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Muy Putita

 Hola, heme aquí de nuevo.
Estos tiempos de trabajo intensivo me han tenido fuera de circulación, pero aquí estoy. En esta ocasión rememoraré a una amiga de la familia, que trabaja desde hace años en mi casa, siendo la ayudante de mi madre en su salón de belleza.
Silvia, tal su nombre, siempre ha sido una mujer que se desvive por sentirse más joven de lo que es. Ella cuenta en la actualidad con 45 años, tres hijos y un marido cuyo principal defecto es pasear por los parques pues se enrosca los cuernos en cuanto árbol trata de superar. Pero esa no es la idea del relato, allá el y sus cuernos.
Comenzaré el relato tratando de describirla. En de baja estatura, unas tetas que te sacarían dos jorobas si la chocaras de frente, un culito bastante recomendable y una carita de traga-pijas fenomenal.
En definitiva, una gordita devenida a sex-symbol, bastante buena.
De esta historia hace mas o menos unos veinte años. Yo, un guacho que recién se despertaba al sexo y ella una hembra que completaba el magro sueldo de su militarísimo marido con el sudor de sus nalgas.
No nos sorprendía a Leo y a mí verla subirse a la 4 x 4 de Abel (viejo verde, si los hay) buscando dar un impulso ostensible al sueldo de su marido.
Charlando con mi socio de la adolescencia, le jugué una apuesta: “a que le toco el culo y me la afirmo?” le dije un martes por la tarde, “estás en pedo, si le jode te manda tragado con tu vieja y te fajan. No seas nabo” fue su respuesta.
Aún así, decidí jugármela. “El viernes, será el gran día. Me le voy a afirmar a ese culito”.
Durante los tres días siguientes fui planeando la estrategia de apoye y casi franeleo.
Cuando el jueves se fue a su casa, en la 4 x 4 de Abel la noté tensa. Su risa fácil no salía con naturalidad era más bien forzada.
Durante la cena, mi vieja contó que el marido de Silvia sospechaba de Abel y que ella pensaba “darle descanso” por unas semanas. Esto fortaleció mis ideas que, pajas mediante, ya iban más allá de un apoyo rondaban en tumbármela sin más ni más.
Desde la mañana del viernes, empecé a precalentar franeálandome a Virginia (amiga de mi hermana menor) Y llegó la tarde; las 14:30 llegó Silvia con una calza blanca que traslucía una tanga reducida a la mínima expresión. Un triangulito que marcaba los labios de su conchita y una tirita que se perdía en su cola que parecía gigante ante tan minúscula tapa.
La blusa liviana para evitar el calor, dejaban fieles marcas en sus pezones marrones que parecían botones sacados de un tapado.
De más está decir que me puse “al palo” con solo verla y una brutal paja ayudo a bajar un poco los decibeles.
Siendo las 16 horas empezaba la infaltable rueda de mate, la ausencia de clientas mandaba a Silvia rumbo a la cocina a calentar el agua y preparar la infusión. Allí comenzó el ataque.
El calor era insoportable en la cocina por lo que me pidió, dada su escasa altura, que abriese la banderola de ventilación para dejar escapar el calor. Ni lo dudé. Caminé hacia ella y colocándome detrás de ella estiré mi brazo tomando la manija de la banderola y la bajé muy lentamente mientras afirmaba mi herramienta en su culo.
Se sorprendió, pero nada dijo habrá pensado que era algo normal y no una apoyada. Sólo tomó conciencia de ello cuando demoré 4 minutos en un proceso que con mucha suerte llevaba solo 30 segundos.
“qué hacés?? Me estás prensando con tu pija!!!” Fueron sus palabras en tono medio altisonante.
“Sí, te estoy midiendo la zanja” le respondí.
“Me vas a dejar la tanga de tatuaje!! Estás alzadísimo” me recriminó.
“Si loba, me tenés re-caliente. Te arrancaría le calzón con los dientes si pudiera” Me la jugué a fondo.
“Vamos a ver si te animás, tu madre tiene una jornada el lunes y yo tengo que venir a atender a una vieja. Vamos a ver si tenés los huevos para cogerme”.
Me dejó frío por unos momentos, se fue con la pava y el mate a la peluquería revoleando el culo.
El resto de la tarde pasó entre intento de afirmadas y escapes, siendo más los primeros que los últimos. Al retirarse a su casa, saludo a cada uno de los presentes incluyéndome a mí que estaba en la cocina tomando unos mates, ocasión que aproveche para mandarle una hermosa mano en la cola, desde el inicio de su conchita hasta el final del culo.
El sábado, yo jugaba al básquet desde las 14 a las 16:30 no estaba en casa. Llegaba todo transpirado y derecho a la ducha.
Cuando entré, salude a los presentes y avisé a mi madre que me bañaría para evitar que me abriese el agua y me provocase una quemada violenta.
Estando bajo la ducha y con el cabello lleno de shampoo (con los ojos cerrados), sentí que la puerta se abría, le recriminé a mi hermana su entrada pero otra voz me respondió y sin dudar me dijo “vine a ver la mercadería disponible”. Era Silvia que volviendo del depósito de productos del salón de belleza se había metido a verme al baño.
Desnudo, con los ojos irritados por la caída del shampoo en mis ojos no atiné siquiera a taparme y mi “muchacho” estaba reducido a su mínima expresión producto del agua fría.
Su risotada fue gigante, igual que mi vergüenza. “¿Con ese maní no me haces ni cosquillas?” dijo y salió presurosa.
Me las iba a pagar, me humilló y se aprovechó del momento. Eludió todo tipo de contacto el resto de la tarde cosa que me puso furiosísimo.
El lunes, mi madre me dio todas las instrucciones de rigor previo a su partida. Que mi hermana fuese a lo de mi abuela, que le colgase las toallas de la peluquería, etc.
Llegó la recomendación final: “Cuidá que Silvia atienda a Chola y no le des un minuto a solas en la casa, está muy falta de plata porque no puede verse con Abel. Que no le lleve nada!!”
Aceptando todo aquello, me despedí de mi madre y comencé mi tensa vigilia.
A eso de las 15, sonó el timbre. Silvia se asomaba por la puerta principal, trataba de observar quien estaba dentro. Juntando toda la calma posible, fui a abrir. Para mi sorpresa venía con la clienta a quien debía atender. Tuve que dejar las manos quietas, pero le recordé al oído la deuda pendiente. Se rió y pidió a la clienta la esperase unos minutos, pues debía refrescarse tras haber recorrido las 30 cuadras que separaban su casa de la mía en bicicleta. Aquella mujer aceptó y se dispuso a leer una revista mientras esperaba.
Aquí comenzó mi venganza. Ella se dirigió al baño y segundos después yo me encaminé tras ella.
Sin mediar palabra, me metí en el recinto y la halle quitándose la blusa y despojada de su short azul. La vista era memorable, su zona erógena estaba totalmente depilada y brillaba por el sudor sus pechos eran dos gemas gigantes bronceadas y melosas.
Antes que pudiese reaccionar, me abalancé sobre ella y hundí mi lengua en su conchita húmeda y salada. Tal como le había prometido, le arranqué la tanga con los dientes y llené sus labios con mi saliva, confundiéndola con su sudor.
Me tomó de la cabeza, trató de quitarme pero no pudo. Mis chupadas vencieron su resistencia y comenzó a bombearme su concha contra mi boca, llegando a un orgasmo rápido y muy jugoso.
“Así empiezo a romperte, más tarde te voy a dar hasta por la oreja” le dije y salí del baño antes que la clienta la reclamara.
La atendió en 25 minutos, aproximadamente. En tanto, yo me senté en la peluquería a espaldas de la clienta y le mostraba a Silvia como tenía el instrumento de parado y duro. Se agitaba y su respiración se entrecortaba de tanto en tanto.
Sabía que la estaba torturando, pues su marido no la cogía porque estaba acuartelado y Abel había viajado por negocios, estaba sola y a falta de acción. Era consciente que lo mío era un pasatiempo para ella pero pensaba disfrutarlo.
Sobre las 16, había terminado con la clienta quien pagó y tras saludarnos emprendió la retirada previo a preguntar por mi madre. “Viene sobre las 18, ¿quiere dejarle algo dicho? Yo la voy a esperar” respondió Silvia. Agradeció el gesto la mujer pero adujo que volvería pasada aquella hora y se retiró.
Caminé rumbo a la puerta, cerré con llave y me volví hacia mi presa. Estaba acomodando sus útiles de trabajo sin prestarme mayor atención. Aproveche el momento, me tiré sobre ella. Aferrándome a sus pechos inmensos y tratando de colocar mi verga a través de su delantal.
Pegó un leve grito, por la sorpresa, pero no paso de allí mis manos se fueron a rumbo a su concha eludiendo su breve indumentaria mientras mi verga salía de mi short camino a su cola.
“Esperá, no seas turro!!!” fue lo último que recuerdo haber escuchado, pues al correr su ropa mandé a fondo mi instrumento en su cuerpo y perdí noción de tiempo y espacio.
La tumbé sobre un sillón, dejándola boca abajo mientras le mandaba fuerte y más fuerte los empellones, hundiendo mi verga cuanto podía en su vagina.
Gimió y empezó a acompañar mis empujones, habrán sido 20 minutos no más cuando acabé en sus entrañas.
Caí sobre ella, rendido.
Al cabo de unos minutos, se zafó de mí; giró y me puso de frente a ella.
“Sos un animal!! Yo también quiero gozar, tenés que hacerlo más despacio” Dijo.
Asentí con la cabeza y traté de incorporarme, no me dejó.
“Ahora, voy a cogerte yo” y sin más se subió a mi y empezó a cabalgarme fueron 40 minutos en los que llegó a dolerme la verga por la furia con que me montó y sacudió.
Pareció desfallecer. Se bajó de mí y caminó rumbo al baño.
Sentí abrir el grifo y comenzar a caer el agua, traté de rehacerme y fui hacia allí.
“Pasá, que debes estar muerto, tanto calor y tanta concha. Bañate o tu vieja se va a dar cuenta” ordenó.
Me meti en la ducha, recien alli observe cada curva de su cuerpo y esas tetas maravillosas. El agua me revivió a mi y a mi muchacho que se puso firme, tratando de buscar el camino a su cuevita.
“Ah bueno!! Querés más? Te doy más, ya que a mí me hace falta...” dijo la zorra.
Salimos de la ducha y nos fuimos a mi pieza, se tumbó en mi cama y abrió sus piernas invitándome a entrar en ella nuevamente.
Me detuve, pensé 5 segundos y le dije: “Vos necesitas plata, yo tengo para darte pero tenés que cumplirme una fantasía”
“¿Crees que soy puta? Yo me encamo con quien yo quiero y como quiero” casi gritó.
“Esperá loca, haceme una turca con acabada a boca abierta y te doy 100 pesos. Muero por acabar con tus tetas llenándote la cara de leche” Repliqué.
Me miró como para putearme, pero antes de que lo hiciese me le tire encima tratando le colocar mi verga tan alto como pudiera en su cuerpo. Forcejeó y caímos al suelo ella sobre mí. Su conchita a milímetros de mi boca, fue una invitación. Comencé a chupar desaforadamente y se mojo de modo terrible gemía y gozaba, pedía más.
Casi sin querer, se llevó mi verga a sus tetas y comenzó a cumplir mi fantasía. Fue como cogerla aquel canal que dejaban sus pechos. No tarde en llegar, tampoco ella. Se levantó y me miró, tenía su cara salpicada de semen.
Era mi fantasía cumplida. Fue a bañarse nuevamente, volvió ya cambiada.
“Es la primera y la última vez que haces esto conmigo. Yo te consigo putitas de aquí pero a mí no me tocas más. OK?” dijo.
“No te gustó?” le pregunté.
“Si me gustó, pero me molestó que me llamaras puta. Por lo que si me queres coger, vas a tener que pagar como Abel, y no creo que tengas tanta plata.” Fueron sus últimas palabras. Se sentó en la peluquería a esperar a mi madre. Me senté frente a ella, la miraba detenidamente, se manoseaba y mucho tratando de tentarme pero al acercarme me detenía diciendo “Cien, el polvo, sino conformate con mirar”.
Ha pasado el tiempo, Silvia sigue siendo muy puta. Se coge cuanto macho tiene guita, pero a mi, me quiere cobrar como venganza de aquella tarde de verano.

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