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La Inocente Rosalia

Aquel verano del 85 resultaría particularmente inolvidable para mí; no sólo porque tuve la suerte del estrenar el cuerpo de la chica que le quitaba el sueño a todos los muchachos del colegio en el que estudiaba; sino, porque me permitió adquirir fama como “Experto en Hacer Felices a las Chicas”. Esa por supuesto no me la hice yo –que siempre había evitado revelar mis conquistas- sino la misma Luisa quien dijo a sus amigas –entre ellas Rosalía- que “yo la había llevado al cielo y la había hecho tocar las estrellas en su primera vez”; aunque esta declaración no le dio muy buena reputación a mí me sirvió para ser visto con respeto entre mis camaradas y a que las chicas conversaran sobre mí en voz baja cada vez que pasaba cerca de ellas. Demás está decirlo que aquello no me desagradó.

Por aquel tiempo yo trabajé en la campaña electoral del Presidente Alan García Pérez y eso no sólo me permitió tratar con muchas personas; sino, que además, me dio una excelente excusa para salir de casa casi a diario y a todas horas.

Entre el grupo de la JAP (Jóvenes Apristas Peruanos), estaban Luisa y su inseparable amiga Rosalía; una jovencita de exquisitos y frescos 18 añitos, que si bien es cierto no era una reina de belleza tenía lo suyo. Un par de ojos marrones preciosos que miraban con gran coquetería, una piel canela no tan cuidada como la de Luisa; pero,... por lo menos olía bien; sin embargo, en lo que les llevaba ventaja a muchas era en sus dos tetotas que ocultaba siempre bajo sus ropas porque la apenaban un poco. Posteriormente la convencería de lucir sus ricos melones con los que conquistaría muchos admiradores; pero, esa es otra historia.

Una mañana de sábado quedamos, los muchachos y chicas de mi buró de trabajo, en hacer proselitismo político en una campiña un poco alejada de la ciudad (esto es enseñar a sufragar a los campesinos); por ello, salimos muy temprano hacia allá y aunque todos regresaron al medio día nosotros tres nos quedamos allá hasta casi el anochecer.

Ellas lo tenían todo planeado; primero se aseguraron de separar a nuestro grupo de los demás y luego me dijeron que habían llevado un riquísimo arroz con pato y cebiche mixto (plato típico del norte del Perú... tienen que probarlo), para almorzar en la ribera del río. Tamaña invitación no podía despreciarse; así que acepté la propuesta y si el almuerzo estuvo delicioso “el postre” no tiene calificación.

Durante el almuerzo las bromas y confesiones fueron calentando la plática y el vino nos desinhibió mas. Poco a poco Luisa y yo acabamos contando a Rosalía lo ocurrido en mi dormitorio con lujo de detalles y también lo que ambos sentimos. Quizá pienses “qué desvergonzados”; pero, es que el cebiche y el vino hicieron hervir a 200 grados las hormonas de nuestros adolescentes cuerpos. Ya con suficiente alcohol en la sangre, Rosalía, se animó a confesarme que era virgen; pero, que ya no quería seguirlo siendo, pues, desde siempre escuchaba a sus padres hacer el amos a pocos pasos suyos y eso la ponía a 1000.

La calentura nos aumentó cuando Rosalía nos confío como se masturbaba y lo deseosa que estaba de que se lo hicieran; no había que ser muy inteligente para adivinar que el elegido para tal tarea era yo y aquello no me desagradaba en lo absoluto.

Durante la conversación había descubierto que mi nueva presa nunca había tenido novio y por lo tanto había que comenzar prácticamente de cero, pues, su única motivación era el haber escuchado a sus padres hacer el amor desde muy chica.

Fue entonces que me enteré que a unos metros de donde estábamos quedaba la cabaña en donde su tío Miguel dormía haciendo la guardianía de un establo y que ellas tenían la llave, pues, el tío este estaba en un cumpleaños en casa de Rosalía y que a lo mejor ni llegaba a dormir. El destino me ponía a Rosalía en bandeja de plata y yo no la iba a despreciar tan rico manjar.

Luisa nos acompañó; pero, se quedó en la primera pieza que sólo estaba separada de la segunda por una cortina de plástico viendo televisión a todo volumen y vigilando.

Al comienzo Rosalía pareció no darse cuenta de lo que hacía; pero, al verse a solas conmigo noté cierto nerviosismo en su actuar, pues, aunque no dijo nada su temor y ansiedad eran evidentes.

Comencé besando sus labios y diciéndole lo mucho que me gustaba, luego repasé sus manos por mi rostro e hice lo propio con las mías en el suyo. Me detuve en sus labios; primero le enseñé a besar con ternura, a jugar con los labios entre abiertos, a hurgar con la lengua en las comisuras de los labios del otro y finalmente el famoso y clásico beso hebreo descrito por Salomón en el discutido libro bíblico El Cantar de los Cantares; esto último la desquició. A esas alturas la tenía en mis manos su excitación era casi total tanto que dudo mucho que haya sentido cuando le quité la blusita rosada que ocultaba sus deliciosos senos de quinceañera caliente. Cuando tuve sus masas femeninas a mi alcance no perdí tiempo en estrujárselas sobre el corpiño aún puesto logrando arrancarle un sonora gemido que pronto callé con un beso que se inició teniéndola de pié y que acabó con ella acostada boca arriba en aquella estrecha cama.

Ya en la cama había perdido toda noción del “Espacio tiempo histórico” como diría el ilustre Víctor Raúl Haya de la Torre, en La Dialéctica y El APRA. Desabroché sin ninguna oposición su pantalón blue jean y luego la descalcé.
Siempre me gusté su potito así que quise darme gusto y la volteé bocabajo y entre besos y caricias suaves la despojé de su corpiño sin tocar sus senos. Luego descendí hasta su colita y lentamente retiré sus apretados pantalones procurándole el mínimo esfuerzo, todo un arte en verdad.

Por primera vez veía su culito, esta vez enfundado con un infantil calzoncito con ositos y mariposas. En aquel momento me pareció muy sexy. Mi arrechura era tal que a toda prisa me despoje de todo sin que ella lo notara y regresé a mi tarea de quitar su última prenda. Entonces me abalancé sobre sus nalgas y las besé con tal pasión que ella se calentó mucho mas. Apoyé mi cuerpo sobre el suyo y cuando sintió mi erecto y caliente pene entre sus dos cachetes traseros murmuro un débil “espera” y añadió “enséñame a mamártelo” y así lo hice; comencé por indicarle come besar el glande y como recorrer el cuerpo carnoso con la lengua para terminar enseñándole como succionarlo con la ayuda de los labios, la lengua y el paladar. No me hizo una super mamada ; pero, para ser su primera vez lo hizo mejor que muchas experimentadas; además, ayudó mucho a excitarnos y eso era lo importante.

“Ahora es mi turno” le dije y colocándome entre sus aún infantiles; pero, ya carnositos muslos inicié un exquisito sexo oral que la obligó a emitir un febril y suplicante pedido “Métemelo yaaaaaaa...”

Yo estaba fuera de mí así que a toda prisa me coloqué entre sus piernas con mi órgano en su máxima erección, afiné puntería e inicié el placentero viaje dentro de una nueva cuevita virgen, quizá mas estrecha y menos resbaladiza que las anteriores. Eso me preocupó por ella, pues, le podía doler; pero, no había lugar para los escrúpulos y decidí seguir. Ella se quejó un poquito así que decidí trabajar con sus aún intactos senos y parece que reaccionó favorablemente, pues, empezó a mojarse mucho y la entrada vaginal hasta se dilató. Todo iba bien hasta que topé con el himen a quien a fuerza de romper había aprendido a reconocer. No quise defraudarla; pero, le dolería un poco, pues, lo sentía más grueso que los anteriores; así que, le dije “Va a dolerte un poquito, no es mi culpa...Toma aire por la nariz y bótalo por la boca cinco veces”; pero, cuando lo hizo por tercera vez se lo metí de golpe y solo le oí un “au, au, au...” y sus ojitos se le llenaron de lágrimas. Me esperé unos segundos para que se recuperara y al iniciar el bombeo todo había pasado y ahora mi Rosalía decía “Vamos, Martín, mas duro, mas duro, que me pica”.

Esa tarde fue genial luego entró Luisa y me hizo penetrar a su amiga mientras me lamía los huevos.

Al poco tiempo Rosalía se hizo enamorada de Jorge y estuvieron juntos por algunos años hasta que él viajó a México a estudiar medicina. Ella se casó, tiene tres hijos y vive con su marido a tres cuadras de mi casa. Cuando nos vemos nos saludamos y nada mas. ¿Ustedes creen que me haya olvidado? Y ¿Qué le habrá dicho a su marido?...Cualquier comentario lo espero en:
suertudo77@hotmail.com FOTOS

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