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El Juego de la Perversion - 2ª Parte

 El dado siguió rodando y el juego continuó con su marcha. Mariana tomó por el mismo camino que su esposo, de seguro pensó que Jorge la iba a proteger. Pero eso no era posible pues el también estaba jugando. Se fueron por "El Laberinto". Aura tomó por el "Reino del Rey Ottón", Fredi por "El Desierto de las Centurias", el mismo camino que tomé yo.

Rápidamente quedó claro que jorge también era buen jugador, pues empezó muy bien por el laberinto, pero en un momento cayó en una casilla que lo envió de regreso como 20. Mariana iba lenta, pero relativamente segura. Aura también iba más o menos bien.

Traje una botella de ron, vasos y hielo para que tomáramos en lo que jugamos. Todos me celebraron mi idea.

El primer curso llegó a su fin. Después de un prometedor inicio, Jorge se hallaba trabado en el laberinto pues el dado no le era propicio. Debía pagar una moneda por cada uno que saliera de su curso e iniciara el siguiente., así que pagó 4. Fue una buena estrategia atacar a Aura desde el principio, pues ella ya solo le quedaba 6 monedas, a Fredi 4, a Mariana 3, y a Jorge 4. Yo todavía cargaba 8. Nadie tenía zapatos ya. Jorge había perdido su camisa, y mariana se había quitado las medias.

Para jugar en el tablero central, se debían lanzar 2 dados. Lancé y… 9, bien. Eso me bastaba para alcanzar a Fredi y batirme en duelo con el. Yo siempre soy agresivo en estos juegos. Si voy a perder, pues que sea luchando.

Preparate Fredi que te voy a matar.

A ver si podés. – me respondió.

"Hechizo de Fuego Rojo", el mismo que usé con Aura pues no había tenido suerte de encontrar otro mejor. Fredi defendió a su Guerrero Águila con el "Escudo de Teotihuacan". Poder de ataque de 7, contra uno de defensa de 5, el perdió solo 2 puntos de su poder vital. "Lanza emplumada", lo mismo. Me defendí y solo perdí 2 puntos. Así seguimos hasta que el perdió. Yo quedé con 2 puntos de energía vital pues lo ataqué primero. Tenía que cumplir una penitencia.

No quiso sacar tarjeta, pues solo quedaba una rosada. "Entonces que se quite el pantalón" dijo Jorge. Y eso era lo único que se podía quitar ya que ya no tenía camisa ni calcetines. Rojo como un tomate, y sin saber exactamente lo que hacía, se despojó de su pantalón de lona. Una fuerte erección se podía apreciar perfectamente bajo su calzoncillo. Eso nos perturbó a todos, no se por qué. Un tenso silencio reinó en mi sala por un minuto. Aura y Mariana no podían dejar de ver la entrepierna de mi hermano, que se moría de la vergüenza. Por fin dije: "¿A quién le toca? Aura tiró los dados como una autómata, no podía dejar de pensar en lo que acababa de ver.

El juego siguió. Perdí la camisa, lo zapatos y los calcetines. Mariana y Aura me molestaron diciéndome que qué bueno estaba, que qué cuerpazo, "mirá que si no fueras mi hermano…". Lo que pasa es que como soy muy aficionado a los deportes, tengo un físico bastante bueno. Pectorales grandes, abdomen duro, brazos gruesos. Y todo eso adornado por una espesa capa de vellos. Creo que el ron estaba haciendo efecto también.

Aura se topó con un gigante en "El Bosque Encantado", y como no tenía armas defensivas lo suficientemente buenas, perdió la pelea. O pagaba 3 monedas (quedándose solo con 2) o se quitaba otra prenda. Tan solo le quedaba la blusa y el pantalón, así que la decisión obvia era la blusa.

Nos quedamos estúpidos cuando dijo "somos familia" y se comenzó a despojar de su blusa, dejando al aire sus 2 grandes melones. A Aura siempre le apodaron en el colegio "Gallinita" por la pechuga y la cola, bien paraditas las dos. Ella salió blanca y rubia como mi madre, pero con los rasgos y el cuerpo de la familia de mi padre, muy exuberantes todas estas mujeres. Nos mostró un delicado brasier de encaje, negro y bastante delgado. Casi no se daba abasto para sus 2 hermosos melones blancos sonrosados. Lo tenía forzado al máximo. "Quiero otro trago me dijo" y lo tomó, y después lo demás. El ron se estaba evaporando muy rápidamente.

Salí del curso del Reino del Rey Ottón no muy bien parado, había perdido 6 monedas, ya solo me quedaban 5. Fredi se enfrascó en una pelea contra Mariana, que había conseguido la "Vara de los Muertos" para su bruja y lo atacó con ella. Mi hermano perdió y tuvo que tomar una de las tarjetas que había, pues ya solo le quedaban 2 monedas. Esta tarjeta valía 3, tenía que cumplirla.

"Muérdele una nalga al hombre que tengas más cerca de tu derecha". Ese era Jorge. "¿Me quito el pantalón?" bromeó. Pero Fredi no se atrevía a hacerlo, así que Aura le dijo. "Que me lo haga a mi, total, es mi hermano", y se puso sobre su silla y paró las inmensas nalgotas que luchaban por salirse de su pantalón. Tímidamente, Fredi se puso de pié y le pegó una mordidita… ¡y su erección ya rompía el calzoncillo!

El juego ya estaba tomando rumbos más calientes, y a nadie parecía importarle, así que a mi tampoco. Y la botella de ron murió, por lo que tuve que traer una de wiskey que tenía a la mitad.

"Bésale los senos a la mujer presente que más te guste" decía la tarjeta que le salió a Jorge después de que su Samurai cayera derrotado frente a mi chamán. Obvio, eligió a su esposa. Todos pensamos que las besaría en el aire, o por lo menos por encimita muy discretamente, pero no. Levantó la blusa de Mariana y metió su cara dentro de ella, chupando y lamiendo

Mariana trabó los ojos y los puso en blanco, casi podría jurar que estaba a punto de llegar al orgasmo. Comenzó a gemir en voz muy baja, a respirar agitadamente y a jadear. Los pezones de Aura querían romper su brasier, mi pene se moría por su encierro en mi pantalón, y la erección de Fredi era más evidente que nunca.

Jorge terminó. Sacó su cara del pecho de mi prima, la cual se acomodaba su blusa y se ponía más roja que un tomate. El silencio era más incómodo que nunca, hasta que yo lo interrumpí.

Jorge tiene que sacar otra tarjeta y pagar una moneda.

¡Qué! – me protestó.

La prueba solo decía "Bésale los senos a la mujer presente que más te guste" y tú se los chupaste. Cambiar la penitencia tiene su castigo.

No pero… pero no… o sea… no… – no había nada que alegar, así eran las reglas.

Tuvo que tomar uno rosado, que decía, "chúpale la verga… y no se qué más. Total, que mejor pagó sus 3 monedas y casi quedó en la calle. Solo tenía una más.

El wiskey también voló. En un santiamén la botella estaba vacía. Y todos comenzaron a exigir más elixir para continuar el juego. Lo único que me quedaba era una gordito de cusha. La cusha es una bebida alcohólica de mi país, hecha a pase de frutas y fermentada en ollas de barro enterradas en tierra. El padre de un alumno me regaló un poco y la tenía allí guardada desde hacía tiempo. Es una bebida muy fuerte.

Por fin perdió mi hermano. Se topo con una ladrón en el bosque encantado que lo robó 3 monedas de oro. Pero como solo le quedaban 2, tuvo que prestar, quedando en nivel de esclavo.

¿Te los presto yo hermanito? – dijo Aura que lo miraba con su misma mirada felina. Fredi prefirió que yo se lo prestara. Ahora era mi esclavo.

Mariana tuvo un recorrido nefasto en el Reino del Rey Ottón. Se topo con una dragón, y a falta de una mejor arma perdió la pelea. Tuvo que pedirle prestado una moneda a Jorga para pagar la carta, quedando como su esclava. Entonces caí en la trampa de un duende, y tuve que sacar una tarjeta. Solo había una blanca así que la tomé, y decía "Deja tu pene parado frente a todos, para que te puedan seguir viendo mientras juegas".

Obvio, si Fredi era mi esclavo, lo puse a el a enseñar su pene. Le ordené, no se por qué, que se quitara el calzoncillo y que se quedara así. Mi voz fue tan autoritaria, que no le quedó lugar a la duda, y se lo quitó lentamente. Una bonita verga de unos 17 cm. quedó a la vista de todos. De ese punto en adelante, ya no nos importó nada más.

Mariana y Aura se calentaron mucho, se miraba desde lejos. Las 2 siguieron jugando, esta vez mal. No se podían concentrar. Jorge cayó en una trampa, se tenía que quitar una prenda muy sensualmente. A Mariana ya solo le quedaba el top que traía bajo la blusa y el pantalón, y Jorge le ordenó que se lo sacara.

Mi prima se puso de pié, y contoneando la cintura se despojó poco a poco de su pantalón, al que vimos caer suavemente al compás de sus movimientos de caderas, hasta llegar al suelo. Sus piernas, muy delgadas, pero torneadas y lindas. Quedó en unas bonitas bragas celestes de algodón. Pequeñitas y muy delicadas como ella.

Senos pequeños, pero paraditos, nalgas igualmente pequeñas y paraditas. Una cintura muy estrecha y una carita de ángel, enmarcada por su cabello liso corto. Mariana era una belleza de mujer. Nos sorprendió a todos pues ver a la recatada y tímida de nuestra primita haciendo ese baile que no era improvisado. Nos calentó a todos.

En el tablero ya no quise avanzar más, mejor esperaba a mis víctimas para pelear contra ellas. Me topé con Aura y peleé contra ella. Me atacó con un flechazo que me quitó 3 puntos de vitalidad, pero yo le lancé un hechizo contra sus defensas, quedando desamparado su Templario contra mí. Lo vencí y sacó su tarjeta, una celeste. "Haz que una mujer presente te baje el pantalón muy sensualmente" y la única mujer era Mariana.

Mi prima le bajó el pantalón a Aura meneándose como lo había hecho. Mi hermana se contoneaba también, mostrando sus enormes atributos a todos los presentes. Al final, quedó son sus bragas negras de encaje, muy bonitas y elegantes. Apenas si cubrían medio bien sus enormes nalgotas.

Era el turno de Fredi. Perdió con un ogro y tuvo que sacar otra tarjeta. "Mámale la verga al hombre que saque más tirando el dado por 3 minutos". Jorge y yo lo tiramos y yo gané con un 7. Fredi se quedó estático, sin saber qué hacer. Volteó a ver a todos, y nadie le quiso prestar ni una sola moneda para pagar las 3 que debía. Yo me abrí la bragueta y me saqué mi falo de 18 cm., totalmente tieso, y se lo ofrecí. "Pagame hermanito".

El se puso de pié. Su pene estaba que explotaba. Se arrodilló frente a mi y engulló con dificultad mi pene. Era obvio que le daba asco. Pero si se lo sacaba siquiera una vez por ello, perdería y yo le podría poner un mejor castigo.

Pasaba suavemente su lengua sobre mi glande, al tiempo que succionaba mi herramienta. Me erotizó tanto ver a mi hermano menor allí arrodillado, mamándome la verga. Creo que el hecho de que era mi hermano me calentaba más todavía. Su piel blanca y sus cabellos dorados, combinaban a la perfección con sus rasgos finos y delicados, muy parecidos a los de mi mamá. El y mi otra hermana Raquel, salieron muy parecidos a ella, con la excepción de que Raquel era morena clara como mi papá. Aura salió rubia como mamá, pero con la complexión y formas de la familia paterna. Yo soy una mezcla de todos.

Lo tomé de la cabeza y lo comencé a mover, obligándolo a meterse más adentro mi falo hinchado. El sentía nauseas hasta que ya no pudo más y se retiró.

¡Perdió! ¡Perdió! ¡Perdió! – dije triunfal.

No, no. Tú le metiste la verga hasta el fondo al pobrecito. Ahora es a ti a quien le tenemos que poner un castigo.

No, yo no hice nada… – me defendí conciente de mi crimen, pero algo nos dejó mudos a todos.

No, fue mi culpa. Yo no aguanté… soy yo el que merece el castigo. – declaró Fredi, dejándonos con la boca abierta, pues, aparentemente, quería más.

Arrodillado bajo mi pene, Fredi se miraba muy sensual. Era la ilustración de la sumisión. Su cuerpo blanco cubierto por un fino vello rubio pedía más, quería más. Se sometió a mí y le gustó, quería más… y se lo íbamos a dar.

Tomó otra tarjeta, curiosamente la única rosada que había, dejando las 2 celeste allí. "Mientras una personas te mete los dedos entre los genitales, tu masturba a 2 hombres hasta hacerlos terminar en tu cara en menos de 5 minutos".

Era demasiado. Nos quedamos mirándonos las caras y Fredi tomó la iniciativa. Se puso de pié y se dirigió a un sillón, se quedó parado allí mirándonos a Jorge y a mí. Me puse de pié, y luego Jorge. Nos sacamos las vergas y se las ofrecimos. Mientras, Aura fue a buscar algo que meterle. Encontró el palo de la escoba y se dirigió a nuestro hermano.

No tiene genitales de mujer. ¿Por dónde se lo van a meter? – preguntó Mariana alarmada.

Entre el culo. – respondimos casi al unísono todos.

Y así fue. Aura llegó, y con lentos movimientos circulares, fue introduciéndole poco a poco le palo de la escoba. Fredi gemía y gemía como una perra en celo, mientras con sus manos frotaba y agitaba vigorosamente nuestros penes. Me esforzaba en durar lo más que podía. Estaba totalmente fuera de mí y quería hacerle de todo a mi hermanito. A sus 26 años todavía aparentaba ser niño, ser adolescente. Y eso también a pesar de estar ya casado y de tener un nene.

Aura le introdujo ya más de 10 cm. cuando empezó a gemir y a jadear con fuerza, casi gruñía, al tiempo que un inmenso gesto de placer se dibujaba en su cara. De la punta de su pene hinchado brotaron abundantes chorros de semen que se embadurnaron en su vientre. Fredi sudaba copiosamente y respiraba muy rápido.

Poco tiempo después, Jorge lo siguió. "¡Voy a acabar!" gritó y Fredi acercó su cara a su pene, un bonito miembro de 16 cm., pero bastante grueso. Los chorros de la leche de mi primo-cuñado se estrellaron contra la blanca tez de mi hermanito. Sobre su frente, sus cachetes, boca nariz, ojos. Fue una corrida abundante. "¡Ha!, ¡Ha!, ¡Ha!" decía Jorge. Mariana solo lo miraba de lejos… ¿celosa?

Ya había logrado hacer acabar a Jorge, pero le faltaba yo, y yo no me dejé. Pasaron los 5 minutos y yo estaba sudando la gota gorda, pero no acabé, no lo dejé ganar.

Soltó mi miembro y se me quedó mirando, con su carita llena de la leche de Jorge, expectante, deseoso. Como había fallado la segunda prueba de castigo, ahora era yo el que lo podía castigar a mi gusto.

No me hiciste acabar, así que perdiste.

¿Qué me vas a hacer? – me preguntó.

Ya vas a ver.

Le di un vaso y le ordené que se limpiara el semen de la cara y que lo pusiera allí. Le regué su semen, que tenía en su vientre. Fui a la cocina y abrí la refri. Saqué un pepino grandísimo que compré en el mercado y se lo llevé. Se me quedó mirando con los ojos muy abiertos cuando me vio llegar con esa cosa en la mano.

Te cupo el palo de mi escoba, ahora tragate esto.

Lo puse en 4, con el vaso bajo su pene que se había puesto duro otra vez. Poco a poco le fui metiendo el pepino en el ano. Era muy grueso, mucho, y Fredi se lamentaba a cada centímetro que le entraba, pero el no se quitaba. Es más, hacía fuerzas contra el pepino y conseguía metérselo más. Lo comencé torturar así cuando me di cuenta de lo mucho que le gustaba. Se lo metía un poco, y luego lo sacaba cuando el empujaba. Así, casi lo desesperé.

Metémelo, ¡puta, metémelo!

Así no se le habla a tu amo esclavo. – le dije en tono de broma, lo juro, solo fue una broma, yo no sabía que se lo tomarían tan en serio.

Por… por favor… amo se lo suplico… métamelo, métamelo…

Así está mejor perro, así está mejor. ¿Lo querés más adentro?

Si, por favor… si… – lo empujé un poco más.

¿Así? ¿O querés más?

Más por favor… se lo suplico… lo necesito todo, todo… – enterré un poco más de ese pepino en su ano. El gimió como si estuviera cagando adobes. Todos lo miraba impresionados, muy excitados.

¿Y ahora?

Todo por favor… que sea todo… por favor, se lo suplico amo…

Comencé a cogérmelo con el pepino. Lo metía y lo sacaba como si fuese una verga. Es gemía y se convulsionaba allí en 4 como estaba. Sus ojos estaban en blanco y su mirada perdida. Estaba embriagado de la agridulce fragancia del sexo, de la sumisión y el sometimiento. Ya no tenía voluntad, el era mío.

Arqueó su cuerpo y eyaculó con furia dentro del vaso. Una mediana cantidad de semen salió de sus testículos. El vaso no estaba ni medio lleno, pero serviría para los planes que tenía en la mente en ese momento.

Todos me miraban impresionados, con los ojos muy abiertos y excitados. Les dije:

Bueno todos, a jugar hasta que uno gane.

Regresamos todos a jugar. Le prohibí a Fredi que se sacara el pepino del culo hasta que yo le dijera. Era parte de su castigo. Estaba dispuesto a derrotarlos a todos, y a hacerlos mis esclavos, aunque sea por ese momento. De verdad, se los juró, solo quería hacerlo en ese momento, nunca pretendí lo que vendría después. Le di los dados a Jorge, pues a el le tocaba tirar…

CONTINUARÁ…


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