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La Bailarina Esclava - 3ª Parte

Con el paso del tiempo el sufrimiento por el terrible martirio va dejando sus huellas sobre el cuerpo entero de Luisa. Su masa orgánica está pendiendo únicamente de sus extremidades superiores y sus músculos se estiran poco a poco hasta dislocar sus articulaciones. El pecho se va oprimiendo y sus costillas están tan visiblemente marcadas que parecen querer escaparse de la piel. 

Su vientre se va hundiendo y los muslos están rígidos a pesar de la falta de apoyo. La sangre mana lenta pero contínua de manos y pies deslizándose y goteando. Sus esfínteres escapan de todo control y orines y heces liquidas corren por sus entrepiernas. Para hacer más macabra la escena a Luisa le baja el periodo y la sangre coagulada brota de su sexo. Sus muslos son ríos de fluidos corporales a los que se va uniendo el sudor. 

Ha empezado a perlar su piel entera, primero por las axilas y frente, después por brazos y espalda. Finalmente todo su cuerpo se empapa y brilla. Pasan los minutos... las horas. El sol ya está alto. Los insignes nobles han hecho colocar unas sombrillas y mesas para poder comer mientras sigue la diversión. La vida de Luisa se va agotando muy poco a poco... demasiado lentamente... ya no puede mantener erguida su cabeza que yace ladeada con su rostro semitapado por su mojada melena de color caoba A media tarde cansados y aburridos los nobles patricios vuelven a sus aposentos. Pasan las horas y Luisa aprisionada en su propia carne rígida y músculos lacios ya empieza a respirar mal. 

Sus pulmones no le dan el aire que necesita. Su piel vuelve a estar seca, se esta deshidratando. Anochece y el cuerpo crucificado de Luisa está reseco y acartonado. Apenas puede ya respirar aunque incomprensiblemente permanece todavía consciente. Esta sola en ese lúgubre patio... nadie la acompaña en su agónico martirio. A media noche Démeter y Silvia acompañadas de varios esclavos van a visitarla. Luisa parece haber perdido el sentido. La desalmada Démeter pide que la reanimen con una esponja empapada en hiel. Con ayuda de una lanza se la restriegan por su boca y Luisa reacciona con el olor. Gime y apenas jadea por el ya casi inexistente esfuerzo respiratorio. Démeter y Silvia se ríen de ella y se van cogidas de la mano. Luisa vuelve a hundirse en el sopor. Apenas entra ya aire en su pecho. Su fin esta ya cerca.

Cuando Démeter, ya entrada la mañana, va a verla, Luisa hace horas que ha muerto. El hedor es casi insoportable en su proximidad. Ordena que la desclaven, después que sea descuartizada y que sirva de alimento para los perros. Y vuelve rápidamente hacia la casa donde Silvia la está esperando.

FIN

Ines FOTOS

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