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Un Vecino muy Cercano

Hola chicas y chicos. Antes de narrarles lo que me aconteció el día de lunes por la mañana, quiero enviarles un afectuoso saludo y un agradecimiento por seguir conmigo. También quiero pedirles una disculpa a todas aquellas personas a las que por una u otra cosa no me ha sido posible responderles, pero si me tienen un poquito de paciencia, seguramente tendrán respuestas de mi parte muy pronto. Gracias.

El día lunes por la mañana José Luis tuvo que presentarse al trabajo como de costumbre; por mi parte, tuve que hacer las labores rutinarias de casa. Dando las 6 de la mañana me levante a prepararle el desayuna y en cuanto se fue que recosté en la cama para terminar de ver el noticiario matutino. Terminando el noticiario me di un baño, y después de arreglarme tomé un poco de cereal con leche y me preparé para salir.

En una casa de esta unidad habitacional, casi llegando a la glorieta de vaqueritos hay un Café Internet muy cómodo y muy agradable. Son como 12 o 15 computadoras y cada máquina se encuentra ubicada en una mesa con un taburete para dos personas, una mesita a un costado para ubicar el café o té y finalmente tienes un poco de independencia, eso es muy importante tomar en cuenta cuando una asiste a ese tipo de lugares.

Ese día había vestido algo muy sencillo, un short falda de mezclilla, una tanguita de color blanco (el color blanco me encanta y tengo muchas tangas de ese color, así como negras), unas calcetas y unos tenis, una blusa sin mangas y lista.

Cuando llegué al Café me ubicaron en un taburete que está cerca de una ventana y su vista da a calzada Miramontes. Debieron haber pasado más de 30 minutos cuando note que un chico afuera del local platicaba con otra chica, y casi estoy segura de que eran novios. Se despidieron con un beso muy prolongado y después la chica subió por el puente para cruzar de acera. Los perdí de vista mientras yo seguía revisando mi correo.

Yo estaba tan metida en mis mensajes que no me di cuenta quien estaba en un taburete exactamente en el lado contrario al mío. Lo único que escuche fue la voz de la niña que atendía el lugar diciéndome que un amigo me había invitado un refresco. Por supuesto que lo rechacé.

Pasaron cinco minutos de lo sucedido cuando llegó el muchacho éste con el refresco de lata en la mano. Me pidió que por favor lo aceptara, y que si podía platicar conmigo un segundo. No tuve ningún problema en aceptar ya que su carita se me hacía muy familiar, no lo ubicaba bien, pero sabía que lo conocía.

Comenzamos a platicar y terminamos por reconocernos, era un chico como de 22 años que estudia en una universidad que está por esta zona y se aloja en una de las recamaras de una vecina de mi mismo edificio. Él estudia ingeniería y tiene poco más de un mes que había llegado a vivir ahí. Por supuesto que le paga una cantidad por concepto de renta a mi vecina, doña Fernanda. Por cierto, me dijo que se llamaba Manuel.

Estuvimos platicando casi por una hora. Debo decir que no es un tipo guapo, pero es muy agradable. Durante todo ese tiempo que platicamos no dejo ni un momento no solo de verme las piernas, sino de decirme lo linda que me veía.

Desde un principio le advertí que yo era casada, pero según él solo quería conocerme porque desde el primer día en que me vio, yo le había gustado mucho, especialmente mi forma de vestir y que no me había querido decir nada ya que casi siempre me había visto cerca de mi esposo. También me dijo muchas cosas, especialmente lo que doña Fernanda hablaba de todo el edificio, especialmente de nosotros y bueno, ustedes ya se imaginarán que tantas cosas dijo. Finalmente no me interesa. Así soy y así seré siempre.

Mientras platicábamos y nos reíamos de tantas tonterías, él no perdía de vista el movimiento de mis piernas, por ende yo hacía todo lo posible por moverlas de un lado a otro cada vez con más desfachatez, y esto a él le gustaba. Indudablemente quería algo. En cada movimiento que yo hacía, noté que casi desde el principio de la plática había posado una de sus manos en su rodilla y la acercaba cada vez más a mis piernas, entendí que lo que él quería era rozar mis piernas y le di esa oportunidad casi a cuenta gotas.

Cuando intenté despedirme, me dijo que también iba para su departamento, así es que nos fuimos juntos. Antes de llegar al edificio me pidió que me sentara un rato con él en una banquita, me tomo de la mano y se apoyo en mis piernas, me dijo que le diera una oportunidad para conocerlo mejor y me invitó a tomar un café. Probablemente lo haga, todavía no lo se. Pero al despedirse me dio un beso igual que el que le dio a la chica con la que había estado afuera del internet.

Esto que les acabo de contar, quizás no tiene nada que ver con sexo, pero no dudo que lo haya en nuestra próxima cita, él fue quien me lo propuso, solo quiere tener sexo. Ya les platicaré que sucederá. Gracias por haberme escuchado. Adiós. FOTOS

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andres torrijo on

Me encanto tu comentario lleno de erotismo. aunque dices que no hubo sexo, en ocasiones no es necesario llegar mas lejos para tener sensaciones tan agradables como las que tuviste con ese chico.
Me excite mucho leyendo el relato y se me hizo muy cercano pues hace tiempo que yo viví muy cerca de la zona que describes. ahora vivo en san diego california pero los recuerdos de la glorieta vaqueritos, de la av. miramontes y de la situación tan caliente que viviste me alegro el día.

Por favor contesta este comentario para tener comunicación.

saludos

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