarme, tomó nuevamente uno de mis pies, y empezó a ponerme con mucho cuidado una de las sandalias. Cuando lo hubo hecho, posó mi pie sobre el banquito y tomó mi otro pie para hacer la misma operación. Su mirada subió lentamente recorriendo mi pierna, hasta que al llegar a la altura de las rodillas, intencionalmente abrí un poco las piernas, para, ahora sí, permitirle que viera más. Hacía pocos días, había recortado todo mi vello púbico y me había depilado muy bien la zona del bikini, ya que el fin de semana anterior, había ido con unas amigas a la playa. Por lo cual, él podría ver el brillo que provocaba la humedad en mis labios.
Su mirada se detuvo, sus manos comenzaban a temblar. Aproveché ese momento, para levantarme, y caminar hacia el espejo. Y no precisamente para ver mis pies. Quería ver que tan concurrida estaba la zapatería. Era tarde, la clientela comenzaba a marcharse, al igual que algunos de los empleados. Cuando regresé a mi asiento, sólo quedaba el cajero quien estaba concentrado haciendo cuentas, y el hombre que me atendía. Sonreí para mis adentros, ¡Vaya si me atendía!
Él no se había movido de su sitio, y me dijo con voz temblorosa: - - Le quedan bien las sandalias - - ¿Mejor que los otros? - - ¡Sí! - Respondió categórico - - ¿Por qué lo dices? - - Por que con las sandalias puede lucir mejor sus pies, pies dignos de cualquier princesa.
Nuevamente coloqué los pies sobre el banquito, e inclinándome hacia delante, hice el ademán de quitarme las sandalias. Su reacción fue la que esperaba. Se adelantó y comenzó a quitármelas. Al quitarme la primera, puse mi pie sobre su rodilla, y al descalzarme el otro pie, repetí la operación colocándolo sobre su otra rodilla. Eché un vistazo rápido al cajero, y vi que seguía muy ocupado con su cierre de caja.
Me recargué nuevamente sobre el respaldo, y empecé a deslizar mis pies por sus muslos, con caricias seductoras y firmes. Me sorprendía a mí misma con esa actitud, jamás había hecho eso, ni siquiera había pensado en mis pies como una poderosa arma sexual. Estaba dispuesta a descubrir, hasta donde podía llegar.
El hombre se enderezó, colocó sus manos sobre mis pies, y comenzó a acariciarlos sin mover sus manos, solo permitiendo que mis pies continuaran sus movimientos ascendentes por sus muslos. Poco a poco, mis pies se fueron volviendo más atrevidos, mis dedos comenzaron a llegar a la parte alta de su entrepierna. Cada vez que mis dedos tocaban su verga, la iba sintiendo más dura. Veía perfectamente el bulto que iba creciendo bajo su pantalón. Él continuaba sin hacer nada, estaba como hipnotizado con el movimiento de mis pies.
Decidí ser más atrevida, y sin bajar mis pies de sus piernas, me incliné hacia él, y acerqué mis manos hacia su cinturón, el cual pude soltar sin mayor problema, continué con el botón y la cremallera del pantalón, y con un suave pero firme movimiento, liberé su verga. Con mis manos, la acaricié muy suavemente por unos instantes, para después volver a recargarme en el respaldo de la silla y continuar con lo que había suspendido.
Mis pies siguieron acariciando sus muslos, pero ahora, mis caricias se habían vuelto mucho más agresivas, no se concretaban a los muslos, sino que pasaban más tiempo cerca de su verga. Con mis dedos, suavemente la recorría toda, de arriba abajo, trataba de no dejar un solo centímetro sin acariciar. Deslicé mi cadera hacia delante de la silla, para poder tener más libertad de acción, entonces, comencé a concentrarme en ese instrumento tan maravilloso, capaz de dar tanto placer... Ahora, lo que yo quería, era darle placer, así que coloqué mis piernas de tal manera que pude acariciarla con las plantas de los pies, presionaba un poco, y movía mis pies de arriba abajo sin soltarla e intercalando con movimientos de "molinillo" suaves y lentos.
Le miré a la cara, tenía los ojos cerrados, y los músculos estaban tensos. El sudor comenzaba a recorrer su frente. Busqué al cajero, no lo vi por ningún lado.
Él tomó mis pies y los fue dirigiendo, enseñándome paso a paso lo que debía hacer. Era algo maravilloso, nunca había imaginado que los pies pudieran dar tanto placer, cerré los ojos, seguí moviendo los pies como él me enseñaba, nunca creí que los pies tuvieran la sensibilidad para sentir todos y cada uno de los pliegues y salientes de esa verga. Sentía como crecía, como se iba endureciendo, cada vez más. Y yo... yo sentía un placer que nunca pensé que se pudiera dar a través de los pies. Era algo maravilloso.
Al poco tiempo, comenzaron sus gemidos, sentí las palpitaciones de su verga, hasta que reventó en un profundo orgasmo. Yo estaba fascinada, nunca pensé poder hacerlo tan solo con los pies. Toda su leche se derramó sobre mis pies. Me gustó sentir ese líquido caliente escurriendo entre mis dedos. Cuando terminó, tomó mis pies con las dos manos, y con suaves caricias, esparció su semen por todos mis dedos, los llevó hasta su boca. Con su lengua limpió todo, chupando con delicadeza cada uno de mis dedos, metiendo su lengua entre mis dedos. La sensación era tremendamente placentera y me dejé llevar, recordé el masaje y lo que había sentido, pero esto... esto... esto no tenía igual.
Sin apenas darme cuenta, reventé en un orgasmo maravilloso, uno que salía desde el fondo, se me crisparon los músculos, encogí los dedos de los pies, pero ni así dejó de lamerlos y chuparlos... Yo continuaba en un maravilloso orgasmo, una clase de orgasmo que nunca había experimentado, uno que me hizo llegar casi a la inconsciencia.
Cuando me recuperé, lo miré a los ojos, brillaban de una forma especial. Seguía sosteniendo mis pies en sus manos, como acunándolos... Sin decir palabra, me puso mis zapatos, me puse de pie. Tome los dos pares de zapatos que me había probado, y me dirigí a la caja. No había nadie. Saqué de mi bolsa el importe exacto de ambos pares, y sin voltear, me dirigí a la puerta.
Al llegar a casa, me recosté y nuevamente observando mis pies pensé: - - Me alegra haber descubierto que no sirven solo para sostenerme y caminar


Macarena Río

El Lienzo Sagrado

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Hay decisiones cuya trascendencia puede extenderse para toda la vida y que, sin embargo, obedecen a arrebatos absolutamente momentáneos. Habrá que redefinir la palabra impulso ante la más mínima sospecha de que algo impulsivo, un verdadero capricho, sea en realidad algo para lo cual estuvimos destinados desde nuestro nacimiento.


Como antecedente debo contar que Layla, mi mujer, siempre tuvo una rara obsesión por una película que se llama El Hombre Ilustrado, basada en la obra homónima de Ray Bradbury, geniecillo de la ciencia ficción. En ella se narra como un hombre de unos cincuenta años va por el mundo como un Caín, rehuyendo a la gente, siempre malhumorado, nunca temeroso de que quien le encuentre le mate, sino temeroso de encontrar y matar. La película, que según me dice Layla es sorprendentemente fiel al libro, explica como es que ese vagabundo, siendo un muchacho, llegó un buen día a la casa de una mujer que hacía tatuajes, una dama misteriosa con fama de bruja; de una u otra manera, este hombre se adentra a la modesta casa de la mujer y, sin hacer caso de las advertencias de ésta, se dejó hacer un tatuaje. El primero. De rato el hombre vuelve una y otra vez y la dama le inscribe en la piel un tatuaje, y otro, y otro, y cada grabado evoca una historia, generalmente inquietante. Luego de un tiempo, el cuerpo del hombre va cubriéndose de imágenes provocadoras, de historias exasperantes, y al final, la dama deja en el cuerpo de él una extraña ventana, un tatuaje pendiente, un hoyo negro del color de su piel, y lo maldice diciéndole que en ese espacio, aparentemente en blanco, no inscribe nada por que en él verá, quienquiera que se asome, la propia muerte. Por eso el hombre viaja errante, seguro de causar curiosidad, seguro de abrir el morbo de todo aquel que le mira, y sin embargo, va temeroso de que la gente le pida que él les muestre sus tatuajes, pues al mostrárselos no sólo verán historias sorprendentes, sino la imagen de la propia muerte, que como es sabido, es una escena que a casi nadie le gusta ver.


Esta historia, aunque me interesa, nunca me atrajo lo suficiente como para adquirir el libro, pues preferí pensar en el resto de tatuajes, aquellos que le mostrarían a uno la propia vida, y no aquel que nos mostrara la propia muerte. Mi opinión acerca de los tatuajes siempre fue muy concreta: tenía que ser una inscripción que resumiera, dentro de lo posible, la totalidad del sentido de la vida, y era para mi impensable colocarme un tatuaje sin sentido ritual, es decir, hacerlo por estética, o peor aun, por moda.


Aquí es donde la historia verdaderamente comienza, pues es con tales ideas previas que llegué un buen día de un viaje y me encontré con que Layla portaba en su antebrazo derecho un tatuaje. Cierto es que ella no necesita pedirme permiso para hacer con su cuerpo lo que desee, pero entre pedirme permiso y ni siquiera comentarme que se haría algo tan permanente como un tatuaje hay una leve y a la vez gran diferencia. El tatuaje, hasta esto bonito, representaba una tortuga marina seguida de un torbellino que culminaba en una caracola. Entiendo que las tortugas marinas le enternecían y que las caracolas, desde siempre, han simbolizado la espiral de la vida, pues la vida es eso, una espiral, y Dios ha de tener la forma de una inmensa cadena de ADN que se repite a sí misma en la galaxia más majestuosa o en el más miserable ser microscópico. Lo bonito del grabado no lo volvía simpático a mis ojos, sobre todo porque se había ido a tatuar junto con Draco, un amigo nuestro.


Así, ambos portaban ya el mismo tatuaje en su antebrazo. Entendí que quisieron ellos hacer una alianza y que en ella no estaba yo incluido. Me sentí mal de un modo extraño. Me hubiera gustado reclamarle, pero no soy así. A mi mente se vinieron las múltiples veces que ella me ha echado en cara haber ido alguna vez solo al cine, cosa que al parecer fue desgarrador para ella, pues siempre, desde que habíamos comenzado a andar juntos, habíamos ido los dos a ver juntos las películas, y cuando rompí esa tradición fue, según ella me ha recriminado, devastador, sin que pesara en mi favor la explicación de que en ese entonces vivíamos en ciudades diferentes. Para el colmo la puta película que fui a ver solo resultó ser mi favorita, cosa que sólo agravó las cosas. No entiendo como es que eso del cine fue gravísimo, pero ante esto de que ella se tatuara junto con nuestro amigo no me mereció ninguna explicación. Me pareció deprimente que ni siquiera me avisara o participara de su intención de hacerse un tatuaje, por principio un tatuaje es para siempre, además, tanto para ella como para mi, los tatuajes eran inconcebibles sin un fin ritual, luego ella había dejado en claro con hechos que ese rito, esa primera vez en que su piel se entregara a las agujas, no la quiso vivir conmigo, que si de alguna mierda sirve decirlo soy su marido, y que de hecho no quiso que yo fuese partícipe de ninguna forma. El hecho que fuera ella misma quien había diseñado el grabado –cosa que le habrá llevado varios días- sólo volvía más tristes las cosas para mi, pues dejaba ver que no había inocencia en nada de esto, había premeditación, conciencia, ganas y fe de hacerlo así.


Ya no contemos las jugarretas que me hizo mi imaginación, pues un pacto en la piel sólo tiene en mi cabeza un homenaje justo: hacer el amor.


Si es capaz de diseñar a detalle y dibujar un modelo para tatuar, y hacer todo ello sin que yo me dé la más mínima cuenta, ¿Qué no podrá hacer en mi ausencia?. No me sorprendería que, en el caso de que a ella le corresponda morir primero que yo -deseo que ha manifestado ella varias veces tener- se despida con una marejada de confesiones entre las cuales me diga que lo del tatuaje no paró allí, sino que es capaz de explicarme que en esa ocasión del tatuaje ella se sometió a todo con una sumisión absoluta, que todo comenzó un día en que, como que no quiere la cosa, le preguntó a Draco qué se sentía tatuarse, que él le contestó que no podría él explicarle eso porque para cada quien es diferente, que ella le preguntó a él si se tatuaría con ella y él, aduciendo hermandad cósmica le dijo que sí, que ella se había ofrecido a diseñar la imagen pero a cada segundo en que lo hizo pensó en lo que iba a hacer, sus alcances y significado, me dirá que una vez que hubo terminado buscó urgentemente a Draco para mostrarle el diseño, que éste al verlo se enamoró de él, es decir de ella, y que con agrado recibió él la noticia de que yo tendría un viaje próximo y que ese sería el momento ideal para hacer lo del rayado; me dirá también como ese día se bañó especialmente para el rito y que con pena pero sin culpa no pensó en mí para nada, que cuando Draco llegó a la casa por ella todo su cuerpo, el de ella, era el cuerpo de una virgen presta a ser sacrificada, que cada poro de ella segregaba el sugerente olor a miedo que todo maestro añora, y que Draco ese día era su único maestro, que cada uno de sus diecisiete tatuajes cantaban himnos a su realeza y a su maestría, que él le dijo que cada tatuaje era símbolo de un amor que él había tenido y que a ella no le había incomodado ser una más, que le había gustado ser para él lo que no le gustaría ser para mi, una más, que de hecho le excitaba de alguna forma pensar que era una más en esa lista libre de egoísmo, tal cual si las diecisiete mujeres que habían motivado cada tatuaje estuviesen recostadas en una inmensa playa y que Draco fuese penetrándolas una a una, dibujando al orgasmo una señal en la piel que narraba la historia de ese gozo. Me diría que temblando, como en sueños, Draco la llevó de la mano a la silla de rayado, que a los primeros piquetes las lágrimas rodaron por sus mejillas y que su maestro sacó presto un pañuelo para limpiarlas, que ella lloró aun más con tal de sentir aquel paño sobre sus mejillas limpiando su dolor para siempre, su dolor de siempre. Que durante la travesía de las agujas por su piel ella sostenía un diálogo callado con su maestro y con su ejecutor, sólo con la mirada les hacía saber que era todo y era nada para ellos. Que una vez que terminaron con ella siguió Draco, quien no lloró, quien aguantó, quien mostró su señorío. Que al salir de ahí se sintió muy extraña de saber que había hecho lo que había hecho y que era ya irreversible, mientras Draco la abrazaba. Confesaría que fue ella quien no quiso llegar a casa de inmediato, pues le era impensable ver a nuestros hijos, pues a mí no me vería estando yo de viaje, que le pidió que la llevara a su casa, a la de Draco. Que ahí se sonrieron. Que un minuto de silencio bastó para que meditaran en lo unidos que estaban después de este acto, y que sin remordimiento alguno tuvieron que besarse, que al hacerlo lloraron, que en ese instante nada importaba, especialmente yo, que la humedad de las mejillas que se refriegan unas contra otras les recordó lo vestidos que estaban, que él partió de la sala y fue a su cuarto para volver con una caracola en la mano, que no fue sorpresa encontrarla desnuda, ni que él lo estuviera también. La piel de él era la experiencia, la de ella la inauguración. Él sonó la caracola varias veces y ellos oraron a una Diosa Tortuga, si es que esta existe, que se comenzaron a tocar, que la piel no era nueva hasta ese día. Confesaría que por alguna causa la penetración era una grosería, que no la hubo, pero que el resto de poros fue tocado, besado. Y ella sabría que el que no hubiera penetración lejos de consolarme me pondría triste, pues la penetración rebajaría todo aquello a una burda entrega de la carne, y sin ella era una entrega de otro tipo, más profunda sin duda. Me pediría perdón, pero sin convicción... se lo daría, de corazón. Todo eso me diría ella antes de la muerte.


Lo que sé de la historia no es tan dramático como lo que imagino. Una vez que se rayó por primera vez, Draco había sentenciado que la cosa nunca paraba ahí, que una vez que uno se tatúa empieza una extensa carrera de tatuajes, que uno empieza siempre con un tatuaje, luego sigue otro, y otro, como el Hombre Ilustrado. En efecto, nunca merecí una explicación del primer tatuaje, aunque el silencio en sí mismo explica todo para el buen entendedor. Es absurdo preguntarle a alguien el significado de un tatuaje, pues eso no importa a nadie, en cambio, si quieres conocer a un tatuado, mejor pregúntale por qué se tatuó precisamente la imagen que puso en su piel, pregúntale qué significado tiene... para él. Me acordé de una entrevista que Verónica Castro le hizo a Héroes del Silencio, ella, lame botas como siempre, preguntó con una fingidísima ingenuidad (a ella ya eso de ser ingenua no se le cree nada) y señalando con el dedo un tatuaje que Enrique Bunbury llevaba en el hombro: "¿Qué es eso?", y Enrique, más mamón y más español que nunca, y fingiendo a su vez ingenuidad, le contestó con una ironía digna de agradecerse,: "E, e, e, esh oun tatuajje". Yo ya no preguntaba nada.


De rato Layla dijo que quería tatuarse la palabra sánscrita OM. Nuestras hijas le hicieron segunda. Esta vez si me avisaron que irían a tatuarse. No estaba el tatuador con que originalmente había ido Layla, así que fueron con otro cabrón que les dio buena impresión por tener más limpio su consultorio. Les hizo un mugrero. A una de nuestras hijas sí le quedó bien, a la otra no, a Layla más o menos.


Ya como en orden sucesivo me preguntó a mi si me tatuaría algo con ella. No la culpo por no haberme dicho antes, pues algo de responsabilidad he de tener en que ella esté segura de que hay cosas que sí haría y cosas que no, y sobre todo si tatuarme estuviera en las que no. Una vez que dije que sí ella se puso muy contenta.


Yo suponía que nos tatuaríamos un dibujo que había yo trazado hace mucho, uno de un ave y una serpiente perfectamente trabados, enamorados, más que la lucha entre el cielo y el suelo, el amor de ambos. Dijimos que ese dibujo, pero nunca nos entusiasmamos por terminar de adecuarlo a tamaño de un tatuaje, sin embargo, Layla me mostró una imagen que había sacado del internet, era la figura de Shiva y Shakti. Shiva, un Dios varón, Shakti, su consorte, la Kundalini, lo femenino. Shiva sentado en flor de loto y Shakti sentado sobre de él, completa y plenamente empalada, ambos en éxtasis, besándose, en un juego de líneas que retratan la fuerza de él y la belleza de ella. Él con sus piernas duras y a la vez acolchonadas, sirviendo de silla de placer para ella, ella, sentada encima abierta de piernas, con sus nalgas bien redondas y estiradas, adornadas con un ropaje que no es otra cosa que el triangulito de una tanga divina que le marca el cóccix, ella abrazándolo a él y él cargando en sus manos una llama y un loto, ella con su cuello de cisne doblado, su rostro hacia arriba, bebiendo la saliva de él, libándole el alma. Cuando vi la gráfica se me vino a la mente que justo así quería yo tener a Layla, que justo así estaría yo muy feliz. Imaginé no sólo como se vería en acercamiento la gruesa y azul verga de Shiva, enhiesta y venuda, almacenando semen de planetas, mientras que el aro del sexo de ella, bien distendido por el grueso palo de Dios, manaba miel y aceites aromáticos, el ano y vagina de ella trazaban un ocho perfecto, símbolo de la eternidad. Imaginé cómo Shiva, con sus poderosos brazos, tomaba a su consorte de las nalgas y la manipulaba de arriba abajo con un ritmo delicioso. La sonrisa de ambos se me contagió y me pregunté cuantas de las veces sonrío yo mientras hago el amor, y descubrí que por lo común tenía cara de carpintero tallando una cruz, de anestesista inexperto, de toro en ruedo. Imaginé que la divina pareja no tendría prisa alguna en terminar su idilio, que a razón de ello podrían intentar todas las posiciones sexuales, inventar posiciones nuevas, y gozar, sólo gozar. Cuanto se le ha quitado a la humanidad al vedarle estos goces, al rebautizar a Dios en un hombre misógino y asexuado, en hacer de Shakti una monja frígida. El goce, dar y recibirlo, no solo es un derecho, sino un deber divino. No se dijo más, ese era el dibujo adecuado.


Ya había yo dicho que sí, pero sin meditar mucho en ello, pues de lo que uno está seguro no duda. Quizá era mi ignorancia o ingenuidad la que me hacía tener ese aplomo de decir que sí sin ninguna fisura de duda. Layla me recordó que cuando estaba ella pintando un cuadro de nuestros cuerpos tuvo una conexión muy profunda con eso que ella y yo éramos, y me advirtió que con los tatuajes ocurre igual, que los tatuajes cobran vida en la piel y comienzan a interactuar con nuestro espíritu, de ahí que no se cansó de advertirme que llevar al Dios y la Diosa en pleno coito podría tener consecuencias insospechadas. Ya sospechábamos las consecuencias insospechadas.


El día que habíamos elegido fue el Miércoles Santo, y había una razón muy simple para ello. Yo trabajo en una oficina, de ahí que siempre uso no sólo una camisa de manga larga, sino también un saco y corbata, lo cual es inconveniente porque estaría la tela raspando constantemente el trazado. El Miércoles Santo era ideal porque yo saldría temprano de la oficina y no tendría que aparecer ni el jueves ni el viernes, y lógico, tampoco el fin de semana, lo que nos daba unos 4 días de cicatrización en los cuales podría andar en camisa sin mangas y dejar orear el asunto como debe ser. Además el año 2004 era ideal porque en nuestra creencia hinduista era el año de Kundalini, propicio para hacer arder la flama primigenia, el año de la Diosa, de la cual soy devoto desde hace algún tiempo. Era encima el año del tantra que tantas veces y con tan poco éxito habíamos intentado Layla y yo.


Ese día salí de la oficina, comí bastante mal, nos fuimos al estudio de Travis, el tatuador. Travis tiene rostro de armenio, aunque nunca haya visto yo un armenio esa impresión me da, y su vibra es ligera, limpia, entre las cejas lleva un piercing que nunca me pondría, también lleva un arete en la nariz, mientras que las orejas tienen unos boquetes que han dejado unos expansores que se le ven horribles, como si lo hubiera sodomizado por tales orificios un pequeño duende. Layla no me hace compañía como una maestra, sólo se atribuye a sí misma el saber donde tatúan y el deseo de ver mi cara mientras me rayan, pero no ostenta maestría, ni me domina, voy en un rol de fuerte que será débil por momentos. Me pierdo al maestro, me gano una compañera, pierdo esa oportunidad.


Llevo un libro y Layla y Travis se ríen de que pretenda, o sueñe, que podré leer. Hojeo unas revistas de body art y me cago de la risa sólo de ver lo que es capaz la gente de tatuarse. Un cabrón lleva en una nalga un tatuaje de un payaso poniéndole una golpiza a otro payaso. Una fulana se tatúa el Demonio de Tazmania de los Looney Tunes en un pecho, lo cual es una buena forma de echar a perder un bonito seno; un cabrón se ha tatuado a Homero Simpson encima de los genitales, otro sujeto se ha tatuado, a lo largo de la pierna, un fémur, una tibia y un peroné. Los tatuajes chinos, esos que abarcan toda la espalda y nalgas, me sorprenden, me queda claro que nunca me haré perforaciones ni me tatuaré el rostro. Es un mundo incomprensible para mi y sin embargo estoy sentado en esa silla por la cual se entra en él.


Travis se sienta a mi lado, enciende en el aire el aparatillo que activa la aguja zigzagueante, pone tinta en un botecito, mete la aguja en él y luego se dirige a mi carne. Pensaba que me dolería como una inyección, mismas que aborrezco, pero no, duele mucho más. No me consuela que me diga que en la parte superior del brazo derecho, que es donde me está tatuando, duele menos que en el antebrazo, pues no tengo forma, ni quiero tenerla, de comparar lo que dice. En películas puedo ver un destazamiento de una persona sin siquiera inmutarme, pero no puedo ver que pongan una inyección, pues eso me pone realmente nervioso, pues bueno, mi imaginación se puso histérica de imaginar en cámara lenta que cada ponchazo de la maquinilla de tatuar era una inyección hecha y derecha, tan aberrante e indeseable como cualquier inyección médica. Layla no podía perderse mis caras, así que se puso frente a mi y casi podría jurar que había algo maternal en su expresión, como una madre divina que asiste al bautizo de su hijo, y ello, lejos de hacerme sentir mal, me reconfortó de una manera inusual. Una cosa si sé, si por alguna causa me habrán de cortar en pedazos, quisiera que Layla me vea. No podía sostenerle la mirada de nervios. Soy un cobarde en el fondo. Sin embargo, después de esto ya me da igual subirme a cualquier montaña rusa, lanzarme en paracaídas, boggie o hacer cualquier cosa que he prometido no hacer nunca por considerarlas malestares y riesgos innecesarios a costa de un placer que puede no ser ni siquiera placentero. La méndiga agujilla se habría paso por mi carne y sentía como si comenzara a utilizar una vena hasta ahora cerrada, como si me cercenaran el brazo de manera tormentosa, como si fuese yo un globo muy nervioso en una fábrica de alfileres, y sin embargo todo era tan real, era una aguja real, dándome un pinchazo real, no había sufrimiento porque el dolor era auténtico, no había amenaza de daño, sino certeza de un daño deseado, no había sorpresa sino una seguridad agobiante de estar siendo penetrado incesantemente por la aguja rabiosa. Empezó y no acabaría hasta que acabara, y faltaba mucho. Layla estaba divertida y divina mirándome. Mis dientes los tallaba unos frente a otros, en una actitud que el tatuador juzgaría como abiertamente exagerada. Pese a ello él sugirió: "Se puede llorar". No tenía ganas, aunque tal vez debí aprovechar la oportunidad de llorar como una Magdalena, siendo que lloro bien poco. Todo sería por el mismo precio.


Layla se salió a fumar un cigarro. Travis estaba embebido en su labor. El dolor era bastante insoportable para mi, tan desacostumbrado a él. Comencé a cantar en la mente el himno a Shri Mahalaksmi, mi querida Diosa, pese a que el disco de ska que tenía puesto Travis me distraía. Conforme fui cantando el himno dejé de prestarle atención al dolor. Poco después mi brazo se adormeció mucho, cosa que Travis me dijo era usual. Seguí cantando mientras proseguía el recorrer de la aguja. Cuando Travis dijo "Listo" sentí como si mi madre hubiera dicho lo mismo al parirme, la marca estaba hecha, el pacto sellado, el dolor presente. El brazo se revelaba de alguna manera, pero no sangraba, sólo se hinchaba en un hilo rojo que enmarcaba cada línea del tatuaje, mi cuerpo irritado.


Luego siguió Layla. Hizo menos escándalo que yo, después de todo era medianamente una experta. Yo sin embargo me puse a su lado y le tomé de la nuca con ternura, luego de la mejilla. Todo transcurrió muy rápido con ella. Salimos del estudio de tatuajes con la cara de pan recién horneado. Poco o nada dijimos Layla y yo de regreso a la casa, pormenores de lo que se siente, pero evadiendo la verdadera plática que comenzaba con la pregunta "¿Y ahora qué somos tu y yo?", pareja ya éramos, esposos ya éramos, pero ahora éramos distintos. No lo dijimos, pero la noche tendría que desembocar en el rito que, ya he dicho, concibo como único homenaje digno de un tatuaje conjunto.


El frío calaba en la piel, pues al estar obligados a andar sin mangas el viento se metía por la camiseta. En el tatuaje nos habíamos untado una pomada Nosporin, que tiene no sé cuantas vitaminas. Esta aplicación de crema es la única licencia disfrazada de rascarse.


Por la noche nos fuimos a la habitación, me metía a bañar y salí del baño con una toalla que tiene una línea adhesiva para colocarse como falda, Layla entró a bañarse y salió casi desnuda, envuelta solamente en una bata muy transparente. Había yo apagado la luz principal y encendido una lámpara que emana una luz más bien azul. Layla duró unos segundos parada al borde de la cama, nunca la había visto tan hermosa, estaba renovada por completo; su simple presencia hizo que mi verga diera un vuelco debajo de la toalla. Ella se paró justo al lado de la cama, que es una cama más bien baja, pues el límite del colchón apenas y si rebasa un poco la altura de sus rodillas. Ver que sus rodillas estaban un poco por encima del colchón me hizo saber que ella, además de la bata, llevaba tacones. Me recosté sobre la cama y puse la nuca al borde del colchón, echando la cabeza hacia atrás, dispuesto a que ella se sentara, si cabe decirlo así, en mi cara. Acercó su sexo y comenzó a danzar sobre mi rostro mientras mi lengua baliaba en sus labios. Era yo dichoso de estar en ese lugar, palpando su sabor, su olor; su jugo destilando a chorros. Pasaron los minutos en medio de pura gloria, yo lamiendo su sexo y mi brazo derecho, herido sagradamente, comenzó a latir, como si todo el entusiasmo de mi boca por mamar emanara de allí, como si los dioses hubieran comenzado ya a hacer justo lo que Layla y yo estábamos haciendo. Layla se llevó la mano al sexo y comenzó a tocarse mientras simultáneamente yo le lamía su vulva, en su manoseo de vez en vez distraía su mano de su cuerpo para meterla en mi boca y yo chupaba sus dedos como una paleta lasciva, su mano, repleta de jugo y saliva se dirigió entonces hasta mi verga, que a fuerza de estar excitada por las oleadas de placer que estaba yo experimentando sólo de mamar a Layla se había salido ya de la toalla. Layla empuñó mi miembro y comenzó a frotarlo ayudándose de la dulce miel que tenía en su mano. Se quitó de mi boca y yo sentí tristeza, pues ella quería darme una mamada de cortesana, sin intercambio alguno de caricias, unilateral, ella sirviéndome a mi, tal como había hecho yo con ella minutos antes.


Me tendí con mayor comodidad sobre nuestra cama y la dejé hacer. Ella lo mama tan bien que es injusto que no de clases de esto. Mientras me chupa de varias y muy distintas maneras, yo sólo me retuerzo. A ella le gusta que mientras me mama yo le toque las mejillas, y el cabello, o el cuello, en un gesto de ternura que contrasta con la voracidad de su dedicación, ella me ha dicho que cuando me mama no quiere sentir igualdad, que un poco el gusto radica en la humildad, en el gusto de servir, que le agrada que la toque suavemente en el cuello porque compenza esa ternura con lo burdo de su mamada grotesca, que le gusta que le toque las mejillas mientras le entra la verga, y el cuello porque así siento hasta qué parte de la garganta se la meto; siento que es raro que me haya dicho eso algún día, supongo que lo dijo para agradarme, suponiendo que uno deba sentirse agradado con la sumisión, lo cierto es que no discuto su apreciación y me gusta ver lo puta que se ve mientras me come la verga. En mi hombro, el Dios se deja mamar por la Diosa, y él le acaricia el pelo y la columna a su consorte, yo imito su tacto, y en ese instante opera la magia, la caricia se vuelve divina y yo soy Shiva y ella es Shakti. Es difícil de explicar, pero siendo yo soy Layla también, es como si al ser mamado mamara, con un gusto que va más allá del género, pues a ese momento deja de importar quienes somos y qué hacemos, somos simple energía que juega al amor. Layla deja de mamarme y yo me siento a la orilla de la cama para que ella se monte en mi miembro, lo hace lentamente y yo disfruto cada milímetro de calor que engulle mi carne.

En nuestros brazos los tatuajes cobran vida, en su brazo sólo se ve la figura del Dios Varón, en el mío sólo el de la Diosa, ambos haciendo la danza de cómo se mueven, en el brazo de ella Shiva lanza sus caderas hacia delante, como si penetrara con fuerza la nada, en mi brazo, Shakti da un sentón a la vez que en su vulva se dibuja un hermoso anillo redondo, como si una verga etérica la penetrase. Y así, sintiendo lo que el otro, Layla y Yo vamos intuyendo cómo darnos placer, así, ella yace abierta de piernas, engulléndome completamente, luego la empino y comienzo a abordarla salvajemente, al más puro estilo perro, y con el mismo desenfreno, penetro una y otra vez, con fuerza, me inclino, pues quiero besarla en la boca, lo hago del lado del tatuaje y veo la silueta del Dios haciendo lo que yo hago, y noto que él sonríe. Por imitación comienzo yo a sonreír, y esta sonrisa de Shiva opera maravillas. Nuestra entrega pasó de ser placer a ser dicha, gozo puro, un juego limpio y cristalino pero no por eso menos salvaje e intenso. Layla ve mi cara en un espejo y comienza ella también a sonreír, de rato no sólo sonreímos, sino que nos estamos arremetiendo a embistes y sentones, pero riéndonos. "Soy feliz" digo, y soy testigo de no haberlo dicho nunca en mi vida. Antes de sufrir el orgasmo, un calor inexplicable se apodera de nosotros y la necesidad de eyacular se desvanece, la necesidad de correrse desaparece, pero no el placer que proporciona. Caigo sobre ella como un mullido cobertor, nuestra respiración es agitada y ni aun besándonos desaparece la sonrisa de nuestra boca. Nuestros ojos son lámparas de luz. Nuestros cuerpos durmieron, nuestros tatuajes no.


Llegó el día de volver a la oficina. Luzco tan formal, pero debajo de la manga de mi camisa, mi tatuaje continúa queriéndose en una noche eterna. En veces salen de mi privado gemidos, mi secretaria me pregunta si le he pedido algo, yo le aclaro que yo no le he pedido nada, lo único que sé es que yo no gimo en mi oficina, pero no estoy muy seguro de ello. Siento que aun encubierto, el tatuaje se deja sentir. Cuando sospeché los efectos insospechados no se me ocurrió pensar en que el tatuaje sea un torbellino de amor que necesariamente va a inquietar a quienes ni siquiera intuyen de qué se trata. ¿Y si fuese cierto que si gimo? ¿Qué pensarán los hombres a quienes Layla les enseña su tatuaje en el que una diosa está bien envergadita? ¿Y si fuese cierto que las visiones de entrega, y carne, y sexo, que se me vienen a la mente no sean fantasías sino cosas que a partir de tener el tatuaje he hecho pero ya no recuerdo? ¿Si Shiva me usa para hacerle el amor a Shakti en el cuerpo de humanas que ni conozco? El tatuaje me invade, y me aferro a mi rectitud. Pues más allá de sentir que el tatuaje es una licencia para hacerle el amor a Dios en el cuerpo que sea, solo una cosa debo recordar, que Layla tiene uno igual. Y yo, francamente, prefiero acuerdos más simples, en que ella y yo somos inagotables, que en ambos hay suficiente misterio, suficiente camino por andar, como para buscar más allá, yo tengo una ala y ella otra, y juntos volamos, juntos somos nuestro propio ángel.

Jilo

Dilatacion

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Juan era un hombre apacible. Mantenía una relación cordial con sus compañeros de trabajo y con sus amigos. Era el típico personaje gris, que no destacaba ni por bueno ni por malo. De lunes a viernes iba a trabajar, realizaba sus tareas con esmero pero sin iniciativa y volvía a casa sin tomar copas con nadie, sin dejarse llevar por ninguna distracción.
Su mujer, Esperanza, era una mujer normalita . Bastante agraciada para su edad, cariñosa y perfecta esposa, inteligente y alegre. No habían podido tener hijos y ese "problema" no había enturbiado su relación ni había disminuido su amor mutuo. Se dedicaba con meticulosidad a las tareas del hogar y a cuidar de su marido. Era la típica ama de casa gris, que salía de casa solo a hacer sus compras diarias y volvía a casa alegre para continuar sus labores.
Pero eran felices, porque ellos sabían que eran una cosa que les llenaba de orgullo y que, aunque no era de público conocimiento, les hacia diferentes de los demás. Eran unos artistas de la dilatación.
Cuando se casaron y fueron a su viaje de bodas, (nada de relaciones prematrimoniales) en el juego erótico Juan había penetrado a Esperanza con dos dedos. Y descubrió lo que él definía para si como su vocación. La dilatación del coño y el culo de su mujer. Esperanza se corrió en ese primer acto inmediatamente con una fuerza y unos espasmos que, incluso, asustaron a Juan en ese momento. En medio de ese orgasmo Juan metió el tercero, el cuarto y hasta el quinto dedos en el agujero de Esperanza. Cuando llego a meter la mano, Esperanza se desmayó de placer.
Esperanza, al reponerse, le dijo que le había sentido enormemente y que la visión de su marido metiéndole la mano en el coño la había llevado hasta ese gigantesco orgasmo. Que follar estaba bien , pero la mano........ era otro cantar.
Juan, que en las primeras veces tenia miedo de hacerle daño, se dio cuenta que la naturaleza había dotado a Esperanza de un coño tremendamente elástico que le permitía engullir casi cualquier cosa . Y un día, tras hablarlo, decidieron que ese seria su objetivo. Que el coño de Esperanza engullera cualquier cosa que se propusieran.
Con el culo fue mas difícil, y aunque las manos de Juan, por separado y juntas habían llegado a penetrarlo con el paso de los años, establecieron que el record máximo recomendable habría de ser una botella de vino, por la parte ancha naturalmente.
Y se pusieron a la tarea con dedicación. Esperanza se compraba unas bragas grandes y fuertes, aunque de tela suave que le permitieran retener en su coño los objetos que Juan le insertaba y llevarlos constantemente. Primero velas de cera, con un record de diez. Cuando las diez velas se salían casi solas, cuando ella estaba de pie, iniciaron el recorrido de las frutas y verduras. Pepinos, calabacines, zanahorias, nabos,entraban en el cono de Esperanza y se quedaban en el durante días.
Juan llevaba una tabla donde, de forma metódica, apuntaba la dilatación que iban obteniendo. Naturalmente, nada mas llegar a casa y antes de hacer cualquier otra cosa, montaba a Esperanza en un arnes que habian fijado en el techo de la habitación y con el coño a rebosar y antes de medirla, la masturbaba con un vibrador alemán muy potente que habian pedido por catálogo hacia años. Esperanza siempre se desmayaba de placer. El aprovechaba ese momento de desmayo para sacar lo que tuviera en el coño, medirla con un compás medidor que se habían hecho fabricar, masturbarse dentro de su coño abierto con el aparatejo e introducirla los nuevos objetos. Todo lo grababa en un video que, una vez despierta Esperanza, veían ambos masturbándose el uno al otro.
La polla y los testículos de Juan se perdían dentro del enorme coño de su esposa desde su segundo año de casado y, por desgracia, follar ya no daba placer a su mujer, pero ella desde ese momento no lo reclamó, ya que se encontraba totalmente satisfecha con sus progresos, que eran orgasmos gigantescos cada vez.
Dormían desde hacia tiempo el uno con la cabeza en los pies del otro. Esa postura le permitía a Juan añadir a los objetos del coño de su mujer una mano y penetrarle el culo con la otra mientras descansaban.
Un día, Esperanza sorprendió a Juan enseñándole un cono de señalización de tráfico que había cogido de una obra de asfaltado cercana. Lo lavo esmeradamente y, tras dejarlo totalmente reluciente le corto la punta de forma que su abertura fuera de quince centímetros. A partir de ese momento y con un taburete de patas regulables con un agujero en el centro , ella misma se sentaba sobre el con el cono en su raja, viendo la tele, cosiendo o simplemente hablando con Juan de los acontecimientos del día. A medida que la dilatación era conseguida , el cono era recortado, con lo que la dilatación seguía en aumento. Además el cono permitía a Juan , estando Esperanza acostada con el coño lleno, masturbarla en el punto G directamente mientras ella le mamaba hasta hacerle correr.
Y pasaron los años . La felicidad de ambos les llevo en volandas hasta su quince aniversario. Juan regalo a Esperanza un juego nuevo de Consoladores de quince centímetros de diámetro que compró por Internet. Esperanza le dijo que su regalo se lo haría el fin de semana siguiente, que tuviera paciencia , que le gustaría.
El sábado siguiente Esperanza vendo los ojos de su marido y le sujeto en una silla. Juan noto como ella le ponía en la boca un aparato que le permitía respirar comodamente y como enfundaba todo su cuerpo exceptuando su polla en un traje de latex que reajustaba bien pero que no le apretaba. Espero.
Oyó la voz de Esperanza, contandole lo que hacia. Le conto que estaba poniendo la cámara de video para grabar y que se relajara, que le queria y que le iba a dar el
mejor regalo de su vida, que tuviera paciencia y que no se asustara. Se dejo trasladar a la cama y noto que la almohada era mas dura y mas alta de lo normal. Luego noto que su esposa le acariciaba la cara, la frente, la nuca y luego sintio algo caliente que le envolvia y que su mujer le estaba metiendo por la cabeza despacio y con mucho esfuerzo a juzgar por los gemidos de Esperanza . Cuando tenia toda su cabeza hasta el cuello introducida en esa especie de bolsa notó que su mujer tomaba su polla entre sus manos y se la metia en la boca, empezando a mamarle. Ambos se corrieron, placidamente él, con unos espasmos terribles ella. Luego Esperanza se desmayó.
Paso el tiempo. Noto que esperanza volvía en si y que le quitaba de la cabeza el aditamento que le habia puesto con el mismo esfuerzo y los mismos gemidos. Le desenfundó del traje de latex , le quito la venda y, mirandole a los ojos le dijo:
Felicidades amor mio. Te quiero.
Luego se levantó como siempre hacia, dio a la tecla del video y se dispuso a mamarle otra vez.
La imagen de la tele dejo a Juan de piedra. Su mujer se sentaba sobre sus hombros y, trabajosamente y milimetro a milimetro se metia su cabeza en el coño resoplando, con lagrimas en los ojos por el enorme esfuerzo y dilatación monstruosa. Luego, como una contorsionista, cogia su polla y le mamaba hasta que se corria en su boca, tragandose su semen mezclado con sus propias lágrimas de dolor.
Un volcan de semen se projecto en la garganta de Esperanza ,que aun asi siguió mamandole. Juan sintio una explosión de luces en su cabeza y una especie de mareo sordo. Y se desmallo.

anonimo

Cuero y Metal, mucho Metal

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La pobre chica lloraba desconsoladamente. La abracé, susurrándola al oído tiernas palabras, besándola. La acompañé a la puerta. Abajo, en el vestíbulo la esperaba el taxi que había llamado para ella. Miré el reloj. Eran las 3 de la madrugada y no tenía ganas de dormir. Unos cuantos fotógrafos y reporteros acosaban a la famosa chica del mundo del espectáculo en su rápido recorrido, desde el portal hasta el taxi, acompañada por el portero y dos escoltas de seguridad. ¡¡¡Vaya escándalo mañana en las revistas!!!... Y su marido de viaje en Brasil.
Por cierto, no me he presentado. Soy Roberto PL. o como preferíais llamarme, pues mi nombre verdadero no importa.
No es por presumir, sino que soy realista y sincero si os digo que soy alto, de 1’95 m. 32 años. De robusto y viril cuerpo atlético, moreno, ojos verdes, y un rostro atractivo y exótico, con una sonrisa que pierde a las mujeres. Diréis que exagero, pero para mi desgracia es la pura verdad. Por si fuera poco, soy un rico y próspero empresario, de ilustre familia, con un patrimonio económico y familiar muy elevado, mucha influencia en el mundo de la política nacional e internacional, y perseguido por todo aquel que tenga cámara fotográfica y trabaje para las revistas del corazón. Natural, como que soy el "soltero de oro" de mi país.

La verdad es que yo hace tiempo, llevando esta vida, era todo lo feliz que se puede desear. Tenía El Poder, la Posición, el Dinero, las mujeres, vida cómoda. Normalmente seguía la corriente, como el resto de gente de mi alcurnia, me presentaba en todos los "saraos" de moda, seguía el protocolo en ciertas recepciones oficiales a las que era invitado, me dejaba ver con ciertas personas influyentes en los sitios estipulados, era miembro de ciertos "Clubs" y grupos de diversas actividades culturales y económicas...
Hasta que, buscando emociones, hace tiempo, descubrí otro mundo. Un mundo duro, difícil. El mundo de los supervivientes, gente de todo tipo, gente muy trabajadora, que gana en un mes lo que yo gasto simplemente en unos zapatos, y además es su único sustento. Gente que nace con todas las puertas cerradas, y viven para trabajar, sonriendo ante las inclemencias y las dificultades.
Duros, recios, acostumbrados a lo peor como norma. Se divierten con mucho ruido, como si esa fuera su última noche. Aprecian la vida, y luchan por el "día a día". O sea, la gentuza, los "monstruos" y los "colegas del Metal" que frecuento cuando me escapo. Los locales de Rock Duro y Heavy metal.
Las Mujeres. ¡¡¡Dios...!!! Salvajes, hambrientas de cariño, rebosantes de pasión, algunas frías, otras muy pícaras. Difíciles. Provocativas, seductoras, celosas, posesivas. Arnold Schwarzzenneger pasaría calamidades intentando satisfacer sexualmente a alguna de estas amazonas.
Y vamos a lo que me cambió totalmente todos los valores. Aquella noche, a las 3 de la madrugada, y después de hacer el amor de forma muy improductiva con la pobre señorita pija enamoradiza cuyo marido no la hace caso, me vestí, sin ducharme ni afeitarme, cogí las llaves del "Lotus", y salí a toda velocidad del garaje, seguido por dos cochecillos repletos de "Paparazzi". Dos pisadas de acelerador, y despistados.
Llegué a un piso que tengo en los suburbios, también con garaje. Me cambié de ropa, camiseta de color oscuro, pantalones muy ceñidos negros de cuero, botas negras y cazadora de "motero", con el distintivo en la espalda del grupo de Heavy Metal, "Sepultura". Gafas de sol negras, y ciertos accesorios de chapa o negros, acorde con mi "look" de barriobajero chulo pasado de vueltas.
Paré, frenando mi motocicleta "Harley", de gran cilindrada, y de color negro, con detalles de cromo muy brillante, frente a la entrada de aquel infecto y ruidoso tugurio, "EL Sapo Tuerto". Mientras el "portero", un simiesco y poco delicado matón calvo con sonrisa infantil, propinaba puñetazos y patadas en las costillas a un pobre borracho que no se tenía en pie, dos drogotas "echaban la pota", una sanguinolenta mezcolanza de whisky a granel, líquido de frenos de motocicleta, ciertos pedazos de chorizo y pan, y la papilla de recién nacidos.
En un coche de puertas oxidadas follaban gritando y jadeando... ¿Tres personas? Mas alejados, dos agentes de la Policía Local ponían multas a ciertos vehículos mal aparcados, sin preocuparse de las altisonantes actividades de alrededor.
El cadáver mal apoyado en la farola, de un fallecido por sobredosis de heroína y pastillas de éxtasis, saludaba con las manos extendidas, la mirada fija, y un cartel que rezaba: "Por fabor, eztoi enel paro con 3 ijos" (Traducido: Por favor, estoy en el paro con tres hijos)
Buen ambientillo. La cosa se animaba. Le solté un billete de 5000 al entrañable bruto mecánico de la puerta, y entré, apartando el espeso ambiente cargado con olor a alcohol de 96º, pólvora, tabaco reciclado, gas metano procedente de espesos montones de detritus orgánicos (Que cuidé de no pisar, quien cojones es capaz de cagar en el suelo rodeado de gente) colonia "Barón Dandy", "Eau de Sobac", etc... ¡Que agradable!
Mis ojos se acostumbraron a la oscuridad, aunque el ruido era infernal. Creo que aquí no había normativa en cuanto a decibelios. Pensé, o creí distinguir, cierto ruido que me recordaba alguna pieza de lo más antiguo de los "Iced Earth". La pista estaba abarrotada de gentuza, todos sacudiendo las melenudas testas, empujándose unos a otros, hombres y mujeres.
Me hice sitio con los codos y un bofetón en la boca a un desgraciado, en la infecta barra. Sus dientes rodaron como canicas por el encharcado suelo. Un barman con parche en el ojo izquierdo, camiseta muy sudada, pelos hasta en las encías, y tres dientes incisivos manchados de nicotina y Dios sabe que más, con palillo colgando de la comisura, me dijo amablemente:
¡¡¡Me cago en tu puta madre, Hijo de la Gran Puta!!! Te andan buscando los gamberros de Ascao. Te van a cortar los cojones, y ponértelos en la boca, para que no puedas decir que no se han acordado de ti. No se le ocurre a nadie mas que a ti follarse a la mujer del "Calatrava".
Tú siempre tan simpático y cariñoso, colega. Dame un "tubo" de lo más corrosivo que tengas. ¡Hostias!
Ahí va, una de Whisky "Matalascabras". De lo mejorcito del barrio. Lo hago en la cocina, con la lejía y el Aguafuerte que roba mi parienta en el curro.
¡Tú si que sabes, Popeye! ¡Joder, la tía esa me la tuve que joder con un guante profiláctico de la limpieza, a manera de condón. Por lo menos tenía Gonorrea, Salmonerosis, la Peste Negra, y yo que sé que más. Toda una señora Guarra.
Me apoyé en la barra, observando el panorama. Un grupo de músicos subió al escenario, cortaron la música para que pudiesen desarrollar su repertorio. Me carcajeé un rato, cuando ví que pronto se convirtieron en blanco de todos los cascos de cerveza que la gentuza les tiraba, en señal de no haber satisfecho sus exigencias de calidad auditiva. Afortunadamente para estos casos, los dueños del Local suelen avisar para que una ambulancia de "SAMUR" esté prevenida a la salida, quienes esperaban que la multitud abucheante agrediese y arrojase a los pobres músicos a "la puta calle".
Una suave caricia sobre mi hombro, por encima del cuero, me hizo volver la cabeza, y me quedé atontado, totalmente bloqueado, sin saber qué decir.
¡Uuuufff...! No podía apartar los ojos de aquella fija e intensa mirada. Ojos azules muy claros. Su sonrisa, sus carnosos labios entreabiertos, sus manos acariciando mi cuello, mis hombros...
Hola, cielo. Te he elegido. Quiero que me hagas el amor esta noche. Me encantas. Me perteneces.
Mmmm... Estás buena. ¿Cómo te llamas? Normalmente soy yo quien toma la iniciativa.
Lo sabrás, pero no ahora. Sólo piensa en si estarás a la altura.
Y diciendo esto, puso una mano sobre mi entrepierna, que ya de por sí estaba bastante perjudicada, sobre el cuero del pantalón, lo que me produjo una terrible hinchazón que me dolía, presionaba.
Tenía ante mí una mujer excepcional. Alta, morena, de rasgos finos, aunque enérgicos, salvaje. Ojos preciosos, rasgados, casi como de mujer oriental. Pelo negro "ala de cuervo", liso, al estilo "Cleopatra". Una figura muy estilizada, curvilínea, de formas generosas, turgentes. Vestía un mono muy ajustado de cuero negro, que la cubría todo el cuerpo, hasta el cuello, aunque la cremallera estaba bajada mostrando el canalillo. Zapatos de tacón muy alto, de aguja.
Desde luego, me había tocado el "Gordo de la Lotería".
Ella se abrazó a mí. Reaccioné, rodeándola con mis brazos, acariciándola por encima del cuero, a sabiendas del efecto que en ella causaban las yemas de mis dedos deslizándose despacio, recreándose en las leves contracciones de placer, los jadeos entre beso y beso. Sus ojos entrecerrados, disfrutando cada segundo, muy pegada a mí, frotándome, rozando mi pene con su vientre.
Me tomó de las manos, y literalmente me arrastró a un reservado, donde forcejeó con la cremallera de mi pantalón, para por fin apoderarse de mi palpitante e hinchado miembro.
Me sorbía dulcemente. Noté como mi glande era castigado a lengüetazas. Su mano acariciaba mis testículos, y empujaba el pene más dentro de su boquita, anhelando tragárselo. Yo no conseguía reaccionar. Era suyo, totalmente suyo, de su propiedad, y ella me estaba tomando, haciendo conmigo lo que quería. Le apetecía comerme el pene, y me lo estaba chupando, regocijándose, buscando el momento de mi orgasmo, para recoger y saborear todo mi esperma.
No podía más. Estallé en su boca. Todo el esperma salió despedido. Una blanca y espesa nube que chocó en el fondo de su garganta, llenando toda la cavidad bucal, salpicando en el pelo, la ropa... Me seguía chupando, acariciando. Estuve un rato atontado, en éxtasis, hasta que me dí cuenta de que se había ido. ¿Dónde cojones estás?
Me levanté y salí corriendo, buscándola. No quería perderla. Me volví loco. ¿Era el desafío que andaba buscando? Salí a la calle, ví a la salvaje amazona acelerando en su moto, a lo lejos.
Tomé mi motocicleta y seguí detrás de ella, a gran velocidad, apurado. Maldita sea, no podía perderla. Me dí cuenta de que me estaba... ¿Enamorando? Sí, creo que me volví un poco "encoñado", pero es que la real hembra me había hipnotizado.
Estuve dando vueltas como alma en pena por toda la zona, sin localizar a mi pareja desconocida. Enfebrecido, enfadado. Miré el reloj y ví que eran las 8:00 de la madrugada. Paré en una cafetería y desayuné unas porras con un café bien cargado. Sonó el móvil. Me esperaban en la oficina para unas consultas y firma de poderes.
Entré en la nave de oficinas de mi empresa, y sentí de que manera me miraban todas mis empleadas. No se ve todos los días a tu jefe vestido de "chulo motero" con barba de dos días. ¡Je...Je..! Creo que a alguna no le hubiese importado ser acosada sexualmente.
Por favor, Marta, no me pases ninguna llamada. Pasa las visitas al Jefe de relaciones externas. Y perdona por el atuendo.
Te veo muy perjudicado, Jefe. ¿De "ligoteo" esta noche?
Pasé el día solucionando temas en mi despacho. Dormí algunas horas. Aquella noche saldría, buscaría a mi nueva adquisición. Aunque pensé en aquel momento que más bien yo era el cazador cazado.
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Pasaron los días, aburridos. Las noches, largas, en busca de mi hembra. (Como alguien diga que soy la versión masculina del anuncio en el que sale una tia buscando a "Jaqs", le meto una patada en los cojones, leches)
Me levanté la mañana del martes. No salí por la noche, así que me encontraba fresco y dispuesto. Me puse mi mejor traje y mi mejor sonrisa de depredador, pues hoy era un día especial. Era mi decisión comprar ciertas acciones de una nueva empresa puntera, en el negocio de las Telecomunicaciones, y vendrían asesores de la misma a un encuentro, en el que mi equipo de directivos estudiaría la oferta.
Entré en la oficina. Mis queridas empleadas me miraban. Pensé que seguramente miraban mi entrepierna, soñando con el probable caso de que me hubiese dejado abierta la bragueta. (Sonrisa morbosa)
Mi secretaria me entregó una citación para presentarme en un Juzgado, denunciado por un marido celoso por "mal trato psicológico a su mujercita", la revista del corazón donde salía ella en la portada, corriendo de noche desde el portal de mi casa hasta su vehículo, y un sujetador muy fino que me había olvidado encima de mi escritorio. Marta me dijo que ya me esperaban los asesores en la sala de Reuniones. Tomé mi carpeta, pasé y tomé asiento en el sillón de Presidente.
Y allí estaba Ella, preciosa, vestida de negro, un conjunto de vestir de alta costura, una chaqueta, una falda de tubo, zapatos de tacón alto, blusa de seda negra... ¡Bellísima!
No me enteré de nada de lo que se hablaba. Asentía a los gestos y preguntas como un títere. Ella no hablaba. Me miraba fijamente, con esos ojazos azules, su boquita entreabierta. Sus manitas, cruzadas sobre la superficie de la mesa, de largos y delicados dedos, coronados por una largas y bien cuidadas uñas.
Por fin, nos pusimos en pie, nos saludamos, y dos empleadas nos pasaron unas bandejitas con canapés. Me acerqué a mi presa, sin dejar de mirarla.
Hola, preciosa. ¿Te acuerdas de mí? En el Local de moda de Vallecas, "El Sapo Tuerto", donde paramos todos los moteros y demás gentuza de Madrid.
Creo que me confunde Ud. con otra. ¿Por que me mira así?
¡Vamos, vamos! No me digas que has olvidado lo que pasó la otra noche entre nosotros. Me comiste hasta hacerme explotar, y me dejaste allí tirado. Tomaste tu moto. Huiste de mí.
Por Dios, que si sigue Ud. hablándome así, no me dejará mas remedio que irme de la reunión. Yo soy una decente mujer trabajadora, y mis aspiraciones y deseos son los de ascender en mi empresa.
Me quedé helado, sin saber qué responder a tamaña frialdad. Ella, que me la habían presentado como Silvia, aprovechó mi desconcierto, y se fue a otro grupillo de gente.
Cuando pude, me encerré en mi despacho. Pedí a mi secretaria que cancelase todas mis llamadas de hoy, y después de recostarme en la butaca, me dispuse a abrir un paquete traído por mensajería, sin importarme de quien lo mandaba.
Lo abrí. Un fuerte olor a sexo se extendió por toda la dependencia. Unas braguitas negras de encaje, semitransparentes, mojaditas, al parecer usadas. Y una nota en un sobre abierto.
"Estas braguitas son las que llevaba puestas el día que te devoré el miembro. No me las quité hasta hoy. Y te las mando, con la promesa de no usar ninguna braguita, hasta que nos veamos de nuevo.
¿Te gusta el aroma de mi sexo? Estoy muy excitada desde que te conozco. ¡Hazme tuya! No llevo braguitas en este momento bajo mi faldita. Acude pasado mañana por la noche al Local. Te deseo.
Silvia."
¡¡¡Siiiiiiii...!!! La ocasión la pintan calva. Acerté. Lo sabía. Ya era mía. Desde luego, las hay que le echan imaginación para seducir a alguien como yo, y si os digo la verdad, yo, mas que seducido, estaba bien atrapado.
El olor a flujo vaginal concentrado de hembra de mi especie me estaba mareando y poniendo muy excitado, en pie de guerra. Y pensando en la acción bélica que se avecinaba, mi tortuosa y perjudicada mente estaba que estallaba. En ese momento entró mi secretaria, para alguna nimiedad, y se quedó parada, medio sintiendo el "ambientazo", medio intuyendo mi febril estado de necesidad. Observó atontada el bulto que presionaba mi pantalón, mis manos que se movían nerviosas, rompiendo un lápiz sin querer. Mis enloquecidos ojos clavados en los sutiles detalles de su silueta, a través de la ropa de trabajo.
Ella tembló, cerró sus ojitos, se llevó una mano al pecho, se pasó inconscientemente la lengua por sus carnosos labios… ¡Uuuuufff…!
Perdona, querida, pero como no salga de aquí en menos de cinco segundos, no respondo de mis actos.
Como no era plan de follarme allí mismo a mi secretaria, lo que hice fue salir corriendo a la calle, para refrescar mis ideas, dejando a la pobre en un mar de dudas. Sé que lleva tiempo enamorada en secreto de mí, pero está casada, y no es plan de que nos pillen los fotógrafos en algún hotel, teniendo en cuenta que mi secretaria es buena, eficiente y feliz en su matrimonio. Vamos, que ya basta de escándalos por una temporada.

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Por fin llegó el momento. Ya estaba aparcado frente a "El Sapo Tuerto". Tres "Skin" y dos drogatas peludos se acuchillaban y golpeaban con navajas y cascos rotos de botellas de vino peleón. Mas allá, los sempiternos policías locales se dedicaban a multar, tranquilos. Alguien había vomitado sobre el cadáver que se pudría desde el otro día. En un arranque de piedad me acerqué a los policías. Les solicité ayuda para retirar el finado del lugar.
Me dijeron:
¿Por casualidad el finado es familiar suyo?
Pues no, pero huele un poco...
¿Y Ud. Se atreve a afirmar que el caballero que descansa y medita, está fallecido?
Pues hombre, ya que Ud. Lo dice... pero vamos, que está cogiendo colorcillo de estar ahí.
Bien, si no tiene nada mejor que hacer, llamaremos a una unidad de Recogida, al forense, al Señor Juez y otra dotación de Policía. Pasaremos toda la noche rellenando formularios. Ud. Esperará para declarar y...
Je... Je... perdonen la molestia. Acabo de ver que ha movido la mano. Les dejo con sus obligaciones. Buen servicio. (¡¡¡Funcionarios de los cojones...!!!)
El cadáver podía esperar una noche más.
Le di un billete de 5000 al malcarado matón de la entrada.
Kolega, necesitas unas vacaciones. Mucho estrés. Te cambiará la cara.
Pasa, anda...

El espeso ambiente y el ruido infernal casi me tiran de espaldas. "Sepultura" rugía por los potentes bafles. La gentuza de la pista se sacudía enloquecida. La distorsión era tremenda. En la barra, Popeye le aplicó el "Libro de Reclamaciones" a un "pastillero" borracho en pleno cráneo, y luego lo arrojó de la barra, limpió esa zona de sangre con la servilleta, y me sirvió un "tubo" de Matalascabras. Una gota rebosó y humeó, quemando y corroyendo la madera de la barra.
¡Joder... Esto está de muerte, Popeye...!
Cerca de allí me pareció ver a Silvia, vestida como la otra vez, de cuero. Estaba sentada, con alguien. Me acerqué. Me quedé de piedra, alelado, al ver el cuadro.
Ella estaba allí, acariciando los pechos de otra atractiva hembra, mientras la besaba suavemente en la boca. Su manita bajaba despacio por el vientre, hacia la entrepierna, levantó la ligera minifalda, dejando así las braguitas blancas de su pareja a la vista. Acarició, sin dejar de besar, los muslos, la entrepierna, el pubis, por encima de la braguita. La otra chica jadeaba, con los ojos cerrados, se dejaba chupar la comisura, los labios, su lengua.
Aquello me estaba levantando los ánimos. Sentí una fuerte presión testosterínica, seguida de cierto dolorcillo. Mi pene pugnaba por abrirse paso a través de la tela.
¡¡¡Uuuufff...!!!
Sin poder evitarlo, me acerqué mas, y puse mi mano suavemente sobre sus cabellos, para mesárselos. Ella, se incorporó airada, y me empujó, gritándome, echándome. La otra chica se puso en pie, abrazando a Silvia, calmándola. Se abrazaron y besaron, en un largo y apasionado beso, intercambiando saliva, dejando que sus respectivas lenguas se tocasen. Yo, excitado y dolorido, no sabía que hacer, salvo contemplar la belleza de la lésbica escena.
Los tres estábamos en otro mundo, fuera del ruido infernal, la gentuza, la oscuridad, el denso ambiente.
¡Llévanos a tu piso! ¡No puedo mas, he de comerle el sexo...!
Los tres salimos, tomamos nuestras motos, su chica subida tras ella, y me siguieron hasta el piso que tenía cerca.
Entramos, y me puse a preparar unas bebidas. Ellas dos, sin decir nada, tomaron rumbo al dormitorio, sin hacerme caso, apasionadas, salvajes.
Entré en el dormitorio, todavía vestido, y allí estaban ellas, tumbadas, arrancándose la ropa mutuamente, mientras se chupaban y acariciaban.
Me quedé quieto, empalmadísimo, gozando de tan sublime espectáculo. Ellas estaban en pleno 69, chupándose sus respectivos coñitos con hambre, regocijándose, paladeando. Silvia se estaba corriendo, jadeaba de placer, y la otra le atacaba con mas ferocidad, mordiéndole los labios internos, el clítoris, empapándose toda la cara de los jugos de mi Silvia.
¡Sigue...sigue! ¡Chupaaaa...! ¡No pares, chúpame...! ¡¡¡Aaaaaahhh...!!!
¡¡¡Siiii...!!!
Las dos se estaban corriendo a la vez, sentí sus espasmos, sus orgasmos. Sus grititos. Movían las caderas al son de los latigazos de las lenguas. Silvia, mientras chupaba, propinaba fuertes pellizcos en el culito a la otra mujer, y le clavaba las uñas con saña en la espalda, lo que la hacía gozar más, gritando de dolor y placer.
A esto que Silvia se puso de pie, de repente, y abofeteó a su compañera, llamándola puta, guarra... Yo perdí la paciencia, me empecé a quitar la ropa, con la intención de entrar en el juego. Silvia me rechazó de nuevo, sacudió una sonora bofetada a la mujer, y se fue de allí, de un portazo, llevándose la ropa y vistiéndose por la escalera. Aquello ya me estaba cabreando. No seguí detras de ella. Contemplé a la pobre chica, desnuda, llorando.
¡Y tú...! ¿Quien eres? ¿Que cojones pasa aquí?
Perdona, es que Silvia me ha dejado. Me siento muy mal.
Pues te vas a sentir peor después de que te folle. Si te piensas que te vas a ir de aquí de rositas, después del espectáculo que me habéis dado, es que vas mal.
Ella, que se presentó como Lucía, se abrazó a mí, llorando, desnuda. Apretándose a mi sudoroso y desnudo cuerpo.
¡Mmmm...! No estás mal, para ser un hombre.
La abracé fuerte, apretándola contra mí, tocándola el culito con las dos manos, subiéndolas por su espalda muy suavemente. Dejé que mis labios rozasen la delicada piel de su cara, de su cuello, los hombros... La besé en la boca, en un largo y sabroso beso. Nos tumbamos en la cama, acariciándonos. Ella puso su manita en mis testículos, los rozó muy suave con las yemas de sus mágicos dedos, y sus caricias fueron subiendo muy despacio por el tronco, hasta llegar al hinchado y rojo glande. Se metió la polla en la boca, chupando, sorbiendo despacio, sin prisa, a sabiendas de mi ansia por derramarme, comiéndome, saboreándome.
- ¡Dios... Que grande la tienes, va a explotar! ¡Penétrame, lo necesito...ahora!
Se subió sobre mí, dejando que todo mi miembro se introdujese poco a poco en su mojado coñito, penetrándola hasta lo más profundo.
Su maravilloso cuerpo se movía lascivo, voluptuoso. Ella vibraba, se dejó acariciar los enhiestos pechos, mientras me follaba. Estaba erguida, empalada, moviéndose despacio, disfrutando del momento, dejando que los músculos internos de su vagina se apretasen absorbiendo mi pene. Rozándolo hacia adentro y hacia afuera.
Mis manos se movían muy suavemente, estrujando sus pechos, pellizcando sus pezoncitos. Ella se movía sobre mí, cada vez mas deprisa, estaba cercana a su próximo estallido de placer. Jadeaba. Miré hacia la puerta, y allí estaba Silvia, desnuda, maravillosa, contemplándonos excitada.
Se acercó, despacio, dejando que mi mirada recorriese todos los detalles de su cuerpo, regocijándose de su desnudez, de su poder sobre mí. Me besó en la boca. Pegó sus labios a los míos, escarbando con su lengua, mientras mi pene pugnaba por estallar dentro del coñito de Lucía, en una nueva oleada de excitación. Agarré a Lucía por las caderas, y pegué un furioso empujón de mi miembro, encajándolo dolorosamente. Lucía gritó de dolor y placer, intentó escapar a mi agarre, sacudiéndose, y consiguiendo que la apretara con mas fuerza. Sentí mi polla muy dentro, muy apretada.
Silvia se incorporó, vió a su lasciva pareja en ese estado de éxtasis que precede al orgasmo, y la azotó con fuerza en el rostro, una y otra vez. Lucía lloraba, gritaba de dolor, pero seguía sobre mí, follandome.
Yo estaba a punto de correrme. Jadeé. Silvia, presintiendo mi estado, derribó de un fuerte bofetón a Lucía, justo cuando se sacudía en los fuertes estertores de su incontrolado y doloroso orgasmo, la echó fuera de la cama, al suelo, donde la golpeó con el fino tacón en el vientre, y se metió mi polla en la boca. Me sorbió el miembro, y precipitó todo mi orgasmo en una nube de esperma que llenó su boca, salpicó su pecho, su pelo…
¡Joder, que mal viaje, Silvia! Me has dejado hecho polvo.
¡Te deseo! Cerdo mío. ¡Bésame!
Me encantó el romanticismo, la sutilidad del momento. Lucía dolorida, tirada en el suelo, Silvia excitada, ávida de sexo. Y yo, perplejo, satisfecho de momento, pero en camino de saltar de nuevo sobre mi hembra. Mi pene ya estaba otra vez en posición. Me apreté contra Silvia, la abracé, tumbados los dos de lado, mirándonos a los ojos. Mi mano bajaba por sus nalgas, por sus muslos, en dirección a su mojada entrepierna.
- ¡Mmmmm…! Que cabrón eres. Sabes como excitar a tu pareja. Dame placer, mi amor.
Me subí sobre ella, separándola las piernas, penetrándola muy despacio. Por fin, después de tan larga espera se culminaban todos mis deseos. Y de mi boca salió la palabra prohibida, la palabra que creí que no pronunciaría en mi vida.
Te quiero, Silvia.
¡Tómame, mi amor! Soy tuya.

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"Les anunciamos que mañana, por fin, se celebra la asombrosa boda del famoso multimillonario Sr. P.L. con la Presidenta del Comité para la restauración de los Monumentos de la Capital de la Nación, y principal accionista de la empresa mas importante de las Telecomunicaciones.
La precipitación de la misma no se ha dejado notar en la pericia de los preparativos para los casi mil invitados que acudirán, entre ilustres familiares, y gente de la Alta Sociedad.
Por otra parte, Serena Flores, mujer del famoso deportista, que fue sorprendida hace no más de un mes saliendo del domicilio del Novio de esta boda, declara su indiferencia, a pesar de no haber sido invitada a la… "
Crónica del "Hola"

Y allí estaba yo, ante el Altar, donde pensé que nunca me vería. Enamorado, seducido y "empaquetado", preparado para unirme de por vida a mi amada y salvaje esposa, que en esos momentos bajaba por la rampa, acompañada del padrino, al lento ritmo del órgano.
¡Si, quiero!
Yo os declaro Marido y Mujer. Puedes besar a la novia.
¿Sabes una cosita? (Leve susurro a mi oído) NO LLEVO BRAGUITAS.
¡¡¡AAAAAAAAAAAARRRGGGHHH…!!!
La besé como nunca había besado a ninguna mujer. Lucía nos esperaba, desnuda, atada y amordazada con grilletes de acero y sujecciones de cuero, en la Suite Nupcial. Mi regalo de bodas.



El Mercenario

Colgado por sus Pantys

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Mi nombre es Andrés y soy de Cali, Colombia, a continuación, les voy a narrar uno de mis robos favoritos de ropa interior femenina.
Sé que, en diferentes partes de América y Europa, tienen distintos nombres para denominar lo mismo, por ejemplo, en México les dicen pantaletas, en Argentina bombachas, en Chile colales, en España bragas, en Perú calzón... Aquí en Colombia les llamamos Pantys; a continuación les voy a narrar el robo de unas pantys y unos brasieres (o sostenes) de una compañera llamada Angélica.
Empezaré diciendo que Angélica tiene 18 años, mide 1,70, es de color de piel blanca, tiene un rostro angelical de esos de Lolitas, labios delgados, ojos café claro, y cabello castaño largo y liso. Sus tetas son normales, talla de brasiere 34-b, y lo mejor que tiene es un culo de campeonato, pues ella practica ballet, y eso hace que lo tenga muy bien formado.
Yo asistía a una escuela de música y danza. Allí practicaba la guitarra, pero además también hacían prácticas de ballet. Iba a ensayar todos los jueves a las 4:00 pm, cuando termina la clase, a las 5:30, me iba a donde practicaban ballet, y miraba todas esas hermosas jovencitas, entre los 17 y 20 años, bailando en sus lycras y mayas ajustadas, miraba cómo contoneaban y movían su culito, al ritmo de la música clásica y de las instrucciones de la instructora, y alcanzaba, en algunos casos, a mirar cómo sus pantys, tipo hilo dental, se metían por sus culitos vírgenes, de niñas buenas de casa.
Entre todas esas jovencitas estaba Angélica, que era la más linda, y la que inspiraba más inocencia, pero a la vez sensualidad, brotaba la baba mirándola desde la barra. Y, desde ese mismo momento, en mi mente sólo se fabricó un pensamiento, uno que incesantemente me acompañaría todos los días que iba a la academia, a practicar guitarra, robarle unos pantys a Angélica.
Camino a casa, ese día no podía de dejar de recordar las imágenes de ese culito moviéndose, mi verga estaba a punto de estallar, tanto es así que, cuando llegué a casa, tuve que encerrarme en mi cuarto, sacar las pantys de una de mis víctimas pasadas, y masturbarme frenéticamente imaginando cómo se veía Angélica en esa tanguita, al instante me vine en ríos de leche.
Fueron pasando las semanas, y yo, cada vez más, me angustiaba por tener algo de Angélica, pero era una tarea imposible, intente hacerme su amigo, para intentar la posibilidad de ir a su casa y robarle algo, pero Angélica era una mujer muy cerrada, y ni siquiera hablaba con alguien. Siempre, al final de su ensayo de ballet, su novio, un tipo de mucho dinero y poder, la recogía y se la llevaba, y yo mientras suspiraba mirando cómo se marchaba.
Tenía que robarle algo a Angélica, así que esa fue mi meta, que tenía que cumplir cómo fuera.
Comencé a averiguar y a investigar de que, al lado de el salón de prácticas de Danza, había un cuarto de vestiere, donde cada una de las mujeres se cambiaba de ropa y la guardaban en su maletín, y éste, a su vez, era guardado en un casillero (o locker, cajón de metal con candado para guardar objetos personales).
El problema era doble, porque el vestiere, con los casilleros, quedaba al lado de donde las mujeres practicaban ballet, así que era imposible yo, como hombre, poder entrar sin que ellas me vieran y, sobre todo, sin pasar advertido, y además, si llegaba a entrar, cómo iba saber cual era el casillero de Angélica y cómo iba a tener la llave del casillero para abrir el candado y robarme sus pantys... Estaba en un problema, y no sabía cómo salir de él.
Un día, me trasladaron la clase de los jueves a los sábados a las 9:00 am, así que fui, pero resulta que el profesor no fue, y cancelaron la clase de instrucción de guitarra de ese día. De modo que me iba a volver a mi casa, cuando, de repente, vi a las mujeres practicando clase de ballet, entre ellas estaba Angélica, pero ese día no estaban en el cuarto de danza, sino en otro. Me enteré después de que estaban practicando para una presentación especial.
Así que me dije a mí mismo: ésta es mi oportunidad. Afuera del salón, donde ellas practicaban, había una mesa con cosas de ellas, había toallas, vasos de agua, y bolsos y billeteras (artículo donde se guarda dinero y documentos de identificación), yo me acordaba que el bolso de Angélica era uno negro marca Sebastián; así que me fije de que nadie me viera y tomé el bolso, y busqué las llaves del casillero, y ....¡Oh sorpresa!, las encontré.
Dejé el bolso donde estaba, y me fui de una al cuarto de vestiere. Tenía todo el camino despejado por primera vez y no lo iba a desaprovechar, así que cerré la puerta con seguro del vestiere de las mujeres, prendí la luz, y comencé a ensayar la llave del casillero candado por candado, hasta que abriera al casillero de Angélica. No pasaron más de 4 casilleros hasta que pude abrir el de Angélica.
Me sentía en la gloria, tenía mi verga a punto de estallar, saque el maletín (o valija) de Angélica y, con todo el tiempo del mundo, me dispuse a hurgar y buscar en él mi más preciado tesoro, saqué su ropa y sus objetos personales, y encontré su panty, tipo hilo dental blanco, de encajes de flores marca Victoria Sacrets, talla s, y su brasiere blanco de media copa, talla 34-b; los tomé a los dos y los metí en mis bolsillos, organicé el maletín bien, de forma que Angélica no sospechara que alguien estuvo ahí. Cerré el casillero, y salí del vestiere con la verga a punto de estallar.
Fui y dejé las llaves en su bolso, cuidando de que nadie me fuera a ver, y salí corriendo hasta mi casa. No dejaba de recrear en mi imaginación lo que había hecho, y pensaba e imaginaba cómo iría a ser la reacción de Angélica cuando abriera su maletín y no viera su ropa interior, ¿Qué pensaría?, ¿Que creería que pasó?. Apuesto a que jamás se hubiera imaginado que yo la tenía ahora entre mis manos, y que jamás imaginaria todo el placer que iba a recibir de ella.
Llegué a mi casa, me encerré en mi cuarto, me desnudé, y tuve una masturbación espectacular con esa panty y con su brasiere; los enrollé alrededor de mi verga, y no dejaba de imaginar la escena en que Angélica se quitaban sus prendas, o se las ponía, en el vestiere, me imagina ese culito metido en estas pantys, me imaginaba ¿Qué pensaría Angélica al verme masturbándome con sus prendas? Supongo que sentiría asco y vergüenza, pero eso me excitaba cada vez más.
Dejé las prendas inundadas de leche, creo que ese día me masturbé cómo 5 veces con esas pantys, y aún lo hago, y siento una gran satisfacción por ese robo.
Bueno, amigos del fetichismo de robo de ropa interior, tengo infinidad de historias excitantes por contarles. Prometo que, al que me cuente una de sus historias de robos de prendas, con muchos detalles, así cómo lo he hecho yo, le mandaré una foto de Angélica, que me robé, para que la conozcan.
Cuéntenme sus historias, y publiquen sus relatos en esta página, para que hagamos un grupo de amigos que comparten sus experiencias.

andres

Color Noche

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No es fácil en absoluto realizar algunas fantasías. Por eso, cuando se te presenta la oportunidad de poner en práctica alguno de tus más oscuros e inconfesables deseos eróticos, no hay que dudar, sino poner todo tu empeño en esa posibilidad.

Mi fantasía es bastante común: me gusta, me obsesiona fornicar con una mujer enfundada de los pies a la cabeza en cuero, látex u otros materiales fetichistas. He gastado una fortuna en revistas especializadas sobre el tema y cada vez que veo una chica vestida de esa guisa, me pongo como una moto. Pero sólo son fotografías. Quería sexo real con una de esas bellezas. Y por más que buscaba la persona que satisficiera mi anhelo, encontraba únicamente profesionales interesadas en sacarme los cuartos, ninguna fetichista genuina de la piel y los demás materiales.

Un buen día, ojeando por enésima vez las páginas de "Tacones Altos", reparé en un anuncio al que antes no prestaba atención. Decía: "señorita particular ofrece el tacto sensual de una piel muy especial." Venía un número de teléfono.

Pensé: "Por probar no va a pasar nada." y le llamé. No recuerdo claramente la conversación que tuve con aquella mujer, pero después de cerciorarme de que su fantasía era la de exhibirse a hombres en conjuntos "bizarre", punto en el que insistió varias veces, haciéndome comprender que ella tenía un interés sexual cierto en el asunto, concertamos una cita para esa misma tarde, en su casa.

No sabía qué hacer ni dónde meterme. Suele pasar que, justo antes de conseguir lo que tanto hemos deseado, seamos presa del pánico. Por fortuna reuní las suficientes energías para presentarme ante la puerta de mi futura amante.

Estaba abierta. Di un par de pasos y pisé un papel. Me agaché, lo recogí y leí: "¡Hola! Pasa al salón. Enseguida voy, pero no mires hasta que te lo diga."

El sudor me bajaba desde la frente hasta los zapatos. La excitación me ahogaba. Atravesé el pasillo hasta el salón. Había una tarima dos escalones por encima del nivel del piso, como un escenario redondo. Seguramente allí era donde se desarrollaría la "performance".

Cerré los ojos con fuerza cuando detrás de mí oí unos tacones acercarse. Ella estaba allí, a escasos metros. Ella, fusionada con una maravilloso traje que me provocaría el más increíble orgasmo. ¿Cómo sería? Me moría por girarme y abrir los ojos para saberlo, pero me contuve.

Su aliento me puso de punta los pelos de la nuca. Habló:

Bienvenido, cariño. –

Necesitaba darme la vuelta y abrazarla, sentir el tacto de su piel. Pero el instinto me aconsejaba no desobedecerla.

Si me ves antes de que yo lo disponga, se acaba de inmediato el juego, ¿comprendido? –

Sí, por supuesto. –

Lo dije con una seguridad que no tenía, con ansia.

El tiempo pasaba despacio y nada ocurría. A través de la ventana y de mis párpados cerrados se filtraba la luz del sol al atardecer. Y de repente algo la obstruyo. Algo que se movía. ¡Era ella, que estaba delante de mí! No lo resistí más y abrí los ojos. No fue una decepción, pero sí un error. Lo único que había delante de mi cara era su mano, una deliciosa mano seguida de un brazo no menos delicioso recubiertos de un ajustadísimo guante de charol negro que brillaba y reflejaba la luz. Imaginé esa mano masturbándome y la seguí con la mirada. Ella comprendió que había fallado y me regañó:

Tramposo. Te prohibí que los abrieras. Se acabó. –

No me di la vuelta, volví a apretar los párpados y me quedé muy quieto, sintiéndome culpable de una gran debilidad. Los tacones se alejaron. Se iban para siempre. Y yo quería una segunda oportunidad.

¡Lo siento! No volverá a ocurrir. –

El eco de los tacones se apagó con el tiempo y reinó el silencio un tiempo. ¿Seguía en la habitación? Rogué para que así fuera. Por fin habló otra vez:

Parece que estás dispuesto a obedecer, ¿eh? –

Desde luego, lo que sea. –

No toleraré otro descuido. –

No habrá ningún otro descuido. –

¡Por supuesto! Me aseguraré de ello. –

Volvió junto a mí. Pero esta vez venía provista de algo. Una venda negra infranqueable para mis ojos. Me la ató y uno de sus brazos me rozó el carrillo. Me estremecí de gusto al sentir la textura del charol.

Te voy a desnudar. Parece que lo necesitas. –

Era verdad. La ropa me incomodaba para sentir la suya directamente sobre mi cuerpo y mi pene en erección reclamaba más libertad de movimientos. Sus hábiles manos me despojaron en poco tiempo de mi indumentaria. Fue una experiencia inolvidable, porque hubo muchos momentos en que mi piel entró en contacto con la suya. Casa vez que esto pasaba, un escalofrío renovaba mi excitación y agrandaba el tamaño de la polla con oleadas de sangre caliente.

Me entró una duda. ¿Estaría toda ella cubierta por el sublime charol, o alguna parte de su cuerpo sería visible? Sí así era, se trataría de partes exquisitas, islas en el mar negro.

Y por lo menos la boca estaba libre. Carmín. Era carmín el gusto que me quedó después de que me besó en la boca. Su lengua caliente me exploró y masturbó a la mía con un interminable beso de tornillo. Conseguí salir de la parálisis que me atenazaba y junté mi cara con la suya. ¡Llevaba una máscara! Mi nariz chocó con una barrera uniforme de cuero y mis mejillas, recién afeitadas, no se trabaron al deslizarse por su rostro. Pude determinar que toda la cara menos la boca y seguramente los ojos estaba perfectamente cubierta. Unas costuras muy bien disimuladas fue el único detalle anómalo en la superficie de la piel.

Lentamente fuimos creando una composición. Yo tocaba y ella movía su cuerpo, bastante más pequeño que el mío, ofreciéndome puntos estratégicos que acariciar. Las yemas se me saturaron de suavidad y, cegado en los ojos, vi con ellas todo el contorno de mi amante. Pechos esféricos apretados por el traje, trasero maravilloso infinitamente liso, botas eternas rematadas por un tacón rígido y duro, pubis cálido bajo el cuero, deditos finos envueltos en una capa tan delgada que no parecía una prenda sino una segunda epidermis.

A mis manos las sustituyó mi boca. Labios y lengua paladearon el ansiado sabor de mi fetiche. Y con cada beso, con cada lamida, añadía al puzzle de mi mete una nueva pieza de una divina figura.

Es suficiente. Me has tocado muy bien. ¿Es tu primera vez? –

Sí, ¿te ha gustado? –

Sólo quienes comprenden el verdadero placer que da el cuero podrían apreciarlo como tú lo has hecho. –

Me gustaban esos halagos. Me hacían sentirme seguro en la oscuridad. Y cuando se hizo la luz, mi imaginación me demostró qué hábil era. Detrás de la venda mi amante era exactamente como me la había imaginado con el tacto.

Había un par de cosas que no percibí. Las botas se cerraban con cordones en zigzag, y no alternados, como pensé en un primer momento. Y sobre la frente de la máscara había algo pintado con rojo, una especie de sol. Aparte de eso, era exactamente como en mi mente la vi.

El charol negro no permitía muchas variaciones cromáticas. Quitando el sol de la frente, la marca de mi amante, la rosa del carmín en sus labios y el azul profundo de los ojos, el negro dominaba su cuerpo. Un negro como alquitrán, brillante. Cada curva de la silueta devolvía mil reflejos blancos bellísimos.

De rodillas. Ya estás bastante excitado. –

Los genitales no soportarían mucho más la presión. Se colapsarían. Me senté obediente sobre mis muslos y esperé el espectáculo.

Empezó a evolucionar para su público, esto es, yo. Adoptó posturas insinuantes, eróticas, exóticas, sensuales, agresivas, excitantes, dominantes, sumisas, sobre la tarima para embelesarme. Es evidente que lo consiguió. Los cuadros, las figuras que compuso, estaban estudiadas al milímetro para que yo apreciase la delicada línea del cuero, sus posibilidades de torsión y luminosidad, el absoluto de aquel color sobre la nimiedad de mi sexo, a punto de eyacular. A cuatro patas, desafiante perra con mirada lujuriosa. Clavando su tacón en mi pierna, gobernanta segura. Tumbada con las piernas abiertas hasta el límite, doncella desflorada preñada por la pasión. ¡Qué sé yo!

Y el punto final, el remate de la obra maestra. Se tiró sobre mi bajo vientre, tragó el pene y me hizo la felación más fantástica que nunca haya visto. Creía al verla que el cuero me devoraba, que el charol me succionaba el orgasmo y ese cuerpo admirado del que desde aquel momento seré fiel devoto y adorador reclamaba como propios mi semen y mis sueños.

Botas, Ligueros y Medias de Seda

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 -¿Sabes qué?...Mañana no te duches ni te cambies de ropa interior.Ponte las mismas medias de seda y esas botas de caña alta negras que tanto me gustan...Ah, y lleva liguero, no te olvides.Le gusta el olor de las prendas íntimas.No me falles, es muy importante para mí cerrar ese trato.
-No te preocupes , Joan, dijo mi ayudante y amiga íntima.Sé lo que te juegas y te ayudaré.A mí también me importa mucho esta empresa, y me doy cuenta de que un trato con la gente que él representa es fundamental para sanear nuestras cuentas.
Al día siguiente recibí a Don en mi despacho, y poco después entró Luna.Llevaba lo que yo le había pedido:botas, medias de seda y supuse que ligueros, aunque no los veía.¡Buena chica!pensé.De la reunión fuimos a almorzar y ví que ella ya estaba enviando señales inequívocas a nuestro invitado.Y parecía que él las recibía con agrado.En un momento dado ella fué al baño, y él, con cara de conspirador me preguntó, con su marcado acento alemán:
-¿Tú crees que ella y yo, podríamos...bueno...vernos íntimamente?Me parece que le gusto,pero no quiero ser inadecuado.
-Uff, sí, ¡es evidente que le gustas! Ya te conocía por foto y al verla comentaba lo bueno que estás.(yo no mentía en esta ocasión:lo había dicho)
-Pero tú tienes una relación con ella, ¿no?
-La hubo, pero ahora no hay nada de eso.Sólo somos amigos.(Ahora yo mentía, porque mi asuntillo con Luna continuaba, pero el embuste era necesario, ¡no fuera que se echara atrás por moralina!...además, yo no soy nada celoso)
-Ahhh.Vale.Entonces,¿Podrías dejarnos solos después de un rato de reunión?No tengo tiempo de llevarla a cenar y todo eso...Debo volver a Berlín hoy a la tarde,pero ella me gusta muchísimo...
-No te preocupes, Don.¡Te garantizo que os dejaré a solas no bien firmemos el contrato!
Dicho y hecho:los dejé solos en mi oficina, y me fuí a casa.Esperaría unas horas y luego volvería al despacho.
Regresé en el tiempo previsto, y cuando se abrían las puertas de mi ascensor, ví salir al alemán con cara de éxtasis, la corbata mal puesta y el pelo alborotado...Atrás, despidiéndole y con la misma expresión estaba Luna.No me vieron, y me colé por un despacho adyacente.Cuando oí que el ascensor se cerraba y el tipo bajaba, abrí la puerta de la oficina, y encontré a Luna derrumbada en mi sillón de cuero negro, sonriendo como alelada.
-¡Chico, qué maravilla!exclamó al verme.Ese hombre es dinamita pura.
Ví que sus medias colgaban de cualquier manera de los muebles, lo mismo que el liguero y el sostén.Sólo se había vuelto a poner el vestido negro para despedir al tío.
-Ufff,Joan¡qué pasada!He hecho cosas que nunca había probado, y te puedo asegurar que he gozado con él más de lo que pude haber gozado con todos mis amantes juntos,a excepción de tí, claro.
Pensé que decía lo último para no joderme, pero parecía tan exultante que me intrigó muchísimo.¿Qué habría hecho que nunca había probado, y que tan satisfecha la había dejado?¿Sexo oral?lo hacíamos siempre...¿posturas raras?también...¿Sexo anal?otro tanto...
Yo sabía que a Don (me habían dado el soplo)le gustaban los olores y por eso le dije a Luna que no se cambiara ni lavara antes de la cita, pero no creí que eso fuera el no va más...A ver qué me contaba.
-Bueno, cuéntame, dije sentándome a su lado después de servirnos una copa a ambos.
-Verás, cuando nos quedamos solos,primero me besó.
-Ahh
-Besaba muy, muy bien.¡Y es tan guapo!Luego me besó las orejas.Ya sabes, metiendo la punta de la lengua, mordisqueando los lóbulos.
-Ah
-Luego siguió con la lengua cuello abajo, mientras sus manos subían y bajaban lentamente por mi cuerpo.Yo todavía tenía puesta toda la ropa.Como tú dijiste, no me había duchado, no llevaba desodorante y mis braguitas y medias eran del día anterior..Así que bueno, olía un poco.Huelo un poco más ahora.
-Lo noto, dije olfateando el aire a su alrededor.Olía a sudor, a sexo, a Calèche,y la mezcla era rara, aunque no desagradable.
-Hundió su nariz en la tela del vestido, justo sobre los pechos, y noté que su respiración se aceleraba.Me ofateó en las axilas, obligándome a elevar los brazos para olerme mejor, y se volvió frenético:siguió acariciando y lamiendo la tela del traje, luego las medias, y hasta las botas.Se tiró al suelo de espaldas y me lamió hasta los tacones y las suelas .¿Qué te parece?
-Pues que está loco.
-A mí, sin embargo, aquello me gustó.No sé decirte por qué pero me gustó.Tal vez yo también sea fetichista...Desde allí abajo metió la cabeza entre mis piernas, y olfateaba como un sabueso mi culo y mi coño, que además de sucios, estaban empapados, así que imagina cómo olían...
-Me lo imagino
-Estiró la goma del tanga y ¡metió la cabeza entre ella y mi cuerpo.Quedaba como si le hubieran puesto una soga al cuello, pero él estaba la mar de a gusto, oliendo,lamiendo y chupando mi culo y el chocho... Yo estaba de pie,abriendo al máximo las piernas y con las manos apoyadas aquí, en tu escritorio.Me pedía, con la voz ahogada por mi vulva:
-¡Mueve tu culo contra mi cara!y aspiraba mis olores.Al principio me dió un poco de corte.Estar tan sucia y que lo notara, pero lugo me calentó muchísimo, y me refregué contra él, que se había sacado una polla enorme de punta rojiza, y se la meneaba.Me froté tan bien que me corrí en su cara, y el tipo tragaba mis flujos como si fuesen la mejor cerveza alemana.¡qué guarro pero qué buen amante!Se puso de pie y me metió la verga a punto de estallar en la boca, diciendo-¡chúpala!y se la mamé hasta que al rato se corrió en mi boca, haciéndome tragar toda su leche...
Pero es un fuera de serie, e inmediatamente me empezó a oler de nuevo el cuerpo, y me quitó las botas, las medias y el liguero, lamiéndome cada centímetro de piel que iba descubriendo.Y terminó de quitarme las medias con la boca.Las sostenía con los dientes mientras me acariciaba.Cuando me las sacó del todo me chupó los pies, y los olía con deleite.Tú nunca, y nadie, en realidad, me había chupado los dedos de los pies.¡Sentir la lengua por allí, culebreando, es maravilloso y me puse muy caliente de nuevo, y él también.Ví subir su trompa hasta el ombligo, y su roja cabeza latir contra su vientre...Se me ocurrió tocarla con los pies empapados con su saliva, y empecé a frotarle el pene cogiéndolo entre las plantas mojadas.¡Te juro que se volvió loco!Murmuraba palabras en alemán, mientras me follaba los pies, si se puede explicar la cosa de esa manera...y mientras yo lo acariciaba, cogió una media y se estranguló con ella el pene, eyaculando sobre la seda y mis pies.Después los lamió tragándose su propio esperma, y me obsequió con un cunnilingus de antología...
-¡Joder con Don!Sabía que le iba el fetichismo pero no tanto...
-¡Y esto no es todo!me olió de nuevo el coño ya hediondo, y me clavó la verga , primero por ahí y luego por detrás, haciédome correr y llenándome de leche el recto...Luego me limpió con mis bragas y se las guardó en el bolsillo del traje."Como recuerdo"dijo.Por eso ves mis medias, el sostén y el liguero y no mi tanga...
-Me alegra que hayas disfrutado tanto.Yo he ganado mucho con su visita, así que todos contentos,¿no es cierto?
-Claro.Ahora me voy a casa a darme un largo baño, que falta me hace.Cuando me relaje en medio de la espuma perfumada, pensaré en él.Tal vez esté a esas horas en su avión privado, oliendo el souvenir que se llevó de aquí .Y haciéndose una paja, claro.
Joan, sólo te pido, que si viene de nuevo alguna vez, aunque yo esté en Alaska, me llamas el día anterior, y vengo sin ducharme.¡No te perdonaría que no me avisaras!

Autor:PETER.

Aventura Fetichista

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Hola, me llamo Santiago y vivo en Buenos Aires, Argentina. En esta historia real quiero contarles lo que desperto en mi el fetichismo, ese maravilloso arte del cual no me imaginaba fuera tan excitante. Tengo 18 años y una profesora particular me dio la primera lección. La lencería de una mujer es lo mas delicioso que hay, siempre y cuando la mujer sea sexy como la que luego les voy a describir.
Hace algunas semanas estaba buscando un profesor o profesora particular para que me diera clases de física, me recomendaron muchos pero un amigo me comento de una muy buena profesora llamada Elisa, que vive en el barrio de Núñez, cerca del estadio de River Plate. Al escuchar donde vivia esta profesora me imagine lo caro que me saldrian sus sevicios.
Fui de todas maneras, y fue como me lo habia imaginado, la casa donde ella vivia era casi una mansión, sin nada que perder toque el timbre de la casa desde las rejas de la casa, en un momento me atendio una mujer y me pregunto que necesitaba, yo le dije que estaba buscando a la profesora Elisa porque necesitaba apoyo en física.
Esta mujer se acerco a la reja y me hizo pasar a la casa, era muy lujosa. Me llevo al living y me dijo que la profesora bajaria en un momento, supuse que esa mujer era un empleada.
Esperé en el living mientras miraba las pinturas y adornos que ella tenia, en ese momento entro al living una mujer sumamente hermosa.
Santiago: ¿profesora Elisa?
Elisa: hola, como te llamas?
Santiago: Santiago y necesito apoyo en física de sexto año.
Elisa: tenes el programa o alguna carpeta?
Santiago: si
El corto dialogo que mantuvimos como presentación fue muy cortante, Elisa tenia el cabello recogido hacia atrás con un rodete, llevaba puesto un traje con una pollera que no llegaba a sus rodillas, es mas alta que yo y sus piernas son largas y bellísimas, su imagen es la de una mujer de clase alta, parece una ejecutiva. Su forma de hablar es seca y cortante, como muy relajante.
Nos sentamos y mientras ella ojeaba mi carpeta, yo no podia dejar de mirar su hermoso rostro especialmente sus riquísimos labios rojos.
Elisa: bien, te voy a cobrar 100 pesos por toda la materia, podremos terminar en 15 dias.
Santiago: me parece bien.
Elisa: podes volver mañana a la hora que desees.
Santiago: a las nueve y media le parece bien?
Elisa: si
Ella me dijo que volviera al otro dia y ese dialogo fue de la manera mas cortante, no me daba lugar a una conversación. Me fui pensando en la perfecta mujer que habia conocido, sin estar mucho tiempo con ella deseaba poderla besar en algun momento.
Volvi al otro dia, fue lo mismo, me atendio la empleada, me hizo esperar en el living y al rato bajó Elisa, vestida con otro traje femenino y una pollera negra bastante corta. Volví a desearla, pero tal vez era un sueño imposible coger una mujer asi.
Empezó la clase, ella me explico unos ejercicios de física con su delicada voz susurrante y sus labios muy cerca de mi. Cuando me termino de explicar, me dijo que hiciera unos ejercicios yo solo. Luego Elisa se puso de pie y empezo a caminar por toda la sala mientras yo trataba de hacer los ejercicios, pero el taconeo de sus zapatos taco aguja me exitaba muchísimo, no me podia concentrar.
Después de caminar de aca para alla, Elisa se sento en el sofa del living, relajando su espalda sobre el almohadón y cruzo sus hermosas piernas, ella se miraba las uñas de sus perfectas manos y yo la miraba de reojo sin levantar mi cara. En ese momento sono el timbre de la casa, Elisa no se movio del sofa, sin embargo se escuchaba una conversación en la sala que esta antes del living entre la empleada y una voz masculina, en ese momento se abrio la puerta del living y entro un hombre mayor nada atractivo, tendría unos 60 años, no tenia pelo, era mas petizo que Elisa y era algo gordo. Este se saludo con Elisa acercándose al sofa y se sento al lado de Elisa, un silencio desesperante reino en la sala, Elisa y el viejo no se dirigían la palabra, ninguno de los dos me miraba pero yo si a ellos, sabia que algo iba a pasar.
El viejo tomo la iniciativa, agarro una mano de Elisa y empezo a besarla y lamerle los dedos, se acariaba su cara con la mano de Elisa, no paraba de lamerla. Elisa simplemente lo observaba con su mirada indiferente sin resistirse, cuando dejo de besar su mano, el viejo acerco su boca a la cara de Elisa y la beso muy despacio en la mejilla y fue acercándose a sus labios, Elisa accedio a los besos del viejo sin oponerse, los besos no eran desesperados, era muy suaves y ruidosos, muy excitantes y el viejo lo disfrutaba. Elisa parecia no sentir nada, solo se dejaba llevar, no se como una mujer tan hermosa como ella soportaba que la poseyera un viejo gordo y petiso como ese.
Mientras el viejo besaba ahora la boca y el hermoso cuello de Elisa, la mano del viejo desprendia el saco de Elisa, exponiedo asi las hermosas tetas de Elisa, ella se puso de pie y se quito el saco dejando ver su erótico corpiño blanco, luego volvio a apoyar su delicioso culo sobre el sofa, el viejo bajo mas sus labios hasta que rozaron el corpiño y empezo a chupar y morder los pezones de Elisa por encima del corpiño, luego se lo quito y siguió succionando las tetas de Elisa, las agarraba con su mano y la exprimía muy lentamente, el viejo se amamanto de las dos tetas de ella, dejando sus pezones bien duros y rojos.
Yo estaba muy exitado, ellos no me tenian en cuenta. El viejo ahora se inclino sobre el estomago de Elisa y empezo a lamerlo y acariciarlo, besaba y chupaba su ombligo hasta dejarlo bien rojo mientras recojia la pollera de Elisa.
El momento mas deseado llegó, el viejo se inclino aun mas sobre la bombacha blanca de Elisa, el viejo le abrio las piernas lo mas que pudo, desde la silla yo podia contemplar la hermosa bombachita de ella, empezo a masturbarla un rato con los dedos, y luego empezo a lamer la bombacha de Elisa, el viejo se puso frente a ella acomodándose entre las hermosas y largas piernas abiertas de ella, empezo a besar sus lindas y redondas rodillas siguiendo con los muslos y la enrtrepierna, diciéndole lo mucho que la deseaba.
Después de comerse la entrepierna de Elisa, el viejo volvio a masturbar a Elisa paseando toda la palma de la mano sobre la bombacha de Elisa, el viejo la tomo del culo y de un tiron acerco el cuerpo de Elisa a su cara, el viejo ahora paseaba toda su cara sobre la bombacha, luego empezo a besarla muy despacio y a lamerla por todo su centro, Elisa lo miraba de igual manera que al principio, sin gemir, Elisa empezo a acariciar la cabeza del viejo mientras este le acariciaba el estomago y las tetas y su boca no paraba de morder, besar, lamer y comer la bombacha de Elisa. Luego el viejo se la corrio a un lado y empezo a lamer muy despacio la concha de Elisa, sus piernas bien abiertas hacian la comodidad del viejo, la lengua del viejo se deslizaba desde abajo hasta llegar al clítoris donde se detenia a besar y succionar, los besos del viejo en la concha de Elisa eran muy ruidosos, Elisa empezo a gemir pero muy despacio, como queriendo evitarlo, el viejo no paro de mordisquear el delicioso clítoris y los gemidos de Elisa se hicieron mas notorios.
Cuando termino de comer la concha, el viejo se bajo los pantalones y saco su pija apoyándola sobre la cara de Elisa que seguia sentada, pero ahora gemia. Sin usar la manos, Elisa buscaba la pija del viejo con la boca, muy suavemente la introdujo en su boca besándola en la punta antes, Elisa succionaba la pija del viejo muy despacio, nada era brusco. Mientras lo masturbaba con sus manos, ella seguia lamiendo la punta de la pija del viejo, y este le seguia masajeando las tetas. En el momento en que Elisa empezo mordisquear con sus hermosos dientes la pija del viejo, este acabo.
Desparramando la leche por todo el piso y sobre la cara de Elisa, el viejo se subio los pantalones mientras ella se limpiaba, el viejo se acosto entre las piernas de Elisa y empezo a besarla.
Viejo: me encantas Elisa, te amo, sos la mejor mina del mundo (mientras la besaba)
Elisa: me estas aplastando.
Viejo: ¿acaso no te gusta?
Elisa: andate, volve otro dia.
El viejo se despido con otro beso muy ruidoso en los labios de Elisa, y ella se comenzo a vestir. Yo estaba muy excitado, hasta pense que tendría participación en la joda. Ella se termino de vestir y se acerco a mi por mi espalda, apoyando su menton en mi hombro me pregunto con voz muy susurrante y sensual.
Elisa: terminaste los ejercicios?
Santiago: este...si, creo que estan bien.
Santiago: quien era ese señor? (pregunte tímidamente)
Elisa: mi vecino
Santiago: su vecino?
Elisa: si, todo esto que acabas de ver es porque soy exhibicionista del fetichismo.
Santiago: en serio? Y ese señor es fetichista?
Elisa: claro, esta loco por mi ropa interior, la adora.
Santiago: ah (no supe que decir)
Elisa: te gustaria probar el arte del fetichismo?
Santiago: me encantaria.
Elisa: bueno, te espero mañana.
Por fin, se me dio, cualquier cosa con tal de poder apretarme a esa mujer. Aunque no es cualquier cosa, pude descubrir lo que hace a una mujer hermosa y sensual, su ropa interior le da forma al cuerpo y la hace mas deseable.
Volvi al otro dia a la misma hora, me atendio la empleada, me dijo que esperara en el living y Elisa ya bajaria. No podia esperar ver a esa preciosa mujer, parece una actriz del cine pornografico, es extremadamente hermosa, y ahora podria tenerla.
Pasaron los minutos y empece a escuchar el taconeo de sus zapatos a través de la puerta y me comence a exitar. La puerta se abrio y entro Elisa con el mismo peinado, un traje blanco escotado que me dejaba ver su corpiño y sus tetas, una pollera mucho mas corta que mostraba sus deliciosas piernas bronceadas, y sus riquísimos labios rojos humedecidos me llamaban a besarla.
Ella se me acerco mirándome fijamente a los ojos, Elisa es mas alta que yo, mi boca llega justo a su menton, cuando la quise besar ella retrocedio hasta llegar al sofa donde sento su precioso culo, todavía no abria sus piernas. Me pidio que me acercara a sus piernas y que las acariciara, no demore, pero hice las cosas muy despacio para poder disfrutarla, empece a rozar mis manos por sus rodillas y sus muslos, fui bajando hasta llegar a sus zapatos, se los quite, y después de darle un suave beso en su pie ella puso un caramelo entre los dedos de sus pies y me dijo que me comiera. Yo empece a lamer el caramelo y mi lengua jugaba entre los deditos de Elisa, me pidio que se los limpiara para que no quedaran melosos, deje sus pies todos mojados, fui subiendo por sus pantorrillas con mi lengua hasta llegar a sus rodillas, después de besarlas las separe muy lentamente y pude ver la hermosa bombacha negra de Elisa. Ella no se reia, no hablaba, solo me miraba con sus mirada relajante e indiferente, ahora Elisa tenia las piernas bien abiertas, yo me acomode entre ellas y fui acercando mi boca a la de ella, ella seguia resistiendose echándose hacia atrás, cuando su espalda toco el respaldar del sofa no pudo huir, me recoste sobre su pecho y ella me tomo de la nuca y me acerco a su boca. Por fin pude disfrutar de esos hermosos besos que tanto deseaba darle, empece a besarla por las mejillas de manera ruidosa, siguiendo por sus labios y su menton, besaba muy despacio sus labios, luego introduje mi lengua en su boca y empece a jugar con su lengua y sus dientes. Después de comerme sus labios, baje a su largo cuello lamiéndolo y besándolo hasta dejarle un chupon bien rojo. Le desprendi y le quite su saco, su hermosas tetas quedaron expuestas, antes de poder besarlas, Elisa saco otro caramelo y recorrio todo su corpiño negro con el, no pude aguantar y empece a mordisquear y lamer muy despacio el hermoso corpiño justo en sus pezones, se lo baje y empece a amamantarme de sus deliciosas tetas grandes y redondas, succionaba y pellizcaba sus deliciosos pezones hasta que quedaron bien duros y rojos. Baje por su estomago besándolo y lamiéndolo y me frene en su ombligo a jugar con el dejándolo mojado.
Luego le quite la pollera a Elisa y contemple un rato su bombachita, cuando quise besarla, ella saco otro caramelo, lo chupo un rato con su deliciosa boquita y empezo a pasearlo por toda la bombacha, luego volvio a meterselo en la boca. Me devore su entrepierna a besos.
Elisa: besame en la bombacha, por favor, cometela.
Cuando ella dijo esto, no pude esperar. Empece a besar muy despacio la bombacha negra de Elisa, recorriéndola por sus tiras hasta llegar al centro, mi lengua se deslizaba por la deliciosa bombacha melosa por el caramelo. Elisa dejo caer el caramelo dentro de la bombacha y me pidio que lo buscara con la boca y me lo comiera, sabia que ella disfrutaba como yo jugaba, lamia, besaba, mordia y acariciaba su bombacha.
Empece a buscar el caramelo y cuando lo encontre empece a chuparlo envuelto con la bomchita, luego se la corri a un lado y empece a lamer la riquísima concha de Elisa, la mezcla del caramelo y sus deliciosos jugos eran la perfecta combinación. Mi lengua parecia enterrarse en la dulce concha que me permitia su exploración, descanse mi boca en su clítoris succionándolo y dándole mordisquitos y ella empezo a gemir mientras me acariciaba el pelo.
Después de comerme su deliciosa concha, ella me quito los pantalones y empezo a chuparme la pija besándome en la punta, su boquita empezo a succionarme muy suavemente, su lengua me recorria todo el tronco, y jugaba en la punta, sus manos me seguían masturbando y yo trataba de no acabar, antes queria cojerla.
Después de chuparmela un buen rato, ella se dio vuelta quedando en cuatro patas, y apuntándome con su precioso y redondo culo.
Elisa: queres besarlo?
Santiago: claro que si.
Empece a besar los hermosos y carnosos cachetes de su culo, muchas veces hasta dejarlo rojo por mi lengua. Introduje mi lengua en la raya de su culo y empece a hurgar en su ano.
No aguante mas y ella tampoco. Elisa no habia cojido con el viejo, pero me dijo que queria que yo si la cojiera. Ella se dio vueltas de nuevo y me dijo que me pusiera un preservativo, le dije que no tenia, Elisa saco uno del bolsillo de su saco y me dijo que me lo pusiera.
Cuando me puse el preservativo, empece a frotar mi pija sobre su clitoris y a pasearla alrededor de su concha sin penetrarla, cuando sus gemidos se hicieron mas fuerte porque ya no podia aguantar la excitación, la penetre muy suavemente para poder disfrutar del mejor sexo con esa mujer. Sus piernas rodeaban mi espalda y me impedían separarme de ella, deslice mi mano sobre sus pechos y con los dedos de mi otra mano empece a acariciar su clítoris que parecia que iba a estallar de lo rojo e hinchado que estaba minetras la cojia, Elisa ahora no escondia sus gemidos, sus manos me tomaron de la nuca y me apreto contra sus tetas que parecian dos almohadones. Suspirando sobre sus tetas finalmente acabe. Cuando me intente levantar para empezarme a vestir, ella me sujeto de una mano y me abalanzo sobre ella y yo cai entre sus hermosas piernas. Por fin Elisa me dio una dulce y sensual sonrisa.
Elisa: no te ibas a despedir?
Santiago: claro que si.
Estuve entre sus piernas besándola en sus labios, sus mejillas y su cuello, descansando de lo vivido.
Elisa: te gusto lo que es ser un fetichista?
Santiago: me encanto (dije suspirando)
Elisa: sin embargo no todos aprecian el arte del fetichismo, todos creen que son cadenas, latigos, azotes, pero no ven la sensualidad de lo que le da forma al cuerpo de una mujer.
Santiago: yo si.
Estuvimos besándonos un buen rato, Elisa ya no era cortante ni indiferente, sus caricias hacian de ella una mujer tierna y cariñosa. Me tuve que ir, pero volvi a ver a Elisa y con el tiempo me converti en su chico mimado, pero antes que eso, su chico fetichista.


anonimo

Depilacion

Comentarios (1)

Mi mejor amigo se llama Juan Mateos, nos conocemos desde hace mucho tiempo y hemos llegado a tener una confianza casi absoluta. Se parece mucho a mí, hasta en lo cachondo, pues ambos nos hemos "enganchado" a las páginas de sexo de Internet y comentamos entre los dos lo más interesante, nos enviamos las fotos que más nos han gustado y cosas así.
Sin embargo, Mateos es muy estricto respecto a sus posesiones... con lo que también me refiero a su preciosa mujer Mª Victoria. Ella es una delicia, un poco chapada a la antigua, pero encantadora, algo rellenita pero perfectamente proporcionada. Respecto a su mujer, mi amigo no permite la más ligera insinuación o comentario, lo que, visto le que me ha ocurrido con ella, me puede acarrear más de un problema. Claro que eso sólo si se entera, por lo que los nombres son lógicamente supuestos, ante el peligro de que pueda leer esto que escribo, porque tengo la necesidad de contarlo.
Resulta, que en una de nuestras charlas comentamos Mateos y yo, después de ver una serie bastante amplia de fotos de tías buenas bajadas de Internet, todas ellas con el chochete perfectamente recortadito, que, donde se ponga una mujer con el coño depilado, que se quite lo demás.
Ciertamente esto lo dijimos plenos de convencimiento porque, no sé si a todos los tíos, pero a nosotros dos, nos vuelven locos. Las mujeres deberían ser conscientes de la diferencia que hay de cuando abren sus piernas y nos enseñan la raja envuelta en una mata de pelos, que ocultan lo más caliente de su anatomía, a la visión espléndida de un chochito carnoso, brillante, sin un solo pelo, que parece estar diciendo ¡CÓMEME!. De veras, he tenido la fortuna de probarlo y la diferencia es abismal, en un caso estaba deseando terminar para escupir los pelos de la individua que se me quedaron en la garganta y que en alguna ocasión me han hecho incluso vomitar (¡qué apropiado para un momento así!) y en el otro, la misma tía pero esta vez "afeitadita", me tuvo que separar la cabeza de entre sus piernas después de media hora y tres orgasmos sin cansarme de su almeja, que pese a conocerla como la palma de mi mano, parecía aquel día una desconocida para mí.
Pues bien, retomando el hilo de la historia, de aquella conversación sobre los chochetes afeitados, surgió otra más pícara con la que pretendí hacerle un favor a mi amigo. Él me había dicho que su mujer era totalmente contraria a afeitarse los bajos fondos y que él nunca se lo propondría, pero yo pretendía darle una alegría, así que una noche que habíamos cenado y nos habíamos tomado algunas copas (no sé si de más), fui poco a poco subiendo el tono de la charla entre los cuatro -mis amigos, mi mujer y yo- hasta llevarla al lugar que yo pretendía. Mi mujer sin saberlo colaboró mejor de lo que yo esperaba ya que estaba totalmente sin avisar de mis intenciones.
El caso es que planteé la idea que ya he dicho de que las partes nobles tanto del hombre como de la mujer debían ser objeto de atentos cuidados, especialmente cuando se trata de mantener la pasión, a lo que mi mujer repuso, un tanto alegre por lo que había bebido, que tanto ella como yo nos afeitábamos periódicamente los genitales, pero que en ambos casos yo era el ejecutor de la depilación tanto de ella como la mía, además matizó casi entrando en detalles que yo tenía un pequeño cortapelos que era magnífico y no irritaba nada, dejando el pubis perfectamente delimitado y recortado, afeitando por completo el resto de los pelos hasta el final de la raja del culo. Ni que decir tiene que aquel día, entre la conversación y las copas todos nos pusimos tan cachondos que a punto estuve de enseñarles la polla entera, porque me obligaron ante la incredulidad de que yo estuviera afeitado a enseñarles algo y me quedé en el pubis y parte de un huevo por el lado de los calzoncillos. Cuando vieron el pubis rapado al 1,5 y perfectamente recortado, y el cuero de los cojones perfectamente afeitado, cambiaron la cara y lo que creían cachondeo, pasó a cachondez. La suerte estaba echada, quería sembrar en Victoria la idea de que aquello era una cosa normal y, conociéndola, no tardaría en llevarlo a cabo, con la consiguiente alegría para Mateos, sobre todo después de lo que había puesto yo en juego. Claro que aquella noche cayó un polvo de antología, con mi mujer, por supuesto.
Después de aquello suponía que pasaría algo, pero lo que no esperaba es que un día Victoria me llamara al móvil para que fuera a verla, con algo de urgencia. Por suerte o por desgracia yo estaba desocupado aquella mañana y sin intuir nada fui a verla en un salto. Tras entrar a su casa y saludarla con un par de besos en las mejillas, le pregunté sin ambages qué pasaba, a lo que, con mucho misterio, cerró la puerta y casi susurrando me dijo que necesitaba que le hiciera un favor.
- Lo que te haga falta, -le dije, no sin cierta preocupación por el tono de la petición.
- Sé que puedo confiar en ti y quiero darle una sorpresa a Mateos por su cumpleaños... -comenzó
Más tranquilo pensé que se trataba de buscarle o recomendarle algún regalo o prepararle una fiesta sorpresa, lo que justificaba en cierto modo el misterio. Pero...
- ... así que quisiera que me ayudaras con cierta operación que no me atrevo a hacer, además como tú tienes más experiencia, querría que me ayudaras a depilarme.
Así de sopetón, se me tuvo que quedar una cara que no me atrevo a describir. Estúpidamente, dije:
- ¿Depilarte?, ¿¿¿el qué??? -como si a esas alturas no lo supiera, además el color de mi cara lo revelaba a las claras.
- Mira, Ramiro, sé que puedo confiar en ti y que, conociéndote como te conozco, no te aprovecharás de la situación. Me ha costado mucho decidirme, pero es que me gustaría darle una sorpresa a Mateos y tú sabes lo que le gusta, además me ha dicho Paula que tienes mucha habilidad, ya sabes a lo que me refiero, depilarme el Monte de Venus... ¿lo harás por mí?
Creo que el corazón se me salía por la boca en ese momento, ¿cómo iba a ser capaz de hacer eso con la mujer de mi mejor amigo?, además, con lo buena que estaba ¿cómo iba a mantener la sangre fría para no hacer algo que me costaría muy caro?, pero, con lo que me había dicho y tras el trabajo que le habría costado decidirse a pedírmelo, ¿cómo le iba a decir que no?
Esa fue mi respuesta: - ¿Cómo te voy a decir que no? -dije con voz temblorosa. - Pues vamos, no hay que perder el tiempo. Pero, una cosa: Nadie lo debe saber, ni tu mujer ni mi marido... ¿estamos? - Claro, claro...
Decidida se fue para el dormitorio y, haciendo caso a su indicación, la seguí. Lo tenía todo preparado, hasta se había comprado un pequeño cortapelos parecido al mío (supongo que le habría preguntado a mi mujer), una toalla encima de la cama, un barreño con agua caliente, espuma de afeitar, cuchillas nuevas, crema hidratante...
Mientras miraba todo aquello me di cuenta que ella estaba también muy nerviosa quieta delante mía sin saber qué decir o hacer...
- ¿Vamos?...
Haciendo un esfuerzo por dominar el temblor de mis manos, dije:
- Venga, lo primero es que te desnudes... (como si no lo supiera)
Hubiera bastado que se desnudara de cintura para abajo, pero me hizo caso literalmente y se quedó completamente desnuda, mostrándome un cuerpo precioso, pero prohibido. Me obligué a no mirarla con lujuria, pero era prácticamente imposible, tenía los pechos preciosos, con un tamaño grandote y rollizo, pero firmes y "desafiantes", la exploración fue detenida por la cándida mirada de sus ojos color miel. No podía mirarla como lo estaba haciendo, se me encendió una luz en el cerebro. Después de haber doblado toda su ropa y dejarla delicadamente encima de una silla, volvía a quedarse mirándome con dulzura... Tenía que tomármelo como algo "profesional".
- Vale, échate en la toalla...
Se tumbó suavemente y pude ver que había intentado cortarse el pelo ella misma antes de llamarme. Comprendí entonces por qué me llamó. Lo había hecho fatal, dejándose unas calvas que iban a ser difíciles de arreglar.
- Vaya, se ve que lo has intentado... -dije intentando dar un toque de serenidad al ambiente.
- Sí, pero ya ves lo mal que me ha quedado, lo que pasa es que me da más vergüenza ir a cualquier sitio de estética que decírtelo a ti, y no creas que no me da vergüenza estar así...
Esta frase la dijo acompañada de una apertura de las piernas que dejó al descubierto toda su intimidad. Tenía unos labios rosados y perfectos y a mí me iba a dar algo.
De pronto, me entró un arrebato de responsabilidad y le dije que aquello no podía ser, yo no podía estar allí de ese modo con la mujer de mi mejor amigo... todo había sido una equivocación. Pero no contaba con su talante. Era una mujer de las que cuando toma una decisión no hay en el mundo nadie que sea capaz de hacerla desistir y donde había llegado era una vía sin retorno. Así me lo hizo comprender.
- Mira, yo estoy tan nerviosa como tú, pero tómalo de esta forma. No estamos haciendo nada malo, aunque nunca deberán enterarse tu mujer ni mi marido. Además entre nosotros hay confianza, ¿no?, hay cosas más comprometedoras que hemos hecho y de las que hemos hablado y no ha pasado nada, así que manos a la obra que no tenemos todo el día.
Y tal como lo dijo me tomó la mano y la colocó en su vientre, dejándose caer hacia atrás, dándome a entender la única opción que tenía. Sin mediar más palabras, comencé a humedecerle toda la zona púbica y después separé sus piernas con mis manos para hacer lo mismo con el contorno de los labios y las ingles. Descubrí que tenía el sexo bellísimo, bastante hinchado, lo que revelaba la notoria excitación que le provocaba, igual que a mí, la situación, pero sobre todo, lo que consiguió enardecerme hasta un grado casi insostenible fue el aroma que emanaba y que llegó hasta mí nada más separarse mínimamente los labios de su coño.
Seguía sin creer que me estuviera pasando aquello, pero no cabían más discusiones. Así que me dispuse a hacerle un buen trabajo y, ¡qué coño!, disfrutar de él.
Me dediqué a seguir humedeciendo con agua templada toda la zona, por supuesto con la mano desnuda, lo que puede decirse que era acariciarle todo el vientre, con dulzura, y las ingles, rozando levemente los labios de su coño que para entonces estaba entreabierto por culpa un poco de la postura, las caricias, los nervios y sobre todo las dimensiones que estaba tomando su clítoris.
Recorté todo el contorno con el cortapelos para dejar el pelo con el tamaño deseado. Aquello empezaba a arreglarse, tomando forma y quedaba francamente bien. Después recorté con la cuchilla de afeitar, poniendo algo de espuma, rasurando lo que sobraba hasta quedar totalmente liso y definido el triángulo "redondeado" de pelillos que había pensado para ella.
Ahora venía lo difícil. Afeitar completamente los lados del coño, para lo que tenía que proteger las zonas más delicadas, así que con la mano entera tapé los labios del chochete, estirando la piel para poder afeitar la zona hasta la ingle.
Mientras lo hacía le miré a la cara. Todo este tiempo habíamos estado muy callados y tensos y hasta casi me asusté cuando la vi que me miraba con unos ojos de infinita comprensión, tranquilidad... el caso es que aquella mirada con la media sonrisa que la acompañó, me terminó de relajar y pude decirle
- "¿Todo bien?, ¿no te está molestando?", a lo que ella contestó.
- No lo puedes hacer mejor, cualquiera diría que me estás acariciando y la cosa es que no me disgusta del todo, ¡voy a tener que contratarte!
- "Ni se te ocurra", le dije y seguí afeitando. Con un lado había acabado y levanté la mano para ver cómo quedaba... Perfecto. No pude evitar contemplar el coño que mi mano había estado tapando y cuya fragancia se habría quedado allí. Mientras miraba el hilillo blanquecino que resbalaba hasta su ojete y que delataba su total excitación, me acerqué la mano a la cara simulando rascarme en la frente (porque ella, semi-incorporada, no dejaba de mirarme) y aspiré el aroma intenso del coño de Mª Victoria. Aquello era un pecado, pero había llegado casi a marearme y a esas alturas por mi cabeza ya pasaba de todo. - Terminé la obra, volviendo a tapar con la mano y rasurando la otra parte hasta que quedó verdaderamente perfecto y apetecible. Para terminar la hice ponerse en cuatro patas, con el culo muy abierto y le afeité todo el perímetro del ojete.
- Ahora, -le dije- te voy a dar con una crema hidratante para que no se te irrite -y, acto seguido, la empecé a acariciar con la mano pringada de crema (y con lujuria, debo reconocerlo) por todas las partes que le había afeitado, comprobando que la excitación de ella, lejos de extinguirse, había aumentado soltando líquido de su interior hasta formar un cerco en la toalla sobre la que se había efectuado toda la operación.
Al pasar poniéndole crema una de las veces por la ingle, con los sentidos ya trastornados, le rocé conscientemente el clítoris, notando un respingo y un audible aunque pequeño gemido de Mª Victoria (mentalmente la llamaba así para olvidar que era la mujer de mi mejor amigo).
Lo volví a pasar una y otra vez y al notar su "colaboración", sabiendo lo que iba a pasar, le dije:
- Mira, después de esto los dos tenemos un calenturón tremendo. Yo me haré un pajote y tú otro, pero creo que me gustaría ayudarte con lo tuyo. Como, total, nadie se va a enterar, ¿verdad?, yo no puedo resistirme a probarlo...
Mientras le decía aquello y después de que se lo dije, no hacía falta que hablara, su mirada volvía a hacerlo por ella... así que me lancé y suavemente deposité la lengua en la entrada de su agujero, saboreando lentamente el líquido que emanaba. La excitación era tanta que tuve una pequeña eyaculación, un par de sacudidas, sólo lamiendo lentamente su chocho.
Ella se dejaba hacer y, suave pero firmemente, se abandonó a mis manos. Mientras, yo le levantaba las piernas y dejaba aún más al descubierto toda su parte íntima. Estaba completamente abierta y además exponiendo su depilado ojete, al que también comencé a prestar atención.
Las chupadas se hicieron más intensas penetrando con la lengua en sus dos orificios, hasta que cuando vi que comenzaba a estremecerse, me dirigí al clítoris, succionándolo frenéticamente, lo que la hizo terminar casi chillando. No había tardado mucho, pero la excitación del momento y el morbo, lo justificaba.
Al terminar, abrió los preciosos ojos que tanta confusión me causaban ese día y con ternura me dijo que me merecía un premio, por lo bien que lo había hecho todo (remarcando aquel "todo")
Le dije que no quería penetrarla y que no hacía falta nada más, que me había gustado tanto como a ella y que podíamos dejarlo así, pero ella no quiso y me acarició por encima de los pantalones, soltando poco a poco la ropa hasta dejar mi nabo al descubierto.
Sin decir más nada, comenzó a chupármela muy despacio, tanto como yo lo había hecho con ella y sin dejar de mirarme a la cara. De vez en cuando la sacaba de su boca y la restregaba sobre su lengua, pasando a continuación la mano por todo el humedecido glande.
Al poco se introdujo todo lo que pudo en la boca y me agarró por los cachetes del culo, abriéndolos y cerrándolos al mismo compás que la metía y sacaba de su cavidad bucal. En una de las veces, con la misma suavidad me empezó a acariciar el ojo del culo con la yema de un dedo, y no sé si fue esa inesperada caricia, pero el caso es que noté que iba a explotar y se lo indiqué.
Ella me miró una vez más indicándome que no importaba, por lo que me dejé llevar y terminé soltando cinco chorros de leche blanca y espesa a su boca que seguía mamando con el mismo ritmo hasta que posando una mano en su mejilla le hice saber que debía parar.
Escupió en una servilleta de papel lo que tenía en la boca (no se lo había tragado, y eso me gustó, pues me indicó que lo dejó caer en su boca para que yo no parara de disfrutar la mamada, que ha sido una de las mejores que me han hecho en mi vida y así la recordaré).
Me vestí mientras ella miraba en el espejo cómo había quedado su depilado y precioso coño, mientras me decía que le quedaban ganas de que se la metiera.
- Pero esas ganas te las va a mitigar con creces Mateos cuando llegue después y prefiero que las cosas se queden así, porque esto no ha pasado...
- Sí que ha pasado, Ramiro, aunque nadie lo sepa nunca ni se repita jamás, quiero que sepas que recordaré lo que has hecho como si hubieras sido mi amor de juventud, como se recuerda a un novio de la adolescencia, eres un encanto.
Y me dio un suave beso en los labios.
Podría contar que me la follé por delante, por detrás, por arriba y por abajo, pero no es cierto... sólo pasó aquello y si hubiera sido algo más posiblemente habría terminado mal. Pero de esto hace ya un año y no ha pasado nada. Es más, mi amigo ni siquiera me ha dicho nada sobre la "sorpresa" de aquel día, que ha quedado como parte más del secreto entre nosotros. Tampoco se han resentido los lazos de amistad entre la mujer de mi amigo y yo. Pero yo tenía que contarlo y cuando descubrí este sitio donde he leído cosas que me han gustado tanto (en todos los sentidos) me decidí, espero que hagáis como si fuerais mis amigos o amigas íntimos y me deis vuestra opinión.


Ramiro

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