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La Deslumbro en el Supermercado

Este es un relato real que sucedió no hace mucho y del cual fue partícipe mi amiga Alicia y del que me enteré en forma accidental pero creo que vale la pena que ustedes lo conozcan.
Resulta que un día mientras hacía las compras semanales al pasar por una góndola tuvo la sensación de que alguien la estaba mirando. Giró rápidamente y no pudo observa a nadie.
Siguió caminando y en la góndola siguiente le sucedió lo mismo y ahí sí pudo ver que se trataba de uno de los repositores de mercadería.
Le restó importancia al hecho hasta que se volvió a encontrar nuevamente con el muchacho, quien la encaró sin ningún preámbulo y le dijo que desde que la había visto entrar no había podido dejar de observar su belleza y que lo había cautivado.
Alicia tiene alrededor de 40 años, es de piel más bien morena, de ojos color miel, labios carnosos y sensuales, senos muy duros y grandes, los que le gusta exhibir luciendo blusas transparentes y/o escotadas (y era precisamente lo que llevaba puesto ese día) y un trasero también duro y muy parado. No es muy alta pero tiene todo bien distribuido, por algo los hombres no se resisten a darse vuelta cuando los pasa y la piropean constantemente, lo que a veces le provoca disgustos con su marido al que no le gusta que se vista tan provocativa, ya que suele usar faldas muy cortas habitualmente.
Bueno, retomando el hilo de esta historia, digamos que Alicia se sorprendió con las palabras del muchacho a la vez que se sintió muy halagada.
Nunca un hombre tan joven se le había insinuado tanto.
De la sorpresa que le causaron las palabras del repositor se le cayó un artículo que tenía en la mano y el muchacho muy solícito se agachó a recogerlo y cuando estaba en esa posición y muy cerca de las piernas de Alicia se las rozó con la mano que tenía libre y le estampó un beso.
Mi amiga furiosa le preguntó qué era lo que estaba haciendo y si se había vuelto loco, a lo que él le respondió que sí, que estaba loco...pero de amor por ella.
Alicia se conmovió y un cosquilleo especial recorrió su cuerpo. No sabía qué hacer. Si reirse...si llorar....o si gritar.
Ella, por más que siempre le había gustado lucir su cuerpo y vestía un tanto provocativa como le decía su marido, nunca le había sido infiel ni tenía intención de serlo. Pero, la tentación era muy grande y los ratones le caminaban a mil por su mente.
Tener un affaire con ese muchacho, al que suponía un poco mayor que su hijo, pensaba que era una locura.
Pero a la vez, se sentía muy halagada como mujer de que un chico de esa edad se hubiera fijado en ella cuando tiene a su alcance un montón de bellas y voluptuosas muchachas.
Quería seguir siéndole fiel a su marido pero la fantasía pudo más que sus principios.
Así que se jugó y aceptó acompañarlo a su casa cuando éste la ayudaba a cargar las bolsas en el baúl del automóvil.
Sabía que tanto su esposo como su hijo volverían tarde de la empresa que controlan y no se iban a preocupar entonces por ella. Tendría alrededor de 3 horas libres y las iba a aprovechar y cómo.
Apenas ingresaron a la casa el muchacho se agachó y puso la cabeza en la entrepierna de Alicia, quién acariciándole el pelo lo atrajo más hacia sí y la frotó contra su sexo. Ya estaba muy excitada.
El no pudo resistirse y metiendo las manos por debajo de la falda las apoyó en su trasero y en un movimiento rápido le bajó la prenda interior.
Luego se dedicó a comerle la vagina y ella se dejó hacer separando las piernas aún más mientras gemía muy entrecortado y trataba de quitarle la camisa a su ocasional amante.
Después de un ratito Alicia lo levantó suavemente y le dijo que quería sentirlo dentro de ella.
El joven la abrazó y acercó sus labios a la boca de la mujer y comenzó entonces una guerra de lenguas, al tiempo que le acariciaba su larga cabellera y su cola.
Se besaron por largo rato mientras no dejaba de apoyarle su erecto miembro.
No pudiéndose contener más, el muchacho le quitó la falda y prácticamente le arrancó el corpiño al sacarle la blusa.
Cuando se quedó desnudo él también Alicia le susurró que fuera suave.
Entonces, la llevó hasta la alfombra del living donde ella le pidió que se acostara boca arriba quedando de esa manera la verga erecta y más que dura, como si fuera un mástil de un velero.
Ella se recostó encima y comenzó a besarlo.
La ensartó con un rápido movimiento y la mujer atinó solo a mover la cabeza de abajo hacia arriba.
Alicia, moviendo sus caderas muy rápido y en forma circulante le estaba haciendo un licuado en el sexo al muchacho.
Cuando éste quiso inclinarse para besarle las tetas, ella le sugirió que lo hicieran en la mesa. Era otra de las fantasías que tenía y nunca su marido se la había hecho realidad.
Cuando Alicia se recostó en la mesa boca arriba y abrió sus piernas el joven no se aguantó más, se las alzó hasta apoyárselas en sus hombros y volvió a metérsela en la cuevita sin dificultad alguna. Estaba muy lubricada y en esa posición era más factible la penetración.
Ella lo incitaba a cogérsela diciéndole cosas. Los dos estaban muy excitados.
Después de un rato de meneo se bajaron de la mesa y continuaron de parados poniéndose Alicia contra la pared, entrelazando sus piernas en la cintura del hombre y tomándolo con sus manos por la nuca.
Las arremetidas del joven eran tremendas y cuando le avisó que estaba por acabar, ella se soltó rápidamente de su posición y agachándose quiso ponerse el miembro en la boca pero no llegó a tiempo.
Los bortones de leche le salpicaron la cara y antes de que terminara de eyacular sí pudo metérsela toda dentro y tragó el resto del semen que seguía saliendo y luego pasó su lengua por toda la pija del muchacho hasta dejársela bien limpita.
Después de un pequeño relax decidieron darse una ducha y ahí siguieron con las andanzas.
Primero él se bajó y le comió el clítoris de tal modo que ella no pudo contenerse y exhaló fuertes gritos.
Luego, mientras el agua seguía deslizándose por sus cuerpos, el muchacho la tomó de atrás sujetando sus grandes y duras tetas con ambas manos y haciéndola inclinar levemente se la puso nuevamente en la tan vaqueteada concha y moviéndose primero lentamente y después acelerando el ritmo la cogió de tal manera que ella no podía contenerse. Sus jadeos y sus gritos fueron testigos de ello.
Alicia más tarde se vistió y se retiró del lugar.
Nunca más volvió a ese supermercado. La había pasado muy bien con el muchacho pero no quería que la historia volviera a repetirse. Se había tirado una cana al aire y estaba satisfecha.
Quizás, algún día y en forma muy confidente, se lo contara a su esposo.
PIRU

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