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Brindemos Socio - 3ª Parte

Una vez mas, brindemos socio. Hemos hecho muy buenos negocios, pero siempre es posible mejorarlo. Muchas fueron las veces, que aduciendo viajes de negocios, ambos socios se ausentaron de sus domicilios, pero en realidad, ambos se dirigieron al domicilio de su socio, para dormir con la mujer del otro.  Ese cruce, les incrementaba la variación y los hacia mas compinches, ellas simplemente eran avisadas de que uno viajaba y el otro gentilmente haría una visita. El otro eran ambos pero cruzándose en el camino.

Querida, hoy salgo de negocios pero le he pedido a mi socio que te acompañe, creo que tenemos la suficiente confianza para podernos permitir eso. Ellas jamás lo rechazaron, por el contrario, sabían que una noche de variantes era como un postre merecido. Esas variantes de intercambio, pusieron mas leña al fuego. Ellas estaban cada vez mas ardientes y ellos sentían muchas veces que la superioridad femenina era abrumadora. Así fue que en una oportunidad, estando en un Apart hotel, se les ofreció indicativamente sugerido el servicio de dos masajistas. Ambos premiaron a sus mujeres con una soberana cantidad de orgasmos brindados por dos expertos masajeadotes que las hicieron vibrar hasta el agotamiento. Eso fue el comienzo de la idea.

De regreso, comenzaron a buscar, dos expertos consoladores humanos,
que al poco tiempo de buscar, encontraron en un moreno de un depósito y un cadete de la empresa. Hicieron una dupla, que prepararon con paciencia, los refinaron en su silencio y finalmente probaron su efectividad.    Alejandra sabia que esa tarde, vendrían su marido y el socio, a pasar una velada de juegos amorosos.  Se acicateó como de costumbre, preparo los equipos de consoladores, por las dudas y dejo las bebidas y frutas en el conservador del dormitorio. Se puso sexy, para provocar a sus chicos, y no olvido detalle de perfumarse con lo que a ellos agradaba.

Ellos ya deberían estar aca, pensó…. Cuando sonó el teléfono. Era Alberto para indicarle que estaban atrasados e indicarle que recibiera un regalo que cada uno de ellos le hacia, cada uno le enviaba un masajista para ponerla a punto. Ella recordó lo del apart-hotel y no le desagrado la idea, máxime que prometieron no demorar. Al poco rato el llamador, sonó.  Quedo embelezada con aquellos dos ejemplares que les regalaban por un rato. Pero no sabia que hacer. Los muchachos si, y le pidieron ponerse cómodo y buscar el lugar ideal para hacerle unos masajitos. Ella ya tenía el lugar donde recibiría a su esposo y amante, así que…..Asi que pronto estaba siendo frotada con esencias perfumadas, aceites reconfortantes y manos y pellizcos estudiados hacían que sus sensibilidades se pusieran a subir de temperatura.

No se hicieron los lentos, porque en poco tiempo la tenían desnudita, con su cuerpecito vibrando y cada una de sus hermosas partes gozando de masajes recalcitrantemente pasionales. Se dejo manejar al antojo de sus regalados sexis, y abrió las piernas para que uno de ellos le regalara la primera chupeteada. Lo hacia bien, al tiempo que le introducía los dedos en el ano. Eso la ponía frenéticamente caliente. Cuando el morocho le golpeo la punta de los pezones con su enorme verga, ella se sobresalto pero de emoción, una pija como para llenar morcillas. Alberto y Mario entraron a la pieza.  Ella los miro de reojo y solo dijo…. Vean que esto esta buenísimo. Ellos se miraron como queriendo entender que los dejaba afuera, pero rieron la picardía de la señora.

Ella estaba arrodillada, saboreándole el nabo al moreno, mientras este le robaba las tetas, al mismo tiempo el otro le ponía un lento ritmo en un mete y saca de su larga pija, que se veía aparecer y desaparecer en el interior de aquella espléndida mujer. No pudo sostenerles el ritmo y sus gemidos la ahogaban de placer. Ella se sonrojo, al  decirles vengan, porque sabia que estaba entregando sus mieles a las visitas y no a sus dueños. Ellos le sonrieron y comenzaron a ponerse a tono. Fue un brillante experimento. Cuando ya los muchachos la tenían, bien felpeada, ellos comenzaron a hacerle de todo, se la gozaron a su antojo y la dejaron completamente exhausta y satisfecha.

Ella no dejaba de agradecer el regalo, que despidieron no bien cumplieron su cometido. Al agradecer gastaba las pocas energías que le quedaban en complacer a sus machos. Quizás esa fue, la primera vez, que los tres quedaron con las cuentas a cero.    

Una semana después, tenían a la pasional Mirta, sacudiendo rítmicamente su cuerpo al compás de los besos que ambos le daban a cada una de sus colgantes tetas. Sonó el timbre, y fue Alberto a recibir a los regalos. A ella le habían contado el proyecto pero no la inminencia de la inauguración. Ella rió, y dijo, Ustedes están locos ¡!! Pero pronto alcanzo las toallas que los chicos le pidieron. La tendieron sobre la mesa, y allí comenzaron la lenta tarea de aromatización, aceitado y electrizado. Porque así fue, como parecía estar ella, cuando ellos le bañaban el cuerpo con sustancias, mientras le comían la conchita enfurecida. Ellos miraban complacidos y reían del ruego de ella, de -- ya basta, vengan ustedes.

Esos ruegos bajaron de tono, cuando los muchachos la empomaron reiteradamente, haciéndola estallar en orgasmos una y otra vez. La bañaron y perfumaron, trasladándola a la cama. Allí fue Mario a hacerse cargo de la situación, mientras Alberto despedía a los amigos. Ella, tal como había hecho su desconocida rival, supo atender y agradecer a esos gentiles hombres que tenia por marido y socio amante. Luego entre ambos, repitieron un ritual, que hacían siempre a su gusto, y que de vez en cuando recurrían a los nuevos amigos para dejar las cosas mas parejas. Ambos socios, tenían una vida sexual, controlada y satisfactoria. Sus mujeres no tenían quejas, mas bien vivían en la abundancia en lo que ser refiere al disfrute.

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