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Algo mas que Amigos Intimos

El caso de nuestro amigo es un ejemplo perfecto de lo que ocurre en la actualidad entre chico y chica. Los dos son lo que ellos mismo definen como "amigos con derecho a roce", es decir, sobarse y follar cuando les venga en ganas, sin que ello represente ningún compromiso.

Tengo 22 años y actualmente follo con una chica amiga mia que se llama Laura. Nuestra relación es de esas que podríamos llamar de "amigos con derecho a roce". Hacemos el amor sin ningún tipo de tabú ni represión. La cosa empezó este verano y ahora te explicaré, la primera vez que hicimos el amor. Sucedió una calurosa tarde del pasado verano. Laura había venido a mi casa donde estábamos los dos solos. Ese día llevaba un vestidito de tirantes de color azul muy corto y que remarcaba las curvas de su cuerpecito juvenil. Ella es más joven que yo, tiene 19 años. Yo llevaba unos shorts y una camisa que me iba un poco grande y llevaba los últimos botones abiertos. Ella me fue desabrochando los botones de la camisa y dejó mi pecho al descubierto. Me acarició todo el cuello y lentamente pasó sus manos por mi pecho desnudo.

- Me muero de ganas de echar un polvo - me dijo.

Entonces le quité lentamente el vestido. Laura tiene un cuerpo de vicio. A sus 19 años, su cuerpecito aparenta ser el de una niña de 15. Todas sus curvas son perfectas, no le sobra nada. Le quité el sujetador y empecé a chuparle las tetas mientras ella no paraba de acariciarme el pecho. Mi polla, todavía dentro del pantalón, estaba a punto de estallar. Laura estaba frenética, presa de una pasión lasciva. Me bajó los pantalones y los calzoncillos y empezó a acariciarme la polla y los huevos, pasando sus dedos por mi vello púbico y dando pequeños besitos a mi capullo. Nunca como entonces he estado tan excitado sin llegar a correrme, pero cuando ella se puso la polla en la boca, bastaron unos pocos segundos para correrme en su garganta. Nos besamos y fundimos en un abrazo.




Ella todavía llevaba puestas las braguitas. Se estiró en la cama boca abajo. A Laura le gustan muchísimo los juegos de caricias y besos. Empecé a llenarle de dulces besos su espalda mientras le acariciaba los hombros. Ella estaba cada vez más excitada y se giró de golpe. Empecé a besarla y a chuparle las tetas mientras ella jadeaba cada vez más fuerte. Recorrí con mis labios todo su cuerpo hasta las braguitas que, lentamente se las quité. Y allí descubrí su conejito, majestuoso, hermosísimo y que empecé a chupar, a lamer su muslo, su parte interna. Con la lengua comencé a hacer dibujos sobre su piel, chupé el pliegue donde las piernas se unen a su conejito, lamí todo, lo llené de saliva, le acaricié con mi cara su pelambrera y se la besé suavemente, casi sin presionar. A continuación, usé mi lengua para separar los labios del chocho, los abrí, hice correr mi lengua arriba y abajo entre las capas de su precioso coñito.

Suavemente separé sus piernas con mis manos y la follé con la lengua mientras ella no paraba de dar gritos y jadeos. Seguí lamiendo su clítoris hasta que noté que estaba próxima su explosión y cuando estuvo a punto de alcanzar el orgasmo, cogí su clítoris con mi boca, muy suavemente y mientras hacía esto, acaricié su vagina con dos dedos. Lentamente se los fui introduciendo y moviendo rítmicamente. Seguí chupando, acompañando los movimientos de su cuerpo. Hasta que llegó su orgasmo, momento en que bebí sus líquidos, los intercambié por saliva y no paré de chupar. Laura estaba gritando como una loca. Me pedía que parara por favor. Pero no lo hice. En este momento separé más sus piernas y la penetré con toda mi fuerza. Ella pegó un grito que debió oirse desde la casa de enfrente. Los dos estábamos como presos de una excitación morbosa, casi patológica. Ella me tocaba los huevos e incluso me metió un dedito en el culo.

Yo me movía arriba y abajo, hasta que finalmente, me corrí en sus entrañas. Nos tumbamos uno al lado de otro, ebrios de tanto placer. Ella, acariciándome el pecho suavemente, haciendo círculos, me dijo:

- Tengo hambre, quiero comer algo.
- ¿Qué te apetece... qué es lo que más te gusta? - le pregunté.
- Un yogourt de fresa.
- Creo que en la nevera hay... ¿vas a buscarlo?.
- Sí.

Se levantó desnudita y fue a por su yogourt. Mientras estaba en camino se me ocurrió una fantasía que me puso a cien solo de pensarla. Se lo susurré suavemente al oído cuando regresó y ella sonrió diciéndome:

- ¡Vale, lo hacemos! - dijo
- Seré tu yogurín - exclamé muy excitado.

Laura empezó a remover con una cucharita el yogourt hasta que se quedó como una suave y cremosa pasta. Me tumbé en la cama boca arriba y entonces ella vertió el yogourt sobre toda mi polla y huevos. El contacto con esa crema frío me produjo un escalofrío por todo el cuerpo y entonces, arrodillada a mi lado, Laura empezó a comer el yogourt con la lengua. Era tan excitante verla hacer eso que me puso a mil y no pude aguantar a que se acabara el yogourt. La cogí por la cintura y la tumbé a mi lado, me puse encima de ella y la volví a penetrar con el yogourt entre nuestros cuerpos. Fue una experiencia realmente sensacional.

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