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La Bailarina Esclava - 1ª Parte

El carro traquetea por la empedrada carretera, lo que no impide que los once cuerpos que yacen en su interior duerman profundamente. El sueño siempre acaba venciendo al sufrimiento y a la extenuación. El conductor jalea a lo caballos. Falta poco para amanecer y todavía hay que preparar a la carga antes de conducirla al mercado. Media hora más tarde entran por la puerta principal de la ciudad. Una vez llegados a la tabernae de la prisión los esclavos que aun duermen son despertados a golpes de vara. Componen un amasijo de cuerpos sucios, malolientes y sudorosos a pesar del frío, a los que hay que lavar y adecentar en lo posible. 

Una buena presencia supone las más de las veces doblar, e incluso triplicar el precio de salida. Situada en una de las esquinas, el puesto de venta es uno de los mejores de la pequeña plaza; junto al catafalco y en la trastienda tiene una especie de cisterna donde son conducidos los somnolientos chicos y chicas, algunos maduros, otros casi adolescentes. Después de quitarles sus viejas y raídas ropas, totalmente desnudos son baldeados a conciencia, recibiendo desde lo alto cubos de agua fría que empapan sus cuerpos ateridos. Después deben frotarse fuertemente con un basto jabón y piedra pómez, hasta dejar su piel enrojecida pero limpia. finalmente les dan unas túnicas de lana para que no tiemblen demasiado mientras permanecen a la espera de la apertura de la subasta.

LUISA COMPRADA POR DÉMETER

Docenas de ojos escrutan a la mercancía en una salida general. La mayoría encargados libertos, pequeños propietarios y algún que otro ojeador al servicio de los terratenientes; buscan sobretodo fuertes brazos para el campo, y los que se ofrecen a la venta procedentes de los campamentos del ejercito suelen ser buenos ejemplares. La mayoría han sido capturados y esclavizados como botín de guerra.

Una vez suficientemente expuesto el género, los compradores ya con la idea formada, esperan la salida individual del lote. Luisa es la tercera en aparecer.

Fue capturada hacia unos pocos meses cuando la aldea donde vivía en Siria fue duramente reprimida por la legión romana, al ser acusada de causar un accidente sufrido por un centurión. Todos los habitantes mayores de cuarenta años fueron crucificados y el resto fue destinado al cautiverio y trasladados hacia Roma. Luisa no era demasiado fuerte para sus diecisiete años pero tenía un aspecto sano y limpio. No era muy alta, tenia poco pecho y a pesar de estar bien formada y tener el rostro muy agraciado, sus formas eran poco voluptuosas para el gusto romano, así que tampoco podía sacarse gran cosa de ella como esclava sexual. A pesar de tanto subir y bajar su túnica mostrando una y otra vez su piel dorada, su sexo color castaño y sus pezones pequeños y oscuros, por un precio casi irrisorio fue a parar a una quinta denominada La Malvarrosa situada muy cerca del mar, propiedad de una patricia romana, viuda, de nombre Démeter que casi nunca estaba en ella.

LUISA MARCADA Y ENCADENADA

Inmediatamente a su llegada fue conducida ante Valeria, esclava de confianza de Démeter y verdadera mandamás de la enorme finca, a pesar de ser mujer. Tras una somera ojeada la hizo desnudar, la examinó más detenidamente, dictaminando que fuera marcada al hierro y encadenada. Al día siguiente pasaría al almacén de grano a cargar y descargar carromatos para fortalecer sus escuálidos brazos y piernas, y de paso hacer pectorales, a ver si le crecían un poco esas minúsculas tetas.

Esa misma noche fue depilado todo su cuerpo tras lo cual se le aplicó una vara metálica al rojo vivo en su pubis rasurado, una pequeña espiral que la señalaría toda su vida como propiedad de Démeter. Se le anudó una cadena desde el cuello hasta la cintura y a descansar.

LUISA EN LA MALVARROSA

Al día siguiente empezó su vida como esclava, soportando sobre sus hombros, pesados sacos de trigo, maíz y cebada. Ella y otra chica se encargaban de esa dura tarea, trabajando como animales de carga de sol a sol todos los días de la semana.

Esa misma noche fue depilado todo su cuerpo tras lo cual se le aplicó una vara metálica al rojo vivo en su pubis rasurado, una pequeña espiral que la señalaría toda su vida como propiedad de Démeter. Se le anudó una cadena desde el cuello hasta la cintura y a descansar.


LUISA INGRESA EN LA CASA DE DÉMETER

Así pasó Luisa los siguientes 8 años. Cuando cumplió los veintiséis había cambiado. Sus pechos seguían siendo pequeños pero duros, y su cuerpo aunque delgado estaba muy bien formado por su desarrollo muscular, sin mostrar signo alguno de debilidad. Seguía tan guapa como siempre y sus cabellos a pesar de la suciedad eran de un hermoso color caoba oscuro. Como era una muchacha diligente su piel morena no mostraba demasiadas señales de castigos o torturas por pereza. Un día Valeria la llamó a su presencia. La Señora iba a visitar la propiedad y quería que todo estuviera en perfecto orden. Venía acompañada de algunos amigos patricios que requerían múltiples atenciones. Huían de Roma donde se había desatado una epidemia de fiebres, así que su estancia sería prolongada. Luisa era ya sin duda una de las esclavas más bonitas de La Malvarrosa. Valeria le preguntó si era virgen, contestando Luisa que lo era hasta que fue capturada, y que había sido violentada múltiples veces por los soldados. Acto seguido le comunicó que era designada a la casa para el servicio personal de tan ilustres visitantes, y si resultaba satisfactoria en esa tarea quedaría adscrita como personal doméstico. Valeria por ultimo le advirtió que las relaciones sexuales entre esclavos de la finca, incluso las del mismo sexo, estaban castigadas con la muerte, así que no se aprovechara de las mejores condiciones de vida de que iba a disfrutar para cometer ese error y concentrara sus apetitos carnales en satisfacer a los amos cuando estos lo requirieran.

Luisa confiaba en que no se fijaran demasiado en ella porque se consideraba poca cosa, pero era una esclava y no era nadie para elegir. Por fin pudo darse un baño de verdad, enjabonarse por todo el cuerpo, lavar y desenredar sus enmarañados cabellos y depilar sus axilas. Por primera vez en muchos años tuvo ganas de hacerse un dedito. Cuando salió limpia y aseada con una túnica corta y con su bonita cabellera suelta sobre sus hombros parecía un figurín.

LUISA CONOCE A SU AMA

Más de diez días pasaron hasta que la comitiva llegó de madrugada a la casa de la quinta. En ese corto espacio de tiempo Luisa se había refinado dominando de forma notable el protocolo y las tareas domesticas. Valeria estaba orgullosa de ella, ya que aprendía rápido y bien. Los viajeros arribaron hambrientos y congelados. Había sido una jornada horrorosa por culpas de la nieve y el frío. Inmediatamente fueron cubiertos con capas de piel y les sirvieron vino añejo con miel en la sala principal, donde un enorme fuego y varios braseros caldeaban el ambiente. Una vez entraron algo en calor se instalaron en cómodos divanes y les fue servida una frugal cena puesto que era desaconsejable someter a sus cuerpos a un esfuerzo excesivo en las condiciones que habían sufrido. Démeter resultó ser una mujer de una gran prestancia. Rubia y alta y de piel pálida, tendría unos cuarentaytantos años. Viuda desde los treinta se decía que no se había vuelto a casar por sus preferencias sexuales más bien equívocas. La verdad es que desde que enviudó llevaba una vida disipada a pesar de su fama de matrona casta como correspondía a una noble romana. Las muy contadas veces que visitaba la finca Valeria abandonaba su habitación habitual para pasar la noche al servicio de su ama.

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