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La Traviesa Helena

Corría el año 1985 y yo cursaba el Quinto Grado de Educación secundaria y me había descuidado por completo de mis estudios; primero por la campaña electoral de García Pérez, por mi por entonces naciente afición por la música y por supuesto por mis apasionados encuentros con Luisa y Rosalía a quienes nunca les importó compartirme.

Sin embargo, yo estaba consiente de que debía ponerle más orden a mis estudios, pues, era mi último año en la secundaria y no podía defraudarme a mí mismo.

Mi mayos problema era por entonces Educación Cívica; ya que estaba desaprobado en la mayoría de mis evaluaciones; pero, conversé con el Profesor José María y conseguí que me dejase una asignación y –como su pasión era el socialismo soviético- me encomendó hacer un Análisis Interpretativo de Las Cinco Tesis Filosóficas de Mao Tse Tung. A mis escasos 18 años aquello era todo un reto; pero, había que cumplirlo. Muchas tardes y caí en un profundo sueño después de leer las primeras páginas; así que opté por leerlo durante algunas horas de clase que pudiera aprovechar, pues, el plazo de presentación se me acortaba. Fue así, que conversé con la profesora Mechita de formación Laboral y salí durante su curso a leer sentado en las primeras gradas de las escaleras. Fue una de esas mañanas de viernes que conocí a Helena.

Yo estaba leyendo cuando oí que dos chicas estaban frente a mí, se reía y cuchicheaban. Al comienzo les reste importancia; pero, luego una de ellas se sentó a mi lado y...
¿Qué haces fuera de tu aula? – me dijo sarcásticamente y no le contesté.
¿Te comió la lengüita el ratón? – yo seguí en silencio y su amiga la interrumpió:
Ya Helena déjalo, esta estudiando -; pero, finalmente me haría hablar:
Precioso ¿te han desaprobado?
Si –respondí lacónicamente
Pero, ya te he dicho que no pienses tanto en mí...
Presumida.
Eso dices ahora; pero, después me estarás rogando.
Nunca... Presumida
Ya van dos –dijo muy seria y dijo a su amiga- Vámonos Araceli.

Pensé que eso había sido todo; pero, en los días siguientes por donde iba me las encontraba me silbaban y Helena me gritaba: Guapo.

Comprendí entonces que habíamos empezado mal y que mejor era hacerme amigo de ambas, total era obvio que yo le gustaba y ambas estaban riquísimas, sobre todo Helena que tenía una cola de campeonato.

Aproveché un día en que no llegó y vi a Araceli sola para acercármele y al poco rato ya éramos amigos. En esa vez supe que estudiaban en tercero C, que Helena tenía 18 y que yo le gustaba mucho; pero, que le dolió que le dijeran presumida pues si lo era.

Ellas debieron conversar de esto porque al día siguiente cuando me acerque a saludarlas, Helena se adelanto a decirme:
Araceli es una mentirosa nada de lo que te haya dicho es cierto.
Entonces yo sonriendo añadí:
Que raro, Araceli, me dijo que me ama y desde ayer somos novios ¿verdad?
Entonces Araceli añadió:
Ya quisieras, presumido...
Helena volteó para alejarse y dijo:
Los odio; pero, cuando se iba la retuve y...
No seas quisquillosa y seamos amigos...
Ella sonrió y desde allí nos volvimos inseparables.

Pasaron los meses hasta que llegó noviembre y con él la elección de la Reina del Colegio. Ya para entonces éramos novios y sufríamos todo tipo de ataques de parte de Luisa y Rosalía; pero, yo les restaba importancia, pues, fueron ellas las que me buscaron y jamás fueron mis novias.

De Helena no sólo me gustaba su precioso cuerpo y su angelical rostro que la llevaron a ser candidata del certamen que te comenté; sino, también por esa actitud distante y orgullosa que siempre admiré en una mujer; además, de esa femineidad y coquetería que sólo ponía de manifiesto conmigo. Fue todo ello lo que me llevo a convertirla en mi primera enamorada.

Finalmente llegó la noche del lunes 18 de noviembre del 1985 y comenzó la elección en donde desfilaron las candidatas con el uniforme del Colegio y con traje de noche. A ella le cedieron un aula y ella eligió como sus asistentes a Araceli y a mí; ya que su mamá era enfermera y ese día tenía guardia, fue así que acabé a su lado toda aquella noche.

Era divertido todo aquello, nos reíamos de todas las candidatas hasta que llegó el memento después de su presentación en que debía cambiarse de vestido y se dio cuenta que no tenía las medias de nylon y le pidió a Araceli que le prestase unas. Su amiga salió corriendo y ella con toda su pícara inocencia me dijo:
¿Me ayudad?
Y al acercarme descubrí que quería que la desvistiese. En ese momento sentí que todo me temblaba; pero, me arme de valor y la fui despojando de su falda, blusa y corpiño; cuando la tuve sólo en calzones ya era imposible disimular la tremenda erección que inútilmente escondía mi pantalón, ella giró sobre si dándome la colita y me preguntó:
¿Te gusto, verdad?
Yo sólo pude pronunciar un débil –Sí- cuando se me acercó y dijo –Bueno, tu ya viste bastante; pero, yo no he visto nada- y diciendo esto aflojó mi correa, desabotonó mi pantalón, bajó mi bragueta y tiró hacia abajo de mis pantalones y calzoncillos liberando mi erguido y caliente miembro que fue recibido por sus delicadas y frías manos, lo miró atentamente por un instante y exclamó –Es mas de lo que imaginé-. Se puso de pié, me besó y añadió –Este será nuestro primer secreto así que ayúdame antes que regrese Araceli.- Yo obedecí; pero, desde entonces no pude olvidar aquél momento de intimidad.

Esa noche mientras la coronaban como la más bella del Colegio sentí que la amaba, supe que sería mía y soñé que me casaba con ella.

En los días siguientes no pudimos estar a solos y fue recién el domingo 24 en que fue la fiesta central que pudimos conversar. Le dije que la amaba mucho y que quería estar con ella para acariciarla y besarla. Ella me dijo que también lo deseaba; pero que no quería perder su virginidad. Por supuesto yo se lo prometí.

Fue recién el domingo 8 de diciembre (Día de la Purísima Concepción) que pudimos salir con el pretexto de que iríamos a una jornada de la Confirmación.

Yo ya había ubicado un motel de Chiclayo en donde por unas monedas extras que se las robé a mi padre nos dejarían entrar sin registrarnos . Ella llegó deportivamente con un pantalón jean, un polo blanco y una casaca de cuerina muy de moda entre las chicas de entonces.

Cuando faltaban unos metro se arrepintió y quiso que regresásemos; pero, le dije que todo estaba pagado y que sólo veríamos como era por dentro y luego nos reiríamos. Eso la calmó y aceptó.

Cuando la tuve en la habitación la convencí para acostarla y darle masajes sobre su ropa, eso la relajó y mientras lo hacía le iba diciendo lo mucho que la amaba y los sueños que tenía de hacerla mi esposa. Fui sincero y eso la conmovió así que se sentó y me beso muy tiernamente. Después de algunos minutos de besos y caricias muy suaves, recordamos lo de la noche de su elección y nos reímos de lo ocurrido, hasta que ella sugirió –Lo repetimos-, y comencé a desvestirla hasta dejarla sólo en sujetador y tanga y aunque se sonrojó añadió –Ahora tú- y rápidamente me quedé en trusa dejándola ver mi erección. Me recosté a su lado y comenzamos a besarnos y a acariciarnos descontroladamente. Fue en ese instante en que la despojé de sus últimas prendas quedando ante mis ojos un nuevo cuerpo adolescente desnudo y a mi merced. Por primera vez vi un coño bien peludito formando un pequeño triángulo perfecto y sentí un fuerte temblor en sus piernitas cuando se las separé para darle una buena sopeada que ya por entonces era mi especialidad. Sé que la llevé a las nubes porque me empapó la cara con sus jugos y gemía con desesperación. Luego regresé a sus pezones y a sus labios sin salirme de sus piernas y procurando que mi caliente e hinchado pene rasase su aún virgen vulvita; cuando esto ocurrió me abrazó y me regalo una suplicante mirada y yo muy considerado le frote mi caliente glande en su clítoris y pregunté -¿Te provoca?- y respondió –Pero, despacito ¿sí?- Entonces cogí mi falo y con calma, lentitud, precisión y firmeza se lo metí hasta topar con el himen y –iiiiiiiihhhhhhh- fue lo único que dijo antes de preguntar -¿ya?- y luego de un instante comencé a cepillar a la Reina Helena, mejor que los reyes griegos.

Esa mañana fue especial porque desvirgue a mi primera enamorada a la mujer que amaba y con quien esperaba casarme; pero, un mes después fue mi Fiesta de Promoción y durante las vacaciones la mandaron de viaje a Lima y yo me dedique a estudiar para postular a la universidad. Al volver a clases ella se fue a estudiar a Trujillo y aunque juró escribirme eso nunca pasó.

Si por casualidad Helena lees este relato escríbeme. Soy Martín y me ubicas en: suertudo77@hotmail.com

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