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payasos y frutas...y penes tambien

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GRACIAS SUPER RELATOS POR PUBLICAR MIS HISTORIAS...[LOS CLINGERS]-[EL ENANO VIEJITO]                        don emilio pintaba un cuadro cuando de pronto llego su sobrina la chiquitona,appurandose rapidamente fue y escondio el cuadro debajo de su cama mientras miraba como la chiquilla se acariciaba el culito y se quehaba de un dolor mysterioso.desde que ella commenzo su nueva vida viviendo en la casa de su tio don emilio cosas inexplicable commenzaron a suceder.de pronto se desaparecieron todos sus calzonsitos,ropas y zapatitos,ahoriita no le molestaba caminar por la casa asi y toda desnuda ya que su tio tambien lo hacia como si se tratara de alguna tradicion de los tiempos pasados.lo unico que ella sabia de su tio emilio era que el cabron pintaba cuadros de payasos,frutas,y.... su pene. los cuartos,cocina y bano de su casa lucian anos y anos de sus cuadros artistico.a ella le parecia extrano que todos los payasos pintados demonstraban el mismo pene de su tio asi como en color,huevos,pelitos y tamano.tambien era lo mismo con los cuadros de frutas...entre las manzanas,toronjas,limones y uvas estaba pintado su pene con unas bananas pintados de munnequitos bailando encima de su pene y huevos.aun le parecia extrano los cuadros eran imppressionate y su tio era un artista que no exaggeraba la grandesa de los penes pintados.ella sabia obviamente y de claramente cierto sin ningunas dudas que su tio emilio tenia un pene RETE-ENORME...MADRECITA era un instrumento temoroso,macabro y de muy impressionante.le causaba risas y tristeza porque aun asi que lo llevaba en su constante presencia su tio emilio era de todo un hombre enano mysterioso.su casita aparte de los cuadros pintados en colores bonito estaba pintada en negra...pisos,paredes,techo,mesas,sillas y hasta las malditas camas.todas las ventanas eran pequena y redondas,de cierto no habia nada de cortinas,sabanas y pues ya saben...nada de ropa.ahorita era como si estuvieran viviendo en una maldita cueva, lo unico que faltaba era que vengan de visita los cabrones hobbits y la puta blanca nieves con su pervertidos 7 enanos.tenemos que perdonar la pobre chiquilla ya que tenia el culito inflammado y lastimado sin saber que carajo le sucedio mientras dormia en la cama de su cuarto.ahorita cuando no era su culito que le dolia era su vagina,dias tras dias desde que llego a esa cueva se levantaba de su cama sin casi poder caminar de los intenso dolores mysteriosos.ahorita su tio la miraba con esa carita de yo no se mientras escondia unos de sus cuadros.aun enojada y confundida ella no dejaba de mirar el pene de su tio,era un instrumento hermoso,grueso y de algo hypnotico.don emilio se habia accostumbrado a esas miradas putosas de su sobrina mocosa,claro la chiquitonta no tenia la culpa que unos de los payasos se lo metio en el culito ya que el tenia la responsabilidad de controlar los payasos y frutas en los cuadros que el pintaba.cono demonios...ahorita los malditos payasos estaban disfrutando la pendejita con mi propio pene maldita sea,estoy seguro que uno de ellos saben mis magias y tiene que se mis penes pintados que me traicionaron culebras malnacidos.de cierto tengo que quitarle el poder y secretos de mis penes en sus cuadros la vagina y el culito de mi sobrina esta en peligro...luego esa noche mientras don emilio se armaba con sus brochas y pintura negra los payaso y frutas violaban la chiquilla mientras durmia en un sueno hypnotico.la magia para dormirla era lechitas de los penes con juquitos de las frutas en su vaso de leche que ella se bebia todas las noches antes de accostarse en su camita.mientras los payasos y frutas se approvechaban de la pobre chiquilla su tio iba de cuadro a cuadro pintando los penes negro y eliminandolos.cuando por fin termino entro al cuarto de su sobrina pero ya no estaba en su camita.don emilio habia eliminado todos los penes menos lo que estaban en los cuadros en el cuarto de su sobrinita. mirando alrededor de las paredes con los cuadros de los payasos y frutas se notaba que en ellos estaba pintada su sobrina.en venganza los payasos y frutas se llevaron la pobre, lo sorprendente era que tenia una sonrisa en su carita con penes y frutas penetrandola en el culito,vagina y boquita.ahorita don emilio ignoraba que cuando su puta sobrina miraba su pene era porque sonaba con tenerlo a el en su cama y al levantarse todos los dias sin haber disfrutado de el placer se iba de noche a su cuarto a tocar los penes en los cuadros imaginandose esos payasos y frutas fueran la realidad.los payasos y frutas se cansaron de esperar que don emilio se approvechara de la chiquilla tal que ellos mismo le hicieron el favor con el uso y magias de sus penes pintado....y el moral de esta historia es que no seas pendejo ya que las vaginas les encantan los penes GRAAAAAANDE.FIN

En la Playa Nudista

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Pues eso chicos, otra típica fantasía de playa con la mujer por medio. Mi fantasía es como sigue, después de mucho rato de estar tumbados en la playa llega un negro que se pone a nuestro lado pero no se quita el bañador, y le digo a mi mujer ese tiene vergüenza de que se la vean (estamos en una playa nudista); me pide que le ponga crema por la espalda y yo le digo que me voy a dar una vuelta, que se lo diga a alguien, cojo y me piro.

Aquí paso a contarlo como si fuera...ella.... Será gilipollas pues no se pira y me deja sin ponerme la crema por la espalda, me fijo en el morenito que estaba a nuestro lado y le digo, por favor me puedes poner crema por la espalda? y el me contesta por supuesto pero con una condición, cual? le pregunto yo, pues que cuando acabe con la espalda me dejes ponerte también por delante (estoy desnuda por supuesto) yo le digo de acuerdo pero yo también te pongo una condición, el me pregunta cual? y le contesto que te quites el bañador ya que estamos en una playa nudista, son las 7 de la tarde y apenas queda gente, el me dice vale pero después de darte crema por la espalda.

Accedo y me tumbo boca abajo encima de la toalla, empezó a ponerme crema por las pantorrillas subiendo poco a poco hacia los muslos, me dijo que abriera un poco las piernas para así darme por el interior de los muslos y cuando faltaba poco para llegar al culo me pidió permiso para ponerse de rodillas encima de mi con una pierna a cada lado, yo aunque me estaba poniendo cachonda le dije que no que mejor si se ponía de rodillas a la altura de mi cabeza mirando hacia mis piernas podría darme por la espalda así lo hizo y cuando empezó a ponerme por los hombros con sus grandes manos de dedos largos suavemente bajando a lo largo de la espalda levanto un poco la cabeza y veo que por el camal del bañador asoma un pedazo de cabeza que parecía una anaconda DIOS MIO..... y mi marido creía que no se quitaba el bañador por vergüenza, y es para no dejar en ridículo a los demás; con esa visión por supuesto me he puesto salida del todo y con la calentura que me está entrando no lo pienso mas y me doy la vuelta diciéndole ahora dame por delante, pero quítate el bañador como prometiste.

El tío se lo quita y deja al aire un rabo de unos 25 cm. tieso como el mástil de un barco y me dice, perdona pero es que con el cuerpo que tienes me tienes salido del todo, bueno da lo mismo tu continua poniéndome crema , el con las manos untadas por la crema comienza a masajearme los pechos y cuando al rato baja hacia el ombligo se tuvo que estirarse por encima de mi, pasándome todo el rabo por la cara, sin poder aguantar más se lo cogí y lo lleve a mis labios intentando metérmelo en la boca casi me desencajo las mandíbulas del cipote que tenía, me puse a babear un montón sobre todo cuando llegó con sus manos a mi almejita metiéndome un par de dedos en ella; aunque apenas había gente en la playa le propuse ir detrás de unas dunas que habían cerca para pegar un buen polvo y accedió, y que sorpresa me llevé cuando al llegar a la duna me veo a mi marido cámara en mano haciéndonos fotos y diciéndome que te mola el morenito? que si me mola AHORA MISMO ME LO VOY A FOLLAR y poniendo una toalla en el suelo tumbé al morenito con la estaca apuntando hacia el cielo....me puse a horcajadas encima de su cipote y empecé a pajearme, dejándome caer conforme me llegaba el orgasmo, coincidiendo el primero con la entrada de su cipote en mi coñito el cual estaba dilatado al máximo cojí aire y dejándome caer otro poco me metí casi todo el rabo, empezando a notar como su cipote hacia presión en mi matriz, con mi marido alguna vez hemos llegado a meter el cipote dentro, pero claro es que eso no era un cipote normal, conforme estaba a punto para el segundo orgasmo el cabrón del morenito me cogió por las caderas y apuntando al centro mismo de la matriz empezó a empujar .....

Yo notaba como me habría en canal al mismo tiempo que me estaba matando de gusto, de pronto noto una presión en el ano y era el cabron de mi marido que intentaba metérmela por detrás..... sea por el gusto porque las fuerzas me abandonaron o por lo que sea el caso es que lo consiguió llegando los tres al clímax total a la vez. Bueno espero que mi fantasía sea de vuestro agrado.

Esposa Culona

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Siempre le dje a mi esposa que ella seria la culpable de lo que pase por tener tremendo culazo, ella siempre se empecinaba en salir con minifaldas a comprar o visitar a sus amigas y yo le decia que eran muy cortas y ademas por tener un culo tan parado las minis se le subian por la parte de atras y se le veia la ropa interior, pero ella decia que hacia mucho calor para andar con pantalon.Y este calor que llega a casi 40 grados hace que uno quiera estar desnudo, cosa que ella con frecuencia hacia mientras hacia las cosas de la casa,pero una cosa era llegar a casa y verla totalmente desnuda cocinando o limpiando y otra era salir con ella en mini falda al mall y ver que los hombres volteaban a mirar su trasero a cada momento,para ser sincero me excitaba pero era tal el tamaño de su culo que se notaba que todos querian ponerla en 4 como perrita y gozar de esas nalgotas.

Puede confundirlos el hecho de que llame culazo o nalgotas al trasero de mi mujer,no es que sea gordo  o descomunal,solo que es redondo ,parado y carnoso,ella tiene 34 años pero esta mejor que cualquier chica menor, es mas la miraban hombres viejos,jovenes,solos,con sus esposas al lado,con sus hijos al lado y hasta los niños de 13 o 14 años que ya estan con las hormonas revueltas por la edad y por querer dejar de masturbarse quieren  penetrar una concha de verdad,es mas pienso que estan pensando mas en que alguna mujer les mame la verga y les de el culo para que ellos puedan meter su verga y luego contarlo a sus amigos.

Un viernes no fui a trabajar por que estaban fumigando la oficina y le dije que queria ir a tomar algun trago y bailar en la noche,me dijo que estaba bien pero que no tenia ropa para salir asi que seria bueno que vayamos a comprar unas cuantas blusas y faldas,asi que me bañe ,me cambie y baje a esperarla en la sala, fui a buscarla y estaba cambiandose: A que hora piensas salir?ya es tarde,le dije,para mi sorpresa ella salio con un pantalon de lycra negro zapatillas y un polo largo,bueno al meno vestida asi no tendria que estar preocupandome de que la esten mirando los hombres por la calle y tratando de ver por debajo de sus minifaldas a ver si pueden mirar un poco de su vagina o si es que esta sin ropa interior. Salimos,tomamos un taxi y nos llevo al metro mall de panama,lugar donde venden ropa de buena marca y hay donde pasar todo el dia almorzando,viendo cosas  y tomar algo. Llegamos a una boutique y ella fue directamente a buscar unas minifaldas comodas,unas blusa,zapatos de taco y para la noche,unas medias de nylon hasta los muslos y un portaligas, yo estaba mas que contento hasta que cuando ella entro al probador y yo estaba esperandola afuera para dar el visto bueno cuando salga a mostrarme como le quedaba esa ropa de puta que se estaba probando,alguien me toco el hombro,era renzo,el de la oficina,estaba con su esposa(una mujer gruesa y baja,a pesar de que el siempre se ufanaba de que su esposa era linda)y un grupo de 5 chicos entre ellos el hijo de el.

Hola jefe,me dijo,yo estaba maldiciendo mi suerte por encontrar a ese aburido y mas aun ver a su gorda esposa y a esos muchachos todos regordetes y escandalosos,HOLa le dije,te presento a mi esposa me dijo y yo tuve que darle un beso en esa mejilla arrugada a su mujer,que haces tan solo,me dijo riendose como idiota,aca esperando a mi esposa que salga del probador e irnos a comer algo. Disculpa la confianza¿y si nos vamso a almorzar a mi casa justo ahora es cumpleaños de mi hijo y sus amigos van a estar en la casa, me dijo su esposa. Bueno no creo... justo en ese momento sale mi esposa del probador y veo la cara de mierda que pone la mujer de renzo,la cara de enfermo de renzo y la cara de excitados  de todos los chicos al ver a mi mujer con una mini de infarto mostrando las piernotas hasta donde llegaba la falda, osea hasta donde empezaba la tanga negra y terminaban las medias de naylon sujetadas por el portaligas.Fue una sorpresa para todos porque ella pensaba que estabamos solos,sin inmutarse saludo a renzo y este le presento a su mujer quien ya estaba con cara de pocos amigos al ver el tremendo cuerpo de mi esposa casi desnudo y mas aun inquietando a todos esos nerds amigos de su hijo,...creo que no podra ser...quise terminar pero al momento insistio renzo y dijo que no podia negarme pr que eso lo haria sentir mal,no sabia que hacer mire a mi esposa para que me ayudara a salir de ese problema pero termino de embarrarla mas:claro amor,me dijo,vamos y aprovechamos para platicar y tomar algo,tratando de disimular mi enojo tuve que aceptar pero comence a planear mi venganza contra mi amorzote por haber arruinado lo planeado. Le dije a renzo:ok,vamos a tu casa y asi mientras se conocen tu mujer y la mia salimos a tomar algunas cervezas luego del almuerzo,claro,dijo inmediatamente,seguro pensando en que no iba a dejar pasar la oportunidad de ver todo el dia las piernas y el culo de mi esposa y talvez un poco mas.

De mas esta decir que la mujer de renzo estaba echando chispas y los mocosos echaban otra cosa que salia por su bragueta y conversaban algo entre ellos tratando de disimular pero supongo que hablaban de el culote de micaella(asi se llama mi esposa).Llegamos a la caa de renzo,almorzamos mientras los marcianos amigos de su hijo corriando por el jardin y mi esposa y la esposa de renzo al fin  y al cabo terminaban por conversar y chismear de lo lindo,cosa que aprovechamos renzo y yo para irnos a un bar que estaba a la vuelta. Bueno no estare solo con mi esposa pero despues de todo renzo no era tan aburrido como en la oficina y sin querer terminamos tomando unas cervezas mas de la cuenta cosa que nos hizo hablar como amigos del alma y casi abrazarnos como hermanos. Pero lo planeado con mi esposa comenzo a dar vueltas en mi cabeza y mas aun al verla vestida como estaba y luego de unas rondas mas de cerveza renzo encendio mi espiritu compentitivo al decirme:bueño(lease como hablamos los borrachos)y jefe..hip..que le parece mi esposa? todos en la oficina me han dicho que soy un hombre con suerte por que dicen que esta buena, hip...mira brother...por los tragos creo que estaba fuera de la realidad pero para no hacerlo sentir mal le dije que si,que era muy guapa su mujer....peeeeeero yo creo que la mia es mas durita...nnOOOOO ,dijo el,Sii dije yo,bueno ya son las 11pm y que tal si vamos a comprobar quien esta mejor de las 2 y el que pierda paga la otra ronda ooooooooook salimos directo a la casa y al llegar lo primero que vimos fue una masa de grasa sobre el sofa,era la mujeer de renzo,bueno..dijo el,empecemos toquemos a mi esposa,ok,al acercarnos mas olimos un tufillo a licor, umm creo que ellas tambien se la pegaron dije,puse mis manos en las piernas de la mujer de renzo y al momento senti como se hundian,Si,tienes razon brother esta durita,taratando de no hacerlo sentir mal porque sabia que micaella era mil veces mejor que su ballena. Bueno..ahora nos toca meter mano a tu esposa, ok(creo que estaba bien borracho porque sino no le hubiese propuesto lo que les cuento)tocale primerolas piernas y despues te doy permiso para que le toques el culo,verdad y donde esta micaella? le dije.... no se,respondio busquemosla...fuimos al cuarto y no estaba,a la cocina al baño y nada...y mi hijo y sus amigos? dijo renzo,habran salido a comer algo,saquemos tu auto y vamos a buscarlos,le dije.

Emprendimos camino a la cochera cuando de pronto oimos algunos ruidos,no te preocupes,deben ser mis pitbull,rex y toro, pero no muerden,vamos, abrimos la puerta de la cochera despacio para que los perros no salieran corriendo y nos dimos con una sorpresa increible pero mas que asustarnos o preocuparnos hizo que se nos erectara la verga a ambos al momento a pesar de todo el licor que habiamos tomado,la imagen era increible y no podia creerla,solo un breve recuerdo de la mini ,las media y las botas que compro micaella hicieron que reaccione y reconozca las duras y blancas piernas de mi mujer puesta en 4 patas literalmente como perra y mostrando todo su culote en pompa mientras un animal (despues renzo me dijo que era su perro rex)estaba cogiendola porla cintura mientras jadeaba como si estuviera a punto e morir y le metia su entrepierna roja que para ser franco era mas grande que la mia,mas grande y gruesa que de un humano creo,ella al vernos se paro instantaneamente y el perro la seguia enfurecido para tratar de ponerla en 4 como perra para seguir intentando preñarla en ese momento rex salio corriendo por la puerta,oh cesar ,me dijo,disculpa..no se que decir... yo..pero lo que no vi en un primer momento fue que el hijo de renzo y sus amigos estaban agarrando a el otro perro mientras miraban con las vergas fuera del pantalos como micaella les daba ese espectaculo. Bueno mi amor,le dije,yo solo venia a verte por una apuseta con renzo,pero lo comprobamos y tu sigue,no te preocupes no me molesta. Ella se acerco sorprendida mientras los muchachos seguian agarrando a el otro perro y miraban con cara de susto por no saber lo que pasaria,al llegar junto a nosotros micaella trato de acomodarse la falda y bajarla a lo que yo le dije:dejala asi,renzo toca para que veas que ella es mas dura,renzo aprovecho y no solo le toco las piernas y las nalgas como quedamos sino que se arrodillo le abrio las nalgas y lamio un par de veces su ano.

Bueno mi amor sigue en lo que estabas,ya no mi amor,me dijo. Nada que ya no,ponte en 4 como estbas,los chicos quieren terminar de ver lo que estabas haciendo,noo me dijo.Renzo..le dije ven,agarre a micaella la puse de rodillas en 4 le subi la falda para dejar su culo al descubierto y le dije a renzo que la agarrara fuerte para que no se mueva,ella se resistia y los muchachos ya empezaban a reir y animarnos para que no la soltemos,suelten al perro le ordene mientras miraba la cara de horror que ponia micaella al sentir que la iban a violar los perros en eso regreso el otro perro rex y comenzo a morderse y gruñir con toro como tratando de comer primero el culo de micaella,toro gano y sin perder tiempo se monto sobre micaella que luchaba por soltarse pero dejo de luchar al sentir que toro la agarraba con sus patas por la cadera y empezaba a hacer movimientos de cadera hasta que al ver una lagrima en el rostro de micaella y oir sus gritos supe que toro habia acertado en su ano,asi comenzo a bombearla con una rapides increible pero no podia meter todo su fierro por que demas de gigante micaella cerraba su culo,supuse que todos los presentes estban igual de excitados que yo al ver a un perro dandole por el culo a la mujer que ellos querian hace tiempo comerse,pero la suerte era de toro quien seguia luchando por introducir su verga por el culito de micaella seguro pensando en tener cachorros y que rex no le ganara, micaella lloraba por que solo penso que el perro iba a montarla un momento y no se habia dado cuenta que al estar excitados los perros alcanzan unas dimensiones exagerada en su miembro al estar cogiendo,ella no dejaba de luchar hasta que apiadado por los perros agarre con mis manos cada nalga de mi mujer y las abri tanto como podia para ayudar a ese pobre animal a que pueda meter toda su carne a ese culo tan rio que en verdad yo no habia gozado hace mucho tiempo. El perro era un animal muy fuerte asi que hacia que micaella y renzo que la estaba inmovilizando se movieran con cada embestida,todos quedamos sorprendidos al ver que toro llego a meter todo al culo de micaella mientras ella lloraba pero aun asi empezo a abrirse las nalgas ella sola, gemia y le decia a toro: si perrito dame,dame,que rica verga,donde esta tu amigo rex,no te canses y toro termino prendido a ella por el ano pero a los segundo un grito de dolor de micaella nos aviso que toro habia sacado a la fuerza su verga abotonada. Llame a rex y le ofreci el culo de micaella,a lo que rex no se resistio  y empezo  a bombearla mientras toro jadeaba cansado a un lado de el auto. Los 5 muchachos ya habian botado todo el semen que tenian,pero al terminar rex otra vez en el culazo de micaella les ofreci que en vez de manchar el piso y desaprovechar el semen micaella se lo iba a tomar,asi uno a uno pasaron por la boca de micaella mientras ella trataaba de no dejar caer ni una gota,todos quedaron cansados y stisfechos.Fue una noche increible,lo que paso despues no tanto,porque micaella rogo a renzo para que le regalara a rex,ella lo llevo a casa y aunque no soy celoso me molesta un poco cada vez que llego de trabajar el tener que ver a micaella ensartada por el culo por toro o mamandosela en cualquier parte de nuestra casa casi todo los dias. 

Soy parte de un Trio

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Soy asiduo lector de relatos eroticos, cuando leo alguno bueno, termino teniendo fantasias en la noche o bien me hago una rica masturbación leyendolos. Ahora soy quien sin mucha experiencia, he decidido contar algo que todavía me sucede.

Entré a laborar a una empresa que se dedica a ventas de cierto equipo y materiales de construcción. Alli conocí a Ricardo, quien fue la persona que me indujo en el nuevo puesto, de hecho èl es mi jefe inmediato. Las siguientes semanas nos hicimos muy amigos. Cierto día me comunicó que se juntaría con su esposa a almorzar al medio día y que si no quería acompañarlos, le dije que me encataría, asi que nos juntamos en un restaurante cerca de la empresa.

Allí fue que conocí a Sharon, esposa de Ricardo, me quedé boquiabierto, era una mujer, de unos 25 a 30 años, llevaba un vestido corto arriba de las rodillas, tacones altos, que exaltaban más su belleza, ya que era muy atractiva, de l.70 mt de estatura, una cintura de avispa, lindas curvas en sus caderas y el vestido dejaba mostrar un perfecto par de tetas, que sin ser muy voluminosas eran paradas y bien definidas. Ricardo me la presentó y comenzamos a charlar entre los tres. Sharon era una mujer con amplio carácter, y pronto intercambiamos dialogo de varios temas. Ella misma me contó que su cumpleaños se acercaba y que yo no podia faltar.  Bueno asi quedo y nos retiramos de nuevo a la empresa.

La semana siguiente, yo contesté el teléfono un par de veces, era Sharon buscando a Ricardo, antes de comunicarlo, entablamos una buena charla con Sharon, realmente se veía que era buena onda. Finalmente llegó el día del cumpleaños de Sharon, este se realizó  en una conocida discoteca de la ciudad.  Hubo baile y por supuesto traguitos para todos. A eso de la una de mañana, debido a una ley seca que existe, se rompió la fiesta y todos los chavos y chavas se retiraron, alli fue donde Ricardo me dijo que lo acompañara a su casa, yo le dije que si. Llegamos a su casa, Sharon se retiró a su habitación, yo creía que había ido a dormir, Ricardo me sirvió un whisky en las rocas y nos quedamos platicando de diferentes cosas, de la fiesta, no me acuerdo bien. De repente, aparece Sharon con un baby doll rosado puesto, se veía primorosa, el trajecito era casi transparente, se podían apreciar sus bellos senos y sus pezones, apenas llegaba a su cintura o sea que su calzoncito tipo bikini, de color rojo no estaba tapado por nada, tenía puesto unos zapatos abiertos de pequeño tacón. 

Por un momento pensé que yo estaba de más en ese momento y en ese lugar. Sharon se sentó en las piernas de Ricardo y empezaron a besarse primero lentamente, pero luego fue subiendo de tono, se oìan los chupetes y lenguetazos, Ricardo fue acariciando las lindas piernas de Sharon, yo era un espectador de todo eso, no sabía si despedirme o hacer caso omiso, lo cierto es que yo seguía  pendiente de todo lo que estaban haciendo y una erección comencé a tener allí sentado frente a ellos. Ricardo dejó de acariciar las piernas de Sharon y subió su mano para bajar los delgados tirantes del traje, quedó desnudo uno de los senos de ella, como imaginé eran perfectos, duros y de buena forma, frente a mi los empezó a acariciar, Sharon volteó su cabeza y me empezó a ver mientras era acariciada por su esposo. Yo me sonreí con ella.  Luego ella le dijo a su pareja,  -Heyy, si tenemos una visita, y debemos atenderlo!- Ella a gatas se fue directo a donde yo estaba. Yo estaba petrificado, pero mi erección era evidente. Ella con una sonrisa muy picara, puso una de sus manos en mi bulto.  –Ricardo!, mira como está tu amigo?,  bajó el cierre de mi pantalón, luego lo desabotonó y yo levanté mi trasero para que lo pudiera sacar, a cada rato veía a Ricardo, porque no sabía como iba a reaccionar, Sharon bajó mis pantalones hasta mis tobillos, luego hizo lo mismo con mi calzones, mi pija estaba parada hacia el cielo de la habitación, debo decir que la naturaleza me regaló una pija de siete pulgadas y media y  de buen calibre. 

Sharon la tomó con ambas manos y me empezó a masturbar frente a Ricardo, luego se la llevó a la boca, primero lamió mi glande, luego lo chupó como si fuera un dulce, sus labios eran suaves y envolvían el grosor de mi falo. Después soltó mi pija de sus manos y solo se quedó con ella dentro de su boca, dejándola entrar y salir como follando su boca con mi pija. Yo levantaba la vista para ver a Ricardo, pero el solo se limitaba a no perder detalle de todo esto. -Creo que ya estas listo!, me dijo la bella Sharon.  Se paró frente a mi y me dijo, -quitame mi calzoncito!-Bastante nervioso, lo hice torpemente, ella se río un poco. Al cabo de unos segundos, su bikini estaba en el suelo, su vulvita tenía solo una linea de pelitos, su vientre plano, era toda una rica hembra, luego ella con sus manos me hizo hacia atrás al respaldo, yo siempre sentado en el sofa y ella se subió sobre mis piernas quedando con las piernas abiertas sobre mi pija,  me la tomó con una de sus manos y la puso en su rasurado sexo y se sentando encima, mi glande penetró su rajita, estaba calientisimo alli dentro!!, luego de que mi pija fue engullida por toda su raja, se fue acomodando sobre mi y se sujeto del respaldo del sofa para empezar a cabalgarme mi pija, su vagina era pequeña y estrecha, me apretaba el tronco, era delicioso desde el inicio.  Luego con sus movimientos de cadera empezó a moverme toda la pija por todos los lados  de su bollo caliente. 

Sharon comenzó a gemir como loca, diciendo cosas calientes como –que rica pija tienes!
-  -que rico me coges papi!-,  -Ayy si, si, rico, si, si- entre otras. Pude ver que Ricardo se estaba masturbando viendonos, tenía su pija en la mano y la estremecía. Mientras Sharon se movía sobre mi pija, le abrí su baby doll y acaricie la circunferencia de sus tetas, luego se las comencé a besar, luego los mamé por turnos, sus pezones se erectaron inmediatamente y los chupé usando los labios y la punta de mi lengua.  Sharon se retorcía sobre mis piernas y con mi pija adentro de su rajita.  Gemía fuerte lo cual daba una deliciosa atmosfera en la habitación. Sharon ya había terminado una vez alli cabalgándome la pija y aún quería más, seguía moviendose bien allí arriba. De pronto veo que Ricardo se pone de pie, se quita el pantalón y se coloca por detrás de Sharon, le empuja hacia delante la espalda,  tanto que su cabeza casi reposa en mi hombro,  casi no logro ver mucho, pero por los quejidos de Sharon se que Ricardo le esta empezando a taladrar el culo, Sharon grita y balbucea, -Asi mi amor, cogeme por el culo, dame duro!-   Yo empiezo a sentir como la embestidas de Ricardo mueven el cuerpo de Sharon hacia delante,  pronto entramos en un increíble ritmo los tres,  ensartando por sus dos orificios a Sharon. 

Finalmente Ricardo estalla primeroluego Sharon gime y la oigo llegar también, yo tomo a Sharon por las nalgas y la muevo hacia delante y hacia atrás, estoy por llegar, ella lo sabe y ayuda a que yo pueda llegar al climax, mi pija empieza a escupir grandes volúmenes de esperma dentro de la raja de Sharon.  Ricardo yace en el sofa, Sharon queda sentada en suelo con la espalda en el sofa, y yo quedo sentado en el otro sofa individual. Ha sido magnifico. Poco a poco ceden las respiraciones aceleradas de cada uno.

Sharon se colocó de nuevo su trajecito. Se sienta a la par de su marido y me empiezan a explicar que siempre han querido a un tercero en sexo, pero sabían que no podian meter a cualquiera, por eso, hasta que Ricardo me conoció mejor, ellos decidieron llegar a este encuentro, cabalmente el día del cumpleaños de Sharon. Yo les dije que con gusto seguiría participando en su cama. Y asi ha sido en los últimos meses, una o dos veces por semana llego a la casa de Ricardo y formamos un rico trío. 

Ha sido una excelente experiencia.  Les cuento que hace una semana, llegué a su casa para saludar.  Y Sharon estaba sola en casa, Ricardo andaba jugando poker con sus amigos.  Sharon me invitó a cenar y luego tuvimos sexo en su habitación, nunca lo habíamos hecho sin estar Ricardo presente, pero fue excelente. La forniqué por sus dos agujeritos y estuvimos haciendo el amor como dos horas.  Espero que esto no traige consecuencias..


Mi primer Anal al aire libre y Borracha

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Me llamo Vane , tengo 19 años y esta es mi primera historia así que pido perdón por las faltas que haya podido cometer. Os voy a contar la historia de mi primer anal (es una historia real que me pasó la semana pasada y espero que os guste).

Son las fiestas del pueblo de mi novio así que como todos los años me fui a pasar un par de días. Solemos beber bastante así que como todos los años para cuando llegaron las 4 de la mañana ya no sabía ni qué hacía ni dónde estaba (con un buen pedo pero de esos que por mucho que bebas sigues riendote y pasandolo bien sin vomitar) y, como todos los años mi novio empezó a comerme la cabeza con la idea de darme por culo. Sabía que tenía muchas ganas de que follásemos porque llevabamos una semana sin vernos y tanto a mí como a él nos apetecía muchísimo (somos una pareja muy activa sexualmente y solemos hacerlo todos los días y tras una semana a mi ya me daba igual dónde y cómo lo hacíamos).

Total, que son las 4 de la mañana y estamos volviendo a la casa de sus padres cuando me cogió la mano y me la metio por su pantalón, tenía una erección enorme
y es que yo iba vestida para matar ese día; soy una chica de pelo largo y moreno, con buenas tetas y con un culo respingón de esos que todos te van dando azotes cuando tienen la suficiente confianza. Ese día llevaba un minivestido de esos que cuando te agachas se te ve un poco el culo y con un escote que dejaba ver mi canalillo, me había vestido aposta para calentar a mi novio durante toda la noche y por lo visto lo había conseguido. 

Como yo también estaba bastante cachondilla le cogí la mano y le llevé a un descampado que hay cerca de su casa y en el que no hay ninguna farona que nos pudiese iluminar. cuando llegamos allí le empecé a besar por el cuello y a contarle todo lo que le iba a hacer: primero le iba a bajar los pantalones y a sacarle su polla, que por entonces ya estaba en bastante dura, para comersela como nunca. Me gusta que mi novio me agarre la cabeza y me la lleve contra su polla para mamársela así que se lo dije y empecé a chuparsela primero despacito y luego más duro, variando el ritmo para que cuando estaba a punto de correrse se calmase lo justo para seguir una y otra vez. 

Mi novio, que para entonces estaba que no podía más, me hizo tumbarme en el suelo y empezó a abrirme el escote del vestido para comerme las tetas mientras me decía que empezara a hacerme un dedo. para cuando estaba a punto de correrme me dijo que parara y me la metio muy lentamente, yo estuve a punto de gritar del placer pero me tapo la boca con la mano para que no nos descubriesen. Mi novio tiene una polla perfecta, de esas que no son muy largas pero son gorditas por lo que cuando me la mete la siento muy gorda y eso me pone cachondísima.

Cuando me corrí no pude evitarlo y solté un grito que pensé que nos descubrirían pero mi novio siguió dandome y dandome hasta que pensé que no podía llegar ni una vez más. De repente me cogio y me dio la vuelta poniendome de rodillas. pensé que iba a cambiar a la postura del perrito así que seguí acariciandome pero cuando noté que un dedo suyo empezaba a acariciarme el culo supe lo que iba a hacer. Le dije que por favor que parara, que no lo habíamos hecho así nunca y que me iba a doler pero estaba tan cachondo que me dijo que no, que había comprado lubricante y que llevaba todo el día pensando en subirme el vestido y darme por culo una y otra vez hasta que gritase pidiendole más y más.

Sacó el lubricante y me lo puso en el culo mientras me metía primero un dedo y luego dos para ir abriéndome. yo nunca había hecho nada parecido y notaba una presión que me hacía un poco de daño pero también me gustaba. Mi novio me dijo que me fuese haciendo un dedo mientras él me lo hacía en el culo. Me empecé a tocar y acariciar y empecé a sentir el comienzo de un orgasmo. Le dije que me metiese su polla porque estaba a punto de correrme y él muy despacio empezó a penetrarme. Me empezó a doler mucho y le dije que parara, que no podía y que me iba a romper el culo pero él no me hizo caso y agarrandome por la cintura me inmovilizó para seguir metiendomela muy despacio hasta el fondo. 

Cuando la note toda dentro y empezó a moverse el dolor se transformó en placer y cuando noté que me empezaba a meter un dedo en el coño empecé a moverme como poseida y a decirle que me diese más y más fuerte. él empezo a decirme toda clase de guarrerías como que parecía una puta abierta a cuatro patas y dandome por el culo en plena calle y que nos iban a pillar y a mi eso me ponía mas cachonda. le decía que más fuerte pero cuando notaba que me corría cambiaba el ritmo y me hacía volver a empezar otra vez. Cuando pensé que no podía más me dijo que estaba a punto de correrse y me pidió que ahora le dijese cosas guarras a él.

Le dije que me diese más y que me metiese su polla tan hondo como pudiera en mi culito, que me había puesto como una perra
y que me diese unos azotitos que me ponían cachondísima. Sentí como se le ponía más dura todavía y como se le contraían los huevos antes de que su semen saliese disparado y me empapase el culo mientras soltaba un jadeo y gritaba : siiiiiiiiiiiii..... (a mi novio le da verguenza gritar cuando follamos pero esta vez se olvidó de todo y de todos y disfruto como nunca). 

Cuando acabamos me bajo el vestido y yo le limpié la polla lamiendosela y tragandome las gotitas que le quedaban en la punta.
nos terminamos de vestir y seguimos andando hacia casa como si nada hubiera pasado. cuando llegamos a casa me dijo que llevaba todo el día pensando en que hoy me daría por culo y que había colocado una cámara la noche anterior en ese sitio para grabarnos mientras lo hacíamos. Mi novio ahora se ha ido de viaje una semana y estoy sola pero creo que ya se qué voy a ver esta noche para pasar un rato divertido..... es una historia real que espero que os haya gustado y agradecería que me dijeseis vuestra opinión y si queréis que publique más. Gracias!!

Igor y La Genia de la Lampara

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Quien no ha soñado alguna vez con encontrarse la famosa lampara de aladino, frotarla y que de repente aparezca un genio o genia de alli y te conceda tres deseos, pues bien de eso trata el cuento que relato a continuacion.  Las cinco de la mañana, suena el despertador y como muchos de nosotros el protagonista de nuestra historia, Igor, abre sus ojos pegados por las legañas y se dispone a levantarse para iniciar la rutina diaria de ir a trabajar, ir al baño pelearse con su calvo amigo con el empalme de la mañana para poder mear, ducha, vestirse y coger el coche.  Igor es un chico normal de 21 años, viviendo en casa de sus padres, normalito sin destacar demasiado entre la multitud.   

Una vez montado en el coche pone la musica para despertarse por completo e inicia el camino de todos los dias para dirigirse al trabajo. Una vez alli de nuevo la rutina cambiarse ponerse el buzo y otra vez a la calle a limpiar ya que nuestro protagonista es barrendero.   -Hoy te toca la zona industrial, le ordena el encargado con voz tajante.   -Vale, responde timidamente Igor.   Bien pues con los cascos y su mp3 valioso aliado en su quehacer diario comienza su jornada como cualquier otro dia sin saber que este iba a ser el primer dia de su nueva vida.   Cuando ya casi concluia su trabajo en un solar cercano a donde el estaba, en el que proximamente iban a construir una nave industrial, algo brillante le destelleaba por el reflejo del sol invadiendo en el una tremenda curiosidad, y sin poder resistirse se acerco a el encontrandose una botella sucia, que aparentemente habia estado enterrada largo tiempo, sin embargo en su interior parecia contener algo brillante, o eso dejaba entrever la gran cantidad de porqueria que estaba fijada en ella.   Botella en mano se dirijio hacia su furgoneta cogio un trapo y comenzo a limpiarla para poder ver lo que brillaba en su interior, al verlo parecia una especie de anillo con un brillante azul bastante grande, asi que pensando que quiza tendria algun valor rompio la botella y saco de entre los cristales aquel anillo se lo coloco en el dedo meñique ya que era pequeño cuando de repente el anillo se calento comenzo a salir una gran humareda rosa haciendo que Igor se encontrase en medio de una intensa niebla rosa, asustado pero a la vez con gran curiosidad se quedo ahí parado degustando el calido y estimulante olor que aquella niebla desprendia, hasta que pasados unos minutos se disipo, dejando ver primero poco a poco una silueta sin duda de una mujer voluptuosa y con apenas dos o tres gasas de seda tapando su precioso, moreno y terso cuerpo.   

Nuestro protagonista abrumado por la belleza de semejante mujer se quedó mudo, diciendo esta:   -Hola, mi nombre es, Akasha, te agradezco que me hayas liberado de mi larga estancia en esa prision, por lo que te concedo tres deseos
.   -Tres deseos, que eres un genio, o algo asi, respondio Igor.   -Si algo asi, dijo ella. Y como muestra de agradecimiento te concedo tres deseos los que te plazcan.   -Uuumm, no se, digamos el primero deseeeeoooooo, no se, no se, ¡¡¡AH!!! ¡¡¡Ya se!!!, deseo tener tus mismos poderes para concederme los deseos que quiera siempre que quiera.   -Excelente eleccion, repondio, dio un chasquido de dedos y dijo concedido, el siguiente..   -Pues no se ya tengo todo lo que puedo desear, no se quizas mis dos siguientes deseos pueden ser tener dos dias de lujuria y sexo salvaje contigo por ejemplo…   -Concedido…..   Tras decir esto ambos desaparecieron y reaparecieron en lo que parecia un palacio del antiguo egipto rodeado de seda una gran cama y una bañera enorme con miles de petalos de rosas rojas y blancas flotando en la superficie.   Tras reaparecer Igor se preparo, con sus nuevos poderes, remodelo su cuerpo haciendolo mas atletico, mas alto, sin un solo pelo y con un gran sable.   De repente se escucho musica con lo que Akasha comenzo a bailar, a contonearse y a acariciar a Igor excitandole cada vez mas y mas. Se depojo del primer pañuelo de seda que cubria sus enormes redondos y desafiantes pechos, deajando al descubierto unos rosados, carnosos y aparentemente deliciosos pezones que decian comemeeee.   

Con un chasquido despojo a Igor de sus prendas de trabajo poniendo en su lugar un taparabos de seda blanca hasta los pies notandose en la altura de la entrepierna una asta que luchaba contra la seda por salir y adentrarse en los orificios de Akasha.   Poco a poco y como flotando por el aire esta bailando contoneandose fue acercandose hacia el muchacho con el torso desnudo rodeandole y pasando la tela que antes cubria sus pechos por su cuello espalda hasta que colocandose detrás y notando este sus desafiantes y duros pechos contra  su espalda agarro su cara y se fundieron en un calido humedo y apasionado beso jugueteando con sus lenguas ya alienadas por la lujuria, Akasha le solto y aparto de un zarpazo y le susurro al oido:   -Llevo mas de 2000 años sin tener sexo asi que por favor dame mucho placer, y te corresponderé como nadie lo ha hecho jamas.   Diciendo esto, dio un giro y se coloco frente a él fundiendose de nuevo en un aun mas frenetico beso, momento en el que Igor aprovecho para suavemente recorrer su calida piel, cogiendo entre sus manos dos nalgas duras y tersas, subio hasta su cintura, las axilas hasta terminar en esas dulces tetas redondas, poniendo especial esmero en los dos montecitos que ya habian crecido hasta casi duplicar su tamaño, estirandolos, pellizcandolos, se oian suspiros de ella mientras él animado por los suspiros dirigio su boca hacia esos carnosos pezones rosados, y tras coger el primero los suspiros se convirtieron en gemidos entrecortados, movimientos bruscos de ese cuerpo de mujer enloquecido por el placer, Igor se estaba recreando no tenia prisa, le encantaba tener entre sus dedos y sus labios aquellos rosados, duros y carnosos pezones, y le animaba aun mas los gemidos y movimientos que ella hacia inducidos por el placer, ella no pudo mas y agarrando la cabeza del muchacho le alzo, y tras darle un calido y profundo beso le lanzo sobre la cama de un empujon abalanzandose sobre la ya enorme y venosa polla de Igor, acariciandola con ambas manos como si de un dios se tratara, recorrio con su lengua desde los testiculos hasta la punta de aquel instrumento que tanto placer le iba a dar, introduciendoselo dentro de su humeda  y calida boca comenzo con el ritmo de vaiven caracteristico mientras con una mano se ayudaba y con la otra acariciaba la bolsa que contenia las dos fabricas del zumo de las diosas.   

Tras varios minutos Igor se levanto cogiendo a Akasha por la cintura y tumbandola en la cama a cuatro patas, exploro el humedo sexo de ella primero acariciando, despues intodujo un dedo como explorando el camino que seguidamente debia seguir su miembro humedo por la saliva de Akasha, diciendo esta:   -Necesito que estes dentro de mi porfavor adelante metemela hasta dentro por favor, mientras contoneaba su delicioso culito invitando a ser penetrada.   Igor no tardo en complacerla y tras un firme empujon se intodujo en ese coño humedo y lujurioso por completo, escuchandose un grito agudo de intenso placer, embestida tras embestida se sucedian gritos y sollozos de placer de ambos el sodor resbalaba por sus pieles y en toda la habitacion se respiraba lujuria, deseo, sexo en estado puro, Igor se apoyo en ella cogiendo con una mano uno de sus ricos pezones y con la otra acariciando el ya abultado y deseoso clitoris de Akasha aumentando aun mas la intensidad de las embestidas y de las caricias y pellizcos, provocando en ella primero uno, dos y despues tres largos y deliciosos entruendos de placer que hacian que Akasha se volviera poco a poco loca de placer, y con el ultimo Igor relleno del calido liquido todo el interior de la humeda cueva de Akasha, la saco y tras un chasquido de dedos hizo que su espada estuviera en pie de guerra y lista para mas nuevamente, le dio la vuelta a la ya envuelta en la dulce locura del placer y la penetro de nuevo esta vez por el ano mientras dirigio la mano de ella hacia su clitoris y él acariciaba besaba y mordisqueba sus pezones mientras ahondaba una y otra y otra vez en el estrecho ano de la chica, produciendo nuevamente multiples estallidos de placer con sus respectivos espasmos y gemidos.

Tras esto y sacandola de la estrechez de su culo la invito a comer ese dulce caramelo tieso y venoso a lo que ella acepto gustosa, este se tumbo y ella tras poner su chorreante sexo en la cara de este, se introdujo por completo en la boca el aparato comenzando el vaiven mientras el se recreaba lamiendo su sexo, introduciendo su lengua en la profundidad de aquel agujerito que tanto placer le habia dado y mordisqueando y succionando el enrojecido clitoris que salia desafiante e hinchado entre los humedos y sonrosados labio provocando en ella un nuevo orgasmo hasta que finalmente inundo del calido liquido la boca de ella tragandolo esta con gran inpaciencia, se levantaron sudorosos y extasiados de tan buenos momentos finalizando el encuentro con un largo beso.

El Reencuentro

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Ellos disfrutaban pertenecer a una categoría a la que pocos acceden, amigos con derecho. No se bien quien fue el sabio que ideó esta forma asociativa, pero bien merecería un monumento. Largo es de explicar, y no sirve hacerlo a los efectos de este relato, la razón por la cual Ella había declinado los beneficios de tal membresía, la connotación carnal de la fórmula compuesta antes mencionada. Pero parecía que faltaba tan solo un empujoncito para volver a caer en las dulces y placenteras redes de la lujuria.

El realizó una amigable visita sin segundas intenciones, aunque su inconciente y sospecho también el de ella, clamaban por volver a encontrar el espacio de las pieles desnudas, de las humedades eróticas, de los silencios voluntarios y los gemidos obligados que hacían los encuentros tan placenteros. Dos golpes se oyeron en la puerta.
 
- Hola que tal, tanto tiempo
- Hola, que alegría

Su nueva casa, amplia y colmada de lugares aptos para el desenfreno sexual, era sensual,
y la frutilla del postre la conformaba una piscina, pequeña pero lo suficientemente vasta como para dejar nadar la lujuria. Los saludos de cortesía pasaron sin más, disimulados por el nerviosismo de un nuevo encuentro. Sus cuerpos, nada sobresalientes  a los cánones de belleza de la sociedad de consumo, se rozaron levemente y desprendieron mágicas feromonas, causantes clandestinas de la atracción. La charla inicial rondó temas laborales y actualización de sus vidas desde la última vez que se habían visto. Fue acompañada de un almuerzo frugívoro regado con abundante vino tinto pero realzado con un condimento letal, las miradas. Esas miradas que algún ecologista trasnochado podía atribuir como causante del calentamiento global, del derretimiento de las masas de hielo más tenaces del planeta. El penetraba las prendas de Ella, como si tuviera rayos X, queriendo escudriñar lo que la vestimenta resaltaba.

Esta vez, una musculosa atrevida, rosada y ceñida al voluptuoso cuerpo se interponía. Pero también invitaba a dar rienda suelta a la imaginación, y eso se le antojaba placentero. Era verano, no hacia frío por ende, pero sus pezones asomaban desafiantes debajo de la prenda. El color cobrizo de su piel por la exposición al sol en largas sesiones de piscina, hacía de implacable afrodisíaco para El, quien ya demostraba una erección que no podía disimular, por más que tratara en vano de acomodar su miembro incansablemente con la mano. Y peor aún cuando imaginada en un rápido y placentero ejercicio, ese cuerpo apetitoso asoleándose cubierto por diminutas y sensuales prendas a la orilla de una pileta de azuladas y refrescantes aguas. Cuantas noches de desvelo habían causado esas imágenes que lo invadían hasta querer transportarse mágicamente a ese escenario y regodearse con la piel morena de su musa, recorriéndola, saboreándola y penetrándola hasta que el cansancio lo hiciera dormir sobre la humedad de un cuerpo saciado de éxtasis.

Un jean ajustadísimo que había perdido las piernas, tal vez en una lucha imaginaria por querer arrebatárselos para penetrarla violentamente, transformándose en atrevido e insinuante short, era la vestimenta que acompañaba a la musculosa. El final del almuerzo lo determinó Ella con una frase inspiradora:

- Nos dormimos una siestita?
La respuesta no se hizo esperar:
- Dale

Silenciosamente, como no queriendo romper con la magia y la excitación del momento, se levantaron y se dirigieron a la cama, cuadrilátero que solo los tendría, teóricamente, que albergar para acunarlos en brazos de Morfeo. Se deslizaron bajo la suavidad de las sábanas, y cual danza ensayada y sincronizada, se recostaron sobre sus respectivos lados derechos adoptando la tradicional forma “cucharita”. El la abrazaba dejando su brazo derecho como parte del colchón donde Ella se apoyaba. La boca de El quedó prisionera entre el hombro y la oreja de Ella. El cuello de Ella fue campo fértil donde El sembró susurros, besos y una respiración que se aceleraba de manera incontrolable. Esto dio paso a un besuqueo en esa región con delicados mordiscos del lóbulo, apetecible, tentador. Recorría con la humedad de sus labios ese terreno, como buscando aportar agua a la reciente siembra.

Y los frutos no tardaron en aparecer, en forma de bello crispado por el cosquilleo. La mano izquierda de El comenzó a explorar ese cuello desnudo y sensual, suave pero tenso, que aunque en semi penumbra se le presentaba cobrizo tal cual lo había avizorado en el almuerzo. Recorrió luego el contorno del escote rosado, jugueteando pero sin adentrarse en terreno prohibido ya que solo dormirían la siesta. Ella suspiró hondamente y con su mano llevó, cual niño al que se ayuda a cruzar la calle, la mano de El a recorrer esos pechos que clamaban por caricias.

Esas hermosas redondeles, tiernas pero firmes a la vez, eran conocidas por El, pero luego de tanto tiempo sin acariciarlas, la emoción lo turbó como aquella primera vez. La respiración iba aumentando ritmo y frecuencia. El devolvió gentileza y, sin dejar de acariciar con una mano esos esculturales pechos coronados por pezones estoicos, con la otra llevó la mano de Ella hasta su pene, que a estas alturas se encontraba tan duro que parecía más bien estar hecho de algún mineral no descubierto aún por la ciencia moderna. “Viagra?”, pensó El, “Já, eso es para los que no han tenido oportunidad de estar con Ella en la intimidad”, se respondió.

Un buen rato disfrutaron de ese intercambio de caricias, solo frenando para despojarse de las vestiduras que cubrían las pieles del deseo. Desnudarse fue un acto sencillo pero cargado de sensualidad. Lo hicieron uno al otro, redescubriendo esas cubiertas que recordaban de anteriores encuentros, pero con mucho tiempo para disfrutarse esta vez. Ella, con ágil y elegante movimiento se dispuso en cuatro, cual gata en celo, sobre El. Pero para agregar emoción al relato diré que la pose que adoptaron fue una de las más maravillosas que el Kamasutra ha inventado, la 69. Ese pedazo de mujer, derramando erotismo por los poros, de curvas sensuales y voluptuosa carne, parecía demasiada ofrenda para El, exuberante cuerpo que parecía exceder la capacidad amatoria de solo dos brazos y una boca, pero no quiero ahora adentrarme en relatos que dejaré para otro momento. Ella bajó su cabeza devorando con su boca el miembro de El, subiendo y bajando con delicado ritmo primero para luego incrementarlo de manera paulatina. El se encontró con las húmedas cavidades de Ella frente a su boca, delicadamente depiladas, que clamaban por besos y caricias linguales. Tomó las nalgas con sus manos y puso proa al Edén soñado. Saboreó tiernamente los contornos de esa flor abierta. 

Saboreó tiernamente los contornos de esa flor abierta con movimientos circulares que se iban estrechando hasta llegar a un centro que coincidía con la entrada a un fastuoso mundo de placer. Placer que era la razón de vivir de estas almas que disfrutaban del sexo sin tabúes ni preceptos. Penetró ese portal con su lengua y jugueteó con ella dentro de ese paraíso. Los sabores se le presentaron como el más delicado de los manjares.

Ella, en ese momento, intensificó el ritmo del movimiento de succión derramando hectolitros de saliva que lubricaban el miembro al rojo vivo de El. Sus manos en el pene acompañaban el meneo de su boca. No quiso olvidarse de los genitales a los que sumó como candidatos a recibir besos y caricias. El, al borde de la explosión, tuvo que abandonar la posición tan placentera que los fundía en una sola masa, para situarse de rodillas detrás de Ella y recostarse sobre esa espalda salpicada de sudor. Por detrás tomó los pechos y los amasó suavemente mientras Ella mantenía la pose felina y remplazaba ronroneos por jadeos entrecortados. Su miembro se acomodó juguetón entre las nalgas, carnosos y robustos montes desprovistos de vegetación. La penetración se tornaba un deber, un acto de piedad que acabara con el sufrimiento de esos cuerpos que ardían en deseo. Ella giró poniendo cara al cielo, buscando fundir las dos bocas en una sola, intercambiando sabrosos fluidos que saciaran de alguna manera la sed de lujuria de esos cuerpos sudorosos, deshidratados de placer. El bajó a las profundidades de ese pubis desnudo de vello, reanudando por un instante las caricias con labios y lengua a esa zona tan erótica y sexual que lo embriagaba de goce. Comenzó a subir sin dejar de despegar su boca de la dulce piel cobriza, lentamente, saboreando cada centímetro cuadrado de extensión, como haciendo un relevamiento para alguna carta de navegación. 

Llegado a los pechos, los recorrió minuciosamente, subiendo pausadamente, tímidamente hasta encontrarse con los pezones turgentes que saboreó mientras Ella se regodeaba y suspiraba agitadamente de satisfacción. Un rato lo dejó brindarle goce hasta que, tomándolo firmemente por sus cabellos sueltos, enmarañados y empapados de sudor, lo llevó en busca de su boca para intercambiar besos, profundos besos que anunciaban el deseado desenlace, la penetración y clímax. Sin dejar de despegar sus bocas, Ella abrió sus piernas y dejó calzar al miembro de El en ese vértice carnal donde se encontrarían los instrumentos de placer. El pene, erecto y lubricado hasta la saciedad, jugó en las puertas del cielo hasta que la punta, magníficamente engrosada por las atenciones que Ella le había dispensado, se preparó para penetrarla raudamente. Solo faltaba el empujón final de caderas. Cómplices, como siempre, se miraron tiernamente pero con los ojos inyectados de lujuria y satisfacción por la siesta que se habían negado a dormir. En ese momento se oyeron dos golpes en la puerta. -“Hola que tal, tanto tiempo” -“Hola, que alegría” FIN?

No tenia ganas de ir a Trabajar

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Hacia poco que había empezado la primavera y no se porque pero para esa época la sangre empieza a hervir. Esta historia comienza una mañana, cuando me dirigía al trabajo. Como todas las mañanas, me levante temprano, me bañe, desayune algo y salí de casa. Me fui a la parada del colectivo, que como siempre tuve que esperar unos 15 o 20 minutos. Mido 1,80, soy morocho de cuerpo normal o un poco delgado y aunque no he tenido relaciones a raudales, siempre me las arregle para conocer mujeres. Esa mañana el clima estaba lindo, hacia algo de calor, pero no sofocaba, con lo cual me había vestido con un pantalón gris, una camisa blanca y zapatos negros. Claro que llevaba puestos mis lentes negros, que me permiten ver a los demás, sin que lo perciban. 

Ya hacia tiempo que venia mirando en la parada de enfrente una mujer que me traía loco. Era muy bonita. Mediría mas o menos 1,70, de forma bastante atlética. Morocha, siempre con el pelo suelto, una carita casi angelical y una sonrisa que te transportaba al paraíso. Cada vez que pasaba algún hombre cerca, se daban vuelta a verla con cara de sorpresa. A veces vestía con calzas, lo que dejaba adivinar una cola perfecta. De frente 2 grandes pechos que aunque no creo que fueran de medidas gigantes, se podía ver que no le faltaba nada. Muchas veces usaba minifalda y realmente tenia las piernas mas lindas que jamás haya visto. Cuando llegue a la parada del colectivo y sin ganas de ir al trabajo, me detuve un rato a esperar. Mire hacia enfrente pero todavía, ella no había llegado. Siempre aparece unos minutos después, permitiéndome que la vea unos 10 minutos, antes de irme al trabajo. Esa mañana, ella, llevaba puesto un jean muy ajustado y una remera que apenas le llegaba a la cintura, por lo que podía apreciarse un cuerpo escultural. Ya tenia encima una excitación muy grande, que no se si será por la primavera, pero me volvía loco de solo imaginármela entre mis manos, tendidos en una cama.

Fantaseaba muy seguido con ella. Incluso a veces estando con otras mujeres, me imaginaba que estaba con ella, pero no sabía ni siquiera el nombre. Allí estaba yo, esperando en la parada para irme al fastidio del trabajo, excitadísimo mirando a la mujer de mis sueños. Cuando logro divisar que venia el transporte, mi cabeza comienza a dudar. El colectivo para y se suben 3 personas, pero yo sigo allí inmóvil. Entonces decido no ir a trabajar. Me apresuro a llamar por teléfono, para avisar que no me sentía bien y por tanto no iba a ir a trabajar. Decidí seguirla, por lo que cruce la calle para esperar el colectivo que ella tomaría. Me di cuenta mientras cruzaba, me miro de reojo, extrañada por la situación. Supongo que ya me habría visto anteriormente y por eso le llamo la atención el cambio de rumbo que me había proyectado. Al poco tiempo llego el transporte y nos subimos, ella, yo y un par de señoras que también estaban en la parada. Ella enseguida ubico un asiento y yo me quede parado un par de filas mas atrás de su asiento. No paraba de mirarla, ni un segundo le quite la mirando de encima.

Se puso unos auriculares y fue todo el camino escuchando música. Como a la media hora de viaje, se levanto para bajar. Yo enseguida fui tras ella. Os bajamos en una zona comercial, donde a pesar de la hora, ya había mucha gente. Después de bajarnos la seguí, pero a los pocos metros la perdí entre la gente. Yo no quería que pensara que la estaba siguiendo, pues se podía asustar y vaya a saber uno en que terminaría eso. Seguí unos metros mas buscándola, pero no pude encontrarla. Como ya me había pedido el día y no tenia mucho para hacer, decidí quedarme por allí a pasar el día. Me metí en un café, donde aproveche para tomar algo y comer, ya que el desayuno había sido escaso. Después de ello, camine un rato y entre en un Shopping. Comencé a mirar vidrieras, pero mi cabeza estaba en otra. Sin embargo, al darme vuelta la volví a encontrar del otro lado del pasillo, parada en la puerta de un local mirándome fijamente, casi al punto de ponerme incomodo. Pero enseguida comprendí que esa era mi oportunidad, asíque decidí cruzar el pasillo que nos separaba que tendría unos 10 metros de largo. Mientras tanto al darse cuenta de mi intención, se metió dentro del local de ropa donde estaba. Me produjo duda esa acción, ya que tal vez, no quería verme y solo fue mi imaginación, la que me condujo a ir tras ella. Igualmente decidí entrar al local y para mi sorpresa, antes de que pudiera decir nada, me increpo diciendo:  -Porque me has seguido toda la mañana? A lo cual me puse un poco nervioso, sin saber que decir, pero enseguida sonrío cómplicemente, lo que me tranquilizo un poco y pude asomar un sonrisa.

Le dije que en realidad no la estaba siguiendo y que desde que me baje del colectivo, ya no la había visto, pero justo nos interrumpió una señora que quería preguntar por unas prendas que vio en vidriera, con lo cual, le dije que atendiera y que la esperaba a que termine. Le acerco a la señora un vestido y la llevo al probador, tras lo cual volvió hacia mi lado y antes de que llegue, mientras caminaba en dirección a mi, le pregunte si le había molestado que la siguiera, a lo que me contesto: -a decir verdad, me llamo mucho la atención que cruzaras la calle. Entonces le conteste que de repente me habían dado ganas de no ir a trabajar y que en ese momento solo tenia ganas de saber un poco mas de ella. En ese momento nos interrumpió la señora del probador pidiéndole otro talle. Se lo alcanzo y después volvió a mi, pero justo entraba otra mujer, así que mirándome, me dijo: -A esta hora suele empezar a venir mucha gente, que te parece si vuelves despues del mediodía? Entonces le conteste: Perfecto, vuelvo mas tarde y tal vez podamos ir a comer algo si te parece. Asintió con la cabeza y nos despedimos.

Me apresure a volver a casa, para cambiarme y ponerme algo mas elegante. Me pegue otra ducha para bajar un poco mi temperatura y luego me vestí, ya que entre el viaje y lo que había hecho pronto se haría la hora. Salí nuevamente, pero esta vez decidí ir con el auto. Estacione en el parking del Shopping y subí hasta el segundo piso donde estaba el local. Al llegar ví que todavía había 2 personas adentro. Una señora y un hombre que no perdía oportunidad de mirar sus pechos y su cola cada vez que podía. La situación me puso un poco caliente, así que decidí entrar al local, y al hacerlo el hombre se dio cuenta de que lo observaba y como todavía no había sido atendido se retiró del lugar. Ella le cobro a la mujer que estaba, que ha decir verdad se veía muy sexy, con su minifalda y sus tacos altos. Ni bien, se fue, me miro y me dijo: -Veo que te ha gustado!. Solo sonreí porque me puso un poco incomodo la situación, pero para cambiar el tema, le propuse salir a comer si es que cerraba el local a esa hora. Me contesto que cerraba, pero que estaba un poco cansada para salir a comer y como además tenia poco tiempo antes de volver a abrir de nuevo, prefería quedarse en el lugar. Entonces le pregunte, si prefería que nos viéramos por la noche o tal vez otro día que estuviera un poco mas descansada, pero me miro con una sonrisita picarona, mientras se dirigía hacia la puerta para cerrar y colocar el cartelito. Corrió una cortina que tapaba la puerta y como la vidriera estaba revestida por una tela, no podía verse nada hacia fuera, con lo que teníamos total intimidad. En eso me dijo: -Me adelante un poco y pedí comida de delivery, si no te importa. Ya tiene que estar por llegar. No termino de decirlo, cuando escuchamos que alguien golpeaba la puerta. Se levanto y fue a buscar el paquete que habían traído.

Me invito a ir a la parte de atrás del local, donde había una habitación, en la que podía verse una pequeña cocina, una cama y una mesa.
Entramos en esa habitación y mientras ella revisaba el paquete, me decía que me pusiera cómodo, pero como mi excitación podía mas, mientras sacaba la comida del paquete sobre la mesa, me acerque por detrás, la agarre de la mano y la di vuelta, propinándole el beso mas fogoso que jamás haya dado. Creo que se sorprendió un poco por mi actitud, pero sin embargo me correspondió el beso. Ya no daba mas de la calentura, solo quería poseerla. No pensaba e otra cosa que no fuera ella. Mientras la besaba, comencé a acariciar su espalda, desde el cuello hasta si cintura, con un movimiento suave, pero sin detenerme. Subía y bajaba mi mano por su espalda, mientras que mi otra mano apresaba su nuca, como si no quisiera que se despegue de mi.  En ese instante, me sorprendió que una de sus manos, que me rodeaban por la cintura, se posara sobre mi paquete, que aunque estaba despierto con eso casi explota. Me masajeaba el miembro con movimientos ascendentes y descendentes, lentos pero firmes. Pensé que me iban a empezar a temblar las piernas con aquello, pero hice fuerza para que eso no pase. Concentrado en impedir que mis piernas tiemblen de la excitación, descubro que ella de a poco había dejado de besar mis labios y estaba besando mi cuello, al compás que con la otra mano desabrochaba los botones de la camisa.

Trate en ese momento de desabrochar su corpiño, pero como continuo bajando hacia mi pecho ya no me daba la altura, quedando mis manos alejados del enganche. Fue ahí cuando me dio la vuelta quedando apenas apoyado sobre la mesa. Acerco una silla que había al costado y se sentó frente a mi, bajando rápidamente el cierre de mi bragueta. Como suelo usar boxers y este era abierto en el centro, no tardo en encontrar mi miembro totalmente erecto, al que le propino un beso sin mas preámbulos y poco a poco fue engulléndolo cada vez un mas adentro de su boca. Yo miraba desde arriba sin poder creerlo aun, aunque la calentura no me dejo pensar mas en nada, ya que aquella lamida me transporto a otro mundo. Era tan buena haciéndolo que no pude hacer otra cosa mas que disfrutarla. Luego agarro una mis manos que colgaban al lado de mi cuerpo y la condujo a la parte posterior de su cabeza, como pidiéndome que la empuje hacia mi para terminar de introducir hasta el fondo mi verga en su boca. Lo hice de inmediato, con un pequeño empujón que hizo desaparecer el trozo en su boca. Esto era increíble, nunca había sentido una mamada como esta, mientras con mi mano dirigía el ritmo de las embestidas. Así me gusta puta, le dije. Levantó los ojitos mirándome y esbozó como pudo una sonrisita, como diciendo quiero mas. Saco su boquita y me dijo quiero toda tu lechita. Ya no podía mas, cuando volvió a engullir mi pija entre sus labios. Y entre rápidos movimientos de mete y saca de su boca, terminé por explotar con el orgasmo mas fuerte que he sentido, llenando su boca de espesa leche, que no dudo en tragar, aunque se vislumbraba un chorrito que caía entre sus labios, pero que con un rápido movimiento de su lengua recogió rápidamente para tragárselo también. Mi voz solo emitió un largo aaaaaaaahhhhhhhhh!!! que pareció eterno. Pero ella no dejaba de tragar mi verga, por lo que rápidamente me encontraba totalmente al palo de nuevo y esperando mas de aquella mujer con la que tantas veces había fantaseado. Entonces decidí levantarla y darle la vuelta para sentarla sobre la mesa. Imitando su acción, al tiempo que le daba un beso en la boca, logra desabrochar su corpiño y sacárselo junto con la remera que traía puesto, quedando al aire sus hermosos pechos y sus pezones erectos que no dude un instante en manosear. Pero rápidamente logre desabrochar los 4 botones que prendían su jean y bajándole los pantalones, hice que se recostara sobre la mesa, quedándome sentado frente a su depilada vagina.

Ante esa imagen, comencé a saborear su labios vaginales primero hasta llegar a su clítoris, contestando con gemidos que iban en aumento. Te gusta putita, le dije, a lo que contesto con un gemido fuerte. Mientras lamia su concha, comencé a acariciar sus piernas, su vientre y sus grandes y deliciosos pechos que todavía no había probado. Cuando ví que estaba bien excitada, comencé a subir, besando su vientre hasta llegar a esos dos senos de locura. Chupe sus senos, mientras frotaba mi pija con su clítoris y me dacia –la quiero, la quiero ya. Me incorpore y fui guiando mi verga entre sus piernas hasta tenerla en la puerta de su raja, mientras que aprovechaba para quitarle sus zapatos y su pantalón. De un fuerte sacudón, se la metí hasta el fondo, emitiendo un grito de placer extremo.  -Te gusta puta? le dije, mientras veía en su cara como disfrutaba. Ahí la tenia totalmente abierta de piernas, esperando cada embestida de mi pija. Se la metía con un ritmo lento, mientras ponía sus piernas sobre mis hombros, para luego ir acelerando cada vez mas las embestidas. Comenzó a gritar: si, así… decía, cuando decidí cambiar la posición, entonces la ayude a bajarse de la mesa y apoyando su pecho y su cara sobre la mesa esta vez, teniendo desde atrás una vista inigualable de su concha y su hermoso culo, al que no dude en meterle un dedo mientras buscaba con la verga la entrada de su cuevita. Se la metí nuevamente de un empujón, mientras metía y sacaba mi dedo de su culo. Comencé a darle cada vez mas duro, a medida que sus gemidos y gritos iban en aumento. Ella apretaba fuertemente con sus manos el otro extremo de la mesa y decía: -Me vengo, no puedo mas… aaaaaaaaaaaaaaaa, es lo que se le escucho en medio de su orgasmo, a lo que mi verga respondió lanzando toda su leche y llenándole esa concha de delirio, mientras yo también gritaba, si si si, aaaaaaaaaa, mi putita…. Luego de ello, comimos y me termine yendo cuando se hacia la hora de abrir el local. Intercambiamos números telefónicos y quedamos en vernos luego para ir a cenar a un restaurant, pero esa es otra historia que contare otro día.   Espero les haya gustado este relato


Mi Fantasia se convirtio en la de Ella

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Nunca creí que mi fantasía de estar con 2 mujeres se fuese a convertir en lo mas delicioso de mi vida hasta aquel día en el que fui testigo de que a ella le excitaba tanto o mas la idea que a mi mismo, hasta el punto de manipularlo todo para devorarse aquella chica tímida sin reparos frente a mi y siendo su primera experiencia con otra mujer….   

Hola: Para Empezar Quiero Contarles Que Soy Un Hombre De 32 Años, 1.67 De Estatura, Delgado, Cabello Rubio Algo Larguito, Ojos Claros Y Cejas Gruesas;
Tengo Una Novia A Quien Amo Con Todo Mi Corazón Y Con Quien Comparto Las Mas Locas Aventuras Que Se Nos Antojan. Ambos Somos De Medellín, Ella Tiene 18 Años, Es Morena, Pequeña, Cejas Gruesas, Ojos Negros Grandes Y Expresivos, Con Una Cinturita De Ensueño Y Una Cola Que Enloquece. Llevo Con Ella Casi 2 Años Y Desde Que Empezamos Tuvimos Como Regla Contarnos Cualquier Cantidad De Fantasías Y De Locuras Que Se Nos Ocurrieran. Fue Entonces Que Uno De Tantos Días Le Conté Que Mi Mayor Fantasía Era Estar Con Ella Y Con Otra Chica Así Fuese Solo Viéndola, Para Mi Sorpresa Y Deleite Su Actitud Fue Totalmente Receptiva Y Me Dijo Que Algún Día La realizaría Conmigo.Al Principio Fantaseábamos Sobre Como Se Devorarla Otra Chica, Como Se La Lamería Y Como Querría Que Fuera La Chica, Lo Que Mas Me Encanto Fue Saber Que Le Gustaba La Idea De Hacerlo Con Una Mujer Madura.En Ese Tiempo Yo Estaba Convencido De Que L Juego Ella Lo Seguí Por Darme Gusto Y Porque Era Mi Fantasía Hasta Que Sucedió Esto Que Les Relato Y Que Se Convirtió En La Experiencia Mas Deliciosa Que Haya Tenido Y Que A Continuación Les Relato Y Que Nos Sucedió En Un Club Swinger De Mi Ciudad Como Un Homenaje A Mi Lolita:    

Sentirte Nerviosa A La Entrada... Como Quien Va Para El Sitio Más Misterioso, Cómo Brillaban Tus Ojos, Cómo Sudaban Tus Manos... Cómo En Ese Silencio De Tu Voz Podía Percibir Los Gritos Desesperados De Tu Ser 'Por Llegar Rápido... Por Descubrir El Universo De Realidades Que Saciarían Tu Curiosidad, Tu Morbo, Tu Delirio Por Darle Rienda Suelta A Tus Instintos Más Ocultos Y Tus Fantasías Más Ardientes.... Cómo Me Besabas... Cómo De A Poco Tus Labios Y Tu Piel Se Iban Entonando Y De A Poco Te Devoraba Esa Pasión Irrefrenable De Comerme Frente A Unos Ojos Extraños Que Nos Atendían...Frente A Unas Miradas Lascivas Que Con Disimulo Se Desviaban Para Ver Cómo Me Batía En Tu Conchita Mojada Ávida De Ser Comida...  Cómo Gritabas Cuando Mi Lengua Encontraba El Punto Exacto De Tu Fascinación Mientras Agarrabas Mi Cabeza Con Unas Ganas Furibundas De Que No Me Despegara, De Que Te Recorriera Como Te Gusta, De Que Pasara Mi Lengua Despacito Por Tu Rajita, Con Toda La Extensión De Mi Lengua, De Que Succionara Tu Clítoris, Lo Metiera En Mis Labios Mientras Con Mi Lengua Le Seguía Consintiendo En Círculos Redondos, Sin Afanes... Me Tenías En La Gloria, Cuando Te Clavaba Y Mi Verga Aceleraba El Ritmo Y Arremetía Contra Tu Vulva Esa Maldad Devoradora Me Hacía Parar Justo Cuando Estaba A Punto De Estallar, Me Tenias En El  Cielo Pero Aun Así Paraba Y Me Regresabas A La Tierra....  

Cómo No Darle Gusto A Mi Ángel... A La Mujer Dueña De Todas Mis Pasiones... A La Lolita Que Conoce Mi Piel De Memoria Y Que Se Permite Erizármela Cuando Le Viene En Gana... Verte Tendida En El Sofá, Con Las Piernas Abiertas Y Mi Verga Entrando Y Saliendo Locamente Arremetiendo Contar Tu Vulva Mojada Una Y Otra Vez Me Tenía A Explotar.... Luego En El Jakussi Cuando Justo En Frente De La Chica Me Preguntas: Será Que Se Deja Dar Un Beso? Me Permitió Descubrir Que Ya Mi Fantasía Había Cambiado De Dueño... Ya No Me Pertenecía Sólo A Mí Porque En Ese Instante Descubrí Que Te Mojaba Y Que Ya No Era Por Darle Gusto A Mi Fantasía... Te Morías Por Darte Gusto... Te Excitaba La Idea De Sentir Unos Labios Femeninos En Tu Boca Y En Su Cuerpo Y Eso Me Encendió Aún  Más... Querías Hacerlo.... Era Innegable, Se Te Notaba En La Mirada Y En Tu Inquietud Porque No Llegaba Nadie Que Te Permitiera Probarlo... Sentir El Sabor De Otra Mujer A Tu Merced... Esclava De Tus Caprichos...  Hasta Que Llegó Lo Que Ambos Buscábamos. La Viste Primero Que Yo... Te Excitó Verla Llegar Hasta El Punto De Manipularlo Todo Para Estar En Frente De Ella.... Me Pusiste En El Sofá... Quisiste Sentir Mi Lengua Mientras Con Esa Mirada Provocadora Encendías La Pasión En Su Compañero Hasta Hacer Que Primero Empezara A Tocarla... No Decías Nada Pero No Perdías Detalle... Mientras Me Mamaba Tu Concha Pasabas Tu Lengua Por Tus Labios Y Lo Mirabas Como Invitándolo Pero No Era Realmente A El A Quien Querías... La Querías A Ella... Te Inquietaba Su Pasividad... Su Frialdad Y Querías Motivarla....  Te Dejaste Tocar Mientras Te Mamaba... Dejaste Que El Se Acercara De A Poco... Que Pasara Sus Dedos Junto A Tu Raja Y Muy Cerca De Mi Boca Pero Aun La Querías A Ella... Sin embargo Le Seguiste El Juego...

Te Sentía Tan Mojada... Tan Caliente.... Y Más Me Calentó Cuando Pusiste Tu Pie En Mi Boca Para Que Te Mojara Y Poder Restregarle Descaradamente Su Verga Con El En Frente Mío... Eso Me Encendió De Celos Pero No Puedo Negar Que Me Llenó De Morbo... Sentirte Masajeando Una Verga Que No Era La Mía Mientras Yo Entre Tus Piernas Te Devoraba Completa Y Me Chupaba Tus Jugos Me Calentó De Tal Forma Que Seguí Mi Juego.... Ya Lo Tenías A Él... Pero Faltaba Ella.... Tu Real Objetivo... Tu Verdad Oculta... Hasta Que Llegaron Las Palabras Que Sonaron En Tu Oído Y Se Hicieron Evidentes En Tu Mirada Morbosa Cuando Te Dije: "Que Si Nos Vamos Para El Otro Sofá Los Cuatro" Sin Más Palabras De Por Medio Y Con La Mirada Iluminada Y Los Nervios Aflorando Frente A Lo Que Pudiese Y Querías Que Pasara Me Dijiste "Vamos"... Nos Sentamos Los Cuatro, La Miraste Y Pude Ver Que Los Segundos Se Te Hicieron Eternos Hasta Que Le Dije: "Ella Quiere Besarte"... La Miraste Como Con Ganas Y Con Miedo A Una Negativa Pero Frente A Su Asentimiento Le Devolviste Con Una Mirada Agresivamente Morbosa Y Lujuriosa Fija En Sus Retinas Un "Ah Si? Como Queriendo Decir Ya Te Tengo...  Que Instantes Tan Preciosos.... Yo Ahí, Testigo Mudo De La Materialización De Mi Más Excitante Fantasía, Con La Mujer Con Quien Quería Hacerlo Y Con La Certeza De Que Ya No Lo Harías Sólo Por Mí Sino También Por Ti, Por El Deseo Que Te Comía De Devorarte Otra Mujer, De Sentirla, De Hacerla Tuya, De Hacerla Venir A Costa De Tus Lujuriosas Pasiones, Aguardaba El Momento.

Ese Momento Que Se Convirtió En Gloria Cuando Acercaste Tus Labios A Los De Ella Con Nervio Pero Con Ganas.
Empezaste A Besarla Suavemente, A Devorarle La Carne De Sus Labios Y Cuando Te Correspondió De Igual Forma Tu Lengua Hábilmente Empezó A Pasearse Por Su Comisura, Como Quien Devora El Manjar Que Nunca Ha Probado Y Que Tiene En Frente, Como Un  Niño Lamiéndose Un Helado...  Enredaste Tu Lengua En La Suya Como En Una Batalla Por No Dejar Nada Sin Recorrer, Sin Chupar, Sin Lamer. Te Metiste En Su Boca Con La Tuya, Acariciabas Su Pelo, Buscabas Sus Lóbulos En Los Oídos, Acariciabas Su Cuello Mientras Sin Quererte Despegar Seguías Besándola Y Ella Ya Sin Voluntad, Sin Timidez, Sin Más Miramientos Se Dejaba Recorrer,  Te Lamía, Se Comía Tu Boca... Cómo Te Acariciaba, Cómo Se Recorría Tu Espalada Con Sus Manos Mientras Tú, En Un Intento Por Tenerla Toda, Con Ella Sentada En El Sofá Te Hiciste Sobre Ella, Pasaste Tu Pierna Al Otro Lado Para Quedar De Frente, Para Mirarla Con La Lujuria Que Enciende A Cualquiera Y Poderla Continuar Haciendo Objeto De Las Húmedas Caricias De Tus Labios Y Tu Lengua. Entrelazando Su Cuello Y Sentada Sobre Ella Seguiste En Tu Afán De Continuar Lamiendo, Te Sonreías, Cerrabas Tus Ojos Y Te Abandonabas A Sus Labios Y A Sus Manos Que También Te Estaban Devorando... Cómo Se Te Notaba Que Lo Disfrutabas...

Mientras Yo, Al Lado, Era Testigo Mudo De Cómo Su Respiración Se Encendía De A Poco Con Cada Lengüetazo, Con Cada Caricia Hasta Que Ella, Presa De Su Excitación Se Dejó Abandonar Por Completo A Tu Lujuriosa Lengua Que Ya Buscaba Sus Senos, Que Hacían Círculos Al Rededor De Ellos Con La Lengua, Como Quien Rodea A Su Presa Antes De Comerla... Te Devoraste Su Contorno, Los Lamías Con Furia, Con Pasión Pero Con Delicadeza, Mamaste Cada Pezón Como Un Impúber En Edad De Lactancia Y Preso Del Hambre. Bajaste Lentamente Tu Lengua Por Su Vientre, Separaste Sus Piernas Y Te Adentraste En Su Concha....  Ella Al Sentir Tu Lengua En Su Rajita Mojada Cerro Sus Ojos, Acarició Tu Cabello Y Se Hizo Esclava De Tu Lengua Que Le Recorría La Raja De Arriba A Abajo Como Quien Explora El Campo Que No Conoce... Nos Tenías A Mil A Los Tres... En El Punto Máximo De Excitación.... Cómo Le Mirabas Mientras Te Comías Su Concha... Cómo La Provocabas... Mientras Ella, En Un Arrebato De Lujuria Se Hizo De Mi Boca Y Me Hizo Sentir Con Su Lengua Lo Que Estaba Pasando Con La Tuya Mientras Tú Con La Otra Mano Pajeabas La Verga De Su Atónito Compañero Quien No Pudo Aguantar Mucho.... Te Veías Tan Rica Mamando Esa Concha Y Pajeando Esa Pija.... Me Tenías A Mil Mientras Era Presa De Los Besos Furibundos De Ella Que Ya Para Ese Momento Era Presa De La Habilidad De Tu Boca.... Ver Tu Lengua Chupando... Mamando Y Lamiendo Esa Concha Me Tenía Extasiado....  Ver A Mi Ángel Comiéndose A Su Antojo A Su Chica Me Encendía Con Furia, Como Pasabas Tu Lengua De Arriba Abajo, Le Hacías Círculos Con La Puntita De Tu Lengua, Abrías Sus Labios Con Tus Dedos Para Que Su Botoncito Quedara Al Antojo De Tu Hambrienta Lengua Que Se Batía Como León Furibundo Sobre Su carnada, Ver Tu Labio Superior Apoyado En Su Vulva Y tu Labio Inferior Cerca De Su Hoyito Mientras Tu Lengua La Llevaba A La Gloria Era Como Estar En Trance, Ella Se Retorcía Del Placer Y Con Su Lengua Queriéndome Invadir Por Completo Y Queriéndose Meter En Mis Entrañas Me Indicaban como La Tenias.... Y Cuando Ya Estaba Pronta Su Llegada, Sus Uñas Afiladas Se Encarnizaron En Mi Espalda Y Su Respiración Se Entrecorto En Mi Boca Mientras Te La Terminaste De Mamar Y La Hiciste Estallar Dejándola Casi Desmayada…   Continuará…

La Visita de mi antigua Chacha

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Voy a contar lo que me ocurrió con la chica que tuve para la limpieza. Soy viudo desde hace ocho años y por tal motivo contraté a esta chica, que se llama Carmiña para que llevara todo lo de la casa y conmigo estuvo cinco años hasta que, a primeros de diciembre pasado y con motivo de hacer yo obras en casa en vistas al próximo verano, ya que alquilo habitaciones a turistas, se tuvo que marchar hasta que acabaran las obras pero como estas se alargaron más de la cuenta, se colocó en otra familia teniendo yo que buscar otra chica, Mari. El día 22 de junio la encontré por casualidad y después de saludarnos, dijo:

- Tengo que pasar un día para ver como has dejado el piso, pero un día en que no esté Mari, no vaya a creer que quiero quitarle el puesto.
- Tiene los mismos días de asueto que tenías tú, lunes y jueves - le dije.
- Pues ya te llamaré - añadió y así quedamos.

El día 28, viernes, me llamó diciéndome que vendría el viernes por la tarde, cuando bajara un poco el calor y que, añadió riendo, preparara una buena merienda. Sobre las ocho se presentó, nos fundimos en un fuerte abrazo acompañado de sus correspondientes besos en las mejillas y le pregunté como era que no había venido Francisco, su marido.

- Le han contratado el taxi y se ha marchado a Cáceres para todo el mes de junio, aunque es mejor así pues lleva un tiempo que no hay quien lo aguante.

Le enseñé todo lo que habían hecho las obras pero cuando entró en el cuarto de baño nuevo se quedó deslumbrada.

- ¡Que bonito! - exclamó - ¡Y que mampara... así se puede duchar una persona con toda la comodidad del mundo!
- Pues claro - exclamé sonriendo ante su infantil asombro.
- Pero es una lástima meterse ahí sola... - dijo con ojos de pícara.
- Pues métete conmigo - añadí sin dejar de sonreír.
- No, porque tú eres un pillín - contestó y así quedó la cosa.

Nos pusimos a merendar y mientras lo hacíamos, me contó todos los pormenores del mal trato que le daba el marido, que no la tenía atendida como debía en ningún concepto, solo cumplía en darle el dinero del que no le pedía cuentas, pero de lo demás, nada de nada. Recogimos los cacharros y los llevamos a la cocina.

- Mientras yo los lavo - le dije - pon tú el café.

Así lo hicimos, luego nos sentamos en el sofá a tomar el café y se reanudó la conversación.

- Pero en el tema sexual - le dije - te tendrá contenta...
- ¿Contenta? - me contestó con ojos tristes - Paso más hambre que tú, que estás viudo, porque tú estás solo pero yo lo tengo en mi cama todas las noches y solo cuando le apetece a él, se desahoga conmigo en poco más de un minuto y ni me entero.
- ¡Pobre niña! - le dije echándole el brazo por los hombros, atrayéndola hacia mí.

La besé y ella no hizo nada para apartarse sino que se apretó aún más contra mi cuerpo.

- ¿Y no te acaricia? - le pregunté con cierta malicia.
- ¡Que va! - replicó.
- ¿Te gustaría que te acariciara yo? - volví a preguntarle con toda la intención.

Ella permaneció en silencio. La apreté más a mí y la besé en la boca, devolviéndome ella el beso.

- No sé si hago bien... - murmuró.
- Ya que él no te hace nada - le dije - aprovecha la ocasión pues no todos los días tendrás oportunidad como la que yo te brindo para pasar una velada tan buena como la que pienso ofrecerte esta tarde si aceptas.

Empecé acariciándole la nuca, enredando mis dedos por los cabellos, morderle los lóbulos de las orejas y metiéndole la punta de mi lengua en sus oídos.

Al ver que ella no decía nada, me atreví a cogerle los pechos. Los tenía muy duros, como una roca, y los pezones tiesos. Le quité la blusa y le desabroché el sujetador. Admiré sus hermosos pechos y tras magreárselos un poco, empecé a besárselos, chupándole los duros pezones, dándole suaves mordiscos. Ella no decía nada, solo jadeaba y suspiraba cada vez más profundamente. Ya muy excitado, le metí mano por los muslos y ella me facilitó la subida, abriéndose de piernas. Cuando le cogí el coño con una mano lo encontré muy mojado. Ella lanzó un profundo suspiro, me apartó la mano y ella misma se bajó las bragas para que pudiera tocárselo directamente y con toda comodidad.
Cuando empecé a meterle los dedos, mi polla no paraba de pedirme guerra. La tenía tan dura que me dolía así que me bajé los pantalones y calzoncillos y le dije:

- Es toda tuya - y cuando me la cogió con una mano, añadí - Vámonos a la cama.

Al llegar, me dijo que me pusiera boca arriba, me cogió la polla y comenzó a besármela. Yo siempre había creído que mi verga no era muy grande, mide alrededor de 20 centímetros, pero ella, al verla y tocarla, dijo que era mucho más grande que la de su marido. Bueno, el caso es que se la metió en la boca y empezó a trabajármela de manera maravillosa hasta que no pude resistir más aquel tratamiento y le dije:

- ¡Déjame que te la meta en el coño, quiero correrme!
- Antes quiero saborear la leche de un hombre - me contestó sin dejar de mamármela.
- ¡Pues eso lo vas a conseguir ya mismo... oooh...! - exclamé.

Le pegué un par de culadas gritándole:

- ¡Toma...aaah...traga mi leche...trágala...!

Ella tosía. Le era difícil tragarse toda mi corrida pero al final lo logró aunque parte de ella le resbalaba por la comisura de los labios.

- Tu magreo y tu leche me han sabido a gloria - me dijo abrazándome - pero esta noche será aún mejor.
- ¿Pero, es que te vas a quedar esta noche conmigo?
- Si tú quieres, si.
- ¡Claro que lo quiero! - exclamé encantado - Y ahora voy a ducharme.
- Yo voy contigo - dijo.
- ¿No te da miedo ducharte conmigo? - dije sonriendo - Acuérdate que antes me has llamado pillín.

Por toda respuesta me dio un beso en la boca y con lengua. Cuando se desnudó y la vi en cueros, me deslumbré. ¡Que monumento, que cuerpazo!

Mi polla, al momento, se puso en posición de ataque. Le pregunté si tenía algo sin estrenar, el culo por ejemplo.

- El culo y puede decirse que también el coño - me contestó.
- Pues me gustaría metértela por el culo, para estrenarte algo - dije excitado.
- Haz lo que quieras, estoy dispuesta a todo, pues estoy pasando el mejor momento de mi vida y si sigues tratándome como espero, me vas a dejar escurrida y sin fuerzas - contestó entregada.

La puse a cuatro patas y con la ayuda del jabón y uno de mis dedos, le fui dilatando el ano. Ella gemía pero me dejaba hacer por lo que, cuando vi el agujero se abría, le metí otro dedo y al final, pensando que ya estaba bastante abierto, apoyé allí el capullo de mi polla.

- ¡Por favor no aprietes tanto, me duele... no puedo más... sácala...! - me decía cuando empecé a apretar.
- Solo un poquito más y la tendrás toda dentro - le decía yo sin dejar de empujar.

Cuando entró toda la cabeza, logré meterle el resto aunque ella no cesaba de repetir:

- ¡Sácala, me duele, sácala, no puedo con ella, por favor... aaah... nooo...!

La cogí del pelo, tiré para atrás y al mismo tiempo pegué un golpe de riñones y se la clavé hasta los huevos en el culo. Lanzó un grito desgarrador y comenzó a bajar el culo, por lo que le dije:

- ¡No, aguanta, que si se sale va a ser peor!

La dejé descansar un rato. Temblaba como un flan mientras yo le daba suaves palmaditas en los cachetes del culo.
Cuando se serenó un poco, le metí mano en el coño y al mismo tiempo que la enculaba, la iba masturbando hasta que, ella misma, me pidió que fuera follándola bien, que la jodiera por el culo.

Al poco rato noté que suspiraba y que empezaba a mover el culo. Entonces le cogí las tetas con las dos manos y le dije:

- ¡Voy a correrme, cariñooo...!

Así nos corrimos los dos, casi al mismo tiempo y ya más tranquilos, terminamos de ducharnos. Estuvo todo el fin de semana en casa, los dos en cueros, pues hacía mucho calor y me dio tiempo a follármela por todos los sitios, boca, culo, coño y tetas. Desde entonces viene todos los fines de semana y nos lo pasamos en grande.

anonimo


Andrea y La Visita de Circulo de Lectores

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Hola me llamo Andrea y me gustaría contarles algunos de mis sueños más eróticos que hacen que me levante totalmente mojada cada mañana. Los e ido escribiendo en mi diario y se los iré mandando a esta pagina tan maravillosa llamada www.superrelatoseroticos.com para que me los vayan publicando.

La Visita de Circulo de Lectores. 

Eran las 11:30 de la mañana cuando el timbre de la entrada comenzó a sonar. Yo me encontraba tendiendo ropa en el patio interior en camiseta larga o camison veraniego de andar por casa, de esos que te llegan hasta las rodillas y transparentan bastante conforme se hacen más viejos.

Abrí la puerta de casa y asomé la cabeza a ver quien habia tocado el timbre. Delante de la verja de entrada había tres hombres trajeados bastante guapos.

- ¿Si? ¿que quieren?
- Buenos dias Señora somos de Circulo de Lectores, nos podria abrir la puerta por favor?
- A si, ahora mismo, pasen

Madre mía, que tiarrones acababa de dejar pasar a mi casa y yo con aquella pinta. Me disculpé por mi manera de vestir explicandoles que estaba tendiendo y demás y ellos fueron muy amables diciendome que no me preocupara que estaba estupenda así. AL darme la vuelta para que me siguieran noté sus miradas en mi culo que hicieron que me pusiera un poco excitada.

Yo soy una mujer casada, tengo 45 años y segun mi marido estoy bastante buena con un culo grande y respingon y unas tetas para perderse en ellas. Nunca le he sido infiel a mi marido pero en los sueños eso ya es otro cantar.

Les hice pasar al salon y les pregunté que que se les ofrecía para venir a verme un grupo tan grande de circulo ya que normalmente venían uno o dos como maximo a la vez, y me explicaron que habian sacado una nueva obra muy interesante sobre la sexualidad a partir de los 30 años y querían presentarla mediante un nuevo método inaugurado por la empresa. Me pusieron en las manos dos libros y uno se me resbaló y cayó al suelo por lo que me agaché rapidamente a recogerlo y mis dos tetas quedaron practicamente casi fuera del escote, mientras me volvia a levantar alcé los ojos un segundo y me fijé que tenian las manos agarradas a sus paquetes ufff, volvía a sentirme superexcitada de nuevo.

Me dijeron que para hacerme la presentacion debia firmar un papel antes y sin mirarlo siquiera lo firmé sin darme cuenta de que era lo que firmaba, más tarde cuando ellos se fueron comprendí porque me hicieron firmar aquello.

Me dijeron que me sentara en el sofá y dos de ellos se colocaron sentados uno a cada lado mio, el tercero se colocó de pie delante de mi y se bajó los pantalones y el slip dejando frente a mi cara un pene colgando de mas de 20 cm. Me quedé perpleja y sin habla, sin saber como actuar y mirando aquella preciosidad situada a 10 cm de mi rostro. El señor de la derecha abrió uno de los libros y buscó un capítulo en particular mientras me indicaba el tema que iba a exponerme. El sexo oral en pareja. EL de mi izquierda comenzó a acariciar una de mis piernas diendome que me tranquilizara que vería lo interesante del método y que me relajara.

La lección comenzó explicando cual eran las partes que componian el pene y cuales eran las zonas más erógenas
, las cuales se iba tocando para que yo entendiera. Acabó con las explicaciones y me dijo que ahora me tocaba a mi demostrar mediante una exposición práctica que lo había entendido todo, y agarrando mis dos manos me las puso sobre aquel trozo de carne y mis sentidos no pudieron aguantar más. Tras un minuto de práctica no esperé más y me la metí en la boca, haciendole una mamada de campeonato.

Parece que este era el momento en el que ellos sabian de antemano lo que iba a suceder y al unísono nada más empezar mi mamada, el del libro lo solto y empezó a acariciar mis tetas poniendome los pezones erectos a punto de explotar y el del otro lado dejo de acariciarme la pierna y metio la mano bajo mis bragas y comenzó a acariciarme el clitoris volviendome loca de placer.

Como podeis imaginaros alli se montó una orgía de mil diablos. Mientras yo se la chupaba a unos y a otros el resto me metian sus pollas por el culo y por el coño a placer. Jamas había tenido seguidos tantos orgasmos.

AL dia siguiente me levanté y me noté que la braga estaba empapada y antes de que se despertara mi marido me fuí corriendo a lavarme y cambiarme al servicio.

Espero que le haya gustado mi relato. Pronto volveré a mandarle otros sueños que he tenido. SI deseais dejarme vuestros comentarios me encantará leerlos.

Adios...
Andrea


Ella

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Desde la primera vez que la vi quedé enganchado a su presencia.  No, no fue por mis acostumbradas miradas de admiración femenina. Ella tenía algo especial. Calculo que cerca de los 40 años (edad en que madura el atractivo de las mujeres), de piel almendrada, ojos penetrantes y un cabello negro semi ondulado que se acoplaba a su caminar altivo, ella me pareció muy atractiva. Su falda de seda negra que le marcaba la circunferencia de las caderas, terminó por hacerla más suculenta a mis ojos.  Eso fue hace poco más de un mes. Desde entonces, casi diariamente venía a la biblioteca y se sentaba en un lugar adelante del mío, siempre dándome la espalda. A veces, al pasar me ofrecía una mirada seria, nunca una sonrisa. A mí no me importaba, por eso, cuando se recogía el cabello, yo fijaba los ojos en su cuello y en los fragmentos de sus labios que eventualmente se asomaban de su perfil. Fue así como descubrí las pecas de su espalda y los granitos de sus mejillas.  Por supuesto, cada que ella se levantaba para ir al baño o por un café, una incansable fuerza se apoderaba de mí para obligarme a abandonar todo lo que estuviese haciendo y observarla embobadamente. Fue así también como me di cuenta de que no tenía el trasero firme ni redondo, pero igualmente hermoso. Yo no dejaba de admirar su delicioso porte al caminar: cada que veía el meneo de sus caderas unas palpitaciones agudas me abrumaban el vientre.

A los 30 años el deseo comienza a ser selectivo, pero no deja de ser intenso.
  Creo que algunas veces se percató de mis viciosas miradas pues en ocasiones ella volteaba inesperadamente hacia mí o, al regresar con un café en su mano, colocaba sus ojos detenidamente en mi lugar. Gracias a mi acostumbrada timidez, yo siempre agachaba la vista, así que no cruzamos la mirada más de dos veces.   Aunque le di varias ojeadas a sus papeles y a su laptop, no pude averiguar su nombre. Por eso, para mí sólo era “ella”.  “Ella” se me fue convirtiendo en una de esas inquietudes que hacen sudar las manos y humedecer la ropa interior. Cada que la evocaba, mi boca producía saliva en su honor. El placer que mis manos no podían conceder a su cuerpo, lo desquitaban en el mío.   Y así fue… hasta hoy.  Todo parecía normal, rutinario, monótono, como todos los días.  Cuando me levanté de mi lugar jamás me imaginé lo que sucedería. No lo podía creer. Tuve un momento de incredulidad, un aturdimiento de incomprensión. Mi cara lo reflejó, por eso un conato de sonrisa se dibujó en el rostro de ella. Yo me sentí más imbécil. Pero seguía sin creerlo. ¿Se había equivocado? ¿O lo había hecho yo? Como quiera que fuese, pero ella y yo estábamos solos en el mismo cuarto de baño.  Aunque reconocí el lavabo donde tantas veces me había aseado las manos, no dije nada e intenté salir de ahí con una premura producto de mi ansiedad. Ella detuvo mi huida tomándome la mano, haciéndome a un lado y accionando el seguro de la puerta. El roce con su piel despertó al desquiciado perro que habita en mi pecho.  Se volvió hacia mí y me dedicó una mirada seductiva. Yo comencé a sudar. Dio un paso hacia mí y yo sentí como si la piel se me fuera a resbalar de los músculos.   Estiró sus brazos, tomó mis manos y las dirigió hacia su cintura. Ahí las dejó. Sus manos no eran ni tersas ni arrugadas; eran sus manos. Yo no dije nada, no sólo por no saber con qué idioma comunicarme con ella, sino porque ninguna palabra o frase podía traducir fielmente lo que mi cuerpo experimentaba.  Ella tampoco dijo nada, pero porque en su caso sí sabía lo qué hacía.  Me volvió a mirar con esa certeza de saberse dueña del momento y de mí.   Posó sus dos manos en mis mejillas. Yo volví a sentir su inquietante calidez. Sus ojos eran una hoguera. Un fulminante golpeteo de sangre convulsionó mi cuerpo y me esclavizó al de ella. La vi morderse sus labios rosados. No me vi, pero sentí mi cara enrojecida. Entonces, en lo que fue un glorioso instante, sin dejar de tocarme las mejillas, acercó su rostro al mío y humedeció mis labios con los suyos.  Su aliento me embriagó. Por eso, mis manos, antes temerosas, sostuvieron con fervor su cintura para no dejarla ir. Mi lengua se estrujó gustosamente con la suya. Su boca sabía a fresa azucarada, a champagne acaramelado, a exquisita incredulidad. Un hilito de saliva se derramó de la comisura de mis labios.  Exploré su boca, chupé su lengua, mordisqué sus labios. Aspiré su vaho, absorbí su humedad, provoqué su agitación. El pantalón comenzó a estorbarme porque lo sentí chico y mojado.  Mis dedos se colaron entre su blusa y reconocieron los poros de su espalda. Sentí su piel erizarse. Acerqué su cuerpo al mío para que ella sintiera lo que me había provocado. Sentí la masa de sus pechos. Mi pene hecho bolas en mi pantalón friccionó su vientre y se depositó en la hendidura de su entrepierna.  Mi mano izquierda recorrió delicadamente el contorno de sus caderas, bajó hasta el límite de su falda y se detuvo en la piel de sus piernas. Ella acelero su respiración y abandonó sus efímeras resistencias.Ahora, yo era el dueño del momento.  Mi lengua retozaba en la suya. Mis labios mordían los suyos. Mis pectorales palpaban sus pezones. Mi sexo coqueteaba con el suyo. Mi mano derecha acariciaba su cuello. Mi mano izquierda provocaba el temblor de sus piernas.El espejo del baño comenzaba a empañarse.  Vencí el último reducto de mi timidez, retiré mis labios de los suyos, y la miré con devoción. Ella se sonrojó. No di tiempo a la incomodidad, así que volví a abrazarla. Le besé su oreja izquierda, olfateé su cabello, volví a acariciarle las piernas y froté nuevamente mi rígido pene con su tibio sexo. Su piel era una caldera. 

Le besé la mejilla y comencé a pasear mis labios por su nuca. Circulé apeteciblemente mis dedos por sus glúteos hasta cruzar la frontera de su ropa interior. Mis labios siguieron su recorrido natural, así que lamieron sus hombros y su cuello hasta bajar a sus prometedores pechos. La despojé de su sujetador y entonces brotaron dos pechos tan tersos y jugosos como dos melocotones inacabables. Ella respiraba agitadamente.  Al ver sus peones rozados y erectos, dejé que mi boca probara esa tentadora fruta madura con delicia y esmero. Mis oídos escucharon las agitadas palpitaciones de su corazón.   Chupé y relamí sus pezones mientras dejé que mis dedos alcanzaran su destino final. Entonces, toqué con delicadeza su piel rugosa más íntima. Ella estaba empapada. Mis dedos abrieron senderos en su vulva y se embadurnaron de un líquido pegajoso que me llevé a la boca para probarlo. Ella rasguñó mi espalda y aprisionó mis nalgas entre sus uñas.  Ella comenzó a quitarme el pantalón. Yo le ayudé a terminar la obra y ante ella emergió un pene duro, de carne roja y húmeda que desde hace un mes ya la esperaba.Ella lo sujetó con sus dos manos, lo acarició y comenzó a amasarlo enajenadamente, deslizándose con ayuda el líquido preseminal. Yo sentí como un espasmo me recorría por todo el cuerpo.  Sin dejar de lamerle los pezones, llevé mis dedos al montículo de su vulva. Ella jadeó. Le quité su prenda interior y le levanté la falda hasta su cintura. Su piel más íntima quedó al descubierto. Ella cerró los ojos, llevó sus manos a mi cuello y abrió más las piernas.  Entonces, la tomé de las caderas y acerqué mi pene hasta la entrada de su vulva. Lo pasé por encima, lo froté, lo restregué. Dejé que mi glande besara sus labios vaginales.  La sostuve de sus glúteos, la levanté y la senté en el lavabo.El espejo reflejó mi cara sudorosa.Ella se desvaneció en mis brazos.Le levanté el rostro con un beso. Mientras le chupaba los labios, metí suavemente mi sediento pene en el néctar de su vagina.Ella quitó su boca de la mía y expulsó un templado gemido de placer a manera de bienvenida.Había entrado al paraíso. 

Metí mi pene hasta el fondo. La estreché fuertemente en mis brazos y la besé desesperadamente.  Saqué despacio mi pene. Lo volví a meter apetitosamente, patinándola en su lubricación.Ella mordió mi hombro.Nuestro sudor se confundió con nuestros líquidos sexuales.Un dulce olor a sexo se impregnó en el aire.  Yo me movía firme pero gustosamente dentro de ella, explorando cada hueco, copando cada rincón. Fue entonces cuando me di cuenta del placer que le provocaba mi movimiento lateral hacia la izquierda. Así que seguí por ahí.  Sin dejar de asirme de su cintura, acariciarle las caderas, succionarle los pezones, probarle los labios, ni contemplarle el rostro, la penetraba como si la vida se me fuera en ella, saboreando cada segundo de esos momentos.  Entonces llegó el climax.  El sudor fue más pegajoso.Los rostros más descompuestos.Los movimientos más intensos.La confianza más inquebrantable.  Sentí que su corazón estaba a punto de salírsele del cuerpo. Cuando yo estaba a punto de rendirme, ella echó su cabeza hacia atrás y su boca expulsó un ligero gruñido de ahogo. Yo entendí el mensaje, así que no desistí.Me moví hacia el frente, de forma circular y hacia abajo. Ella depositó sus uñas en mi espalda.Yo abracé su cintura y seguí con mi impulso.Entonces, ella dejó escapar un placentero sollozo, rasguñó mi espalda, y mi pene se cubrió de un viscoso fluido.Sus poros se erizaron y su cuerpo se arropó de una paz relajante.Cerró sus ojos y descansó su rostro en mi hombro derecho.Me sentí el rey del mundo.  “Entonces es mi turno”, pensé.  Sin embargo, cuando había decidido liberarme, cuando estaba seguro de tocar definitivamente el cielo, miré el reloj, levanté la vista y todo se esfumó.Ya era viernes por la tarde, hora de regresar a casa y su lugar seguía vacío. Ella tampoco iría a la biblioteca ese día.La semana se me fue sin verla.Guardé mis cosas y salí.  No, no sucedió.Pero me encantaría que sucediera… si no fuera por la promesa de fidelidad que le hice a mi esposa hace cinco años.  espejoblog@gmail.com



Elevame con tus Alas

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mmmmmm, elevame con tus alas...

ME ELEVAS.
Llegaba  el verano, y una cálida brisa entraba sigilosa  por mi ventana abierta de par en par acariciando mi cuerpo desnudo y poblado por infinidad de pequeñas gotas producto del calor aplastante de aquella noche.Entregada al dulce placer del olvido de un día corriente, cada poro de mi piel me susurraba a gritos que el día no había tocado a su fin. Que la dulce noche en la que me adentraba, aguardaba intensas sensaciones desconocidas por mí hasta el momento. Supe de una manera sutil que era el momento de emprender un mágico viaje, la cálida brisa se tornó más y más insistente recorriendo mi cuerpo como si de unas hábiles manos se tratara. Mi perceptiva piel se erizaba al compás de esa brisa desconocida, vibrante, al tiempo que alarmante ante tal sensación de realidad.Mis ojos, hasta entonces cerrados acompañando a la oscuridad que me envolvía, se abrieron para encontrarte allí; mirada hipnótica, penetrante, capaz de mostrarme un mundo ajeno a lo vivido hasta entonces. Fue entonces cuando supe que Dios se equivocó al crear el hombre tan solo de un puñado de barro. Ante mis ojos TÚ,  hombre con olor a tierra,  ardiente como el fuego, con la suavidad de la brisa que acariciaba mi cuerpo, y tan intenso como las gotas de sudor insolentes, que recorrían cada recoveco de mi cuerpo. Explosión de elementos, capaces de elevarme, envuelta en tus poderosas alas color azabache firmes como el acero, que me transportan sin importarme ni el espacio ni el tiempo, a ese lugar creado por y para nosotros.

Con la suavidad de la espuma que pronto abrazará nuestros cuerpos, haces descender mi cuerpo hasta la blanca arena, que atrapa traviesa cada milímetro de mi piel, dejándola sin respiración, tan solo mi aliento te rodea y te atrae hacia mí.
Manos morenas, poderosas, viriles y ágiles que bajan  lentamente desde mi cuello  hasta mi vientre mientras nuestras lenguas se encuentran, se buscan, se enlazan, se atropellan al querer beber de nuestras bocas; entran, salen, vuelven a encontrarse, mientras juego con tu pelo y mordisqueo tus labios ávida de deseo.Entre tu cuerpo y el mío, tan solo revolotean gemidos entrecortados, anticipo de una música cargada de suspiros, almas que salen y  chocan contra las rocas que nos rodean, para regresarlas al mar que nos acoge y nos mece cómplice de nuestros instintos.

Embriagada por un olor distinto, me aferro a tu cuerpo. Nalgas firmes, color canela, que presiono con el empeine de mis pies para acercarme más y más a ti. Sientes mis pezones contra tu pecho, duros, salados, deseosos de tu boca dulce y carnosa. En ellos te detienes, los haces tuyos mordisqueándolos despacito.
Siento tu sexo, vertical perfecta, palpitante contra el mío. Una oleada  de calor me invade y arqueo mi cuerpo invitándote a entrar en él. Notas como mi urgencia de ser penetrada aumenta, te lo hago saber mordisqueando tu oreja izquierda, susurrándote una vez más que te deseo, que me entrego  a ti en ese mismo momento.  Me tomas de la cintura y me atraes hacia ti con un suave, pero firme movimiento. Tu verga gigante, loca, atraviesa mi sexo mojado, abierto, ansioso. Mi clítoris salta y un largo gemido sale por mi boca para ser ahogado por la tuya.Movimientos cadenciosos, hacen crecer y crecer más a tu pene que entra, sale, me posee  hasta llenarme por completo. Me separas de ti y me vuelves a atraer una y otra vez haciéndome estallar en un orgasmo interminable, que me hace perder el sentido hasta que mediante una caricia que recorre mi espalda y tu boca sobre la mía  me devuelves   la vida. Abro mi boca, invadida por tu aliento y recorro tu cuerpo intentando aprenderme cada centímetro de tu piel mojada. Llego a tu sexo lubricado por mi vagina, abro mis labios y lo lamo. Lo recorro con mi lengua bien mojada, bajo hasta tus testículos y los absorbo, los expulso y vuelvo a lamer tu sexo caliente y duro. Dejo que entre en mi boca, que se acomode. Me afano en sorber y gozar de tu pene que ya es mío. Te miro a los ojos, sonrió traviesa y te dejas hacer entre gemidos de placer que suben de tono y nos hace olvidar los susurros del mar que nos rodea. Siento tu pene a punto de estallar en mi boca, me vuelvo loca queriendo saborear hasta el último resquicio de ese sabor salado, adictivo que empieza a inundar mi boca. Quiero beberte y mis labios rodean  por completo tu sexo, incontrolable y lleno de vida.

Me levantas, invadido por el frenesí y colocas sobre una árida roca. Rozas mi sexo pidiendo permiso para entrar, me atraes hacia ti y solo entras y entras. Grito llenando nuestra playa de sonidos salvajes, haciéndome caer una y otra vez en dulces orgasmos mientras tu cambias el ritmo y entras, sales, me llenas embravecido hasta caer sobre mi exhausto inundando todo mi interior.
Cuerpos pegados, desnudos, mojados, fundidos en un abrazo que se prolonga hasta el amanecer.Mi cuerpo  completamente relajado, extenuado, invadido por una aparente calma, despertó con la brisa que entraba por mi ventana. Abrí los ojos, y encontré a la luna llena, celosa, lanzándome un guiño y convirtiéndose así en parte  de todo lo vivido. Decido esperar de nuevo la noche, cobijada bajo mi suave mantita. Todo huele a madera mojada, a salitre y arena limpia. Todo huele a ti. Me aferro a tu promesa de que volverás una noche más, volverás a elevarme con tu aliento sin permitirme regresar.


El guardaespaldas de Emma

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Hace 3 años que trabajo en el terreno de la seguridad privada. A penas concluí la secundaria me enrolé en la Marina Real, pero me dieron de baja (por motivos que no viene al caso detallar). Después ingresé en una empresa de seguridad, y terminé por mi cuenta como guardaespaldas. Nunca me faltó trabajo. Un buen porte (mido casi 7 pies), antecedentes militares y un aspecto temible son cartas seguras a la hora de las contrataciones. Sin embargo durante los 2 primeros años no me sentí a gusto. Siempre debía andar cuidándoles el culo a millonarios paranoicos, políticos corruptos o mafiosos. 

Todo cambió cuando ingresé al mundo del espectáculo, es decir, cuando fui contratado por los Estudios Warner (en su sede londinense). Allí le tomé gusto a mi profesión. Lujo, alfombras rojas, celebridades, mujeres hermosas, fiestas, todo eso me encanta; tanto como darle una buena patada en los huevos a un fan que se acerca demasiado o romperle la cámara en la cabeza a un paparazzi. Nunca pensé, sin embargo, que mi trabajo me iba a dar otro tipo de satisfacciones mucho más envidiables. Estoy hablando de sexo. Entendí rápidamente que podía aprovecharme fácilmente de mi cercanía con las estrellas, más aún al comprobar que muchas están realmente trastornadas y son extremadamente vulnerables. Este relato es sobre mi “aventura” con una chica famosa, más precisamente con Emma Watson, la Hermione de las películas de Harry Potter.

Después de trabajar por unos meses en los estudios se corrió la voz de que Emma estaba siendo acosada por un fan, mejor dicho, por una “anti-fan”. Hacía más de un año había pasado algo parecido, y los tabloides se habían encargado de ventilar la cuestión, pero era una tontera. El tipo era completamente inofensivo. Esta vez era diferente, había amenazas de muerte de por medio, y no querían que el asunto trascendiera. Fue el padre de Emma, un viejo pelado, el que me llamó para que protegiera a su hija. Yo acepté inmediatamente. Una vez que estuve a cargo de la seguridad pude corroborar que la amenaza parecía ser seria. La supuesta “anti-fan” había enviado un par de videos inquietantes que demostraban un amplio conocimiento sobre la vida de Emma: su domicilio, sus movimientos, sus amistades. Las amenazas estaban cargadas de un odio irracional contra la actriz, y parecían estar hechas por una persona muy determinada a hacerle daño. Mi trabajo iba a ser full time: acompañar a Emma en todas sus salidas, y además debía mudarme a su departamento de Oxfordshire (donde vive con su madre y su hermano), para brindarle protección en todo momento. Nunca olvidaré el momento en que me la presentaron. Yo ya la había visto en algunas premieres, pero al contemplarla de cerca quedé impactado por su fresca belleza adolescente, y sentí unas ganas terribles de besarle los labios, de acariciarle las nalgas, en fin…Ella, sin embargo, me trataba con una frialdad exasperante. Parecía temerme más que a su acosadora, y sólo me dirigía la palabra cuando era necesario.

En sus apariciones públicas Emma tiene una eterna sonrisa dibujada en el rostro y es muy extrovertida, pero en su vida diaria digamos que no derrocha simpatía, y riñe constantemente. Por eso mismo la deseaba cada vez más, me gusta ese tipo de chicas.La acompañé a un sinnúmero de lugares. Yo conducía el auto y ella se sentaba mi lado sin dirigirme la mirada, muda. Al principio quería sentarse atrás, pero le dije que no era conveniente por motivos de seguridad, ya que en caso de que fuera atacada me iba a costar mucho más protegerla. Aceptó a regañadientes. Las cartas y videos seguían llegando. No había forma de saber quién las enviaba. Me puse a estudiar los clips, y me di cuenta de que las tomas eran realizadas con teleobjetivo óptico siempre desde aproximadamente los mismos sitios. Decidí empezar a registrar los alrededores de los lugares donde Emma había sido filmada. Uno de ellos era la entrada del colegio.Los hechos se sucedieron rápidamente. Al día siguiente la acompañé justamente al colegio, el Headington School (una escuela cara, sólo de chicas), e increíblemente, descubrí a la acosadora. Mientras Emma descendía del auto alcancé a ver algo brillante entre unos arbustos. La joven actriz emprendió camino hacia el antiguo edificio central y yo me quedé esperando dentro del coche, con la vista enfocada en el lugar de donde provino el brillo. Después de unos minutos algo se movió y me acerqué sigilosamente. Efectivamente, detrás de la vegetación había una chica, una morocha de pelo corto bastante apetecible, que portaba una cámara digital con teleobjetivo. Se la arranqué de las manos y la sujeté de los cabellos a la altura de la nuca. La chica, de unos 17-18 años estaba muy asustada. Le di un par de bofetadas y retrocedí la cinta. Me di cuenta al instante de que era la acosadora, ya que las imágenes previas tenían el mismo estilo de enfoque que las que había recibido Emma por correo. No era prueba suficiente, pero a mí me alcanzaba. La obligué a confesar apuntándole a la sien con mi pistola y lo hizo sin titubear. Dijo que en verdad ella no era una anti-fan ni nada parecido, sino que había conocido a Emma en una fiesta de Chanel hacía dos meses, y habían mantenido una relación lésbica. 

Me aclaró que Emma es bisexual. Después tuvieron otro encuentro amoroso en el propio departamento de la actriz. Laura (así se llamaba la acosadora), creyó que podía ser el comienzo de una relación “seria”, pero Emma no pensaba igual y decidió ignorarla (no quería comprometer su relación con su “novio” Jay, que de todas formas terminó poco después). Al día siguiente del encuentro en el departamento, Emma no contestó ningún llamado suyo. Laura se quedó con bronca y decidió vengarse de alguna forma. Pensó en chantajearla, pero no tenía ninguna prueba de las relaciones lésbicas, así que optó por asustarla. Dijo que no quería que Emma pensase que podía deshacerse de ella fácilmente.Le propuse un trato. Yo no quería quedarme sin el trabajo, no mientras no lograra culiarme a Emma. Le dije que no la denunciaría si ella me hacía ciertos favores. Laura creyó imaginar qué clase de favores le estaba pidiendo, y comenzó a desprenderse la camisa. Le aclaré que no era eso lo que pretendía, sino que siguiera mandando videos y cartas mientras me ayudaba a chantajear a Emma. Aceptó. Lo pensé mejor: “Y la verdad que una mamadita me vendría bastante bien” le dije mientras me desabrochaba el pantalón. La chica comenzó a chupármela deliciosamente. Aproveché el tiempo para detallarle lo que debía hacer. Ella asentía con los ojos. Cuando estaba cerca de llegar al coito tomé su cabeza por detrás y la penetré hasta la garganta. Casi la ahogo con mi leche.

Laura se fue con los ojos llorosos, tosiendo y escupiendo. Se lo merecía por zorra.Con la acosadora de mi lado, me dediqué exclusivamente a espiar a Emma. La pendeja maldita cada vez me trataba peor, más aún cuando llegaba una nueva amenaza. Ella me odiaba en parte porque creía que sus padres habían contratado un guardaespaldas no para protegerla, sino para vigilarla. Faltaba muy poco para que cumpliera los 18 años y yo estaba seguro que después de esa fecha sería despedido. Ya lo había escuchado de su boca en varias peleas con su madre. Además creo que también sabía perfectamente quién la estaba amenazando y por qué, pero no podía contarlo. Debía apurarme. El plan se puso en marcha. Laura le mandó un mensaje a Emma por celular que decía: “Voy a contar lo nuestro. Tengo fotos. 100.000 libras a cambio de silencio”Emma la llamó inmediatamente, sin saber que la conversación estaba siendo grabada desde el teléfono de Laura. -Hola? Laura? Te has vuelto loca?-No te vas a deshacer de mí tan fácilmente, voy a hablar. El lunes posterior a tu cumpleaños quiero que deposites 100.000 libras en la cuenta R- FD-45032-788 del Citybank, o todo el mundo sabrá que eres lesbiana y puta.-No soy lesbiana, estúpida. Además… no tienes ninguna prueba. Eres una mentirosa. Es tu palabra contra la mía. No se por qué piensas que alguien va a creer tu historia.-Tengo fotos.-Mentira!! Es imposible!!-Bueno, está bien, tu ganas, no tengo ninguna foto, pero lo que sí tengo es la grabación de esta charla. Es suficiente. Adiós Emma. La actriz se puso pálida. Debía ir al estudio a filmar y dijo sentirse descompuesta. Seguramente se estaba regañando a sí misma por haber caído en un truco tan viejo y estúpido. Se encerró en su cuarto nuevamente. Por suerte tomé la precaución de colocar un micrófono allí (casi me descubren al instalarlo, mientras Emma se bañaba).

Lo primero que hizo fue llamar a una de sus amigas, Amy Vaver (una morocha de ojos verdes muy bonita). Llorando le contó lo que le había pasado: “-…es una zorra, cómo pude ser tan tonta. Ahora me tiene agarrada del cuello. No se va a conformar con ese dinero, me va a pedir más. Me odia. No se cómo voy a hacer para explicarle a mi papi esa transferencia.”“-No se que decirte. Si no le pagas puede que tu carrera se ve a afectada, pero ella va a quedar muy mal.”“-¿Me estás jodiendo? Me van a dar una patada en el culo. Me van a echar. Voy a perderlo todo. Qué me importa cómo quede ella. Tengo miedo.”“-No se, quizá si le pagas no te vuelva a molestar. No creo que se arriesgue a tanto. Es demasiado dinero. Deberías regatearle un poco.”“-Puede ser, pero esto no me gusta, estoy jodida, soy la persona mas tonta del mundo. A partir de ahora no confiaré en nadie más.”Había llegado la hora de darle a Emma la estocada final. No quería contarle todo en seco, así que comencé a demostrar mi lujuria en forma ostensible. Esa noche iba a asistir a un evento de moda y no había terminado de arreglarse. Golpeé la puerta de su cuarto. -¡Ya voy, ya voy!, gritó desde dentro.Al salir estaba hermosa, aunque demasiado pintarrajeada. Llevaba un vestido corto negro que dejaba su bella espalda descubierta, acompañado de medias también negras y zapatos plateados que hacían juego con su chaqueta y cartera. Mientras la acompañaba al auto le acaricié la cintura y le dije: “tienes un culo hermoso”.Me miró como si le acabara de dar una puñalada. -Imbécil, no voy a tolerar otro comentario como ese. Le voy a avisar a mis padres.-Está bien Emma, no más comentarios sobre tu lindo culito, le dije, y acto seguido le metí la mano debajo de la falda agarrándole una nalga con fuerza. Intentó darme una bofetada, pero la detuve. -¿Qué mierda te pasa? Yo no voy a ir contigo a ninguna parte. Voy a llamar a la policía. Extrajo su celular y comenzó a mercar, pero se lo quité. Me escupió, miró desesperada a su alrededor y se preparó para gritar, pero en ese momento apareció Laura. Se quedó muda. -Entremos al auto, que debemos solucionar algunos negocios, dije cínicamente.Laura se puso a contar sobre el acuerdo al que habíamos llegado. Emma la escuchaba con cara de estar muriéndose. “-Deberías ver el lado positivo del asunto. No vas a tener que desembolsar tanto dinero. Yo solo quiero 5.000 como indemnización por todo lo que me has hecho pasar. Es lo que vale uno de tus malditos vestidos. Pero ya sabes, deberás hacerle algunos favorcillos a mi amigo aquí presente” (le guiñé un ojo con una sonriendo repugnantemente).  -Eres la peor basura que existe sobre la tierra, una rata, pedazo de mierda, no te vas a salir con la tuya. -Si lo voy a hacer, y tú harás lo que yo diga. Tendremos sexo la noche misma de tu cumpleaños, es decir, pasado mañana. Quiero que tomes una pastilla anticonceptiva, porque no voy a usar condón. Ha, y más vale que vengas bien vestidita, y con ropa interior transparente, me fascina. Al día siguiente yo renunciaré, olvidaremos todo, y seremos felices ¿No?Emma bajó del auto hecha una furia, pero a penas se encontró con los flashes desplegó una enorme sonrisa y siguió como si nada. Yo la acompañé durante el festejo. Se puso a beber champagne, varias copas. Al volver estaba destruida. Detuve el auto y la besé furiosamente en los labios, hedía a alcohol. Ella se dejó llevar, ya estaba entregada. Antes de despedirla le dije al oído que la noche del cumpleaños la quería sobria. Finalmente llegó el momento tan esperado. 

Estaba hermosísima, nuevamente de negro. Lamentablemente no pude impedir que unos paparazzis la fotografiaran al bajar del auto. La estúpida no cerró las piernas y los tipos son verdaderamente expertos en el arte de fotografiar por debajo de las faldas. Para colmo llevaba la bombachita transparente que le había pedido. Las fotos de su concha peluda se difundieron rápidamente por Internet. La mayoría de los artículos comenzaban con el juego de palabras boludo de “Hairy Potter”. De todas formas el pequeño escándalo me hizo sentir orgulloso, porque todos los imbéciles debían contentarse con mirar, en cambio yo fui el que le rellenó el agujero.Al terminar la fiesta fuimos a la casa de Amy (la había ofrecido de mala gana al enterarse del oscuro pacto que su amiga debía cumplir). Esa noche la casa iba a estar vacía, exceptuando a la propia Amy, que acompañaría a Emma en su desgracia.A penas llegamos la acaricié rudamente y le comí la boca. Ella no quería mostrar ningún signo de excitación, sentía que la estaba violando, y en parte era así, pero bueh…Me desnudé rápidamente, tenía la pija parada a full. Me senté en la cama y le exigí que me la lamiera. Comenzó a hacerlo tímidamente, con cara de asco. Le acaricié sus rubios cabellos, brillantes, suaves.  -Chúpamela bien, puta, vamos, no te hagas la inocente, que lo has hecho muchas veces.Siguió sin entusiasmo hasta que le di un sopapo y reaccionó. El resto de la mamada fue excelente. Su lengüita recorría mi verga con deleite, la introducía en su boca, succionaba, salía, entraba y volvía a salir toda cubierta de baba, formando hilos que unían el tronco de mi pija con sus delicados labios.De todas formas yo no tengo mucha paciencia para estas cosas, así que la agarré de la cabeza y le di como un taladro, hasta el nacimiento de la lengua. Terminé ahí nomás. Un verdader río de leche inundó su boca y quiso escupir, pero le advertí levantándole la cabeza desde el mentón: Trágatela toda. Lo hizo, y después vomitó sobre la cama.-Eres una cochina, mira lo que has hecho, PAF! Otro sopapo en la mejilla. Le quedó colorada, y se puso a llorar.Tardé poco en excitarme de nuevo. Todavía ella estaba completamente vestida, no se había sacado ni la chaqueta. Me esperaba de pié al lado de la cama, con una sonrisa extraña, casi enfermiza. Pensé que se había vuelto loca, pero era algo peor. Me acerqué y ZAZ, me largó una puñalada al estómago. No se de dónde mierda había sacado el cuchillo, (uno grande, de cocina). Por suerte alcancé a contraer la panza, y solo me provocó una herida superficial. Intentó achurarme de nuevo, pero le quité el cuchillo con facilidad y lo usé para destrozarle el vestido. En pocos segundos quedó en bombacha y corpiño, con algunos cortecitos a la altura del ombligo y en las piernas.-Ahora vas a ver, puta traicionera!La tomé del cuello y le arranqué el corpiño. Sumergí mi nariz entre sus tetas, pequeñas pero bien formadas, con pezones oscuros. A pesar de que parecía estar sufriendo como loca, los tenía duros, al igual que el clítoris, que apreté fuerte con las yemas de mis dedos. Chilló como un cerdo. Seguí disfrutando de sus tetas, que desprendían un olor especial, muy excitante. Por fin parecía que ella la estaba pasando bien. Se le escapó un leve gemido de placer cuando le metí la lengua en la concha, bien olorosa y bastante peludita. El fluido vaginal comenzó a aparecer en forma muy abundante y la penetré. Fue algo extremadamente placentero, su carita rebosaba de gozo, ya no reprimía los gemidos. Incluso comenzó a dar unos grititos agudos que me pusieron la piel de gallina. En eso escuché pasos detrás. Me di vuelta y era Amy, completamente desnuda. Parece que se había mandado unas cuantas líneas de cocaína y se había excitado. 

Emma la miró extrañada, pero siguió disfrutando.Sentí los duros pezones de la hermosa amiguita de Emma en mi espalda, y me acarició con sus suaves y finas manos. Seguí dándole, cada vez más duro. Los gemidos de Emma crecían en intensidad, estaba agitadísima, transpiraba. Cuando llegamos al climax me salió un aluvión de esperma que rebalsó su vagina y me alcanzó también para salpicar a Amy al darme vuelta. Un chorro blancuzco cayó sobre su ombligo. La hermosa morocha untó sus manos en el viscoso licor y se las llevó a la boca.La hermosura de las hembras que tenía rendidas a mis pies hizo que la excitación me volviera muy rápido. Amy desprendía sexo por todos sus poros y se tumbó sobre el lecho con las piernas bien abiertas. Me lancé sobre ella como una fiera y la cama empezó a chirriar tanto que parecía a punto de destartalarse. Mis manos sujetaban las nalgas de Amy al tiempo que mi verga se deshacía de placer dentro de su apretada conchita. Después me puse boca arriba y montó con unos movimientos dignos de una contorsionista electrocutada. Se calmó un poco cuando uno de mis dedos se introdujo en su ano, y luego de un delicioso “AHHH!” se mojó tanto que algunas gotas llegaron hasta el suelo. A todo esto Emma volvió a la carga aplastando mi boca son su concha y me puse a lamérsela con desesperación. Los tres terminamos casi al mismo tiempo en medio de un coro de gritos y aullidos, y una nueva profusión de fluidos. Emma casi me ahoga.Estábamos exhaustos. Nos tomamos un tiempo para descansar. Amy trajo varias líneas de coca preparadas sobre un espejo, y una botella de vodka. Los tres nos pusimos al palo. Aparentemente Emma no tenía mucha experiencia con la cocaína, todavía no estaba a la altura de una Lindsay Lohan o una Brithney Spears (tampoco con respecto a la fama y el dinero). Una sola línea bastó para quedar durísima, y al minuto volvió a la cama de nuevo, completamente sacada. -Vamos chicos, (dijo en un tono enfermizo), que esta noche quiero perder mi virginidad anal.Amy la miró sorprendida. -.¿Pero no me habías dicho que con Tom?...-Mentí, nunca lo he querido hacer, porque me parece que me va a doler. Pero esta noche es especial, ya no tengo nada que perder. Esas palabras funcionaron como un trampolín para mi líbido. No podía perderme algo tan hermoso como el desvirgar ese culo.-Vamos! Dijo Emma al tiempo que se ponía en cuatro apuntando el culo hacia mí. Nuevamente hecho una fiera, me le acerqué por detrás le di un beso húmedo entre sus nalgas, las separé suavemente con mis dedos y escupí varias veces para lubricarlo bien.   La verdad que lo tenía muy estrecho, y al principio me costó. Lo intenté una primera vez, pero me dijo que parara, que le estaba doliendo mucho. A la segunda, con más lubricación logré meter el glande, pero gritó de nuevo. Entonces le di un beso en la boca, acaricié todo su cuerpo, y le dije: te va a doler pero debes hacerlo, y la penetré bruscamente. Dio un grito fuertísimo, súper agudo, pero yo seguí hasta meterla entera y le di bien fuerte. Chilló, lagrimeó, me insultó, pero al poco tiempo le tomó el gusto a la cuestión, y terminó pidiéndome que le diera más fuerte, y más. Mi excitación fue extrema, era como estar en el paraíso. Desflorar a Emma fue uno de los placeres más grandes de mi vida, incluso me gustó mucho el hecho de que la hice sangrar un poco, pero terminó agradeciéndome envuelta en lágrimas, vaya a saber uno porqué. Amy a todo esto se había quedado dormida, pero la desperté y me la culié también.En fin, fue una hermosa noche. Yo renuncié al otro día y es probable que nunca más vuelva a ver a Emma, pero es seguro que no la voy a olvidar, y pos supuesto, ella tampoco me va a olvidar. Aunque sólo sea por la manera en que la hice sufrir, y por cómo le dejé el culo. Mi conclusión es que la chica es un poco masoquista, y la conclusión que habrán sacado los pocos que hayan leído este largo y aburrido relato es que su autor es un sádico pervertido de mierda, que tiene fijación con las adolescentes. Y no estarán equivocados.

A la hora de Dormir

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Son las 12 de la noche, estoy cansado y tengo ganas de ir a dormir, pero mi cabecita empieza a funcionar mientras me desnudo, mientras me lavo los dientes mi mente se apodera de mi líbido, comienzo agitarla, a removerla, mi sexo hace un conato de despartar, los huevos me cuelgan, están calientes, mi polla se despereza, se hincha un poco, una ligera sensación de placer me invade, esta sensación me gusta, me hace sentir vivo. 

Termino de lavarme los dientes y me voy a la cama, preveo unos minutos de placer solitario, me quedo desnudo.
La cama está fría, mi cuerpo caliente, mi cabeza con ganas de arder y mi polla empiza a ponerse morcillona. Me tapo para que todo mi cuerpo entre en calor, me cojo los huevos y los levanto hacia arriba, es una sensación muy placentera, me da gustito.Después de sobarme un rato los huevos y la polla, mis manos se trasladan al pecho, me acaricio las tetas, los pezones se me erizan, se ponen tiesos, y mi mente empieza a centrarse en la búsqueda de imágenes y situaciones eróticas, apareces de pronto chupándome la polla, tragándotela entera, la siento en tu garganta, el calor y humedad de tu boca hace que me crezca de golpe, me excita esa sensación, instintivamente aparto de mi mente la escena, quiero calentarme despacio entrar en materia poco a poco, disfrutando de cada imagen lentamente.

Vuelves a mi mente, esta vez en otro ambiente, estamos en la playa, tal vez Gomera, Hierro, La Palma, quién sabe, ... y qué importa, .... nos alejamos de la toalla ... nos acercamos a una zona con arboleda, con la intención de mear al resguardo, aunque no sé de qué porque la playa está casi desierta. De pronto, tras haber vaciado nuestra vejigas, oímos un ruido y nos acercamos sigilosamente a ver de qué se trata ... ¡et voilá! una parejita, sobre una manta, en medio de la espesura, se está dando una chupada mutua, un maravilloso 69, los dos están de muy buen ver, y están tan concentrados en su tarea que no se dan cuenta de nuesta presencia. Están sudando, saboreándose sus sexos; ella está sobre él, metiéndose el pollón en su boca y disfrutándolo, a tenor de su clara de placer.... su saliva mezclada con su líquido seminal chorrean por el tronco y resbalan por los huevos, de vez en cuando da un respingo, como señal de que a su vez también disfruta de la lengua de su pareja que se introduce en su coñito, que moviédose a derecha e izquierda le hace ver las estrellas. Él tiene toda su cara entre las piernas de ella, restregándose con su caldito, oliendo sus aromas y con las manos estrujándole su precioso culo.
Esto es un privilegio, un espectáculo porno en directo, en primera línea, algo soñado... tiras de mi mano y nos acercamos, estamos a tan solo 2 m. de ellos, sentimos sus jadeos, olemos sus efluvios ... esto es alucinante, mi polla está por reventar, te meto la mano entre tus piernas y chapotea en tu vagina, estás tan excitada como yo, nos miramos, tenemos las mejllas coloradas, estamos ardiendo, ... ¿qué hacemos? ... nos decimos con la mirada. la excitación de los cuatro se palpa en el ambiente, ellos disfrutando de sus cuerpos, nosotros disfrutando del morbo de la situación... mil pensamientos pasan por nuestra mentes, ... ¿nos unimos a la fiesta? ... ¿se molestarán? ... ¿nos volvemos a nuestras toallas a comernos vivos? ... excitante. Pero... ¡sorpresa! mientras nosotros lo pensamos, hay quien toma la iniciativa, otro voyeur, en igual situación a la nuestra, estaba también recreando sus pupilas ... y su polla, nos toma la delantera y sigilosamente se pone frente a la pareja, acerca su cara a la de ella y con un gesto le pide compartir aquélla polla tiesa y lubricada, ella tras un momento de titubeo se la aproxima a la boca, el voyeur sin pensarlo dos veces la engulle, mientras ella se dedica entonces a chupar los huevos.

El chico, al sentir dos lenguas que se reparten su sexo se sobresalta, pero el placer no le deja reaccionar, se abandona a su éxtasis y pronto los espasmos lo atrapan, su semen sale disparado, ninguno de sus mamadores es capaz de atrapar esa polla desbocada, y en su defecto unen sus bocas chupando el semen esparcido por sus caras. La chica está fuera de sí de excitación, y al ver la polla semiflácida ya de su pareja y ver lo tiesa de la del voyeur, se da la vuelta y le ofrece sus dos orificos, a cual más mojado de los dos, para que elija, éste no lo duda, se ensaliva los dedos, se los introduce en el culo y a continuación le ensarta la cabeza. Ella cierra los ojos y disfruta del momento, su pareja no quiere quedar afuera, se da la vuelta y boca arriba se coloca debajo de ella metiéndole la lengua en su coñito, y con la visión de la polla del voyeur entrando y saliendo del culito de su novia, y los huevos golpeando contra las nalgas.
La chica, que estaba ya excitadísima, no puede más y estalla en un orgasmo delicioso en la boca de su novio.... sus movientos hacen que el voyeur se una a la fiesta y deposite todo su semen en el interior de aquél culito, ... de pronto ... se oye un ruido, hemos pisado una rama, y el trío, que nos a dado el espectáculo de nuestra vida, se percata de nuestra presencia y nos hace unas señas para que nos acerquemos ... nos dan un susto que casi se nos para el corazón ... corremos en dirección contraria, hacia nuestras toallas, y de camino, ...... ¡me cago en la puta! ... me despierto, ... era un sueño.

Y ahora yo aquí, con la polla tiesa, a punto de explotar, tu no estás.... bueno .... excitado estoy de aúpa, ... así que ... te vuelvo a traer a mi mente, tragándote mi polla entera, caliente, húmeda, y ... ahhhhhhhhhhhhh, Amooooooooor, ¡qué gusto me dás!, trágatela, trágatela toda, ahhhhhhhhhh, qué bueno mi Amor.
Tengo todo el cuerpo cubierto de semen, ¿quieres un poquito? ... pero qué gustito... ahora sí que me voy a dormir bien. ....  

Mi Humedo Coño

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Soy una chica de 21 años, rubia, de ojos azules, y de preciosos labios rojos. Mis tetas son grandes y manejables, con unos grandes pezones rosados que apuntan hacia arriba, tengo un gran culo redondo al que le siguen unas largas piernas. Mi coño es muy húmedo, y normalmente lo llevo rasurado. Mis medidas son:88-59-87 altura:1,77m.

Desde que vivo sola soy más libre, me paseo desnuda por la casa, follo cuando quiero, me masturbo, veo pelis porno. Me gusta ponerme faldas cortísimas, grandes escotes, ropa interior sexy... e insinuar a los hombres. No tengo prejuicios, me gustan tanto los penes grandes o pequeños, gordos o delgados, rectos o torcidos, los hombres jóvenes o mayores, y las mujeres. Me encanta chupar pollas y tragarme el semen o restregármelo por las tetas, y también que me den por el culo y por el coño a la vez. A veces me excito solo con la goma de las bragas, y empiezo a mojarlas cuando se introducen por mi rajita mientras me toco el cuerpo suavemente con mis manos.

Aquel día me encontraba en mi casa, sola, desnuda sobre mi cama, solo llevaba unas braguitas blancas. De repente tu me llamaste, querías quedar para ir a tomar algo, yo me excitaba de oir tu voz, y me movía lentamente entre las sabanas, seguías hablando y mis bragas estaban cada vez más húmedas, casi transparentes. Deslizaba mis manos sobre mi cuerpo, sí!!, Sí!! Sigue!!, pensaba mientras mi mano derecha acariciaba mi clítoris por debajo de las braguitas.

Puse el teléfono sobre mis pechos, mientras tu seguías hablando de algo que te había ocurrido ayer, y me imaginaba la fresa de tu pene introducirse lenta y suavemente como un susurro entre mi vagina, mis dedos hurgaban entre mis labios inferiores y llegue al orgasmo, gracias a ti, a tu sensual voz. Quedamos a las ocho en el bar de la esquina.

Después de ducharme, me empece a vestir, me puse medias de rejilla, ligueros, y bragas negras, y no me puse sujetador. Escogí una falda muy corta negra, y unas sandalias de tacón alto negras también, y me puse una blusa blanca ligeramente transparente, tenia la impresión de que aquella noche iba a ser inolvidable.

Llegue al bar cinco minutos tarde, tu ya estabas allí, avance hacia la mesa donde estabas sentado, despacio, suavemente, contoneando las caderas, tu cara lo decía todo, y la mía también, notaba que algo se movía debajo de tu pantalón, algo grande. Tu y yo habíamos salido dos o tres veces, y habíamos hablado por teléfono mucho, pero aun no habíamos follado, e intuía que no faltaba mucho para ello.

Me senté delante de ti, y tu notaste mi perfume, te di un beso de amigo con mis carnosos labios rojos y empezamos a hablar de cosas intrascendentes. Abrí el bolso y al sacar el paquete de cigarrillos sé cayo encima de la mesa el mechero y un consolador, quedaste con cara de asombro, pero yo deprisa lo volví a meter. Empece a fumar como lo hacen las putas y tu cara cada vez me excitaba mas, me quite el zapato y con el pie busque tu paquete, empece a tocártelo, tu verga se movía dentro, era cada vez mas dura, y tu cara, era de satisfacción. Me incline para susurrarte al oído, mientras tu mirabas mi escote, mi gran busto, mis redondas pechugas, acerque mi boca a tu boca y mi lengua se mezclo con la tuya de forma magistral. Nos levantamos para ir a tu casa, tu disimulabas tu paquete como podías.

Al llegar al edificio empezamos a meternos mano suavemente en el ascensor, cuando llegamos al piso, yo estaba supercachonda, mi cuerpo ardía. Me senté en la cama, desabroche dos botones de mi blusa y abrí mis piernas como una zorra, te acercaste a mí, me levantaste y me llevaste contra la pared, allí acariciaste mi culo con las dos manos, después tocaste mis muslos, yo te desabroche la camisa y te tocaba el pecho, te besaba, te chupaba tus pezones. Sin que lo esperaras me di la vuelta y con mi culo, te rozaba el paquete, cada vez con mas fuerza, de repente me agarraste de los senos, con una fuerza que me ponía cachonda, y me llevaste a la cama. Estabas encima de mí y te empece a desabrochar el pantalón, te lo quitaste, y tu me desabrochaste completamente la camisa mientras me chupabas los pezones, me quite mi pequeña falda y te pase la pierna por tus calzoncillos, notando tus huevos. Te baje el calzoncillo y tu polla, tu gran polla, se empalmo de golpe y me dio un escalofrío, era grande gorda, con un glande rosado, húmedo y terso.

Te agarre el falo con la mano, suavemente, acaricie tus cojones y toque una y otra vez el pellejo del glande, después me acerque tu pene y le di un par de lametazos, lo chupe, te chupe los huevos también, y con la lengua en punta te acaricie con mucha saliva el capullo de tu polla, tu cara decía, es la mejor mamada que me han hecho. Yo chupaba y chupaba tu polla, retirando a cada mamada el prepucio de tu fresa, luego te saque la polla de mi boca y eyaculaste en mi cara, a mí me gustaba y relamía la leche que había por mi cara tragándomela. Te tiraste encima de mí y tocabas mis tetas con fuerza, mordisqueando mis pezones y chupándomelos, mientras me metías dos dedos en la vagina entre las bragas, mi coño estaba húmedo, estaba ardiendo y pidiendo sexo a gritos, me quitaste las bragas y el ligero lentamente, tenias la verga totalmente empinada y de vez en cuando rozaba mi piel, ahora estaba solo con las medias puestas y con las piernas abiertas.

Con tu lengua acariciaste mi concha, me chupabas, me absorbías y me introducías la lengua en la rajita, yo mientras, con una mano me estrujaba las mamas y con otra me acariciaba el clítoris, sí!!, aah!! ah!. Te agarre el pene y me penetraste, acariciando con el glande mi raja, yo notaba la dureza de tu polla introducirse en mi vagina, tu falo era una estaca que me hacia tocar el cielo, jadeaba, jadeaba con fuerza, gritaba, mientras tu sacabas y metías tu miembro viril en mi orificio, unas veces rápidamente y otras lentamente, ah!! oh! oh! ahhh!!! Sí!! si1!! mas!! mas! follame!! jodeme! Sí!! Sí!, Sí, sí ah!!!!.

Cambiamos de posición, sin dejar de follar, y yo me puse encima, movía mi cadera con fuerza en todas direcciones y notaba como se movía tu polla dentro de mi chocho. Te agarraba con fuerza, cerraba los ojos y disfrutaba como cuando una adolescente echa su primer polvo, dios!!, Sí! así! mas! mas! maas! follame!, jodeme como una zorra!, mete tu polla en mi coño!! ah!! Sí! mas fuerte!!...Sí! siiiii! Sí!! ah! ah! oh! mas! mas! mas!!! Sí! sii!! siiiii!siiiiiiiiii!!!!!!!, llegamos al orgasmo, fue el mayor orgasmo que he tenido en mi vida, al sacar la polla aun expulsaba semen, así que te la chupe con suavidad, tu te diste la vuelta y nos pusimos en posición 69, tu me chupabas la almeja y yo sorbía tu pene de leche.

Antes de que me diera cuenta me estabas chupando el ano, me diste la vuelta, me puse a cuatro patas, y me la metiste por el culo, al principio me dolió, pero cuando la empezaste a menear dentro del ano me dio un gusto ..., y empece a tocarme la concha, me viste, y tu me acariciabas y presionabas mi culo, mientras me follabas como nunca antes nadie me había follado. Mis tetas se movían al compás de tus penetraciones, te saque la polla de mi ano y puse mi pierna derecha en tu hombro, me empece a quitar lentamente las medias, tu cara estaba enfrente de mi coño y a veces me lo lamías, yo veía como tu pene se movía, completamente empinado, cogí las medias y me las pase entre las piernas, luego te las enrrolle en el pene, y te las pase entre las piernas mientras tu me metías mano, te agarre de las nalgas y te acerque tu estaca a mis tetas, pasaba tu glande húmedo por mis pezones, agarre mis tetazas y te estruje la polla entre ellas, podia sentir las formas de tu pene, y su calor.

Mas tarde te tumbe y con tu falo totalmente vertical me senté encima, introduciendome la polla por el ano, mientras yo me masturbaba, cogi un consolador y me lo meti por la raja, follabamos como fieras, cuando ya ibas a eyacular me pusiste boca abajo en la cama, me echaste el semen en el culo y la espalda y te echaste encima deslizandote con el semen y con la polla apuntando hacia arriba.

Habíamos echado tres polvos, no estaba nada mal, así que nos fuimos al baño, y nos metimos en la bañera juntos, la llenamos de espuma, nuestros cuerpos estaban rebaladizos, estabamos uno enfrente de otro, y cual fue mi sorpresa cuando al verme enjabonarme las tetas, tu polla se entrempo de golpe, menudo pollazo!, me acerque a ti, abri las piernas y las saque de la bañera, entonces tu me penetraste hasta el fondo, mis pezones enjabonados subian a traves de la espuma, y tu empujabas con fuerza, despues de un rato sacaste la polla y me eyaculaste en el pecho, y yo me restregaba tu leche por mis tetas, y acariciaba mis pezones, te empece a chupar la polla, de arriba a abajo y tu te pusiste tan cachondo y yo tan zorra y viciosa que me eyaculaste en la boca y me trague tu maravilloso semen.

Dos dias despues te llame, quedamos en mi casa, yo te habia preparado una sorpresa. Llamaste a la puerta, fui a abrir. Cuando abri la puerta me viste, vestida se sirvienta, con el vestido negro corto, medias negras, zapatos de tacon negros, y el delantal y la diadema blancas.

Te abrace, y empece a besarte el cuello, a besarte, a mezclar mi lengua con la tuya, te empece a desnudar, te tocaba el calzoncillo, pasaba mi pierna entre tus piernas, estabas ya desnudo, con la polla relajada, entonces, nos tumbamos en la cama. Entonces te di la sorpresa, dije: chicas!, y salieron del cuarto de al lado, una chica morena joven vestida de colegiala, con medias blancas, faldita gris corta, camisa blanca, y dos coletas en el pelo, miraba con cara de buena y de zorra a la vez. Tambien salio una chica vestida de enfermera, rubia, con cara seria, y un tio totalmente desnudo con una polla enorme. Te quedaste con la boca abierta, ellos se acercaron a la cama. La chica adolescente (18 años), la colegiala, se te acerco y empezo a tocarte la verga con curiosidad, empezo a chupartela, a lamertela con la lengua, mientras te miraba con cara de niña buena, y te tocaba los huevos.

La enfermera se sento en una silla cerca de la cama, el tio se le acerco, y ella se abrio de piernas mirandote a ti y le agarro la verga enorme del tio, no llevaba bragas. Yo me pegue a tu cuerpo mientras la chica te la chupaba, y me empezaste a acariciar el culo con las dos manos, mientras nos besabamos, la chica chupaba tu polla y mi culo desde el ano hasta la raja, e intentaba penetrar tu polla en mi culo, doblandola hacia arriba, mientras la lamia. Me empezaste a meter tu rosado capullo en mi vagina, mientras la chica nos chupaba a los dos, la chica se empezo a quitar la ropa, su cuerpo era rosado, tenia unos pechos muy finos, de adolescente, y el coñito sin pelo, se estaba metiendo los dedos por la rajita mientras nos chupaba, y daba gemidos suaves y agudos. La enfermera se puso detras tuyo y se desnudo, tenia pelo en el chocho y sus tetas eran enormes, mientras el tio se acerco a mi y me metio su gorda verga por el culo, y grite, gemia mucho, ah!! si!!!, tu sentias como los pezones de la enfermera se ponian duros, sus tetas eran enormes, y te besaba la espalda y el culo.

Nos tumbamos, tu seguias con tu pene en mi vagina, me puse encima de ti, y el tio metio su polla por el coño, las dos pollas en mi vagina me hacian gemir, jadear y gritar, a ti te daba mucho mas gusto, vuestras pollas rozaban, se movian a la vez, y se podia oir el ruido de mis fluidos vaginales, al entrar y salir de vuestras vergas. Cuando cambiamos de posicion vimos como la chica y la enfermera se lo montaban, se metian sus dedos entre sus rajas y se tocaban las tetas, tu te acercaste y pususte el falo entre las dos, y empezaron a chupartelo, las dos a la vez, mientras yo te chupaba los huevos y el tio me daba por el culo. Entonces eyaculaste y las chicas se empezaron a restregar el semen por sus tetas y a chupar y succionar tu polla, entonces la enfermera se te echo encima y se metio tu polla en su raja y tu empezaste a tocar sus enormes tetas. Me excitaba veros follar y mi coñohumedo empezo a ser lamido por la chica mientras el tio le daba por el culo con mucha fuerza, tanta que la chica gritaba como una zorra, y se tocaba las tetas como una putita cachonda.

Empece ha chuparos la polla a los dos a la vez, vuestros penes se introducian en mi boca y las fresitas rosadas de la punta eran lamidas con precision, y tocaba vuetro pellejo con mis femeninos dedos con uñas rojas y largas de ramera, mientras las chicas me chupaban el clitoris, y el ano. Entonces el tio se empezo a correr y lleno de semen toda mi boca, tu polla, mi cara, mis senos, parecia una manguera de leche caliente, que lubricaba mi cuerpo. En ese momento, llamaron a la puerta y fui a abrir, desnuda con semen por todo mi cuerpo, mientras la enfermera te estrujaba tu verga entre sus grandes tetas, abri la puerta, era un vecino, se quedo con la boca abierta y note como se movia su falo entre sus pantalones, le puse la mano en los huevos y le meti dentro del piso.

Entonces le desabroche la cremallera y le saque la polla, la tenia larga y delgada, con el capullo rosa y muy humeda, se quito la ropa y fuimos a la cama, me tumbe en ella y mientras yo chupaba tu polla, el tio del gran pene se masturbaba sobre mis tetas, el vecino me la metia por la almejita hasta el fondo y luego la movia dentro, me daba mucho gusto, y gemia, si!! si!!!ah! ah! ah! ah! ah! ah!!!! ah!! mas!!mmmmmmm mmmmmmmm tu polla esta buenisima!!, me gusta su sabor!! sii!! quiero leche! correte!!, el tio se corrrio en mis tetas moviendo la polla entre los pezones, entonces me puse de lado, y tu me la metiste por detras mientras el vecino me la introducia con fuerza entre mis labios vaginales humedos, entonces me meti dos dedos en la vagina a la vez que la polla del vecino salia y entraba en un movimiento que hacia que sus huevos se movieran rapidamente, y las venas de su pene se tensaran. Entonces el vecino y tu eyaculasteis casi a la vez, y dabais unos pequeños gemidos graves que me excitaban y que acompañaba yo con mis gritos. Empezamos a follar todos con todos, se veian rabos, pollazos, gemidos, chochetes, conejos, semen... por todas partes, bocas humedas chupando pollas a lenguetazos.

Tu me cogiste por las caderas y me metiste el pollazo hasta el fondo del coño, yo le hice una señal al tio de la gran polla, se te acerco por detras y, sin que tu te dieras cuenta, te la metio suavemente por el culo, nunca habias tenido una experiencia de ese tipo, pero te daba placer, y a mi tambien. Acabasteis eyaculando los dos, y las chicas os chupaban y succionaban el semen de vuestros capullos.

Un dia te llame, otra vez, para que vinieras a mi casa, iba a enseñarte unos juegos sexuales que, debido a mi experiencia, he comprobado que a los hombres les gustan mucho. Llegaste, me encontraba desnuda en la cama, te acercaste y te desnude completamente. Estabamos los dos desnuditos enlazando nuestros cuerpos y nuestras lenguas, y empece con los juegos, agarre tu pene con las dos manos y empece a apretar fuerte, a cortarte la circulacion, tu glande se ponia rojo, mientras lo chupaba y mordisqueaba, al rato tu polla exploto, eyaculaste, en mi cara. Luego introduci tu verga en mi raja y despues baje tu pellejo con las manos hasta la base de tu pene con fuerza, estaba totalmente tenso, mientras yo subia y bajaba mi culo, y tu polla se introducia y salia de mi coño, tu pene chorreaba semen y yo ponia mi boca para tragar todo lo que podia. Luego nos tumbamos uno encima de otro, yo estaba arriba, primero acaricie tus huevos con mi pelo y hacia rozar tu capullo con mi cuerpo, sobretodo con mis pezones duros.

Despues puse tu polla apuntando hacia tu ombligo y me tumbe encima, mi peso presionaba tu polla entre nuestros cuerpos y yo me movia hacia adelante y hacia atras, hasta que echaste tu lechecita y nuestras caras y nuestros pechos quedaron inundadas como en el diluvio universal. Al terminar fuimos a tomar un café, estabamos sentados uno enfrente del otro, no habia nadie alrededor, asi que me meti debajo de la mesa, te saque tu precioso pene, y con mi lengua hice brillar tu fresita rosada, y empece a chupar y chupar como una zorra tu polla, hasta que explotaste y me trague tu lechecita.

Logicamente, no soy una actriz porno, por lo que sabreis que casi todo lo contado aquí no es real (la orgia de la segunda parte), no soy ninguna zorrilla (pero tampoco una santa ;) ) y mi descripción, es bastante generosa :P.


La Pasion de Gladys - 1ª Parte

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El fin de semana lo vivió en estado permanente de excitación, preparándose para este momento, imaginando todas las sensaciones que experimentaría..Y hoy, cuando el momento que tanto había imaginado y ansiado había llegado, la hora de la verdad, una calma desconocida se había apoderado de ella. Si alguien la observara en estos momentos, solo vería sus movimientos rutinarios, de aquellos que de tanto repetirlos día tras día se tornaban mecánicos: abrir la oficina, encender el pc, beber su café mañanero y prepararse para otra jornada de trabajo. Pero ese observador no vería el ligero temblor de sus manos al abrir la puerta de la oficina o al encender el pc o la agitación de su pecho cuando finalmente se sentó frente a la pantalla para iniciar la sesión para la que tanto se había preparado.


Pero esa calma externa era aparente pues dentro de ella un fuego parecía consumirla, oprimiendo su pecho por la ansiedad que le producía lo trasgresor de lo que estaba a punto de hacer.


Todo en ella decía que eso no era correcto, que estaba en contra de todas sus normas morales. Sin embargo, su cuerpo parecía moverse con energía que no era suya, ajena a la razón, empujándola inexorablemente a algo que haría pese a todo lo que su mente decía en contrario, pese a su rígida formación moral que le decía que era pecado faltar al juramente de fidelidad que diera cuando se casó con Ricardo.


Desde el fondo de Gladys pugnaba por salir otra mujer, una que estaba plena de necesidades, que ansiaba sentirse sumida completamente en la vorágine del sexo total, en que la realidad perdía sentido, especialmente esa realidad rutinaria a la que estaba sometida día tras día, en que nada parecía cambiar en una vida que se le hacía plana, chata, con un hogar en que todo era previsible, con todos los días iguales al anterior y al siguiente, con un marido que ya no le satisfacía como antes o al menos como su cuerpo ansiaba ahora, después de conocer a Ricardo, el otro Ricardo, el que en unos momentos se convertiría en su amante virtual


No debía hacerlo pero sabia que lo haría, pese a todo.


Su cuerpo de mujer sensual en la plenitud de sus condiciones físicas, con sus 33 años plenos de deseos carnales que la rutina del matrimonio no lograba colmar, le pedía nuevas experiencias que hacia años ya que su esposo no le brindaba. Un marido dos años mayor que ella, pero que en en su comportamiento sexual se le hacía mucho mayor. Su falta de incentivo en la cama había terminado por hacerle insoportable los momentos de intimidad entre ambos y ahora podría decir que fue esa insatisfacción lo que la empujó de los brazos de Ricardo, su esposo, a los de Ricardo, su amante virtual.


Un amiga le recomendó las páginas de relatos eróticos en internet y ella buscó en esas fantasías una válvula de escape. a su rutina sexual.


Tal fuera simple azar, pero a Gladys estaba segura que fue el destino que le había hecho esta jugada, para entregarla a ese hombre que tenía el mismo nombre de su esposo y que, en lugar de éste, ocupando su lugar en la intimidad de sus sentimientos, la llevó a experiencias nunca imaginadas en lo sexual.


De la manera en que sucedió daba para pensar en tenía razón.


La primera vez que visitó una de estas páginas leyó un relato que la impresionó a tal grado que no pudo resistirse a la tentación de escribirle al autor para felicitarlo y solicitarle que le enviara la continuación de la historia que había leído, la que tenía una trama interesante que invitaba a seguirla hasta su conclusión.


¿Por qué se atrevió a escribirle a un desconocido? ¿Y justamente a un hombre que escribía relatos eróticos, para felicitarlo incluso? No supo responderse y no quiso hacerlo. . Solo debía hacerlo, sin importar lo que viniera.


Ese fue el primer acto de la nueva Gladys, acto que a la anterior Gladys le era absolutamente reprobable e inmoral.

.

Ricardo, el otro Ricardo, le respondió. Y ese fue el inicio de una relación que la llevaría en una pendiente de excesos en que asomaría su nueva personalidad.


Para Gladys era el destino que le tenia dispuesto ese encuentro que cambiaria todos sus esquemas, al punto que hoy estaba dispuesta a entregarse a ese hombre frente a una cámara que le llevaría su imagen por internet, sin importarle las consecuencias de lo que iba a hacer.


¿Y si alguien la sorprendía mientras se entregaba al juego sexual frente a la cámara web? No le importaba ni siquiera el escándalo que se produciría entre el resto del personal si era sorprendida en labores tan poco "oficiales". Ella creía haber tomado las precauciones necesarias para no ser pillada en falta, aunque todas sus medidas de seguridad se habían reducido a llegar antes que el resto de sus compañeros de trabajo y cerrar la puerta de su oficina.


Habían quedado de acuerdo el viernes anterior y todo el fin de semana ella se preparó para ese momento, eligiendo un sostén negro y un bikini rojo, pensando que ser verían mejor en la pantalla en que Ricardo, el otro Ricardo, la vería. Una blusa blanca y una falda negra completaban una indumentaria que estaba segura que a el le agradarían pues facilitaban el mostrarle sus intimidades.

.

Con mano decidida encendió el pc y conecto la cámara web, ubicándola de forma tal que captara el mejor ángulo del espectáculo que estaba por entregarle a su amante virtual.

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Ricardo ya estaba en la red, esperándola.


Tenían no más de media hora para estar a solas.


Sin mayores preámbulos, Gladys bajó la blusa blanca y le regaló la visión de sus senos, que coparon la pantalla mostrando su voluminosa dimensión, con sus pezones enhiestos, desafiantes, pidiendo ser besados, lamido, mordidos, sobados, acariciados., como el se lo dijo inmediatamente, devolviéndole la pantalla sus expresiones de admiración, que para ella fueron el incentivo suficiente para sentirme cómoda y así ser más audaz.


Se alejó y se apoyo en el escritorio del fondo, a cierta distancia de la cámara, de manera que el pudiera verla desde los senos a los pies.


Subió la falda, mostrando su bikini rojo, que bajó con lentitud hasta que quedara en el suelo mientras su sexo al aire mostraba una mata de pelo rodeando la vulva, que empezó a acariciar lascivamente, brindándole a su lejano amante el espectáculo de una masturbación lenta, suave, como si estuviera en la soledad de su dormitorio como en la tarde del día anterior cuando, pensando en el y en este momento, no pudo resistir entregarse al placer solitario.

.

Se acercó a la pantalla que le entregaba las impresiones de Ricardo, maravillado por lo que veía: un par de piernas exquisitas que enmarcaban un sexo que era acariciado lentamente, pidiendo una verga para ser penetrado.


Se dio vuelta y le mostró su culo, pasando una mano entre sus nalgas, deteniéndose a la altura de su hoyo posterior, con un dedo insinuándose a la entrada de este, como pidiendo que la penetraran por ahí.


Ricardo, con su verga en la mano, se extasiaba con el espectáculo de las intimidades que gladys le exponía en la pantalla e inicia una masturbación furiosa mientras sus ojos no pierden detalle de los diferentes rincones del cuerpo de su amante distante.


Ambos gozaban por igual : ella con lo que hacía frene a la cámara, sabiendo que el la estaba viendo y el con la visión de las partes intimas de ella tan cerca, como si bastara con levantar la mano y acariciar su sexo, su culo, sus senos.


Como si el deseo que anidaba en sus pechos fuera una fuerza invisible que pudiera borrar la barrera de la distancia, ambos se sintieron transportados y se vieron fundidos en un solo abrazo, en la oficina de ella: Ricardo de rodillas frente a Gladys, que seguía con su sexo expuesto frente a el, la toma de las nalgas y su boca se posa en la vulva ardiente, deseosa de su lengua.


Y el no la defrauda: hunde su lengua en el canal húmedo en busca de su clítoris. Su lengua explora entre los pliegues mojados del sexo de su amada hasta que siente la ligera dureza del pedazo de carne sensible que buscaba. Gladys reacciona inmediatamente cuando siente la presión de la lengua de su amante en su clítoris y se siente invadida por un calor insoportable, preludio de una vorágine de estertores que la sacuden largo rato, terminando en un torrente seminal que inunda la cara de Ricardo y cae hasta formar un charco en el suelo.


Ahora es el turno de ella de agacharse. Sin que el se lo pidiera ella se arrodilló frente a su amante e introdujo su verga en su boca, empezando a mover sus labios desde la cabeza hasta el inicio de sus bolas, pasando por su tronco, haciendo que la barra de carne apareciera y desapareciera entre sus labios. Las pocas veces que Ricardo, el otro, su esposo, le exigió mamarle el instrumento, ella lo hizo con reticencia, pues nunca terminó de agradarle esa práctica. Pero ahora lo hace voluntariamente, sin que Ricardo, el otro, su amante, se lo pidiera. Sintió que deseaba hacerlo y ahora que su instrumento entraba y salía de su boca sentía un goce increíble sabiendo que lo estaba haciendo feliz chupándole la verga..Y le gustaba el sabor de ese pedazo de carne en su paladar, el roce que hacia al entrar y salir y los golpes en su garganta..


Y cuando el clímax le llegó a Ricardo, un chorro le golpeó ala fondo de su garganta, inundándola de semen, que ella tragó con gusto.


Se miraron a los ojos, sabiendo ambos que la hora de la verdad había llegado, que finalmente sus cuerpos se fundirían en la copula que tanto esperaban.


En silencio, mirándolo a los ojos, Gladys se sentó en el escritorio, donde quedó con los pies colgando. Sabía que así debía ser, lo leía en sus ojos. No necesitó instrucciones previas. Y el la dejó hacer.


Ricardo, con la verga ya dispuesta, se acercó a ella, levantó las piernas que colgaban y las llevó sobre sus hombros, de manera que el sexo de ella quedaba completamente indefensa, expuesta a su vista y a la penetración que vendría. El pedazo de carne que sobresalía entre los labios del canal le invitaban a que la penetrara. y su verga ansiaba hacerlo. Pero el espectáculo de su sexo abierto, totalmente entregado a sus deseos, era tan sensual para él que se deleitó unos instantes con la visión antes de empezar la penetración.


Los ojos abiertos de ella fijos en su instrumento, la transpiración que inundaba sus senos, la ansiedad de su rostro por la inminente penetración le hicieron apartar sus ojos del sexo de Gladys y llevando su mano a su verga, la dirigió a la entrada de la vulva, la que se abrió ansiosa a la invasión. Y el intruso. Inició la invasión, lentamente.


Primero fue la cabeza. Después le siguió el tronco, lentamente, como queriendo evitarle molestias a Gladys. Era tal la suavidad que le imprimía a sus movimientos que daba la impresión que la estaba desflorando.


La verga se perdió en la cavidad húmeda de Gladys que, con los ojos cerrados y su boca entre abierta, sonreía pensando que ese era el momento que tanto había ansiado, esperado, soñado y que ahora se le hacía realidad. Con esos pensamientos se apoderó de la cintura de su macho y le imprimió mayor fuerzas a sus propios movimientos pelvianos.


Respondiendo a sus movimientos, Ricardo la tomó de las nalgas y atrayéndola hacia si, la galopo cada vez con mas fuerzas, hasta que en un momento determinado sus movimientos eran desenfrenados, al igual que los de ella, que se había abandonado completamente a este acto de lujuria por el que tanto había soñado.


Todo lo que ella había imaginado como consecuencia de la lectura del cuento erótico de Ricardo que había leído en internet ahora se hacía realidad. Gozaba como nunca antes lo había hecho, como no creyera pudiera llegar a gozar.


Ricardo no solamente escribía excitantes relatos eróticos sino que también era un excelente amante y las experiencias que relataba eran producto de largos años de combates amorosos cuyos resultados ahora ella podía disfrutar sintiendo como la hacía gozar.


Ambos acabaron al unísono, Ricardo con su verga completamente clavada en Gladys y ella apretada a el, como queriendo fundir su cuerpo con el de su macho violador. ¿Violador?


Bueno, sonaba erótico decirlo de eso modo, pero ella sabia que ese momento lo había vivido conciente, voluntariamente. pero de alguna manera se sentía violada.


Tal vez eran restos de su carga moral que la hacia pensar en lo que había hecho: traicionar a su marido. y sentía que solamente una violación podría ser la única excusa a ello, que solamente de esa manera se podría explicar esta falta increíble a su promesa de fidelidad. pero bien sabia que no era así, como también sabia que nunca había gozado como ahora. Y la única violación era la que ella había hecho con su juramente de fidelidad a Ricardo, el otro, su esposo.


Pero ella no estaba en esos momentos para elucubraciones morales. Había gozado como nunca antes y sentía que podía seguir haciéndolo. Que ese hombre aún tenía más que entregarle y ella deseaba seguir gozando lo que el pudiera regalarle.


Con esos pensamientos en la cabeza se dio vuelta, se apoyo en el escritorio y le mostró su culo, para que el dispusiera de su parte trasera a su antojo. Y el aceptó gustoso el ofrecimiento, abriendo sus piernas y la penetro, tomando sus senos entre las manos, con los que se ayudó para empujar toda su verga, que el sexo de ella recibió gustosa.


Mientras empujaba por entre sus nalgas, el disfrutaba el espectáculo del culo de Gladys que se movía furiosamente, lleno de vitalidad, moreno, carnoso, por el que se perdía la verga para volver a aparecer expeliendo el vapor que se formaba por el cambio de temperatura entre el interior de ella y el exterior, mientras Gladys acercaba y alejaba sus nalgas con desesperación, intentando atraparlo nuevamente en su interior.


Cuando los movimientos de ella se hicieron incontrolables y presintiendo que el calor interno estaba por denunciar un nuevo orgasmo que el deseaba dilatar, Ricardo sacó su verga y se acostó en el suelo, con su trozo de carne levantado cual hasta de bandera, sin decir palabra. Esperaba la reacción de ella.


Gladys no necesitó instrucción alguna. Comprendió inmediatamente lo que el deseaba de ella.


Poniendo sus piernas a cada lado del cuerpo de Ricardo, de frente a el, sin apartar los ojos de sus ojos, se dejo caer lentamente sobre su verga, la que se perdió en su gruta, que lo trago completamente.


Después siguió una batalla furiosa por llegar al orgasmo, en que el se aferra a los senos de Gladys, que por su parte sube y baja su cuerpo cubierto de sudor sobre el trozo de carne que entra y sale con cada embestida. Pero una batalla tan intensa no podía durar mucho, considerando los deseos de ambos por gozar y lo erótico de la situación que estaban viviendo: frente a frente, la vista fija en el otro, viendo como el o ella buscaban con furia el final de la batalla amorosa.


Acabaron en un torrente de semen que formó un charco en el suelo con los jugos de ambos, mientras ella reposaba sobre el pecho de el, buscando normalizar la agitación de su cuerpo.

.

Después de un momento de descanso, Ricardo le pidió ponerse en cuatro patas y ella obedeció dócilmente, sabiendo que le entregaría por vez primera su culo a un hombre. y el la penetro completamente, haciendo que el dolor de ella se convirtiera en grito, que después de un rato era en quejido de amor motivado por las entradas y salidas de la verga de su macho por su entrada posterior y por la alegría que le producía saber que le había entregado a Ricardo, el otro, su amante, algo que nunca le permitió a Ricardo, el otro, su esposo. Para ella era como estarle entregando su virginidad, aunque fuera la de su culo.


Cuando el la inundó de semen, ella sintió que finalmente era suya, que le había entregado algo valioso, que solamente a él podría entregar.


Se recostaron, abatidos por el cansancio pero felices de haber cumplido finalmente sus sueños eróticos, sabiendo ambos que este era solamente el inicio.




Gladys abrió los ojos y se encontró apoyada al escritorio, con un dedo aun metido en su sexo, del cual caían aún gotas de líquido seminal que iban a engrosar el charco que se había formado en el suelo, entre sus pies, por la eyaculación que le había producido su "encuentro" con su amante virtual, cuyas frases eróticas inundaban la pantalla del pc. Eran esas palabras, tan vívidas, que explicaban tan detalladamente lo que el le haría a ella, las que habían producido su rapto sexual y el consiguiente orgasmo, cuya prueba estaba al pie de ella, en el piso.


Se sintió completamente satisfecha con la experiencia. Había valido la expectativa, a juzgar por las sensaciones vividas bajo el influjo de ese hombre que la hacía sentir en carne viva las delicias del amor prohibido.


Y más satisfecha se sintió sabiendo que su engaño a su esposo no había sido físico. Y si todo había sucedido en su imaginación, entonces nada había sucedido, a pesar del charco de semen a sus pies.


Pero ese resto de moralidad que le hacía creer que aún le era fiel a su esposo le impidió en ese momento calibrar los límites a los que podría llevarla esa pasión a la distancia.


Si bien ahora consideraba que no había violado su juramente de fidelidad era porque no sabía los reales límites a los que podría llegar con ese hombre que a la distancia estaba dirigiendo su vida.


Y tampoco sabía en ese momento que todo se precipitaría demasiado pronto.

Salvador

Bien Acompañada en la Sauna

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Esta mañana, como tantas otras y a pesar de estar muerta de sueño, me fui al gimnasio para ponerme en forma antes de ir a trabajar, pues ultimamente he cometido algunos pecaditos. Son esos excesos que dejas pasar de largo y al final pagas con creces, por eso, después de unas cuantas comidas opíparas con la familia, salidas nocturnas, vacaciones relajadas y ejercicio más bien sedentario, había conseguido una y hasta dos tallas más. Me dí cuenta cuando intenté meterme en mi última minifalda que compré hace un mes y que por mucho que intenté, no conseguí ni abrocharme el primer botón.

Total, al final, como siempre en estos casos, lo pagué en el gimnasio metiéndome una semana de duras y prolongadas sesiones: Un poco de pesas, algo de bicicleta, aerobic.... osea dos horas diarias que estaban haciendo en mi, más que una ayuda, casi una tortura ya que el peso se resistía más de lo normal. Sin embargo en la última semana ya había conseguido recuperar mi vientre plano de semanas atrás.

Mi novio no lo entiende, por más que se lo explico, se cree que para mantener la figura basta con tomarme unos zumos o unas chocolatinas de esas que hacen milagros y no se da cuenta que para recuperar siete días de descontrol, hay que meterse tres semanas de gimnasia, masajes, saunas... Lo cierto es que los tíos lo ven todo muy fácil.

Aquella mañana me quedé algo más relajada y me sentía bastante más contenta. Cuando acabé mi sesión de bicicleta, me miré en el espejo y vi que había conseguido recuperar esos desmanes, me dirigí al vestuario, me fui despojando de la ropa, volví a mirarme al espejo, esta vez tan solo con mis braguitas y me dije: "Pequeña... lo has conseguido", asi que pensando que no debía torturarme por más tiempo aproveché mi segunda hora para relajarme en una más que merecida sauna.

Era el mejor momento para tomar una sauna, ya que a esa hora temprana, estaría sola, pues normalmente a primera hora de la mañana no hay nadie, es la hora en que todo el mundo prefiere hacer pesas y ejercicios y no usa precisamente la sauna. No quise desaprovechar la oportunidad y haciendo caso a los consejos que me había dado mi amiga Lucía, decidí meterme a pasar algo de calor, pero sin nada de ropa, que es como se debe utilizar la sauna... nunca lo había hecho antes, pero me apetecía meterme así, en pelotas, como mi madre me trajo al mundo.

Asi que sin pensarlo dos veces, volví a mirarme al espejo y decidí despojarme de la última prenda y al hacerlo me fui poniendo bastante caliente. Me coloqué de perfil frente a mi imagen en el espejo y fui bajando las braguitas y observando como se deslizaban éstas por mi culo y mis muslos. Yo sé cuanto le gusta a mi novio que le haga esas poses cuando me quito las braguitas en plan super sensual y cuando le preparo un pequeño show de esos que tanto le gustan, sacando culito y poniendo cara de niña mala, le encanta verme asi, como una gatita mala dándole la espalda y que me vaya desvistiendo despacio como una striper profesional y como las braguitas se vayan enrollando por mi culo y por mis muslos es algo que le vuelve loco y ahora estaba yo sola frente al espejo imaginando la cara que pondría él si me viera...

Pensar que me iba a meter en pelotas en la sauna, todavía me estaba poniendo más cachonda, de todos modos, por las mañanas siempre estoy más caliente de lo normal, no sé muy bien por qué, si por el hecho de estar desnuda, por el ejercicio en sí o ver tíos musculosos cerca de mi en el gimnasio, que hay unos cuantos y que hacen que tenga "pensamientos impuros..."

Bueno, lo primero de todo fue darme una larga ducha, era temprano y no tenía prisa, aromatizarme con un gel de un olor agradable y una crema hidratante que abriese los poros de mi piel antes de meterme en la sauna para que éste hiciera todo el efecto deseado. Otras veces lo he hecho pero siempre en bikini o con la toalla puesta, pero esa manaña estaba decidida a meterme completamente desnuda, sabiendo que nadie podría molestarme...

Mientras me estaba secando con la toalla no dejaba de pensar en los cuerpos musculosos y sudorosos de los chicos que quedaban en el gimnasio y que tan solo estaban separados de mi por una delgada pared, justo la que divide el vestuario de las chicas con el resto del gimnasio. Se les oía gritar o charlar a varios de ellos y yo reconocía sus voces y me les imaginaba junto a mi... pensaba: "ay, si me vieran...."

Yo me sentía cachonda sobretodo con la idea de saber que muchos de esos chicos me miraban con ojos golositos cuando andaba por allí, me atraía aun más y me calentaba todo el cuerpo por momentos, pues los pezones se me pusieron durísimos solo de imaginar esas cosas.

Una vez que me sequé todo el cuerpo, todo esto sin dejar de mirarme al espejo, me sonreí a mi misma y me preparé para pasar un buen rato en la sauna, sudar de lo lindo y disfrutar de ese calorcito tan agradable que produce en todo el cuerpo en una sensación tan relajante. Me enrolle la toalla sobre mi cuerpo, atravesé el pasillo y me metí en la sauna.

Ahí estaba yo, solita, metida entre cuatro paredes forradas de madera y empezando a notar ese calor que dilataba los poros de mi piel... que gustito... que bien me sentía... pensé por un momento que alguien podría entrar y dudé en quitarme la toalla pero entonces volví a pensar para mi... "pero si nunca entra nadie.... disfrútala a tope, hija", me quité la toalla y me quedé completamente desnuda.

En ese momento podía oir el ruido de los chicos en el gimnasio dando voces y hablando entre ellos y por mi mente pasó una idea que parecía decirme... ¿te imaginas que ahora se meta en la sauna un hombre de repente y me encuentre así, en pelotas y con un cachondeo fuera de lo normal?.

Yo misma sonreía al pensar eso y no podía imaginar la cara que pondría mi novio si me encontraraa así, con este cuerpo serrano y sudando de lo lindo, que además hace que mi piel brille más aun, sin contar el cachondeo que llevaba encima...

El caso es que después de pensar en todas esas cosas, decidí relajarme un poco más, olvidándome de todo, del tiempo y de mis pensamientos y solo a disfrutar realmente de la sauna, estiré la toalla sobre el banco de madera, eché un cazo de agua al mecanismo que hace subir la humedad y me tumbé sobre el banco. No sé cuanto tiempo permanecí asi, pero me sentía tan bien...

Abrí los ojos y me ví allí desnuda, mis tetas, mi ombligo, mis muslos... y me dije: "voy a ser la envidia de todas mis amigas...", pues alguna malintencionada me decía días atras... "vaya tripita que estás echando....", ahora con mi cintura de siempre y mi vientre plano iba a ser yo quien riera la última...

Después. oyendo las voces del gimnasio, volvieron a mi mente escenas de los chicos que allí hacían ejercicio y fui pensando en ellos uno a uno, imaginándoles haciendo pesas o bajo la ducha y como el agua corría por sus musculosos brazos por sus pechos y sus anchas espaldas.... eso me ponía todavía más caliente...

Cerré los ojos y con mis dedos fui acariciándome a mi misma, mis tetas, mis pezones duros, bajando por mi piel húmeda, hasta mi ombligo y por último llegar a meter un dedo en mi chochito que estaba más que mojado.

No sé por cuanto tiempo permanecí con los ojos cerrados, acariciándome y pensando todas esas cosas, pero cuando los abrí me encontré a un chico en pelotas metido conmigo en la sauna. Me quedé realmente sorprendida y alucinada, pues no esperaba a nadie en ese momento. Me incorporé rápidamente y traté de taparme con la toalla mientras aquel chico no dejaba de sonreírme mientras se acariciaba su polla que iba tomando un tamaño considerable.

Aquel tío debía tener unos 35 o 40 años, de pelo moreno, algunas entradas y una piel muy morena y unos ojos marrones muy expresivos. Tenía un cuerpo bien formado y una polla semi erecta bastante más grande de lo normal. No pude evitar mirar hacia ella y es que cuando una cosa es tan bonita hay que admirarla... es algo que supera, ¿Qué le voy a hacer?

Ese hombre se me quedó mirando de arriba a abajo con todo el descaro mientras yo me incorporaba y me colocaba sentaba sobre el banco algo cohibida por esa situación intentando tapar mi pubis con la toalla... la situación resultaba tan embarazosa para mi. El chico rompió el silencio y la tensa situación sin dejar de mirarme a los ojos y sobretodo a las tetas.

- Hola preciosa... pero... no te cubras, eres un bombón...

Yo me sentía cortada, a pesar de estar pensando en la situación, de soñarla en mis pensamientos, no sabía actuar ante aquel hombre desnudo con aquel increíble cuerpo. Volvió a sonreírme.

- ¿Cuánto tiempo llevas ahí? – le pregunté algo asustada.

- No te apures bonita... te llevo observando un rato y ya te he visto desnuda y mi primo también – dijo refiriéndose a su polla- , osea que no hace falta que te cubras...

- Pero....

- Que si, mujer…. no te asustes... solo te admiro, ánda quítate la toalla, déjame seguir viéndote... así desnudita... estás muy buena.

Intenté sonreír forzadamente y casi como autómata me volví a quitar la toalla y a mostrarme ante aquel intruso como mi madre me trajo al mundo. Todavía no sé muy bien porque hice eso ante aquel desconocido. Sonrió y dijo:

- Gracias.

Me observaba de arriba a abajo y no dejaba de acariciarse la polla que iba alcanzando cada vez mayor tamaño, sobretodo cuando no dejaba de mirar mi coñito recortado,

- Oye que muñequita tan linda eres... eres preciosa y tienes el coño más lindo que he visto en toda mi vida... -dijo.

Se fue acercando a mi, notaba que el calor de la sauna me invadía más fuerte y notaba que ese cachondeo inicial se estaba convirtiendo en algo descontrolado en mi interior y superior a mis fuerzas....

- Que criatura... estás buenísima preciosa....

- Gracias - contesté todavía bastante cortada pero al mismo tiempo muy cachonda, más todavía halagada con su piropo.

- Tu novio debe pasárselo en grande comiéndose este cuerpecito tan lindo ¿a que si?

Yo asentí con la cabeza y sonreí por la ocurrencia de aquel desconocido y pensé, “si tu supieras...” Él volvió a sonreirme, esta vez mucho más cerca de mi cara y diciéndome:

- Y el coñito, ¿como te lo come? dime…¿lo hace bien?, ¿disfrutas de verdad? ¿trabaja bien con la lengua?

No entendía como con ese descaro yo no le mandaba directamente a la mierda, al contrario me estaba calentando más y más al decirme eso.

- Separa las piernas muñequita, anda, no seas mala, déjame ver ese tesoro. – volvió a decirme refiriéndose a mi sexo que para entonces estaba brillante en parte al sudor producido por la sauna y por el calentón que estaba teniendo.

Miraba hacia abajo y luego a mis ojos, volvía a bajar su mirada y recorría mi cuerpo con descaro mientras su mano se pajeaba sin descanso muy lentamente.

- Tu novio alucinará con algo tan precioso, dime ¿te chupa por aqui antes de empezar? – me preguntó cuando de repente una de sus manos se lanzó a mi entrepierna y rozaba con mis ingles haciendo con su dedo el movimiento que debería estar haciendo la supuesta lengua de mi novio.

Yo no sabía lo que me pasaba, me limitaba a sonreirle y a asentir, cuando su mano acariciaba mi vello púbico, mi rajita y cuando sus labios se posaron en los míos suavemente. Sacó su lengua y la mia respondió a su llamada jugando mutuamente, labios, lengua y nuestras ardientes bocas, todo tan así, tan de repente. Se separó un momento y agachándose se puso muy cerca de mi coñito preguntando:

- ¿Quieres que te lo coma y comparas con tu novio?

No me dejó contestar y aún no sé como pasó pero sencillamente pasó... metió su cabeza entre mis piernas y comenzó a comerme el coño sin tiempo a reaccionar de ninguna manera, pues todavía no había sido consciente de nada, solo de sentir como ese chico comenzaba a lamerme los labios de mi vagina con auténtica dedicación y lo hacía como nadie, vaya que si me lo hizo bien, que disfruté como una loca con esa lengua tan experta, seguro que ese tipo se había comido muchos coños en su vida, pues era todo un artista, esas cosas se notan y a una no se le escapa algo como eso, era todo un maestro con la lengua y sabía que hacer con ella rodeando mi mi chochito caliente.

No pude quejarme, ni arrepentirme, ni reprocharle nada, todo lo contrario, tan solo cerrar los ojos y disfrutar de aquel chupeteo maravilloso y delicioso. Puedo jurar que me sentí en el séptimo cielo y que el tipo era un auténtico profesional del chupeteo y que nunca me habían comido el coño de esa manera tan fantástica como me lo estaba haciendo él. Sus labios se apretaban en mi sexo y estiraba mis labios vaginales sintiendo un cosquilleo fantástico. Solo me miraba de vez en cuando y me sonreía, sabía de sobra que estaba entregada totalmente a sus fantásticas lamidas. Yo tan solo podía respirar profundamente y soltar un pequeño alarido de satisfacción y al mismo tiempo acariciar su espalda como signo de agradecimiento.

Mi gusto iba en aumento, no quería que parase, quería seguir sintiendo esa húmeda lengua entrando y saliendo de mi conejito caliente, chupeteando mi clítoris hasta dilatarlo al máximo, percibir el calor de su boca sobre mi rajita sonrosada y que su lengua se metiese por todos los rincones... todo eso me provocó un escalofrío y un hormigueo por todo mi cuerpo, para después, en muy pocos minutos llegar a un orgasmo alucinante, si... me corrí más pronto que nunca en mi vida y todo gracias a los labios y la lengua habilidosa de aquel tipo mientras mi respiración se hacía entrecortada y llena de jadeos. Que gusto.... que sensación más increíble y placentera.... mi cuerpo ardía por dentro y por fuera...

Sin duda que el chico hizo bien su trabajo y no hizo falta que dijera nada más, ni siquiera que le diera mi opinión y comparación a las chupadas que me ha hecho mi novio, solo al sentarse sobre el banco con toda su polla tiesa como un garrote, entendí lo que quería, sencillamente que me comiera su estaca y devolverle ese favor que me acababa de hacer a mi y que me tenía entera temblorosa y con mi coñito ardiente y abriéndose y cerrándose del gusto que todavía permanecía en mi cuerpo.

Me agaché sobre su pene erecto y me lo metí en la boca, sin preguntas, sin palabras, sin motivos... tan solo el deseo irrefrenable de hacerle una buena mamada que nunca olvidase y como merecido premio a su trabajo.

Le chupaba el glande con auténtica pasión y con mi lengua bordeaba todo su falo, sintiendo su dureza y la humedad que por su punta salía, tan solo de vez en cuando le miraba a los ojos. El chico solo decía:

- Si, si, si... preciosa, como lo haces...

- Claro que lo hago bien, ¿a que si?, quiero que sientas lo mismo que me has hecho sentir a mi... – le decía yo mientras movía su glande por mis labios

Seguí chupando y chupando aquel tronco caliente como si fuera la última polla del mundo, entregándome a tope, algo que ese agradecia con frases entrecortadas:

- Gracias pequeña, que gusto me estas dando... no pares mi vida...

Yo no paré sino que seguí apretando mis labios sobre el glande de esa deliciosa polla bajando por su tronco hasta llegar a tocar con mi nariz el vello de su pubis. Mi cabeza subía en un ritmo que iba en aumento mientras mis labios se apretaban fuertemente a esa hermosa polla.

El chico me agarró por el pelo diciendo.

- Para muñeca que me vas a hacer correrme enseguida y quiero hacerlo dentro de ese maravilloso y estrechito coño.

No dudé ni un instante. Me levanté desde donde estaba agachada y colocando mis piernas a los costados de aquel hombre bajé mi coño hasta rozar la punta de su polla e insertármela de un solo empujón dentro de mi vagina.

Los dos gemimos fuertemente, con gran intensidad. El se agarró a mi culo y con la fuerza de sus potentes brazos me hizo subir y bajar sobre su verga dura mientras permanecía sentado sobre el banco y apoyado en la pared.

No se oía nada más que nuestra respiración y el traqueteo del banco que chocaba una y otra vez en nuestras embestidas. Su polla entraba en mi lubricado coño abriéndose paso hasta lo más hondo de mi matriz, notando como me tenía completamente ensartada.

- Tu novio, seguro que no te folla tan bien ¿a que no?

Sonreí.

- Vamos muñeca, dilo, ¿a que tu novio no folla tan bien como yo?

- No, nunca me han follado así , es maravilloso…– respondí entre jadeos y ante las embestidas de aquel hombre que sonreía por su propia ocurrencia.

Me hizo girar sobre mi misma y sin sacar la polla de mi, me dio la vuelta quedando mi espalda pegada a su pecho. A continuación me agarró por la cintura y me hizo bajar y subir nuevamente sobre su duro miembro. Me chupaba la espalda y el costado izquierdo queriendo atrapar mi pezón con sus labios.

Volví a tener otro orgasmo cuando me atrapó finalmente y cuando su polla pareció crecer dentro de mi. Miré hacia abajo y vi como mi coñito atrapaba con placer aquel duro tronco que me estaba proporcionando tanto placer. Me besaba en el cuello y mientras yo no dejaba de gemir a medida que mi cuerpo se convulsionaba una y otra vez con ese increíble orgasmo.

Me hizo tumbarme sobre el banco, levantó mis piernas, se colocó entre ellas y me volvió a insertar su daga, aprovechando que en esa postura todavía se notaba más grande y ancha dentro de mi chochito.

Al final cerró los ojos y descargó toda su leche dentro de mi, en uno, dos, tres y hasta cuatro chorros que noté calientes en mi interior. Se separó y todavía un hilo de su semen cayó por mis muslos temblorosos.

Me plantó un beso en la boca y me dijo.

- Grandioso polvo, preciosa.

Y se largó por donde había venido.

Cerré los ojos y me mantuve allí tumbada pensando en lo que acaba de sucederme y no creyendo ni yo misma lo que había hecho, pero cuando volví a abrir mis párpados, estaba en la postura inicial en donde había comenzado todo. Me palpé el chochito y estaba mojado, pero no había ningún rastro de semen, ni allí, ni en mis piernas, ni nada que hiciera pensar que realmente había ocurrido. ¿lo habría soñado?

Lydia

Vuelo AF 1900

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Desde que dejó su trabajo en aquella empresa en la que ya no se sentía a gusto no había parado un solo minuto. Su teléfono no había cesado de sonar en tres días. Llamadas de compañeros, de clientes, de toda esa gente con la que durante años había compartido tantas cosas y a la que le había entregado su profesionalidad y su experiencia.


Sus últimas satisfacciones se las había proporcionado su trabajo, porque hacía mucho tiempo que su matrimonio ya no era lo que él que siempre había querido que fuera y desde su primera y hasta la fecha, única infidelidad, se sintió perdido, creyendo que no volvería a sentir todo aquello que una aventura podría proporcionarle como hombre.


Llevaba meses sin verla, sin oírla, sin recibir de ella incitantes palabras y provocaciones, pero la tarde anterior y por sorpresa, había recibido unas letras suyas en su correo. Una proposición directa de volver a verse, una invitación a volver a follarse como leones. Pero ahora no podía, demasiadas preocupaciones, demasiados problemas, muchas ocupaciones le separaban de ella.


No había nada en ese instante que deseara más que volver a besarla, a recorrer su cuerpo con sus manos, a olerla, a sentirla, a excitarla y que ella se deshiciera en gemidos ante él. Pero aquellas palabras que pudo leer le hicieron sentir su proximidad, estaba más cerca de él que nunca.


Esa misma mañana había tenido una entrevista de trabajo en una ciudad distinta a la suya. Él se lo había comunicado en una de las contestaciones a sus correos y ya se encontraba en el aeropuerto dispuesto a tomar el vuelo que le devolviera a su ciudad de origen. Estaba cansado, había madrugado mucho para llegar puntual a su cita. El día había sido largo y aunque estaba acostumbrado a viajes de ida y vuelta, a ver gente, a moverse por ciudades y a hacer entrevistas de selección, se sentía tenso, inquieto por momentos y por otros relajado, con ganas de volver, tomar una ducha y descansar. El viaje duraría a penas un par de horas en las que estuvo ojeando la prensa, repasando mentalmente su entrevista, pensando en las posibilidades que tenía para ser elegido, barajando todas las combinaciones posibles si llegara el caso… trasladarse solo e ir y venir semanalmente, llevarse a la familia, organizarse para estar unos días fuera y el resto trabajar desde casa…


Llevaba todo el día con un presentimiento, con el de que algo distinto iba a pasar, no inquietante ni peligroso, solo algo diferente. Algo que le hacía no poder evitar sentirse exageradamente excitado. Por momentos sentía como su miembro se endurecía sin un motivo aparente, solo el de ese presentimiento. Como, a veces, imágenes de ella y sus encuentros le volvían a la mente, distrayéndole de cualquier cosa en la que intentara concentrarse, y se preguntaba a sí mismo… ¿Por qué ahora? ¿Por qué ella?


A más intentara evitarlo, menos lo conseguía. Aún sin cerrar los ojos, podía ver su silueta desnuda, sentir en sus manos el calor de sus redondos pechos, y entre sus dedos el tacto aterciopelado de sus delicados pezones. Cada vez que imaginaba su sexo, una punzada le recorría los testículos y endurecía su miembro, hasta tal punto que ya no sabía como sentarse, si desabrochase el cinturón de seguridad o dejárselo puesto durante todo el trayecto, si intentar dormir o echarle un vistazo al dossier que le habían entregado en aquella empresa, o simplemente intentar dejar su mente en blanco y oír la música ambiental para relajarse.


A penas habían pasado veinticinco minutos desde que habían despegado y tuvo que levantarse y dirigirse al diminuto wc del avión para refrescarse la cara y las muñecas. Y al mirarse al espejo pudo verla de nuevo, como aquella vez reflejada en el espejo del probador de unos grandes almacenes donde habían podido verse la última vez. Dónde a hurtadillas y como animales se habían entregado al mayor de los placeres. Aquella vez la folló por detrás, aferrándose a sus senos como un lactante hambriento y la había atravesado con su falo como un perro posee a su hembra ansiosa.


Volvió a ver su cara, sus gestos, a oír sus ligeros gemidos que aliviaba casi tapándose ella misma la boca para no ser oídos o descubiertos. Era difícil para ambos permanecer sin emitir ruido alguno, sus respiraciones y el golpear de sus cuerpos uno contra el otro, resonaban en aquel espacio que enseguida se llenó de ellos, de sus besos, de sus caricias, de sus embestidas, de sus sexos, de sus olores y sus flujos. Las manos de ella resbalaban sudorosas sobre el espejo, notaba como temblaba su cuerpo y sus pechos se bamboleaban aún estando agarrado a ellos, presionándolos con sus manos.


Todas aquellas imágenes se repetían en su cabeza, como las del trailer de una película de sexo. Una penetración, un mete y saca, una lamida, una mamada, un gemido, un coño abierto, una polla a punto de estallar, otro gemido, una embestida, un culo, unas tetas… todo sin orden y sin guión. La única referencia a seguir, la de sus deseos, la de sus perversiones, la de sus ansias y sus propias lujurias…


Por un momento pensó que la polla iba a reventarle allí mismo. La prietud de sus pantalones se clavaba en su glande y tuvo que bajarse la bragueta, dejando escapar su verga por ella. La tomó entre sus manos y sintió en ellas el ardor de su propio deseo, como un hierro incandescente. Intentó calmarse mojando nuevamente su rostro con agua fría pero su erección era cada vez mayor.


Untó sus dedos de saliva y en la necesidad de acabar con aquella presión que casi no le dejaba respirar, empezó a tocarse la polla, a masturbarse en aquel baño tan estrecho, a pajear su miembro pensando en ella. En aquel instante en el que por primera vez sintió sus labios sobre su miembro, la caricia de sus manos en sus testículos y la humedad de su lengua en su glande.


Ella era única. Jamás nadie le había mamado la polla así, con tanto deseo, con tanto mimo, con tanta dedicación. Ella metía y sacaba de su boca aquel miembro como si fuera un objeto de adoración. La abría, acumulaba saliva y la dejaba caer sobre la punta de su verga como si fuera el gotear de un grifo, repartiendo toda esa humedad a su largo y a su ancho. Luego sacaba la lengua y recorría cada centímetro de piel que envolvía su carne, desde el perineo hasta el frenillo del glande, donde se paraba a juguetear, dibujando círculos con la punta de la lengua. De repente, y de una sola bocanada, se la metía hasta la garganta y se la sacaba lentamente, empapándola de sus babas. Era como sentirse en el ojo mismo del huracán, como si un fuerte viento le recorriera desde los dedos de los pies hasta sus cejas, estremeciendo cada poro, erizando cada vello.


Se derramó allí mismo, como el onanista incapaz de reprimirse, ansioso por masturbarse hasta eyacular y quedar casi sin sentido, abstraído por completo del lugar y el momento en el que se encontraba. Su semen salió disparado, como las llamas del infierno, como lava que erupciona de las entrañas de un volcán, estampándose sobre aquel espejo y llenando su propia mano.


Solo en ese momento cesó su incertidumbre y pudo relajarse para volver a sentarse en su asiento hasta llegar a su destino.


Tan pronto como aterrizaron y la azafata comunicó a los pasajeros que podían bajar del avión, cogió su equipaje de mano, una cartela de piel en la que llevaba aquello que pudiera necesitar para su entrevista, una muda, una camisa limpia y su neceser, abandonó la nave y sin pararse en la recogida de equipajes, se dispuso a salir del aeropuerto. Justo antes de alcanzar la puerta oyó su nombre por megafonía. Por un momento pensó que podía haber olvidado algo en el avión así que se dirigió al mostrador que le indicaron por los altavoces y una señorita muy amable le atendió.


Alguien le esperaba en la sala VIP y algo extrañado y curioso acudió a ella acompañado por una azafata de tierra. Al entrar no había nadie pero enseguida se abrió la puerta y apareció ella. Creyó estar soñando, y cuando se aproximó a ella para preguntarle, se lanzó a su boca, cerrándola con un ardiente y húmedo beso que le hizo olvidar todas aquellas preguntas que quería hacerle. Comprendió entonces que no soñaba, que el calor que sentía en sus labios y en su cuerpo era el de ella, que tanto extrañaba y deseaba.


Su polla volvió a excitarse y fue ella misma la que abrió su bragueta, atrapó su sexo entre las manos y allí mismo, le mamó la polla como él recordaba y como lo había imaginado instantes antes, encerrado en aquel baño.

C.P. Peñalva

Un Striptease

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SITÚATE: tu llevas puesto un pantalón vaquero (jeans), una camisa de algodón blanca y calzas zapatillas deportivas. Estás sentado en una silla metálica a dos metros de mi.

Me miras, pero no me tocas.

IMAGÍNAME: yo llevo un traje de chaqueta y falda por la rodilla en seda color negro, guantes largos (comos los de GILDA), un foulard de gasa color rojo, zapatos de tacón de aguja y un sombrero.

De fondo suena la música de la película "Nueve semanas y media"...

Y empieza el show.

Comienzo a bailar delante de ti de forma provocativa.

Muy sensualmente me quito el guante derecho y lo tiro, lo mismo con el izquierdo y éste antes de tirarlo me lo froto en la ingle...

Me desabrocho los cuatro (4) botones de la chaqueta y me giro, me la saco y cae por mis hombros.. Tengo la piel muy suave y brillante porque estoy untada con aceite hidratante y perfumada con olor de rosas.

Me doy la vuelta. Ves el sujetador: también de seda rojo con encajes.

Sigo moviéndome y cojo el foulard y me lo paso por los pechos y por la cintura, y me acerco a ti: te coloco el foulard en el cuello.

Tu me quieres abrazar, pero te digo:

No lo hagas!

Y como me obedeces te doy un besito en la boca.

Me alejo de ti y te digo que te desabotones la camisa, pero que aún no te la quites.

Vuelvo a ponerme de espaldas y me bajo la cremallera de la falda, cae por si sola bajando por mis brillantes y perfumadas piernas.

Te miro de nuevo. Lo que ves te deja anonadado: un minúsculo tanga rojo con la inscripción Muérdeme!

Te sonrío. Tu estás muy malito (o no?), pero tranquilo que ya falta poco...

La música va a terminar. Me giro, por última vez, y me desabrocho el sujetador y me quito el tanga. Te muestro mi culito: blanquito, suave y redondito. Sólo para tí.

Me quedo en esa posición –de espaldas-, y con la mano derecha me cubro las tetas y con la izquierda me quito el sombrero y con él me tapo el pubis.

ACTO FINAL: me volteo y cuando suena la última nota, TACHÁN!. Me descubro y te lanzo el sombrero, que tú cojes al vuelo y te colocas.

Entonces con el dedo índice, te "ordeno" que vengas. Tu por supuesto, lo haces y cuando estás a un palmo de mi, te miro a los ojos (llenos de lujuría y deseo) y con voz pícarona te susurro:

Fóllame!.

Lo haces?.

Triple Fantasia

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 Hola Cielo.

Cómo estás?. Yo muy bien, muy ocupada...

Ya sé que te debo un montón de emails contándote todas mis mansturbaciones, verdad?. Pues para que veas que soy "mala" hoy tampoco te los voy a enviar. Te enfadas?, no lo hagas cariño, que te voy a contar mi última fantasía erótica y si te gusta aunque sólo sea un poquito (yo creo que sí) me daré por satisfecha.

Preparado para leer (si te corres será más divertido), pues hallá voy:

Además de jugar por Internet –por msn- contigo, hay varios hombres que deserían también hacerlo conmigo, y hay uno que lo ha conseguido. Tú y él soís completamente distintos, sólo hay una cosa que os une a mí: con los dos, disfruto. Y no soy egoista, porque si vosotros me dáis placer yo también os doy grandes dosis de erótismo y "distracción".

El otro día primero estuve con él y más tarde contigo y no puedo decidir con quién lo pasé mejor, me resulta muy díficil elegir y por eso tuve/tengo esta fantasía:

En ella, él está en el suelo tumbado sobre una alfombra, boca arriba, yo estoy en medio, a cuatro patas, mirándolo a él y con las piernas abiertas, y detrás mía estás tú. No te veo, pero puedo sentir tu excitación.

Estamos los tres completamente desnudos...

Él tiene su pene muy erecto y muy grueso, tú tienes la polla muy tiesa y muy gorda y dura. Él me acaricia la cara y me besa los labios, tú me sobas las nalgas y me lames el cuello.

Yo sólo puedo gemir de placer...

Su mano derecha acaricia mi pecho izquierdo rozándome dulcemente el pezón –haciéndome suspirar-, y tu mano izquierda estruja mi teta derecha –consiguiendo que grite- mientras me la aprietas fuertemente.

Con su dedo índice estímula mi clítoris para preparar mi sexo, tú también mojando tu dedo con crema hidratante formas círculos alrededor de mi ano y luego lo metes para dilatarlo...

Mirándome fijamente a los ojos levanta su pelvis y me penetra la vagina con suavidad y tú colocando tu polla a la entrada de mi culo me la introduces salvajemente.

Yo creo que voy a morirme; siento un orgasmo detrás de otro y los tres comenzamos a jadear al unísono. Hacemos un trío perfecto.

Él continúa mirandome mientras me hace el amor.

Tú sigues tocándome mientras me follas.

Saca el pene de mi interior un segundo y pidiéndome permiso –me llama preciosa- me lo clava hasta las entrañas, tú la sacas con fuerza y llamándome –con voz ronca- "zorrita mía" me la metes con un sólo golpe hasta los huevos.

Continúa el mete-saca por delante y por detrás.

Quereís verter vuestro esperma a la vez.

Él me dice:

Por favor, puedo eyacular dentro de tí?.

Yo le digo que tiene mi permiso. Qué no me lo pida, que me haga lo que quiera.

Tú, en cambio me sueltas?

Voy a correrme en tu culo y lo voy a hacer YA!. Eres mi putita...

Te respondo que soy tu esclava. Tu pide y yo obedezco.

Lo haceís a la vez y me inundais con vuestro líquido caliente y denso; -semen y leche- el cuál, cae cómo ríos por entre mis piernas.. Salís de mis interiores.

Él se acerca a mi boca y después de besarme y repetirme lo hermosa que soy me dice:

Pili, te quiero!.

Tú te tumbas sobre mi espalda y con un susurro al oído me dices:

Pili, te deseo!.

A quién elijo?., a tí, o a él?.

Y si me quedo con los dos, me compartirías?.

P.D. Y vosotros que decís, queridos lectores?.

Acepto comentarios y sugerencias.

Besitos.

Pilita

Sueños de Prostituta

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Hoy les contare a mis asiduos y fieles lectores una fantasía recurrente, constantemente pienso en ella y es una de las pocas cosas que me faltan por realizar, eso y ser una estrella porno, soy muy sexual, adoro el sexo, no hay nada mejor que coger tanto con hombres como con chicas, desde muy joven empecé a explorar mi cuerpo y como todas conocí los placeres de la masturbación, adoro masturbarme y lo hago casi a diario, no importa el lugar, solo siento el deseo y lo hago, con mis manos o juguetes, me encanta el sexo fuerte, que me cojan duro para sentirme llena, me excita que un hombre o una mujer me domine, que me digan cosas sucias y calientes, me gusta el lenguaje fuerte o vulgar, me encanta que me nalgueen fuerte, la parte de mi cuerpo que mas me gusta es mi cola, grande y firme, eso me excita mucho, además de mi concha depilada, adoro el sexo oral, me encanta chupar vergas grandes y gruesas y conchas rasuradas, me fascina el olor y sabor del semen o los jugos vaginales incluyendo los míos, a diferencia de muchas mujeres disfruto de una cogida anal, la mezcla del dolor y el placer es indescriptible, no me importa el tamaño de una verga, lo importante es como la usen, he participado en algunas orgias pero prefiero máximo 2, de preferencia una pareja, soy exhibicionista a morir, me gusta que me vean y excitarlos, me fascina el vouyerismo, me encanta ver, los chicos y chicas a veces ponen su cam para que los vea y nos masturbemos juntos, puedo venirme en un minuto o prolongar mis orgasmos, soy muy morbosa y caliente, ya muchos y muchas me conocen y saben lo que me gusta, bueno, ahora si entrando en el tema, mi fantasía sexual que espero algún día poder realizar es ser una prostituta, coger por dinero, me atrae el morbo de hacerlo con un desconocido, chuparselo a alguien que hace 5 minutos conociste, pararme en una esquina como cualquier callejera ataviada muy sexy y ofrecer mis servicios, no me interesa el dinero para nada, solo el sexo casual y conocer el mundo de la prostitucion que se me hace interesante, tengo 2 amigas mexicanas que ejercen esa profesión y les va de maravillas, conocer diferentes vergas y formas de cojer es fantástico, una de mis amigas llamada Ana me lo ha propuesto en varias ocasiones y según ella con mi cuerpo y manera abierta de ser puedo tener varios clientes en una noche, no me decido pues mi familia es muy conservadora y si supieran mis deseos se morirían de vergüenza, los malditos prejuicios, en fin, este es mi sueño:


Entré sola al living del lujoso departamento. Estaba algo nerviosa porque no sabía quién era el cliente, pero debía acostumbrarme porque desde ese momento en adelante iba a ser así siempre, una puta. El mayor punto a favor era la calidad del servicio, que era caro, y solo accesible a una clase bastante privilegiada. Muy a mi pesar ya nunca más trabajaría en la calle al estar dotada de este físico descomunal.

Me senté en el mullido sillón floreado para relajarme un poco. Estaba sonando una melodía hermosa y todo el ambiente estaba preciosamente perfumado. En el medio de esa escena, esa negra infernal que era yo ofreciéndome como una golosina. Me imaginé que cualquier hombre se excitaría como un animal al verme, al sentir el perfume penetrante con que me había rociado el cuerpo, que remataba con una lencería negra ultra sexy que exaltaba mis curvas.






Sentada en el sillón, y luego de acariciar mis glúteos por detrás, además de hacerme un suave masaje en el clítoris para calentarme, tuve miedo de que mi cliente tuviera un pene enorme, y que con él me lastimara, aunque en el fondo eso era lo que deseaba.




Al cabo de unos minutos se abrió la puerta y entró un hombre de unos 45, vestido de sport pero elegante. Se lo veía radiante y muy abierto. Saludó desde la puerta con un hola belleza, y al cerrarla exclamó: Uuaauuu. Yo como única respuesta le contesté con un hola y dejé mis pequeños pechos al aire, provocadoramente erguidos.

Diablos, dijo, vamos a pasar una hora de sexo lujurioso. Se sentó a mi lado y me besó suavemente acariciando mis senos con ambas manos, tenía un fresco aroma a pino en su piel, era el perfume que más me excitaba. Al cabo de unos segundos el ambiente se inundó con su olor, y él continuo masajeándome los senos y besando mis pezones con una delicadeza digna de un devoto. Yo sabía que ya que no habría de pasarla mal, que contaba con un macho experimentado y de mucha calidad. Me fui entregando de a poco, le acaricié la verga por encima de la tela de su pantalón, y la respuesta no se hizo esperar. Se abrió el cinturón y bajó el cierre. No sin antes colocar los cien dólares sobre la pequeña mesita, era mi primera paga como puta profesional.




Sacó una hermosa verga brillante, larga y gruesa, la cual masajee por unos instantes mientras su lengua jugaba deliciosamente con la mía, baje la cabeza sin dejar de frotarla aspirando su aroma, palpe sus gordas bolas y pase mi lengua por ellas, recorrí su tronco desde la base hasta la húmeda cabeza y la introduje de manera tal que sólo me cabía su cabeza en la boca. Pese a todo empujaba intentando llegar hasta el fondo de mi garganta, me cogia por la boca, Yo lo frenaba con la lengua, pero su verga me encanto y la deseaba toda dentro, luego de un rato empezó a deleitarse con mis caricias linguales sobre la enorme cabeza rosada. Tenía un buen sabor masculino, me estaba calentando mucho hacerlo y adivinaba que ese hombre me montaría como una potra. Yo no paraba de chuparlo, masajearlo, olerlo, aferrada a su verga con una mano notaba la dureza y el grosor de su vena, él cada tanto me acariciaba el pelo, con un dulzura sin igual, y llevaba su manos a mis senos haciéndome sentir una verdadera puta.

Suavemente lo sacó y me dijo: "quiero montarte toda, mi yegua hermosa, quiero tu culo", deseaba su tranca perforando mi ano, pero dije: cariño, si lo deseas por ahí te costara 100 dólares mas" adiciono otro billete a la mesita y me coloqué de espaldas en cuatro patas ofreciendo el agujero de mi deseoso ano. Me dio unos besos en las nalgas, y luego fue metiéndose en mi culo con la lengua, humedeciéndome progresivamente hasta meter unos, dos, tres dedos, que me hicieron vibrar. Yo no paraba de jadear, y le decía sí, sí, así... mi hombre... Y no paraba, seguía con su juego entre mis negras y redondas nalgas, haciendo cada vez más grande el agujero de mi culo ya sediento de su verga. No pensaba en otra cosa que darle placer con mi cuerpo.

Me nalgueo fuerte con sus manazas y su verga golpeteaba mi concha calentándome al máximo, la deseaba dentro y así se lo rogué: "anda cariño métemela ya, la quiero toda dentro".



Minutos más tarde la introdujo firme y recta hasta llevarla al extremo más profundo de mi sexualidad anal. Grité, me hizo sentir la dureza extrema de su tronco y empezó a frótalo, sacándolo y entrándolo vertiginosamente. Me dominaba por completo, yo me mecía ayudando sus movimientos de penetración que eran precisos y exactos. Él tenía toda la intención de inundarme el culo y lo hacia muy bien.

A esa altura de las circunstancias me di cuenta que no se había puesto preservativo, y no lo saqué, seguí dejándolo hacer a su antojo con mi culo pues había pagado por el. Pensando que tal vez estaría casado y un poco harto de hacer siempre lo mismo con la misma persona. Yo era su fuente de placer descomunal. Él comenzó a gemir y gemir, y cada tanto me decía frases calientes, depravadas, del estilo que a mí tanto me gustan. "te gusta puta? Siente como te rompo el culo con mi verga, te voy a hacer cojer con mis amigos, mirando como te hacen el culo, putita... viendo cómo te cae la leche por esas piernas hermosas..."

Qué gruesa la tienes amor, dame mas verga, metela hasta el fondo, hazme gozar como una perra, dije mientras acariciaba mi húmeda vagina e introducía dos dedos en ella, viendo que cada vez aumentaba de tamaño y grosor. No perdió el tiempo, la sacó para sentarse en el sillón y me llevó hasta él, sentándome encima, frente a su rostro. Su tranca me penetró con fuerza abriendo camino entre mis nalgas ya mojadas de transpiración. Me estaba haciendo como nunca antes me habían hecho. Me culpaba como me gusta. Yo ya no tenía idea del tiempo que había pasado, pero era seguro que más del que pensaba. Era tanto y tan intenso el placer que sentía, que no estaba dispuesta a cortarlo por cuestiones de horario. Yo era su hembra, su puta y él así lo había decidido. No había vuelta atrás.




Mis movimientos se acentuaron al sentir su abrazo, sus besos en la boca, las apretadas de mis cachetes, su lengua en mi cuello, en mis pezones, finalmente... los pellizcos eróticos en mis nalgas, cada vez más fuertes y seguidos uno del otro. Yo saltaba y saltaba y me excitaba sentir la cercanía de sus muslos bien formados, velludos, varoniles... Por llegar cada vez más abajo con mi cuerpo, y encontrarme con el suyo, tomé el grueso miembro con mi mano derecha y lo llevé hasta bien adentro de mi cola, sentándome en sus bolas quedando completamente sentada sobre él, su verga me quemaba por dentro, me abrazó con sus dos manos por la cintura y me mordió eróticamente las tetas. Yo lo sentía completamente adentro, era suya sin límites, y su miembro latía y crecía dentro de las paredes de mi cuerpo caliente, su verga se movía como si tuviera vida propia.




Quiso moverse para sacarlo y seguramente volver a entrar. No lo dejé. Lo tenía atornillado a mi culo. Me reí y lo miré muy fijo a los ojos, sonriendo, sabiendo que yo manejaba el asunto en ese instante. Le dije: "Seguro que nunca te cojiste algo tan lindo como yo... " Me dijo que tenía razón, que nunca se había comido un culo con tanto placer. Que yo era exquisita... algo incomparable...

De repente jaló mi cuerpo hacia arriba y me arrancó un gemido brutal. Y me bajó de golpe con sus brazos fuertes haciéndome sentir que me clavaba con su descomunal verga. Por último lo sacó haciendo un fuerte ruido de sopapa, y me puso en cuatro sobre el sillón para rematarme ahí sin defensa, expuesta completamente a su salvaje deseo desenfrenado. Se veía que ese era mi día... estaba para más y para hacerlo mejor a cada minuto que transcurría. Lo dejé, lo dejé y sentí mi concha inundada como resultado de tanto frenesí.

Me clavaba su verga de una manera descomunal, la sacaba y metía hasta el fondo de mi ser, me sentía atravesada por aquella barra caliente, me nalgueaba y bombeaba acompasadamente, s



abía que se venía el final, que estaba cerca, por la dureza ya indescriptible de su verga y la penetración acelerada, que aumentaba y aumentaba, produciendo sonidos en mi culo cada vez que arremetía y lo extraía. Estaba llegando... y yo había decidido recibirle todo su caudal en mi culo preciosamente penetrado.

Comenzó a gemir, cada vez más fuerte y más fuerte. Y yo diciendo: siiiiii, dame... dame... siiii, así, dámelo todo... no dejes nada... dámeloooooo………

Su semen había rebalsado mi ano y lo sentía salirse y resbalar por mis piernas. Lo saqué de mi cola y me lo llevé a la boca, y allí terminó tirando más y más su copiosa leche, porque yo le había dado un placer que seguramente ninguna mujer le había proporcionado.




Buen provecho, le dije. Y me contestó metiéndola dentro, bien adentro de mi boca. Se la limpié toda, y cayó sobre mí abrazándose, respirando profundamente, y así se adormeció. Durante unos minutos le acariciaba la cabeza mientras dormía con su cara entre mis pechos. Cuando nos levantamos, el sillón estaba todo manchado de su semen. Tuve que limpiarlo mientras él se daba una ducha. Finalmente se vistió rápido. Me miró, se sonrió y me dijo, sos algo bestial, la mejor negra puta...

Carolina Cruz

Solamente Tu

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Hoy me he decidido. Ha sido muy difícil para mí. Los primeros pasos, nada más salir a la calle, los estoy dando llorando a lágrima viva. No puedo hacerme a la idea. No puedo.
Acabo de cruzar la carretera ( ¡ la maldita carretera ! ), prácticamente sin mirar. Como si desease … He tenido la suerte ( ¿ suerte? ) de que no transite ningún vehículo en estos momentos. Ya no sé ni lo que quiero. ¿ Me estaré volviendo loca ?.
Comienzo un trotecillo ligero y, poco a poco, se ahuyentan los malos pensamientos. Corro cada vez más rápidamente, internándome por el angosto sendero que transcurre a través del espeso pinar.
Solamente oigo mi respiración. El vaho del aliento me precede. Debe hacer frío, aunque no lo noto. El cielo gris está descargando, suavemente, sin ruido, una fina llovizna que se mezcla con mis lágrimas y va empapando la blanca camiseta de deporte. No llevo ropa interior. Sabes que nunca me la he puesto para correr. Me gusta sentir el bamboleo de mis pechos, libres y saltarines, así como la frescura de la brisa azotando mi semidesnuda entrepierna.
¿Recuerdas las veces que – ebrios de felicidad – corríamos los dos, completamente desnudos por este mismo sendero ? . ¡ Cómo reíamos, tratando de alcanzarnos uno al otro, jugando a la ninfa y el fauno !.
Ya estoy llegando a nuestro sitio secreto. Al pequeño claro donde crece el inmenso, añoso , espléndido pino.
Me detengo junto a él. La lluvia me ha empapado completamente y la liviana ropa se adhiere a mi piel. Sería un bonito espectáculo para quienes me viesen ahora. No se encuentra uno , todos los días, a una rubia de aspecto aristocrático, con senos firmes y caderas espléndidas, corriendo - prácticamente en cueros - bajo una lluvia fina y fría. Una catarata silenciosa que hace humear la tierra reseca, y levanta el aroma de todas las plantas en una sinfonía de olores otoñales.
Cierro los ojos y rozo con la yema de los dedos el tronco del árbol. Encuentro nuestras iniciales talladas, el corazón partido por la flecha … y los recuerdos. Los recuerdos que se agolpan en mi mente, se anudan en mi garganta y me hacen estallar – otra vez – en sollozos incontenibles. En sollozos que derivan en aullidos, en quejas contra el infausto destino… Me derrumbo, me abrazo al tronco besando tu nombre, recordando tu fortaleza, tu vigor inaudito, cuando me clavabas contra ese mismo árbol, sosteniéndome en peso, a pulso de tus brazos espléndidos, mientras me besabas con tu boca de labios gruesos, sabios, delicados… Recordando todo lo que he perdido.
Mis pezones rozan la corteza rugosa, aplastándose contra ella. Los recuerdos me han vuelto a encender un fuego intensísimo en la entrepierna, que me chorrea totalmente empapada de agua de lluvia y flujos íntimos. Con los brazos extendidos no abarco todo el grosor, así que voy dando la vuelta, restregándome como una osa , sintiendo el pálpito sexual de una fiera. En la parte de atrás del tronco, está – todavía – la obra de arte que tu tallaste : el duplicado exacto de tu verga, en la punta de una rama de medio metro. Ahí la tengo. Esperándome. Aguardando que la use para mitigar mis penas … o que desaparezcan para siempre.
La altura es perfecta para mí. Me despojo de los pantaloncitos cortos de deporte, para poder abrir las piernas a mi antojo. Vuelvo a cerrar los ojos. Inspiro el aroma intenso a pino que entra por mis fosas nasales. Los pezones me chillan transparentándose bajo la tela de la camiseta. Los noto, durísimos, entre las yemas de los dedos. Aprieto y me lo agradecen. Dos corrientes eléctricas surcan mi piel, naciendo de cada uno de los pezones y chocando – como la punta de una flecha – en el botón de mi clítoris. La zona púbica arde de inmediato. Las llamas invisibles arrasan los vellos, mutándolos en zarzas que llamean sin llegar a consumirse, y se deslizan – raudas – cruzando mi grieta de parte a parte y escondiéndose en las lóbregas interioridades de mi solitaria cueva. Un rescoldo de brasas queda muy dentro, rondando la zona uterina. Mis dedos escarban, chapoteando en el pozo sonrosado, pero sin llegar hasta donde el incendio consume mi carne. Noto, fortuitamente, un roce gratificante en el exterior de mi vulva. Abro los ojos y veo, cimbreante ante mí, tu verga. Tallada en madera, sí, pero tuya. Hecha a tu imagen y semejanza. Con cada protuberancia, con cada vena, con cada rugosidad recreada por tu sensibilidad de artista. Y la agarro con una mano, mientras con la otra separo los labios que boquean de hambre. Y comienzo a alimentarlos, metiendo una porción de esta gloria bendita, cada vez más hondo, y más , y más. Hasta que recuerdo los sacrificios rituales japoneses, con el hara-kiri que pone punto y final a sus desdichas .Y con el orgasmo retumbándome en el bajo vientre, con el flujo cremoso resbalando por mi entrepierna, pienso en dar el postrer abrazo, en empalarme totalmente en tu falo-rama y agonizar teniéndote muy dentro de mí

Olor a pino, a resina, a bosque. Todo eso llevo conmigo. En nuestra alcoba brilla el metal de tu silla de ruedas. La impoluta sábana te cubre hasta la cintura. El torso, espléndido, lo llevas sudoroso. Tus bíceps siguen siendo tan formidables como antes del accidente, sino más. Sonríes al verme. Intentas decirme algo, pero pongo mi dedo sobre tu boca. Me desnudo en un santiamén . Trepo sobre tu tórax , ofreciéndote mi sexo a escasos centímetros de tu cara. Titubeas. Sufro unos instantes agónicos… hasta que noto tus fuertes manos agarrando las esferas lunares de mis nalgas, atrayéndome contra tu cara, contra tu boca. Muerdes mi coño empapado. Tus dedos buscan la entrada de mi ano y lo acarician circularmente. Lames mi sexo de arriba abajo, de abajo arriba, siguiendo el surco entreabierto. Me dejo caer hacia atrás. Aguantas mi peso, bien agarrado a mi cintura, mi coño aplastando tu boca y tu nariz. Mis manos tantean entre tus muslos. Te quedas rígido, sabiendo que "eso" no puedes ofrecérmelo. Tus ojos pierden brillo. Ya no sonríes.
Sin embargo, sigo en mis trece. Bajo de la cama y aparto la sábana que te cubre. Entre tus fuertes muslos ( inservibles ahora ) duerme tu colgajo fláccido, el original – muerto- de la obra de arte que tallaste en el bosque. Me agacho y te enseño la rama. La que estuve en un tris de usar para quitarme la vida. La coges. Hueles la punta y la lames. Sabes , perfectamente, que ese olor es "mi" olor. Mi sabor . Me miras a los ojos y comienzas a doblar la rama. La frente te brilla con el sudor del esfuerzo. Los músculos se tensan, la madera cruje … Ya está partida. La has dejado exactamente de tu medida, quizá un poco más. La sujetas con las dos manos y te la pones sobre el pubis, erecta hacia arriba, como una prolongación – en madera – de la carne original. Y me haces un gesto, me invitas provocativo, al igual que tantas otras veces. Y subo, y me acuclillo sobre ti, y me ensarto lentamente….
La cama chirría como siempre. Yo brinco sobre ti como siempre. Amaso mis pechos como siempre. Froto mi clítoris como siempre. Como siempre. Como si nada hubiese sucedido.
Tus ojos están empañados. Me inclino hacia delante, sorbiendo tus lágrimas, secándolas con mis labios ardientes. Y sufro por ti. Y lloro por ti.
Pero tú me chistas y me consuelas. Besas mi cara y mi cuello. Y mientras introduces, sin cesar, tu verga de madera en mi coño abierto como una granada, mientras mi sexo babea sobre tus dedos crispados, me dices lo feliz que te sientes por poder darme placer, por servir para algo, por satisfacerme sin importar la forma.

Rossana

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Carlos, 38 años, divorciado y sin hijos, quien me iba a
decir que con ese hombre tan apuesto que conocí por
internet yo cumpliría sus fantasías sexuales y sería su
sumisa en una sesión increíble.
Antes de nada me describiré. Soy peruana pero vivo desde
hace 2 años en España, junto con dos amigas y en este
tiempo he descubierto lo calientes y viciosos que son los
españoles. Tengo 22 años, llevo el pelo de color negro
azabache, ondulado, casi siempre suelto, y largo, a algo
mas de media espalda. Mido 1.62 cm y no me considero ni
delgada ni gordita con mis 52 kg. Uso una talla 95 copa c
de suje y una talla 38 de pantalón y si quieres saber como
es mi culito, pues estoy orgullosa, de algo me tendrían
que servir mis sesiones de aeróbic y step. Ah, y me he
hecho un pequeño tatoo de un escorpión en mi nalga
derecha.
Te conocí por internet y poco a poco me fuiste
conquistando, hasta que un día me enseñaste una página de
sumisión y me dijiste cuales eran tus gustos sexuales y
entonces descubrí que no solo me gustabas, sino que me
daba muchísimo morbo que tuviéramos una cita.
Por fin me he decidido a quedar contigo, y para la ocasión
me he puesto un top crema de tirantes, un suje de cazuela,
una falda vaquera corta y un tanga negro de Unno; llevo
unos zapatos sin mucho tacón de color crema también y el
pelo suelto.
Uff, eres aun más guapo en persona, pareces un Dios
griego, con esa espalda tan ancha y esos brazos tan
fuertes, y además tienes un culo bonito, y por como te
abulta la entrepierna veo que yo también te he gustado a
ti, así que después de tomar un café me has preguntado si
quería ir a tu casa y me has llevado.
Al llegar me la enseñas con detalle, habitación por
habitación, es una casa como siempre me gustaría tener,
pero lo que más me fascina es tu habitación, con una cama
grandísima, del tipo victoriano, con cabecero y pie de
barrotes de hierro, nunca pensé ver una cama así.
Me vendas los ojos con un pañuelo de seda anudado tras mi
cabeza y me dices que me desnude, mientras te sientas en
un sillón mirándome.
Dejo caer mi falda, me quito el top y el suje y junto mis
pechos, señalándote con mis pezones; los tengo duros, mmm,
como me gustaría que los tuvieras en tu boca, que los
succionaras y saborearas como si fueras un niño que mama
de ellos.
Me quedo solo con el tanga y me doy la vuelta, dándote la
espalda, y me lo bajo despacio, agachándome hacia delante
y mostrándote todo mi culito y mi coño, separando las
piernas para que los veas bien y huelas el aroma de mi
sexo.
No te he oído levantarte así que me sorprendes cuando
pones tus manos en mi cadera y me diriges a la cama.
Mientras me mirabas te habrás desnudado, porque noto tu
pecho desnudo junto a mi espalda y me rozas con tu polla
entre mis nalgas. La noto dura, muy dura.
Pasando una mano entre mis piernas me levantas a pulso,
parezco una muñeca junto a ti, pero es que aunque nunca me
lo has dicho calculo que medirás 1.90, y me subes a la
cama en posición de perrita, y empujando con las dos manos
en mi espalda haces que me tumbe boca abajo, con un
pequeño cojín bajo mi vientre.
Separas mis brazos y llevas mis manos al cabecero de la
cama, esposando mis muñecas, cada una a un barrote.
Pasas tus manos por mi cuerpo, recorriendo mis brazos, mi
cuello, donde me aprietas un poco, mi espalda, mis
caderas, donde sopesas como agarrarte mejor a ellas, mi
culito, el interior de mis muslos, donde te paras un poco
rozando con la yema de los dedos mi sexo, y mis piernas,
hasta llegar a mis tobillos.
Me agarras de ellos y separas mis piernas, para atar mis
tobillos esta vez con cuerdas y según creo haciendo un
doble nudo, un tobillo a cada barrote del extremo,
dejándome totalmente abierta, mis brazos y mis piernas en
cruz, y mi culito ligeramente elevado.
Pasas un dedo por mi coñito, sin penetrar en mi interior,
solo acariciando mi botoncito y mis labios, y me descubro
a mi misma dando gemidos de placer, y eso te la pone mas y
mas dura según me dices.
Metes dos dedos en mi boca y ávidamente los chupo,
esperando ansiosa lo que vas a hacer con ellos.
Empiezas a masturbarme, lentamente, suavemente, y empiezo
a mojarme, y al mismo tiempo me rozas con tu polla para
que la sienta.
Lames mi nuca, sabes que eso me vuelve loca, y
aprovechando que tengo la boca abierta por la excitación,
me pasas una mordaza de bola, apretándola tras mi cabeza
con dos correas. Estoy tan excitada que no me he dado
cuenta hasta que la tengo puesta.
Vuelves a masturbarme sin dejar de lamerme, mi nuca, mi
cuello, mis orejas, donde metes tu lengua y me muerdes los
lóbulos.
Bajas con tu lengua por mi espalda y más abajo aún, hasta
llegar donde empieza mi culito
y me imagino que te arrodillas al pie de la cama, frente a
mi culo y mi coño abiertos para ti.
Te acercas a mi coño y soplas, y consigues que me
estremezca.
Separas mis labios un poco y deslizas tu lengua dentro,
mientras tus manos juntan y separan mis nalgas y tus dedos
comienzan a hacer círculos alrededor de mi ano, cada vez
más pequeños, hasta que con el índice comienzas a
presionarlo, y salvado el primer obstáculo metes el dedo
en mi interior.
Atrapas mi clítoris con tus dientes y tiras de el.
Lo chupas, lo succionas, casi me llevas al climax, pero no
me dejas que me corra y lo sueltas, aunque con tu lengua
sigues recorriendo mi coño, lamiéndolo entero.
Sacas el dedo de mi culito, subes encima de la cama y
dejas que tu polla dura palpite entre mis piernas y
después abrigada entre mis nalgas.
Avanzas por mi cuerpo, dibujando sobre mi espalda con tu
polla y la acercas a mi cara, y quitándome la venda de los
ojos y la mordaza penetras mi boca, dándomela para que la
chupe.
Cuando esta bien ensalivada, me pones de nuevo la mordaza,
más apretada si cabe que la primera vez, y veo como sacas
una media de un cajón.
Me pasas la media por la cabeza, cubriéndome hasta el
cuello, dejando mi pelo suelto sobre mi espalda, para
acercarte después a mi oreja y decirme:
"Voy a follarte como nadie lo ha hecho".
Te pones de nuevo detrás de mi, y otra vez un dedo penetra
mi culito.
Lo sacas y entonces separas mis nalgas, y pasas la punta
de la lengua por mi ano, lamiéndolo, esperando que poco a
poco me relaje de nuevo y te deje penetrarme con tu
lengua.
Cuando consigues que me deje llevar pones tu polla entre
mis nalgas, dejando que poco a poco resbale entre ellas
hasta que tu glande tropieza con mi ano.
Siento pánico y trato de cerrar las piernas pero ya es muy
tarde, desde el momento en que me ataste soy tuya, mi
cuerpo te pertenece, pero aún así quieres vencerme
totalmente, así que con tus dedos buscas mi clítoris y lo
pellizcas.
Aprovechas ese calambre que recorre mi cuerpo para
presionar mi entrada más secreta y logras introducir el
glande en mi culito.
Siempre supe que la primera vez me dolería, y trato que me
oigas, pero son tantas las ganas que tienes de sodomizarme
que sigues empujando, haciendo caso omiso de mis súplicas.
Cuando te paras me imagino que ya está toda dentro, pero
agarrándote de mis caderas das un empujón más para que
entre del todo.
Trato de abrir mi boca para conseguir el aire que
necesito, la sensación de sentirte ocupando mi interior me
hace creer que no puedo respirar, pero la mordaza y la
media me lo impiden.
Bajo tus 85 kg, trato de mover mi culo para que tu polla
se acople y pase este tormento.
"Tu culo es una delicia", me susurras, y empujas más aún.
Me parecía imposible pero noto como llega más adentro. Se
que son 23 cm, varias veces te lo he preguntado y te he
imaginado penetrándome, incluso el culito, y ahora que la
tengo toda dentro la noto casi en el estomago.
Aprietas con tus dos manos mi cabeza contra la almohada, y
sacas y metes tu polla como un poseso, acelerando el
ritmo.
Me tiras del pelo para que levante la cabeza y me dices al
oído:
"Como me pone tenerte así de sumisa".
Me coges con las dos manos del cuello, me aprietas y tiras
de mi hacia ti.
Azotas mis nalgas una y otra vez, haces que me apriete a
tu cuerpo cogiéndome de los pechos y muerdes mis hombros.
Metes dos dedos en mi coño y con la otra mano me agarras
del pelo mientras te corres, tu leche caliente y espesa
baña mi intestino.
Sacas la polla aun dura y la dejas entre mis nalgas,
rozando mi ano, exprimiéndola con ellas al más puro estilo
de una cubana, para no dejar ni una gota.
"Desde ahora eres mi perrita y gozaré de ti cuando
quiera", me dices mientras apoyas todo tu cuerpo sobre mi
espalda.

Si quieres comentar algo puedes escribirme a
rossana21@ozu.es

rossana

Placeres

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 Hoy ha sido un día duro, cambié mi turno en el hospital a petición de un compañero que necesitaba la mañana para hacer unas gestiones, demasiadas horas de quirófano, y esa reunión que me ha tenido ocupada toda la tarde.

Llego a casa agotada, recojo el correo del buzón, abro la puerta y me dirijo al baño mientras por el pasillo ya voy descalzándome y desnudándome, buscando aislarme del resto del mundo bajo el agua de la ducha.

Abro el grifo del agua caliente y busco sumergirme en ella casi desesperadamente. Me coloco en la bañera de manera que todo el agua moje mi cuerpo de una sola vez. Me estremezco al sentir el agua tan caliente sobre mi piel, pero me resulta relajante sentir ese calor sobre mi pelo, en mi nuca y bajando por mi espalda hasta mis nalgas.

Como en un ritual, enjabono mi cabello y siento como el masaje en mi cabeza empieza ya a relajarme, mientras sigo sintiendo el calor del agua recorriendo parte de mi cuerpo. Intuitivamente, he cerrado los ojos y enjabonando mi nuca y mi cuello me abandono a mis pensamientos...

Hago balance del dia y por un momento pienso que ese estado de excitación que me ha invadido durante toda la mañana es debido a lo que, inesperadamente, sucedió anoche entre nosotros.

Me sorprendo enjabonando mis manos que ya empiezan a recorrer mi cuello y mis hombros y le pienso tal y como describimos anoche..., recostado sobre la almohada, boca arriba, desnudo, escondiendo bajo la sábana una de sus piernas y su sexo que ha empezado a acariciar a petición mía cuando he aparecido en la puerta de su habitación, solo con una camisa y un tanga.

Desde ella observo como se acaricia y meto una de mis manos entre la camisa, buscando mis pezones para excitarlos rozandolos con mis dedos mojados en mi propia saliva..

Enjabono mis pechos mientras los acaricio y los aprieto, mis pezones se excitan y mis senos se endurecen.

En un descuido intencionado, mueve una de sus piernas bajo la sábana y por un momento me deja ver lo que se esconde bajo ella. Aún sin enseñarmelo, podía imaginarlo, su verga levantaba la sábana y una de sus manos acariciaba sus testículos ... la otra, su pecho, sus abdominales marcados y su torso desnudo y moreno.

Recorro el centro de mi pecho hasta mi cintura que acaricio hasta llegar a mi ombligo y bajo la ducha, repito las caricias que anoche le describía.... dibujo circulos en mi ombligo con mis dedos, y le dejo ver como bajo la camisa mis pezones emergen erectos y muy excitados.

En un momento de maxima excitación le pido que me deje ver su polla, que ha descrito excitada, firme, muy dura, pero él se niega. Sabe que con esa negación aumenta mi deseo. Deseo que se convierte en humedad que ya siento en mi sexo y en calor entre mis muslos. Meto mi mano en el tanga y lo bajo un poco, dejandole ver el bello de mi pubis, abro las piernas y busco mi clítoris para masajearlo.

Me acaricié anoche como lo hago ahora bajo el agua de la ducha. Siento los labios de mi sexo hinchados e inundados de deseo.

Desabrocho la camisa por completo y volviéndome de espaldas descubro mis hombros y dejo caer la camisa al suelo. Ya puede ver mis nalgas al descubierto y es él quien me pide que me quite el tanga para ver mi sexo y soy yo la que ahora se niega, produciendo en él un gemido de placer ante mi negativa. Meto mi mano por detrás del tanga, rozando mis nalgas y la humedad de mi coño es tal que la extiendo por todo mi sexo y por la raja de mi culo.

Ha dejado escapar de su sexo unas gotas que dice extender por la punta de su polla. Me excita pensar que lo hago yo con mi lengua que juguetea en su verga.

Enjabono mis nalgas, abriendolas como hice anoche para mostrarle mi raja y acaricio una y otra vez mi sexo excitado.

En ese momento, le hubiera gustado chupar mi coñito, penetrarme con su lengua. Mi excitación es tanta que le pido, le suplico que me deje ya meterme en su cama, entre las sabanas que esconden como un tesoro su pene que no me ha dejado ver aún, pero que he imaginado duro, hinchado, voluptuoso, con su punta desnuda, rosada, húmeda....

Ya no aguanto más, la excitación de mi clítoris casi me produce dolor y como una gata en celo me arrodillo a los pies de su cama y empiezo a ascender por ella hasta llegar a su boca que me apetece besar. Me siento en sus muslos y con cuidado coloco su pene entre nuestros vientres, presionándolo entre nuestros cuerpos al acercarme a su boca que quiero mordisquear y dibujar con mi lengua. Succiono su cuello y lo recorro con la punta de mi lengua, soplo y oigo sus gemidos de placer, su corazón se acelera y me atrevo a llegar hasta su oido donde le susurro casi suplicante que me penetre ya.

Apoyo una de mis piernas en el filo de la bañera e introduzco los dedos de mi mano en mi sexo. Los saco y los meto con ritmo, acelerando o frenando en el punto de maximo deseo, alargando mi placer...

Hazlo tú, me dijo y en un acto casi desesperado cojo su polla con una de mis manos, me levanto un poco y meto su punta en mi vagina, y tras la punta el resto de su enorme falo. Ambos gemimos y mientras mordisquea y lame mis pezones le digo que voy a correrme. Eso hace que su polla se endurezca aún más dentro de mí, que pueda sentir su fuego en mis entrañas. Agarra mi cintura y moviéndose me folla una y otra vez con fuerza, golpeando sus caderas contra las mias en cada embestida, hasta hacerme estallar de placer, hasta hacerme temblar de excitación, pidiéndome que me corra con gusto, sin reprimirme, gritando para él.

Quedo exhausta en la ducha como quedé anoche en mi cama, temblando mis piernas y pudiendo sentir como si el corazón me bombeara entre las piernas, latiendo y palpitando sin medida.

Llevo casi una hora en la ducha, dejando que el agua caliente recorra cada poro de mi piel, abandonada al placer de sus caricias y las mias. Termino este ritual aclarando mi cuerpo con agua tibia, saliendo de la bañera y envolviéndome en una bata de seda. El placer me ha dejado exhausta, casi agotada y me dirijo al sofá, donde reposo y espero que su recuerdo vuelva a inundarme.........

Morbo Especial

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Mi nombre es Robert, mi edad 37 años, vivo en Sevilla, España, soy
guapo, educado, muy limpio y hasta algo pijo ,180.alto.80 de peso, y aunque
me encantan las mujeres creo que tengo un toque bísex pues aunque no me
atraen los hombres, una mamada si que me atrae hacerla aunque lo hice en
contadas ocasiones(si es a un caballo me derrito de morbo).Mi mayor fantasía
es hacer sexo con un perro grande que sepa follar, aunque si el perro es
listo aprende en minutos.
         Esta afición me viene de muy pequeño pues siempre me daba un morbo
especial ver follando un perro o toro o caballo, viendo sus miembros
erguidos y enormes goteando de semen.

         Fue sobre los quince años cuando tuve el primer contacto con el
perro de una tía mía, un setter bastante grande de color blanco, el perro
era muy cariñoso conmigo, y un día con mi mente calenturienta pensé que
pasaría si pajeaba al animal, ya que a veces le vía como chupaba la punta de
su pene de un rojo intenso. Tal y como lo pensé hice y enseguida vi que al
perro le encanta y engordaba su polla hasta salirle fuera goteándole el
semen en mucha cantidad y de forma intermitente, pero tenia que parar al no
tener el tiempo y la tranquilidad para que no nos viese nadie.

         Un día lo encontré y me encerré con el en un cobertizo de mi tía,
me desnude de cintura para abajo, le pajeé lentamente hasta excitarlo como
loco, me puse a cuatro patas pero el animal no imaginaba lo que yo quería,
siendo imposible la penetración de mi ano, le pajee hasta sacarle toda su
poya que casi le arrastraba, llegando a asustarme al ver las proporciones
que tomo su pene y esa bola que se le forma donde este acaba, goteando leche
a raudales, marche algo asustado, aunque en varias ocasiones repetí esto con
el setter ,el que me adoraba nada mas verme.

         Mi segunda experiencia en zoofilia fue cuando tenía unos 16 años,
volví a tener la oportunidad de estar a solar con un perro sano y de talla
grande, era un pastor alemán de un familiar donde en verano iba a bañarme,
tenia unos dos años y no había probado perra, se llevaba muy bien conmigo
pues le daba mucho juego, o, no se si porque intuía que me gustaba darles
placer.

         Cierto día después de almorzar, nos echamos dentro de la casa a
descansar, pero yo no tenia sueño y allí estaba el perro mirándome también
tumbado, volvió a mi mente las escenas vividas con el setter de mi tía, salí
hacia la piscina distante unos treinta metros de la casa y me metí en el
vestidor, desde donde divisaba la casa, estaba muy caliente y el perro
parecía intuir mis intenciones.

         Nada mas estar con el comencé a masajear su polla y observe como se
le hinchaba por segundos, haciendo el movimiento de follar, se volvía loco y
se me ponía de pie todo excitado pareciendo que quería penetrarme
directamente sin aprender donde había que meterla, le seguí pajeando con mi
mano sobre la parte trasera de su pene, donde se hace notar la bola que te
engancha, notando que se le hinchaba cada vez mas, no paraba de moverse
delante y detrás hasta que se le salio toda entera, siendo enorme, roja y
morada, parecía iba a estallarle de excitación, toda llena de venas ,así
estuve un rato esperando le bajara la inflamación, pero no ocurría por lo
que sentí miedo de que alguien viniese ,le deje allí encerrado y marche al
interior de la casa. Al rato volví y ya todo era normal, pero el suelo
estaba inundado de semen que limpie como pude cuidadosamente.

         Mi tercer encuentro fue días después y con el mismo pastar alemán
de un familiar, en el mismo sitio, es decir a mis 17 años, en el vestidor de
la piscina y alejados de la casa, cuando todos descansaban en un caluroso
día de verano después de almorzar. El perro ya sabia de mis placeres hacia
el y estaba muy cariñoso conmigo, haciéndose hasta pesado, teniéndole que
dar hasta algún empujón y reñir para se fuera de mi lado.

         En cuando me levante hacia el vestidor y lo mire parecía saber lo
que pasaría, se vino detrás mío y ya jadeante no se despegaba de mi, cerré
por dentro y mirando por la ventana por si alguien venia me desnude entero
pero no paraba de subirse sobre mi y tuve que ponerme la camiseta, me estaba
arañando toda la espalda, comencé a menearle la poya y enloquecía de placer,
con medio pene fuera, rojísimo y manándole leche follaba en el aire, me puse
a cuatro patas e igualmente follaba en el aire, dándole a oler mi culo, el
que chupaba pero no intentaba meterla, fue cuando tome leche de su pene y la
metí en mi ano con un dedo, pareciendo tomar entonces mas interés, me
intentaba penetrar pero daba pinchazos dolorosos alrededor de mi año, por lo
que cogí su polla y la puse en mi ano, empujando y llegando a sentir su
polla dentro la que saco rápidamente por la misma excitación que tenia, ya
entonces comenzó a meter y sacar mas acertadamente y esto me daba un placer
infinito y nada de dolor, ya que metía el pene con un grosor de un dedo y
superlubricado, ya tenia pensado que no podía dejar que le engordara dentro,
sino me mataría dado el tamaño que toma la polla(no menos de treinta cm.)y
quedaría trabado.

         La estuve sujetando y no había problema parecía no engordarle, pero
en un descuido y disfrutando del máximo placer gozado por mi en mis 17 años,
se la solté y sentí la entrada de la bola que engancha, por un momento le
deje y todo era placer, mi poya goteaba de gusto, pero cuando quise
despegarme, no podía, tire y tampoco, así varias veces hasta que lo hice
fuertemente y aterrorizado porque me reventara por dentro o alguien nos
cogiera, haber como se explica esto, sentí un dolor intenso en mi ano que
casi me desmayo, estaba superdilatado y me cabían cuatro dedos en el, lo
tenia reventado hacia fuera y no podía cerrar las piernas, y me goteaban
algunas gotas de sangre, que tuve que limpiar como pude y casi desmallado
,el perro seguía corriéndose con la polla que le arrastraba y sentí pánico
por lo que podía haberme echo aquella bola de carne del tamaño de una pelota
de tenis que tenia donde terminaba su polla dentro mío.

         Aquí termino mi historia de zoofilia y olvidada hasta ver un
anuncio en la tele en un chat que lo pedían, ahora tengo 37 años. Me puse en
contacto con algunos que decían haber sido penetrados por pastor alemán,
dobberman y otros perros lo que me hizo intentar probar de nuevo estos
placeres pero con mas seguridad que nada me pasaría. Así estuve varios meses
por no decir dos últimos años intentando buscar alguien cerca de Sevilla que
fuera un mero curioso o cachondo, sino algo real, hasta que quede con una
pareja liberal encantadora que tenían un rottwailer (perro que me da
pánico).

         Según me dijeron el perro me cogería rápido al ser iniciado y
encantarle follar culos, habiendo cogido a una amiga suya hace algún tiempo.
Quedamos por enero de este año en su casa, fue mi mejor regalo de reyes
magos, nada mas llegar sentí el pánico con tan enorme perro, pero como me
decían era muy noble y familiar, dejándose tocar. Pasamos al interior y
dejaron el perro fuera, entre los tres hicimos de todo, mamarnos, follarnos
y corrernos en el coño de la chica los dos a la vez con nuestras pollas
dentro, eran geniales los dos.

         Cuando terminamos y quedamos relajado, hizo pasar al perro ,me
seguía dando miedo pues no tenían ni un bozal que ponerles, pero el morbo de
ponía otra vez la polla que me dolía de dura, me encantaba que alguien fuese
a ver como el perro se me subía intentando follarme.

         Ella pajeo algo al perro pero este le gruño, parecía no querer eso.
Nada mas me puse a cuatro patas, el perro me lamió el culo varias veces y se
acoplo a mi extraordinariamente bien, despacio y aunque dio algunos puntazos
antes de acertar en mi excitado ano ,lo hizo pronto, no sentí dolor alguno,
solo placer, eso si por si acaso mi mano sujetaba so bola de enganche, tal
como introdujo su polla empecé a sentir como crecía su grosor, pero sin
dolerme en absoluto y como me inyectaba leche dentro muy caliente.

         Cuando sentí que la bola estaba ya totalmente engordada pero fuera
mía la solté quedando a cuatro patas como veinte minutos, aunque el perro
deseaba mas tiempo a mi me dolían las manos de estar a cuatro patas , las
rodillas, tenia un calor insoportable del animal fundido a mi espalda
empapada en sudor de ambos, mi cuello y espalda lleva de baba de su boca y
chupetones de agradecimientos que me daba y como no su semen me chorreaba
desde mi ano hasta el suelo.

         Este placer para mi es lo máximo aunque como ya dije el sexo con la
mujer o en trío me encanta también. Luego busque algunos encuentros con esta
pareja pero no hemos coincidido.

         Espero nuevos contactos con gente sana y formal que tengan perro o
caballo cerca de Sevilla , soy guapo, educado y muy limpio. Saludos mi
e-mail( Top-069@hotmail.com )

by Robert.

Mi Ficticia Vida

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En estos tiempos en que entrar y salir del armario se ha convertido en una necesidad tan natural de nuestras psicologías como beberse un vaso de agua lo es para nuestra biología decidí encargar a un amiguete, carpintero él y de los mejores, que me construyera un gran armario empotrado en mi dormitorio. De esta manera las transformaciones a que me va obligar mi nueva vida de ente ficticio se realizarán con toda naturalidad –gran palabra-.

El armario empotrado se hizo y en tiempo record. Al terminar mi amiguete me preguntó para qué necesitaba algo tan estrambótico. En realidad él no conoce esta palabra, literalmente me dijo: y ahora me vas a explicar para qué c... necesitas tu esto. Le contesté muy serio que necesitaba un gran armario porque iba a comprarme un guardarropa de primera, como el que usa la gente guay de este país. Se echó a reír: a otro perro con ese hueso. Así que me vi obligado a improvisar. Le hablé de mi plan secreto: secuestrar a la vecinita del quinto, retenerla en el armario y visitarla de vez en cuando para ver cómo le iba la vida de clausura. Me miró de hito en hito sin saber si tomárselo o no a broma. Finalmente decidió que la vecinita del quinto, a la que ha visto un par de veces en el ascensor, podía perfectamente sacar a la superficie los más bajos instintos de un ser humano y conociéndome como me conoce sabe muy bien que no necesito de muchos ruegos para dejar que mis más bajos instintos salgan al prado y se pongan a pacer como pacíficos bóvidos (él sabe que toda mi agresividad se me va por la boca).

Para celebrarlo le invité a un piscolabis, con embutido y jamón de lo mejor, una tortilla de patata de primera –no soy mal cocinero- y un vinillo de marca que quitaba el hipo. Lo pasamos como los indios en un mar de cabelleras y nos reímos mucho imaginando el susto de la rotunda vecinita.

En cuanto se marchó comencé a decorar interiores, me introduje en el armario y puse los mejores posters de chicas desnudas, comprados expresamente para la ocasión. Al cabo de unos días me hice con un sillón de barbería, de los antiguos, adquirido en una tienda de antigüedades, bastante cutre por cierto, un televisor, un video y unas estanterias para mis videos porno. Además de todo esto hay algunas cosillas de tecnología avanzada que por supuesto no voy a revelar.

Terminados estos preparativos todo estaba preparado en el laboratorio del Dr. Jekyl para convertirse en Mr. Hyde. Que esto es una tontería, cierto, pero mayores tonterías vemos en la caja tonta y nadie se rasga las vestiduras. Que necesitaría un psicoanálisis y quién no, pero a ver quién es el guapo que me paga aunque solo sea unas cuantas sesiones. De todas formas no les voy a dejar con las ganas de echarse al diente una explicación. Privarles de eso sería tener tan mala leche como negarle el currusco duro del bocata que vamos a tirar a la papelera a un mendigo que nos mira cariacontecido con la boca abierta, enseñando una dentadura sucia y cariada.

Les voy a dejar con parte de la explicación que el pijo del narrador de esa historia pretendía colarnos en un caño futbolístico de antología:

"La necesidad de huir de un entorno hostil es la causa primordial por la que todo ser humano ha sido dotado con esa maravillosa cualidad que llamamos fantasía o imaginación. No tenemos las gráciles patitas del ciervo para salir saltando como si tuviera muelles en los pies, ni su prodigioso olfato para oler a un depredador a varias leguas a la redonda. Tampoco hemos sido dotados por la naturaleza de la envergadura, las garras y mandíbulas de un leon o un oso, pongamos por caso. Tanta indefensión nos condena a la extinción fulminante, por eso la madraza naturaleza, siempre pendiente de sus hijos, nos dotó de inteligencia para engañar a depredadores más fuertes y ágiles y dentro de esta inteligencia nos concedió el don entre los dones, la fantasía, mediante la cual conseguimos inhibir la agresividad que nos pone los pelos de punta cuando otro ejemplar de nuestra especie, siempre más estúpido, pretende darnos por donde más amargan los pepinos.

El gran avance de la especie humana es haber establecido una sociedad en la que los apretones de mano, la suave inclinación de cerviz, la sonrisa amable –palillil-, y otras formas de educada convivencia nos permiten solventar las constantes diferencias con otros miembros de nuestra especie. Pero no obstante ello hay momentos en que la agresión del entorno es tan salvaje que solo se le puede hacer frente con la terrible agresividad del depredador, algo muy mal visto y peor castigado. Por ello preferimos huir por piernas mediante el fácil recurso de nuestra imaginación. La huida al paraíso nos ha librado y nos seguirá librando de un montón de tragedias shakespearianas.

"Seguramente no existe mejor ejercicio para comprender al prójimo -¿quién quiere comprender algo así?, este narrador es más pijo de lo que parecía-, siempre tan lejano, que despertar nuestra dormida facultad de empatía para vivir vidas ajenas desde el mismo centro de esas vidas, es decir debajo de su piel, no utilizando prismáticos para espiarles morbosamente en su intimidad o comunicándonos mediante videoconferencias desde la gran colina de la indiferencia.

"Transformarse cada día en uno de esos personajes que tanto vemos en la caja tonta nos puede dar una nueva perspectiva del hermano famoso siempre tan necesitado de nuestra comprensión y cariño".

Bueno, bueno, cortemos esta riada de neuronas o el pobre narrador se va a quedar más pelado que el protagonista de la jungla de cristal. ¿Cómo se llama?...Huuum... Bueno dejémoslo, mi memoria nunca ha sido un prodigio precisamente.

En fin, Serafín, que este juego consiste en transformarse, para ello tengo el armario empotrado precisamente, en todos aquellos personajes que usted hubiera querido ser pero que no podrá ser nunca bien porque no tiene bastante pasta gansa, bien porque es usted un rato feo y contrahecho, bien porque unos nacen con estrella y otros estrellados y eso no tiene remedio, o por una lista de causas que serían más largas que las que encontraría un buen economista para explicarnos porqué unos son tan ricos y otros semos tan pobres que nos da la risa cuando pensamos en ello.



EPISODIO NUMBER ONE

NO ES FACIL LA VIDA DEL MILLONARIO

Cuando el hastío empieza a roerte por dentro es preciso buscar una salida aunque sea tan estrecha como el agujerito de un hormiguero. Esto diría el pijo del narrador pero permítanme que le ponga un esparadrapo en la boca... Ya está, no nos volverá a molestar, se lo prometo.

Estaba yo delante de la caja tonta, lo es un decir porque en realidad mi posición exacta era escorado a la derecha de la proa que como la estrella polar me indica el norte. Y estaba tumbado por supuesto en el sofá comiendo unas patatitas fritas de una gran bolsa que se sostenía milagrosamente sobre mi barriga al aire. El caso es que veía o fingía ver el telediario, pongamos de las nueve de la noche, cuando algo me llamó la atención: unos simples números en la pantalla estaban tocando las campanitas que habían tenido todo el rato escondidas en algún sitio. Mis 120 kilos de peso salieron disparados, rodaron por el suelo y en un pis-pas me encontré en mi sucia y maloliente habitación. Busqué por el suelo los pantalones y en los bolsillos mi cartera. De la cartera saqué el resguardo de la apuesta y miré los números al son de los tambores que comenzaban a redoblar en el interior de mi víscera, porque la verdad era que empezaba ya a ser consciente de cómo estaba cambiando mi vida.

¿Qué hace un hombre, aunque ese hombre sea yo cuando pisa de puntillitas el terreno vedado al 99% de los humanos?. Muy sencillo, lo primero es lo primero: hay que comprobar si el menda sufre una alucinación o está metido en un sueño muy, muy raro. Porque no es fácil pasar del más joio anonimato a la fama más desperejilante, del servilismo estúpido de un don nadie al poder omnímodo y casi omnipotente del millonario que puede tenerlo casi todo con un chasquido de sus deditos de piel de alabastro. Desde luego no es fácil semejante transformación pero por algún sito hay que empezar a hacerle cosquillas a lo difícil.

Vuelvo al salón, los números de la pantalla han desaparecido, coro a la cocina y enciendo la radio. Vuelvo a mi habitación y busco un bolígrafo en la mesita de noche –para las quinielas, no se vayan a pensar-. Regreso a la cocina, pero he olvidado el papel. Arranco la hoja del calendario, la vuelvo del revés y me dispongo a anotar. Anoto el silencio porque me he olvidado de encender la radio. Lo hago ahora, busco una emisora, espero las noticia y vuelo sobre las catástrofes de los desheredados en cualquier rincón del mundo como un dios volaría sobre las nubes. Tomo nota de todos los números con meticulosidad paranoide. Tengo la certeza de que son los correctos, pero no obstante antes de comprobar el resguardo bebo un vasito de agua porque tengo la boca muy seca. Compruebo al borde del infarto y ¡hale hop!, aquí tienen ustedes al nuevo millonario.

No puedo creérmelo. Corro al teléfono, llamo a información y me dan el número de la emisora de radio. Marco, espero, balbuceo, consiguen entenderme, me dicen los números correctos. Los compruebo y doy las gracias tan conmovido que la chica me pregunta si soy yo el afortunado –ya sabe que solo hay uno-, por lo visto quiere hacerme una entrevista. Digo que me he equivocado de número y cuelgo.

Salto, mis 120 kilitos de peso hacen retemblar la cocina, vuelvo a saltar sorprendido de la agilidad recién adquirida. Busco en el refrigerador algo para beber, necesito celebrar el evento. Solo veo cerveza. Descorcho una y me la bebo de un trago. Regreso al salón, ahora más tranquilo. El cajoncito con puerta que hace de mueble bar tiene aún alguna que otra botellita. Confieso que no soy un bebedor nato pero me gusta como a cualquiera darle al trinquin de vez en cuando. Rebusco y encuentro una botella de cava que llevo religiosamente a enfriar. Aprovecho para servirme cubitos de hielo en un vaso largo, con él regreso al salón y me sirvo un güisqui largo, muy largo, casi triple. Bebo un largo trago y grito como Tarzán en la selva. Auuuu.....

En el piso de arriba alguien se molesta y golpea el suelo con fuerza. Si tu supieras, gilipollas, vendrías a lamerme los zapatos, digo por lo bajini temiendo que me oiga y se cuelgue del timbre de la puerta hasta que abra. Me siento en el sofá, trago patatas, con ansia estúpida –desde ya tengo para comprar unas cuantas fábricas de patatitas fritas-. Bien, ¿y ahora qué?.

A ver, lo primero es entregar el resguardo en un banco, con la condición del anonimato, o me llevo los millones a la competencia, eso convence a cualquiera. Mi banco habitual descartado, nunca olvidaré la conversación con el director en su despacho cuando puso las esposas a dos meses con números rojos –ellos son los culpables, señor director, no yo-. Una mala racha, me limité a decirle. Usted es el rey de las malas rachas, quiero un ingreso que cubra esos números rojos más los intereses legales o le embargaré hasta los calzoncillos, suponiendo que lleve esa prenda, cosa que dudo, ¡so guarro!. Nada mi banco habitual descartado, pero no me voy a privar de hacerle una visita al Sr. Director. Le diré: querido amigo, ahora es usted el rey de las malas rachas. Y le restregaré por la jeta el resguardo.

El muy cabrón no se cortó un pelo entonces. Ahora tendré mucho tiempo para planear la venganza de Ulzana -¿cómo saben que me gustan las películas del oeste?- mientras dos preciosas negritas, mulatitas, blanquitas o lo que sea –que nadie me acuse de racista- me abanican de los calores del Caribe, pongamos por caso. Decidido. Me buscaré un banco, pequeñajo, son los que mejor te tratan, y cuando ponga el dinerillo a trabajar ya me buscaré por ahí lo que me convenga.

* * *

Ahora que tengo mi tesoro...mi tesoooro –que diría Gollum- a buen recaudo, custodiado por buenos perros guardianes (la mejor asesoría fiscal y de inversiones del país) puedo respirar tranquilo. Claro que si fuera un buen ciudadano, comme il faut, me rompería el cráneo buscando la fórmula de poner al servicio de la sociedad mi tesoooro, podría hasta crear una empresa modelo y contratar a un montón de proletarios que tascan el freno del paro o a un grupo de discapacitados a los que no quieren ni en su casa. Pero, ¡quién piensa en los desesperados proletarios hoy en día!, nadie, nadie piensa en ellos, son un estorbo. ¡Qué lastima de un nuevo Hitler que los gaseara en un campo de concentración bajo alguna montaña, allí donde no llegan los insoportables chicos de la prensa!. Así que porqué voy a ser el único imbécil que piensa en ellos, que sueña con ovejitas eléctricas, díganmelo ustedes, porqué. Nada, nada, a disfrutar que la vida son dos días, para eso y no para otra cosa me ha concedido el aciago –es una palabra que he oído muchas veces sin saber muy bien su significado- destino unos cuantos milloncejos. Je...je...

Pero ahora empiezan mis verdaderos problemas. No vayan a pensar ustedes que los millonarios no tenemos dificultades ni tragedias que solventar diariamente. Por ejemplo: ¿cómo voy a ir por la vida con este guardarropa miserable de proletario de tres al cuarto?. Dos vaqueros, un pantalón de domingo y cuatro camisas. Necesito ropa a medida de la mejor sastrería del país o del mundo, ¿porqué voy a cortarme?. No tengo ni puñetera –perdonen mi habla coloquial de semianalfabeto- idea de a qué sastrerías van a vestirse los ricos, pero esto tiene fácil remedio cuando se tiene un tesoooro en un banco. Una llamadita de mi móvil de última generación a mi asesor de imagen y todo solucionado.

¡Por los clavos de Cristo! ( perdón, perdón, necesito un poco de tiempo para pulirme). ¿Quién me iba a decir a mi ayer –cuando aún estaba comiendo mi bolsita de patatas fritas delante del televisor- que hoy haría caso de un pijotero asesor de imagen?. Sin duda los millonarios tenemos que hacer muchas concesiones y resolver muchos problemas, sin duda.

No estaría bien visto que el nuevo millonario fuera a tomarse medidas en vaqueros. Aparte de que odio salir de casa por cualquier estúpido motivo. Pero eso también tiene solución: con un extra considerable, vendrán a tomarme las medidas a casa. Claro que hacer venir a un sastre de alta alcurnia a un mísero piso proletario, sucio y maloliente –aunque diera un extra a la señora que viene cada quince días- no es de recibo. Por supuesto. O sea, que primero es agenciarme un buen chaletito o mejor un castillito con torreón, mejor con media docena de torreones. Daré órdenes a mi administrador. Por cierto, aún no lo tengo. Sin duda mis asesores me facilitarán unos cuantos nombres.

Bien, un administrador y que él se encargue del castillo, luego me instalaré y llamaré al sastre; no, mejor que lo llame el mayormono, para eso está. Pensándolo bien con lo que me ha tocado en la lotería no tendría ni para empezar, ni para el primer plazo del castillito. ¿porqué no una herencia de un desconocido tío millonario de América, el país de los millonarios, que dala puñetera casualidad que palmó hace unos días sin más herederos que el menda, su único e impresentable sobrino?. Es dura la vida del millonario, sin duda, sin duda. Bueno, bueno, ya me estoy cansando, hagamos deslizarse un poco el tiempo sobre sus oxidados railes. ¿Cuánto?. ¿Será suficiente una semanita?. Creo que sí. Hale, hop. Ya estoy convenientemente instalado en mi castillo, con un mayormono, inglés, por supuesto -¿- ¿o estarán de moda los neoyorquinos?, vaya usted a saber- nada un mayormono inglés, tienen más solera. Una buena cocinera que separa confeccionar un menú a la moda. Si tengo que adelgazar unos kilitos, todo sea por la causa. Que sea vieja, para joven la doncellita, que haga la cama... y la deshaga, por supuesto. Y si no traga ya encontraremos otra que trague.

Por cierto –todo son problemas- necesitaría de forma imperiosa una amante de postín. Un millonario solitario y misógino no pega nada. De postín y con cuerpo de estrella hollywoodiense. Son muy suyas, muy tiquismiquis. Pero ya encontraremos a una que supere los cuarenta y empiece a ser desdeñada en los casting- se dice así?-. Me convierto en productor y le ofrezco un papelito, de protagonista por supuesto. Un buen guión y una buena producción. No podrá decir que no. Seguro que a cumplir no desdeñará hacerme unos favores. Y si no es así – la realidad a veces no es como la pinta- echaremos mano, de alguna starlette -¿se dice así?- con cuerpo de diosa y deseos de demonio. Seguro que ella no pondrá tantos reparos.

Echaremos el tiempo unas horas palante. Me voy a la cama. El mayormono me ayuda a desvestirme como en las películas, disimulando su repugnancia ante mi prominente barriga y mis cortas piernas velludas. Le digo que se retire y llame a la doncella. Mientras tanto me pongo el pijama de sea- tengo que enterarme qué es eso del raso, me suena- con mis iniciales y un escudo con pinta de nobiliario, un castillo, unas barras (¿quién se va a fijar detenidamente en él en la intimidad?).Entra la doncellita, un tiernecito bocadito de nata y le ruego, casi suplico que me traiga una botella de champagnee –Dom Perignon, por supuesto- con unas fresas (me acuerdo de Pretty woman). Lo hace volando y cuando regresa ya tengo en mi basta mano un collar de perlas que coloco en su cuello de cisne, al tiempo que aprovecho para magrear sus sin duda hermosos senos, bajo el uniforme. Se vuelve como un basilisco y me da un tremendo bofetón. Luego se echa a llorar como una magdalenita. ¿Qué se ha creído el señor?. Ella es decente. No espera a que la despida. El señor puede buscarse otra doncellita. Al salir, muy tiesa, echo a correr de puntillas y ya cerca de la puerta la toco el culo con ganas, con muchas ganas. Solloza y da un formidable portazo. ¿Cómo está el servicio, mon Dieu?. Tengo que encargar al mayormono que contrate otra doncellita, mucho menos decente, por supuesto, casi nada para ser más claros. Estoy por apostar que contratará a una putilla. Pero qué importa mientras parezca doncellita. Guiño un ojo al gran espejo de...de... ¿de qué con los espejos de los ricos?. De lo que sea, ya me enteraré del nombre "técnico". ¿Cómo me voy a ir al gran lecho con dosel, ahora con esta protuberancia que deforma mi pijama de raso -¿o es de sea o de satén, o satín, o como se diga?. Por supuesto que tengo un televisor de pantalla gigante extrapalana y un video última generación y películas porno disimuladas entre grandes clásicos –ni siquiera sé a qué se le llama clásico en cine-. Me duermo tarde, los millonarios no madrugan.

* * *

El sastre toma medidas con cierto remilgo, soy un naif (horror, quiero decir un nuevo rico, ¿cómo se dice en francés?), pero lo disimula con un trato exquisito, faltaría más. ¿Querría el señor darse la vuelta?. ¿Desearía el señor probarse la ropa en casa?. Un último toque es imprescindible para que todo quede comme il faut?.

Por fin se ha ido. El mayormono me presenta a la nueva doncellita. Sin duda es una putita, no me había equivocado, pero está muy bien con su uniforme con cofia. Esta noche lo pasaremos de miedo, ¿verdad bocadito de nata?. Guiño un ojo a espaldas del mayormono y ella me guiña otro, item más me saca la puntita de su adorable lenguita. Una putita, no me había equivocado, no.

Antes de comer consulto con el mayormono sobre la práctica de ciertos hobbies -¿se escribe así?- imprescindibles en mi nueva posición. Menciono el golf –un deporte aristocrático donde los haya- y tuerce el gesto. No me admitirán en los clubs privados de elite, soy un nouveau riche – pero conoce unas excelentes instalaciones –privadas, por supuesto- donde me tratarán a cuerpo de rey. Hecho, tío, choca esos cinco. Se retira ofendido.

Como -¿almuerzo?- solo, esto lo tengo que arreglar enseguidita, y degusto con cierta prevención una muestra de la nueva cocina -¿alta cocina?, cocina de fusión, cocina tiquismiquis, esa que dicen está ahora de moda. No tiene mal sabor, pero no llega la barriga.

Terminada la deglución enciendo un cigarrillo en mi flamante despacho –soy incapaz de fumar puros- mientras me sirvo un cognac francés de una licorera de Sajonia -¿o es de Bohemia?-. Me siento en el sillón orejero –se dice así?- y contemplo las volutas de humo de color indefinido generadas por la consunción de un tabaco que me traen expresamente, ¿de dónde?, bah, ¿a quién le importa?. Mangoneo en la mesa de despacho, más que nada porque me da una sensación, un regustín a intelectualidad adquirida repentinamente gracias a esta obra de arte de la que cualquier genio de la cultura se sentiría orgulloso. Saco una cuartilla de la carpeta en piel repujada en oro y dibujo órganos genitales masculinos, lo hago con la pluma de oro, marca.. bah. ¿Cómo se llama este precioso utensilio donde se ponen los bolígrafos y demás adminículos que utiliza todo escritor o burócrata de postín?. Bah... Todo precioso, ¿plata repujada?, más bien parece madera aunque de noble, de primerísima calidad, seguramente trabajada por el mejor artesano del mundo (al menos eso dice la casa especializada en estas chorradas para millonarios).

Fumo otro cigarrillo. Me da por poner me un poco blando -¿el cognac francés?- y pienso en vender el despachito y donar su importe a una ONG. Me endurezco a suaves bofetadas. ¿Despreciar el aciago destino que me ha transformado en lo que siempre quise ser?. Que les vayan dando a los del tercer mundo. Por cierto, no creo que se diga aciago. Tendré que buscarme un profesor de lengua. ¿qué digo!. Una profesora y de buena lengua...de buena lengua...

Siempre pensando en lo mismo, ¿pero en qué otra cosa voy a pensar?. ¿Acaso pensaba en otra cosa mientras comía patatitas delante del televisor?. Y eso que a veces me asaltaba el miedo de que no pudiera llegar a fin de mes si seguía despilfarrando el sueldo en bolsitas de patatas. Genio y figura....

Me duermo en el sillón orejero....

Y ronco... Sí, ronco, porque el mayormono me ha tocado en el hombro con exquisita suavidad y al despertarme he llegado a oír el final del último ronquido. La cena está preparada... Vale, tío, antes daré una vuelta por el jardín.

Enorme jardín, precioso jardín con su gran piscina y todo. No veo al jardinero. ¿O será jardinera?. Ya estamos a vueltas con lo mismo. Es que me aburro. Esto lo tengo que solucionar mañana. Necesito un bufón de corte, o un pelotilla gracioso, me vale con el último, no soy aristócrata. Ceno rápido, muy rápido, me espera la doncellita. La misma criminosa con el mayormono. Le despido y pido que venga la alegrapajarillas y cuanto antes. No se inmuta. ¿Esto es tener categoría y lo demás vainas!.

Viene en un plis-plas y con las fresas y la botella de champagne –Don Perignon por supuesto- en una bandeja de plata -¿repujada?. Qué demonios significará esa palabreja. Mientras descorcho intenta desnudarme. La para con un gesto. ¡Quieta ahí, potranca!. Me gusta desvestir a las damas. Se ríe mientras bebe en la copa de cristal de bohemia o es de Sajonia?, ¡qué lío! –y se acaba atragantando. Doy unos suaves golpecitos en su espalda y aprovecha para tocar su culito y desatar el delantal. ¿Procede una descripción de erótico subido?. No, no procede, eso forma parte de la intimidad de la gente, incluso los millonarios tienen intimidad. Los expertos en ficción dicen que una escena de erótico-subido viene bien en cualquier relato. Pero esto no es una ficción narrativa, en todo casa se parece más a una masturbación mental – con permiso y con perdón o sin él-

Para que no se queden ustedes con la babita en la comisura de la boca les diré que "bocatto de cardinale"- o bocadillo de cardenal en término coloquial. ¡Cómo se mueve la condenada. Al acabar la secuencia de erótico-subido me entran ganas de hacer pis –con perdón, permiso- y me voy hacia el enorme cuarto de baño con yakuzi y todas las mandangas. Me cuesta encontrar el agujero. A la vuelta, la barriga colgando –calculo un par de centímetros menos- me detengo en la mesita de noche -¿o tiene otro nombre más rimbombante?- y saco el collar de perlas que pongo sobre su cuello desnudo -¿el cuerpo?, ¡ajá, pillines!. Me pregunta si es auténtico. Y cuando se lo juro por lo más sagrado salta encima del enorme lecho con dosel, me da un beso muy largo, a tornillo por supuesto, y remata con un francés mientras los ojos nos hacen chiribitas a los dos.

¡Esto es vida!.

* * *



Segundo día -¿o es el tercero?- y ya tengo que entrevistarme con los perros guardianes de mi tesorooo. Me aconsejan unas inversiones seguras por aquí, una empresa en quiebra por allá. Como quien no quiere la cosa les dejo caer que me gustaría producir una película. ¡Me apasiona el cine –Van Damme y Cia- pero no se lo digo. Hablan de una productora que busca una inyección de metálico. Les digo que sí, pero con la condición de poner yo a la estrella femenina por supuesto –y les pido me pongan en contacto con una empresa de casting. Esto está hecho jefe. Bueno, en realidad es algo así como "Claro, señor, inmediatamente, señor".

Quedo citado para el día siguiente. Aprovecho para comer en las modernas y privadas instalaciones de golf de las que soy socio gracias a mi eficiente mayormono. Voy en mi limusina, por supuesto. Al volante -¿chófera?- no chofer. ¡Les pillé!. Me recibe el maitre con mucha cirimonia –es la hora de comer-. ¿Una mesa para el señor?. Buena propina. ¿Desea otra mesa con mejores vistas el señor?.

Leo el menú detenidamente y encargo algo sustancioso. Estoy ya harto de nouvelle cousine -¿se dice así?-. Me miran con discreción desde una mesa cercana. Al postre se presenta un señor muy elegante en su ropa de sport, a medida, creo que de alta costura o tal vez no, debo preguntarle a mi asesor de imagen... Y se presenta como...-¿permiten obvie identidad?-, sí hombre, empresas.... Encantado. Es un placer conocerle, me han hablado mucho de usted, tengo algunas inversiones que sugerirle. ¿Le molestaría tomar el postre con nosotros?.

Nosotros son su santa esposa, modelo..bah, que importa, escote traviesillo y faldita corta, no muy corta, discreta comme il faut, y su hija menor, mozuela casadera, faldita corta, muy corta que deja ver unas deliciosas piernas largas, muy largas; escote para mirones y carita de angel moderno –ustedes me entienden. Ambas damos muy, pero que muy morenas, estoy a punto de preguntar: ¿rayos UVA?, pero me muerdo la lengua.

Postre, champagnee -¿Dom Perignon?, no, les pillé otra vez, pero sin duda de gran marca, tomo nota- y agradable conversación, muy agradable... La santa esposa no está por mis huesos -¿dónde están mis huesos?, quiero mis huesos- pero se nota que está por otro esqueleto (miraditas a un joven adonis, camarero por más señas). La hija sí esta por mis....¿?.... lo que sea, tal vez porque su papá la ha aleccionado. Nouveau riche, soltero, pasta larga. Mis empresas necesitan metálico, mi adorable pimpollito.

Me ha dejado mirar su canalillo sin molestarse, me ha dejado mirar sus muslos, sin molestarse, me ha dejado piropearla, sin molestarse. Mu sospechoso tanto permiso. El papá me habla de su emporio, va muy bien (me temo que no tanto) quiere que hablemos de ello...otro día, más tranquilos... Me invité a comer, en su club privado, me resisto y le invito ya. Tendré que consultar a mi asesor de imagen.

Como quien no quiere la cosa deja caer que a lo mejor su mozuela se deja caer por allí, tiene que probarse unos modelitos por allí cerca, usted ya sabe. ¿Me molestaría?. No, no y mil veces no. Bueno, tal vez sea una negativa muy rotunda, me muerdo la lengua. ¿Me dejará ver su canalillo, sus muslos bien torneados aunque un poco de pollo para mi gusto, me gustan más hechos... usted ya sabe- me dejará piropearla?. Digo mordiéndome la lengua hasta notar el sabor de la sangre.

Me invita a unos hoyos pero de pronto recuerda que tiene una cita que no puede suspender. Negocios, usted ya sabe. Se levantan, se despiden efusivamente la mozuela me besa en entreambas mejillas acercando su canalillo a mis narices. Huele a rosas, mon Dieu, cómo sabrá.

Al poco de irse viene un camarero y me pregunta sin no me importaría invitar a mis amigos con tanto ajetreo se han olvidarlo de pasar la tarjeta. No son mis amigos, me muerdo la lengua y saco mi cartera de piel –marca, bah...- dudo entre varias tarjetas –oro, platino, iridio- hasta que el apresurado camarero me señala una. Se lo entrego, la paso, me la devuelve, le doy propina. El señor podría descansar a la sombra hace mucho calor para jugar unos hoyos. ¿quiere que más tarde le mande un caddie -¿se dice así?, o son los de los caballos?.- Vale tío. Me muerdo la lengua. Bien, digo en un susurro que el otro entiende muy bien.

Tarde apacible, me monto en un carrito que bien podría ser el de la compra si los ricos compráramos. Me enseña lo esencial, prueba el primero, pruebo yo después, fallo... así podríamos estar un tiempo precioso que a nadie le sobra. Hacemos unos hoyos, más bien él hace los hoyos y yo levanto césped, si eso es que hacer hoyos. Finalmente le doy unas palmaditas en la espalda, me muerdo la... dejémoslo ya tío, me trago la... Le pregunto si sabe montar a caballo ( por su aspecto parece saber montar yeguas –perdón por la ordinariez y el machismos, pero algunos nuevos ricos somos así) No sé porqué se me ha ocurrido hacerle esa pregunta, los nervios, seguro que son los nervios. Me contesta que es un excelente jinete, profesor de tenis... para, para, para el carro. Antes de que pueda arrepentirme le contrato. Ahora tendré que comprar caballos, hacer unas cuadras...-¿o ya tiene cuadra mon chateau?-. No he tenido tiempo de verlo todo, ni siquiera de preguntar. Seguro que tengo que hacer pista de tenis, eso seguro porque no la he visto y nada hay más a la vista.

Propina, me despido. Pienso que necesitaré bellas doncellas para que me acompañen, vean mis cuadras – antes de ser rico podría haberlas invitado a ver "mi cuadra", pero no hubieran acudido- y jueguen al tenis mientras yo juego a ver sus bonitas piernas. ¡Ya estamos, vale tío, estás más salido que los ojos de un mirón!.

Ya en mi limusina –o es limousina- pienso que la vida del millonario es dura, vaya si es dura.

* * *

Se me acumulan las citas, no es cuestión de comprarme ahora una agenda, las odio, me compraré una secretaria... Ya, ya te oigo aunque me haya puesto algodones en los oidos. ¿Qué quieres que haga?. Uno no es de piedra aunque estoy oyendo voces en la sombra...en piedra te tenías que convertir, so guarro...

Cita con los del casting, señor por aquí, señor por allá, les digo que busquen una estrella a punto de ser desfondada por Hollywooood. Tampoco me importarían un par de starlettes en papeles secundarios. Ellos me entienden, yo les entiendo, todos nos entendemos.... Todos nos reímos. Alguien saca una botella se scoth -¿se dice así?- de un cajón. Brindamos con vasos de papel por las tías buenas. De puta madre, estos tíos son de puta madre. Creo que acabo invitándoles a "cenar argún" día mientras el chofer me sostiene con discreción camino de la limousina. Las chicas corren de vuestra cuenta, colegas.

¡Hip!.

Creo que voy a despedir a la doncellita, me está matando y ya me estoy cansando de sus trucos. Además no estaría bien que atendiera a mi estrella de cine, se daría cuenta enseguidita. Buenas son ellas.

Mi secretaria -¡ya tengo secretaria!, que como es: un bombón... Vale, vale, joder con estos lectores-toras ni que fuesen reales- mi discreta secretaria, así está mejor- me recuerda mi cita para comer con D... no se cuentos. Mi asesor de imagen me da unas lecciones de cubiertos, vasos, servilletas y toda la cirimonia en general. Vestido de traje –no fraque, no, eso para cenas de gala- me persono en el lugar. El maitre me lleva a una lujosa mesa, allí me espera, mi invitado -¿o soy yo, su invitado?- me da unas palmaditas en la espalda. ¿Un martini?. Yes.

Está dicharachero el gachó, no me deja meter baza, mejor. Nos sentamos en un reservado muy discretito. Vamos viendo el menú. Eso le da tiempo para ponerme en un antecedentes. Escucho aburrido, mostrando mucho interés. Encargamos. Sigue el gachó dando números y mas numeros. Casi estoy a punto de decir que si para que me deje en paz. En esto llega la mozuela, escotadísimo modelito recien comprado, se sienta con mi ayuda –muevo la silla al tiempo que echo un discreto vistazo a sus muslos que han bajado al sentarse ¿o ha sido el vestido el que ha subido? Y comienza el paripé, como me quedaba tan cerca... ¿no se molesta vd?. No, no y mil veces no. Ella se pone ligeramente arrebolada. Me pregunto si estos trucos se aprenden.

Ella encargó cualquier cosilla, la mujer moderna come cualquier cosilla para no engordar y nos ponemos a zampar –con perdón-. Que si son divinos los modelitos de... que siento no poder mostrarlos. Los ha dejado para que su choffeur los pase a buscar... que si.... que si... que si las empresas de mi anfitrión -¿o huesped?- van viento en popa. Inversión segura, oiga.

Champagnee. Brindis. ¿Por qué brindamos?. Por el nuevo socio por supuesto. Digo que si pero tenemos que hablar con mis asesores. ¿Por qué no quedamos para... para...?. Mañana, mañana me va bien. La mozuela hace como que le cae una gota de champagne en el vestido y se inclina buscándolo. Veo, veo, veo hasta sus erectos pezones. ¡Mon Dieu!, digo, perdón, digo que mañana está bien. Brindamos, el papá estrecha mi mano con fuerza. La mozuela se estrecha contra mi dándome un abrazo muy fuerte, pero que muy fuerte. Siento sus erectos pezones cosquillearme el pecho. Lo que usted quiera, papá lo que usted quiera.

Disimulo y en vez de ir al servicio me siento y bebo la copa de un larguísimo trago.

Esta noche antes de la cirimonia llamo a uno de mis asesores y le hablo del tema. ¿Mañana?. ¿Cómo ha podido hacernos esto?. Por lo menos un par de días. He oído que tiene problemas, necesitamos tiempo para estudiarlo. ¿Cómo se ha dejado atrapar de esta manera?....¿Pezones?. Le hablo de la mozuela. Al otro lado del hilo telefónico oigo sus discretos jadeos. Se vuelve más comprensivo. No se preocupe, lo arreglaremos. Los contratos no estan listos, necesitaremos unos días, es lo normal en estos casos. Oiga, ¿puedo hacerle una pregunta personal?. Claro, suelte. ¿Vendrá también la mozuela?. No creo, pero puedo arreglarlo. Mejor no, mejor no lo arregle.

La conversación de negocios me ha puesto algo nerviosillo pero la doncellita se encarga de relajarme. Luego estoy a punto de comentarle lo de la estrella de cine. Mejor, no, mejor mañana.

* * *

De reuniones de negocios mejor no hablar, el papá se escamó pero lo disimuló muy bien. Al salir hice ademán de invitar a comer, ¿comme il faut?, no ha aceptado pero me ha invitado a cenar en su casa justo la víspera de la nueva cita. Serán unos pocos amigos, luego si no está cansado puede acompañar a mi hija a conocer la oída nocturna. No se porqué se ha empeñado en mostrársela a usted. ¿Sabe lo que me ha dicho?... Que es usted un tío con mucha marcha aunque lo disimula. Además está usted solo en su "chateau" y seguro que se muere de aburrimiento. Feliz usted que no tiene hijos, estas modernuras me aterran. Hasta mi hija se ha vuelto una lenguaraz. No, no, y mil veces no. Su hijo es adorable. Se ha tranquilizado bastante y yo le he tranquilizado un poco más, bastante más, más bien

Mi discreta secretaria -¿discreta?, bueno el bombón, si usted lo prefiere- se ha ofrecido a darme lecciones de buenos modales y de lenguaje. Sí, sí de lenguaje. Es licenciada por no se qué universidad y doctora por no se cual. No le he pedido los títulos. Si ella se empeña...Además le saldrá más barato...No sé, no sé....

Para hacer un poco de deporte y enfriar los calores he decidido comprar caballos de pura raza, también yeguas. Me acompaña mi nuevo asesor deportivo. No he dicho nada a mi discreta secretaria por si acaso y por si el nuevo asesor hace sonar la campanilla. Ni siquiera les he presentado.

Hemos comprado unos ejemplares no sé si muy buenos pero sí muy caros. Por cierto, el chateau tenía cuadras, ya decía yo. El asesor me ha obligado a montar en un potro muy dócil, seguro que para reirse de mí. No, no me he caído pero tengo el trasero para que mi doncellita me de unas buenas friegas. De esta noche no pasa.

Y no pasó.. ¿Saben lo que me contestó?. Que lo entendía , por supuesto, pero que podía poner un piso a su nombre y visitarla a escondidas. Eso es muy divertido para los millonarios como usted. ¿Cómo sabes tu eso?. Se ha callado como una muerta pero revivió para darme un buen masaje. Quedamos en que sí... Ya tenía echado el ojo al pisito.

* * *

Me he quedado en casa para tranquilizarme, mucho ajetreo ultimamente. He estrenado la piscina, solo, gracias a mon Dieu. He pensado en comprar un refugio discretito, en la playa o tal vez mejor en la montaña, donde no lleguen ni las cabras. Por si acaso, por si necesito retirarme un poco de la vida social. Ustedes me entienden.

La estrella-de-cine-a-punto-de-ser-desfondada por Hollywood ha puesto su precioso trasero delante de mis ojos. Su precioso trasero ha llegado antes que el resto de su cuerpo. Saben mover bien el culo estas estrellas, ya lo creo. La entrevista se desarrolló en la intimidad de mon chateau. Enseguida se sacó un contrato de entre sus tetas –de primera- y a punto estuvo de hacerme un estreptease cuando yo, el más rápido al oeste del Pecos, saqué otro de un cajón de mi mesa –convenientemente preparado por los tíos de puta madre del casting, juerguistas pero no tontos- y la cosa quedó en tablas. Mañana hace una prueba de casting mero formulismo la he dicho y ella me ha dado un beso a tornillo con su contrato entre nuestros cuerpos. Soy un hombre muy atractivo, me ha dicho, puede que llegue a ser muy buenos amigos. Después de la firma del contrato –las palabras quedaron entre mis dientes y la lengua-.

Fui con ella al casting y disfruté de todo ello desde detrás de los focos. Puro formulismo ya se lo dije, queda de miedo en la piel de la heroína, un poco golfa como debe ser.

No firmamos el contrato. Se firmará mañana a presencia de sus leguleyos. Estaba muy casada y se ha ido al hotel entre una nube de fotógrafos y paparazzi. Nos hemos hecho algunas fotos para los boys de la prensa. Muy discrititas, eso sí.

En el chateau mi discreta secretaria me ha pedido un autógrafo de la estrella y que se la presente. Se lo he prometido. También quería conocer mi lecho con dosel. La he respondido que me estoy enamorando locamente de ella y que estaba muy cansado con tanto ajetreo. Más adelante. Más adelante. Si seré canalla.

* * *

He recibido una llamada telefónica de la mozuela, sin duda temerosa de que me enrolle con la estrella. He podido tranquilizarla, las estrellas no se enrollan con barrigones. Es usted muy coqueto, ¿barriga?, dónde tiene usted la barriga...Es usted un cielo. En esas quedamos.

Ha venido el asesor esportivo. Estoy muy cansado –ultimamente no paro de estar cansado-. Váyase usted quince diás de vacaciones. He puesto un cheque delante de sus narices que no ha durado ni una micronésima de segundo, ni siquiera recuerdo haberle visto cómo lo guardaba en su cartera. Al salir ha estado a punto de darse de bruces con mi secretaria, he podido evitarlo por los pelos.

Estoy harto de tanto ajetreo y también, por supuesto, de la ola de erotismo que nos invade. He dado instrucciones para que me busquen un coqueto cotage -¿así?- lo más lejos posible de la civilización que nos invade. Estan en ello.

He dormido como un tronco horizontal en mi amplio lecho con dosel.

Por la mañana me esperaban dos paparazzi a la puerta de mon chateau. Me hicieron unas fotos y algunas estúpidas preguntas que he respondido con modales aristocráticos -¡qué risa!-. He sido seguido hasta el moderno edificio de cristales ahumados donde se firma el contrato. Ellos se han quedado en la puta rue con los otros que ya esperaban el evento. Me molestan estos paparazzi. Seguro que antes o después se les ocurre hurgar en mis calzoncillos de seda y eso me molestaría mucho, no vivo de las exclusivas, de momento al menos.

La estrella ha esperado conmigo en un lujoso antedespacho. Mientras los leguleyos hablaban nos hemos tomados unas copas. Me olvidaba decir que en California farfullan, chapurrean, un poco el español, porque de otra manera no hubieramos podido hilar hebra, no hablo ni jota de inglish, ni siquiera me bandearía con el espanglis.

Ha estado amable pero distante, discreta aunque un tanto picaruela, toda una actuación estelar. Nos han llamado los chupatintas y al pasar por la puerta ella ha recibido un guiño de uno de los suyos. A mi me ha susurrado a la oreja mi manager: "Todo perfecto". Hemos firmado con pluma de oro.

Al entrar en el ascensor ella, la inigualable, me ha susurrado con voz mimosa que tenía miedo de la prensa canalla. Se ha acercado a mi oreja –su perfume me ha invadido como una muestra más de la imparable ola de erotismo que nos invade- y me ha pedido una cena tete a tete –menos mal que el dominio de la lengua francesa del narrador me ha ayudado a no meter la gamba, son muchos años de íntima convivencia, porque he estado a punto de rechazar la sugerencia, no tengo una tete que unir a las suyas, espléndidas por supuesto. En cuanto me he repuesto del lapsus he dicho: sí, sí y mil veces sí. Enviará a uno de sus asesores para que todo esté a su gusto. Espero que cuando todo lo esté nos dejen solos.

* * *

Hermoso cuerpo, mon Dieu, pero gélida, gélida como un témpano, ustedes ya me entienden. Con decir que se ha tumbado desnuda en mi hermoso lecho con dosel, una copa de champagne en la mano derecha de la que ha libado a picotazos y un cigarrillo con boquilla -¿de ambar?- en su izquierda. No me ha mirado ni una sola vez, ni ha dejado la copa ni la boquilla un solo segundo hasta terminar la faena. Eso sí, tengo que decir que un par de veces se quitó el cigarrillo de la boca –la ceniza caía sobre la sábana de seda haciendo un agujerito, un lamentable comportamiento, de persona con poco gusto- para susurrarme a la oreja con esa voz tan sensual que pone en las escenas erróticas de sus flims: Sí, si...cariño, así... Ah...Ah... Estoy completamente seguro de que lo dijo por compromiso.

Bebimos más champagne, hablamos de la película y me dejó manosear su cuerpo a gusto durante un buen rato. Finalmente debió cansarse porque encendió otro cigarrillo y me sonrió con una picardía que casi me congela. ¿Otro polvete?. ¿Necesita otro polvete mi semental?.

Su semental estaba un poco frío, lo confieso, pero quién desprecia un cuerpo de estrella. Esta vez apagó el cigarrillo cuando llevaba consumida la mitad de su longitud y me clavó sus largas uñas, rojas y amarillas, en mi espalda de ex currante. ¡Sí...sí... cariño, más rápido, muévete más rápido, por favor, más... Aaah....Aaah Este vez estoy en condiciones de confirmar que no fue solo por compromiso. Hasta los témpanos se derriten alguna que otra vez, aunque solo sea un poquito...

Se duchó sin permitirme que la acompañara –es una de mis morbosas imágenes erróticas favorítas- y se vistió tan rápido que me pareció haber soñado su cuerpo desnudo. Picoteó mis labios con la misma delicadeza con que antes lo hizo con su copa de champagne. No es necesario que me enseñes el camino, cariño. Mi choffeur está a la puerta de ton chateau. Sin duda un buen choffeur y un buen semental, estoy por asegurarlo.

* * *

He recibido una llamada de mis perros guardianes, con ellos mi tesorito está a salvo. Lo tenemos por los huevos –usted disculpe- sabemos hasta el color de sus calzoncillos. Aunque se hunda usted saldrá ganando y si sale a flote se queda con la mejor tajada. No diga nada, todo está en la letra pequeña, ni siquiera lo comente con la Pezones –usted me disculpará-. Disculpado.

Bien, bien, me gustaría tenerle a mi lado para acariciar su linda cabecita de chucho. Pero aún así no me fío, no me fío ni un pelo. He oído que algunos asesores las han montado pardas y los ingenuos e incautos millonarios la han pifiado. Cualquier día me dejan con lo puesto. ¿Y si me buscara un tipo listillo que los vigilara?.

Ahora me espera la Pezones. Ella no sabe que no necesita vender su hermoso cuerpo, pero ya que lo ofrece con tanta generosidad...será un verdadero placer.

Supongo que es difícil hablar de ética- ¿qué es eso?- con tantas divisas entre los dientes. ¿Etica?. ¿Pero he dicho yo eso?. Para una vez que soy millonario no voy a andarme con zarandajas. La ética para las buenas familias, esas que lo heredan todo, hasta los buenos modales.

Aunque bien pensado me estoy haciendo un poco canalla. No era así cuando me comía mi bolsita de patatas delante del televisor. ¿O sí lo era?. Corramos un tupido velo sobre mi subconsciente.

¿En qué piensa un currante cuando ve millones de divisas volando sobre su cabeza?. ¿En fundar una ONG para ayudar al prójimo?. No, ni por pienso. ¿En arreglar la vida a un sinfín de familias que aprietan los dientes cuando se acercan los últimos días del mes?. No, no y mil veces no. Uno piensa en follar, simplemente eso, en follar con todas las estrellas del firmamento hollywoodense, con todas las estarletes, con todas las modelos, con lo que sea, hasta con un palo de escoba con buenas caderas, pero en follar. Bueno, no exageremos, también se piensa en comer algo distinto, en beber buenos caldos, en no dar un palo al agua, en divertirse con esto y lo otro. En llevar chaqué en las fiestas sociales. Bueno, esto último es un poco exagerado, a un currante no se le dan bien estas cosas. Pero sobre todo piensa en cómo guardar su tesoro a salvo de los tiburones de las finanzas. Se termina pensando en esto noche y día. Uno se transforma en un Harpagón, en un Shylock sin darse cuenta –esta es una reflexión del narrador, no conozco a estos tíos de nombres tan extravagantes- y este pensamiento obsesivo te va minando por dentro, ya lo creo que te mina, te convierte en una profunda mina donde escarbas constantemente buscando un buen lugar para esconder tu tesoro. Mañana, mañana sin falta tengo que buscar a ese listillo que vigile a mis perros guardianes.

* * *

Llegó el día, se hizo presente la hora. Bien vestido, bien perfumado, bien aleccionado por mi asesor, discreto dentro de lo posible, me persono en la mansión de los... con mi limousina, por supuesto, y con un deseo enorme de echarle la vista encima a la mozuela. Incluso había preparado un chiste que deseché por grueso y por miedo, más bien por miedo. Se me ocurrió viendo un programa divulgativo sobre física atómica –ahora me ha dado por culturizarme, ¿quién me lo iba a decir?- me hicieron reir los nombres de las partículas, protones, neutrones, mesones, eones. Me dije y por qué no ceones, maldita sea mi sombra, ceones. ¿Qué son los ceones?. Permanecía serio mientras aquellos pijos le daban vueltas a la chola buscando congraciarse con las divisas. Ceones, repondí, cuando se dieron por vencidos mirandome interrogativos, ceones son los c... que alcanzan la velocidad de la luz. Ja...ja.. risotada por mi parte. Ji...ji.. risitas escandalizadas de los otros que ya me estaban hartando. Está bien, un poco de juerga, pero vender a una hija –aunque sea mozuela- por una inyección de divisas me parece el summum del canallismo. Hasta me arrepentí de mi estúpida libidinosidad a pensar en ello más detenidamente- Ahora que soy rico no me van a faltar culos calientes, ¿porqué aprovecharme de una pobre mozuela?. ¿Pobre?. Siempre ha tenido lo mejor, los mejores colegios, los mejores trapitos, las compañías más elegantes, un deportivo último modelo regalo de papá –me lo contó él- y ahora vende su cuerpo como una vulgar ramera para seguir preservando todo esto. Y además sin reticencias, sin el pasito atrás de la dignidad. Nada, que es más puta que mi doncellita que se gana así la vida, exprimiendo a millonarios viciosillos. Esto me encorajinó. Ya que se ofrecía en escaparate aprovecharía mi compra hasta babosear la etiqueta.

Me abrió la puerta un joven camarero –luego me enteraría que habían despedido al mayormono- al que me las vi y deseé para conseguir sonreírle. Lo demás pura cirimonia, manos blandas, de serpiente; cháchara inútil, sonrisitas, inclinaciones de cabezas, ridículas adulaciones. ¿Cuántos éramos?. Bah... ¿Qué exquisitos manjares degustamos, de qué hablamos?. Bah... lo mismo.

Solo me importaba una cosa, la mozuela estuvo a mi lado toda la cena con un descotadísimo vestido de noche que dejaba ver sus pezones a la menor inclinación de su linda cabecita. Y esa noche se inclinó mucho, mon Dieu, sobre todo cuando notaba mi ardiente -¿dónde están los bomberos?- mirada clavada en su anatomía, lo que disimulaba con una suave sonrisa de sapo. Aquella noche por primera vez en mi vida de millonario cené pezones: pezones a la cazuela, a la parrilla, escabechados, como aperitivo, como postre. Sobre todo todo disfruté de ellos en el baila post-cenan que nos ofrecieron los anfitriones, amenizado por un cuarteto de cuerda, noté sus pezones clavados en mi pecho como las flechitas de Cupido.

Fueron cuatro bailes, no creo que hubiera podido resistir más. Al finalizar, en cuanto ella me susurró algo a la oreja que no fui capaz de entender, enroscado como estaba entre sus pezones, me sentí arrastrado de su mano hacia sus padres, nos despedimos de ellos y del resto de los invitados. Farfullé incoherencias al tiempo que oía explicar a la mozuela algo muy vago: amigos, discoteca de moda, que yo necesitaba un poco de marcha... No, no fui capaz de mirar a nadie a los ojos por eso no puedo asegurar que se lo creyeran. Finalmente ella me sentó en su deportivo, aún llevaba su vestido de noche. Me explicó que no se había cambiado porque según había observado, su vestidito me encantaba. Que porqué lo sabía. No le había quitado los ojos en toda la noche. Por fin, para mi alivió, arrancó acelerando hasta alcanzar la velocidad de crucero. Tardé un rato en atreverme a mirarla. Ella me devolvió la mirada y me guiñó un ojito de una manera encantadora.

-¿Dónde me llevas?.

-Eso de la discoteca es una mentirijilla. Mis papás son un poco puritanos. Te voy a llevar a un motel muy coqueto y allí podrás admirar a gusto eso que tanto te gusta. ¿Te gustan mucho, eh, viejo verde?. ¿Te molesta que te trate así?. Cuando te eché el ojo la primera vez que nos presentó mi papá me juré que caerías. No es que seas muy apuesto, para que nos vamos a andar con hipocresías, pero tienes algo, algo....

-¿Te refieres a sex appeal?- dije más, para disimular mi asco que por otra cosa.

-Eso, estás muy puesto, viejo verde.

Me contuve para no soltar una bofetada, eso me hubiera impedido disfrutar de la mercancia que tan generosamente me estaba ofreciendo. ¿Digo generosamente?., no, no es cierto, ¿cuántos millones me iba a costar la mozuela?. Bah... Maldita zorrita, se iba a enterar.

No tuvimos ni que pasar por recepción, lo tenía todo preparado. Aparcamos delante de un coqueto bungalow -¿ansí?- y me hizo bajar inclinándose lo suficiente para que mis narices pudieran rozar los botones del vestido de Venus Afrodita. Lo tenía todo preparado, vaya si lo tenía: la maldita botellita de champagnee, las fresas – ¿había visto Pretty Woman?- y rayitas de coca –Hollywood sigue siendo un tanto puritano-.

-¿Has probado la coca, viejo verde?. ¿No?. Pues la vas a probar conmigo. Es afrodisiaca. Tienes pinta de necesitarlo. Ya verás cuanto te ponga la nieve en la puntita, preferirás palmar antes de retirarla de mi cofrecillo.

Cofrecillo –hasta para eso era pija la mozuela. Cuevita de Venus, almejita en salsita picanta, rajita del paraiso, lo que fuera, pero cofrecillo....

Me dejó desvestirla y besar sus pezoncitos con fruición, me decepcionaron un poco, eran menos de lo que aparentaban. Se pusieron duros, rígidos, invitando al mordisquito. Me afané en la tarea hasta que la mozuela comenzó a gemir con verdaderas ganas. Me retiró a la fuerza de las ubres de la vida. Bueno, tanto como ubres, creo que estoy exagerando un poco, tenía pechos pequeños, suaves, hermosos, sin duda, pero nada de ubres, en todo caso y siendo muy generoso, meloncitos, dulces meloncitos de lo más sabroso.

Me empujó sobre la cama y me desvistió muy rápidamente para mi gusto, supongo que mi cuerpo no era muy observable. Ya desnudo me dejó así mirando al cielo para no ver lo que asomaba entre mis velludas piernas y se puso a la tarea de extender unas rallitas sobre la madera de la mesita de noche. Estaba en braguitas –dejé de mirar el cielo raso que no me atraía mucho- y movía su culito muy sandungueramente mientras hacía un canuto con una tarjeta de visita. Esnifó como una verdadera experta. Luego me obligó a levantarme y a hacerlo a mí. Tuve cuidado de que mis partes pudendas no chocaran contra la mesita.

-Aún es pronto, dentro de un momento comenzarás a notar el subidón.

Acaricié su trasero, muy prieto, enfundado en sus braguitas de seda. No sé porqué me pareció las dos mitades de un balón de fútbol bien hinchado. Tal vez resabios de mi antigua personalidad. Introduje la mano bajo la tela buscando su cofrecillo peludo. Y la acaricié con dulce lujuria. No estaba húmeda, seguramente tendría que mentalizarse un poco más y tal vez esnifar un par de rallitas más para llegar a conseguirlo.

Se las fui bajando con delicadeza hasta dejarlas en el suelo a sus pies, una motita de nieve sobre el parqué. Introduje son suavidad mi miembro erecto entre sus nalgas y empujé muy, muy delicadamente al tiempo que mis manos atrapaban sus deliciosos meloncitos. Jugué con sus pezones una y otra vez. Volvió a excitarse y a jadear. Si algo podía excitarla de mí era mi forma de jugar con aquellos brotes rosados. Aproveché su excitación para hincarle más el miembro. Ella jadeó violentamente. La penetré con un brusco movimiento de caderas. Gritó, pero esta vez no fue un grito de placer.

-Bruto, ni con coca es facil por ahí, hay que tener más cuidado. Si quieres luego me untas con mil o mantequilla.

No había dejado nada al azar, no imaginaba que hubiera pensado también en esto. Me fijé en una pequeña nevera al otro lado del cuarto. Nos tumbamos en la cama, ella boca arriba, con los ojos cerrados, volví a mis pezones como un bebé con hambre de varios días.

Fue entonces cuando noté el subidón como decía ella. No volveré a probar nunca aquella maldita nieve del diablo. El tiempo se aceleró de tal forma, lo mismo que mis movimientos, que me sentí poseído por una extraña entidad. Odio sentirme poseído, es algo que no soporto, solo cuando lo hace una mujer lo llevó bastante mejor. La coca no es mujer a pesar de su género femenino, es una entidad demoniaca sin sexo.

Besé sus pezones, los lamí, creo que incluso llegue a morderlos con frenesí salvaje, pero ella no se quejó, no al menos más de lo que estaba gimiendo. Seguramente también sufría el famoso subidón. Sentía deseos de devorarla, así tal como estaba no se hubiera dado cuenta de nada. Mi boca buscó su sexo peludo y lamió el liquidillo que brotaba de la cueva como una fuente.

La besé en la boca y me contestó con furia, nuestras lenguas jugaron largo rato como un gato sádico lo haría con un indefenso ratón. Absorbí saliva de su boquita de fresa y la tragué con fruición. Había oído en algún sito que las salivas están llenas de hormonas sexuales o lo que sea. Por eso a las putas no les gusta que les besen sus clientes. Se produce una extraña unión. Por primera vez ella empezó a ser mi amante y no una pelandusca que se ofrece por divisas.

La penetré con fuerza. Cabalgamos largo tiempo. El resto está algo confuso. Champagne, fresas, más coca, miel y mermelada. Penetración anal. Pero sobre todo pezones, muchos pezones, la habitación estaba llena de pezones, las paredes, el techo, el suelo... Como en un sueño ella me untó el glande con la coca, luego para que no se perdiera nada lo lamió con detenimiento. Y cabalgamos, cabalgamos. Quería explotar, estaba muy excitado, pero no era capaz. Ella gemía, gemía sin cesar. Más... Más... pedía a gritos. Mis caderas se movían con fuerza en un vaivén imparable. Temí llegar a desgarrar su vagina, pero ella gemía de placer clavando sus uñas en mi espalda y gritaba cada vez más.

Tapé su boca temiendo que el escándalo atrajera a todos los habitantes del motel pero ella me mordió y fue entonces cuando exploté como una bomba. Creo que me desmayé porque sentí un fuerte golpe en el centro de la cabeza y

Lucha Libre con Delia y Noelmi

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Yo soy flaquito y más bien bajo. Por eso me extrañó cuando, en la cola del banco, esa bella mujer que me llevaba más de una cabeza y media, empezó a charlarme. Rubia natural, tenía unos cuantos kilos de más, pero igual una figura fantástica, y bien proporcionada. El exceso de peso le daba la mayor exhuberancia que yo hubiera visto en mujer alguna. Y su culo enorme, realmente grande, duro y parado, en la pollerita cortita y tableada, era el más fantástico culo que jamás hubiera visto. Era un culo intimidante. Y, de algún modo, desarmante. Parecía muy segura de sí misma, hablaba con voz segura y su mirada me encaraba con firmeza y fuerza. Me dijo que se llamaba Delia."Yo practico la lucha libre", me comentó en un momento, "y lo hago con una amiga con peso y estatura parecidos a los míos, porque todavía no encontramos un hombre que nos aguante." "Yo puedo vencer a cualquier hombre, sepa o no luchar" afirmó con una sonrisa dominante. °Y Noemí también" agregó. "Tendrías que conocerla", me tuteó, "Es muy linda, pero es una bestia" "Enormes tetas, más grandes que las mías. Y sabe como usarlas en la pelea" "Y en otras cosas" agregó con una sonrisa inquietante.

Había algo en esa enorme mujer que me atrapaba. "Hoy nos reunimos para entrenar. Justamente ahora voy para allá. Noemí tiene un gimnasio en su casa. ¿Por qué no venís a vernos luchar?" "Peleamos casi desnudas, así que tendrás mucho para ver..." Su sonrisa era a la vez insinuante y lúbrica. Me sentí muy tentado, lleno de expectativas subterráneas que todavía no habían accedido a mi conciencia. Y acepté acompañarla.

Cuando salimos del banco nos encaminamos juntos hacia la casa de la tal Noemí. Era a menos de cuatro cuadras del banco, por la calle Beaucheff, en la zona de Primera Junta. Casi una mansión, de dos plantas, con un curioso toque de sordidez. Abrió la puerta Noemí. Y casi me caigo de espaldas, el esplendor de culo que tenía Delia, estaba puesto en su caso en los pechos. Enormes, parados. No es que no tuviera un gran culo, pero sus melones eran un espectáculo. Llevaba un kimono negro, de seda, y sus pechos morenos resaltaban como dos gemas enormes, que parecían resplandecer detrás de la seda negra que intentaban desbordar. Su cabello negro y ensortijado caía en cascada sobre sus hombros y se perdía en su espalda. "Noemí, te presento a Alberto, lo conocí recién en la cola del banco, y vino a vernos entrenar" Noemí me dio un fuerte apretón de manos y con una sonrisa me preguntó sabía luchar. Me tomó de sorpresa, "Bu-bueno, hice algo de yudo..." balbuceé, preguntándome quien me había mandado a contar eso. "¡Magnífico!" exclamó Noemí. "¡después probaremos tu yudo contra nuestra lucha libre!" Y se miraron con una sonrisa de complicidad.

Me invitaron a tomar el té. Y conversamos mientras. "En realidad las dos somos bastante putas", me contó Delia. "Esa es una de las razones por las que nos gusta retozar en la lona. Hay muchos refregones y nos ponemos a mil" "A veces" agregó Noemí, "en medio de una toma, que me hacen o que yo estoy haciendo, me corro sin poder aguantar la calentura" "¡Yo también!" se entusiasmó Delia, "¡Me echo cadas polvos! ¡Especialmente cuando estoy ganando!" "¡Y yo le como todo lo que me echa!" Noemí parecía una diosa en celo, inclinada hacia mí, con los grandes ojos brillantes por la excitación. Involuntariamente tuve una erección, que procuré disimular. El lenguaje desenfadado de estas mujeres y sus gestos calientes, preanunciaban cosas sucias más allá del entendimiento, pero que algo oscuro en mí presentía y entendía. "Somos muy putonas" dijo Noemí metiéndome su gorda lengua mientras me comía la boca. De un tirón, Delia me puso en pie, y de paso una mano en mi culo. Una mano grande, que me lo soliviantó a conciencia. "¡Mirá, mirá: la tiene parada!" festejó Noemí entre risas.

"Bueno, ya es bastante, vamos a divertirnos al ring" decidió Delia. Y me llevaron entre las dos, aprovechando para toquetearme el culo, con lo que mi pija se puso aún más dura. Yo me preguntaba qué estaba haciendo allí, pero pronto comprendí que eso lo estaban decidiendo ellas.

El ring estaba en un altillo enorme que yo no había visto desde la calle. Era un cuadrilátero normal, con su lona acolchada, y las gruesas sogas reglamentarias que unían los cuatro rincones. Noemí se sacó el kimono y su cuerpo voluminoso y escultural se expuso a mis ojos, casi como una agresión a mis sentidos de hombre. Delia hizo lo propio, y su tremendo culo me hizo estremecer.

"Vos oficiarás de réferi", me dijeron. Y me subieron al ring con ellas.

Y ahí estaba yo, tratando de salirme del paso de aquellas dos tremendas mujeres que iban moviéndose en círculos, con sus cuerpos inclinaos hacia delante, vigilándose con sonrisas entre divertidas y crueles. Después de algunos escarceos se lanzaron una contra la otra. Engarfiaron sus manos entrelazadas con las de la otra y, abriendo ampliamente los brazos chocaron sus tetas, apenas cubiertas por unas tiritas, con un sonido difícil de describir, pero muy potente. Ese primer choque lo gano claramente Noemí, que con el mayor volumen de sus terribles tetas hizo caer de espaldas a la rubia. Y en un salto volador se arrojó sobre ella, procurando aplastarla con el peso de sus tetazas. Pero Delia había previsto el gambito y rodando hacia un costado evitó la maniobra. Y apresó entre sus gruesos muslos la cabeza de su contrincante. La toma era poderosa y los esfuerzos de Noemí, con su cara roja como un tomate, no pudieron impedir que la otra le hundiera la cabeza hasta la altura de su concha, que comenzó a refregarle contra la cara, con movimientos frenéticos. En unos instantes, y en medio de la impotencia de Noemí, Delia se corrió entre gritos apagados. Todo había terminado en menos de cuatro minutos. Yo estaba anonadado, pero me encaminé al centro del ring para levantarle el brazo a Delia, todavía agitada por su orgasmo. Noemí yacía de espaldas, despatarrada contra la lona, su negra cabellera desparramada, y pude ver que la entrepierna de su bikini estaba completamente húmeda por sus secreciones lubricantes. Yo estaba agitado, sobrecogido por lo que acababa de suceder y totalmente empalmado. Me incliné sobre la morena para observar su cara, para ver si se encontraba bien, ya que la llave de muslos había sido bastante violenta. Tenía los ojos turbios, la cara enrojecida y la respiración temblorosa. Estaba en medio de un largo orgasmo. Unos minutos después se arrastró esforzadamente en cuatro patas hasta salir del ring para derrumbarse en el ring-side.

Toda la situación me había resultado muy perturbadora. Y las piernas me temblaban un poco. Me encaminé algo indeciso hacia las sogas, sin saber muy bien qué seguía.

Seguía yo. Delia se plantó frente a mí, con una gran sonrisa dominante y burlona en su bella cara. "Bueno, Albertito, vamos a probar ese yudo tuyo..." Yo retrocedí espantado, y para mi vergüenza con mi menudo cuerpo temblando. "¡Es-pe-perá un poco... !" le pedí, tratando de hacer tiempo. Ella se divertía con mi miedo. En un impulso impensado traté de escapar del ring, pero no tuve la menor oportunidad. Una fuerte mano hizo presa de mi brazo y con un giro del suyo me lanzó contra un rincón. Me levanté como pude, y traté nuevamente de huir. Otra toma me lanzó contra el otro rincón, donde caí desmadejado. Vi avanzar a Delia hacia mí, toda esa exuberante carne erguida en toda su estatura, avanzando con pasos triunfales, segura de su dominio. Yo intenté escabullirme en cuatro patas. Ella se rió, y con una de sus pantorrillas por debajo de mi panza me dio vuelta como a una tortuga. Quedé indefenso, y ví como poniendo una pierna a cada lado de mi cuerpo, fue bajando su enorme culo hasta sentarlo sobre mi abdomen. Me sentí atrapado como un gusano, aplastado por el enorme peso de su culo. Casi sin respiración. Ella me miraba desde la altura con su enorme sonrisa. "¿Y el yudo?" "Mi gran culo puede más que todo tu yudo, ¿no?" Yo me estaba congestionando por la falta de aire. Sin embargo seguía completamente empalmado. Después de unos momentos interminables ella levantó el colosal culo de mi estómago, permitiéndome tomar varias bocanadas desesperadas de aire. Pero fue sólo para avanzarlo y dejarlo caer sobre mi tórax que se hundió como jamás había supuesto que pudiera llegar a hundirse. Me quedé otra vez sin aire. Veía todo su cuerpo en una perspectiva que terminaba en su cara, que me miraba burlona. "¿Nunca te aplastaron con un culo así, no nene?" Abrí la boca, boqueando sin aire. "Y ahora viene lo mejor, preparate a morir bajo mi culo..." Se levantó y dando media vuelta quedó de espaldas a mí, totalmente erguida, con las piernas separadas. Yo, inerme, tratando de recuperar el aire, cuando veo con terror a ese tremendo culazo descendiendo sobre mi rostro. Me lo aplastó completamente, todo se había oscurecido, y sólo podía sentir su olor, y los globos de sus nalgas aprisionando mis mejillas por los costados, y su voz a lo lejos "¿qué se siente al morir aplastado por un culo?" Mi polla empalmada se agitaba en el aire, pues ella me había bajado los pantalones. Me empecé a asfixiar por la falta de oxígeno... "Me encanta sentir tu desesperación bajo mi enorme culo y saber que al mismo tiempo estás sometido y embargado por el placer..." Justo cuando creí que mis pulmones iban a estallar, Delia levantó un poco el enorme culo dejándome dar unas bocanadas desesperadas de aire. Pude ver su soberbio culo, los redondos y enormes glúteos, y el agujerito de su ano, frente a mi cara. "Preparate, nenito, que ahora te voy a coger la cara con mi culo, espero que no te asfixies antes de que yo me corra en tu cara... ¡Ahí vamos!" Y me aplastó de un empellón de su culo, la cara, enterrándomele entre las profundidades de sus nalgas. Supe que iba a morir. Y mi polla seguía a mil, dura como un fierro. Ella comenzó a cabalgarme. "Veo que tu polla está a reventar... Te enloquece ser dominado por mi culo, ¿verdad?" Y me seguía cabalgando el rostro. Cada vez más rápido, refregándome el ojete contra la nariz. Apenas hacía menos de una hora y media que había conocido en la cola del banco a esa colosal mujer y ya estaba a punto de morir, violado y aplastado por su culo. Ella había sabido tender su trampa y engatusarme, tentándome de modos oscuros... Ahora me tenía bajo su culo, como seguramente había sido su intención desde el principio. Y se encaminó hasta el ataque final: empezó a saltar sobre mi nariz, lo que me daba breves respiros de aire, sucedidos inmediatamente por otro delicioso y terrible aplatasmiento, sumido en la oscuridad. Traté de sobrevivir como podía, mientras sentía como su ritmo se iba acelerando, y presionando cada vez con más intensidad. Al retirarse su culo producía un efecto de succión, como de sopapa, sobre mi cara. Hasta que de pronto el orto de Delia se aplastó contra mi boca durante un momento interminable, sin retirarse, sino aplastándome cada vez más, mientras sentía que su cuerpo se sacudía en espasmos. ¡¡Estaba corriéndose... !! ¡¡Teniendo el más espectacular de sus orgasmos con su culo, sobre mi cara!!" Y entonces, pese a que me estaba asfixiando sucumbí y mi pija explotó en un tremendo orgasmo, lanzando chorros hacia el techo, que ella festejó con divertidas carcajadas. Y me hundí en la inconsciencia que creí definitiva, y no me importaba.

Cuando recuperé el conocimiento estaba tendido en la lona, vivo todavía. Mi pija rendida y mis muslos enchastrados con mi tremenda acabada. Me sentía extrañamente liviano, sin ese enorme culo encima. Por un lado me sentía aliviado, pero sin embargo lo extrañaba. Mi respiración se había suavizado y normalizado. Me levanté como pude y ahí noté que mis piernas, inciertas, casi no me respondían. Pero pude irme encaminando hacia fuera del ring. En un costado estaban Delia y Noemí esperando a que me hubiera repuesto. Tomaban un té con masas, y me sonreían.

Llegué y me senté entre ellas, habia un sentimiento como de fraternidad entre nosotros tres. Noemí me estrechó contra sus abundante y tiernos pechos y me dejó besárselos, apretándome la cabeza contra ellos, y refregándome los gruesos pezones contra mi boca, que se prendió chupándolos, como si fuera un bebé, embebido en toda esa exhuberancia tetal.

Y aquí detengo la narración.

Pero queda mucho más por contar.

Si te interesa que prosiga contando esta historia escríbeme a ladooscuro4@hotmail.com y cuéntame que te ha parecido hasta aquí. ¡Hasta pronto!.

Lado Oscuro 4

Las Sensibles manos de Cecilia

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Hacía tan solo dos días que había recibido un sobre en su oficina. En él solo estaba escrito su nombre y dentro había una nota, pulcramente escrita con letras ligeramente inclinadas y perfectamente legibles.


"Martes día 12, a las 20:00 horas. C/Sierra Nevada nº 190-Ático. Cecilia"


Cecilia…. Aquel nombre le hizo recordar la noche vivida tan solo unos días antes en la que entre un grupo de amigos había compartido una agradable velada en la que se la presentaron. Tras la cena se habían marchado a un pub irlandés donde mantuvieron una agradable conversación.


Su delicadeza, su forma de expresarse, los leves y lentos movimientos que ella hacía con sus manos al hablar le llamaron mucho la atención. Era como si al mirarla viera su imagen a cámara lenta. El brillo de sus grandes ojos, su rostro delicado de facciones finas, sus cejas exquisitamente depiladas enmarcando el contorno de su expresiva mirada le hicieron sentirse cómodo con ella. Esa mujer le atraía, era exquisitamente delicada, sosegada, tranquila y eso le gustaba.


Hablaron de música, de literatura y en un momento determinado de la noche surgió el tema laboral. Era la primera vez que conocía a una mujer fisioterapeuta. Aquello le llamó la atención, sobre todo la manera tan fluida en la que ella hablaba de su trabajo. Él llevaba días con cierta molestia en su espalda y ella se ofreció a darle una cita en su consulta para intentar aliviar esa dolencia. Invitación que él había aceptado y la nota recibida confirmaba la misma.


Dejó su oficina con tiempo suficiente para trasladarse a la dirección indicada. Conocía la zona pero tuvo que callejear un poco desde el parking en el que había dejado su coche hasta el portal señalado con el número 190 de la calle Sierra Nevada.


Algo nervioso llamó al telefonillo indicado como ático y enseguida reconoció la voz de Cecilia al otro lado del interfono.


¿Si?

Hola Cecilia, soy Carlos.

Ahh, eres tú… sube.


Abrió la puerta y se adentró en el portal hasta llegar al ascensor en el que colgaba un letrero de "NO FUNCIONA". Aquello no supuso ningún problema para él. Si bien es cierto que su espalda estaba algo dolida, el resto de su cuerpo se mantenía en perfecta forma. Para algo le dedicaba cuatro tardes a la semana acudiendo a un gimnasio próximo a su oficina en el que practicaba boxing casi durante una hora.


Al llegar al ático, Cecilia le esperaba ya con la puerta abierta.


Veo que has encontrado bien el sitio, dijo ella.

Si, conozco la zona, he dejado el coche en un parking cercano.

Pasa, añadió ella, abriendo la puerta e invitándole a entrar.


No había imaginado la consulta así. Era un espacio totalmente diáfano, con el suelo de láminas de madera en tono avellana, paredes y techo pintados de color blanco. En el recibidor había un viejo perchero restaurado sobre el que dejó su abrigo y su bufanda, un gran espejo y una mesa alta y alargada de hierro forjado sobre la que había un ramo de azucenas naturales y una pequeña bandeja de cristal de Murano sobre la que reposaban ordenadas unas tarjetas de visita en las que podía leerse: Cecilia Peña. Fisioterapeuta. Especialidad: Masajes Ayurveda.


Al fondo de la sala, a la izquierda hay un cuarto donde puedes dejar el resto de tu ropa, y en el armario hay toallas. Dijo ella señalándole la estancia indicada.

¿He de desvestirme completamente? Preguntó él.

Si, si no te importa, así será más cómodo y el aceite terapéutico no te manchará la cinturilla del pantalón.

No hay ningún problema, añadió él.


Se dirigió al cuarto que ella le había señalado donde había varios galanes y mesitas auxiliares con pequeños cajones donde dejó las llaves, la cartera y algún que otro objeto personal que llevaba encima.


Se desnudó por completo, cogió una de las toallas del armario que anudó a su cintura, se calzó unas zapatillas blancas que estaban colocadas en el galán que había elegido para dejar su ropa y salió de la habitación.


La estancia principal estaba dividida como en pequeñas salitas por unos biombos que impedían ver el resto de las estancias. Ella le esperaba ya preparada en una de ellas.


Bueno, siéntate en la camilla e indícame exactamente el lugar de tu espalda que más te molesta.

Es aquí, dijo él señalando la parte baja de su espalda, en la zona lumbar.

¿Has hecho algún esfuerzo extra? ¿Desde cuándo te molesta? Preguntó ella palpando la zona.

Practico boxing cuatro días a la semana y llevo unos cuantos notando cierto malestar.

Está bien, túmbate boca abajo e intenta relajarte ¿de acuerdo?

De acuerdo, contestó él mientras se tumbaba en la camilla.


Se quedó un rato tumbado y en esos minutos pudo presentir como la estancia se llenaba de un suave aroma a incienso. Le gustó ese olor, era dulce sin llegar a ser empalagoso y sentía que le relajaba.


Empezó a sonar una música de fondo. Ella volvió vestida con una bata blanca, muy parecida a un kimono, con el cuello mao y sin mangas.


Bonita música, ¿quién canta? Preguntó a Cecilia.

Ivan Lins. Es un cantante de jazz brasileño.

Suena bien, me gusta esa música.

Por cierto Cecilia, he leído en tus tarjetas de visita que eres especialista en masajes ayurvada. ¿Qué son exactamente?

Carlos, has de intentar relajarte o no podré hacer bien mi trabajo.

Perdona Cecilia, solo era curiosidad.


En ese momento sintió como el aceite terapéutico caía sobre su zona lumbar y ella procedía a empezar a extenderlo con las palmas de sus manos. Las sentía como flotar sobre su espalda, presionando solo aquellos puntos en los que su dolencia se marcaba pero que empezó a sentir aliviada según pasaban los minutos.


Está bien, dijo ella, no tiene importancia. Son masajes terapéuticos que tienen su origen en el Nepal. Se emplean aceites y hierbas para equilibrar los elementos internos del cuerpo, limpian los chacras y ayudan a abrir los niveles más profundos de la mente para aliviar dolencias como la artritis, la ciática, desarreglos digestivos y problemas de la columna vertical.


Según ella iba hablándole, él se sentía cada vez más relajado. La música, el incienso, su dulce voz y sus manos estaban contribuyendo a un nivel de bienestar casi desconocido por él.


Sus manos se movían lentamente desde su cóccix, subiendo por toda su espalda, dibujando cada vértebra de su columna hasta llegar al nacimiento de su pelo. Notaba como a veces, sus manos describían círculos o las yemas de sus dedos presionaban ciertos puntos concretos de su ancha espalda.


Se sentía orgulloso de su cuerpo. A sus treinta y seis años se mantenía en forma. Se cuidaba con una buena alimentación y el ejercicio físico había torneado esculturalmente sus músculos que se señalaban perfectamente delineados en todo su cuerpo.


Ella observaba su espalda mientras la masajeaba, pero también se había fijado en sus brazos, atléticos, al igual que sus piernas.


Hacía algún tiempo que él depilaba semanalmente su cuerpo. Pecho, vientre, muslos y piernas. A ella le gustaban los cuerpos depilados que además, hacían mucho más ligero su trabajo. Los aceites y bálsamos empleados se deslizaban mejor y hacían más efecto en las pieles depiladas absorbiéndolos mejor.


Tras unos cuarenta y cinco minutos en los que Cecilia masajeó concienzudamente su espalda, le pidió que se levantara la toalla y la situara justo de manera que solo cubriera sus nalgas.


Vertió aceite a la altura de uno de sus tobillos y lo extendió desde su base hasta la parte alta de sus muslos, acariciando sus pantorrillas, presionando sus corvas al pasar por ellas…


Ahora necesito que te des la vuelta, Carlos.


Él se levantó y se posó boca arriba sobre la camilla. Cecilia empezó a masajear su torso desde el cuello. Él se mostró algo aturdido, si el dolor estaba en su espalda, ¿por qué ella masajeaba ahora su pecho?


Continuó relajándose al sentir la agradable sensación de sus femeninas manos sobre su tórax y su vientre. Dio un respingo en la camilla cuando sintió como ella retiraba la toalla que cubría su sexo y lo dejaba desnudo. Notó como ella separaba sus piernas y flexionaba sus rodillas, exponiendo totalmente sus genitales. Las manos de ella empezaron a acariciar suavemente sus testículos.


Sus manos tomaron su sexo entre ellas y empezaron a acariciarlo primorosamente, variando la intensidad de su estímulo según la presión y la velocidad que ejercía sobre él.


Carlos notó como empezaba a excitarse, como un cosquilleo le recorría el cuerpo desde su pelo hasta los dedos de sus pies. Sus pezones se habían puesto duros y sus músculos habían empezado a tensarse. No entendía nada, pero le agradaba lo que sentía y no se veía con fuerzas para decirle a Cecilia que parara.


Ella presionaba la base de su pene, deslizándolo hacia arriba y después hacia abajo, alternando el masaje con ambas manos, primero la derecha y luego la izquierda.


La delicadeza de sus manos era exquisita, incluso cuando ella empezó a presionar su glande ligeramente. El aceite empleado que embadurnaba sus manos, permitían que todo su sexo se deslizara suavemente entre ellas y la sensación al sentirlo sobre su glande era tremendamente excitante para Carlos que intentaba respirar pausadamente, intentando recuperar el ritmo de su corazón que latía como el de un potro a punto de desbocarse.


En ese momento, una de sus manos se deslizó por sus ingles y poco a poco se fue aproximando a su perineo, acariciándolo con esmero.


Carlos se sintió algo incómodo, nunca le habían masajeado así esa parte, tan cerca de su ano, pero oyó como ella le musitaba que no se preocupara y nuevamente, él siguió respirando.


Lo acariciaba lentamente mientras que su otra mano seguía abarcando toda la plenitud de su sexo.


Placer, un placer inmenso era lo que sentía Carlos, como si lo transportara a un mundo casi irreal. Él había mantenido relaciones con algunas mujeres, pero no recordaba que ninguna le dedicara tanto rato a su zona más sexual. Era como si flotara entre nubes, envuelto en el seno de una de esas Diosas hindúes con multitud de brazos que recorrían sus párpados, su barbilla, sus axilas, sus muslos…


Estaba muy excitado. Los músculos de su vientre estaban tensos y notaba un ligero temblor en sus piernas, como cuando se tiene frío y se tirita.


En ese preciso momento, ella introdujo en su ano y con la mayor de las delicadezas uno de sus dedos. El placer de Carlos fue tal que no pudo evitar eyacular sobre su propio vientre mientras un gemido se le escapaba de sus mismísimas entrañas.


Se levantó de la camilla sobresaltado.


Tranquilo, Carlos, no pasa nada, oyó como Cecilia le decía y la veía aparecer tras el biombo.

¿Estás bien? Le preguntó ella

Si, si, dijo él mientras se miraba su vientre completamente limpio.

Te has quedado dormido, debías estar cansado y te has relajado tanto que el sueño te ha vencido, le sonrió ella.


Durante unos minutos Carlos se sintió aturdido, como si no supiera dónde estaba o lo que había sucedido. En realidad se había dormido, justo en el instante en que ella había empezado a masajear sus piernas y el profundo sueño en el que había caído le había llevado a soñar con ese momento en el que él creía que ella masajeaba algo más que su espalda.


¿Estás bien de verdad? Insistió ella. ¿Quieres que te traiga algo de beber?

No, de verdad, estoy bien, gracias Cecilia. ¿Qué hora es? Preguntó

Son casi las once de la noche, respondió ella.

¿Las once? Madre mía, que tarde es, siento haberme quedado dormido y que aún no hayas podido marcharte.

No te preocupes, no pasa nada. No quise despertarte. Además de la tendinitis que tenías en tu zona lumbar, creo que estás falto de sueño, por eso no he querido despertarte.

Si, tienes razón, ando muy liado en el trabajo últimamente y duermo poco. Será mejor que vaya a vestirme.


Algo más tranquilo volvió a entrar en el cuarto en el que había dejado su ropa y se vistió lentamente. Aún se sentía levitar.


Cuando salió, Cecilia ya había recogido la consulta y estaba terminando de apagar las luces.


De verdad Cecilia, siento mucho haberme quedado dormido.

No te preocupes, suele pasarle a muchos de mis pacientes.

¿Puedo invitarte a cenar? ¿Me permites que lo haga?

No es necesario, Carlos, dijo ella sonriendo.

Si aceptas me sentiré mejor por lo que ha pasado, estoy avergonzado.

Está bien, pero no te sientas así, no has de avergonzarte, ya te he dicho que suele pasar. Por cierto, esto es para ti, le dijo mientras le entregaba un CD.

¿Qué es? Preguntó él.

Es el disco de Ivan Lins que sonaba, te lo he grabado mientras dormías.

Eres encantadora, gracias.

De nada.


Y juntos abandonaron la consulta, bajando las escaleras y dirigiéndose a un modesto restaurante situado a tan solo unos portales del de Cecilia.

C.P. Peñalva

La Pasajera Polizon

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Los primeros rayos de la aurora clareaban el horizonte. Me encontraba de guardia en la cabina de mando. Hasta mí llegaba el sincopado runrún de los potentes motores diesel del buque. Golpeaban rítmicos treinta metros debajo de mis pies. Ni una vibración en la tarima ignífuga sobre la que se atornillaba el sillón del oficial de guardia. Era mi guardia. La del primer oficial, de las cuatro a las ocho de la mañana.

El viento racheado levantaba borreguitos blancos en la rizada y azul superficie del océano. Llevaba dos horas sentado controlando con frecuencia los instrumentos automáticos de navegación. A dos metros de mí leía muy interesado Quique, el timonel, un cómic repantigado en su asiento. Me levanté para estirar las piernas y fumarme un cigarrillo. Acababa de levantar la vista de la llama del mechero cuando la vi. Subía despacio las escalerillas metálicas de la segunda cubierta sujetándose con las manos a las barandillas. El balanceo del buque era casi imperceptible aunque no tardarían en llegar los pantocazos del oleaje ante el huracán que se avecinaba. Supuse que la mujer tenía poca práctica marinera, pero llegó a la primera cubierta muy decidida.

Al pisarla, el viento arremolinó su larga cabellera rubia sobre su rostro. No pude ver su cara, pero el cuerpo, delgado, flexible y armonioso caminó contra las rachas ligeramente inclinado. Se apoyó en la amura de estribor. Las ráfagas de aire, cada vez más violentas, pegaban a sus muslos la fina tela del vestido tobillero de color blanco de falda acampanada y escote generoso. Calzaba sandalias blancas. Era joven. Se notaba vitalidad en todos sus movimientos. Se apoyó con los antebrazos en la regala, mirando como la roda dibujaba bigotes blancos contra las cuñas de la proa al cortar el agua, mientras el viento jugaba a enredar su larga mela rubia.

Nos separaban diez metros y tres de altura. Giró la cabeza hacia la popa observando la estela burbujeante que las grandes hélices del buque, lanzado a dieciocho nudos, dejaban tras de sí como un camino asfaltado de blanquecina espuma. Una racha de viento levantó su falda dejando las nalgas al descubierto. La tira de la tanga se incrustaba entre las dos semiesferas rotundas y macizas. Me quedé alucinando al ver unas manos de hombre sujetándoselas como si estuviera arrodillado libando el néctar de su sexo. Sabía que eso era imposible. Entre la amura y su cuerpo sólo cabía un hombre dibujado en un papel. Tenía que ser una calcomanía o un tatuaje. Sólo podía ser eso. Pero el efecto, quizá por la distancia, daba visos de realidad a mi pensamiento primero.

No hizo un solo movimiento para sujetar la falda. Ni siquiera el instintivo típico de la mujer que nota su vestido alzado por el viento. Procedía como si estuviera sola ante la inmensidad del océano. Miró hacia el frente durante unos minutos, luego inclinó la cabeza sobre el pecho y la mantuvo en esa posición durante un tiempo. De pronto, la levantó con gesto decidido. Una señal de alarma se encendió en mi cerebro cuando apoyó sus manos en la regala con los brazos flexionados. No era la primera vez que veía el gesto suicida. Salí disparado de la cabina. Bajé las escalerillas deslizándome a toda velocidad con las manos resbalando sobre las barandillas metálicas y caí en la cubierta flexionando las rodillas. No estaba dispuesto a detener el buque. No tenía tiempo de pararlo antes de que la succión de las grandes hélices la absorbieran y la hicieran pedazos.

Corrí a toda velocidad hacia ella en el momento que, flexionando las rodillas, se impulsó con brazos y piernas fuera de la borda. Sólo alcancé a rodear sus mulos cuando ya tenía medio cuerpo fuera de la borda. Se golpeó la cabeza contra la amura, la giró hacia arriba... aquellos ojos de color violeta de curvadas y tupidas pestañas eran inmensos y me miraban con odio. No era guapa, pero si muy atractiva... pero ¡¡Dios mío!!... aquellos ojos... aquellos ojos inmensos...

-- ¡¡Suélteme, imbécil, suélteme!! – gritó, con la mejilla casi pegada a la cuaderna blanca y azul – ¡¡Me está haciendo daño, maldito bastardo!!

Ciertamente, mis brazos le apretaban los muslos por encima de blanco vestido con todas mis fuerzas y los músculos de mi abdomen, tensos sobre la regala, se resentían de su pataleo. Me dejé caer hacia atrás apalancándome en la amura sin aflojar la presión de mis brazos. Cayó encima de mí echa una furia, revolviéndose como una pantera herida hasta quedar con su cara pegada a la mía. Como había supuesto era joven, no tendría más de veinticuatro años. La sujeté por las muñecas antes de que sus uñas, afiladas como dagas florentinas, me desgarraran la piel de las mejillas. De pronto, casi sin transición, dejó de luchar y quedó quieta encima de mi cuerpo. Notaba sobre mi tórax la firme dureza de sus pechos, y en mis muslos la rotunda forma de suyos. Los ojos violeta me miraron asombrados, como si despertara de un largo sueño e inopinadamente, acercó su boca a la mía. Me besó con una ternura tan inesperada mientras sus manos sedosas acariciaban mis mejillas que me dejó paralizado de estupor.

Logré recuperarme de mi asombro y levantarme. Le di la mano para ayudarla. El sol naciente ponía reflejos de oro en sus ojos violeta. ¡¡Dios mío, qué ojos!!...Brillaba como trigo maduro su melena rubia alborotada por las rachas de viento. Volví a mirarla. Me tuteó al preguntarme sería:

-- ¿Eres el capitán?

-- No, soy el primer oficial.

-- ¿Cómo te llamas?

-- Alejandro, ¿ Y tú?

-- Laura.

-- ¿Cuál es tu camarote?

-- No tengo camarote – respondió desafiante.

-- No me digas que eres una polizón.

-- Sí, te lo digo. Has acertado. Lo que has hecho no servirá de nada.

-- De momento ha servido para salvarte la vida.

-- De nada servirá.

-- ¿Volverás a intentarlo?

-- No. Es igual. Dejémoslo, tampoco lo entenderías.

-- Tengo que detenerte, lo sabes ¿verdad?

-- ¿Por ser una polizón?

-- Y por intentar suicidarte – respondí tomándola del brazo. Me siguió sin oponer resistencia.

-- ¿Me vas a encerrar?

-- Es mi obligación. Lo siento.

-- ¿Dónde me encerrarás?

-- En la enfermería. Quedarás a cargo del oficial médico.

-- No, No, ¡¡Por favor!! – exclamó temerosa, intentando soltarse de mi mano – En la enfermería no. Ciérrame en tu camarote, con llave si quieres.

-- No puedo hacer eso. Va contra el reglamento.

-- Si, puedes, nadie se va a enterar. Nadie nos ha visto y eres el segundo jefe del buque.

-- No puede ser, Laura. Aunque nadie nos haya visto.

Era cierto que nadie nos había visto. El timonel leía muy interesado su cómic cuando salí de la cabina. Aunque hubiera mirado no podía vernos desde su asiento entre el armario de la bitácora y la pantalla de radar situados en el extremo de babor de la cabina y de espaldas a estribor. Estaba decidido a llevarla a la enfermería, me jugaba una grave amonestación de no hacerlo que figuraría para siempre en mi expediente y en mi rol. Bajamos en el ascensor. Sin embargo, en contra de mi decisión y sin saber por qué, me encontré con ella cogida de la mano abriendo la puerta de mi camarote que volví a cerrar una vez dentro. Tenía que darme prisa. No podía estar fuera del puente de mando mucho más tiempo.

-- Gracias, Alex

-- No te muevas. Lo mejor es que descanses, pero no hagas ruido, o tendré que llevarte a la enfermería. ¿Quieres un café?

-- No, gracias. No te preocupes, no me moveré – respondió girándose hacia mí para besarme suavemente en los labios. Aquellos ojos... ¡¡Válgame Dios!!... Aquellos ojos...

La puerta hermética de acero se acopló suavemente. La cerré con llave. Salí disparado hacia el puente de mando. El timonel ni siquiera se giró a mirarme cuando entré. Me faltaban cincuenta minutos para que el segundo oficial me relevara. Encendí un cigarrillo y me senté comprobando que la brújula marcaba exactamente el rumbo prefijado. Debíamos sortear el huracán que bramaba ya contra la obra muerta del buque. Estábamos cerca de sus estribaciones y debíamos sortearlo para entrar en el Mississipi cuanto antes.

Doscientos sesenta y cuatro pasajeros esperaban en los camarotes la llegada a Nueva Orleáns aquella tarde. Entre ellos se encontraba René de Pont Lebric, duque de Saint Michelle que había hecho amistad durante el viaje con Mauricio Duestray, nuestro capitán, y compartido la mesa de la oficialidad casi todos los días. Era un hombre alto, distinguido, que hablaba correctamente varios idiomas y todavía joven, poco más de cuarenta años tendría. Me había preguntado varias veces si el huracán nos alcanzaría procurando siempre tranquilizarlo. Me lo crucé en el pasillo, momento que aprovechó para recordarme su invitación. Lejos estaba de pensar en fiestas en aquellos momentos, pero le prometí mi asistencia

Creo que yo, después de lo sucedido, estaba algo trastornado. Sólo veía ante mí aquellos ojos grandes y rasgados de un increíble color violeta con ribetes dorados. Sacudí la cabeza como un perro sacude el agua del cuerpo mojado. Quique, el timonel, se giro mirándome de soslayo, pero no abrió la boca. Se lo agradecí. Esperaba impaciente la llegada de Maldonado, el segundo oficial, para que me relevara. Quería regresar a mi camarote cuanto antes. Me sentía atraído hacia aquellos ojos violeta como un trozo de hierro se siente atraído inevitablemente por un potente imán.

Por fin hice entrega del mando del buque y, procurando calmar mi impaciencia, bajé despacio las escalerillas hasta la segunda cubierta; hablé con la cocina desde el teléfono de emergencia del pasillo para que me subieran el desayuno. Lo pedí abundante, más de lo normal. Un desayuno a la americana en toda regla; huevos revueltos, beicon, puré de patatas, tostadas, zumo y café. Abrí la puerta de mi camarote. Dormía apaciblemente de cara a la mampara interior de la cuaderna, bajo el ojo de buey. Recogí una muda nueva. Procurando hacer el menor ruido posible, entré en el pequeño servicio y me duché con agua fría. Regresé al camarote y me estiré en el sofá mirándola dormir.

Me preguntaba cómo había podido subir a bordo sin que la detuvieran. ¿En dónde había subido? Nuestro último puerto fue la isla de Aruba ¿Subió allí? Quizá, pero también hubiera podido hacerlo en Punto Fijo, nuestra anterior escala. No era probable, demasiados días sin comer ni beber. Una polizón no puede dejarse ver, sabe que será detenida, entregada a la policía y repatriada. Ni se me ocurrió preguntarle por su nacionalidad. Hablaba español sin ningún acento y supuse que era española. Nunca me había pasado nada igual. Era increíble la cantidad de errores que estaba cometiendo y no sabía a qué achacar tal cúmulo de desatinos, pero si sabía que estaba dispuesto a ayudarla, incluso contra mis propios intereses.

De pronto el buque amorró la proa, volvió a levantarse y el primer pantocazo retumbó como un trueno al golpear la siguiente ola las cuadernas del pantoque. Acabábamos de entrar en el extremo norte del huracán. Entonces la vi levantarse de golpe y quedarse sentada en la cama mirándome asustada. Me levanté sentándome a su lado y sentí la necesidad de acariciarle el pelo rubio y largo. Me cogió la mano y se la llevó a los labios sin dejar de mirarme.

-- ¿Qué ha sido ese trueno? – susurró.

-- Nada importante, el golpe de una ola – murmuré en el mismo tono – No tengas miedo, Laura, además, no hace mucho querías suicidarte ¿Por qué?

-- No quería suicidarme Alex. Quería... – se detuvo, me atrajo hacia ella y me besó de nuevo en los labios, suave y tierna como una niña para susurrar después en mi oído – No preguntes, no lo entenderías.

Llegó el camarero con el desayuno que recogí en el pasillo. No podía dejarle entrar. La hubiera visto y de momento cuanto menos supieran de ella mejor. Pese a que insistí varias veces hasta casi enfadarme no quiso probar ni un bocado, no tenía hambre. No podía comer nada, comentó suavemente, lo vomitaría. No insistí, tomé unos bocados y el resto lo tiré por el inodoro. El agua de la cisterna se lo llevó al mar. Me había estado observado sin pronunciar palabra mientras desayunaba. Dejé la bandeja en el pasillo para que el mozo de servicio no tuviera que llamar a la puerta. Volví a sentarme a su lado y retomé la conversación donde la habíamos dejado.

-- Si no me lo explicas lo entenderé menos.

Me miró fijamente unos segundos. Su siguiente pregunta me dejó atónito:

-- ¿Quieres casarte conmigo?

-- Pero...

-- Ven, no preguntes – susurró y me arrastró encima de ella.

Cuando dos horas más tarde salí del camarote me temblaban las manos al cerrar la puerta de acero con llave. Fue una locura de amor desenfrenado, pero todo era una locura desde el principio. Me resultaba imposible borrar de mi memoria la visión de sus ojos inmensos y profundos, de su cuerpo de raso, tibio y sabroso como una fruta madura que paladeé enfebrecido. Me dirigí derecho al camarote de Mauricio Duestray, el capitán, mi compañero de promoción y mi Jefe. Tendría que explicarle todo lo sucedido. Estaba seguro de que por muy difícil de comprender que fuera mi proceder, él lo entendería. Era el único que podía casarnos en alta mar y la única forma de salvarla.

Hablaba por teléfono con la operadora de Nueva Orleáns cuando entré. Me indicó con la mano el sillón al lado de su mesa. Cuando acabó se giró hacia mí preguntándome si algo andaba mal. Le contesté que no, todo iba bien. Era un asunto particular del que tenía que hablarle y deseaba que me escucha sin interrupciones. Asintió con un leve movimiento de cabeza y se recostó en el respaldo del sillón. Se lo expliqué todo desde el principio sin omitir ni un solo detalle de lo ocurrido. Sólo cuando le dije que deseaba que nos casara antes de llegar a Nueva Orleáns y permanecí en silencio aguardando su respuesta, preguntó:

-- ¿Laura? ¿Laura qué?

-- No lo sé. No se me ocurrió preguntárselo.

-- Fredo, coño, es un disparate. Puede estar casada.

-- No lleva anillo de casada ni señal de haberlo llevado.

-- ¿Cómo y dónde subió a bordo?

-- En Aruba.

-- ¿Y qué hacia en Aruba?

-- Escapar de los sicarios de Castro.

-- ¡¡Joder!! Lo que faltaba. – respondió, moviendo levemente la cabeza. Se quedó pensativo unos segundos. Frunció el entrecejo y se levantó comentando decidido.

-- Vamos a tu camarote. Quiero hablar con ella.

Abrí con la llave y me hice a un lado para que pasara. Mientras cerraba de nuevo con llave, comentó:

-- Mira a ver si está en el servicio.

El camarote estaba vacío, el servicio también. Los dos ojos de buey permanecían herméticamente cerrados y, aunque no fuera así, sólo podía pasar una cabeza con dificultad. La puerta de acero del camarote cerrada con llave.

-- ¿Tenías el duplicado en el camarote o la llave maestra?

-- Mauricio, el duplicado y la llave maestra están en el armario del pañol y la llave del armario la tiene el pañolero. No la he tocado.

-- La cama está sin deshacer y dices que habéis...

-- Sí, Mauricio, coño, dos horas, se quedó durmiendo. Estaba agotada.

-- Fredo, ¿Seguro que no lo has soñado? – preguntó, agachándose para mirar bajo la litera y volvió a preguntar al levantarse con dos sandalias de piel blanca en la mano -- ¿Esto que es?

-- Sus sandalias. No la he soñado.

-- ¡¡Increíble!! – exclamó asombrado -- Desde luego son de mujer y pequeñas para tus pies, pero... ¿dónde coño está?

-- No lo entiendo, Mauricio, no lo entiendo, joder. Cerré la puerta con llave al marcharme y con llave estaba ahora al abrir, ya lo has visto.

Meditó durante unos segundos mirando la puerta de acero.

-- ¡¡Increíble!! – volvió a exclamar – Vamos el pañol. Hablaremos con el pañolero.

Santiago Yáñez, el pañolero, con el anillo de llaves colgándole del cinturón escogió la del armario y lo abrió. Debajo del letrero "Primer Oficial" colgaba el duplicado de mi camarote. Debajo del de "Llaves Maestras" las tres llaves de todos los camarotes del pasaje de las tres cubiertas. Yánez no se había movido de su puesto desde las cuatro de la mañana, lo relevarían a las doce. Nadie había abierto el armario hasta este momento. El capitán le ordenó que cerrara el armario y que llamara al Jefe de Seguridad por teléfono para que se presentara en su camarote de inmediato. Óscar Pradera, el Jefe de Seguridad, estaba esperándonos en la puerta cuando llegamos.

Recibió órdenes de registrar el buque de la cofa a la quilla con todo el personal a su disposición en busca de una polizón de melena larga y rubia. Se había colado en el buque durante la escala en Aruba. El primer oficial la había visto, pero se le escabulló en las cubiertas antes de poder detenerla. Tenían que encontrarla antes de llegar a Nueva Orleáns. Disponían de seis horas, pero pasaron las seis horas sin encontrar a nadie pese a que se había movilizado no sólo al personal de seguridad sino a todos los subalternos y oficiales libres de servicio.

Atracamos a la hora prevista. La ciudad, de origen francés, fundada en 1.718, cuenta con más de un millón de habitantes y es un nudo importante de comunicaciones. Fue española desde 1.763 hasta 1.803. Es una ciudad bulliciosa y alegre visitada por millones de turistas de todas las nacionalidades. La ciudad es famosa además por su carnaval, folklórico y colorista. A la hora de las despedidas, mientras vigilábamos la pasarela de salida, el duque de Saint Michelle, que había compartido nuestra mesa casi todos los días, nos recordó su invitación a la fiesta de despedida que organizaba aquella misma noche en su mansión Vieux Carré del barrio francés. De nuevo aseguramos que asistiríamos todos los oficiales libres de servicio; nos estrechó la mano a todos con una elegante inclinación de cabeza, cubrió sus cabellos ondulados con el blanco panamá y bajó a tierra.

No encontramos a la polizón. No salió por la pasarela ni apareció tampoco en un segundo registro que efectuamos con el buque ya vacío de pasajeros. Nada, como si se hubiera evaporado. De ella sólo me quedaban como recuerdo sus blancas sandalias de tafilete. Pero yo sí recordaba sus senos turgentes, macizos, de areolas y pezones sonrosados; recordaba la suave curvatura de su vientre, su pubis de pequeños rizos rubios, sus muslos nacarados, marfileños y esculturales y el sabor de su pequeño y delicioso sexo que mi boca acarició ávida antes de penetrarla lentamente, mientras ella zureaba de placer gimiendo estremecida entre mis brazos. Todo mi amor por ella se desataba ahora que la había perdido como un volcán en erupción, abrasando mi mente como un candente hierro al rojo vivo.

Tuve que sobreponerme con un esfuerzo de voluntad a mi estado de ánimo para asistir aquella noche a la fiesta que René de Le Pont Lebrique celebraba como despedida de su viaje vacacional por el Caribe en su casa de Vieux Carré. Tampoco esperaba yo encontrarme con tantos invitados, conocidos algunos por haber formado parte del pasaje y otros desconocidos, amigos orleaneses del duque de Saint Michelle. La mansión, iluminada su fachada de elegante y sobrio estilo colonial por la luz de potentes focos instalados en la tierra de los amplios jardines, me dejó impresionado por sus dimensiones. Los camareros circulaban entre los invitados con las bandejas repletas de canapés de caviar ruso, salmón noruego, paté y champán francés servido como aperitivo antes de la cena. Una gran orquesta, ubicada en un lateral del pórtico interpretaba valses de Strauss enlazándolos uno tras otro.

Flanqueando al duque, Mauricio, Leandro Bastierra, el jefe de máquinas y yo, pasamos bajo los pórticos para entrar en la mansión. Un gran vestíbulo iluminado con una lámpara gigantesca, destellando e irisando la luz con todos los colores del Arco Iris sus lágrimas de cristal de roca, daba acceso al comedor cuya mesa, dispuesta con todo lujo de detalles para veinticinco personas, estaba presidida al fondo por el gran cuadro de una mujer de tamaño casi natural.

Me llamó la atención inmediatamente quizá por el traje blanco y, desentendiéndome de mis acompañantes, me acerqué decidido hasta el cuadro que atraía mi curiosidad. Cuando lo miré se me erizaron los cabellos, me quedé sin saliva y el gran comedor giró alocadamente a mi alrededor. Tuve que sostenerme en el respaldo de una silla para no caer redondo el suelo.

Los ojos violeta con ribetes dorados me miraban intensamente desde la altura y tuve la sensación de que deseaban decirme algo. Era ella, la polizón de mi buque, la que amé durante dos horas y que amaba ahora con desesperación, con una pasión dolorosa que se clavaba en mi pecho como una daga, una pasión hasta entonces desconocida para mí. Espantado, leí el rótulo al pie del cuadro:

Laura Quiroga de Le Pont Lebrique, duquesa de Saint Michelle.

-- Era mi esposa – oí detrás de mi la voz de René – murió ahogada hace diez años, al zozobrar el buque por culpa de un huracán que...

-- Imposible – grité horrorizado

-- ¿Qué te pasa, Fredo? – me preguntó Mauricio.

-- ¡¡Nada, nada, no me pasa nada!!. Disculpadme, no me encuentro bien, tengo que irme.

Y salí corriendo despavorido de aquella casa, como alma que se lleva el diablo.
 

La Fantasia del Amante

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Hola, este nuevo relato sigue la línea de escribirles algo, donde la idea y el protagonista son mis amigos de la red, hoy es para The Lover, un amigo de país. Por sí alguno recién me lee por primera vez, les cuento que soy de Argentina, soy morocha, mido 1.70 y mis medidas son 100 – 60 – 92, las cuales mantengo con esfuerzo y dedicación en el gimnasio. Bueno hechas las presentaciones y aclaraciones del caso, vamos a la historia.

Habíamos tenido muchas sesiones de cibersexo, ambos nos excitábamos mucho, disfrutaba mucho con él y me masturbaba rico en cada sesión, él empezó a insistir mucho con conocernos, ya que vivimos en el mismo país, aunque en distintas provincias, por lo que yo siempre me negaba, ya que no suelo hacerlo, no tengo encuentros con mis amigos de la red, pero un día el me dijo que debía viajar por trabajo unos días a Buenos Aires, me negué al principio, pero luego acepté encontrarnos, pero solo para conocernos, le dije que no esperara otra cosa, él lo acepto así. A la semana siguiente llegó, arreglamos encontrarnos en un bar, nos conocíamos por fotos que nos enviamos, así que la noche siguiente llegué al bar, llevaba puesto un vestido corto y ajustado, llevaba sostén y tanguita como las que siempre uso, al entrar, muchos hombres se dieron vuelta a mirarme y lo reconocí en un mesa, al reconocerme se paró, fui hacia él y lo saludé con un beso, él no dejo de halagarme y elogiarme, por mi belleza. Tomamos algo, hablamos mas sobre nosotros, contándonos cosas de nuestras vidas, era un hombre agradable y como lo había notado en la foto, bastante atractivo, joven y atlético y muy simpático. Después de un rato y aunque no era lo previsto, me invitó a cenar, no pude negarme, fuimos a un lugar cercano, cenamos y pasamos una noche agradable, finalmente se ofreció a llevarme a casa, acepté y nos fuimos en su auto, mientras viajábamos, él me confesó que me respetaba pero que lo que mas deseaba era hacer realidad esos bellos momentos vividos en el ciberespacio, yo ya había comenzado a dudar, yo también lo deseaba, al llegar a casa, el me beso por sorpresa en la boca, intenté un momento resistirme pero luego lo recibí con pasión, ya no dudaba, deseaba estar con él esa noche, entramos a casa, la pasión nos desbordaba nos fuimos desnudando rápido, llegamos a mi cama, ambos solo en ropa interior, nos abrazábamos, nos besábamos, me puso sobre la cama y comenzó a recorrer mi cuerpo con besos y caricias, acaricio mis pechos, sintió mis pezones duros a través de mi sostén, los beso y deslizando mi sostén, dejo mis grandes pechos desnudos, los besó suavemente, su lengua lamió mis pezones duros, los atrapó en su boca, yo gemía de excitación, su boca descendía por mi vientre, sobre mi pubis hasta llegar a mi vagina, que ya estaba húmeda de excitación, la recorrió con su lengua, de arriba abajo, lamiéndola toda, pero yo deseaba chuparlo también, le pide que se diera vuelta y hagamos un 69 deseaba chupar su verga, se levantó y quito su slip, su verga dura saltó ante mí, tenia un buen tamaño, como unos 18 cm y algo gruesa, se le veía rica y caliente, se acostó y me puse sobre él, apoya mi concha húmeda sobre su boca y la refregaba por su cara, tome su verga y comencé a lamerla toda, recorriéndola completa, la chupé un poco, despacio, y cada vez mas profundo, poco a poco su verga se enterraba mas en mi boca, al tiempo que el hundía su lengua en mi concha, ambos gemíamos ahogados en el sexo del otro, trague su verga entera, metiendomela hasta la garganta, aulló de placer, sintiendo mi boca caliente devorar su verga, y chupó mas fuerte mi concha, nos chupábamos fuerte el uno al otro, brindándonos todo el placer de nuestras bocas, sentí mi cuerpo convulsionarse y estallé en un profundo orgasmo, mis jugos comenzaron a caer sobre su boca, los bebía todos, esto hizo que apretara mas su verga en mi boca y la clavara toda en mi boca, lo que provocó que su verga explotara, su leche comenzó a caer por mi garganta, inundó mi boca, la tragaba toda, estaba caliente, era rica y abundante, la fui tragando sin desperdiciar ni una gota, refregaba mi concha por su boca, entregándole todo mi orgasmo, nuestras lenguas se encargaron de dejar nuestros sexo limpios, quedando mi concha otra vez excitada y su verga dura nuevamente, The Lover me abrazó y me besó con pasión, nuestras bocas compartieron nuestros jugos, entonces me puso a cuatro patas y sentí su verga dura recorrer mi concha, acariciándola, excitándola, la mojo en mi concha y tomándome por las nalgas me penetró de un golpe, su verga se deslizó hasta el fondo de mi concha, que la recibió sin esfuerzo debido a lo lubricada que estaba, me cogía fuerte e intensamente, acariciaba mis tetas mientras me penetraba profundamente, su verga entraba y salía por completo de mi concha, me movía en círculos sobre su verga, toda clavada en mi interior, hizo mas rápidos sus movimientos, solo le pedía mas, que siguiera mas fuerte que me hiciera acabar, hasta que lo logró, acabé de manera fuerte e intensa, mis jugos mojaban su verga y corrían por sus piernas, pero no paraba de cogerme, me seguía dando fuerte y duro, su verga me penetraba muy profundo y lograba retener su acabada, debido a la gran mamada que antes le había dado, pero entonces comencé a moverme contra él, clavándome toda su verga hasta el fondo, la apretaba con mi concha, ponía presión sobre su verga, que se hinchó adentro, el me la clavó bien adentro y empezó a acabar, grandes chorros de leche invadieron mi concha, provocándome que yo también tuviera un nuevo orgasmo, su verga inundaba mi interior y mis jugos desabordaban mi concha, caímos rendidos sobre la cama, extenuados por el orgasmo, su verga seguía dentro de mí, él me besó con pasión y me dijo que era hermosa, que soñaba con esto desde que me había contactado, yo le dije que lo había disfrutado mucho, pero también creía que para la primera noche era suficiente, él lo entendió, se que pretendía mas pero no quise dejar que las cosas fueran muy lejos, al menos esa noche. Antes de irse charlamos un poco y aclaramos algunas cosas, que esto era solo una noche de pasión y que no debíamos dejar que las cosas fueran más importantes ya que nuestras vidas estaban separadas y alejadas y que disfrutáramos el momento, entonces él se atrevió a pedirme algo, su mayor fantasía conmigo, me dijo que deseaba tener una fiesta conmigo con dos amigos suyos y una amiga mía, ya que seguro no nos volveríamos a ver, acepté la propuesta, quedamos para hacerlo el día sábado en casa de un amigo de él. Arreglamos todo, él con sus amigos y yo con Ana para que me acompañara, la cual aceptó gustosa.

El sábado, Lover nos pasó a buscar por mi casa, con Ana estábamos vestidas muy sensuales las dos, ella llevaba minifalda azul muy corta y ajustada y un top blanco sin sostén, yo llevaba un vestido negro ajustado al cuerpo, muy corto y tampoco llevaba sostén, llevaba una tanga negra, tipo hilo dental, igual que Ana. Le presenté a Ana a Lover, el quedo encantado de verla y al vernos juntas casi se desmaya, subimos a su auto y nos dirigimos a casa de su amigo, la llegar nos esperaban sus dos amigos, ambos era de contextura mediana, jóvenes y se veían bastante bien, al vernos no podían creer que semejantes hembras estaban dispuestas a pasar esa noche con ellos, bueno, echas las presentaciones, tomamos algunas copas, charlamos, bailamos entre todos, eso encendió el ambiente, las manos comenzaron a recorrer los cuerpos, sobre todo el de Ana y el mío, hasta que nos fueron quitando la ropa, Ana nos hizo un rico strip-tease que nos dejo locos a todos, solo quedando con su diminuta tanga, al igual que yo que ya había perdido mi vestido durante el baile, los dos amigos se abalanzaron sobre Ana y Lover quedo solo conmigo, entonces me pidió que deseaba empezar la noche solo conmigo y que luego nos sumaramos a la fiesta, nos fuimos a una habitación, lo último que vi fue como Ana estaba tomando en sus manos las vergas de aquellos dos chicos. Llegamos a la habitación y lo desnudé, tomé su verga en mi mano y lo pajeaba mientras lamía su cabecita roja e hinchada, mi lengua recorría en círculos su verga dura, la lamía completa hasta sus huevos, también los lamí y los chupe mientras pajeaba su verga, entonces subí por su verga y la metí en mi boca, despacio y luego mas profundo, hasta tragarla entera, él gemía de placer, me miraba y veía como mi boca devoraba su verga, mis labios chocaban contra su pubis, chupaba fuerte sus verga, entraba y salía entera de mi boca, él tomo mi cabeza y acompañaba mis movimientos y comenzó a mover sus caderas, apretando mi cabeza contra su verga, cogía mi boca, clavándomela hasta mi garganta, acariciaba sus huevos y tragaba toda su verga, estaba por acabar, pero apreté sus huevos y lo detuve, lo miré y le dije que aún no, había mucha noche por delante, él entendió, le dije que se acostara boca arriba en la cama y me puse sobre él, refregaba mis tetas duras por su pecho, mi concha jugaba por la cabeza de su verga mojándola con mis jugos, la sentía muy dura y caliente, me moví mas sobre ella y muy despacio, comencé a clavármela, la fui metiendo de a poco, Lover tomó mis nalgas y acompañaba mi clavada, me la metí mas profundo, hasta sentir como mis nalgas chocaron contra sus huevos, la tenía toda clavada adentro y así lo empecé a cabalgar fuerte, metía y sacaba toda su verga, lo montaba fuerte y rápido, mis tetas saltaban con cada embestida, las tomó en sus manos y me las chupaba, yo se las ofrecía para que me las comiera todas, mientras no dejaba de subir y bajar por su verga dura, lo cabalgué fuerte hasta que acabé en un rico orgasmo, entonces saque su verga de mi concha y la pasé por mis nalgas, recorrí mi culito, mojándolo con los jugos de mi concha sobre su verga, él me miró, vi sus ojos de deseo, acomodé su verga en la entrada de mi culito y lo miré a los ojos, lo besé en la boca fuerte y moviendo mi cadera, me clavé de un golpe su verga por el culo, ahogue mi grito de dolor y placer en su boca, me separé y gemía fuerte cabalgando su verga por el culo, Lover me decía que era maravillosa que no parara de cogerlo, que me comiera toda su verga, yo le decía que su verga me encantaba, que me llenaba el culo, así no paramos de coger fuerte hasta que ambos estallamos juntos en un nuevo orgasmo, mi concha chorreaba jugos y su verga llenaba mi culito de abundante leche, abría y cerraba mi culo apretando su verga, succionándola para exprimirla toda, así hasta agotar nuestros espasmos de placer, nos besamos y le dije que fueramos a ver a nuestros amigos.

Al llegar encontramos a Ana montada por el culo sobre la verga de uno de los chicos y con la del otro en la boca, Lover se sentó a presenciar la escena y yo me uní a ellos, compartí la verga que estaba chupando con Ana, entre las dos lamiamos esa verga, la pasábamos de una boca a la otra, fue demasiado para el chico, que se derramo en la boca de Ana, que tragaba su leche con deleite, la sacó de su boca y se la chupé yo, saboreando las ultimas gotas de leche, entonces me puse sobre el que le estaba cogiendo el culo y comencé a lamer alternativamente su verga y la concha de Ana, mi lengua recorría todo desde su concha hasta el culo del chico, comencé a chupar sus huevos, Ana estallaba en un orgasmo bestial y con los huevos del chico en mi boca, sentí como descargaba su leche en el culo de mi amiga, se lo llenó tanto que desbordaba de ella, sacó su verga y la chupé toda, limpiándola, lamí el culito de mi amiga que chorreaba leche, también limpiándolo, al darme vuelta noté a Lover con su verga muy dura debido al espectáculo, me fui con él y me puso en cuatro contra el sillón, lamió mi concha y mi culito un rato, luego me penetró por la concha, cogiendome fuerte, sentía su verga profundo en mi concha, su amigo vino y acercó su verga a mi boca, la chupé y se le puso muy dura, las embestidas de Lover me hacían tragar la verga de su amigo hasta el fondo, luego cambiaron y su amigo comenzó a cogerme, Lover se fue con Ana y su otro amigo, pude ver como les mamaba la verga a los dos, mientras a mí me cogian fuerte y rápido, entonces cambíe y me monte sentada sobre la verga, clavándomela toda por la concha, estaba muy excitada y no note nada hasta sentir otra verga cerca de mi culo, era Lover, me acomodé un poco sobre su amigo y su verga se fue deslizando en mi ano, hasta que sus huevos chocaron contra mis nalgas, los dos tomaron ritmo y comenzaron a cogerme fuerte, sentía mis agujeros llenos de verga, mi concha chorreaba a mares mis jugos, me penetraban fuerte y duro, le pedía mas y mas hasta que acabé dando gritos de placer, mi orgasmo era intenso y duradero, el otro amigo le pidió a Lover que lo dejara cogerme por el culo, cambiaron y sentí otra verga invadir mi ano, me seguían cogiendo fuerte y rápido, aun no terminaba mi orgasmo anterior y ya sentía otro, mi concha y culo apretaba las vergas que los llenaban, acabe otra vez tan intensamente como antes pero ahora los machos se derramaron en mí, mis agujeros se llenaron de leche caliente, pude ver como Ana era cogida por el culo por Lover y también estaba teniendo un orgasmo, lo vi a él sacar su verga y regar su leche por la espalda de Ana, sobre sus nalgas, Ana lo desparramaba con sus manos y chupaba su leche, yo me había levantado y chupaba las vergas de los machos, limpiándolas, Lover se sumó a sus amigos y yo lamía las tres vergas, las pajeaba, las chupaba, limpiándolas, no tardaron en estar duras de nuevo, faltaba que un amigo probara mi culo, así que no se hizo esperar y me monté sobre el metiendola en mi culo, su otro amigo, volvió a coger con Ana y Lover me daba su verga para comérmela, luego de un rato, Lover se dirigió hacia mi culo, acariciaba mis nalgas, las golpeaba con su verga dura, mientras su amigo tenía toda su verga dentro de mi culo, luego sentí como él empujaba contra la verga de su amigo, intentando meterla también en mi culo, su amigo se quedo quieto, yo me agache un poco abriendo mis nalgas, empujó mas fuerte y mi culo se dilató dando pasó a esa otra verga para llenarlo, me dolía un poco pero le pedía que siguiera, lo hizo despacio, pero no paró hasta tenerla toda adentro, tenía el culo lleno con dos vergas, y así empezaron a cogerme, primero despacio y luego mas fuerte, hasta que lo hacian muy fuerte y duro, solo les pedía mas, que no pararan, que me hicieran sentir sus vergas ricas y duras, me daban gusto y me complacían, me cogian muy fuerte, comencé a acabar como loca, tuve tres orgasmos seguidos con esas vergas clavadas en mi culo, casi me desmayaba del placer, con mi último orgasmo, las dos vergas comenzaron a lanzar leche en mi culo, me lo inundaron por completo, sentía como mi culo se desbordaba en leche abundante de esas dos vergas que me llenaban toda, caí rendida sobre el sillón, pude ver como Ana recibía sobre su cara la acabada del otro chico, que lanzaba grandes chorros de leche sobre Ana, que tragaba todo lo que recibía sobre su boca, y su cara chorreaba de semen caliente.

Todos estabamos extenuados, había sido una noche salvaje y placentera que todos habiamos disfrutado mucho. Lover nos llevó a Ana y a mí hasta mi casa, él debía irse al día siguiente, quedamos en tomar un café de despedida, lo hicimos y al llevarme a casa, lo despedí realmente con una mamada en su auto, chupe su verga hasta que dejara en mi boca toda su leche caliente, y así nos despedimos, tal vez para siempre, o tal vez no, pero sabiendo lo placentero que fue estar juntos y compartir momentos tan excitantes.




PD : dedicado a mi amigo The Lover, el protagonista de esta historia, con mucho cariño y haciendo realidad sus fantasías. Le envió un beso enorme.


E-mail: angela_lobo@hotmail.com

Angela Lobo

La Alumna

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Nunca había tenido tantas ganas de una alumna como de Perlita. Es alta, de larga y negra cabellera, esbelta pero con redondeces de diosa y la suave piel de sus 19 años. Sus grandes ojos castaños, sombreados por finas y tupidas cejas, seguían mis evoluciones en la tarima, mis explicaciones sobre la traza urbana de Teotihuacán o los sistemas de riego de Tula Xicocotitla como si fuese el mismísimo Quetzalcóatl el que hablara por mi boca. Además, sus ensayos destacaban entre las torpezas del resto y sus preguntas en clase me permitían aterrizar cada vez que, insensiblemente, empezaba a hablar en nahuatl clásico.

Cada vez que Perla hablaba, mirándome a los ojos, mi superioridad profesoral se tambaleaba y sentía que me faltaban el aire y las palabras. Sus preguntas bien planteadas, su armónica voz, su bien articulada dicción me fascinaban y empecé a fantasear cosas que me habrían conducido, si no al ministerio público (al juzgado de guardia), sí al Tribunal Universitario.

Afortunadamente mi clase era de siete a nueve de la madrugada y Perla llegaba enfundada en jeans, botines y gruesos jerseys de lana o chaquetas de cuero, aunque a veces, hacia el final de la clase, solía quitarse el sweter mostrando sus generosos pechos oprimidos por las ceñidas blusas de color oscuro que solía usar.

A mediados del segundo semestre (imparto un curso anual) nos fuimos de viaje de prácticas a Monte Albán y fue entonces cosa de verla con las desnudas y doradas piernas al sol, siempre cerca de mi, mientras yo explicaba las excavaciones de Alfonso Caso y Marcus Winter. La noche del primer día, ya en Oaxaca, tuve que salir en busca de una puta, una morena voluptuosa a la que me follé vigorosamente, pensando en Perla. Me corrí en su coño y en su culo (es decir, en el condón), pensando que era el ansiado cuerpo de Perla. Salió caro, debo decirlo. Y más caro regresar con ella la noche siguiente, tras ver a Perla caminar en unos chorts mínimos, meneando discretamente sus gloriosas caderas; tras ver sus grandes pechos claramente perceptibles bajo la ceñida blusa. Estoy seguro que si uyo pagué a una puta, mis alumnos tuvieron que pajearse.

Por aquel entonces estaba metido en una investigación sobre ciertas peculiaridades de la cultura Paquimé. Tan pronto entregara calificaciones me lanzaría al extremo norte del país. Durante el curso, Perlita, la bella Perla, había mostrado interés por las culturas del norte y, en particular, por mis temas de Paquimé, así que... la invitaría, sí..

Terminó el semestre y entregué calificaciones. Pedí que se quedaran cinco o seis chavos del grupo al final y los fui despachando uno a uno tras decirles cualquier cosa sobre sus ensayos finales, hasta que sólo quedó Perla, a la que le dije que iba a irme dos semanas al norte de Chihuahua a estudiar aquellos temas y que, dado su interés y capacidad, la invitaba a trabajar allá, considerando que, pues me iría en carro, no tendría que pagar el transporte.

Sonrió iluminando el salón y quedó de confirmarme al día siguiente, pues saldríamos dos días después. Yo tenía todo listo y sólo restaba despedirme de la ciudad y esperar su llamada, que llegó finalmente:

-Sí voy –me dijo.

-Entonces hay que vernos hoy, para que te explique el viaje y el equipo que debes llevar.

En realidad iba a explicarle otras cosas, por supuesto. Dos horas después toqué el timbre de su casa, en la Condesa. Una gruesa trenza que recogía su cabello colgaba por uno de sus hombros desnudos, pues vestía apenas una camiseta de tirantes (¡sin bra!, sus pechos, abundantes y firmes, eran más sensules, parecían más sensuales que si me hubiese abierto la puerta sin nada puesto), color azul cielo, de esas que me vuelven loco pues dejan los hombros, el cuello y los brazos a la vista, y una vaporosa falda blanca que se sostenía sobre sus caderas, dejando descubierto su bellísimo ombligo y su breve cintura. Estaba descalza y sus pequeños pies y sus elegantes pantorrilas exigían ya el contacto de mis manos.

Tan pronto cerró la puerta tras de mi, luego de saludarme con un beso en la mejilla, le dije:

-Perla querida: como ya no eres mi alumna, puedo decirte algo que antes no podía... aunque creo que ya lo sabes. Me encantas, me tienes loco y quiero...

Me interrumpió con un beso. Me dio un largo beso que despertó mis instintos y mi verga, que se puso firme y se lo hizo saber. Mis manos buscaron su cintura, bajo la breve blusa, acariciando la dulzura de su piel y ella desfajó mi camisa para arañar mi espalda.

Recargado en la puerta de su casa sentía su cálido cuerpo junto al mío. Mi boca, abierta, se separó de la suya y recorrió, acariciando apenas con los labios, su brazo y su hombro, su cuello y su mejilla. Ella empezó a suspirar, mientras mi boca seguía trabajando, mientras mis manos, por debajo de su falda, descubrían la dureza de sus muslos, la delicada firmeza de sus nalgas, solo a medias cubiertas por una mínima braguita.

Cuando mi mano pasó debajo del calzón sintiendo la cálida frontera entre sus nalgas, sus suspiros se transformaron en gemidos. Me faltaban manos, me faltaba boca para explorar su cuerpo, cuando de pronto ella dijo, entre suspiros:

-No podemos hoy, profe...

El "hoy" me hizo pensar que el "no podemos" no era grave: quizá estaba menstruando o algo, que es algo que no me preocupa en lo más mínimo; quizá, también sus padres estaban al caer, y tendría que aguantarme un día más. Sin dejar de acariciarla le pregunté:

-¿Por qué?

-Porque sabiendo que me iría contigo a Chihuahua, ayer fui a que me pusieran el DIU, y me dijo la doctora que me abstuviera un par de días...

Aquello me prendió aún más, en lugar de apagarme, y empecé a mordisquearle el cuello, acariciando el ojete del culo, buscando sus pechos con la otra mano. Ella me jaló al sofá que estaba al lado y seguimos acariciándonos, tocándonos, desvistiéndonos poco a poco. Su cuerpo desnudo era la imagen de la perfección femenina, de la promesa cumplida, los cortos y negros vellos que cubrían su monte de venus, sus bien depiladas piernas, sus pechos de buen tamaño e impecable consistencia estaban ante mi, al alcance de mis ojos, de mis manos, de mis labios.

Las caricias y los besos iban y venían, nuestros sudores y nuestras salivas se mezclaban, su sexo despedía jugos y aromas y yo estaba mareándome, con la verga a punto de estallar. Entonces ella me dijo:

-Mastúrbate.

Se sentó junto a mi, sin dejar de acariciarme mientras yo jugaba con mi verga, subiendo y bajando la mano, acariciando el glande con la uña, la estirada piel donde alguna vez hubo un prepucio, las saltadas venas, era demasiado y gemí:

-Ayúdame.

La bellísima chica hizo lo que yo esperaba, lo que ansiaba: se metió mi palpitante trozo a la boca, mamándolo con ansia, con gusto, para mi satisfacción total, hasta que mis grititos le avisaron que se hiciera a un lado.

Si ya le agradecía el inmenso detalle del DIU, si me pareció fabuloso que me la mamara, añadió un tercer detalle que terminó de conquistarme: cuando mi leche cayó en su cuello y sus senos, no corrió a limpiarse. Seguimos besándonos, mezclando ese nuevo fluido con los anteriores, hasta que mi verga recuperó la posición de combate. Me llevó entonces a su recámara, se acostó en la cama con su sexo justo en la orilla y las bellas piernas fuera, abiertas, y me llamó con una mirada. Decidí entonces que ella también merecía recibir algo de mi, y me bajé al mar.

Su clítoris, hinchado, bañado con sus propios jugos, de fuerte y delicioso olor, fue presa de mis labios y mis dientes, de mi lengua y mis dedos. Vi con enorme placer cómo se retorcía de gusto bajo la acción de mi boca, como su sexo se adelantaba buscando más, como sus gemidos daban paso a los gritos y a tres orgasmos sucesivos, uno tras otro.

Por fin se recorrió haciéndose un ovillo en la cama. Mi verga seguiá en pie de guerra y me acosté detrás de ella, acomodando mi erguido miembro entre sus nalgas, abrazándola con una mano y posesionándome de su pecho con la otra. Las caricias y los besitos en sus omoplatos y su cuello la fueron prendiendo otra vez. Movía sus caderas de tal modo que me daba un sabroso masaje en la enhiesta verga. Yo veía todo rojo, ya no pensaba, cuando su mano, en esa posición, agarró mi verga.

La posición en que estábamos, la recomendación de su ginecóloga, la naturalidad y cachondez que estaba mostrándome, me hicieron pensar que, quizá, mi miembro penetraría por estrecha vía, pero no: su bien lubricado coño, apretadito así, con las piernas casi cerradas, recibió por primera vez, de muchas, la visita de mi verga.

Entré despacio, feliz, sintiéndola palmo a palmo, saboreando con cada parte de mi verga el masaje de su apretada cueva, los gráciles movimientos de su cadera, la sensación de vida, la pequeña muerte que precede al orgasmo.

Luego, nos fundimos en un largo abrazo, en otro largo beso en que nuestras bocas compartieron el sabor de nuestros sexos. Nos juramos eterna fidelidad sabiendo que, como dice Sabina, hay amores eternos que duran lo que... un viaje a Chihuahua.

Supe también que acababa de dejar de ser mi alumna: ahora a mi, aunque doce años mayor que ella, me tocaba aprender.

Mompracem

Fantasias Matrimoniales

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Durante nuestras relaciones sexuales en los últimos años de matrimonio, ambos fantaseábamos, con situaciones donde algún hombre o mujer compartía nuestros juegos y los incorporábamos en el momento preciso. Ella solía ponerse lencería erótica, portaligas, medias y corpiños transparentes, pero el momento álgido ocurría cuando mágicamente nombraba e invitaba a un tercero para compartir la cama.

Recuerdo, que era una constante que yo le pidiese que invitara a alguien que desease, y ella reticente al principio finalmente accedió cuando yo le confesé mi fantasía con una amiga suya, que me ratoneaba desde hacía tiempo. Era fantástico, empleaba todas mis caricias para excitarla y ella me respondía de la misma manera con un mete y saca prolongado, hasta que invocando el nombre mágico de Antonio su primer amante, comenzaba a gemir y a abrir casi con desesperación, con sus dos manos las nalgas como ofreciendo su orificio anal para una doble penetración, y mientras nos nombraba a los dos, gozaba de un orgasmo ruidoso y prolongado. De más esta decir, que yo me ponía a mil y acelerando mis movimientos derramaba mi esperma a raudales dentro de su concha húmeda y generosa, terminando sudorosos y felices.

Impensadamente, en un momento de excitación y lujuria, llamó a su amiga Liliana para incorporarla al juego, musitando su nombre y pidiéndome que la cogiese sin remordimiento para darme el gusto y satisfacer mi fantasía. En ese momento comprendí que la excitaba la posibilidad de una orgía y en su imaginación cabía la experiencia si se daba la oportunidad.

A partir de allí, cada vez que teníamos relaciones gozábamos de una orgía imaginaria invirtiendo los roles e intercambiando las parejas para hacer más placentero el sexo. Yo siempre tuve en mente la posibilidad de hacer realidad nuestras fantasías, hasta que sin pensarlo una mañana, leyendo el diario me detuve en el rubro de servicios donde se publicaba “matrimonio ofrece atención a parejas, absoluta discreción y buen nivel”. Me contacte telefónicamente para averiguar los pormenores. La mujer que me atendió me pareció discreta y encantadora en el trato. Le expliqué nuestras fantasías y me aconsejó que la pusiese en una conversación tripartita por teléfono y que si a Marta le parecía bien escuchase y solo interviniese si le parecía adecuado.

No estaba convencido y no sabía si Marta iba a aceptar, pero debía intentarlo. Sabía de sus fantasías, pero no creía que se animase a concretarlo. Luego de insistir en varias oportunidades se avino a participar de las escuchas, como si fuese una travesura. Instalados en casa, marqué el número telefónico.

“Aló”, “Ingrid al habla”, me respondieron desde la otra línea.

“Hablaba por el aviso del diario”

“Cual es tu nombre?.

“Hugo. Quisiera que me explicases en que consiste la atención?”.

La miré a Marta quien con una mirada cómplice y divertida me hizo señas para que continuase.

“Somos un matrimonio joven de profesionales que disfrutamos del sexo sin tabúes”. “Tengo 30 años, cuatro menos que mi esposo, mido un metro sesenta y siete y tengo ojos claros y peso cincuenta y cinco kilos y un cuerpo armonioso”. “mi marido es trigueño, de un metro ochenta, muy buen cuerpo, fogoso y de un miembro viril enorme y grueso de casi veintitrés centímetros.”, y luego agregó “Tienen alguna experiencia previa, observando o participando en una reunión con otra u otras parejas?”.

Me apresuré a contestar negativamente, e Ingrid me tranquilizó, cuando me explicó que podíamos observarlos a ellos haciendo el amor y si lo decidíamos podríamos incorporarnos sin ningún problema.

La miré a Marta que encendida, se acariciaba la entrepierna y cerraba sus ojos. En ese momento me decidí y le dije a Ingrid que mi esposa la estaba escuchando, que podía hablarle y evacuar sus miedos. “Estabas escuchando Marta?”, le preguntó Ingrid ” Te aseguro, que vas a gozar de una experiencia diferente y no te vas a arrepentir”.

Se produjo un silencio prolongado hasta que por fin, Marta se decidió.”No me atrevo”, “siento vergüenza, pues jamás supuse participar de una “reunión” con otro matrimonio”.

Ingrid la interrumpió y le contó la conversación previa conmigo donde yo le había revelado las fantasías de ambos y la manera de gozar al imaginarnos una orgía con otra pareja, por lo que nos sugería hacerla realidad si nos poníamos de acuerdo y había feeling entre los cuatro.

Marta pareció tranquilizarse, e Ingrid sin esperar una respuesta afirmativa nos citó para el sábado siguiente. “Los espero a las 17 horas en nuestro departamento, Félix Lora 39 a pasos de Primera Junta, llaman por el portero eléctrico y yo les bajo a franquear la entrada”.”Si se arrepienten no dejen de llamarnos”.

“Estaremos puntuales”, dijimos al unísono con Marta, lo que despertó una risa cómplice de parte de Ingrid. Nos despedimos y nos comprometimos a no fallar.

Al colgar el teléfono, la conversación me había excitado. Me levanté y abracé a Marta, quién me respondió como nunca. Nos besamos. La desnudé y la llevé en mis brazos hasta la cama donde entre caricias y suspiros, abrió sus piernas y luego de sorber los jugos de la vagina y lamer su clítoris, la cogí en un mete y saca frenético nombrando a Ingrid como si fuese Ella, y Marta invocando el nombre de Mario el marido aún desconocido de Ingrid, terminando ambos en un ruidoso orgasmo.

No volvimos a tocar el tema de la cita, hasta el día previo cuando le confirmé a Mario que me atendió, nuestra presencia como habíamos quedado.

Marta, había concurrido en la semana a la depiladora (cavado total, especial, según constaba en el recibo), algo que no hacía años. Por lo visto se preparaba para una experiencia diferente y no quería defraudar a nadie. Era como si no nos atreviésemos a referirnos a la cita que nos esperaba, pero a la vez deseábamos que llegase el momento.

Por fin llegó el día, nos bañamos y nos vestimos con la mejor ropa de verano, nos perfumamos y partimos hacia lo desconocido. Mientras viajábamos me confesó que no sabía si sería capaz de participar, pues nunca había tenido relaciones con alguien desde que me había conocido y todo lo que sucedía en nuestros encuentros era pura fantasía. Yo para comprometerla le dije que debíamos cumplir con nuestra palabra y si no se sentía cómoda o no le gustaba la pareja, nos volvíamos pues ese era el pacto.

Dejamos el auto en la cochera a media cuadra del departamento, y del brazo llegamos al mismo. Al llamar por el portero eléctrico la inconfundible voz de Ingrid, nos dio la bienvenida y nos pidió que la esperásemos, que enseguida bajaba.

La mujer que apareció en la puerta, supero mis expectativas. Era tal cual me había descripto por teléfono, pero de una mirada profunda y sensual que me atrajeron de inmediato. Marta me apretó el brazo y la seguimos sin dudarlo.

Al llegar al último piso nos franqueó la entrada al departamento Mario. Era alto y de contextura atlética. Músculos marcados que resaltaban a través de su remera, y un short ceñido que denotaba el bulto de la entrepierna. La miré a Marta que ruborizada miraba de soslayo lo mismo que yo.

Nos presentamos con un tímido beso y mientras Ingrid traía un güisqui para romper el hielo nos sentamos en un amplio diván. Una mesa ratona nos separaba de otro sillón de tres cuerpos donde se sentaron Ingrid y Mario. Me parecieron encantadores y con una conversación inteligente derivaron al tema sexual. Las experiencias en la exploración de la sensibilidad y la sensualidad femenina y masculina y los placeres y el goce durante las relaciones sexuales hicieron que entrásemos en clima.

Con toda delicadeza al saber de que era la primera vez que estábamos en una “reunión” con otro matrimonio Mario nos invitó a bailar u observar como lo hacían ellos.

Colocaron música romántica e Ingrid se despojó del vestido quedando solo con las medias y los zapatos de tacos altos. Mario sin remera la atrajo hacia sí y apretando sus cuerpos comenzaron a danzar.

Marta y yo sentados en el diván mirábamos atentamente la escena y a medida que se intensificaban las caricias entre ellos, mi miembro se endurecía y palpitaba. Comencé a acariciar los senos de Marta y a besar el lóbulo de su oreja que sabía, tanto la excitaban, pero su mirada no se apartaba de la pelvis de la pareja que con movimientos voluptuosos refregaban sus sexos. El tamaño de la verga de Mario, al momento de separarse me sorprendió y más cuando se sentó en el sillón e Ingrid lo despojó del slip. Ella se arrodilló y comenzó con una mamada sensacional. Los teníamos enfrente y Mario la penetró por la concha al montarse Ingrid a horcajadas. Pude admirar el hermoso culo duro y parado que poseía. El movimiento de vaivén del miembro entrando y saliendo arrastraba los jugos pringosos que denotaban el placer que les causaba la cogida.

La visión me había excitado sobremanera y al buscar la boca de Marta encontré un beso profundo y una lengua húmeda pidiendo una pronta respuesta para satisfacer su calentura.

Al vernos encendidos, Ingrid nos invitó a pasar al baño donde podríamos despojarnos de la ropa para prepararnos y estar mucho más cómodos. La tomé a Marta de la mano y allá fuimos. Estaba arrebolada y cuando la miré desnuda frente al espejo no pude menos que desearla y elogiarla por su belleza. Le pedí que no se despojase de sus zapatos. Aprecié la depilación artística de su sexo, que se ofrecía lampiño y generoso. Le expresé que no teníamos la obligación de hacerlos participar en nuestros juegos, pero Ella me respondió que estaba dispuesta a cumplir nuestras fantasías. Con una sonrisa me preguntó si no había reparado en el culo de Ingrid que prometía un festín de sexo y placer. Por mi parte haciéndome el desentendido le recordé la enorme pija que iba a recibir si se prestaba al intercambio de parejas y si estaba decidida a soportar dos al mismo tiempo.

Aparecimos en la sala y ya ellos estaban degustando otro güisqui.”Muy bien se ven fantásticos” nos recibieron en conjunto, “Se animan, a tener relaciones delante nuestro”, “A nosotros nos encanta ver”, “Somos voyeurs”.

Sin responder me saqué el kimono que me cubría, mientras Marta lo dejó caer a sus pies. La besé y comencé a bajar desde el cuello hasta los senos mordisqueando los pezones duros y puntiagudos por la calentura que la consumía. Luego me recosté en el diván y repetí la posición de Mario e Ingrid. Le introduje la verga hasta la raíz. Marta se reclinó sobre mi pecho y yo con mis dos manos entreabrí sus nalgas dejando expuesto el orificio anal ante sus ojos. “Es magnífico y parece virgen”escuché el comentario entre ellos. “Es tu turno Ingrid”, agregó Mario. Ella se aproximó y arrodillada comenzó a lubricar con su lengua y la saliva el oscuro y pequeño orificio anal.

Yo seguía entrando y saliendo de la vagina que derramaba sus jugos por el periné y llegaba a lubricar el ano. Ingrid con sus manos acariciaba mis testículos e impregnaba con sabiduría el orificio. Marta llegó al momento en que casi con desesperación, musitó a mi oído el nombre de Mario y yo considerando que era el momento lo llamé en voz alta.

Miré de reojo y lo observé aproximándose con su enorme instrumento rígido y palpitante y me asusté. Marta pensé no lo soportaría pero no lo detuve, deseaba que la iniciase y le abriese el culo y la hiciese gritar de dolor y de placer. Después me desquitaría con Ingrid.

La sostuve firmemente por las nalgas y Mario se situó por detrás apoyó el glande sobre el orificio que lubricado se hacía más complaciente. Preguntó si estaba preparada, mientras jugaba en la entrada, esperando una respuesta que demoró solo un instante. “Ahora Mario, ya estoy lista, no aguanto más”. “Deseo sentir tu pija dentro mío”. Mario le atravesó el esfínter, y un alarido contenido, mientras me besaba y mordía mis labios me demostró que le había desvirgado el ano y cumplido parte de sus fantasías. Nos movimos al unísono entrando y saliendo mientras Marta gemía ante cada embestida, hasta que finalmente nos corrimos sudorosos entre expresiones de placer y pasión. Al manifestar tanto dolor, me atreví a observar el orificio anal de Marta, apenas Mario retiró su miembro y comprobé el diámetro de los bordes del ano dilatado e irritado que justificaban la desfloración por semejante instrumento.

Marta se levantó algo mareada con sus piernas temblorosas, se apoyó en mi brazo para que la acompañase al baño y recomponerse un poco.

Cuando salí, Ingrid me esperaba. Se acercó y luego de una fellatio sensacional logró ponerme nuevamente en trance. Mi miembro se endureció e Ingrid se puso sobre la alfombra en posición de perra abierta de piernas. Justo en ese momento reapareció Marta que me alentó a cogerla como lo habían hecho con ella. No lo dudé ni un instante y la penetré por el culo. Me afirmé tomándola por los senos y remedando una cópula animal la penetré una y otra vez. Ingrid comenzó a gemir y Mario que se masturbaba acercó su miembro a su boca. Ella lo introdujo en la misma degustándolo como un manjar. Ahora era Marta la que, observando la escena se masturbaba y hacía fluir sus jugos entre gemidos de placer y promesas de reiterar la velada que la habían iniciado en un mundo maravilloso de lujuria y sensualidad.

Nos bañamos y luego de cenar frugalmente nos prometimos volvernos a encontrar. Ingrid con una sonrisa enigmática le sugirió a Marta explorar entre ambas una relación homosexual que quedó flotando en el aire y sin respuesta.

Se dará?.

Fantasias Sexuales de Naty

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Sintió que la verga la penetraba bruscamente desde atrás mientras ella, con la falda levantada hasta la cintura y su bikini botado en algún rincón de la oficina, se apoyaba en su escritorio aguantando las embestidas con las que él buscaba satisfacerse rápidamente, antes de que fueran sorprendidos.

"Párteme cabrón, hazme tiras"

"¿Te gusta sentir mi pedazo dentro tuyo, puta?"

"Sí, me encanta que me metas toda tu herramienta, mijito. Dale, dale"

Aferrada a su escritorio, con el culo al aire, movía con desesperación sus muslos, intentando que toda la carne del hombre la inundara, sin que quedara nada fuera.

"¿Y si bajamos la cotización en un 5%, estaría bien?"

La voz del hombre, profunda pero sin ningún matiz, la trajo de vuelta a la realidad. Un leve movimiento en sus ojos fue el signo visible de que volvía de otro de sus viajes a regiones fantásticas donde sus sueños eróticos se hacían realidad. Eran viajes de algunos segundos, como el de ahora, en que el hombre que tenía al frente la había poseído brutalmente, en el mismo escritorio que ambos ocupaban ahora, sin que se enterara de los pensamientos de la hermosa secretaria que lo atendía.

"Voy a decir al señor Jiménez y le llamaré para decirle de su decisión. Le parece?"

"Gracias. Quedo a la espera de su llamada, señorita Naty"

La puerta se cerró y tras ese hombre se fue el sueño erótico que ella se había forjado desde que le viera entrar y que había podido satisfacer en parte.

Nuevamente sus sueños eróticos.

Fantasías que forjaba casi sin proponérselo. Bastaba, como ahora, que un hombre le atrajera para que su erotismo se desbordara en imágenes increíbles, en que soltaba todo su erotismo reprimido.

Esas fantasías le acompañaban como una segunda piel, llevándola a límites impensados de erotismo en que participan personas que ni en sueños imaginan que ella, una mujer de 50 años cumplidos, tranquila, quitada de bulla, algo tímida en sus relaciones con los hombres y muy conservadora para el gusto de las otras mujeres, suelta literalmente sus trabas para dar paso a su "Mistress Hyde", a la manera del personaje de la novela "Dr. Jekyll y Mr. Hyde", con todo su bagaje de lujuria, que sólo piensa en satisfacer con el hombre que tenga más a mano, no importando quien sea.

Pero como con el personaje de R. L. Stevenson, la Sra. Hyde se desvanecía con la realidad cotidiana y era reemplazada por Naty, la tranquila mujer que dividía su tiempo entre su trabajo de secretaria en una empresa constructora y la vida familiar.

Una vida familiar tranquila, sin novedades, que la tenía harta. Si, harta de los días monótonos en que nunca sucedía nada especial, donde la rutina se había apoderado de su vida como si fuera una secuencia que se repetía hasta el infinito: el aseo, la cocina, las tediosas sesiones frente al televisor y unas noches de sexo ocasional con su esposo, carentes del encanto de los primeros años.

Creía merecer algo más de la vida antes de que la vida la abandonara.

Sentía que los años pasaban aprisa y que más temprano que tarde se vería a la vera del camino mirando el desfile de oportunidades que pudieron ser y que dejara pasar por no atreverse a realizar sus sueños.

Pero, si bien su cuerpo reclamaba sensaciones fuertes, especialmente en el terreno sexual, no veía posibilidad alguna de concretarlas por su formación moral, por el qué dirán y porque ella misma no se veía faltando a sus obligaciones de esposa y madre para dar alimento a las habladurías.

No, no podía hacer realidad sus fantasías por mucho que lo deseara, aunque viera como el plazo se acortaba y que la vitalidad que aún vibraba en ella en algunos años más se apagaría, sumiéndola en la desilusión y la frustración.

Sus últimas energías querían liberarse pero ella nunca le daría posibilidades de realizarse. Las barreras auto impuestas eran mas fuertes que el deseo físico.

Su único refugio era la fantasía. Sus sueños eróticos. Esos sueños eróticos en que se sumía cada vez con más frecuencia y más libremente, como ahora, con ese hombre que le llevara una cotización que ella convirtió en sexo duro, apoyada en su escritorio.

Todo empezó con su cuñado, Miguel, cuando se reunían con ocasión de algún acontecimiento familiar.

El la miraba con cierta malicia, de lo que ella nunca se dio por enterada. Pero en su interior la otra Naty, la Sra. Hyde, captó sus miradas e intenciones y empezó a fantasear con el deseo que adivinaba tras ellas. Hasta que un día se sorprendió imaginando situaciones en que ambos se entregaban a juegos prohibidos.

Fue durante una cena de año nuevo en casa de su hermana Paquita, la esposa de Miguel. Quedaron sentados frente a frente y al promediar los brindis las miradas de su cuñado le resultaban más evidentes, lo que la hizo optar por ignorarlo y prestar su atención a un sobrino que estaba sentado a su lado. Pero mientras el muchacho le narraba una broma que había hecho en la playa con unos amigos, ella le miraba sin verlo y su sonrisa en los labios se convirtió en mueca, mientras su imaginación le llevaba a concebir su primera fantasía erótica, esta vez con Miguel.

Sintió que su cuñado se metía bajo la mesa y se ubicaba entre sus piernas, las que abría con suavidad. Le subía el vestido hasta dejar al aire su bikini, el que tomó entre sus manos y bajó para guardarlo en su bolsillo. El conversaba con su esposa, sin percatarse de lo que la mente de Naty le estaba obligando a hacer bajo la mesa.

Abrió voluntariamente sus piernas, dejando su sexo expuesto a la exploración de su cuñado, que se puso entre sus muslos y metió su lengua en su cueva de amor, introduciéndola hasta encontrar su clítoris, sensación tan vívida que llegó a sobresaltarse del gusto.

Una mirada interrogadora de su marido la volvió a la realidad y continuó conversando con su sobrino, mientras sentía que el calzón bajo la panty se llenaba de sus jugos vaginales, producto del gusto que le había proporcionado la lengua imaginada de su cuñado.

De vuelta a la casa, se refugió en el baño y se masturbó con furia, pensando en su cuñado y en esa lengua que imaginaba tan inquieta.

Ya repuesta, pensó en la experiencia que había vivido durante la cena y en lo que había producido en ella. Sintió que podía gozar con sus fantasías pero bajo ciertas limitaciones. La mirada de su esposo debido a su sobresalto cuando imaginó la lengua de su cuñado en su clítoris le había demostrado que ella reaccionaba vívidamente a las imágenes y situaciones que sus fantasías le habían vivir. En consecuencia, si deseaba tener más fantasías, las que evidentemente serían más eróticas en el futuro, debía procurarse mejores oportunidades, que le dieran seguridad en caso de que su reacción fuera incontrolable.

Lo que no sabía en ese momento era que sus fantasías eran incontrolables. No estaban sujetas a sus deseos de tomar precauciones, como lo vería muy pronto.

Estaban en el patio de la casa, disfrutando de una tarde asoleada bajo la sombra de los árboles. Ella se había acostado en una hamaca y observaba el grupo de varones que conversaba animadamente alrededor de una mesa con bebidas mientras jugaban una partida de dominó.

Se fijó en el hijo de Miguel, Francisco, un joven de 23 años, bien parecido y que parecía ir ganando la partida.

Fue fijarse en el muchacho y desear tener una fantasía con el para que todo se desbordara en ella.

Se sintió trasportada a su casa, limpiando los muebles, mientras Francisco estaba sentado leyendo el diario, sin apartar la vista de sus piernas que se movían por toda la estancia.

Ella se movía por el lugar vestida con una falda corta y una blusa que mostraba buena parte de su generosa anatomía, limpiando aquí y allá, conciente del efecto que producía en su sobrino la voluptuosidad de sus nalgas y senos generosos.

De pronto se agachó para limpiar una gaveta inferior y ahí quedó un rato, moviendo platos y tazas de un lado a otro, regalándole a su sobrino el espectáculo de sus bien proporcionados muslos. Se agachó de lado y dejó a su vista gran parte de sus piernas, en tanto la blusa le descubría casi todo un seno.

Empezó a limpiar algunos platos, que fue poniendo en el suelo, lo que permitía que al moverse su sobrino pudiera ver entre sus piernas el negro de su calzón.

Sabía del efecto que producían sus movimientos y gozaba con ello.

"¿Puedo ayudarte, tía?"

Dijo Francisco y se situó frente a ella, en actitud de limpiar platos pero con la única finalidad de ver más de cerca sus piernas y lo que había al fondo de las mismas.

Le miró directamente a los ojos y con una sonrisa de complicidad que bailaba en sus labios respondió:

"Encantada"

Mientras habría sus piernas para que él pudiera contemplar a placer lo que ella tenía para regalarle.

El entendió el mensaje y a partir de ese momento ambos sabían que sucedería lo que tenía que suceder.

Hizo ademán de tomar un plato y su mano rozó el muslo de Naty, a lo que ella respondió cerrando sus piernas y dejando aprisionada la mano de su sobrino entre ellas.

El la miró largamente, mientras su mano subía por sus muslos hasta llegar a su calzón, donde se posó abarcando con la palma todo el paquete que formaba la mata de pelo y la vulva de su tía.

Abrió nuevamente las piernas y él sintió que la fortaleza se le había rendido, por lo que sin decir palabra se levantó y abriendo su pantalón sacó su herramienta, la que quedó expuesta a la altura de la boca de Nayi, que se apoderó inmediatamente del pedazo de carne, que desapareció prontamente en su boca.

Las piernas de Francisco flaquearon cuando le llegó el orgasmo, inundando la boca de su tía con sus jugos, que Naty disfrutó sorbiéndolos sin desperdiciar ni una gota.

Y sin darle tiempo a descansar, la tía se tendió en el suelo, sacó su calzón y abriendo sus piernas a su sobrino le ofreció el secreto de sus sexo para que él la penetrara a placer. Y el no se hizo esperar, metiéndole la verga bruscamente, sin preámbulos, la que entró sin dificultades debido a lo lubricado del túnel de Naty.

Ella se aferró de los muslos de Francisco y empezó a moverlo de manera que su herramienta la penetrara completamente.

"Gózame, cabrón, gózame"

"riiiiiicooooo, tiiitaaa"

"¿Te gusta follar a tu tía, degenerado?"

"Siiiiiiiiiiii"

"Méteme tu herramienta toda, mijito"

"Toma, toma, tiita"

"Follame mijito, folla a tu tiita"

"Riiiicoo, tiita rica"

"Cabrón, más, méteme más, que es tu tía a la que follas"

Nati se sintió inundada de jugos provenientes de la herramienta de su sobrino, en tanto sus propios jugos resbalaban por sus piernas.

Cuando abrió los ojos se fijó en la mesa de los hombres, donde estos seguían su partida de cartas, sin percatarse de la aventura que recién había vivido Naty con su sobrino.

En la tranquilidad de esa tarde había tenido por fin un atisbo de lo que era gozar de verdad, sin ataduras, libremente. Y todo había sucedido sin que nadie se percatara, sin que no quedara huella de lo sucedido, exceptuando su calzón mojado bajo su panty con los jugos provenientes de su sexo que seguía goteando incontrolable el orgasmo que le había brindado su sobrino sin que se percatara de que su tía se lo había follado.

Miró nuevamente a la mesa, pero ahora en busca del objeto de su próxima fantasía. Pero de los cuatro hombres ya había fantaseado con dos, su cuñado y su sobrino. El otro era su esposo y ese no contaba.

El cuarto era Fernando, su hijo.

Autor: Salvador

Dirección: demadariaga@hotmail.com

Fantasia Erotica

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Éramos dos parejas amigas. Mi esposa y la del compañero, eran amigas desde la infancia. Más tarde yo me hice amigo de él y las dos parejas funcionábamos muy bien juntas. Nos veíamos muchas veces durante la semana y salíamos todos los domingos a cenar y a bailar. De esta manera fue naciendo un entendimiento, entre los cuatro, muy profundo. La amiga de mi esposa es, para mi gusto, muy sexy. Morena, delgada, nada exuberante, pero sensual. Fantaseé mucho con ella, pero nunca pasé de ahí. El es bastante atractivo, muchísimo más que yo, claro. No sé como, pero a raíz de que varias veces vino a visitarnos él solo a nuestra casa, empecé a fantasear con la idea de que se follase a mi esposa. Mi mujer es del tipo angelical, atractiva de cara, cuerpo delgado, pechos pequeños pero muy tiesos y duros, culo respingón, piernas largas y muy bien dibujadas. Es, también, muy caliente en la cama pero incapaz de pensar en otro hombre que no sea yo. Es muy reprimida y eso, precisamente, me excitaba más.

La idea que yo tenía montada ocurrió una tarde soleada de domingo, estando los tres en casa después de comer. El se quedó solo con ella mientras yo simulaba que iba a comprar algunas cosas, aunque me quedé convenientemente escondido en la habitación contigua. El, medio en broma medio en serio, comenzó a masajearle el cuello, algo que a ella le gusta. Sin más y viendo que ella no lo rechazaba, él acercó su cara a la de mi mujer y le dió un beso en la boca siendo correspondido por ella, que se abrazó a él y empezaron a besarse con pasión. Algo espontáneo, inesperado para mi. Pero también muy excitante como me lo demostraba la erección tremenda de mi polla.

Efectivamente, yo me estaba excitando solo de ver las manos de mi mujer abrazándolo. Ella llevaba un vestido corto, suelto, y al poco rato de estar besándose y acariciándose, recorriendo él con sus manos todo el cuerpo de mi esposa, deteniéndose en la dureza de sus pechos y en la tersura de sus muslos, que la vaporosa falda dejaba casi por entero descubiertos, él la cogió fácilmente en brazos y la llevó a nuestra habitación.



Salí de la casa sin hacer ruido y por la ventana de esa habitación, vi como él la iba desnudando lentamente, entre beso y beso. Al final pude verlos a los dos completamente desnudos a través de la ventana, pero sin que ellos se dieran cuenta de mi presencia. Entonces él empezó a besarle los pechos mientras que ella acariciaba el cuerpo del hombre, un muy buen cuerpo. Algo que yo ciertamente, y no me molesta reconocerlo, no tengo, notando como a ella le excitaba. Daba la sensación de sentirse protegida y bien abrazada. El acabó tumbado sobre la cama, pidiéndole a mi mujer que le besara el cuerpo, cosa que ella hizo, bajando con su boquita y lengua, por su torso, acariciando su pecho, sus tetillas menudas y sonrosadas, siguiendo por su vientre pero saltando a sus piernas hasta que, finalmente, volvió a subir y empezó a besarle la tremenda y endurecida polla con entusiasmo.

Empezó con pequeños besos a lo largo para luego, jugando con su lengua, seguir alrededor de la punta. Es su sistema. Pero la larga cabellera que mi esposa lleva, no le dejaba ver a él lo que ella le hacía. Aún que, sin embargo, lo estaba sintiendo. Mi esposa tenía su polla agarrada con firmeza y él intentaba moverse para ver su cara, verla con su pene en la boca. Quería excitarse con eso, pero, insisto, el pelo de ella no lo permitía por lo que ella, dándose cuenta de los deseos de él, dejó de mamársela, apartó su cabellera y sin sacársela de la boca, lo miró. Su cara de nena estaba agitada, colorada, con ganas de más. Estaba desconocida. Entonces se incorporó, se sentó sobre él, le cogió la polla con una mano y llevándosela hasta su, sin duda encharcado coño, se dejó penetrar lentamente. Cuando los cojones del hombre quedaron pegados a las nalgas de mi esposa, él la cogió de la cintura y ella empezó a moverse con suavidad, aunque él ya estaba para correrse y no tardó nada en hacerlo pero, apartándola con suavidad, lo hizo fuera de ella, lanzando toda la lechada sobre la cama. Mi cama. Estaba claro que no quería problemas, cosa que, mentalmente, le agradecí.

Mi mujer daba la sensación de sentir amor por él y eso me excitaba mucho más. Parecerá una locura, pero es lo que sentía. Al poco rato, ella aún sobre él, empezó a besarlo con pasión. Parecían amarse de verdad, aunque sólo fuera sexo. Yo sé que ella me ama pero cuando hace el amor transmite ese sentimiento, se entrega realmente. Y ahora lo estaba haciendo con él amigo que, queriendo más, le dio la vuelta y se acostó sobre ella, le abrió las piernas y la penetró de nuevo por el encharcado coño mientras ella acariciaba su espalda, ancha y generosa. El amigo se la folló esta vez muy lentamente, gozando de cada entrada y salida de su polla del coño de mi esposa hasta que, con un gran suspiro eyaculó haciéndolo, esta vez, dentro de ella. Su placer y excitación mutua era tal, que no pudieron evitarlo. Ella, entonces, acarició su pelo y su cabeza, como una mujer que ama. Cuando se tranquilizaron y se vistieron, llegué yo con cara de no saber nada. La verdad es que no sentía celos, pero sí mucho placer. El amigo había amado a mi esposa y eso me gustó. Y ella lo había amado a él. Besos y si logro repetir esta aventura, con el mismo amigo o con otros, ya os la contaré.

Jose

En un Ascensor

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Vamos a una fiesta para celebrar la llegada de la primavera.

Como condición hay que ir vestido con ropa de colores y muy divertida: ya sabes, como los hippys.

TU LLEVAS: pantalón "pata de elefante" beige y camiseta negra muy ajustada con un dibujo del arcoiris y calzas zapatillas de cordones color azul marino.

YO LLEVO: vestido corto de color rosa de tirantes, calzo unas chanclas con tacón color plata y de complementos llevo un collar y pendientes de florecitas junto a un pequeño bolso de ganchillo.

O sea, que los dos estamos guapísimos, no crees?.

La fiesta empieza a las 19:00 horas, pero como queremos llegar un poco antes, a las 18:00 horas llegamos al portal del edificio. La celebración es el piso nº 15...

Llamamos al ascensor y cuando llega, entramos, pero en ese momento también llega una ancianita que quiere subir. Le abrimos la puerta y le saludamos: Buenas Tardes!. Ella nos mira de arriba a abajo, y dice con una benévola sonrisa:

Esta juventud es terrible!.

Le preguntamos a que piso va y nos indica al 2º, asi que marcas 2 botones: 2 y 15-

Y comenzamos a subir, muy despacito, por que el ascensor es algo antigüo. Es bastante estrecho...ya lo pone en un cartelito: Ocupación Máxima 4 personas.

Le comentamos a la señora que vamos a una fiesta y nos desea que lo pasemos muy bien y tú, con la picardía que te caracteriza me pellizcas el culito y le dices:

Gracias, seguro que mucho...

El ascensor se para en la 2ª planta, y la mujer sale y al hacerlo dice :

Hacen ustedes una pareja encantadora!. Y cierra la puerta...

Nos miramos y nos reimos, y me das un besito en los labios y me sueltas un piropo tuyo de esos que tiran p' atrás:

Estás más buena que un bollycao!.

Seguimos subiendo: 3º, tu me acaricias la espalda y los brazos, 4ª yo te toco el pelo y te beso el cuello, 5º me agarras por la cintura y me pegas a ti, 6º me subes el vestido y me bajas las bragas (son de raso blanco), 7º te bajo la cremallera y te saco la polla, dura como el acero, 8º me levantas del suelo y me pegas de cara a la pared, 9º me abres las piernas y me separas las nalgas con tus manos, 10º me follas el culo sin parar... salvajemente, 11º me das la vuelta y me besas con pasión en la boca, 12º ensartas tu polla en mi coño de un sólo golpe, 13º nos miramos fijamente unos segundos sin dejar de jadear, 14º Estamos llegando y nos arreglamos un poco y 15º FIN DEL TRAYECTO.

Son las 18:30 h. Los 30 minutos más inolvidables de nuestras vidas.

A todos los que me han escrito para comentar mis otros relatos, quiero darles las gracias y a los que no, los animo a que lean mis historias y me escriban.

Un besito.

Pilita

En el Cine

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Domingo, cinco de la tarde. Llegamos a un centro comercial de esos enormes que tienen tiendas, pizzerías, cafeterías, un Mc Donal's, un kiosco de revistas y salas de cine.

Tu vistes pantalón de lino color gris, camisa de algodón azul y calzas mocasines de ante color negro; yo llevo un conjunto de falda y chaqueta pistacho, una camiseta blanca y calzo zapatos de piel color negro con tacón para igularte un poquito, porque eres más largo que un día sin pan!.

También llevo un bolso-mochila, en el cuál guardo un pequeño espejo, un lápiz labial, una agenda, el teléfono móvil, un pañuelo de tela...en fin, cosas de chicas.

Vamos a ver una película de acción (no me preguntes el título, porque no me acuerdo), aunque la verdadera acción la vivimos nosotros; merecemos un Oscar a los Efectos Especiales...

El filme no empieza hasta dentro de dos horas, y decidimos dar una vuelta por el lugar: miramos escaparates y nos tomamos un café, mientras charlamos de nuestras aficiones (me recuerdas cuando fuiste a Egipto y visitaste "mi" isla: philae) o cuando me hiciste de (virtualmente) cicerone en Roma.

Recordamos también nuestra primera -imaginaria- cita: paseando por el parque del Retiro, iendo a ver el musical "Cats", una romántica y exquisita cena: langosta dos salsas, jamón ibérico y de postre fresas con nata y cuando me acompañaste al hotel y nos despedimos con un beso de Buenas Noches que en áquel momento te supo a gloria, pero que ahora te sabe a poco. Yo te escucho atentamente y en mi mente "peligrosa" se cuece una idea muy sugerente que te va a gustar...

Faltan veinte minutos para que empieze la película y te comento que voy un momento al baño y tu me dices que me esperas en la taquilla para comprar las entradas... Y, sonriendo me indicas que no tarde mucho.

Al cabo de un rato (para tí, eterno) llego a donde hemos quedado; y con un poco de indignación me dices que las butacas que tenemos asignadas están en un mal sitio. Yo le quito importancia a ese asunto y te guiño un ojo con picardía.

Tu me miras, pero no me comprendes...

Vamos a la sala que nos toca (vas a comprar palomitas y un refresco para tí; yo me compro un chupa-chups de limón que me encantan!) y nos dirigimos a nuestros sitios: B-06 (el mío) y B-07 (el tuyo). Fíjate, nuestros números del destino...

La verdad es que las butacas están en un ángulo un tanto incómodo: en un rincón y en la penúltima fila, pero a mí me parecen geniales y así te lo comento. Me miras como si estuvieras viendo marcianitos y me susurras que estoy un poca loca porque no se ven bien las imagenes. Entonces yo me acerco a tí y muy suavente comienzo a besarte en el cuello. Das un respingo de sorpresa, pero no dices nada...

Se apagan las luces y empieza la película.

Antes de sentarme, me quito la chaqueta y me la coloco en el regazo y dejo el bolso abierto en el asiento de al lado, que está vacío.

Espero cerca de media hora a que termines de comer y beber. Estás ensimismado viendo la peli; yo te veo de soslayo y sonrío de gusto y con ganas mientras tu te pones en la piel del protagonista y haces el gesto de dar un puñetazo. Pum!.

Eres divertidisimo, y además estás muy bueno. Si es que lo tienes todo!.

Ahora la que pasa a la acción soy yo. Con mucha discrección deslizo mi mano derecha hacía tu entrepierna, te bajo la cremallera del pantalón y te saco la polla (todavía fláccida, aunque yo me encargo de ponerla dura como el acero).

Con la otra mano me subo la falda hasta los muslos; tu me miras con los ojos desorbitados, pero tranquilo que lo mejor aún está por suceder. Me acerco a tu oído izquierdo y te digo que metas tu mano por debajo de la falda; por supuesto me obedeces y vas subiendo y descubres el tesoro: No llevo puesta la braguita!. Me "resbalo" para abajo en el asiento y abro las piernas. Entonces con el dedo índice comienzas a frotarme el clítoris y yo empiezo a gemir entrecortadamente y al mismo tiempo noto como el pene (al que no paro de sobar) se te va endureciendo. Mi coño está bastante mojado ya y a continuación me follas una y otra vez con el dedo corazón. Tengo ganas de gritar de gusto, pero no puedo hacerlo, así que rebusco en el bolso, cojo el pañuelo y me lo meto en la boca...

Tú también estás a punto de explotar y no sabes qué hacer, pero yo, que soy muy previsora te doy un manojo de papel higiénico que cogí en el servicio para que "descargues" en él tu preciado líquido.

Cuando terminas de correrte, me sacas el dedo (todo pringado y chorreoso de flujo) y te lo limpias en el mismo papel.

La película va a terminar.

Durante los créditos me miras una vez más y dándome un rápido y salvaje beso en la boca, me dices que a sido genial, pero que la próxima vez vendrás tu sólo al cine.

Yo que soy muy inocente, te pregunto por qué?.

Me respondes que soy una diablesa vestida de angelito.

Y yo te digo: "súbete la cremallera, no se vaya a escapar el pajarito" y me río en el instante que pasan dos señoras mayores por nuestro lado.

Lo han oído todo...

El Placer de La Venganza

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De pronto, sin el menor aviso previo, el voluminoso cuerpo cayó frente a la mirada atónita de todos los presentes. Se miraron unos a otros, sorprendidos de ver al gigante caer como un roble recién talado. Ninguno se acercó. Ninguno hizo el menor movimiento para ayudarle. Primero uno, y luego los demás, reanudaron las conversaciones, bebieron de sus frías copas de champagne, y siguieron disfrutando la velada como si nada hubiera ocurrido. No fue sino hasta mucho después que alguien tomó el teléfono y llamó a emergencias, cuando por supuesto ya era demasiado tarde y Robert Saxton ya había dejado de respirar.


Los titulares de los diarios al día siguiente cubrieron la noticia como se lo merecía, en primera plana y con los debidos respetos que un personaje de su envergadura merecía. La familia, los herederos y el personal de sus empresas publicaron las esquelas respectivas, aunque en el fondo, todos y cada uno de ellos se alegraron de que Saxton por fin los dejara vivir en paz.


Malditos sean todos! – juró Saxton viendo todo lo que sucedía tras su muerte, mientras flotaba en ese limbo sin forma y sin sustancia, en espera del inevitable juicio de sus acciones.


Tuvo tiempo suficiente para ver la alegría desbordante de la joven viuda, su tercera esposa, contenta de poderle echar mano a su incuestionable fortuna. A los dos hijos, herederos ambos de una excelente tajada de la misma, discutiendo ya acaloradamente la distribución de las empresas, y hasta el que fuera su socio en la mayoría de sus negocios brindando con su último y apuesto joven amante por la buena fortuna que su muerte le brindaría. Todos ellos juntos no merecían siquiera una sola de sus lamentaciones, aunque en realidad lo que único que verdaderamente lamentaba era no poder regresar para darles su merecido.


Una voz etérea, profunda e indudablemente inhumana le llegó de algún lugar no identificable.


Sé que deseas la oportunidad de volver – dijo sin mas, directa y llana.

Sí – aceptó Saxton sin dudarlo.

Y que aceptaras mis condiciones, sean las que fueren – continuó la voz.


Saxton en vida se había arriesgado a los negocios más peligrosos sin pensarlo demasiado, las cosas no tenían porque ser diferentes en este momento.


Por supuesto – aceptó al instante – cuál es el trato?

Regresar, con el cuerpo y el tiempo que requieras para cumplir lo que desees – dijo la voz.

Y a cambio? – preguntó Saxton conociendo las reglas de cualquier negocio.

Deberías saberlo ya – terminó la voz con lúgubre sonoridad.


Fiel a sus instintos Saxton aceptó el acuerdo y en el instante mismo de parpadear despertó en el inconfundible lujo de unas sabanas de seda, con el aromático aroma de una taza de café recién colado y la renovante sensación de haber dormido una noche de sueño reparador. Estaba en una habitación ricamente amueblada, en una antigua cama con dosel y el desayuno dispuesto en una mesilla junto a la cama. Tomó un sorbo de café, sintiendo el agradable y conocido sabor bajando por su garganta. He regresado, pensó jubiloso, y saltó de la cama con mucha mas energía de lo que a sus sesenta años estaba acostumbrado.


Su reflejo en el espejo fue la primer sorpresa del día. El guapo y viril hombre que le devolvía la mirada al otro lado era un completo desconocido. Atónito observó sus manos. Ya no eran aquellas grandes manos cubiertas con las pecas de la vejez, ahora eran manos fuertes y macizas. Se quitó la camisa del pijama. El pecho poderoso y trabajado, el abdomen plano y marcado de un fisiculturista. Ansioso se bajó los pantalones, y descubrió un enorme pene colgando entre sus piernas. Lo tocó con cierta repulsión, sintiendo que era el de otro hombre, pero reconoció la caricia de su propia mano, y pronto le invadió el orgullo de tener un miembro viril de aquellas dimensiones. Siguió acariciándolo, porque quería saber la longitud de su nuevo trasto en erección. No tenía una regla a mano, pero calculó que andaría por las 9 pulgadas. Sonrió como un niño con juguete nuevo y admiró orgulloso ante el espejo su nuevo y sorprendente cuerpo.


Pronto encontró en la habitación las cosas necesarias para salir a la calle. Un nombre, dinero en efectivo, las llaves de un auto y la determinación para llevar a cabo sus planes. Primero la viuda, decidió sin dudar.


La encontró departiendo alegremente con dos de sus amigas en el lujoso ambiente de su restaurante favorito. Hermosa y joven, con lo último de la moda cubriendo su escultural cuerpo, no pudo evitar recordar el deseo hirviente con que la poseía cuando vivía y la cara de mortal resignación de la maldita cada vez que se veía asaltada por el legitimo deseo de su marido. Veamos que dices ahora, zorra descarada, pensó mientras se sentaba en una mesa cercana en el caro restaurante. Para ser una viuda tan reciente, la muy hija de puta reía con absoluto desparpajo. Miraba a su alrededor como si estuviera eligiendo entre todas las miradas atentas de los hombres a su alrededor. Por supuesto, la arrogante belleza del nuevo Saxton llamó su atención, y sonrió coqueta al ver que él también la miraba. Qué fácil había sido todo. Pronto las amigas tuvieron que irse y Saxton se presentó con aplomo. Ella le invitó a sentarse y una hora después ya estaban en la que fuera la casa de Saxton en su vida anterior.


Vives sola? – preguntó el hombre probando una respuesta.

Afortunadamente sí – contestó ella desabotonando ya su vestido – mi odioso marido tuvo el buen tino de morirse a tiempo y dejarme disfrutar de mis mejores años en libertad.


Él sonrió como un eco a sus hermosos y bien alineados dientes, aunque sintió hervir su sangre con su cínica respuesta. Ella estaba ya en ropa interior. Los senos desbordando el suave y fino tejido del corpiño, y las redondas nalgas cubiertas apenas por el encaje sinuoso de sus bragas. Se subió a la cama, mostrando las esculturales piernas y más arriba, el rincón de su sexo de pronto tan deseado.


Saxton se desnudó rápidamente, seguido por la mirada de deseo en los ojos de ella. Cuando se quitó los calzoncillos, ella se acercó presurosa a admirar aquel trofeo.


Es tan grande – comentó.

Te gusta, gatita? – dijo él.

No me llames así – reclamó ella – que así me decía mi marido pensando el muy idiota que me gustaba.


Saxton sintió deseos de matarla en ese mismo momento, pero en vez de eso desfogó su furia arrancándole el corpiño y apresando con rudeza sus lechosos y abundantes pechos.


Calma, cariño, yo también te deseo – dijo ella volviendo a incorporarse para tomar su enorme pene con las manos.

Chúpamelo – pidió él, sabiendo lo mucho que detestaba ella hacerlo.


La mujer se lo llevó a la boca con total complacencia. La muy perra. Abrió la boca como una serpiente y se lo comió hasta casi hacerlo desaparecer en su garganta. Saxton sintió el estallido de placer bajando desde la cabeza hasta los poderosos y henchidos huevos.


Eres una puta – le dijo, y al parecer ella estuvo de acuerdo con aquel calificativo, porque continuó mamándole el pito con creciente pasión.


Saxton estiró una mano para acariciar los perfectos globos de sus pechos. Los pezones entre sus dedos eran ardientes botones que él manipulaba a su antojo, retorciéndolos de pronto con repentina fuerza.


Espérate, bruto, me lastimas – se quejó ella.


Saxton la empujó sobre la cama y ya de espaldas le arrancó los calzones con rudeza. El pubis depilado de su esposa fue una increíble sorpresa.


Y esto? – preguntó sin poderse contener, recordando la salvaje y peluda concha que allí había antes.

No te gusta? – dijo ella cerrando sus blancos muslos, procurándose placer con el roce de su misma carne.

No, no es eso – dijo él mirando la maravilla de aquella vagina rasurada, cerrándose como una hermosa ostra.

A mi marido le encantaban los pelos – confió ella – y yo no quiero nada que me lo recuerde.


Saxton sintió la misma pero renovada furia que minutos antes le asaltara. Maldita, mil veces maldita, pensó volviendo a la carga. La tomó de los tobillos y separó el tesoro entre sus piernas. La vulva, desprotegida y abierta era una herida rosa imposible de evitar. Metió la cara entre las paredes de sus suaves muslos y olisqueó el perfume de la húmeda cavidad. Hambrienta, su lengua salió a investigar el conocido sabor de aquel sexo y lo devoró con ímpetu salvaje.


Tranquilo – se quejó ella deteniéndolo por los cabellos, pero él continuó implacable.


Los sonidos guturales parecían los de un animal salvaje alimentándose. Hubiera querido desgarrarla, comérsela viva, pero el punzante deseo, duro entre sus piernas parecía mandar sobre todos los demás deseos. Se incorporó preparándose para montarla.


Aun no estoy lo suficientemente lubricada – dijo ella poniendo su delicada mano ante el velludo pecho, como si en verdad pudiera contenerlo.


El no hizo el mínimo caso. Se metió entre sus piernas y las abrió con la fuerza de sus rodillas. El grueso pene cabeceaba frente a la pequeña entrada, el glande acomodado ya entre los rosados labios.


Que te quites, imbecil! – dijo ella alarmada ante la fuerza de su deseo.


Él la ensartó de todas formas. Las resecas paredes no fueron ningún impedimento, ni disminuyeron el goce salvaje de penetrarla. Ella en cambio se quejó dolorida por la súbita introducción.


Déjame, maldita sea – dijo ella empujándolo fuera con todas sus fuerzas, sin lograr que se saliera.


El la tomó por el grácil cuello y con la otra mano le cubrió la boca. La cabalgaba con furia, con el deseo explosivo que lo devoraba, y ella, muñeca de suave carne, no pudo opacar su recia y salvaje conquista.


Toma, querida esposa – decía él con cada violento empujón, rebotando contra su carne, perforándola una y mil veces, sin soltar su cuello ni su boca, y en los desorbitados ojos de ella, tal vez con el último aliento de vida, adivinó tal vez un tardío reconocimiento.


El placer de la venganza era tan dulce como el placer del sexo, pensó Saxton al vaciarse dentro del cuerpo tibio, de pronto tan suave y laxo.


La dejó tendida en la cama y la olvidó en el instante mismo de salir de la que una vez fuera su casa. Ya tenía otro objetivo en mente, y ya ideaba la forma de alcanzarlo. Esa noche, entre las sabanas de seda trató de pensar en como castigaría a sus desalmados hijos, pero el sueño le venció sin poder decidirlo aun.


El aroma del café, una repetición de la mañana anterior. Se estiró en la cama satisfecho, recordando aun el placer que había obtenido de su viuda poco antes y un ramalazo de deseo invadió su cuerpo. Metió la mano entre las sabanas, buscándose la gruesa verga para darse un merecido placer matutino. Alarmado, descubrió que el pene había desaparecido, encontrando en su lugar solo un hueco entre sus piernas.


Saltó de la cama asustado para correr al espejo. La imagen de una rubia mirándole atónita le llenó de asombro. Igual que el día anterior inspeccionó primero sus manos, ahora suaves y finas, marcadas por translúcidas venas azules recorriendo las blancas muñecas. De nuevo se quitó la camisa del pijama, para descubrir asombrado la presencia de dos untuosos pechos coronados por pequeños y rosados pezones. Los tocó con cierto recelo, y una agradable sensación bajó por su suave vientre hasta abajo, región desconocida. Corrió al baño en busca de un espejo y quitándose el pantalón se sentó sobre la orilla de la cama, con el espejo frente a sus piernas totalmente abiertas. El pubis claro y rubio dejaba ver mas abajo los acaramelados labios vaginales, ahora parcialmente abiertos. Curioso, acercó uno de sus dedos para acariciarlos. El resultado fue un agradable y desconocido calorcillo corriendo por su piel. Cayó de espaldas sobre la suavidad de las sábanas y llevó a cabo algo mil veces visto en sus amantes o en las películas, y que ahora podía conocer de primera mano. Una mano en el pecho, la otra entre sus piernas, descubriendo el placer de ser una mujer.


El resultado fue tan sorprendente que casi olvidó el motivo de su nueva figura. Tuvo no uno, sino varios orgasmos en aquel joven y nuevo cuerpo que también ahora era su cuerpo. Parecía no tener limites, quería tener todos los orgasmos del mundo, uno tras otro, suaves a veces, increíblemente poderosos otras, pero siempre tan centrados y localizados que la realidad parecía disolverse en otra cosa distinta y cambiante cada vez.


Finalmente satisfecho o satisfecha, pensó de pronto, decidió que era hora de dejar ese maravilloso juguete que era su cuerpo y ponerse en acción. Esta vez le costó un poco de trabajo decidir qué ropa ponerse. Tenia el cuerpo, pero no el gusto de una mujer. Finalmente, guiado por el instinto, eligió un tenue vestido azul y zapatillas a juego. Se peinó lo más natural posible y se maquilló ligeramente tratando de recordar cómo lo hacían las mujeres que habían pasado por su vida. El resultado, con la natural belleza de su nueva figura, era sorprendente.


Salió en busca de los muchachos, sin saber aun que haría con ellos. Los encontró en el club, como sabía que sucedería. Los dos eran un par de golfos, y ahora además eran ricos, así que no podían hacer otra cosa que holgazanear, y no se equivocó.


Tony, el mayor, estaba jugando una partida de tenis mientras Adam, el menor, lo miraba sin mucha atención, sobre todo cuando vio aparecer a la escultural rubia del vestido azul. Saxton se sentó cerca, cruzando sus largas piernas, de pronto incómodo ante la inconfundible mirada de deseo de su propio hijo.


Porque tan sola? – preguntó el muy idiota y Saxton se avergonzó de tener un hijo con tan poca imaginación.

Así acostumbras hacer tus conquistas? – preguntó sin poderse contener y con tono de regaño.

Huy – dijo el muchacho – amaneciste muy sensible hoy, preciosa.


Saxton lo miró con cara de fastidio y arregló su melena rubia con un sensual movimiento de su exquisita mano de uñas rojas.


No es eso – aceptó de pronto sonriente e invitadora – sólo que creo que eres demasiado joven para saber tratar a una mujer como yo.

Eso crees tu, preciosa – dijo galante el chico – ya tengo 20 años y sé muy bien como tratar a las mujeres hermosas como tú -–dijo aproximándose burdamente.


Saxton lo empujó a un lado, un poco asqueado de su cercanía.


Mira, no eres mas que un niño que seguramente aun depende de papi – dijo ella manteniéndolo a distancia.

Para nada – dijo el orgulloso – al viejo, afortunadamente, ya me lo quité de encima.

Cómo? – preguntó ella con rabia contenida.

Sí – dijo el estúpido sin notarlo siquiera – el desgraciado se murió y ya no volverá a molestarnos ni a mí ni a mi hermano con sus insufribles regaños.

Eso dices ahora – dijo ella – pero después lo vas a extrañar.


Adam sufrió un ataque de risa tan estruendoso que Tony dejó de jugar y se acercó a ver que ocurría.


Extrañarlo? – dijo finalmente – era un hijo de puta que dedicó su vida a los negocios y jamás le importó nada que no fuera él mismo. Tuvo lo que se merecía y por mí se puede pudrir en el infierno.


Saxton no sintió mas que una rabia fría corriendo por su escultural cuerpo. Aquel par de zánganos no podían ser sus hijos, ni merecían mejor suerte que la que le deseaban a su propio padre. Cruzó de nuevo las piernas, capturando la atención de Tony, mucho más experimentado a sus 25 años y que sabía mucho mejor cómo tratar a una mujer. Inmediatamente le llamó a un mesero y le ordenó una jarra de zumo de naranja con champagne, y le invitó una copa. Ella lo miró con destellantes ojos azules, dejando que el vestido se subiera y revelara sus finos muslos. Los muchachos la bebían con sus ojos, y ella los deleitó con el amplio escote, dejándolos adivinar el contorno de sus pezones en la transparente tela de su vestido.


Porque no me acompañas a mi departamento? – invitó Tony después de que se bebieron la jarra.


Ella sonrió sin decir que sí, pero dejando la promesa de aceptar flotando en el aire.


Y yo? – se quejó Adam con un hermoso mohín en su cara aun de niño.


El hermano lo fulminó con la mirada, dándole a entender que él no era más que un estorbo. Sin embargo el chico estaba también capturado por la rubia belleza y no iba a rendirse tan fácilmente.


Mejor vente conmigo – invito también – te juro que te la vas a pasar muy bien.


La competencia entre los hermanos era feroz, y ambos trataron de ganar el premio.


Tranquilos – dijo ella seductora – porque no vamos los tres?


Ellos la miraron con incredulidad, aun sin querer dar su brazo a torcer.


Les aseguro que la diversión se multiplica – dijo ella subiendo aun más el ruedo de la falda, dejándoles ver que en la cúspide de los muslos, allí donde ellos esperaban ver la tela de su ropa interior no había sino suave carne satinada, y el remolino de rizos rubios los dejó mudos y atontados.


Como si fueran de piedra, ambos la miraron abrir los muslos lentamente, revelando la suave y húmeda cavidad de su vulva, con los rosados labios apenas entreabiertos. La uña furiosamente roja de uno de sus dedos, ascendió lentamente por el muslo, y fue a parar a la suave cueva, rodeándola por los bordes con interminable lentitud para terminar entrando en la intimidad del sexo finalmente. El dedo salió brillante de humedad y ella lo paseó por la nariz de ambos, jadeantes ya de deseo.


Aceptan? – dijo felina y los muchachos la siguieron al auto como dos corderitos directos al matadero.


El departamento de Tony era de una estudiada elegancia. Se notaba que había gastado una buena parte de su recién heredada fortuna amueblando aquel rincón con una única finalidad, seducir. La mejor parte era la recámara, llena de espejos y con una cama tan amplia que podían caber allí fácilmente cinco personas. Ella se recostó en la cama, sabiendo que los chicos la deseaban, olvidándose ya de cualquier parentesco con aquellos jóvenes que de pronto no eran sino dos vergas erectas que la deseaban. Las entrepiernas de ambos mostraban ya la silueta inconfundible de su deseo, y ella sintió el poder que siente toda mujer deseada.


Vamos, muchachos – les animó – no sean tímidos y quítense la ropa.


Ellos se miraron, tal vez un poco incómodos de hacerlo uno frente al otro, pero estaban ya mas allá de cualquier consideración, y casi al unísono comenzaron a quitarse las prendas. El primero en terminar fue Adam, que saltó a la cama con una verga de muy buen tamaño y ya erecta dispuesto a desnudarla. Un segundo después el vestido azul quedaba tirado a un lado de la cama, y Adam se prendía ya de sus generosos pechos, lamiendo los sensibles pezones como si fuera un bebé, y ella sintió el deseo naciendo de aquella boca golosa y bajando hasta su sexo, húmedo ya a pesar de todo.


Tony se unió poco después. Su cuerpo mas maduro y fuerte, pero con un pene de menores dimensiones que el de su hermano menor. Se acomodó entre sus piernas, dispuesto a descubrir el regalo que había entre ellas. La sensación de su boca pegada a su sexo fue algo para lo que ella no estaba preparada. Se había masturbado esa mañana, pero aun no había tenido oportunidad de probar aquel nuevo y destellante goce. Se quedó sin aliento bajo el ataque de aquellos dos muchachos empeñados en hacerla suya y se retorció de placer con sus ansiosas caricias.


Intercambiaron posiciones una y otra vez, alternando entre sus pechos, sus nalgas y su vagina, y ella tuvo varios orgasmos en el proceso. La fuente parecía no dejar de manar y se olvidó de todo lo que no fuera placer. De pronto, la verga de Tony llegó hasta su boca. No había pensado en aquello, pero ya era tarde para los arrepentimientos. La tomó entre los labios, consciente de su dureza y su sabor, disfrutando a pesar de todo de tener el pulsante miembro del hijo dentro de la boca. Después vino la de Adam, celoso de no recibir el mismo tratamiento y la aceptó también, mas gruesa y mas grande, y más inquieta también.


Fue entonces que Tony se acomodó entre sus piernas, dispuesto a penetrarla. Ella saltó de la cama, soltando la verga de Adam, alejándose para buscar el vestido azul tirado en el piso.


Que pasa? – preguntó Tony con la verga en la mano, viendo alejarse el codiciado objeto de su deseo.

Nada, que ustedes no son sino un par de idiotas que no saben complacerme – dijo ella fría como el hielo.


Los muchachos estaban mudos de asombro, mirándola pero sin entender ni una sola de sus palabras.


Estas loca? – dijo Adam rompiendo el prolongado silencio – piensas dejarnos así? – señaló su verga erecta y la no menos dura de su hermano.

Así es – dictaminó ella poniéndose ya el vestido.

No eres mas que una puta zorra – dijo Tony rencoroso.

Exactamente – concordó ella – tan zorra que solo hay una cosa que en este momento puede excitarme.

Que? – preguntó el estúpido de Adam cayendo en el juego fácilmente.

Algo que nunca, en mi larga experiencia he visto – dijo ella con estudiada lentitud.

Sólo dilo – pidió Tony, tratando de mostrar que tenía más mundo que su hermano.


Ella acercó un taburete frente a la cama. Se sentó. Las piernas abiertas y el ruedo del vestido cubriendo su sexo, acariciándose suavemente sobre la tela.


Dos hermanos – dijo mirándolos fijamente y sin dejar de acariciarse – que se quieran.


Los muchachos se miraron, sin entenderla, pero deseándola de todas formas.


Pues nos queremos – dijo Adam, tan estúpido como siempre.

Cállate, idiota – le reclamó Tony, comprendiendo hacia donde iba aquella loca mujer.

Al menos un beso – pidió ella subiendo el ruedo de la falda.


Tony parecía un perro en celo. Casi podía oler el suave sexo a pesar del metro y medio que los separaba.


Ven – le dijo al hermano – que esta puta quiere que nos besemos.


Adam lo miró sin saber si hablaba en serio.


Estas loco, cabrón? – le dijo cuando la idea por fin maduró en su cerebro.

Quieres cogértela o no? – dijo Tony señalando a la rubia, que ya se estaba metiendo un dedo en la vagina.


Adam sintió la dolorosa punzada del deseo latiendo en todo su cuerpo. Se acercó a Tony con torpeza, poniéndose frente al hermano pero sin animarse aun a tocarlo. Tony tampoco se veía muy feliz, pero lo tomó por los hombros y le planto un fugaz beso en los labios.


Así no – dijo ella volviendo a soltar el ruedo de la falda, cubriendo nuevamente la gloriosa vista de su rubio pubis.


Tony se acercó de nuevo, cubriendo con los labios la boca de su hermano, que se echó hacia atrás repeliendo el beso.


Eso es pura falsedad – dijo ella desde su puesto de observación – sin pasión, sin ganas, igual de burdo que ustedes dos.


La crítica acicateó a los muchachos y su remedo de beso. Tony volvió a la carga, abrazando con fuerza a Adam, metiéndole la lengua en la boca. El muchacho tuvo un instante de duda, pero poco a poco comenzó a aceptar la inquieta lengua que exploraba el interior de su boca.


Eso es – alentó la rubia – así es mucho mejor.


Finalmente se separaron. Los ojos turbios, aun sin entender que jodidos estaban haciendo los dos en la cama, besándose frente a aquella endiablada mujer. Pero ella les premió con la suculenta vista de sus senos, ahora desnudos fuera del vestido y con dos dedos brillantes de humedad entrando y saliendo de su rosada concha.


En vez de estos dedos podrían entrar sus ricos y duros penes – dijo provocadora.


Adam hizo el intento de acercarse pero ella lo detuvo.


Pero antes quiero que le acaricies la verga a tu hermano – ordenó.


Adam se negó primero, pero Tony casi le puso la verga en la mano.


Acaríciala y ya no discutas – le aconsejó – ya casi esta lista, mírala – señalo a la rubia, retorciendo los pezones con sus largas uñas rojas.

Pero entonces tú también hazlo – dijo Adam aceptando acariciar la caliente tranca de su hermano.


Tony aceptó, tomando con la mano la gruesa herramienta de Adam, sorprendiéndose con el agradable tacto de la suave y caliente piel de la verga de su hermano.


Se siente rico – dijo Adam sincero y Tony tuvo que aceptar que era cierto.


Se acariciaron cada vez con mayor confianza, y sabiendo como hombres lo que otro hombre disfruta, se acariciaron mutuamente los testículos, sin necesidad que ella lo pidiera. Minutos después la escucharon de nuevo, aunque ya se imaginaban cual sería su siguiente petición.


Mámense las vergas mutuamente – dijo ella con suave pero excitada voz.


Esta vez ya ni discutieron. Se tumbaron en la amplia cama, acomodándose de tal forma que cada uno pudiera tomar el pene del otro en su boca. Comenzaron a besarse y a lamerse las respectivas vergas, primero con cierta torpeza, pero poco a poco ganando en confianza y descubriendo una natural pericia para hacer gozar al otro. Pronto estuvieron peligrosamente cerca del orgasmo.


Saxon los dejó entonces. No quería matarlos, decidió, eran sangre de su sangre, por muy hijos de puta que fueran, y se conformó con dejarles con la culpa y la vergüenza de lo que eran capaces de hacer, ya fuera por dinero o por sexo.


Se retiró satisfecha a dormir, olvidándose de ellos por toda venganza, pensando ya en la suerte de su socio y ansioso por saber con qué cuerpo despertaría al día siguiente. Lo primero que hizo al despertar con el aroma del café flotando en la lujosa recámara fue meter una mano entre sus piernas. Se alegró de sentir un par de bolas y un pene. Ser mujer era un placer, pero se sentía mucho mejor como hombre. Se paró ante el espejo, y de nuevo se sorprendió con el cambio. Los hermosos ojos de un joven moreno lo miraban. Sus espesas pestañas y los suculentos labios, la piel morena y tersa, de una exótica belleza árabe. Se desnudó. El pecho lampiño y suave, y más abajo un sexo decepcionantemente pequeño, aun en erección. La sorpresa la descubrió al darse la vuelta, donde encontró el mas hermoso par de nalgas que hubiera visto nunca, tersas, suaves y firmes, dos perfectos y moldeados glúteos capaces de causar la admiración de casi cualquier hombre o mujer. Sabía que su socio era un pederasta empedernido, y aquel cuerpo era la carnada perfecta.


Decidió esperarlo frente al edificio donde estaban sus antiguas oficinas. Por un momento rememoró el poder que había ejercido en aquel lugar. Nada le era imposible, todo lo conseguía. Algunos hombres lo miraban al pasar. Sus miradas de admiración le gustaron, pero no aceptó ninguna, hasta ver a William Barton descender de su negra limusina.


Esperas a alguien? – preguntó el viejo ladino con mirada voraz, viendo el hermoso rostro moreno de aquel joven de exquisita figura.

A mis amigos – contestó el chico de 16 años con el desparpajo propio de la edad.

Para ir a dónde? – preguntó el tipo sin dejar de mirar su cuerpo disimuladamente.

A almorzar una hamburguesa – dijo fastidiado el muchacho mirando la calle, como si de verdad fueran a aparecer los chicos en cualquier momento.

Si quieres yo te invito – dijo el hombre, tal y como Saxton esperaba que dijera.

No sé – contestó con estudiada duda que el otro aprovechó inmediatamente.

No se diga mas – dijo tomándolo por el codo y haciéndole entrar en el edificio.


Saxton sabía que un piso arriba del despacho, el viejo sucio había rentado una oficina que le servía para encuentros como aquellos, y justo allí lo llevó aquel día.


Y la hamburguesa? – dijo Saxton sabiendo que la única carne que allí vería sería de otro tipo.

Ahorita la encargamos – dijo el vicioso desanudándose la corbata – pongámonos cómodos.


El chico no hizo nada. El hombre se acercó y comenzó a quitarle la camisa, besando de inmediato sus oscuras y pequeñas tetillas.


Te gusta esto, putito? – le preguntó con ronca y excitada voz.

No mucho – dijo el muchacho, pero en realidad, y para su sorpresa, sí lo estaba.

Pues intentemos entonces esto – dijo el hombre desabrochando los pantalones del muchacho.


Encontró el pequeño pero ya turgente pene del chico y de inmediato se lo metió en la boca.


Que cosita más rica tienes aquí – dijo satisfecho con el hallazgo, lamiéndolo diestramente.


Muy a su pesar, Saxton reconoció que su antiguo socio sabía mamar la verga excelentemente. Lo malo era que no se contentaba únicamente con eso. Las manos ansiosas ya le buscaban el trasero y rápido descubrió la maravilla que eran sus nalgas.


Déjame ver – pidió dándole la vuelta, obligándole a inclinarse un poco.

No, eso no me gusta – dijo el muchacho al sentir sus ardientes besos en las nalgas.

Claro que sí, ricura – dijo el hombre, mas fuerte que él y obligándole a permanecer en aquella posición.


Saxton sintió que los besos se tornaban en suaves mordidas y pronto, la lengua sinuosa lamía su ano. El chico brincó como una anguila fuera del agua.


Eso no – dijo decidido, pero el hombre no le hizo el menor caso.


Mas fuerte que él, desventaja con la que Saxton no contaba, el socio lo mantuvo en la misma posición, metiéndole la lengua en su pequeño y fruncido ano cada vez con mayor fuerza, resoplando excitando con el inesperado regalo.


Por favor – pidió Saxton con sincera preocupación al verlo abrirse la bragueta, pero de nuevo no tuvo respuesta.


El socio ya estaba mas allá de todo entendimiento. Le acomodó la verga entre las juveniles y hermosas nalgas y lo penetró. Aquello no formaba parte del plan, aunque en realidad no tenía ninguno. El dolor de ser traspasado por aquel pene le impedía pensar con claridad y no pudo hacer otra cosa que aguantar con los dientes apretados y esperar. Apenas cinco minutos después el socio resoplaba y satisfecho se vaciaba en su apretado interior.


Fue estupendo – dijo el hombre y Saxton se preguntó si hablaba en serio. La cosa no había durado mas que un par de minutos, y al verlo respirar con tanto afán cualquiera diría que hubiera durado horas.


Le costó recuperar el aliento casi un cuarto de hora. No había duda que estaba en muy mala condición física.


Aquí trabajas? – preguntó el chico subiéndose los pantalones mirando la vacía oficina.

No, un piso mas abajo – explicó el otro con cierto esfuerzo todavía.

Y quien es tu jefe? – preguntó Saxton sondeando el terreno.

No tengo – respondió orgulloso el otro – soy el dueño de la compañía.

Con algún socio, por supuesto – dijo el chico.

No – aclaró – tenía uno, pero era un desgraciado y lo mandé a la mierda.


Saxton hubiera querido hacerle tragar su opinión, pero ya era tarde para eso. Lo pensó mejor y decidió entonces quitarse los pantalones.


Que haces, niño? – preguntó el hombre viéndolo desnudarse.

Hace calor aquí – dijo inocentemente, meneando las nalgas al irse despojando de sus ropas.


El resultado fue una nueva erección en el hombre, pendiente del insinuante movimiento del chiquillo, paseando su desnudez por toda la oficina. Le llamó de nuevo deseoso, a pesar de no sentirse bien del todo. De pronto obediente, el chico se acercó, permitiéndole que de nuevo le chupara su pequeña verga erecta. El resultado fue un deseo ascendente y tan voraz como el primero. El chico se dio vuelta por propia determinación, plantándole frente al rostro sus bellas y turgentes nalgas, abiertas ya para sus besos. Resuelto, esperó hasta que el hombre jadeara de nuevo de deseo, y se sentó sobre su regazo, buscando esta vez su verga por su propia cuenta.


La respiración se volvió tensa y rasposa en la garganta del hombre. Debía parar, pero el deseo lo consumía, y dejó que el hermoso chico se atornillara a su sexo y comenzara a cabalgar sobre su verga. El pecho le ardía ya por el esfuerzo pero continuó hasta que el doloroso latido de su corazón le hizo detenerse.


Bájate – le dijo – me siento muy mal, creo que debo ver a un médico.


El chico no hizo el menor caso, aferrado de pronto a sus caderas, subiendo y bajando sobre el erecto mástil de carne, sin dejarse tumbar por el cada vez más desesperado y debilitado hombre, y no se bajó hasta verlo ponerse rojo, luego morado y finalmente blanco como la cera.


Llama a un médico – pidió todavía con el último hilo de voz, que por supuesto Saxton fingió no escuchar.


El bello muchacho cerró la oficina al salir, y en los pasillos llenos de gente, la gente ni siquiera lo notó.


Saxton durmió esa noche satisfecho, pero con la duda de descubrir cual sería el nuevo cuerpo que le aguardaba al despertar el día siguiente, ahora que sus objetivos estaban cumplidos y su sed de venganza estaba saciada.


Más le hubiera valido no despertar. El nuevo cuerpo iba a ser algo casi imposible de narrar.

altair7

El Fantasma de La Vieja Casona

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Lo primero que me gustaría decirles es que cuando todo esto que voy a contarles nos ocurrió, hace ya bastantes años, los fenómenos paranormales (como se les llama ahora) eran casi del todo desconocidos y, las cosas inexplicables que sucedían a veces eran solo "cuentos de fantasmas", validos tan solo para asustar a los pequeños y a los que nadie hacia caso.

Hoy en día parece que la gente cree mas en estas cosas, pero estoy segura de que mi relato seguirá pareciendo tan fantástico en nuestros días como cuando esto me sucedió.

Pero aun así creo que ya va siendo hora de que cuente lo que nos ocurrió, a mi y a mi familia, en la casa encantada de mis abuelos, aquel verano de hace ya tantos años.

Yo tenia por aquella época unos dieciocho años recién cumplidos y era una chica muy delgada, todo huesos, con una cara bastante vulgar. Supongo que por eso nunca había conseguido salir con ningún chico de forma estable, por mas facilidades que les diera y por mas cosas que me dejara hacer o estuviera dispuesta a hacerles para conseguirlo.

He de aclarar que por esas fechas ya no era virgen. Había entregado la apreciada flor de mi pubertad a un pícaro vecino mío, unos años mayor que yo, con la esperanza de que fuera mi primer novio de verdad. Algo que él parecía dispuesto a hacer a cambio de sexo

El muy truhán siempre que salíamos me llevaba a los sitios mas oscuros y apartados que conocía, donde poder meterme mano por todas partes sin testigos, y donde podía masturbarlo cómodamente con las dos manos, como a él le gustaba y me había enseñado.

Se pasaba las tardes chupando y mordisqueando mis largos pezones. Pues, debido a que tenia muy poco pecho, estos destacaban bastante mas de lo normal. La verdad es que en aquella época eran la única parte de mi escuálido cuerpo que lograba despertar interés en los chicos.

Cuando consiguió vencer mi asco inicial, no había velada que no acabáramos en algún oscuro rincón del vecindario, obligándome a mamar su duro bastón hasta que manchaba mis manos, y a veces mi cara, con su espesa virilidad, mientras me magreaba.

Al final aprovecho una tarde que no había nadie en su casa para poseerme, venciendo mi escasa y débil resistencia con unas hábiles y enervantes caricias por todo mi cuerpo.

Esa primera vez fue de lo mas doloroso y, si no llego a experimentar un poco de placer al final, creo que no le habría dejado que me volviera a poseer en ocasiones sucesivas.

Pero a la postre no me sirvió de nada el sacrificio. Pues en cuanto hubo satisfecho sus sucios deseos, reiteradas veces, ya fuera en su casa o en la mía, con mi consentimiento o sin el, se olvido de mi, y rápidamente se busco a otra incauta chica a la que desvirgar.

Aquel año fui junto con mis padres y mi hermanita Rosa a veranear a la vieja casona de mis abuelos, perdida en un pequeño valle, bastante lejos del pueblo mas cercano.

Ocurría que estos hacia ya tiempo que vivían en un asilo de ancianos de la ciudad, mis padres querían reparar la casa, para alquilarla a los turistas que nos empezaban a invadir.

Como debido a mi escaso atractivo físico y a mi árido carácter casi no tenia amigos, no me importo demasiado pasar las largas vacaciones en el campo acompañada de la familia.

La verdad es que la casa estaba bastante mas apartada del pueblo de lo que esperaba; y, aunque no les quise decir nada a mis padres, no veía probable que algún turista quisiera recorrer varios kilómetros por un descuidado sendero de tierra en mal estado, para llegar hasta el viejo caserón.

Este, por suerte, estaba en mejores condiciones que el camino y, con bastante trabajo, podía quedar en un estado bastante aceptable en poco tiempo.

Dado que había habitaciones de sobra me quede con una para mi sola, aunque Rosa me insinuó que no le hubiera importado compartir la suya conmigo. A mi me hacia mucha gracia que con sus trece años aun tuviera esos detalles, propios de una niña mucho mas pequeña.

Sobre todo si teníamos en cuenta el cuerpo serrano que Dios le había dado.

Pues la afortunada mocosa no solo era realmente guapa, sino que a su edad ya tenia la delantera bastante mas grande y firme que la de mi madre, y que la mía por supuesto.

Con el esbelto tipo que poseía, a poco que se cuidara, llegaría a ser una gran belleza.

Pero, por mucho cuerpo que tuviera, seguía teniendo cosas de cría pequeña, como el no poder dormir nunca sin la compañía de su osito de peluche, que la hacían parecer mucho mas cría de lo que era en realidad; y que le restaban un poquito de fuerza a los celos, y la envidia, que yo sentía de ella, aunque se que esta feo que lo reconozca.

Pues, aunque yo la quería con locura, no me hacia gracia ver como la gente, y en particular los hombres, solo parecían tener ojos para ella, cuando estabamos juntas las dos en algún sitio.

Me daba mucha rabia ver como hasta mis mejores amigos parecían olvidarse de mi en cuanto mi bella hermana rondaba a nuestro alrededor, clavando sus hambrientas miradas en el apetitoso y pletórico cuerpo de ninfa que ella lucia inocentemente, sin malicia.

A los pocos días de estar en la vieja casona Rosa y yo nos dimos cuenta de lo bien que le estaba sentando a nuestra querida madre vivir en el campo; pues, aunque aun ella no había cumplido los cuarenta, ahora parecía que tuviera tan solo treinta, o incluso menos.

Se la veía ir todo el día de aquí para allá, la mar de contenta, mejorando a ojos vista.

Cuando le pregunte por su secreto me insinúo, entre risas y rubores, que el amor y, sobre todo el sexo, hacen maravillas en una mujer. La verdad es que mi padre se tenia que estar portando magníficamente, pues la mejoría era mas que notable, ya que todo su cuerpo parecía estar cogiendo el volumen y firmeza que había perdido con la edad.

Fue uno de esos días cuando una mañana, al despertarme, me di cuenta de que había estando haciendo cosas muy feas durante la madrugada. Tenia las braguitas hechas un ovillo al pie de la cama, y el camisón arrugado, y bastante húmedo a la altura de mi intimidad, como si lo hubiera mojado con mis espesos fluidos, al acariciarme con él.

No tenia motivos para pensar que había sido otra persona la que me había manoseado, pues no solo tengo la costumbre de cerrar mi cuarto siempre con llave desde el interior; sino que, además, todas las ventanas de la casa tenían rejas.

Como el cálido escozor que sentía en mis partes mas nobles no dejaba lugar a dudas, deduje que el calor de la noche me había hecho tener algún sueño erótico, y que debido a el me había masturbado; cosa bastante rara en mi, pero que no era la primera vez que hacia, por supuesto.

Durante tres o cuatro días me desperté de la misma forma, sin bragas, y con el camisón mojado por mis continuas travesuras nocturnas. El suave escozor de mi intimidad me duraba un par de horas, mas o menos, y después estaba todo el día con una alegría, y unas ganas de hacer cosas, que me hacían recordar lo que insinúo mi madre aquel día.

Ella no solo parecía ya una jovencita, en el físico y en el carácter, sino que llegue a pensar que podía estar embarazada, pues los pechos se le veían mucho mas grandes y firmes; pero no podía ser, pues mi padre estaba operado desde que nació mi hermana, para que no tuviéramos ya mas hermanitos. Y hasta yo sabia que eso era incuestionable.


Capitulo 2: S/f, EX


Y entonces llego la noche decisiva, la noche en la que me desperté, siendo aun de madrugada, en mitad de un violento y poderoso orgasmo.

Aun no me había recuperado del mismo cuando me di cuenta de que no era yo quien me estaba masturbando, sino que alguien me estaba poseyendo muy suavemente con un miembro enorme, que me llenaba por completo, y que me obligaba a tener las piernas totalmente abiertas de par en par.

Lo terrible fue cuando vi, gracias al resplandor de la luna que entraba por mi ventana, que no había nadie montado sobre mi.

Pues veía perfectamente todo el dormitorio y en él no había ninguna otra persona que no fuera yo.

Reconozco que me asuste muchisimo.

Quise gritar, y no pude, pues no me salía la voz; pero oía, claramente, mis jadeos entrecortados, ya que algo enorme seguía penetrando, sin descanso, dentro de mi.

Después intente moverme, para escapar de lo que fuera que me estaba violando, pero tampoco pude, parecía que mi cuerpo estuviera pegado a la cama por muchisimas manos.

Cuando mis ojos se acostumbraron a la oscuridad pude ver, a través del gran espejo que había en la pared de enfrente, sobre la cómoda, como mi propio camisón de raso blanco era el que abusaba de mi, introduciéndose dentro de mi intimidad, hasta el mismo fondo.

Pues por mas que me esforzaba solo veía un grueso cilindro de oscuridad, justo en el centro de mi dilatada almejita, y el suave balanceo del resto de mi cuerpo, siguiendo el suave ritmo de las firmes acometidas del gigantesco e incansable miembro invisible.

Poco a poco se me fue quitando el miedo; gracias, sobre todo, al enorme placer que sentía cada vez que penetraba dentro de mi. Por eso no me avergüenza reconocer que me hizo gozar varias veces, con fuertes y violentos orgasmos, antes de que todo terminara.

Después del ultimo orgasmo me quede tan cansada que no me quedaron ganas ni de gritar, ni siquiera cuando sentí como una especie de aire helado que se paseaba por toda la habitación.

Así que me gire como pude, y me quede dormida casi al momento.

A la mañana siguiente no sabia si lo que me había pasado era el producto de algún sueño erótico mientras me masturbaba, o era realidad. Decidí, por lo tanto, no decir nada todavía a mis padres, hasta no estar segura de lo que estaba pasando, no me fueran a tomar por loca o mentirosa.

Pues ni siquiera yo estaba segura del todo acerca de lo que había sucedido.

Esa mañana había mercado en el pueblo, por lo que acompañe a mi madre mientras mi hermana se quedaba a ayudar a mi padre, como siempre.

Aunque su aspecto era radiante, me sorprendió ver el interés que mi madre despertaba en los hombres, los cuales la devoraban con la mirada. Ella, orgullosa y algo coqueta, se paraba en todos los puestos, bromeando y sonriendo ante sus continuos requiebros. Como andaba un poco rezagada, podía escuchar los soeces y hasta groseros comentarios que ella provocaba a su paso.

En uno de los tenderetes encontró un fino vestido de lino que pareció encantarle.

Como no había donde cambiarse accedió a la proposición del amable vendedor de entrar en la parte trasera de su destartalada furgoneta a probársela. Este, además de acompañarla, se quedo junto a uno de los cristales, al igual que un puñado de chicos de mi edad, para no perderse ni un solo detalle del strip-tease. A mi madre no pareció importarle el publico, pues salió con el puesto, a pesar de que se le marcaban horrores los pezones en la tela.

Esa noche cerré mi cuarto a cal y canto y me quede sentada sobre la cama, temblando de miedo, a la espera de lo que pudiera pasarme. Como el camisón de raso se estaba ya lavando llevaba puesto otro, algo viejo, de un tejido muy duro y rasposo, cuyo tacto me provocaba estremecimientos solo de pensar en lo que sentiría si se volvía a repetir lo de la noche anterior.

Debí quedarme algo traspuesta, pues no me desperté del todo hasta que sentí ese curioso aire frío que se acercaba a mi cama. Me tape a toda prisa con la sabana, pero no me sirvió de nada.

Note como si un montón de manos, muy hábiles, acariciaran mi cuerpo por encima de la ropa jugando hasta con mi ombligo, y pellizcando suavemente mis sensibles y rígidos pezones.

Creí oír como una voz que, susurrando, me preguntaba al oído si quería volver a disfrutar; y yo, con una voz muy débil, dije que no.

Las insidiosas caricias se hicieron entonces mas intensas y enervantes, dedicando una especial atención a mis agradecidos pezones, ya completamente rígidos, y a mi cálida entrepierna, cada vez mas húmeda y excitada. Sin darme cuenta fui separando poco a poco los brazos y los muslos, para sentirlas con mayor intensidad por todas partes.

Y cuando la voz me volvió a preguntar si quería mas placer le respondí, con la voz ronca, que si.

Fui yo misma la que me despoje rápidamente de las incomodas y húmedas bragas, y la que me abrí completamente de piernas, para que el camisón me penetrara de nuevo hasta lo mas hondo, enardeciendo todo mi cuerpo con su áspero roce mientras me invadía.

Esta vez tuve que taparme la boca con una mano, para que mis gritos de gozo no se oyeran por toda la casa. En varias ocasiones sentí como si unas fuertes manos acariciaran mis temblorosos senos por encima del camisón, y rugí de placer, mordiendo la almohada, cuando me retorcieron los dos pezones a la vez en mitad de un orgasmo bestial. No se cuantos mas tuve después de aquel. Fue la noche mas salvaje que había vivido nunca.

Esa misma mañana me prometí que la repetiría todas las veces que pudiera.

Pase pues el día hecha un verdadero saco de nervios, deseando que llegara la noche de una vez, para poder sentir a mi nuevo amante otra vez dentro de mi con su gigantesca presencia.

Esta vez había recortado un gran trozo de seda, de una pieza de tela que guardaba mi abuela en el desván, y lo esperaba totalmente desnuda, para que el fantasma, pues no se me ocurre otro nombre que suene mas apropiado, no me manchara de nuevo el camisón; pues estaba segura de que mi madre empezaría a pensar cosas raras si me veía lavarlos tan de continuo. Este se introdujo dentro de mi habitación a altas horas de la madrugada, como de costumbre, y agradeció el detalle a su manera, acariciando todo mi cuerpo con la fina seda, hasta que le tuve que rogar, entre suspiros, que entrara dentro de mi. Ni que decir tiene que fue otra noche loca, en la que disfrute de lo lindo.

Y no solo por el sexo en si, sino también viendo como se pegaba la pieza de tela a mi cuerpo, ayudada por una infinidad de viciosas manos invisibles que moldeaban el contorno de mi silueta, pusiera la postura que pusiera, mientras su gran presencia me perforaba a fondo sin descanso.

Cuando me quede dormida, de puro agotamiento, aun todavía tenia el enorme miembro fantasma incrustado dentro de mi, penetrándome a conciencia una y otra vez, cada vez mas violentamente, mientras sus ayudantes invisibles se ensañaban de nuevo con mis doloridos pitones, estrujándolos sin piedad, hasta hacerme sentir placer de tanto dolor.


Capitulo 3: S/f, S/F, V, EX


Así transcurrieron un par de semanas, en las que descubrí, con muchisimo gusto, todo lo bueno que tiene el sexo. Y la mejor prueba de lo que digo era ver lo bien que le sentaba a mi madre.

Esta, orgullosa del increíble cambio que estaba experimentado todo su cuerpo, se dedicaba a lucirlo donde fuera. Digo esto por como se vestía para ir al pueblo o a por leche a casa de unos vecinos relativamente cercanos. A menudo solía contarnos que se había encontrado a los hijos de estos vecinos en el río, o en pueblo. Esto no era raro, pero si me extrañaba que los nombrara y tratara como unos mocosos cuando los dos chicos eran mayores que yo.

Hasta que una mañana en la que tardaba demasiado en salir de la vaquería de los vecinos entre y sorprendí a los chicos mientras enseñaban a mi madre a ordeñar ocultos tras una vaca.

Interrumpieron la clase nada mas oírme llegar, pero el rubor que tenían los tres, así como la camisa casi desabrochada de mi madre me hicieron sospechar cosas muy raras.

Una noche, después de un buen rato de placer, oí como la voz susurrante me decía que me pusiera enfrente del espejo. Cuando lo hice creí que soñaba otra vez.

La que estaba reflejada era yo, pero mucho mas bella.

La cara, siendo la misma, parecía mucho mas bonita, sobre todo la boca, que hasta yo la veía apetecible ahora que tenia los labios mas gruesos. Los pechos eran mucho mas grandes y perfectos, con una amplia aureola que enmarcaba mis preciosos pezones alargados. El culo era mas firme y respingón, y hasta los muslos habían mejorado, haciéndose mas esbeltos y firmes. La imagen que estaba viendo reflejada era una versión perfecta de mi cuerpo, pero falsa como ya supondrán.

Cuando acabo el espejismo, la voz me dijo que podía hacer que yo fuera así en realidad; y yo, llorando, me puse de rodillas y le suplique que lo hiciera.

La voz, riéndose de una forma muy curiosa, me dijo que no me podía dar algo por nada; y que yo debía darle, a cambio, lo mismo que recibía. Le dije que no entendía nada y la voz me prometio que me lo explicaría al día siguiente. Yo ya no pude pegar ojo pensando en el cuerpo que podría llegar a tener, y el día se me hizo mucho mas largo esperando que volviera a visitarme.

La noche siguiente la voz me hizo salir al pasillo y, con mucho sigilo, ir hasta el cuarto donde dormian mis padres.

Allí pude ver, a través de la puerta entreabierta de su habitación, como mi madre, totalmente desnuda, estaba montando, fogosamente, sobre mi padre; el cual me dio la impresión de que estaba completamente dormido, pues hasta se le escapaban unos pequeños ronquidos de vez en cuando.

En su espléndido físico aprecie que realmente estaba mucho mas joven de lo que yo la recordaba, sobre todo sus lindos pechos que parecían ahora los de una chica de mi edad. Empece a sospechar que el fantasma tenia bastante que ver en el cambio que se había producido; sobre todo cuando oí a mi madre susurrar ... el culo ... ahora quiero el culo que tenia antes. La voz que yo conocía tan bien le dijo que de acuerdo, que al día siguiente fuera al lugar de costumbre en el bosque.

Acto seguido, y sin que mi madre dejara en ningún momento de cabalgar fogosamente sobre mi padre, vi como se formaba a sus espaldas un gigantesco miembro, hecho con las finas sabanas de franela, apuntando hacia su diminuto agujerito.

Pense que el fantasma la destrozaría por dentro, antes de que pudiera entrar todo eso por su orificio mas estrecho; pero ella, echándose todo lo posible hacia delante, recibió muy dócilmente, entre ahogados grititos de dolor, el inmenso regalo que la voz le introducía por la entrada posterior.

Cuando vi que sus gemidos eran ya de placer, y no de dolor, y que se movía como una ansiosa serpiente, para poder recibir aun mejor los envites de ambos instrumentos a la vez, me marche de allí, silenciosamente. Deseando, eso si, que acabara lo antes posible, para así poder tener yo también mi parte. Pues me había excitado muchisimo viendo como mi madre se entregaba al sexo con tanta pasión; y, mientras la veía gozar, me acariciaba yo también el cuerpo, pensando en lo que me esperaba a mi poco después.

Un rato mas tarde, mientras la voz fantasmal me mataba de placer, a base de frenéticas y continuas penetraciones, me dijo que si mi madre quería volver a tener el tipito que tuvo cuando era joven tenia que ofrecer esas partes del cuerpo en sacrificio a los espíritus mágicos del bosque, y que él solo era un simple intermediario, que cobraba su parte del trato como mas le apetecía.

Con mucho sexo, como ya sabia, como había presenciado antes, y como me aseguro que hacían también los espíritus, aunque ellos solían usar su magia para obtener el máximo placer de sus encuentros con las mujeres que requerían sus favores.


Capitulo 4: S/F, S/f, V


Al día siguiente, mientras mi hermana pequeña ayudaba como de costumbre a mi padre en unas reparaciones, seguí sigilosamente a mi madre, asesorada por la voz, hasta un apartado rincón del bosque. Allí pude ver como ella se desnudaba por completo, dejando toda la ropa a un lado, mientras aguardaba impaciente nuevas ordenes de la voz invisible.

Reconozco que me asuste muchisimo cuando vi aparecer una pequeña manada de lobos de entre unos espesos matorrales. Si no grite fue porque vi que mi madre se lo tomaba con mucha tranquilidad, como si los estuviera esperando. La voz me susurro al oído que los espíritus del bosque no suelen adoptar formas normales; y que no me dejara llevar a engaño, que lo que tenia ante mi no eran lobos normales, que esto era solo apariencia.

Pronto me di cuenta de que tenia razón, pues no se comportaban como animales, ya que la media docena de lobos se pusieron a dar vueltas alrededor suya, tranquilamente y en completo silencio, como esperando que fuera ella la que rompiera el hielo e hiciera algo.

Mi madre, cuando por fin se relajo, se puso a cuatro patas sobre la hierba y, agachando la cabeza, separo al maximo las piernas, mientras decía lo mismo de la otra noche ... el culo ... quiero el culo.

Los lobos se fueron acercando poco a poco hasta ella, repartiéndose a su alrededor; y, como si lo hubieran ensayado, se pusieron a lamer todos su cuerpo al mismo tiempo. Así, mientras unos le lamían los pechos, prestando especial atención a sus pezones, otros se dedicaban a su intimidad y se turnaban en degustar su entrada posterior, con un ansia que hasta a mi me estaba excitando.

Cuando sus gemidos de placer se hicieron mas intensos uno de ellos se preparo para penetrarla por detrás. Fue cuando me di cuenta de que en verdad no eran normales, pues el miembro que lucia ese lobo era descomunal hasta para una persona, y mas todavía para un animal.

El caso es que, como la noche anterior, mi madre volvió a demostrar que era capaz de admitir cosas increíbles por su entrada mas estrecha.

No solo albergo el enorme aparato con relativa facilidad en su acogedor interior, sino que gozo horrores, gritando a voces su placer cuantas veces quiso; pues todos los falsos lobos se turnaron, silenciosa y ordenadamente, para entrarle por la parte de atrás, ignorando su asequible intimidad como si no existiera.

Cuando acabaron se marcharon en silencio, dejándola tirada sobre la yerba, agotada y feliz, rezumando esperma por su orificio desgarrado.

La vi vestirse e irse al río a lavarse. Ya pensaba marcharme cuando oí voces y risas.

Me acerque y pude ver a mi madre todavía mojada tonteando con los hijos de los vecinos.

Uno de ellos le hablaba al oído mientras el otro le acariaba un pecho por encima de la ropa.

No quería ver mas así que me fui cuando ya la estaban tumbando sobre la hierba.

Esa noche le dije a la voz que estaba convencida y dispuesta a sacrificar mi cuerpo para lograr ser como la imagen que vi en el espejo, pero la voz me dijo que no era tan fácil.

En el caso de mi madre si, pues era su cuerpo el que sacrificaba para volver a ser como era antes; pero en mi caso era diferente, pues yo tenia que sacrificar un cuerpo que fuera como el que quería, para poderlo obtener a cambio. Lo cierto es que no entendí nada.

Como estaba hecha un lío me lo aclaro mas todavía, tenia que sacrificar voluntariamente a mi hermanita para que mi cuerpo fuera tan perfecto mañana como el suyo lo era hoy.

Yo, al principio, me negué; pero la voz me dijo que no fuera tonta, que si no lo hacia yo lo haría mi madre, pues los espíritus del bosque se habían encaprichado de mi hermanita, y si no la habían poseído ya era porque primero tenia que ser doncella, y aun le faltaban dos o tres semanas para convertirse en mujer. Después caería bajo su hechizo sin duda.

La voz se dio cuenta de que no estaba convencida del todo, así que me hizo ir al cuarto de Rosa, para que viera que era verdad todo lo que decía.

Cuando abrí la puerta la vi durmiendo, abrazada a su osito de trapo como de costumbre; pero, cuando me acerque mas a ella, me di cuenta de que su peluche estaba tirado a los pies de la cama, junto con su arrugado camisón infantil y que lo que abrazaba amorosa era otra cosa, muy diferente.

No se como podría describírselo, lo mas aproximado que se me ocurre es decirles que era una especie de ovillo de carne, hecho a base de docenas de enormes lenguas y labios.

Mi querida hermana gemía dulcemente, apretándolo con cariño, mientras las bocas se desplazaban bajo sus brazos, poco a poco, para besarla por todas partes, saboreando su cara y su cuerpo con total impunidad. Las enormes lenguas que no lamían su lindo rostro se enroscaban sinuosas por todo su cuerpecito. Dedicando, al igual que las bocas, una especial atención a sus preciosos pechos, y a sus puntiagudos pezones, anormalmente gruesos y grandes para una chica de su edad.

Luego vi como varias de las lenguas mas largas se introducían bajo sus castas braguitas infantiles, penetrando por ambos laterales a la vez, para lamer lo mas intimo de su persona, aprovechando la indecorosa separación de sus piernecitas para alcanzar sus objetivos con mayor facilidad, degustando su culito y su almeja a un mismo tiempo. Así fue como ella, sin despertar en ningún momento, que yo sepa, alcanzo los primeros orgasmos de su vida a manos de un raro ser fantasmal.

Mas tarde, cuando regrese a mi habitación, aun bastante azorada, la voz me recordó que al cabo de pocas semanas mi hermana seria ya mujer, y los espíritus del bosque la harían suya de un modo u de otro, así que yo debía aprovecharme todo lo que pudiera, para mejorar mi cuerpo. No lo dude mas y me puse a las ordenes de la voz, para que me dijera que era lo que tenia que hacer.

Al día siguiente, me dijo, empezaríamos por la boca.


Capitulo 5: S/f, S/F, V

Ese día mi madre trajo una vaca, que le habían prestado durante unos días sus jóvenes amigos, y mi hermana se puso la mar de contenta, pues nunca había visto una.

La voz me asesoro sobre lo que tenia que hacer. Y, aprovechando que nuestros padres nos dejaron solas toda la tarde, lleve a mi hermana al establo, para enseñarle como debía ordeñarla.

La pobrecilla vino la mar de contenta, y no sospecho lo mas mínimo, aunque yo me di cuenta enseguida de que las ubres de ese gran animal no eran como deberían ser, pues los extremos parecían diminutos glandes descapullados. Después de lavar con abundante agua esas raras ubres convencí a mi ingenua hermanita de que las ordeñara siguiendo mis instrucciones, y estuvo encantada de hacerlo, disfrutando al ver salir de ellas tanta leche.

Cuando la voz así me lo indico convencí a mi cándida hermanita de que chupara de una de las tetillas al mismo tiempo que la ordeñaba, para probar así la leche autentica.

Al principio creí que no la convencería, pero después de pensarselo un poco se puso a chupar ansiosamente, al tiempo que pegaba pequeños tirones de la ubre. Desde donde yo estaba se veía claramente que le estaba haciendo una buena mamada a algún afortunado espíritu del bosque.

Pero Rosa no solo no lo sabia, sino que estaba disfrutando de lo lindo con el juego; pues, entre risitas, me decía que la leche estaba riquisima. Cuando la pequeña se harto de beber de las diferentes tetillas de la vaca tenia toda la cara y la camiseta empapadas de una sustancia espesa, que yo estaba segura de que no era leche, al menos no de vaca.

Para que el sacrificio fuera completo, esa noche me toco a mi entregar mi boca a la voz.

Me hizo tapar la cara con el retal de seda y pase un montón de horas sintiendo como penetraba el enorme miembro de tela en mi boca, una y otra vez, al tiempo que sentía como pequeños mordiscos, pellizcos y chupetones por todo el rostro.

Fue una sensación rarisima que me dejo con toda la cara adormecida. A la mañana siguiente ya empece a notar una cierta mejoría en ella, aunque no tanta como deseaba y quería fervientemente.

Pero la voz me pidió, riéndose, que tuviera algo de paciencia, ya que en muy poco tiempo mi cuerpo seria como la bella imagen que vi de mi rostro en el espejo, aquel día.

Para poder sacrificar los pechos tuve que armarme de paciencia y esperar varios días, a que los espíritus del bosque volvieran a reunirse de nuevo para mi. Los aproveche espiando las múltiples travesuras que hacia la enigmática voz durante el día en la casa.

Aparte de mi madre, yo era la única que sabia que cuando corría un aire fresco por la casa era que el espíritu estaba presente, haciendo alguna de las suyas; y, disimulando todo lo que podía, prestaba mas atención que nunca a lo que pasaba a mi alrededor.

Así fue como pude darme cuenta de que lo que mas le gustaba hacer al pícaro fantasma era provocar sexualmente a mis padres siempre que tenia la mas mínima oportunidad.

Mi madre, por orden expresa de la voz, iba casi siempre sin ropa interior, y la voz sabia sacar provecho de ello. En cuanto estabamos todos reunidos para la comida o la cena, el espíritu se dedicaba a acariciar sus pechos y su intimidad, hábilmente; hasta que ella, la mayoría de las veces, terminaba por correrse en su asiento, abochornada y en silencio.

Solo yo sabia, al ver sus durisimos pezones marcados descaradamente sobre los vestidos, que el fantasma se los estaba pellizcando o retorciendo.

Y alguna que otra vez fui testigo silenciosa de como la poseía en los sitios mas insólitos, usando para ello un enorme pañuelo que mi madre llevaba siempre encima.

Aunque nunca he hablado con ella sobre esto, se que disfrutaba tanto como yo con estas salvajes penetraciones, pues solo había que ver las caras de placer que ponía mi madre cuando la poseía, en la cocina o en algún dormitorio vacío, mientras ella ronroneaba, como una gata en celo, llorando de puro gozo.

Aun puedo verla, con las faldas levantadas, abierta de piernas, con el paño incrustado en su intimidad, apoyándose de cualquier forma sobre algún mueble, mordiéndose los labios para que no se oyeran sus gemidos, mientras sus caderas se meneaban frenéticamente al ritmo de las fuertes acometidas del picaro ente.

Capitulo 6: M/f, IN, V


Para divertirse a costa de mi padre, usaba a mi hermanita, por la que este sentía una especial predilección. Yo sabia que ella era la niña de sus ojos, pero no supe del interés sexual que tenia para él hasta que un día vi, desde la puerta, como se le formaba un aparatoso bulto en los pantalones, bastante delatador, mientras le miraba las braguitas, aprovechándose de que las estaba luciendo, inocentemente, mientras quitaba el polvo de un mueble, subida en lo alto de una silla. El, mientras la sostenía para que no se cayera, metía la cabeza bajo su reducida minifalda, para no perderse ni el mas mínimo detalle.

La voz si debía saberlo, pues siempre estaba haciendo que la pequeña Rosa se luciera delante de mi padre, usando para ello sus curiosos poderes. Cada vez que creían estar solos, la voz soltaba sigilosamente algún que otro botón de su blusa, o le descolocaba el vestido con cuidado, para que este pudiera ver sin ningún esfuerzo los preciosos pechos de mi hermana; pues, por entonces, no usaba todavía sujetador, ni maldita la falta que le hacia.

No había día que no soplara por toda la casa un travieso airecillo que permitía ver las castas braguitas de mi inocente hermanita en el momento mas inoportuno, sobre todo cuando la víctima estaba subida en algún sitio, o agachada de tal forma que no podía taparse adecuadamente para que los demás no se las viéramos. Pero de todas formas, ella no se preocupaba en ocultarlas, pues apenas le daba importancia a su posible desnudez.

La verdad es que he de reconocer que mi padre no era precisamente lo que se dice un santo, y solía llevarse a Rosa para que le ayudara en las reparaciones de la casa, ya que a ella le encantaban todas las manualidades. Así podía toquetearla, de forma mas o menos disimulada, sin que la ingenua de mi hermana se diera cuenta de lo que pasaba realmente.

Ahora que ya sabia de que pie cojeaba mi progenitor procuraba espiarles a escondidas, pues era una forma como otra cualquiera de matar el aburrimiento que me embargaba durante el día.

Así pude ser testigo de como lo hacia. Generalmente fingía caerse, o tener que apoyarse, mientras reparaba alguna cosa, para poder agarrarse a sus abultados senos, o a su culito respingón, sin que mi hermanita recelara lo mas mínimo de sus tocamientos.

Una de las jugadas mas audaces que presencie fue cuando mi padre la obligo a empujar con su cuerpo sobre un viejo somier, mientras él restregaba su enrojecido rostro entre sus generosos senos, intentando apretar sus oxidados tornillos. Mi hermanita era tan ingenua que incluso le preguntaba si le hacia daño con sus empujones mientras mi padre disfrutaba de la dureza de sus pechos, sin que la fina tela del vestido fuera obstáculo para sus manejos.

El muy descarado no dejaba de asesorarla todo el tiempo para que no recelara al sentir sus labios incrustándose ávidamente en la cima de sus senos. Mi progenitor realizo su labor con tal maña y destreza que para cuando finalizaron el trabajo mi cándida hermanita tenia el vestido totalmente empapado a la altura de los duros pezones, como muestra de lo mucho que la boca de mi padre había disfrutado de ellos durante la ardua reparación.

Aunque me imagino que lo mejor de todo el verano fue sin duda el día que madrugaron para irse a pescar los dos solos. Esa mañana salía casualmente del aseo cuando sonó el despertador y oí a mi padre, ya vestido y preparado, entrar en el cuarto de mi hermanita.

La oscuridad del pasillo me amparaba y me permitió ver como a la luz del amanecer y con mucho cariño mi padre le quitaba el camisón y a continuación le ponía las braguitas y su vestidito mas liviano de tirantes. Rosa, adormilada, apenas prestaba atención a las afectuosas manos que recorrían su anatomía descaradamente, sobándola con descaro.

Luego, mientras mi hermanita iba al baño pude ver como mi padre hurgaba en su bolsa de playa, retirando de su interior la parte de arriba de su bikini.

No se lo que paso aquel día, pero cuando Rosa volvió a ultima hora de la tarde, y la acompañe a la ducha, pude apreciar que traía colorado no solo sus altivos globitos sino también su pétreo culito.

(Si quieres saber lo que sucedió lee el relato "DIA DE PESCA")

Mi padre no solía dormir casi nunca la siesta, a diferencia del resto de nosotras, que teníamos que descansar adecuadamente para poder disfrutar mejor durante la noche.

Así que por las tardes se acercaba hasta donde estuviera durmiendo Rosa, generalmente un sofá o una mecedora, y la contemplaba a placer, durante largo rato. Aflojándole la poca ropa que solía ponerse si era necesario para no perderse ningún detalle revelador.

Yo le vi hacerlo un par de veces, pero no dije nada. Porque a fin de cuentas él, a lo mas que llegaba era a bajarle un poco las braguitas infantiles, para ver su incipiente felpudito.

Y yo pensaba aprovecharme mucho mas de su adorable cuerpecito de ninfa.


Capitulo 7: S/f, M/f, IN


El día que la voz me dijo que podía sacrificar los pechos de mi hermanita, y la forma de hacerlo, la convencí de que se pusiera su vestido de verano mas ligero, de tirantas, y me acompañara al mismo lugar del bosque donde los lobos habían poseído a mi madre; con la excusa de enseñarle un nido de ardillas, con sus crías, que había encontrado paseando.

Rosa vino la mar de contenta y feliz, y no dudo lo mas mínimo en subirse a las ramas de un árbol enorme, que yo le indique, para ver las supuestas ardillas. Solo pudo echarles un rápido vistazo, pues enseguida la rama sobre la que se apoyaba cedió, y ella incrusto sus voluminosos pechitos en el agujero del árbol mientras abrazaba el tronco con sus brazos.

Por mas que la pobre grito no pudo soltarse de la trampa y yo, desde abajo, solo fingía buscar una forma de bajarla. Mi hermana, llorando, me dijo que las ardillas le habían roto el vestido y que le estaban mordiendo las tetas. De todas formas no debían de hacerle demasiado daño, pues veía claramente su cara, expresando todo el placer que sentía.

La pobre estuvo un buen rato atrapada en el agujero, hasta que, sorprendentemente, se soltó sin mas, sin que ninguna de las dos hubiéramos tenido que hacer nada en concreto.

Cuando Rosa bajo del árbol, con los pechitos al aire, vimos que no tenia ninguna marca de dientes, aunque estaban bastante enrojecidos; sobre todo los pezones, que seguían estando duros como piedras, para atestiguar que algo raro les había pasado allí arriba.

A duras penas conseguí que no le dijera nada a mis padres, con la excusa de que había sido todo culpa mía, y que me castigarían severamente por dejarla subirse a los arboles.

Como realmente no tenia ninguna herida en los lindos pechos, al final accedió a callarse, por hacerme un favor; y yo se lo agradecí, invitándola a dulces y pasteles en el pueblo.

Esa noche fui yo la que sufrí, y hasta goce, de las divinas torturas que la voz tuvo a bien hacerme en mis tiernos pechos, usando el viejo retal de tela.

Lo mismo me hacia delirar de placer, mientras me acariciaba los senos con mil manos invisibles, que me tenia que morder la lengua para no gritar de dolor, cuando me retorcía y pellizcaba los sensibles pezones, sin la mas mínima consideración.

Sus caricias no cesaron en toda la noche, ni siquiera cuando me penetro, durante varias horas, con su gigantesco miembro de seda.

Por la mañana, además de empezar su mejoría, tenia a los pobres pezones tan irritados que el mas mínimo roce con el vestido me molestaba, por lo cual estuve casi todo el día con los pechitos al aire. Para alegría de mi pícaro padre, que no se perdía ningún detalle de lo que empezaban a ser un par de preciosos pechos, cada vez mas bellos y lozanos.

No me cabe la menor duda de que tuvo que ser la voz la culpable de que, ese mismo día, me quedara sin agua mientras me estaba duchando.

Dado que mi madre había salido al pueblo de compras con mi hermana hacia poco rato, tuve que ser yo la que ayudara a mi padre a reparar la avería del lavamanos.

Mi padre me aseguro, muy sonriente, que seria cosa de un momento, por lo que no me moleste en vestirme; y, ataviada con mi corto batin de baño, me senté como pude en la caja de herramientas, para sujetar la cañería.

Como aun me sentía cansada por el fogoso encuentro de la noche anterior me quede un poco adormilada en esa postura, con la cabeza apoyada en el lavamanos, escuchando los apagados ruiditos que hacia mi padre debajo mía, mientras trasteaba en la vieja tubería.

Tenia las piernas bastante separadas para no molestarle cada vez que tenia que coger una herramienta de la caja, por lo que me extraño muchisimo notar el intenso roce de su ruda mano en mis sensibles labios menores, mientras sacaba una gran llave inglesa; cuyo áspero mango, al salir, aun rozo mas a fondo mi intimidad, deslizándose insidiosamente por la rosada abertura.

Como era bastante consciente de que mi querido tutor nos había salido bastante pícaro, me asome, poco a poco, para ver que estaba pasando hay abajo.

De lo primero que me di cuenta era de que me había aflojado el nudo del batin lo justo para que mis senos quedaran totalmente a la vista, mostrándole su nívea desnudez, y sus cada vez mas atractivos fresones. Pero yo aun se lo había puesto mejor, pues al haber separado ingenuamente mis piernas le colocaba mi desprotegida intimidad a tan solo un par de palmos de su sudorosa cabeza. Mostrándole así hasta el ultimo rincón de mi flor.

Como era la primera vez que mi padre mostraba algún tipo de deseo sexual por mi, en lugar de por mi dócil hermana pequeña, decidí continuar haciéndome la adormilada, y ver así hasta donde era capaz de llegar con mi consentimiento. Mi padre no tardo en volver a guardar la llave inglesa en la caja, volviendo a incrustarla como por equivocación en mi cálida y sensible gruta, de forma aun mas ruda e insistente, al mismo tiempo que lo hacia.

Al ver que yo no reaccionaba de ninguna manera, aparentemente dormida como un leño, apoyo su mano temblorosa en mi espeso bosquecillo oscuro, mientras soltaba por fin la dichosa herramienta, deslizándola a continuación por el resto de mi asequible intimidad.

De ahí paso directamente a acariciar y sobar el sugestivo seno que había descubierto, donde tuve que hacer mil esfuerzos para contenerme y que mi padre no se diera cuenta de lo mucho que me dolía el irritado pezón mientras lo estrujaba con su ruda manaza.

Pero pronto lo soltó para volver a juguetear con mi húmeda y acogedora cueva, donde se entretuvo metiendo los dedos, con muchisimo mas cuidado que de costumbre, durante casi media hora, magreandome a placer todo el orificio. Solo el regreso de mi madre y mi hermanita interrumpió sus picaras y, por que no decirlo, gratas exploraciones intimas.

Desde ese día retrase el sacrificio del culo todo lo que pude, pues era tan virgen por ahí como mi candorosa hermanita, y temía el dolor que podían hacernos los espíritus. Sobre todo cuando me acordaba de los enormes miembros que había recibido mi madre por ese sitio tan estrecho.

Cuando la voz me aseguro que se me acababa el tiempo, hice de tripas corazón, y convencí a mi hermanita para que viniera a pasear conmigo por el bosque.

Ese día habíamos bebido mucho liquido las dos, pues hacia mas calor que de costumbre y, en un momento dado, Rosa se fue detrás de unas matas para hacer pipí. Yo ya sabia lo que sucedería, así que la acompañe; y vi, asombrada, como crecía un grueso tronco justo donde caía su orina, sin que ella se diera cuenta. Cuando acabo orinar, la oscura madera tenia la forma exacta de un miembro de hombre, bastante grande por cierto, y apuntaba justo adonde quería ir. Solo tuve que fingir que tropezaba para empujar suavemente a mi hermanita y la gravedad hizo el resto. Se clavo el miembro de madera hasta la raíz en el culo, entre desgarradores gritos de dolor. Yo, haciéndome la sorprendida, fingí ayudarla, tirando de sus bracitos; pero, en realidad, me limite a ver como Rosa se empalaba sin querer, una y otra vez, en el afilado tronco, mientras intentaba zafarse de la trampa.

Mi hermanita termino por rechazar mi ayuda, al ver de lo poco que le valía, e intento liberarse por sus propios medios, apoyando firmemente brazos y pies, y balanceando suavemente sus finas caderas hacia delante y hacia atrás, tratando de encontrar el final de la impertinente raíz.

El sensual vaivén de Rosa fue haciéndose cada vez mas frenético, quizás por el ansia de liberarse, o puede que por el desconocido placer que empezaba a sentir, pues yo observaba que llevaba algún un tiempo mordiéndose los labios para que no me diera cuenta de que sus encantadores gemidos eran mas de gozo que de dolor.

Desde luego, recordarla allí, con su precioso rostro sudoroso bañado de lagrimas, el vestido arremangado, rezumando fluidos por su virginal intimidad, mientras meneaba su lindo trasero con ardor, es la estampa mas sensual que había visto en toda mi vida.

Cuando al fin consiguió escapar, debido al fuerte espasmo que provoco su violento orgasmo, quizás el primero de su vida, no me hecho en cara el empujón, pero si estaba la mar de sorprendida por no haber visto ese gran palo cuando se agachó para hacer pipí.

Al irnos recogí el largo y grueso palo del suelo, sin problemas, pues la voz me dijo que mas adelante me haría falta. Esa noche me di ánimos, recordando los gemidos de placer que había ahogado mi hermanita, para recibir mi ración correspondiente.

Pero la voz me volvió a sorprender, pues en vez de ocuparse solo de la entrada posterior, se ensaño con los dos agujeros a la vez, penetrándome simultáneamente y haciéndome sentir llena como nunca me había sentido, ni me volví a sentir. Llegue a romper la funda de la almohada de los mordiscos que le di, impulsada por el dolor, y el placer, que sentí aquella noche.

Desde esa noche memorable, y hasta que nos marchamos, siempre que la voz me venia a visitar, y era casi todas las noches, me penetraba por los dos orificios, de uno en uno o a la vez, para recordarme que una mujer nunca tiene bastante con un solo hombre.

Como, por desgracia, he tenido ocasión de comprobar tiempo después durante mi matrimonio.


Capitulo 8: 2m/f, S/f, f/f, IN


Yo mejoraba a ojos vista, igual que le sucedía a mi mama, que ya se parecía mas a una hermana que a una madre. Ella me observaba con extrañeza, quizás sospechando algo, pero estoy totalmente segura de que no sabrá toda la verdad hasta que no lea este relato.

Me hacia gracia ver como me espiaba, con escaso disimulo, de vez en cuando. Pero no tardaba en aburrirse e irse a buscar a sus jóvenes amantes, en vista del poco caso que le hacia mi padre.

Sus esporádicos encuentros en el bosque acabaron convirtiéndose en una especie de rutina, pues rara era la tarde que no acudía al encuentro de los dos hermanos.

Supongo que algo tuvo que pasar en la vaquería, pues en vez de ir nosotras a por la leche un buen día empezaron ellos a traérnosla a casa. Vinieron tan temprano que solo mi madre estaba despierta para recibirlos. Mas tarde la voz me comento, muy divertida, que había habido una gran fiesta privada en la cocina. Fiesta que repitieron muchos días.

Una mañana la voz me despertó de improviso, diciéndome que bajara en silencio a la cocina. Cuando lo hice pude ver que mi candorosa hermanita había madrugado ese día, y hacia compañía a los pícaros hermanos mientras mi madre se duchaba.

Lo malo es que su breve camisón infantil apenas velaba el espléndido cuerpo desnudo que había debajo, y sus inocentes poses dejaban a la vista demasiadas cosas. Los chicos, que no se perdían ni un detalle, no dejaban de bromear con ella; y Rosa, encantada, les seguía el juego.

Uno de ellos pronto se envalentono y decidió hacerle cosquillas, de las que mi hermanita se defendió dando unas pataditas al aire. Estas provocaron que hasta desde donde estaba yo pudiera ver su rubio felpudito y su intimidad. El otro también se unió a la fiesta y ya solo vi manos metiéndose por todas partes. Entre risas, quejas y jadeos las cuatro manos exploraban a sus anchas bajo el camisón. Afortunadamente mi madre salió del baño al oír el alboroto y los sorprendió en plena faena. Aunque Rosa se apresuro a colocarse bien la ropa no pudo ocultar los estragos que el combate amoroso había hecho en los tres contendientes.

Ni que decir tiene que los viciosos hermanos no volvieron a pisar mi casa, teniendo que recurrir de nuevo a la intimidad del bosque para sus frecuentes encuentros con mi madre.

Cuando la voz me aviso de que esa noche tendría lugar el sacrificio final, accedí muy a gusto; pues la única virgen que quedaba en la casa era Rosa, y no lo consideraba justo.

Esa velada, poco después de la media noche, entro mi hermanita en mi dormitorio y, la mar de ilusionada, me confeso que ya era toda una mujer, aunque casi no había sangrado.

Yo la convencí para que pasara la noche conmigo, y la muy ingenua accedió encantada.

Poco a poco fui llevando ladinamente la conversación hasta que acabamos hablando de chicos y, mientras yo le hablaba acerca del sexo, le iba haciendo pequeñas caricias, cada vez mas enervantes, sobre su camisón infantil, para ilustrarla a conciencia sobre el tema.

Cuando note que la pequeña estaba bastante excitada pase a atacarla en serio; y, a la vez que estampaba dulces besos en su cara y en su cuello le solté todos los lazos del camisón, para apoderarme por fin de sus lindos senos desnudos y conseguir así ponerla a cien.

En cuanto estuvimos las dos desnudas empece a acariciar suavemente su intimidad, y a rozar mis pechos contra los suyos, hasta que se nos endurecieron los pezones a las dos.

En el momento en que mas excitada estabamos me metí dentro de mi intimidad, sin que ella se diera cuenta, el tronco aquel de madera, que la voz me había dicho que guardara bajo mi almohada.

Aunque acogí en mi interior todo lo que pude, sobresalía mas de la mitad fuera de mi. Era caliente al tacto, y se movía como si fuera una especie de ser vivo.

Aproveche que Rosa estaba situada en ese momento encima mío y, antes de que se diera cuenta de lo que pasaba, conseguí penetrarla a la primera con un seco golpe de riñones.

Mi hermanita, que estaba besándome en ese momento, intento gritar, pero yo apreté su cabeza contra la mía, para que no se oyeran sus aullidos.

En agradecimiento me dio un fuerte mordisco en el labio que me hizo sangrar.

También intento mover las caderas para apartarse, pero el instrumento parecía tener vida propia; y, en vez de separarse, lo que la pobre conseguía era metérselo cada vez mas adentro clavándoselo hasta la empuñadura.

Al final tuvo que claudicar, dejándose llevar por el placer, como hacia yo, mientras mezclábamos nuestros interminables gemidos de gozo como buenas hermanas y amantes.

Como el extraño chisme no paraba de moverse, aunque nosotras nos estuviéramos quietas, tuvimos varios orgasmos muy seguidos. Rosa, supongo que debido a la falta de costumbre, se durmió, de puro agotamiento, estando todavía enganchada, y subida encima de mi.

La bella durmiente se apodero de uno de mis senos con sus manitas, y se puso a chupar el largo pezón como si fuera un bebe, mientras que se le escapaba, de vez en cuando, algún que otro tierno gemidito de placer.

Yo seguí jugueteando con sus bonitos pezones, pues era una autentica delicia ver como respondían a mis suaves caricias, endureciéndose bajo mis dedos una y otra vez mientras amasaba sus túrgidos senos. Seguí disfrutando también del aparato, incluso cuando la voz vino a reclamar su parte.

Tapándonos con el viejo retal de tela, nos penetro a las dos por detrás, simultáneamente, pasando de un orificio a otro.

Yo, como ya estaba acostumbrada, lo recibí con mucho gusto. Pero mi hermanita, como era tan solo su segunda vez, se revelo contra la intromisión, meneando, inútilmente, su bonito trasero; y, como seguía dormida, me mordió el pezón mientras lo hacia, con tanta saña que me dejo una marca de recuerdo, que aun hoy conservo.

Por la mañana mi pobre hermanita se marcho del cuarto mientras yo todavía dormía agotada, sin squiera despedirse, con la cabeza hecha un autentico lío, y tardo algún tiempo en perdonarme el que la hubiera despojado de su virginidad.

Con el paso de los años lo hizo; pero, hasta que no lea este relato de mis memorias no sabrá los verdaderos motivos que me impulsaron, solo en parte, a desgraciarla de esa manera, privándola rudamente de su malograda virginidad.

Dentro de unos días iré, con mi marido y mi adorada hijita, a la vieja casona de mi abuela, pues ya pronto cumpliré los odiosos cuarenta, y a mi hija, que es una verdadera preciosidad, aun le faltan unos dos o tres años para llegar a ser una mujer.

Creo, por tanto, que ahora es el momento oportuno de recuperar la belleza que siempre me ha caracterizado, desde que pase aquel glorioso verano en compañía de un pícaro fantasma que me convirtió en lo que soy ahora.

El Peli

El Elegido

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 ¿Quién de ustedes no ha tenido nunca una fantasía erótica?


Yo creo que todos los hombres, hemos imaginado más de una vez una situación cachonda con nuestra esposa, nuestra novia o alguna mujer de nuestra familia.


A mis 37 años, llevo casado 7 años con una mujer preciosa, de mi misma edad, que está además viviendo sus mejores años, tanto física como sexualmente. Ha dejado de ser desde hace algunos años la chica preciosa con la que me casé, para convertirse en una mujer en plenitud, mas bella y con mejor cuerpo que nunca, y por si fuera poco, una verdadera fiera en la cama. Poseerla es un verdadero deleite.


Por venir de una familia muy conservadora y educada a lo que hoy llaman "a la antigua", mi esposa vive conmigo en la cama, muchas fantasías que disfruta hasta el paroxismo, aunque ambos sabemos que nunca las podrá hacer realidad.


Al paso de los años, la he enseñado a masturbarse, lo cual actualmente disfruta tremendamente, le he enseñado todas las posiciones posibles y hasta hace un año aproximadamente me ha permitido tener con ella sexo anal, lo cual aunque lo niega, sé que también disfruta excesivamente.


El mes pasado, al estarse dedeando frente a mí, como preámbulo a poseerla y deslecharme en ella, entre gemidos y la respiración entrecortada, me comentó que al encontrarse sola, se masturbaba deliciosamente, imaginando como era cogida al mismo tiempo por mí y por otra persona.


Si bien es cierto que de inmediato imaginarme dicha situación atizó mi ya alta calentura, no pude evitar el piquete de los celos que me obligó a preguntarle quién era el otro.


Su respuesta, aunque ya conocía como se transformaba en la intimidad, no dejó de sorprenderme: --Nadie en especial...............ahhhhhhh......el que sea...........simplemente necesito ser poseída por dos al mismo tiempo..............ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh.....—


Su orgasmo fue terrible. Yo veía como a pesar de estarse viniendo tan largamente, sus dedos no dejaban de frotar se erecto y enrojecido clítoris. Su respiración era un constante jadeo entrecortado únicamente por verdaderos bramidos de placer, mientras arqueaba sus caderas y sus bellas piernas y pies se tensaban de una manera que parecían iban a romperse en cualquier momento.


Me suplicó la penetrara de inmediato, lo que hice sin ningún tipo de reparo. Ya se imaginarán el estado de erección que tenía.


De una manera desesperada, separó sus bellas piernas, y prácticamente se auto ensartó en la enorme verga que rozaba su humedecida vagina.


Totalmente desquiciada, apretó ambas piernas alrededor de mi cadera, y me obligó a desarrollar un frenético ritmo de embestidas hacia delante y atrás, mientras ella seguía teniendo un orgasmo tras otro.


Entre sus bramidos de hembra recibiendo un placer indescriptible, escuché su voz entrecortada suplicando ser penetrada analmente al mismo tiempo.


Obviamente no pude contenerme más, y tan sólo hice un verdadero esfuerzo para sincronizar mi deslechada a un nuevo orgasmo de ella.


Ya tranquilos, me atreví a preguntar algo que me estaba quemando:---¿En quien más piensas?, ¿quién es el otro a quien deseas tener en la cama?-----


La pregunta primero la enojó. Pero ante mi insistencia y mi falsa promesa de que no me enojaría sino por el contrario, era una situación que a mi también me excitaba, me contestó: ----Ya te dije que nadie en especial.......sólo es una situación que me gustaría vivir.........Me gustaría que mientras tu me coges por la vagina, otro me penetrara por el ano.............y luego cambiaran.........en fin.........es sólo una fantasía----


Se incorporó rápidamente de la cama, como para eludir de hablar de un tema, cuya conservadora educación no le permitía hablar sin estar en excitación y no volvió a tocar el temas en los siguientes días.


Nuestras sesiones de sexo volvieron a la normalidad de siempre, aunque en mí había quedado el gusanito de satisfacer a mi mujer.


Concluí entonces, que esperaría el momento y la ocasión para cumplirle su principal fantasía. Claro, que debería yo planear todo a la perfección. No podía ser alguien conocido, es más ni siquiera podía ser en nuestra ciudad, no sola para evitar cualquier riesgo de reconocimiento posterior , sino para evitar nuevos encuentros entre mi mujer y su ocasional amante, si como esperaba, le gustaba sobremanera.


Fue hasta tres meses después cuando se presentó dicha oportunidad. Un viejo amigo y compañero de trabajo nuestro, se casaba el fin de semana en una pequeña ciudad situada aproximadamente a 300 Km., por carretera de la nuestra.


Sin comentar mis intenciones, emocionados platicamos y planeamos el pequeño viaje, aceptando ella a que pernoctáramos una noche en aquella ciudad, a pesar de ser el festejo al medio día.


Y así lo hicimos. El viaje y la fiesta pasó sin mayores novedades, como no fuera el meterle mano a mi gusto a mi preciosa mujer toda la tarde, situación que aunado al alcohol que ambos ingerimos, nos puso a los dos verdaderamente calientes.


En una parada a bailar, noté que uno de los meseros de la reunión, al igual que muchos de los presentes, se comían a mi mujer con los ojos. Ella llevaba un ajustado vestido negro que resaltaba su envidiable figura y sus bellas nalgas, el cual le cubría solamente la mitad de sus torneados y bronceados muslos. Era claro, era objeto de gran deseo para más de dos de los que se encontraban en la reunión.


La peor parte de mi tarea empezaba en ese momento. Escoger quien sería quien disfrutara junto conmigo a ese sabrosísimo manjar. Escoger a quien convidaba yo con lo más preciado para mí en esta vida: mi bellísima mujer.


Créanme que no fue nada fácil. Uno a uno, los candidatos iban siendo eliminados por encontrarles a todos algún defecto. Muy viejo, muy gordo, muy flaco, mal aspecto, muy sucio, muy vulgar, en fin, nadie era el elegido.


Cuando pensaba que nadie de los ahí presentes llenaba las cualidades que yo buscaba, situación que debo aceptarles que me alegró considerablemente, mi esposa acercó su boca a mi oído para susurrarme que uno de los meseros no le quitaba la vista de encima y la estaba incomodando con esas miradas.


Al voltear en busca del tipo que incomodaba a mi esposa de tal forma, descubrí al mismo muchacho a quién yo había sorprendido mirando descaradamente las piernas de mi mujer.


Rápidamente hice un reconocimiento de aquel tipo. Aproximadamente 25 años, moreno, alto, de espalda bastante ancha, perfectamente arreglado, con uniforme impecable y no mal parecido. De pronto, algo llamó poderosamente mi atención. Aquel chico, no sólo no ocultaba el deseo que sentía por mi mujer, sino que hacía saber a mi esposa este deseo sin ningún recato, al colocarse frente de ella constantemente, para poder enseñarle un tremendo bulto en su entrepierna, que era lo que ponía a mi esposa verdaderamente nerviosa.


De inmediato me dirigí hacia el, no sin antes escuchar la súplica de mi mujer de que no fuera a ocasionar ningún escándalo.


La sorpresa del chico fue mayúscula, cuando en lugar de reclamarle su proceder le solicité cruzar con el unas palabras en las afueras del salón de fiestas.


Me siguió temeroso, pensando tal vez en mi reclamación de hombre ofendido, pero se relajó bastante al darse cuenta de que no era esa mi intención.


--Te he observado como miras a mi esposa y también como te pone hacerlo--- le comenté tranquilamente mientras señalaba su entrepierna.


---Yo no......—alcanzó a balbucear nerviosamente antes de que yo lo interrumpiera.


---No es reclamo, calma--- le comenté para que pudiera estar verdaderamente tranquilo para pensar en mi oferta.


---Como te decía--, continué---he visto que te excita verdaderamente mi mujer y creo que eres la persona indicada para algo que quiero hacer, siempre y cuando aceptes mis condiciones---


--¿ Y como de que se trata--- preguntó el, más tranquilo pero tenso por la inesperada situación que estaba viviendo.


--Quiero llegar a un acuerdo contigo, para coger al mismo tiempo a mi esposa hoy por la noche----- le solté sin más rodeos, por el temor de arrepentirme a hacerlo si seguíamos dándole vueltas al asunto.


No podré olvidar nunca su cara de verdadera sorpresa e incredulidad.


--¿Me está pidiendo que yo me coja a su preciosa mujer?---preguntó azorado.


--No, no confundas—le contesté rápidamente. –Te estoy invitando a que cuando yo te diga y en las condiciones que yo te indique, puedas tener a una mujer que deseas tanto—


Viendo que no acababa por entenderme, le expliqué que ser penetrada por dos hombres al mismo tiempo era la mayor fantasía de mi esposa y que por el amor tan grande que yo le profesaba, estaba dispuesta a complacerla esa noche. Qué esto no quería decir, que mi esposa tuviera algún otro tipo de interés en él.


--Aprovecha la oportunidad de poder tener en la cama a una mujer que te aseguro no se parece para nada a las que puedas haber tenido hasta ahora. Es una oportunidad que no se te va a presentar nunca más---.


En fin, que todavía algo azorado, aceptó mi propuesta con sus respectivas condiciones, la primera de las cuales, fue que en ese preciso momento se desapareciera del salón, cosa que tras haberle dado nombre y habitación del hotel en el que pasaríamos la noche, hizo rápidamente. Claro está que le di también todas las instrucciones a realizar por la noche.


Al regresar a la mesa, mi esposa verdaderamente preocupada por mi tardanza, me interrogó sobre lo que había pasado, a lo cual yo di explicaciones que consideré lógicas.


Ella se tranquilizó, aunque noté que de vez en cuando buscaba sin éxito a aquel chico.


Al anochecer, quedando propiamente en el salón los familiares de los novios únicamente, y bastante alegres como resultado de la cantidad de tragos ingeridos, decidimos retirarnos al hotel.


Al llegar a nuestra habitación, mi esposa rápidamente se zafó el estrecho vestido quedando ante mi totalmente desnuda ya que como pude comprobar en ese momento no llevaba nada de ropa interior debajo de el.


Verla parada al centro del cuarto, sin nada más que el par de zapatillas de pulsera, me causó de inmediato un estado tal de excitación, que mi pene de inmediato empezó a luchar por liberarse de la ropa opresora, cosa que tuve que hacer, pues ella, separado ambas piernas, se sentó en la orilla de la cama masturbándose frenéticamente.


Al estar yo también sin ropas, me acerque hacia ella, no sin antes sacar el seguro de la puerta, quedando mi pene totalmente erecto y engrosado a la altura de su boca, la cual golosamente se abrió para dar entrada al inflamado miembro.


Lo rico de su mamada, sus gemidos y el estado de excitación que me embargaba no me permitió escuchar la puerta de nuestra habitación.


De pronto, sentí a mi lado un bulto. El chico, desobedeciendo mis instrucciones, no había podido soportar el espectáculo y puso su duro y moreno miembro junto al mío.


Los ojos de mi mujer se abrieron denotando verdadera sorpresa. El, rápidamente para evitar cualquier aclaración, perdió su miembro en la boca de mi mujer, la cual mamaba golosamente, sin quitar su mirada de la mía y agarrando mi miembro como tratando de convencerse que por fin tenía dos vergas a su disposición al mismo tiempo.


Al asentir con la cabeza, empezó a alternarse ambas trancas en la boca, mientras reanudó su masturbación con tal intensidad, que alcanzó l mejor orgasmo que le he visto desde que nos casamos.


Le retiré la boca de la tranca del chico, y recostándola en la cama, invité a mi compañero a prendernos a los ricos pezones que erguidos, pedían a gritos ser mordidos y succionados.


Yo no podía concentrarme de lleno en mi mujer. Era evidente que si bien es cierto estaba disfrutando el hecho de tener a dos hombres al mismo tiempo, su interés estaba

abocado en lo nuevo, en la boca y el miembro desconocido que recorrían todo su cuerpo

aunque la boca y el miembro conocido que hacían lo propio, también le causaban gran placer.


Totalmente desquiciada, colocó su boca sobre la del desconocido amante, enredando sus lenguas mientras acomodaba cada una de sus bellas piernas a cada lado de la estrecha cadera del invitado, quien ni tardo ni perezoso, colocó el miembro que parecía estallaba en cualquier momento, en la chorreante vagina de mi esposa, clavándola de un solo empujón, que causó en la mujer un placer que no se como narrarles, su cuerpo lo demostraba.


Apretó las piernas alrededor del cuerpo de su cogedor, clavó las uñas en la ancha espalda, y sin desprender la boca de la de el, se agitó frenéticamente debajo del chico hasta correrse de nuevo. Yo, al quedar únicamente como observador, comprendí que era demasiado tarde para arrepentirme y empecé a masturbarme mientras un placer desconocido por ver a mi esposa siendo cogida y totalmente entregada a otro hombre, me embargaba totalmente.


De pronto, cuando creí que se había perdido por completo el objetivo de la loca noche, mi mujer tras venirse varias veces, se quitó de encima a aquel tipo que al tiempo que chupaba sus pezones y su cuello, seguía bombeándola sin cansancio, como queriendo disfrutar el manjar que seguramente no volvería a tener.


Mi sorpresa y excitación fue mayúscula, cuando mi mujer tendió sobre la cama al chico, sentándose sobre el, dándole la espalda, guío el miembro batido de jugos femeninos hacia su orificio anal. La enrojecida cabeza se colocó sobre el pequeño esfínter, y suficientemente lubricado por los mismos líquidos de mi esposa, lentamente se fue perdiendo hacia el interior del estrecho conducto.


Ella ponía los ojos en blanco conforme la gruesa tranca fue penetrando, abriendo la boca en un desesperado intento por jalar aire. Les juro que claramente pude observar como el esfínter anal de mi esposa, fue haciéndose cada vez más grande, hasta tener totalmente ensartado un miembro que si bien es cierto no era de un exagerado tamaño, por la condiciones de erección que tenía, si denotaba un crecimiento importante.


El mío no era para menos, y sentía yo a punto de salir disparada la leche como respuesta a mi masturbación, cuando mi mujer abrió los ojos y extendió una mano invitándome a meter mi instrumento en su enrojecida y chorreante vagina.


Me coloqué sobre ellos, quedando mi cadera entre las piernas de ambos, y la penetré salvajemente lo que ocasionó en mi mujer un nuevo orgasmo.


Mientras mi miembro entraba y salía del inflamado canal sexual, podía yo sentir como tocaba a través de mi esposa, el duro miembro que ya entraba y salía también del culo de mi esposa.


Gemidos, chillidos, bramidos y los chasquidos de las vergas al entrar y salir de mi esposa fue todo lo que se oyó en la habitación los minutos siguientes, solo interrumpidos por los sonidos in entendibles, que brotaban de la garganta de ella, cada vez que alcanzaba un nuevo orgasmo.


Cuando ya no pudo más, casi sollozando, nos suplicó nos viniéramos, cosa que creo ambos estábamos esperando, pues nos chorreamos al mismo tiempo.


Créanme que sentí cuando el fuerte chorro de leche inundó el culo de mi esposa, salpicando mi entrepierna, a la vez que el tiene que haber sentido el chorrear de mi leche, al no quedarse toda en el interior de mi mujer dada la fuerza y la cantidad de brotó de mi pene por la excitación que me embargaba.


En el clímax de la situación descrita, mi esposa en medio de su ultimo y desesperado orgasmo, besó frenéticamente mis labios mientras balbuceaba....—Gracias, gracias, mi amor...............te amo mucho.---


Nos quedamos los tres acostados, teniendo desde luego como punto de atención de ambos a mi mujer y nos dormimos.


Más tarde, fui despertado por los besos de mi esposa, a quien descubrí ensartada de nuevo por aquel fogoso muchacho iniciando de nuevo una placentera sesión de sexo, cogiéndonos a mi esposa el resto de la noche de todas las maneras posibles.


Al amanecer, aquel chico salió de nuestra habitación y al intentar pagarle lo convenido, sin aceptar el dinero me dijo que me agradecía haberle dado la oportunidad de disfrutar a una mujer que ni en sueños hubiera podido tener y tras asegurarme que ella en verdad me amaba pues no había aceptado tener sexo sólo con el, es decir, sin estar yo presente. Me dio un fuerte apretón de manos y tras darle un beso en la mejilla a ella, ya que no permitió la besara en los boca, salió para siempre de nuestras vidas.


A partir de entonces, mi esposa y yo, nos llevamos mejor que nunca, y hemos también cumplido otras fantasías. Claro que los tríos, los hemos practicado dos ocasiones más que hemos salido de viaje, con la variante que la ultima vez, fuimos yo, mi esposa y otra mujer.

El Despacho

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Hoy no ha sido un dia corriente. La paz y la relajación del fin del semana han ido desapareciendo a lo largo de este lunes apático que me tiene desbordada de tantas llamadas, problemas y esta simple reunión de la que acabo de salir. Solo quiero que termine la jornada, llegar a casa y tomar una ducha que haga desaparecer en mí esta tensión y este malestar que me embriaga.

Aún así, me quedo un rato en mi despacho, intentando dejar en él las malas vibraciones del día. No quiero llegar a casa malhumorada ni tensa. Escribo estas letras y prentendo dejar en ellas esta sensación tan extraña que siento. Al estres acumulado en estos días, se une hoy, creo que la melancolia.

Le añoro, le pienso continuamente y aunque ya son muchos años, no termino de acostumbrarme a sus viajes y a su vacio. En días como el de hoy es cuando más le extraño. Nada me gustaría más que llegar a casa y que con sus atenciones y sus mimos me devolviera la sonrisa.

Echo de menos sus labios en mi cuello, sus brazos rodeándome, sus manos, sus caricias... su cuerpo apretando el mío.... y en la soledad de mi despacho le pienso......

Recuerdo ese día que vino a recogerme... era tarde... le pedí que me esperara un momento mientras recogía mis cosas e iba al baño a retocar mis pestañas con ritmel y mis labios con un poco de brillo.

Siempre ha comentado y admirado mi discrepción a la hora de maquillarme. No le gusta que me adorne demasiado, dice que la sensualidad de mis labios solo necesitan un retoque. A veces, y para resaltar el color de mis mejillas, las pellizco. No recuerdo dónde aprendí ese truco, pero a él le encanta verme natural...

Ya había recogido mis cosas y apagado las luces de la oficina cuando le llamé para que saliera del despacho. No contestaba, y me acerqué hasta la puerta... pude contemplarle sentado en mi sillón trás la mesa. Había encendido la lámpara de sobremesa y retirando los papeles, me pedía insinuante que me acercara a él. Recordar su mirada sensual me produce una agradable sensación y rememoro cómo me excitó aquella tarde al agarrar mi cintura y situarme entre sus piernas, susurrándome lo estimulante que sería hacerme el amor sobre la mesa.....

A la vez que se aproximaba a mí, apretaba mis nalgas con sus manos y lentamente me fué subiendo a la mesa hasta sentarme en ella con la falda recogida a la altura de mi cintura. Al levantarse pude ver como su sexo hinchado abultaba sus pantalones.

Sentí el calor de su aliento en mi cuello que recorría a lenguetazos mientras acariciaba mis piernas pausadamente con la yema de sus dedos, recreándose, sintiendo la frescura de mis muslos...

La agitación era tal que no pude evitar empezar a desabrochar su camisa que casi quité a jirones llebada por tanta excitación. Sus manos jugaban ahora en las curvas de mis senos y por encima de la camisa pellizcaba mis pezones que brotaban rígidos, los mordisqueaba, y apretaba mis pechos sacándolos por encima de mi ropa interior, dejando al descubierto mis pezones rosados que relamía con impaciencia, achuchando su vientre contra el mío.

Buscaba su lengua ardorosa con la mía, deseaba su boca y mis manos intentaban a la vez, desabrochar su cinto, abrir su bragueta y tomar su verga excitada y deseosa. Entre los dos lo hicimos y cuando hubo emergido erecta y firme entre sus piernas, me bajó de la mesa y poniéndome de espaldas retiró mis bragas, levantó una de mis piernas y me penetró con brio, como hacia tiempo que no lo hacía... me follaba desesperadamente ... metía y sacaba su polla una y otra vez, oprimía mis pechos pellizcándolos hasta casi prodicirme dolor, mordía mi cuello exhalando su aliento caliente estremeciéndome.....

Me susurró al oido que imaginara que en ese momento podría entrar alguien en la oficina y vernos allí... follándonos... y esa situación creó en mí tal morbosidad que no pude aguantar más y abandonándome al placer me corrí entre gritos y gemidos que aumentaron su excitación ...

Con delicadeza y sin perder esa mirada deseosa, terminó de quitarme las bragas y me volvió a subir a la mesa... me tumbó sobre ella... abrió mis piernas y empezó a explorarlas con su lengua.. Chupó mis pies dedo a dedo, mis tobillos, mis pantorrillas, mis rodillas y mis muslos hasta llegar a mi sexo que resplandecía húmedo..... Con la punta de su lengua lamió mis labios voluptuosos e hinchados aún por el placer..., dibujó mi clítoris sonrosado y recorrió cada milímetro de mi vagina con su lengua y saboreó casi desesperado mi coño húmedo y ensoberbecido. Mi cuerpo se encogía como si no pudiera resistir la intensidad de tanto placer. Mis gemidos volvieron a excitarle y cogiéndome las manos me bajó de la mesa, se sentó en el sillón y abriendo sus piernas me regaló su miembro que empecé a lamer con mi lengua, alrededor de la punta, envolviéndolo con el calor de mis labios, metiéndolo en mi boca, llevándolo hasta mi paladar golpeándolo con mi lengua mientras acariciba sus testículos con mis manos. Le oía gemir y pedirme que no parara.....Aquello le excitaba, podía ver el deseo en sus ojos, en su boca que buscaba la mía....

Me atrajo hasta él, me besó lentamente y sentándome encima de su verga, me penetró nuevamente. Sentí el ardor de su polla entrando y saliendo de mí, caliente, húmeda, alzada recta, olímpica... Empezó a moverse levantándome en cada embestida, sacándola y metiéndola una y otra vez hasta volver a sentir un nuevo orgasmo tan disfrutado o más que el anterior. El fuego de su semen me inundó. Nuestros cuerpos volvieron a temblar y me pidió que no me moviera, que quería sentirme plena, sentir como los espasmos de mi vagina terminaban de presionar su pene que emanaba los últimos jugos...

Aquello no fué solo la excelencia de un polvo...., habíamos vuelto a sentir, como tantas veces, que estábamos hechos el uno para el otro...

Después de aquello nos vestimos y nos fuimos a casa. Se duchó antes que yo y cuando llegué a la cama le encontré dormido..... era como contemplar el descanso del guerrero tras una ardua batalla....

Termino de recordarle así, recojo mis cosas, apago las luces del despacho y me marcho a casa con otro ánimo. Sólo pensar en él me ha devuelto la sonrisa por hoy....

C.P. Peñalva

Domingo

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Hoy, como muchos domingos en los que ocupas todo mi tiempo, antes de terminar el día, he de repasar algunas "cosillas" como tú las llamas, apuntes para mi reunión de los lunes y esta noche, mientras preparas la cena, me he encerrado en tu despacho y entre papeles, te oigo trastear en la cocina.

Tras la ducha, y para estar más cómoda, solo me he puesto una bata de seda, larga, estampada sobre fondo blanco, y recuerdo que en ocasiones me has dicho que te gusta el tacto de esa prenda porque te resulta tan suave como el de mi piel.

Te asomas en varias ocasiones al despacho sin decir nada y como en un "sin querer", dejo uno de mis hombros al aire y lo acaricio mientras siento como me observas desde la puerta, sin decir nada. Te marchas... y vuelves al instante con una copa de vino blanco que acercas a mi hombro desnudo que besas tras hacerme estremecer por el frio del cristal de la copa y me susurras al oido que la cena ya está preparada en el salón.

Te comento que aún me queda un rato, un par de folios para terminar y entre besos intentas convencerme de que la cena se enfria. Como voy a resistirme si has aparecido con uno de esos vaqueros de botones que te hacen tan sexy con los dos primeros botones desabrochados, con tu torso desnudo y moreno y tus pies descalzos...

- te he dicho que tienes unos pies muy lindos?

- hace tiempo que no me lo dices, me contestas

Me sonries y lo haces sabiendo que tampoco voy a resistirme a esa sonrisa. Me sacas del despacho agarrándome de la cintura, poniéndote detrás mía y guiándome por el pasillo mientras me aprietas entre tus brazos y vas dibujando mi cuello con tus labios. Aún con el vaquero, puedo sentir en mis nalgas como se excita tu sexo al acariciar sobre la bata mis senos que responden a tus caricias con una excitación sobervia.

Nos paramos en el pasillo, a medio camino del salón, me vuelvo hacia tí y tomando mi cara entre tus manos, besas mis labios con los tuyos, mis labios que te desean y tras los labios, nuestras manos responden con caricias. Las mías, terminan de desabrochar tu pantalón y buscan tu sexo que se muestra firme respondiendo a esa excitación que ambos sentimos...

- me gusta como acaricias mi sexo- me dices- me gusta sentir el tacto de tus manos suaves y tus dedos largos, cómo lo tomas entre ellas con tanto mimo y a la vez con tanta seguridad, despacito, suave pero con ritmo.

Sigues besando mi cuello y bajas hasta llegar a mis senos que has descubierto al abrir mi bata. Pechos jovenes, tersos, firmes, que siguen respondiendo a tus caricias y a la humedad de tu lengua mientras jugueteas con ella en mis pezones que no pueden evitar excitarse entre tus labios. Los besas humedeciendo tus labios mientras una de tus manos dibujan su forma y la otra, no deja de apretarme contra tí y empiezo a sentir el calor de tu verga en mi vientre.

Me tomas en tus brazos y me llevas hasta el salón. Has encendido velas, has puesto música, ese cd de Pablo Milanés que te regalé hace meses y has cuidado cada detalle para hacer un nido de amor entre cojines sobre la alfombra. Mientras me pones de pie sobre ella, terminas de quitarme la bata y dejas mi cuerpo desnudo que observas sin dejar de mirarme con tus ojos negros en los que puedo ver tu deseo por mí. Y vuelves a abrazarme...

- mamita.... - me susurras muy cerca del oido, sabiendo como me excita cuando haces eso y me dices mamita...

- no sabes como te deseo- continuas...

- si? - pregunto yo sonriendote y sabiendo que sí, que me deseas, que no hace falta que lo digas porque lo noto en tu cuerpo, en tu sexo...



Me acerco a tu cuello y humedeciendo mis labios, lo beso y lo recorro de abajo a arriba, llegando hasta tu oreja, en la que exhalo mi aliento caliente que te hace estremecer. Acaricio tus hombros y juego con mis manos entre tu pecho.. beso, caricia... otro beso y otra caricia, así hasta llegar a tu ombligo en el que me entretengo dibujando circulitos con mi lengua... y te vuelves a estremecer. Mientras bajo hasta tu vientre, así, casi sin querer, he rozado tu sexo con el pezón excitado de uno de mis senos.

Entre caricias, te has dejado caer en los cojines y recostado sobre ellos me has invitado a sentarme en tus muslos, colocando tu sexo entre nuestros vientres y que aprieto entre ellos mientras me acerco de nuevo a tu boca que dibujo con mi lengua.. despacito... primero el labio de arriba y luego el de abajo.. mordisqueo tu barbilla y con mi nariz, dibujo la silueta de tu mandíbula hasta llegar con mis labios a tu nuez que beso. Y vuelvo a tu boca, ... la excitación te confunde, ya no sabes cuando es mi lengua la que te roza, cuando los dedos de mi mano o cuando son mis labios los que juguetean entre los tuyos.

Tus manos no han dejado de acariciarme.... mis hombros, mis brazos, mis senos, mi vientre, mis caderas.... respondiendo todo mi cuerpo a cada una de tus caricias y de tus besos.

Te incorporas y haces que sea yo ahora la que se tumbe entre los cojines y como un ritual, empiezas a recorrer cada poro, que conoces sin limites, repasando y deteniendote a palpar cada medida de mi cuerpo. Lo haces lindo, suave, estremeciéndote con cada uno de los gemidos que emito ante tanta excitación. Te paras en mi vientre y con cariño, separas una de mis piernas y buscas mi sexo que te llama, que te desea... que te espera húmedo y caliente y no puedes evitar jugar con tu lengua en él, recorrerlo palmo a palmo, entreteniendote en mi clítoris, desbordado de excitación.... y me penetras... introduces la punta de tu verga erecta, excitadisima y levantando mis caderas terminas de penetrarme con brio, con fuerza, con mucho amor... y con ritmo, sacas tu sexo del mío, y de nuevo, con la punta, recorres todo mi sexo hasta llegar a mi clítoris que reza ya hinchado, suplicante de no cesar en tanta excitación que me envuelve... y así, una y otra vez hasta que llevados por una excitación total nuestros cuerpos se estremecen, llenándome de tí...

- no te muevas mamita- me susurras...

- no voy a hacerlo, te respondo...

Y mientras volvemos a besarnos, sigue sonando Pablo Milanes y su "Comienzo y final de una verde mañana".......

C.P. Peñalva

Deseos Vacacionales

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Estaban de vacaciones en Sevilla cuando Lorenzo y Mamen conocieron a una curiosa pareja. Paseaban delante de ellos por las estrechas calles del Barrio de Santa Cruz, plegando y desplegando su mapa, andando y deteniéndose continuamente para consultarlo como si estuvieran perdidos. Su no saber ir y venir delataba que no eran de allí. Agradeciendo a Lorenzo que le indicara la entrada a los Reales Jardines del Alcázar, fue como Jorge se dio a conocer y acto seguido presentó a su esposa María.


Eran mejicanos y estaban en España pasando una temporada vacacional atraídos por cuantas maravillas habían oído hablar de dicho país. Su primer destino y aprovechando el buen tiempo, lo habían fijado en Sevilla, una ciudad que según ellos, siempre habían querido conocer.


Así fue como la suerte les hizo chocar con ellos. Jorge era un hombre alto, robusto, cercano a los cincuenta pero bien conservado, le delataban sus plateadas sienes. Presentaba a primera vista un carácter alegre y divertido, hasta algo travieso a juzgar por las bromas que les hacía aún sin conocerles. Bromas que ponían en un apuro a su esposa María, una mujer guapa, muy guapa para su edad, que no sobrepasaría los cuarenta, bella y escultural. La típica mujer mejicana, de rasgos marcados, pelo moreno, ojos oscuros y piel blanca, delicada y muy cuidada. Ella se veía más introvertida y tímida pero no por ello menos simpática.


Les invitaron a tomar algo fresco, el sofocante calor hacía ya mella en sus gargantas que pedían ser refrescadas con un buen tinto de verano. Y así, casi sin pensarlo, iniciaron con ellos una amena charla sobre la ciudad que Mamen también acababa de conocer. Su esposo Lorenzo, y por motivos laborales, había estado en ella en varias ocasiones con lo que se permitía hacerles algunas indicaciones y observaciones sobre la misma.


María quería conocer y saberlo todo sobre las costumbres españolas y no quería perderse un solo monumento de tan bella ciudad. Preguntaba como una niña curiosa y Lorenzo respondía animado a cuantas preguntas le hacía, orgulloso de, por esos momentos, saberse guía de tan encantadora pareja.


Después de obsequiar a sus nuevos amigos con una de las más típicas comidas de la tierra, decidieron tomar allí mismo un coche de caballos y hacer con ellos un pequeño recorrido por los sitios más conocidos de la ciudad y que Lorenzo no quería que Mamen se fuera sin ver y sin que ellos dejaran de conocer.


Los cuatro estaban encantados. Se situaron en el coche las mujeres sentadas frente a los hombres y entre el cochero y Lorenzo, les indicaban todos los sitios por los que pasaban. María iba con su cámara en mano, fotografiando cuantos monumentos le mostraban, La Torre del Oro, la Real Maestranza, El Palacio de San Telmo, La Universidad…


Jorge apenas miraba los monumentos, rara era la vez que Mamen no dirigía la mirada a él, que no lo encontrara mirándola directamente a los ojos o disimulando con la vista puesta sobre su escote. Su forma de mirarla no le molestaba, todo lo contrario, le hacía sentirme bien, era gracioso ver como entre miradas le sonreía sin un motivo aparente.


Al llegar a La Plaza de España, le pidieron al cochero que se detuviera por unos momentos. María sugirió la idea de hacerse una foto todos juntos y el mismo chofer se ofreció a tomársela. Se colocaron sin orden alguno, las mujeres en el centro y a ambos lados de ellas los caballeros, con la casualidad de que Jorge se puso al lado de Mamen y su esposo se situó al lado de María. Muy decidido y sin malicia alguna, Jorge dejó caer uno de sus brazos sobre los hombros de ella a la vez que hacía una broma que aprovecharon todos para soltar una risa y justo en ese instante la cámara de María se disparó, retratando el momento.


Estaba ya bien entrada la tarde cuando Lorenzo y Mamen quisieron despedirse de sus recientes amigos, pero ellos insistieron en invitarles a cenar y a tomar una última copa que no pudieron rechazar, así que se trasladaron todos juntos a un local nocturno, un tablao flamenco, donde actuaba un cantaor famoso, con un grupo de guitarristas y un cuadro de baile.


Durante la cena, Mamen alcanzó a percibir la mirada insistente de Jorge sin que por el momento se lograra percatar de la causa de ese aparente atrevimiento. Poco a poco se dio cuenta de que lo que observaba con tanto interés eran sus piernas. Ella llevaba una vaporosa falda de gasa, que en un momento de descuido había remangado, permitiendo dejar sus rodillas y parte de sus muslos al descubierto. Una vez más, sus miradas no le incomodaban, todo lo contrario, se sentía excitada. No le dio importancia y hasta llegó a fingir no darse por enterada. Por la posición en la que se habían sentado, únicamente a Jorge le era posible visualizar por completo sus piernas, por lo que decidió dejar su falda subida.


Le resultaba hasta divertido ver cómo los ojos de Jorge se abrían desmesuradamente, ahora sin recato alguno. La sensación que le causaba su ardiente mirada y las circunstancias del momento estaban despertando en ella una rara excitación. Era como si sus ojos le acariciaran los muslos, la taladraran y la alentaran a dar un poco más de si misma en esa ardiente aventura.


Por un momento se sintió tentada de jugar a su juego y le correspondió con pícaras e insinuantes miradas, todas ellas ajenas a María y a su esposo que permanecían enzarzados en una acalorada conversación sobre las corridas de toros. Sabía que el juego era peligroso, pero navegar en lo prohibido lo hacía aún más atractivo para ella. Por desgracia, el evento terminó y con él esos candentes momentos que habían hecho de su velada una reunión en extremo agradable, inquietante y prometedora de excitantes sucesos.


Antes de despedirse, Jorge insistió en invitarles a comer al día siguiente en la casa que habían alquilado a las afueras y en la que permanecerían hasta poder conocer la ciudad con mayor detenimiento. Gustosos aceptaron y al despedirse, Mamen pudo sentir una leve y sensual caricia en el beso que Jorge depositó en su mejilla.


Al día siguiente, se levantaron temprano y se trasladaron a la casa de sus amigos. Mamen quiso ponerse guapa ese día y estrenó un nuevo vestido y se calzó unas cómodas sandalias que dejaban ver sus pies. A su esposo no le hizo mucha gracia que se pusiera ese vestido, según él, era demasiado escotado y atrevido para ir de visita, pero ella se sentía cómoda y tremendamente sexy. La tela del vestido se pegaba al contorno de su cuerpo como una segunda piel, haciendo que sus curvas se marcaran y el atrevido escote permitía sobresalir la parte superior de sus grandes pechos, advirtiéndose un ligero temblor en ellos cuando caminaba. Se sentía sensual, casi provocativa e insinuante. Los comentarios de su marido le hacían sentirse segura del impacto que su vestimenta causaría en su anfitrión. Mientras iban en el coche, pensaba en la cara que pondría Jorge al verla aparecer así vestida y eso la excitaba, la enardecía hasta límites que le provocaban el humedecimiento de sus rincones más íntimos.


Cuando llegaron, Mamen pudo comprobar que estaba en lo cierto. Al abrirles la puerta, Jorge no pudo articular palabra. Saludó un poco apenada por ese hecho del que afortunadamente Lorenzo no se dio ni cuenta. Amablemente les invitó a pasar y en un susurro, secretamente le dijo lo hermosa que estaba ese día. Sintió como si un fuego le recorriera el cuerpo desde los tobillos a la nuca., como si cada palabra que había mencionado resbalara por su cuerpo erizando cada vello y excitando cada poro.


La casa era pequeña, pero aún así, albergaba un bello jardín y una pequeña piscina, ideal para el calor sofocante que volvía a hacer ese día. María salió alegremente de la casa para recibirlos efusivamente y juntos se sentaron en la mesa del jardín, bajo la sombra de una gran sombrilla.


Amablemente, Jorge se dispuso a preparar unas bebidas sin poder desviar la mirada del escote de Mamen. Él se sentó intencionadamente frente a ella, con el propósito de no tener ningún obstáculo que le impidiera observar a plenitud sus piernas y ella accedió gustosa a ofrecerle un buen espectáculo. Con el transcurso del tiempo las bebidas empezaron a surtir su efecto; se sentían más relajados, más en confianza.


Los ojos de Jorge taladraban las profundidades bajo su falda y ella, ocasionalmente, abría un poco las piernas o las cruzaba y descruzaba dirigiéndole una mirada provocadora e invitadora. Se daba cuenta de su inquietud, de su deseo por poseerla. Se sentía excitada, ardiente y húmeda. En un momento en que Jorge se levantó para servir más bebidas, pudo observar cómo su paquete había crecido desmesuradamente por la excitación. Se atrevió a seguirlo a la cocina con el pretexto de auxiliarle en las bebidas. Cuando servía los hielos, Jorge se colocó detrás de ella para bajar algunos utensilios que se encontraban en la parte superior de la alacena. Al hacerlo, rozó suavemente con su inflamado paquete su trasero; entonces, casi instintivamente y sin pensarlo Mamen echó su cuerpo hacia atrás hasta restregar sus nalgas contra su verga, totalmente dura.


Sintió una mezcla de vergüenza y de inmenso placer al hacerlo; no sabían qué hacer ni qué decir, sólo se sentían intensamente el uno al otro. Sin pronunciar palabra alguna se separaron, pero Mamen no pudo resistir la tentación de darle un suave beso en la boca, lleno de promesas. Le apeteció, sintió un deseo enorme de arrancarle de su boca con aquel beso todas aquellas palabras que adivinaba quería decirle sin atreverse a hacerlo. Momentos después, con el rostro encendido por el rubor y la lujuria se dirigió nuevamente hacia el jardín con las bebidas, mientras él traía el hielo en la cubitera que tintineaba con el temblor de sus manos.


Después de un rato de amena charla y de miradas furtivas, María les invitó a darse un chapuzón en la piscina. La idea se antojaba maravillosa por el intenso calor del ambiente; sin embargo, ni Mamen ni su marido habían tenido la precaución de coger sus trajes de baño. El detalle no pareció preocuparle a María quien se ofreció a facilitarles para la ocasión unos de ella y de Jorge. Mamen y Lorenzo accedieron alegremente y rápidamente se dirigieron hacia el interior de la casa para cambiarse de ropa.


Ya en la recámara, al despojarse María de sus ropas, Mamen pudo apreciar la magnificencia de su cuerpo; sus pechos eran dos bellos montículos blancos de buen tamaño coronados por pezones rosados, se veían aún tiernos y juveniles. Sus nalgas eran tersas y firmes, conservando la dureza que a buen seguro les proporciona el ejercicio constante y diario. Aunque era llenita de carnes, no se apreciaba exceso de grasa en sus caderas ni en su abdomen, lo cual daba a su cuerpo un toque de feminidad y de distinguida elegancia.


Cuando Mamen se quitó la ropa, María soltó una exclamación de admiración al ver el tamaño de sus pechos; según sus palabras, le parecían extraordinariamente bellos y apetitosos. Sin embargo, lo que más le gustó fueron sus caderas y sus nalgas, cuyo tamaño se encontraba en perfecta armonía con el resto de su cuerpo. Como era de esperarse, el bikini que le facilitó le quedaba algo pequeño. Parte de sus senos sobresalía por ambos lados del sujetador y las bragas apenas lograban ocultar su trasero. Se sentía rara, pero sensual. Al verla con el traje puesto, María no pudo reprimir una expresión de admiración por su atrevida vestimenta. Te ves extraordinaria – le decía al tiempo que recorría con su mirada las redondeces de su cuerpo- ; les vas a causar un infarto a nuestros maridos. El verse en el espejo le hizo sentirse bella, lujuriosa, provocativa, llena de lascivia. Sin saber porqué, sintió la necesidad urgente de mostrarse de esa manera ante Jorge, en presencia de su marido.


Cuando salieron al jardín, la casi desnudez de Mamen dejó mudos a su esposo y a Jorge. Ambos se habían quedado boquiabiertos ante la sorpresa de su vestimenta. María sonreía divertida - pero sin malicia - por la reacción de sus cónyuges. Muy sorprendido pero sin atreverse a decir nada, Lorenzo dejó de prestar atención al incidente al habituarse poco a poco a las nuevas circunstancias de la reunión. No obstante, Jorge no se recuperaba de la sorpresa; la veía con los ojos inyectados de lujuria.


Nadaron y juguetearon en la piscina durante un buen rato. En un momento dado, el efecto de un chapuzón hizo que el sujetador del bikini de Mamen se deslizara hacia un lado dejando al descubierto la mitad del pezón de uno de sus pechos; ella fingió no darme cuenta y quiso mostrarse así, maliciosamente frente a Jorge. Su cara perdió entonces toda expresión y no podía despegar la vista de sus senos. Después de aquello, siempre que estaba frente a él procuraba echar su cuerpo hacia delante para que sus pechos colgantes se mostraran con plenitud ante los ojos desorbitados de Jorge. Su juego iba tomando ya horizontes peligrosos, pero increíblemente excitantes.


Exhaustos por el ejercicio salieron de la piscina para empezar a picar algo y tomar un aperitivo. Se trataba de una comida informal, pero aún así, María quiso preparar la mesa del jardín y ayudada por Lorenzo, empezaron a disponerlo todo, ordenando las sillas, colocando el mantel y distribuyendo en la mesa todo lo necesario para la comida y que María había colocado previamente en un mueble auxiliar junto a la mesa, para no tener que estar entrando y saliendo a la cocina cada vez que necesitaran algo.


Mamen se ofreció a ayudar nuevamente a Jorge en la cocina. Entró y le preguntó qué podía hacer y enseguida la puso a cortar en juliana la lechuga y a preparar una refrescante ensalada mientras que Lorenzo y María estaban atareados poniendo la mesa y con una conversación que no acertaba a oír desde la ventana de la cocina.


Estaba con las manos metidas bajo el agua enjuagando unos tomates para picarlos después, cuando Mamen sintió las manos de Jorge en su cintura; la acariciaba suavemente, con infinita delicadeza. Sus labios rozaban su espalda y su lengua húmeda se desplazaba por sus hombros hasta su nuca.


Ni siquiera se atrevió a darse la vuelta, solo acertaba a ver que María y su esposo seguían en el jardín, ajenos a todo cuanto estaba pasando dentro de la casa. Sabía que Jorge la tenía dominada, a su merced, y que podía hacer lo que quisiera con ella con la certeza de que por su parte, no habría oposición alguna. Y le dejó hacer. Sus manos empezaron a acariciar su culo por encima de la tela, provocando que entreabriera sus piernas y que de su boca salieran pequeños y ahogados gemidos de gozo.


El placer que en esos momentos experimentaba era intensísimo. De pronto, un choque eléctrico recorrió su cuerpo al sentir como Jorge deslizaba la braga del bikini hacia un lado, dejando sus nalgas totalmente al descubierto y las manoseaba con sus manos, apretándolas y con la yema de sus dedos, dibujaba la raja de su culo desde el cóccix hasta casi rozar su vulva. Estaba muy nerviosa; pensaba que de un momento a otro María o su marido podrían darse cuenta de lo que estaba sucediendo. Pero el placer era más grande que el temor. Sintió entonces la tibieza de otra piel que se pegaba a su trasero y de una barra candente que ahora hurgaba entre sus nalgas. No lo podía creer. Algo duro comenzó a distender los labios de su vagina tratando de penetrarla. Entonces comenzó. Jorge estaba metiendo su gruesa y caliente verga en el interior de su sexo... Sentía claramente cómo se deslizaba lentamente hasta el fondo de su concha completamente lubricada por sus propios jugos. Era increíble. Instintivamente echó el cuerpo hacia adelante y paró el trasero, dando a sus caderas un movimiento oscilatorio para facilitar la entrada. Al poco tiempo su polla dura como el acero entraba y salía de su coño con suave ritmo. La llenaba totalmente metiendo su miembro hasta que sus testículos chocaban contra sus nalgas. Sus manos -que ahora la abrazaban fuertemente- se deslizaban desde su vientre hasta su cuello, liberando en su camino de la opresión del sujetador a sus palpitantes pechos. Los amasaba y los oprimía, pellizcándole los pezones, haciéndola gemir y levantar una de sus piernas que logró apoyar sobre el filo de la encimera, junto al grifo del fregadero del que manaba el agua a borbotones.


Su momento se acercaba. Sentía que las piernas le flaqueaban a medida que se aproximaba el orgasmo. La polla de Jorge estaba cada vez más dura e inflada dentro de su vagina y sus embestidas eran cada vez más fuertes y rápidas, haciendo que sus bolas casi se metieran entre la raja de sus nalgas temblorosas.


De pronto, Jorge empezó a correrse; de su verga salían chorros hirvientes de semen que le inundaban las entrañas haciéndola sentir un placer intenso y de manera simultánea su orgasmo llegó. De su garganta sólo salían sonidos apagados, tenía miedo que María o su esposo pudieran oírla gemir y susurrando le pedía a Jorge casi suplicante que no se la sacara, que continuara dentro de ella, y así lo hizo. Su verga seguía dentro totalmente erecta, lanzando chorros interminables de semen en su interior. Creyó hallarse en el paraíso.


Entre estertores de agonía retornó nuevamente la calma. Amorosamente, sin dejar de abrazarla y de besar su espalda, Jorge deslizó poco a poco hacia afuera de su vagina su todavía erecto pene, completamente impregnado en ella.


Mamen tomó como pudo unas servilletas y le secó los genitales, al tiempo que tomando su miembro entre sus manos le estampaba un húmedo beso en su roja cabeza. Después tomó otras tantas servilletas, colocándoselas en su concha para detener el semen que salía de su interior y se dirigió apresuradamente al baño; pero antes, Jorge tomó su cara entre sus manos y estampó en su boca el más tierno y sensual beso que le hubieran dado jamás.


Cuando se apartó de él, todavía sentía encima su mirada de lujuria al verse con las bragas del bikini casi arrancadas y con los pechos bamboleantes por las prisas. Se sentía feliz, profundamente llena y satisfecha con su nuevo amante. Él la hacía sentir amada, deseada, completa, como nunca lo había sentido.


Cuando regresó al jardín con la ensaladera en la mano, las cosas no habían cambiado. Aparentemente ni María ni su esposo se habían dado cuenta de lo ocurrido. Jorge se había reincorporado al grupo y todos juntos se sentaron a comer.


Durante el resto del día, no acertaba a pensar en otra cosa que no fuera en lo sucedido y desde ese momento, Mamen empezó a ver en Jorge a su amado, a su hombre, a su todo y solo ansiaba repetir lo que había tenido lugar entre ellos en la cocina de esa casa, deseando que el destino les diera una nueva oportunidad para volver a repetirlo.

C.P. Peñalva

Desilusion y Reencuentro

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La desilusión fue grande cuando se enteró que Jorge era casado. Al día siguiente, al preguntar por él, la enfermera se encargó de hacérselo saber. Quedó confundida. El trató de comunicarse, pero ella no lo atendía. Se hacia negar, sus prejuicios se lo impedían.

Habían pasado tres meses desde esa primera vez .Estaba sentada en la confitería de Caballito, a la que casi todos los sábados concurría junto con su amiga que la alertó de la presencia de Jorge. Gloria lo había conocido en el sanatorio. Decidido, se dirigió a la mesa y las saludó dándole a ambas un beso en la mejilla. No atinó a nada cuando su amiga lo invitó a sentarse. Estaba confundida, por un lado no quería verlo más y por otro, sentía el deseo de disfrutar del sentimiento que aún despertaba en su corazón. La conversación transcurrió por temas triviales hasta que Gloria se levantó para ir al toilette. Se quedaron solos, y él, de mil maneras se disculpó y le rogó de encontrarse para aclarar los temas pendientes. No pudo negarse. Se citaron, para la semana siguiente en la misma confitería, Ella deseaba oír de sus labios las respuestas y las promesas hechas después de esa noche en que él la inició sexualmente.

Esa tarde llegó, y puntualmente se encontraron. Compartieron un trago largo, y mientras Jorge le explicaba sus desventuras matrimoniales, a punto de separarse de su esposa, le recordó el momento maravilloso de su desfloración y las fantasías que lo habían acompañado durante el tiempo transcurrido desde esa primera vez. Estaba dispuesta a creerle, el recuerdo la excitaba, y cuando la invitó a pasear no dudó en aceptar.

Caminaron por Rivadavia, doblando por Colpayo, hasta Yerbal, donde distinguió la luz roja de un hotel alojamiento. Al enfrentar la puerta, Jorge le apretó su mano para entrar, Se resistió y continuaron hasta la esquina donde él la tomó en sus brazos y la besó, y entonces sí se decidió, volvieron sobre sus pasos, y mientras miraba a los lados observando con vergüenza si la gente se fijaba en ellos, traspusieron la entrada. Era la primera vez, que estaba sola en un hotel con un hombre. Jorge la tomó del brazo, y recuerda, que pidió una habitación especial. Estaba aturdida y ansiosa. Subieron al primer piso. Imaginó que al cerrarse la habitación con llave, se aislaban del mundo. En ese instante se liberó y se dejó llevar por sus impulsos; se besaron largamente uniendo sus bocas y sus lenguas, mientras él, con movimientos torpes la acariciaba e intentaba desprenderle la blusa, Ella le rogó que la dejase pasar al baño, y él en un susurro, le sugirió que no se sacase las medias y los zapatos de tacos altos, que como única indumentaria tanto lo excitaban.

Se sacó la pollera y la blusa, quedando solo con el corpiño y la tanga. Enfundada en sus medias de puño y los zapatos altos como le había sugerido Jorge, se miró al espejo, no estaba mal. Era alta delgada con senos pequeños y firmes. Sus pezones oscuros, estaban endurecidos por la calentura, y su cintura estrecha y la cola firme la hacían atractiva y deseable. Se desvistió totalmente, el vello pubiano ocultaba el clítoris y la vulva húmeda por el deseo. Se miró por última vez ante el espejo. Su rostro encendido, mostraba a las claras lo que sentía y esperaba que sucediese.

Retornó a la habitación, con la sola indumentaria de sus medias y los zapatos de tacos altos. El estaba desnudo, y vio como palpitaba su miembro duro con el glande descubierto enrojecido. En ese instante Jorge le expresó su admiración al verla tan hermosa como deseable. Se besaron y se fundieron en un abrazo sensual. Finalmente, María se arrodilló, y tomando con sus dos manos la verga, se la introdujo en la boca lamiéndola golosamente. Sintió como se agitaba y gemía ante cada caricia, hasta que Jorge le pidió que se detuviese pues iba a eyacular si continuaba. Se incorporó, él la alzó y la depositó en la cama de espaldas con las piernas abiertas y flexionadas y se miró en el espejo del techo que reflejaba la desnudez de sus cuerpos jóvenes. Jorge se colocó entre sus piernas, le abrió sus muslos y dirigió la enorme verga hacia la vulva húmeda que no opuso resistencia cuando se insinuó. Comenzó con un bombeo maravilloso que se tradujo en jadeos y en gemidos cada vez más intensos en la medida que se aproximaba su orgasmo que coincidió con un chorro intermitente que inundó sus entrañas cuando Jorge eyaculó. Había sido mucho más placentero que aquella primera vez.

Luego de descansar durante unos minutos, me contó que seguía excitada. Entonces fue ella la que lo montó introduciéndose la verga hasta los testículos, comenzando con un movimiento de vaivén cada vez más intenso. Su vagina se dilataba, y el roce de la verga con sus paredes le producía una sensación maravillosa de placer, que se expresaba en los jadeos, gemidos y gritos entrecortados que profería y que culminaron con un segundo orgasmo. Le rogó que continuase, estaba dispuesta a todo para satisfacerlo. El le confesó, que jamás había sido tan feliz con su esposa, con la que solo lo hacia en forma rutinaria y casi por obligación, y que a pesar de sus ruegos, le dijo, nunca había podido penetrarla por el ano. Era una fantasía incumplida. Estaba exhausta, pero quería ser su mujer, darle mucho más que la esposa. María le rogó que no buscase en otra mujer lo que ella podía ofrecerle. Tuvieron un último orgasmo con la promesa de hacer realidad en el futuro, las fantasías de Jorge

Munjol

Como Pez en el Alma

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Empezaré con la parte amable. Hay detalles que casi han adquirido un carácter ritual, por ejemplo, que Cristina esté tendida sobre la cama, latiendo desnuda a todo lo largo de su hermoso cuerpo. Mi mano transcurre casi tocándola, como si fuese un insecto liviano que danza en una charca sin hundirse, sin cruzar realmente el límite del agua; así pasea mi mano, tocándola apenas en aquellas partes en que sus poros justifican su deseo y se erizan para establecer contacto. Como siempre sus pezones son una bonita excepción a la llanura de su piel y éstos son tocados por el serrucho inofensivo de mis huellas dactilares. Y así bajo, en una ruta conocida, y al llegar al ombligo siento como si el suelo desapareciera. Mi mano sigue y nada disfruto más que ese instante en el que los gruesos vellos de su pubis comienzan a emerger, convirtiendo en bosque las hipnóticas dunas de su vientre algo abultado, así, despacio, podría contar cada uno de esos cabellos negros que forman una mata espesa y fragante. Por fin llego a los labios de su sexo, que son como un oasis en medio de la nada, y mis dedos se convierten en una pandilla de colibríes que se turnan dichosos para mojar sus picos.


Con mi mano danzando en su sexo mi boca comienza a besarle los labios de su boca imposible de cerrar. Invento una armonía entre mis dedos colibrí y la profundidad de sus inhalaciones y exhalaciones. Siempre pasa así, de manera casi ritual. Ella tendida y desnuda, en posición de una vil tabla, boca arriba, como si tuviese mucho miedo, con sus brazos pegados al cuerpo, y yo, sigo fielmente el procedimiento de abordarla muy lentamente, pues al tocarla tengo que hacerle creer que no la toco, al hacer todo tengo que hacerle entender que es ella quien lo hace, y al gozar de su cuerpo tengo que dejarle en claro que es éste el que se atraviesa entre mi alma y la suya. Este lentísimo acercamiento desconcertaría a cualquiera que investigue el comportamiento sexual del ser humano, pues es un acercamiento inusual que sólo han de tener algunos moluscos, sin embargo, sucede como casi siempre que una vez que Cristina abre el compás de sus piernas, las abre para no cerrarlas, y se transforma en la amante más salvaje y exigente, la mas posesiva e irreflexiva.


Mi boca, de que empieza a besarla, está condenada a no dejar de hacerlo. Cuando se siente lista y abre las piernas toma mi cabeza y conduce mi cara justo encima de su sexo, y con aire de dictadora me pone a mamarle el coño, con sus manos juega con mi cabello, pero en realidad vigila que no aparte mi lengua de su caldero de jugo, y si separo mi boca lejos de los gajos de su sexo, la caricia al cabello se convierte en una agresiva toma de control que me devuelve a mi sitio de trabajo, y así me mantiene lengueteándole sus labios, moviendo sus caderas para que mis labios muerdan justo lo que ella quiere que le muerdan, y yo soy feliz entre su mata de vello, alisando cada arruga de su sexo, bebiendo el néctar que comienza a manar por chorros; ella baja su mano y comienza a meter sus dedos en su propio ano, como si quisiera agarrar desde ese otro canal la lengua que juega en su vagina.


Luego me jala del cuello y conduce mis labios hasta su boca. Ella para ese entonces ha tenido un par de orgasmos que le han liberado de lo que sea que hubiera que liberarle, su mirada ya no es la misma, ya no piensa, sólo desea, y sabe muy bien lo que quiere, y lo que quiere es que le haga todo lo que a mi se me ocurra, siempre y cuando no deje de besarle la boca, y así, perfilo mi instrumento y la penetro sin escala alguna, su beso se interrumpe un segundo que aprovecha para gemir, pero luego con su lengua me va dictando el grado de violencia que espera de mis embestidas. Con los brazos le abro las piernas en el compás más amplio posible y le dejo ir cada milímetro de verga con que cuento, metiéndole incluso aquella fracción de testículos que pueda. Cada embiste que se mete hasta el fondo es seguido por un apretón de vagina que ella me da y me coloca en riesgo de regarme cada vez. Y así la barreno durante largo rato, siempre besándola.


Luego la tumbo boca abajo y comienzo a darle por el culo, sin dejar de besarla, claro está. Ella me permite que me quite el condón si le garantizo regarme en su culo y no en su vagina, lo cual es un acuerdo que siempre estoy dispuesto a hacer. Una vez que ella negocía el punto ya nada es igual, es como si fuese una promesa que tuviese que cumplir, así que con una mano le volteo la cara para besarla más a gusto, mientras que con la otra mano le penetro ligeramente la vagina, alzándole un poco las caderas, que ya alzadas como las nalgas de una gata en celo comienzo a penetrar más y mejor. Cuando siento que mi orgasmo es inminente ella siempre lo adivina, y con su boca me da de respirar controlando ella mi agitación, y cuando comienzo a batir mi leche blanca dentro de su cuerpo ella emite una exhalación profunda, y en ese instante ni ella ni yo respiramos, sólo exhalamos, como si nos diluyéramos en el cuerpo del otro, y cuando creo haber dejado hasta la última de mis semillas, ella mueve sus nalgas en un contoneo que siempre me hace regarme más.


Sólo después de esto ella puede reír. Ella, que nunca ríe, ríe. Y se deshace en preguntas que siempre le contesto satisfactoriamente. Que si me gustó. Qué si lo disfruté. Que si mucho. Y yo le contesto siempre de mil maneras innovadoras, o hago comentarios de detalles muy precisos, para que le quede claro que no le estoy contestando por compromiso, sino porque en realidad me ha hecho el hombre más feliz del mundo. Yo la baño, yo la visto, yo la peino. Le demuestro mucho amor, y ella lo agradece con todas esas caras de felicidad que me regala. Luego, en forma casi ritual, llega el instante en que vuelve a preocuparse de sus cosas, recuerda que aun no está divorciada y que yo, probablemente, no seré para siempre, y encajona su dicha detrás de una máscara apropiada, me comienza a preguntar acerca de cosas del trabajo, de mi escuela, en pocas palabras, vuelve en sí.


Lo que yo no esperaba fue que en esta ocasión, nuestra despedida fuese interrumpida por un extraño. La escena era arquetípica, una esposa, un amante, un esposo que irrumpe con una pistola en la mano, todo así de predecible. No es buena idea ubicarse entre una bala y su destino, pues uno pasa a convertirse en éste. Desde luego sólo a mi se me ocurre estar en medio de este fuego cruzado.


Por un lado está Cristina y por el otro su marido, ambos descargan toda la porquería de que son capaces, y yo en medio, como si fuese una red en un partido de voleibol. Quisiera estar en cualquier otro lugar. Todo es complicado porque estamos en un hotelillo donde la vida no vale nada. La pistola que el esposo lleva en su mano le da una credibilidad envidiable. El tipo jala el gatillo y yo me interpongo entre el arma y Cristina. La bala perfora mi abdomen.


La sangre tiñe de rojo las casi blancas sábanas del hotel y al ver esto el esposo de Cristina se asusta tanto que se echa a correr. Cristina se abalanza sobre mi y me dice que la herida no es mortal. Yo intento recordar si ella es médico o algo por el estilo que la califique para dar semejante diagnóstico y no encuentro ningún dato tranquilizante. Sin embargo sus ojos tienen mucha fe en que viviré, y lo que hago es colgarme a su esperanza.


Me abraza primero, manchando sus piernas con algún chorrito de sangre que efectivamente me sale de la espalda, pues la bala me atravesó. Descanso en sus brazos, no me siento tan mal. Si he de morir, que sea de esta manera, en brazos de una dama tan linda como ella. Siempre he cumplido sus caprichos, y ahora su capricho es que viva, así que viviré. Respiro hondo y pienso que no puedo morir, que tipos como yo son necesarios en este mundo delirante. Soy sin duda un mal, pero un mal necesario. Así lo creo.


¿Qué me colocó en este embrollo? Les contaré. En realidad ya se había tardado un marido en balearme.


Quisiera no extenderme mucho contándoles cómo fue que conseguí mi empleo, pero siento que es necesario hacerlo. Todo comenzó hace un año aproximadamente, llevaba apenas tres meses de haber entrado a trabajar en una escuela privada de natación y vivía bien. Las cosas se organizaban en aquel lugar más o menos así: la dueña era la Señora Dorita, quien tenía un par de hijas, Laura y Socorro, éstas últimas habían demostrado interés en la natación desde edad muy temprana, se cultivaron en esa materia e incluso ganaron algunos premios a nivel nacional. Todo esto de los premios y las competencias motivó a la señora Dorita a mandar construir una alberca semi olímpica, sin embargo, dado que su costo de mantenimiento es elevado, esta alberca no podía servir sólo para que sus hijas entrenaran, así que llevó a la práctica una idea, la de formar un club de natación en el cual los socios tuvieran derecho a las instalaciones, además, contrató maestros para que impartieran clases de nado. Ahí es donde entré yo en la historia, aunque tal vez entré desde antes, sin saberlo.


La señora Dorita me contrató a mi por recomendación de Laura, su hija menor. Laura me conocía de un concurso de nado que se había celebrado en las playas de Acapulco hacía como dos años, yo había quedado en segundo lugar varonil y ella en tercero femenil. Laura y yo no éramos los grandes amigos, sin embargo en aquel torneo nos habíamos conocido, digamos, bien. El día de las competencias cada uno de nosotros nos hicimos de nuestras medallas y nos fuimos a celebrar. Nos reímos mucho y ya entrada la noche Laura estaba algo chiflada y caliente. Se veía muy bien y no se cansó de hacerme saber que no quería terminar un día tan bueno yéndose sencillamente a dormir, sino que quería portarse un poco mal. La cosa terminó con Omar, el tercer lugar varonil, Laura y yo, en la misma cama. El cuerpo fuerte de Laura nos hizo trabajar arduamente a los dos, hasta que por fin encontró el orgasmo con mi verga en la boca y la de Omar en su sexo. Cayó exhausta, de hecho, fue desmoralizador el hecho de que, luego de una hora y media de trabajo rudo por parte de los dos machos tuviésemos que regarnos sobre su cuerpo dormido. Nos marchamos. Al día siguiente las despedidas fueron como si nada hubiese pasado, y me atrevo a apostar que ella no supo ni qué hizo ni con quién.


Pasé sin saber nada de ella hasta que me llamó por teléfono casi un año después de aquella noche. Ella no recordaba las nalgadas que le di mientras la empalaba, pero sí recordó mi nombre y que había obtenido un premio en aquel torneo de nado. Resultaba que ella se había cambiado a vivir a Morelia, la ciudad en que vivo, y yo ni enterado. Me ubicó, supongo, por el directorio telefónico, pues mi nombre aparecía en la sección de maestros de nado. Yo daba clases de natación con muchas limitaciones, pues requería clientes que tuvieran alberca, de tal forma que ser contratado por un club de natación me daba mejores oportunidades de trabajar por las tardes, o en la mañana muy temprano, pues durante el día soy oficinista.


No miento si digo que me hice mil ideas acerca de las marranadas que montaría con Laura en nuestro reencuentro, de hecho, la vanidad me hacía suponer que la añoranza de mi jodienda era el principal gancho de reencuentro, sin embargo, no hubo reencuentro de ningún tipo. Ella se había puesto un poco más ancha, sus nalgas, aunque fuertes, habían adquirido una forma que no era la que yo recordaba. Me vine a enterar que era casada desde hacía cuatro años y que tenía un niño de tres, cosa que nunca imaginé en Acapulco mientras le metía la verga entre las tetas. Si al despedirnos de aquel torneo tenía una especie de amnesia, ahora, frente a su madre y su hijo, a lado de su marido, esa amnesia era aun más profunda, y su indiferencia ante mi era absolutamente profesional.


Me dieron el empleo, daba clases particulares de media hora y grupales de una hora. Sucedió entonces un hecho que vino a marcar la diferencia en mi forma de asumir la vida, y que tal vez es el verdadero inicio de esta historia. Yo tenía fama de ser muy paciente con los niños, y a ser honesto soy bueno en lo que hago, esas virtudes se mezclaron con la necesidad que le había externado yo a la señora Dorita de requerir más alumnos, pues daba una clase particular a las cinco de la tarde, luego otra a las cinco y media, luego no tenía alumno entre las seis y seis treinta, luego sí tenía de seis treinta a siete, luego no tenía de siete a siete treinta y luego volvía a tener de siete treinta a ocho, y de ocho a nueve daba clases a un grupo de niños, así que las medias horas sin alumnos me representaban una vil pérdida de tiempo.


Un día me llamó la señora Dorita y me dijo:


-Juan Carlos, ¿Todavía te interesa cubrir las medias horas que tienes libres?-


Yo, ante una pregunta tan estúpida, intuí que algo de trampa habría una vez que contestara que si, pero no me importó y contesté –Por supuesto-


-¿Aunque requiera de un esfuerzo adicional?-


-Si. Por favor coménteme de qué se trata. Tanto anuncio me llena de curiosidad.


-Una mamá quiere inscribir con nosotros a su niño, pero el niño es minusválido. Creo que tu tendrías la paciencia para atenderlo.


Yo no contesté de inmediato, pues la palabra minusválido me podría significar muchas cosas, o ninguna. Respondí –Necesito evaluarlo. Que lo traiga y vemos.-


Aquella tarde regresé a mi casa absorto. Supongo que a lo largo de mi vida he desarrollado un conocimiento humano que me posiciona en un terreno muy sensible, un terreno en el que cada persona me importa, es, por así decirlo, como si el rostro de una persona me revelara una gran parte de su forma de existir, lo cual es como una especie de don no pedido. Por ejemplo, miro a los alumnos de mi clase grupal, todos son niños, sin embargo, es como si percibiera quien de ellos va a triunfar y quien fracasar, pues veo sus rasgos particulares, su forma de andar, su forma de dirigirse a los demás, pestañeo y pareciera hacer un inventario de todo aquello que sus padres han depositado en sus cabecitas nuevas, y los proyecto hacia el futuro con toda su gama de consecuencias, y advierto si sus padres los han convertido en un cubo de basura o en un florero de altar, o en una divertida caja de felicidades. Cuando alguien tendrá un evidente éxito, comparto esa dicha y colaboro con su formación, pero cuando advierto una ruindad latente, me entristezco, pues no soy yo, un simple maestro de natación, quien habrá de cambiar las cosas, aunque, cabe decir, en algunos casos he hecho pequeñas intervenciones educativas que han emocionado a los chicos y les ha cambiado, aunque sea un poquito, el rumbo de su vida. ¿En qué dimensiones? No podría determinarlo, en veces me aterra pensar que todo podría estar en mis manos.


Me iba riendo solo por la calle recordando aquello de "necesito evaluarlo". Pues nada me daba competencia para evaluar a nadie, quizá sólo mi buena voluntad y mi conocimiento humano.


Era un lunes cuando me trajeron a Gustavo, que era un niño como de ocho años que reflejaba un desarrollo de unos cuatro años, su cuerpo era flaco, muy delgado, su andar era estridente, como si lo manejara desde el cielo un titiritero muy torpe, siempre mostrando una sonrisa, con una mirada desconcertante. A juzgar por la manera de vestir de la chica que lo llevó hacia mí supe que no era la madre la que lo había traído a clase, sino la empleada domestica. La chica apenas y si me supo decir que el niño se llamaba Gustavo. Al niño lo vistieron con el traje de baño más ridículo que encontraron, con unos enormes círculos azules sobre una amplia tela amarilla. Esta combinación hacía que toda la gente que estaba en la alberca y fuera de ella voltearan a verle, uno, por el grabado de la tela, y dos, porque era amplio, como de payaso. El visor con que lo mandaron era un visor de buzo, de esos de una sola pieza, en vez de sandalias le habían puesto unas estúpidas aletas, sólo les faltó llevármelo con tanque de oxígeno. Le pregunté a la muchacha si el traérmelo así formaba parte de algún tipo de convencimiento para que Gustavo viniese, pero no me supo contestar.


Cuando acercaron a Gustavo conmigo, éste, como pudo, señaló mis gogles. Le dije a la empleada que se llevara el visor, me quité mis gogles y se los presté a Gustavo. Se puso feliz con un detalle tan simple. No le gustó tener que quitarse las aletas, pero igual aceptó. Comencé a hablarle normalmente, nada de hacer vocesillas graciosas ni de hablarle en un idioma de tontos. Me puso atención. Estuvo de acuerdo en meterse al agua y casi de inmediato empezamos a trabajar.


Aquella primera clase fue muy difícil para mi, pues estaba acostumbrado a decirle a los niños que hicieran bucitos y éstos entendían a la primera, les daba indicaciones y comprendían, y llevaban secuencia, y en cambio Gustavo, había que decirle las cosas un par de veces, pero terminaba por hacer caso. Algo que no quise hacer fue ponerme cretino y hacer como si nada pasara y asumir que Gustavo era igual que todos los niños, pues no era así, era diferente, claro que era diferente, pero igualmente valioso. Poco o nada pude conocer de la chica que lo llevó, la cual lo puso en mis manos y se fue a las mesitas de espera a leer una revista realmente irrelevante.


Al terminar la clase Gustavo no se quería ir, pero de alguna forma le hice entender que era así como las cosas serían, con un límite. Le dije a la persona que lo llevó que lo aceptaba como alumno, y ella hizo una mueca como si dijera "por supuesto que lo acepta, si se le va a pagar". Lo que sí no logré fue que Gustavo me regresara mis gogles, así que le dije a la sirvienta cuánto me debían ya sus patrones por concepto de equipo.


La chica lo secó casi por completo afuera de la alberca, y luego se lo llevó al baño de mujeres a terminar de cambiarlo. De dentro del baño de mujeres se escuchó un grito agudo de mujer, alguien que se asustó con el chico, o alguien fingió pudor de que él les viese desnudas, en fin, no sé qué pasó, sólo sé que se escuchó un grito. Salió vestido igual de ridículo que como había llegado. Una emoción muy fuerte inundo mi pecho así que me sumergí en la alberca para que las lágrimas que me brotaron no fueran notadas y al momento de hundirme en el agua pensé "deseo colaborar".


Transcurrieron tres semanas en las que hubo grandes avances, en varios niveles diría yo. En el niño se afinaron muchos aspectos de su motricidad, y en mí se renovó cierto interés educativo y de estudio, pues la necesidad me hizo investigar acerca de los niños con alguna discapacidad. Seguía sin conocer a ninguno de los padres del niño, pues lo seguían enviando con la empleada doméstica.


En la natación obviamente hubo adelantos, pues pasó Gustavo de nadar envuelto en esponjas flotadoras a nadar por sí mismo. Un detalle llamó mucho mi atención. Gustavo de alguna forma estaba muy al pendiente de si la chica que lo llevaba estaba dentro del espacio de la alberca, es decir, en las mesitas de espera, o si estaba fuera del área de albercas. Noté que cuando la chica no estaba él tendía a caminar un poco más erecto, con mayor seguridad, y en cambio, si la chica estaba dentro él caminaba un poco como chimpancé en evolución darwiniana. Ese día decidí asumir una responsabilidad que no me correspondía, la de llevar a que Gustavo se cambiase de ropa en el baño de hombres. En realidad comencé a utilizar un poco de tiempo en ver si él era capaz de vestirse solo. Lo hizo bastante bien.


Ya hacía un par de semanas había dado la indicación de que el traje de baño que llevaba el niño no era el adecuado y logré que le compraran un traje más normal. Luego logré que le compraran unos pantalones deportivos y una chaqueta a juego, de los que venden en el club, con el logotipo del lugar y con el nombre bordado del alumno. Igual se compró y con ello terminó esa mala racha de vestirlo como payaso. Tuve que mentir y decir que aquellos uniformes eran de compra obligatoria. Los padres de Gustavo parecían muy dispuestos a pagar todo aquello que costara solamente dinero, pero de asistir nada. Por fin se cumplió el mes de que Gustavo había caído en mis manos, y llegado ese momento me inventé otra obligación no regulada por el club, exigí que asistiera uno de los padres.


No sé qué efecto hubo en todo esto, pero entre el lunes que pedí la asistencia de uno de los padres y el miércoles en que debía uno de ellos asistir, me llevé una regañiza muy severa por parte de la señora Dorita, me empezó a hablar de lo importante de no perder clientes, de la cercanía que había ya de los meses de diciembre y enero y de la falta de trabajo que iba a sufrir si me tomaba este tipo de licencias, me informó que los padres de Gustavo habían presentado una queja por mi altanería de querer decirles qué hacer y qué no hacer, me insistió que uno no puede exigir a los padres más allá de lo que ellos pueden ofrecer, y un largo etcétera que me dejaba bien claro que la Señora y yo veíamos el asunto desde un punto muy diferente, a ella le interesaba la escuela o incluso mi propio trabajo, y a mi el chico. El miércoles en cuestión no fueron los padres de Gustavo y en cambio amenazaron con que el niño ya no iría más. Esa noche me sentí de verdad muy frustrado. Sin embargo, el viernes me llevaría una sorpresa, pues no sólo regresó Gustavo a clases, sino que se presentó con él la señora Cristina, su mamá.


Ese viernes estaba yo fuera de la alberca, a la cintura llevaba yo colgando una toalla de esas que pueden colocarse como falda, mi torso iba desnudo, pues aun hacia calor, y me disponía a tomar un jugo. Según yo había tiempo para todo aquello porque la hora en que comúnmente asistía Gustavo la consideraba vacante, sin embargo, al abrir la enorme puerta corrediza para dirigirme al área de jugos coincidió que del otro lado estaba, esforzándose por abrirla, la madre de Gustavo, así que quedamos frente a frente, a escasos cuarenta centímetros.


Lo primero que vieron mis ojos fue un rostro bellísimo, algo cuadrado, maquillado de manera impecable, con una mirada triste que el exceso de cuidado en el maquillaje no podía ocultar, a lado de los labios había unas pequeñas arrugas que reflejaban un malestar general, una felicidad inconclusa, el cabello era liso y teñido de color rojo, perfectamente acicalado, un cuello que me pareció largísimo y un escote divino que parecía ofrecer un par de pechos muy voluminosos a quien quisiera lamerlos, la blusa era negra y ajustada. La mujer tenía una cintura singularmente estrecha luego de la cual surgía una cadera ancha y redonda, posiblemente sometida por algún tipo de faja; sus pantalones, igualmente negros, llegaban hasta poco más arriba de los tobillos, para rematar con un par de pies blancos y perfectos, con las uñas pintadas caprichosamente en color rosa pastel con figurillas de aves, pies de salón de belleza, encajados en unos zapatos de tacón con múltiples correas cruzadas. Arreglarse así no pudo haber llevado menos de una hora y media.


Lo que ella vio no fue gran cosa, o quizá sí; mi pecho desnudo, todavía bronceado de la última vez que había ido a la playa, un tatuaje pequeño que llevo en el pecho en el que aparecen dos tiburones entrelazados, notoriamente copulando, pero con una cópula más bien humana, las gotas de agua fresca que adornaban mi piel como si me hubiesen llorado diez vírgenes, mi toalla algo baja, los huesos de mi cadera sobresaliendo un poco por encima de ella y los vellos en mi abdomen que más bien trazan el camino hacia mi parte más valiosa. Abajo, mis piernas aun mojadas y mis pies metidos en unas sandalias de cuero.


Nos sorprendimos el uno del otro, un segundo nada más, el tiempo suficiente para recordar que virtualmente éramos enemigos, enemigos a muerte unidos por un elemento común, y ese elemento común alzaba la voz algo distorsionada para decir "Maestro Juan Carlos". Gustavo se tendió sobre mi y me dio un abrazo, y al abrazarme me tiró la toalla, me volteó de espaldas. Instantáneamente advertí que en esta situación tenía que valerme de todos los recursos que tuviera, pues tenía que hacer extensivas ciertas normas educativas a la madre de Gustavo, y no me importó si parte de las tretas fuera que aquella mamá me viera la espalda y las nalgas mientras me agaché por la toalla. El abrazo de Gustavo era impagable, pues con ello quedaba claro que yo le hacía bien al niño o que al menos éste me había llegado a querer un poquito.


-¿Usted es el profesor Juan Carlos?-

-A sus órdenes.-

-Vengo para ver cómo va el niño. Yo soy su madre.-

-La mejor forma de verlo es viéndolo. Le agradezco que haya venido. Puede sentarse si gusta en aquellas sillas, junto a las mesas, desde ahí podrá verlo bien-


No dije más. Sujeté a Gustavo y le pregunté:

-¿Cómo has estado?-

-Bien- contestó. Cuando dijo "bien" la madre hizo un gesto que no supe interpretar y volteó el rostro.


Gustavo se metió al agua y pareciera que yo lo hubiese hipnotizado para que hiciera todo muy bien. Podría decir que se lució ante su madre, quien estaba en la orilla, aparentemente viéndolo, cosa que no podría afirmar ya que se puso unas impenetrables gafas oscuras. Gustavo nadó y nadó, se reía. Yo le tomaba tiempos, pues serían un argumento interesante. Cuando la media hora de clase terminó, advertí que la madre de Gustavo estaba algo impaciente. Nos salimos el niño y yo de la alberca, como sincronizados nos secamos, él con su toalla y yo con la mía, y nos dirigimos a los vestidores. Yo, que ya sabía que Gustavo se sabía vestir, me apuré a salir casi al minuto de haber traspasado la puerta de los vestidores, y lo hice para llenar de inquietud y desesperación a la madre del niño, y para saber si ella estaba enterada de semejantes adelantos. Ella me vio salir ya con un pantalón y playera puestos y alzó su cuello como una avestruz que busca su crío. Yo caminé lentamente en dirección de ella, me entretuve un par de minutos diciéndole a Laura no sé que tonterías del clima del agua de la alberca, en realidad ganando el tiempo suficiente para que Gustavo terminara de vestirse. Me volví hacia el camino de la mamá y casi cuando estaba llegando con ella, salió Gustavo de los vestidores, ya vestido y listo. Ella se sorprendió. Gustavo se acercó a nosotros con mucha naturalidad, era otro niño distinto a aquel que me habían traído.


Caminé por la orilla de la alberca y coloqué mi brazo en un o de los hombros de Gustavo, y él se puso feliz por este gesto, pues sentía claramente un sentido de pertenencia respecto de mi, y eso estaba bien. En su lugar, la madre del chico se quitaba las gafas oscuras y me lanzó una mirada que casi me hizo llorar, pues en ella me reclamaba muchas cosas que sólo Dios debía, como si me dijera, "ya basta de pantomimas, mamón, deja de ganarte el pan meneando tu cola frente a mi, pues sé que el niño es caso perdido por más que me estés jodiendo con que su desarrollo está a la vista, ¿No lo ves? ¿Te parece desarrollo ver cómo camina?, anda, búrlate pendejo, yo era muy feliz, siempre fui bella, anda, mírame con esos pinches ojos que no ven en mi más que mis nalgas y mis tetas, deséame, no habrá ni un solo milímetro mío que puedas tú tocar algún día, toda mi fe estaba depositada en mi cuerpo, era perfecto, ¿Cómo iba yo a saber que yo no servía para tener hijos normales?, no sirvo para esto... para nada, Toda mi vida se me dijo que ser mujer era una bendición de Dios porque son ellas las que traducen la magnificencia de la creación, y mira mi magnificencia, ya mis suegros ni me hablan, ni mis padres tampoco, mi esposo muy a huevo, ¿Dónde quedó todo aquello de que me querían?. ¿ De qué me sirve tener este cuerpo?, anda, me vas a sermonear, ¿qué más da? No serás ni el primero ni el último que me humille. Sé que para esto me haces venir, para regodearte de mi pena."


Juro que yo no la juzgué, y fue difícil tener algo qué decir luego de escuchar todo aquel lamento que me lanzó con su mirada. Decidí apostar el todo por el todo:


-Me alegra mucho que haya venido, ¿Sabe? Gustavo ha aprendido mucho en este mes, se lo digo honestamente. Quería también que conociera mi trabajo, y que conozca la filosofía de mi trabajo... – Esto de la filosofía de mi trabajo en realidad era una mamada porque nunca me había puesto yo a pensar en que mi trabajo tuviera una filosofía. Para mi desgracia o fortuna la madre del niño no me dejó fanfarronear con retórica hueca y me exigió una inmediata aclaración.

-¿A sí, cuál es esa filosofía que dice usted tiene su trabajo?-

Instintivamente, quizá contestando desde mi más profunda base de datos, contesté: -Intentaré ser sencillo en mi explicación- dije para ganar un poco de tiempo en pensar la respuesta- Cada persona es diferente y unas lo son más que otras. Sin embargo, créame que yo nunca persigo que una persona con limitaciones, como las de Gustavo, se convierta en una persona que no es; más bien trabajo pensando que se convierta en la mejor persona que él puede ser. A mi me importa un bledo cómo me miran los demás maestros o los otros niños, mi relación de enseñanza es con el chico, nada más, él es especial para mi aun en medio de niños especiales. Nadie sabe qué pienso o siento, ni la nobleza que me mueve, si es que me mueve la nobleza, lo único que me importa también es que los padres sepan que su hijo está en buenas manos.

-Comprendo-

-¿Ve? Gustavo se viste solo en el baño de hombres. Alguna vez escuché que los niños con impedimentos pasarán a través de las etapas usuales de la niñez. Puede que ellos no pasen a través de las etapas a la misma edad ni del mismo modo que los otros niños, pero es importante siempre exponerlos a estas etapas. Entre sus oportunidades debe estar la posibilidad de asumir mayores grados de responsabilidad e independencia. Puede haber muchas formas en las cuales un niño puede ayudarse a sí mismo o a otros miembros de la familia, incluyendo tareas alrededor de la casa. En medida que ustedes como padres cuentan con él y alientan al niño a asumir responsabilidades, su sentido de orgullo propio y competencia también aumentarán. Pero qué cosas le digo, si Usted es sin duda más experta que yo en cuanto a Gustavo se refiere...

-No se apene, es interesante lo que dice.

-No me haga mucho caso...

-Tal vez haya sido bueno venir, y hacerle ese caso...

-Bueno...

-Traigo al niño la próxima clase.


A partir de esa clase fue la madre de Gustavo quien le llevó a la clase, presentándose ya no tan arreglada, sino sólo lo normal. Al final de la clase platicábamos un poco.


Otra cosa pasó, me asignaron a una niña con síndrome Dawn. La mamá de la niña era una puta bien hecha, o al menos así quería hacérmelo creer, y yo muy crédulo le seguí la corriente. A la segunda clase ya quería tomar un café para platicar acerca de los adelantos de su niña, lo que al parecer era una causa noble. Sin embargo, luego del café, en el cual intercaló sistemática y constantemente algunos comentarios francamente soeces o cuando menos inapropiados para dos que no se joden en la cama, me comenzó a preguntar cómo podría ella pagarme toda mi dedicación. Fue fácil contestar que dedicación con dedicación se paga, y así, en menos de lo que pensé, la tenía chupándome la verga en la forma más dedicada que hubiese yo visto. Por alguna razón intuí que esto de aflojar las nalgas tan rápido era una especie de venganza contra el marido, cosa que supe por las distintas menciones al inútil de su marido, al tonto de su marido, "mi marido no me hace mucho caso", "mi marido me deja sola con todo lo relacionado con la niña", y un largo etcétera, lo cual no cambió mi percepción de lo delicioso que iba a resultar, y acaso llegar a esa conclusión sólo sirvió para que pudiera yo esbozar unas frases que tenía acuñadas para una situación como ésta, las dije en un sueño y moría de ganas de repetirlas en el plano real, le dije:


-Te advierto Daniela que lo mío no es la ternura.

-¿Cómo?

-Como lo oyes. Si lo que te gusta es que te falten al respeto, entonces te gusto yo. Si lo que te gusta es una verga egoísta que te habrá de penetrar largo rato, entonces te gusto yo. Si lo que quieres es alguien que le encanta comer coños y que le coman el trozo, entonces te gusto yo. Si lo que en realidad quieres es quien te sujete con fuerza las nalgas mientras los testículos chocan en ellas, ese soy yo, te gusto yo. Si lo que quieres es que tu marido tenga motivos para matarse, entonces sin duda te gusto yo, porque te voy a dar justo como él jamás lo hará.

-No había pensado echarte el guante tan rápido, pero no estaría mal. –dijo satisfecha de que hubiera sido yo quien se atreviera a sugerir la idea de joder, lo que no era tanto mérito luego de tantas pistas dadas por ella- Parece que lees mi mente, pues yo no estoy buscando ternuritas...

-Creo que tenemos un trato.


Así fuimos a un hotel, y en él la desnudé muy rápido, así que me bajé a hacer bucitos a la alberca de su coño, diez, doce segundos profundamente sumergido, disponiéndome a cogérmela se croll, de espalda, de pecho, de mariposa, en relevos incesantes de veinticinco metros de verga por vez. Hundí mi nariz y boca en el coño hasta dejárselo bien hinchado y húmedo. Me puse de pie y la coloqué de rodillas para que se pusiera un rato a mamarme; así, hincadita, bajó el cierre de mi pantalón y salió mi verga olorosa a cloro, ya bastante hinchada. Ella alzó las cejas para demostrar la grata sorpresa que le representaba que yo tuviera tan buena pieza, luego, sin pensar se la echó hasta la garganta, sacó mi miembro de su boca y repitió la operación, con una mano empuñaba el tronco de mi verga y con la otra me manoseaba los testículos. Toda una experta. Entre mamada y mamada se distraía para decir alguna que otra frase putonsísima, del tipo, "mira lo que me voy a merendar", "que rico estás, papito", "me vas a volver loca con esta cosa".


Luego de recibir aquella mamada la tendí en la cama y comencé a chuparle todavía más el coño; en cuanto sentí que estaba listo la empalé con mucho vigor, cumpliéndole la promesa de portarme muy grosero con su vagina, y así, tendida, la penetré largo rato. Como estábamos en una posición de misionero bizarro, alcé un poco el torso para ver cómo la barrenaba con su compás bien abierto. Es una gritona de primera, pero la verdad es que tanto ruido también me ponía muy caliente. Con las piernas abiertas le doblé las rodillas para meterme a la boca, de manera alternada, cada uno de sus pies. Ella sin duda se calentó muchísimo, primero, porque los pies tienen muchas puntas nerviosas que vuelven de su ultraje una delicia, y segundo, porque ella estaba muy morbosa diciéndome cosas como :Si chuparas una verga te la comerías igual que como te comes mis pies", "Sólo de verte quisiera estártela mamando justo ahora". Cuando comencé a joderla a lo perro y darle algunas muy ligeras nalgadas definitivamente empezó a gritar. Tuvo varios orgasmos. Luego la empecé a penetrar por el culo y la cosa siguió sucia. Ambos sudamos como un par de puercos abandonados en el más caluroso sitio del Ecuador. Regué mi semen en su espalda y luego pegué mi vientre a su espalda para terminar de batirla. Ella quedó exhausta y feliz, y yo también.


Ella quiso fumarse un cigarrillo y tomarse una cerveza después de la visceral jodienda que le había proporcionado. Mando pedir servicio al cuarto, lo que me anticipaba que no nos marcharíamos de inmediato. Podría decirse que operó un cambio, pues luego de tanto placer y tantas payasadas en que habíamos caído en esta follada, pues la verdad había sido como si ella hubiese querido demostrar lo puta que era y yo lo cabrón que podría ser, ella entró en una cordura que me sorprendió muchísimo y me hizo admirarla, admirarla de verdad como una mujer muy entera, sobria, grandísima mujer. Incluso su tono de zorra se perdió, dejó sus indirectas y pasó a las directas. Comenzamos a platicar muy seriamente, me inquirió con mucho señorío acerca de la educación de su hija y fue realmente ilustrativa.


Entre muchas cosas me dijo: "Mira Juan Carlos, aprecio mucho, en verdad mucho, lo que haces por nuestros niños, no es fácil que alguien se interese de una manera tan comprometida con ellos. Conmigo puedes hablar muy francamente de mi hija, pues siento que soy una mujer que ha madurado mucho con esto, sin embargo hay que admitir que no es sencillo. Cuando recién te das cuenta que tendrás un hijo con limitaciones de algún tipo, lo primero que sucede es que no te lo crees, es como si no quisieras saberlo, técnicamente no hay guerras, técnicamente tu pareja te apoya, pero al instante no te quiere tocar, no vaya a ser que te embarace de nuevo y repitas el error, y empiezas a hurgar en la familia de cuál de los dos hay antecedentes de discapacidad, en una tarea francamente tan dolorosa como innecesaria. ¿Qué hay si están en su familia los genes malos, qué si están en la tuya? Lo que importa es que el niño nace así y tú eres el único responsable. Sientes que el otro te deja sola, y nunca piensas que él está completamente solo con esto también, pero son ideas, son solo ideas. Si a mi me hubieran dicho como es el asunto me hubiera ahorrado muchos dolores de cabeza. El primer punto es aceptar que las cosas son como son y saber a ciencia exacta cómo son. Hay gente que nunca lleva al niño a que le hagan alguna valoración, lo valoran ellos mismos, y a veces lo valoran mucho peor de lo que está; hay gente que quiere ignorar que hay profesionales cuya misión es apoyar, que hay escuelas adecuadas para sus necesidades, que no están solos. Otra cosa es cómo aprender a lidiar con el qué dirán, uno piensa que es el centro del universo, que todos te voltearán a ver para señalarte tu tragedia, como si una fuera el centro del universo. Nada más remoto, no se es el centro del universo, por el contrario, el principal enjuiciador puede ser uno mismo. Sé que le harás mucho bien a mi niña, y por lo que veo a mi también...

-Así parece. ¿Y tu marido?-

-Es un cretino. Yo he madurado con esto de Marcelita, él nunca. Me tiene miedo. Sé que tuvo un hijo con una muchacha que tiene de querida, cree que yo no sé, me cela todo el tiempo y cree que no sé que él ya demostró que él si sirve, y a Marcelita la quiere bien poco. Yo la adoro, he aceptado que ella es como es, y que así está bien, y como ves, no se me dificulta que me atiendan, y hasta mejor que mi esposo.

-Ha de ser duro de todas maneras, pues se dejan de querer por causas que en apariencia les son ajenas

-Créeme, en situaciones como esta aprendes a valorar la grandeza humana.

-¿Cuál es entonces tu mejor consejo?

-Que no se pierda la dimensión de la realidad, que no se de a las cosas un valor equivocado que no tiene, que se informe la gente, que evalúe a ciencia cierta lo que se enfrenta, no porque el niño se va a curar, sino para saber el tipo de niño que vas a amar y hacerlo de la mejor manera, en la forma que más se desarrolle él y más te desarrolles tu. Para mi un verdadero discapacitado es quien teniéndolo todo para encarar una situación especial se aísla y se pierde en su propia ignominia. ¿Quieres llegar al alma de una mujer con un hijo especial? Compréndela, no la menosprecies, hazle sentir que es tan valiosa como siempre, si ves en sus ojos la huella de una culpa, dile que te regale su culpa, libérala, devuélvele la fe, no mediante actos heroicos, sino con pura y simple honestidad. Una misma empieza a hablar mamón...

-¿A que te refieres?

-A que dicen que los niños tienen capacidades especiales. Tienen limitaciones, hay que verlo así, son diferentes, nada más.

-Entiendo, a los viejos ahora les dicen adultos mayores. Cuando sea viejo quiero que me digan viejo a secas.

-Exacto. Escucha, ya llegó la cerveza.


Muy rara esta Daniela, pues se pone así de encantadora y profunda sólo luego de una buena vergotiza. Al verla de nuevo parecía tan frívola como siempre, luego le hacía el amor en forma salvaje y se ponía seria otra vez. La adoro cuando se pone seria, y no encuentro inconveniente en follarla de manera criminal si ese es el requisito para verla tan congruente. No se si creerle su madurez, pues a partir de nuestro tercer encuentro empezó a llevar consigo un portarretrato en el que viene una foto de bodas, de ella con su esposo, y la he atrapado mirando fijamente la foto mientras la penetro durísimo por el culo. Ella dice que así lo disfruta más. Lo cierto es que todo lo que platiqué con ella me fue de mucha utilidad.


Volviendo al tema de Gustavo, su madre lo siguió trayendo, y lentamente comenzamos a entendernos mejor, aunque siempre con un aire de respeto. Las cosas comenzaron a tomar otro cause, me quitaron la clase particular de un niño, digamos normal, y me la cambiaron por otro niño con discapacidades, este se llamaba Alfonso, o Alfonsito como le dice su madre con voz de ardilla; la madre también comenzó a insinuárseme un poco. No ha ocurrido nada, pero yo sé que en menos de dos meses esa boca de esa nueva mamá estará rodeando el tronco de mi verga, ella me lo ha dicho de alguna manera, y yo estoy seguro de que daré todas las facilidades para que así ocurra. No es exclusivo de las mamás de este tipo de niños, de hecho a la mamá del niño que me quitaron la tuve en mis brazos una vez, luego como que le dio pena y lo cortó. Ya me veía a mí sobresaturado de tareas al atender a los niños en la alberca y a sus madres en la cama.


Un incidente cambió un poco las cosas. Dado que terminé con mi agenda completa, ya no había tiempo para platicar en los pasillos con las mamás de los niños, así que, si querían tratar algo relacionado con los chicos, tenían que invitarme un café. Además un día llegó Daniela en medio de la clase de Gustavo, entró a la zona de albercas con un vestido rojo con el que se veía francamente deliciosa, montada en un par de zapatos de tacón, a cada paso que daba contoneaba sus magníficas caderas. Había ido a decirme que tenía tiempo esa noche para pasarla conmigo completamente, pues Marcelita había ido a ver unos parientes y su marido le había dicho que saldría de viaje, que en realidad iba a irse a pasar la noche con su amiguita especial, así que ella era toda mía. Cualquiera que hubiese imaginado que aquella mujer me daba las nalgas estaba en lo correcto, todo su cuerpo, su forma especial de dirigirse a mi, su manera de sonreírme, gritaba que entre ella y yo había algo. Daniela se fue y teníamos una cita para cuando terminara yo mi trabajo. Nunca pensé que ver como otra mujer iba descaradamente a putear conmigo pudiera surtir algún efecto en Cristina, la madre de Gustavo, pero sin embargo lo tuvo. Cuando salí y me despedí de ella la noté muy extraña, preguntó si podríamos tomar un café para hablar del desarrollo de Gustavo, le dije que sí, se me hizo como muy fría, y no fue sino hasta que medité detenidamente en todo ello que supuse que se había sentido desplazada. Aquella noche no pensé más en el asunto, pues mi mente sólo tenía imaginación para las nalgas de Daniela y su vestido rojo.


-¿Qué crees que deba hacer?- me preguntó Cristina al día siguiente, que es cuando habíamos quedado para tomar el café, había vuelto a arreglarse muy provocativa, pero, a diferencia de la vez que la conocí en que me pareció provocativa y retadora, ahora me parecía provocativa pero triste.

-¿Con respecto de qué?

-De Gonzalo. Veo cómo se lleva contigo y pienso que algo de especial debes de tener. Has logrado en unos cuantos meses mucho más de lo que habíamos logrado en años. Al niño lo veo mejor, pero eso no ha hecho que nosotros nos sintamos mejor en casa. ¿Qué me pasa?


Recordé lo que me había dicho Daniela alguna vez, en realidad sólo Daniela y su seriedad de después de la jodienda me habían dado luz de lo que estábamos hablando Cristina y Yo. Le pregunté a quemarropa:


-¿Cuéntame, hay alguna cosa por la que supongas que todo esto es tu culpa?


Ella no contestó de inmediato, luego sus ojos se le pusieron vidriosos y comenzó a llorar, y aunque yo hubiese querido suspender aquella plática, ella me hizo saber con un ademán que no la dejara ahora, que era bueno que le costara tanto trabajo en ello porque sólo lo haría una vez, de una buena vez. Por fin dijo:


-Si. Si hay una cosa.... bueno, dos.

-¿Qué?

-Un chiste.

-Cuéntame...

-Bueno, en realidad no es un chiste en sí. Cuando éramos novios, mi esposo llegó un día y me contó una situación que le había pasado en el trabajo. Él se dedica a hacer programas de computación y un día lo mandaron llamar de una empresa algo especial. Era una fábrica tremendamente ruidosa, mucho muy ruidosa, tan ruidosa que ya de plano contrataban gente sorda, pues sólo ellos podían trabajar allí. Por alguna razón legal que no entiendo las empresas que contratan personas con discapacidades reciben un estímulo por parte del Gobierno del Estado, así, esta empresa, que empezó contratando a puros sorditos, después empezó a contratar a personas con otro tipo de discapacidades, gente de muy baja estatura, o que les faltara alguna mano, o algún pie, todos tenían cabida en esa planta laboral. El me contó aquello sin burlarse abiertamente de ello, sin embargo vi como que me estaba tanteando porque reprimía una risilla. Yo le dije que era sorprendente. Él enmudeció y dijo después que sí, que era sorprendente, qué él sólo se imaginaba cómo serían las cosas en caso de un incendio. Lo dijo así, como un chiste abierto que yo podía o no construir en mi mente... y lo construí. No sólo lo construí, sino que lo viví, en mi cabeza empecé a ver como las llamas comenzaban a engullir la maquinaria, mientras las alarmas pitaban justo enfrente de los sordos que no les hacen caso, y me imaginé el corredero de gente, unos sin pies dando saltos como si fuesen frijoles saltarines, un manco saltando con habilidades orangutanezcas, un desfile de enanos corriendo como si vinieran de la mina, imaginé ciegos chocando entre sí, sordos corriendo y cayendo al vacío, lo dibujé en mi mente y Dios sabe que lo disfruté, me reí como nunca en la vida. Mi esposo estaba asustado porque nunca me había visto reír así. Yo ya había notado que uno sólo se ríe cuando alguien se jode o se joderá, pero esto era el colmo. Casi no me río de los chistes ajenos, casi siempre me río de los chistes que yo misma me cuento, y éste me lo conté muy bien. Cuando supimos que nuestro hijo tendría algún tipo de problema, las palabras de aliento que Armando me dirigió fueron elocuentes, me dijo: Ya ves, por reírte tanto de las desgracias de la gente. Y eso, sus palabras, es algo con lo que he tenido que vivir desde ese día.


Yo no dije nada, sin embargo le pregunté por la segunda causa: -¿Y la otra?-

-¿Otra qué?

-Me decías que tenías dos culpas fundamentales, me has contado una, tal vez quieras contarme la otra, aunque si no quieres no, suficiente tenemos con la que ya me has dicho...

-No, de una vez te la cuento. La segunda es más sencilla. Verás, siempre he pensado que a uno le vale madre Dios, que sólo recurre uno a él cuando está en aprietos. Yo no soy así, yo desde que tengo uso de razón le he agradecido a Dios lo que me ha dado. Cuando recién tuvimos nuestro problema nos rodearon como moscos un montón de amigos que desinteresadamente querían enrolarnos a sus respectivas iglesias. Es una realidad que uno se siente muy sola cuando todos parecen darte la espalda por tener un hijo especial, la familia secretamente te reprocha no haber sabido hacer bien las cosas, de palabra te animan a que siguas adelante pero su mirada te habla de la tristeza y la vergüenza que sienten. Te sientes sola, y es ahí, en esa soledad que sólo da la desgracia, que llegan los oportunistas de Dios, te dan calor, te dan apoyo, te dan compañía, te quieren lavar el coco con ideas de que Dios te ha dado un niño especial porque conoce la grandeza de tu corazón, que da más pruebas a quien más puede dar, te atiborran de ideas conformistas que se resumen en que Dios te dio un hijo así porque se le pegó la gana. Con ellos cualquier chisme es dar testimonio, y nadie simplemente se cura, sino que "es sano". Su amistad duró hasta que notaron que por ninguna causa me convertiría en una rezadora. Esa sería la segunda culpa, saber que no soy humilde como para aceptar el regalo de segunda mano que Dios tuvo a bien regalarme, no me doblegaré.


Con todo lo que me dijo pude empezar a hacer mi trabajo: nadar. Esa tarde nos quedamos en silencio. Le pedí que no regresara a su casa, que pensáramos juntos. Nade entre sus palabras y entre el brillo de sus lagrimales. Al final, lo único que acerté a decirle fue lo siguiente, y con ello puedo decir que nos hicimos amigos:


-Siento que en todo esto no te hace daño lo que es, sino lo que no será. Creo que debes tomar la dimensión exacta de las cosas, dejar de imaginar las cosas que el resto del mundo hace y tu no harás. Me comprometo a ayudarte.


Ella empezó a llorar, y entre su balbuceo me reclamó:

-Tal vez no tengas espacio para apoyarme a mi.

-Como crees. Claro que puedo.

-Estarás muy ocupado en apoyar a la mamá de la otra niña- Sin duda se refería a Daniela partiendo de sus propias conjeturas.

-Es diferente. Ella necesita hombre.


Ya no dijo nada. Nos despedimos. Cuando ella hubo tomado ya su auto y comenzó a arrancar, en vez de adiós me dijo:


-Yo también necesito hombre.


A la próxima clase continuaron las sorpresas. Cristina no llevó a Gustavo, sino que lo hizo la misma muchacha que lo llevaba en un principio, pero llevaba otro niño como de cinco años y me preguntó si también lo podría admitir a clases junto con Gustavo. Mi respuesta inicial fue decirle que eso no era posible, que las clases eran individuales, pero cambié de parecer cuando me comentó que el otro niño era hermano de Gustavo. Eso sí que no lo imaginaba.


Un par de clases más duró sin aparecer Cristina, luego por fin apareció, vestida modestamente pero muy atractiva. Seguía yo dándole sus buenas cogidas a Daniela, que cada vez era más descarada. También estaba ya atendiendo a la mamá de Alfonsito, que comenzó a llamar mi atención porque siempre cargaba consigo una bolsa con estambres, hilos, tela, y siempre, mientras yo le daba la clase a su hijo ella se la pasaba en una mesita haciendo manualidades de todo tipo. Era una mujer con falda de lana hasta los tobillos, siempre con un suéter con cuello de tortuga, como empeñada en ocultar su cuerpo. Su sonrisa era muy bonita. Toda ella parecía extraída de una mercería. Cuando por fin nos vimos a solas comenzó a ceder muy discreta pero notoriamente. La llevé a un hotel en el que descubrí que debajo de su falda y suéter se escondía celosamente un cuerpazo de gimnasio. En efecto, sus nalgas eran lo más duro que hubiese yo tocado con las manos, y sus pechos parecía que fueran a estallar. Desde luego no me decepcionó con las manualidades que empezó a hacer con mi verga y mis testículos, sus mamadas eran también de una gran calidad. Con ella no hubo malos rollos ni nada, de hecho no hubo rollos de ningún tipo, como que la señora ya sabía a qué iba, segura de lo que ofrecía también se daba el lujo de exigir, y a diferencia de las otras, ésta no admitía hablar demasiado de su niño, el cual decía conocer mejor que nadie, por lo que no requería consejo ni apoyo de ningún tipo, a no ser apoyo sexual.


Ya con dos mamás en mi lista y una más merodeando era difícil que yo alegara ética o inocencia. No podía yo hacer nada. Ese día que llegó Cristina me sentí muy cerca de ella. Los niños, Gustavo y Raúl no eran muy apegados el uno del otro, pese a que eran hermanos. En mi cabeza volaban muchas ideas acerca de por qué no los habían llevado juntos desde un principio. En fin. Hablo de esto porque hubo una escena que me conmovió tanto que me puse a llorar debajo del agua. Saliendo de la alberca Gustavo abrazó a su hermano menor, como protegiéndolo, dándole de su amor, y Raúl se dejaba abrazar de buena gana, era como si en ese instante hubiesen descubierto que eran hermanos y aceptaran sus diferencias. El hermano con limitaciones protegiendo a su hermano pequeño, fue una ternura verlo. Nos saludamos Cristina y yo, le entregué a sus hijos, no dijimos nada, acaso ella antes de irse me preguntó si era posible que nos viésemos al día siguiente, le dije que sí.


Al día siguiente ella apareció en escena totalmente deshecha, sumida en un llanto tan inconsolable que fue inoportuno que fuésemos a ningún café, me subí a su auto, ella manejó hasta un lugar medianamente solitario, estacionó su coche y por fin platicamos. A quemarropa me soltó una idea:


-Voy a separarme de mi marido...- mientras lo decía se me quedó viendo fijamente a los ojos, como para revisar con detenimiento hasta la más mínima de mis reacciones ante esas palabras.

-No tendré yo algo que ver en esto.

-No, en realidad. Es decir, sí tienes qué ver con lo que vaya a hacer luego de dejarlo, no con que lo deje.

-Explícate.

-Mi marido es un cretino. Llegué a la casa y él no escuchó que llegué, ello me permitió alcanzar a oír unas palabras que le dirigía a Raulito.- se detuvo, lloró mucho y de vez en vez decía la palabra maldito. Luego completó su narración.- Le estaba instruyendo que él era mejor que su hermano, que Dios lo había querido así, que no se afligiera de verlo, hasta ahí todo era normal, pues mi marido nunca ha terminado de aceptar a Gustavo, ya no digamos amarlo, pero después, lo que le dijo después me rompe el corazón, le dijo a Raulito que no se preocupara, que los niños como Gustavo no pueden durar muchos años. ¡Le dijo esa barbaridad! Escucharlo me hizo saber de dónde sacaba Raulito algunas actitudes muy cortantes con su hermano. Lo que le habrá dicho este desgraciado durante todos estos años. Me abalancé sobre mi esposo y lo golpee como pude. Los niños están ahora en casa de mi madre, donde las cosas tampoco están del todo bien. Lo cierto es que no puedo ya vivir con mi marido, no luego de esto, de ver que nunca va a integrar a nuestros hijos, y tú me has despertado a mi la certeza de que es posible siempre que se acepten las cosas como son, sin supersticiones, el niño es como es y puede ser feliz así y yo también.


No tenía yo nada que decir, y acaso quise expresar mi solidaridad abrazando a Cristina. Ella lloró todavía mucho más sobre mi pecho hasta que me dejó completamente empapado de lágrimas y saliva. Se separó de mi y me dijo:


-Llévame a un hotel como a las otras mamás.

-No creo que sea lo más adecuado.

-Por favor, no querrás que encima de todo lo que me ha pasado hoy te ruegue, no me hagas rogarte.

-Pero es que no siento que sea lo que en verdad necesitas.

-Pero parece que tu sí, que tu lo necesitas siempre, por eso te enredas con las mamás, porque no puedes resistirlas. Tómame a mi también, ¿O no te gusto?

-Si. Pero. No sé.

-Es la única forma en que sientas compromiso conmigo, y que yo pueda abrirme realmente. Tú dices que no es necesario, yo digo que no puede ser de otra forma. Además necesito agotarme mucho, olvidarme de esta vida por un momento, morirme un ratito.


Me la llevé al mismo hotel al que llevo a Daniela y a la mamá de Alfonso. El chico de la recepción ya comienza a envidiarme. Entramos a la habitación y todo fue como muy silencioso. Estábamos ahí no para pasárnosla bien, sino para agitar nuestras energías. Ella de inmediato, y para demostrarme lo convencida que estaba de lo que iba a hacer, se puso de rodillas y sin ningún titubeo se echó mi verga al paladar, y mientras me mamaba de vez en vez escurría una lágrima por sus mejillas, luego se limpiaba la lágrima en los vellos de mi verga

Clavamela Entera

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Luis de Figueres, nos cuenta una de las historias que le ocurrieron en un pueblo de Murcia cuando tenía 19 años y estaba trabajando en una pequeña empresa de albañilería. Eran cuatro personas, el jefe, él y dos chicos jóvenes que eran los peones. Un día el jefe les dijo que tenían que ir a hacer unas obras a un internado estudiantil que, por casualidad o fortuna para ellos, era femenino.

Hacíamos obras por todas partes y un día el jefe me dijo:

- Luis, vamos a ir a un internado a arreglar el tejado del que se han caído varias tejas por culpa de la pasada tormenta y también hacer un cuartito en el jardín con una pica para que las señoras de la limpieza laven la ropa allí en verano.

Nos tendríamos que quedar allí yo mismo y uno de los chicos, que se llamaba Antonio y tenía 18 años. Fuimos al internado, que era exclusivamente femenino por cierto, y nos recibió la directora, una mujer con más de setenta años y con muy poca salud. Mi jefe le dijo que nosotros éramos los que le íbamos a hacer el trabajo. Ella estuvo de acuerdo y quedamos en empezar la obra al día siguiente.



Mi jefe ya nos tenía allí preparado todo el material y al día siguiente, según lo convenido, nos presentamos para empezar la faena. Cuando llamamos a la puerta, nos abrió una chica poco más o menos de mi edad. Era una preciosidad que dijo llamarse Lucía. Nos tiramos todo el día subiendo tejas, ladrillos cemento y arena para que al día siguiente nos pusiéramos a arreglar el tejado. En el internado había unas 25 chicas, ocupando dos de ellas cada habitación.
Al día siguiente nos abrió la puerta otra chica que nos dijo que Lucía, que al parecer era la secretaria de dirección, vendría algo más tarde ya que por la noche tuvieron que ingresar a la directora en el hospital. Nosotros estábamos trabajando cuando, de repente, vi llegar a Lucía en un coche, me saludó con la mano al bajarse y yo, dejando la obra, me acerqué a ella y le pregunté como se encontraba la directora, diciéndome que no muy bien, entró en el edificio. Como ya eran cerca de las diez, Antonio y yo nos pusimos a desayunar presentándose entonces Susana, la chica que dormía con Lucía, que nos dijo:

- Aquí os traigo un poco de agua muy fresquita que he sacado del pozo ahora mismo y está buenísima, ¿queréis probarla?.

Nosotros, para no despreciarla, le echamos un trago al botijo que nos tendía la tal Susana. La chica era muy atractiva y muy simpática, sus ojos eran de un azul cielo precioso pero, sobre todo lo mejor de ella, como supimos más tarde, era su increíble voz. Cantaba como un ruiseñor, daba gusto oirla cantar y tocar la guitarra.
Estaba yo un día yo solo poniendo tejas en el tejado, ya que Antonio tuvo que marcharse para hacerse la revisión médica de la empresa, cuando de repente miré hacia una ventana que estaba cerca de donde yo trabajaba y vi dos chicas, completamente desnudas, que se besaban en la boca. Eran Susana y Lucía. Nunca me hubiera podido creer eso si no es que lo estaba viendo. De pronto Lucía tiró a Susana sobre la cama y empezó a comerle las tetas y luego, bajando por todo su cuerpo, llegó a su coño Susana se retorcía del placer que le estaba dando su compañera con la lengua dentro de su coño. Al cabo de un rato de estar gozando de aquella buena comida de coño que le estaban haciendo, Susana, sin cortarse un pelo, hizo poner a Lucía en la posición del 69 y las dos se aplicaron a comerse los respectivos chochos con todas las ganas del mundo. Era maravilloso lo que yo estaba viendo por primera vez.

Al rato, Lucía cogió una zanahoria, que sin duda ya tenía preparada en la mesita de noche, y se la metió en el hermoso coño de Susana. Todo ello era fantástico pero en un momento determinado, Susana se dio cuenta de que yo las observaba. Contrariamente a lo que ya había sospechado, la chica no dijo nada y siguieron con su trabajo hasta que las dos se corrieron dejándome oir, incluso, sus gemidos. Mi polla, con todo aquello, estaba más dura que el palo de un pico.
A la hora de comer, cosa que yo hacía en el cuarto donde tenían las herramientas, entró Susana y me preguntó con una sonrisa:

- ¿Has disfrutado mucho viéndonos esta mañana?.
- Era maravilloso lo que estabais haciendo Lucía y tú - contesté y acercándome a ella, añadí - Déjame que que yo te coma el coño durante un rato que te haré gozar más que Lucía, ya que me encanta comerme buenos coños como el tuyo.

Le levanté la corta falda y no llevaba bragas, pero eso sí, tenía el coño chorreando. Arrodillándome ante ella, le metí la lengua en la raja y no tardó en tener su primer orgasmo, entonces la desnudé al completo y comencé a comerle los tiesos pezones, sobándole también el clítoris al mismo tiempo, con gran suavidad. Ella solo me decía:

- ¡Está buenísimo, Luis, sigue... sigue, no pares que me corro...!.

Cuando se tranquilizó un poco de su segunda corrida, me sacó la polla y empezó a chupármela después de exclamar:

- ¡Vaya pollón que tienes, Luis, nunca he tenido en las manos una polla como esta!.
- Pues te voy a volver loca con ella, déjame que te folle bien el coño - le contesté.
- ¡La siento rozando mis labios interiores! - exclamó al metérsela de golpe en el coño - ¡Está buenísimo, sigue, no pares... que gusto... oooh...!.

Yo no paraba de meter y sacar en aquel hermoso coño, disfrutando con la follada, al igual que ella, hasta que le dije:

- No me voy a correr todavía, tengo una sorpresa para ti - le dije.
- Pues yo he perdido la cuenta de las veces que me he corrido con tu estupenda polla dentro de mi coño - me dijo entre suspiros.

Sacándosela del coño, le pregunté si se la habían follado alguna vez por el culo. Me dijo que no, que eso tenía que doler mucho.

- Vamos a probarlo y si te hago daño, lo dejamos - le dije.

Al colocarse en la posición, a cuatro patas y con el culo en pompa, empecé a comerle el agujero marrón y de vez en cuando, iba metiéndole ahora un dedo, ahora dos, para hacer una apertura para cuando le metiera mi polla no le doliera tanto. Ella dejaba escapar algún que otro quejido de placer y cuando creí que ya tenía el agujero en forma, le fui metiendo, poco a poco, la punta de mi polla. Fui entrando lentamente hasta lograr meterle la mitad y entonces ella me dijo:

- ¡Luis, la estoy sintiendo y me va gustando!.

Segué penetrando con gran delicadeza hasta que la tuvo entera dentro de su culo desvirgándole el trasero, y entonces empecé a acelerar el ritmo hasta que ella sintió el primer orgasmo por su culo.

- ¡Tenía que haberlo probado antes! - me decía muy excitada - ¡Esto es fantástico, sentir tu hermosa polla en mis agujeros... sí, me corro... me corroooo....!.

Mientras se corría, se la saqué del culo y en el acto se la metí en la boca donde no tardé ni un minuto en echarle toda la descarga en su garganta tragándose ella todo mi semen sin dejar una sola gota fuera. Y en este mismo instante, tanto Susana como yo, tuvimos una gran sorpresa ya que descubrimos que Lucía nos había estado viendo follar desde una ventana que daba al jardín.

- No sabéis lo que he disfrutado masturbándome mientras os contemplaba - nos dijo sonriendo.
- Ven con nosotros, Lucía - le dijo entonces Susana - He disfrutado mucho más con él que cuando tú me metes la zanahoria en el coño.
- Es que Luís tiene un pollón de verdad - respondió Lucía sonriendo.
- Pues salta por la ventana y verás lo que me he guardado para tí - contestó Susana.

En un próximo relato contaré la continuación de este, par mi, muy caliente experiencia. Besos a todas.

Luis Figueras

Cesar

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Me muero por aspirar cada uno de tus olores

Mis labios y mi boca anhelan saborear tu piel

Mi piel se vuelve más sensible al pensar en la tuya

Mis ojos brillaran realmente cuando encuentren los tuyos

Mis oídos desean más que nada escuchar la música de tu voz

Mis sentidos se agudizan solo de pensar en tenerte… algún día…

Eres el culpable de mis desvelos. Las últimas noches no he podido dormir por tu culpa, pero mi insomnio pensándote es demasiado dulce como para preocuparme. Anoche sin ir mas lejos me giré en mi cama y estabas ahí de nuevo, desnudo, mirándome con ojos de deseo y ese gesto tuyo que me invita a abalanzarme encima sin demora.


Me miré y estaba desnuda también, pero me concentré de nuevo en detallar tu cuerpo, el cuerpo del delito, la invitación más dulce a pecar. Estabas tumbado de medio lado con un brazo bajo tu cabeza. Acerqué mis manos a ti y toqué tu pecho con la yema de mis dedos para saber si eras real. Mis manos cobraron vida propia y navegaron por tu cuerpo, palpando tus brazos, enredándose en tus manos, acariciando tu vientre para luego ir mas al sur hacia las deliciosas y cálidas profundidades de los tesoros de tu entrepierna.


Le dediqué especial atención a tus partes más íntimas, sin dejar de mirarte a los ojos para ver cada una de tus reacciones, estudiarlas, analizarlas y aprenderme de memoria cada gesto.


Cerré mis ojos para escuchar tus leves gemidos con atención y luego los abrí para abismarme en los tuyos y perderme en ellos.


Te acercaste a mi y me sentí vulnerable, perdida y a la vez como si naciera de nuevo. Alguna vez te he dicho que cada noche junto a ti es como si naciera de nuevo? Eso me ocurre a tu lado, con cada beso, con cada caricia y cada orgasmo muero y vivo de nuevo. Tu me haces vivir e iluminas el lado oscuro de mi corazón.


Pegaste tus labios a los míos tomándome por las caderas y apretándome a tu cuerpo con fuerza como queriéndome indicar quien tenia el control… sin duda eres tu amor mío, me gusta que me poseas y me domes y me gusta poseerte por completo. Nada hay mejor en el mundo que entregarse sin reservas a ese ser que se entrega a ti en la misma medida, es decir, sin medida.


Me rendí a tu boca y tus caricias, a tus labios que comenzaron a bajar por mi cuello hasta llegar a mis pezones los cuales apretaste entre tus labios, aspirándolos, fumándolos uno por uno con deleite, sin soltarme ni un momento, agarrándome con suavidad pero con firmeza, aunque yo no quisiera escapar de tu cárcel, de los barrotes que formaste con tus brazos y piernas alrededor de mi cuerpo.


Mis manos mientras tanto recorrían tu espalda y tus brazos, reconociendo cada lugar despacio como si el tiempo se hubiera detenido.


Nuestros cuerpos se enfrascaron en una lucha sin tregua cuando entraste en mi cuerpo y nos fundimos en uno solo, tus gemidos y los míos, tu lengua y la mía, nuestros sexos húmedos moviéndose de manera acompasada y frenética al compás de una música que solo tu y yo podíamos escuchar mientras nuestras manos volaban y se entrelazaban aferrándose a las sábanas que nos envolvían.


Cada movimiento tuyo hacia mi fue correspondido con uno mío hacia ti, para acercarme mas, para no dejarte salir ni un momento. Solo deseaba que te adentraras en lo mas profundo de mi cuerpo y que mi cueva se uniera perfectamente, palpitando como si tuviera vida propia.


Me aferré a tus nalgas empujando sin tregua y mis piernas se envolvieron en tu espalda mientras mis pies te acariciaban.


Mi piel se resbalaba en la tuya por nuestro sudor, resultado de nuestra lucha en la cual no hubo vencidos, solo vencedores cuando en un momento glorioso explotamos a la vez abrazándonos exhaustos, casi sin aliento, con la respiración agitada, las pulsaciones aceleradas, temblorosos y felices.


Me abracé a tu espalda llenándola de besos, acoplando mi cuerpo al tuyo mientras nos recuperábamos de nuestro encuentro. Ni el aire cabía entre tu cuerpo y el mío, esa noche fuimos uno solo de nuevo.


Por fin logré conciliar el sueño aunque con miedo porque sabía que al abrir mis ojos no estarías, pero el recuerdo de tu cuerpo me acompañaría todo el día, hasta la noche en que nos encontráramos de nuevo para tener un round bajo las sábanas.


Te amo.


Tu Horny.

Al Final del Pasillo

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Ni la intensa lluvia que caía desde hacía horas le libró de recibir un último aviso de trabajo por ese día en su buscador. Estaba cansado, la jornada había sido agotadora y solo deseaba terminar para marcharse a casa y tomarse unas cervezas frente al televisor contemplando el partido de fútbol tan esperado de la temporada. Mientras conducía sacó un cigarrillo de hierba que llevaba en el bolsillo de su camisa y lo fumó despacio, dando profundas caladas.


Tuvo que sacar el callejero de la guantera de su furgoneta al hallarse perdido en el cruce de varias calles. Al cabo de unos minutos logró orientarse y girando en el semáforo tomó la calle indicada en el aviso.


Las obras del acerado la mantenían casi a oscuras y maldecía en silencio no llegar a casa a tiempo para el partido al no encontrar el número de la calle al que iba. Eso le hizo volver a dar unas cuantas vueltas calle arriba y ante la desesperación de no encontrar aparcamiento, decidió dejar el coche al otro lado de la manzana. Cogió su caja de herramientas y fue andando bajo la lluvia.


Era un edificio de esos antiguos, de portal cochambroso y con olor a vejez, pero al menos el ascensor funcionaba. Llegó empapado y desde el descansillo pudo ver como la única puerta que había en la planta estaba medio abierta, como si le hubieran visto llegar y esperaran a recibirle. Tocó con sus nudillos, sin querer apenas hacer ruido. No contestó nadie, pero desde la entrada se oía una música casi ensordecedora. La guitarra eléctrica de Eric Clapton resonaba en el pasillo y sentía como si le atrapara entre las paredes, como si de las mismas brotaran cientos de manos que le sobeteaban al pasar según iba adentrándose en la casa. Una fuerza extraña le llamaba desde la habitación que había al fondo desde la que salía una luz que parpadeaba cambiando de color… ahora rosa, ahora azul… ahora rosa, ahora azul.


El resto de las puertas de la casa estaban cerradas, como si sus habitaciones escondieran millones de secretos inconfesables. No sintió miedo, solo esa fuerza que tiraba de él y lo pasaba por el pasillo de mano en mano. Tan pronto sentía que le acariciaban la cara como que una de esas manos paridas en la oscuridad y la mugre se aferraba a uno de sus muslos no queriéndole soltar.


Según se aproximaba a la habitación iluminada, subía el tono de su voz, avisando de su llegada pero seguía sin recibir respuesta alguna a sus llamadas.


Sintió calor, mucho calor y su sudor se mezclaba con las gotas de lluvia que empapaban su cara y su ropa. Y de repente, aquellas manos que emanaban de las paredes como en una pesadilla empezaron a despojarle de sus vestiduras, arrancándoselas a jirones y arañándole la piel. Cuando llegó al final del pasillo estaba completamente desnudo y sudado y en la habitación estaba ella.


Permanecía en la cama, como yaciente, con los ojos vendados por un pañuelo de seda negro que resaltaba sobre el blanco de su piel. Creyó estar muerto y haber empezado a caminar en dirección a esa luz que dicen existe justo en el preciso instante de la muerte y de la que algún vivo habla tras haber regresado habiendo vivido una experiencia indescriptible.


Jamás su sexo había reaccionado de esa manera ante semejante visión. Parecía un ángel de piel nacarada y pezones sonrosados, erguidos y endurecidos del placer de sentir sus propias manos en lo más hondo de su ser. Brazos largos, manos delicadas apenas visibles entre sus piernas aterciopeladas que además escondían un coño que se adivinaba celestial.


Aquella mujer ni siquiera había advertido su presencia, pero se contoneaba en la cama exhibiéndose para él, sabiendo ser observada por unos ojos que la apuñalaban.


En ese momento enmudeció la música. Él contuvo hasta la respiración por miedo a ser descubierto, pero el latir de su polla ya erecta retumbaba en sus oídos.


El silencio creado le permitió oír el ruido de la aguja del viejo tocadiscos sobre el que de nuevo sonaba ese vinilo de Clapton que le había acompañado a lo largo del pasillo. De nuevo los mismos acordes, la misma música. Sentía como su piel se erizaba, era como si la guitarra sonara en su propio vientre y pudiera sentir que los acordes le atravesaran los poros y como rayos recorrieran sus brazos para escapar por entre sus dedos. Flotaba y el ritmo le envolvía como si fuera uno de esos cantantes que sobre el escenario siente la aclamación y el calor del público, los vítores, los aplausos…


Se dirigió hacia la cama, se subió de pie a ella y agarrando a la mujer por su cabellera rubia le alzó la cara. Ella abrió la boca enseguida y él la llenó de su verga acallando cualquier sonido que pudiera emitir. Lejos de hacer cualquier ademán de soltarse, ella lamía y relamía la carne que llenaba su boca por cuyas comisuras chorreaba la saliva del placer. No le dio tregua, incesantemente, él metía y sacaba su polla, dura como una roca. La excitación era tremenda, la sentía en sus testículos, en sus muslos, en su vientre, desbordado continuamente por el deseo de eyacular.


Después de haber usado a su gusto la boca de aquella mujer, la levantó de la cama, la puso de espaldas, hizo que se agachara y colocando sus manos sobre el cabecero de hierro de la cama contempló su culo redondo y blanquecino que él mismo manoseaba y hasta mordisqueaba. Los labios de aquel coño le gritaban y mientras su lengua hurgaba en la oquedad de su ano, sus dedos los pellizcaban. La humedad que los envolvía los hacían resbalar entre ellos y ahora la fuerza atractiva venía que aquel coño abierto de deseo que rabiaba ser follado de cualquier manera.


Hasta tres dedos pudo meter en él. Dedos que al sacarlos chorreaban los jugos de la esencia exquisita de aquella hembra. El olor de su coño embriagaba la habitación. Todo olía a sexo, a carne. Ella se agarraba fuertemente al hierro y culeaba bravía como una potra mientras aquellos dedos la poseían.


En escasos segundos, los dedos salieron y de una sola embestida él le clavó su estaca hasta las mismísimas tripas. Un alarido inmenso se apoderó de la estancia, pero ella seguía sin ofrecer resistencia, abriendo cada vez más sus piernas, levantando cada vez más su culo como una buena perra que encelada suplica ser atravesada.


Le folló el coño con ansia, con fuerza y parsimonia, con arranque, abriendo su carne para su propia satisfacción, aferrándose con decisión a sus tetas que bamboleantes se movían al ritmo de la penetración y al son de la música. Folló su osadía, su piel, sus tetas, su espalda, su coño y su culo hasta mancharla como a una perra expuesta al capricho de todo aquel que quisiera disfrutarla como si de un objeto para tal fin se tratara.


Cayó exhausta de entrega, de dicha y placer, empapada en sudor y bañada por su leche espesa y blanquecina que cubría su espalda y sus nalgas resbalándose entre sus piernas.


Bajó de la cama, se vistió como si nada hubiera sucedido, como si todo lo ocurrido hubiera sido el efecto provocado por aquel cigarro que se fumó en su coche antes de perderse entre las calles, y al igual que a su llegada, recorrió el largo pasillo que lo separaba de la puerta, salió, y lentamente bajó las escaleras hasta llegar a la calle donde recogió su coche para regresar a casa a ver el partido.

C.P. Peñalva

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