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Mi Sexy Amiga Luisa

Como te decía en mi relato anterior la muerte de Pilar me afectó enormemente así que aquel verano del 84 sólo me dejó el sabor del dolor; pero, llegaría abril y las aulas del cuarto grado de secundaria se abrían para mí y el conocer a Luisa, una preciosa chiquilla de 18 años, me harían olvidar la amarga experiencia.

Luisa venía de Iquitos (Amazonía Peruana) y las chicas de allá tienen fama de ser muy calientes y fáciles de llevárselas a la cama; así que, apenas llegó su fama y toda clase de supuestas historias corrieron entre chicas y muchachos.

Pronto, Luisa, se convirtió en la envidia de las chicas y el sueño de todos los muchachos. Era imposible dejar de mirarla y no pensar en ella. Su imagen era de ensueño, parecía haber sido sacado de un albúm de muñecas.

Su piel era blanca y suave, su cuerpo delgado y frágil y su voz tan suave y dulce como el rocío. Su cabello, negro y largo, caía sobre sus erguidos y apetecibles pechos. Su cintura era tan delgada que parecía caber entre mis manos; sin embargo su principal atractivo era sin lugar a dudas su trasero; que culito mas rico, tan erguido, tan carnoso y tierno que provocaba darle un mordisco.

Recuerdo mucho que los lunes teníamos clases de deportes a la última hora con el Profesor Lucho y la pasábamos de maravillas; pero, aquella tarde de fines de octubre todo fue distinto. Yo había sufrido una ligera fractura en el tobillo y como era capitán de la selección de fútbol del colegio, el Profe, prefirió que no saliese a la práctica y que me cuidara. Me quedé sentado al final del aula como de costumbre decidiendo si irme a casa o esperar a los demás cuando apareció Luisa:
_ ¿Martín? –pareció preguntar sorprendida- ¿No estarás en clase?
_ No, por lo de mi lesión –añadí.
_ Pero...necesito cambiarme...no te importa ¿Verdad?

Sin responderle aún vi como se ponía de espaldas y se sacó la chompa y la blusa para colocarse el polo de la clase de deportes, dejándome ver por unos instantes su casi desnuda espalda y la tirilla blanca de su sostén blanco. No me había repuesto aún de aquella visión cuando la vi coger su diminuto short negro y colocárselo debajo de la falda dejándome ver la cara posterior de sus muslos y parte de su tanguita roja por unos instantes. Luego bajó el cierre de su falda y se despojó de ella sin ningún pudor, aseguró los pasadores de sus zapatillas, me miro sonriente y salió corriendo; dejándome caliente y muy agradecido por tan inesperado y sabroso espectáculo de desnudo escolar. Por un momento pensé contárselo a todos; pero, preferí callar.

Las semanas siguientes pasaron volando entre las actividades por el aniversario del Colegio y los exámenes del fin de año. De aquellos días sólo recuerdo el Concurso de la Canción 1984, en donde Luisa fue la modelo que acompañaba a los concursantes al escenario; llevó un vestido negro tan corto que desde donde estaba al pié de las escalinatas, pues, ayudé con la utilería, podía ver sus lindas piernas y algo más cada vez que bajaba.

Terminadas las clases nos entregaron las libretas de notas y Luisa recibió la triste noticia de que había reprobado el curso de Literatura Peruana –uno de mis cursos preferidos y en donde tenía notas altas-; así que, debía estudiar y regresar en marzo a rendir un examen.

Nada de eso tendría importancia sino fuera porque en los primeros días del año la madre de Luisa llegó a hablar con la mía para pedirle que permitiese a su hijita llegar por las tardes a estudiar conmigo. Mi madre que es todo corazón y que no adivina aún lo morboso que soy aceptó de inmediato y yo obediente no puse objeción.

Desde la primera tarde las cosas fueron muy bien. Era muy excitante el estudiar con Luisa durante el verano. Ella me prestaba mucha atención y cumplía siempre con las asignaciones y cuestionarios que le dejaba; pero, no sólo me gustaba verla ponerme atención sino también el que llegara con vestiditos muy ligeros y cortos que revelaban su hermosa figura. Pasadas las primeras semanas llegó el momento de iniciar la lectura de obras literarias uno de sus puntos débiles, pues, odiaba leer y decía que le daba sueño; así que, elegimos Maralaché de Enrique López Albujar. No logré entusiasmarla con la historia; así qué, opté por sugerirle que la representásemos. Fue de ese modo que llegamos al momento en que Luz María se entrega a José Manuel y Luisa quedó impactada con la escena y me besó. Yo no perdí el tiempo y acaricié con cierta desesperación aquellas formas adolescentes que durante tantos meses desee. Cuando empecé a dejar de pensar ella se soltó cogió su cuaderno y añadió mientras salía; Debo irme, vuelvo mañana.

Casi al instante entró mi madre y me interrogó:
_ Pasó algo con Luisa?
_ No –respondí.
: La vi salir muy de prisa y agitada.

Pensé de prisa y añadí:
_ Ocurre que sus padres viajan hoy y parece que no vendrá mañana.
_ Que bueno así nos acompañarás mañana a la playa.
_ Preferiría quedarme ya sabes que... bueno la playa me recuerda a Pilar...

Ella besó mi cabeza y se marchó. Aquella noche no dejé de pensar en Luisa y en aquel beso que nos dimos.

Al día siguiente mis padres salieron a la playa y no regresarían sino hasta en la noche. Como a las 2.00 de la tarde llegó Luisa como si nada hubiera pasado. Nos pusimos a estudiar y de repente ella irrumpió:
_¿Crees que hagan el amor?
_¿Quiénes? –pregunté sorprendido.
_ Luz María y José Manuel.
_ Claro y... –le resumía la historia cuando me interrumpió:
_ ¿Tu haz hecho el amor?
_ Sí
_ ¿Con quién, cómo, cuándo, dónde, anda cuéntame? –preguntó ansiosa.

Al comienzo no quise contarle; pero, insistió tanto y el ambiente era tan propicio que se lo conté y se conmovió tanto con la muerte de Pilar que acabó llorando y me hizo llorar a mí. Se levantó del sillón en donde había permanecido en silencio, se me acercó y me besó. Luego se apartó y con los ojos cerrados musitó:
_ Quiero...que...me hagas el amor.

Yo me quedé perplejo y sin pensarlo dos veces la jalé de la mano y la subí hasta mi dormitorio. No lo podía creer una chica de 16 años me pedía que le hiciera el amor y ahora la besaba y empezaba a desnudarla en mi habitación. Sentía que el corazón me latía a mil y mi aparato me dolía dentro del pantalón a causa de la erección.

Ya le había sacado el vestido y el sujetador cuando la hice retroceder con mi cuerpo aún vestido y entre besos y caricias la acosté en mi nueva gran cama que por primera vez sentía el calor de una mujer.

Me retiré de ella unos instantes y recorrí con mi mirada aquel cuerpo de mujer adolescente casi desnudo y a mi entera disposición, en mi propia cama. Tenía las piernas juntas, casi apretadas y con un cierto temblor, producto del momento y no del frío, pues, era una tarde calurosa. Sus brazos y manos descansaban en la almohada a la altura de su cabeza, parecía un bebé. Sus ojos estaban cerrados, como queriendo ocultar el rubor de su enrojecido rostro. Yo me desvestí de prisa, dejándome puestos los calzoncillos que oprimían mi órgano del placer.

Fui directamente a su calzoncito y cuando iba a despojarla de él me confesó:
_ Martín... con cuidado ... soy virgen.

Aquellas palabras me dejaron sin aliento era mi segunda mujer y también era virgen. ¿Todas aquellas historias sobre ella y sus poses de mujer sexy y con experiencia eran falsas? Confieso que dude; pero, no era momento para un debate.

Besé una de sus manos con ternura y le dije:
_ No temas todo saldrá bien. –y sellé mis palabras con un beso-

Bajé hasta sus caderas y levantándolas un poquito comencé a despojarla lentamente de aquella prenda que tendría el privilegio de ver su conchita antes y después de su desfloración. Fue maravillosa aquella nueva visión, pues, alrededor de su cuevita virginal no había ni un solo vello; fue entonces que supe que era virgen. Besé por algún tiempo sus piernas y pasé mi rostro sobre ellas para relajarla hasta que finalmente las soltó y las separó dejando frente a mí aquella parte de su cuerpo que nadie antes vio. Besé y lamí aquella zona, primero con ternura y luego con pasión. Eso aumento su placer a tal punto que no pudo reprimir gemir y gritar de placer hasta que finalmente se vino literalmente en mi boca. Era la primera vez que lo lograba y me sentí satisfecho.
Esperé que se repusiera y le pedí que acabara de desnudarme, no lo dudó y cuando vio mi aparato completamente erecto dijo:
_ Es hermoso -y lo besó.

Volví a colocarme entre sus piernas y le di otra ración de mi recién aprendida técnica oral y pronto alcanzó otro orgasmo. Luego me separé y cuando le pregunté si estaba lista me hizo prometer que no le dolería; entonces sin pensarlo dos veces se lo juré.

La llevé hasta el filo de la cama y puesto de pié separé con mis pulgares sus labios vaginales, bastante lubricados por cierto y se lo metí lentamente hasta que topé con su membrana virginal, presioné con firmeza, sólo le arranqué un –Ay- y el resto fue placer. Pasado el susto inicial estrene con ella la pose clásica, la del perrito y de la cucharita; fueron como 40 minutos de un super faje en los que acabé dentro de ella y no la embaracé.

Así comenzó mi aventura con Luisa hasta que conoció a mi primo y me olvidó. Con el se casó y se la llevó a vivir a la capital. Pobre mi primo le dio su apellido a la que fue mi mujer. Sólo espero que no lea este relato.

Si te gustó escríbeme a:
Suertudo77@hotmail.com

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