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Carnavales Ardientes

¡No sabes cuanto me ha costado conseguir tu dirección!.... Después de tantos años, el domingo cuando me encontré con tu hermana Miriam, me parecía imposible. Estuvimos hablando de nuestros años felices, y me explicó que tú te habías separado. Rápidamente mi cerebro se puso en funcionamiento. ¿Qué necesita una recién separada?... ¡¡¡Marcha!!! Mucha marcha, volver a ponerse en circulación, y nada mejor para ello que nuestros famosos Carnavales. ¿Recuerdas lo bien que lo pasábamos? Solo que entonces éramos unas niñas, seguro que ahora sabremos sacarles mejor provecho.

Contéstame pronto, y no admito un no por respuesta, te espero la primera semana de carnaval y ven preparada para pasar los quince días mas locos de tu vida.


Te quiere tu amiga,

Imelda.


PD. Tu primo Andrés también se ha separado y… ¡¡¡SORPRESA!!! Vive aquí, es mi vecino.






Desde que a los dieciséis años abandoné Tenerife no había vuelto a pisar la Isla, por eso al recibir la carta de mi amiga Imelda, de la que hacía tantísimo tiempo que no sabía nada, me hizo muchísima ilusión. En estos momentos mis ánimos no estaban para fiestas, pero en su carta además de la invitación a Los Carnavales había ciertos datos que me hacían recordar mi infancia y mi primera juventud. Aquellos tiempos en que mis inexpertas hormonas se alteraban a la simple vista del chico de mis sueños. Un amor imposible por varios motivos, primero nuestro parentesco, pues su padre y el mío eran hermanos, y además unos hermanos mal avenidos, el segundo motivo que impedía nuestro amor, la enemistad de nuestras familias.


Bueno… esos eran los motivos que impedían "mi amor", porque mi primo ni siquiera me veía, era totalmente invisible para él. Bueno… para él y para la mayoría del género masculino, hasta los diecisiete años si alguien se fijaba en mí era por mis horribles aparatos odontológicos, mis poco atractivas coletas o mi sobrepeso.


Andrés tenía cinco años más que yo, era guapísimo, alto, moreno, unos ojos verdes preciosos, y una sonrisa por la que se morían todas las chicas entre quince y veinticinco años que le conocían. Además era el capitán del equipo de fútbol, y el primero de su promoción en los estudios, en fin, era el chico ideal, el que quita el sueño a cualquier mujer casadera.


Volví a leer la carta… la repasé deprisa hasta volver a poner mi vista en la Posdata.


Tu primo Andrés vive aquí...


Tu primo Andrés vive aquí…


Tu primo Andrés vive aquí…


Esas palabras se habían quedado grabadas en mi cerebro, empecé a fantasear pensando en lo que haría o diría cuando me viese. Al llegar a Cataluña mi metabolismo había cambiado, además me matriculé en una escuela de baile, no, no es que me pensase dedicar a eso, pero nunca me habían gustado los gimnasios, y bailar era una forma como otra cualquiera de hacer ejercicio, mi figura se estilizó, mis movimientos se hicieron gráciles, y al fin los aparatos de los dientes con gran regocijo por mi parte fueron a parar al cubo de la basura.


En fin, que el cuento del patito feo en mí se hizo realidad. Todavía recuerdo en las Navidades del 86, cuando tenía 18 años y en una obra de teatro desempeñé el papel de Salomé, sí, Salomé, la que bailó la danza de los siete velos ante Herodes, y cuando este le dijo que le pidiese lo que quisiera, la muy macabra pidió la cabeza de Juan el Bautista. Bueno… el caso es que yo había estado ensayando en mi clase de baile esa danza del vientre, por eso no tuve ningún problema para que me eligiesen de protagonista, y mi danza de los siete velos hizo levantarse la sala entera y los aplausos duraron una eternidad.


Sí, pensé, iría a los Carnavales, y mi disfraz sería de odalisca, los años de machacar mi cintura tendrían que servir para algo… ¡qué mejor forma de demostrar a mi querido primito lo que se había perdido!.


Salí de Barcelona una mañana lluviosa, dos grados de temperatura, y los partes meteorológicos decían que seguirían bajando. Antes de salir de casa, había comprobado por Internet la temperatura de Tenerife: ¡¡¡27º, alucinante!!! Soñaba con bajar del avión y comenzar a sacarme ropa, como si fuesen las consabidas capas de una cebolla… ansiaba poder disfrutar del maravilloso clima primaveral de aquella querida isla.


Tres horas de viaje reales, que con el cambio de horario se quedaron en dos de reloj por la hora menos de las Canarias. Este juego de las horas me encantaba, solía bromear con los amigos, preguntándoles si sabían porque para ir a Tenerife se empleaban dos horas y para volver cuatro, las respuestas eran increíbles, divertidas e ingeniosas.


Al llegar al aeropuerto mi amiga estaba esperándome. Imelda no tenía la menor idea de cual era mi aspecto actual, porque cuando se vieron ella y mi hermana Miriam, esta no llevaba ninguna fotografía mía. La busqué entre la muchedumbre que esperaban la llegada del avión, y no tuve que esforzarme mucho, su cara era inconfundible, seguramente cuando tuviese noventa años seguiría teniendo esa cara pecosa, simpática, tipo Pipi Calzas largas que tanto éxito le había proporcionado de jovencita. Me acerqué a ella, y poniéndome ante sus ojos le dije.


--- ¿Tan cambiada estoy?---


Era un poco de coquetería y orgullo, yo sabía muy bien lo cambiada que estaba, pero disfrutaba viendo la cara de sorpresa de la gente que hacía tiempo que no me había visto.


---¡¡¡Shere!!!...¡¡¡Por Dios Shere!!!...¿De verdad eres tu?---


---Jajaja, claro que soy yo, ¿a quien esperabas, pues?---


Nos abrazamos, volvíamos a ser las niñas de quince años que se contaban confidencias y compartieron sus primeras experiencias sexuales. Las mismas niñas que pasaron parte de su vida en un internado, durmiendo una al lado de la otra, y que por motivos que ahora no comprendía habían estado tantos años sin comunicación.


Recogimos mi equipaje, y salimos en busca de su coche para dirigirnos a La Laguna, donde ella residía actualmente.


Antes de llegar a su domicilio paramos en un restaurante a comer algo, la comida del avión es horrible y además con los nervios no fui capaz de comer nada. Ahora, ya relajada, me había dado cuenta de que estaba hambrienta, y me moría por comer unas "papas arrugadas con mojo picón". Aprovechamos el momento para ponernos al corriente de toda nuestra vida desde el momento en que nos despedimos en el Puerto, una noche de octubre, hacía ya veintiún años, hasta el día de hoy cuando felizmente nos volvíamos a encontrar. Hablamos de todo, aunque a mí de lo que más me interesaba hablar era de la posdata de la carta.


"Tu primo Andrés, vive aquí"…


---Cuéntame cosas de Andrés---


--- ¿Quieres que vayamos a verlo?--- dijo Imelda


---Noooo, no quiero que me reconozca----


---No te preocupes te presentaré como a una amiga---


Mientras tanto Andrés, ajeno a lo que se le venía encima, estaba en su piso, aburrido, intentando ahogar en alcohol sus frustraciones. Trabajaba de piloto para una compañía de vuelos charter, y como él solía decir en otra vida tuvo que ser pájaro, porque solo volando se sentía totalmente feliz.


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La tarde fue un desastre… una vez mas, mi equipo había vuelto a perder estrepitosamente, tantos años de afición al fútbol, tantos partidos jugados en mis horas libres, y tantos cabreos últimamente con mi equipo… necesitaba otra cerveza… otro sábado que no tenía ganas de quedar con nadie para salir. El caso es que no tenía que volar hasta el miércoles, y el ambiente carnavalesco en las calles invitaba… me estaba amuermando… decidí darme una ducha para espabilarme. No descartaba incluso salir sólo… ya encontraría a alguien conocido por los bares. No tenía prisa bajo el agua. Me estaba sentando fenomenal, además, era pronto.


Al terminar la ducha, me afeité… siempre me han tachado de pijo por esto, pero nunca salgo sin un buen afeitado. También me gusta vestir a la moda y oler muy bien… siempre fui muy presumido. Empezaba a ser otra persona. Estaba despejado y ya casi no me dolía la derrota de ese equipo. Busqué otra cerveza y puse buena música en lugar de ver la tele. Me dedicaba a pensar por donde empezaría la noche... me sentía bien…


El timbre me sobresaltó… no esperaba a nadie… fui con pocas ganas a abrir. Casi que prefería no hablar con nadie en ese momento… ¡mi amiga Imelda…! otra vez en casa sin avisar… pero esta vez se había vestido distinto… ¡OH sorpresa…! se había vestido con… ¡¡¡.UN PEDAZO DE AMIGA COMO UN TREN!!! Mis ojos no sabían donde mirar… pero bueno… me la presentó…


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--- ¡Hola Andrés! Se que no te gusta mucho que venga de sorpresa, pero imaginaba que estarías de capa caída con lo de tu equipo y, venimos a sacarte de tu guarida… Perdona, ella es Lucía… viene esta noche con nosotros…---




--- ¡…Hola Andrés...! Encantada....


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Nos dimos un par de besos… ¡qué bien olía, joder! se había puesto un pantalón superceñido… una cazadora vaquera…


Bueno, en un instante me vi sacando hielo de la nevera para preparar unas copas. No me podía creer que me temblara el pulso… a mi edad… con mi experiencia… me sentía como 20 años menos… con el nerviosismo del que desea a una chica son todas las ganas posibles, nada mas verla… esa cara… esa mínima cicatriz en la sien… no sabía por qué, pero casi me era familiar…


---Bueno, Lucia, ¿qué te cuentas? ¿No eres de aquí, verdad?---


---Pues no, soy de Tarragona, solamente he venido para conocer los carnavales, Imelda siempre me estaba invitando, pero hasta ahora no le tomé la palabra ---


Tenía un acento extraño y dulce, con toques canarios incluso, pero me gustaba hasta cómo hablaba… cuando ya habíamos tomado la segunda copa, y el ambiente era relajado, hasta el punto que parecía que nos conocíamos desde mucho mas que un par de horas, entre risas y buen humor, llamamos a mi buen compañero de copas, Javier (el cual, cómo crápula empedernido, ya estaba en un bar), y quedamos con él en un concurrido garito de la avenida.


Pasaron dos horas más… pasaron las presentaciones, las primeras copas en los bares… pero lo que no pasaba era mi deseo por Lucía… no paraba de hablar conmigo… de sonreírme… de mostrar sus dotes de seducción… pero… ¿por qué cuanto más tiempo estaba con ella, mas sensación tenía de que la había visto antes? por mas que le preguntaba por su vida, mas se hacía la loca ó me sacaba a bailar… me estaba poniendo a mil.


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Me encantaba mi primo, ya no tenía nada que ver con aquel guapo jovencito que yo recordaba, había madurado, y se le veía seguro, muy varonil y decidido, parecía la clase de hombre que sabe lo que quiere y que sin mirar a su alrededor va a por ello… y o mucho me equivocaba o en estos momentos lo que mi primito quería era yo… y seguro que lo iba a tener, pero le haría sufrir un poco, solo para resarcirme de lo mucho que yo había sufrido por él.


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A eso de las 6 de la mañana… consideré que era momento de manifestar mi deseo… y la muy astuta me dejó darle un pedazo de beso sin prisas… interminable… jugoso… con todo mi cuerpo fundido al suyo… con la ilusión juvenil de cuando se tiene 20 años… Dentro de mí, había un animal encerrado… mi potencial de energía sexual estaba a 100%, listo para desatar toda su energía, como los motores de los aviones antes de la carrera de despegue…


Pero esa noche tuve que abortar el "despegue"…. se despidió de mi… sin mas… "la semana dará mucho se sí… no te precipites…" y sin dar crédito a lo que estaba pasando me encontré sólo en el coche, camino de casa, pensando en la invitación que nos habían hecho a Javier y a mí para pasar la noche del lunes de carnaval en la fiesta de disfraces del club Náutico. No pude conciliar el sueño hasta las 9 de la mañana.


El domingo y el lunes por la mañana, además de no parar de pensar en Lucía, andaba como un zombi, tratando de recuperarme. La tremenda siesta del lunes me sincronizó totalmente, y para no romperme la cabeza agarré el mismo disfraz de dos años antes y que tenía perfectamente guardado: el de sultán! Tengo que reconocer que no me quedaba mal (su dinero había costado…) además, con la perilla que tenía entonces, me iba que ni pintado… Imelda me había dicho que ellas iban por su cuenta, pero que no nos dirían sus disfraces, que tendríamos que encontrarlas… no me pareció mala idea, me dedicaría a buscar a Lucía desde el principio.

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Nos despedimos de los chicos casi a las siete de la mañana, mi trabajito me costó mantener a Andrés a raya, y digo que me costó trabajo, porque si él me tenía ganas, muchas más le tenía yo, ganas atrasadas, de muchos años de autosatisfacerme recordando su cara, sus gestos, incluso su voz que ahora me parecía tan diferente. Soñaba con sentirme en sus brazos, y cuando me besó pensé que me derretía allí mismo. El domingo lo pasamos casi al completo durmiendo, queríamos estar bien descansadas para el baile del club Náutico. El lunes quise visitar El Teide, me hacía mucha ilusión subir la montaña y recordar tiempos pasados. Imelda trabajaba, y yo aproveché una excursión programada, por lo cual estuve todo el día fuera.




Era la hora de vestirnos para ir al baile. Me había probado el disfraz antes de meterlo en la maleta y comprobé que aunque habían pasado un montón de años todavía lo podía usar. Pero ahora, mirándome con detenimiento, podía comprobar los cambios que en esos años había dado mi cuerpo, mis caderas y vientre se habían redondeado, y los velos cayendo desde mi estrecha cintura me daban un exótico y sensual aire de odalisca, mis pechos habían aumentado al menos dos tallas y parecían querer reventar el brillante sujetador que a duras penas los contenía… moví la cintura insinuando los movimientos de una serpiente, y el espejo me devolvió la imagen de una sensual hurí preparada para la seducción.


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En el club Náutico no cabía un alma, cómo otros años... Javier, que iba disfrazado de payaso, no paraba de hacer el ídem, y yo ya llevaba dos copas y ni sospechaba quién podría ser Lucía. Me estaba impacientando… Eso sí, entre conocidas, algunas de ellas azafatas, y desconocidas me estaba poniendo a cien de tanto rocecito… De pronto vi unas caderas… Sí, unas caderas… Sólo mire a UNAS CADERAS…


Un perfecto disfraz de odalisca… ¡joder qué caderas…! un piercing de unas cerezas en el ombligo… que apenas conseguía ver con el perfecto movimiento de vientre que realizaba mientras se acercaba… velo tapándole la cara… se me heló la sangre… ¡reconocí los ojos y esa minúscula cicatriz en la sien...! ¡se iba a enterar...! pensaba hacerme el loco y disfrutar de ella haciéndole creer que no sabía quien era…


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Hacía rato que lo había visto llegar, él nos había dicho que iría vestido de sultán, y yo pensé que su disfraz era perfecto para completar el mío, pero no le quise decir de que iría disfrazada, quería jugar un poco con él. Imelda se había disfrazado de diablesa, y hacía rato que se había emparejado con un diablo de grandes cuernos y un gran rabo, que ella en broma me dijo que ojalá estuviese en concordancia con... el otro rabo que esperaba probar esa noche.


Yo por mi lado había conseguido ligar con el disk-jockey y el tipo disfrutaba viendo como contoneaba la cintura, y como movía el torso haciendo girar los pompones que llevaba en el sujetador, por ese motivo no escatimaba la música árabe, para que yo pudiese lucir mis encantos, y desde luego que aprovechaba todas las oportunidades. Me fui acercando siguiendo el ritmo de la sensual música, cimbreando la cintura, con rápido batir de caderas, los velos se agitaban en mi ondulante vientre, produciendo movimientos como las olas en una marejada. Caminé hacia donde estaba mientras a mi paso se iba formando un pasillo con los asistentes vestidos con los más diversos y originales disfraces. Llegué hasta él y mis caderas al moverse rítmicamente al compás de la música rozaban su cuerpo, y sus manos parecían tener vida propia intentando agarrar mis nalgas para apretarlas contra el prominente bulto que se adivinaba bajo la túnica.


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¡Qué baile…! ¡Qué roces…! no cruzamos ni una palabra… cada vez mas pegados… estaba disfrutando como un enano… mi túnica era de una seda fina, y debajo sólo llevaba un pequeño slip de licra fina, con lo que al bailar pegados mi bulto se adhería perfectamente a su vientre… estaba a punto de estallar… pero se dio media vuelta y prosiguió su baile entre el gentío…


Entre algún que otro beso en el cuello… estiraba éste último para intentar ver a Lucía, y lo que veía era desmoralizador… lo mismo que hizo conmigo, lo estaba haciendo con más de un tipo ¡…joder! ¿Cómo era posible que me pusiera celoso si sólo la había visto un día…? A mi edad…., con mi experiencia….


No debía dudar mas… decidí poner de nuevo potencia de despegue a mis motores… esta vez, no abortaría… Me introduje en la zona de baile… ella estaba de espaldas, tonteando con el tipo de enfrente, no tuve si no que volver a rozar, esta vez su trasero, con mi de nuevo abultado miembro para que ella continuara su danza sin darse la vuelta… sabía que era yo… no se cuantos minutos estuvimos así… la sujeté por la cintura y la besé por detrás en el cuello… no quería levantarse el velo porque creía que la iba a reconocer… ¡qué inocente…!.


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Sin girarme sabía que era él, su olor era inconfundible, sentí sus labios en el cuello y me electrizó totalmente, se apretó contra mis nalgas y el bulto de su pene traspasó las finas gasas de los velos. Debajo de los velos yo solo llevaba un diminuto tanga, que cada vez que levantaba una pierna al compás de la música, atraía la mirada de todos los varones menores de 90 años que se encontraban en la sala.


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Así cómo estábamos (yo sujetándole la cintura por detrás), nos fuimos desplazando hacia la zona de las terrazas… fuera sólo se oía la música como ruido de fondo… mis manos se olvidaron de la cintura para acariciar con cierto salvajismo sus desnudos pechos bajo la leve seda semitransparente que los cubría… sus nalgas se movían cómo antes en su baile… mi polla no aguantaba mas… notaba en ella los latidos de mi corazón... cómo si de un caballo en plena carrera se tratara…


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Lo estaba consiguiendo, en ningún momento desde que le vi puse en duda que lo lograra, era demasiado transparente, o demasiado caliente, ese punto aún no lo tenía claro pero tampoco me importaba demasiado. Necesitaba tenerle. Llevaba demasiados años soñando con este momento y sabía que había llegado… yo lo sabía, y mi sexo lo sabía y estaba preparado.


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Con rapidez, mientras con una mano comprobaba que su sexo estaba empapado con la otra, aparté mi leve slip a un lado y su tanga súper elástico hacia el otro… me introduje en ella con una facilidad impresionante, debido seguro al exceso de lubricación que ambos teníamos…


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Sentí como entraba en mi cuerpo, como si siempre hubiese estado dentro de él, como si ese fuera el hueco que había esperado desde que salió del útero materno… yo me sentía llena, con el sentimiento de haber colocado la ultima pieza que faltaba en mi cuerpo… y él no lo sabía… todo mi ser se estremecía al simple contacto de sus manos y mi sexo ardía con el roce de su sexo. Entraba y salía produciéndome oleadas de placer y mi vagina lo acogía y oprimía anhelando el néctar de su pasión. Mordía su cuello para ahogar los gemidos que a duras penas podía acallar. Sus manos oprimían mis glúteos, buscaban mis pechos, su excitación era de locura y con una fuerte embestida final, dejó que el río caliente de su semen se vaciase dentro de mí.


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No se cuanto duró aquel polvo… y además es lo de menos… había gente a no menos de 20 metros… la oscuridad nos protegía en parte, pero nuestros gemidos podían delatarnos en cualquier momento…


A medida que se aceleraban mis pulsaciones y nuestros gemidos aumentaban noté que estábamos a punto de estallar…. me recreé en ese momento… un torrente de semen se disparó con fuerza dentro de ella… un grito común nos pudo haber dejado en evidencia… un fuerte abrazo interminable, agarrándola por su cintura adornó el tremendo polvo…


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Fue fantástico… muchas noches había soñado este encuentro, pero ni en mi mas calenturiento sueño podía imaginar estas sensaciones, podía sentir el orgasmo en mi piel, en mis ojos, en mi pelo, en mis labios… estaba totalmente electrizada… no podía ni moverme, mi corazón desbocado pedía a gritos una tregua, pero mi cuerpo necesitaba más, mucho más…


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Nos quedamos así unos minutos, con la respiración agitada… luego ella se levantó, dió media vuelta y nos fundimos en un beso cómo el de la noche del sábado…


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Nos abrazamos y su lengua se perdió dentro de mi boca, explorando todos los rincones, deleitándose en ellos. Andrés aún ansioso de los nuevos sabores que acababa de probar, quería seguir investigando mi cuerpo, pero yo tenía otras ideas en la cabeza….


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¡Estaba en la gloria...! Hacía años que no me sentía tan bien después de un polvo… parecía que ella también… apenas hablamos en ese momento… cogidos por la cintura volvimos al interior para reponer fuerzas…


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Mi mente no dejaba de trabajar... sí… había estado muy bien, pero la noche era joven, y de ninguna manera iba a dar por terminada la velada con un "polvillo" de nada, además se le notaba que él tampoco había tenido suficiente. Mientras nos tomábamos una copa conseguí llegar hasta me rendido disk-jockey, que me miraba con ojos de cordero degollado, haciendo uso de todas mis artes de seducción conseguí un "CD" de música árabe, y con disimulo lo sujeté con el tanga.


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No habíamos terminado la copa y ya estábamos besándonos como posesos… aquello requería mas sexo… ya en el coche y sin despedirnos de nadie me encontré conduciendo con rapidez a mi casa, mientras ella no dejaba de besarme… acariciarme el miembro… chupármelo… me costó aguantarme hasta llegar a casa….


Entramos en el apartamento sin despegarnos… sin dejar de jugar con todas las partes de nuestro cuerpo… largos minutos de excitación y pocas palabras… me empujó bruscamente encima de la cama… me desnudó rápidamente hasta dejarme sólo el slip… y pasó a actuar con toda lentitud.


---"Me recuerda a una de mis braguitas… dijo Lucia…me encanta…"---


Jugó con él largos minutos… lo estiraba… lo mordía… lo bajaba… lo subía... tenía el glande totalmente empapado de lubricante… empezó a mamarlo con mimo… y cuando parecía que iba a correrme apretó fuertemente mi polla con una mano, estrangulando el riego sanguíneo y evitando así que me corriera… sabía perfectamente lo que hacía… me dejó así, y se separó…. se acercó al equipo de música, colocó un CD que no se de donde sacó porque yo no tenía esa clase de música… sonaba dulzona, machacona, con unos sonidos metálicos y sensuales… parecía la música que sonaba en la fiesta… el caso es que ella empezó a moverse delante de mí…


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Quería volverlo loco, ver como los ojos se escapaban de sus orbitas tras el movimiento de mis caderas. Descalza a los pies de la cama me ofrecía cimbreando todo mi cuerpo, fui arrancando mis velos uno por uno y sin dejar de bailar los pasé por su cara… su pecho… sus piernas… su cuerpo se estremecía al contacto de la gasa, y su pene amenazaba con romper el tanga. El corazón me palpitaba desenfrenadamente me costaba respirar… mi excitación era latente… y él lo sabía, estaba disfrutando de mi baile como nunca lo había hecho, esperando su final para recoger el premio que en cada movimiento se insinuaba.


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Me recordó al baile que hizo en el club Náutico... pero con una diferencia… sus ojos tenían un brillo sobrenatural… sus labios estaban entreabiertos… aquella cara despedía una sensualidad jamás vista antes por mí…. empezó a quitarse los finos velos que la cubrían… emanaba excitación y deseo por todos sus poros… seguía moviéndose como una serpiente encantada… cuando ya sólo le quedaba el tanga se abalanzó sobre mí, con la idea de que yo se lo quitase… la volteé hasta ponerla a cuatro patas… por detrás se lo bajé sólo hasta las rodillas… ella seguía moviéndose cómo antes en su baile… mi labios besaron su sexo… estaba empapado… mi lengua hizo su trabajo… su orgasmo fue instantáneo…


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No podía más, su sabia lengua me estaba volviendo loca, mi cuerpo no había dejado de agitarse desde el mismo momento en que sus manos tocaron mi cuerpo, la música seguía sonando, y mis caderas no paraban de contorsionarse siguiendo el compás del sensual ritmo. Sentí un fuerte cosquilleo en el vientre y todo mi sistema nervioso pareció estallar en un orgasmo apoteósico. Mordí la almohada queriendo sofocarlo, pero no pude evitar un gemido de placer que resonó en la habitación, como un grito de triunfo después de una vencedora batalla.


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La volteé de nuevo… todavía respiraba agitada… introduje mi polla de nuevo con extrema rapidez entre tanto fluido… el jinete empezó a galopar de nuevo… al principio, rápido… al final… cómo el rayo…


Los gritos de placer callaron cualquier música de fondo… el estallido final fue un grito casi gurutal… cómo de ahogo… la sonrisa posterior delataba un goce inmenso…


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Quedamos agotados, abrazados íntimamente, sin separar nuestros sexos, Andrés se durmió rápidamente, con esa cara de gozo… de macho saciado… con una media sonrisa en la cara que delataba su fantasía, lo mas probable es que continuara la danza en su sueño. Yo no podía dormir, había quedado enganchada en mi propia telaraña… había conseguido mi sueño, pero era muy posible que se convirtiera en mi pesadilla… ¿cómo le decía ahora, que yo era su prima? él me odiaba…. seguro… me lo demostró infinidad de veces de niños, y lo mas probable es que me siguiese odiando… Lo había engañado, seguramente que nunca se hubiese acostado conmigo sabiendo que era su prima… ¡¡¡jooo… veinte años y no había conseguido olvidarlo, y eso que el ni siquiera me había mirado...!!! ¿Y ahora como lo iba a olvidar? Amanecía cuando conseguí conciliar el sueño en medio de mis oscuros pensamientos.


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Cuando desperté a la mañana siguiente, por primera vez en muchos años, me encontré abrazando a la persona que me había dado placer la noche anterior… lo entendía… no sólo me había dado mucho más que las otras, sino que realmente me gustaba estar con ella… realmente, me había robado algo mas que sexo….


"Buenos días Andrés…" dijo dándose la vuelta… la besé… nos quedamos mirando…


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---Tenemos que hablar… verás… las cosas no son exactamente como tu piensas, quizás… cuando sepas quien soy realmente… nunca mas quieras saber de mi, no me llamo Lucía. Mi nombre es Shere, hace poco mas de 20 años vivía aquí, íbamos al mismo colegio, y lo peor de todo es que soy tu prima, la hija de tu tío Miguel…


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Empezó a hablar de ella… se me heló la sangre cuando terminó de decirme lo que menos me esperaba…


Era cómo si me hubieran golpeado en la cara con un guante de boxeo… estaba aturdido… los primeros segundos después de escucharla, ni siquiera asimilaba… tardé en localizar a Shere… ni me acordaba de ella… Tuve que hacer un esfuerzo para visualizar a una gordinflona y mocosa chiquilla que correteaba con otras niñas en mi entorno familiar, y que siempre estaba molestando con el jaleo que tenía en el cuerpo...


SHERE….. No podía ser… ¡¡¡SHERE….!!! ¡¡¡Diosssss….!!!! me está tomando el pelo…


Estaba desnudo, junto a ella… (¿Lucía? ¿Shere? ¿Mi prima?). Me sentía todo lo contrario que la noche anterior… Mi polla estaba tan reducida que se podía guardar en un dedal… no sabía donde esconderme...


"¿Has llegado hasta mí por casualidad, ó lo habías planeado?"


---Déjame explicarme por favor-----


Le hablé de mi amor por él, de mis sueños, de mis ilusiones, de las noches de insomnio pensando en poder vivir algún día una noche como la que habíamos pasado juntos, de mis complejos al no conseguir que me mirara, del fracaso de mi matrimonio porque mi corazón se había quedado en la isla… de tantas cosas… le conté de mis esperanzas al saber que era libre, y que yo también lo era… sí… no llegué a él por casualidad, fue todo premeditado. Deseaba tenerlo, necesitaba su amor más que el aire que estaba respirando. Pero no lo iba a agobiar más, volvería a Tarragona y ya nunca más volvería a molestarlo. Me vestí rápidamente con los ojos enrojecidos, no esperaba que se volviera loco de alegría al saber que era su prima, pero tampoco esperaba que me mirase de esa manera… parecía que estaba viendo al mismísimo diablo. Abrí la puerta y salí corriendo.




No podía reaccionar… no me dió tiempo a pensar… cuando empecé a darme cuenta, ya estaba sólo… aturdido….


Tomé rápidamente un café y me dispuse a poner en orden mis ideas. Empezaba a ser yo… empezaba a echarla de menos… empezaba a no acordarme de la Shere pequeña, sino de la Shere adulta que tanto me había dado en unos días…


Estaba triste por ella. Se fue casi llorando… me sentía como el peor de los humanos. Tenía que haber evitado que se fuera de esa manera… Llamé inmediatamente a Imelda.


"Shere está acostada… ha vuelto hecha polvo… se va en el vuelo de esta tarde"


No perdí el tiempo. En 15 minutos estaba allí… no quise entrar en su dormitorio, pero le pedí a Imelda que me dejara sólo allí mientras esperaba a que saliera del dormitorio.


Una hora después se asomó… sus ojos estaban rojos. Tenía cara de cansada y de sorpresa…"Hola", dijo sin mirarme a la cara…


--Perdona… creo que me he portado como una inconsciente, nunca debí dejar que las cosas llegaran tan lejos…también creo que los dos estábamos pasando por un momento muy especial, y a mi personalmente la separación hizo que me sintiera desmoralizada, necesitaba sentirme otra vez deseada y en ningún momento pensé que eso podría dañar a nadie… perdóname...


Me levanté… me acerqué a ella… la abracé… me apretó con fuerza… estuvimos así unos minutos... estaba gimiendo de los nervios. De nuevo me dio la sensación de tener en mis brazos a aquella niña… pero me di cuenta de que la quería como a la mujer que había descubierto… me había enamorado después de tanto tiempo…


---No te vayas-- ¡¡¡te quiero!!! ----


---Tengo que irme, los dos debemos aclarar nuestros sentimientos, te prometo que seguiremos en contacto y el próximo verano vendré a pasar aquí mis vacaciones… si continuamos pensando como hoy quizás nos demos una oportunidad… yo también te quiero… siempre te he querido…


En ese momento llamaron al timbre del portero automático…


---Es mi taxi, despidámonos aquí… no me gustan nada las despedidas—


Cogí mi bolsa de viaje, y al entrar en el ascensor volví la cara y observé su mirada triste, le sonreí le tiré un beso con los dedos y antes de cerrar definitivamente la puerta del ascensor le dije….


---Mis vacaciones son en Junio, antes de que te des cuenta volveré a estar aquí---






Este relato lo escribí en colaboración con "ADIEMUS" Un beso Adiemus y gracias por acompañarme en este relato.

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