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La Tecnica del Maestro Reiki

Tengo cuarenta y cinco años y hace veintitrésque estoy casada. Siempre le fui fiel a mi esposo, a pesar de que en alguna oportunidad dudé que él lo fuera conmigo. A pesar de mis años, considero que no estoy mal. Soy alta y delgada, con pechos pequeños pero firmes. De cintura estrecha, piernas torneadas y cola dura, que despiertan la mirada de algunos hombres que no dejan de halagarme.

Mi marido sufrió un accidente hacecinco años y deambuló por distintas terapias para lograr recuperarse, hasta que por recomendación de una amiga, decidimos probar con el reiki.

Nos pusimos de acuerdo con Alicia, que así se llamaba, y comenzamos conuna sesión semanal en nuestro domicilio. Era una mujer atractiva de mirada profunda que denotaba un carácter decidido. De un físico armonioso desarrollado en el gimnasio y de movimientos algo masculinos despertó en mí un sentimiento extraño mezcla de confianza y admiración. Todos los martes a las cuatro de la tarde, mi esposo tomaba una sesión de una hora, luego me ayudaba a bañarlo y antes de despedirse tomábamos el té juntas. Con el tiempo me confié a ella y le expresé mi falta de deseos sexuales y la renuencia a tener relaciones con nadie. Me dijo que seguramente no había encontrado la persona adecuada y la oportunidad para expresarme y satisfacer la sexualidad adormecida.

Un día mientras masajeaba a mi esposo le manifesté el deseo de recibir un tratamiento similar, y ella, gentilmente se ofreció en forma gratuita en retribución a las atenciones que teníamos para con ella. Así el martes siguiente mientras mi marido se bañaba, nos dirigimos a la habitación donde se hallaba la camilla. Me despojé de la ropa y me coloqué boca abajo solo cubierta con una toalla. Cerré mis ojos y ella con voz insinuante me pidió que me relajara y me entregara totalmente. Sentí sus manos cálidas que desde el cuello y la espalda se deslizaron hacia la cintura deteniéndose brevemente sobre algunos sectores para transmitir su energía Luego delicadamente retiro la toalla y comenzó con un movimiento circular sobre mis glúteos separándolos y juntándolos alternativamente. Advertí como mi vulva se humedecía y chasqueaba al separar sus labios, abrí las piernas para incitarla a continuar con los masajes, pero delicadamente se retiró. Me levanté ruborizada al sentirme descubierta, y sin saber que decir, le pregunté quien le había enseñado esos masajes. Con una sonrisa cómplice me explicó que todos los sábados por la tarde tomaba clases con un maestro reiki invitándome a participar ya que estaba segura que lo disfrutaría y recuperaría el tiempo perdido.

No pasó mucho hasta que se presentó la oportunidad. Mi esposo viajaba para una excursión de pesca y me propuso acompañarlo. Desistí argumentando que tenía trabajos atrasados, aunque en el fondo era para aceptar el convite de Alicia que seguía rondando en mi cabeza.

La llamé y tímidamente le pregunté si seguía en pié la invitación Entusiasmada asintió y dijo que harían una clase especial festejando mi decisión de participar. Apenas colgué me arrepentí pues era la primera vez que le ocultaría la verdad a mi marido, aunque por otro lado estaba ansiosa por concurrir y aprender algo diferente

Estuve varios días indecisa hasta que tomando coraje y para no arrepentirme fui a depilarme. No podía volverme atrás, jamás me había rasurado el pubis y al retornar a casa, luego del baño suavicé la zona con una crema humectante. Me probé la lencería erótica que tenía guardada, y me miré al espejo. Hacía tiempo que no me veía tan sensual. No quería defraudar a Alicia.

Ese sábado luego de almorzar,esperé la hora para ir al departamento en el barrio de Flores donde me esperaban a las cuatro de la tarde. Me bañé y repetí el ritual del día anterioral colocarme las medias y la ropa interior, luego me maquillé, me puse un vestido con la pollera por encima de las rodillas, me miré al espejo y conforme, me dirigí en mi auto hacia lo desconocido.

Al llegar accioné el portero eléctrico, y la voz inconfundible de Alicia me invitó a pasar. Subí por el ascensor del fondo hasta el departamento del último piso donde me esperaba con la puerta abierta Estaba cubierta con un kimono y descalza. Me beso y me hizo pasar. Me presentó a Marcos el maestro reiki, que me impresionó por su porte. Debía tener unos treinta y cinco años, y a pesar desu bata como las que usan los yudocas se notaba su musculatura desarrollada en horas de gimnasio. Me saludo amablemente y me impuso sobre los beneficios del reiki que generaban tanta energía y bienestar a quienes los recibían. Mientras tomábamos un whisky Alicia me sugirió ponerme cómoda. Me llevó al baño y me ofreció un kimono para que me cubriera. Al sacarme el vestido y advertir mi ropa interior no dejó de elogiarme y me pidió que no me la sacara hasta más adelante cuando iniciara laverdadera gimnasia.

Nos dirigimos a una habitación en el fondo del departamento amueblada con una amplia colchoneta,una camilla de ginecología, algunas imágenes de alumnas en distintas posturas con una característica común que me llamó la atención, un antifaz cubría sus rostros lo que motivó mi pregunta al respecto. Marcos me explicó que al no ver,los que recibían los masajes se transportaban con su imaginación y sus fantasías a lugares y situaciones soñados.

Marcos me pidió que colaborase con el, ya que empezaría con Alicia Se sacó la bata y quedó solo con el slip, inconscientemente mi vista se dirigió a la entre pierna y advertí un bulto enorme acorde con el físico de gladiador que portaba. Observé como iniciaba la sesión masajeando la espalda y los glúteos como lo había hecho Alicia conmigo y me pidió que lo imitase. Así lo hice y sentí el chasquido almasajear los glúteos en forma circular debido a la humedad de la vulva como me había sucedido en casa. Luego de colocarle el antifaz ante sus ojos, Marcos la giró poniéndola de frente y deslizó sus manos masajeándola desde el cuello hasta los muslos, y me exigió que hiciera lo mismo. No lo contradije y lo imité. En un instante y sin saber porqué me incliné y apresé con mi boca lospezones los besé y lamí con desesperación, Marcos tomó con sus manos mi cabeza y llevó mi rostro sobre la vulva de Alicia que se abrió de piernas y comenzó a gemir. La besé e introduje mi lengua dentro de su vagina. Se agitaba, jadeaba y me pedía más, hasta que finalmente experimentó un orgasmo prolongado. Era laprimera vez que tenía una relación íntima con una mujer y había sido agradable.

Hicimos un paréntesis y mientras Alicia se duchaba, tomé un segundo vaso de wiski, y ya mareada y desinhibida no opuse resistencia cuando me propusieron efectuar una sesión conmigo. Ubicada en la camilla de ginecología colocada de bruces, sentí las manos de ambos que masajearon mi cuerpo, luego me giraron, me sujetaron las piernas y me cubrieron el rostro con el antifaz. Al colocarme en posición ginecológica, quedéindefensa, casi sin poder moverme. Las delicadas manos femeninas de Alicia untaron mi pelvis y cortaron a tijera la tanga, desnudándome totalmente. Unfrío interior corrió por mi cuerpo e instintivamente me quité el antifaz y entonces ví a Marcos de pié, desnudo y aproximándose a mí con sumiembro enorme y grueso palpitando. Me asusté y sabiendo lo que pasaría le pedí que me tuviera compasión, ya que desde hacía años nadie había hecho el amor conmigo. No se detuvo y colocó el glande descubierto sobre la vulva, y con un movimiento rotatorio acarició el clítoris y los labios mayores. Comencé a desesperarme y a desearlo, mi calentura se hizo incontrolable. Arqueé mi pelvis para que me penetrase. Ya no me asustaba el tamaño de su verga, la quería toda adentro. Lenta y progresivamente invadió mi vagina. Las paredes se dilataban y a pesar de mi dolor logró introducirla toda hasta los testículos que golpearon contra mis glúteos. Nos hamacamos durante un largo rato Yo jadeaba y gemía de placer. Le pedí que me desatara pero no me hizo caso. En un momento sentí un chorro de semen cálido e intermitente que inundó mi vagina, despertando en mí un orgasmo prolongado. Observé al retirar la verga mojada por los jugos vaginales, el tamaño de lo que había recibido y no pude creer que todo eso me hubiera podido entrar. Sin excitar con el miembro aún rígido lo dirigió al orificio anal y pese a mis ruegos me penetró con un movimiento brusco. Lance un grito de dolor y creí que me desmayaba cuando atravesó el esfínter pero no se detuvo y siguió profundizando la verga en el recto, yo gemía y lloraba de dolor. Alicia, tomando el pene lo ayudó a introducirlo y luego me libero de las ataduras. Yo instintivamente abracé con mis piernas la cintura de Marcos para hacer más íntimo el contacto y finalmente gozar de un orgasmo maravilloso. Fue una cogida descomunal.

Nos despedimos luego de esa velada inolvidable y volviendo a casa pensé en lo sucedido. No lo podía creer. Jamás me imaginé ser partícipe de una situación semejante, y por varios días la irritación del orificio anal me recordó la clase de reiki que tanto me había enseñado y disfrutado.

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