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Mi Ficticia Vida

En estos tiempos en que entrar y salir del armario se ha convertido en una necesidad tan natural de nuestras psicologías como beberse un vaso de agua lo es para nuestra biología decidí encargar a un amiguete, carpintero él y de los mejores, que me construyera un gran armario empotrado en mi dormitorio. De esta manera las transformaciones a que me va obligar mi nueva vida de ente ficticio se realizarán con toda naturalidad –gran palabra-.

El armario empotrado se hizo y en tiempo record. Al terminar mi amiguete me preguntó para qué necesitaba algo tan estrambótico. En realidad él no conoce esta palabra, literalmente me dijo: y ahora me vas a explicar para qué c... necesitas tu esto. Le contesté muy serio que necesitaba un gran armario porque iba a comprarme un guardarropa de primera, como el que usa la gente guay de este país. Se echó a reír: a otro perro con ese hueso. Así que me vi obligado a improvisar. Le hablé de mi plan secreto: secuestrar a la vecinita del quinto, retenerla en el armario y visitarla de vez en cuando para ver cómo le iba la vida de clausura. Me miró de hito en hito sin saber si tomárselo o no a broma. Finalmente decidió que la vecinita del quinto, a la que ha visto un par de veces en el ascensor, podía perfectamente sacar a la superficie los más bajos instintos de un ser humano y conociéndome como me conoce sabe muy bien que no necesito de muchos ruegos para dejar que mis más bajos instintos salgan al prado y se pongan a pacer como pacíficos bóvidos (él sabe que toda mi agresividad se me va por la boca).

Para celebrarlo le invité a un piscolabis, con embutido y jamón de lo mejor, una tortilla de patata de primera –no soy mal cocinero- y un vinillo de marca que quitaba el hipo. Lo pasamos como los indios en un mar de cabelleras y nos reímos mucho imaginando el susto de la rotunda vecinita.

En cuanto se marchó comencé a decorar interiores, me introduje en el armario y puse los mejores posters de chicas desnudas, comprados expresamente para la ocasión. Al cabo de unos días me hice con un sillón de barbería, de los antiguos, adquirido en una tienda de antigüedades, bastante cutre por cierto, un televisor, un video y unas estanterias para mis videos porno. Además de todo esto hay algunas cosillas de tecnología avanzada que por supuesto no voy a revelar.

Terminados estos preparativos todo estaba preparado en el laboratorio del Dr. Jekyl para convertirse en Mr. Hyde. Que esto es una tontería, cierto, pero mayores tonterías vemos en la caja tonta y nadie se rasga las vestiduras. Que necesitaría un psicoanálisis y quién no, pero a ver quién es el guapo que me paga aunque solo sea unas cuantas sesiones. De todas formas no les voy a dejar con las ganas de echarse al diente una explicación. Privarles de eso sería tener tan mala leche como negarle el currusco duro del bocata que vamos a tirar a la papelera a un mendigo que nos mira cariacontecido con la boca abierta, enseñando una dentadura sucia y cariada.

Les voy a dejar con parte de la explicación que el pijo del narrador de esa historia pretendía colarnos en un caño futbolístico de antología:

"La necesidad de huir de un entorno hostil es la causa primordial por la que todo ser humano ha sido dotado con esa maravillosa cualidad que llamamos fantasía o imaginación. No tenemos las gráciles patitas del ciervo para salir saltando como si tuviera muelles en los pies, ni su prodigioso olfato para oler a un depredador a varias leguas a la redonda. Tampoco hemos sido dotados por la naturaleza de la envergadura, las garras y mandíbulas de un leon o un oso, pongamos por caso. Tanta indefensión nos condena a la extinción fulminante, por eso la madraza naturaleza, siempre pendiente de sus hijos, nos dotó de inteligencia para engañar a depredadores más fuertes y ágiles y dentro de esta inteligencia nos concedió el don entre los dones, la fantasía, mediante la cual conseguimos inhibir la agresividad que nos pone los pelos de punta cuando otro ejemplar de nuestra especie, siempre más estúpido, pretende darnos por donde más amargan los pepinos.

El gran avance de la especie humana es haber establecido una sociedad en la que los apretones de mano, la suave inclinación de cerviz, la sonrisa amable –palillil-, y otras formas de educada convivencia nos permiten solventar las constantes diferencias con otros miembros de nuestra especie. Pero no obstante ello hay momentos en que la agresión del entorno es tan salvaje que solo se le puede hacer frente con la terrible agresividad del depredador, algo muy mal visto y peor castigado. Por ello preferimos huir por piernas mediante el fácil recurso de nuestra imaginación. La huida al paraíso nos ha librado y nos seguirá librando de un montón de tragedias shakespearianas.

"Seguramente no existe mejor ejercicio para comprender al prójimo -¿quién quiere comprender algo así?, este narrador es más pijo de lo que parecía-, siempre tan lejano, que despertar nuestra dormida facultad de empatía para vivir vidas ajenas desde el mismo centro de esas vidas, es decir debajo de su piel, no utilizando prismáticos para espiarles morbosamente en su intimidad o comunicándonos mediante videoconferencias desde la gran colina de la indiferencia.

"Transformarse cada día en uno de esos personajes que tanto vemos en la caja tonta nos puede dar una nueva perspectiva del hermano famoso siempre tan necesitado de nuestra comprensión y cariño".

Bueno, bueno, cortemos esta riada de neuronas o el pobre narrador se va a quedar más pelado que el protagonista de la jungla de cristal. ¿Cómo se llama?...Huuum... Bueno dejémoslo, mi memoria nunca ha sido un prodigio precisamente.

En fin, Serafín, que este juego consiste en transformarse, para ello tengo el armario empotrado precisamente, en todos aquellos personajes que usted hubiera querido ser pero que no podrá ser nunca bien porque no tiene bastante pasta gansa, bien porque es usted un rato feo y contrahecho, bien porque unos nacen con estrella y otros estrellados y eso no tiene remedio, o por una lista de causas que serían más largas que las que encontraría un buen economista para explicarnos porqué unos son tan ricos y otros semos tan pobres que nos da la risa cuando pensamos en ello.



EPISODIO NUMBER ONE

NO ES FACIL LA VIDA DEL MILLONARIO

Cuando el hastío empieza a roerte por dentro es preciso buscar una salida aunque sea tan estrecha como el agujerito de un hormiguero. Esto diría el pijo del narrador pero permítanme que le ponga un esparadrapo en la boca... Ya está, no nos volverá a molestar, se lo prometo.

Estaba yo delante de la caja tonta, lo es un decir porque en realidad mi posición exacta era escorado a la derecha de la proa que como la estrella polar me indica el norte. Y estaba tumbado por supuesto en el sofá comiendo unas patatitas fritas de una gran bolsa que se sostenía milagrosamente sobre mi barriga al aire. El caso es que veía o fingía ver el telediario, pongamos de las nueve de la noche, cuando algo me llamó la atención: unos simples números en la pantalla estaban tocando las campanitas que habían tenido todo el rato escondidas en algún sitio. Mis 120 kilos de peso salieron disparados, rodaron por el suelo y en un pis-pas me encontré en mi sucia y maloliente habitación. Busqué por el suelo los pantalones y en los bolsillos mi cartera. De la cartera saqué el resguardo de la apuesta y miré los números al son de los tambores que comenzaban a redoblar en el interior de mi víscera, porque la verdad era que empezaba ya a ser consciente de cómo estaba cambiando mi vida.

¿Qué hace un hombre, aunque ese hombre sea yo cuando pisa de puntillitas el terreno vedado al 99% de los humanos?. Muy sencillo, lo primero es lo primero: hay que comprobar si el menda sufre una alucinación o está metido en un sueño muy, muy raro. Porque no es fácil pasar del más joio anonimato a la fama más desperejilante, del servilismo estúpido de un don nadie al poder omnímodo y casi omnipotente del millonario que puede tenerlo casi todo con un chasquido de sus deditos de piel de alabastro. Desde luego no es fácil semejante transformación pero por algún sito hay que empezar a hacerle cosquillas a lo difícil.

Vuelvo al salón, los números de la pantalla han desaparecido, coro a la cocina y enciendo la radio. Vuelvo a mi habitación y busco un bolígrafo en la mesita de noche –para las quinielas, no se vayan a pensar-. Regreso a la cocina, pero he olvidado el papel. Arranco la hoja del calendario, la vuelvo del revés y me dispongo a anotar. Anoto el silencio porque me he olvidado de encender la radio. Lo hago ahora, busco una emisora, espero las noticia y vuelo sobre las catástrofes de los desheredados en cualquier rincón del mundo como un dios volaría sobre las nubes. Tomo nota de todos los números con meticulosidad paranoide. Tengo la certeza de que son los correctos, pero no obstante antes de comprobar el resguardo bebo un vasito de agua porque tengo la boca muy seca. Compruebo al borde del infarto y ¡hale hop!, aquí tienen ustedes al nuevo millonario.

No puedo creérmelo. Corro al teléfono, llamo a información y me dan el número de la emisora de radio. Marco, espero, balbuceo, consiguen entenderme, me dicen los números correctos. Los compruebo y doy las gracias tan conmovido que la chica me pregunta si soy yo el afortunado –ya sabe que solo hay uno-, por lo visto quiere hacerme una entrevista. Digo que me he equivocado de número y cuelgo.

Salto, mis 120 kilitos de peso hacen retemblar la cocina, vuelvo a saltar sorprendido de la agilidad recién adquirida. Busco en el refrigerador algo para beber, necesito celebrar el evento. Solo veo cerveza. Descorcho una y me la bebo de un trago. Regreso al salón, ahora más tranquilo. El cajoncito con puerta que hace de mueble bar tiene aún alguna que otra botellita. Confieso que no soy un bebedor nato pero me gusta como a cualquiera darle al trinquin de vez en cuando. Rebusco y encuentro una botella de cava que llevo religiosamente a enfriar. Aprovecho para servirme cubitos de hielo en un vaso largo, con él regreso al salón y me sirvo un güisqui largo, muy largo, casi triple. Bebo un largo trago y grito como Tarzán en la selva. Auuuu.....

En el piso de arriba alguien se molesta y golpea el suelo con fuerza. Si tu supieras, gilipollas, vendrías a lamerme los zapatos, digo por lo bajini temiendo que me oiga y se cuelgue del timbre de la puerta hasta que abra. Me siento en el sofá, trago patatas, con ansia estúpida –desde ya tengo para comprar unas cuantas fábricas de patatitas fritas-. Bien, ¿y ahora qué?.

A ver, lo primero es entregar el resguardo en un banco, con la condición del anonimato, o me llevo los millones a la competencia, eso convence a cualquiera. Mi banco habitual descartado, nunca olvidaré la conversación con el director en su despacho cuando puso las esposas a dos meses con números rojos –ellos son los culpables, señor director, no yo-. Una mala racha, me limité a decirle. Usted es el rey de las malas rachas, quiero un ingreso que cubra esos números rojos más los intereses legales o le embargaré hasta los calzoncillos, suponiendo que lleve esa prenda, cosa que dudo, ¡so guarro!. Nada mi banco habitual descartado, pero no me voy a privar de hacerle una visita al Sr. Director. Le diré: querido amigo, ahora es usted el rey de las malas rachas. Y le restregaré por la jeta el resguardo.

El muy cabrón no se cortó un pelo entonces. Ahora tendré mucho tiempo para planear la venganza de Ulzana -¿cómo saben que me gustan las películas del oeste?- mientras dos preciosas negritas, mulatitas, blanquitas o lo que sea –que nadie me acuse de racista- me abanican de los calores del Caribe, pongamos por caso. Decidido. Me buscaré un banco, pequeñajo, son los que mejor te tratan, y cuando ponga el dinerillo a trabajar ya me buscaré por ahí lo que me convenga.

* * *

Ahora que tengo mi tesoro...mi tesoooro –que diría Gollum- a buen recaudo, custodiado por buenos perros guardianes (la mejor asesoría fiscal y de inversiones del país) puedo respirar tranquilo. Claro que si fuera un buen ciudadano, comme il faut, me rompería el cráneo buscando la fórmula de poner al servicio de la sociedad mi tesoooro, podría hasta crear una empresa modelo y contratar a un montón de proletarios que tascan el freno del paro o a un grupo de discapacitados a los que no quieren ni en su casa. Pero, ¡quién piensa en los desesperados proletarios hoy en día!, nadie, nadie piensa en ellos, son un estorbo. ¡Qué lastima de un nuevo Hitler que los gaseara en un campo de concentración bajo alguna montaña, allí donde no llegan los insoportables chicos de la prensa!. Así que porqué voy a ser el único imbécil que piensa en ellos, que sueña con ovejitas eléctricas, díganmelo ustedes, porqué. Nada, nada, a disfrutar que la vida son dos días, para eso y no para otra cosa me ha concedido el aciago –es una palabra que he oído muchas veces sin saber muy bien su significado- destino unos cuantos milloncejos. Je...je...

Pero ahora empiezan mis verdaderos problemas. No vayan a pensar ustedes que los millonarios no tenemos dificultades ni tragedias que solventar diariamente. Por ejemplo: ¿cómo voy a ir por la vida con este guardarropa miserable de proletario de tres al cuarto?. Dos vaqueros, un pantalón de domingo y cuatro camisas. Necesito ropa a medida de la mejor sastrería del país o del mundo, ¿porqué voy a cortarme?. No tengo ni puñetera –perdonen mi habla coloquial de semianalfabeto- idea de a qué sastrerías van a vestirse los ricos, pero esto tiene fácil remedio cuando se tiene un tesoooro en un banco. Una llamadita de mi móvil de última generación a mi asesor de imagen y todo solucionado.

¡Por los clavos de Cristo! ( perdón, perdón, necesito un poco de tiempo para pulirme). ¿Quién me iba a decir a mi ayer –cuando aún estaba comiendo mi bolsita de patatas fritas delante del televisor- que hoy haría caso de un pijotero asesor de imagen?. Sin duda los millonarios tenemos que hacer muchas concesiones y resolver muchos problemas, sin duda.

No estaría bien visto que el nuevo millonario fuera a tomarse medidas en vaqueros. Aparte de que odio salir de casa por cualquier estúpido motivo. Pero eso también tiene solución: con un extra considerable, vendrán a tomarme las medidas a casa. Claro que hacer venir a un sastre de alta alcurnia a un mísero piso proletario, sucio y maloliente –aunque diera un extra a la señora que viene cada quince días- no es de recibo. Por supuesto. O sea, que primero es agenciarme un buen chaletito o mejor un castillito con torreón, mejor con media docena de torreones. Daré órdenes a mi administrador. Por cierto, aún no lo tengo. Sin duda mis asesores me facilitarán unos cuantos nombres.

Bien, un administrador y que él se encargue del castillo, luego me instalaré y llamaré al sastre; no, mejor que lo llame el mayormono, para eso está. Pensándolo bien con lo que me ha tocado en la lotería no tendría ni para empezar, ni para el primer plazo del castillito. ¿porqué no una herencia de un desconocido tío millonario de América, el país de los millonarios, que dala puñetera casualidad que palmó hace unos días sin más herederos que el menda, su único e impresentable sobrino?. Es dura la vida del millonario, sin duda, sin duda. Bueno, bueno, ya me estoy cansando, hagamos deslizarse un poco el tiempo sobre sus oxidados railes. ¿Cuánto?. ¿Será suficiente una semanita?. Creo que sí. Hale, hop. Ya estoy convenientemente instalado en mi castillo, con un mayormono, inglés, por supuesto -¿- ¿o estarán de moda los neoyorquinos?, vaya usted a saber- nada un mayormono inglés, tienen más solera. Una buena cocinera que separa confeccionar un menú a la moda. Si tengo que adelgazar unos kilitos, todo sea por la causa. Que sea vieja, para joven la doncellita, que haga la cama... y la deshaga, por supuesto. Y si no traga ya encontraremos otra que trague.

Por cierto –todo son problemas- necesitaría de forma imperiosa una amante de postín. Un millonario solitario y misógino no pega nada. De postín y con cuerpo de estrella hollywoodiense. Son muy suyas, muy tiquismiquis. Pero ya encontraremos a una que supere los cuarenta y empiece a ser desdeñada en los casting- se dice así?-. Me convierto en productor y le ofrezco un papelito, de protagonista por supuesto. Un buen guión y una buena producción. No podrá decir que no. Seguro que a cumplir no desdeñará hacerme unos favores. Y si no es así – la realidad a veces no es como la pinta- echaremos mano, de alguna starlette -¿se dice así?- con cuerpo de diosa y deseos de demonio. Seguro que ella no pondrá tantos reparos.

Echaremos el tiempo unas horas palante. Me voy a la cama. El mayormono me ayuda a desvestirme como en las películas, disimulando su repugnancia ante mi prominente barriga y mis cortas piernas velludas. Le digo que se retire y llame a la doncella. Mientras tanto me pongo el pijama de sea- tengo que enterarme qué es eso del raso, me suena- con mis iniciales y un escudo con pinta de nobiliario, un castillo, unas barras (¿quién se va a fijar detenidamente en él en la intimidad?).Entra la doncellita, un tiernecito bocadito de nata y le ruego, casi suplico que me traiga una botella de champagnee –Dom Perignon, por supuesto- con unas fresas (me acuerdo de Pretty woman). Lo hace volando y cuando regresa ya tengo en mi basta mano un collar de perlas que coloco en su cuello de cisne, al tiempo que aprovecho para magrear sus sin duda hermosos senos, bajo el uniforme. Se vuelve como un basilisco y me da un tremendo bofetón. Luego se echa a llorar como una magdalenita. ¿Qué se ha creído el señor?. Ella es decente. No espera a que la despida. El señor puede buscarse otra doncellita. Al salir, muy tiesa, echo a correr de puntillas y ya cerca de la puerta la toco el culo con ganas, con muchas ganas. Solloza y da un formidable portazo. ¿Cómo está el servicio, mon Dieu?. Tengo que encargar al mayormono que contrate otra doncellita, mucho menos decente, por supuesto, casi nada para ser más claros. Estoy por apostar que contratará a una putilla. Pero qué importa mientras parezca doncellita. Guiño un ojo al gran espejo de...de... ¿de qué con los espejos de los ricos?. De lo que sea, ya me enteraré del nombre "técnico". ¿Cómo me voy a ir al gran lecho con dosel, ahora con esta protuberancia que deforma mi pijama de raso -¿o es de sea o de satén, o satín, o como se diga?. Por supuesto que tengo un televisor de pantalla gigante extrapalana y un video última generación y películas porno disimuladas entre grandes clásicos –ni siquiera sé a qué se le llama clásico en cine-. Me duermo tarde, los millonarios no madrugan.

* * *

El sastre toma medidas con cierto remilgo, soy un naif (horror, quiero decir un nuevo rico, ¿cómo se dice en francés?), pero lo disimula con un trato exquisito, faltaría más. ¿Querría el señor darse la vuelta?. ¿Desearía el señor probarse la ropa en casa?. Un último toque es imprescindible para que todo quede comme il faut?.

Por fin se ha ido. El mayormono me presenta a la nueva doncellita. Sin duda es una putita, no me había equivocado, pero está muy bien con su uniforme con cofia. Esta noche lo pasaremos de miedo, ¿verdad bocadito de nata?. Guiño un ojo a espaldas del mayormono y ella me guiña otro, item más me saca la puntita de su adorable lenguita. Una putita, no me había equivocado, no.

Antes de comer consulto con el mayormono sobre la práctica de ciertos hobbies -¿se escribe así?- imprescindibles en mi nueva posición. Menciono el golf –un deporte aristocrático donde los haya- y tuerce el gesto. No me admitirán en los clubs privados de elite, soy un nouveau riche – pero conoce unas excelentes instalaciones –privadas, por supuesto- donde me tratarán a cuerpo de rey. Hecho, tío, choca esos cinco. Se retira ofendido.

Como -¿almuerzo?- solo, esto lo tengo que arreglar enseguidita, y degusto con cierta prevención una muestra de la nueva cocina -¿alta cocina?, cocina de fusión, cocina tiquismiquis, esa que dicen está ahora de moda. No tiene mal sabor, pero no llega la barriga.

Terminada la deglución enciendo un cigarrillo en mi flamante despacho –soy incapaz de fumar puros- mientras me sirvo un cognac francés de una licorera de Sajonia -¿o es de Bohemia?-. Me siento en el sillón orejero –se dice así?- y contemplo las volutas de humo de color indefinido generadas por la consunción de un tabaco que me traen expresamente, ¿de dónde?, bah, ¿a quién le importa?. Mangoneo en la mesa de despacho, más que nada porque me da una sensación, un regustín a intelectualidad adquirida repentinamente gracias a esta obra de arte de la que cualquier genio de la cultura se sentiría orgulloso. Saco una cuartilla de la carpeta en piel repujada en oro y dibujo órganos genitales masculinos, lo hago con la pluma de oro, marca.. bah. ¿Cómo se llama este precioso utensilio donde se ponen los bolígrafos y demás adminículos que utiliza todo escritor o burócrata de postín?. Bah... Todo precioso, ¿plata repujada?, más bien parece madera aunque de noble, de primerísima calidad, seguramente trabajada por el mejor artesano del mundo (al menos eso dice la casa especializada en estas chorradas para millonarios).

Fumo otro cigarrillo. Me da por poner me un poco blando -¿el cognac francés?- y pienso en vender el despachito y donar su importe a una ONG. Me endurezco a suaves bofetadas. ¿Despreciar el aciago destino que me ha transformado en lo que siempre quise ser?. Que les vayan dando a los del tercer mundo. Por cierto, no creo que se diga aciago. Tendré que buscarme un profesor de lengua. ¿qué digo!. Una profesora y de buena lengua...de buena lengua...

Siempre pensando en lo mismo, ¿pero en qué otra cosa voy a pensar?. ¿Acaso pensaba en otra cosa mientras comía patatitas delante del televisor?. Y eso que a veces me asaltaba el miedo de que no pudiera llegar a fin de mes si seguía despilfarrando el sueldo en bolsitas de patatas. Genio y figura....

Me duermo en el sillón orejero....

Y ronco... Sí, ronco, porque el mayormono me ha tocado en el hombro con exquisita suavidad y al despertarme he llegado a oír el final del último ronquido. La cena está preparada... Vale, tío, antes daré una vuelta por el jardín.

Enorme jardín, precioso jardín con su gran piscina y todo. No veo al jardinero. ¿O será jardinera?. Ya estamos a vueltas con lo mismo. Es que me aburro. Esto lo tengo que solucionar mañana. Necesito un bufón de corte, o un pelotilla gracioso, me vale con el último, no soy aristócrata. Ceno rápido, muy rápido, me espera la doncellita. La misma criminosa con el mayormono. Le despido y pido que venga la alegrapajarillas y cuanto antes. No se inmuta. ¿Esto es tener categoría y lo demás vainas!.

Viene en un plis-plas y con las fresas y la botella de champagne –Don Perignon por supuesto- en una bandeja de plata -¿repujada?. Qué demonios significará esa palabreja. Mientras descorcho intenta desnudarme. La para con un gesto. ¡Quieta ahí, potranca!. Me gusta desvestir a las damas. Se ríe mientras bebe en la copa de cristal de bohemia o es de Sajonia?, ¡qué lío! –y se acaba atragantando. Doy unos suaves golpecitos en su espalda y aprovecha para tocar su culito y desatar el delantal. ¿Procede una descripción de erótico subido?. No, no procede, eso forma parte de la intimidad de la gente, incluso los millonarios tienen intimidad. Los expertos en ficción dicen que una escena de erótico-subido viene bien en cualquier relato. Pero esto no es una ficción narrativa, en todo casa se parece más a una masturbación mental – con permiso y con perdón o sin él-

Para que no se queden ustedes con la babita en la comisura de la boca les diré que "bocatto de cardinale"- o bocadillo de cardenal en término coloquial. ¡Cómo se mueve la condenada. Al acabar la secuencia de erótico-subido me entran ganas de hacer pis –con perdón, permiso- y me voy hacia el enorme cuarto de baño con yakuzi y todas las mandangas. Me cuesta encontrar el agujero. A la vuelta, la barriga colgando –calculo un par de centímetros menos- me detengo en la mesita de noche -¿o tiene otro nombre más rimbombante?- y saco el collar de perlas que pongo sobre su cuello desnudo -¿el cuerpo?, ¡ajá, pillines!. Me pregunta si es auténtico. Y cuando se lo juro por lo más sagrado salta encima del enorme lecho con dosel, me da un beso muy largo, a tornillo por supuesto, y remata con un francés mientras los ojos nos hacen chiribitas a los dos.

¡Esto es vida!.

* * *



Segundo día -¿o es el tercero?- y ya tengo que entrevistarme con los perros guardianes de mi tesorooo. Me aconsejan unas inversiones seguras por aquí, una empresa en quiebra por allá. Como quien no quiere la cosa les dejo caer que me gustaría producir una película. ¡Me apasiona el cine –Van Damme y Cia- pero no se lo digo. Hablan de una productora que busca una inyección de metálico. Les digo que sí, pero con la condición de poner yo a la estrella femenina por supuesto –y les pido me pongan en contacto con una empresa de casting. Esto está hecho jefe. Bueno, en realidad es algo así como "Claro, señor, inmediatamente, señor".

Quedo citado para el día siguiente. Aprovecho para comer en las modernas y privadas instalaciones de golf de las que soy socio gracias a mi eficiente mayormono. Voy en mi limusina, por supuesto. Al volante -¿chófera?- no chofer. ¡Les pillé!. Me recibe el maitre con mucha cirimonia –es la hora de comer-. ¿Una mesa para el señor?. Buena propina. ¿Desea otra mesa con mejores vistas el señor?.

Leo el menú detenidamente y encargo algo sustancioso. Estoy ya harto de nouvelle cousine -¿se dice así?-. Me miran con discreción desde una mesa cercana. Al postre se presenta un señor muy elegante en su ropa de sport, a medida, creo que de alta costura o tal vez no, debo preguntarle a mi asesor de imagen... Y se presenta como...-¿permiten obvie identidad?-, sí hombre, empresas.... Encantado. Es un placer conocerle, me han hablado mucho de usted, tengo algunas inversiones que sugerirle. ¿Le molestaría tomar el postre con nosotros?.

Nosotros son su santa esposa, modelo..bah, que importa, escote traviesillo y faldita corta, no muy corta, discreta comme il faut, y su hija menor, mozuela casadera, faldita corta, muy corta que deja ver unas deliciosas piernas largas, muy largas; escote para mirones y carita de angel moderno –ustedes me entienden. Ambas damos muy, pero que muy morenas, estoy a punto de preguntar: ¿rayos UVA?, pero me muerdo la lengua.

Postre, champagnee -¿Dom Perignon?, no, les pillé otra vez, pero sin duda de gran marca, tomo nota- y agradable conversación, muy agradable... La santa esposa no está por mis huesos -¿dónde están mis huesos?, quiero mis huesos- pero se nota que está por otro esqueleto (miraditas a un joven adonis, camarero por más señas). La hija sí esta por mis....¿?.... lo que sea, tal vez porque su papá la ha aleccionado. Nouveau riche, soltero, pasta larga. Mis empresas necesitan metálico, mi adorable pimpollito.

Me ha dejado mirar su canalillo sin molestarse, me ha dejado mirar sus muslos, sin molestarse, me ha dejado piropearla, sin molestarse. Mu sospechoso tanto permiso. El papá me habla de su emporio, va muy bien (me temo que no tanto) quiere que hablemos de ello...otro día, más tranquilos... Me invité a comer, en su club privado, me resisto y le invito ya. Tendré que consultar a mi asesor de imagen.

Como quien no quiere la cosa deja caer que a lo mejor su mozuela se deja caer por allí, tiene que probarse unos modelitos por allí cerca, usted ya sabe. ¿Me molestaría?. No, no y mil veces no. Bueno, tal vez sea una negativa muy rotunda, me muerdo la lengua. ¿Me dejará ver su canalillo, sus muslos bien torneados aunque un poco de pollo para mi gusto, me gustan más hechos... usted ya sabe- me dejará piropearla?. Digo mordiéndome la lengua hasta notar el sabor de la sangre.

Me invita a unos hoyos pero de pronto recuerda que tiene una cita que no puede suspender. Negocios, usted ya sabe. Se levantan, se despiden efusivamente la mozuela me besa en entreambas mejillas acercando su canalillo a mis narices. Huele a rosas, mon Dieu, cómo sabrá.

Al poco de irse viene un camarero y me pregunta sin no me importaría invitar a mis amigos con tanto ajetreo se han olvidarlo de pasar la tarjeta. No son mis amigos, me muerdo la lengua y saco mi cartera de piel –marca, bah...- dudo entre varias tarjetas –oro, platino, iridio- hasta que el apresurado camarero me señala una. Se lo entrego, la paso, me la devuelve, le doy propina. El señor podría descansar a la sombra hace mucho calor para jugar unos hoyos. ¿quiere que más tarde le mande un caddie -¿se dice así?, o son los de los caballos?.- Vale tío. Me muerdo la lengua. Bien, digo en un susurro que el otro entiende muy bien.

Tarde apacible, me monto en un carrito que bien podría ser el de la compra si los ricos compráramos. Me enseña lo esencial, prueba el primero, pruebo yo después, fallo... así podríamos estar un tiempo precioso que a nadie le sobra. Hacemos unos hoyos, más bien él hace los hoyos y yo levanto césped, si eso es que hacer hoyos. Finalmente le doy unas palmaditas en la espalda, me muerdo la... dejémoslo ya tío, me trago la... Le pregunto si sabe montar a caballo ( por su aspecto parece saber montar yeguas –perdón por la ordinariez y el machismos, pero algunos nuevos ricos somos así) No sé porqué se me ha ocurrido hacerle esa pregunta, los nervios, seguro que son los nervios. Me contesta que es un excelente jinete, profesor de tenis... para, para, para el carro. Antes de que pueda arrepentirme le contrato. Ahora tendré que comprar caballos, hacer unas cuadras...-¿o ya tiene cuadra mon chateau?-. No he tenido tiempo de verlo todo, ni siquiera de preguntar. Seguro que tengo que hacer pista de tenis, eso seguro porque no la he visto y nada hay más a la vista.

Propina, me despido. Pienso que necesitaré bellas doncellas para que me acompañen, vean mis cuadras – antes de ser rico podría haberlas invitado a ver "mi cuadra", pero no hubieran acudido- y jueguen al tenis mientras yo juego a ver sus bonitas piernas. ¡Ya estamos, vale tío, estás más salido que los ojos de un mirón!.

Ya en mi limusina –o es limousina- pienso que la vida del millonario es dura, vaya si es dura.

* * *

Se me acumulan las citas, no es cuestión de comprarme ahora una agenda, las odio, me compraré una secretaria... Ya, ya te oigo aunque me haya puesto algodones en los oidos. ¿Qué quieres que haga?. Uno no es de piedra aunque estoy oyendo voces en la sombra...en piedra te tenías que convertir, so guarro...

Cita con los del casting, señor por aquí, señor por allá, les digo que busquen una estrella a punto de ser desfondada por Hollywooood. Tampoco me importarían un par de starlettes en papeles secundarios. Ellos me entienden, yo les entiendo, todos nos entendemos.... Todos nos reímos. Alguien saca una botella se scoth -¿se dice así?- de un cajón. Brindamos con vasos de papel por las tías buenas. De puta madre, estos tíos son de puta madre. Creo que acabo invitándoles a "cenar argún" día mientras el chofer me sostiene con discreción camino de la limousina. Las chicas corren de vuestra cuenta, colegas.

¡Hip!.

Creo que voy a despedir a la doncellita, me está matando y ya me estoy cansando de sus trucos. Además no estaría bien que atendiera a mi estrella de cine, se daría cuenta enseguidita. Buenas son ellas.

Mi secretaria -¡ya tengo secretaria!, que como es: un bombón... Vale, vale, joder con estos lectores-toras ni que fuesen reales- mi discreta secretaria, así está mejor- me recuerda mi cita para comer con D... no se cuentos. Mi asesor de imagen me da unas lecciones de cubiertos, vasos, servilletas y toda la cirimonia en general. Vestido de traje –no fraque, no, eso para cenas de gala- me persono en el lugar. El maitre me lleva a una lujosa mesa, allí me espera, mi invitado -¿o soy yo, su invitado?- me da unas palmaditas en la espalda. ¿Un martini?. Yes.

Está dicharachero el gachó, no me deja meter baza, mejor. Nos sentamos en un reservado muy discretito. Vamos viendo el menú. Eso le da tiempo para ponerme en un antecedentes. Escucho aburrido, mostrando mucho interés. Encargamos. Sigue el gachó dando números y mas numeros. Casi estoy a punto de decir que si para que me deje en paz. En esto llega la mozuela, escotadísimo modelito recien comprado, se sienta con mi ayuda –muevo la silla al tiempo que echo un discreto vistazo a sus muslos que han bajado al sentarse ¿o ha sido el vestido el que ha subido? Y comienza el paripé, como me quedaba tan cerca... ¿no se molesta vd?. No, no y mil veces no. Ella se pone ligeramente arrebolada. Me pregunto si estos trucos se aprenden.

Ella encargó cualquier cosilla, la mujer moderna come cualquier cosilla para no engordar y nos ponemos a zampar –con perdón-. Que si son divinos los modelitos de... que siento no poder mostrarlos. Los ha dejado para que su choffeur los pase a buscar... que si.... que si... que si las empresas de mi anfitrión -¿o huesped?- van viento en popa. Inversión segura, oiga.

Champagnee. Brindis. ¿Por qué brindamos?. Por el nuevo socio por supuesto. Digo que si pero tenemos que hablar con mis asesores. ¿Por qué no quedamos para... para...?. Mañana, mañana me va bien. La mozuela hace como que le cae una gota de champagne en el vestido y se inclina buscándolo. Veo, veo, veo hasta sus erectos pezones. ¡Mon Dieu!, digo, perdón, digo que mañana está bien. Brindamos, el papá estrecha mi mano con fuerza. La mozuela se estrecha contra mi dándome un abrazo muy fuerte, pero que muy fuerte. Siento sus erectos pezones cosquillearme el pecho. Lo que usted quiera, papá lo que usted quiera.

Disimulo y en vez de ir al servicio me siento y bebo la copa de un larguísimo trago.

Esta noche antes de la cirimonia llamo a uno de mis asesores y le hablo del tema. ¿Mañana?. ¿Cómo ha podido hacernos esto?. Por lo menos un par de días. He oído que tiene problemas, necesitamos tiempo para estudiarlo. ¿Cómo se ha dejado atrapar de esta manera?....¿Pezones?. Le hablo de la mozuela. Al otro lado del hilo telefónico oigo sus discretos jadeos. Se vuelve más comprensivo. No se preocupe, lo arreglaremos. Los contratos no estan listos, necesitaremos unos días, es lo normal en estos casos. Oiga, ¿puedo hacerle una pregunta personal?. Claro, suelte. ¿Vendrá también la mozuela?. No creo, pero puedo arreglarlo. Mejor no, mejor no lo arregle.

La conversación de negocios me ha puesto algo nerviosillo pero la doncellita se encarga de relajarme. Luego estoy a punto de comentarle lo de la estrella de cine. Mejor, no, mejor mañana.

* * *

De reuniones de negocios mejor no hablar, el papá se escamó pero lo disimuló muy bien. Al salir hice ademán de invitar a comer, ¿comme il faut?, no ha aceptado pero me ha invitado a cenar en su casa justo la víspera de la nueva cita. Serán unos pocos amigos, luego si no está cansado puede acompañar a mi hija a conocer la oída nocturna. No se porqué se ha empeñado en mostrársela a usted. ¿Sabe lo que me ha dicho?... Que es usted un tío con mucha marcha aunque lo disimula. Además está usted solo en su "chateau" y seguro que se muere de aburrimiento. Feliz usted que no tiene hijos, estas modernuras me aterran. Hasta mi hija se ha vuelto una lenguaraz. No, no, y mil veces no. Su hijo es adorable. Se ha tranquilizado bastante y yo le he tranquilizado un poco más, bastante más, más bien

Mi discreta secretaria -¿discreta?, bueno el bombón, si usted lo prefiere- se ha ofrecido a darme lecciones de buenos modales y de lenguaje. Sí, sí de lenguaje. Es licenciada por no se qué universidad y doctora por no se cual. No le he pedido los títulos. Si ella se empeña...Además le saldrá más barato...No sé, no sé....

Para hacer un poco de deporte y enfriar los calores he decidido comprar caballos de pura raza, también yeguas. Me acompaña mi nuevo asesor deportivo. No he dicho nada a mi discreta secretaria por si acaso y por si el nuevo asesor hace sonar la campanilla. Ni siquiera les he presentado.

Hemos comprado unos ejemplares no sé si muy buenos pero sí muy caros. Por cierto, el chateau tenía cuadras, ya decía yo. El asesor me ha obligado a montar en un potro muy dócil, seguro que para reirse de mí. No, no me he caído pero tengo el trasero para que mi doncellita me de unas buenas friegas. De esta noche no pasa.

Y no pasó.. ¿Saben lo que me contestó?. Que lo entendía , por supuesto, pero que podía poner un piso a su nombre y visitarla a escondidas. Eso es muy divertido para los millonarios como usted. ¿Cómo sabes tu eso?. Se ha callado como una muerta pero revivió para darme un buen masaje. Quedamos en que sí... Ya tenía echado el ojo al pisito.

* * *

Me he quedado en casa para tranquilizarme, mucho ajetreo ultimamente. He estrenado la piscina, solo, gracias a mon Dieu. He pensado en comprar un refugio discretito, en la playa o tal vez mejor en la montaña, donde no lleguen ni las cabras. Por si acaso, por si necesito retirarme un poco de la vida social. Ustedes me entienden.

La estrella-de-cine-a-punto-de-ser-desfondada por Hollywood ha puesto su precioso trasero delante de mis ojos. Su precioso trasero ha llegado antes que el resto de su cuerpo. Saben mover bien el culo estas estrellas, ya lo creo. La entrevista se desarrolló en la intimidad de mon chateau. Enseguida se sacó un contrato de entre sus tetas –de primera- y a punto estuvo de hacerme un estreptease cuando yo, el más rápido al oeste del Pecos, saqué otro de un cajón de mi mesa –convenientemente preparado por los tíos de puta madre del casting, juerguistas pero no tontos- y la cosa quedó en tablas. Mañana hace una prueba de casting mero formulismo la he dicho y ella me ha dado un beso a tornillo con su contrato entre nuestros cuerpos. Soy un hombre muy atractivo, me ha dicho, puede que llegue a ser muy buenos amigos. Después de la firma del contrato –las palabras quedaron entre mis dientes y la lengua-.

Fui con ella al casting y disfruté de todo ello desde detrás de los focos. Puro formulismo ya se lo dije, queda de miedo en la piel de la heroína, un poco golfa como debe ser.

No firmamos el contrato. Se firmará mañana a presencia de sus leguleyos. Estaba muy casada y se ha ido al hotel entre una nube de fotógrafos y paparazzi. Nos hemos hecho algunas fotos para los boys de la prensa. Muy discrititas, eso sí.

En el chateau mi discreta secretaria me ha pedido un autógrafo de la estrella y que se la presente. Se lo he prometido. También quería conocer mi lecho con dosel. La he respondido que me estoy enamorando locamente de ella y que estaba muy cansado con tanto ajetreo. Más adelante. Más adelante. Si seré canalla.

* * *

He recibido una llamada telefónica de la mozuela, sin duda temerosa de que me enrolle con la estrella. He podido tranquilizarla, las estrellas no se enrollan con barrigones. Es usted muy coqueto, ¿barriga?, dónde tiene usted la barriga...Es usted un cielo. En esas quedamos.

Ha venido el asesor esportivo. Estoy muy cansado –ultimamente no paro de estar cansado-. Váyase usted quince diás de vacaciones. He puesto un cheque delante de sus narices que no ha durado ni una micronésima de segundo, ni siquiera recuerdo haberle visto cómo lo guardaba en su cartera. Al salir ha estado a punto de darse de bruces con mi secretaria, he podido evitarlo por los pelos.

Estoy harto de tanto ajetreo y también, por supuesto, de la ola de erotismo que nos invade. He dado instrucciones para que me busquen un coqueto cotage -¿así?- lo más lejos posible de la civilización que nos invade. Estan en ello.

He dormido como un tronco horizontal en mi amplio lecho con dosel.

Por la mañana me esperaban dos paparazzi a la puerta de mon chateau. Me hicieron unas fotos y algunas estúpidas preguntas que he respondido con modales aristocráticos -¡qué risa!-. He sido seguido hasta el moderno edificio de cristales ahumados donde se firma el contrato. Ellos se han quedado en la puta rue con los otros que ya esperaban el evento. Me molestan estos paparazzi. Seguro que antes o después se les ocurre hurgar en mis calzoncillos de seda y eso me molestaría mucho, no vivo de las exclusivas, de momento al menos.

La estrella ha esperado conmigo en un lujoso antedespacho. Mientras los leguleyos hablaban nos hemos tomados unas copas. Me olvidaba decir que en California farfullan, chapurrean, un poco el español, porque de otra manera no hubieramos podido hilar hebra, no hablo ni jota de inglish, ni siquiera me bandearía con el espanglis.

Ha estado amable pero distante, discreta aunque un tanto picaruela, toda una actuación estelar. Nos han llamado los chupatintas y al pasar por la puerta ella ha recibido un guiño de uno de los suyos. A mi me ha susurrado a la oreja mi manager: "Todo perfecto". Hemos firmado con pluma de oro.

Al entrar en el ascensor ella, la inigualable, me ha susurrado con voz mimosa que tenía miedo de la prensa canalla. Se ha acercado a mi oreja –su perfume me ha invadido como una muestra más de la imparable ola de erotismo que nos invade- y me ha pedido una cena tete a tete –menos mal que el dominio de la lengua francesa del narrador me ha ayudado a no meter la gamba, son muchos años de íntima convivencia, porque he estado a punto de rechazar la sugerencia, no tengo una tete que unir a las suyas, espléndidas por supuesto. En cuanto me he repuesto del lapsus he dicho: sí, sí y mil veces sí. Enviará a uno de sus asesores para que todo esté a su gusto. Espero que cuando todo lo esté nos dejen solos.

* * *

Hermoso cuerpo, mon Dieu, pero gélida, gélida como un témpano, ustedes ya me entienden. Con decir que se ha tumbado desnuda en mi hermoso lecho con dosel, una copa de champagne en la mano derecha de la que ha libado a picotazos y un cigarrillo con boquilla -¿de ambar?- en su izquierda. No me ha mirado ni una sola vez, ni ha dejado la copa ni la boquilla un solo segundo hasta terminar la faena. Eso sí, tengo que decir que un par de veces se quitó el cigarrillo de la boca –la ceniza caía sobre la sábana de seda haciendo un agujerito, un lamentable comportamiento, de persona con poco gusto- para susurrarme a la oreja con esa voz tan sensual que pone en las escenas erróticas de sus flims: Sí, si...cariño, así... Ah...Ah... Estoy completamente seguro de que lo dijo por compromiso.

Bebimos más champagne, hablamos de la película y me dejó manosear su cuerpo a gusto durante un buen rato. Finalmente debió cansarse porque encendió otro cigarrillo y me sonrió con una picardía que casi me congela. ¿Otro polvete?. ¿Necesita otro polvete mi semental?.

Su semental estaba un poco frío, lo confieso, pero quién desprecia un cuerpo de estrella. Esta vez apagó el cigarrillo cuando llevaba consumida la mitad de su longitud y me clavó sus largas uñas, rojas y amarillas, en mi espalda de ex currante. ¡Sí...sí... cariño, más rápido, muévete más rápido, por favor, más... Aaah....Aaah Este vez estoy en condiciones de confirmar que no fue solo por compromiso. Hasta los témpanos se derriten alguna que otra vez, aunque solo sea un poquito...

Se duchó sin permitirme que la acompañara –es una de mis morbosas imágenes erróticas favorítas- y se vistió tan rápido que me pareció haber soñado su cuerpo desnudo. Picoteó mis labios con la misma delicadeza con que antes lo hizo con su copa de champagne. No es necesario que me enseñes el camino, cariño. Mi choffeur está a la puerta de ton chateau. Sin duda un buen choffeur y un buen semental, estoy por asegurarlo.

* * *

He recibido una llamada de mis perros guardianes, con ellos mi tesorito está a salvo. Lo tenemos por los huevos –usted disculpe- sabemos hasta el color de sus calzoncillos. Aunque se hunda usted saldrá ganando y si sale a flote se queda con la mejor tajada. No diga nada, todo está en la letra pequeña, ni siquiera lo comente con la Pezones –usted me disculpará-. Disculpado.

Bien, bien, me gustaría tenerle a mi lado para acariciar su linda cabecita de chucho. Pero aún así no me fío, no me fío ni un pelo. He oído que algunos asesores las han montado pardas y los ingenuos e incautos millonarios la han pifiado. Cualquier día me dejan con lo puesto. ¿Y si me buscara un tipo listillo que los vigilara?.

Ahora me espera la Pezones. Ella no sabe que no necesita vender su hermoso cuerpo, pero ya que lo ofrece con tanta generosidad...será un verdadero placer.

Supongo que es difícil hablar de ética- ¿qué es eso?- con tantas divisas entre los dientes. ¿Etica?. ¿Pero he dicho yo eso?. Para una vez que soy millonario no voy a andarme con zarandajas. La ética para las buenas familias, esas que lo heredan todo, hasta los buenos modales.

Aunque bien pensado me estoy haciendo un poco canalla. No era así cuando me comía mi bolsita de patatas delante del televisor. ¿O sí lo era?. Corramos un tupido velo sobre mi subconsciente.

¿En qué piensa un currante cuando ve millones de divisas volando sobre su cabeza?. ¿En fundar una ONG para ayudar al prójimo?. No, ni por pienso. ¿En arreglar la vida a un sinfín de familias que aprietan los dientes cuando se acercan los últimos días del mes?. No, no y mil veces no. Uno piensa en follar, simplemente eso, en follar con todas las estrellas del firmamento hollywoodense, con todas las estarletes, con todas las modelos, con lo que sea, hasta con un palo de escoba con buenas caderas, pero en follar. Bueno, no exageremos, también se piensa en comer algo distinto, en beber buenos caldos, en no dar un palo al agua, en divertirse con esto y lo otro. En llevar chaqué en las fiestas sociales. Bueno, esto último es un poco exagerado, a un currante no se le dan bien estas cosas. Pero sobre todo piensa en cómo guardar su tesoro a salvo de los tiburones de las finanzas. Se termina pensando en esto noche y día. Uno se transforma en un Harpagón, en un Shylock sin darse cuenta –esta es una reflexión del narrador, no conozco a estos tíos de nombres tan extravagantes- y este pensamiento obsesivo te va minando por dentro, ya lo creo que te mina, te convierte en una profunda mina donde escarbas constantemente buscando un buen lugar para esconder tu tesoro. Mañana, mañana sin falta tengo que buscar a ese listillo que vigile a mis perros guardianes.

* * *

Llegó el día, se hizo presente la hora. Bien vestido, bien perfumado, bien aleccionado por mi asesor, discreto dentro de lo posible, me persono en la mansión de los... con mi limousina, por supuesto, y con un deseo enorme de echarle la vista encima a la mozuela. Incluso había preparado un chiste que deseché por grueso y por miedo, más bien por miedo. Se me ocurrió viendo un programa divulgativo sobre física atómica –ahora me ha dado por culturizarme, ¿quién me lo iba a decir?- me hicieron reir los nombres de las partículas, protones, neutrones, mesones, eones. Me dije y por qué no ceones, maldita sea mi sombra, ceones. ¿Qué son los ceones?. Permanecía serio mientras aquellos pijos le daban vueltas a la chola buscando congraciarse con las divisas. Ceones, repondí, cuando se dieron por vencidos mirandome interrogativos, ceones son los c... que alcanzan la velocidad de la luz. Ja...ja.. risotada por mi parte. Ji...ji.. risitas escandalizadas de los otros que ya me estaban hartando. Está bien, un poco de juerga, pero vender a una hija –aunque sea mozuela- por una inyección de divisas me parece el summum del canallismo. Hasta me arrepentí de mi estúpida libidinosidad a pensar en ello más detenidamente- Ahora que soy rico no me van a faltar culos calientes, ¿porqué aprovecharme de una pobre mozuela?. ¿Pobre?. Siempre ha tenido lo mejor, los mejores colegios, los mejores trapitos, las compañías más elegantes, un deportivo último modelo regalo de papá –me lo contó él- y ahora vende su cuerpo como una vulgar ramera para seguir preservando todo esto. Y además sin reticencias, sin el pasito atrás de la dignidad. Nada, que es más puta que mi doncellita que se gana así la vida, exprimiendo a millonarios viciosillos. Esto me encorajinó. Ya que se ofrecía en escaparate aprovecharía mi compra hasta babosear la etiqueta.

Me abrió la puerta un joven camarero –luego me enteraría que habían despedido al mayormono- al que me las vi y deseé para conseguir sonreírle. Lo demás pura cirimonia, manos blandas, de serpiente; cháchara inútil, sonrisitas, inclinaciones de cabezas, ridículas adulaciones. ¿Cuántos éramos?. Bah... ¿Qué exquisitos manjares degustamos, de qué hablamos?. Bah... lo mismo.

Solo me importaba una cosa, la mozuela estuvo a mi lado toda la cena con un descotadísimo vestido de noche que dejaba ver sus pezones a la menor inclinación de su linda cabecita. Y esa noche se inclinó mucho, mon Dieu, sobre todo cuando notaba mi ardiente -¿dónde están los bomberos?- mirada clavada en su anatomía, lo que disimulaba con una suave sonrisa de sapo. Aquella noche por primera vez en mi vida de millonario cené pezones: pezones a la cazuela, a la parrilla, escabechados, como aperitivo, como postre. Sobre todo todo disfruté de ellos en el baila post-cenan que nos ofrecieron los anfitriones, amenizado por un cuarteto de cuerda, noté sus pezones clavados en mi pecho como las flechitas de Cupido.

Fueron cuatro bailes, no creo que hubiera podido resistir más. Al finalizar, en cuanto ella me susurró algo a la oreja que no fui capaz de entender, enroscado como estaba entre sus pezones, me sentí arrastrado de su mano hacia sus padres, nos despedimos de ellos y del resto de los invitados. Farfullé incoherencias al tiempo que oía explicar a la mozuela algo muy vago: amigos, discoteca de moda, que yo necesitaba un poco de marcha... No, no fui capaz de mirar a nadie a los ojos por eso no puedo asegurar que se lo creyeran. Finalmente ella me sentó en su deportivo, aún llevaba su vestido de noche. Me explicó que no se había cambiado porque según había observado, su vestidito me encantaba. Que porqué lo sabía. No le había quitado los ojos en toda la noche. Por fin, para mi alivió, arrancó acelerando hasta alcanzar la velocidad de crucero. Tardé un rato en atreverme a mirarla. Ella me devolvió la mirada y me guiñó un ojito de una manera encantadora.

-¿Dónde me llevas?.

-Eso de la discoteca es una mentirijilla. Mis papás son un poco puritanos. Te voy a llevar a un motel muy coqueto y allí podrás admirar a gusto eso que tanto te gusta. ¿Te gustan mucho, eh, viejo verde?. ¿Te molesta que te trate así?. Cuando te eché el ojo la primera vez que nos presentó mi papá me juré que caerías. No es que seas muy apuesto, para que nos vamos a andar con hipocresías, pero tienes algo, algo....

-¿Te refieres a sex appeal?- dije más, para disimular mi asco que por otra cosa.

-Eso, estás muy puesto, viejo verde.

Me contuve para no soltar una bofetada, eso me hubiera impedido disfrutar de la mercancia que tan generosamente me estaba ofreciendo. ¿Digo generosamente?., no, no es cierto, ¿cuántos millones me iba a costar la mozuela?. Bah... Maldita zorrita, se iba a enterar.

No tuvimos ni que pasar por recepción, lo tenía todo preparado. Aparcamos delante de un coqueto bungalow -¿ansí?- y me hizo bajar inclinándose lo suficiente para que mis narices pudieran rozar los botones del vestido de Venus Afrodita. Lo tenía todo preparado, vaya si lo tenía: la maldita botellita de champagnee, las fresas – ¿había visto Pretty Woman?- y rayitas de coca –Hollywood sigue siendo un tanto puritano-.

-¿Has probado la coca, viejo verde?. ¿No?. Pues la vas a probar conmigo. Es afrodisiaca. Tienes pinta de necesitarlo. Ya verás cuanto te ponga la nieve en la puntita, preferirás palmar antes de retirarla de mi cofrecillo.

Cofrecillo –hasta para eso era pija la mozuela. Cuevita de Venus, almejita en salsita picanta, rajita del paraiso, lo que fuera, pero cofrecillo....

Me dejó desvestirla y besar sus pezoncitos con fruición, me decepcionaron un poco, eran menos de lo que aparentaban. Se pusieron duros, rígidos, invitando al mordisquito. Me afané en la tarea hasta que la mozuela comenzó a gemir con verdaderas ganas. Me retiró a la fuerza de las ubres de la vida. Bueno, tanto como ubres, creo que estoy exagerando un poco, tenía pechos pequeños, suaves, hermosos, sin duda, pero nada de ubres, en todo caso y siendo muy generoso, meloncitos, dulces meloncitos de lo más sabroso.

Me empujó sobre la cama y me desvistió muy rápidamente para mi gusto, supongo que mi cuerpo no era muy observable. Ya desnudo me dejó así mirando al cielo para no ver lo que asomaba entre mis velludas piernas y se puso a la tarea de extender unas rallitas sobre la madera de la mesita de noche. Estaba en braguitas –dejé de mirar el cielo raso que no me atraía mucho- y movía su culito muy sandungueramente mientras hacía un canuto con una tarjeta de visita. Esnifó como una verdadera experta. Luego me obligó a levantarme y a hacerlo a mí. Tuve cuidado de que mis partes pudendas no chocaran contra la mesita.

-Aún es pronto, dentro de un momento comenzarás a notar el subidón.

Acaricié su trasero, muy prieto, enfundado en sus braguitas de seda. No sé porqué me pareció las dos mitades de un balón de fútbol bien hinchado. Tal vez resabios de mi antigua personalidad. Introduje la mano bajo la tela buscando su cofrecillo peludo. Y la acaricié con dulce lujuria. No estaba húmeda, seguramente tendría que mentalizarse un poco más y tal vez esnifar un par de rallitas más para llegar a conseguirlo.

Se las fui bajando con delicadeza hasta dejarlas en el suelo a sus pies, una motita de nieve sobre el parqué. Introduje son suavidad mi miembro erecto entre sus nalgas y empujé muy, muy delicadamente al tiempo que mis manos atrapaban sus deliciosos meloncitos. Jugué con sus pezones una y otra vez. Volvió a excitarse y a jadear. Si algo podía excitarla de mí era mi forma de jugar con aquellos brotes rosados. Aproveché su excitación para hincarle más el miembro. Ella jadeó violentamente. La penetré con un brusco movimiento de caderas. Gritó, pero esta vez no fue un grito de placer.

-Bruto, ni con coca es facil por ahí, hay que tener más cuidado. Si quieres luego me untas con mil o mantequilla.

No había dejado nada al azar, no imaginaba que hubiera pensado también en esto. Me fijé en una pequeña nevera al otro lado del cuarto. Nos tumbamos en la cama, ella boca arriba, con los ojos cerrados, volví a mis pezones como un bebé con hambre de varios días.

Fue entonces cuando noté el subidón como decía ella. No volveré a probar nunca aquella maldita nieve del diablo. El tiempo se aceleró de tal forma, lo mismo que mis movimientos, que me sentí poseído por una extraña entidad. Odio sentirme poseído, es algo que no soporto, solo cuando lo hace una mujer lo llevó bastante mejor. La coca no es mujer a pesar de su género femenino, es una entidad demoniaca sin sexo.

Besé sus pezones, los lamí, creo que incluso llegue a morderlos con frenesí salvaje, pero ella no se quejó, no al menos más de lo que estaba gimiendo. Seguramente también sufría el famoso subidón. Sentía deseos de devorarla, así tal como estaba no se hubiera dado cuenta de nada. Mi boca buscó su sexo peludo y lamió el liquidillo que brotaba de la cueva como una fuente.

La besé en la boca y me contestó con furia, nuestras lenguas jugaron largo rato como un gato sádico lo haría con un indefenso ratón. Absorbí saliva de su boquita de fresa y la tragué con fruición. Había oído en algún sito que las salivas están llenas de hormonas sexuales o lo que sea. Por eso a las putas no les gusta que les besen sus clientes. Se produce una extraña unión. Por primera vez ella empezó a ser mi amante y no una pelandusca que se ofrece por divisas.

La penetré con fuerza. Cabalgamos largo tiempo. El resto está algo confuso. Champagne, fresas, más coca, miel y mermelada. Penetración anal. Pero sobre todo pezones, muchos pezones, la habitación estaba llena de pezones, las paredes, el techo, el suelo... Como en un sueño ella me untó el glande con la coca, luego para que no se perdiera nada lo lamió con detenimiento. Y cabalgamos, cabalgamos. Quería explotar, estaba muy excitado, pero no era capaz. Ella gemía, gemía sin cesar. Más... Más... pedía a gritos. Mis caderas se movían con fuerza en un vaivén imparable. Temí llegar a desgarrar su vagina, pero ella gemía de placer clavando sus uñas en mi espalda y gritaba cada vez más.

Tapé su boca temiendo que el escándalo atrajera a todos los habitantes del motel pero ella me mordió y fue entonces cuando exploté como una bomba. Creo que me desmayé porque sentí un fuerte golpe en el centro de la cabeza y FOTOS

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