Inicio » Relatos de Confesiones » Perversion

Perversion

 Marcos verificó la dirección y tocó el timbre de la casa. Pasaron unos instantes hasta que sintió un ruido de pasos acercándose, y luego una joven señora abrió la puerta. El muchacho se presentó como el técnico del equipo de aire acondicionado, y entonces la dueña de casa sonrió y le franqueó la entrada.

Mientras entraban a la casa, la mujer le repitió lo que le había explicado por teléfono esa mañana: el equipo instalado en la sala hacía un ruido extraño, y ante el temor de dañarlo lo habían apagado y después lo llamaron a él.

Cuando estuvieron frente al aparato la señora bromeó diciéndole que lo dejaba con el enfermo, y que en caso de la que la necesitara ella iba a estar en la cocina. Marcos abrió su valija de herramientas, y se dispuso a iniciar su tarea. Encendió el equipo, y después de escuchar el extraño ruido estuvo casi seguro de saber que lo causaba. De todos modos debía revisar el aparato, y para hacerlo comenzó a aflojar las tuercas de la tapa delantera. Cuando estaba en plena tarea escuchó unos pasos, y al girar la cabeza se encontró con un muchacho alto y delgado parado a poca distancia de él. El chico no tendría más de dieciocho años, era rubio con grandes ojos celestes, y estaba vestido con un short y una remera sin mangas.

Marcos sonrió y lo saludó, y el chico devolvió el saludo sonriendo también. Después se le acercó y le preguntó si la falla era grave.

“No, creo que no.”

“Pues que bien. Pero oye, eso es pesado ¿No quieres que te ayude?”.

“No, no te molestes, yo . . . “

“No hombre, no es ninguna molestia, que va!”.

El muchachito se paró delante de Marcos y extendió sus brazos apoyándolos en la tapa para sostenerla. Marcos tomó la tapa por sus extremos y comenzó a moverla para quitarla, y al hacerlo se acercó más al cuerpo del adolescente. Pero mientras intentaba remover la pesada chapa con sus musculosos brazos notó que el chico había arqueado ligeramente su tronco, y muy suavemente le apoyaba las nalgas contra su paquete.

Marcos se sintió confundido. Por un instante pensó que se había equivocado, pero cuando sintió que el mocoso se pegaba más a él cada vez que se intentaba separarse comprendió que no había error. Trató de controlarse, pero su cuerpo respondió involuntariamente al estímulo haciendo que su verga comenzara a hincharse. Para colmo la maldita tapa no salía, y los movimientos que hacía para desmontarla lo llevaban a apoyar su entrepierna contra el culo del muchacho. Y podía jurar que cada vez que eso pasaba, el adolescente gemía suavemente.

Por fin la tapa salió, y Marcos la dejó a un costado. Estaba agitado, y no precisamente por el esfuerzo.

“Gracias . . . ehh . . .”

“ . . . Andrés”.

“. . . Andrés. Gracias. Fuiste de gran ayuda”.

“De nada, hombre. Fue un placer”.

Marcos miró al muchacho. Tenía una sonrisa indescifrable, y no había ni sorna ni burla en el tono con que había dicho esas palabras.

El técnico revisó el equipo, y comprobó que estaba en lo cierto con respecto a la causa de la avería. Entonces buscó el repuesto que necesitaba en su caja de herramientas para reemplazar el dañado, y se puso a trabajar.

Mientras tanto el adolescente permanecía en silencio, sentado en el brazo de un sillón sin dejar de mirarlo.

La reparación estuvo lista en cuestión de minutos, y cuando el equipo arrancó sin hacer ningún ruido Marcos sonrió satisfecho de su tarea. Entonces llegó el momento de poner la tapa nuevamente. El técnico hubiese preferido evitar la experiencia anterior, pero apenas tomó la chapa en sus manos el muchachito saltó de su asiento y se acercó para ayudarlo nuevamente.

“Ehh . . . no, no te molestes, creo que puedo hacerlo solo y . . .”

“Ni hablar, hombre!. No me cuesta nada, y tu no muerdes ¿Verdad?”.

El joven se ubicó en la misma posición que antes, y Marcos tragó duro. Intentó calzar la tapa sin rozar al adolescente pero le resultó imposible, y contra su voluntad volvió a apoyar su paquete en el culo del muchachito. Y otra vez sintió como deliberadamente le refregaba las nalgas contra su verga.

De nuevo Marcos intentó controlarse, pensando que en realidad era el culo de otro hombre el que estaba sobando su entrepierna. Pero la provocación era muy fuerte, y la irreprimible masculinidad de sus treinta años comenzó nuevamente a endurecer su miembro. Sus pensamientos se nublaron, y por más que trataba de concentrarse no podía dejar de mirar los brazos del joven e imaginar que suave debía ser la piel de esa mezcla de hombre y niño. A su nariz llegaba el suave perfume del imberbe, y por un instante sintió la tentación de besar y mordisquear ese cuello delicado que se ofrecía al alcance de su boca.

Haciendo un esfuerzo para dominarse, Marcos terminó de calzar la tapa del aparato y ajustar los tornillos. Pero se dio cuenta que su excitación era evidente por el bulto en su pantalón y la respiración agitada, y poniendo como excusa que debía usar el baño salió de la habitación.

Mientras se refregaba las manos debajo del grifo abierto, el técnico se miraba en el espejo y trataba de ordenar sus pensamientos. Nunca le había pasado nada parecido con un hombre. Trataba de serenarse, pero su verga seguía tumefacta y latía dolorosamente en su pantalón. Se secó las manos y se paró frente al inodoro, y sacando su polla comenzó a orinar. La hinchazón de su miembro hacía que el chorro saliese fuerte y sonoro, cayendo ruidosamente contra el fondo de agua del tazón. Cerró los ojos un instante, sintiéndose aliviado por la presión que bajaba en su vejiga, pero cuando los abrió de nuevo vio la puerta del baño entreabierta y a Andrés apoyado contra el marco.

El técnico se sobresaltó y estuvo a punto de lanzar un grito. Hubiese querido guardar la verga en el pantalón, pero no podía cortar el chorro que seguía saliendo caliente y poderoso. Andrés rió divertido ante la reacción del hombre. Un tanto molesto, Marcos le pregunto que quería.

“Nada. Sólo venía a decirte que mi madre fue al super, y me ha dejado a cargo.”.

El muchacho notó la turbación del técnico, y sonriendo le dijo:

“¡Pero vamos hombre, no te apenes, que no es la primera polla que veo!. Aunque por cierto, la tuya es bien bonita . . .”

Marcos tragó duro, y nervioso notó que su verga estaba hinchándose otra vez.

“. . . gruesa y cabezona . . .”

“Por favor, no sigas” suplicó el técnico.

“ . . . muy venosa . . .”

“ No sigas, te lo ruego”.

“ . . . y mira, yo diría que se está endureciendo, verdad?”

El chorro por fin dejó de salir. Entonces Andrés entró y se paró junto al hombre, y extendiendo la mano le tomó la gruesa polla que ya estaba bastante erguida. Después se agachó, y acercando sus labios la metió completamente dentro de su boca y comenzó a mamarla con verdadero deleite.

Marcos se sentía desbordado por la situación. Su conciencia le decía que no podía seguir adelante, pero la dureza de su verga contradecía lo que su sentido común le dictaba. Las sensaciones contrapuestas batallaban en su cabeza, pero con cada chupada que el mocoso daba en su mástil sentía que la voz de su lado racional iba atenuándose . . . apagándose . . . hasta que enmudeció.

Andrés manejaba la lengua de maravillas, y evidentemente no era la primera vez que mamaba una tranca. Sus suaves labios se deslizaban por el durísimo tronco, y cuando llegaban a la cabeza se detenían para dejar que la lengua recorriese cada recoveco.

Marcos ya no pensaba, y su cuerpo sólo se concentraba en el placer creciente que estaba sintiendo. Su garganta dejaba escapar quejidos ahogados de gozo, y sus manos temblorosas se posaron sobre la cabeza del adolescente acompañando el suave vaivén sobre su agarrotado miembro.

Al cabo de unos minutos Andrés sacó la verga de su boca y se levantó, cerró la puerta del baño, bajó la tapa del inodoro e hizo sentar a Marcos. Después se quitó el short y la remera y se paró frente al hombre con las piernas abiertas. Entonces puso una mano en la nuca del técnico y comenzó a descender lentamente sobre la polla del hombre, tomándola con la otra mano para guiarla a la entrada de su culo.

“No . . . esto no está bien . . . por favor, no sigas . . .”

“Shh . . .”

Marcos quiso seguir protestando, pero cuando abrió de nuevo la boca el muchachito puso sus labios sobre ella. El aliento del hombre se vio invadido por el gusto a chicle de fresa de la boca del adolescente, y su lengua de adulto recibió la caricia de la joven lengua rosada. Quiso separarlo, pero cuando apoyó sus manos en el cuerpo de Andrés sintió la suavidad de la piel del muchacho. Entonces perdió el resto de cordura que le quedaba, y apretujando con sus nervudos brazos el delgado cuerpo de Andrés respondió con ardor al beso húmedo.

El técnico se puso de pie, cruzó las piernas del muchacho alrededor de su cintura, y sosteniéndolo por las nalgas fue bajándolo lentamente sobre el tronco de su pija hasta insertarla por completo en el culo del jovencito. Andrés gimió, y aferrándose a la nuca del técnico comenzó a subir y bajar por el durísimo mástil que lo estaba empalando.

Marcos notó que su miembro, a pesar de que era largo y grueso, había entrado casi sin dificultad en el ano del chico, y supuso con razón que ese tierno culo había sido desvirgado mucho tiempo atrás.

“¿Con quién . . . has hecho esto . . . antes?”.

“Pues . . . con mi padre . . . y algunos de sus amigos”, dijo entre jadeos el adolescente.

La respuesta dejó helado a Marcos. Su conciencia adormilada se despertó sacudida por la revelación, pero el animal desatado que había tomado control de su persona la acalló nuevamente diciendo que seguramente el muchacho había mentido. Pero lo que más le molestaba era que las palabras lo habían calentado aún más, haciendo que su verga se pusiera tan dura hasta el punto de causarle dolor. Estaba tan excitado que después de unos pocos movimientos más del adolescente sintió que iba a correrse. Su vergajo se hinchó, y en medio de gritos ahogados comenzó a descargar andanadas de lefa espesa y caliente en el esfínter del jovencito. Andrés no resistió mucho más, y jadeando acabó en su propia mano para no manchar la remera de Marcos. Después el técnico lo sacó lentamente de su polla que aún seguía dura, y lo dejó con suavidad en el piso.

Andrés se vistió y Marcos se acomodó la ropa. Después salieron del baño, justo antes que la madre del muchacho regresara del supermercado. La señora comprobó complacida que el equipo de aire funcionaba perfectamente, y después de elogiar el trabajo del técnico y abonar lo que correspondía le pidió a su hijo que acompañara a Marcos a la salida.

El muchachito guió al técnico, pero cuando estaba por abrir la puerta se acercó al hombre y le apretó el paquete con la mano.

“¡¡Estas loco!! ¡¡Está tu madre!!”.

“Me gustaría probar esto de nuevo”.

“Yo . . . no . . . ¿Es cierto lo que dijiste de tu padre?”.

“Pues claro! ¡Mi padre coge de maravillas!”.

“No puedo creer que tu padre te folle”.

“Pues créelo, porque es cierto”.

Andrés le guiñó un ojo, y mientras cerraba la puerta le dijo “¿Sabes? Creo que el equipo de aire del cuarto de mis padres va a descomponerse pronto, y vamos a llamarte a ti para repararlo ”.

“No, no vendré”.

“¡Claro que vendrás!”.

Andrés se llevó la mano a la sien a guisa de saludo, y luego cerró la puerta.

Por unos instantes, Marcos se quedó como clavado en el rellano. Después bajó los escalones de la entrada y dio unos pasos por la vereda. Por más que trataba de evitarlo, las imágenes de lo vivido desfilaban ante sus ojos, atormentándolo. Entonces, una sensación de angustia comenzó a invadirlo, porque se dio cuenta que su mente quería olvidar al adolescente . . . pero su cuerpo lo deseaba desesperadamente.

izakyel@yahoo.com FOTOS

Este artículo no tiene comentarios.

Escribe un comentario







Código de Validación:

Introduzca el Código de Validación:




Estadisticas Usuarios

  • Online: 46

Categorias

Articulos Relacionados

Articulos Mas Vistos

Nuevos Comentarios

Recomienda Superrelatos a Tus Amigos

Tu Nombre:

Correo de Amigo:

Código de Validación:

Introduzca el Código de Validación: