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Las Brujas -7ª Parte

Cierto día Ónix tuvo que salir de la ciudad por algún asunto relacionado con sus actividades académicas.
Me quedé en casa, así como estaba: devastado. Tenía que poner un poco de orden en mi cabeza, elaborar una estrategia o pensar en algo que me librara de esa situación tan miserable en la que me hallaba.
Pero esa noche sonó el timbre de la puerta. Era Roxana.
Entró a mi casa y nos fundimos en un abrazo lleno de ternura y amor. Aunque también nos dimos un beso colmado de ardor y pasión.
--¡Mi amor! ¡Te he extrañado tanto!
--¡Roxana! ¡Me has hecho mucha falta!
Mientras hablábamos no dejábamos de besarnos, haciendo jugar nuestras lenguas. Nos encaminamos así a la habitación, abrazados y quitándonos la ropa en el camino.
Así llegamos a la cama, casi desnudos y con una calentura tremenda. La mía peor, supongo, porque Ónix no me había permitido tener un desahogo sexual durante todos los días que llevaba ejecutando su venganza, así que mi pito estaba a punto de estallar.
--¡Pobrecito! -dijo Roxana cuando vio mi condición -¡La falta que te ha de hacer echarte un buen palo!
--Pero, ¿cómo lo sabes?
--Sé todo lo que te ha pasado estos días, mi amor. Pero olvídate de eso por un momento y hazme el amor...
Terminé de quitarme las últimas prendas. Rox ya estaba desnuda y de inmediato se arrodilló frente a mí, tomó mi verga entre las manos y acercó la boca para besarle la cabeza.
Después empezó a lamer mi palo, desde los huevos hasta la cabeza... despacio, de arriba para abajo y luego de nuevo para arriba, mientras con una mano me sobaba las bolas y con la otra jugueteaba con la entrada de mi ano (¡esa pinche afición de las brujas por los anos!).
Yo necesitaba un desahogo urgente. Eran ya muchos los días en que no había podido coger ni venirme, así que aferré con las manos la cabeza de Rox y la obligué a acelerar sus movimientos sobre mi verga mientras yo movía las caderas adelante y atrás, literalmente cogiéndomela por la boca.
Ella aguantó los embates y se adaptó a los movimientos, procurando mi placer antes que el suyo. Esa diosa arrodillada gemía de gusto, con la boca llena.
No tardé mucho en sentir que se aproximaba la eyaculación y aceleré los movimientos de mi cuerpo. Mi verga se endureció más y empezó a soltar chorros y chorros de semen. La carga que había acumulado durante muchos días.
Aunque Roxana trató de retener mi leche en la boca, los disparos que no cesaban la hicieron tragar una buena dosis, y otra parte empezó a escapársele por las comisuras de los labios.
Aquello fue una orgía de leche. Luego de muchas descargas, finalmente hallé reposo. Respiré hondamente al tiempo que Roxana se ponía de pie y me besaba en la boca, para pasarme el poco semen que había podido retener.
Por su barbilla mi leche escurría hasta su pecho, donde sus dos pezones, erectos a más no poder, parecía que querían taladrar mi pecho.
Nos besamos ardientemente y probé nuevamente mi semen, entregado en mi boca por la boca de Roxana.
La lengua de la bruja jugueteaba como una pequeña serpiente dentro de mi boca, mientras sus manos sobaban mi verga. Yo, por mi parte, acariciaba su pecho con la izquierda y tenía la derecha entre sus piernas, con mi índice buscando la entrada de su complaciente coño.
Roxana gemía como gata en celo y movía las caderas, buscando que mi dedo penetrara más a fondo en su dulce cueva.
Nos besamos así unos minutos, hasta perder el aliento. Nos dejamos caer de lado en la cama y empezamos a fajar como desesperados... mi verga estaba durísima otra vez y su coño estaba empapado y calientísimo.
Yo no estaba para juegos... necesitaba desahogarme otra vez, y pronto. Así que me acomodé sobre ella en la posición de misionero y le clavé la verga de golpe, sin miramientos... ella pujó al recibirla, pero no dejó de sonreír y de mirarme con ternura.
Mi verga, después de tantos días, estaba por fin enterrada en un coño caliente, húmedo y amoroso... no podía yo ser más feliz.
Para colmo, Rox empezó a hacerme el perrito mientras nos dábamos las lenguas con ardor.
Dadas las circunstancias, no es de extrañar que otra vez me viniera rápidamente... no habían pasado más que unos cinco minutos cuando mi pene empezó a lanzar nuevos y abundantes chorros de esperma dentro de esa vagina deliciosa. Sin embargo, no se la saqué. Nos seguimos besando y Rox me siguió haciendo el perrito hasta que el pito se me paró otra vez.
--¿Me la metes por atrás?-preguntó mi bruja con una voz inocente y melosa, como una niña que pidiera un dulce.
¿Cómo negarme? Se la saqué de la vagina y me hice hacia atrás, para permitirle a Rox acomodarse de a perrito, pero en vez de eso, así como estaba, acostada de espaldas, lo único que hizo fue levantar las piernas hasta casi tocarse la cabeza con ellas, movimiento que dejó al descubierto su rosado y apretado ano.
--Ven, cariño... te quiero así.
Me acomodé sobre ella, otra vez en la posición de misionero, pero ahora apunté la cabeza del miembro hacia su agujero posterior. Casi podría jurar que su ojete me hizo un guiño cuando vio acercarce mi verga.
No necesitábamos lubricación extra. Tanto mi verga como su ano estaban llenos de los fluidos de nuestro encuentro anterior, así que fue cuestión sólo de hacer una ligera presión en su culo y ya mi pito estaba completamente metido en sus cálidas entrañas. Una vez más, Rox soltó un pugido de satisfacción.
Una vez que me acomodé perfectamente en su ano, Rox bajó las piernas hasta hacerlas descansar sobre mis hombros. Empecé entonces los movimientos de metisaca mientras sobaba sus pantorrillas y sus muslos perfectos. Ella, en tanto, usó la mano derecha para masajearse el clítoris y puso la otra frente a mi boca. Le chupé los dedos. Los gemidos de ambos llenaron la habitación. Esa era la música más perfecta que podía haber en ese momento.
Seguí metiendo y sacando la verga de ese estrecho agujero, primero lentamente y luego, poco a poco más rápido. Mientras tanto, la hábil Roxana, con las piernas sobre mis hombros y ensartada por el culo, se apoyó en sus brazos, separando la espalda de la cama. Pasó entonces una de sus piernas sobre mi cabeza y quedó de lado, mientras yo seguía bombeando en su ano. Luego simplemente siguió rotando y quedó boca abajo, en la clásica posición de perrito, mientras yo seguía metiendo y sacando el miembro.
El hecho de haber dado la vuelta sin desensartarse me excitó sobremanera, de modo que aceleré mis movimientos mientras ella gemía, pujaba y se acariciaba el clítoris.
Una vez más, en el momento en el que sentí llegar el orgasmo y solté las compuertas de mi leche, Roxana llegaba al suyo, simultáneamente.
Llené sus entrañas con una muy abundante descarga de semen, mientras resoplaba ruidosamente y Roxana gritaba de placer... Más música maravillosa.
Nos venimos los dos y caímos derrengados en la cama... sólo atinamos a abrazarnos y a hacernos caricias y darnos besos tiernos hasta que recuperamos el aliento y la serenidad.
--Carlos, te amo tanto... quiero sacarte de este infierno-dijo la bruja.
--¿Sabes lo que me pasa?
--Sí, lo sé. Pero hasta ahora no he podido hacer nada... Ónix es más poderosa que yo.
--¿Qué puedo hacer, Rox? Ayúdame...
--Ten un poco de paciencia... las muchachas están tratando de ayudarme.
--Ya no soporto más esto.
--Ten paciencia... yo te voy a ayudar.
Volvimos a abrazarnos y a besarnos y poco a poco nos quedamos dormidos.
El día siguiente, con Ónix aún ausente, fue delicioso para mí. Desperté al lado de Rox y pasamos todo ese día cogiendo y mamando como unos recién casados en su luna de miel. Nos deteníamos sólo para refrescarnos en la regadera o para comer algunos bocadillos. Y seguíamos cogiendo como locos.
Pero llegó el momento de despedirnos, pues era inminente el regreso de Ónix.
--Voy a sacarte de esto, sólo ten un poco de paciencia-fue lo que me dijo Roxana al despedirse.

(CONTINUARÁ)...
Un aprendiz de escritor necesita retroalimentarse


anonimo FOTOS

1

daplek on

siqueee con laa historiaa!

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