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El Ingeniero

Soy ingeniero agrónomo heterosexual (o era) y trabajo en una empresa de Lima-Perú. Hacemos reconocimiento de suelos agronómicos para desarrollar proyectos de inversión. El desarrollo de nuestro trabajo nos obliga a viajar a lugares inhóspitos. Así fue que viajé a un lugar alejado de la sierra en una camioneta 4X4. Solo íbamos el chofer y yo. Llegamos al pueblo en donde teníamos que hacer el trabajo y estaban en una celebración no sé de qué santo local. Nos vimos obligados a participar, pues las personas que tenían que ayudarnos con los contactos también estaban en la fiesta. Yo, durante la fiesta, le había “hechado ojo” a una señora que tenía un impresionante culo, que se le notaba a pesar de la cantidad de ropa que usan en esos parajes. La “chola” (así les llamamos de cariño a las personas de la sierra en el Perú) también respondía a mis miradas y llegamos a bailar algo de la música local. Entablamos conversación y ella me dijo que su esposo no estaba y que no llegaría hasta el día siguiente. Yo inmediatamente pensé que tenía la oportunidad de tirarme a “La chola”. Cuando ya casi la tenía lista para llevármela, apareció el que seguramente era su esposo, porque la cogía del brazo y ella inmediatamente se alejó de mí. Por su parte el chofer también había hecho su “trabajo” y estaba muy comunicativo con otra chica. Pero la gente estaba muy embriagada y yo decidí retirarme, por precaución, considerando que no era bueno permanecer en un lugar en que prácticamente éramos extraños. Le mencioné al chofer que me retiraba y él (para mi sorpresa) me contestó que también pensaba retirarse. Le pregunté porqué lo hacía y me contestó que el sitio era peligroso.Nos fuimos a lo que se podría llamar “hotel”, que era una habitación con una sola cama y varias frazadas de lana de carnero. La habitación no tenía baño ni ninguna otra comodidad. Tendremos que dormir aquí. Le dije. Qué vamos a hacer, me contestó el chofer. Disculpe que me saque la ropa, pero si no me la saco después amanece arrugada y oliendo mal, “inge” me dijo el chofer; simultáneamente fue sacándose la ropa hasta quedar solo en truza. Parece que había avanzado buen trecho con la chica, porque tenía una erección descomunal que casi rompía la truza. Me quedé mirándolo o mirándole la verga, él se dio cuenta y me dijo: disculpe “inge2 pero yo ya había planeado tirarme a la “chola” con la que estaba conversando, pero vi que había un par de lugareños que me miraban mal y me dio miedo, por eso me he quedado arrecho, pero ya se me pasará. El chofer era un tipo mestizo, medio moreno, mediría más o menos un metro ochenta y como estaba acostumbrado a trabajos de campo tenía una contextura física muy bien desarrollada. Yo también tengo mi cuerpo aceptable, pero no llegaba al nivel del chofer. Me saqué la ropa y me quedé en truza, igual que el chofer, pero yo no estaba erecto. El chofer se tapó con una frazada y casi en el acto se quedó dormido. Yo no tenía otra opción que echarme a su lado. A pesar de ser heterosexual, no podía quitarme de la mente la erección y la descomunal verga que había casi visto del chofer. Nos echamos dándonos la espalda (como corresponde en estos casos de emergencia. Yo me eché al costado del chofer y él ya estaba dormido. Hasta roncaba y decía cosas que no se entendían, además de que habíamos bebido algo de licor y así el sueño llega más rápido. Yo quería conciliar el sueño pero no podía, la imagen del verga del chofer no se iba de mi mente. De pronto, el chofer –dentro de su sueño- se volteó y puso su brazo sobre mí. Parecía que en sus sueños se imaginaba que estaba durmiendo con su esposa o pareja (yo no sabía su estado civil). Mi primera reacción fue levantarle la mano, pero él prácticamente al voltearse había quedado con su cuerpo pegado al mío y cuando intenté sacarlo sentí que me agarraba con algo de fuerza. Sentí su verga, que continuaba erecta, pegada a mis nalgas. Entiendo que en ese momento debí levantarme, tirar unas frazadas al suelo y dormir lejos de ese borracho. Quizá la curiosidad de sentirme como una mujer y estar abrazada por otro hombre me hizo quedarme. Con la erección, la verga del chofer había salido de su “cautiverio” y estaba libre. Yo sentía que chocaba con mis nalgas. El chofer seguía roncando y por momentos me aprisionaba más fuerte, como si estuviera soñando que estaba haciendo el  amor con alguien. Nunca había tenido en mis manos una verga que no fuera la mía y pensé que esta era la oportunidad, y , lo más importante, sin ser visto por nadie. Llevé mi mano hacia atrás y cogí la verga del chofer. Era impresionante, nunca había tenido esa sensación, su verga latía entre mis manos. Me bajé mi truza y coloqué la punta de su verga entre  mis nalgas. Con una mano me separaba las nalgas y con la otra dirigía la enorme verga que tenía en la mano a la entrada de mi ano. La sensación era maravillosa; el precum que salía de la enorme verga era un perfecto y natural lubricante que permitía que la verga rozara mi ano. Escuché que el chofer dijo algo, pero, por suerte para mí, estaba hablando dormido. Sin despertarse (creo yo) me abrazó con más fuerza y ahora sentía que su verga trataba de meterse en mi ano. Pensé que si su verga estuviera mojada entraría con mayor facilidad. Me volteé y dirigí mi boca a la verga del chofer, le pasé la lengua por la cabeza (de la verga) y luego me metí la cabeza de la verga a la boca. Sentí que la verga crecía todavía más dentro de mi boca. Nunca le había tocado la verga a otro hombre y menos se la había chupado. La sensación era muy agradable. La verga era tan grande que solo la mitad o la tercera parte de ella llenaba mi boca, el resto lo agarraba con mis manos y lo pajeaba. El chofer comenzó a gemir de placer. Pensé que eso no lo podía hacer dormido. De pronto sentí que él me agarraba la nuca con sus manos; levanté la mirada y nos miramos; estaba despierto y me dijo: sigua “inge”, le doy mi palabra que nadie se va a enterar. Aunque me hubiera dicho que lo iba a publicar yo hubiera seguido, ya no podía parar. Solo te la estoy mojando para que me la metas más fácil, le dije. Ya, está bien, me contestó. Me la saqué de la boca, me volteé, terminé de sacarme la truza  y abrí mis nalgas con mis dos manos. El chofer dirigió la punta de su verga a la entrada de mi ano y empezó a metérmela. Yo, obviamente era virgen y sentía que me estaban partiendo en dos. No gritaba porque temía que alguien escuchara, viniera y me encontrara como una puta. Métemela despacito, yo nunca he hecho esto, te lo juro, le dije. Sí, parece que tu culo está pito (virgen), me respondió. Me sacó la verga, de la que solo había ingresado parte de la cabeza, se escupió en la mano, me pasó la saliva por el culo y comenzó a meterme primero un dedo, lego dos y finalmente tres; al comienzo me dolía, pero el placer era tan grande que el dolor fue pasando rápidamente. Después movía sus dedos como si me estuviera follando con ellos. Sacó sus dedos y me dijo: ahora te va a doler menos. Volvió a escupir en su mano, me llenó el culo de saliva, dirigió su verga a la entrada de mi ano y comenzó a metérmela suavemente. Me la metía y me la sacaba, pero en cada embestida metía más verga. Hasta que sentí que sus muslos chocaban con mis nalgas y entonces comprendí que me había metido toda esa enorme verga. Yo sentía placer y sentía como que quería defecar. Quiero cagar, me hago la caca, le dije. Me la saco y efectivamente, con las justas volteé y ensucié parte de la cama y el piso de mierda. Ya acabaste de cagar, me preguntó; sí le contesté. Entonces ponte en cuatro para culearte, me dijo, yo le obedecí. Apoyé mi cabeza en la cama y separé mis nalgas con ambas manos. En la habitación se sentía un fuerte olor a excremento, pero, curiosamente, no sentía asco, hasta se diría que era excitante. Con el culo así todo sucio, el chofer me metió la verga; ya no me dolió tanto. Pero me dolió un poco.Yo estaba parado en el suelo, con la cabeza apoyada en la cama, él me embestía con fuerza, vaya que era un hombre muy fuerte. Yo quería gritar de placer, pero no podía hacerlo y mordía la frazada. Vi que mi verga también estaba erecta. El me agarró. La verga y comenzó a pajearme. Al rato, sentí como se estremecía y su verga crecía más dentro de mí. Sentí como me inundaba los intestinos con su semen; simultáneamente, yo también eyaculaba. Terminamos juntos, como debe ser. El me la sacó, se limpió con la frazada. Cogió otra frazada y se echó a dormir sin decirme nada.              FOTOS

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