Inicio » Relatos de Confesiones

Algo mas que Amigos Intimos

Comentarios (0) 14.01.2007. 01:01

El caso de nuestro amigo es un ejemplo perfecto de lo que ocurre en la actualidad entre chico y chica. Los dos son lo que ellos mismo definen como "amigos con derecho a roce", es decir, sobarse y follar cuando les venga en ganas, sin que ello represente ningún compromiso.

Tengo 22 años y actualmente follo con una chica amiga mia que se llama Laura. Nuestra relación es de esas que podríamos llamar de "amigos con derecho a roce". Hacemos el amor sin ningún tipo de tabú ni represión. La cosa empezó este verano y ahora te explicaré, la primera vez que hicimos el amor. Sucedió una calurosa tarde del pasado verano. Laura había venido a mi casa donde estábamos los dos solos. Ese día llevaba un vestidito de tirantes de color azul muy corto y que remarcaba las curvas de su cuerpecito juvenil. Ella es más joven que yo, tiene 19 años. Yo llevaba unos shorts y una camisa que me iba un poco grande y llevaba los últimos botones abiertos. Ella me fue desabrochando los botones de la camisa y dejó mi pecho al descubierto. Me acarició todo el cuello y lentamente pasó sus manos por mi pecho desnudo.

- Me muero de ganas de echar un polvo - me dijo.

Entonces le quité lentamente el vestido. Laura tiene un cuerpo de vicio. A sus 19 años, su cuerpecito aparenta ser el de una niña de 15. Todas sus curvas son perfectas, no le sobra nada. Le quité el sujetador y empecé a chuparle las tetas mientras ella no paraba de acariciarme el pecho. Mi polla, todavía dentro del pantalón, estaba a punto de estallar. Laura estaba frenética, presa de una pasión lasciva. Me bajó los pantalones y los calzoncillos y empezó a acariciarme la polla y los huevos, pasando sus dedos por mi vello púbico y dando pequeños besitos a mi capullo. Nunca como entonces he estado tan excitado sin llegar a correrme, pero cuando ella se puso la polla en la boca, bastaron unos pocos segundos para correrme en su garganta. Nos besamos y fundimos en un abrazo.




Ella todavía llevaba puestas las braguitas. Se estiró en la cama boca abajo. A Laura le gustan muchísimo los juegos de caricias y besos. Empecé a llenarle de dulces besos su espalda mientras le acariciaba los hombros. Ella estaba cada vez más excitada y se giró de golpe. Empecé a besarla y a chuparle las tetas mientras ella jadeaba cada vez más fuerte. Recorrí con mis labios todo su cuerpo hasta las braguitas que, lentamente se las quité. Y allí descubrí su conejito, majestuoso, hermosísimo y que empecé a chupar, a lamer su muslo, su parte interna. Con la lengua comencé a hacer dibujos sobre su piel, chupé el pliegue donde las piernas se unen a su conejito, lamí todo, lo llené de saliva, le acaricié con mi cara su pelambrera y se la besé suavemente, casi sin presionar. A continuación, usé mi lengua para separar los labios del chocho, los abrí, hice correr mi lengua arriba y abajo entre las capas de su precioso coñito.

Suavemente separé sus piernas con mis manos y la follé con la lengua mientras ella no paraba de dar gritos y jadeos. Seguí lamiendo su clítoris hasta que noté que estaba próxima su explosión y cuando estuvo a punto de alcanzar el orgasmo, cogí su clítoris con mi boca, muy suavemente y mientras hacía esto, acaricié su vagina con dos dedos. Lentamente se los fui introduciendo y moviendo rítmicamente. Seguí chupando, acompañando los movimientos de su cuerpo. Hasta que llegó su orgasmo, momento en que bebí sus líquidos, los intercambié por saliva y no paré de chupar. Laura estaba gritando como una loca. Me pedía que parara por favor. Pero no lo hice. En este momento separé más sus piernas y la penetré con toda mi fuerza. Ella pegó un grito que debió oirse desde la casa de enfrente. Los dos estábamos como presos de una excitación morbosa, casi patológica. Ella me tocaba los huevos e incluso me metió un dedito en el culo.

Yo me movía arriba y abajo, hasta que finalmente, me corrí en sus entrañas. Nos tumbamos uno al lado de otro, ebrios de tanto placer. Ella, acariciándome el pecho suavemente, haciendo círculos, me dijo:

- Tengo hambre, quiero comer algo.
- ¿Qué te apetece... qué es lo que más te gusta? - le pregunté.
- Un yogourt de fresa.
- Creo que en la nevera hay... ¿vas a buscarlo?.
- Sí.

Se levantó desnudita y fue a por su yogourt. Mientras estaba en camino se me ocurrió una fantasía que me puso a cien solo de pensarla. Se lo susurré suavemente al oído cuando regresó y ella sonrió diciéndome:

- ¡Vale, lo hacemos! - dijo
- Seré tu yogurín - exclamé muy excitado.

Laura empezó a remover con una cucharita el yogourt hasta que se quedó como una suave y cremosa pasta. Me tumbé en la cama boca arriba y entonces ella vertió el yogourt sobre toda mi polla y huevos. El contacto con esa crema frío me produjo un escalofrío por todo el cuerpo y entonces, arrodillada a mi lado, Laura empezó a comer el yogourt con la lengua. Era tan excitante verla hacer eso que me puso a mil y no pude aguantar a que se acabara el yogourt. La cogí por la cintura y la tumbé a mi lado, me puse encima de ella y la volví a penetrar con el yogourt entre nuestros cuerpos. Fue una experiencia realmente sensacional.

tONY

Al Calor de una Taberna Irlandesa

Comentarios (0) 12.01.2007. 01:01

 Aquella tarde tenía una pena tan intensa que hasta me costaba creérmela. Me llegó sin avisar, pillándome desprevenida. Era una tristeza en estado puro. Me di cuenta de que tenía que ponerle remedio y quitarme de encima aquel sentimiento tan pegajoso, o de lo contrario, acabaría ahogándome.

Así que llamé a Sergio.

Sergio era la única persona en este mundo capaz de poder arrancarme una sonrisa cuando mi estado de ánimo estaba tan bajo. Y no porque fuera un incipiente psicólogo, recién salido de la facultad, sino que... en fin, que era uno de esos eternos pretendientes: alegre, simpático, un tanto melancólico cuando sus armas de seducción no surtían el efecto deseado en la persona amada...y encima era guapo. Pero con todo, lo mejor, sin lugar a dudas, era que yo le gustaba. Él a mi me agradaba bastante, pero la cosa no iba más allá. Me agradaba y punto. Le llamaba de vez en cuando, salíamos a tomar algo y a charlar, y luego cada cual a su casa. Y tan contentos (al menos yo). Cuando yo le llamaba, él siempre quería quedar, jamás me puso objeciones y, sin embargo, cuando él trataba de quedar conmigo por su propia iniciativa, yo solía negarme. Y eso, con el tiempo, fue creando una atmósfera un tanto inhóspita: Sergio se dio cuenta, comprendió que en realidad yo le estaba utilizando.

Y esperó. Supo esperar hasta que yo volví a darle señales de vida y a demandar de nuevo su presencia en mi vida.

Y yo precisamente no tuve a bien de llamarle otro día sino aquella tarde de enero en la que hacía tanto frío que ni los perros se podían mantener de pie.

Salí de mi casa sobre las 8:30 de la noche para esperarle en mi portal y así evitar que mis padres se dieran cuenta de que iba a salir con un chico mucho más mayor que yo (por aquel entonces yo tendría unos 19 años y él unos 26), cosa que no les hacía precisamente mucha gracia.
Sergio estaba guapísimo. Llevaba una levita negra que le llegaba a la altura de medio muslo y unos pantalones negros con un jersey de cuello alto y de color beige. Yo llevaba unos vulgares vaqueros y un jersey de esos que llevan renos dibujados en el pecho, con los guantes y la bufanda de rigor, y una preciosa chaqueta de ante que aquella noche, y debido a la lluvia, pasó a mejor vida.

Nos saludamos con dos castos besos en las mejillas y echamos a andar calle abajo, buscando algún garito donde poder resguardarnos del frío, cosa que nos costó bastante, porque no hallamos ninguno que nos gustara del todo hasta bastantes manzanas andadas. En realidad lo descubrió Sergio, que parecía conocer bien aquella zona de la ciudad. Se trataba de una pequeña taberna al estilo irlandés, poco iluminada y muy acogedora, totalmente decorada con madera y con cierto olor a cerveza rancia. Era un sitio perfecto para poder hablar. Había poca luz y casi nada de gente, y con solo dos camareros dedicados a jugar a las cartas en la barra, justo en el extremo opuesto de la mesa donde nos instalamos... es decir, que estábamos situados en el fondo del local, al lado de una ventana enrejada y a través de la cual pudimos ver cómo había empezado a llover, aunque más que llover estaba diluviando. Me invadió la sensación de que jamás escamparía y eso me reconfortó, ya que estaba en un lugar seco y cálido. Me sentí muy relajada. Y mi tristeza repentina de aquel día, al contrario que la lluvia, si comenzó a disiparse de mi mente. Y además, escuchar hablar a Sergio era fantástico.

Pedimos sendas cervezas a uno de los camareros, y nos dedicamos a ponernos al día sobre nuestras respectivas vidas, fumando sin parar y escuchando de fondo a algún grupo de música celta. He de reconocer que la escena era fantástica. Y Sergio con aquella luz parecía aún más guapo. Poco a poco nos fuimos acercando el uno al otro con la excusa de que hacía frío, y comenzamos a bajar la voz hasta que nuestra conversación no pasó de ser más que un susurro prolongado. Daba la sensación de que el hecho de aproximarnos tanto el uno al otro y el de hablar en susurros, parecía un acto natural en aquel ambiente. Y creo que Sergio notó cómo yo poco a poco fui bajando las armas, deshaciéndome de mis sistemas de autodefensa que se activaban cada vez que estábamos juntos. Sin embargo, en lugar de dar comienzo a sus eternos dispositivos de táctica y estrategia, como la del los piropos pronunciados a media voz, la de las medias sonrisas y las miradas lánguidas y los fugaces roces de las manos y la de mirarme en silencio, como memorizando mis facciones o como adorando mi anatomía a pesar e las gruesas ropas, la e tocar con su rodilla mi rodilla por debajo de la mesa... a pesar de que yo me insinué, Sergio no hizo nada. Se limitó a mirarme fijamente y a hablar sobre cómo le iba en su nuevo trabajo.

Y aquello me descolocó. No comprendí su cambio de actitud, pero surtió efecto en mi casi de inmediato, pues pronto comencé a sentir cómo la sangre me empezaba a hervir en las venas, cómo el deseo se me iba encendiendo por entro, cómo sus ojos, que tan fijamente me observaban, me comenzaban a parecer teas encendidas dispuestas a quemarme las entrañas... a sentir cómo mi respiración se volvía más profunda y entrecortada. Entonces sentí que no podía esperar mucho más. Le miré con ojos suplicantes, humillada, y pronuncié su nombre quejumbrosamente. Deseaba tanto aquel cuerpo que hubiera hecho lo impronunciable con tal de hacerlo mío. Me sentía humillada, porque después de tantos años negándome a estar con él, adoptando una fría pose de reina de hielo, por fin, y en contra de mis espectativas, había llegado el día en que Sergio me había derretido por completo, consiguiendo que le deseara con violencia, hasta la extenuación. Y lo había conseguido justamente cuando dejó de tratarme como a la perfecta imagen de mujer fría y distante que yo misma me había impuesto. Lo había conseguido justo cuando me había mirado de frente y no de rodillas, sin hacerme distinciones especiales. Fue como si se hubieran trastocado los papeles y ahora fuera él quien se había convertido en el mismísimo rey del hielo.

Por eso pronuncié su nombre quedamente, presa de una pasión enfermiza, “Sergio!”, y temblando ante la idea de que aquel hombre me hiciera suya.

No obstante él permaneció impasible, quizás felicitándose interiormente por haber conseguido provocarme la reacción esperada. “Una venganza un tanto amarga”, pensé. Pero no soy una mujer que se amilane tan fácilmente y decidí arriesgarme. Me incliné hacia él y le besé suavemente en los labios, notando por primera vez su sabor y su textura, permitiéndole a mi lengua inspeccionar tímidamente los entresijos de su boca. Sentí cómo un escalofrío me recorrió la espalda cuando él posó una de sus manos sobre mi cintura, presionándola con sus dedos hacia abajo, hacia abajo... entonces me quité los zapatos sin dejar de besarle y me levanté, separándome de él, para observar la situación en la que estábamos.

Había llegado un grupo de gente joven que estaba en la mesa más cercana a la puerta el pub y los camareros seguían con su juego de naipes. No había nadie más en todo el local, y de los que había, ninguno parecía interesarse mucho por nosotros. La poca luz estaba de nuestra parte y, además, el extremo de la barra nos ocultaba de cuello para abajo, más o menos.

Sin perder tiempo, me desabroché los botones de mis vaqueros y me liberé de ellos ante la atónita mirada de Sergio, quien, aun habiendo entendido mis intenciones, no daba demasiado crédito a ellas. Sin embargo no había tiempo para andar dando explicaciones, porque podrían pillarnos en cualquier momento y yo estaba demasiado caliente como para andarme con tonterías. Le insté en voz baja que se bajara los pantalones, pero solo se los bajó lo mínimo y lo justo para sacarse la considerable verga que se guardaba en el pantalón. Recuerdo que pensé fugazmente en lo triste de la situación, ya que era la primera vez que hacíamos el amor (si cabe llamarlo así) y la forma, ese luego, estaba muy lejos de ser la ideal, si bien era bastante excitante... y además necesitaba librarme del fuego que estaba abrasando mi sexo. Tratando de disimular lo máximo posible, a fin de que no nos descubrieran, me senté a horcajadas sobre Sergio. Estaba lubricada de sobra, por lo que me acomodé sobre él, guiando la punta de su pene hacía mi vagina y sintiendo cómo me penetraba. Todo me estaba resultando muy excitante, pero me costó mucho controlar los nervios. Me abracé a él y hundí mi cara en su cuello, mientras que Sergio me cogió con ambas manos de la cintura, con aquellas manos tan enormes que tenía, a pesar de su estatura, y me ayudó a hacerlo mejor, impulsándome suavemente hacia arriba para luego dejarme caer, a la vez que yo contraía los músculos de mi vagina para proporcionarle más placer.

Fue fantástico. Eso si, quizás demasiado rápido, ya que aún a pesar de lo lentos que eran mis movimientos, Sergio se corrió enseguida dentro de mi, llenándome con su cálido semen y su palpitante miembro. Yo continué abrazada a él durante un rato, hasta que nos tranquilizamos. Supongo que la gente, al vernos así, pensaría que solo éramos una pareja de enamorados y nadie nos molestó. Me incorporé al cabo de un rato y me compuse un poco mientras Sergio pagaba las cervezas y salimos el local.

Fuera continuaba diluviando, así que echamos a correr hasta el soportal más cercano. Sergio me preguntó si me apetecía ir a algún sitio... como a su casa (vivía con otros dos chicos más, todos estudiantes), pero ya se me había hecho bastante tarde y tenía que volver a la casa de mis padres. Se ofreció a acompañarme y caminamos juntos y sin hablar, totalmente en silencio, por debajo de los alféizares de los edificios para evitar acabar empapados por la lluvia (cosa que no conseguimos, por cierto). Al llegar a mi portal me confesó que para él había sido la primera vez que “follaba en un lugar público”, y aquella confesión me excitó tanto, que cuando subí a casa descubrí que no solo mi chaqueta de ante había pasado a mejor vida, sino que también mis braguitas ya no volverían a ser las que fueron.

Con el tiempo volvimos a repetir la experiencia, aunque nunca en un lugar público. Y la verdad es que ya estoy echando de menos aquella sensación...


aliena_x@hotmail.com

Adivinen la Verdad

Comentarios (0) 10.01.2007. 01:01

Este relato, verídico en su totalidad, tiene dos versiones; la de él y la de ella. Yo sé cual es la verdadera. Sin embargo, no la explicaré pues espero que ustedes adivinen quién de los dos miente.

Ocurrió cuando Mireya tenía catorce años y Julián dieciséis. También sabrán el motivo de que yo conozca lo sucedido y la verdad.

Mireya me explicó su versión, aunque yo ya conocía lo que en realidad ocurrió pero nada le dije y la escuché hasta el final sin hacer un solo comentario. Lo que ella me explicó fue:

La causa por la cual mi hermano Julián y yo nos encontramos solos en casa durante una semana ya la conoces y no es necesario que te la explique. También sabes que ocurrió durante el mes de julio. Hacía calor. El balcón del cuarto piso daba a la calle, y frente no había edificios tan altos como el nuestro. El balcón permaneció abierto todo la noche porque hacia un calor sofocante.

Yo tenía mi habitación y mi hermano la suya, pero, al estar solos en casa la primera noche en mi habitación me costó mucho trabajo conciliar el sueño a causa del miedo. Me parecía oír ruidos por todas partes y hasta creo que veía fantasmas y toda clase de sombras amenazadoras. Ya sabes que soy muy miedosa. El miedo fue el que me llevó a la cama gemela de la habitación de mi hermano y llegué a ella cuando ya dormía como un tronco. Sabes que entre las dos camas estaba la mesilla y a los pies de mi cama el armario de luna. Dormí toda la noche de un tirón pero el reloj de la Caja de Ahorros, que tenía un carillón muy sonoro y estaba cercano a nuestro edificio, me despertó a las siete de la mañana con sus campanadas. El sol entraba a raudales por la ventana y prometía ser un día tan caluroso como el anterior.

Lo primero que vi al abrir los ojos fue a mi hermano durmiendo en la otra cama. Llevaba puesto solo el slip, pero por el elástico de la pernera le asomaba una erección que le llegaba al ombligo. También sabes que Julián tiene una herramienta descomunal. Aún hoy, después de haber conocido bastantes hombres, no he conocido ninguno con las dimensiones de Julián. No te voy a decir que la visión de su verga no me excitara porque te mentiría y me excitó más porque se estaba acariciando, quizá porque tenía un sueño sexual, no se masturbaba, no, nada de eso, sólo se acariciaba.

La verdad sea dicha es que me puse cachonda ante la visión de aquel tremendo falo. Llevaba puesto un camisoncito que debido al sueño se me había enrollado a la cintura y como dormía sin bragas, costumbre que he tenido toda la vida, mi mano alcanzó fácilmente mi sexo. Yo tengo una forma de masturbarme que no sé si es habitual en las demás mujeres. Mientras mi pulgar frota el clítoris, mi dedo corazón lo introduzco en la vagina y así me doy gusto hasta llegar al orgasmo. Aún ahora que ya tengo hijos y llevo años casada, necesito a veces masturbarme porque mi marido se preocupa poco ya de que llegue al orgasmo; la verdad es que las más de las veces me quedo a la Luna de Valencia.

Bueno, pues aquella mañana, tuve un pequeño orgasmo mirándolo. Él no dejaba de acariciarse y yo seguí masturbándome y cuando estaba a punto de lograr un intenso orgasmo veo que de repente se levanta de la cama, se quita el slip y se me hecha encima como una exhalación. Lo hizo de forma tan rápida que sólo tuve tiempo de taparme hasta la barbilla. Noté su gran erección presionando contra mi vientre, pero sujeté las sábanas con fuerza amenazándolo con gritar, pero él no cejaba en su empeño:

-- Mira que grito y vendrán los vecinos – le dije y me contestó:

-- Ya puedes gritar, ya, que nadie te oirá y lo sabes, así que déjame que te la meta y verás que bien lo pasamos.

-- No quiero, y mira que grito, te lo digo de verdad – volví a insistir, sujetando la sábana pero sin empujarlo porque, quizá en el fondo estaba deseando sentir dentro de mí aquella tremenda erección.

-- No tengas miedo, mujer, déjame que te lo chupe, verás como te da mas gusto que masturbarte.

-- Yo no me masturbo, imbécil.

Yo seguía aferrada a las sábanas cuando él comenzó a chuparme el lóbulo de la oreja diciéndome que me comería el sexo hasta hacerme bramar y otras guarradas por el estilo mientras me chupaba el cuello y el lóbulo. Al mismo tiempo, estiraba hacia arriba de la sábana hasta que quedó enrollada sobre nuestros vientres. Sus muslos quedaron desnudos sobre los míos que tenía fuertemente apretados. Dirás que lo lógico era haberle dado una bofetada o una patada, pero no hice nada de eso, sólo protestar sin moverme de la cama de la que hubiera podido saltar muy fácilmente dándole un empujón escapándome a mi habitación y cerrando la puerta por dentro, pero no lo hice.

Le dejé que siguiera subiendo la sábana y el camisón hasta que tuvo mis pechos a la altura de su boca. Cuando comenzó a chuparme un pezón supe que no podía nada contra él que siguió bajando hasta que su boca quedó a la altura de mi sexo. Tampoco hice gran esfuerzo cuando me separó los muslos y me abrió la vagina con los dedos para hocicarse y comenzar a lamerme todo el sexo con un ansia enfebrecida. Era la primera vez que me hacían el sexo oral y creí que me desmayaba de placer cuando me llegó el orgasmo. Jamás había sentido nada parecido ni tenía idea de que los orgasmos pudieran ser tan poderosos como para quitarte el sentido de la realidad.

Quise apartarlo, pero ya no tenía fuerzas y le dejé que siguiera comiéndome hasta que de nuevo sentí que el placer regresaba. Ya no era virgen, me habían desvirgado dos años antes, pero esa es otra historia. No obstante, sentí la necesidad de notar dentro de mi vientre aquel poderoso falo. Lo agarré del pelo y estiré hacia arriba y supo enseguida lo que deseaba, Me abrió la vagina y su enorme cabeza se incrustó en ella dilatándome de tal forma que por un momento creí que no podría entrar toda dentro de mí y separé los muslos todo lo que pude. Empujó con fuerza aunque sin violencia y logró calzarse media tranca y allí se detuvo para besarme, pero aparté la boca. Me sujetó la cara con las dos manos mientras seguía metiendo su descomunal verga dentro de mi sexo poco a poco. No me quedó más remedio que abrir la boca y juntar su lengua con la mía.

Fue una sorpresa comprobar que su lengua sabía dulce como el azúcar. Comenzó a bombearme despacio y tuve otro orgasmo frenético casi de inmediato. Y otro a los dos minutos y así tres o cuatro veces hasta que noté en el fondo de mí vagina los golpes algodonosos de su tibia esperma golpeando contra mi útero con una fuerza inusitada. Noté tanto placer que le sujeté las nalgas con las manos contra mi sexo con todas mis fuerzas. Estuvo eyaculando lo menos dos minutos. Nunca, jamás me he sentido tan inundada de semen como aquella vez. Creí que no acabaría nunca. Mis orgasmos se sucedían uno detrás del otro sin interrupción, porque, pese a haber eyaculado tan abundantemente siguió bombeándome con la misma potencia y volvió a eyacular dos veces más antes de sacármela. Fue increíble. Pese a todo, nunca jamás volví a permitir que me tocara, aunque sé que Julián ha estado enamorado de mi toda su vida. Incluso ahora lo está, lo sé muy bien y él también sabe que yo lo sé.

Hasta aquí, la historia que me contó Mireya. La que me contó Julián fue exactamente igual hasta el momento en que el carillón de la Caja de Ahorros lo despierta. Tenía una erección de caballo a causa de las enormes ganas de orinar pero, a través del espejo y con los ojos casi cerrados se dio cuenta de que su hermana le estaba mirando la erección mientras se masturbaba, caso que notaba por el leve movimiento de la sábana a la altura de su sexo.

Ella se detuvo un momento- me dijo sonriendo – y supe que había tenido un orgasmo, pero como continuó masturbándose cuando creí que estaría a punto de tener otro salté de la cama, me quité el slip y me puse encima con la erección aprisionada entre nuestros vientres. Me amenazó con gritar llamando a los vecinos, pero no le hice caso, la verdad, amigo, es que quería gozarla. Mi hermana no es una mujer guapa pero si es muy atractiva y aunque es tan pequeñita como Jodí Foster se parece bastante a la atríz, tanto en el cuerpo como en la cara. Siempre ha estado muy buena y creo que tu ya lo sabes ¿no?.

--Si ya lo sé, pero sigue – respondí.

Si hubiera continuado insistiendo seguramente la hubiera disfrutado. Pero no insistí porque reventaba con las ganas de orinar de modo que salté de la cama y me fui al baño. No podía orinar y tuve que esperar a que se rebajara la erección. Pasaron lo menos cinco minutos. Cuando regresé a la habitación desnudo y con el mimebro mirando al suelo Mireya sonrió burlonamente. No sé lo que me pasó pero no volvía insistir. Sé que ella tenía ganas pero no insití, me puse el slip y me tumbé a dormir de nuevo pues, aunque el sol lucía espléndido, me había acostado tarde por lo que decidí seguir durmiendo y no tardé en quedarme dormido. Para cuando desperté ya ella se había ido.

Nos vimos al mediodía a la hora de comer en casa de mis tíos y hablamos como si nada hubiera ocurrido ya que en realidad nada había ocurrido. Por la tarde me fui de parranda con los amigos y regresé bastante tarde a casa. Supuse que ya estaría durmiendo y así era, pero no en su habitación sino en la mía. Pese a que encendí la luz y me preocupé poco por el ruido que hacía no se despertó. Llevaba encima unos cuantos cubatas y, ni corto ni perezoso, me desnudé completamente y me acosté a su lado. Tampoco se despertó pese a que la empujé un poco para hacerme sitio. A pesar de los vapores del alcohol aquello me demostró que de dormida nada de modo que lo siguiente fue levantarle un muslo colocándolo encima del mío para acariciarle el sexo con todo tranquilidad hasta que noté que tenía un pequeño temblor y comprendí que había tenido un orgasmo. Mi mano estaba mojada y supuse que ya podía penetrarla con toda tranquilidad sin que me amenazara con llamar a los vecinos.

Se la clavé poco a poco y, pese al tamaño, se lo tragó entero sin que se despertara, o mejor dicho, continuó haciéndose la dormida. La goce a conciencia y la primera vez tenía tanto semen acumulado que estuve eyaculando bastante tiempo. Sólo entonces reculó para sentirla más profundamente y ya sin decirle ni media palabra la coloqué de forma que los dos teníamos el cuerpo como dos tijeras y en esa posición con toda la vulva abierta a causa de la penetración se pegaba a mi carne su carne húmeda como una ventosa al cristal. En esa posición casi sin moverme la disfruté otras dos veces. También ella disfrutó tantas veces que perdí la cuenta. Luego la arrastré encima de mí, y siguió haciéndose la dormida. En esa posición aún gozaba más deprisa y tan seguido que sus zumos me acariciaban el miembro cada dos minutos y me hacía bramar de placer.

Luego, encendí la luz y le dije que fuera al bidet y se lavara porque quería comérselo. Quizá no te lo creas, pero se levantó con los ojos cerrados y como una sonámbula se fue al baño. Sentí el agua del bidet y el chapoteo al lavarse. Regresó húmeda y sin necesidad de indicarle como tenía que ponerse colocó sus nalgas sobre mi cara y estuvimos haciendo sexo oral hasta que me harté de su licor que manaba como agua de un grifo. Como estaba a punto de eyacular y ya no podía aguantar más, le dije que se lo tragara y fue tan obediente que tragó sin mostrar la menor repugnancia. De nuevo volví a calzármela y estuvimos haciendo el amor hasta que se hizo de día.

Siempre ha estado enamorada de mí y aún lo está. Dices que mi sobrina Marimar se parece mucho a mí, y es lógico que se parezca, soy su padre. Cuando tiene ganas de gozar profundamente me llama por teléfono y nos citamos en un motel de las afueras de la ciudad y nos gozamos uno al otro con el ansia de la primera vez. Nadie me hace gozar como ella, ni siquiera mi novia.

Esta la historia que me contó Julián. Pues bien, uno de los dos miente. ¿Cuál de ellos dice la verdad?

Tengan en cuenta que la verdad está dentro del relato. Pueden enviar sus respuestas por un privado. Responderé a todos, tanto si aciertan como si no.

Saludos.

Corsario10p@hotmail.com

Adios a mi Maravillosa Virginidad

Comentarios (0) 09.01.2007. 13:01

Quería relatarles lo que fue de mi primera vez. Tengo que manifestar que no fue lo que yo esperaba ¡¡¡fue mucho más allá de mis expectativas!!!.
Soy una mujer de 24 años que fui educada en el seno de una familia católica, por lo que el tema de la sexualidad en general y en especial de las relaciones sexuales era un total tabú, por lo que crecí con muchas dudas y sobre todo con temores. A este punto de mi vida, el ser virgen obedecía a que las relaciones sexuales para mí eran vistas con morbo y como algo que no se debía hacer sino hasta que una estuviera casada. Pero mi destino iba a cambiar en una fiesta...
Era la celebración de cumpleaños de un amigo mío llamado Estuardo, en esa fiesta nos encontrábamos varios amigos de los cuales Juan era en quien más confianza yo tenía y con quien congeniábamos mucho, nunca entre nosotros había existido acercamiento de tipo sexual, sino que todo era puramente en un marco de amistad, sin embargo esa noche tomamos más de lo debido pero sin llegar a perder la conciencia y cuál no fue mi sorpresa cuando Juan se acercó a mí (en frente de todos) y me pidió que le besara, yo no lo pensé ni dos veces y le di un beso suave, rico, sensual, en donde nuestras lenguas juguetearon en nuestras bocas tocando cada rincón y saboreando lo más profundo de nosotros que hacía tiempo queríamos sentir.
El beso llegó a su final y Juan alejó su rostro del mío y ambos nos quedamos viendo mutuamente con una actitud de asombro recíproco, callados y asustados, sorprendidos quizá de esa actitud de los dos y de aquél beso tan profundo y con tanto significado para los dos. Creo que muy dentro de nosotros por todo lo que había durado nuestra amistad había un poco de atracción física y espiritual que ninguno había manifestado hasta ese hermoso beso, fue entonces cuando se reinició el diálogo entre nosotros:
-Qué rico besas -dijo Juan.
Mi respuesta fue el darle otro beso, estaba explotando por dentro Juan despertó en mí una pasión que jamás había yo explorado ni experimentado. Tengo que irme - dijo Juan volviendo a rozar sus labios y lengua contra mis labios.
Juan empezó a caminar hacia la puerta mientras yo lo veía salir, de pronto mi corazón y cuerpo reaccionaron de un salto y salí corriendo en busca de persuadirlo para que se quedara otro rato más.
-Quédate otro rato más conmigo -dije después de darle otro de mis besos más profundos, a lo que él respondió con otro beso y acariciando mi espalda con su mano, la cual había metido debajo de mi blusa blanca de seda llegando al broche de mi sostén. Yo al sentir su mano desabrochando mi sostén lo detuve de reflejo, él se detuvo pero siguió besándome, la boca, mis ojos, mi frente, mi pelo, mis orejas, mi cuello mientras su cuerpo entero me acorralaba en contra de su auto. Fue entonces cuando Juan tomó la iniciativa...
-Ven a mi departamento -dijo Juan
-No, quedémonos acá, la estamos pasando bien así como estamos- respondí Sin embargo, Juan no se dio por vencido y siguió insistiendo, empapando al mismo tiempo todo mi cuerpo con sus tórridos besos. Después de quince minutos de rogarme para que fuera a su departamento, accedí a sabiendas de lo que podía pasar, pero por un momento olvidé todas aquellas culpas y remordimientos y solo me dejé llevar por mis instintos pasionales. Cuando nos conducíamos a su apartamento, no podíamos dejar de vernos el uno al otro con una mirada tan profunda que hasta me daba miedo de lo que podría pensar de mí.
Finalmente llegamos a su apartamento, era la primera vez que yo me encontraba con un hombre sola en medio de un encuentro que en determinado momento iba a terminar en sexo, lo cual me daba miedo y al mismo tiempo me excitaba como nunca.
Cuando llegamos cerró la puerta sosteniendo una de mis manos, lo que le permitió halarme y apretarme en contra de su pecho y darme un beso de pasión aquellos que te dicen que ya te quieren en la cama y que ya no se aguantan otro momento más.
Me ofreció algo de tomar, yo le pedí un whisky en las rocas, él eligió lo mismo, mientras los preparaba, me senté en el mueble de la cocina y él acarició mis piernas por encima del pantalón que llevaba.
Qué rico hueles - dijo Juan
A lo que contesté con un gracias y con muchos besos. Sentí deseos de pasar mí lengua en todo su rostro y fue lo que hice, a él le excitó tanto que me cargó en sus brazos hasta llevarme a su alcoba, lo cual me causó un poco de ansiedad y empecé a temblar del miedo de lo que podía pasar, él sintió mi cuerpo temblar y me calmó besándome las manos y la frente, lo que encontré extremadamente sexy y excitante.
Sentía culpa de que yo lo estuviera llevando a pensar que yo era una chica fácil y Juan como leyendo mi pensamiento me susurró al oído que desde hace tiempo quería estar conmigo pero por respeto no lo había hecho. Con ese comentario me dejé llevar y solo me entregué a él.
Juan empezó a desabotonar mi blusa botón por botón y en intervalo, me besaba el pecho, cuando llegó a soltar todos los botones, descubrió mis senos debajo de un sostén de media copa, pasó su lengua encima de mi sostén como preámbulo a conocer mis pezones que aguardaban por él desesperadamente. Acercó su pecho en contra del mío y con sus manos soltó el broche del sostén, en ese momento sentí que me desmayaba de la presión que sentía y él lo sabía. Nos dejamos caer a la cama, nuestro lecho de amor, y me besó mis senos y pechos a más ya no poder al punto que me dolía cuando succionaba mis pezones, lo hacía con tanta pasión que no me podía estar quieta y me movía de lado a lado, él me seguía con su boca a mi ritmo. Aprovechó un momento y se quitó su camisa, yo sólo lo veía y cerraba mis ojos rápidamente. Luego empecé a sentir como sus manos se dirigían a mis bragas de pantalón y soltó el botón y bajó la cremallera, yo estaba muy nerviosa y como resultado empecé a llorar, él me besó y me dijo que no me preocupara que todo iba a estar bien él no iba a hacer algo para lo cual yo no quisiera o no estuviera lista, en ese momento pasaron tantas cosas por mi mente que decidí ignorarlas y seguir en aquél momento que tan bien me estaba haciendo sentir.
Juan, continuó bajándome los pantalones y quitándome mis zapatos, cuando me quedé solo con mis interiores me dijo que yo le quitara sus pantalones a lo que accedí inmediatamente, lo hice casi como un robot y él me dijo que le besara las piernas cuando le bajara el pantalón, lo hice, sentí que la pasión ya no podía ser más. Me puse encima de él con mis piernas abiertas y él acostado boca arriba observándome cuando me dijo:
-¿Quieres ver cómo estoy por ti?-
Tomó mi mano y la puso en su pene, cuando lo toqué por primera vez retiré mi mano automáticamente y él con un poco de presión volvió a ponerla encima de su pene.
-Quiero que la toques bien y que la sientas y la sobes-
Eso fue exactamente lo que hice, era una sensación rara pero fabulosa, toqué aquél garrote, duro, hinchado, fuerte que estaba encorvado dentro de los interiores de Juan, el morbo salió de mi y por iniciativa propia le quité los interiores viendo como aquél miembro salía parado vigorosamente esperando a ser satisfecho, me asombré al ver que era muy grueso y muy largo, nunca pensé que fuera tan grande, ¿cómo era que eso iba a estar dentro de mi?-pensé-
En ese entonces me quedé parada viendo aquél panorama que ya no me asustaba tanto, Juan estiró su mano para que yo le diera la mía pero no podía reaccionar, entonces él se sentó al filo de la cama para quitarme mis interiores. Lo hizo suavemente, con sus dientes y cada centímetro que bajaba, me daba un beso, cuando llegó al suelo iba subiendo con su lengua acariciando mis piernas hasta que llegó a mi vagina, se puso de rodillas frente a mi y su boca encajaba a nivel con mi vagina, se quedó viéndola un momento cuando empezó a besarla con tal amor y romance que salió de mi un líquido que le gustaba a Juan, me explicó entonces que eso indicaba que yo estaba excitada, luego siguió explorando con su lengua hasta que yo me lancé a la cama para seguir con aquél ejercicio que me estaba haciendo sentirme bien, poco a poco Juan fue abriendo mis piernas hasta que las puso encima de sus hombros y su rostro quedó cara a cara con mi vagina.
MI PRIMERA PENETRACIÓN: Juan entonces tomó sus dedos y suavemente los fue introduciendo a mi vagina, hasta ahora no me dolía nada, únicamente sentía una enorme pasión, fue entonces cuando me estremecí y tuve mi primer orgasmo. Juan dijo que tocara su pene, yo lo toqué y estaba más duro y parado que antes, parecía que iba a explotar en dirección a mi, así que lo tomé en mis manos y lo toqué con mis dedos, eso volvió loco a Juan y me dijo que lo metiera a mi boca, pero no lo hice porque me pareció que no me iba a gustar, él pareció entender y me dijo...
-¿Estás lista para estar conmigo?-
-No- contesté con un poco de miedo
-No tengas miedo que no te va a pasar nada, no te voy a hacer daño, te voy a hacer sentir mujer, mi mujer, vas a ser mía-
Esas palabras me volvieron loca así que le dije que hiciera lo que quisiera conmigo. Juan entonces se colocó encima mío y me empezó a besar los pechos y succionaba fuertemente mis pezones que estaban igual de erectos que su pene, luego fue en busca de mi lengua y nos dimos un fuerte beso con un abrazo que lo sentí tan íntimo. Puso su pene a las puertas de los labios de mi vagina y empezó a sobar con su punta de arriba a abajo lo que me súper excitó luego sin yo darme cuenta cada vez que él quería penetrarme yo instintivamente me hacía para atrás al punto de llegar a la pared que teníamos en la cabecera de la cama, ya no tenía a dónde correrme más así que eso lo aprovechó Juan tomó mis nalguitas con una mano llevándome a su erecto y fuerte pene y me besó fuertemente y me penetró un poco, me dolió un poco y quise gemir del dolor pero su boca encima de la mía no me dejó así que grité por dentro y respondí su beso con más fuerza, luego sacó su pene de nuevo y volvió a penetrarme más profundo y así repetidas veces hasta que sacó una vez más su pene y me dijo:
-Grita si quieres, ahora sí, aquí voy-
Juan me miró y con su mano tomó su pene y me penetró fuertemente hasta el fondo rompiendo mi himen de una sola vez, fue muy fuerte que no me pude quedar sin hacer nada, del dolor levanté mi cabeza para buscar su boca, no la encontré porque a él también le dolió tanto que cuando lo vi tenía los ojos cerrados. Yo sentí que era solo de Juan, que él y yo éramos uno mismo porque sentía aquella conexión por medio de su miembro fuerte, hinchado, súper súper grueso tan dentro de mí. No sé si grité o no, porque me quedé sorda de tanto dolor y tanto placer a la vez realmente quería explotar y exploté a puras lágrimas, empecé a llorar Juan me besí mis ojos y mis mejillas y siguió penetrándome sacando y metiendo suavemente su pene en mi vagina, a los pocos minutos llegué a un orgasmo sintiendo que mi vagina ejercía presión en el pene de Juan lo cual pude notar que a él le fascinaba, luego me dijo que si me dolía.
-Me duele mucho pero me gusta, no pares, hazme lo que quieras, hazme tuya- dije
Sorpresivamente Juan sacó su pene de mi vagina y empezó con su lengua a acariciar mi clítoris, tuve mi tercer orgasmo en su cara y con esos líquidos corrió a mi rostro a darme un beso, luego con sus dedos acarició los labios de mi vagina, y me succionó a más ya no poder mi clítoris.
-Toma mi pene en tus manos y métetelo tú sola- dijo Juan
-No, hazlo tú- dije
-Todo corre por cuenta tuya ahora- dijo él
Se acostó boca arriba y yo me puse encima de él, entonces tomé con mis manos su pene y me penetré yo misma lo que sentí súper excitante y era yo la que me movía para sentir placer, me movía arriba abajo, de un lado a otro y entonces Juan tuvo su primera descarga adentro de mi, sentí como su líquido caliente iba mezclándose con los míos y gritaba, gritaba de placer, lo vi entonces y lo besé, estábamos cansados así que nos recostamos un rato abrazados.
Como a las dos horas de estar recostados, sentí entre mis nalguitas un miembro duro y ansioso por continuar la fiesta, yo ya estaba más que relajada y tranquila así que ...
Cuando menos sentí tenía a Juan totalmente penetrado en mí por el culo, me dolió pero menos que en mi vagina, estábamos en una posición de los dos de lado yo dándole la espalda a él así que me penetró cuantas veces pudo hasta que se derramó en mi culito, no cupo toda su leche adentro y yo podía sentir como se derramaba en mis nalguitas su semen, él se agachó a besar mis nalguitas y recoger ese semen y lo llevó en su lengua hasta mi boca, lo que me pareció súper sexy.
-Quiero que me masturbes-
-¿Cómo lo hago?-
-Sólo sóbalo de arriba a abajo-
Así lo hice y volvió a derramarse en mis manos y saltó un poco en mi vientre y mis pechos, él se encargó de lamer todo mi cuerpo y limpiarme con toda su lengua.
Nos despertamos en la mañana cara a cara, él me dió un suave y tierno beso y dijo:
-Ya eres mía, solo mía, sólo yo te he hecho mujer, sólo tienes dentro de ti mis jugos, sólo mi pene a visitado esa virginidad tuya, yo te descubrí, eres mía mi chiquita, mi amor-
Cuando nos levantamos de la cama, las sábanas estaban manchadas de sangre, lo que él encontró sensual y me abrazó y me besó. Yo al pararme no podía ni caminar del dolor así que él me llevo al baño y nos bañamos juntos cada uno enjabonando al otro, en medio de besos y abrazos.


anonimo


Categorias

Paginas

Articulos Relacionados

Articulos Mas Vistos

Nuevos Comentarios

Recomienda Superrelatos a Tus Amigos

Tu Nombre:

Correo de Amigo:

Código de Validación:

Introduzca el Código de Validación: