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Lola

 Cualquiera con algunas horas de navegación por la red sabe que, de toda la información virtual, un gran porcentaje es irreal.

Mujeres esplendorosas, tremendos penes y tersas pieles producidas con la ayuda del Photoshop, conviven con múltiples personalidades de un sólo individuo o muchas personas que responden a una misma imagen.

Me tocó encontrarme con una foto que en un sitio era "Carmiña, fogosa españolita, casada de 28 años" y en otro era "Toda la sal del trópico en la figura de Agustina".

Incitantes propuestas y posibilidades dejan de serlo luego de intercambiar 3 ó 4 mails y en caso de concretarse son muy diferentes en realidad, cuando no es el silencio la respuesta a tus inquietudes.

Soy participe de toda esa real irrealidad y acepto los códigos de la misma en cuanto no violen alguno de mis principios. (Aborrezco la pedofília, la prostitución infantil, la exaltación de la violencia o el simple tráfico comercial que se ejerce con mentirosas propuestas... "gane plata ya"...)

En mis relatos trato de ser lo más fiel a la verdad aunque debo reconocer algunas pequeñas faltas inocentes a ella (usurpe personalidades femeninas en alguno de ellos, no revelo mi verdadera identidad y otras pequeñas mentiritas o exageraciones de potencialidad sexual).

Mis relatos son semiautobiográficos (experiencias propias y algunas tomadas a préstamo de amigos o conocidos) o totalmente ficcionales, lo que es fácilmente reconocible (quizás la muestra más acabada de esto sea "Elvira y su rutina").

Lo que voy a narrar ahora es totalmente real, fácilmente comprobable (yo lo hice) y que integra el porcentaje de lo que es verdad en la red.

Ejercen sobre mí una marcada fascinación las páginas porno y especialmente las dedicadas a escorts. Navego por ellas dando rienda suelta a mi imaginación y porque no decirlo, tratando de encontrar esas perlas que mencionaba más arriba.

Cuerpos fabulosos, medidas perfectas, propuestas subyugadoras y excitantes iba viendo en mi paseo cuando me topé con Lola.

Madurita, 37 años, 1,71 de altura, 120-70-110 eran los datos de la fotos que estaba viendo y no podía dejar de mirar tratando de descubir algo.

Mi ideal. Como muchos sabrán desde mi más tierna adolescencia soy devoto de las grandes tetas y los prominentes culos ubicados en mujeres grandotas.

Debo confesar que dudé aún después de no comprobar nada raro en el material que estaba viendo, existía la posibilidad de que no fuera cierto y la mejor manera de comprobarlo era seguir adelante.

Llamé por teléfono y Lola me confirmó que esos datos eran reales. Faltaba la inspección ocular motivo por el que arreglé para visitarla.

Mis dudas persistían y no veía el momento de dilucidarlas para bien o, esperaba que no, para mal.

Unos ojos plenos de simpatía y belleza me miraron al abrir la puerta. Los sonrientes labios me invitaron a pasar. Ya adentro mis ojos comprobaron con satisfacción que ¡¡¡Lola era real!!!.

Nos dimos un beso en la mejilla y sentí sus tetas cubiertas por una remera en mi pecho. El pantalón negro dibujaba su hermosa cola. Tuve que autoreconocer que mis dudas estaban siendo derrotadas.

Se imaginarán que si esa fué mi primera impresión al verla vestida, cuando la ví desprovista de ropa (que se sacó graciosamente mientras yo observaba con todas mis apetencias de voyeur encendidas).

Mis reminiscencias machistas despertaron y pensé que Lola era la mujer que todo hombre, todos los que comparten mis gustos, desearía para pasearse con ella y que el resto de los mortales masculinos traspiren de envidia mientras piensan "mirá el hembrón que se ganó el boludo ese".

Ante ese hermoso par de tetas hice lo que todo hombre normal haría, las acaricie, las besé y metí mi cabeza entre ellas. Eran grandes, duras y ¡¡¡¡tremendamente naturales!!!!

Acaricié sus nalgas y su sexo que se brindaron sin reticencias a mis exploraciones manuales. Me topé con un clítoris ¡¡muy amigable!! y una vagina calentita y acojedora. Su agujerito anal no era menos receptivo y permitió que mi dedo lo hurgara placenteramente.

Yo todavía vivía cierto estado de irrealidad pero poco a poco fui despertando. La voz dulce y el gesto tierno de Lola me ayudaban enormemente.

Mientras yo me regodeaba jugando con su sexo (por si no leyeron mis otros relatos les cuento que soy un respetuoso amante de la paja. Me encanta hacérmela, que me la hagan y sobre todo hacérsela a mujeres que la sepan disfrutar) Lola se encargaba de propinarle tremenda mamada a mi pija que sinceramente me hacía sentir las más profundas y placenteras sensaciones a pesar del condon que la cubría.

Abstraídos en esos juegos acabamos, fue un momento indescriptiblemente gozoso pero lamentablemente finito. De serme posible me hubiera extendido eternamente en esa situación (¡y en otras!), pero el tiempo es inexorable y ambos teníamos obligaciones.

Tuve que privarme de seguir viendo el hermoso rostro de Lola y todo lo que acompaña a esa belleza y también de charlar con una persona agradable e interesante que con su calidez invita a hacerse amigos.

La próxima vez ya se que para disfrutar en su totalidad de ese hermoso culazo, con respeto y admiración, tengo que invertir los terminos y contrario a toda ley natural, debo empezar por atrás y no como las buenas costumbres indican, por adelante.

Pedro W FOTOS

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