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Desvirgando el Culo de mi Esposa

Hola, amigos de lo que me paso, aquí estoy de nuevo, Nelson el autor de
«Ella, él y su amigo"» y "Trío por teléfono", para contarles a todos
nuestros lectores y a quien desee compartir con nosotros estas confesiones,
(¡por fin pude hacerlo!, demasiado trabajo en los últimos días, y con las
convulsiones políticas de los últimos días, imagínense) la forma en que ha
ido evolucionando la relación con mi mujer, quien luego de haberle yo
mostrado el mundo de Internet, (el cual nunca le había llamado la atención)
se comporta sexualmente de una manera diferente a antes de experimentar
todas estas variaciones que he contado en nuestros relatos anteriores. Debo
agradecer a todas aquellas personas que nos han escrito, que sienten como
nosotros y se han sentido identificados con nuestra forma de proceder en el
sexo y la particular manera de complacer nuestros deseos ocultos, sus
e-mails agradeciéndonos los relatos, contándonos que les parecieron muy
excitantes y solicitándonos les contáramos más de nuestras relaciones.
Obedeciendo al cada vez mayor número de personas que nos solicitan
escribamos más de lo nuestro, voy a relatarles la forma en que ahora hemos
variado nuestra vida sexual a consecuencia de los contactos realizados con
personas de todo el mundo a través de la web.
Mi esposa sigue siendo hermosa, dulce, ardiente, ganosa y complaciente y
cada vez me gusta más estar con ella y disfrutar del inmenso placer que en
el sexo compartimos, me ama y yo la amo profundamente, si es posible aún más
que antes, lo que pasa es que he de confesar que mis múltiples ocupaciones
me impiden complacerla todo lo que ella se merece, puesto que ahora se la
pasa a todas horas con ganas de sexo, pensando en morbosidades, en tríos,
pidiéndome que me la folle varias veces seguidas, cada vez quiere más y más
y yo me derrito de gusto viéndola así tan deseosa; es más, cuánto me
gustaría volverme un ser mitológico con varias pollas y tener la resistencia
de un rinoceronte para poder estármela cogiendo a todas horas del día para
apagar, como debe ser, su pasión desbordada. Luego del contacto telefónico
del otro día con el tal D.D., mi esposa me cuenta que se la pasa pensando en
que él u otro hombre de similares características, se la está cogiendo con
su enorme verga y mientras yo miro y me masturbo, (obviamente estos
comentarios me ponen a mil) sin embargo, no hemos vuelto a tener contacto
con él de ningún tipo, puesto que al parecer no se encuentra interesado, y
mi esposa es muy delicada en ese aspecto, ya que le encanta que le rueguen,
que la mimen, la consientan, la tomen en cuenta, y no es muy dada en llevar
la iniciativa (la tengo mal acostumbrada). El caso es que ahora mi esposa es
quien anda con unas ganas locas de experimentar una doble penetración, es
decir, de introducir a alguien más en nuestra relación, ya sea por teléfono,
por chat, o personalmente, sin embargo todavía no se ha dado y esperamos
ansiosamente el momento. Les cuento que nuestra vida sexual durante el
tiempo que llevamos de casados ha sido muy intensa, nos encanta mucho los
experimentos, diversas posiciones, mirar películas eróticas, leer relatos
calientes, etc, no obstante, nunca habíamos podido lograr disfrutar del sexo
anal. Lo intentamos en el pasado dos o tres veces y nunca pudimos, ya que a
ella le incomodó mucho, le molestaba y no aguantaba el dolor, es más, no lo
deseaba, ya que siempre anhelaba era que le penetrara su ardiente cuquita.
Yo, que nunca he querido hacerle algo en contra de su voluntad, decidí no
volver a insistir, aunque siempre con la idea de algún día poder disfrutar
de su rico culito, apretadito, virginal; me preguntaba: cuándo será que me
puedo coger ese manjar tan delicioso?, porque déjenme decirles que a mí lo
que más me gusta de Blanca es sus nalgas tan bien formadas, redonditas,
paraditas, en fin, deliciosas, y uno lo primero que ve cuando separa ese
suculento par de nalgas, es esa joya arrugadita y apretadita, la cual
siempre me ha encantado lamer, poco a poco, para ir luego descendiendo y
acercándome a su sexo natural, rebosante de jugos y anhelante de ser
penetrado. Así había sido siempre, hasta que hace poco, en el furor de
nuestra relación sexual, mientras veíamos una película de aquellas en las
que una chica atiende a tres hombres, y justo en la escena en la cual los
tipos se la follan uno por delante, otro por detrás y otro por la boca, mi
esposa me mira y me dice, con la voz entrecortada por la pasión y los ojos
entrecerrados por la excitación que sentía: «quiero que me lo metas por
detrás». Yo me sorprendí mucho y no pude menos que imaginar lo que gozaría
metiéndoselo en aquel agujerito tantas veces deseado. Por supuesto que no
me hice de rogar mucho y de inmediato lo saqué de su caliente rajita, lo
embadurné de sus mismos líquidos lubricantes, unidos a los míos y lo puse al
frente de aquella deliciosa abertura. Ella me dijo: «déjame a mí, yo lo
hago, despacio, no empujes, a ver si me acostumbro poco a poco». Así lo hice
y ella entonces me tomó la verga entre sus manos y la acomodó allí,
empujando con su caderas lentamente, a lo que se fue abriendo aquella
maravilla, poco a poco, apretándome el glande de una manera inusual,
mientras milímetro a milímetro invadía su interior por lugares inexplorados.
De repente ella se quedó quieta y en su cara se pudo ver un gesto de dolor,
puesto que aún no se acostumbraba su cuerpo a la eminente invasión. Yo me
quedé absolutamente quieto, con miedo de ir a hacerle daño, esperando a que
fuera ella quien continuara con la obra iniciada. Cuando ya se sintió un
poco más relajada, volvió a empujar con sus nalgas sobre mi pene y éste fue
entrando más y más, hasta que de repente sentí sus nalgas pegadas a mi
cuerpo, señal de que estaba por fin completamente adentro. Quería empezar a
moverme pero ella me lo impidió con un gesto, diciéndome que esperara a que
se acostumbrara un poco. Fue ella quien empezó a moverse lentamente,
acariciando mi verga de un modo exquisito, con aquel esfínter tan apretado,
logrando producirme un placer indescriptible, una sensación de posesión
total, ya que era lo único que no había podido disfrutar de mi ardiente
mujercita. Así estuvimos un buen rato, mientras yo le acariciaba sus senos,
su cuello, sus nalgas y le besaba apasionadamente, siendo correspondido de
igual manera, con una pasión si se quiere mayor que siempre. A mi pregunta
sobre si le estaba gustando y ya había pasado el dolor, ella me dijo que sí,
que le gustaba, que lo sentía divino y que estaba experimentado una extraña
sensación siendo penetrada de aquella manera, y que ahora veía de lo que se
había estado perdiendo. Entretanto yo masajeaba su clítoris, el cual se
encontraba hinchado y desafiante, brillante por la cantidad de lubricante
que su vagina producía, así acariciándola, le fui introduciendo poco a poco
un dedo, el cual resbalaba fácilmente, dado su estado de excitación. Al
deslizar mi dedo en sus entrañas, podía sentir mi pene separado tan sólo por
una delgada membrana, lo cual hacía que su rajita estuviera más estrecha,
impidiéndome introducirle dos dedos en su cuquita con facilidad, sin embargo
ella decía: «sigueee, aahh, asíííí mi amor, que rico, acaríciame así que me
da mucho gusto, se siente tan rico tu polla en mi culito, ohhhh, que
delicia... méteme otro dedo, por favor, quiero sentirlo». Entonces logré
introducirle tres dedos en su encharcada cuquita, con bastante dificultad,
debido a la posición en la que estábamos (ella acostada boca arriba, con una
almohada debajo de sus nalgas, mientras yo se lo metía por detrás y le
acariciaba la rajita con los dedos). A todo esto ya se imaginarán ustedes
lo que yo tenía en mente: aprovechar el momento para intentar una doble
penetración con «el amigo» y yo, por lo menos. Primero tanteé el terreno un
poco y le pregunté: no te provoca algo más, mi amor? Entonces ella dijo:
«aay, no, así está muy rico, sigue y no pares, que así me gusta mucho,
ouhhh...» mientras yo seguía con el mismo tratamiento. Sin embargo, yo
insistí, preso de la una extraordinaria excitación, y a punto de correrme
debido a la fuerte presión de su esfínter sobre mi güevo: No te provoca «el
amigo», mi cielo, para que experimentes por fin una doble penetración?;
entonces ella me dijo, apasionada y delirante: «ohh, está bien, si lo
quiero, tráelo a ver si podemos, debe ser rico, pero no sé, me vuelvo muy
estrecha contigo penetrándome por detrás, pero debe ser divino, sentir
aquella cosa tan enorme por delante mientras tú me penetras por detrás,
aaahhhh, síí, tráelo...» Entonces, rápidamente saqué mi rígido miembro de
aquella divina estrechez, y busqué a nuestro callado y silencioso «amigo»
que ya debía estar extrañando el lugar que le correspondía en algunas
ocasiones, siempre erecto, dispuesto a todo e incansable. Fui y lo traje de
donde lo mantenemos escondido y de inmediato se lo entregué con ansiedad,
loco por experimentar la tan anhelada doble penetración con mi esposa,
aunque fuera con aquella poderosa polla sintética, de material casi humano,
para que ella lo viera y lo sintiera, puesto que cada vez que lo toca se ve
cómo le gusta, ya que lo besa, se lo echa a la boca y lo chupa, y le aplica
con sus suaves manos, y con un movimiento rítmico y sensual, el lubricante
especial que viene con él, de arriba a abajo, con gracia, como si fuera una
polla de verdad y a mí esa escena me parece increíblemente excitante y
morbosa, ya que me imagino que le está agarrando el güevo a otro hombre,
delante de mí, y se lo acaricia y se lo mama, y disfruta chupando mientras
que yo la observo loco de deseo y furor sexual. Luego de ponerle abundante
lubricante, (por si acaso, aunque por lo general está tan excitada que no lo
necesita), ella misma se lo puso a la entrada de su vagina, y, sin esperar a
que yo le ayudara, se lo empujó lenta y progresivamente, hasta llagar al
fondo, lanzando un gemido de placer y contrayendo su rostro por el gusto que
estaba experimentando, al mismo tiempo que exclamaba: «aaaahhhh, qué cosa
más rica, qué delicia! es tan grande y grueso, me encanta como me abre la
vagina qué placer tan intenso...!» Sinceramente que casi se me viene la
leche en ese instante, viéndola gozar así con su «amigo» y además viéndole
aquel deseo tan desbocado. Sin embargo la idea no era esa, mi sueño tantas
veces anhelado se iba por fin a cumplir, penetrarle su rico culito mientras
algo o alguien le penetraba su deliciosa rajita. Y no iba a acabar así, tan
pronto, apenas empezando. Por lo pronto me acerqué a su sexo y comencé a
darle lengua a su clítoris, viendo y sintiendo como aquella poderosa verga
le entraba y salía de su cuquita, movida con ardor por ella misma, queriendo
de esa manera satisfacer aquel fuego encendido por la pasión y el deseo
mutuo. Sin embargo, ella se cansa así y me pide que lo haga yo, que le gusta
es que yo lo haga, que la penetre con el «amigo» como yo sé hacerlo, como si
se tratara de mi propia polla, y con más libertad de moverlo como ella
desee, puesto que obviamente con la mano se pueden hacer giros de verga
imposibles de hacer con el propio miembro; lo muevo en círculos, lo saco y
lo meto lentamente, luego más y más rápido, me detengo la vuelvo a acariciar
suave, lo saco por completo y luego lo meto por completo, (esto a ella le
encanta) y luego me acerco y le doy lengua un buen rato a su clítoris
mientras que con la otra mano tomo «al amigo» y lo introduzco rítmicamente
en su ardiente vagina. Cuando me di cuenta que estaba por venirse, le
pregunté, ahora sí, mi amor? con los dos?, a lo que ella repuso, «oooohhhh,
síííí, eso es lo que quería, por eso me atreví a probar por detrás, para
poder experimentarlo así, además, -agregó con una mirada llena de picardía y
pasión- tengo que estar preparada por si acaso algún día se da de verdad,
con otro hombre, ufff, que rico...» Yo ya me imaginaba que por ahí iba la
cosa, (no en vano llevamos tanto tiempo conociéndonos) lo que pasa es que a
mí me encanta es que ella me lo diga, que no tenga yo que adivinarlo, como
cuando la hago excitar tanto, que, loca de pasión, me pide que la folle con
nuestro complaciente «amigo». Entonces procedí a extraerle poco a poco al
«amigo» de su deliciosa cavidad delantera, y me acomodé para penetrar su
apetitosa cavidad trasera; ella volvió a pedirme que la dejara ser quien
controlara la penetración y me lo agarró y lo puso en la entrada de su hasta
hace poco virgen culito. Esta vez entró con un poco más de facilidad ya que
se encontraba suficientemente lubricado, debido a la preparación previa
anteriormente descrita. De nuevo volví a experimentar ese enorme placer de
poseerla analmente, totalmente dentro de ella, con nuestros cuerpos unidos
como uno solo, disfrutando de aquella confianza que entre nosotros había
nacido, fruto del amor por ambos profesado. Poco a poco empecé a moverme,
gozando de aquel nuevo tesoro que mi complaciente esposa me ofrecía, y que,
al igual que su preciado sexo, era yo quien primero disfrutaba. Con sus
gestos y gemidos de pasión, ella me estaba diciendo todo lo que estaba
gozando, y además con sus contorsiones sobre mi pene, ya que se movía
acompasadamente, como queriendo que le entrara más y más, disfrutando una
enormidad de aquel placer hasta entonces desconocido y por lo que podía
apreciar, le encantaba profundamente. De repente ella abrió los ojos y me
miró con un brillo extraño en su mirada, jadeando de placer y deseo y me
dijo: «ouhhh, quiero los dos al mismo tiempo, papito, aahhh, méteme también
al «amigo» que quiero comérmelo, mi cuquita se muere de ganas por sentir
adentro ese güevo tan rico, por favor, ahhh...!» ¡Quien se puede negar a
semejante proposición tan excitante! Entonces tomé al «amigo» por la parte
final, que imita perfectamente unos testículos masculinos y, sin salirme de
ella por detrás, lo ubiqué en toda su extensión a la entrada de sus pliegues
vaginales, brillantes y sedosos, debido a la gran producción de jugos
lubricantes; intenté empujarlo pero la sentí inusualmente estrecha, no
entraba, el espacio que estaba ocupando mi pene por detrás había reducido la
longitud de su canal vaginal, por lo que iba a ser más difícil de lo que
pensaba; sin embargo, la excitación que ambos teníamos nos impulsaba a
satisfacer todos nuestros sueños tantas veces imaginados. Con mayor
esfuerzo que otras veces y poco a poco, ejerciendo una buena dosis de
presión en su ardiente rajita, fui introduciendo aquel enorme miembro, el
cual fue entrando lentamente, centímetro a centímetro, apretando más mi pene
en el interior de su culito, y acariciándome de una manera extra mientras
que ingresaba en la cuquita de mi querida esposa, que se quejaba y gemía y
exclamaba frases de pasión y lujuria. Luego de unos instantes que parecieron
eternos, por fin logré introducirlo por completo y entonces empecé a meterle
y sacarle mi polla poco a poco, suavemente, retardando una posible
eyaculación antes de tiempo, mientras adaptaba un ritmo adecuado entre el
movimiento de mi mano y el de mis caderas, para poder meterle mi güevo
mientras le sacaba al «amigo» y meterle éste mientras yo lo sacaba.
Entretanto ella también se movía y quería colaborar, y ya no sabía qué le
gustaba más, si el de adelante o el de atrás, y así logramos coordinar
nuestros movimientos, mientras que ella exclamaba: «ahhhh me mataaaas, mi
amor, me estás destrozando, se siente gigantesca esta polla, uhffffff, cómo
me llena la vagina de rico, te siento por detrás al mismo tiempo también y
me enloquece, ohhhhh esto era lo que yo tanto quería, qué placer,
aaaahhhhhhhh! que me vengo. ohhhhhhh, síííííííi.» En ese preciso instante
estaba gozando como una loca, sintiendo un orgasmo fortísimo, agudo,
prolongado, que me hizo perder todo el control y estallar yo también en un
sensación indescriptible de gozo que me hizo subir toda la sangre a la
cabeza, y parecía que la vida se me iba en aquel orgasmo tan fuerte,
soltando chorros y más chorros de semen dentro del apretadito culito de mi
esposa, quien a su vez gritaba y sollozaba de placer y de gusto, luego de
hacer realidad, en cierta forma, lo que tanto había anhelado todos estos
días. Sin embargo no quise retirarme de aquella maravillosa prisión tan
deliciosa y seguí bombeando lentamente con las dos pollas, ya que quería que
esta noche fuera memorable, que ella explotara de placer y disfrutara hasta
el paroxismo de la dicha y ´nuestra excitación era tan grande que ambos
queríamos más. Esto enloqueció más y más a mi querida mujercita y empezó a
cabalgarnos enérgicamente a los dos, girando en círculos sus caderas de una
manera por demás arrolladora, sensual, gratificante, tanto que no tardé en
volver a sentir otro orgasmo que me dejó extenuado, sudoroso y satisfecho,
feliz por haber realizado algo con lo que había soñado desde hacía bastante
tiempo, a la vez que Blanca no se quedaba atrás y seguía experimentando un
orgasmo tras otro, presa de una excitación enorme, y complaciendo todas sus
ansiedades en materia de placer sexual y de ganas de verga, que es lo que
mantiene. Por fin extraje mi pene de su delicioso culito y con suavidad al
«amigo» de su ardiente y bien follada cuquita, para que descansara de
aquella arrolladora presión, tan gratificante y a la vez tan invasiva. La
miré y en su rostro se podía notar una felicidad casi celestial; sus ojos
resplandecientes de gusto indicaban que había sentido placeres desconocidos
para ella, y que le había gustado tanto o más que a mí. Le sonreí y le
pregunté (yo y mis tontas preguntas): te gustó, mi amor, a lo que ella
respondió: «fue lo máximo, mi cielo, que placer, ummmm y si esto es así como
será con dos de verdad, ahhhh, que rico.» Yo sólo atiné a decirle: quién
sabe, mi amor, tal vez algún día nos atrevamos y encontremos a la persona
adecuada para satisfacer nuestras fantasías, el tiempo lo dirá... Aquella
mirada maliciosa que tenía en ese momento, me decía, sin necesidad de
palabras, que todas sus dudas al respecto habían quedado atrás y que ahora
deseaba hacer realidad lo que tanto yo le había insistido. Desde ese día
para acá, le encanta que se lo meta por detrás, mientras que por delante la
follo con el amigo o con mis dedos, logrando los dos unos orgasmos de
campeonato. Ahora se la pasa deseosa y ardiente, pensando en cómo hacer
realidad la experiencia de sentir dos pollas al unísono y yo en verdad que
no logro satisfacer todo el tiempo sus requerimientos amorosos. A mí me
parecería excitantísimo que dos hombres bien dotados la poseyeran por
delante y por detrás, mientras yo los miro y me masturbo, y luego me les
acerco y ella me lo chupa hasta hacerme acabar... oohhh, debe ser divino...
Bueno, todo a su debido tiempo, al menos cuando llegue el momento, si es que
algún día se presenta, ella ya estará preparada, puesto que su hasta ahora
virginal culito ya está preparado para recibir la verga de otro hombre, cosa
que en verdad la volvería loca de placer, al igual que a mí. ¿Cuándo
será?... El tiempo lo dirá...

Nelson

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