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Prostituta por Un Día

Hola, me llamo Fernanda y les voy a contar una de mis tantas anécdotas. Bueno comenzaré contándoles sobre mí, soy una nena físicamente agradable (eso me dicen), soy alta, delgada, de cabello castaño y quebrado, ojos claros, unas caderas lindas que siempre bamboleo al caminar y unas tetas redonditas que siempre arrancan piropos tanto de hombres como de mujeres, la verdad es que no es por presumir pero soy apetecible, jejeje, en fin, como se darán cuenta soy algo vanidosa, además de fiestera, loca, me encanta ir de compras, pero sobre todo amo el sexo.  

Ahora bien, aquí va mi historia (es 100% real por cierto). A mí me gusta mucho la dominación, soy una sumisa declarada, en esa época daba mis primeros pasos en este campo, era dominada y sometida a los caprichos de dos amigas mías, les llamo amigas, pero la verdad es que desde que me comenzaron usar podríamos considerarlas como mis “amas”.   El caso es que un día tuve una sesión con ellas, esa vez me recibieron con muchos insultos y humillaciones, como tenían acostumbrado, pero para variar me dijeron que ese día me iban a llevar de paseo.   ­—Hoy queremos presumirle a todo mundo nuestra perrita—dijo Roxana, una de mis amas—solo tienes permitido ponerte esto puta.   Dicho lo anterior me arrojó unas cuantas prendas, que resultaron ser una mini que apenas y me tapaba las nalgas, un top negro y mi collar de perra de cuero que me hacían usar en todas nuestras sesiones, la verdad es que iba a lucir como toda una puta por la calle, sin embargo, a esas alturas ya había aprendido a no rechistar a ninguno de los caprichos que ellas tenían, además debo admitir que la idea me encantaba y calentaba mucho, aunque nunca lo había hecho por temor a varias cosas, pero como ahora era una orden, no tenía de otra mas que obedecer.

Me quité la ropa que traía y me puse lo poco que me dieron; salimos a la calle y yo inmediatamente me daba cuenta de la forma en que me miraban la mayoría de los hombres, muchos incluso me silbaban y me decían o incluso gritaban cosas como “¿Cuánto cobras?” “Somos cinco ¿Podrás con todos?”, eso me hacía sentir profundamente humillada y por lo consiguiente excitadísima, además tengo que decirles que yo caminaba unos pasos atrás de ellas y con la cabeza agachada, aunque por otro lado todas las mujeres que veía me lanzaban miradas llenas de veneno y las señoras mayores se horrorizaban, ya se imaginarán la situación.   La verdad no sabía a dónde me llevaban, pero obviamente por mi posición ni se me ocurría preguntar, finalmente no importó a dónde me llevaban, pues pasó algo que captó nuestra atención e hizo de ese día  uno de los más interesantes de mi vida, lo que pasó fue que de pronto un tipo que pasaba por ahí de repente se fijó en mí, lo curioso fue que entendió que no debería hablar conmigo sino con mis amas, por lo cual, se dirigió a ellas; hablaron unos minutos, sin que yo me enterara de lo que estaban hablando. De pronto Roxana sacó mi correa y la fijó en mi collar y me comenzó a llevar, cual sería mi sorpresa cuando me subió al auto del tipo con el que habían hablado, yo bien sabía que era un tipo al que no conocían ni ellas ni mucho menos yo, por lo tanto me sorprendió que me hicieran subir junto con ellas al coche del desconocido.

Mi curiosidad iba en aumento mientras el tipo conducía por calles que no conocía, la situación me parecía sospechosa, pero ya que mis amas estaban conmigo la verdad es que no me quejaba. Al fin llegamos a nuestro destino: un hotel, uno no muy caro hay que decir, al ver a dónde habíamos llegado, las cosas se me hacían más claras, íbamos a tener una sesión de sexo, pero, ¿Cómo podía ser? Mis amas eran lesbianas 100% yo siempre he sido bisexual, así que tal vez todo consistiera en que entre todos me harían algo, ¿o no?   Subimos a la habitación que nos designaron y de pronto el se comenzó a desvestir, yo no entendía que iba a pasar, sin embargo, al  ver mi cara de estupefacción ellas me llevaron a parte y me dijeron:   —Fernanda este tipo nos dijo que se le antoja cogerte, al ver como te vistes creyó que eras una prostituta a nuestras órdenes, por lo cual nos ha ofrecido una buena suma para darte por la vagina y ano sin condón, así que ahora ya lo sabes, haz lo que te decimos que nosotras nos quedamos para ver el show.

Al oír esto me quedé de piedra, la verdad no me lo creía, el comenzar a ser una mujerzuela, una prostituta, sentía que sería lo más bajo que podría caer
, además de tener que hacerlo con un tipo que apenas acababa de conocer y solo de vista era más de lo que me hubiera imaginado, ¡y además querían que cogiera sin protección! Eso de verdad que era demasiado, así que por primera vez desde que comenzamos a practicar esto, me negué a hacerlo.   Al oír mi negativa su reacción no se hizo esperar, se enojaron enormemente, me gritaron, me insultaron, me decían que una perra como yo no tenía ni voz ni voto, que era de su propiedad y que podían hacer conmigo lo que quisieran y cosas por el estilo, a pesar de todo, me seguí negando, cosa que es muy rara en mí. A pesar de todo, la idea comenzaba a crear cierta expectación en mí, la situación poco a poco me comenzaba a calentar y mientras más pasaba el tiempo, la idea de ser humillada de esa manera me comenzaba a parecer más y más excitante.

Después de todo lo que me decían, ellas comenzaron a negociar conmigo, así pues, después de mucho hablar y algunas rabietas, al final me dijeron que solo le tendría que hacer una mamada, pero sabrosa, larga y duradera. Al oír esto me quedé callada un rato y finalmente accedí.   A estas alturas, mi “cliente” ya estaba ansioso y algo aburrido, antes de comenzar mis amas hablaron con él y le expusieron la situación, yo me imagino que era porque no quería quedarse con las ganas de hacerme algo, así que accedió a los nuevos términos.   Finalmente yo me acerqué a él y me puse de rodillas poco a poco; mientras él se desabrochaba el pantalón, sacó su verga, yo la contemplé, era de tamaño medio, unos 18 ó 19 cm. A esas alturas yo ya me había comido miembros más grandes que ese, por lo tanto comencé como la experta que soy, poco a poco le lamí su tronco, desde su base hasta antes de llegar a su glande, varias veces me deleité lamiendo ese rico tronco, después de unas cuantas lamidas comencé con sus testículos, esas bolas deliciosas hechas de carne, le pasa la lengua alrededor y entre ambos, tal vez el estaba en la gloria, pero imagino que lo suyo no era nada comparado con lo que sentía yo. Usada, humillada, obligada a prostituirme, estaba mamándole la verga a un desconocido, todo el morbo de la escena me volvía completamente loca, mi vagina sacaba jugos como nunca en la vida y me ardía tanto que pensé que podría subir la temperatura de aquel cuarto.

Seguía con mi trabajo, ahora le tocaba el turno a su glande, comencé nuevamente por la base de su pene hasta llegar con mi lamida hasta su glande el cual estaba humedísimo, como a mí me gusta, le pasaba la lengua de lado a lado, de arriba abajo, la verdad he de reconocerle que se contenía muy bien para no venirse aún, después comencé a metérmela por completo y sacarla rítmicamente, en este punto, el me puso las manos en mi cabeza ayudándome (aunque no hacía falta) a moverla.   En eso estaba, cuando mis amas comenzaron a decirme   — ¿Cómo ves a la puta? —Pues como siempre, ya decía yo que era lo suficientemente perra como para no hacerlo. —Tienes razón y yo que de verdad lo comenzaba a dudar. — ¡Que va! Ya ves como lo está disfrutando esta ramera, mírale el culo, le está chorreando—dicho esto, me dio una patada algo fuerte en mi culo, debo de decirles que para entonces yo ya estaba en cuatro.   La patada arrancó un gemido de dolor de mí, el cual sonó ahogado ya que tenía adentro la verga de mi cliente; como sea, poco después de la patada, comenzó a moverme más rápido mi cabeza mientras yo me dejaba ya sin hacer fuerza, en ese momento se vino en mi boca, tal vez llevaba tiempo sin hacerlo, pues me llenó la boca con su semen.   —    ¡Más vale que te lo tragues perra!—innecesariamente dijo una de mis amas, digo innecesariamente porque yo siempre me trago el semen.   Había terminado, mi experiencia como prostituta terminó así, después de recobrarse, mi cliente habló con mis amas felicitándolas por la perra que tenían, asegurándoles que le había dado la mejor mamada de su vida, también les pagó, aunque no ví cuanto, hecho esto se fue de la habitación no sin antes darme una nalgada. A pesar de que el cliente se fue satisfecho, mis amas estaban enojadas porque no quise obedecerlas al principio, como consecuencia me dijeron   —    ¡Estúpida! Como te atreves a desobedecer lo que te digo—y me abofeteó —    Por esto no deberíamos darte nada—dijo Roxana —    No, dale algo, debe de sentirse toda una puta, pero una barata, no le des mucho   Así pues me aventaron un billete de $100.00 (en esa época $100.00 mexicanos valían aproximadamente 10 USD).   Para terminar el día me llevaron de regreso a su casa y me castigaron por mi desobediencia con unos ganchos para los pezones bien apretados y un consolador grandote en cada uno de mis orificios.   Muy bien, este es mi relato, espero que les haya gustado, se agradecen comentarios especialmente de mujeres. 


FOTOS

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eduardo on

Eres super cachonda. bye nena

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liilii on

1

3

natu on

no puedo creer.......... que pelotuda que sos nena heee.... solo una pelotuda como vos se deja hacer eso.. gila.. imbecil... me das pena..

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