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Mari Carmen y sus Juguetes Sexuales

 La conocí en una tienda, es la cajera del establecimiento, me gustó desde el primer día, se las voy a describir: mide 1.60, delgada, pechos pequeños pero firmes, piernas torneadas, cintura breve, cabello negro y quebrado, cara bonita sin llegar a ser una belleza, agradable, algo tímida, le encanta usar pantalones entallados o minifaldas, con blusas muy pegadas al cuerpo, motivo por el cual me pude dar cuenta de su apetecible cuerpo; como pasaba casi diario a la tienda, nos empezamos a saludar de beso en la mejilla, pero un buen día, al momento en que ella de acercó para besarme, giré mi cara y el beso me lo dio en la boca, sonrojada, se volteó inmediatamente como queriendo ocultarse, sabiendo que la había hecho apenarse, le dije:

- No quisiera que te molestaras, lo hice porque en verdad me gustas mucho y no encontraba la manera de decírtelo o demostrarlo.

- Me tomaste por sorpresa – dijo con la vista baja – pero me gustó que lo hicieras.

- Entonces ¿puedo seguir haciéndolo? – pregunté con la esperanza de que aceptara.

- Solamente cuando el encargado no esté cerca para que no me vayan a llamar la atención.

Con la sonrisa dibujada en mi rostro, me despedí de ella de beso en la boca pensando en el día siguiente…


Cuando llegué a la mañana siguiente me recibió sonriendo y el beso que me dio resultó más efusivo de lo que esperaba, levemente la tomé de la barbilla y disfruté al máximo de la caricia.

- ¡Qué rico besas! – le dije al oído – de veras que me dejaste sin aliento.

- Y eso es solo el principio, ya verás todo lo que soy capaz de hacer para que nunca me olvides…

Su comentario de dejó asombrado sobremanera, como no quise quedarme con la duda se lo pregunté:

- ¿Y por qué me besas de esa manera y me dices tantas cosas?

- Tonto – me respondió en tono pícaro –, no te das cuenta que también me gustas mucho, por eso te doy besos ricos.

- ¿A que hora sales? – inquirí con la excitación invadiendo mi ser – déjame llevarte a tu casa.

- Salgo a las 4 de la tarde, ¿y tú?

- También, pero no me tardaría nada en llegar, mi trabajo queda cerca, ¿me esperas por favor?

- Si amor, te espero, solo te pido que no te tardes.

Salí como en las nubes, estaba a punto de tener cerca de mí una chica que en verdad se me antojaba; las horas transcurrieron lentamente, cuando por fin llegó la hora de salida, casi corrí para llegar al mi auto, llegué en unos minutos, ella ya me esperaba en la entrada de empleados, no conocía mi carro, así que le toqué la bocina pero ella no volteó, eso me gustó de ella, al menos no daba pie a que la molestaran en la calle, entonces me bajé y la llamé por su nombre, sonriendo se dirigió hacia donde me encontraba, le abrí la puerta para que subiera, pero me abrazó fuertemente, pegó sus tersos labios a mi boca y acercó su cuerpo al mío, sin dejas el más leve espacio entre ellos, sentí su cadera pegarse contra mi miembro, sus manos recorriendo mi espalda, su lengua buscando hasta el último rincón de mi boca, disfruté unos segundos de la caricia hasta que mi bulto comenzó a crecer, me aparté un poco para evitar la pena de que lo notara, me desprendí de sus brazos y le dije:

- Espera, tenemos todo el tiempo del mundo para dar rienda suelta a la pasión, ¿no crees?

- Eso es lo que estoy esperando, que dejemos que nuestros cuerpos calmen su ansia de amar.

Como no estaba dispuesto a perder valioso tiempo, la subí al auto, no había notado que se había cambiado el pantalón y ahora lucía una minúscula minifalda que dejaba ver sus hermosas piernas, lo rodeé rápidamente y lo puse en marcha.

- ¿Hacia donde queda el cielo? – pregunté ansioso.

- Vivo muy cerca, así que no tardarás en hallarlo – respondió acercándose a mí.

Seguí sus indicaciones y, en menos de 5 minutos estaba estacionándome frente a su casa, me bajé del auto y le abrí la puerta, la tomé de la mano mientras llegamos a la puerta, me guiñó un ojo y abrió.

- Bienvenido al paraíso – dijo -, toma asiento mientras dejo mi bolsa.

Me senté en la pequeña sala mirando alrededor mío, la decoración era más bien sobria, nada ostentosa pero de buen gusto, los colores estaban combinados de modo que resaltaran los cuadros y adornos, definitivamente sabía sacarle provecho a la pequeña casa.

- Ya regresé amor – dijo mientras me abrazaba por la espalda, sus pechos duros quedaron apoyados sobre mi nuca, pude sentir su respiración algo agitada.

- Chiquita linda, cuánto tiempo sin tenerte a mi lado – dije bromeando -, no me dejes tanto tiempo.

A modo de respuesta, giró en torno al sillón y se sentó en mis piernas, sus besos y caricias llenaron todo mi ser, por mi parte, también comencé a tocar su cuerpo con la excitación inundándome a cada segundo, las prendas fueron perdiendo su lugar, cayendo a los lados de nuestro asiento, cuando solamente cubrían nuestra virtual desnudez las prendas interiores, se alejó un poco y con voz entrecortada me dijo:

- Ahora sí que vas a gozar, te voy a hacer enloquecer de pasión, tanto que jamás me olvidarás.

Presa de la curiosidad, me dejé llevar por la ardiente hembra que estaba junto a mí, inició pasando su lengua por toda la piel descubierta, sin ni siquiera tocar mi notorio bulto, me acariciaba a veces suavemente, otras lo hacía pellizcando para que la intensidad no fuera la misma, mis manos se apoderaron de sus pechos, los liberé del sostén y brincaron apuntando sus parados pezones hacia mi cara, tomé uno de ellos con delicadeza entre mis labios, lo chupé, lamí y mordí como un hambriento bebé, Mari carmen suspiró al sentir que su caliente botoncito se perdía en mi boca; ella me detuvo y me pidió que cambiamos de lugar;

- Vamos a la recámara, ahí estaremos mejor.

Sin poder resistirme, nos fuimos abrazados a la recámara, me tumbó sobre el colchón y dándose vuelta para que admirada su casi completa desnudez, dijo:

- Este día vas a dar y recibir placer hasta el cansancio, voy a ser tuya y tú serás mío – comentó mientras abría un cajón, del cuál sacó una gran variedad de juguetes sexuales.

Mi asombro era inmenso, realmente su colección era variada, formas, colores y tamaños que prometían placer hasta a la persona más fría, tomó un estimulador anal y lo puso en mi mano:

- Tal vez encuentres algún lugar en donde jugar con esto – dijo pasando su lengua por sus labios mientras tomaba el lubricante y otro similar.

No imaginaba que la tímida cajera fuera capaz de convertirse en una experta sexual, dominante y dominada, experta con los juguetes para elevar el placer al máximo; dispuesto a disfrutar la relación, la despojé del su tanga, lubriqué el estimulador anal y, poniéndola de perrito sobre el lecho, lo dirigí hacia su obscura entrada posterior, para mi asombro, pude penetrarla sin dificultad, su esfínter se abrió para permitir que el juguete se perdiera casi en su totalidad dentro de su ser, sus gemidos aumentaron de volumen, con tono apenas audible me pidió:

- ¡Ay papacito!, mételo hasta adentro y hazme gozar como loca, acércate y ponme la reata cerca para mamártela, estoy muy caliente.

Haciendo caso a su petición, giré hasta quedar frente a su rostro, claro está que sin sacarle el consolador del culo, primero lamió la hinchada cabeza de mi virilidad, después, lo introdujo dentro de su húmeda boca y me dio una de las mejores mamadas que me han dado en toda mi vida, mi cuerpo se arqueaba sin poder evitarlo, le di unas nalgadas que causaron que las chupada fueran más intensas, cuando estaba a punto de explotar en su boca, Mari carmen detuvo la felación, diciendo:

- Tu leche va a llenarme por dentro, pero no en mi boca… - su enrojecida cara denotaba excitación – ahora es tu turno de sentir el placer de ser penetrado – agregó mientras lubricaba el estimulador que seguía en su mano.

Ella, ignorante de mi condición de bisexual, no de dio cuenta del inmenso gozo que embargó todo mi ser, estaba a punto de complacerme metiendo un consolador por mi ardiente ano.

- ¿Cómo quieres poseerme? – pregunté excitado.

- Vamos a hacerlo el la posición del 69 – dijo mientras colocaba unos cojines debajo de mis nalgas -, tu boca arriba y yo encima de ti, así podremos penetrarnos por el culo y darnos unas ricas mamadas al mismo tiempo.

Lubricamos los instrumentos de placer y nos colocamos tal y como había dicho ella, la penetración resultó totalmente placentera, mi lengua se perdió en sus entrañas, mi garrote desapareció dentro de su boca, las manos que manejaban los juguetes se movían de adelanta a atrás y de lado a lado buscando dar la máxima satisfacción, permanecimos así varios minutos hasta que ella se levantó súbitamente:

- Ahora deseo que me metas uno adelante y otro atrás, y luego me pondré uno para cogerte yo a ti, ¿de acuerdo? – dijo jadeante.

Asentí con la cabeza y tomé un consolador de buen tamaño para complacerla, se colocó acostada boca abajo abriendo las piernas al máximo, alzó un poco la cadera para permitir que le clavara el más grueso en la vagina, arañó la colcha al momento que era penetrada por delante, luego separó sus nalgas para ofrecerme su estrecho anillo, le inserté hasta dentro el segundo pene artificial, mis manos iniciaron los movimientos que deberían de provocarle el anhelado orgasmo, su cuerpo se agitaba de forma incontrolable, sus preciosas nalgas apretaban el trozo de látex que tenía clavado por detrás, gimió fuertemente que se quedó sudorosa quieta por unos segundos, ¡había llegado al clímax del placer!, detuve mis arremetidas y dejé los artificiales miembros dentro de sus orificios para dejarla disfrutar del orgasmo, se volteó lentamente y los retiró suavemente para que pudiera ver el viscoso líquido que escurría de uno ellos, me besó largamente y, a continuación insinuó:

- Creo que ahora te toca a ti – comentó con tono delicado.

- Pues estoy listo para lo que me quieras hacer, no soy renuente para el gozo – respondí imaginando mi culo lleno de un miembro, aunque sea artificial.

Sin proferir palabra alguna, nuevamente se dirigió al cajón, yo pudiera decir, de las sorpresas y extrajo un arnés con doble pene, uno, hacia dentro del calzón, que era de piel, para ensartar su apetitosa vagina y el otro para penetrarme a mí, las medidas de ambos eran aún mayores que los anteriores, así que en mi calenturienta mente estaba presente la delicia de saberme clavado por ella, delicadamente lubricó ambos y se preparó para el ataque anal a mi persona.

- ¿Cómo quieres que te haga mío? – inquirió con melodiosa voz.

- Déjame sentirte mientras me monto sobre ti, ¿está bien?

- ¡Claro que sí! – respondió presurosa -, así puedo besarte mientras te meto mi rica herramienta.

Se acostó sobre el lecho de amor y se colocó el arnés cuidadosamente, insertó el consolador hasta el fondo de su intimidad y, tomando el otro con sus manos me pidió:

- Súbete en mi rica verga, quiero meterla toda en ese rico agujero que tienes – lo agitó para que pareciera que estuviera llena de leche.

Me subí y me puse sobre ella, pensando en lo delicioso que se siente ser cogido, hice descender mis nalgas hasta que toqué la punta de su rosado consolador, Mari carmen me acarició el trasero y me obligó a bajar aún más, la gruesa punta del pene artificial se fue abriendo paso entre mi aro posterior haciéndome suspirar de placer, milímetro a milímetro se introdujo en mi ano hasta que desapareció por completo, al sentir que tocaba el pubis de mi cogedora, moví mi cadera hacia arriba y abajo para sentirlo plenamente, al mismo tiempo ella me acariciaba mi fogosa espada como si quisiera bañar su pecho de mi semen, mi mente se perdió en el infinito paraíso del placer, no sabría decir cuanto tiempo me tuvo ensartado, solo reaccioné cuando la escuché decir:

- Amor mío, ahora sí deseo tu leche en mi concha, métemela para venirnos juntos – dijo mientras me hacía levantar.

Se despojó del arnés, acto seguido, se acostó al mismo tiempo que levantaba y abría las piernas, abrió con sus dedos la húmeda entrada de su vagina y, jalándome del miembro dijo jadeante:

- ¡Clávala de golpe hasta el fondo!, ¡házmelo salvajemente y lléname de ti!

Obedecí al pie de la letra sus órdenes, puesto que sentía que el torrente de pasión estaba próximo a brotar, rodeó mi cintura con sus piernas y me obligó a seguir el ritmo que marcaba, sus pechos quedaron aprisionados en mis manos que parecían tenazas, el sudor cubría nuestros cuerpos fundidos en uno solo, solo el sonido de la humedad proveniente de su sexo llenaba la habitación, su orgasmo llegó apenas unos segundos antes que el mío, los viscosos líquidos se mezclaron dentro de ella, cuando sintió que mis espasmos cesaron, me arrojó a un lado de ella e hizo desaparecer mi tronco en su boca, chupó hasta dejarme exhausto, nos acostamos uno al lado del otro abrazándonos, el movimiento de su agitada respiración me sacudía a su compás, noté que mis dedos estaban marcados sobre la piel de sus senos por la excesiva presión con la que estaban aprisionados, ¡definitivamente fue una de las mejores cogidas de mi vida!, ya que me la metieron y me ensarté una rica mujer.


Don Pato

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