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Viajando en El Tren

Vivo en Argentina, en la provincia de Buenos Aires, y para los que no conozcan, hay tres realidades: las grandes distancias a recorrer, las deficiencias en el trasporte de personas por ferrocarril, y lo económico de sus pasajes.

Y como hecho al margen de estas realidades está mi encanto por viajar en tren. Es así que suelo utilizar el servicio nocturno que me lleva luego de doce horas desde la Capital del país hasta una ciudad portuaria del sur de la provincia. Parte a las 19:30 y llega a las 8:30 del día siguiente, por lo que en invierno el recorrido transcurre en un 80‰ del tiempo durante la noche.

En alguna ocasión, viajando con mi esposa, le sugerí tener sexo oral en nuestro asiento, luego de que el guarda apagara las luces, a eso de las 23 Hs. Pero ella se negó rotundamente, por lo que no podía llevar a cabo ese gusto, placer, deseo, que tengo desde que siendo adolescente vi una película XXX donde la acción transcurría en un tren.
En el viaje que realicé hace unos días, de regreso a Buenos Aires, ocurrió el hecho que motiva este relato:

“Abordé el tren unos 45 minutos antes de la hora de partida.. acomodé mis bolsos y me dispuse a leer. A los pocos minutos una señora de no más de 30 años, delgada, baja, de cabello muy negro y rasgos duros, firmes, de perfil griego podríamos decir, o natural de Argentina para mayor precisión, y que me impactó, ya que sin ser bella era atractiva, se sentó junto a su pequeño hijo en el asiento delante pero en la hilera opuesta a la mía. Se cruzaron nuestras miradas, y volvimos a mirarnos.. y volvimos a mirarnos como estando de acuerdo de mil situaciones que se desarrollarían de ahí en adelante.
Pero, pero (siempre hay un pero que altera nuestros planes) un hombre de no muy buen aspecto se sentó junto a mí. Es oportuno aclarar que mi asiento era junto a la ventana, en la sección Pullman.

La suerte vino a mí ya que está persona, que viajaba junto a otras tres, por sugerencia del camarero se pasó a la sección Turista por no se que inconveniente con los pasajes de sus amigo. Es así que el lugar junto al mío volvió a quedar vacío, y yo comencé a idear argumentos para que esta atractiva señora se sentara a mi lado.
Me pasaba más tiempo mirándola que leyendo. Me había acomodado de manera que con solo levantar la vista del libro la pudiera observar. Su perfil me encantaba, y cada vez que me cruzaba con sus tremendos ojos negros mi entrepierna vibraba.
En un momento, cuando el guarda pasó requiriendo los pasajes, y dada la movilidad de los otros pasajeros, le hice señas indicándole que deseaba que se sentara junto a mí. Ella a su vez devolvió mis señas con otra que me indicaba que el hijo estaba despierto y que debía esperar.

Luego de algo más de dos horas de marcha, el tren hizo su primera parada. Ahí me di cuenta de que mi asiento era el único que continuaba vacío. Y grande fue mi sorpresa y sentimiento de frustración cuando el guarda acomodó a mi lado a una pasajera. Rápidamente reaccioné y le ofrecí el asiento del lado de la ventana, aduciendo que yo solía levantarme varias veces para ir al baño, por lo que la incomodaría. Ella accedió sin sospechar de mis verdaderos motivos. Mi amiga, la de la otra fila, me miró complacida luego de haber notado yo en su rostro una cierta desazón al ver que el asiento libre a mi lado se ocupaba.

La marcha del tren continuó con normalidad, y nosotros con nuestros cruces de miradas, hasta que luego de las 23 Hs el camarero apagó las luces generales, quedando encendida solo una le lectura en el otro extremo del vagón.. esto dejaba muy poca luminosidad, pero la suficiente como para vernos uno al otro. Es así que cuando percibí que a nuestro alrededor no había gente despierta, incluido el hijo de esta mujer, a la que llamaré María ya que no sé su nombre, me levanté, le toqué el hombre y le hice señas para que me siguiera.
Se levantó y caminó detrás de mí hasta fuera de la zona de asientos, al sitio donde se encuentra el valijero y el recinto del camarero, antes del toilette y baño.

El camarero no se encontraba en ese momento, por lo que aproveché para utilizar el lugar para hablar con ella, que me miraba con atención y podría decir que dispuesta a seguirme la corriente, ya que no expresaba incomodidad sino interés. Le dije algo sobre mi frustración al ocuparse el asiento a mi lado, ya que deseaba hablar con ella y compartirle una ilusión que me acompañaba desde hacía muchos años, que hubiese deseado hacerlo con más tiempo, tacto y evaluando como reaccionaría ella a mi pedido, pero dado la realidad se lo diría directamente, por lo que le conté en forma llana, en estos términos: ‘Que ella me encantaba y que me había deslumbrado la franqueza de su rostro y que deseaba tener sexo con ella en ese momento’.
Lo primero que esperaba era una cachetada, que me vi venir cuando ella levantó su mano hacia mi cara (es unos 15 centímetros más baja que yo), pero en lugar de pegarme un sopapo lo que hizo fue tomar mi cara y acercarla a la suya, poniendo sus labios sobre los mío para luego comenzar a penetrar mi boca con su lengua, la cual era cálida, caliente, dura e inquieta.. recorría mi boca intensamente, no dejando sitio sin hurgar. Yo le respondí rápidamente, no solo con mi lengua sino también con mis manos, ya que la tomé por las nalgas y la elevé, para quedar a la misma altura. Ella no dejaba de besarme, y yo tampoco. Así levantada como la tenía la llevé hasta el baño, que estaba a solo dos pasos. Entramos unidos en un beso terrible, intensísimo.. la hice bajar con la idea de observarla a la luz de un mortecino aplique lumínico, que daba algo más luz, pero poca, que una vela. La imagen que observé me enloqueció, ya que sus rasgos se volvieron aún más cautivantes, aumentando la intensidad de mi erección.

Como si me leyera la mente, comenzó a acariciar mi miembro por sobre el pantalón, y en ese momento escuche por primera vez su voz, al menos dirigida a mí. Me dijo, con ese grado se sorpresa e incredulidad que utilizan las mujeres para hacernos creer a los hombres que somos únicos, justo el ser que ellas estaban esperando: Que dura y que grande que está.
A continuación comenzó a aflojar mi cinturón, mientras yo comenzaba a tocar sus pechos por encima de su ropa, que era abundante dado que la acción trascurre en invierno. Una vez que abrió mi pantalón, y antes de ocuparse de mi miembro super erecto, ya que además me calentaba por el movimiento del tren, se soltó la camisa y el pulóver de su pantalón, para que yo pudiese llegar a sus pechos.

Así lo hice y noté que no llevaba corpiño, pero solo un instante ya que se arrodilló para ocuparse de mi pene con su boca, que no solo era caliente, sino también profunda, ya que podía introducir mi miembro, que si bien ni es grande, mide unos 15 centímetros de largo por unos seis de diámetro, totalmente en su boca, sin producirle arcadas tal como le ocurre a mi esposa.

Tenía una muy buena técnica parta succionar, ya que cambiaba de ritmo y de intensidad en el momento justo, con los cambios de presión y velocidad adecuados para hacerme ver las estrellas, las que están y las que no están en el firmamento.
Yo quería eyacular en su boca pero no podía, ya que cuando estaba a punto de lograrlo algún vaivén del tren me distraía y perdía la sensación, por lo que ella pacientemente seguía dándome placer con su boca.

Pasaban los minutos y yo quería llegar dentro de ella, pero no podía y me ponía intranquilo, pensando que alguien podía intentar usar el baño. Entonces decidí pedirle que se parara y se pusiera de espaldas a mí, agachándose de manera de poder introducir mi miembro, que parecía reventar (de verdad que nunca lo había visto tan hinchado) en su cola que si bien no era grande, tenía sus cachetes bien separados, dejando deducir por lo que se notaba a través de su pantalón, que era duro y con una zanja tentadora.
Me agaché para lubricar con saliva su orificio, que se veía sedoso con la escasa luz reinante. Al sentir mi lengua en su ano se estremeció, endureció sus músculos, paró más su cola y me pidió, o suplicó, que se la metiera, que estaba desesperada por sentirla dentro.
No la hice esperar. Y si no hubiese sido por el ruido del mismo tren, su grito lo hubiese escuchado hasta el maquinista, unos 200 metros delante de nosotros. A mí me aterró ese grito, ya que pensé que le había hecho daño, y le pregunté si le dolía, si quería que la sacara, ya que se la había metido hasta el fondo de un solo movimiento, a lo que me respondió que le había dolido, pero que estaba gozando, que siguieras empujando para que se acomodara bien adentro de su cola.

Luego de unos instantes de estar yo empujando, comenzó a moverse, a sacarla y meterla, a dar círculos, a ir de arriba para abajo, a hacerme gozar de manera increíble. Pero el movimiento del tren por momentos hacía que mi pene se saliera de la cueva cálida en que yo lo había alojado, por lo que decidí tomarme fuerte de su cintura con una mano, mientras que con la otra iba de sus pechos, pellizcando sus pezones, a su montes de Venus, acariciando sus bellos duros y casi lacios según detectaron mis dedos, para ir luego a su clítoris duro y a sus labios vaginales, a quienes trataba de acariciar con delicadeza.
Luego pasaba a tomarme con mis dos manos de su cintura pequeña y arremetía con violencia, sacando y metiendo salvajemente, a lo que me respondía con pequeños alaridos y gritos de placer.

Todo lo que estaba sintiendo, física y emocionalmente, era superior a lo que había sentido con mi esposa la vez que hicimos el amor, a pleno día, en la ventana de un hotel, en un 10º piso, en Mar del Plata.. o cuando tuvimos sexo un medio día entre las dunas de una playa de la misma ciudad, o en la rural de mi padre en una playa de estacionamiento. Todas esas veces me había excitado de manera extrema, pero esto era distinto, único hasta este momento.. y no creo poder vivir otro momento igual.

Finalmente, y luego de unos 8 o 10 minutos de tener mi miembro en su boca y en su ano, terminé. Podría decir que eyaculé ¼ litro de semen, no se si fue tanto en litros, pero si lo fue en placer, ya que la sensación orgásmica me pareció interminable.
Se dio vuelta y nos miramos a los ojos.. nos dimos un suave beso en la boca, y levanté su ropa para besar sus pequeños pezones, a los que intuía rojos por mis pellizcos, ubicados en el centro de sus también pequeños pechos.
Con mi pañuelo limpié mi pene y luego su cola, lo mejor que puede dado que se veía poco. Luego lo arrojé por el inodoro a las vías. Nos vestimos en silencio pero mirándonos a los ojos.

La abrasé con ternura, abrí la puerta y disimuladamente miré hacia ambos lados. Al no ver a nadie le indiqué que podía salir.
Yo permanecí unos cuantos minutos más a fin de conservar las hermosas sensaciones que había vivido en ese lugar, al que ahora sentía frío, ya que es de acero inoxidable, y por el orificio de descarga del inodoro entra viento, muy frío.
Cuando llegué a mi asiento la observé desde atrás, viendo su cabello negro y lacio, y algo de su cara. Parecía que dormía plácidamente, como me pasa luego de una intensa sesión de sexo con mi esposa, donde ya nada me importa, solo los recuerdos y recuperar la energía.
Yo también me dormí, creo que como tres horas o algo más. No estaba.. ni ella, ni su hijo, ni su equipaje.

Disimuladamente le pregunté al camarero dónde habían bajado la Señora y su hijo, pero fue una pregunta como para ya no tener dudas de que no estaba en el tren. No se como se llama y ella no sabe como me llamo.. no sabemos donde vivimos ni quienes somos. Solo sabemos que disfrutamos hasta lo indecible de unos minutos de sexo salvaje, silencioso, desconocido.”
No sé si me gustaría encontrarte en otro viaje.. quisiera que no. FOTOS

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