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La Putilla y el Cliente

Siempre me han gustado los "test eróticos", me parecen una manera muy agradable de conocer a las personas. Una vez, en un intercambio de este tipo de test un amigo me preguntó si lo había hecho alguna vez por dinero, yo contesté que no y que de hecho la idea ni siquiera me excitaba; el me contestó que tampoco lo había hecho pero que se animaría con una persona de mucha confianza, que le tuviera muchas ganas y que el dinero sería empleado en "una buena causa". Su respuesta me hizo mucha gracia, tenía razón, viéndolo de ese modo, como un juego sensual no tenía nada de malo, incluso la representación de papeles de ese tipo podía resultar más que excitante.

La idea de hacer algo así me rondó la cabeza un buen tiempo pero ningún hombre me convencía del todo como para proponerle hacerse pasar por un cliente y yo por una prostituta. No podía ser con cualquiera.

El tiempo pasó y el asunto quedó recluido en un rincón de mi mente hasta que me encontré en el msn con Pepe, mi padrino de matrimonio con el cual no hablaba hacía varios meses. Pepe y yo éramos amantes ocasionales y teníamos ganas de vernos. Se me ocurrió entonces que nuestro encuentro podría ser, no como otras veces sino representando esos papeles que tiempo atrás habían rondado mi cabeza.

A él le pareció más que bien, le sonó excitante, divertido, lujurioso… vernos de esa manera era algo que nunca habíamos hecho. Por lo general uno de los dos le decía al otro "tengo ganas de acostarme contigo", así, escuetamente, sin preámbulos salvo una cerveza antes de... y luego para el motel, sin pudores, sin promesas, sin antes ni después, solo encontrarnos y empezar nuestro ritual amatorio sin decirnos nada. En esta ocasión el ingrediente del sucio dinero le aportaba algo inusual e innovador... y como ambos somos geminianos el tedio y la rutina nos aburre mientras las ganas de probar cosas nuevas es el pan de cada día en nuestras vidas.

El llegaría de un viaje de trabajo el día lunes y nuestro encuentro se llevaría a cabo al día siguiente a las 6 pm…

Ese día, el "día cero" yo estaba hecha un manojo de nervios, porque como suele pasarme muy seguido tomo mucho impulso, decido algo de repente y luego me arrepiento, lloro a mares, pienso en salir corriendo y después de la crisis termino haciendo las cosas según lo planeado.

Pasé toda la mañana en pequeños rituales de belleza pero aún así me sentía insegura, me miraba en el espejo y solo me concentraba en mis defectos… Dios… era la primera vez que me encontraba con alguien y que sabíamos de antemano a lo que íbamos, al grano, a la cama sin decirnos una palabra… casi ni el saludo y con dinero de por medio. Que sucia me sentía...

Luego me tropecé con otro inconveniente… supuestamente yo sería una prostituta y no tenía ropa apropiada, siempre he sido muy clásica para vestir, medio mojigata, no tengo minifaldas ni blusas muy escotadas… eso representaba un problema. Al fin me decidí por un jean ajustado, zapatos de tacón y una blusa negra con un escote en V ligeramente pronunciado. Me maquillé y peiné especialmente para él, algo de perfume, una cartera y… rumbo a mi cita. Tenía que probar mis dotes de actriz y convencer a un "cliente" y aunque en un primer momento no estaba convencida del todo poco a poco la idea me empezó a gustar muchísimo. No parecía una cualquiera pero si me veía mas provocativa que de costumbre.

El punto de encuentro: una esquina en el centro de la ciudad, no muy transitada, no muy sola. Pepe estaba allí esperándome muy puntual, yo lo miré de reojo y sonreí, luego bajé un poco la cabeza y seguí de largo. El me siguió, caminando unos pasos detrás de mí observando toda mi parte trasera. Seguí caminando sin voltearme, confiada en que me seguía, así durante unos segundos hasta llegar a un hostal. Era la primera vez que entraba a pie a un lugar de esos, como una verdadera prostituta, corriendo el riesgo que alguien me viera, pero a mayor el peligro mayor el placer y estaba excitada, la situación me hacía humedecer, me sentía como una ramera, me sentía deseada como nunca, con el control de la situación y a la vez dispuesta a hacer lo que fuera, a entregarme como nunca lo había hecho en mi vida a un hombre que me fascinaba mas que nadie en ese momento.

Terminé de entrar y observé por encima del hombro que el me seguía. En su rostro podía ver una mezcla de nerviosismo y excitación que me encantaba. Me sonrojé…. A continuación pedí una habitación y cuando me indicaron el número continué caminando mientras el me seguía. A estas alturas, entrando a la habitación de un motel y no habíamos cruzado ni una palabra… era increíblemente excitante para ambos.

Abrí la puerta y el la cerró tras de sí. En medio del silencio del lugar podía escucharse la respiración entrecortada de ambos.

Sacando fuerzas no se de donde le pedí que acordáramos el precio de la mercancía que iba a probar. En ese momento titubeé, me sentí algo mareada por la situación, le estaba poniendo precio a mi cuerpo, a un polvo y aunque fuera solo un juego no dejaba de ser algo duro para mí. Deseché esos tontos pensamientos de última hora y me concentré en pensar cómo debía comportarme.

Después de acordar el precio comencé por librarme de la blusa, sacándola por la cabeza. En la semi-penumbra de la habitación podía ver claramente sus gestos, su silueta, sus movimientos…. Me senté en la cama y me quité los zapatos… luego el pantalón quedando simplemente en ropa interior, todo esto sin dejar de mirarlo a los ojos. Me arrodillé en la cama y le pedí que se acercara. Comencé desapuntando su camisa, acaricié su pecho con las yemas de mis dedos, mis labios rozaron una por una sus tetillas que erectas parecían esperar mis labios hacía meses. La camisa resbaló por sus brazos como por arte de magia. Él, entre excitado y divertido me dejaba hacer, dejaba que fuera a mi ritmo y sin afanes aunque nos apresuraran todos los afanes del mundo unidos, afán por poseernos, afán por fundirnos el uno en el otro, por entregarnos y enlazar nuestros cuerpos….

Desapunté su pantalón, mis manos temblaban… el pantalón cayó al suelo mientras yo acariciaba su paquete por encima de la ropa interior. Acerqué mi rostro a su verga aún escondida y la acaricié con la nariz, con los labios y la lengua… solo la ropa interior me separaba de esa verga que se adivinaba semierecta.

Ambos sabíamos que algo especial iba a ocurrir. Pero antes de eso, una ducha se hacia necesaria, debido al calor y a que simplemente nos apetecía en ese momento.

Me moría de ganas de hacer pis y así se lo hice saber pero el consiguió adelantarse a mi y medio bromeando me dijo que no podía usar el WC, que estaba estropeado. Le dije que no aguantaba, que parara de jugar o no me responsabilizaba de lo que podía pasar. Entonces se sentó (ya totalmente desnudo, al igual que yo) en el WC y me dijo que solo lo podía hacer sentada encima suyo. Lo miré sorprendida, pero pronto vi esa mirada de diablillo en sus ojos y con los míos le di a entender perfectamente que aceptaba su juego. No le conocía esos gustos pero después de todo el era el cliente y por lo tanto tenía la última palabra. Ese día sus deseos eran órdenes para mi.

Sonriendo coquetamente me acerqué lentamente a el, me senté encima de sus muslos abiertos, lo besé con pasión en la boca y le susurré al oído: Tú lo has querido, pero te van a caer litros... El me respondió con un beso aun más apasionado, tomó mis nalgas en sus manos y me dijo que estaba preparado para eso...y mas. Su pene se puso mas duro aun, rozaba ya mis pelos. Nuestras lenguas se encontraron, bocas abiertas, labios pegados, alientos cruzándose, nos fundimos en un beso increíble, de los que te quitan el aliento. Aun besándonos, relajé los músculos y dejé caer sobre su capullo las primeras gotas de ese oro liquido tan apreciado por el y por su cuerpo. Pronto esas gotitas se convirtieron en algo más poderoso y al chocar con su capullo y su miembro rígido salpicaron la cara interna de sus muslos y sus testículos que colgaban debido a su posición. Abrió los ojos y pudo ver cientos de gotitas doradas enredándose en sus pelos y mi cara un poema mezcla de concentración y placer.

Mi chorro se hizo mas fuerte, el se movió ligeramente para que el impacto cayera sobretodo en su polla sedienta, las gotas cálidas de deslizaron rápidamente por el tronco de su verga, jugando al pasar con las venas que sobresalían, para caer al vacío, previo paso por los pelos de sus cojones. El chorro aumentó su fuerza, realmente tenia mucho guardado. Mi lluvia cayó sobre su capullo rosado y húmedo, incluso salpicó su vientre y también el suelo. Me levanté ligeramente y me di la vuelta, dándole la espalda. Me puse de pie, las piernas abiertas una a cada lado de la taza, eché mi culito hacia atrás, hasta que pudo besarlo fácilmente, puse mis manos en sus muslos y de nuevo comencé el torrente que había interrumpido. El tenía un primer plano de mi culo y de mi fuente amarilla, la cual caía con menor fuerza sobre su vientre, polla, muslos... La visión era fantástica, el aroma que tenia a escasos centímetros de su nariz era embriagador y deseaba que no terminara nunca. Pero por desgracia tuvo que acabar con parte de su cuerpo bañado en mi cálido y dorado néctar y las infinitas gotas recorriendo cuesta abajo las partes de su cuerpo en las que cayeron. Cuando el chorro se apagó y las ultimas gotitas salieron perezosas de mi chochito creímos estar llegando al éxtasis. Una vez que paró la lluvia, media docena de gotas, perlas doradas, asomaban por entre los pelos de mis labios. Estuvo muy tentado de llevarlas a sus propios labios, de saborear mi intimidad y misterio. Pero no pudo ser, de repente me levanté, lo miré sonriente, le dije "te avisé que era bastante" y le di un profundo beso en la boca con mi húmeda lengua curioseando dentro de la suya. Me fui corriendo a la ducha, donde me encontró bajo el agua instantes después.

La ducha fue rápida pero eficaz, nos limpiamos con detenimiento, casi en silencio... de todos modos no teníamos afán pues el premio mayor llegaría en la calidez de la cama. Mientras me secaba el fue a pedir una botella de champagne y dos copas. Me sorprendió y dentro de mi pensé si siempre pedía champagne para estar con una vagabunda... sonreí. Ya en cama la abrió sin derramar ni una gota... POP!...

Sirvió dos copas de champagne. Me tumbé a su lado y brindamos, primer sorbo y un beso lleno de champagne, nos llenamos mutuamente la boca del chispeante sabor, las burbujitas estallando dentro de mi boca como en pequeñas explosiones. Pronto nos dimos cuenta de que podíamos obtener mucho placer repitiendo el juego en otras partes de nuestros cuerpos.

Cuando ya no quedaba gota del espumoso licor en nuestras bocas, nos separamos. Sin hablar, diciéndolo todo con la mirada, nuestros cuerpos desnudos se pusieron de rodillas en la cama. Mojó un dedo en su copa y lo llevó goteante hasta uno de mis pezones, enseguida unió su lengua, saboreando la deliciosa mezcla de mi suave piel con la efervescencia dorada del licor. Volvió a hacer lo mismo en mi otro pezón para que no se sintiera desplazado. Mi reacción fue automática. Mis pezones respondieron enseguida, poniéndose erectos y duros, listos para ser chupados, lamidos y mordisqueados. Mientras, con los ojos cerrados ya me había apoderado de su polla empalmada, acariciándola con suavidad, arrancándole suspiros de gusto. Me desperté de la ensoñación, abrí los ojos, tomé mi copa, le pedí que se acostara en la cama, tomé un trago de mi copa, bajé la cabeza hasta su miembro rígido y me lo metí en la boca, de repente sintió algo nuevo y muy placentero: el champagne que no me había tragado le empapo el miembro, desde el capullo encarnado hasta la base velluda, pasando por el tronco venoso. Fue como si una mini lluvia hubiese salido de mi boca. La mamada que le hice fue deliciosa, yo absorbía todo el champagne como si me quisiera emborrachar.

Cuando creía que se había secado volvía a repetir el juego. En su postura lo único que podía hacer era acariciar mis suaves nalgas, solo con una mano, mientras yo le hacia locuras con mi lengua en su glande y en todo el miembro. Al cabo de unos minutos, sintió que su orgasmo se acercaba. Me pidió que parara o si no iba a estallar. Pensé que me iba a penetrar en ese instante, pero me equivocaba. Me pidió que me acostara, así lo hice, con las piernas bien abiertas. Durante unos segundos se quedó fijo con la exquisita visión que se le presentaba: mi sexo velludo, rosado y brillante, mis labios ligeramente abiertos. Tomó su copa, mojó su dedo y lo llevó hacia mi monte de Venus. Allí se formo un diminuto riachuelo que secó enseguida con su lengua, enredada en mi sensual selva. Mi gemido de placer lo animó a repetir la operación dos o tres veces mas, cada vez llegando mas abajo con su lengua hasta rozarme los labios mayores. Mi aroma le decía todo lo que tenia que saber, le estaba invitando a saborearlo, mi calor, mi humedad lo atraían mas que un oasis en medio del desierto. Esta vez sin otros sabores, acercó su lengua, en cuanto la punta hizo contacto con la carne lo recorrió una corriente de placer y su boca se lleno de sabores y sensaciones mágicas. Yo abría mas las piernas facilitándole la labor. Con sus dos manos en mis nalgas me atrajo mas todavía hacia el, quería ir mas cerca, mas adentro, beber más jugo.

La pasión del momento era enorme. Esta aumentó en el momento en que uno de sus dedos encontró mi pequeño orificio trasero. Tras acariciarlo suavemente por el exterior su dedo comenzó a abrirse paso por el misterioso canal. Antes de seguir, interrumpió durante dos segundos su mamada y se llevó el dedo a la boca para mojarlo bien con la excitante mezcla de su saliva y mis jugos íntimos. Volvió a pegar sus labios a los inferiores míos y su dedo brillante de humedad volvió a juguetear con mi cada vez más húmedo y relajado ano. Su lengua y su boca se estaban dando un banquete con mi elixir, mientras que su dedo se iba adentrando mas profundo en el oscuro y estrecho interior. Yo cada vez gemía mas fuerte, mis caderas se movían rítmicamente, sobre su barbilla empapada y sobre su dedo. Estaba penetrándome por delante y por detrás, con su lengua y con su dedo, su nariz llenándose de la extraña mezcla de aromas, el momento era de una intensidad erótica tremenda. Todos sus sentidos estaban siendo estimulados al máximo, las sensaciones que recorrían su polla anunciaban la inminencia de su orgasmo. Me informó de su situación, y me dijo que o me penetraba ya mismo o no se podría retener. Le pedí que por favor me penetrara.

Levantó su cara (no se la podía ver, pero imaginaba el estado en el que debía estar), retiró poco a poco su dedo pero le dije que lo quería volver a tener dentro. Tras entrar en mi acogedora cueva, se llevó de nuevo el dedo a la boca para llenarlo de su saliva y devolverlo a mi estrecho refugio trasero. Una vez dentro su miembro bañado por el elixir, abrazado calurosamente por las paredes de mi chocho, su dedo en situación muy parecida, nuestros cuerpos empezaron a bailar, el compás enseguida se fue acelerando. Mis gemidos, el ritmo cada vez más frenético y la sensación de poder notar su polla con su dedo hicieron que nuestra danza fuera mas corta de lo que hubiéramos querido. Pocos minutos (tal vez muy pocos) tardó en explotar de placer y felicidad, su semen salió en largos y blancos chorros, realmente abundantes después de tanta excitación. Yo no tardé mucho mas en llegar a mi orgasmo. Tras el clímax, retiró lentamente su dedo invasor.

La cama, hecha un desastre; el aire, cargado de nuestros perfumes más secretos; nuestras caras, recorridas por una enorme sonrisa. Estuvo unos minutos aun duro dentro de mi cueva mientras nuestros cuerpos se relajaban y esa bonita somnolencia se apoderaba de nosotros. Con pena interrumpió la escena para poder limpiarse el pene bañado en su propia leche y en mis flujos, así como su dedo índice.

El estaba vacío, a mi las rodillas me temblaban, había sido una tarde maravillosa, de sueño. Pero el estado de su polla y de su dedo le confirmaban que efectivamente había sido maravilloso, pero muy real... y lo mejor de todo es que ya no pensaba cobrarle.

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