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Rossana

Carlos, 38 años, divorciado y sin hijos, quien me iba a
decir que con ese hombre tan apuesto que conocí por
internet yo cumpliría sus fantasías sexuales y sería su
sumisa en una sesión increíble.
Antes de nada me describiré. Soy peruana pero vivo desde
hace 2 años en España, junto con dos amigas y en este
tiempo he descubierto lo calientes y viciosos que son los
españoles. Tengo 22 años, llevo el pelo de color negro
azabache, ondulado, casi siempre suelto, y largo, a algo
mas de media espalda. Mido 1.62 cm y no me considero ni
delgada ni gordita con mis 52 kg. Uso una talla 95 copa c
de suje y una talla 38 de pantalón y si quieres saber como
es mi culito, pues estoy orgullosa, de algo me tendrían
que servir mis sesiones de aeróbic y step. Ah, y me he
hecho un pequeño tatoo de un escorpión en mi nalga
derecha.
Te conocí por internet y poco a poco me fuiste
conquistando, hasta que un día me enseñaste una página de
sumisión y me dijiste cuales eran tus gustos sexuales y
entonces descubrí que no solo me gustabas, sino que me
daba muchísimo morbo que tuviéramos una cita.
Por fin me he decidido a quedar contigo, y para la ocasión
me he puesto un top crema de tirantes, un suje de cazuela,
una falda vaquera corta y un tanga negro de Unno; llevo
unos zapatos sin mucho tacón de color crema también y el
pelo suelto.
Uff, eres aun más guapo en persona, pareces un Dios
griego, con esa espalda tan ancha y esos brazos tan
fuertes, y además tienes un culo bonito, y por como te
abulta la entrepierna veo que yo también te he gustado a
ti, así que después de tomar un café me has preguntado si
quería ir a tu casa y me has llevado.
Al llegar me la enseñas con detalle, habitación por
habitación, es una casa como siempre me gustaría tener,
pero lo que más me fascina es tu habitación, con una cama
grandísima, del tipo victoriano, con cabecero y pie de
barrotes de hierro, nunca pensé ver una cama así.
Me vendas los ojos con un pañuelo de seda anudado tras mi
cabeza y me dices que me desnude, mientras te sientas en
un sillón mirándome.
Dejo caer mi falda, me quito el top y el suje y junto mis
pechos, señalándote con mis pezones; los tengo duros, mmm,
como me gustaría que los tuvieras en tu boca, que los
succionaras y saborearas como si fueras un niño que mama
de ellos.
Me quedo solo con el tanga y me doy la vuelta, dándote la
espalda, y me lo bajo despacio, agachándome hacia delante
y mostrándote todo mi culito y mi coño, separando las
piernas para que los veas bien y huelas el aroma de mi
sexo.
No te he oído levantarte así que me sorprendes cuando
pones tus manos en mi cadera y me diriges a la cama.
Mientras me mirabas te habrás desnudado, porque noto tu
pecho desnudo junto a mi espalda y me rozas con tu polla
entre mis nalgas. La noto dura, muy dura.
Pasando una mano entre mis piernas me levantas a pulso,
parezco una muñeca junto a ti, pero es que aunque nunca me
lo has dicho calculo que medirás 1.90, y me subes a la
cama en posición de perrita, y empujando con las dos manos
en mi espalda haces que me tumbe boca abajo, con un
pequeño cojín bajo mi vientre.
Separas mis brazos y llevas mis manos al cabecero de la
cama, esposando mis muñecas, cada una a un barrote.
Pasas tus manos por mi cuerpo, recorriendo mis brazos, mi
cuello, donde me aprietas un poco, mi espalda, mis
caderas, donde sopesas como agarrarte mejor a ellas, mi
culito, el interior de mis muslos, donde te paras un poco
rozando con la yema de los dedos mi sexo, y mis piernas,
hasta llegar a mis tobillos.
Me agarras de ellos y separas mis piernas, para atar mis
tobillos esta vez con cuerdas y según creo haciendo un
doble nudo, un tobillo a cada barrote del extremo,
dejándome totalmente abierta, mis brazos y mis piernas en
cruz, y mi culito ligeramente elevado.
Pasas un dedo por mi coñito, sin penetrar en mi interior,
solo acariciando mi botoncito y mis labios, y me descubro
a mi misma dando gemidos de placer, y eso te la pone mas y
mas dura según me dices.
Metes dos dedos en mi boca y ávidamente los chupo,
esperando ansiosa lo que vas a hacer con ellos.
Empiezas a masturbarme, lentamente, suavemente, y empiezo
a mojarme, y al mismo tiempo me rozas con tu polla para
que la sienta.
Lames mi nuca, sabes que eso me vuelve loca, y
aprovechando que tengo la boca abierta por la excitación,
me pasas una mordaza de bola, apretándola tras mi cabeza
con dos correas. Estoy tan excitada que no me he dado
cuenta hasta que la tengo puesta.
Vuelves a masturbarme sin dejar de lamerme, mi nuca, mi
cuello, mis orejas, donde metes tu lengua y me muerdes los
lóbulos.
Bajas con tu lengua por mi espalda y más abajo aún, hasta
llegar donde empieza mi culito
y me imagino que te arrodillas al pie de la cama, frente a
mi culo y mi coño abiertos para ti.
Te acercas a mi coño y soplas, y consigues que me
estremezca.
Separas mis labios un poco y deslizas tu lengua dentro,
mientras tus manos juntan y separan mis nalgas y tus dedos
comienzan a hacer círculos alrededor de mi ano, cada vez
más pequeños, hasta que con el índice comienzas a
presionarlo, y salvado el primer obstáculo metes el dedo
en mi interior.
Atrapas mi clítoris con tus dientes y tiras de el.
Lo chupas, lo succionas, casi me llevas al climax, pero no
me dejas que me corra y lo sueltas, aunque con tu lengua
sigues recorriendo mi coño, lamiéndolo entero.
Sacas el dedo de mi culito, subes encima de la cama y
dejas que tu polla dura palpite entre mis piernas y
después abrigada entre mis nalgas.
Avanzas por mi cuerpo, dibujando sobre mi espalda con tu
polla y la acercas a mi cara, y quitándome la venda de los
ojos y la mordaza penetras mi boca, dándomela para que la
chupe.
Cuando esta bien ensalivada, me pones de nuevo la mordaza,
más apretada si cabe que la primera vez, y veo como sacas
una media de un cajón.
Me pasas la media por la cabeza, cubriéndome hasta el
cuello, dejando mi pelo suelto sobre mi espalda, para
acercarte después a mi oreja y decirme:
"Voy a follarte como nadie lo ha hecho".
Te pones de nuevo detrás de mi, y otra vez un dedo penetra
mi culito.
Lo sacas y entonces separas mis nalgas, y pasas la punta
de la lengua por mi ano, lamiéndolo, esperando que poco a
poco me relaje de nuevo y te deje penetrarme con tu
lengua.
Cuando consigues que me deje llevar pones tu polla entre
mis nalgas, dejando que poco a poco resbale entre ellas
hasta que tu glande tropieza con mi ano.
Siento pánico y trato de cerrar las piernas pero ya es muy
tarde, desde el momento en que me ataste soy tuya, mi
cuerpo te pertenece, pero aún así quieres vencerme
totalmente, así que con tus dedos buscas mi clítoris y lo
pellizcas.
Aprovechas ese calambre que recorre mi cuerpo para
presionar mi entrada más secreta y logras introducir el
glande en mi culito.
Siempre supe que la primera vez me dolería, y trato que me
oigas, pero son tantas las ganas que tienes de sodomizarme
que sigues empujando, haciendo caso omiso de mis súplicas.
Cuando te paras me imagino que ya está toda dentro, pero
agarrándote de mis caderas das un empujón más para que
entre del todo.
Trato de abrir mi boca para conseguir el aire que
necesito, la sensación de sentirte ocupando mi interior me
hace creer que no puedo respirar, pero la mordaza y la
media me lo impiden.
Bajo tus 85 kg, trato de mover mi culo para que tu polla
se acople y pase este tormento.
"Tu culo es una delicia", me susurras, y empujas más aún.
Me parecía imposible pero noto como llega más adentro. Se
que son 23 cm, varias veces te lo he preguntado y te he
imaginado penetrándome, incluso el culito, y ahora que la
tengo toda dentro la noto casi en el estomago.
Aprietas con tus dos manos mi cabeza contra la almohada, y
sacas y metes tu polla como un poseso, acelerando el
ritmo.
Me tiras del pelo para que levante la cabeza y me dices al
oído:
"Como me pone tenerte así de sumisa".
Me coges con las dos manos del cuello, me aprietas y tiras
de mi hacia ti.
Azotas mis nalgas una y otra vez, haces que me apriete a
tu cuerpo cogiéndome de los pechos y muerdes mis hombros.
Metes dos dedos en mi coño y con la otra mano me agarras
del pelo mientras te corres, tu leche caliente y espesa
baña mi intestino.
Sacas la polla aun dura y la dejas entre mis nalgas,
rozando mi ano, exprimiéndola con ellas al más puro estilo
de una cubana, para no dejar ni una gota.
"Desde ahora eres mi perrita y gozaré de ti cuando
quiera", me dices mientras apoyas todo tu cuerpo sobre mi
espalda.

Si quieres comentar algo puedes escribirme a
rossana21@ozu.es

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