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Cuero y Metal, mucho Metal

La pobre chica lloraba desconsoladamente. La abracé, susurrándola al oído tiernas palabras, besándola. La acompañé a la puerta. Abajo, en el vestíbulo la esperaba el taxi que había llamado para ella. Miré el reloj. Eran las 3 de la madrugada y no tenía ganas de dormir. Unos cuantos fotógrafos y reporteros acosaban a la famosa chica del mundo del espectáculo en su rápido recorrido, desde el portal hasta el taxi, acompañada por el portero y dos escoltas de seguridad. ¡¡¡Vaya escándalo mañana en las revistas!!!... Y su marido de viaje en Brasil.
Por cierto, no me he presentado. Soy Roberto PL. o como preferíais llamarme, pues mi nombre verdadero no importa.
No es por presumir, sino que soy realista y sincero si os digo que soy alto, de 1’95 m. 32 años. De robusto y viril cuerpo atlético, moreno, ojos verdes, y un rostro atractivo y exótico, con una sonrisa que pierde a las mujeres. Diréis que exagero, pero para mi desgracia es la pura verdad. Por si fuera poco, soy un rico y próspero empresario, de ilustre familia, con un patrimonio económico y familiar muy elevado, mucha influencia en el mundo de la política nacional e internacional, y perseguido por todo aquel que tenga cámara fotográfica y trabaje para las revistas del corazón. Natural, como que soy el "soltero de oro" de mi país.

La verdad es que yo hace tiempo, llevando esta vida, era todo lo feliz que se puede desear. Tenía El Poder, la Posición, el Dinero, las mujeres, vida cómoda. Normalmente seguía la corriente, como el resto de gente de mi alcurnia, me presentaba en todos los "saraos" de moda, seguía el protocolo en ciertas recepciones oficiales a las que era invitado, me dejaba ver con ciertas personas influyentes en los sitios estipulados, era miembro de ciertos "Clubs" y grupos de diversas actividades culturales y económicas...
Hasta que, buscando emociones, hace tiempo, descubrí otro mundo. Un mundo duro, difícil. El mundo de los supervivientes, gente de todo tipo, gente muy trabajadora, que gana en un mes lo que yo gasto simplemente en unos zapatos, y además es su único sustento. Gente que nace con todas las puertas cerradas, y viven para trabajar, sonriendo ante las inclemencias y las dificultades.
Duros, recios, acostumbrados a lo peor como norma. Se divierten con mucho ruido, como si esa fuera su última noche. Aprecian la vida, y luchan por el "día a día". O sea, la gentuza, los "monstruos" y los "colegas del Metal" que frecuento cuando me escapo. Los locales de Rock Duro y Heavy metal.
Las Mujeres. ¡¡¡Dios...!!! Salvajes, hambrientas de cariño, rebosantes de pasión, algunas frías, otras muy pícaras. Difíciles. Provocativas, seductoras, celosas, posesivas. Arnold Schwarzzenneger pasaría calamidades intentando satisfacer sexualmente a alguna de estas amazonas.
Y vamos a lo que me cambió totalmente todos los valores. Aquella noche, a las 3 de la madrugada, y después de hacer el amor de forma muy improductiva con la pobre señorita pija enamoradiza cuyo marido no la hace caso, me vestí, sin ducharme ni afeitarme, cogí las llaves del "Lotus", y salí a toda velocidad del garaje, seguido por dos cochecillos repletos de "Paparazzi". Dos pisadas de acelerador, y despistados.
Llegué a un piso que tengo en los suburbios, también con garaje. Me cambié de ropa, camiseta de color oscuro, pantalones muy ceñidos negros de cuero, botas negras y cazadora de "motero", con el distintivo en la espalda del grupo de Heavy Metal, "Sepultura". Gafas de sol negras, y ciertos accesorios de chapa o negros, acorde con mi "look" de barriobajero chulo pasado de vueltas.
Paré, frenando mi motocicleta "Harley", de gran cilindrada, y de color negro, con detalles de cromo muy brillante, frente a la entrada de aquel infecto y ruidoso tugurio, "EL Sapo Tuerto". Mientras el "portero", un simiesco y poco delicado matón calvo con sonrisa infantil, propinaba puñetazos y patadas en las costillas a un pobre borracho que no se tenía en pie, dos drogotas "echaban la pota", una sanguinolenta mezcolanza de whisky a granel, líquido de frenos de motocicleta, ciertos pedazos de chorizo y pan, y la papilla de recién nacidos.
En un coche de puertas oxidadas follaban gritando y jadeando... ¿Tres personas? Mas alejados, dos agentes de la Policía Local ponían multas a ciertos vehículos mal aparcados, sin preocuparse de las altisonantes actividades de alrededor.
El cadáver mal apoyado en la farola, de un fallecido por sobredosis de heroína y pastillas de éxtasis, saludaba con las manos extendidas, la mirada fija, y un cartel que rezaba: "Por fabor, eztoi enel paro con 3 ijos" (Traducido: Por favor, estoy en el paro con tres hijos)
Buen ambientillo. La cosa se animaba. Le solté un billete de 5000 al entrañable bruto mecánico de la puerta, y entré, apartando el espeso ambiente cargado con olor a alcohol de 96º, pólvora, tabaco reciclado, gas metano procedente de espesos montones de detritus orgánicos (Que cuidé de no pisar, quien cojones es capaz de cagar en el suelo rodeado de gente) colonia "Barón Dandy", "Eau de Sobac", etc... ¡Que agradable!
Mis ojos se acostumbraron a la oscuridad, aunque el ruido era infernal. Creo que aquí no había normativa en cuanto a decibelios. Pensé, o creí distinguir, cierto ruido que me recordaba alguna pieza de lo más antiguo de los "Iced Earth". La pista estaba abarrotada de gentuza, todos sacudiendo las melenudas testas, empujándose unos a otros, hombres y mujeres.
Me hice sitio con los codos y un bofetón en la boca a un desgraciado, en la infecta barra. Sus dientes rodaron como canicas por el encharcado suelo. Un barman con parche en el ojo izquierdo, camiseta muy sudada, pelos hasta en las encías, y tres dientes incisivos manchados de nicotina y Dios sabe que más, con palillo colgando de la comisura, me dijo amablemente:
¡¡¡Me cago en tu puta madre, Hijo de la Gran Puta!!! Te andan buscando los gamberros de Ascao. Te van a cortar los cojones, y ponértelos en la boca, para que no puedas decir que no se han acordado de ti. No se le ocurre a nadie mas que a ti follarse a la mujer del "Calatrava".
Tú siempre tan simpático y cariñoso, colega. Dame un "tubo" de lo más corrosivo que tengas. ¡Hostias!
Ahí va, una de Whisky "Matalascabras". De lo mejorcito del barrio. Lo hago en la cocina, con la lejía y el Aguafuerte que roba mi parienta en el curro.
¡Tú si que sabes, Popeye! ¡Joder, la tía esa me la tuve que joder con un guante profiláctico de la limpieza, a manera de condón. Por lo menos tenía Gonorrea, Salmonerosis, la Peste Negra, y yo que sé que más. Toda una señora Guarra.
Me apoyé en la barra, observando el panorama. Un grupo de músicos subió al escenario, cortaron la música para que pudiesen desarrollar su repertorio. Me carcajeé un rato, cuando ví que pronto se convirtieron en blanco de todos los cascos de cerveza que la gentuza les tiraba, en señal de no haber satisfecho sus exigencias de calidad auditiva. Afortunadamente para estos casos, los dueños del Local suelen avisar para que una ambulancia de "SAMUR" esté prevenida a la salida, quienes esperaban que la multitud abucheante agrediese y arrojase a los pobres músicos a "la puta calle".
Una suave caricia sobre mi hombro, por encima del cuero, me hizo volver la cabeza, y me quedé atontado, totalmente bloqueado, sin saber qué decir.
¡Uuuufff...! No podía apartar los ojos de aquella fija e intensa mirada. Ojos azules muy claros. Su sonrisa, sus carnosos labios entreabiertos, sus manos acariciando mi cuello, mis hombros...
Hola, cielo. Te he elegido. Quiero que me hagas el amor esta noche. Me encantas. Me perteneces.
Mmmm... Estás buena. ¿Cómo te llamas? Normalmente soy yo quien toma la iniciativa.
Lo sabrás, pero no ahora. Sólo piensa en si estarás a la altura.
Y diciendo esto, puso una mano sobre mi entrepierna, que ya de por sí estaba bastante perjudicada, sobre el cuero del pantalón, lo que me produjo una terrible hinchazón que me dolía, presionaba.
Tenía ante mí una mujer excepcional. Alta, morena, de rasgos finos, aunque enérgicos, salvaje. Ojos preciosos, rasgados, casi como de mujer oriental. Pelo negro "ala de cuervo", liso, al estilo "Cleopatra". Una figura muy estilizada, curvilínea, de formas generosas, turgentes. Vestía un mono muy ajustado de cuero negro, que la cubría todo el cuerpo, hasta el cuello, aunque la cremallera estaba bajada mostrando el canalillo. Zapatos de tacón muy alto, de aguja.
Desde luego, me había tocado el "Gordo de la Lotería".
Ella se abrazó a mí. Reaccioné, rodeándola con mis brazos, acariciándola por encima del cuero, a sabiendas del efecto que en ella causaban las yemas de mis dedos deslizándose despacio, recreándose en las leves contracciones de placer, los jadeos entre beso y beso. Sus ojos entrecerrados, disfrutando cada segundo, muy pegada a mí, frotándome, rozando mi pene con su vientre.
Me tomó de las manos, y literalmente me arrastró a un reservado, donde forcejeó con la cremallera de mi pantalón, para por fin apoderarse de mi palpitante e hinchado miembro.
Me sorbía dulcemente. Noté como mi glande era castigado a lengüetazas. Su mano acariciaba mis testículos, y empujaba el pene más dentro de su boquita, anhelando tragárselo. Yo no conseguía reaccionar. Era suyo, totalmente suyo, de su propiedad, y ella me estaba tomando, haciendo conmigo lo que quería. Le apetecía comerme el pene, y me lo estaba chupando, regocijándose, buscando el momento de mi orgasmo, para recoger y saborear todo mi esperma.
No podía más. Estallé en su boca. Todo el esperma salió despedido. Una blanca y espesa nube que chocó en el fondo de su garganta, llenando toda la cavidad bucal, salpicando en el pelo, la ropa... Me seguía chupando, acariciando. Estuve un rato atontado, en éxtasis, hasta que me dí cuenta de que se había ido. ¿Dónde cojones estás?
Me levanté y salí corriendo, buscándola. No quería perderla. Me volví loco. ¿Era el desafío que andaba buscando? Salí a la calle, ví a la salvaje amazona acelerando en su moto, a lo lejos.
Tomé mi motocicleta y seguí detrás de ella, a gran velocidad, apurado. Maldita sea, no podía perderla. Me dí cuenta de que me estaba... ¿Enamorando? Sí, creo que me volví un poco "encoñado", pero es que la real hembra me había hipnotizado.
Estuve dando vueltas como alma en pena por toda la zona, sin localizar a mi pareja desconocida. Enfebrecido, enfadado. Miré el reloj y ví que eran las 8:00 de la madrugada. Paré en una cafetería y desayuné unas porras con un café bien cargado. Sonó el móvil. Me esperaban en la oficina para unas consultas y firma de poderes.
Entré en la nave de oficinas de mi empresa, y sentí de que manera me miraban todas mis empleadas. No se ve todos los días a tu jefe vestido de "chulo motero" con barba de dos días. ¡Je...Je..! Creo que a alguna no le hubiese importado ser acosada sexualmente.
Por favor, Marta, no me pases ninguna llamada. Pasa las visitas al Jefe de relaciones externas. Y perdona por el atuendo.
Te veo muy perjudicado, Jefe. ¿De "ligoteo" esta noche?
Pasé el día solucionando temas en mi despacho. Dormí algunas horas. Aquella noche saldría, buscaría a mi nueva adquisición. Aunque pensé en aquel momento que más bien yo era el cazador cazado.
*****************************

Pasaron los días, aburridos. Las noches, largas, en busca de mi hembra. (Como alguien diga que soy la versión masculina del anuncio en el que sale una tia buscando a "Jaqs", le meto una patada en los cojones, leches)
Me levanté la mañana del martes. No salí por la noche, así que me encontraba fresco y dispuesto. Me puse mi mejor traje y mi mejor sonrisa de depredador, pues hoy era un día especial. Era mi decisión comprar ciertas acciones de una nueva empresa puntera, en el negocio de las Telecomunicaciones, y vendrían asesores de la misma a un encuentro, en el que mi equipo de directivos estudiaría la oferta.
Entré en la oficina. Mis queridas empleadas me miraban. Pensé que seguramente miraban mi entrepierna, soñando con el probable caso de que me hubiese dejado abierta la bragueta. (Sonrisa morbosa)
Mi secretaria me entregó una citación para presentarme en un Juzgado, denunciado por un marido celoso por "mal trato psicológico a su mujercita", la revista del corazón donde salía ella en la portada, corriendo de noche desde el portal de mi casa hasta su vehículo, y un sujetador muy fino que me había olvidado encima de mi escritorio. Marta me dijo que ya me esperaban los asesores en la sala de Reuniones. Tomé mi carpeta, pasé y tomé asiento en el sillón de Presidente.
Y allí estaba Ella, preciosa, vestida de negro, un conjunto de vestir de alta costura, una chaqueta, una falda de tubo, zapatos de tacón alto, blusa de seda negra... ¡Bellísima!
No me enteré de nada de lo que se hablaba. Asentía a los gestos y preguntas como un títere. Ella no hablaba. Me miraba fijamente, con esos ojazos azules, su boquita entreabierta. Sus manitas, cruzadas sobre la superficie de la mesa, de largos y delicados dedos, coronados por una largas y bien cuidadas uñas.
Por fin, nos pusimos en pie, nos saludamos, y dos empleadas nos pasaron unas bandejitas con canapés. Me acerqué a mi presa, sin dejar de mirarla.
Hola, preciosa. ¿Te acuerdas de mí? En el Local de moda de Vallecas, "El Sapo Tuerto", donde paramos todos los moteros y demás gentuza de Madrid.
Creo que me confunde Ud. con otra. ¿Por que me mira así?
¡Vamos, vamos! No me digas que has olvidado lo que pasó la otra noche entre nosotros. Me comiste hasta hacerme explotar, y me dejaste allí tirado. Tomaste tu moto. Huiste de mí.
Por Dios, que si sigue Ud. hablándome así, no me dejará mas remedio que irme de la reunión. Yo soy una decente mujer trabajadora, y mis aspiraciones y deseos son los de ascender en mi empresa.
Me quedé helado, sin saber qué responder a tamaña frialdad. Ella, que me la habían presentado como Silvia, aprovechó mi desconcierto, y se fue a otro grupillo de gente.
Cuando pude, me encerré en mi despacho. Pedí a mi secretaria que cancelase todas mis llamadas de hoy, y después de recostarme en la butaca, me dispuse a abrir un paquete traído por mensajería, sin importarme de quien lo mandaba.
Lo abrí. Un fuerte olor a sexo se extendió por toda la dependencia. Unas braguitas negras de encaje, semitransparentes, mojaditas, al parecer usadas. Y una nota en un sobre abierto.
"Estas braguitas son las que llevaba puestas el día que te devoré el miembro. No me las quité hasta hoy. Y te las mando, con la promesa de no usar ninguna braguita, hasta que nos veamos de nuevo.
¿Te gusta el aroma de mi sexo? Estoy muy excitada desde que te conozco. ¡Hazme tuya! No llevo braguitas en este momento bajo mi faldita. Acude pasado mañana por la noche al Local. Te deseo.
Silvia."
¡¡¡Siiiiiiii...!!! La ocasión la pintan calva. Acerté. Lo sabía. Ya era mía. Desde luego, las hay que le echan imaginación para seducir a alguien como yo, y si os digo la verdad, yo, mas que seducido, estaba bien atrapado.
El olor a flujo vaginal concentrado de hembra de mi especie me estaba mareando y poniendo muy excitado, en pie de guerra. Y pensando en la acción bélica que se avecinaba, mi tortuosa y perjudicada mente estaba que estallaba. En ese momento entró mi secretaria, para alguna nimiedad, y se quedó parada, medio sintiendo el "ambientazo", medio intuyendo mi febril estado de necesidad. Observó atontada el bulto que presionaba mi pantalón, mis manos que se movían nerviosas, rompiendo un lápiz sin querer. Mis enloquecidos ojos clavados en los sutiles detalles de su silueta, a través de la ropa de trabajo.
Ella tembló, cerró sus ojitos, se llevó una mano al pecho, se pasó inconscientemente la lengua por sus carnosos labios… ¡Uuuuufff…!
Perdona, querida, pero como no salga de aquí en menos de cinco segundos, no respondo de mis actos.
Como no era plan de follarme allí mismo a mi secretaria, lo que hice fue salir corriendo a la calle, para refrescar mis ideas, dejando a la pobre en un mar de dudas. Sé que lleva tiempo enamorada en secreto de mí, pero está casada, y no es plan de que nos pillen los fotógrafos en algún hotel, teniendo en cuenta que mi secretaria es buena, eficiente y feliz en su matrimonio. Vamos, que ya basta de escándalos por una temporada.

***************************

Por fin llegó el momento. Ya estaba aparcado frente a "El Sapo Tuerto". Tres "Skin" y dos drogatas peludos se acuchillaban y golpeaban con navajas y cascos rotos de botellas de vino peleón. Mas allá, los sempiternos policías locales se dedicaban a multar, tranquilos. Alguien había vomitado sobre el cadáver que se pudría desde el otro día. En un arranque de piedad me acerqué a los policías. Les solicité ayuda para retirar el finado del lugar.
Me dijeron:
¿Por casualidad el finado es familiar suyo?
Pues no, pero huele un poco...
¿Y Ud. Se atreve a afirmar que el caballero que descansa y medita, está fallecido?
Pues hombre, ya que Ud. Lo dice... pero vamos, que está cogiendo colorcillo de estar ahí.
Bien, si no tiene nada mejor que hacer, llamaremos a una unidad de Recogida, al forense, al Señor Juez y otra dotación de Policía. Pasaremos toda la noche rellenando formularios. Ud. Esperará para declarar y...
Je... Je... perdonen la molestia. Acabo de ver que ha movido la mano. Les dejo con sus obligaciones. Buen servicio. (¡¡¡Funcionarios de los cojones...!!!)
El cadáver podía esperar una noche más.
Le di un billete de 5000 al malcarado matón de la entrada.
Kolega, necesitas unas vacaciones. Mucho estrés. Te cambiará la cara.
Pasa, anda...

El espeso ambiente y el ruido infernal casi me tiran de espaldas. "Sepultura" rugía por los potentes bafles. La gentuza de la pista se sacudía enloquecida. La distorsión era tremenda. En la barra, Popeye le aplicó el "Libro de Reclamaciones" a un "pastillero" borracho en pleno cráneo, y luego lo arrojó de la barra, limpió esa zona de sangre con la servilleta, y me sirvió un "tubo" de Matalascabras. Una gota rebosó y humeó, quemando y corroyendo la madera de la barra.
¡Joder... Esto está de muerte, Popeye...!
Cerca de allí me pareció ver a Silvia, vestida como la otra vez, de cuero. Estaba sentada, con alguien. Me acerqué. Me quedé de piedra, alelado, al ver el cuadro.
Ella estaba allí, acariciando los pechos de otra atractiva hembra, mientras la besaba suavemente en la boca. Su manita bajaba despacio por el vientre, hacia la entrepierna, levantó la ligera minifalda, dejando así las braguitas blancas de su pareja a la vista. Acarició, sin dejar de besar, los muslos, la entrepierna, el pubis, por encima de la braguita. La otra chica jadeaba, con los ojos cerrados, se dejaba chupar la comisura, los labios, su lengua.
Aquello me estaba levantando los ánimos. Sentí una fuerte presión testosterínica, seguida de cierto dolorcillo. Mi pene pugnaba por abrirse paso a través de la tela.
¡¡¡Uuuufff...!!!
Sin poder evitarlo, me acerqué mas, y puse mi mano suavemente sobre sus cabellos, para mesárselos. Ella, se incorporó airada, y me empujó, gritándome, echándome. La otra chica se puso en pie, abrazando a Silvia, calmándola. Se abrazaron y besaron, en un largo y apasionado beso, intercambiando saliva, dejando que sus respectivas lenguas se tocasen. Yo, excitado y dolorido, no sabía que hacer, salvo contemplar la belleza de la lésbica escena.
Los tres estábamos en otro mundo, fuera del ruido infernal, la gentuza, la oscuridad, el denso ambiente.
¡Llévanos a tu piso! ¡No puedo mas, he de comerle el sexo...!
Los tres salimos, tomamos nuestras motos, su chica subida tras ella, y me siguieron hasta el piso que tenía cerca.
Entramos, y me puse a preparar unas bebidas. Ellas dos, sin decir nada, tomaron rumbo al dormitorio, sin hacerme caso, apasionadas, salvajes.
Entré en el dormitorio, todavía vestido, y allí estaban ellas, tumbadas, arrancándose la ropa mutuamente, mientras se chupaban y acariciaban.
Me quedé quieto, empalmadísimo, gozando de tan sublime espectáculo. Ellas estaban en pleno 69, chupándose sus respectivos coñitos con hambre, regocijándose, paladeando. Silvia se estaba corriendo, jadeaba de placer, y la otra le atacaba con mas ferocidad, mordiéndole los labios internos, el clítoris, empapándose toda la cara de los jugos de mi Silvia.
¡Sigue...sigue! ¡Chupaaaa...! ¡No pares, chúpame...! ¡¡¡Aaaaaahhh...!!!
¡¡¡Siiii...!!!
Las dos se estaban corriendo a la vez, sentí sus espasmos, sus orgasmos. Sus grititos. Movían las caderas al son de los latigazos de las lenguas. Silvia, mientras chupaba, propinaba fuertes pellizcos en el culito a la otra mujer, y le clavaba las uñas con saña en la espalda, lo que la hacía gozar más, gritando de dolor y placer.
A esto que Silvia se puso de pie, de repente, y abofeteó a su compañera, llamándola puta, guarra... Yo perdí la paciencia, me empecé a quitar la ropa, con la intención de entrar en el juego. Silvia me rechazó de nuevo, sacudió una sonora bofetada a la mujer, y se fue de allí, de un portazo, llevándose la ropa y vistiéndose por la escalera. Aquello ya me estaba cabreando. No seguí detras de ella. Contemplé a la pobre chica, desnuda, llorando.
¡Y tú...! ¿Quien eres? ¿Que cojones pasa aquí?
Perdona, es que Silvia me ha dejado. Me siento muy mal.
Pues te vas a sentir peor después de que te folle. Si te piensas que te vas a ir de aquí de rositas, después del espectáculo que me habéis dado, es que vas mal.
Ella, que se presentó como Lucía, se abrazó a mí, llorando, desnuda. Apretándose a mi sudoroso y desnudo cuerpo.
¡Mmmm...! No estás mal, para ser un hombre.
La abracé fuerte, apretándola contra mí, tocándola el culito con las dos manos, subiéndolas por su espalda muy suavemente. Dejé que mis labios rozasen la delicada piel de su cara, de su cuello, los hombros... La besé en la boca, en un largo y sabroso beso. Nos tumbamos en la cama, acariciándonos. Ella puso su manita en mis testículos, los rozó muy suave con las yemas de sus mágicos dedos, y sus caricias fueron subiendo muy despacio por el tronco, hasta llegar al hinchado y rojo glande. Se metió la polla en la boca, chupando, sorbiendo despacio, sin prisa, a sabiendas de mi ansia por derramarme, comiéndome, saboreándome.
- ¡Dios... Que grande la tienes, va a explotar! ¡Penétrame, lo necesito...ahora!
Se subió sobre mí, dejando que todo mi miembro se introdujese poco a poco en su mojado coñito, penetrándola hasta lo más profundo.
Su maravilloso cuerpo se movía lascivo, voluptuoso. Ella vibraba, se dejó acariciar los enhiestos pechos, mientras me follaba. Estaba erguida, empalada, moviéndose despacio, disfrutando del momento, dejando que los músculos internos de su vagina se apretasen absorbiendo mi pene. Rozándolo hacia adentro y hacia afuera.
Mis manos se movían muy suavemente, estrujando sus pechos, pellizcando sus pezoncitos. Ella se movía sobre mí, cada vez mas deprisa, estaba cercana a su próximo estallido de placer. Jadeaba. Miré hacia la puerta, y allí estaba Silvia, desnuda, maravillosa, contemplándonos excitada.
Se acercó, despacio, dejando que mi mirada recorriese todos los detalles de su cuerpo, regocijándose de su desnudez, de su poder sobre mí. Me besó en la boca. Pegó sus labios a los míos, escarbando con su lengua, mientras mi pene pugnaba por estallar dentro del coñito de Lucía, en una nueva oleada de excitación. Agarré a Lucía por las caderas, y pegué un furioso empujón de mi miembro, encajándolo dolorosamente. Lucía gritó de dolor y placer, intentó escapar a mi agarre, sacudiéndose, y consiguiendo que la apretara con mas fuerza. Sentí mi polla muy dentro, muy apretada.
Silvia se incorporó, vió a su lasciva pareja en ese estado de éxtasis que precede al orgasmo, y la azotó con fuerza en el rostro, una y otra vez. Lucía lloraba, gritaba de dolor, pero seguía sobre mí, follandome.
Yo estaba a punto de correrme. Jadeé. Silvia, presintiendo mi estado, derribó de un fuerte bofetón a Lucía, justo cuando se sacudía en los fuertes estertores de su incontrolado y doloroso orgasmo, la echó fuera de la cama, al suelo, donde la golpeó con el fino tacón en el vientre, y se metió mi polla en la boca. Me sorbió el miembro, y precipitó todo mi orgasmo en una nube de esperma que llenó su boca, salpicó su pecho, su pelo…
¡Joder, que mal viaje, Silvia! Me has dejado hecho polvo.
¡Te deseo! Cerdo mío. ¡Bésame!
Me encantó el romanticismo, la sutilidad del momento. Lucía dolorida, tirada en el suelo, Silvia excitada, ávida de sexo. Y yo, perplejo, satisfecho de momento, pero en camino de saltar de nuevo sobre mi hembra. Mi pene ya estaba otra vez en posición. Me apreté contra Silvia, la abracé, tumbados los dos de lado, mirándonos a los ojos. Mi mano bajaba por sus nalgas, por sus muslos, en dirección a su mojada entrepierna.
- ¡Mmmmm…! Que cabrón eres. Sabes como excitar a tu pareja. Dame placer, mi amor.
Me subí sobre ella, separándola las piernas, penetrándola muy despacio. Por fin, después de tan larga espera se culminaban todos mis deseos. Y de mi boca salió la palabra prohibida, la palabra que creí que no pronunciaría en mi vida.
Te quiero, Silvia.
¡Tómame, mi amor! Soy tuya.

***********************************
"Les anunciamos que mañana, por fin, se celebra la asombrosa boda del famoso multimillonario Sr. P.L. con la Presidenta del Comité para la restauración de los Monumentos de la Capital de la Nación, y principal accionista de la empresa mas importante de las Telecomunicaciones.
La precipitación de la misma no se ha dejado notar en la pericia de los preparativos para los casi mil invitados que acudirán, entre ilustres familiares, y gente de la Alta Sociedad.
Por otra parte, Serena Flores, mujer del famoso deportista, que fue sorprendida hace no más de un mes saliendo del domicilio del Novio de esta boda, declara su indiferencia, a pesar de no haber sido invitada a la… "
Crónica del "Hola"

Y allí estaba yo, ante el Altar, donde pensé que nunca me vería. Enamorado, seducido y "empaquetado", preparado para unirme de por vida a mi amada y salvaje esposa, que en esos momentos bajaba por la rampa, acompañada del padrino, al lento ritmo del órgano.
¡Si, quiero!
Yo os declaro Marido y Mujer. Puedes besar a la novia.
¿Sabes una cosita? (Leve susurro a mi oído) NO LLEVO BRAGUITAS.
¡¡¡AAAAAAAAAAAARRRGGGHHH…!!!
La besé como nunca había besado a ninguna mujer. Lucía nos esperaba, desnuda, atada y amordazada con grilletes de acero y sujecciones de cuero, en la Suite Nupcial. Mi regalo de bodas.



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