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De mi primera vez por mi Culito - 2ª Parte

Sabía que Victor estaba enojado por lo que había hecho, le rogué, le rogué, le rogué que me atendiera, pero no quiso. Estuve un mes llamándolo pidiéndole disculpas, arrepentida por el mal momento que le hice pasar, pero nada, estaba muy dolido y no quiso ni hablar conmigo.

Hasta que un día de casualidad me encontré con el por la calle, lo invite a tomar algo a un bar, y ahí le dije que lo extrañaba, que haría cualquier cosa para enmendar mi error, que necesitaba otra oportunidad. Tanto le pedí que accedió, y marcamos una cita para ese viernes en el departamento de mi tía. Me preguntó como iba a hacer para que no sucediera lo mismo, yo le dije que se quedara tranquilo, que no podría suceder jamás otra vez, que se me iba a ocurrir algo para evitarlo.

Llegó el viernes, la cita era para las 10 de la noche, yo llegue puntual, pero el llego cerca de las 11, lo había hecho a propósito, lo espere una hora, llego y no se disculpo por la tardanza, eso era raro en el, siempre se comportaba como un caballero.

Yo tenía exactamente la misma ropa que la vez anterior, nuestro frustrado encuentro. Todo sucedió igual, el me saco la ropa, me beso de la misma forma y comencé a chupar y masturbar su pene en la misma posición que la otra vez. Pero esta vez fue menos delicado, me jalaba del cabello y me decía que me tragara su pene, que chupara, que era una zorra chupapenes, fue extraño, nunca me había tratado así, pero lejos de molestarme, me ponía a mil ese trato, me hacía sentir una ramera.

Luego antes de venirse, mucho antes, me tiró del cabello, sacó su pene de mi boca y me dijo, vamos putita, que vine a derramar mi leche en tu culo, no en tu boca. Me preguntó como pensaba hacer para garantizarle que no me comportaría como la última vez.

Entonces fui hasta mi bolso, saque 4 sogas cortas y gruesas y se las di a el. Atame, le dije, de esta forma, será imposible que pueda arrepentirme. Se quedó mirándome como no creyendo lo que le estaba diciendo. Vamos, átame, así no podré moverme de mi posición.

Me acosté sobre la cama boca abajo, con las manos y piernas abiertas, el pronto procedió a atarme los pies a la cama de bronce, y luego vino a la parte de la cabecera e hizo lo propio con mis manos. El estaba nervioso, le temblaban las manos, pero aun así me ató con fuerza, no podía moverme. En ese momento pensé que era talvez una locura, pero también que ya era tarde.

Me colocó una almohada debajo de mi vientre, y comenzó un trabajo de relajación maravilloso. Me acarició el cuello, los hombros, luego la espalda, mientras me besaba y mordisqueaba el cuello, luego me paso la lengua lentamente por mi espalda, mas tarde me acarició los muslos, los tobillos y los pies, yo estaba en el cielo, eran unas caricias increíbles. Mas tarde pasó a acariciar mis glúteos, pasó un dedo por mi agujero, que me arrancó el primer suspiro. Me pasó la lengua por mi ano, todo era parecido a la última vez, pero más lento, mas dedicado. Luego trajo un frasco de lubricante, y comenzó a pasarlo por agujero, me metió primero un dedo, y luego dos, los movía en círculos y los abría dentro, luego metió un tercero, que sacaba y ponía lentamente.

Finalmente se montó encima mío, me abrazó por detrás tomando mis pechos con sus manos, y besando mi cuello con su boca, y ahí apoyó su gran pene en mi culito virgen y comenzó a penetrarme. Quise gritar, pero el ahogó mi grito poniéndome una mano en mi cuello, y hundiéndome la cabeza sobre la almohada. Vamos putita, me dijo, vamos, aguanta. Lentamente, muy suavemente pero sin detenerse en ningún momento, me lo metió hasta el final, creí sentir sus huevos sobre mis glúteos. Me dolía como el infierno, trataba de mover mis manos y mis piernas, pero estaba atada, no podía hacer nada. Solo salía de mi boca un grito ahogado de dolor. El permaneció inmóvil, con su pene metido hasta el fondo de mis entrañas, se quedo un rato así. Si bien el dolor no desaparecía, me fui acostumbrando a él. Me fui aflojando, y poco a poco lo fui soportando.

El lo percibió y me dijo que ya estaba lista, y comenzó a bombear suavemente, cada empujón me hacía ver las estrellas, pero a su vez, me arrancaba un suspiro, un gemido de placer, me sentía completa, era una sensación muy fuerte, jamás lo había sentido, lo estaba disfrutando mucho, cada embestida era un estallido de sensaciones algo dolorosas, pero muy placenteras. El seguía empujando y jadeando y gritando de placer también.

Hasta que en un momento le digo que voy a acabar, entonces, me puso una mano por debajo de mi cuerpo y apretó mi clítoris mientras bombeaba mas y mas fuerte, así fui sintiendo cada vez mas y mas hasta que me vine salvajemente, di un grito primitivo, casi animal, sentía como me chorreaba la vagina, y su mano me apretaba mas y mas. Fue un orgasmo tremendamente fuerte, distinto a lo que conocía.

Luego de eso, el se abrazó a mi cintura con ambas manos, me tomo con mucha fuerza y empezó a cabalgar sobre mi culito, y gritaba como un poseído, primero me asuste, pero luego me dio morbo y me calente mas. Era muy fuerte tener a alguien tan descontrolado a causa de la excitación que yo le causaba, sentir eso me dio ganas de más. Y comencé a arengarlo, vamos dame mas si sos macho, dame duro que no siento tu pene, que soy muy mujer para ti, que me quiero venir otra vez y no la siento. Se puso como loco, me tomó de los hombros y me tiro hacia atrás mientras que sus caderas empujaron hacia adelante, me hizo ver las estrellas otra vez. Ohhhhhh, grite de dolor y placer, ohhhh mi amor, partime en dos, abrime bien el culo, someteme a tus deseos, que soy tu hembra. Si, puta te voy a matar, te voy a dar como buena puta y zorra que sos.

Los dos parecíamos poseídos, parecíamos animales sin control, era una experiencia salvaje, el dándome, y dándome hasta lo máximo de sus fuerzas, yo recibiendo sus embestidas al límite de mi resistencia. Semejante locura duró unos segundos mas hasta que ambos nos vinimos en forma salvaje, ya sin pudor de ocultar nuestros gritos. Gritamos y gritamos y gritamos en un orgasmo que no terminaba más.

Luego ambos totalmente mojados en sudor, y muertos de cansancio nos quedamos inmóviles en esa posición, el encima mío, sentía su respiración todavía agitada, su corazón latiendo fuertemente.

Luego de unos minutos, me desató, nos besamos tiernamente, y nos quedamos en silencio abrazados. Estábamos unidos, mas unidos que nunca, había recuperado a Victor y había gozado como nunca lo había imaginado.

Amigos: esta segunda parte de la historia es ficción, pues Victor jamás volvió a atenderme.

Esto es lo que yo pensaba hacer, si me daba una segunda oportunidad. FOTOS

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