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En el Instituto

 Luego de haber leído algunos relatos, me atrevo yo también a relatarles una experiencia personal tenida hace ya algún tiempo.
Vivo en la Capital Federal (Argentina), pero en una oportunidad tuve que ir al interior del país a dictar unos cursos en un instituto terciario porque necesitaba algún dinero y la oportunidad parecía buena.
El grupo de alumnos era de unos 25, cinco varones y el resto chicas de entre 20 y 40 años y las clases transcurrían normalmente y se había formado un buen clima.
A la segunda semana luego de finalizada la última clase cerca de las 22 (era un profesorado nocturno), y mientras me hallaba acomodando unos equipos para el día siguiente, ingresa al aula una de las alumnas, una chica de 20 años alta de tetas muy grandes, rubia de cabellos lacios en la que ya me había fijado yo con anterioridad. Entró y me preguntó un par de cosas sobre la clase y me pidió consejo sobre un libro que pretendía comprarse y no sabía si le sería de utilidad o no.
Respondí sus dudas y como agradecimiento se ofreció a ayudarme con los equipos. Le dije que no era necesario que ya casi había terminado y luego de reiterarme su agradecimiento se fue.
A la clase siguiente y cuando hubimos finalizado, se retiran todos los alumnos y se queda esta misma chica. Yo me hice el distraído pero pensé "acá pasa algo". Le pregunté si podía ayudarla y me dijo - No, la que te tiene que ayudarte soy yo y ahora no me digas que ya terminaste de acomodar todo.
Bueno acondicionamos todo y cuando salíamos me ofrecí acercarla con mi auto hasta su casa porque como era invierno y tarde no me parecía conveniente que anduviese sola. Aceptó con gusto, nos subimos al auto y partimos.
Al poco de andar le pregunto si tenía apuro o si quería ir a tomar algo a algún lugar y conversar y me responde - Mirá; este es un pueblo chico y si me ven con vos tomando algo juntos ya va a circular los rumores de que soy tu amante o algo parecido. Se me desinfló un poco el ánimo pero le respondo - Por mí no hay problemas, además es una pena que no podamos ni siquiera conversar por temor a lo que esta gente que no conozco piense. Me miró y me dijo: por vos no hay problemas, pero yo tengo que seguir viviendo aquí luego de que te vayas y quizá deba encontrar novio y casarme, de forma que debo cuidarme.
A esa altura pensé: listo por acá no sigas buscando que no viene bien, resignación y abstinencia hasta regresar a la capital. Entonces me mira y me dice - Que no quiera ir a tomar algo contigo no quiere decir que no quiera estar contigo.
Me volvió el ánimo y le respondí, bueno decíme a qué lugar vamos.
- Antes quiero aclararte que a pesar de mis 20 años, solamente estuve una vez con un hombre y fue contra mi voluntad, la experiencia fue muy mala y ha hecho que evite pensar en el sexo como algo placentero, de todas formas soy una chica madura y se que debo superar ese temor y la única forma de hacerlo es encontrar un hombre que sea suave y paciente conmigo. Como sabés no puede ser un hombre de acá por eso es que pensé en vos y además con lo poco que te conozco sé que no sos un animal y que vas a ser amable.
Le respondí que no se preocupara, que yo sabría tratarla bien, además ya tenía experiencia (en ese entonces andaba por los treinta) y que sabría hacerla disfrutar.
Fuimos para un hotel y alquilamos una habitación. Como la vi un poco tensa, puse algo de música y pedí unos tragos y comencé a besarla y a franelearla. Al rato comenzó a suspirar y a relajarse. Le quité la ropa despacio, primero su blusa lo que me permitió ver el magnífico par de tetas que estaba apretadísimo dentro de un corpiño negro que a duras penas las contenía. Le quité la pollera y la tendí en la cama. Seguí besándola y comencé a acariciar su concha por sobre la bombacha. Ella se calentaba cada vez más y seguía con sus suspiritos suaves y cortos. Le quité el corpiño y aparecieron ante mí un magnífico par de tetas, nunca había tenido en mis manos tetas tan grandes. Comencé a lamérselas y a chupar su pezones, es algo que me gusta mucho, de modo que no me canso de hacerlo. Le dediqué más o menos quince minutos a sus tetas y mientras acariciaba su conchita por debajo de la bombacha.
Después le dije : Bueno ahora le toca a esta amiguita y comencé a lamerle la conchita, primero los labios y luego a pasarle la lengua por el clítoris de abajo hacia arriba lentamente e intercalando con pequeños chuponcitos que fueron haciendo que éste comenzara a crecer. Ella arqueaba su espalda y aferraba las sábanas cada que yo le mamaba el clítoris y sus suspiros iban en aumento, hasta que de pronto exhaló un largo suspiro ¡¡¡AAAAAAAhhhhhhhhh!!! Y se retorció mientras con ambas manos apretaban mi cabeza contra su entrepierna. Me di cuenta que había tenido un orgasmo. Seguí lamiéndola con más suavidad mientras con mis manos acariciaba sus pezones, hasta que quedó laxa, como satisfecha.
Yo que estaba en calzoncillos, me los quité y me tumbé boca arriba a su lado y le pedí que me la chupara un poco. Ella me dijo que nunca lo había hecho y que probablemente lo haría mal y que en tal caso la disculpara. Le dije no te preocupes solamente tenés que meterla en tu boca, pasarle la lengua mientras con tus manos la acariciás o acariciás mis bolas.
Me miró, miró mi miembro que para entonces ya estaba al mango y me dijo -¡ Qué gruesa es! , -Solamente te parece, es de tamaño normal. - Si vos lo decís, yo no tengo experiencia pero me parece bastante grande.
Apoyó su cabeza sobre mi abdomen y se metió la punta de la pija en su boca. Yo miraba el espejo del techo y veía mi verga nervuda metida en su boquita chiquita de labios carnosos y la temperatura me subía al máximo.
Mamó sólo la cabeza y acariciaba suavemente mis bolas y lo que quedaba afuera de verga, se movía como con miedo. Yo permanecí quieto porque tenía la responsabilidad de hacer que esta fuera para ella una experiencia agradable.
Luego de un rato la puse nuevamente de espaldas y le abrí las piernas mientras le decía:
-Ahora te la voy a poner en la conchita, lo voy a hacer despacio y si te duele avisame, solamente te tenés que relajar y todo va a salir bien.
- Me miró y me dijo , hacelo despacio mirá que soy estrecha y eso que tenés tiene muy grande la cabeza. - Tranquilízate y abrí las piernas.
Le unté con saliva la entrada de la conchita y le apoyé la punta de mi miembro. Sentí que suspiraba y se ponía tensa. Empujé, pero no entraba. Insistí con más fuerza pero no podía meterla.
Abrí con mis dedos sus labios y busqué el hoyito y apoyé nuevamente la cabeza y comencé a empujar. Ella comenzó a quejarse y yo empujaba sintiendo una resistencia que no había sentido nunca en otra mujer. La pija se me doblaba de la fuerza que hacía y no conseguía meterla.
Entonces le dije:
- Si no te relajás no te va a entrar, aflojate que no te voy a lastimar. - Bueno, intentá de nuevo.
Abrió más sus piernas y yo volví al ataque, luego de insistir logré de un golpe rápido y corto meter la cabeza, ella suspiro, emitió un quejidito y se arqueó en la cama, pero permaneció con las piernas abiertas, - despacio, despacito, me decía. Seguí empujando lentamente hasta que luego de un rato logré meterla toda adentro. ¡ Qué gusto me daba porque sentía la concha apretar mi verga!. Se la sacaba un poquito y se la metía hasta el fondo nuevamente solamente para escuchar ese quejidito que me calentaba cada vez más.
Ella tenía los ojos cerrados y se agarraba de las sábanas con las dos manos. Yo empecé a bombear y a sentir como su conchita se lubricaba, fue delicioso, nunca antes (ni nunca después de ella) estuve en una concha tan estrecha. Entre los suspiros y su apretadísima concha hicieron que acabara muy rápidamente, pero se la saqué para no terminar adentro y le mojé bien las tetas. Ella miraba sorprendida los chorros de leche que me salían de la verga, luego comenzó a acariciármela arriba y abajo, a pasar sus largos dedos por toda mi pija, suave lentamente. Me di cuenta que le gustaba tocarla. Estuvimos así un rato con mi verga apoyada en sus magníficas tetas.
Ella no había tenido un orgasmo mientras me la cogía y se lo dije.
- Tenés razón me dijo, acabé cuando me la chupabas, pero la cogida me gustó bastante, no es tan terrible como me imaginaba, solamente te pido que lo hagamos nuevamente en otra oportunidad porque quiero disfrutarla más.
Por supuesto que hubieron varias oportunidades más y ella terminó realmente disfrutando del sexo y yo con la satisfacción de además de habérmela cogido, de haber podido lograr borrar de su mente una mala experiencia anterior. Me pregunto desde entonces ¿cuántas mujeres existen que no disfrutan del sexo por una mala primera experiencia? Y no puedo dejar de sentir pena.


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