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El Primer dia de Escuela - 1ª Parte

Nota de la escritora: Detesto dañar una buena historia con trama, pero había algunas cosas que necesitaba decir. Conozco al menos una que entenderán. Lisa, te amo tanto por todo lo que me enseñaste.

Los últimos ecos diáfanos de mis zapatos en el corredor se desvanecieron al acercarme a la puerta, detenerme y echar una mirada. Cinco filas rectas de escritorios llenaban el centro del salón. Las ventanas a lo largo de la pared más alejada permitían que la luz del sol brillara ampliamente por debajo de las cornisas vacías. Un escritorio grande al frente del salón yacía estéril, y el tablero blanco relucía.

"Será diferente cuando tenga treinta niños dentro."
Salté sin quererlo cuando escuché una voz detrás mío. Me di la vuelta rápidamente, intentando mantener el control sobre el montón de libros que tenía en los brazos.
"No te quería asustar. Lo siento," dijo la voz.
"Oh, está bien," logré decir. Con los libros al parecer en su lugar, sonreí. "Este, soy Chris. Chris Spivey. Creo que éste es mi salón."
"Hola. Soy Lisa Owens. Y sí, lo es. ¿Necesitas ayuda?" preguntó Lisa, caminando por el corredor hacía su salón.
"No, gracias. Estoy bien. Es decir, deja que ponga estos libros en algún lugar." Di mis primeros pasos al interior del Salón 12 y los puse en el escritorio de la maestra.
Lisa se quedó en la puerta, viendo cómo la joven profesora nueva revisaba el salón de una esquina a otra. Lisa fue transportada casi diez años atrás al momento en que ella caminó a su propio primer salón de clases. ¿Realmente eran diez años?
"No sé por dónde empezar," dije en un tono que apuntaba a la vergüenza.
Lisa rió ligeramente mientras decía, "Conozco la sensación. Todavía me siento así cuando comienza cada año."
"¿De verdad?" pregunté esperanzada.
"Sí. Realmente es mejor cuando los niños están aquí porque te sientes más al control," dijo Lisa.
Yo parecía desilusionada. "Tal vez tú. Yo seré un caos en ése momento, también."
"Ay, vamos. Linda me dijo que hiciste una de las mejores entrevistas que ella ha hecho en toda su vida," dijo Lisa reconfortantemente, refiriéndose a la directora de la escuela.
Me sonrojé. "Lo dudo. Me puse muy nerviosa."
"Escucha. Dejaré que veas cómo va todo. Vendré a ver cómo te va en un rato. En cualquier otro caso, estoy apenas pasando el corredor. Grita si necesitas cualquier cosa," dijo Lisa.
"Muchas gracias. Probablemente voy a tener muchas preguntas."
"¿Entonces qué tal si planeamos almorzar juntas?" preguntó Lisa.
"Seguro. Eso sería genial. Gracias," dije.
"Hablaremos más tarde," dijo Lisa mientras retornaba a su salón.

Volví a mirar el cuarto otra vez. Estaba ansiosa, entusiasta y dubitativa ... todo al mismo tiempo. La tarea que estaba ante mí parecía ominosa, pero había estudiado durante cuatro años para ésto y hecho prácticas con excelentes profesores. Mi reacción natural, sin embargo, era estar un poco insegura.
Abrí el cajón del inmenso escritorio de maestro y, desde luego, lo encontré completamente vacío. Así es como iba a encontrar la mayoría de cosas en el salón –vacías o limpias, esperando mi toque personal.
Me di la vuelta para observar el tablero blanco tras de mí. Para mi sorpresa un marcador seco azul estaba en la bandeja en la parte inferior del tablero. Le quité la tapa, me acerqué al tablero y escribí "Señorita Spivey" con letras grandes.

Volví a poner el marcador en su lugar y me quedé viendo las palabras. Moví la cabeza hacia la ventana para ocultar la lágrima que se deslizaba por mi mejilla. La sequé rápidamente antes de ser vista y volví al escritorio.
A los 23 y apenas tres meses después de graduarme, era nueva en el "mundo real." Si todo iba bien, mi estatura de 1,65 mts por lo menos me hacía más alta que la mayoría de mis alumnos de tercer grado. Me pasé los dedos por el cabello e intenté ganar suficiente compostura como para pensar en lo que estaba haciendo.
Sabía que Linda, la directora, vendría más tarde. Eso ayudaría. Y además era genial tener a Lisa, la otra profesora de tercer grado, al otro lado del pasillo. Sin embargo no quería parecer tan anonadada como realmente me sentía.
Esto era tan típico. Todos mis amigos sabían que yo era amigable y cálida, pero ‘con mucha confianza’ no eran probablemente las palabras que usarían para describirme. ¿Agresiva? Sí, bien. No Chris Spivey.
Así que la siguiente media hora me la pasé abriendo cada armario, volviendo a arreglar las sillas y escritorios, cuando no estaba imaginando cómo se vería el salón la semana siguiente. Periódicamente, otros profesores asomaban sus cabezas por la puerta y se presentaban. Todos parecían agradables y dispuestos a ayudar. Tal vez ésto funcionaría después de todo.

Caminé hacia el salón de Lisa después de un rato, no tanto porque necesitara ayuda sino más bien para tomar un descanso. Lisa estaba de rodillas, colocando libros en un estante. Parecía estar al comienzo de los treinta, tal vez era unos cinco centímetros más alta que yo. Tenía un precioso cabello rubio corto, arreglado por un profesional, sin duda alguna.

Ciertamente era atractiva e instantáneamente envidié su cuerpo, el cual al parecer no tenía problema en mostrar con sus jeans apretados y su blusa estirada.
Lisa alzó la mirada. "Hola. ¿Cómo te está yendo?"
"Grandioso. Bien. Creo que en seguida voy a ubicar los libros," dije.
Lisa me observó por un instante antes de decir, "¿Qué hora es?"
"Más o menos las 11."
"¿Quieres que a eso de medio día vayamos a buscar algo de comer?" preguntó.
"Sí. Todavía quiero hacer eso. ¿Qué lugar recomiendas?" dije.
"¿Qué tal Panera’s? Me gustan sus sopas y ensaladas."
"Perfecto. También me encantan. Avísame cuando estés lista para ir," dije yo.
"OK. Voy a estar ansiosa de ver cómo te va."
Volví a mi salón, oyendo el sonido de escritorios moviéndose en los otros salones a lo largo del pasillo. Con la mente un poco más despejada, estaba lista para enfrentarme a los libros. Ahora piensa, Chris. ¿Cuál es la manera más lógica de hacerlo? Quise haber estado haciendo esto durante diez años.
El medio día llegó pronto y Lisa entró a mi salón con su bolso en el hombro, lista para salir. Yo tenía un hambre terrible. No necesité de ningún estímulo especial para ponerme de pie, tomar mi bolso y salir con ella caminando. Se ofreció a conducir y yo me sentí obligada a aceptar, así que nos montamos a su SUV y nos dirigimos a Panera’s.
Era cerca, pero la conversación por el camino aumentó mi creencia en que Lisa era una mujer inteligente y que confiaba en sí misma. Esto era bueno. Las cualidades en que a menudo me sentía más débil eran las que buscaba en mis amigos, de manera que al menos uno de nosotros supiera lo que estábamos haciendo. Y el olor de su perfume llenaba el SUV. Lo había notado en su salón. Era agradable.
Lisa ordenó sopa y una ensalada pequeña. Yo pedí una ensalada griega con el usual acompañamiento sin grasa y sin sabor. No hablamos mucho, Lisa se mostraba un poco más callada de lo que había anticipado. Era obvio que pensaba las cosas antes de hablar.
"Hay un buen personal," dijo Lisa en un momento. "Desde luego, tenemos la usual desconsideración que causará problemas durante el año, pero ningún odiado."
Reí ante la forma parca en que lo dijo. "Voy a intentar no hacer nada que haga que los demás me odien. Adviérteme cuando cruce la línea."
"No hay problema. Pero apuesto que no eres del tipo que resulta insoportable."
"¿Por qué?" pregunté inocentemente.
"Ah, pienso que eres demasiado inteligente para ser así. Pienso que vas a sentarte y mirar todo y calcular antes de actuar," dijo antes de atrapar una buena porción de ensalada con el tenedor.
Detesto cuando las personas ya me conocen después de menos de cuatro horas de presentarnos. ¿Soy ASÍ de predecible? ¿O era Lisa tan buena? Me empezaba a intrigar con esa habilidad de captar las cosas tan rápidamente.
"¿No eres casada?" preguntó de manera inesperada.
"Este, no." La pausa que siguió hizo que Lisa esperara la conclusión del pensamiento. Consideré las muchas vías posibles para continuar. "No salgo con nadie en este momento. El último no resultó muy bien."
Lisa me miró por encima del tenedor. "Sé lo que se siente."
"¿Y tú?" pregunté sin emoción.
"No. Nunca me casé. No estoy segura de que sea lo adecuado para mí."
"Ciertamente eres bonita. Debes haber tenido un montón de chicos invitándote a salir," dije.
"Gracias," dijo Lisa, al parecer agradecida por el cumplido. "No diría que un montón, pero ninguno de ellos parecía el correcto."
"Estoy sospechando un poco de todos los hombres en este momento," dije sinceramente. "He tenido algunas malas experiencias dentro y fuera de la escuela…la universidad, quiero decir…y …bueno, ya no confío en muchos hombres."
"Hay un par entre los profesores, pero son inofensivos. Dejaré que lo decidas por ti misma," dijo Lisa.
"Gracias. Seguro que lo haré."
El único evento que fue notable también durante el almuerzo fue mi incapacidad, por momentos, de abstenerme de observar los casi perfectos pechos de la mujer parcialmente ocultos y parcialmente expuestos dentro de su camisa. Era una de aquellas blusas escotadas que moldeaban la figura acentuando cada curva y ángulo. Y las curvas de Lisa eran impecables. No estaba segura de si sentía celos o completa admiración.
¿Cómo podría una mujer como ésta estar a estas alturas de su vida sin un hombre? Claramente había algo de historia aquí que yo no conocía. Sería un proyecto para el año que viene, me dije para mí.
La tarde pasó rápidamente y dormí bien esa noche, cansada del trabajo físico que había hecho todo el verano. Lisa yacía en su cama mirando al techo. Vestida sólo con unas bragas, deslizó sus dedos por el interior de sus muslos, sobre su estómago y eventualmente por sus senos.
Cerró los ojos. Estaba observando a su joven compañera profesora. Yo estaba de pie en el pasillo frente a su salón con mi cabello oscuro cayendo sobre mi cuello. La mano de Lisa subió hasta abarcar su pecho, luego se concentró en el pezón. Lisa me imaginó entrando al salón y caminando hacia ella.
Lisa se inclinó hacia mi cuerpo y me besó. Su mano masajeó su pecho bajo la sábana, que bajó luego para dejar descubiertos los dos pechos. Pasó su mano de un seno al otro, frotándolos.
En su fantasía, nos abrazamos y pusimos nuestras manos dentro de la blusa de la otra. Su mano se deslizaba hacia abajo y desapareció al interior de sus bragas bajo la sábana. Nos quitamos las blusas en el salón imaginario, admirando los pechos de la otra y luego nos unimos de nuevo.
Lisa tenía los dedos sobre su clítoris. Se estaba poniendo más largo y duro. Puso un dedo dentro de su coño para humedecerlo, y luego lo deslizó de vuelta por su clítoris. Empezó una serie de largas y profundas caricias.

Yo desabotonaba sus jeans y bajaba la cremallera. Bajaba los pantalones y pasaba mi palma sobre su coño cubierto por las pantaletas. Podía sentir su humedad. Podía oler su perfume combinado con su propio aroma.
Lisa dobló la espalda y presionó su chochito más fuerte contra su mano. Lo frotó más frenéticamente mientras yo le bajaba las braguitas. Antes de que tuviera la oportunidad de tocarla una vez más, estaba perdida en medio de un intenso orgasmo. Pronunció mi nombre. Se vino múltiples veces antes de dejar caer su cuerpo sobre la cama.
Lisa yacía con su mano cubriendo sus húmedos y cosquilleantes coño y clítoris. Tembló cuando un único dedo se deslizó sobre el clítoris una última vez.

Cuando llegué a la escuela el día siguiente, un sobre blanco estaba pegado con cinta fuera de la puerta de mi salón. "Chris" estaba escrito al frente. Lo tomé antes de mover la llave y abrir la puerta. Al otro lado del pasillo la puerta de Lisa estaba abierta pero no había rastro de la profesora.
Me senté en el escritorio y abrí el sobre. Una tarjeta colorida al interior anunciaba una fiesta de "Bienvenida de Vuelta a la Escuela" el sábado siguiente en uno mis clubes locales favoritos. La tarjeta estaba firmada por Lisa con un renglón adicional, "Por favor ven."
No era necesario revisar mi calendario. Las noches de los sábados generalmente estaban abiertas para mí y ésta no era diferente. Sentí que "pertenecía" un poco más ahora y esperaba que para el final de la fiesta me sintiera mucho más cómoda.

Crucé el pasillo y encontré a Lisa limpiando escritorios.
"Gracias por la invitación. No puedo esperar," dije.
"Bien. Me alegra que puedas ir." Si Lisa se veía bien con su camisa y jeans el día anterior, casi que quitaba el aliento con su top sin mangas y pantalones cortos hoy.
"Hoy me toca día de limpieza," dijo, tal vez notando cómo yo miraba su atuendo. "Los chicos hacen un buen trabajo limpiando durante el verano, pero me gusta limpiar los escritorios una vez más. Sólo un hábito viejo."
"Pienso que para el sábado estaré lista para una fiesta," dije.
"Todos lo estaremos. Es una buena oportunidad de salir juntos y para que los nuevos profesores –como tú– conozcan a los demás. O por lo menos a todos los que aparezcan," dijo Lisa. Miró por encima de mi hombro, como si buscara a alguien, y luego se puso una mano junto a la boca. "No nos preocupa el resto."
Reí. Sonaba como cualquier escuela en la que había hecho prácticas. Puedo ser una maestra sin experiencia pero conocía los juegos sociales que se jugaban. Y había algo en la voz de Lisa. Era suave ... atrayente.
Lisa caminó hacia su escritorio y buscó en su bolso. Sacó un segundo sobre.
"Toma. Esto es para ti," dijo, pasándome el sobre.
Lo abrí ávidamente y saque un bono de compra de una de mis tiendas de ropa favoritas en el centro comercial.
"Ay, Lisa. ¿Esto es para mí?"
"Sí. Quiero que seamos amigas. Tal vez podamos enseñarnos algunos trucos de enseñanza," dijo Lisa con una sonrisa.
"No tenías por qué. Realmente. No tenías por qué hacer esto," tartamudeé.
"Úsalo para comprarte algo bueno."
Yo quería ir hacia ella y mostrarle cuánto se lo agradecía, pero simplemente no me sentía lo suficientemente cómoda como para hacerlo. De forma que me quedé allí como un niño pequeño, apoyando mi peso nerviosamente de una pierna a la otra.
"Lo haré. Gracias, Lisa. Te dejaré volver a trabajar. Pásate cuando necesites un descanso," ofrecí.
"Ya veremos. Te veo en un rato."
Me di la vuelta y volví a mi salón. Mi mente estaba llena de pensamientos sobre el trabajo por hacer, la fiesta del sábado y qué comprar con el bono. Lenta pero firmemente organicé el salón y lo dejé justo como quería. Para la tarde del viernes ya estaba lista para el fin de semana.
Le aseguré a Lisa una vez más que estaría en la fiesta. De hecho, estaba ansiosa por ir y no me la habría perdido por nada. La oportunidad de conocer a los demás profesores –bueno, al menos a la mayoría– en un ambiente social era demasiado buena para pasarla por alto.
La tarde del sábado empecé a pensar seriamente en qué ponerme por la noche. ¿Debería ir con algo "casual de negocios" para mostrar mi madurez (sí, lo sé) o algo alegre? Una vez hube decidido el estilo –alegre– pasé a cómodo versus provocativo versus estilizado. Habiendo descartado provocativo, basada principalmente en mi creencia en que no iba a conseguir ningún hombre esta noche, me concentré en cómodo y estilizado.
Realmente, terminé con una combinación de los dos. Escogí unos jeans diseñados (cómodos) y una blusa denim Chico (estilizada). Me sentí bien.
El club que Lisa escogió era famoso por el jazz en vivo, pero la barra y las mesas estaban excepcionalmente adecuadas para grupos como el nuestro. Podías comer, beber, hablar o hacer todo al tiempo sin necesidad de gritar toda la noche. Si querías bailar, podías. Yo sólo quería sobrevivir.
Entré y busqué a una mesa que sospechaba podría ser un punto probable para nuestro grupo. Exactamente, Lisa y otras tres maestras ya estaban sentadas en una mesa con pasabocas y bebidas frente a ellas.
"Oye, Chris," dijo Lisa en un tono acogedor a mitad del salón.
"Me alegra que hayas venido. Siéntate."
Ya había conocido a las otras mujeres y recordaba todos sus nombres excepto el de una, nada mal para mí. Al poco, una camarera se acercó y tras observar rápidamente lo que las demás bebían ordené un margarita.
"¿Cuánta gente esperas?" le pregunté a Lisa.
"Tal vez quince, pero no juntas al mismo tiempo. Vendrán y se irán. Nos mantenemos muy informales con gente yendo de mesa en mesa. Algunos además bailamos," dijo con una sonrisa.
"Necesitaré muchos margaritas para bailar," dije.
Las mujeres rieron. Se decidió que la meta para esta noche era ver a Chris bailar.
Una vez más me sorprendió el atuendo de Lisa. Vestía un chaleco bordado con unos pantalones ajustados del mismo color. Se veía despampanante con su cabello rubio --sexy sin exhibirse. Sus hombros y brazos desnudos bien bronceados y perfectamente tonificados. Empezaba realmente a disgustarme.
Eventualmente, unas ocho profesoras y dos de los profesores se nos unieron. Yo me tomaba mi segundo margarita y disfrutaba la banda que recién había empezado su presentación en el salón del lado. Me advertí que un sólo margarita más me dejaría lista.
Lisa hacía de anfitrión yendo de mesa a mesa y dejándome conversaciones ocasionales con los demás. Estaba bien, supuse, desde una perspectiva profesional. No obstante, realmente quería hablar más con ella y aprender más de ella.
Al debido tiempo, caminó por detrás de mi silla, me tocó en el hombro y me invitó a caminar con ella hacia la barra. Resueltamente me levanté y me le uní.
Se quedó lo suficientemente cerca como para que nuestros brazos se tocaran.
"Hay dos chicos al otro lado del salón, sentados en una mesa redonda cerca al final de la barra," empezó. Yo comencé a girar. "¡No mires!"
Reí ante la urgencia de su frase.
"Te han estado mirando por lo menos quince minutos. Si te interesan …" No terminó la frase. Nos detuvimos en la barra. Lancé una mirada disimulada.
Eran bastante atractivos y tal vez un par de años mayores que yo. Sólo tomó un par de segundos el que sus ojos nos encontraran. Rápidamente me giré hacia la barra.
"Vino blanco para mí. ¿Chris?"
"Este. Ah, nada por ahora. Gracias," dije.
"¿Y bien?" preguntó Lisa con una sonrisa malévola.
"Creo que es a ti a quien quieren," repliqué ingenuamente.
"Chris Spivey. Lo juro. Necesitamos trabajar en ti."
La bebida de Lisa llegó y caminamos de vuelta a las sillas, evitando las miradas de los dos tipos a toda costa. No estaba segura de qué me excitaba más. El hecho de que pudiera tener razón sobre los chicos o el hecho de que finalmente capturé a Lisa para tener una oportunidad de caminar.
Charlamos sobre la universidad, dónde solíamos vivir, niños sobre los cuales tener cuidado en la escuela y otras cosas sin relación. Era una excelente conversadora con un sentido de humor pícaro y mucho sarcasmo. No lo tomé como el alcohol hablando por ella. Pensé que era la Lisa real saliendo.
Aprendió de mis inseguridades y yo aprendí de sus errores. Aprendió que me gustan más las tinas que las duchas y yo que tiene un cajón de ropa interior para "ocasiones especiales." Nos reímos mucho.
En algún punto durante la conversación un margarita apareció en la mesa frente a mí.

"¿Es mío?" pregunté.
"Debe ser," dijo Lisa. "No vas a dejarlo ahí, ¿o sí?"
"Pero yo…"
"Tómatelo." La voz de Lisa no era maternal, pero la implicación era la misma. Tal vez en diez años podría hacerle lo mismo a una profesora nueva.
Casi inmediatamente estábamos hablando otra vez. Diez minutos después perdí todo el control de la noche. La banda tocaba, yo me movía en la silla con la música y Lisa me tomaba de la mano.
"Vamos," dijo. Me levantó demasiado rápido y logre eludir personas, sillas y mesas sólo por instinto. Unos segundos después estábamos en el salón adjunto. Luego estábamos en la pista de baile.
Afortunadamente no estábamos solas. Sólo reconocí a otra maestra, pero los otros cuerpos me hicieron pensar en mi estado mental medio ebrio que toda la gente en el salón no me miraba sólo a mí.
Lisa podía bailar. Entre la banda apenas a unos seis metros y viéndola moverse, lo empecé a hacer rápidamente. Más gente llegó y para la tercera canción yo bailaba con cualquiera suficientemente valiente como para ponérseme en frente– hombre o mujer.
En algún momento noté un poco del pequeño trasero de Lisa pasando. No podría decir con quién estaba, si es que estaba con alguien. Descansé cuando nos volvimos a unir durante la siguiente canción.
"¿Lista para un descanso?" preguntó, inclinándose a mi oído para hablar por sobre el sonido de la banda.
"Sí. ¿Y tú?"
"También," dijo Lisa. Se dio la vuelta y la seguí.
Mientras nos acercamos a nuestra mesa, una explosión de aplausos surgió del puñado de profesores que nos esperaban. Les di mi mejor mirada enojada. Cuando nos sentamos –más bien Lisa y yo nos derrumbamos– dijo, "Estuviste grandiosa. Has hecho esto antes."
"Sólo cuando soy arrastrada físicamente para que lo haga. Pero me alegra que lo hicieras."

Nota del Traductor X : Hola, por fin estoy de vuelta. Como siempre escríbanme si quieren comentar o pedir algo, o simplemente conversar. ¿Quién sabe qué podamos enseñarnos?


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