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La Investigacion

Normalmente suelo utilizar mis armas de mujer para conseguir provocar a los hombres, pero se puede decir que debido a mi timidez, lo hago de una manera indirecta como la mayoría de las mujeres, empleando una ropa sexy, haciendo poses sensuales que pueden limitarse a atusarse suavemente el cabello, un lento cruce de piernas, humedecer mis labios o unos andares provocativos, por ejemplo.

Lo que me planteaba ahora era hasta donde podía llegar yo con una insinuación y provocación directa hacia los hombres para de una vez por todas demostrarme a mi misma de lo que era capaz, desterrar mi timidez y utilizar toda mi sensualidad para llegar a excitar a un hombre directamente. Ese sería mi objetivo y lo que pasaría a considerar como:

1. Buscando zapatos

Con la idea de comprarme unos zapatos fue como empecé a trabajar sobre mi investigación personal. Aquel día para empezar el estudio elegí como vestuario una minifalda bien cortita con un tajo por delante, apenas tapaba nada, una camisa de seda blanca muy fina (sin nada debajo), lo que traslucía mis tetas sutilmente y remarcaba mis rosados pezones a la vista de todos, unas medias negras con liguero, unas braguitas blancas y unos zapatos de tacón fino. Me maquillé algo más exagerado de lo normal y me miré al espejo, la que vi, sin duda no era yo y tenía toda la pinta de una buscona, pero al fin y al cabo eso era lo que pretendía para que el estudio saliera como yo deseaba. Me recogí el pelo, me coloqué unas gafas para darle un toque de seriedad, me puse una chaqueta, me armé de valor y salí a la calle.

Llegué a la zapatería y nada más entrar fui objeto de todas las miradas del local, sobretodo masculinas, primero de los dependientes, después de los clientes e finalmente de las clientas. No había mucha gente lo que me permitiría trabajar sin demasiados obstáculos. Dirigí mis pasos hacia el dependiente más joven y apuesto de la zapatería, al fin y al cabo siempre que se pueda escoger... Normalmente estos hombres están acostumbrados a tratar con muchas mujeres y sería un buen parámetro para mi estudio y valorar hasta donde se puede llegar tanto en su caso como en el mío.

- Buenas tardes - me saludó amablemente el muchacho que era muy atractivo y no mayor de 25 años.

- Hola, ¿que tal? - contesté yo toda insinuante con una inclinación de cabeza y una amplia sonrisa.

- ¿En que puedo ayudarla?

- Verá, estoy buscando unos zapatos clásicos que sean de tacón alto. - le dije.

- Muy bien señorita, siéntese por favor y ahora mismo le traigo unos modelos.

Al momento y con diligencia me trajo varios modelos, escogí uno de ellos hice mi mágico cruce de piernas delante de las narices de aquel chico al que empecé a poner más que nervioso. Me despojé de mi zapato de tacón y le pedí que me ayudara pues entre lo corta de la falda y la chaqueta algo larga yo misma no era capaz.

Tomó el zapato delicadamente al igual que mi talón y con una experta maniobra colocó el zapato en pie al tiempo que lo acariciaba sutilmente. Al rozarme sentí un escalofrío que recorrió todas mis piernas hasta llegar a mi sexo, sin duda que aquel primer experimento estaba funcionando a la perfección.

Noté como su mirada se dirigía entre mis piernas adivinando cual era mi ropa interior aunque mi postura no le permitía ver más allá de lo que yo quería.

- ¿Podría meterme el otro por favor? - le pedí en una pregunta de lo más irónica.

Amablemente y guardando la compostura tomó el otro zapato con intención de metérmelo (en el pie). Yo abrí ligeramente las piernas, lo suficiente para que viera el liguero y una oscuridad que le permitiría adivinar que llevaba unas braguitas blancas.

Le miré fijamente a los ojos para ver cual era su reacción y noté que aquello, más que nervioso, le estaba excitando enormemente, sin duda que no me había equivocado y todo estaba saliendo tal y como lo imaginaba.

Me puse de pie, hice un giro para que él me observara perfectamente mis piernas desde su postura agachada, pero al final y no muy convencida le pedí que me trajera otros modelos tipo sandalia para una fiesta con tirillas y hebillas sobre el tobillo.

- ¿Podría metérmelo otra vez? - dije casi ronroneando...

Con cierta diligencia aunque más que excitado procedió a colocarme la sandalia de tacón. Yo le alegré un poco más la vista y abriendo mis piernas un poco más pudo observar con todo detenimiento la parte interior de mis muslos y mis braguitas. Me puse en pie y con las piernas todavía ligeramente abiertas me giré frente al espejo para que él no se perdiera ningún detalle de mi anatomía.

Dirigí la vista hacia su paquete y observe como "aquello" se estaba despertando y reaccionando ante mis sensuales movimientos tal y como imaginaba.

Empezaba a tener dominio de la situación, hasta el punto de que estaba convencida que aquel chico había caído en mi trampa y se dejaría llevar hasta el final, me puse cachondísima de tan solo pensarlo y me animé a ir más allá, todo fuera por la investigación.

Le pedí que me indicara donde estaba el baño y que mientras me fuese buscando unas botas altas, pues las sandalias no me habían convencido demasiado.

Fui al baño y allí me di cuenta lo cachonda que me estaba poniendo. Tenía a un hombre excitado esperándome y yo con una calentura de campeonato, eso se estaba poniendo a 100 y no sabía hasta donde podía llegar. Sin dudarlo, me quité las bragas y las metí en el bolso. Me levanté la falda y al ver mi coñito recortado en el espejo me excité aun más y no pude sucumbir a la tentación metiendo dos de mis dedos para jugar con mi húmedo clítoris. En apenas unos segundos tuve un orgasmo maravilloso que me hizo tambalear...

Me encaminé de nuevo hacia mi vendedor y con unos andares más que sensuales le fui poniendo más cachondo todavía. Me estaba esperando de rodillas en el suelo y con una bota en la mano dispuesto a ponérmela. Yo permanecí de pie y coloqué mi pie al principio de la bota, al ser ésta muy estrecha me costaba apoyar el pie para introducirla completamente, así que me agarré a su cabeza al tiempo que apoyaba la punta de mi pie sobre su muslo pero tan cerca de su bulto que llegué a tocárselo ligeramente. Al tiempo yo permanecía con la otra pierna en el suelo y esa postura con mis piernas abiertas le permitió ver todo mi chochito al natural y con todo detalle. Fue todo uno cuando por el nerviosismo de la situación y sin apartar su mirada de mi intimidad, insertó por completo la bota en mi pie, al tiempo que yo apretaba directamente contra su paquete abultadísimo.

- Disculpe - le dije algo azorada y ligeramente sonrojada.

- No se preocupe, ha sido un placer - contestó con los ojos llenos de deseo.

Me humedecí los labios y le pedí que me pusiera la otra bota, él me indicó que lo mejor era que me sentara y así lo hice, pero separando aún más mis piernas, algo que no le pasó desapercibido pues sus ojos se abrieron como platos. Yo al tiempo abría y cerraba mis piernas suavemente para que viera claramente mis labios vaginales que sin duda le incitaban a ser devorados. Una vez me colocó la segunda bota me puse en pie y me observé en el espejo, él también se levantó y se puso tras de mi, muy cerca, algo que me dio la oportunidad de acercar mi culo hasta su paquete y pasárselo repetidas veces por él, mientras me giraba y le preguntaba:

- ¿que tal me quedan?

- Ma, ma, maravillosamente.... - balbuceaba él todo nervioso.

Mi cachondeo no tenía fin y estaba como loca por tener una polla bien dura dentro de mi mojadito coño, pero decidí que mi primer capítulo de la investigación había finalizado cuando el me agarro por las caderas y apretó su pelvis contra mi culo, ese era el punto final y decidí ponerlo de inmediato, por lo que con la misma y sin llevarme ningún zapato, me despedí de mi excitado dependiente extendiendo mi mano para que él la estrechara. Él intentó invitarme a una copa a llevarme algún que otro sitio sin saber muy bien lo que estaba ocurriéndole. Miré por ultima vez entre sus piernas y noté lo grande que se había quedado aquel bulto por culpa mía. Descarté amablemente todas sus invitaciones y desaparecí de aquella zapatería.

Durante el camino a casa, notaba mi excitación a flor de piel e incluso al subirme al bus y colocarme en la última fila deseaba masturbarme pensando en aquel chico, sin embargo me contuve hasta llegar a casa, donde me me metí bajo la ducha e imaginé que aquel chico con su erecto pene me destrozaban de placer, el primer paso había sido superexcitante.... Había que preparar el segundo...  FOTOS

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