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El Enfermero

 Les cuento que estoy viviendo en Buenos Aires, con mi mujer, pero ella está ahora en Córdoba visitando a nuestras familias por diez días. Mi casa es un despelote, como nunca viví solo y de la casa se ocupa ella, ordenar, guardar, lavar son tareas, muy complejas a la hora de combinarlas. No es que sea machista es que en la división de tareas a ella le toca mas la casa y a mí me tocan otras tareas. Bueno pero esta historia empieza, cuando por la mañana de el séptimo día de ausencia de mi mujer, me levanto, me baño y al salir del baño me di cuenta que no tenía ni un calzoncillo limpio para ponerme. Podía ponerme el pantalón sin calzón pero, además de sentirlo muy incómodo, tengo el problema que sudo mucho y al poco de caminar siento como que se me paspa la zona y eso si que me pone mal… Volví al baño y el calzón que me acababa de sacar estaba mojado… en el piso… No tenía mas opción, hasta estuve tentado en faltar al trabajo con tal de no sufrir ese momento… Creerán que soy un exagerado, tal vez tengan razón.
Cuando ya daba todo por perdido, se me ocurrió algo, Me pongo una bombacha de mi esposa.
Saqué las mas viejas y grandes y me las probé. Yo no sé como pueden caminar con ese pedazo de tela metiéndose todo el tiempo en la raya del culo. Entonces me di cuenta que lo mejor sería ponerme una de esas colaless que usa para conquistarme en las noches de lujuria… Negra y con apenas una tirita hiper pequeña que apenas se dejaba sentir… era como estar en bolas pero a la vez tenia los genitales contenidos… y bueno aunque no era lo más cómodo, era lo mejor para salir del paso.
Me puse el traje negro y jodiendo pensé que me hacía juego con la tanguita.
Salí de casa hacia la parada de colectivos pensando que la gente se daría cuenta. Pero no se me pasaba la excitación que me provocaba el hecho de caminar por la ciudad con una bombacha de mi mujer, puesta. Sentado ya en mi escritorio, sentía la presión de la colaless en mi culo y no podía dejar de excitarme. Hasta que me tuve que ir a hacerme una paja a media mañana porque sino no iba a poder concentrarme en el trabajo… Eso hizo que la me calmara y hasta me olvidara por completo del asunto.

Salí tarde del trabajo, ya que estaba aprovechando que mi esposa no estaba para terminar trabajos pendientes, Nadie me esperaba así que no me importaba… Al salir a la calle sentí el cansancio y cuando me dirigía a la parada del colectivo, por un descuido un ciclista me atropelló al cruzar la calle. Me caí al piso y dos personas que estaban en la parada, me ayudaron a pararme y uno de ellos me insistió para que me viera un médico y cuando me vi la pierna me había hecho un corte en el muslo, que sangraba bastante. Al ciclista no le pasó nada, no sabía si ayudarme o insultarme por mi imprudencia.
Ellos me llevaron hasta el hospital que quedaba a dos cuadras. Cuando llegamos a la guardia le agradecí mucho y les dije que se podían ir y se fueron.
Llené los datos que me pidieron en el mostrador y esperé apenas cinco minutos cuando me indicaron que me dirija al consultorio tres. Era el mas lejano y quedaba aparte de los otros dos consultorios.
Allí me esperaba un enfermero, que me ayudó a sentarme en la camilla, Me había sangrado bastante pero no me dolía.
- ¿Qué te pasó? ¿Te quisieron robar?
- No. Me pasó de boludo, no miré y me llevé una bicicleta por delante, me caí y supongo que con el freno me corté. La culpa fue mía… El ciclista no sabía que hacer.
- ¿Hace cuanto te diste la antitetánica?
- No tengo ni idea, hace mucho que no me corto ni nada…
- Bueno, te la voy a tener que dar, pero antes vamos a limpiarla y a poner una venda. Sacate el pantalón así podemos limpiar bien la zona. Quizás te tenga que dar un punto, pero no creo.
Yo me incorporé
Dejé el saco en la silla y me empecé a bajar el pantalón cuando me vi la tanga… ¿Qué hago? No tenía opción o me iba corriendo o me sacaba el pantalón y me la banco… si le doy explicaciones sería para meterme en un lío peor.
Así que me saque el pantalón y con las manos traté de taparme la tanga. No sé si el tipo se hizo el boludo o ni se dio cuenta pero me limpiaba la herida con profesionalidad. Cada tanto olía como si estuviera con la nariz tapada. ¿Tendré olor a bolas? Me llevé una de las manos que tapaba mi bulto a la nariz y tenía muchísimo olor a semen… Claro antes de hacerme la paja había estado mucho tiempo largando líquido pre seminal. La pija se me fue parando y los movimientos en el muslo del enfermero me empezaron a poner incómodo. De repente me miró y me dijo: “Esto te puede doler un poco”.
Acercó un algodón a la herida y me ardió la pierna como nunca. Él aseguró mi pierna para que no la mueva y puso una mano en mi nalga. Lo mire asombrado y él también se asombró, cuando se dio cuenta que yo no hacía mas fuerza, él dejó caer la mano por la raya de mi culo y mi pija se brotó… Estaba turbado, él enfermero me soplaba la herida y el soplido, llegaba a mi verga y no la podía controlar, el elástico de la tanga cedía y de costado se veía de carne y dura como si tuviera hueso.
Cuando ya creía que este momento extraño había terminado el enfermero me agarró y en un movimiento rápido sacó mi pija de la tanguita. Su cara estaba a la altura de mi pija y metérsela en la boca fue cuestión de milésimas de segundo.
Estaba yo atónito, y él me estaba haciendo una felatio de lo mejor. Mientras una de sus manos ayudaban los movimientos que hacía con la boca la otra fue en busca de mi ano y lo tocó. Me puso a mil, como nunca lo había estado. Sentí como latía mi ano, Jamás lo había sentido, jamás hubiera pensado que ese día me iba a estar pasando esto… Nunca tuve relaciones homosexuales y la confusión que tenía era grave. Uno me decía que me lo sacara de encima a ese puto, y la otra parte de mi cerebro me decía que se la trague entera… No había pasado un minuto y yo ya estaba por acabar. Acostumbrado a avisar, para que la saque de la boca y no le acabe a dentro le avisé y él aceleró el tramite, como pidiéndome que le acabé en la boca.

Sus movimientos eran más fuertes y a la vez enterraba de forma mas profunda su dedo en mi ano. Yo ya había entrado en ese momento que no tiene regreso y la leche empezaba a brotar de mi pene… El enfermero fue sorbiendo mi líquido hasta dejarme temblando de placer y de sorpresa. Él sacó mi pija de su boca y haciendo el último movimiento profundo, fue dejando caer su dedo de mi culo. ¿Y ahora qué? ¿Cómo lo miro? ¿Qué hago?
Todavía me tenía que dar la inyección antitetánica.
- ¡Qué rico! - Me dijo cuando me miró. – Tomá. - Prosiguió mientras se corría la bata y dejaba salir su pija. Yo le iba a explicar lo de mi mujer, lo del calzoncillo, y que esta era la bombacha más cómoda. Pero no podría decir que fue lo que me pasó pero en un segundo estaba con su pija en la mano… No sabía bien que hacer con ella. No era muy grande, era normal, como la mía, la empecé a pajear y él me dejaba hacer y miraba sin entender que quería hacer.
- ¿Querés que te penetre? - Me dijo, mientras yo no podía decir, ni pensar, ni reaccionar. Él me dio vuelta, me corrió la tirita de la tanguita y me empezó a chupar el culo, como si yo lo hubiera autorizado, como si yo se lo hubiera pedido… y voy a ser reiterativo pero nunca me habían chupado el culo… Fue una sensación incalculable de placer. Su legua giraba y hacía fuerza para vencer a mi abertura… Yo me inclinaba para ofrecerle mejor ángulo a esa operación, jadeaba como una puta y mi excitación, era incontrolable. Metió de nuevo un dedo mientras seguía lamiendo. Yo quería que me penetre ya.
- Despacio, soy virgen.
Parece que esto le gustó porque una vez que sentí que su dedo entró hasta los nudillos, lo sacó y me dijo.
- Ahora te voy a meter dos deditos. – Y así me los fue metiendo, y mi culo estaba dilatado, yo no había soltado su verga, la tenía bastante parada y yo solo la apretaba y la sentía latir… Cada tanto la movía de arriba a bajo, sin ritmo pero muy apretada.
- Ahora te la voy a meter, apoyate en la camilla. – El enfermero se puso detrás mío y tras varios intentos logró encaminar la cabeza en mi orificio. Yo grité y el me pidió que no lo haga, que las paredes eran muy delgadas y sería muy difícil de explicar esa escena. Mientras me hacía ese comentario me iba metiendo la pija en el ano. Y cuando sentí ese dolor que me partía desde el culo hasta la médula. Yo creía que ya me la había puesto toda dentro y estaba totalmente arrepentido de estar siendo cogido por un hombre y el enfermero empezó a moverse sin sacarla afuera. Cada golpe la metía un poco mas y yo me estaba por desmayar del dolor… Sentía que su pija era un hierro incandescente dentro de mi cuerpo Se quedó quieto y yo pensé que había acabado y que mi sufrimiento llegaría a su fin. Ahora me parecía que su pija era del doble de tamaño que la mía. Y cuando ya me estaba acostumbrando a tenerla dentro, se empezó a mover. Primero fue lento y luego se fue acelerando… no les voy a decir que el dolor se convirtió en placer de forma inmediata pero me empezó a gustar ese estado. Sentirlo dentro de mí, gozar con esa pija en mi interior, sentir lo que siempre quiero que mi mujer sienta..
El enfermero se empezó a agitar y supe que estaba por acabar, yo quería que acabe, quería sentir su descarga dentro, sentí un espasmo y otro, sus piernas flaquearon y creo que sentí su líquido inundar mi efinter.

Él la fue sacando y su leche corrió desde mi culo por debajo hacia mi pierna. Se arregló el delantal y me acomodó la parte de atrás de la tanguita. Yo sentía que mi culo latía, ardía, y que nunca volvería a ser como antes… él desapareció y volvió con una jeringa y una ampolla la preparó me puso la antitetánica y me dijo: - Ya te di todas las vacunas. A mí me gustó… así que si otra noche coincidimos en mi guardia hospitalaria, podemos repetirla experiencia. Si más tarde te duele mucho, antes de dormir pasate esta crema por tu ano, te va a calmar. Y si te sangra no te preocupes es normal…
Y me fui, sin peligro a que me mate el tétano, pero con un nuevo deseo…
¿Qué cómo se llamaba el enfermero? Nunca lo supe. FOTOS

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