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Liliana, entre Besos y Demonios

 Esta historia sólo duró quince días; sin embargo, me marcó de un modo muy especial, pues, fue mi relación más corta; pero, también una de las más intensas.

Todo comenzó un inolvidable miércoles 05 de agosto de 1987, cerca de las 13 horas, cuando llegaron a casa de mi padre, los tres sobrinos del esposo de la hermana de mi padre, es decir; tres hermanos que eran hijos de la cuñada de mi tía Rita, la hermana de mi padre (espero me hayas entendido), el caso es que no eran ni parientes míos.

Sus nombres: Julio, Carmen y Liliana. De ellos tres, Carmen, era presa de un extraño estado demencial que la mantenía taciturna la mayor parte del tiempo hasta que de repente como si despertara de un sueño reaccionaba con violencia y era capaz de atacar a cualquiera; por ello, la mantenían con tranquilizantes.

Según su familia esto era producto de un hechizo o un encantamiento provocado por un brujo pagado por la esposa de un novio que había tenido Carmen y que resultó casado. Ellos habían venido a nuestra casa en busca de un brujo o hechicero que la curase ya que son famosos por sus “poderes paranormales” los brujos, hechiceros y espiritistas del norte del Perú. La idea de albergarlos entre nosotros no nos hacía gracia a nadie; pero, mi padre estaba obligado a recibirlos en vista de que le debía a su cuñado una importante suma de dinero.

Fue así que cerca de la hora del almuerzo los tuvimos allí y la primera impresión que tuve fue la de personas con problemas.

Por esos días yo estaba terminado el Tercer Ciclo en la Universidad y como estaba de vacaciones me dedicaba a ver televisión y a dormir; por ello, me incomodó que me pidieran que los acompañase a instalarse en la cabaña del jardín. Esta en realidad era una pequeña casita de tres piezas: dos recámaras y una cocina comedor.

Al llegar una pesada maleta se le cayó a Julio y yo con la mano que tenía libre le levanté y la coloque sobre la mesa; entonces Liliana sonriéndome comentó en voz en voz alta: “Que buenos músculos” y yo agradeciéndole el cumplido concluí antes de salir “Es el ejercicio diario”.

Después de cenar salieron a recorrer la ciudad y aunque me invitaron supe excusarme y me quedé y Lili añadió “Creo que yo tampoco saldré”.Esta actitud me llamó la atención, pues, mientras lo decía busco mi mirada como procurando mi complicidad; pero, aunque lo noté no quise darle importancia, pues, por entonces pensaba en Grecia y en.... (bueno en el siguiente relato se los digo).

Pasada una hora salí al jardín porque quería tomar unas fotografías aprovechando la luz de la Luna, ya que es uno de mis pasatiempos preferidos. Estando en esto, note que Liliana me observaba desde la su ventana y me acerqué a conversar con ella. De la plática de esa noche descubrí que tenía 17 años, que estudiaba para ser Secretaría, que le gustaban las canciones de Camilo Sexto y que había terminado recién con su enamorado porque era un “tarado” según su propia apreciación.

Me pareció una chica agradable; pero, aún me seguía pareciendo la típica capitalina envuelta hasta las orejas. Así que después de un rato me despedí.

Al día siguiente me levante como de costumbre a correr desde temprano y cuando regresé ya se había levantado; pero, no desayuno por esperarme. Eso me halagó mucho; pero, mas el verla. Se había puesto un vestido rojo bastante corto y no llevaba medias; pero, si zapatos de taco alto los que resaltaban sus preciosas piernas libres de cualquier vellosidad e imperfección , más bellas que cualquier otras que antes hubiese mirado; parecían diseñadas y modeladas por un artista del medioevo; por ello, no pude evitar admirarlas durante todo el desayuno. Después de ello salimos a caminar y terminamos cantando en la orilla de un río y fue un momento realmente mágico. Nos mirábamos fijamente mientras cantábamos a dúo y cuando terminamos fue imposible evitar el besarnos. Fue un beso con mucha ternura, lleno de inocencia, mas que de pasión, a pesar del ambiente y de nuestra edad. Luego de ello ambos estábamos sonrojados y me pidió darnos un baño en las cristalinas y apacibles aguas del solitario Río Eten. Yo aún no había respondido, cuando la vi alejarse un par de metros y despojarse del atuendo deportivo que llevaba puesto desde que iniciamos la caminata. Cuando la vi quitarse las zapatillas y las medias; pensé que era una broma; pero, cuando se deshizo del polo y del pantalón jean, quedándose sólo en un delicioso conjunto de lencería roja que probablemente conservó desde que llevaba el vestido corto del desayuno; quedé al borde del infarto ¡QUE CUERPO¡. Era una diosa blanca de 18 añitos a orillas del río y yo un cazador dispuesto a gastar mis mejores dardos para robarle al Olimpo esa Venus contemporánea.

Procuré con esfuerzo mostrarme tranquilo y pasamos una mañana deliciosa; pero, desde ese día me hice la promesa de no dejar escapar a mi presa, pues, no sabía cuanto permanecería entre nosotros.

Por la noche (viernes 07 de agosto de 1987), Carmen, tenía cita con un brujo para ver lo de su esquizofrenia y todos los hermanos decidieron acompañarla junto con mis padres; pero, yo decidí quedarme a escuchar a Alan García en uno de sus discursos sobre la Estatización del Sistema Financiero que era el tema político del momento en nuestro país.Aunque quise evitarlo aquella noche no pude evitar pensar en ella y en ese precioso cuerpo que me permitió ver mientras nos bañábamos en el río.

El sábado noté a todos muy tensos debido a que el brujo les dijo que era “daño de espiritista y que un demonio la atormentaba”; pero, que tenía el modo de sanarla y alejar a la criatura infernal.

A Lili la encontré llorando y procuré reanimarla y aunque me resultó difícil finalmente lo logré. Por la noche Julio y Lili acompañaron a mi mamá a la fiesta de una amiga suya; mientras mi padre y yo nos quedamos acompañando a Carmen a quien durante la cena notamos muy alterada, pues, reía y lloraba, cambiando de animo bruscamente.

Regresaron muy tarde y luego que escuché a los hermanos despedirse para ir a dormir, mi madre entró a mi recámara y me contó que durante toda la fiesta Lili se la había pasado preguntando sobre mí y que la mayoría se había dado cuenta de que estaba enamorada de mí y que ella entendía que Lili era muy linda; pero, que me anduviese con cuidado porque no quería problemas con esa familia. Su advertencia sólo me sirvió para confirmar lo que sospechaba y para avivar mis hormonas de por sí alteradas por mis 19 años y por las curvas y redondeses de nuestra bella huésped.

El domingo la llevé a misa y por la tarde a comer y al cine; por la noche le declaré mi amor y ella me correspondió de inmediato. Le dije que al día siguiente iría a matricularme a la universidad y aunque quiso acompañarme la induje a desistir, pues, aún andaba tras Grecia y no quería complicaciones.

Por la tarde estuvimos en la playa de Pimentel, un balneario paradisíaco, y nos quedamos entre besos y caricias hasta que llegó el ocaso. Me dijo que me amaba y en verdad yo también sentía lo mismo. Estar con Lili me transportaba a un mundo bello en donde sólo respiraba amor, pasión y alegría; pero, al regresar a casa la realidad era otra, pues, Carmen, había atacado a su hermano y le había rasguñado la cara y mi madre estaba con fiebre a causa de una fuerte gripe que la mantuvo en cama varios días y que nos obligó a Lili y a mí a cocinar durante ese tiempo.

A causa de ese incidente mi padre ordenó que Carmen no abandonase la recámara de la casa del jardinero y que Julio le alcanzase la comida; además de que Lili se quedase en el cuarto de huéspedes de la casa; todo ello, para resguardar la seguridad de todos. Sólo yo me opuse a esa orden porque entendí que el encierro empeoraría el estado mental de Carmen; pero, todos estaban asustados y nadie me hizo caso y yo tampoco insistí porque la orden facilitaría mis planes.

El martes por la noche, mi padre y Julio, llevaron a Carmen a otra sesión de espiritismo y Lili se quedó argumentando que aquello le daba mucho miedo. Mi madre aún tenía fiebre y el médico le había prescrito unos antipiréticos que la hacían dormir mucho sin que nadie pudiese despertarla así que estábamos prácticamente solos.

Liliana estaba muy tensa así que la acompañé a caminar un poco por la ciudad y aprovechó para telefonear a su mamá ya que en casa el teléfono estaba descompuesto y tardarían días en repararlo (eran otros tiempos, días en que ENTEL-PERU era una calamidad y las telecomunicaciones un desastre; en fin).

De regreso a casa vimos en la tele una película EL CIEGO que contenía escenas eróticas para su tiempo, lo que nos calentó un poquito y luego EL EXORSISTA, lo que la hizo pensar en su hermana y la puso muy nerviosa. Por ello, me pidió ir a mi dormitorio y así lo hicimos.

Desde que ingresamos a mi recámara sentí que ese era el momento; pero no quise correr riesgos y decidí actuar con prudencia. Me metí al baño y me puse una pijama blanca y cuidé no llevar ropa interior puesta para aprovechar la transparencia del pantalón. Cuando me vió, exclamó: “Qué bello angelito” y luego que sonreí, añadí: “Y tú, no te vestirías de angelita para mí”. Me miró, sonrió con picardía y añadió:
- ¿Te gustaría?
- Sería divertido
- Entonces...espérame – Concluyo mientras me daba un besito en los labios.
Yo sabía con certeza que algo importante ocurriría así que me cercioré de contar con preservativos y esperé.

Alos pocos minutos la ví aparecer ataviada con un camisón blanco de algodón que le cubría hasta los pies y con el cabello atado con dos coletas bastante infantiles; pero, que la hacía lucir muy sexy:
. ¿Te gusto?
- Me encantas; pero,...
- Pero...¿Qué?
- Una angelita muy invernal..... ¿No crees?
- Me prefieres así – Lo dijo mientras desataba los cordones de la bata dejándome ver un precioso baby doll negro que me dejó sin comentarios, pues, no me lo esperaba; pero, que me provocó una tremenda erección que ella notó al instante.
- Parece que mi angelito está teniendo pensamientos....medio.....
dia-bó-li-cos -dijo estas últimas frases mientras sus labios se
fundían con los míos y su mano empezaba a masajear mi erecto
miembro.

Yo me sentía en las nubes; pero, no podía olvidar mi “tarea”; así que, empecé por devolverle los besos que pronto se volvieron muy calientes. Ella ahora estaba bajo mío y mi cuerpo entre sus piernas, sintiendo ambos la proximidad de nuestros sexos; pero, sin que estos se tocaran, pues, aún llevábamos la ropa puesta.

De lo primero que nos deshicimos fue de su baby doll y de mi camiseta, luego seguirían su corpiño, su tanga y mi pantalón; quedando por fin nuestros cuerpos liberados y dispuestos para sentir toda clase de sensaciones.

Desde sus labios hasta sus pies recorrí milímetro a milímetro cada porción de su suave y tersa piel. Disfruté al besar sus redondas y erguidas tetas, su vientre plano y caliente, sus mulos firmes y torneados que había admirado con devoción desde la mañana en que desayunamos juntos; ahora eran mías todas sus curvas y redondeces me sentía pecador o cómplice de un delito sublime y eterno que de tener mas vidas lo volvería a cometer.

Ella gemía y temblaba mientras yo me empeñaba en que esa excitación alcanzada no declinase. Giré su cuerpo sobre nuestro lecho y por primera vez disfruté el observar un culo femenino. Este era perfecto; tan redondo y tan erguido como un bizcochuelo recién horneado. Besé su nuca y descendí por su espalda mientras la piel de sus nalgas y de sus piernas torneadas acariciaban mi falo palpitante y ansioso por recibir el masaje vaginal que aumentase y calmase su calentura.

Lili estaba al borde del orgasmo cuando se acomodó sobre mi ofreciéndome su jugosa conchita mientras que se ocupaba de acariciar con su lengüita mi glande morado por la excitación. Me dio una mamada inolvidable que ni una experta podría superar. Yo tampoco me quedé atrás y atendí tan bien su cosita que me lleno la cara con sus jugos vaginales.

La noté extasiada y no perdí mas tiempo, la acomodé boca arriba en la cama y separé sus piernitas para lubricar mas su entrada vaginal. Logre un nuevo orgasmo y me apresuré a colocarme el condón, cuando ella me interrumpió:
- No, Martín, espera.
- ¿Qué ocurre?
- No te pongas eso.
- ¿Por qué?
- No quiero que mi primera vez sea con ... eso.
- Si mi amor.
Pensé en ese momento que definitivamente una estrella me guiaba, pues, nuevamente ante mi estaba una bella virgen esperando complacida para que yo la estrenara.

- ¿Tendrás cuidado, verdad?
- Claro que sí, mi amor, tu tranquila
Y al concluir la frase mi pene se deslizó dentro suyo hasta que tope con su himen al que noté desde el comienzo muy resistente y ella se quejó. Volví a intentar penetrarla y fallé; entonces note que su conchita se secaba y temí que se desanimara, pues, con el segundo intento note que una solitaria; pero, amenazante lagrima corrió por sus mejillas; entonces me arme de valor y de un solo empujón rompí con mi verga el sello de su virginidad.

Lili chilló con tal fuerza que tapé su boca con mi mano para evitar que mi madre nos escuchara y me quedé quieto hasta que se acostumbrara su cuerpito a tenerme dentro y luego le pregunte –Ya?-; mientras que ella entre sollozos me recriminó: -Me duele, mejor sácamelo-; pero, eso no estaba en mis planes así que empecé con movimientos leves hasta recuperar su excitación y pronto ella empezó a mover sus caderas y siguió el ritmo que yo le imprimía hasta que alcanzó un orgasmo fenomenal. Me tendí a su lado en silencio temiendo a sus reclamos mientras que ella encogida como un bebe recién nacido rompió el silencio –Martín, fue mejor de lo que esperaba...aunque me dolió feísimo...nunca olvidaré este amanecer del miércoles 12 de agosto del 87’, en que perdí mi virginidad con un hombre maravilloso.-. Luego de esto nos besamos por un rato; pero, no quiso repetir porque me dijo que le dolía y debió ser porque cuando se fue una gran mancha de sangre era muda testigo del reciente estreno ocurrido en mi cama.

Los días siguientes lo hicimos varias veces y nadie lo notó, pues, estaban pendientes de la situación de Carmen, que cada día empeoraba.

El martes 19 llevé a Lili a cenar y a bailar y de regreso a casa aprovechamos en que todos habían salido a acompañar a Carmen para celebrar nuestra primera semana como amantes y fue formidable porque hicimos muchas poses y aprovechamos la fortaleza de nuestra juventud para repetir varias veces.

Todo fue muy lindo; pero, al día siguiente cuando Julio fue a despertar a Carmen para que tomase un caldo de gallina que la recuperase de la amanecida en la sesión espiritista; sólo encontró el cadáver de su hermana colgado de una viga, pues. se había ahorcado con las sabanas de su cama.

Todos quedamos muy afectados; pero, mas Lili quien se culpaba de no haber estado el suficiente tiempo al lado de su hermana.

A esto siguió la investigación policial y el acallado escándalo de los medios de comunicación con algunos miles de monedas.

A los tres días se fueron en avión llevándose el cuerpo de Carmen a quienes muchos aseguran ver rondando en los jardines de la casa de mi padre.

Lili me escribió por mucho tiempo desde Lima hasta que se le presentó la oportunidad de viajar a los Estados Unidos.
Tiempo después me escribió contándome que había tenido un hijo y que se iría a radicar a Francia como enfermera de un anciano y desde entonces le perdí el rastro; pero, aún me parece escuchar su risa cuando oigo sonar las aguas del río y creo verla correr tras las olas del mar cuando estoy en la playa mirando el ocaso.

Un beso mi bella Liliana en donde quiera que estés.

suertudo77@hotmail.com FOTOS

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JuanK on

Me encanto esta historia yo vivi algo parecido pero con final mas prolongado, me gusto saludos espero noticias tuyas

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