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De como Seduje a un Cura

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Dedicado a Charles Champ D`Hiers,
el marqués más seductor de la historia de la ficción y uno de los mejores escritores con los que he tenido el lujo de toparme.

Y, precisamente, como dijo Alonso Quijano:
”Amigo Sancho, con la Iglesia hemos topado”…
Comencemos…






Yo, desde que he tenido uso de razón, siempre he desconfiado de la Iglesia, aunque respeto profundamente a quienes sí creen en ella.

Sin embargo, en cierta ocasión, ya fuera por obra de la caprichosa Fortuna ya por otras causas que desconozco – o al menos eso creo- , me convertí en la muchacha más beata que haya existido jamás. Voy a contarles la historia de cómo conseguí seducir a un joven cura cuando yo contaba con la tierna edad de 17 años. Hasta el momento, jamás nadie ha sospechado de mí, ya que siempre he procurado ser una chica modelo en lo que a moral se refiere, pero... en fin, cualquiera puede decir que tiene un corazón de oro, señores… ¡¡hasta un huevo duro!! .
Por los hechos, y no por vuestras palabras, os daréis a conocer. ¿No dice eso la Biblia?.

La cuestión está en que el cura se marchó del pueblo al poco tiempo, y claro, aquello extrañó mucho a la parroquia, porque en teoría había llegado a T*** con el firme propósito de quedarse. Pero, como ya he dicho, nadie osó señalarme a mí. Además, en realidad yo no tuve la culpa… no era yo quien tenía los votos de castidad, sino él…


Todo comenzó en la boda de mi hermana mayor. Mi familia estaba muy nerviosa porque la ceremonia no la iba a hacer don Constantino, sino un cura demasiado joven para el gusto de los más ancianos y que acababa de llegar al pueblo, llamado Nicolás.

Supongo que Nicolás no tendría más de 28 años por aquel entonces. No era demasiado alto, pero estaba muy bien formado. Tenía el pelo negro azabache - lo que contrastaba con la palidez teológica de su piel -, y los ojos… creo recordar que eran marrones. Era un hombre exquisito, tan delicado en comparación con lo rudos que eran los demás muchachos que me llamó la atención enseguida… cosa que no es censurable teniendo en cuenta que yo solo tenía 17 años y que a esa edad la libido suele andar rozando las nubes.

El caso es que Nicolás acabó casando a mi hermana.

Y claro, yo debía de estar en la boda de mi hermana… en la Iglesia… que no había pisado desde que hice la primera Comunión y… allí estaba Nicolás.

Me senté, como es lo normal dado que era la boda de mi hermana, en primera fila. Casi no me podía creer que hubieran acabado por fin los preparativos de la novia, el trajín de las peluqueras, las idas y venidas de las damas de honor, los nervios (especialmente los de mi madre, que era la madrina), que si a ese vestido se le ha saltado una costura, que si la novia está más delgada y le sobra del talle, que si los anillos, que si dónde está el dichoso ramo… en fin, lo indecible. Me sentí aliviada de estar por fin acomodada en aquel banco de la Iglesia, pensando que mientras se llevaba a cabo la aburrida ceremonia (que solo es emocionante cuando los novios dan el “Sí, quiero” y cuando se produce ese intrigante silencio después de que el cura pregunta sobre si alguien se opone al enlace…), pensando, como decía, en lo prometedor que se me presentaba la fiesta del banquete, ya que habían venido unos primos por parte del novio…


Fue entonces como, por arte de magia, apareció Nicolás ante mí. No le había prestado atención hasta que, con su voz profunda y suave comenzó a dar una especie de sermón sobre el Amor, su importancia y… ¡bah!, y demás historias que por aquel entonces a mi me traían al fresco.
Sin embargo quiso la Casualidad que el atril desde donde hablaba estuviera justo frente a mi lugar en el bando, y así pude observarle a mi antojo. Me di cuenta de que él también se había fijado en mí porque apenas me quitaba ojo, supongo que guiado por ese concepto retórico de concentrarse en un mismo punto cuando se habla en público.

Me miraba, y eso era lo importante.

Así que yo, que soy muy complaciente, también le miré. Pero hubiera aportado cinco a una a que mis pensamientos distaban mucho de los suyos… Aquel chico me gustaba, y fuera cura o no, era una cuestión que no consideré de mi incumbencia. Y cuando a mi me gusta algo…

Pasado un rato noté cómo se empezaba a poner nervioso y trataba a duras penas de rehuirme la vista, tratando de no mirar ni tan siquiera hacia el sitio donde yo estaba sentada, lo cual era bastante difícil, dado que estaba situada justo delante de él. Y aquello me sacó de quicio. Muchas veces he pensado que si en aquella ocasión Nicolás me hubiera sostenido la mirada, si me hubiera hecho frente, yo hubiera perdido el interés por él y desistido en la conquista.
Pero no lo hizo.
Y a mi me gustan los retos.



Acabada la ceremonia, mi querida víctima, santiguándose, se metió veloz como alma que lleva el diablo hacia la sacristía, en espera de que los novios firmaran con los testigos. Yo traté de quedarme allí, resuelta a no ceder un ápice, pero mi madre no tardó en tirar de mí hacia la salida para saludar a no sé quién y perdí la oportunidad.

Recuerdo que aquel día pasó como una ensoñación, y a pesar de que me enrollé con dos de los primos de mi recién estrenado cuñado, no pude quitarme de la cabeza la imagen del nuevo cura. Sus palabras, tan castamente pronunciadas, resonaban en mi cabeza como un eco intermitente. Así pasaron unos cuantos días, y yo sin poder dejar de pensar en él. Me informé cuanto pude sobre su vida y obra a través de las cotorras del pueblo (para que luego se digan que esas marujonas no valen de nada, cuando en realidad constituyen la mejor fuente de información de los pueblos), pero no conseguí calmar las ansias que me habían nacido en el estómago y que me estaban quemando por dentro.

Acabé por ir a la Iglesia todas las tardes con tal de ver a Nicolás, pero jamás conseguí sacarle más que una sonrisa y unas cuantas miradas nerviosas. Parecía como si me ignorara. Y eso me hizo pensar que tal vez… Además que siendo cura, tan joven, y con los votos de castidad tan recientes…

Así que me decidí a trazar un plan de ataque.

En la parroquia había dos curas, como ya dije: el viejo don Constantino y Nicolás. El primero solía estar casi todo el día metido en la Iglesia y era el que se ocupaba de las confesiones. Pero como yo no tenía forma de acercarme a mi cura sin levantar demasiadas sospechas (ya en la calle las viejas sospechaban de mi repentina pasión por las misas), pensé que si don Constantino no estuviera, quien se ocuparía del confesionario sería Nicolás. Solo tenía que esperar mi ocasión… o provocarla yo misma….

Me explico.

A don Constantino le gustaba el vino cosa mala. Pillaba unas borracheras de escándalo, por eso el vino de la misa a él se lo cambiaban por coca-cola, porque como aquel hombre oliera el vino se perdía. Eso era cosa sabida por todo el pueblo, peor como era el cura, pues se le perdonaba. Pues bien. Solo tuve que birlar de la bodega de mi padre unas cuantas botellas de orujo y dejárselas en la mesa de la sacristía. Me senté en uno de los bancos del fondo y adopté una postura piadosa… pero no tuve que esperar demasiado… a la media hora escasa don Constantino salió con un punto bastante considerable y, llamando a Nicolás, le dijo algo sotto voce que yo entendí como un “me largo de aquí porque estoy empipao, tu te encargas…”. Bueno, si, ya sé, es muy vulgar, pero es que aquel pobre hombre no tenía otra.

Al poco rato, creo que fue la abuela de la Manuela quien se colocó en el confesionario y claro, a falta de don Constantino… allá que fue Nicolás a confesarla. ¡¡Ya me imagino los pecados que pudiera tener aquella pobre mujer!!. Acabaron pronto y a mi me faltó tiempo para ocupar el lugar de la buena señora y, a sabiendas de que dentro estaba Nicolás y de que no tendría más remedio que oír lo que le iba a decir:

- «Ave maría purísima…
- … Sin pecado concebida…
- Don Constantino, tengo un problema – dije sin darle oportunidad al pobre chico de replicarme que él no era el viejo - , verá, yo no suelo venir mucho a la Iglesia, pero es que últimamente he… - dudé – sentido la “llamada de Dios”…ejem… y….verá, es que he tenido sueños impuros con Nicolás, el cura nuevo…»


Y de repente no se le ocurrió nada mejor que salir del confesionario y mirarme como si yo fuera la mismísima Lilith hecha persona. Tengo que reconocer que ahí llegué a pensar que me había pasado… pero claro, ya no podía echarme atrás. No en vano llevaba a mis espaldas, con tan solo 17 años, tantas conquistas…

Así que me mostré sorprendida, como si me hubiera pillado en falta (siempre he sido muy buena actriz, aunque queda mal que yo misma lo diga) y bajando la mirada, permanecí en silencio, en espera de su sentencia. Quizás él se apiadara de verme con aquel gesto de arrepentimiento, pero era un tipo duro de roer. Me espetó que tendría que hablar con mis padres urgentemente y yo, que sabía que la ocasión hace al ladrón, cual María Magdalena sollocé que estarían en casa al día siguiente por la tarde. Quedamos en que les haría la visita sobre las 5 de la tarde y se marcho hecho una fiera.

Pero lo que él no sabía es que mis padres al día siguiente no iban a estar en mi casa… iban a la capital a comprarle unas cuantas cosas a mi hermana, por la cosa de ser recién casada…


Al día siguiente apenas di pié con bola en clase y para cuando llegué a casa mis padres no se habían marchado aún. ¡Casi me dio algo cuando a las 4 y media todavía estaban arreglándose para irse!... pero por fin se fueron y acababa de meterme en la ducha cuando sonó el timbre de la puerta de entrada. Me envolví malamente en un albornoz y salí a abrir. Estaba tan nerviosa que por un momento me arrepentí de todo lo que iba a hacer, pero al abrir, y ver a Nicolás allí, en la puerta…
Ni siquiera me saludó. En seguida me preguntó por mis padres. Le dije que habían salido pero que regresarían pronto, así que le invité a entrar. Él pareció dudar, pero accedió. Noté que echaba miradas furtivas a mi mal tapado escote, pero no me di por enterada. Le conduje hasta el salón y, ofreciéndole algo para tomar, cosa que rehusó, le pedí que esperara mientras yo acababa de ducharme. Pobre, parecía tan apocado…

Sin embargo aquella jugada me salió mal. Cometí el graso error de dejar la puerta del baño abierta, para que pudiera oír cómo me duchaba, pensando que aquello le excitaría… y para cuando regresé al salón no había nadie.
Nicolás había desaparecido.
Y a mi aquello me enfureció.



Cualquier persona hubiera desistido en el empeño. Pero “cualquier persona” no era yo. Así que pasada una semana, durante la cual no supe nada de él, volví a la carga.

Un día les dije a mis padres que me iba a dormir a casa de mi mejor amiga y en lugar de eso me dirigí hacia la Iglesia. Iba vestida con una falda bastante corta y una camiseta de algodón, muy ceñida. Era ya casi de noche y hacía frío, así que mis pezones se dejaban notar mucho a través de la tela. Al llegar, me colé en la sacristía por la puerta de atrás y me oculté tras una enorme mesa de caoba que había en un rincón, entre la imagen de un Cristo resucitado y una pila bautismal del año de Maricastaña, dispuesta a esperar lo que hiciera falta con tal de sorprender a Nicolás, pero con tan mala suerte que me quedé medio dormida… el caso es que me pasé toda la noche allí. Ridículo, vaya.

Pero…

La Suerte acabó por apiadarse de mí…

…porque serían las 5 de la mañana cuando me despertó el ruido de los goznes de una puerta al abrirse. Me incorporé y vi cómo Nicolás entraba en la sacristía y, encendiendo una luz auxiliar, volvía a cerrar con llave.

Fue entonces cuando me puse de pie. Él se giró y me vio, pero para mi sorpresa, no se sorprendió de verme allí.

- « Buenos días, Alicia … ¿Qué tal has pasado la noche? »

Yo no tuve por menos que mirarle como si acabara de ver una aparición…

- « ¿¡ Sabías que yo estaba aquí ¡?

- Si. Te vi ayer cuando cerré la Iglesia. He querido darte una lección, pero… lo cierto es que no he podido dormir, pensando que estarías aquí, sola.


- Mira qué considerado… »


Se acercó a mí y… no sé. En realidad siempre he pensado que fui yo quien le sedujo, pero a veces, cuando me acuerdo de la forma en la que me miraba en aquellos momentos, he dudado. Quizás yo era el cazador cazado.


Lo cierto es que fue él, Nicolás, aquel cura recién llegado que acababa de realizar la promesa del voto de castidad, quien se abalanzó sobre mí. Me rodeó la cintura con un brazo, mientras que con una mano me agarró del pelo, y tirándome de la cabeza hacia atrás, comenzó a besarme el cuello. Yo casi no pude dar crédito a lo que me estaba pasando, así que me dejé llevar… había deseado tanto a aquel hombre… cerré los ojos para sentirle mejor, y para cuando quise darme cuenta, Nicolás me había despojado de la camiseta y de la falda, y de un tirón, me había quitado las braguitas, dejándome completamente desnuda en medio de la sacristía.
Enseguida me secundó, quitándose los pantalones. ¡¡ Cual no sería mi sorpresa al ver que no llevaba nada debajo!!! Me sentí enfebrecida por el deseo… y él se dio cuenta. Se sentó sobre un desvencijado banco de madera que había contra una pared, totalmente abierto de piernas, con aquel prodigio de pene que le habían concedido la Naturaleza, o su madre, y me hizo señas para que me acercara… y yo, claro, no pude resistir la tentación. Me arrodillé entre sus piernas y en un acto inconsciente, de un bocado me la metí casi entera en la boca, y comencé a succionarla primero muy despacio y luego, poco a poco, a mayor velocidad, chupando y lamiendo con mi lengua toda su longitud, haciendo girar mi boca sobre su enhiesta polla y acariciando con las dos manos sus huevos. Creo recordar que era la tercera vez que hacía una felación, pero aquella vez me estaba comiendo una verga de verdad, de hombre. Su polla estaba durísima. La tomé por la base con mi mano y apoyé mis labios en la punta y me la introduje en la boca hasta que no pude más, para luego subir por el tronco hasta llegar a la punta de nuevo. Pronto él empezó a gemir y pensé en el riesgo de que nos pillaran tal y como estábamos y eso, inexplicablemente, me excitó más de lo que estaba.
Pronto sentí que estaba muy empapada, me latía tanto el coño, que no pude aguantar más. Me levanté y me coloqué a horcajadas sobre él, sentándome muy lentamente sobre su erecto pene, que él mismo sujetó para facilitarme la tarea. Sentí intensamente su calor, cada centímetro que se iba metiendo, adaptándose con cierta dificultad a mi estrecha vagina, me ardía, me quemaba… pensé que me iba a morir de placer. Nicolás me agarró de la cintura y me ayudó a impulsarme. No parábamos de gemir y jadear extasiados y así, no tardó en llegarme un orgasmo increíble… me vino tan fuerte (jamás había experimentado algo así) que tuve que parar de moverme, de lo atontada que estaba.
Pero él comprendió. Me sopló suavemente en la cara, para que me espabilara, pero al ver que me costaba mucho reaccionar, me cogió en brazos y me tumbó sobre el banco, cuya frialdad me hizo bien… cuando abrí los ojos me lo encontré allí, poniéndose la camisa, mirándome con una compasión que me sorprendió:

- « ¿Ya hemos acabado? – dije en tono de burla -.
- Ah, vaya, pero ¿quieres seguir?... ¿no te ha bastado!?... muy bien… ¡date la vuelta entonces! Esto seguro que te quita las ganas de seguir!!!.»

He de reconocer que me dio miedo verle tan resuelto. Pero obedecí por lo mismo.
Me pasó su miembro por la rajita de mi culo, y después me inspeccionó, paseando el dedo índice por mi otro agujero… ¡por el ano! ¡¡Nicolás me iba a follar por detrás!!!
Me sujetó de la cadera con una mano mientras que con la otra se sujetaba su pene por la base. Sentí en mi ano el contacto de su cálido glande y creo que me eché a temblar… Lo sentí luchar contra la presión de mi culo. Me imagino que antes se había ensalivado la punta porque lo noté un tanto resbaladizo, y pronto mi esfínter empezó a expandirse al sentir que el capullo de su enorme polla por fin estaba penetrándome. Sentí un agudo dolor, pero eso no me paró… muy al contrario. Además, no era la primera vez. Yo misma me echaba hacia atrás para engullirle por completo y al poco comenzó a embestirme me una forma tan violenta, tan desesperante, que me tuve que morder el labio inferior para no gritar de puro placer…
Recuerdo con todo claridad que me eché a llorar cuando noté sus cálidos chorros de semen dentro de mí, y de que casi me volví loca cuando sacó su polla de mi agujerito… pero estaba tan agotada que ni tan siquiera me di cuenta de que don Constantino estaba llamando a gritos a Nicolás desde la nave central de la Iglesia.
El cura me besó en la nuca y se vistió rápidamente, saliendo casi enseguida y cerrando la puerta tras de sí, dejándome allí sola, con las piernas temblorosas y estremecida por los espasmos del placer...

Aquella fue la última vez que vi a Nicolás. Supe por mi madre que al día siguiente se marchó de T*** sin ni siquiera haberse despedido de don Constantino.
… Y menos mal que nadie me señaló a mi como la culpable de su partida… al final todos le habíamos tomado cariño a aquel cura tan joven y tan dedicado a su parroquia… aunque algunos lo pudimos comprobar más que otros…


ALIENA DEL VALLE.-

De Compras con Dario

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 No, yo no soy ningún putón, aunque admito que a veces lo parezco. Qué le vamos a hacer.

Todo comenzó por una discusión tonta. Estábamos Teresina, Marcos, Darío y yo el otro día tomándonos un café en mi casa, charlando de cosas sin importancia, cuando no sé ni cómo, surgió el tema de la ropa. Tengo que decir en mi alegato que yo soy muy mía para estas cosas, vamos, que trapo que me gusta, trapo que me pongo. Normalmente a todos les gusta cómo suelo vestir, y yo encantada, claro. Pero aquel día Darío se me reveló. Me miró fijamente a los ojos – cosa que me derrite, ese chico tiene unos ojos que claman al cielo- y me soltó que a veces me pasaba “un poco” con mis “modelitos”. Evidentemente su comentario no me sentó nada bien, pero procuré no dárselo a entender, solo me limité a sonreír, preguntándole...

- “¿¡Pero a que me sientan bien!?”.
- “No, si eso no se puede discutir, pero...”
- “¡¡Pero nada!! Otro cafelito?” – le pregunté con una de mis mejores sonrisas -.

Y así fue como me lo quité de encima. O al menos eso creía yo, porque cuando se nos hizo tarde, como siempre pasa, y Teresina se marchó a la Universidad y Marcos al cine con su nueva conquista, Darío me volvió a sacar el tema de la ropa y a cuestionar mis gustos a la hora de vestir. Aquello se convirtió en un tira y afloja, hasta que él me propuso que fuéramos juntos de compras, propuesta que me extrañó bastante pero que no me atreví a rehusar, porque Darío me gustaba mucho (y me gusta!), así que quedamos al día siguiente por la tarde en un conocido centro comercial, y nos despedimos.

Tengo que decir que, a pesar de todas las espectativas, no me hice muchas ilusiones con aquella cita, que no era cita ni era nada. Ambos necesitábamos comprarnos ropa y solo íbamos a ir juntos, en fin, hasta quizás podríamos cenar y todo después, pero no era seguro.

Al día siguiente fue todo un dilema arreglarme, así que harta de andar probándome medio armario, opté por una minifalda vaquera de talle bajo, una camiseta con un hombro al descubierto y unas simples sandalias, para ir cómoda. Nada del otro mundo. Ni siquiera me maquillé, total, no podía engañarme a mí misma pensando que aquello era una cita y, además, si me arreglaba como para salir un sábado por la noche, quizás Darío se alarmara pensando que yo trataba de seducirle vistiéndome solo para él. No, era mejor ir como todos los días. Y si él esperaba algo más, pues que sufriera.

Cuando llegué vi que Darío estaba bastante nervioso, como si no supiera dónde meterse, y eso me agradó bastante. Nunca antes habíamos estado solos, quiero decir, que nos conocemos desde hace relativamente poco tiempo y siempre hemos estado rodeados de amigos. Y al verle nervioso pensé que el hecho de haber quedado a solas conmigo le había puesto así y eso me halagó.

No hablamos demasiado, bueno, al menos yo no hablé demasiado y no por falta de ganas, sino porque él no paraba de contarme cosas sobre sí mismo, aturdiéndome con tanta información que no me daba tiempo a digerir. Peor al fin llegamos a la galería de las tiendas de ropa. En un principio entramos en varias, pero nada nos convencía el todo y lo que si nos gustaba, era demasiado caro. Solo yo adquirí un conjunto de ropa interior bastante sexi de “Woman´s secret”. Si, ya sé: no debí de haberlo comprado precisamente delante de él, pero tampoco es que fuera un delito, vaya. Un poco de provocación no le vendría mal al chico. Además, solo lo escogí, me lo probé y lo compré, ni siquiera se lo enseñé con él puesto para que me diera su opinión ni nada de eso. Yo... yo solo se lo enseñé. El pobre ni se atrevió a tocarlo, claro, y yo conseguí mi doble objetivo: comprobar su reacción para asegurarme de que yo le gustaba y, en caso afirmativo, hacer que volara su imaginación.

Al cabo de unas horas entramos en una tienda que pareció gustarnos a los dos. Estaba muy bien y era enorme. Había una sección para hombre, otra para mujer y otra para niños. Como yo ya había comprado algo, no fue necesario echarlo a suertes: iríamos primero a la sección masculina. Y lo peor es que no podía escaquearme a la sección femenina porque hubiera quedado fatal, así que me dediqué a hacer como que buscaba algo interesante para él, a modo de simulacro de ocupación, ya que a lo que realmente me estaba dedicando era a sopesar la magnitud de la entrepierna de Darío.

Llevaba unos ajustados pantalones chinos de un marrón muy claro, por lo que se le notaba bastante el paquete. La tela de esa zona estaba casi tensa y el su pene parecía bailar dentro de ella. Comencé a imaginarme cosas... y me puse mala malísima, tan caliente que noté cómo me humedecía. Incluso llegué a ponerme de mal humor, porque necesitaba a Darío, quería estar con él enseguida, y no tener que andar pasando por el protocolo de la conquista que estábamos iniciando aquella tarde. Yo quería sexo y lo quería ya, ¿cómo podría sentirme ante la idea de tener que esperar hasta solo Dios sabía cuándo!? Sentí que tendría que lanzarme. Ya no podía más.

En esto estaba pensando cuando Darío sacó con una exclamación unos pantalones de un perchero. Me acerqué a él mientras me los enseñaba y, dándole mi aprobación, aproveché la oportunidad para olerle. Eso es algo que me excita mucho, el olor de los hombres. Y el olor de Darío, una extraña mezcla entre perfume masculino y sudor, me acabó por convencer de que había llegado el momento. Luego no sé lo que él llegaría a pensar de mí, pero no me importaba. El día anterior ya me había dicho bastante en lo referente a mi ropa, ¿no?... en la vida hay que correr el riesgo, es lo que hay.

Se metió en uno de los probadores y ahí se quedó un rato hasta que, asomando la cabeza por entre la cortina del probador, me llamó para que viera cómo le quedaban. Me acerqué y abrí un poco la cortina para mirar hacia dentro.

- “Una talla menos, Darío, creo que esos te están un poco anchos” – fue mi veredicto-.

Fui a buscar otros pantalones y cuando regresé no me lo pensé dos veces: me metí en el probador de sopetón, sin avisar. Él ya se había quitado los pantalones, que había colgado en una percha de la pared, y me miró asombrado, pero no dijo nada, gracias al Cielo, porque yo estaba muy cortada a pesar de mi cara dura. Antes siempre habían sido los chicos los que se me habían insinuado, pero siempre hay una primera vez para todo, pensé.

Nos miramos durante unos instantes a los ojos y le sonreí tontamente. Me sentía como si el corazón se me fuera a salir por la boca, pero él pareció comprenderme y decidió facilitar la situación.
- “¿Me los vas a poner tu? – y me guiñó un ojo -.
- “Ya que te empeñas...”.

Hay que aprovechar las oportunidades.
Me agaché para poder ponerle los pantalones, tratando de concentrarme en mi tarea y procurar no mirarle el bulto de la entrepierna, medio oculto por los faldones de la camisa tan larga que llevaba, pero me fue imposble: Darío no llevaba calzoncillos, ni boxers, ni slips ni nada que se parezca. Su considerable polla estaba haciendo acto de presencia por debajo de la tela, creciendo a ojos vistas. Me di cuenta de reojo, claro, no le miré directamente porque sabía que él me estaba mirando. Lo que sí hice fue buscar por todas partes - el suelo, la banqueta que tenía a mis espaldas – los calzoncillos, pero ni rastro.
Entonces le miré.
Levanté la vista hacia su cara y le miré.

- “ Darío...”
- “ Si...?
- “ Y eso que la lanzada a la hora e vestir era yo”.
- “ Bueno, verás.. me gusta sentir el roce de la tela, jajajaja!!!”

Y diciendo esto, sin dejar de reír nerviosamente, me cogió de las axilas y con un breve impulso me sentó en la banqueta del probador y arrodillándose, con sus manos en mi cintura, me besó.
Había llegado el momento.
Le pasé los brazos alrededor del cuello, sorprendida pero satisfecha, y sobre todo, muy excitada. Sentí con un estremecimiento cómo sus manos fueron descendiendo lentamente hasta mis desnudos muslos y cómo iniciaban una exploración hacia arriba, con los dedos totalmente extendidos y levantándome la falda a su paso, sin pudor alguno. Movía las manos tan lentamente que me dio la sensación de poder sentir cada partícula de piel, y eso me desesperó del todo. Me retorcí sobre mi misma, apretándole más contra mí, con unas ánsias que ni yo misma me conocía hasta entonces. Hice amago de bajar los brazos y así liberarme de las braguitas, pero Darío me lo impidió. Sus labios se separaron de los míos para mirarme fijamente a los ojos con su rostro a escasos centímetros del mío.

Sus ojos eran puro fuego.

Me alcé ligeramente para que me él pudiera deslizarme las bragas hasta los tobillos y con ambas manos en mis rodillas, sin dejar de mirarme me abrió de piernas.

Mi sexo estaba totalmente húmedo, casi mojado. Noté cómo mis fluidos sexuales resbalaban por la parte baja de mi coño, como si quisieran alcanzar las llanuras de mi culo, sintiendo cómo me latía, tan cálido, tan ardiente, que no pude evitar soltar un gemido que parecía llevar atrapado en mi garganta desde tiempos inmemoriables. Darío me instó a aguardar silencio porque como nos oyera alguien y nos descubriera así...mejor ni pensarlo.

No podría explicar bien cómo me sentía. Yo era un amasijo de nervios y excitación a punto de estallar. Eché la cabeza hacia atrás y la apoyé en la pared, con los ojos cerrados, tratando de relajarme un poco para poder sentir mejor a Darío. Tenía la sensación de ser la cazadora cazada, ridícula en mi recién estrenado papel de sumisa (normalmente era yo la lanzada en el sexo y estaba acostumbrada a dictar las normas), me decepcionó un poco que Darío se pusiera tan marimandón al hacerme callar, pero... la verdad es que eso, todo eso, fue como un aliciente para mí. Me sentí protegida, como si no tuviera miedo de que nos descubrieran porque, en tal caso, sabía que Darío daría la cara por los dos.

Se había quedado quieto, como alerta, escuchando para comprobar si alguien se acercaba, pero solo se oía el trajín de las dependientas, el entrechocar de perchas contra el cristal de los mostradores y las típicas conversaciones mezcladas con el ir y venir de los demás clientes.

Me fui relajando poco a poco, mi respiración volvió a adquirir su ritmo habitual. Solo nos separábamos de aquella realidad, del resto del mundo, por una simple cortina, que entre otras cosas podía ser corrida en cualquier momento por algún cliente despistado. Entonces noté la presión de las manos de Darío en mis rodillas, indicándome que se estaba inclinando hacia mi sexo. Abrí los ojos y bajé la cabeza, justo para ver cómo él, con los ojos cerrados, se aproximaba a mi entrepierna y hundía su nariz en mi.

Suspiré.

Allí estaba yo, sentada con las piernas abiertas, en uno de los probadores de la posiblemente más conocida tienda de ropa de este país, con el chico que tanto me gustaba arrodillado ante mí y con su cara hundida en mi coño. Bueno, tampoco es que fuera el sueño de mi vida, pero la cosa estaba muy bien.

Sentí los labios de Darío sobre los míos (pero los de abajo...) y cómo su lengua comenzaba a lamer mi hinchado clítoris. Fue algo tan intenso que me llevé la mano extendida a la boca y la tuve que morder para no gritar. Me dio unos cuantos lametazos y aplicó su enorme boca sobre mi para succionar – bastante ruidosamente, por cierto, aunque ya me daba lo mismo – mis jugos. Después se concentró en mi clítoris y con la punta de la lengua lo acarició, rodeándolo y volviéndome loca. Parecía un enorme animal sediento que hubiera hallado un oasis en mi sexo. Esa fue la sensación que me dio cuando le miré. Él comenzó a chuparme más deprisa hasta que me corrí en toda su cara, y para cuando abrí los ojos y me vi en el espejo que tenía enfrente (de hecho, había dos espejos dentro del probador) no me reconocí.
Veía el culo de Darío abierto en toda su extensión, con su hermoso pene y sus velludos huevos colgando y con un dulce vaivén insinuante, a los lados mis piernas totalmente abiertas y encrespadas, la falda enrollada en la cintura y una mueca en la cara, de deseo reprimido por gritar, apunto de ponerme a llorar de placer, y me sentí extraña, como atrapada en aquel cuerpo, porque aquel sentimiento de placer era incorpóreo. Si, un placer que provenía de mi sexo, que me proporcionaba mi cuerpo, pero es que me sentí tan llena con aquel orgasmo que no cabía en mi propio cuerpo, en aquella cárcel de huesos y piel.

Entonces Darío levantó la cabeza y se apoyó sobre mi pecho. Yo le abracé exhausta y deslicé mi mano derecha hasta su cuello, notándolo un poco húmedo de sudor, pero cuando alcancé la barbilla mis dedos se humedecieron con algo que no solo era sudor, sino mis propios jugos que se le deslizaban desde sus comisuras.

Con manos temblorosas le obligué a mirarme... y le besé en los labios, lamiendo de su boca, de sus comisuras y de su barbilla mis propios fluidos.


Fue entonces, no antes ni después, sino justo en aquel preciso instante, cuando comprendí que me había enamorado de Darío.

Aliena del Valle.

Curiosas Relaciones

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1ª PARTE: RECIBIENDO A MIS SUEGROS


Mi historia comienza con un hecho desgraciado, la triste muerte de mi esposa, después de una penosa enfermedad. Quedé viudo con 32 años y con un hijo pequeño que entonces tenía 4 años. Al quedarnos solos la vida se complicó bastante porque no me podía permitir abandonar el trabajo que entonces tenía, y debía incluso echar horas de más para aumentar un sueldo que algunos meses venía escaso. El problema además se acrecentaba con la corta edad de mi hijo, al que no quería separar de mi bajo ninguna circunstancia, pero yo sólo casi no me podía hacer cargo de él y toda mi familia se hallaba en otra ciudad muy lejana a la nuestra. Mi agobio y mi apretada situación se vería aliviada al menos por un tiempo cuando mis suegros y abuelos de mi hijo decidieron venir a pasar el verano a nuestra casa.


Gregorio era el nombre de mi suegro y Rocío el de mi suegra. Ambos querían mucho a mi hijo, sobre todo ella, que se desvivía en atenciones con el niño y porque no decirlo, conmigo también, diciéndome que estaba muy desmejorado y que necesitaba comer mejor, por lo que preparó durante aquel tiempo exquisitos guisos. Fue un tiempo en que me sentí cómodo con la presencia de Gregorio y Rocío, porque sentía que aquello era como una pequeña familia, salíamos juntos a la calle los fines de semana y compartíamos todo el tiempo que podíamos juntos, porque por otro lado yo no sostenía en aquel entonces sólidas amistades con nadie de por allí. Fue esto concretamente lo que llevó a mi suegro a plantearme una conversación en la que me preguntó si no tenía la necesidad de salir con ninguna mujer y tener relaciones sexuales. Aquella charla me sorprendió, pero él me tranquilizó diciéndome que en todo caso buscar a una mujer sería lo normal y que si él estuviese en mi situación seguro que lo haría. Así que le confesé que verdaderamente tenía ganas de hacerlo, pero que con él y con su esposa allí pues me sentía bien y que quizá con la presencia de ambos no sería adecuado traer a ninguna chica a casa, aunque era cierto –le dije- que se me iban los ojos detrás de cualquier mujer. Esto que dije provocó en el una reacción inmediata que le hizo preguntarme:


¿De verdad que miras a muchas mujeres?

Si –dije yo- prácticamente a todas.

¿Incluso a Rocío, mi mujer?

¡No! ¿Qué dices Gregorio? Ella es mi suegra y la respeto, al igual que a ti.

No te creo –me dijo- porque Rocío tiene un culo fabuloso y alguna vez se lo habrás mirado con ganas, lo mismo que hacen muchos hombres por la calle.

Por favor dejemos el tema, esto no tiene gracia.

Como quieras –dijo él- pero no creas que me voy a enfadar si miras a mi mujer.

Así se quedó la cosa. Escapé algo avergonzado de aquella conversación pero he de admitir que sí, que más de una vez me había quedado mirando el culo y las tetas de mi suegra y que la encontré poderosamente atractiva para la edad que ella tenía, pero es que después de que mi suegro me dijese todo aquello aún la miré más y lo que fue peor, comencé a elaborar fantasías eróticas con aquella mujer en el transcurso de muy pocos días transcurridos desde aquella charla. Gregorio por su lado no dejaba de sonreírme cuando los dos nos hallábamos en presencia de Rocío, señalándome con la mirada hacia el culo de su mujer si ella se encontraba de espaldas o haciendo gestos obscenos sin que la mujer lo advirtiese. Pensé que era un pervertido, pero a decir verdad aquello solo avivó el fuego de mi deseo, haciéndolo cada vez más intenso, hasta el extremo, he de confesarlo, de que comencé a masturbarme teniendo como objeto de mis anhelos sexuales a mi suegra. Sentí algo de malestar por ella, pues siempre había sido buena y respetuosa conmigo, pero desde luego no tenía la sensación de estar traicionando a mi suegro, ya que era el único responsable de que yo hubiese llegado a tal situación. El caso es que a partir de entonces no tuve más aspiración que ella y olvidé la atracción que en semanas anteriores había tenido por determinadas mujeres (compañeras de trabajo, vecinas, etc). Gregorio llevaba razón: cuando íbamos por la calle o entrábamos en algún restaurante los hombres lanzaban más de una mirada furtiva hacia Rocío, cosa que a mí me provocaba celos, algo que nunca había experimentado, y el caso es que con su marido no me ocurría; mi suegro la podía acariciar, besar o darle una palmada en el trasero que era algo que no me molestaba. Es más, seguro que si los espiaba mientras follaban sería algo que me excitaría una barbaridad. Me pregunté entonces si lo harían a menudo y me propuse averiguarlo.


Como era pleno verano y hacía calor casi todas las puertas del piso permanecían abiertas durante la noche para que el aire corriese, así que una noche, un buen rato después de habernos ido todos a la cama, me levanté para acercarme hasta el dormitorio de mis suegros cuya puerta se hallaba semiabierta. Estaban hablando y esto fue lo que oí:


-...mira Rocío –decía mi suegro- no puedo tomar tan a menudo una viagra para conseguir una erección, podría darme un ataque al corazón o algo por estilo...

- Sí, lo sé –le dijo ella- pero es que tengo más ganas de follar que nunca...

- Sé como te pones con el calor mujer, y no creas, a mi también me apetece hacerlo.

- Entonces ¿por qué no te tomas una de esas pastillas esta noche?

- Ya te he dicho que no. Creo que hay otro modo de que se me ponga tiesa sin tener que recurrir a fármacos. Esta noche si quieres te como el coño, te lo hago con el dedo o cogemos un plátano a ver que tal.

- ¿Dices que conoces un modo para que se te ponga tiesa?

- Sí, ya te contaré, pero quizá tengamos que variar algo en nuestros hábitos sexuales.

- Lo que haga falta –dijo Rocío, presa de la excitación sexual-. Y ahora dime ¿qué habías propuesto de un plátano?


Los dos rieron con aquello del plátano, pero no se trataba de ninguna broma, porque mi suegra se levantó de la cama y se dirigió a la cocina en busca de aquella "fruta prohibida". No pudo verme porque yo me hallaba oculto en la oscuridad, pero yo a ella si, y con mucho detalle. Iba en bragas y en sujetador, y verla así me hizo sentir deseos de abalanzarme sobre ella, tumbarla sobre el suelo y abrir sus piernas para perforar su anhelado coño con mi verga que estaba totalmente tiesa después de haberlos oído hablar sobre aquel tema y de haberla visto a ella pasearse casi desnuda por la casa. Mi suegra regresó inmediatamente de la cocina con un plátano en la mano y se lo entregó a su marido diciéndole que era el último que quedaba. Ambos rieron y advertí que pronto dieron comienzo a sus juegos ya que no se cuidaron en reprimir sus gemidos de placer, sobre todo ella, que probablemente ya se hallaba con el plátano entero metido en la húmeda cueva de su chocho. Gregorio hablaba a su mujer con las palabras más malsonantes y atrevidas, lo que ella agradecía enormemente pues aumentaban su excitación:


- ¿Te gusta esto puta asquerosa?

- ¡Siiiii...! –decía ella entre gemidos- sigue metiendo y sacando ese plátano, ¡no pares!

-¡Toma esto zorra...!


Mientras me estaba yo haciendo una violenta paja allí mismo en la puerta de su dormitorio, escuchando sin ser visto e incluso planteándome irrumpir allí dentro a ver si me dejaban entrar en el juego. Pero eso no era más que una fantasía loca que no llegué a cumplir, solo me corrí reprimiendo un grito de satisfacción dejando todo el suelo a mis pies lleno de semen, el cual ni me molesté en limpiar porque al día siguiente estaría seco y porque si lo veían me daba igual que tipo de preguntas se hiciesen. Así, mientras yo eyaculaba, mi suegra experimentaba su triunfal orgasmo con el plátano dentro. Al acabar parece que ambos compartieron la fruta comiéndose la mitad cada uno. Todo quedó en silencio y me fui a dormir, sin que mi cabeza parara de darle vueltas a lo que había sucedido.


Al día siguiente, durante la comida hubo la misma normalidad que siempre, aunque yo veía en cierto modo a mi suegra de otra manera. La respetaba sí, pero me sorprendía de ella hasta que punto llegaba durante el acto sexual: su desinhibida forma de jugar a lo que le proponía el marido, las palabras que empleaba y el consentimiento que daba a las palabrotas que le profería Gregorio. Para cualquiera Rocío podría ser como una vulgar puta dado su comportamiento, pero para mi no dejaba de ser la gran señora que había sido siempre y por eso tenía muy buen concepto de ella, si bien era verdad que la deseaba como a nada en este mundo. El día trascurrió como otro cualquiera. Mi suegro y yo hablábamos de cualquier cosa mientras Rocío jugaba y daba de cenar al niño para después acostarlo temprano. Posteriormente nos tocaba cenar a nosotros y mientras Gregorio y yo continuábamos charlando, Rocío iba y venía de la cocina con la cena preparada. Ambos la mirábamos, pues en mí ya no había recato con él delante. Miraba el culo de mi suegra y sus enormes y apetecibles tetas cuando se inclinaba ante nosotros para depositar un plato. Su marido estaba orgulloso de ella y yo complacido de tenerla en casa. Nos pusimos a cenar los tres juntos y Gregorio empezó a piropear a su mujer diciéndole que si era una gran cocinera, una gran esposa y después diciendo también que él era muy afortunado al tenerla consigo. Además él mismo me preguntó que opinaba yo, y con algo de timidez le dije que tenía razón, que Rocío era una mujer que valía mucho y que además era muy guapa.


-¿Solamente guapa? –preguntó Gregorio.

- Bueno, también muy hermosa –dije yo con algo de rubor, haciendo al mismo tiempo que Rocío se ruborizase.

- Guapa, hermosa, ¡y que está muy buena, admítelo! –dijo él.

- ¡Pero qué cosas dices! –le reprendió sin demasiada energía su mujer- Gregorio cuida que cosas dices delante de nuestro yerno.

- No te enfades Rocío –le dije yo- es evidente que eres una mujer atractiva, eso no hay quien lo niegue. No hay nada de malo en que lo digamos nosotros.

- Así se habla –concluyó mi suegro.


Mi suegra se había puesto roja como un tomate, pero no parecía que aquello le hubiese desagradado, sino todo lo contrario, pareció que le había gustado e incluso por como habló y se movió después daba la impresión de que coqueteaba un poco.


- Bueno –dijo ella a continuación- ¿qué queréis de postre?

- Un plátano –pedí yo con algo de malicia-.

- No hay –dijo.

- Sí –contestó mi suegro casi a carcajadas- aquí en esta casa debe haber alguien a quien le gusten mucho los plátanos y no deje ni uno en la despensa.


Mi suegra se volvió a poner otra vez colorada y dio un pequeño cachete a su marido por la poca gracia de la broma, pero al mismo tiempo ella se reía. Las conversaciones y las palabras de doble sentido de aquel matrimonio empezaban a ser para mí una fuente de morbo milagrosa, justo lo que yo necesitaba para arder de excitación. Después de la cena los tres nos sentamos a ver la tele. Ellos se sentaron en un sofá el uno junto al otro y yo enfrente en otro sillón. Pasaron los minutos y poco a poco mi suegra se fue quedando dormida junto a su esposo, reclinándose en el sillón para descansar mejor y apoyando medio cuerpo en Gregorio, el cual le fue dando caricias durante todo el rato en la cara, en el pelo y en el cuello. Esto era inofensivo y ella no le dio importancia antes de quedarse profundamente dormida. Fue entonces cuando Gregorio aprovechó para empezar a acariciar los senos de su esposa delicadamente por encima de la blusa que ella llevaba puesta. Él solo miraba hacia la tele, pero yo los miraba a los dos atraído por lo que empezaba a ser una morbosa escena. Seguro que mi suegro era consciente de que los observaba y quizá por eso fue a más y descubrió uno de los enormes senos de Rocío; yo me removí en mi asiento de pura excitación, pues aquello era más de lo que podía imaginar en las perversiones de mi suegro. Seguidamente descendió con una de sus manos a acariciar las pantorrillas de aquella mujer que inocentemente dormía. Tocó sus piernas, sus muslos y ascendió poco a poco hasta las bragas, pasando la palma de su mano por toda aquella zona. Mi suegro me miró durante unos instantes directamente a los ojos. Ninguno dijimos nada, pero yo le desafié con la mirada a ver hasta donde era capaz de llegar y él entendió el mensaje.


No lo dudó. Apartó las bragas de Rocio y comenzó a acariciar todo el coño, para después meterle dos dedos y frotarlos en el interior de la vagina. Yo miraba excitadísimo y a pesar de tener mi polla más tiesa que nunca no pude sacármela para hacerme una paja pues me daba mucha vergüenza. Pero mi suegro proseguía con sus manejos y mi suegra aunque dormida, temblaba de placer, solo que conforme el mete y saca de los dedos en el coño iba adquiriendo más velocidad, ella fue despertándose. Con los ojos entornados disfrutó durante unos minutos, quizá pensando que aquello le estaba ocurriendo en la intimidad del dormitorio y con la única presencia de su marido. Sin embargo pronto abrió los ojos y lo primero que descubrió fue a mi sentado enfrente de ella y mirándola casi con la lengua fuera; instantáneamente hizo ademán de taparse con la ropa e irse de allí, pero su marido la retuvo. Rocío nos miró con algo de enfado, como sintiéndose traicionada. Esa mirada me bastó para comprender que quizá lo mejor sería irme de allí y a punto estuve si no nos hubiese suplicado de aquel modo Gregorio:


-Por favor os pido a los dos que no os mováis de donde estáis sentados –dijo-. Rocío compréndelo, mira como se me ha puesto la polla por el mero hecho de que nuestro yerno esté aquí presente contemplando como te meto mano.


Mi suegro extrajo su verga y la mostró a su mujer. Probablemente el pobre hombre no alcanzaba una erección así sin tener que recurrir a la viagra desde hacía mucho.


-No te enfades tú tampoco –me dijo a mí- y quédate un rato más. En cuanto a ti Rocío, ya te dije que había un medio para que se me pusiera dura, pero que tendríamos que cambiar algunas cosas. Así que tu decides si seguimos adelante...y desde luego no le eches la culpa a él, pues yo he sido quien lo ha planeado todo.


Mi suegra no dijo nada, permaneció inmóvil unos segundos, quizá pensando que hacer, si seguir allí y disfrutar del sexo en mi presencia o irse para así mantener una respetabilidad que a lo mejor ella consideraba que estaba en juego. Yo bajé mi mirada algo avergonzado, creía que aquello sería el fin de una amistad y de un respeto mutuo. Mi suegro y yo esperábamos la reacción de Rocío. Entonces, cuando yo creí que todo se había terminado, Rocío cogió el pene de su marido con la mano y lo empezó a masturbar muy suavemente. Gregorio sonrío, yo presté más atención...


- ¿Así que queréis morbo no? –dijo Rocío.

- Sí, mi vida –le dijo su marido- ¿a ver de qué eres capaz?

Rocío se quitó las bragas y se sentó sobre Gregorio clavándose la rígida polla del viejo en su encharcado coño. Lo cabalgó durante unos minutos suave y sensualmente, mirándome de vez en cuando directamente a los ojos. Tuvieron un orgasmo que los llenó de una satisfacción que seguramente hacía tiempo que no experimentaban. Yo me levanté sigilosamente y me fui al dormitorio a hacerme una merecida paja. La noche no estuvo mal.


Durante el día siguiente pensé que si todo lo ocurrido no había sido un sueño era verdad que probablemente no pasaría de ser una experiencia aislada en la vida. Que aquello sería algo para recordar pero no para repetir. Me equivoqué. Al caer la noche mi suegra dio de cenar al niño y lo acostó más temprano de lo habitual. Descaradamente dio a entender qué era lo que estaba esperando. Otra vez solos mis suegros y yo. No hubo demasiada demora ni preámbulo, es más, apenas tomamos cena aquella segunda noche. Ocupé mi mismo puesto de la noche anterior en el sillón y me dispuse a ser espectador de lujo de las relaciones sexuales de mis suegros. Esta vez, después de meterse mano ambos y besarse como locos, se quitaron toda la ropa. La erección de Gregorio volvía a ser enorme, al igual que la excitación de mi suegra. La sesión tampoco duró mucho esta vez, aunque superó en intensidad a la de la noche anterior. Mi suegro tumbó a su mujer sobre la mesa del comedor y él de pie desde el suelo se la folló con singular maestría. Después, en mi dormitorio, me hice mi paja.


La tercera noche fue también muy esperada. Mi suegra hizo la cena del niño algo más temprano aún y lo acostó pronto (esto conduciría a un imprevisto en esta ocasión, como voy a relatar). Todo se desarrolló casi como una fotocopia de la noche anterior, hasta el hecho de que mi suegra se tumbara en la mesa y allí se la follase Gregorio. El coito, eso si, estaba resultando ser de el más potencia de los que hasta entonces practicaron conmigo de espectador, tanto, que mi suegra gimió y gritó descontroladamente. Entonces oímos a mi hijo llamarnos desde su dormitorio; claro, se acostó tan temprano que casi no tenía sueño y parecía haber estado despierto y escuchando. Los tres nos quedamos en el más absoluto silencio, aunque muy nerviosos por la inoportuna interrupción.


-Esperad –les dije a mis suegros- ya voy yo y lo soluciono.

Date prisa –dijo mi suegra-.


Me preocupó que mi hijo, a pesar de su corta edad, hubiese podido intuir que estaba sucediendo. Pero a pesar de ser muy listo, no parecía que lo hubiese comprendido.


- Papá –me dijo- ¿qué le sucede a la abuela? ¿porqué grita?

-Hijo –le contesté- está enferma y el abuelo le está poniendo una inyección. Una buena inyección –añadí entre dientes-. Así que tú a dormir.


No hubo problema, se durmió al instante. Al regresar al comedor mis suegros aplaudieron mi ocurrencia sobre la inyección y continuaron follando a lo bestia. Después mi paja. Pero al día siguiente no aguanté más y le dije a mi suegro que no quería que me siguiesen utilizando de aquella manera, y no era porque me desagradase que ellos experimentaran goce sexual, sino que el problema era que el que no podía experimentarlo era yo. Mi suegro me pidió que no los abandonase en ese momento tan dulce que ellos estaban viviendo en el terreno sexual y me prometió que esa noche me tenía reservada una sorpresa.


2ª PARTE: FOLLAR DESPUÉS DE TANTO TIEMPO


Así que la noche llegó y ya estábamos los tres otra vez solos después de haberle explicado al niño que el abuelo tenia que ponerle otra inyección a la abuela. No sabía cual era mi sorpresa hasta que sonó el timbre de la puerta y entró una chica de unos treinta años, de pelo rubio rizado, muy guapa y bastante bien proporcionada. Era una prostituta, se le notaba, mi suegro la había contratado exclusivamente para mi. Se llamaba Nuria y desde el primer momento se mostró muy cariñosa conmigo, aunque se sorprendió cuando descubrió que el juego consistía en follar delante de aquella pareja de vejetes, mi suegros, mientras ellos también echaban su polvo. Así que cada uno por su lado íbamos a lo nuestro, aunque Nuria y yo entramos sin dudar en terrenos de materia sexual que captaron en seguida la atención de nuestros suegros. Nuria comenzó a chuparme la polla magistralmente y a mi eso me volvía loco. Hasta ese momento no había mostrado mi herramienta en presencia de mis suegros y eso hubo de causarles impresión, pues sobre todo Rocío, no apartó la vista de mi verga casi en ningún instante. Rocío y Gregorio parecían estar disfrutando más que nunca solo por el mero hecho de ver como lo hacíamos Nuria y yo. No tardé en correrme entre gritos de gusto en la boca de la puta. Hacía tiempo que necesitaba una mamada así. Quedé exhausto en el sillón. Nuria se volvió hacia mis suegros y animó a Rocío a que se la chupase también a Gregorio. Rocío argumentó nerviosa que era algo que nunca había hecho.


-Hazlo –le dijo Nuria- seguro que tanto si lo haces bien como si lo haces mal a tu marido le gustará. La tiene tan dura que seguro que le explota en cuanto le pongas los labios encima.


Rocío comenzó a meterse el pijo de Gregorio en la boca. Lo hizo lo mejor que pudo, y Nuria llevaba razón, pronto el hombre eyaculó en la boca de su mujer de puro goce que aquello le producía. A mí, contemplar la escena hizo que inmediatamente se me pusiese dura de nuevo. Nuria lo agradeció, pero me pidió que antes de follar le comiese un rato el coño. Aunque era una puta, comprendí que tampoco ella habia vivido una situación tan especial como la de aquella noche, y por eso estaba tan excitada. Ahora les tocaba mirar a mis suegros, claro que al pobre Gregorio no se le volvió a levantar igual que a mí, y por otro lado era evidente por su cara de excitación que Rocío tenía más ganas de follar aquella noche. Le comí el coño a Nuria y después me tumbé en el suelo para que ella se sentase encima de mi polla. Así follamos un buen rato, mientras Rocío le pidió a Gregorio que al menos la masturbase con los dedos. Yo, hubiese preferido levantarme del suelo, haber dejado de lado a Nuria y haberme ido a follar con mi suegra, pues era a ella a quien deseaba por encima de todo, pero aquello no estaba en el guión y su marido podía no consentirlo. Entonces solo podía hacer una cosa, follar con Nuria brutalmente y así quizá dar envidia a Rocío, como creo que sucedía, pues los ojos se le salían de las órbitas mirando como lo hacíamos la pareja joven. Follé con Nuria en todas las posturas y maneras, incluso la sodomicé; todo durante un largo rato (yo diría que durante casi tres horas) en las que mis suegros no se cansaron del espectáculo. La joven prostituta se fue habiéndose hartado de mi semen y muy satisfecha, tanto que le hizo un descuento a mi suegro, encargado de pagarle.


Al día siguiente agradecí a mi suegro el detalle. Le dije que me había gustado mucho, pero que quizá no era aquello lo que necesitaba. Él me pidió que no me rajase a aquellas alturas, que no me traería a una puta, que me traería a dos si hacía falta, solo porque a él se le empinase de vez en cuando y pudiese follar dignamente con su parienta. Le dije que no era eso lo que quería y entonces me suplicó que pidiese lo que yo deseara. Se lo solté a bocajarro:


-Quiero follar con Rocío, o sea con tu mujer, con la que es mi suegra.


-No me pidas eso –exclamó mi suegro- Puedes mirar como lo hacemos, pero eso no, creo que no lo soportaría.

- ¿Qué es lo que no soportarías? No puedo aguantar más, fuiste tu mismo el que me animaste a observarla. La deseo.

-No soportaría ver como te la follas – me dijo-.

-No tendrías porqué verlo. Sería nuestro trato. Tu consientes que ella sea mía de vez en cuando y yo estaré presente cuando te apetezca en tus juegos.

-Si, pero...,¿ tu crees que ella querrá?

- Por supuesto que querré –exclamó la propia Rocío desde la puerta, pues lo había escuchado todo. Me parece que es lo justo.


Casi me faltó saltar de alegría al oír aquello. Mi suegra tenía tantas ganas como yo y mi suegro no tuvo más remedio que aceptar. Un rato después mi hijo preguntó si ese día el abuelo no tenía que poner la inyección a la abuela. Eran las cuatro de la tarde de un domingo. Gregorio dijo a su nieto que no, que ese día quien le pondría la inyección a la abuela sería papá. Rocío sonrío y dijo que tenía muchas ganas de "inyección" así que pidió a su marido que sacase a pasear al nieto por el parque y que no regresara al menos antes de dos horas. Gregorio se fue algo apesadumbrado, pero ya se acostumbraría; en todo caso él tuvo la culpa por ponerme a su mujer a tiro. Rocío y yo nos fuimos rápidamente al dormitorio y lo primero que me pidió es que le hiciese todo aquello que le hice a la prostituta.


3ª PARTE: A SOLAS CON ROCÍO, MI QUERIDA SUEGRA


Ambos teníamos la misma necesidad de follar, aunque ella estaba algo asustada por considerarme un joven león hambriento de sexo, mientras ella ya era algo madura. La tranquilicé diciéndole que practicaríamos coitos delicados. Así pues, y a pesar de las ganas que ambos teníamos, lo hicimos con dulzura. Besos, caricias y sexo oral sin prisas, y como suele decirse, sin pausa. Me comí su coño como si se tratara de la mejor ración de marisco que jamás hubiera degustado. Ella experimento su brutal orgasmo con aquello y a mi me produjo una erección terrible. Sin obligarla ni pedírselo Rocío se decidió a darme una mamada, así que rocé gustoso sus labios con mi glande. Ella sólo lo había hecho una vez y con su marido, pero expresó su temor de que a mi no me gustase. Le dije que tratándose de ella me gustaría lo hiciese como lo hiciese. Y lo hizo muy bien. Es más, creo que cualquier puta con años de experiencia no lo hubiese hecho mejor. Su legua y sus labios se movían alrededor de mi pene proporcionándome un placer que hacía tiempo no experimentaba. La mujer sabía como emplear su saliva para darme goce y sus manos no paraban de cosquillearme los testículos, y fue por esa sensación tan fascinante que perdí la noción del tiempo; no sé si transcurrieron cinco minutos o media hora, el caso es que ella la chupaba tan bien y yo me hallaba tan cómodo y excitado que acabé eyaculando en su garganta. En principio yo no quería que eso ocurriera pues ella se podía sentir asqueada, entonces le pedí afligido disculpas y ella sólo me dijo que no me preocupase pues pasó lo que ella deseaba que pasará, o sea, que le llenara la boca de semen. Así pasaron casi dos horas y todavía no me la había follado en el sentido exacto de la palabra. Pronto volverían Gregorio y el niño, Rocío me esperaba abierta de piernas y con el chocho encharcado deseosa de que le clavase mi enorme polla tiesa. La puerta de la casa se oyó; allí estaban ellos. Dudamos sobre seguir adelante o no, pues nos podían sorprender, pero eran tantas las ganas que cerramos el dormitorio por dentro con el cerrojo y nos decidimos a hacerlo cuanto antes y en el menor tiempo posible. Fue un record, me follé a mi suegra en menos de dos minutos, pero fue imposible reprimir gritos de placer, sobre todo ella que parecía enloquecida por el goce de aquel polvo. Gregorio lo hubo de oír desde fuera y cuando salimos tenía cara de cierto enfado, normal, me acababa de follar a su mujer. El niño también lo oyó pues preguntó que si le había puesto otra inyección a la abuela.


-Así es hijo mío- le explicó Rocío- tu papá pone la inyección de maravilla.


Fueron días difíciles para Gregorio, pues veía cómo su mujer también gozaba con otro, pero esto sirvió de aliciente a la relación de ambos pues todas las noches Gregorio aparecía ante Rocío con su polla bien tiesa y con ganas de guerra. Se estableció una dinámica de turnos para tirarse a aquella mujer. Gregorio lo hacía de noche y yo durante el día siempre que tenía ocasión, como aquella vez que la encontré cocinando y llegué desde atrás, le remangué la falda, le bajé las bragas y se la introduje desde atrás. Las lentejas que estaba preparando se quemaron mientras ella me suplicaba que no dejara de follarla. Una hora después Gregorio ya se la estaba follando en el dormitorio. La verdad es que teníamos a Rocío extenuada de cansancio por aquel ajetreo sexual, a pesar de que a ella le gustaba también hacerlo y siempre estaba dispuesta a satisfacernos. Llegó un momento en el que mi suegro y yo casi no nos hablábamos, porque aquello era como cosa de dos machos que se disputasen a una hembra. Pero me di cuenta de que si ambos queríamos poseer enteramente a Rocío, ella también nos deseaba a los dos, por eso cuando Gregorio le propuso hacer las maletas para marcharse de mi casa, ella se negó en redondo, alegando que tenía que cuidar del niño, pero teniendo otro motivo de mucho más peso: el placer que yo le daba. Ya no me importaba meterle la polla a mi suegra y hacerla rugir de placer sabiendo que Gregorio no andaba lejos y nos podía oír. La tensión entre él y yo creció de tal manera que Rocío tuvo que tomar cartas en el asunto si no todo acabaría muy mal y quizá los tres saldríamos perjudicados. Una noche después de cenar ella se sentó en el sofá entre su marido y yo y dijo:


- Ahora voy a hacer algo para demostraros que os quiero y os deseo a los dos. Si alguno de vosotros me rechaza en los próximos minutos me perderá como hembra. Si los dos aceptáis mi juego me tendréis para siempre.


Gregorio y yo nos quedamos callados y expectantes. Él se hallaba a la derecha de su mujer y yo a la izquierda. A continuación dio comienzo un juego en el que Rocío dio muestra de su habilidad con ambas manos. Nos bajó la cremallera del pantalón y extrajo la polla de ambos para empezar a pajearnos suavemente. La situación era excitante porque ella ponía en práctica dotes de auténtica fulana. Gregorio le dijo:


-Nena, eres una verdadera puta.

- Lo sé –dijo ella-, y sé que a ti te encanta.

- Sí –dijo él- me encanta que nos menees la polla a tu marido y a tu yerno a la vez.


Gregorio, al fin, disfrutaba con aquello tanto como yo, pero no cesaba de llamar puta y otras cosas a Rocío, la cual no se sentía molesta, sino más excitada todavía ante las provocaciones de su marido.


-¿No nos vas a hacer a una buena mamada pedazo de zorra? –me atreví a decir yo.

-Bueno –dijo ella-, ya que lo has pedido...

- Empieza por tu marido y enséñale todo lo que has aprendido conmigo, yo mientras te comeré ese delicioso coño que tienes.


Así lo hicimos, mientras Rocío chupaba la polla de Gregorio yo le lamía la raja del coño a ella y ponía su clítoris a punto. La mujer manaba abundantes jugos y ya era el momento de meterle la polla por allí. Ella misma lo pidió, y fue su marido, quien apartándome de un empujón tomó posesión de la cueva húmeda de su mujer que de puro placer ya no dejaba de gemir. No me importó tener que irme hacia la boca de Rocío para que continuara realizándome la felación. Los tres tuvimos nuestro orgasmo simultáneamente e inundamos a mi suegra de semen. El juego parecía acabado y me dispuse a ir a mi dormitorio y dejarlos solos a ellos tumbados sobre la alfombra del salón, pues al fin y al cabo ellos eran matrimonio. Pero Gregorio me detuvo diciéndome que me quedase un rato más a disfrutar con ellos, ya que en cierto modo Rocío me pertenecía a mi también. Me tumbé al lado de ella y lamí todo su cuerpo; y lo mismo hacía su marido recorriéndole con la lengua aquellos maravillosos senos y pezones. En un rato estuvimos a punto de nuevo. Tan a tono nos pusimos que Rocío dijo:


-Bueno, ¿qué es lo más atrevido, puerco y morboso que podemos hacer entre los tres?


Nos quedamos pensativos. Yo exclamé:

-Un sándwich.

- ¿Qué es eso?- preguntaron el hombre y la mujer a un mismo tiempo.


Aunque eran diestros en cuestiones sexuales no conocían la terminología. Quisé abandonar la idea porque no me atrevía a explicárselo, pero finalmente lo hice ante la insistencia de ambos. Les dije que uno se la metería en el coño y otro mientras tanto le daría por el culo. Gregorio no supo qué pensar y lo dejó a la elección de su mujer, la cual accedió pero pidiendo que lo hiciéramos con delicadeza. Quedaba decidir quien se la iba a clavar en el coño y quien en el culo. Como la postura del que le perforase el ano a Rocío iba a ser bastante más difícil Gregorio me cedió a mi el privilegio. Él se tumbó en el suelo y de un golpe Rocío se sentó en su polla clavándosela en el coño. Se agitaron un poco y seguidamente procedí a introducírsela en el pequeño agujero. Costó un poco, pero con ayuda de sus líquidos vaginales lo conseguí. Comencé a embestir a mi suegra por atrás y no me pasaba desapercibido el placer que el matrimonio experimentaba con aquella experiencia. Mis cojones se rozaban de vez en cuando con los de Gregorio, el cual al igual que yo, jadeaba como un cerdo, pero es que lo de mi suegra era descomunal, gritaba como si la estuvieran matando, no de dolor sino de placer. Nos volvimos a correr triunfalmente.


- ¡Qué puta tan deliciosa eres! –dijo Gregorio a Rocío, mientras ella sonreía. ¿Qué opinas tú?- me dijo él a mi.

- Esta mujer es insaciable. Seguro que aparece otro tío y folla con él aquí mismo y ahora.

Todos reímos.


-Sí –dijo ella- follaría con tres hombres a la vez, podéis estar seguros.


4ª PARTE: ROCÍO INSACIABLE, SE ATREVE CON TODO


Se acercaba el día del cumpleaños de mi suegra (no diré su edad porque la edad de una mujer hermosa y complaciente no se dice) y andaba yo pensando en qué regalo poder hacerle. Resulta que por aquellos días llegó un chico de nacionalidad mejicana a trabajar en el área de ingeniería técnica de la misma empresa madrileña en la que yo trabajaba. Me hice muy amigo de él y le confesé mi admiración por las películas de Mario Moreno Cantinflas. Entonces me regaló una colección de cintas de video del mejor cómico de habla hispana que haya existido; el caso es que no supe como agradecérselo, pero se me ocurrió la idea de invitarlo a cenar en casa el mismo día del cumpleaños de mi suegra. Pedro, que así se llamaba mi amigo, se sintió muy agradecido pues aún no conocía a mucha gente en la ciudad y el comer en familia le iba a ser muy grato. Así que llegó el día y Pedro llegó a mi casa, le presenté a mis suegros y a mi hijo y todos se cayeron muy bien. Decir que Pedro era el tipo de hombres de los que quedan pocos en caballerosidad y en atenciones y recuerdo concretamente que al saludar a Rocío besó su mano como hace quien tiene esta buena costumbre. Sólo mirar la cara de Rocío me di cuenta que aquello le había producido un escalofrío de placer que le recorrió de la mano a todo lo largo de la espina dorsal. Nos sentamos a cenar y charlamos gratamente; Pedro contó cosas y anécdotas de su país y aunque todos le prestábamos atención, Rocío parecía ser la más interesada, supongo que también contribuiría a ello el peculiar acento extranjero de Pedro y su voz suave y algo grave, además de su hablar pausado e inteligente, sus historias tan fascinantes y su forma de mirar a los ojos, sobre todo a los de la única mujer que había en casa. Mi hijo se quedó dormido justo después de acabar la cena y Pedro creyó que era el momento de marcharse ya de la reunión. Le pedí que no se marchase todavía y más insistentemente se lo pidió Rocío. Quizá quien no estaba tan entusiasmado con la idea de que Pedro se quedase era mi suegro, pues, no sé yo porqué, se estaba oliendo que algo extraño podía suceder. Estábamos entonces Rocío, Gregorio, Pedro y yo sentados a la mesa y sacamos una enorme tarta de merengue, vainilla y chocolate con velas encendidas; le cantamos la canción del Cumpleaños Feliz a mi suegra y cada uno le dimos dos besos en las mejillas. Rocío estaba entusiasmada, porque además ya había bebido algo de champagne. Ella misma cortó las porciones de tarta; al inclinarse a hacerlo dejó ver su sujetador a través del escote y a ninguno nos pasó desapercibido el hecho. La cara que ponía Pedro al adivinar los enormes pechos de aquella mujer lo decía todo. Yo podía imaginar que mi pobre amigo de Méjico no había tenido contacto con ninguna mujer desde que aterrizó en Madrid. La fiesta de cumpleaños seguía y recordé que no había comprado ningún regalo para Rocío. Me lamenté del descuido, pero una idea fugaz me pasó por la cabeza y decidí intentar ponerla en práctica. Gregorio le regaló una bonita pulsera y su mujer en agradecimiento le dio un beso en los labios que a Pedro y a mí nos dejo mudos contemplarlo. Aquella hembra por poco se come a su marido de un solo beso. Eso sólo podía indicar una cosa: el tremendo estado de excitación en el que se hallaba mi suegra.

- ¿Qué opinas de mi mujer? –dijo Gregorio a nuestro invitado.


Pedro no sabía como interpretar aquella pregunta y yo le tranquilicé explicándole que sencillamente Gregorio se sentiría orgulloso de que le contestará que aquella mujer le parecía hermosa y guapa. Por fin, Pedro dijo que sí, que Rocío le resultaba muy atractiva. Entonces a Gregorio le brillaron los ojos con aquella respuesta y me miró a mi con una mirada que yo conocía de sobra. ¿En qué estaría pensando mi suegro?


Sí –dije yo-, esta mujer es hermosa, bella, atractiva y complaciente. Y mientras decía esto me acerqué a mi suegra que permanecía sentada en una silla, la acaricié y la besé, de un modo que le extrañó a Pedro porque ella era mi suegra y encima mi suegro estaba presente. En pocas palabras, le metí mano a mi suegra delante de Pedro y Gregorio. Rocío no me decepcionó y se dejó hacer. Luego dije que no le había dado ningún regalo de cumpleaños y me saqué la polla diciendo que era un anticipo del gran regalo que le íbamos a hacer. Al sacar mi polla tiesa, a la altura de la boca de mi suegra, todos se quedaron sorprendidos por mi atrevimiento, pero ninguno se movió de su sitio, porque todos esperaban con anhelo que sucediera algo así. Mi suegra supó qué era lo que tenía que hacer y comenzó a tragarse mi pene en una mamada tan delicada como las que ella sabía hacer. Yo le hablaba a Pedro: ¿te gusta lo que me hace mi suegra en presencia de su marido?, Pedro seguía mudo y no dejaba de contemplar la escena y mirarse mutuamente a los ojos con Rocío. Gregorio entre tanto empezó a masturbarse lentamente para disfrutar de la escena con tranquilidad. Mi suegro, con su polla tiesa en la mano se echó a un lado, se sentó en un sofá aparte y nos dejó para su disfrute a mi suegra, mi amigo y a mí en un primer plano. Rocío no dejaba de lamerme el pijo y de acariciarme los huevos, mientras yo le sobaba por encima de la blusa sus tetas. Pedro seguía inmóvil, como petrificado, y yo me sentí algo decepcionado con él porque le estaba poniendo en bandeja a mi suegra y no la tomaba. Pensé por un momento que a lo mejor era de los que hubiera preferido ir a chuparle la polla a mi suegro. Sin embargo me equivoqué. En unos instantes Pedro nos daría una lección de cómo había que comportarse sexualmente con una mujer.


- ¿No te apetece que te la chupe mi suegra? –le pregunté a Pedro.


Él no dijo nada, sólo se limitó a quitarse la ropa quedándose completamente desnudo. Su descomunal polla tiesa nos dejó petrificados. Tenía un pene como el de mi suegro y el mío juntos. Por eso mi suegra sacó mi polla de su boca y me hizo retirarme, a la espera de que Pedro y sólo Pedro le metiese aquel formidable aparato hasta la garganta. Fue una lástima no grabar con una videocámara la escena que se iba a producir a continuación. Esto fue lo que sucedió:


Mi amigo me pidió que fuese a sentarme en otro sofá y que me hiciese una paja mientras veía cómo él satisfacía a Rocío y así lo hice. Él se fue aproximando a ella despacio. Sobre la mesa aún quedaba un buen pedazo de tarta de la fiesta (más de la mitad de las porciones) y Pedro cogió un buen pegote de merengue para restregárselo en el glande; dijo a Rocío: ¡tomad, para que vos se alimente! Aquellas palabras y aquel acento encendieron la chispa en Rocío, que de un golpe engulló casi por entero los 25 centímetros de carne cruda que poseía Pedro. Tan frenéticamente los tragó que yo creía que la muy zorra iba a dejar sin polla a mi amigo. Gregorio y yo mirábamos con cierta envidia cómo aquel hombre se retorcía de gusto por la superfelación que le estaban regalando. En aquel momento habría hablado con Rocío echándole en cara que a mi nunca me había comido la polla con tanto afán. Pero reflexioné y comprendí que Pedro era un magnífico semental y ella se había dado cuenta desde el primer momento, además de que a mí nunca se me hubiera ocurrido untar mi glande con merengue. No obstante aquella escena resultaba morbosa y excitante, y mi suegro y yo disfrutamos como nunca haciéndonos una paja. Pedro no tardó en eyacular; cosa normal por otro lado porque mi suegra le hizo un trabajo con la boca que ni él pudo contenerse en soltar un enorme torrente de leche, el cual se mezcló en parte con el merengue que mi suegra tenía en la boca y se tragó, y otra parte de su semen salió disparada al mismísimo techo, en un alarde de fuerza de Pedro. Parecían fuegos artificiales y a Gregorio y a mi sólo nos faltó aplaudir, cosa que no hicimos porque seguíamos ensimismados haciéndonos una paja. Pero si espectacular fue aquello más espectacular fue ver como Pedro, con su polla flácida, dejando a mi suegra desnuda sobre la alfombra del comedor, fue a beber otro trago de champagne y al darse la vuelta, pues nos estaba dando la espalda, mostró su enorme polla otra vez erecta sin que hubiese pasado ni un minuto desde su eyaculación. Regresó a por mi suegra y poniéndola a cuatro patas se la folló desde atrás. Jamás había visto a mi suegra poner aquella cara de placer mientras le trabajaban el coño, ni la había oído dar esos gritos. Llegaron a su orgasmo y se besaron agradeciéndose el placer mutuo que se proporcionaron. Gregorio y yo no sabíamos que hacer pero mi amigo Pedro, en otro gesto de caballerosidad y generosidad nos dijo que nos aproximáramos a ellos. Pedro cogió lo que quedaba de tarta y untó todo el cuerpo de Rocío, con el merengue en la boca, la vainilla en las tetas y el chocolate en el coño. Mi genial amigo dijo después: ¡ahora hay que comerse a esta puta enterita! Cada uno eligió el sabor que más le gustaba; para Gregorio la boca de merengue, para Pedro las tetas de vainilla y para mí el coño de chocolate. Es indescriptible lo que gozó Rocío con aquello. Corridas, orgasmos, semen... La noche sexual fue enteramente morbosa. Le hicimos tantos sándwich a Rocío como combinaciones entre nosotros los hombres había: Pedro por el coño y yo por el culo, o los dos cambiando de agujero, luego Gregorio se la metía a su mujer en la boca o alguno de los dos le cedíamos el privilegio de nuestro lugar... Aquella noche no la olvidaré, ni Rocío por ser el mejor regalo de cumpleaños que nunca le hicieron. Ni que decir tiene que mi hijo se despertó y tuvimos que explicarle el viejo cuento de las inyecciones que le poníamos a la abuela, pues gritaba mucho la pobre. Creo que el niño jamás creyó aquella excusa .


Un tiempo después destinaron a Pedro a una sucursal londinense de la empresa y lo dejamos de ver. Pero los tres le agradecimos que aquella noche y otras que se repitieron nos hiciese tan felices siendo el maestro de ceremonia.


5ª PARTE: MI VIDA Y LA DE ROCÍO AÑOS DESPUÉS




Después de las aventuras vividas, mi suegro murió y fue una triste pérdida. Rocío, mi suegra se marchó a su ciudad de procedencia y poco después yo me casé de nuevo con una compañera de trabajo, llamada Cati. Mi nueva esposa era presidenta de una asociación de mujeres y sobre esto hay mucho que contar, pero será más adelante. En mi vida también aparece la madre de Cati, o sea, la segunda suegra de mi vida, que se llama Petra. Irremediablemente la madurez de Petra me atrajo al instante, después de lo vivido con Rocío sería ya inevitable que me fijara en mujeres mayores. A pesar de que mi vida sexual con Cati era más que intensa, no podía sacarme de la cabeza a su madre, que era una mujer viuda, pero poderosamente atrayente. Pensé sin embargo, que demasiada suerte tuve ya con Rocío, mi primera suegra, al habérmela follado. Con Petra imaginé que no pasaría. Así, que una vez me hube casado con Cati pasaron los años. Envié a mi hijo, Marcos, cuando ya tenía doce años a vivir junto a su abuela Rocío, para que a la vez que le hiciera compañía pudiese estudiar en un centro escolar de mucho prestigio que había en aquella ciudad. Al acabar su curso decidí invitar a mi hijo y a Rocío a que viniesen a pasar unos días de vacaciones en un apartamento que teníamos en la sierra junto con Cati, su madre y yo. Las cosas habían cambiado entre Rocío, mi anterior suegra y yo, pues hacía años de aquellas relaciones nuestras, y ya no existía esa pasión, aunque a decir verdad a veces lo echaba de menos. Así que allí estábamos en el apartamento, mi hijo, Cati, "mis dos suegras" por llamarlas de alguna manera y yo. Nuestros vecinos en la sierra, Ernesto y Yoly, con los que ya habíamos montado más de un intercambio Cati y yo (¡cuántas cosas me quedan por contar!) aún no habían tomado vacaciones, y no estaban allí. Mejor, así mi hijo y las suegras no advertirían nada raro. Empezaré a contar lo que sucedió durante nuestra estancia en la sierra:


Una tarde de viernes decidimos que había que ir a comprar la comida del fin de semana a un pueblo que había a 30 kilómetros de la sierra. A Cati le dolía la cabeza y decidió no venir, mi hijo había salido a hacer senderismo y no lo esperaríamos, así que iba a ir yo solo cuando Rocío se decidió a acompañarme; además como parecía muy violento que los dos fuéramos solos Cati animó a su madre, Petra, para que también nos acompañase; y allá que voy yo en el todoterreno con dos mujeres (Rocío y Petra) que siempre me atrajeron, a hacer las compras del fin de semana. Durante el trayecto imaginé que me detenía en la carretera y las obligaba a tener sexo conmigo, pero solo fue una fantasía. Pensé que quizá Rocío ya no sería la misma de siempre y que me hacía ilusiones falsas, y que además Petra era una vieja estrecha, pero el tiempo se encargaría de darme una sorpresa. Hicimos las compras y hube de apremiarlas, pues se entretenían demasiado en las estanterías del mercado, porque se hacía de noche para regresar a la sierra. Pero al regreso, no sólo se nos hizo de noche, además estalló una violenta tormenta y encima reventó uno de los neumáticos del todoterreno;. Gracias a Dios la avería nos sucedió justo al lado de un motel, desde donde llamamos a un taller para que viniesen a auxiliarnos, pero nos dijeron que hasta el día siguiente sería imposible. Les comuniqué a Rocío y Petra que tendríamos que pasar la noche en aquel motel, en el que además había sólo una habitación libre de dos camas. La tormenta hizo que muchos viajeros se detuviesen a pernoctar. A las dos mujeres no les agradó mucho la idea pero tuvieron que conformarse. (El lector pensará que son demasiadas casualidades excelentes para mi, pero en realidad así ocurrió). Telefoneamos a Cati y se lo explicamos todo, así que se tranquilizó. En la recepción del motel dije que Rocío era mi madre y Petra una tía, para ahorrarnos escándalos. Cenamos en el bar-comedor y nos fuimos a dormir temprano. Cada una de ellas ocupó una cama para dormir y yo un amplio sofá que había. Al cabo del rato de habernos acostado, silenciosamente Rocío vino junto a mi y me dijo que no podía conciliar el sueño, así que charlaríamos un rato en voz baja para no despertar a Petra. Por lo pronto Rocío solo quería hablar, pero tenerla a mi lado con una sábana simplemente cubriendo su cuerpo en ropa interior me calentó un montón; a mi memoria acudían antiguas experiencias vividas con ella. Comenzamos a hablar de Marcos, mi hijo, su nieto. Le pregunté que tal se había portado viviendo con ella durante el curso. Rocío me habló muy positivamente del chico. Yo le expliqué que quería mucho a mi hijo, pero que quizá después de haberme casado con Cati ya no conocía tanto de él como deseaba, así que pregunté a Rocío como era verdaderamente mi hijo y para mi sorpresa ella me contestó que se parecía demasiado a mí, sobre todo en un aspecto. Le rogué a Rocío que me explicara a que aspecto se refería; ella parecía estar arrepentida de haberlo dicho, pero ya era demasiado tarde, casi le exigí que me lo dijera. Ella me pidió calma y me rogó que no me enfadase por lo que iba a escuchar.


EL CURIOSO RELATO DE ROCÍO:


"Al poco tiempo de llegar Marcos a vivir conmigo noté que estaba algo desanimado y triste. Supuse que era por haberse separado de ti que eres su padre, pero mantuve una charla con él y me explicó el porqué. Marcos había hecho amigos nuevos, chicos que presumían de tener novias y de enrollarse con ellas, morreárselas, meterles mano en los pechitos, en el culo, etc, en fin chicos que se las daban de hombres y que además recriminaban a Marcos que no fuese como ellos. Por eso estaba Marcos tan entristecido y a mi me daba pena verle así; por si fuera poco le sorprendí varias veces masturbándose violentamente y eso me preocupó. No sabía que hacer por él. Empecé comprando unas cintas pornográficas para dejarlas perdidas por la casa y que él las encontrase y pudiera verlas, así se consolaría un poco. (El relato de Rocío estaba captando toda mi atención y ella creía que me enfadaría al oír todo aquello, pero la animé a seguir). Como abuela casi no me di cuenta de una cosa, y era que al encontrar Marcos aquel material pornográfico evidentemente pensaría que yo las tenía para verlas y que era una abuela cachonda. El chico, pensando lo peor de mi, pasó a la acción y una noche vino a mi dormitorio con el cuento de que si podía dormir conmigo ya que tenía miedo y pesadillas. Engañada acepté. Se metió conmigo en la cama y después de un rato me quedé dormida. Unas extrañas caricias me despertaron; Marcos me estaba sobando las tetas por encima del camisón y yo llena de confusión fui incapaz de reaccionar. Noté que al mismo tiempo se estaba masturbando, primero despacito y luego fue adquiriendo fuerza, hasta que el chico se corrió. Dejó de tocarme las tetas y se quedó dormido como un ángel. Yo estuve un rato despierta, sin poder dormir; la experiencia me dejó absorta, pero he de admitir que sentí excitación y acabé acariciándome el coño y teniendo un orgasmo. Todo se desarrolló con normalidad durante el día, si bien Marcos seguía algo preocupado por las historias de sus amigos y sus novias. Después de la cena y al irnos a dormir, un deseo irrefrenable me impulsó a decir a Marcos que si tenía miedo también esa noche podía dormir conmigo. Aceptó encantado. Esa noche casi no me había dormido cuando él empezó a acariciarme las tetas y a machacarse su polla; lo pensé mucho y tuve muchas dudas, pues éramos abuela y nieto, pero finalmente me decidí a coger su herramienta yo misma y pegarle una buena paja. Marcos tiene un pene de adulto, al agarrárselo se sorprendió un poco pero acabó dejándose hacer. Después de unos minutos eyaculó en mi mano y le pregunté al oído: ¿esto se lo hacen a tus amigos sus novias? No contestó. Pasó otro día y llegó la noche; ni siquiera me pidió permiso esta vez para acostarse conmigo, simplemente se metió en la cama junto a mi y comentó : Abuela, mis amigos dicen que sus novias si les hacen pajas. Marcos podía estar engañándome para obtener más de mi, o puede que fuese verdad lo que me decía de sus amigos, y yo con mi amor de abuela no podía consentir que Marcos tuviese menos en el terreno sexual que aquellos niños presumidos. Me incliné en la cama y me metí su polla de un golpe en la boca. Mamé con tanta ansia que al instante se corrió en mi boca. No hubo más. Le hice de nuevo la misma pregunta: ¿y esto, se lo hacen a tus amigos sus novias? A la noche siguiente lo mismo; Marcos que va y me dice que aquello también lo tenían sus amigos. "Esto ya se ha convertido en un reto personal" me dije a mi misma. Me bajé las bragas y abriéndome de piernas le dije: Anda Marcos, no seas tonto y cómeme el coño, y Marcos que va y se lo come de maravilla y entre gemidos experimenté un brutal orgasmo como hacía tiempo no tenía. Después le chupé un buen rato la polla antes de que eyaculara en mi boca. Y la pregunta otra vez: Qué Marcos, ¿les dejan las chicas a tus amigos que le coman el coño? Y por fin la noche de la culminación: Marcos que me dice que sus amigos le comen el coño a sus novias cuando les apetece. Yo ya me harto de la situación y me abro bien de piernas, anda nene, vamos a montar un 69, que después te vas a enterar, nos comemos el coño y la polla el uno al otro tan ricamente y al fin el regalo: "Méteme la polla en el coño Marcos te lo suplico", y allá que va Marcos a follarme sin piedad, como ya venía yo deseando, y me bombea como si estuviera sacando petróleo, entre gritos y gemidos de ambos, hasta que al final nos fundimos en un orgasmo brutal que nos deja agotados como si hubiéramos subido una montaña. "¿También esto lo hacen tus amigos y sus novias mi vida?" y Marcos me contesta: No abuela, ni tampoco todo lo demás. Me engañó solo para conseguir follar conmigo, pero yo no me enfadé porque a mi también me satisfizo. Hemos estado follando juntos todo el año."


Ese fue el relato de Rocío. No me enojé con ella porque sé que hizo feliz a mi hijo y además dejó claro que en el aspecto en el que nos parecíamos él y yo era en el sexual. Así que después de haberme contado aquello, yo tenía la polla tiesa y quería follarmela, solo que allí al lado estaba Petra y podía despertarse. Ese relato me calentó tanto que me entraron ganas de follar con ella...




6ª PARTE: RECORDANDO EL PASADO Y VIVIENDO EL EXCITANTE PRESENTE


Estábamos pues sentados los dos juntos en el sofá y cogí su mano para ponerla sobre mi verga erecta y le susurré:


- Rocío quiero volver a follar contigo.

-¿Aquí y ahora? Puede que tu suegra Petra se despierte y nos sorprenda. A mi también me apetece pero habrá de ser en otro lugar; imagina el escándalo que puede armarse sin nos pilla jodiendo.

- No tiene más remedio que ser aquí, no nos vamos a ir afuera con la torrencial lluvia que está cayendo. Ella duerme como un tronco, ni se dará cuenta...


Así intentaba convencer a Rocío al mismo tiempo que le empezaba a acariciar con mucha delicadeza los muslos, el culo y las tetas y ella se iba dejando hacer. Ella comenzó a menear mi polla supertiesa en tanto nos fundíamos en un beso que me hizo estremecer. A pesar de los años pasados, y como suelen decir que no pasan en balde, que no crea nadie que Rocío había perdido atractivo; era algo más vieja pero yo la deseaba igual que siempre. Me abrí camino entre sus piernas hasta llegar hasta su deliciosa raja una vez hube apartado sus bragas. Empecé a lamer el coño que con tanta nostalgia había recordado durante años pasados. Parecerá una estupidez, pero a punto estuve de llorar emocionado. Me comí aquel chumino querido como si fuese el alimento que me iba a conceder la vida eterna; Rocío agradecía el trabajo de mi afanada lengua con entrecortados gemidos que me hicieron temer que Petra se despertase; mas no me hizo ese temor detenerme sino que avancé con mi lengua por la encharcada cueva vaginal al tiempo que mis dedos estimulaban el clítoris de la madura mujer. Mi rabo duro como el granito exigía ya cierto trato

Contacto en la Playa Nudista

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Con mi marido constituimos una pareja liberal y hemos metido más de una vez a un tercero en nuestra cama, pero siempre con gente conocida o amiga de los clubes que solemos frecuentar en nuestro país. Nos gusta concurrir a playas nudistas y esta es una de esas ocasiones.
Decidimos viajar a un lugar muy lindo del Caribe para pasar nuestras vacaciones. Llegamos al hotel y apenas dejamos nuestro equipaje en la habitación bajamos a la piscina, donde tomamos nuestros primeros baños de sol, si bien por poco tiempo, ya que faltaba poco para que anocheciera.
Esa noche, después de cenar fuimos a la habitación y dormimos como dos hermanitos porque estábamos un poco cansados del viaje, ya que habíamos tenido que transbordar de avión y veníamos algo demorados.
Al día siguiente, a media mañana ya estábamos en la playa nudista ubicada delante del hotel. Estando tumbados en la arena se nos ocurrió la idea de darle un toque erótico y sensual a nuestra estadía.
Teníamos que estar un poco separados para que alguno de los hombres del club me invitara a tener sexo con él. Sería la primera vez que lo haría con un desconocido. Elegiría al que fuera más de mi agrado e iríamos primero a comer y luego a la habitación, donde estaría escondido mi marido observando y filmando la situación, sin que el ocasional amante se diera cuenta.
Fue entonces que mi esposo tomó su toalla y se retiró hacia la piscina dejándome sola en la playa, pero vigilándome discretamente desde lejos para ver el momento en que me conquistaban.
No pasó mucho tiempo sin que se acercara un muchacho de unos 30 años, de buen físico y con un miembro de considerables dimensiones, que tenía una prematura erección.
Después de intercambiar unas palabras de rutina se sentó junto a mí y comenzamos a charlar de todo un poco. Nos dimos unos baños de mar y nos proporcionamos alguna que otra caricia y luego nos fuimos a almorzar al restaurante del hotel.
Después de comer tomamos una copa en el hall y lo invité a mi habitación, donde sabía que estaba esperándonos escondidos mi marido. Le aclaré que la relación sería circunstancial y que no volvería a repetirse. Que lo aceptara o lo dejara, optando por lo primero.
Estaba bastante excitado con la idea de poseerme y lo noté de inmediato al sentir su gran erección contra mi culo cuando estaba abriendo la puerta.
Apenamos entramos me hizo girar y besándome en la boca me hizo sentir ahora su pija contra mi pubis.
Lo dejé actuar y me fue llevando despaciosamente hacia la cama.
Mientras me besaba me recorría con sus manos por todo el cuerpo, deteniéndose en mis tetas y mi concha. Era habilidoso y sabía cómo acariciar a una mujer. Me empecé a excitar.
Me abrí de piernas porque ya estaba algo humecida y tomé su verga situándola a la entrada de mi vagina.
El, que no podía aguantarse más, me penetró lenta pero profundamente, haciéndome pegar mi primer grito de placer.
Me gustaba sentirlo dentro y me calentaba el pensar que mi marido estaba viéndolo y filmando todo.
El muchacho me subió las piernas por encima de los hombros para poder penetrarme mejor y estando en esa posición, además de sentirla toda, podía adivinar la calentura de mi esposo al verme así y esperaba, en forma morbosa, que estuviera haciendo buenos primeros planos, ya que nos calienta mucho vernos filmados cuando cogemos y más si se trataba de otro hombre el que lo hacía.
Como notaba que estaba al borde del orgasmo lo incité a acelerar sus embestidas y así lo hizo, corriéndose rápidamente y derramando su semen caliente dentro de mi en tal cantidad que empezó a salir fuera de mi vagina. Lo sentía correr fuera de mí hasta humedecerme el agujero del culo y no aguantaba más.
Estallé en un orgasmo fenomenal y no pude más que exhalar un nuevo grito de placer.
Luego descansamos los dos tumbados en la cama.
Cuando sentí nuevamente necesidades de ser cogida me incorporé y como su pija todavía no estaba repuesta del todo empecé a acariciársela con ambas manos para que fuera endureciéndose.
Como no lo lograba del todo me la metí en la boca sintiendo el sabor salado de su semen mezclado con los jugos de mi vagina. Después de mamársela un rato se la puse bien dura y me senté encima de él metiéndomela suavemente.
El muchacho comenzó a chuparme los pezones y yo a moverme para que su pija entrara y saliera de mi concha, sabiendo que esa postura de espaldas permitiría una mejor visión a mi marido.
Me volví a correr entre gritos de placer, tanto por el gusto que sentía como para que los disfrutara (o sufriera) mi marido, pues como no podía verme la cara de satisfacción por lo menos escuchara mis exclamaciones.
Luego, me tumbó sobre la cama y se puso encima de mí penetrándome violentamente buscando su propio placer, derramando nuevamente su leche en mi vapuleada conchita.
Después de descansar un poco le dije que me dejar sola, que quería descansar, reiterándole que lo nuestro había sido una relación del momento y que no insistiera para hacerlo otra vez.
Cuando se cerró la puerta de la habitación, mi esposo salió de su escondite con su pija erecta y me penetró rápidamente aprovechando la lubricación que todavía tenía mi sexo.
El sentir su verga, que tanto me gusta, dentro de mi, hizo que volviera a excitarme y aunque él acabó antes que yo, quizá por la calentura de haberme visto con otro, este orgasmo me hizo estremecer más que nunca y dar también gritos de placer.
Al día siguiente pasamos la mañana en la piscina del hotel y después de comer me fui sola a la playa para seguir con el juego. Mi marido me había propuesto que me contactara con dos o más hombres a la vez y fue como una apuesta para mí. Quería tener una película especial y no lo iba a defraudar.
Lamentablemente, en la playa no tuve la ocasión de hacerlo porque todos venían en forma individual y yo sistemáticamente los rechazaba.
Pero a la noche todo cambió. Mientras estábamos bailando en una discoteca cercana al hotel dos jóvenes se acercaron a mi mientras mi marido había ido en busca de un trago.
Empezaron a bailar alrededor de mí mientras decían una que otra pavada. Me querían conquistar, de eso no cabían dudas.
Cuando mi marido regresaba los vio y se mantuvo a distancia y yo dejé que ellos actuaran. Como no terminaban de decidirse fui yo la que los encaré y les dije que tenía una fantasía de hacerlo con dos a la vez y esta era la ocasión propicia. Los chicos no lo podían creer y me miraban sorprendidos.
Mi marido al ver la situación se retiró hacia nuestro cuarto a preparar todo.
Yo me demoré un par de minutos y después encaré rumbo a la habitación. Como era norma les dije que sería una sesión ocasional porque era casada y mi marido volvería al día siguiente y no quería tener ningún disgusto. Lo aceptaron sin problemas.
Mientras íbamos hacia el hotel los dos me abrazaban y acariciaban y cuando arribamos empezaron a desvestirme.
Cuando me quedé desnuda y mientras uno de ellos me acariciaba y besaba el culo empecé a desvestirlo al otro.
Después me dí vuelta y lo hice con el otro mientras el anterior era quien ahora me acariciaba por detrás.
Al estar los tres desnudos nos tumbamos en la cama y me subí encima de uno, metiéndome su pija, que ya está erecta y a punto de estallar, hasta el fondo de mi vagina.
El otro para no quedarse atrás me la acercó a la boca tímidamente y sin dudarlo se la empecé a chupar.
El que estaba bajo mío sabía como moverse y me produce un orgasmo al mismo tiempo que se corre dentro de mi.
El otro, se desesperó al dejarlo un momento de mamársela y haciéndome girar me sacó de mi cómoda posición y me penetró raudamente, acabando en un par de movimientos.
Quedamos los tres dormitando un rato y cuando abrí los ojos los tenía a los dos a mi lado masturbándose. Los incité a continuar y casi de inmediato y simultáneamente acabaron derramando su leche por toda mi cara. Cuando me recompuse me introduje sus vergas, de a una por vez en la boca y se las dejé bien limpitas. Los dos no lo podían creer y supongo que el cameram estaría excitadísimo.
Después se vistieron y se fueron y cuando mi marido apareció en escena, tal como lo suponía, se repitió la situación del día anterior. Tuvimos sexo como nunca y terminamos extenuados.
Supongo que mañana continuará el jueguito. En otro relato se los cuento ya que todavía tenemos película para rato y queremos tener una filmación de primera.
Piru


Piru

Confesiones

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 Hola Cielo:
Te prometí, que te explicaría como fue mi experiencia a "solas", con mi juguetito, (al que por cierto, he bautizado) pero, como anteriormente te había comentado que no lo quería utilizar sin mi marido, creo que sería conveniente empezar desde el principio, desde este martes helado, que amaneció problemático…. Para que comprendas que no fue nada premeditado...
No sé como pasó, pero desde luego yo, y sólo yo, fui la culpable… bueno, últimamente me echan la culpa de todo, o de casi todo, pero de esto si, reconozco que yo, fui la culpable, porque el despertador lo pongo yo. El caso es que el trasto cantó media hora mas tarde, y digo cantó, porque mi despertador no tiene el clásico riiiiiiiinnnnnn de los despertadores, el mío tiene una gallina que cacarea. Bueno… te explico… cuando mi gallina cantó, la cogí como cada día con ganas de apretarle el cuello, pero al mirarla, vi con desconsuelo que apenas tenía tiempo de ducharme, y salir corriendo al trabajo, perdiéndome la acostumbrada sección matinal, que tanto me satisface.
Bueno, ese fue el primer problema, pero no, el último, al llegar al trabajo, me enteré con gran disgusto, que la calefacción no funcionaba. Ya hacía tiempo que teníamos problemas con ella, y estaba programado cambiarla, pero al hacer tantísimo frío, habían decidido que no podíamos pasar tres días, sin calefacción (eso era lo que calculaban los operarios que podrían tardar) por eso lo iban dejando para cuando mejorase el tiempo.
¡¡¡Nueve grados!!! En la calle estábamos a tres grados bajo cero, durante la mañana conseguimos llegar a los tres positivos, pero dentro del supermercado no conseguimos superar los nueve grados… ¡terrible!, en el cuerpo no tenía problemas, soy muy friolera y siempre voy bien abrigada, pero los pies y las manos…ufff ni los sentía, era terrible el frío que hacía.
Pasé la mañana lo mejor que pude, mi amiga, la que tiene la cafetería, me trajo varios cafés, y al final hasta un carajillo de anís que al fin consiguió que mis manos entrasen en calor… pero los pies me dolían, me dolían muchísimo de lo helados que los tenía.
Al fin llegó la hora de salir, convencida de que mis problemas habían acabado, me dispuse a volver a casa, y vaya, estaba visto que no era mi día, estaba cayendo una finísima aguanieve y aunque mojarme no era problema, (siempre tengo un paraguas en el trabajo) caminar si que lo era. Las aceras resbalaban a causa del agua helada, y mis pies, estaban tan doloridos que fallaban, el caso es que di un resbalón y me torcí el tobillo. Llegué hasta casa como pude, y preparé, un recipiente con agua muy caliente, donde meter mi dolorido tobillo, y así estaba cuando llegó mi marido.
Comimos, y cuando él se arreglaba para ir a trabajar, entré en el lavabo a pintarme un poco. Extrañado me preguntó que donde iba, y cuando le dije que a clase, dijo que ni hablar, que con el tobillo así y las calles mojadas yo no salía de casa.
No me hizo mucha gracia, a mi no me gusta faltar a clase, en realidad no me gusta estudiar, soy un poco vaga para eso, pero lo que me explican, con ejemplos, lo asimilo rápidamente, y nunca más lo olvido, es por eso que las charlas de mis profesores son esenciales para mí, y procuro no perderme ninguna. Creo que me estoy enrollando mucho… bueno… el caso es que me quedé en casa, sola, aburrida, puse la tele y daban los mismos tediosos programas de siempre, abrí el Messenger con la esperanza de encontrar a alguien interesante para hablar un rato, pero no, no había nadie, ningún conocido de los que yo llamo "interesantes", y la verdad, no tenía ganas de hablar, por hablar. Si no me hubiese dolido el pié, habría comenzado un zafarrancho de limpieza, ( eso es lo que suelo hacer cuando me aburro) pero el tobillo me dolía, y además seguía haciendo frío y la tarde estaba lluviosa, por lo que decidí meterme en la cama, me puse un pijama azul con un pato Donald delante, muy calentito, es de un tejido térmico, pero dice mi marido, que es la cosa menos sexi que ha visto en su vida, pero como yo le digo, "cuando no se tiene quien te caliente, te has de buscar el calor como sea". Me arrebujé entre las sabanas, y durante una hora más o menos, quedé medio endormiscada, aquella sensación, que no estas dormida del todo, pero que no te puedes mover, quieta, calentita. Pasado ese tiempo, empezó a sobrarme la ropa, me quité el pantalón del pijama, (como ya te he comentado en otras ocasiones, no uso bragas bajo el pijama) y quedé totalmente desnuda de cintura para abajo, sentí las ingles humedecidas, y pasé la mano, con curiosidad, pensando que podría haberme bajado la menstruación (aunque no me tocaba) pero no, no lo era, mi mano estaba húmeda, pero limpia, la acerqué a la nariz, ummmmm, me encanta mi olor, me excita….Vaya, pensé, seguramente estuve más dormida de lo que yo creía, debí tener un sueño erótico, porque si no, no se entendía tanta humedad..
Empecé a acariciar el clítoris, despacito, como a mi me gusta, se había puesto muy duro y sensible, no resistía las fuertes sensaciones, por lo que tuve que dedicarme al monte de Venus, allí apretando en círculos, sentía un cosquilleo delicioso, al mismo tiempo introducía dos dedos en la vagina, estaba muy mojada, y producían un sonido de chapoteo al entrar y salir repetidamente, cada vez más rápido y los fluidos ya corrían por mis muslos. No era cosa de mojar todas las sábanas, en mi mesita de noche, junto con los pañuelos, siempre guardo un paquete de pañuelos de papel, (a veces son muy prácticos) y abrí el cajón para coger uno. Al levantar el paquete, justo debajo, la vi, no es que no supiese que estaba, ¡claro que lo sabía! La usamos muy a menudo, pero la verdad, sinceramente, la idea no era usarla en ese momento. La cogí entre mis dedos y pensé, ¡Que diablos! estaba caliente, muy caliente, necesitaba urgentemente una polla, y esta, aunque no fuese de verdad, estaba disponible.
La puse en marcha y la pasé por mi cuello, por debajo de la oreja, la vibración bajaba por mi pecho, me gustaba esa sensación electrizante, en este punto del cuello no la había probado y era fantástico, debe haber alguna terminación nerviosa que trasmite corrientes eléctricas a todo el cuerpo. Mis pezones cada vez estaban más duros, me molestaba la camiseta del pijama y me la quité, la cama ya estaba lo suficiente cálida para que no notase la diferencia de temperatura, pero la suavidad de las sabanas era como una caricia en mi espalda, me estiraba y retorcía como una gata mimosa, mientras "Nicanor" seguía acariciando mi piel, mi cuello, pezones, ombligo, se acercó peligrosamente a la entrada de mi cueva, entreteniéndose el monte de Venus, un escalofrío recorría mi columna, mis glúteos se arqueaban, sentía que llegaba, estaba allí, a la puerta, y necesitaba ahora, ya mismo, sentirme llena, ocupada totalmente, puse la punta en la entrada, solo en la entrada, tocando suavemente… El vibroteo me obligaba a arquear más las caderas, intentando ir en su busca, mi sexo empezó a latir moviéndose como una boca hambrienta…. Y entonces apreté….lo introduje hasta el fondo, y las contracciones de mis paredes vaginales, se confundían con la vibrante sensación que "Nicanor" me producía.
Quedé sin fuerzas, el aparato dentro y raramente, no lo expulsaba como si lo estuviese abrazando, y así me quedé dormida.
Me desperté a las ocho, sudada, como si hubiese tenido la más loca sección de sexo, y a las nueve llegaba mi marido, me levanté, me duché y preparé la cena. Por cierto…. el tobillo ya no me dolía, no se si fue el reposo, o la excitación, pero ya no cojeaba. Tendré que probarlo de nuevo, porque vamos….si el vibrador es terapéutico…. ¿No deberíamos usarlo mas a menudo?

sherezade

Como Un Perrazo

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Verdaderamente se esta convirtiendo en un autentico vicio esto de las historias de "cogidas adulteras", mas como desde la primera hasta la ultima que he escrito han sido sucesos reales, me he dado a la tarea de seducir "viejas pendejas" ahora con el objetivo principal de tener historias para relatar y tambien en gran medida para satisfacer al "pirata chino" a quien no le importa nada mas que ponerse el "traje de buzo" e introducirse en esa humeda cavidad, de la cual solo sale a respirar de vez en cuando hasta que por su unico ojo "vomita" la sustancia que a los hombres llena de orgullo cuando la "sueltan" y a las mujeres les encanta aunque a algunas de ellas las llega a poner en predicamento al quedar "piñatitas" sin desearlo ni esperarlo pero sin hacer nada para evitarlo. (hasta en verso salio)

Pero dejando atrás explicaciones científicas vayamos directo al tema central que nos atañe y que nos une y que es compartir la ultima pelea la cual tambien tiene lo suyo y como buen jugador en ocasiones hay que saber perder.

Como ya es tradición de mucho tiempo y siendo una técnica que me ha funcionado a la perfeccion, el pasado fin de semana (27 de Julio específicamente) y después de que ganamos la Copa Oro en futbol metiendole la "pirindonga" a Brasil me dispuse a dar el ya conocidísimo tour en la camioneta en busca de una nueva "victima" que aflojara las "nalguitas" o lo que fuese, yo ya me encontraba en estado semi-borracho (pues desde muy temprano inicie a ingerir bebidas embriagantes con el pretexto del futbol) asi que en ese momento mi capacidad de reaccion era limitada pero firme, sin embargo como lo menciona el titulo "soy un perrote" y emprendi el viaje a ver si "pescaba" algo.

Después de infinidad de vueltas, la "peda", la musica a alto volumen hacian que mi cabeza casi estallara, asi que decidi retirarme a mi casa sin pena ni gloria pues ahora no encontre nada. Ya rumbo a mi casa y por una calle oscura que normalmente tomo como atajo para llegar mas rapido, sucedió lo inimaginable: venian caminando tres damas tomadas del brazo muy alegres y al pasar cerca de ellas vi que eran "maduronas", lo que me descepciono un poco sin embargo adelante y dando la vuelta en "u" volvi a pasar frente de ellas para verlas mejor y en ese instante me llamaron pidiendo ir a dar la vuelta. Yo no muy convencido las invite a subir y las observe mejor, atrás se subieron las dos mas "jodidas", una flaca como tabla media bigotona y otra gorda cachetona de cabello corto, adelante se subio la "mejorcita" quien era delgada pero marcaba las curvas perfectamente, cabello largo y pintado de rubio (digo pintado pues tenia minimo tres dedos de raiz negra), las tres oscilaban en los 40 años cada una y venian "para variar" algo borrachas por lo que nos entendimos a la perfeccion, cada una me dio mi beso y emprendimos el viaje a seguir vagando por la cd.

Durante este viaje seguiamos tomando cerveza por lo que llego el momento en que a todo mundo le dieron ganas de "mear", asi que ubicamos un terreno baldio y sin mas preámbulo descendimos los cuatro y nos pusimos a hacer la necesidad ahí formaditos, era un gran espectáculo ver esas tres "viejotas" ahí en cuclillas enseñando sin pudor alguno sus nalgas y sus "biscochos peludos" escurriendo y yo sin quedarme atrás mostrándoles la "versh" tambien goteando copiosamente. Eso de alguna manera me calento aunque después seguimos dando vueltas sin el menor comentario, mas los besotes con la "rubia oxigenada" eran cada vez mas impúdicos pues me metia la lengua hasta la campanilla, las de atrás iban "chupando" tranquilamente y de vez en cuando nos hacian burla ya que cuando la "oxigenada" me besuquaba la camioneta zigzagueaba ligeramente y ellas decian: no distraiga al operador... ja ja ja.

Llego otro momento que nuevamente la necesidad fisiológica hizo aparicion y como andabamos cerca del departamento de una de las viejas estas nos invito a pasar al interior, yo ya no aguante a entrar y "descargue la vejiga" ahí junto a la entrada. Ellas se metieron las tres juntas al "service room" y solo se escuchaban risas y el grifo de sus riñones.

Salieron todas mojadas de la cara, (se echaron agua para bajarse un poco la "peda") y ahora nos dedicamos a beber ahí en la sala de ese departamento, empezamos a bailar haciendo el trenecito y yo pegado tras la "rubia artificial", a la cual de vez en cuando le daba sus restregadas de "lanza" en las "tambochas" sin la menor oposición de ella, asi mismo los fajes eran cada vez mas descarados y hasta llegue a agarrarle las "teclas" por encima de la ropa. Hubo un momento en que la "guera a huevo" me pidio le enseñara mi cadena de oro, a lo cual accedi pero como llevaba una sudadera (marca Fila) decidi quitármela y mostrarme "encueradito" de la cintura para arriba y dejando al descubierto mi "peludo" cuerpo matizado por la cadenota de oro. Eso las dejo "perplejas" a las tres por lo que la "guerita" no queriendo quedarse atrás se quito la blusa dejando a la vista unas "chichis" pequeñas, blancas, colgadas y enfundadas en un mini sostén rojo, se las agarro ella misma una en cada mano y las sopesaba alternadamente frente a nosotros diciendo: miren yo no tengo cadena pero tengo esto...

Total que entre bailes, fajes, manoseos y mucho alcohol, la flaca bigotona se fue a dormir y la gorda cachetona se metio al baño, asi que me quede a solas con la "blondy" y sin pensarlo mucho se monto en mi (yo estaba sentado en un sillon) y empezo a cabalgarme simulando una "copulacion" pero ambos teniamos pantalón y solo veia sus mini-melones brincando frente a mi ya que ella me tenia aprisionado con su bocota. Yo por mi parte le agarraba las nalgas que se sentian flojas pero carnosas, y de vez en cuando las "tetitas", en eso estabamos cuando sale la piche borracha que se habia ido a dormir preguntando: Que hacen? (parece que no veia la pendeja), por lo que la gueris se bajo y se puso su blusa, yo mentando madres tambien me puse mi sudadera y al momento salio la gorda del baño pidiendo la llevara a cobrar un dinero a un lugar cercano.

La pinche guera me miro con cara de pendeja por lo que no pude negarme y emprendimos el viaje a ese lugar, la flaca borracha ya se quedo en su casa. Durante el viaje la guera seguia "fajándome", es mas, daba un trago de cerveza y luego me besaba en la boca depositandome la cerveza, (se ve que es toda una putita), asi estuvimos hasta llegar al lugar donde habia un cabron en la entrada, se bajo la gorda, hablo con el y levanto la pluma para entrar, era como un estacionamiento en un terreno pero estaba hasta la madre de oscuro, asi que me estacione donde pude, mientras la gorda se desaparecio y la guera salio tras ella, yo que ya me "meaba" una vez mas me baje y descargue como 1.24 lt, me volvi a subir y las mendigas no llegaban, paso como una hora y nada... asi que sigilosamente camine en la oscuridad y escuche risas y jadeos en un pinche cuartito, por lo que segurísimo se las estaban "reventando" al par de putas, asi que del mismo modo regrese a la camioneta y aprovechando que el cabron de la entrada habia dejado la pluma levantada me sali de ese lugar y enfile a mi casa dejando ahí a ese par de hijas de la chingada que solo me habian usado como taxi. Como fui tan pendejo de hacerles caso, si la pinta de putas se les veia a leguas, en fin, me retire a mi casita a dormir todo pedo y encabronado.

El dia siguiente ya se lo imaginaran, era lunes y yo estaba mas crudote que un pastel antes de meterlo al horno y con un sueño de la verga, asi pase mi dia de trabajo esperando solo la hora de la salida.

Como dije en un principio, en el juego se gana o se pierde, en esta ocasión me "enchilaron" a mi, que mas puedo hacer, ya tomare la revancha.

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Como un Volcan que entra en Erupcion

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Me llamo Any, tengo 18 años y estoy estudiando diseño gráfico.

Desde que tenia seis años he practicado patín artístico y natación en competición. Llegue, sobre todo con el primero, a competir en varios campeonatos internacionales y he dejado la competición pero sigo practicándolos porque son mi pasión. Esta pasión ha provocado que, en otros aspectos como el sexual, haya quedado descolgada en mis tiempos de mujer.

Ahora que deje la competición... me siento una mujer…. y por otro lado me doy cuenta que soy una adolescente que ha empezado las tareas del sexo con bastante retraso.

Mi familia esta un poco desmembrada, mi padre, periodista, con su nueva mujer que me lleva nueve años y mi mama, escritora, con su joven amigo que cuando le paso cerca siento como se me desatan solas las tiras de la tanga y se me paran los pelos de mi nuca de como me mira.



Tengo un cuerpo armonioso, con mis 1,75 m de estatura, modelado con los años de gimnasio. Muy linda cola, paradita y fuerte. Tengo, para mi gusto, demasiados «pectorales» (94) pero a los chicos esto los pone muy nerviosos, y eso me gusta mucho… aunque he llegado al punto de no salir con los chicos de mi edad, por no soportar lo babosos que se ponen.

Mis inicios en las primeras erupciones volcánicas de mi sexo estaban limitadas a mis propias caricias y las fantasías que fueron siempre el plato fuerte de mi vida sexual adolescente.

Mi primer «antes y después» me ocurrió cuando tenía 18 años. Un día, después de un ensayo para una competencia mundial quedamos solos y jugando inocentemente con Antonio, mi pareja de aquel momento en un cuadro de danza.

Allí tuve mi primer orgasmo. Después del ensayo, quedamos últimos en el vestuario del club. De puro calentona me fui, desnuda, a espiar a Antonio que se estaba duchando. Su cuerpo desnudo, su sexo espléndido, su atlética figura me hicieron un efecto tal que mientras lo espiaba y me acariciaba, me descuide. Antonio se me apareció de golpe, sorprendiéndome. Aturdida y sin saber que hacer, ni decir, solo se me ocurrió pedirle, así desnuda como estaba yo y el también, que quería hacer una practica «loca». Solo por fantasear (y porque secretamente me erotiza el cuerpo masculino desnudo) nos pusimos a hacer una practica del cuadro que preparábamos, totalmente desnudos. A medida que bailábamos cada vez que tocaba mi cuerpo desnudo con sus manos, en mis entrañas se producía una tormenta eléctrica. Llegue a un estado de lujuria tal que, en un momento dado, cuando íbamos rodando a media velocidad, yo me senté en su rodilla derecha, mi sexo apoyo fuertemente sobre su pantorrilla vigorosa y vibrante por el rodar de los patines y mi excitación contenida exploto como un volcán. A partir de allí mis orgasmos son como una droga para mi.

Mi confianza con Betina, mi compañera de competición y amiga familiar desde nuestra infancia; y la autoprotección mutua que nos brindábamos nos llevo a dos cosas. 1º) A examinar tanto y tan meticulosamente las condiciones de cada parejita de novios que formábamos que nunca llegamos a acostarnos con ningún chico (aunque he llegado en una noche de apriete y música lenta a tener mas de tres orgasmos con solamente orientar a mi novio a las zonas terribles de mi cuerpo: mis pezones, mi nuca y mis tobillos) y 2º) A tener sesiones de caricias y orgasmos, desnudas, con Betina, en los hoteles donde paramos cuando estamos compitiendo en el extranjero.(la excusa era que estar distendidas nos permite una mejor concentración en las rutinas. Mentiritas, jijijiji).



Hace un par de meses chateando en un portal de mi ciudad, Buenos Aires, conocí un veterano... bien veterano, tiene 54 años. Como estoy acostumbrada al trato con tipos grandes (los dirigentes que nos acompañan en los mundiales son peligrosísimos), lo maneje... (lo manejamos, mejor dicho, porque las primeras veces estaba Betina conmigo en la PC)... con cancha y tratando de hacer calentar a un veterano que, me pareció, se creía muy pícaro. Afortunadamente, resulto ser mucho mas pícaro de lo que yo creía.

Un día lo fui a ver a un workshop de turismo en el Sheraton de Buenos Aires. El Pocoseso (ese es uno de sus nicks en el chat) estaba con cuatro chicas de mi edad que trabajan con él. El ambiente y la situación me condicionó terriblemente y me recalenté con este veterano. Me daba muy poca bola (a pesar que me fui vestida para infartarlo) y las odiosas que trabajaban con el ese día me miraban con cara de culo y cada cosa que le decían, parecía que lo mimaban.

Fuimos a cenar los seis a un lugar muy bacán de Puerto Madero (mama estaba en Montevideo con su pareja) y después nos fuimos todos al Hotel Panamericano donde paraban (son todos de una ciudad del interior). Luego nos reunimos todos en su habitación. Pidió whisky para él y champagne para las chicas (yo también, obvio). Después de un par de horas (no estoy acostumbrada al alcohol) y tres botellas entre las cinco....estabamos todas muy alegres. Mandó a las otras a dormir a sus habitaciones: Yo temblaba (Betina dice que de la calentura, pero no, eran nervios. La perdida de mi virginidad siempre me preocupo mucho). Se dio una ducha y se puso la bata del hotel.

Nunca... lo juro, NUNCA creí que alguien podría hacerme llegar tantas veces al orgasmo en unas horas... sin siquiera penetrarme. A pesar de tener una erección descomunal que me aterraba (quizás por eso no lo intento siquiera) manejo mis zonas erógenas con una habilidad increíble... Perdí totalmente el control pero creo haber llegado al orgasmo, algunos de ellos realmente colosales, mas de una docena de veces. Yo debía volver a casa antes del amanecer por el llamado telefónico de mi madre por la mañana... nos duchamos juntos (mi ultimo e interminable orgasmo) y me llevo en un remise hasta mi casa.

Posteriormente almorzamos y cenamos juntos muchas veces porque el viaja muy seguido a Buenos Aires. Pero siempre me trato con una habilidad asombrosa para hacerme perder los miedos hasta llegar a ese estado de calentura permanente que te hace, a partir de un momento determinado, estar dispuesta todo, pase lo que pase. A sabiendas de que me erotizan las descripciones minuciosas de actos sexuales, (en eso el Pocoseso es un capo, antes de conocerlo personalmente llegue al orgasmo mas de una vez frente a mi PC) cuando cenábamos me contaba y describía cosas que me hacían llegar al orgasmo, muchas veces en el mismo restaurante, sin siquiera tocarme.

Hace un mes me llamo por teléfono para invitarme a un fiesta particular en su ciudad y me mando los pasajes para que viajara con mama o con una amiga. Lógicamente fui con Betina. Llegamos al aeropuerto y nos esperaba una de sus colaboradora que nos llevo a un espectacular hotel. El vino al mediodía, almorzamos y nos dio instrucciones y datos para que conocieramos la ciudad y sus lugares mas atractivos.

Nos paso a buscar a las 22 y fuimos a una fiesta de primera categoría. Alrededor de dieciséis parejas, mas o menos, matrimonios en su mayoría. Gerentes de bancos, dueños de empresas importantes, algunos artistas, periodistas, etc.

Nosotras dos estabamos para el infarto (Fatiga como le dicen sus amigos íntimos- me había recomendado el nivel de las pilchas, al invitarme por teléfono). Betina con una microminifalda y microsoutiens todo bordado brillante y sandalias trenzadas muy altas....¡¡ casi en cueros, va ¡!.. Yo con un vestido hipercorto de gasa color piel, trasparente, tomado solamente del cuello, con hombros y espalda totalmente al aire. Debajo, solo una minitanga negra, sin cola y sandalias superaltas. ¡¡ En cueros total, digamos ¡!! jijijiji

El resto de las mujeres, debo reconocerlo, tenían pocas cosas encima, pero ninguna por debajo de los 500 dólares, ¡¡¡ un paquete!!!!, en resumen.

Yo, como siempre, sufriendo mis problemas clásicos; mis tetas que se escapaban por los costados de un vestido de gasa muy liviana y mis pezones que con el roce de la gasa, parecían una galletita de chocolate con una aceituna negra en el medio.

El ambiente, genial. Las mujeres, muy piolas, sueltas, sin custodiar a sus maridos. Supusimos con Betina que Fatiga se debe haber comido a varias de ellas; por la forma dulce que lo tratan, por lo interesadas que estaban en saber quien de las dos (o si las dos, alguna pregunto) era la nueva adquisición de Fatiga. Además, por el trato cordial y franco que nos daban a nosotras dos.

Los tipos ¡¡¡ de locura.!!!!., empresarios, serios, pero con esa habilidad para hacerte saber que si asentís con los ojos, sos boleta en un segundo, jijijiji.

A mi me tuvo contra las cuerdas el ingeniero, capo máximo de una empresa constructora italiana. Un tano mayor, medio peladito, al puro estilo italiano del norte. Me hizo sentir una Diosa. Fatiga miraba desde lejos, sonreía y me hacia señas que si no lo atendía... se la iba a encarar a Betina.....¡¡¡ el muy maldito !!!!

Demás esta decir que mi Monte de Venus palpitaba a 180 pulsares por segundo. Fuimos cinco veces a toilette con Betina, el bidet me refrescaba la temperatura en mi sexo. Adentro de la casa estaba fresco, por el aire acondicionado, pero en los jardines (era una casa quinta en zona residencial) hacia un calor de locos.

A las 3 y media de la mañana se fueron casi todos y quedamos el matrimonio dueño de casa (56-48), otro matrimonio mas joven (40-35) muy amigos de los dueños de casa; Fatiga (54) y las dos nenitas....Betina y yo (18-18).

Propusieron darnos una zambullida en la piscina. Ahí fue donde se empezó a complicar todo para mi. Estaba tensa como cuerda de violín y supercaliente, lo que siguió, directamente ¡¡¡ me mato !!!.

Los varones en slip, las mujeres en soutien y tanga. Betina y yo nada por arriba porque no teníamos. Empezamos a jugar, mujeres contra varones (4 contra 3) una especie de waterpolo. Ocurrió que cuando alguien agarraba la pelota, se transformaba en rugby.

Como yo era una de las mas altas, siempre la agarraba. Además, al saltar la microtanga, encajada que estaba en mi cola, ni se movía. A las otras, cuando saltaban, se les bajaba la trusa hasta las rodillas, con los aplausos del caso.

Cada vez que yo agarraba la pelota y veía como se me venían los varones, comenzaba mi delirio, me tocaban para sacarme la pelota y me corrían 30 mil voltios por todo el cuerpo.

Salimos de la pileta y se me empezó a complicar aun más el panorama. Aparecieron los toallones, nos secamos y con la mayor naturalidad todos se sacaron la ropa mojada y se sentaron en los sillones del jardín

¡¡¡ EN CUEROS !!!! mamita querida. ¡¡¡ que momento!!!!.

Marcos, el veterano dueño de casa, tenia un pene espectacular. Yo no podía, o no queria, sacarle los ojos de encima. La mujer, Liliana, una veterana con cuerpo de vedette, muy bien conservada, hablaba de las aventuras de su juventud y como era de esperar, comenzaron todos a hablar de sexo.

Yo miraba a Betina y me daba cuanta que temblaba, igual que yo, del estado de excitación que teníamos. Nos hicieron declarar, muy sutilmente, mi virginidad y la decisión de perderla y el reciente inicio de Betina en el sexo como la gente, hace no mas de cuatro meses.

Cuando Betina empezó a contar sus inicios con el matrimonio mayor con quien esta aprendiendo el sexo, la cosa se me puso difícil, porque yo he visto videos de lo que Betina contaba y los recordaba.

Por otra parte, a los varones, por mas que se hacían lo que «no pasa nada», se les empezaron a despertar sus sexos. Cuando se paraban para buscar mas bebida, en la mesita ratona, sus penes se bamboleaban como queriendo pararse ....me explico?. Mis ojos iban de aquí para allá, me empezaron a retumbar los oídos, mis genitales eran lava liquida. ¡¡¡ Any, estas en estado terminal ¡!!, pense.

La que estaba mas inquieta que yo era la chica de la otra pareja, Valeria. Se dieron un par de ardientes besos con su pareja. Ella se sirvió mas cerveza y se sentó en la falda de Mario, su marido.

Cada vez que se reía o comentaba algo, se movía sobre Mario y la cara de este era una suplica. Se levanto un par de veces a servir su copa y yo vi que Mario se acomodaba. Me cruce de piernas apretando los labios de mi vulva ¡¡¡¡ me imagine lo que venia.!!!! mi sexo empezó palpitar, no me equivoque.

Valeria se fue levemente agachada a la mesa que estaba frente a ella, se sirvió llenando el vaso y retrocedió levemente agachada, pero con las piernas un poco mas abiertas ¡¡¡¡ y se sentó arriba del falo de Mario que le entro hasta el tronco !!!! Estaban tan cerca mío que escuche claramente el ruido de la penetración en una vagina seguramente inundada de flujos. Ese chapoteo apagado de una penetración violenta hasta el fondo fue mas fuerte que yo... y tuve un orgasmo que apenas pude disimular.

Betina, mientras tanto, hablaba y el resto escuchaba. Valeria se dió cuenta de lo que yo había visto y vió los espasmos contenidos de mi orgasmo. Me miro con una sonrisa cómplice y me cerro un ojo. A pesar del orgasmo, mi calentura ya era incontenible. Además se me notaba en las tetas ¡¡¡¡ no sabia que hacer!!!.

Mario empezó a pasar la mano por la espalda de Valeria y esta, que tenia la verga en su sexo hasta los pelos, se quejaba muy, pero muy suave. Mire la espalda de Valeria, a mi lado, con la piel totalmente erizada, sentí la mano tierna y cariñosa de Fatiga en mi nuca y tuve otro orgasmo que ya no pude disimular. Tuve dos o tres sacudones que lo vieron todos.

Valeria y Mario se levantaron, pidieron disculpas, y se fueron la dormitorio mas cercano. Mario tenia una erección perfecta con la verga brillosa de los jugos de Valeria. Nosotros, a propuesta de Fatiga, entramos a la casa y nos sentamos en rueda en la alfombra peluda del living. Desde la sala se sentían los quejidos y sacudidas de Mario y Valeria. Yo creí que iba a enloquecer... ¡¡¡ necesitaba tocarme ¡!!!.

En un momento Valeria empezó a gritar. Nos levantamos todos y fuimos hasta la puerta de esa pieza. Nos vieron pero no les importó, Mario estaba tirado en la alfombra y Valeria arriba en cuclillas, hacia flexiones tomándose de los tobillos de Mario, dándole la espalda, digamos.

Mmmmm.... recuerdo ese momento y me erotizo toda. Los cinco totalmente desnudos, amontonados en la puerta de la habitación, las respiraciones irregulares, las expresiones de asombro y de ponderación de lo que estabamos mirando. Delante de mí Liliana tomo la mano de su pareja y la llevo hasta su sexo, note como abría sus piernas para que el pudiera operar con comodidad. A mi lado Betina se masturbaba sin miramientos.

Cuando fueron acercándose al orgasmo Vale se sacudía como una loca, gritaba, maldecía y sus quejidos parecían rugidos. Yo sentí que Fatiga me tomaba suave y dulcemente desde atrás y dejaba que su sexo quedara entre mis piernas. Tomó, desde atrás mis pechos con sus manos y me dio un mordisco suave y húmedo en la nuca. Aún sin estar penetrada tuve un gigantesco orgasmo que me hizo gritar sin importarme que los otros que estaban allí junto a nosotros en la puerta.

No aguante mas, mire a Betina que me hizo un guiño cómplice. En ese momento decidí que esa seria la primera noche de sexo de mi vida.

Suavemente me solté del abrazo de mi adorado y dulce veterano y caminando por un pasillo entre a un dormitorio matrimonial. Encendí la luz del maquillador y me senté en una banqueta a cepillar mi pelo largo que ya estaba casi seco. Unos segundos mas tarde entró en la habitación, mi hombre. Muy sereno, bien varón, con una mirada dulce, pero penetrante, que me daba seguridad sin quitarme las bestiales ganas de que me poseyera. Lo veía decidido, pero muy tierno y sensual.

Quedo parado a pocos metros tomando serenamente su enésimo vaso de whisky, pero estaba radiante. Se apoyo en la cómoda de forma tal que el espejo le permitiera mirarme. Eso me erotizó aun mas y empece a sentir ese cosquilleo hermoso en mi Monte de Venus.

Peinaba suavemente mi largo pelo que me llega a tapar parcialmente mis durísimos pezones. A través del espejo veo sus ojos encendidos que miran mis rosados pezones que se asoman entre mi pelo rubio. Los shocks eléctricos en mi espalda, en mi nuca, en mi sexo, me avisan que estoy a punto de perder el control. Me muero por decirle que se acerque, pero no quiero darle el mando de la situación.

Engancho deliberadamente en mi pelo el cepillo conque me estoy peinando, pego un grito suave y le pido que me ayude a soltarlo.

Se acerca y se para muy cerca, detrás de mí para ayudarme, lo miro con una sonrisa cómplice. Siento que su sexo semierecto esta rozando mi espalda, como acariciándola. No aguanto mas, me doy vuelta y levantando mi mirada lo miro a los ojos.

Mis ojos están húmedos de lujuria, de desesperación por sentirlo, de angustia porque necesito dominarlo y obligarlo a hacer todo lo que me hace falta desde hace mucho tiempo.

Demostrando inocencia e ingenuidad le muestro una uña de mi pie derecho que la sandalia quebró en un traspiés. Se arrodilla frente a mi Al cruzar la pierna, para mostrarle mi uña, mi sexo queda al descubierto de su terrible humedad después de mis orgasmos anteriores. Se queda, absorto, mirandolo. Cuando muerde el pedacito de uña para cortarlo siento sus labios en contacto con mi piel y me corre un sacudón por todo el cuerpo. El se da cuenta. Mete el dedito de mi pie en su boca y lo empieza a chupar suavemente.... mirándome a los ojos. Mis ojos se entrecierran, mi respiración que se acelera, una fuerza invisible que yo ya no controlo empieza a separar mis piernas para que él avance por dentro de ellas con su boca.

A medida que avanza con su lengua, sus besos, sus mordiscos en la entrepierna provocan que mis caderas empiecen a moverse. Miro hacia abajo los labios de mi sexo se están frotando en el tapizado peludo de la banqueta que ya empieza a tomar algo de brillo con mi flujo vaginal. Siento ese suave y hermoso aroma de emite una hembra en celo, que se prepara a recibir al macho.

Llega a mi sexo. Siento su lengua suave, sedosa y tierna que toca delicadamente mi clítoris. Mi orgasmo es incontenible, trato de sostenerlo, de aguantar un par de minutos mas. Cuando su lengua se introduce en mi sexo lo tomo por la nuca, lo apretó fuertemente contra mi sexo y estallo en un orgasmo gigantesco, sublime.

Los sacudones de mi cuerpo no terminan, es uno detrás del otro. Grito desesperada del placer que me hace sentir, me quejo casi al borde del llanto por no tenerlo dentro mío.

Me tomo con mis manos de las rodillas y las pliego contra mi cuerpo. Ahora me tiene absolutamente entregada para saciar su sed de sexo. Me come literalmente mi vulva. Siento que esta bebiendo mis flujos de orgasmo y lo que se corre hacia mi cola lo quita suavemente con la lengua. Mis temblores, mis quejidos, mis gritos, no hacen mas que enardecerlo para comer con mas desesperación mi sexo. .mmmmmmmmm...por Dios... estoy bombeando los últimos borbotones de mi orgasmo y empiezan las contracciones de mi vagina, ¡¡¡¡ me siento morir!!!!...

Levanto su cabeza y lo miro a los ojos. Miro su boca brillosa de mis flujos y meto con desesperación mi boca dentro de la tuya. Paladeo el gusto de mi propio sexo. Paso mi lengua por sus labios, no quiero que se pierda nada.

Froto con fuerza mis pezones erectos en el vello de su pecho. Me excita tanto esto que se ponen mas secos y rígidos. Hago que se pare frente a mi que estoy sentada, beso suave y castamente el lomo de ese miembro que ya esta casi en su máxima erección, miro hacia arriba y busco su mirada como suplicándole que me penetre para calmar mi desesperación. Cerrando los ojos, con una leve sonrisa, me transmite la sensación de paz necesaria para esperar y sospechar que tiene algo mejor para mi que lo que mi desesperación pretende con urgencia.

Solo mirar tu pene, una verga hermosa, me pone al borde del orgasmo. La tomo con las dos manos, temblorosas de la excitación, desplazo la piel lentamente hacia atrás y al mostrar totalmente la glande hinchada y morada de la punta sale una gota de liquido transparente. Tomo mis pechos, uno por uno, y unto mis pezones doloridos y resecos por la fricción con el vello de tus pantorrillas. Lo que esto me hace sentir, él lo ve en mi cara que esta hacia arriba, la boca abierta, jadeante, mis ojos húmedos, entrecerrados y suplicantes, mis suaves quejidos de placer.

Tiemblo como una hoja, no puedo retener el segundo orgasmo, se me esta por escapar. ¡¡¡ Dios mío...!!! quisiera que este momento durara toda mi vidaaaaaaaa

Me paro delante de el, paso mis manitos temblorosas por su cuerpo, tiemblo entera ¡¡¡¡ no lo puedo controlar !!!!, estoy haciendo fuerza desesperadamente para retener el orgasmo. Me calzo de nuevo las sandalias, que son altisimas, para igualar su altura. Bajo su hambrienta verga hasta la horizontal, levanto levemente mi pierna y pongo su pedazo entre mis piernas, justo debajo de mi sexo y mi cola. Me duele la fuerza que hago para no acabar.

Paso la mano por detrás mío, toco mi cola, allí está, asomando hacia atrás la cabezota de su verga.

Lo abrazo con desesperación, lo tomo de la nuca y me meto dentro de tu boca. El inicia la acción, me abraza fuerte, siento que tus potentes brazos son como una tenaza de la que no puedo salir.. Mi pubis avanza y retrocede frotando mi sexo y mi cola en su sexo duro como una roca. Mi clítoris se frota en el vello de su pelvis. Me pongo frenética, no lo aguanto mas ¡¡¡ me sacudo como una poseída!!! chupo la saliva de su boca como si fuera liquido vital y exploto en un orgasmo del que parece no voy a poder salir nunca más. Grito como una loca, me quejo, lo puteo por no estar dentro mío y me sacudo con mas fuerza descontrolada.

Es tal la intensidad de la acabada que sigo con las contracciones espasmódicas cuando lo hago acostar en la banqueta boca arriba. Sus piernas cuelgan por una punta de la banqueta y la mitad de su torso por la otra... esta incomodo y debe hacer fuerza para mantener su cuerpo en la horizontal, pero lo tengo a mi merced...

Su verga esta totalmente untada de los flujos de mi ultimo orgasmo. Camino con una pierna de cada lado de la banqueta hasta quedar justo sobre ella. Lo miro a los ojos, le regalo una sonrisa de triunfo, ahora voy a comer lo que mas quiero.

Pongo la glande en la puerta de mi sexo, se que esto es muy grande para mi, me parece que no voy a poder. Pero mi desesperación me empuja a seguir. Siento un poco de miedo. Pero mi locura es total.

Los labios de mi vulva hacen ruido con sus jugos cuando paso la cabezota morada para que se lubrique y no me lastime. Siento que mis jugos chorrean por mis entrepiernas. Siento el olor de mi sexo, el del suyo... y me erotizo al punto tal de sentir ganas de dejarme caer y ensartarme aunque me reviente por dentro. Estoy totalmente loca.

Dejo la cabeza de su verga en la entrada de mi sexo. Siento como me empieza a abrir, ese brutal barreno separa los labios de mi vulva y comienza a penetrar.... ssssss....me arde un poco...es que siento como si me estuviera entrando un palo de fuego... sssssssssssss.....ahora duele... sostengo el cuerpo para no seguir bajando...pero me muero de ganas.....mmmmmmmm

Lo tomo de la nuca para que no haga tanta fuerza para mantener su cuerpo horizontal... ssssssssss....eso me hizo bajar un par de centímetros de golpe... ¡¡¡ mi Dios !!! .... me siento rellena... no me puedo mover. Comienzo a sentir sacudones espasmódicos que no puedo controlar. Sus manos en mis tetas me ponen del todo loca. No logro aguantar el orgasmo, se me esta por escapar. Me salen sonidos guturales de mi boca que yo no provoco. Me quejo porque me duele. Miro hacia abajo ¡¡¡ Dios mío !!! recién entro la cabeza... no vamos a poder...aaaayyyyy... mi vagina empieza a bombear un orgasmo gigante... grito como loca porque siento que sale demasiado flujo... que me lubrica... que los temblores me quitan fuerzas... que se me aflojan las piernas... que me estoy ensartando cada vez mas, sin querer.... aaaaaayyyyyy... no logro detener la penetración... mi orgasmo no para.... ¡¡¡ me siento morir...!!!!

El se toma de mis hombros para erguirse y besarme los pezones, esto acelera el proceso de penetración.¡¡¡ es imparable !!! Me duele muchísimo... me gusta con locura ... me agarro con las manos los cachetes de mi cola y los abro para ver si duele un poco menos... es peor....se acelera la penetración.... grito y lo puteo porque me duele....porque me siento empalada...porque me gusta... porque me vuelvo locaaaaaaaa

Estoy tan abierta de piernas que siento que sus huevos empiezan a rozar mi cola... me excita hasta el paroxismo... me suelto del todo, aflojo las piernas que me sostenían.... siento que su monstruosa verga sigue inexorablemente abriendome las entrañas.... ¡¡¡ parece que no terminara nunca de entrar, por Dios ¡!!!.... no lo puedo soportar, es como una lanza caliente que me clava hasta la garganta.... me retumban los oídos.... empiezo un orgasmo suave... una mezcla de flujo del orgasmo y algo de mi sangre me suaviza el dolor...me quedo quieta solo unos segundos... siento palpitar tu verga dentro mío... estoy segura que no entra nada mas.... lo abrazo fuerte y meto su cara entre mis pechos... estoy toda mojada con el pelo pegado a mi piel....siento que mi vagina sigue vomitando su orgasmo... me vuelve loca esto.... cruzo las piernas detrás de su espalda.... la penetración se hace total.... por favoooooooooooorrr que me esta pasandoooooooo.... lo miro a los ojos y comienzo a moverme...los flujos y la sangre del desgarro me ayudan a resbalar en su piel.... me doy cuenta que no va a poder seguir reteniendo su leche....mi lechita....por mucho tiempo mas. Juro por Dios que mi orgasmo sigue... ya no lo puedo parar maaaaaasssss.....su verga me revuelve las entrañas...me esta rompiendo toda, lo estoy sintiendo, no me importa si mientras tanto sigue este orgasmo por el que me dejaría morir....

Tomo su cabeza entre mis manos, mojadas de sexo, miro sus ojos implorante para que libere su preciado tesoro.... jadeo en su cara... le muerdo los labios...las orejas...meto mi lengua en sus oídos... le muerdo el cuello... clavo mis uñas en sus hombros y comienzo a dar empujones gigantes. UNO... Dame tu leche, hijo de putaaaaaaa..... DOS dámela yaaaaaa que me muerooooooo.....TRES siiiiiii ahí empieza, lo estoy sintiendoooooooo......CUATRO.... aaaaaaaaaaayyyyyyyy siento los chorros de semen caliente dentro mioooooooooooo..... CINCO, mi orgasmo múltiple entra en el clímax, el ruido de nuestros sexos es impresionante.... seis, siete ocho, nueve .y massssssss y se transforma en una masa de sexo que convulsiona hasta un temblor permanente... grito, imploro, me quejo, lloro y me abrazo a él para fundirme en una sola cosa.

No se cuanto tiempo pasa en esa extraña convulsión interminable. Si se que tengo dentro un mar de semen que me calma el ardor y va atenuando lentamente mi lava interior.

Me quedo quieta, siento que comienzan mis contracciones. Le estoy ordeñando todo lo que queda de semen en su verga.. Mi vagina chupa su verga como mi boca su lengua y los labios... al apretarme con tus tenazas en un abrazo fuerte contra su pecho, con tanto semen dentro mío, siento que me esta preñando... que me esta echando semen dentro del estomago... siento la cabeza de su verga en mi garganta y sus huevos empujan mi cola mojada de semen, flujos y sangre.

Me toma de la cola y me alza como a un bebe.... esta dentro mío, siento como palpita mi vagina con semejante cosa dentro. Me siento tan empalada que se que no voy a caer... es tanto el liquido que tengo dentro que siento como chorrea por mi cola y mis nalgas.

Se sienta suavemente en la cama y lentamente se acuesta de espaldas. Le pido, le ruego, que se mueva muy despacio. Pliego mis piernas a ambos lados de tu cuerpo y me acurruco arriba suyo.

No quiero que salga, lo beso suavemente en los labios. Me arden mis labios, mis pezones, mi vulva pero me hace disfrutar aun mas este momento. Me siento muy cansada. Le pido que me deje quedar así., que se quede dentro mío, descansando un ratito, sintiendo las contracciones esporádicas de mi vagina que apretan su verga, ahora suave y soportable.

Lentamente, me voy quedando dormida.... en un éxtasis, sacudido por esporádicos temblores.

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Como me Clave a mi Ultima Conquista

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 Como se satisface el deseo sexual o mejor dicho como me clavé a mi ultima conquista.




Como ustedes lo saben bien yo soy una persona extravagante, sin carencias economicas y fanatico de las relaciones extra matrimoniales, que relato mis vivencias reales tal cual y uso para ello un lenguaje vulgar y prosaico, sin embargo ello refleja en gran medida el comportamiento de quienes gustamos del sexo sin compromiso y la manera de conseguirlo al precio que sea, lo importante es calmar esas ganas de algo tan simple como meter el "pajarito" en una caliente "jaulita" despachándole su respectiva dotación de "yogurt".


Nuevamente agradezco a quienes tienen el tiempo de leer la historia y escribir alguna critica ya sea a favor o en contra y otra vez les recuerdo a quienes estén en contra de mi manera de "seducir" a las viejas calientes, que estos relatos no son precisamente un manual de buenos modales ni de caballerosidad, lo importante es como lo dije hace un momento: "echarse un buen palo" para poder relatarlo con detalle. En alguna de las criticas alguien me dijo que era preferible hacerle el amor a una mujer que "clavársela", para mi particularmente disfruto mas "clavándola" que haciendo el amor y ya les dije por qué en mi anterior relato, ademas cuando hago el amor no tengo por que publicarlo.


Y bien... después de esta breve entrada ahora me dispongo a relatar con lujo de detalle mi mas reciente "revolquiza"


Actualmente estoy viviendo solo ya que las verdaderas mujeres de mi vida andan de vacaciones asi que el estar un mes solo no lo iba a desaprovechar, por lo que con la ya tradicional técnica de la camioneta con el sonido a su máxima potencia, el atuendo "para matar", los 83.5 gr. de oro perfectamente pulidos destellando con los rayos del sol, el alcohol suficiente como para "empedar" a 20 cabrones, y el dinero necesario para cualquier imprevisto, emprendi el viaje a una ciudad cercana donde para suerte mia se celebra la feria local a donde asisten cantidad de "viejas" de todos los calibres y como es normal en esos festejos ellas van luciendo sus mejores "garras". Dado que la feria se celebra por las calles de la cd. existe un circuito para la circulación de vehículos (a muy baja velocidad) donde tambien circulan a pie cantidad de personas y para nada es difícil ubicar una buena "nalguita".

Yo con el escandalo de mis 7000 watts de potencia auditiva y mi cerveza en mano era centro de muchas miradas por lo que al azar salude con la frase: "adios muñecas" a un grupito de ladyes que vi de espaldas y que aparentaban a la distancia tener un buen "tira maiz", siendo la respuesta de una de ellas: no nos invitas a dar una vuelta? Mientras el resto reian como tontas.

Mi respuesta obviamente fue abrir las puertas e invitarlas a subir, eran cinco chamaquitas por ahí de los 22-25 años, todas muy pintadas y con sus pantalones tipo vaqueros desgastados y en la mayoria se remarcaba un "trastecito" sabroson. La verdad no tuve preferencia por una ya que las cinco eran muy parecidas, asi que se subieron 4 atrás y una adelante, yo por facilidad y comodidad seleccioné a la que iba junto a mi y le ofreci una cerveza de bote mientras a las otras cuatro les di una botella de tequila "el jimador", un refresco de 2 litros y algunos vasos desechables para que se pusieran a "chupar" y dejaran de molestar, después de unas vueltas y muchas cervezas por parte mia y de mi acompañante ademas de que las de atrás ya iban en la segunda botella, decidimos parar y con las puertas abiertas, la musica a todo lo que da , y nosotros ya mas "pedos" que en juicio nos bajamos a bailar ahí a media calle, ellas hicieron un circulo y yo bailaba al centro con cada una, donde aprovechaba para darles sus respectivos "manoseos" y "tallones" a lo que ellas solo respondian dejándose hacer. Asi estuvimos un buen tiempo hasta que llego una patrulla y nos pidio retirarnos ya que estabamos escandalizando en la via publica. Como el tiempo habia pasado y era tarde, algunas de las damas decidieron retirarse y solo me quede con dos de ellas diciendo que deseaban seguir con la parranda. Yo aclare que normalmente mis parrandas terminaban "enterrando al difunto" a lo que respondieron de manera desafiante: eso habria que verlo.

Yo con el orgulo "picado" y ellas medio borrachas seguimos dando de vueltas y "chupando" sin cesar y ahora la que iba a mi lado empezaba a abrazarme y darme discretamente algunos besos mientras la otra al parecer iba mas borracha y solo cabeceaba, después de poco tiempo se quedo dormida. Por lo que una vez mas estaba solo con la unica que quedo del grupo, la cual ya media descuidada por el "pedo" asomaba muy notoriamente el borde superior de su pantaleta por el pantalón, eso me excito ya que era roja como de encaje y después comprobe que era una especie de panty juvenil ya que tenia solo el perímetro de resorte y los encajes adelante y atrás dejando los "muslos" al descubierto.

Ante ese espectáculo la negra (mi verga) como que reacciono e intento salir de su prisión, sin embargo la tuve que calmar ya que todavía no era el momento. Ahora los besos ya no eran discretos si no que eran verdaderas batallas "lingüísticas" (lengua vs lengua) y el intercambio de sabores entre saliva y alcohol, definitivamente terminaron de poner a la negra como asta bandera y senti que la leche me hervia dentro de los trompiates, ella tambien estaba que se quemaba por dentro pues en serio que los fajes eran casi casi de comernos vivos el uno al otro. Ya con la temperatura a ese punto decidi tomar rumbo a la carretera y entrar en el primer motel que apareciera, al orillarme frente al primero que encontre la lady no estuvo de acuerdo en entrar ya que iba su amiga (durmiendo placidamente en el asientro trasero), pero después de una terapia mental la convenci de que seria rapido y su amiga ni lo notaria, asi que entramos al cuarto y como la "compañerita" estaba jamoncita (que son mi pasión las pinches gordas) y yo re’pedo la levante en peso y la meti cargando, la deposite en la cama y me dirigi al sanitario, ya que sentia que me explotaba la vejiga, al salir ella estaba ya "encueradita" acostada en la cama medio tapada con la colcha y al verme abanicó la colcha diciendo: ta ran... y aventándome la mencionada pantaleta, quedando ante mi vista un cuerpo medio gordito, con unas "chistositas" algo aguadas pero grandes y los pezones un poco colgados, una cintura no muy marcada y un pubis carnoso y medio peludito, las nalguitas era lo mejor ya que a pesar de estar medio "gordis" estas eran grandes, medias gelatinosas, pero muy muy "cogibles". Yo tome su calzoncito, lo aspire, me lo puse de mascara y me avalance sobre ella y aunque todavía estaba vestido inicie una lucha por desnudarme mientras la besuqueaba por todo su cuerpo, fue complicado ya que llevaba botas vaqueras y no me las pude quitar, asi que solo me despoje de la camisa y la "mascara", y los jeans solo los baje hasta donde permitieron las botas, me acoste boca arriba y ella montada sobre mi seguia besando sin piedad, ahora sentia su "panochita" caliente en mi estomago y la famosa "negra" estaba que echaba chispas, mas parada que un obelisco y deseosa de entras en ese biscochito borracho. Yo inicie a jalar de las nalgas a mi amiguita como guiándola a su "negro" destino pero dijo lo clásico: ahora regreso, voy al baño; yo intente una vez mas quitarme las mendigas botas y solo la izquierda salio, la otra no fue posible, asi que ahora solo traia colgando el pantalón y la truza de la pierna derecha, ella salio del sanitario e intento colocarme el condon, no lo pudo hacer, asi que yo me lo coloque, me acoste y ella sin mas preámbulo se ensarto a la primera e inicio la cabalgata, yo la agarre de las nalgotas y para que... fueron solo como tres "limadas" y me vine prematuramente, no aguante mas, era demasiado jamon para este par de "huevitos". Ella comenzo a carcajearse burlonamente diciendo: ya vez, no que muchas ganas de "enterrar el muerto", ahora te toca castigo pues yo no senti al pinche "muertito"...

Me quite el condon y lo avente al cesto de la basura con una maniobra "basketbolera", le pedi tiempo para descansar y le pedi que me ayudara a quitarme la chingada bota, asi que yo acostado y ella tirando con toda sus fuezas (pero encuerada) la bota al fin cedio y ella por la inercia salio disparada hacia atrás chocando con la pared, ahora yo era el que se "cagaba de la risa" mientras ella se levantaba sobandose del madrazote.

Después de una media hora del show, ella estaba lista para otro "round" yo tambien asi que saque otro condon, se lo puse a la negra que ya resorteaba y estaba mas que lista y ahora ella se acosto abriendo las patas, yo la "centre" y se la clavé toda, empece el "chaca-chaca" y ahora si... ella gritaba, blasfemaba en contra de mi, de ella, de su amiga que supuestamente seguia dormida en la camioneta, asi estuvimos como media hora, mi crusifijo se campaneaba en sus narices, a veces lo atrapaba con la boca y me jalaba, estabamos exhaustos ella muy complacida y yo... ahora no me podia venir. A ella no le importo, se vistio (sin bañar) y me pidio que la llevara a su casa al igual que a su amiga que seguia dormidota. Yo si me bañe, me vesti aunque ahora sin botas pues no queria mas teatritos, nos subimos a la camioneta y dejamos primero a la "borracha" en calidad de bulto, solo recargándola en la puerta tocando el timbre y dándonos a la fuga, y ya camino a la casa de la otra le hice la observación que me habia dejado como "novia de pueblo", ella ya no tan borracha me bajo el pantalón y me hizo una chaquetota que todavía recuerdo, lo unico es que la leche volo por el espacio y tuve que darle una buena lavada a la camioneta a las 5 de la mañana. Ella al finalizar la "chaquetota" solo dijo: ahora si? Yo exclame sonriente SI ahora si...

Llegamos a su casa, se bajo no sin antes pedirme que le regalara el CD que veniamos escuchando y lo que quedaba de la botella de tequila. Total, es la primera vieja que no habia pedido dinero, le di las prendas, le di una nalgada y quedamos de vernos después.


Ya platicaremos que pasa en la siguiente "pelea".


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Celos o Morbo

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Paula y yo llevamos 10 años casados. Somos un matrimonio
feliz pero, de un tiempo a esta parte nuestra vida sexual ha
ido a menos y, últimamente, es casi inexistente. Mejor
dicho: era casi inexistente hasta que ocurrió lo que contaré
a continuación.
Paula es un poco mayor que yo. Tiene 41 años pero se
conserva muy bien. No es extraordinariamente bella pero si
tiene un buen cuerpo y, sobre todo, mucha clase y elegancia
y algo, no sé que, que atrae tanto a hombres como a mujeres.
Por mi parte soy un tipo alto y musculado que no esta mal.
Sin embargo hay algo de lo que ella carece, o eso pensaba
yo, y es que no le va mucho el sexo. Nuestras relaciones
siempre han sido poco eróticas, con poco morbo. Mis
fantasías nunca le han entusiasmado y algunas practicas
sexuales, como la sodomía, me las ha negado siempre.
Yo soy celoso pero aun así imaginar a mi mujer con otro
hombre o haciendo un trío me excita muchísimo. Nunca le he
propuesto hacerlo , pero si hablar de ello para ponernos
cachondos y ella nunca ha querido hablar mucho del tema,
aunque he podido comprobar que el solo hecho de habérselo
mencionado ha conseguido que en esas ocasiones estuviera
mucho más activa y cachonda en nuestros polvos. Hace un
par de fines de semana fuimos a una fiesta en una casa en el
campo, el cumpleaños de un amigo un poco hippy que vive con
mas gente joven en una especie de comuna. Entre los
habitantes del lugar y los invitados de la ciudad sumábamos
al menos 30 personas. De todos ellos solo conocíamos al
homenajeado y a su chica. Pero al poco rato con el alcohol y
los porros se monto una juerga de las que hacen historia.
Paula enseguida se puso a bailar, como la mayoría de los
presentes, y yo, que no suelo bailar, me quede en la sala de
al lado charlando con mis nuevos amigos. No estoy
acostumbrado a beber y mucho menos a fumar, pero aquella
noche lo hice sin freno. Como consecuencia para medianoche
estaba francamente colocado.
A eso de la 1 me asome a la pista de baile y vi a Paula
bailando frente a un individuo que se la comía con los ojos
y de vez en cuando le decía cosas al oído. Ella, al
escucharlo, reía y le decía que no con la cabeza. Me sentí
celoso pero inmediatamente pensé que no estaba mal, ella se
lo estaba pasando bien bailando y nada más.
Volví a la sala contigua a echar un trago, pero esta vez me
situé al lado de la puerta, tras una planta, desde donde
podía ver la sala de baile.
Al cabo de un rato el jaleo se acabó y empezó a sonar música
lenta. Paula y su compañero de baile se abrazaron de una
manera que inmediatamente me hizo pensar en el estrecho
contacto de sus cuerpos. Por un momento aquello me cabreo
pero luego, poco a poco, a medida que veía como el
acompañante de mi esposa frotaba su paquete descaradamente
contra ella (que no hacia nada para impedirlo) la situación
empezó a ponerme caliente.
Paula también había bebido bastante. Tenia la cabeza apoyada
en el pecho de aquel tipo, los ojos cerrados y una placida
sonrisa que me indico lo a gusto que estaba. Sus brazos
rodeaban estrechamente el cuello de él, que a su vez la
tenia agarrada por la cintura y paseaba las manos por su
espalda y su culo.
Normalmente esta situación me habría cabreado muchísimo y,
también, avergonzado de que tanta gente viera como sobaban a
mi mujer estando yo delante. Pero lo que me estaba
ocurriendo era otra cosa. Estaba muy excitado y se me empezó
a poner dura. Para serenarme y que no se notara el bulto de
mi pantalón decidí ir al baño, que estaba en la planta
superior, a masturbarme. Antes de subir mire a los que
bailaban y no vi a mi mujer y su pareja. Pensé que estarían
al fondo, que estaba más oscuro, meciéndose mano. Aquello
hizo crecer aun más mi polla. El alcohol había conseguido
que mis celos se esfumaran y todo aquello pareciera un
sueño.
Dando algún tropezón subí al baño y resulto estar ocupado.
Entre en la habitación contigua y vi que era un gran
dormitorio en el que, al fondo, había un montón de muebles y
trastos apilados. Detrás quedaba un hueco y allí me metí y
empecé a masturbarme imaginando a mi esposa siendo manoseada
en el piso de abajo. En el pasillo se oyeron voces y la
puerta de la habitación se abrió dejando pasar (ya
imaginaran ustedes) a mi mujer y su pareja de baile. Deje de
meneármela en el acto. No me atrevía ni a respirar.
Ella se sentó en la cama diciendo que estaba un poco
mareada. Mientras él cerró la puerta y encendió la luz. En
mi rincón, gracias a los muchos trastos, yo seguía siendo
invisible.
Entonces el se plantó ante ella poniendo el paquete, que se
veía muy abultado, delante de su cara. Paula se adelantó y
empezó a besarlo a través del pantalón. Poco a poco fue
incorporándose y al cabo de un momento estaban comiéndose a
besos. Empecé a masturbarme lentamente otra vez. Paula
volvió a sentarse y él, con un rápido movimiento, se saco
una polla de película. Un miembro enorme, venoso y con una
erección descomunal. Ella se adelantó y empezó a lamerlo
frenéticamente de arriba abajo, le lamió los huevos gimiendo
como una perra mientras él robaba sus pechos y luego se lo
metió en la boca y empezó a hacerle una felación como nunca
me la había hecho a mí.
Estaban un poco ladeados y eso me permitía ver perfectamente
a mi esposa con aquella enorme polla en la boca. Por un
momento pensé en salir de mi escondite y participar en
aquello. Pero supuse que tal vez con mi aparición se
cortarían y se acabaría todo. Y en esos momentos eso es lo
último que hubiera querido.
Se desnudaron y empezaron a besarse por todo el cuerpo. Ella
abrió las piernas y él, mientras le lamía el sexo, introdujo
un dedo en su ano. Ella soltó una exclamación de placer y le
dijo que la follase.
A esas alturas yo ya me había corrido y estaba masturbándome
de nuevo. Me encantaba ver a mi mujer gozando con otro
hombre. Y más aun tratándose de un individuo tan bien
dotado.
Ahora ella se había puesto delante de él con el culo en
pompa, ofreciendo su sexo, que se veía húmedo y abierto. Él,
arrodillado detrás, introdujo lentamente su pene. Paula le
suplicaba entre jadeos que la follara, y él acelerando el
ritmo, empezó a hacerlo con un vigor y una energía que
hicieron que mi mujer, casi inmediatamente, se corriera
varias veces seguidas.
Él la sacó y se la puso delante de la cara. Paula estaba
agotada y apenas besó un poco el glande, brillante de
fluidos vaginales. Por lo visto a él no le pareció
suficiente porque cogió su cabeza con ambas manos y le
obligo a meterse en la boca el enorme y húmedo aparato.
Parecía que ella fuera a ahogarse pero al momento él se
corrió. Por las comisuras de los labios de Paula goteaba el
esperma que ella recogía con la lengua y se tragaba.
Entonces él se situó detrás otra vez y la penetro analmente,
ella se resistía y no parecía disfrutar precisamente, al
contrario: Parecía dolerle. Por un momento pensé que estaban
violando a mi esposa delante de mis narices pero entonces
ella empezó a mover el culo acompañando el movimiento de su
amante que, en ese momento se corrió con un bramido. Y ella
también una vez más. Y también yo, en mi escondite, sentí el
placer de un orgasmo teniendo ante mí los cuerpos brillantes
de sudor de mi mujer y su amante.
Vi que el hombre se levantaba, se vestía apresuradamente y
se iba sin decir nada. Se la había follado y la dejaba sin
ni siquiera despedirse. Ella aun estaba en la misma postura
en que había quedado después de ser sodomizada. Salí de mi
escondite y me acerqué. Paula, al verme, se sobresaltó un
poco, pero al mirarme a los ojos debió de comprender que yo
no estaba enfadado. Sonreí y la besé suavemente. Después la
limpie un poco con mi pañuelo y la ayude a vestirse (le
fallaban un poco las rodillas después del polvo que acababa
de echar) salimos de la casa y subimos a nuestro coche,
donde tuvimos una larga, agradable y excitante conversación.
Acordamos organizar nuestra vida sexual de otra manera a
partir de entonces.
Sólo se vive una vez. Y una de las cosas más bonitas de la
vida es el sexo. Ahora funcionamos de otra manera y ya
llevamos hechas realidad varias fantasías, suyas y mías.
Otro día os las cuento.

Carnavales Ardientes

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¡No sabes cuanto me ha costado conseguir tu dirección!.... Después de tantos años, el domingo cuando me encontré con tu hermana Miriam, me parecía imposible. Estuvimos hablando de nuestros años felices, y me explicó que tú te habías separado. Rápidamente mi cerebro se puso en funcionamiento. ¿Qué necesita una recién separada?... ¡¡¡Marcha!!! Mucha marcha, volver a ponerse en circulación, y nada mejor para ello que nuestros famosos Carnavales. ¿Recuerdas lo bien que lo pasábamos? Solo que entonces éramos unas niñas, seguro que ahora sabremos sacarles mejor provecho.

Contéstame pronto, y no admito un no por respuesta, te espero la primera semana de carnaval y ven preparada para pasar los quince días mas locos de tu vida.


Te quiere tu amiga,

Imelda.


PD. Tu primo Andrés también se ha separado y… ¡¡¡SORPRESA!!! Vive aquí, es mi vecino.






Desde que a los dieciséis años abandoné Tenerife no había vuelto a pisar la Isla, por eso al recibir la carta de mi amiga Imelda, de la que hacía tantísimo tiempo que no sabía nada, me hizo muchísima ilusión. En estos momentos mis ánimos no estaban para fiestas, pero en su carta además de la invitación a Los Carnavales había ciertos datos que me hacían recordar mi infancia y mi primera juventud. Aquellos tiempos en que mis inexpertas hormonas se alteraban a la simple vista del chico de mis sueños. Un amor imposible por varios motivos, primero nuestro parentesco, pues su padre y el mío eran hermanos, y además unos hermanos mal avenidos, el segundo motivo que impedía nuestro amor, la enemistad de nuestras familias.


Bueno… esos eran los motivos que impedían "mi amor", porque mi primo ni siquiera me veía, era totalmente invisible para él. Bueno… para él y para la mayoría del género masculino, hasta los diecisiete años si alguien se fijaba en mí era por mis horribles aparatos odontológicos, mis poco atractivas coletas o mi sobrepeso.


Andrés tenía cinco años más que yo, era guapísimo, alto, moreno, unos ojos verdes preciosos, y una sonrisa por la que se morían todas las chicas entre quince y veinticinco años que le conocían. Además era el capitán del equipo de fútbol, y el primero de su promoción en los estudios, en fin, era el chico ideal, el que quita el sueño a cualquier mujer casadera.


Volví a leer la carta… la repasé deprisa hasta volver a poner mi vista en la Posdata.


Tu primo Andrés vive aquí...


Tu primo Andrés vive aquí…


Tu primo Andrés vive aquí…


Esas palabras se habían quedado grabadas en mi cerebro, empecé a fantasear pensando en lo que haría o diría cuando me viese. Al llegar a Cataluña mi metabolismo había cambiado, además me matriculé en una escuela de baile, no, no es que me pensase dedicar a eso, pero nunca me habían gustado los gimnasios, y bailar era una forma como otra cualquiera de hacer ejercicio, mi figura se estilizó, mis movimientos se hicieron gráciles, y al fin los aparatos de los dientes con gran regocijo por mi parte fueron a parar al cubo de la basura.


En fin, que el cuento del patito feo en mí se hizo realidad. Todavía recuerdo en las Navidades del 86, cuando tenía 18 años y en una obra de teatro desempeñé el papel de Salomé, sí, Salomé, la que bailó la danza de los siete velos ante Herodes, y cuando este le dijo que le pidiese lo que quisiera, la muy macabra pidió la cabeza de Juan el Bautista. Bueno… el caso es que yo había estado ensayando en mi clase de baile esa danza del vientre, por eso no tuve ningún problema para que me eligiesen de protagonista, y mi danza de los siete velos hizo levantarse la sala entera y los aplausos duraron una eternidad.


Sí, pensé, iría a los Carnavales, y mi disfraz sería de odalisca, los años de machacar mi cintura tendrían que servir para algo… ¡qué mejor forma de demostrar a mi querido primito lo que se había perdido!.


Salí de Barcelona una mañana lluviosa, dos grados de temperatura, y los partes meteorológicos decían que seguirían bajando. Antes de salir de casa, había comprobado por Internet la temperatura de Tenerife: ¡¡¡27º, alucinante!!! Soñaba con bajar del avión y comenzar a sacarme ropa, como si fuesen las consabidas capas de una cebolla… ansiaba poder disfrutar del maravilloso clima primaveral de aquella querida isla.


Tres horas de viaje reales, que con el cambio de horario se quedaron en dos de reloj por la hora menos de las Canarias. Este juego de las horas me encantaba, solía bromear con los amigos, preguntándoles si sabían porque para ir a Tenerife se empleaban dos horas y para volver cuatro, las respuestas eran increíbles, divertidas e ingeniosas.


Al llegar al aeropuerto mi amiga estaba esperándome. Imelda no tenía la menor idea de cual era mi aspecto actual, porque cuando se vieron ella y mi hermana Miriam, esta no llevaba ninguna fotografía mía. La busqué entre la muchedumbre que esperaban la llegada del avión, y no tuve que esforzarme mucho, su cara era inconfundible, seguramente cuando tuviese noventa años seguiría teniendo esa cara pecosa, simpática, tipo Pipi Calzas largas que tanto éxito le había proporcionado de jovencita. Me acerqué a ella, y poniéndome ante sus ojos le dije.


--- ¿Tan cambiada estoy?---


Era un poco de coquetería y orgullo, yo sabía muy bien lo cambiada que estaba, pero disfrutaba viendo la cara de sorpresa de la gente que hacía tiempo que no me había visto.


---¡¡¡Shere!!!...¡¡¡Por Dios Shere!!!...¿De verdad eres tu?---


---Jajaja, claro que soy yo, ¿a quien esperabas, pues?---


Nos abrazamos, volvíamos a ser las niñas de quince años que se contaban confidencias y compartieron sus primeras experiencias sexuales. Las mismas niñas que pasaron parte de su vida en un internado, durmiendo una al lado de la otra, y que por motivos que ahora no comprendía habían estado tantos años sin comunicación.


Recogimos mi equipaje, y salimos en busca de su coche para dirigirnos a La Laguna, donde ella residía actualmente.


Antes de llegar a su domicilio paramos en un restaurante a comer algo, la comida del avión es horrible y además con los nervios no fui capaz de comer nada. Ahora, ya relajada, me había dado cuenta de que estaba hambrienta, y me moría por comer unas "papas arrugadas con mojo picón". Aprovechamos el momento para ponernos al corriente de toda nuestra vida desde el momento en que nos despedimos en el Puerto, una noche de octubre, hacía ya veintiún años, hasta el día de hoy cuando felizmente nos volvíamos a encontrar. Hablamos de todo, aunque a mí de lo que más me interesaba hablar era de la posdata de la carta.


"Tu primo Andrés, vive aquí"…


---Cuéntame cosas de Andrés---


--- ¿Quieres que vayamos a verlo?--- dijo Imelda


---Noooo, no quiero que me reconozca----


---No te preocupes te presentaré como a una amiga---


Mientras tanto Andrés, ajeno a lo que se le venía encima, estaba en su piso, aburrido, intentando ahogar en alcohol sus frustraciones. Trabajaba de piloto para una compañía de vuelos charter, y como él solía decir en otra vida tuvo que ser pájaro, porque solo volando se sentía totalmente feliz.


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La tarde fue un desastre… una vez mas, mi equipo había vuelto a perder estrepitosamente, tantos años de afición al fútbol, tantos partidos jugados en mis horas libres, y tantos cabreos últimamente con mi equipo… necesitaba otra cerveza… otro sábado que no tenía ganas de quedar con nadie para salir. El caso es que no tenía que volar hasta el miércoles, y el ambiente carnavalesco en las calles invitaba… me estaba amuermando… decidí darme una ducha para espabilarme. No descartaba incluso salir sólo… ya encontraría a alguien conocido por los bares. No tenía prisa bajo el agua. Me estaba sentando fenomenal, además, era pronto.


Al terminar la ducha, me afeité… siempre me han tachado de pijo por esto, pero nunca salgo sin un buen afeitado. También me gusta vestir a la moda y oler muy bien… siempre fui muy presumido. Empezaba a ser otra persona. Estaba despejado y ya casi no me dolía la derrota de ese equipo. Busqué otra cerveza y puse buena música en lugar de ver la tele. Me dedicaba a pensar por donde empezaría la noche... me sentía bien…


El timbre me sobresaltó… no esperaba a nadie… fui con pocas ganas a abrir. Casi que prefería no hablar con nadie en ese momento… ¡mi amiga Imelda…! otra vez en casa sin avisar… pero esta vez se había vestido distinto… ¡OH sorpresa…! se había vestido con… ¡¡¡.UN PEDAZO DE AMIGA COMO UN TREN!!! Mis ojos no sabían donde mirar… pero bueno… me la presentó…


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--- ¡Hola Andrés! Se que no te gusta mucho que venga de sorpresa, pero imaginaba que estarías de capa caída con lo de tu equipo y, venimos a sacarte de tu guarida… Perdona, ella es Lucía… viene esta noche con nosotros…---




--- ¡…Hola Andrés...! Encantada....


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Nos dimos un par de besos… ¡qué bien olía, joder! se había puesto un pantalón superceñido… una cazadora vaquera…


Bueno, en un instante me vi sacando hielo de la nevera para preparar unas copas. No me podía creer que me temblara el pulso… a mi edad… con mi experiencia… me sentía como 20 años menos… con el nerviosismo del que desea a una chica son todas las ganas posibles, nada mas verla… esa cara… esa mínima cicatriz en la sien… no sabía por qué, pero casi me era familiar…


---Bueno, Lucia, ¿qué te cuentas? ¿No eres de aquí, verdad?---


---Pues no, soy de Tarragona, solamente he venido para conocer los carnavales, Imelda siempre me estaba invitando, pero hasta ahora no le tomé la palabra ---


Tenía un acento extraño y dulce, con toques canarios incluso, pero me gustaba hasta cómo hablaba… cuando ya habíamos tomado la segunda copa, y el ambiente era relajado, hasta el punto que parecía que nos conocíamos desde mucho mas que un par de horas, entre risas y buen humor, llamamos a mi buen compañero de copas, Javier (el cual, cómo crápula empedernido, ya estaba en un bar), y quedamos con él en un concurrido garito de la avenida.


Pasaron dos horas más… pasaron las presentaciones, las primeras copas en los bares… pero lo que no pasaba era mi deseo por Lucía… no paraba de hablar conmigo… de sonreírme… de mostrar sus dotes de seducción… pero… ¿por qué cuanto más tiempo estaba con ella, mas sensación tenía de que la había visto antes? por mas que le preguntaba por su vida, mas se hacía la loca ó me sacaba a bailar… me estaba poniendo a mil.


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Me encantaba mi primo, ya no tenía nada que ver con aquel guapo jovencito que yo recordaba, había madurado, y se le veía seguro, muy varonil y decidido, parecía la clase de hombre que sabe lo que quiere y que sin mirar a su alrededor va a por ello… y o mucho me equivocaba o en estos momentos lo que mi primito quería era yo… y seguro que lo iba a tener, pero le haría sufrir un poco, solo para resarcirme de lo mucho que yo había sufrido por él.


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A eso de las 6 de la mañana… consideré que era momento de manifestar mi deseo… y la muy astuta me dejó darle un pedazo de beso sin prisas… interminable… jugoso… con todo mi cuerpo fundido al suyo… con la ilusión juvenil de cuando se tiene 20 años… Dentro de mí, había un animal encerrado… mi potencial de energía sexual estaba a 100%, listo para desatar toda su energía, como los motores de los aviones antes de la carrera de despegue…


Pero esa noche tuve que abortar el "despegue"…. se despidió de mi… sin mas… "la semana dará mucho se sí… no te precipites…" y sin dar crédito a lo que estaba pasando me encontré sólo en el coche, camino de casa, pensando en la invitación que nos habían hecho a Javier y a mí para pasar la noche del lunes de carnaval en la fiesta de disfraces del club Náutico. No pude conciliar el sueño hasta las 9 de la mañana.


El domingo y el lunes por la mañana, además de no parar de pensar en Lucía, andaba como un zombi, tratando de recuperarme. La tremenda siesta del lunes me sincronizó totalmente, y para no romperme la cabeza agarré el mismo disfraz de dos años antes y que tenía perfectamente guardado: el de sultán! Tengo que reconocer que no me quedaba mal (su dinero había costado…) además, con la perilla que tenía entonces, me iba que ni pintado… Imelda me había dicho que ellas iban por su cuenta, pero que no nos dirían sus disfraces, que tendríamos que encontrarlas… no me pareció mala idea, me dedicaría a buscar a Lucía desde el principio.

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Nos despedimos de los chicos casi a las siete de la mañana, mi trabajito me costó mantener a Andrés a raya, y digo que me costó trabajo, porque si él me tenía ganas, muchas más le tenía yo, ganas atrasadas, de muchos años de autosatisfacerme recordando su cara, sus gestos, incluso su voz que ahora me parecía tan diferente. Soñaba con sentirme en sus brazos, y cuando me besó pensé que me derretía allí mismo. El domingo lo pasamos casi al completo durmiendo, queríamos estar bien descansadas para el baile del club Náutico. El lunes quise visitar El Teide, me hacía mucha ilusión subir la montaña y recordar tiempos pasados. Imelda trabajaba, y yo aproveché una excursión programada, por lo cual estuve todo el día fuera.




Era la hora de vestirnos para ir al baile. Me había probado el disfraz antes de meterlo en la maleta y comprobé que aunque habían pasado un montón de años todavía lo podía usar. Pero ahora, mirándome con detenimiento, podía comprobar los cambios que en esos años había dado mi cuerpo, mis caderas y vientre se habían redondeado, y los velos cayendo desde mi estrecha cintura me daban un exótico y sensual aire de odalisca, mis pechos habían aumentado al menos dos tallas y parecían querer reventar el brillante sujetador que a duras penas los contenía… moví la cintura insinuando los movimientos de una serpiente, y el espejo me devolvió la imagen de una sensual hurí preparada para la seducción.


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En el club Náutico no cabía un alma, cómo otros años... Javier, que iba disfrazado de payaso, no paraba de hacer el ídem, y yo ya llevaba dos copas y ni sospechaba quién podría ser Lucía. Me estaba impacientando… Eso sí, entre conocidas, algunas de ellas azafatas, y desconocidas me estaba poniendo a cien de tanto rocecito… De pronto vi unas caderas… Sí, unas caderas… Sólo mire a UNAS CADERAS…


Un perfecto disfraz de odalisca… ¡joder qué caderas…! un piercing de unas cerezas en el ombligo… que apenas conseguía ver con el perfecto movimiento de vientre que realizaba mientras se acercaba… velo tapándole la cara… se me heló la sangre… ¡reconocí los ojos y esa minúscula cicatriz en la sien...! ¡se iba a enterar...! pensaba hacerme el loco y disfrutar de ella haciéndole creer que no sabía quien era…


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Hacía rato que lo había visto llegar, él nos había dicho que iría vestido de sultán, y yo pensé que su disfraz era perfecto para completar el mío, pero no le quise decir de que iría disfrazada, quería jugar un poco con él. Imelda se había disfrazado de diablesa, y hacía rato que se había emparejado con un diablo de grandes cuernos y un gran rabo, que ella en broma me dijo que ojalá estuviese en concordancia con... el otro rabo que esperaba probar esa noche.


Yo por mi lado había conseguido ligar con el disk-jockey y el tipo disfrutaba viendo como contoneaba la cintura, y como movía el torso haciendo girar los pompones que llevaba en el sujetador, por ese motivo no escatimaba la música árabe, para que yo pudiese lucir mis encantos, y desde luego que aprovechaba todas las oportunidades. Me fui acercando siguiendo el ritmo de la sensual música, cimbreando la cintura, con rápido batir de caderas, los velos se agitaban en mi ondulante vientre, produciendo movimientos como las olas en una marejada. Caminé hacia donde estaba mientras a mi paso se iba formando un pasillo con los asistentes vestidos con los más diversos y originales disfraces. Llegué hasta él y mis caderas al moverse rítmicamente al compás de la música rozaban su cuerpo, y sus manos parecían tener vida propia intentando agarrar mis nalgas para apretarlas contra el prominente bulto que se adivinaba bajo la túnica.


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¡Qué baile…! ¡Qué roces…! no cruzamos ni una palabra… cada vez mas pegados… estaba disfrutando como un enano… mi túnica era de una seda fina, y debajo sólo llevaba un pequeño slip de licra fina, con lo que al bailar pegados mi bulto se adhería perfectamente a su vientre… estaba a punto de estallar… pero se dio media vuelta y prosiguió su baile entre el gentío…


Entre algún que otro beso en el cuello… estiraba éste último para intentar ver a Lucía, y lo que veía era desmoralizador… lo mismo que hizo conmigo, lo estaba haciendo con más de un tipo ¡…joder! ¿Cómo era posible que me pusiera celoso si sólo la había visto un día…? A mi edad…., con mi experiencia….


No debía dudar mas… decidí poner de nuevo potencia de despegue a mis motores… esta vez, no abortaría… Me introduje en la zona de baile… ella estaba de espaldas, tonteando con el tipo de enfrente, no tuve si no que volver a rozar, esta vez su trasero, con mi de nuevo abultado miembro para que ella continuara su danza sin darse la vuelta… sabía que era yo… no se cuantos minutos estuvimos así… la sujeté por la cintura y la besé por detrás en el cuello… no quería levantarse el velo porque creía que la iba a reconocer… ¡qué inocente…!.


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Sin girarme sabía que era él, su olor era inconfundible, sentí sus labios en el cuello y me electrizó totalmente, se apretó contra mis nalgas y el bulto de su pene traspasó las finas gasas de los velos. Debajo de los velos yo solo llevaba un diminuto tanga, que cada vez que levantaba una pierna al compás de la música, atraía la mirada de todos los varones menores de 90 años que se encontraban en la sala.


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Así cómo estábamos (yo sujetándole la cintura por detrás), nos fuimos desplazando hacia la zona de las terrazas… fuera sólo se oía la música como ruido de fondo… mis manos se olvidaron de la cintura para acariciar con cierto salvajismo sus desnudos pechos bajo la leve seda semitransparente que los cubría… sus nalgas se movían cómo antes en su baile… mi polla no aguantaba mas… notaba en ella los latidos de mi corazón... cómo si de un caballo en plena carrera se tratara…


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Lo estaba consiguiendo, en ningún momento desde que le vi puse en duda que lo lograra, era demasiado transparente, o demasiado caliente, ese punto aún no lo tenía claro pero tampoco me importaba demasiado. Necesitaba tenerle. Llevaba demasiados años soñando con este momento y sabía que había llegado… yo lo sabía, y mi sexo lo sabía y estaba preparado.


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Con rapidez, mientras con una mano comprobaba que su sexo estaba empapado con la otra, aparté mi leve slip a un lado y su tanga súper elástico hacia el otro… me introduje en ella con una facilidad impresionante, debido seguro al exceso de lubricación que ambos teníamos…


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Sentí como entraba en mi cuerpo, como si siempre hubiese estado dentro de él, como si ese fuera el hueco que había esperado desde que salió del útero materno… yo me sentía llena, con el sentimiento de haber colocado la ultima pieza que faltaba en mi cuerpo… y él no lo sabía… todo mi ser se estremecía al simple contacto de sus manos y mi sexo ardía con el roce de su sexo. Entraba y salía produciéndome oleadas de placer y mi vagina lo acogía y oprimía anhelando el néctar de su pasión. Mordía su cuello para ahogar los gemidos que a duras penas podía acallar. Sus manos oprimían mis glúteos, buscaban mis pechos, su excitación era de locura y con una fuerte embestida final, dejó que el río caliente de su semen se vaciase dentro de mí.


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No se cuanto duró aquel polvo… y además es lo de menos… había gente a no menos de 20 metros… la oscuridad nos protegía en parte, pero nuestros gemidos podían delatarnos en cualquier momento…


A medida que se aceleraban mis pulsaciones y nuestros gemidos aumentaban noté que estábamos a punto de estallar…. me recreé en ese momento… un torrente de semen se disparó con fuerza dentro de ella… un grito común nos pudo haber dejado en evidencia… un fuerte abrazo interminable, agarrándola por su cintura adornó el tremendo polvo…


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Fue fantástico… muchas noches había soñado este encuentro, pero ni en mi mas calenturiento sueño podía imaginar estas sensaciones, podía sentir el orgasmo en mi piel, en mis ojos, en mi pelo, en mis labios… estaba totalmente electrizada… no podía ni moverme, mi corazón desbocado pedía a gritos una tregua, pero mi cuerpo necesitaba más, mucho más…


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Nos quedamos así unos minutos, con la respiración agitada… luego ella se levantó, dió media vuelta y nos fundimos en un beso cómo el de la noche del sábado…


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Nos abrazamos y su lengua se perdió dentro de mi boca, explorando todos los rincones, deleitándose en ellos. Andrés aún ansioso de los nuevos sabores que acababa de probar, quería seguir investigando mi cuerpo, pero yo tenía otras ideas en la cabeza….


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¡Estaba en la gloria...! Hacía años que no me sentía tan bien después de un polvo… parecía que ella también… apenas hablamos en ese momento… cogidos por la cintura volvimos al interior para reponer fuerzas…


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Mi mente no dejaba de trabajar... sí… había estado muy bien, pero la noche era joven, y de ninguna manera iba a dar por terminada la velada con un "polvillo" de nada, además se le notaba que él tampoco había tenido suficiente. Mientras nos tomábamos una copa conseguí llegar hasta me rendido disk-jockey, que me miraba con ojos de cordero degollado, haciendo uso de todas mis artes de seducción conseguí un "CD" de música árabe, y con disimulo lo sujeté con el tanga.


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No habíamos terminado la copa y ya estábamos besándonos como posesos… aquello requería mas sexo… ya en el coche y sin despedirnos de nadie me encontré conduciendo con rapidez a mi casa, mientras ella no dejaba de besarme… acariciarme el miembro… chupármelo… me costó aguantarme hasta llegar a casa….


Entramos en el apartamento sin despegarnos… sin dejar de jugar con todas las partes de nuestro cuerpo… largos minutos de excitación y pocas palabras… me empujó bruscamente encima de la cama… me desnudó rápidamente hasta dejarme sólo el slip… y pasó a actuar con toda lentitud.


---"Me recuerda a una de mis braguitas… dijo Lucia…me encanta…"---


Jugó con él largos minutos… lo estiraba… lo mordía… lo bajaba… lo subía... tenía el glande totalmente empapado de lubricante… empezó a mamarlo con mimo… y cuando parecía que iba a correrme apretó fuertemente mi polla con una mano, estrangulando el riego sanguíneo y evitando así que me corriera… sabía perfectamente lo que hacía… me dejó así, y se separó…. se acercó al equipo de música, colocó un CD que no se de donde sacó porque yo no tenía esa clase de música… sonaba dulzona, machacona, con unos sonidos metálicos y sensuales… parecía la música que sonaba en la fiesta… el caso es que ella empezó a moverse delante de mí…


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Quería volverlo loco, ver como los ojos se escapaban de sus orbitas tras el movimiento de mis caderas. Descalza a los pies de la cama me ofrecía cimbreando todo mi cuerpo, fui arrancando mis velos uno por uno y sin dejar de bailar los pasé por su cara… su pecho… sus piernas… su cuerpo se estremecía al contacto de la gasa, y su pene amenazaba con romper el tanga. El corazón me palpitaba desenfrenadamente me costaba respirar… mi excitación era latente… y él lo sabía, estaba disfrutando de mi baile como nunca lo había hecho, esperando su final para recoger el premio que en cada movimiento se insinuaba.


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Me recordó al baile que hizo en el club Náutico... pero con una diferencia… sus ojos tenían un brillo sobrenatural… sus labios estaban entreabiertos… aquella cara despedía una sensualidad jamás vista antes por mí…. empezó a quitarse los finos velos que la cubrían… emanaba excitación y deseo por todos sus poros… seguía moviéndose como una serpiente encantada… cuando ya sólo le quedaba el tanga se abalanzó sobre mí, con la idea de que yo se lo quitase… la volteé hasta ponerla a cuatro patas… por detrás se lo bajé sólo hasta las rodillas… ella seguía moviéndose cómo antes en su baile… mi labios besaron su sexo… estaba empapado… mi lengua hizo su trabajo… su orgasmo fue instantáneo…


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No podía más, su sabia lengua me estaba volviendo loca, mi cuerpo no había dejado de agitarse desde el mismo momento en que sus manos tocaron mi cuerpo, la música seguía sonando, y mis caderas no paraban de contorsionarse siguiendo el compás del sensual ritmo. Sentí un fuerte cosquilleo en el vientre y todo mi sistema nervioso pareció estallar en un orgasmo apoteósico. Mordí la almohada queriendo sofocarlo, pero no pude evitar un gemido de placer que resonó en la habitación, como un grito de triunfo después de una vencedora batalla.


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La volteé de nuevo… todavía respiraba agitada… introduje mi polla de nuevo con extrema rapidez entre tanto fluido… el jinete empezó a galopar de nuevo… al principio, rápido… al final… cómo el rayo…


Los gritos de placer callaron cualquier música de fondo… el estallido final fue un grito casi gurutal… cómo de ahogo… la sonrisa posterior delataba un goce inmenso…


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Quedamos agotados, abrazados íntimamente, sin separar nuestros sexos, Andrés se durmió rápidamente, con esa cara de gozo… de macho saciado… con una media sonrisa en la cara que delataba su fantasía, lo mas probable es que continuara la danza en su sueño. Yo no podía dormir, había quedado enganchada en mi propia telaraña… había conseguido mi sueño, pero era muy posible que se convirtiera en mi pesadilla… ¿cómo le decía ahora, que yo era su prima? él me odiaba…. seguro… me lo demostró infinidad de veces de niños, y lo mas probable es que me siguiese odiando… Lo había engañado, seguramente que nunca se hubiese acostado conmigo sabiendo que era su prima… ¡¡¡jooo… veinte años y no había conseguido olvidarlo, y eso que el ni siquiera me había mirado...!!! ¿Y ahora como lo iba a olvidar? Amanecía cuando conseguí conciliar el sueño en medio de mis oscuros pensamientos.


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Cuando desperté a la mañana siguiente, por primera vez en muchos años, me encontré abrazando a la persona que me había dado placer la noche anterior… lo entendía… no sólo me había dado mucho más que las otras, sino que realmente me gustaba estar con ella… realmente, me había robado algo mas que sexo….


"Buenos días Andrés…" dijo dándose la vuelta… la besé… nos quedamos mirando…


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---Tenemos que hablar… verás… las cosas no son exactamente como tu piensas, quizás… cuando sepas quien soy realmente… nunca mas quieras saber de mi, no me llamo Lucía. Mi nombre es Shere, hace poco mas de 20 años vivía aquí, íbamos al mismo colegio, y lo peor de todo es que soy tu prima, la hija de tu tío Miguel…


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Empezó a hablar de ella… se me heló la sangre cuando terminó de decirme lo que menos me esperaba…


Era cómo si me hubieran golpeado en la cara con un guante de boxeo… estaba aturdido… los primeros segundos después de escucharla, ni siquiera asimilaba… tardé en localizar a Shere… ni me acordaba de ella… Tuve que hacer un esfuerzo para visualizar a una gordinflona y mocosa chiquilla que correteaba con otras niñas en mi entorno familiar, y que siempre estaba molestando con el jaleo que tenía en el cuerpo...


SHERE….. No podía ser… ¡¡¡SHERE….!!! ¡¡¡Diosssss….!!!! me está tomando el pelo…


Estaba desnudo, junto a ella… (¿Lucía? ¿Shere? ¿Mi prima?). Me sentía todo lo contrario que la noche anterior… Mi polla estaba tan reducida que se podía guardar en un dedal… no sabía donde esconderme...


"¿Has llegado hasta mí por casualidad, ó lo habías planeado?"


---Déjame explicarme por favor-----


Le hablé de mi amor por él, de mis sueños, de mis ilusiones, de las noches de insomnio pensando en poder vivir algún día una noche como la que habíamos pasado juntos, de mis complejos al no conseguir que me mirara, del fracaso de mi matrimonio porque mi corazón se había quedado en la isla… de tantas cosas… le conté de mis esperanzas al saber que era libre, y que yo también lo era… sí… no llegué a él por casualidad, fue todo premeditado. Deseaba tenerlo, necesitaba su amor más que el aire que estaba respirando. Pero no lo iba a agobiar más, volvería a Tarragona y ya nunca más volvería a molestarlo. Me vestí rápidamente con los ojos enrojecidos, no esperaba que se volviera loco de alegría al saber que era su prima, pero tampoco esperaba que me mirase de esa manera… parecía que estaba viendo al mismísimo diablo. Abrí la puerta y salí corriendo.




No podía reaccionar… no me dió tiempo a pensar… cuando empecé a darme cuenta, ya estaba sólo… aturdido….


Tomé rápidamente un café y me dispuse a poner en orden mis ideas. Empezaba a ser yo… empezaba a echarla de menos… empezaba a no acordarme de la Shere pequeña, sino de la Shere adulta que tanto me había dado en unos días…


Estaba triste por ella. Se fue casi llorando… me sentía como el peor de los humanos. Tenía que haber evitado que se fuera de esa manera… Llamé inmediatamente a Imelda.


"Shere está acostada… ha vuelto hecha polvo… se va en el vuelo de esta tarde"


No perdí el tiempo. En 15 minutos estaba allí… no quise entrar en su dormitorio, pero le pedí a Imelda que me dejara sólo allí mientras esperaba a que saliera del dormitorio.


Una hora después se asomó… sus ojos estaban rojos. Tenía cara de cansada y de sorpresa…"Hola", dijo sin mirarme a la cara…


--Perdona… creo que me he portado como una inconsciente, nunca debí dejar que las cosas llegaran tan lejos…también creo que los dos estábamos pasando por un momento muy especial, y a mi personalmente la separación hizo que me sintiera desmoralizada, necesitaba sentirme otra vez deseada y en ningún momento pensé que eso podría dañar a nadie… perdóname...


Me levanté… me acerqué a ella… la abracé… me apretó con fuerza… estuvimos así unos minutos... estaba gimiendo de los nervios. De nuevo me dio la sensación de tener en mis brazos a aquella niña… pero me di cuenta de que la quería como a la mujer que había descubierto… me había enamorado después de tanto tiempo…


---No te vayas-- ¡¡¡te quiero!!! ----


---Tengo que irme, los dos debemos aclarar nuestros sentimientos, te prometo que seguiremos en contacto y el próximo verano vendré a pasar aquí mis vacaciones… si continuamos pensando como hoy quizás nos demos una oportunidad… yo también te quiero… siempre te he querido…


En ese momento llamaron al timbre del portero automático…


---Es mi taxi, despidámonos aquí… no me gustan nada las despedidas—


Cogí mi bolsa de viaje, y al entrar en el ascensor volví la cara y observé su mirada triste, le sonreí le tiré un beso con los dedos y antes de cerrar definitivamente la puerta del ascensor le dije….


---Mis vacaciones son en Junio, antes de que te des cuenta volveré a estar aquí---






Este relato lo escribí en colaboración con "ADIEMUS" Un beso Adiemus y gracias por acompañarme en este relato.

sherezade

Canguros Adultos

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Hola, sí por favor, ¿podría ponerme con el señor Manuel?
-Veré si el jefe puede ponerse o está reunido.¿Quién le llama?
-Dígale que Rafa, y seguro que se pone.
-Hola, Rafa, ¿qué es de tu vida, cabroncete?...¿Y a te has recuperado?..¿qué tal las chicas que te mandé...te dejaron la casa limpia?
-De eso quería hablarte, cabrón..¿qué clase de agencia de limpieza tienes?
-Perdona, pero yo no te mandé sólo chicas de la limpieza, sino canguros para adultos, para gente que está malita, como lo estabas tú...
-Joder, me limpiaron la casa, y casi me absorben la médula y me dejan seco...
.Vamos, hombre, que no será para tanto.
-Mira, te cuento: tocan el timbre y yo me levanté a abrir.El doctor dijo que podía levantarme y caminar, poco a poco,pero que ya estaba curado....Lo que pasa es que la casa estaba hecha una leonera y no quería deslomarme limpiando, así que te avisé, y bueno, reconozco que también me quejé un poco de que estaba algo falto de compañía femenina, pero sin imaginarme que te lo ibas a tomar al pie de la letra y además que tenías una agencia de ...ésas...
-Jaja...nuestra agencia es muy completa, chico, pero cuéntame que te pasó.
-Me levanté en calzoncillos y en la puerta había dos chicas con un uniforme blanco, como si fueran enfermeras.Me dicen: venimos de la empresa tal...somos Verónica y Vanessa...nos dejas pasar?
-Claro, dije, y pensé¡qué buenas que están y qué raro que vengan de a dos!..pero bueno quizás hacen la faena más rápidamente y les compensa económicamente.
Pasen, les dije, en la cocina y en el lavadero encontraréis todos lo necesrio para la limpieza, y la aspiradora está en el armario de...
-Primero empezaremos contigo, como nos dijo Manuel, y luego le damos a la aspiradora...¿podrías decirnos dónde está el baño?
-Allí, señalé yo titubeando, pero no me dejaron preguntar nada,y se metieron juntas en el lavabo.
-¿Y...?
-¡Joder, que salieron juntas otra vez, con la pequeña diferencia de que una iba en cueros y la otra con una bata transparente coor rojo demonio, y no bien salieron, me dijeron, cogiéndome de la mano...deberías estar en la cama, ya que estás débil todavía...tú déjate cuidar, que nosotras haremos todo el trabajo...Y qué cuerpos tenían...largos, con muchas curvas, con las tetas paradas y los coñitos depilados...y unos culitos....respingones, redonditos...y unos muslos, largos, suaves, como de seda...
-Yo ya estaba sospechando que lo que me habías mandado era algo muy extraño, pero como en el fondo confío en tí, me djé llevar.
-Gracias por lo de la confianza!
-Pues me llevaron a la cama y la del camisón rojo empezó a quitárselo de una manera que me empinó la minga en un minuto, la otra también bailaba y se movía totalmente en pelotas al pie de la cama.Se ve que les gustaba su trabajo..
-Si, yo no contrato a nadie si no es así.Vocación, Rafa, vocación...
-Pues sí que tenían vocación.Una me quitó la sábana con la que me tapaba , me sacó el slip y las dos se encaramaron a la cama...en dirección a mi verga dura.Me acordé por un instante de la película de Cóppola,Drácula, en donde a un tío lo agarran en la cama dos o tres vampiras.Pues igual.Pero no me mordieron, sólo me cogieron la minga y empezaron a menearla como si fuera un sonajero...Y luego me la mamaron a dúo.Nunca me habían hecho algo así, y si te soy sincero nunca había estado con dos tías en la cama, juntas, por supuesto...Bueno, me la chuparon y yo veía las lenguas juntándose sobre el capullo y sentía una corriente eléctrica que me subía desde los cojones hasta el glande.Y entonces también me lamieron y chuparon a dúo las pelotas...Chico, qué gozada...Mientras me chupaban los huevos, me frotaban la polla con las manos, y ellas se acariciaban el coño con la otra...
-¡Madre mía, Rafa, tengo la polla tiesa de escucharte!
-Y más que la vas a tener!...sólo se oía el ruido que hacían sus lenguas y a mí que gemía como un crío...No sé si sería por la debilidad, pero estaba más sensible que nunca, así que imagina la trempera que tenía.Llegó un momento en el que yo sólo sabía mover la pelvis acompañando el sube y baja de sus manos, y ellas también aceleraban la frotación de sus clítoris.Y nos corrimos, Manuel, ¡de qué manera!.Me puse perdido de leche, que me cayó sobre el vientre y el pecho, y ellas, diligentes, lo limpiaron inmediatamente.Me lamían las tetillas, el ombligo, el vientre, el pubis...sentía el roce de sus largas melenas por todo el cuerpo, como un cosquilleo delicioso, y naturalmente, empecé a calentarme de nuevo...Así que me dediqué a hurgar en el coño de la que más me gustaba, mientras la otra, que tampoco estaba nada mal, le acariciaba las tetas a su amiga.Entoces yo de rodillas y levantándole las caderas con las manos, se la metí hasta el fondo por el coño.La otra, en lugar de quedarse al margen, se puso a horcajadas sobre la cabeza de su compañera, y pude ver como la lengua de ésta le lamía el coño hinchado sin parar, mientras la muy guarra se masturbaba.Aquello fué demasiado para mí..empecé un mete y saca cada vez más rápido y no s corrimos los tres, yo en un coño, y la del cunniligus frotando como loca la vulva sobre la boca que la estaba chupando....¡Joder, Manuel, que corrida...estuvo genial..!y me dejó hecho unos zorros, pero feliz como nunca...Lo gracioso es que después se fueron nuevamente al baño, se pusieron sus uniformes y empezaron a limpiar la casa..¡Y la dejaron impecable!
-Ostras, tío me has puesto a mil con tu relato...Voy a buscar a la secretaria y nos pegaremos un revolcón para desfogarnos, porque seguro que te ha escuchado...Siempre escucha mis conversaciones..Y gracias por contármelo...es bueno saber que los empleados de uno hacen su trabajo con profesionalidad y eficacia.. Ya lo sabes, llámame cuando necesites otro servicio.Y ahora, perdona, tengo algo muy urgente que hacer...

silvia

Camas Empapadas

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Decidí salir a tomarme unas copas con mi novio Luis. Nos acompañaba su hermana Paula y su novio. Pasamos la noche hablando sobre "Gran hermano" y "Operación triunfo" que a los cuatro nos encanta. Estuvimos tomando bastantes copas hasta que nos pusimos a achucharnos como locos. Cada pareja besándose enloquecidamente y metiéndose mano.

Creo que nos emborrachamos y Luis y Paula nos propusieron ir a la casa de estos a dormir.

Así es que teníais que vernos a los cuatro en dos cama. Yo montada sobre Luis y el otro amigo sobre Paula. Luis y quien esto escribe no podíamos perdernos el espectáculo. Ver a Paula, la hermana de Luis dejando la cama empapada por sus eyaculaciones. Creímos que se estaba meando. Hasta el pobre chaval que estaba con ella se lo preguntó.

Me quedé dormida por las cervezas y los cubatas.

Me pareció oír entre sueños que Luis decía: "Marchate anda". Me imaginé que se lo estaba diciendo a su hermana por el espectáculo tan vergonzoso que estaba dando. Imaginaros que veis a vuestra hermana follando y que le está chorreando líquido por todas partes. ¡De verdad parecía un surtidor!.

Me volví a despertar porque me pareció oír unos gemidos. Vi que el novio de Paula aún seguía ahí. Le estaba masturbando el clítoris. ¡Hala como se corría!. Le salía agua. ¡Y que susto me llevé!. Al mirar mejor porque sólo había una lámpara encendida descubrí que era Luis, ¡su hermano!, el que le estaba haciendo una paja a su hermana. Haciendo un incesto, ¡porque vamos no tiene otro nombre!.

Luego ella se puso a chupársela como loca.

Luis le metió dos dedos en su coño. Al rato éste parecía un grifo de todo el agua que salía. Con la otra mano el cerdo de su hermano le acariciaba el clítoris. Quería ver como su hermana eyaculaba.

El novio de Paula ya no estaba en la habitación. Luis le había dicho que se marchara. Sabía que no tenía limites. Ninguno de los dos. ¡Como le tocaba el clítoris con el dedo índice y el corazón! . La otra mano la tenía ocupada. Le había metido dos dedos en su culo. Al rato la tía esa volvió a eyacular. Lo que salía a veces parecía semen por lo blanco que era.

Luis agarró a su hermana y la penetró por detrás sentándola sobre él. Los dos me miraban. Sus rostros reflejaban un placer extremo. Sus ojos se les disparaban. ¡Como olía la habitación!. No se daban cuenta.

Me disponía a marcharme. Sobraba.

De pronto Luis me agarró del brazo.

- No te marches por favor- me dijo.

En aquel momento le odiaba. Me estaba engañando. Pero también le necesitaba.

Me la metió por el culo. Le dejé hacer. Su sucia polla que había estado metida en el culo de su hermana ahora se incaba en mi estrecho agujero. Comencé a excitarme. Suspiraba. Notaba que me faltaba aire. Me puse muy cardiaca.

Me la sacó. Me sentó sobre él en la cama. Penetrándome por el culo y besándonos en la boca. Ahora era la hermana la que nos miraba. Todo el rato jadeando y empapando la cama.

La sacó de mi culo y me la mostró toda recta esperando que se la chupara. Y es lo que hice. Me la comí entera. Escuchaba como suspiraba Paula al verlo.

- ¡Que par de cerdos sois los dos!- dijo-. Me estás poniendo los cuernos...Luis...Voy a enamorarme de ti.

Vaya comentarios que hacía. A su propio hermano.

Luis me tumbó en la cama y me la volvió a meter por el culo. ¡Que pegajosa la tenía!. Me tocaba las tetas con sus manos para estimularme y luego se puso a acariciarme el clítoris como lo había hecho con Paula, con sus dos dedos. ¡Qué bien sabía hacerlo!. Pasó una cosa. Que me corrí. Y esta vez eyaculé. Me paso como a Paula. En ese momento la comprendí. Ese era su secreto. Luis es un amante espléndido.

Esta es mi historia.

cunegundo

Bajita y Tetona

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Al poco tiempo de que vine a vivir a este edificio
de departamentos donde aun resido, se mudó una
chica al mismo piso en que yo vivo.
Se llamaba Rebeca, recién la conocí como a la semana
de mudarse, cuando tocó el timbre de mi depto. para
pedirme si la podí ayudar a bajar una caja que tenía
arriba de su ropero porque estaba muy alta y ella no
llegaba hasta allí.
Ciertamente esa chica era muy bajita, no mediría más
de 1.55, regordeta y con unas tetas muy grandes que
eran disimuladas con la ropa oscura con la que
estaba vestida.
Se presentó y luego me pidió si la podía ayudar con
esa caja, yo estaba con una amigo con el que iba a
ir a la cama a pasar un rato para distender las
tensiones del día, pero al oir su pedido los dos
prontamente aceptamos ayudarla.
Cruzamos el pallier y enseguida pasamos la puerta
de su depto., luego nos condujo al dormitorio y en
unos pocos segundos entre mi amigo y yo le bajamos
la caja que necesitaba.
Rebeca quedó mu agradecida y quiso pagarnos el favor
invitándonos con una copa, aceptamos para no
despreciarla. pero tanto mi amigo como yo estábamos
impacientes por volver a mi depto. para comenzar a
hacer lo que mi nueva vecina había interrumpido
antes de que empezaramos a hacerlo.
Bebímos la copa, luego nos despedímos diciéndole que
llamase si necesitaba más ayuda y la dejamos sola
arreglando sus cosas.
Al otro día la encontré en el ascensor, nos saludamos
intercambiamos algunas palabras de cortesía y cuando
el ascensor llegó a nuestro piso cada uno se metió en
su respectivo depto. sin vernos nuevamente por algunos
días.
Otro día en el cual nos encontramos Rebeca me pidió
que si podía entrar a su depto. porque no le encendía
una bombita de la araña y quería que se la cambiase.
Me dejó solo en el comedor, cambiando la bombita y
desapareció rumbo a su dormitorio al poco tiempo
apareció en babydoll pidiéndome disculpas diciéndome
que estaba acalorada y por eso se había puesto ropa
más cómoda.
Me invitó una copa como agradecimiento, luego nos
pusimos a charlar hasta que se decidió a fumar un
cigarrilo pero éste se le cayó cuando intentó
sacarlo de la cajilla, mientras ella se agachó para
recogerlo se le salió uno de esos tremendos senos
por el escote del babydoll.
Al darse cuenta de que yo la miraba muy rápidamente
me pidió disculpas diciendo que siempre le sucedía
lo mismo que se le salían por allí.
Terminé la copa, me levnaté e hice ademán de irme
pero ella al notarlo me lo impidió diciéndome:
-Vi tu mirada lasciva cuando mi teta se salió por el
escote, si te gusta tanto podes "jugar" con ella.
Quedé petrificado, había sido demasiado directa o
estaba loca esta mujer ofrecerme sus tetas así como
así!!!
Como no contesté nada y la quedé mirando, ella como
si fuese la cosa más natural del mundo agregó:
-Mirá soy una mujer muy fogosa, me doy cuenta cuando
alguien me desea... y a mi cuerpo no le niego nada,
si me gusta un hombre o un hombre gusta de mi le doy
satisfacción a mi cuerpo hasta que se agote el
encanto de probar algo nuevo.
Mientras hablaba sus manos iban recorriendo mis
hombros ya que por su charla me estaba reteniendo y
tuve que sentarme para no ser descortés.
Vos me caíste simpático y me diste ganas de ir a la
cama contigo desde que te conocíi, pero no sabía como
insinuarme y como supe que vivís solo, me imaginé que
podrías necesitar compañía...
Dejó de acariciarme la nunca, se sentó delante mío
abriendo las piernas pero por no tener la bombacha
puesta al final de sus piernas pude ver en todo su
esplendor una tupida mata de vellos negros en forma
de triángulo.
-Cuando te conocí y vi como me mirabas supe en ese
instante que ibas a terminar en mi cama... Además
soy muy buena catadora de braguetas y la tuya me
impresionó mucho a pesar de que no abultaba mucho
porque tu verga estaba en reposo.
Rebeca desde su asiento comenzó a lamerse los labios
al mismo tiempo que sacaba uno de su "melones" para
afuera de su babydoll y comenzó a apretarle el pezóo
con un dedo que previamente se había chupado para
humedecerlo un poco.
Yo miraba todo eso esperando el desenlace hasta donde
iba a llegar la vecina bajita y tetona, que a esas
alturas las tetas que me había imaginado enormes el
día que la conoí y que ahora estaba comprobando con
mis propios ojos que eran más grandes de lo que su
apretado vestuario disimulaba.
Sus piernas seguía separadas mostrándome cada vez
más ese triángulo de vellos negros que por poco
tiempo dejó de ocultar el interior que muy
celosamente protegía.
Con sus dedos separó los vellos y comenzó a meterlos
dentro de ese matorral para que pudiese ver un
interior muy rosado y que desde la distancia de mi
asiento parecía jugoso y apetecible.
-Boludo!!! Mirá, mirí mi concha.. Está limpita y
quiero que me la abras con tu pija y me cojas hasta
que desfallezca con un gran orgasmo!!
Me quedé mirando como metía los dedos en esa gruta
peluda sin hacerle caso de la invitación que me
había hecho, pero yo quería gozar más de cerca de
ese lugar que me invitaba a todo..
La belleza del agujero de su concha era magnífica y
la forma en que ella masajeaba su clítoris con sus
dedos al masturbarse lentamente ese arómatico
agujero que casi inmediatamente empezó a segregar una
gran cantidad de líquido lubricante.
Me acerqué e inmediatamente comencé a darle varios
lametones seguidos hasta que éste se abrió, aflojando
sus labios para que pudiese penetrar con la lengua
toda la profundidad de su vagina y saborear el dulzor
amargo que chorreaba limpio y fluído mojando la vulva.
-Omar...Omar, quiero chupártela, chupártela y que
acabes en mi boca...!
Aun estaba vestido pero al oir su súplica deseperada
por chupármela, me desvestí lo más deprisa que pude
porque siempre estoy dispuesto para que me hagan una
buena mamada.
Al verme la pija Rebeca quedó encantada, se sacó el
babydoll y sobre el sofá hicimos un tremendo 69 en el
cual no faltaron las lamidas de su ano y la
estimulación anal que ella me hizo con sus dedos y
con su lengua altamente diestra en esos menesteres.
Con sus labios me hizo unas soberbias piruetas en el
glande y en el prepucio que lo cubría las cuales me
pusieron a mil, casi le llené la boca con mi leche
pero no sucedió eso porque ella al notar con sus
dedos que mi verga latía mucho dejó de agasajarla
hasta que se calmó reteniendo la leche en el
interior reservándola para mejor ocasión.
Abriendo sus mandíbulas al máximo se la metió toda
chupándola para no dejar ni un milímetro fuera de
su boca ansiosa de verga, hasta que mi pija muy
lentamnente comenzó a expulsar peque¤as gotas,
pero al aumentar el ritmo de las chupadas y de las
maniobras con su mano se fueron vaciando mis bolas,
llenándole de leche la cara, goteando por su pera
y pegándose por su cuello y por su nuca.
Su concha ardiente había descargado una cantidad
muy grande de líquido sobre mi cara y nariz pero al
sentir el placer que me dio la expulsión de mi semen
dejé de lamerle el clítoris para buscar su boca y con
las bocas impregnadas de flujo y semen, los dos nso
besamos, metiéndonos las lenguas y escarbando dentro
de las bocas los residuos de nuestros placenteros
orgasmos.
Con ese beso sellamos el primer encuentro.
Rebeca tuvo un orgasmo tan intenso que luego de
reponerse un poco me dijo que estaba agotada y que
quería dormir, al no invitarme a dormir con ella
entendí que no quería hacerlo por esa razón me retiré
desnudo a mi depto.
Desnudo porque iba a ir directamente a bañarme para
sacarme todo el aroma a semen y flujo que cubría mi
cuerpo y en el pallier no pensaba encontrar a ningun
vecino porque en mi edificio hay dos deptos. por piso.
Me hubiese gustado chupar esas tetas tan voluminosas
pero realmente Rebeca había quedado muy agotada con
ese orgasmo por eso no me animé siquiera a sugerirle
ese deseo reprimido que fuertemenete atosigaba mi
cerebro.
Al día siguiente ella me estaba esperando para que
entrase en su depto. para concluir lo que habíamos
empezado la noche anterior
Con la bata abierta y con unas medias del mismo
tono del color de esa bata me esperó en la puerta
para invitarme a su depto.
-Pasá porque estoy recaliente con vos y desde que
me desperté he teneido varios orgasmos porque me
pajée el clítoris unas cuantas veces, pero el
deseo de estar contigo no se aplaca por más
orgasmos que pueda lograr masajeando mi vulva.
Ni entré en mi depto, directamente me llevó a su
dormitorio donde me puse a chupar esos enormes
melones.
Apoyada sobre mis muslos Rebeca se clavó mi verga
hasta el fondo de su raja. La sintió como se hundía
y como le abría brutalmente la vagina hasta
golpearle en el fondo.
-Así, métela dentro, abrímela toda...
Con mucha desesperación se subió la bata hasta la
cintura, levantó su cuerpo dejando al aire mi verga
dura y chorreante de precum, me pidió que se la
clavase de nuevo pero por detrás, con las nalgas
bien apretadas alrededor de las pelotas que no
hacían más que golpearle los muslos.
-Separá, separá bien mi trasero y cógeme. Estoy
limpia por todas partes!!!!. Lléname mi concha
con tu leche...
Esta mujer debía de estar loca!! Ese pensamiento
pasó por mi mente al oír eso, porque un rato antes
me había pedido que se la clavase por el culo y
ahora quería que le llenase la concha de leche!!
Inmediatamente después de su pedido la "fiesta"
terminó allí, cuando los dos bestialmente acabamos
casi mutuamente y quedamos con nuestras partes
pudendas desbordadas por nuestros respectivos
jugos que tan abundantemente habían fluído de
las reservas escondidas en el inerior de
nuestros cuerpos.
Dejamos para otra ocasión alcanzar el límite de
nuestras provocaciones lujuriosas, sobre todo
Rebeca, que uno de sus goces favoritos era que la
encularan, cogiéndola por el culo, perforándola
una y otra vez.
No sé que me sucedía con esta mujer, porque a pesar
de tener deseos de cogerla muchas veces o chuparla
otras tantas, con una sola sesión me dejaba
realmente agotado y eso me impedía vovler a realizar
un segundo intento, a lo mejor debido a los
movimientos y a la agitación que ponía en cada
encuentro.
A los pocos días me llamó diciendo:
-Hoy está más limpio que nunca, Omar! Quiero que
me abras el trasero como lo sabés hacer..y me cojas
hasta agotarnos.
En la postura del misionero Rebeca sintió otra vez
más como mi verga le pegaba sobre el estómago antes
de buscar el agujero que la albergaría por un buen
rato haciéndonos gozar como otras tantas veces.
Su ano se ensanchó con el solo contacto de mi
glande al ser apoyado allí, a la vez que sus manos
buscaban alcanzar mis huevos para palparlos con
unas caricias lascivas y obscenas.
Hasta que no le llené el recto de cremoso esperma,
ella no dejó de suplicar:
-Omar no dejes de bombearme... seguíí áááááááááhhh!!!
La complací porque tenía gran experiencia acumulada
por los muchos años de abrir culos desde mi
adolescencia y por eso logré dejarla satisfecha.
Durante unos meses fui asiduo visitante de su depto.
en los cuales ella preparaba siempre alguna cosa
nueva para que gozásemos cada vez más intensamente.
Todo terminó cuando un día la llevaron presa por
estupefacientes y prostitució!!!!!
Así me enteré que ella trabajaba en un prostíbulo
o casa de masajes clandestina.
Su ano se abría tan facilmente porque quien sabe la
infinidad de vergas y vibrados que habrián pasado
por allí dilantándolo a tal extremo?!
Lo que no creo que sus orgasmaos tan fuertes fuesen
fingidos, a lo mejor tenía mucha tensión y orgasmos
reprimidos por su trabajo y como yo nunca fui su
cliente se abandonó al placer conmigo...
Un día volvió a desmantelar su depto. y se fue sin
siquiera despedirse.
No sé por qué esa actitud hacia conmigo, si yo no
sabía en que trabajaba y no tuve nada que ver con
su detención.

Analismo

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 Al amigo Jaimar, amante de las crónicas exactas.



La noche de bodas una madre le dice a su hija: —Recuerda querida que el amor se hace sólo por un lado y siempre por el mismo.

Pasado un tiempo parece que el marido le insistía para que cambiaran de lado. Ella se negaba continuamente.

—No, no y no. Mi madre me dijo que el amor sólo se hace por un lado y siempre por el mismo.

A lo que el marido le responde: —Pero querida, alguna vez lo tenemos que hacer por la concha si queremos tener hijos.*





Cogerse por el culo a una mujer fue en todos los tiempos, sin duda, la fantasía más recurrente entre los hombres.

También es cierto que es la de más fácil concresión, sobre todo en esta época de liberalidad sexual, en el que las mujeres ejercen más el poder de decisión que tienen sobre su cuerpo.

Por cierto no es tan complicada como realizar, al menos para nos no franceses, la de que a uno le chupen la pija en la Torre Eiffel.

Tengan en cuenta para entender mejor lo que sigue que yo estoy refiriendo otros momentos de nuestra historia cuando garchar por la concha a veces costaba mucho, en todo sentido (dinero si uno lo hacía con una profesional o tiempo y esfuerzo si pretendía cogerse a una "noviecita"), y hacerlo por el culo era casi inalcanzable.

El mayor porcentaje de las relaciones sexuales fuera del matrimonio se realizaban con prostitutas. Venerables señoras que cumplían la importantísima función de iniciar a los hombres en el sexo y luego solucionarles todos los problemas de insatisfacción que les producía el matrimonio.

"Hacerlo por el orto" tenía otro precio y no todas lo hacían. Por lo general era una prueba de amor que le daban a su hombre para diferenciarlo de los clientes.

El puterío era una honrosa profesión hoy venida a menos, por la proliferación del amateurismo, el flagelo del hiv y las crisis económicas de turno.

Todo ser humano tiene una etapa anal, la mía se extendió mucho más de lo habitual. Generalmente se da entre el año y tres**, a mí me duró bastante más (creo que aún estoy en ella).

Visto en perspectiva no entiendo como podía ser tan boludo, pero me consuelo pensando que no era muy diferente a la mayoría de mis contemporáneos.

Durante mucho tiempo, hasta que descubrí por mi propio esfuerzo el proceso lógico de la vida, creí que la vía natural del sexo era el culo y para que los chicos nacieran a la mamá tenían que operarla de apendicitis.

Se imaginan mi desconcierto cuando, para ratificar mi creencia, le pregunté a mi vieja si yo había nacido cuando a ella la operaron e inocentemente me contestó que no, que el apéndice se lo habían extirpado mucho tiempo antes.

Se me vino todo abajo. ¿Por donde carajo salía el bebé de la panza?

Con no poco estupor concluí que descartada la operación, desconocía la existencia de la cesárea, la única posibilidad de salida era el culo. Me entró pánico al pensar en cuantos chicos dejarían de nacer por la incapacidad de la madre para diferenciarlos de comunes deposiciones fecales.

Por suerte todas las dudas que me atormentaban se fueron diluyendo a partir de los nueve años cuando descubrí la concha y sus funciones, edad en la que también para mi tristeza y maduración, me enteré que los Reyes Magos eran los padres.

Con el correr del tiempo y puestas las cosas más o menos en su lugar (el lugar era la mano ocupada en memorables pajas) sólo quedaba crecer para cumplir con el ansiado debut oficial, metérla en una vagina, y realizar el sueño fantástico de insertarla en un enigmático y atractivo orto.

Contrariamente a lo habitual, mi debut oficial bastante frustrante ya que no logré meter ni la puntita antes de la acabada, no lo realicé con una profesional a la que tuve que recurrí para terminar la tarea, o sea meter la pija en una confortable y placentera concha.

Ya iniciado en el sexo ansiaba realizar mi fantasía pero la realidad económica no me permitía, en caso de encontrar con quién, concretarla.

Para que tengan una idea de costos, a moneda actual, si echarse un polvo en un becerro*** costaba diez pesos, coger por el culo no bajaba de cien.

Totalmente imposible para un muchachito como yo, estudiante, que vivía de la cantidad que semanalmente me daba mi padre y que administraba austeramente para poder echarme un polvo junto a mis amigos cada quince días.

Decidido a hacerla realidad, para mi cumpleaños regalos mediante, me hice de una considerable cantidad de plata que decidí invertir en tal propósito.

El primer intento fracasó porque la mujer no tenía más experiencia que yo y sólo intentaba ganarse unos pesos extras. Como en mi primer intento vaginal, acabé afuera después de innumerables intentos que no pasaron de la cabeza.

La próxima vez tuve más suerte, la pude meter y acabar adentro pero al sacarla sentí que mis expectativas habían superado ampliamente a la realidad. Si eso era coger por el culo no me parecía gran cosa.

Con Iris, una correcta señora de su casa que se convertía en prostituta ocasional cuando necesitaba algo y el marido no le daba la plata, experimenté un poco más de placer. Le gustaba que le dieran por el culo y como el marido no lo hacía por problemas higiénicos ella aprovechaba para practicarlo en sus escapadas erótico-comerciales.

Fué, después de bastante tiempo e intentos, con Rene, una compañera de trabajo puta vocacional, con quien conocí los reales y supremos placeres del coito anal. Era una culeadora nata, practicamente no cogía por la concha.

–¿Para qué? Podés quedar embarazada, en cambio por el orto no hay ningún riesgo –decía con cierta cuota de realidad.

La naturaleza, sabiamente, la había dotado con todos los atributos para esos menesteres. Tenía el culo más espectacular del mundo. No te cansabas de mirarlo, vestido o desnudo. Imponente con las dimensiones justas, redondo, duro y parado. De cachetes tersos y armónicos cuyas suaves curvas te llevaban a una profunda raya que descubría, al abrirse, un rosado y titilante agujerito que te decía –¡¡¡vení papito!!!.

En realidad el culo no hablaba pero establecía un dialogo tan profundo y vital con la poronga que uno sentía la alegría de la pija apretada y absorbida por los sabios músculos de ese círculo misteriosamente mágico y respondía en una prolongada y persistente explosión de semen, como si intentara prolongar eternamente la permanencia en tan acogedor, nunca mejor aplicado el término, recinto.

Ella disfrutaba intensamente de cada movimiento del bombeo de uno y te lo transmitía con gemidos y palabras tan cargadas de intención que incentivaban al máximo tus deseos de gozarla y hacerla gozar. Decía que por alguna malformación genética debía tener el clítoris en el culo y no en la concha por la cantidad de orgasmos que sentía durante la culeada.

Estoy seguro que si fuera brasilera**** y la hubiera conocido Stagliano, sin duda, la habría convertido en el equivalente femenino de Rocco Siffredi.

Para mi pesar, y el de muchos compañeros, al tiempo renunció y como no era muy afecta a establecer mayor relación que la ocasional culeada, la perdí de vista.

En la vida seguí intentando "hacerme un culo", que junto con "hacerse un virguito", alimentaban el mal entendido orgullo competitivo y machista de ser el primero. Pero con el tiempo saque algunas conclusiones y establecí mi filosofía anal.

Dicen las mentes oscuras, vestidas también de oscuro, que tener relaciones por el ano es contra natura, ya que no se puede engendrar vida. Nada dicen del placer y el gozo.

La mujer en general, tenía muy hecho carne este concepto por educación. Sólo hace algunos años ciertas prácticas que antes consideraban perversas. El sexo oral y especialmente el anal, entre ellas.

Entregar el culo era, y es, una decisión trascendental que debe tomar ella en soledad ya que para el sexo existe un canal natural. Si la mujer no está convencida y deseosa de hacerlo es muy difícil y bastante desagradable, al menos para mí, conseguir algo placentero.

Por eso, hace ya mucho, desistí de lograr ese trofeo. Antes de "hacerme un culo" prefiero uno ya hecho y perfectamente probado. Sólo quiebro esa cuando es para convertir en realidad el sueño de alguna mujer de formar parte del extenso equipo mundial de las felices garchadas por el orto.



PD. Escucho críticas y elogios, escribanme. Gracias.



Notas del autor:

*Cuento anónimo que reflejaba el oscurantismo y la represión de aquella época.

**En esta etapa, la zona erógena dominante es la región anal, que comprende los órganos de evacuación fecal, urinaria y las nalgas. Por lo general es en este momento en que se da el control de esfínteres (entre 1 y 3 años), de esta forma la región anal pasa a ser el centro de experiencias frustrantes y gratificadoras. El ambiente aprueba o desaprueba según el niño realice o no tales funciones en el tiempo y el lugar adecuados. (Lic. Cecilia Stapff, www.sermama.com.uy).

***Reunión de muchos amigos, por lo general no menos de 10, a donde se llevaba a una prostituta que atendía de a uno, no en conjunto que tenía otro precio, a todos los concurrentes. Los que podían se echaban dos polvos y se ahorraban unos pesos ya que el segundo era más económico.

****Lamentablemente pero por razones obvias, Stagliano nunca filmó en la Argentina y si lo hizo numerosas veces en Brasil.

[email protected]

Amantes

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Nuca olvidaré aquel cumpleaños. Nací en verano, así que a casi nunca puedo celebrarlo con mis amigos, que suelen estar de vacaciones en la playa. Por eso, ese año había decidido celebrarlo con Diana, una de mis mejores amigas y casi la única que se había quedado en la ciudad. Hacía algún tiempo, yo había hecho todo lo posible por tener su amor, me volvía loco cada vez que nos encontrábamos, soñaba con ella y pasaba noches en vela por su causa, pero tras meses de intentar que me viese de otro modo, no había conseguido nada y tuve que olvidarlo para no estropear nuestra amistad.
Fui a buscar a Diana a su casa por la noche y nos fuimos los dos solos al bar en el que nos solemos juntar cuando queremos salir en plan tranquilo. Una vez allí, pedí una jarra de kalimotxo y nos sentamos a charlar y beber en una mesa. Al principio estuvimos charlando de todo y de nada, bromeando y riéndonos como de costumbre. Me vuelve loco la forma de hablar de Diana cuando estamos en un bar. Su voz es suave, sensual y cuando se acerca a mi oído para permitir que la oiga con la música a todo volumen su nariz roza mi oreja provocándome cosquillas y una suave excitación aumentada por el alcohol. Así pasaba la noche entre roces involuntarios y un deseo que crecía en mí cada vez que oía hablar, hasta que la conversación se volvió más seria. Diana tenía problemas en su casa con frecuencia, sus padres no han sido nunca unos padres modelos y a menudo la veía llorar por la vida que tenía. Intenté tranquilizarla, me aproximé a ella, la abracé y fue entonces cuando la noche dio el primer giro. La proximidad, las lágrimas de ella, mis sentimientos y el alcohol que se empezaba a notar hicieron que sin planearlo me viera a punto de besar sus labios. Pero no quería aprovecharme de la situación, así que me retiré sin estar seguro d si el alo había notado.
Diana se calmó pronto y al cabo de unas horas, el humo de tabaco que llenaba el bar, el sueño y el kalimotxo, nos empezaron a vencer y decidimos que ya estaba bien por esa noche. Ella vive muy cerca de mi casa y como después de unas horas estaba bastante chispada (la verdad es que yo también), la acompañé hasta su casa; por el camino fuimos charlando de todo y de nada, andando los dos solos por las calles que estaban casi vacías, pues no era fin de semana y se había hecho tarde. La conversación era animada y unida al alcohol nos provocaba una risa tonta y hacía que las distancias se acortaran más que nunca. Así, entre palabras y risas, llegamos a su casa. En la puerta, Diana me dio las gracias por la invitación y yo le agradecí el rato que habíamos pasado juntos, después de todo, ese fue el mejor cumpleaños que había tenido. Abrió la puerta y me miró con intención de despedirse. Nuestras miradas se cruzaron, no sé por qué me salió decir: -no me apetece despedirme-, pero Diana me miró casi fingiendo indulgencia. -Anda, pasa-.
De repente me vi entrando con ella a la casa, con la única intención de tomar la última copa. Eso mismo había ocurrido otras veces, teníamos confianza para ello sin que significase nada. Me acomodé en un sofá amplio, delante de una mesa baja de madera, y Diana apareció con dos copas en las manos. Es guapa y estaba muy atractiva, con un top que dejaba ver sus hombros y un pantalón ancho de talle bajo. Cuando se acercó para darme mi bebida, me armé de valor para hacer lo que sin darme cuenta estaba preparando desde que salimos del bar, cogí el vaso con una mano y con la otra la acerqué hacia mí hasta besarla en los labios. Diana pareció sorprendida pero no reaccionó, nuestras bocas se separaron lentamente y sólo supo decir mi nombre con un tono de sorpresa. Me incorporé un poco y, cogiéndola de la cintura, la llevé al sofá junto a mí.
Dudé de lo que estaba haciendo, no sabía lo que ella sentía, pero ya era tarde para rectificar; allí, en el sofá, la volví acercar a mí y la besé de nuevo, esta vez con más calor… y ella me siguió. Al principio nos besamos casi sin abrir la boca, con besos cortos y seguidos, tímidos; luego fueron más largos y más profundos hasta que nuestras lenguas se encontraron. “Date la vuelta, déjame ver tu espalda”. Cuando dije eso, Diana se giró, dándome la espalda en el sofá. La cogí suavemente de los brazos y besé sus hombros descubiertos, bajando los tirantes y continuando con los besos hacia el cuello. Para cuando el top había caído totalmente a su cintura, mis besos continuaban por su espalda, desabrochando el sujetador de forma que no me estorbara en mi camino.
Diana se dio la vuelta y volvimos a cruzar nuestras miradas, no quería parecer ansioso. Otro beso, esta vez de parte de ella y nos cogimos por las cinturas para sentirnos cerca. -Espera -dije. –Tenemos toda la noche por delante.- Le cogí de la mano y acaricié la piel de su brazo, besando la articulación y deslizando los dedos por la superficie hasta su hombro y su axila. Ella me quitó la camisa, nuestros pantalones se deslizaron, nos sacamos braguitas y slip y pronto nos encontramos los dos totalmente desnudos y arrodillados en ese sofá.
Su cuerpo me pareció voluptuoso, femenino, con unas curvas que la convertían en objeto de mi admiración y obsesión desde que la conocí. No era delgada, pero su figura era delicada y cada redondez la hacía más atractiva ante mis ojos y su mirada era en ese momento más dulce que nuca. Durante mucho rato nos dedicamos sólo a tocarnos evitando las partes más erógenas para no adelantar nada. Yo dibujaba con mis dedos el contorno de sus senos, descendía por el vientre y acariciaba el borde de su pequeña mata de vello corto sobre el pubis, sin llegar nunca a tocar estos lugares, pasando furtivo por el interior de sus piernas pero sin adentrarme por el momento hacia ese premio húmedo que tanto me apetecía conocer. Ella, deslizaba sus dedos, ingles y vientre y recorría el camino hasta mi pecho a la vez que acariciaba m hombro con los labios. Su piel estaba caliente y movía mis manos por ella con los ojos cerrados, intentando no sentir nada más que su tacto y que nada me distrajera de ese placer. Sus pechos se estremecieron endureciéndose al contacto con mis manos que los trataban casi con temor, deslizándose mientras con la mirada pedía permiso para realizar cada movimiento.
Nos encontrábamos de rodillas, una pierna de cada uno estaba entre las del otro y de vez en cuando rozábamos nuestros sexos con la rodilla, haciéndonos sentir un placer sutil pero intenso a la vez, provocándonos un estremecimiento al pensar por un instante en el placer que estábamos retrasando. Aquello era agradable y por eso ninguno de los dos queríamos ir más deprisa, aunque en algún momento podía sentir como a Diana le costaba contenerse y a mí me pasaba lo mismo. A veces interrumpíamos las caricias en el cuerpo para tocar nuestros rostros o besarnos, nos acercábamos más con cada caricia, hasta acabar rozando nuestros pechos, y fue entonces cuando, sin pensarlo llevé mi mano a sus senos y apliqué mis labios sobre un pezón sorbiéndolo con ansia, pero sin prisa, esa noche tenía que ser así porque lo había esperado demasiado tiempo. Nos volvimos a besar, toqué su vulva empapada, pasé un dedo entre sus labios y lo metí sin problemas para buscar ese pequeño bulto donde su placer aumentó para hacerle gemir por primera vez, convulsionar su cuerpo y dejarse llevar por el primer orgasmo de esa noche, un orgasmo que llegó pronto y se fue tarde, más psicológico que físico, provocado por la espera y el deseo.
Después de esto, Diana se echó hacia atrás con cuidado, estiró las piernas y yo me deslicé sobre ella, colocando mi sexo a la entrada del suyo. Entrelazamos las manos y me introduje sólo un poco, volviendo a salir en seguida. Ella estaba muy mojada, no hacía falta esperar más, pero sabía que el ansia aumentaría su deseo y con él su placer. Volví a colocar mi pene como antes, rocé su clítoris con mi glande y lo deslicé hacia abajo entre sus labios, entrando en su vagina y deteniéndome ahí unos segundos. Diana estaba tensa, pero cómoda con mi sexo en el suyo, llena de mí sin hacer nada más durante unos momentos interminables en que nos miramos esperando a que todo estallara.
Me moví despacio, pero profundo, manteniéndome arrodillado para no descargar mi peso en ella mientras la apretaba contra mí. La penetré una vez más, aspiré el olor de su colonia de mora y su propio aroma, más suave que llegaba desde abajo; pasé los brazos bajo sus piernas y las alcé de forma que su vulva quedó a la vista con mi pene entrando y saliendo de ella. Alcancé un cojín para ponerlo bajo sus nalgas, le acaricié los muslos, pasé la mano por su vientre y su pubis, subí su monte de Venus y me apliqué en el pequeño garbanzo que me esperaba erecto y mojado, tratándolo con cuidado, sin tocarlo directamente pero rodeándolo con los dedos hasta que su cuerpo se convulsionó y así alcanzó al orgasmo, seguido de otro y después otro más que contrajeron su sexo haciendo que yo también estallara en un éxtasis como nuca había sentido, mezclando nuestros líquidos es su interior. Nos abrazamos fuerte, me moví algunas veces más y nos quedamos así, desnudos con nuestros cuerpos unidos. Nos giramos en el sofá, sin separarnos y esa noche dormí dentro de ella por algunas horas.
Por la mañana desayunamos juntos, nos despedimos hasta la tarde y comenzamos una historia que aún continúa y que espero que nunca acabe.

Alumna en Practicas

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Apareció de improviso en mi vida y también de improviso se fue, dejándome como recuerdo de los meses que la tuve cerca de mío la imagen siempre latente de su rostro aceitunado de finas facciones, su nariz respingada, su frente amplia y sus labios seductores. Y una tenue sonrisa que siempre bailaba en su boca, acompañando una actitud de permanente ausencia, de estar lejos de mí, de mis sentimientos, de la pasión que despertara en mi pecho.


Y sus ojos. Esos bellos ojos de mirar profundo que se clavaron en mi mente y me atraparon para no soltarme más. Esos ojos que fijaba en mí y me desarmaban completamente, convirtiéndome en un idiota que a duras penas lograba articular frases coherentes o ingeniosas con las cuales poder atraerla.


Vino a solicitar que le permitiéramos hacer su práctica profesional en la oficina y yo le hice la entrevista preliminar y me quedé prendado de ella, todo al mismo tiempo. Desde ese primer encuentro su vida se pegó a la mía, devolviéndome el entusiasmo que creía perdido, convirtiendo mi pecho en un torbellino de sensaciones casi olvidadas.


Lo que en un principio era una atracción por su hermoso rostro y su actitud ausente, motivada tal vez por algún problema familiar, después se trocó en pasión cuando empezó a venir a la oficina vestida con unas blusas que hacían resaltar sus grandes senos redondos moldeados admirablemente después de su maternidad adolescente.


Esos senos se convirtieron en mi obsesión, elevándome a fantasías increíbles cuando me los imaginaba entre mis manos o besándolos. Usaba blusas ceñidas que los hacían lucir en todo su esplendor, orgullosa y consciente de la atracción que ejercían. Y día que pasaba me parecían más seductores, más tentadores. ¡Cómo los imaginé entre mis manos, recorriéndolos suavemente, sintiendo sus pezones endurecidos en el hueco de mis palmas!


Después empezó a venir con pantalones. Cada vez que se retiraba de mi oficina mis ojos se clavaban en su trasero, que aunque no era grande lucía unas dimensiones que me parecían perfectas; sus dos globos redondos se movían al compás de sus pasos como invitando a ser tocados, a acercarse por detrás y a apretarse a ella con toda la pasión que tenía contenida desde que esta joven de escasos veintidos años se apareció en mi vida.


Me mostré siempre muy amable con ella, alargando mis explicaciones cuando venía a consultarme algo, con la clara intención de que ella continuara mirándome y poder vislumbrar, aunque fuera de reojo, sus grandes y tentadores senos. Y ella con su mirada profunda y su semi sonrisa bailando entre sus labios, tal vez sabedora de mis intenciones, lucía con orgullo los promontorios que me quitaban el sueño, como si quisiera darme alimento para mis fantasías solitarias..




Empezó a producirse entre ambos una corriente de confianza. Aunque ella sabía muy bien lo que sentía hacia su persona, ello no impidió que se estableciera un lazo afectivo entre los dos. Me di cuenta por la manera en que me hablaba o respondía mis bromas que si bien no secundaba mis deseos se sentía cada vez más cómoda en mi presencia.. Nunca respondió a mis insinuaciones ni a mis requerimientos, que con el tiempo fueron haciéndose demasiado evidentes. Pero siempre recibía como respuesta solamente una sonrisa, aunque era evidente que no le molestaba y que, a pesar de mis requiebros no correspondidos, me trataba ahora con más confianza.


Fue esa confianza que ella me regaló la que me dio fuerzas para intentar un mayor acercamiento, con la intención final de enamorarla, a pesar de la diferencia de edad y del hecho de que ella tenía un novio de su edad. Empecé por llamarla por el teléfono interno y a coquetearle cada vez que conversábamos. Nunca se molestó, nunca se puso seria, nunca me pidió que no siguiera. Claro que yo era su jefe y tal vez se sintiera presionada por mí y no se atreviera a ponerme en mi lugar ante el temor de perder el trabajo.


Pero no. Sentía que había algo entre ambos, pues hubiera bastado con que solamente en una oportunidad se pusiera seria o no sonriera ante mis coqueteos para que yo hubiera desistido, pues por ningún motivo podría haberla sometido a algún tipo de acoso. No. Algo me decía que mis intentos no eran inútiles, que mis devaneos no eran en vano, que poco a poco estaba debilitando su fortaleza.


Mi problema era cómo llevar las cosas entre ambos más allá de donde estaban, traspasando los límites que imponían mi condición de jefe y su condición de joven seria. La quería sentir como mujer entre mis brazos, con sus senos en mis manos y mi boca en la suya. Y el colmo de mis deseos era tenerla enteramente para mí, entregándome su cuerpo que yo disfrutaría hasta hacerla gozar como nunca gozó antes.


Poco a poco fui logrando que la corriente de comunicación entre ambos se hiciera más fluida, al punto de que en una oportunidad le manifesté abiertamente que estaba enamorado de ella y ella recibió mis palabras con una sonrisa callada. Tampoco era difícil escuchar su risa franca ante alguna salida mía o un comentario a alguno de mis pedidos de enamorado. Mi primera petición se la hice un día viernes, poco antes de que ella se retirara:


\"En alguno momento libre que tenga este fin de semana, piense un ratito en mí, ¿ya?\"


\"Bueno, si tengo algún momento libre, lo voy a hacer\".


Su respuesta era todo lo que deseaba, pues sus palabras eran la confirmación de que mi galanteo no le era indiferente. Ese fin de semana lo pasé entre nubes, pensando en su respuesta y en lo que ello podría llegar a significar.


Como es lógico, a partir de ese día mis peticiones se fueron haciendo cada vez más audaces, pero ella nunca se molestó y siempre respondió a mis peticiones, aunque no siempre en la forma que yo hubiera querido.


Ese lunes nuestro diálogo fue breve.


\"¿Pensó en mí?\".

\"No, no tuve tiempo\"


Y la respuesta fue la misma durante tres días, pero al cuarto hubo un cambio.


\"¿Pensó en mí?\"

\"Sí\"

\"¿Qué pensó?\"

\"No, solo pensé\"


Con el paso de los días el diálogo fue mejorando.


\"¿Pensó en mí?\"

\"Si\"

\"¿Y qué pensó?\"

\"Me acordé de usted\"

\"De qué se acordó?\"

\"De las cosas que me dijo ayer\"

\"Ayer dije muchas cosas, ¿de cuál de ellas se acordó?\"

\"Mmmh, mejor no\"


Y así, paulatinamente, nuestros diálogos por el teléfono interno fueron haciéndose cada vez más abiertos, ya superadas las barreras iniciales.


\"¿Pensó en mí?\"

\"Si\"

\"¿En qué pensó?\"

\"En sus palabras de ayer\"

\"¿Que la amo?\"

\"Mmmmmh\"

\"¿No le molesta?\"

\"Mmmmh, No\"

\"Pero, ¿le agrada?\"

\"Mmmmmmh\"

\"Por favor\"

\"Mmmmh\"

\"¿Te agrada?\"

\"Mmmmmh\"

\"Por favor, cariño, dime que sí\"

\"Bueno, sí\"

\"¡Gracias, cariño lindo, gracias!\"


¡Había logrado finalmente romper la barrera entre ambos! Estábamos en la etapa del coqueteo, un excelente punto de partida para concretar mis planes con Jenny.


Colgué y quedé sumido en la alegría de mis pensamientos, pues había logrado derribar los últimos obstáculos entre ambos. De aquí en adelante tenía un solo objetivo frente a mí: poseerla a como diera lugar. A partir de este momento pondría todas mis energías en conseguir que aceptara ser mía, que colmara mis deseos por ella.


Cierro los ojos y me la imagino frente a mí, con sus grandes y profundos ojos mientras yo la aprisiono entre mis brazos para acercar mi rostro al suyo y besar esos labios tan deseados. Me parece sentir el roce de sus senos en mi pecho y ya presiento en mis manos el suave tacto de su piel firme. Me la imagino levantando sus pechos para que yo los tome y bese, mientras ella me aferra la cabeza para hundirla entre ellos. El suave contacto de sus muslos me transmite una sensación de suavidad que se convierte en humedad cuando logro alcanzar su sexo, cubierto por unas diminutas bragas.


Casi me parece vivir ese momento sublime de introducir mis dedos por entre su braga y alcanzar los labios de su sexo, que imagino húmedos de deseo.


Un ruido me despierta de mi ensoñación y me obliga a abrir los ojos. Jenny está frente a mí, como si fuera la respuesta a mis locos deseos de besarla, de tocarla, de apretarla junto a mí, de estrujar con mis manos sus senos, de acariciar sus muslos y recorrerlos hasta alcanzar el premio de su sexo. No imagina que en ese preciso momento yo me estaba imaginando que estaba metiendo mis dedos en su vulva.


\"Vengo a despedirme, pues hoy terminé mi práctica\"


Sus palabras fueron un balde de agua sobre mis deseos, mis ensueños, mis planes.


\"¡¿Cómo!?\"


\"Si, hoy es mi último día de trabajo con ustedes, por eso vengo a agradecerle la oportunidad que me dieran de hacer la práctica profesional con ustedes\".


Se dio vuelta y se marchó sin decir nada respecto de nuestros diálogos por teléfono. Era como si nunca hubiéramos tenidos esa conversación que fue tan importante para mí Y yo me quedé con la boca abierta y sin poder comprender cómo se podía pasar de la euforia al abatimiento en tan poco tiempo.


Tras ella se fueron mis últimos sueños y se abrió una oscuridad de desesperanza que me cobijaría sin posibilidad de escapar de ella.


Nunca me llamó, nunca más supe nada de ella. Sólo me quedó el recuerdo de su hermoso rostro aceitunado, su mirar profundo, su nariz respingada, sus labios sensuales . . . y sus hermosos, redondos, deseados senos que nunca logré tener en mis manos.

Algo mas que Amigos Intimos

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El caso de nuestro amigo es un ejemplo perfecto de lo que ocurre en la actualidad entre chico y chica. Los dos son lo que ellos mismo definen como "amigos con derecho a roce", es decir, sobarse y follar cuando les venga en ganas, sin que ello represente ningún compromiso.

Tengo 22 años y actualmente follo con una chica amiga mia que se llama Laura. Nuestra relación es de esas que podríamos llamar de "amigos con derecho a roce". Hacemos el amor sin ningún tipo de tabú ni represión. La cosa empezó este verano y ahora te explicaré, la primera vez que hicimos el amor. Sucedió una calurosa tarde del pasado verano. Laura había venido a mi casa donde estábamos los dos solos. Ese día llevaba un vestidito de tirantes de color azul muy corto y que remarcaba las curvas de su cuerpecito juvenil. Ella es más joven que yo, tiene 19 años. Yo llevaba unos shorts y una camisa que me iba un poco grande y llevaba los últimos botones abiertos. Ella me fue desabrochando los botones de la camisa y dejó mi pecho al descubierto. Me acarició todo el cuello y lentamente pasó sus manos por mi pecho desnudo.

- Me muero de ganas de echar un polvo - me dijo.

Entonces le quité lentamente el vestido. Laura tiene un cuerpo de vicio. A sus 19 años, su cuerpecito aparenta ser el de una niña de 15. Todas sus curvas son perfectas, no le sobra nada. Le quité el sujetador y empecé a chuparle las tetas mientras ella no paraba de acariciarme el pecho. Mi polla, todavía dentro del pantalón, estaba a punto de estallar. Laura estaba frenética, presa de una pasión lasciva. Me bajó los pantalones y los calzoncillos y empezó a acariciarme la polla y los huevos, pasando sus dedos por mi vello púbico y dando pequeños besitos a mi capullo. Nunca como entonces he estado tan excitado sin llegar a correrme, pero cuando ella se puso la polla en la boca, bastaron unos pocos segundos para correrme en su garganta. Nos besamos y fundimos en un abrazo.




Ella todavía llevaba puestas las braguitas. Se estiró en la cama boca abajo. A Laura le gustan muchísimo los juegos de caricias y besos. Empecé a llenarle de dulces besos su espalda mientras le acariciaba los hombros. Ella estaba cada vez más excitada y se giró de golpe. Empecé a besarla y a chuparle las tetas mientras ella jadeaba cada vez más fuerte. Recorrí con mis labios todo su cuerpo hasta las braguitas que, lentamente se las quité. Y allí descubrí su conejito, majestuoso, hermosísimo y que empecé a chupar, a lamer su muslo, su parte interna. Con la lengua comencé a hacer dibujos sobre su piel, chupé el pliegue donde las piernas se unen a su conejito, lamí todo, lo llené de saliva, le acaricié con mi cara su pelambrera y se la besé suavemente, casi sin presionar. A continuación, usé mi lengua para separar los labios del chocho, los abrí, hice correr mi lengua arriba y abajo entre las capas de su precioso coñito.

Suavemente separé sus piernas con mis manos y la follé con la lengua mientras ella no paraba de dar gritos y jadeos. Seguí lamiendo su clítoris hasta que noté que estaba próxima su explosión y cuando estuvo a punto de alcanzar el orgasmo, cogí su clítoris con mi boca, muy suavemente y mientras hacía esto, acaricié su vagina con dos dedos. Lentamente se los fui introduciendo y moviendo rítmicamente. Seguí chupando, acompañando los movimientos de su cuerpo. Hasta que llegó su orgasmo, momento en que bebí sus líquidos, los intercambié por saliva y no paré de chupar. Laura estaba gritando como una loca. Me pedía que parara por favor. Pero no lo hice. En este momento separé más sus piernas y la penetré con toda mi fuerza. Ella pegó un grito que debió oirse desde la casa de enfrente. Los dos estábamos como presos de una excitación morbosa, casi patológica. Ella me tocaba los huevos e incluso me metió un dedito en el culo.

Yo me movía arriba y abajo, hasta que finalmente, me corrí en sus entrañas. Nos tumbamos uno al lado de otro, ebrios de tanto placer. Ella, acariciándome el pecho suavemente, haciendo círculos, me dijo:

- Tengo hambre, quiero comer algo.
- ¿Qué te apetece... qué es lo que más te gusta? - le pregunté.
- Un yogourt de fresa.
- Creo que en la nevera hay... ¿vas a buscarlo?.
- Sí.

Se levantó desnudita y fue a por su yogourt. Mientras estaba en camino se me ocurrió una fantasía que me puso a cien solo de pensarla. Se lo susurré suavemente al oído cuando regresó y ella sonrió diciéndome:

- ¡Vale, lo hacemos! - dijo
- Seré tu yogurín - exclamé muy excitado.

Laura empezó a remover con una cucharita el yogourt hasta que se quedó como una suave y cremosa pasta. Me tumbé en la cama boca arriba y entonces ella vertió el yogourt sobre toda mi polla y huevos. El contacto con esa crema frío me produjo un escalofrío por todo el cuerpo y entonces, arrodillada a mi lado, Laura empezó a comer el yogourt con la lengua. Era tan excitante verla hacer eso que me puso a mil y no pude aguantar a que se acabara el yogourt. La cogí por la cintura y la tumbé a mi lado, me puse encima de ella y la volví a penetrar con el yogourt entre nuestros cuerpos. Fue una experiencia realmente sensacional.

tONY

Al Calor de una Taberna Irlandesa

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 Aquella tarde tenía una pena tan intensa que hasta me costaba creérmela. Me llegó sin avisar, pillándome desprevenida. Era una tristeza en estado puro. Me di cuenta de que tenía que ponerle remedio y quitarme de encima aquel sentimiento tan pegajoso, o de lo contrario, acabaría ahogándome.

Así que llamé a Sergio.

Sergio era la única persona en este mundo capaz de poder arrancarme una sonrisa cuando mi estado de ánimo estaba tan bajo. Y no porque fuera un incipiente psicólogo, recién salido de la facultad, sino que... en fin, que era uno de esos eternos pretendientes: alegre, simpático, un tanto melancólico cuando sus armas de seducción no surtían el efecto deseado en la persona amada...y encima era guapo. Pero con todo, lo mejor, sin lugar a dudas, era que yo le gustaba. Él a mi me agradaba bastante, pero la cosa no iba más allá. Me agradaba y punto. Le llamaba de vez en cuando, salíamos a tomar algo y a charlar, y luego cada cual a su casa. Y tan contentos (al menos yo). Cuando yo le llamaba, él siempre quería quedar, jamás me puso objeciones y, sin embargo, cuando él trataba de quedar conmigo por su propia iniciativa, yo solía negarme. Y eso, con el tiempo, fue creando una atmósfera un tanto inhóspita: Sergio se dio cuenta, comprendió que en realidad yo le estaba utilizando.

Y esperó. Supo esperar hasta que yo volví a darle señales de vida y a demandar de nuevo su presencia en mi vida.

Y yo precisamente no tuve a bien de llamarle otro día sino aquella tarde de enero en la que hacía tanto frío que ni los perros se podían mantener de pie.

Salí de mi casa sobre las 8:30 de la noche para esperarle en mi portal y así evitar que mis padres se dieran cuenta de que iba a salir con un chico mucho más mayor que yo (por aquel entonces yo tendría unos 19 años y él unos 26), cosa que no les hacía precisamente mucha gracia.
Sergio estaba guapísimo. Llevaba una levita negra que le llegaba a la altura de medio muslo y unos pantalones negros con un jersey de cuello alto y de color beige. Yo llevaba unos vulgares vaqueros y un jersey de esos que llevan renos dibujados en el pecho, con los guantes y la bufanda de rigor, y una preciosa chaqueta de ante que aquella noche, y debido a la lluvia, pasó a mejor vida.

Nos saludamos con dos castos besos en las mejillas y echamos a andar calle abajo, buscando algún garito donde poder resguardarnos del frío, cosa que nos costó bastante, porque no hallamos ninguno que nos gustara del todo hasta bastantes manzanas andadas. En realidad lo descubrió Sergio, que parecía conocer bien aquella zona de la ciudad. Se trataba de una pequeña taberna al estilo irlandés, poco iluminada y muy acogedora, totalmente decorada con madera y con cierto olor a cerveza rancia. Era un sitio perfecto para poder hablar. Había poca luz y casi nada de gente, y con solo dos camareros dedicados a jugar a las cartas en la barra, justo en el extremo opuesto de la mesa donde nos instalamos... es decir, que estábamos situados en el fondo del local, al lado de una ventana enrejada y a través de la cual pudimos ver cómo había empezado a llover, aunque más que llover estaba diluviando. Me invadió la sensación de que jamás escamparía y eso me reconfortó, ya que estaba en un lugar seco y cálido. Me sentí muy relajada. Y mi tristeza repentina de aquel día, al contrario que la lluvia, si comenzó a disiparse de mi mente. Y además, escuchar hablar a Sergio era fantástico.

Pedimos sendas cervezas a uno de los camareros, y nos dedicamos a ponernos al día sobre nuestras respectivas vidas, fumando sin parar y escuchando de fondo a algún grupo de música celta. He de reconocer que la escena era fantástica. Y Sergio con aquella luz parecía aún más guapo. Poco a poco nos fuimos acercando el uno al otro con la excusa de que hacía frío, y comenzamos a bajar la voz hasta que nuestra conversación no pasó de ser más que un susurro prolongado. Daba la sensación de que el hecho de aproximarnos tanto el uno al otro y el de hablar en susurros, parecía un acto natural en aquel ambiente. Y creo que Sergio notó cómo yo poco a poco fui bajando las armas, deshaciéndome de mis sistemas de autodefensa que se activaban cada vez que estábamos juntos. Sin embargo, en lugar de dar comienzo a sus eternos dispositivos de táctica y estrategia, como la del los piropos pronunciados a media voz, la de las medias sonrisas y las miradas lánguidas y los fugaces roces de las manos y la de mirarme en silencio, como memorizando mis facciones o como adorando mi anatomía a pesar e las gruesas ropas, la e tocar con su rodilla mi rodilla por debajo de la mesa... a pesar de que yo me insinué, Sergio no hizo nada. Se limitó a mirarme fijamente y a hablar sobre cómo le iba en su nuevo trabajo.

Y aquello me descolocó. No comprendí su cambio de actitud, pero surtió efecto en mi casi de inmediato, pues pronto comencé a sentir cómo la sangre me empezaba a hervir en las venas, cómo el deseo se me iba encendiendo por entro, cómo sus ojos, que tan fijamente me observaban, me comenzaban a parecer teas encendidas dispuestas a quemarme las entrañas... a sentir cómo mi respiración se volvía más profunda y entrecortada. Entonces sentí que no podía esperar mucho más. Le miré con ojos suplicantes, humillada, y pronuncié su nombre quejumbrosamente. Deseaba tanto aquel cuerpo que hubiera hecho lo impronunciable con tal de hacerlo mío. Me sentía humillada, porque después de tantos años negándome a estar con él, adoptando una fría pose de reina de hielo, por fin, y en contra de mis espectativas, había llegado el día en que Sergio me había derretido por completo, consiguiendo que le deseara con violencia, hasta la extenuación. Y lo había conseguido justamente cuando dejó de tratarme como a la perfecta imagen de mujer fría y distante que yo misma me había impuesto. Lo había conseguido justo cuando me había mirado de frente y no de rodillas, sin hacerme distinciones especiales. Fue como si se hubieran trastocado los papeles y ahora fuera él quien se había convertido en el mismísimo rey del hielo.

Por eso pronuncié su nombre quedamente, presa de una pasión enfermiza, “Sergio!”, y temblando ante la idea de que aquel hombre me hiciera suya.

No obstante él permaneció impasible, quizás felicitándose interiormente por haber conseguido provocarme la reacción esperada. “Una venganza un tanto amarga”, pensé. Pero no soy una mujer que se amilane tan fácilmente y decidí arriesgarme. Me incliné hacia él y le besé suavemente en los labios, notando por primera vez su sabor y su textura, permitiéndole a mi lengua inspeccionar tímidamente los entresijos de su boca. Sentí cómo un escalofrío me recorrió la espalda cuando él posó una de sus manos sobre mi cintura, presionándola con sus dedos hacia abajo, hacia abajo... entonces me quité los zapatos sin dejar de besarle y me levanté, separándome de él, para observar la situación en la que estábamos.

Había llegado un grupo de gente joven que estaba en la mesa más cercana a la puerta el pub y los camareros seguían con su juego de naipes. No había nadie más en todo el local, y de los que había, ninguno parecía interesarse mucho por nosotros. La poca luz estaba de nuestra parte y, además, el extremo de la barra nos ocultaba de cuello para abajo, más o menos.

Sin perder tiempo, me desabroché los botones de mis vaqueros y me liberé de ellos ante la atónita mirada de Sergio, quien, aun habiendo entendido mis intenciones, no daba demasiado crédito a ellas. Sin embargo no había tiempo para andar dando explicaciones, porque podrían pillarnos en cualquier momento y yo estaba demasiado caliente como para andarme con tonterías. Le insté en voz baja que se bajara los pantalones, pero solo se los bajó lo mínimo y lo justo para sacarse la considerable verga que se guardaba en el pantalón. Recuerdo que pensé fugazmente en lo triste de la situación, ya que era la primera vez que hacíamos el amor (si cabe llamarlo así) y la forma, ese luego, estaba muy lejos de ser la ideal, si bien era bastante excitante... y además necesitaba librarme del fuego que estaba abrasando mi sexo. Tratando de disimular lo máximo posible, a fin de que no nos descubrieran, me senté a horcajadas sobre Sergio. Estaba lubricada de sobra, por lo que me acomodé sobre él, guiando la punta de su pene hacía mi vagina y sintiendo cómo me penetraba. Todo me estaba resultando muy excitante, pero me costó mucho controlar los nervios. Me abracé a él y hundí mi cara en su cuello, mientras que Sergio me cogió con ambas manos de la cintura, con aquellas manos tan enormes que tenía, a pesar de su estatura, y me ayudó a hacerlo mejor, impulsándome suavemente hacia arriba para luego dejarme caer, a la vez que yo contraía los músculos de mi vagina para proporcionarle más placer.

Fue fantástico. Eso si, quizás demasiado rápido, ya que aún a pesar de lo lentos que eran mis movimientos, Sergio se corrió enseguida dentro de mi, llenándome con su cálido semen y su palpitante miembro. Yo continué abrazada a él durante un rato, hasta que nos tranquilizamos. Supongo que la gente, al vernos así, pensaría que solo éramos una pareja de enamorados y nadie nos molestó. Me incorporé al cabo de un rato y me compuse un poco mientras Sergio pagaba las cervezas y salimos el local.

Fuera continuaba diluviando, así que echamos a correr hasta el soportal más cercano. Sergio me preguntó si me apetecía ir a algún sitio... como a su casa (vivía con otros dos chicos más, todos estudiantes), pero ya se me había hecho bastante tarde y tenía que volver a la casa de mis padres. Se ofreció a acompañarme y caminamos juntos y sin hablar, totalmente en silencio, por debajo de los alféizares de los edificios para evitar acabar empapados por la lluvia (cosa que no conseguimos, por cierto). Al llegar a mi portal me confesó que para él había sido la primera vez que “follaba en un lugar público”, y aquella confesión me excitó tanto, que cuando subí a casa descubrí que no solo mi chaqueta de ante había pasado a mejor vida, sino que también mis braguitas ya no volverían a ser las que fueron.

Con el tiempo volvimos a repetir la experiencia, aunque nunca en un lugar público. Y la verdad es que ya estoy echando de menos aquella sensación...


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Adivinen la Verdad

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Este relato, verídico en su totalidad, tiene dos versiones; la de él y la de ella. Yo sé cual es la verdadera. Sin embargo, no la explicaré pues espero que ustedes adivinen quién de los dos miente.

Ocurrió cuando Mireya tenía catorce años y Julián dieciséis. También sabrán el motivo de que yo conozca lo sucedido y la verdad.

Mireya me explicó su versión, aunque yo ya conocía lo que en realidad ocurrió pero nada le dije y la escuché hasta el final sin hacer un solo comentario. Lo que ella me explicó fue:

La causa por la cual mi hermano Julián y yo nos encontramos solos en casa durante una semana ya la conoces y no es necesario que te la explique. También sabes que ocurrió durante el mes de julio. Hacía calor. El balcón del cuarto piso daba a la calle, y frente no había edificios tan altos como el nuestro. El balcón permaneció abierto todo la noche porque hacia un calor sofocante.

Yo tenía mi habitación y mi hermano la suya, pero, al estar solos en casa la primera noche en mi habitación me costó mucho trabajo conciliar el sueño a causa del miedo. Me parecía oír ruidos por todas partes y hasta creo que veía fantasmas y toda clase de sombras amenazadoras. Ya sabes que soy muy miedosa. El miedo fue el que me llevó a la cama gemela de la habitación de mi hermano y llegué a ella cuando ya dormía como un tronco. Sabes que entre las dos camas estaba la mesilla y a los pies de mi cama el armario de luna. Dormí toda la noche de un tirón pero el reloj de la Caja de Ahorros, que tenía un carillón muy sonoro y estaba cercano a nuestro edificio, me despertó a las siete de la mañana con sus campanadas. El sol entraba a raudales por la ventana y prometía ser un día tan caluroso como el anterior.

Lo primero que vi al abrir los ojos fue a mi hermano durmiendo en la otra cama. Llevaba puesto solo el slip, pero por el elástico de la pernera le asomaba una erección que le llegaba al ombligo. También sabes que Julián tiene una herramienta descomunal. Aún hoy, después de haber conocido bastantes hombres, no he conocido ninguno con las dimensiones de Julián. No te voy a decir que la visión de su verga no me excitara porque te mentiría y me excitó más porque se estaba acariciando, quizá porque tenía un sueño sexual, no se masturbaba, no, nada de eso, sólo se acariciaba.

La verdad sea dicha es que me puse cachonda ante la visión de aquel tremendo falo. Llevaba puesto un camisoncito que debido al sueño se me había enrollado a la cintura y como dormía sin bragas, costumbre que he tenido toda la vida, mi mano alcanzó fácilmente mi sexo. Yo tengo una forma de masturbarme que no sé si es habitual en las demás mujeres. Mientras mi pulgar frota el clítoris, mi dedo corazón lo introduzco en la vagina y así me doy gusto hasta llegar al orgasmo. Aún ahora que ya tengo hijos y llevo años casada, necesito a veces masturbarme porque mi marido se preocupa poco ya de que llegue al orgasmo; la verdad es que las más de las veces me quedo a la Luna de Valencia.

Bueno, pues aquella mañana, tuve un pequeño orgasmo mirándolo. Él no dejaba de acariciarse y yo seguí masturbándome y cuando estaba a punto de lograr un intenso orgasmo veo que de repente se levanta de la cama, se quita el slip y se me hecha encima como una exhalación. Lo hizo de forma tan rápida que sólo tuve tiempo de taparme hasta la barbilla. Noté su gran erección presionando contra mi vientre, pero sujeté las sábanas con fuerza amenazándolo con gritar, pero él no cejaba en su empeño:

-- Mira que grito y vendrán los vecinos – le dije y me contestó:

-- Ya puedes gritar, ya, que nadie te oirá y lo sabes, así que déjame que te la meta y verás que bien lo pasamos.

-- No quiero, y mira que grito, te lo digo de verdad – volví a insistir, sujetando la sábana pero sin empujarlo porque, quizá en el fondo estaba deseando sentir dentro de mí aquella tremenda erección.

-- No tengas miedo, mujer, déjame que te lo chupe, verás como te da mas gusto que masturbarte.

-- Yo no me masturbo, imbécil.

Yo seguía aferrada a las sábanas cuando él comenzó a chuparme el lóbulo de la oreja diciéndome que me comería el sexo hasta hacerme bramar y otras guarradas por el estilo mientras me chupaba el cuello y el lóbulo. Al mismo tiempo, estiraba hacia arriba de la sábana hasta que quedó enrollada sobre nuestros vientres. Sus muslos quedaron desnudos sobre los míos que tenía fuertemente apretados. Dirás que lo lógico era haberle dado una bofetada o una patada, pero no hice nada de eso, sólo protestar sin moverme de la cama de la que hubiera podido saltar muy fácilmente dándole un empujón escapándome a mi habitación y cerrando la puerta por dentro, pero no lo hice.

Le dejé que siguiera subiendo la sábana y el camisón hasta que tuvo mis pechos a la altura de su boca. Cuando comenzó a chuparme un pezón supe que no podía nada contra él que siguió bajando hasta que su boca quedó a la altura de mi sexo. Tampoco hice gran esfuerzo cuando me separó los muslos y me abrió la vagina con los dedos para hocicarse y comenzar a lamerme todo el sexo con un ansia enfebrecida. Era la primera vez que me hacían el sexo oral y creí que me desmayaba de placer cuando me llegó el orgasmo. Jamás había sentido nada parecido ni tenía idea de que los orgasmos pudieran ser tan poderosos como para quitarte el sentido de la realidad.

Quise apartarlo, pero ya no tenía fuerzas y le dejé que siguiera comiéndome hasta que de nuevo sentí que el placer regresaba. Ya no era virgen, me habían desvirgado dos años antes, pero esa es otra historia. No obstante, sentí la necesidad de notar dentro de mi vientre aquel poderoso falo. Lo agarré del pelo y estiré hacia arriba y supo enseguida lo que deseaba, Me abrió la vagina y su enorme cabeza se incrustó en ella dilatándome de tal forma que por un momento creí que no podría entrar toda dentro de mí y separé los muslos todo lo que pude. Empujó con fuerza aunque sin violencia y logró calzarse media tranca y allí se detuvo para besarme, pero aparté la boca. Me sujetó la cara con las dos manos mientras seguía metiendo su descomunal verga dentro de mi sexo poco a poco. No me quedó más remedio que abrir la boca y juntar su lengua con la mía.

Fue una sorpresa comprobar que su lengua sabía dulce como el azúcar. Comenzó a bombearme despacio y tuve otro orgasmo frenético casi de inmediato. Y otro a los dos minutos y así tres o cuatro veces hasta que noté en el fondo de mí vagina los golpes algodonosos de su tibia esperma golpeando contra mi útero con una fuerza inusitada. Noté tanto placer que le sujeté las nalgas con las manos contra mi sexo con todas mis fuerzas. Estuvo eyaculando lo menos dos minutos. Nunca, jamás me he sentido tan inundada de semen como aquella vez. Creí que no acabaría nunca. Mis orgasmos se sucedían uno detrás del otro sin interrupción, porque, pese a haber eyaculado tan abundantemente siguió bombeándome con la misma potencia y volvió a eyacular dos veces más antes de sacármela. Fue increíble. Pese a todo, nunca jamás volví a permitir que me tocara, aunque sé que Julián ha estado enamorado de mi toda su vida. Incluso ahora lo está, lo sé muy bien y él también sabe que yo lo sé.

Hasta aquí, la historia que me contó Mireya. La que me contó Julián fue exactamente igual hasta el momento en que el carillón de la Caja de Ahorros lo despierta. Tenía una erección de caballo a causa de las enormes ganas de orinar pero, a través del espejo y con los ojos casi cerrados se dio cuenta de que su hermana le estaba mirando la erección mientras se masturbaba, caso que notaba por el leve movimiento de la sábana a la altura de su sexo.

Ella se detuvo un momento- me dijo sonriendo – y supe que había tenido un orgasmo, pero como continuó masturbándose cuando creí que estaría a punto de tener otro salté de la cama, me quité el slip y me puse encima con la erección aprisionada entre nuestros vientres. Me amenazó con gritar llamando a los vecinos, pero no le hice caso, la verdad, amigo, es que quería gozarla. Mi hermana no es una mujer guapa pero si es muy atractiva y aunque es tan pequeñita como Jodí Foster se parece bastante a la atríz, tanto en el cuerpo como en la cara. Siempre ha estado muy buena y creo que tu ya lo sabes ¿no?.

--Si ya lo sé, pero sigue – respondí.

Si hubiera continuado insistiendo seguramente la hubiera disfrutado. Pero no insistí porque reventaba con las ganas de orinar de modo que salté de la cama y me fui al baño. No podía orinar y tuve que esperar a que se rebajara la erección. Pasaron lo menos cinco minutos. Cuando regresé a la habitación desnudo y con el mimebro mirando al suelo Mireya sonrió burlonamente. No sé lo que me pasó pero no volvía insistir. Sé que ella tenía ganas pero no insití, me puse el slip y me tumbé a dormir de nuevo pues, aunque el sol lucía espléndido, me había acostado tarde por lo que decidí seguir durmiendo y no tardé en quedarme dormido. Para cuando desperté ya ella se había ido.

Nos vimos al mediodía a la hora de comer en casa de mis tíos y hablamos como si nada hubiera ocurrido ya que en realidad nada había ocurrido. Por la tarde me fui de parranda con los amigos y regresé bastante tarde a casa. Supuse que ya estaría durmiendo y así era, pero no en su habitación sino en la mía. Pese a que encendí la luz y me preocupé poco por el ruido que hacía no se despertó. Llevaba encima unos cuantos cubatas y, ni corto ni perezoso, me desnudé completamente y me acosté a su lado. Tampoco se despertó pese a que la empujé un poco para hacerme sitio. A pesar de los vapores del alcohol aquello me demostró que de dormida nada de modo que lo siguiente fue levantarle un muslo colocándolo encima del mío para acariciarle el sexo con todo tranquilidad hasta que noté que tenía un pequeño temblor y comprendí que había tenido un orgasmo. Mi mano estaba mojada y supuse que ya podía penetrarla con toda tranquilidad sin que me amenazara con llamar a los vecinos.

Se la clavé poco a poco y, pese al tamaño, se lo tragó entero sin que se despertara, o mejor dicho, continuó haciéndose la dormida. La goce a conciencia y la primera vez tenía tanto semen acumulado que estuve eyaculando bastante tiempo. Sólo entonces reculó para sentirla más profundamente y ya sin decirle ni media palabra la coloqué de forma que los dos teníamos el cuerpo como dos tijeras y en esa posición con toda la vulva abierta a causa de la penetración se pegaba a mi carne su carne húmeda como una ventosa al cristal. En esa posición casi sin moverme la disfruté otras dos veces. También ella disfrutó tantas veces que perdí la cuenta. Luego la arrastré encima de mí, y siguió haciéndose la dormida. En esa posición aún gozaba más deprisa y tan seguido que sus zumos me acariciaban el miembro cada dos minutos y me hacía bramar de placer.

Luego, encendí la luz y le dije que fuera al bidet y se lavara porque quería comérselo. Quizá no te lo creas, pero se levantó con los ojos cerrados y como una sonámbula se fue al baño. Sentí el agua del bidet y el chapoteo al lavarse. Regresó húmeda y sin necesidad de indicarle como tenía que ponerse colocó sus nalgas sobre mi cara y estuvimos haciendo sexo oral hasta que me harté de su licor que manaba como agua de un grifo. Como estaba a punto de eyacular y ya no podía aguantar más, le dije que se lo tragara y fue tan obediente que tragó sin mostrar la menor repugnancia. De nuevo volví a calzármela y estuvimos haciendo el amor hasta que se hizo de día.

Siempre ha estado enamorada de mí y aún lo está. Dices que mi sobrina Marimar se parece mucho a mí, y es lógico que se parezca, soy su padre. Cuando tiene ganas de gozar profundamente me llama por teléfono y nos citamos en un motel de las afueras de la ciudad y nos gozamos uno al otro con el ansia de la primera vez. Nadie me hace gozar como ella, ni siquiera mi novia.

Esta la historia que me contó Julián. Pues bien, uno de los dos miente. ¿Cuál de ellos dice la verdad?

Tengan en cuenta que la verdad está dentro del relato. Pueden enviar sus respuestas por un privado. Responderé a todos, tanto si aciertan como si no.

Saludos.

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Adios a mi Maravillosa Virginidad

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Quería relatarles lo que fue de mi primera vez. Tengo que manifestar que no fue lo que yo esperaba ¡¡¡fue mucho más allá de mis expectativas!!!.
Soy una mujer de 24 años que fui educada en el seno de una familia católica, por lo que el tema de la sexualidad en general y en especial de las relaciones sexuales era un total tabú, por lo que crecí con muchas dudas y sobre todo con temores. A este punto de mi vida, el ser virgen obedecía a que las relaciones sexuales para mí eran vistas con morbo y como algo que no se debía hacer sino hasta que una estuviera casada. Pero mi destino iba a cambiar en una fiesta...
Era la celebración de cumpleaños de un amigo mío llamado Estuardo, en esa fiesta nos encontrábamos varios amigos de los cuales Juan era en quien más confianza yo tenía y con quien congeniábamos mucho, nunca entre nosotros había existido acercamiento de tipo sexual, sino que todo era puramente en un marco de amistad, sin embargo esa noche tomamos más de lo debido pero sin llegar a perder la conciencia y cuál no fue mi sorpresa cuando Juan se acercó a mí (en frente de todos) y me pidió que le besara, yo no lo pensé ni dos veces y le di un beso suave, rico, sensual, en donde nuestras lenguas juguetearon en nuestras bocas tocando cada rincón y saboreando lo más profundo de nosotros que hacía tiempo queríamos sentir.
El beso llegó a su final y Juan alejó su rostro del mío y ambos nos quedamos viendo mutuamente con una actitud de asombro recíproco, callados y asustados, sorprendidos quizá de esa actitud de los dos y de aquél beso tan profundo y con tanto significado para los dos. Creo que muy dentro de nosotros por todo lo que había durado nuestra amistad había un poco de atracción física y espiritual que ninguno había manifestado hasta ese hermoso beso, fue entonces cuando se reinició el diálogo entre nosotros:
-Qué rico besas -dijo Juan.
Mi respuesta fue el darle otro beso, estaba explotando por dentro Juan despertó en mí una pasión que jamás había yo explorado ni experimentado. Tengo que irme - dijo Juan volviendo a rozar sus labios y lengua contra mis labios.
Juan empezó a caminar hacia la puerta mientras yo lo veía salir, de pronto mi corazón y cuerpo reaccionaron de un salto y salí corriendo en busca de persuadirlo para que se quedara otro rato más.
-Quédate otro rato más conmigo -dije después de darle otro de mis besos más profundos, a lo que él respondió con otro beso y acariciando mi espalda con su mano, la cual había metido debajo de mi blusa blanca de seda llegando al broche de mi sostén. Yo al sentir su mano desabrochando mi sostén lo detuve de reflejo, él se detuvo pero siguió besándome, la boca, mis ojos, mi frente, mi pelo, mis orejas, mi cuello mientras su cuerpo entero me acorralaba en contra de su auto. Fue entonces cuando Juan tomó la iniciativa...
-Ven a mi departamento -dijo Juan
-No, quedémonos acá, la estamos pasando bien así como estamos- respondí Sin embargo, Juan no se dio por vencido y siguió insistiendo, empapando al mismo tiempo todo mi cuerpo con sus tórridos besos. Después de quince minutos de rogarme para que fuera a su departamento, accedí a sabiendas de lo que podía pasar, pero por un momento olvidé todas aquellas culpas y remordimientos y solo me dejé llevar por mis instintos pasionales. Cuando nos conducíamos a su apartamento, no podíamos dejar de vernos el uno al otro con una mirada tan profunda que hasta me daba miedo de lo que podría pensar de mí.
Finalmente llegamos a su apartamento, era la primera vez que yo me encontraba con un hombre sola en medio de un encuentro que en determinado momento iba a terminar en sexo, lo cual me daba miedo y al mismo tiempo me excitaba como nunca.
Cuando llegamos cerró la puerta sosteniendo una de mis manos, lo que le permitió halarme y apretarme en contra de su pecho y darme un beso de pasión aquellos que te dicen que ya te quieren en la cama y que ya no se aguantan otro momento más.
Me ofreció algo de tomar, yo le pedí un whisky en las rocas, él eligió lo mismo, mientras los preparaba, me senté en el mueble de la cocina y él acarició mis piernas por encima del pantalón que llevaba.
Qué rico hueles - dijo Juan
A lo que contesté con un gracias y con muchos besos. Sentí deseos de pasar mí lengua en todo su rostro y fue lo que hice, a él le excitó tanto que me cargó en sus brazos hasta llevarme a su alcoba, lo cual me causó un poco de ansiedad y empecé a temblar del miedo de lo que podía pasar, él sintió mi cuerpo temblar y me calmó besándome las manos y la frente, lo que encontré extremadamente sexy y excitante.
Sentía culpa de que yo lo estuviera llevando a pensar que yo era una chica fácil y Juan como leyendo mi pensamiento me susurró al oído que desde hace tiempo quería estar conmigo pero por respeto no lo había hecho. Con ese comentario me dejé llevar y solo me entregué a él.
Juan empezó a desabotonar mi blusa botón por botón y en intervalo, me besaba el pecho, cuando llegó a soltar todos los botones, descubrió mis senos debajo de un sostén de media copa, pasó su lengua encima de mi sostén como preámbulo a conocer mis pezones que aguardaban por él desesperadamente. Acercó su pecho en contra del mío y con sus manos soltó el broche del sostén, en ese momento sentí que me desmayaba de la presión que sentía y él lo sabía. Nos dejamos caer a la cama, nuestro lecho de amor, y me besó mis senos y pechos a más ya no poder al punto que me dolía cuando succionaba mis pezones, lo hacía con tanta pasión que no me podía estar quieta y me movía de lado a lado, él me seguía con su boca a mi ritmo. Aprovechó un momento y se quitó su camisa, yo sólo lo veía y cerraba mis ojos rápidamente. Luego empecé a sentir como sus manos se dirigían a mis bragas de pantalón y soltó el botón y bajó la cremallera, yo estaba muy nerviosa y como resultado empecé a llorar, él me besó y me dijo que no me preocupara que todo iba a estar bien él no iba a hacer algo para lo cual yo no quisiera o no estuviera lista, en ese momento pasaron tantas cosas por mi mente que decidí ignorarlas y seguir en aquél momento que tan bien me estaba haciendo sentir.
Juan, continuó bajándome los pantalones y quitándome mis zapatos, cuando me quedé solo con mis interiores me dijo que yo le quitara sus pantalones a lo que accedí inmediatamente, lo hice casi como un robot y él me dijo que le besara las piernas cuando le bajara el pantalón, lo hice, sentí que la pasión ya no podía ser más. Me puse encima de él con mis piernas abiertas y él acostado boca arriba observándome cuando me dijo:
-¿Quieres ver cómo estoy por ti?-
Tomó mi mano y la puso en su pene, cuando lo toqué por primera vez retiré mi mano automáticamente y él con un poco de presión volvió a ponerla encima de su pene.
-Quiero que la toques bien y que la sientas y la sobes-
Eso fue exactamente lo que hice, era una sensación rara pero fabulosa, toqué aquél garrote, duro, hinchado, fuerte que estaba encorvado dentro de los interiores de Juan, el morbo salió de mi y por iniciativa propia le quité los interiores viendo como aquél miembro salía parado vigorosamente esperando a ser satisfecho, me asombré al ver que era muy grueso y muy largo, nunca pensé que fuera tan grande, ¿cómo era que eso iba a estar dentro de mi?-pensé-
En ese entonces me quedé parada viendo aquél panorama que ya no me asustaba tanto, Juan estiró su mano para que yo le diera la mía pero no podía reaccionar, entonces él se sentó al filo de la cama para quitarme mis interiores. Lo hizo suavemente, con sus dientes y cada centímetro que bajaba, me daba un beso, cuando llegó al suelo iba subiendo con su lengua acariciando mis piernas hasta que llegó a mi vagina, se puso de rodillas frente a mi y su boca encajaba a nivel con mi vagina, se quedó viéndola un momento cuando empezó a besarla con tal amor y romance que salió de mi un líquido que le gustaba a Juan, me explicó entonces que eso indicaba que yo estaba excitada, luego siguió explorando con su lengua hasta que yo me lancé a la cama para seguir con aquél ejercicio que me estaba haciendo sentirme bien, poco a poco Juan fue abriendo mis piernas hasta que las puso encima de sus hombros y su rostro quedó cara a cara con mi vagina.
MI PRIMERA PENETRACIÓN: Juan entonces tomó sus dedos y suavemente los fue introduciendo a mi vagina, hasta ahora no me dolía nada, únicamente sentía una enorme pasión, fue entonces cuando me estremecí y tuve mi primer orgasmo. Juan dijo que tocara su pene, yo lo toqué y estaba más duro y parado que antes, parecía que iba a explotar en dirección a mi, así que lo tomé en mis manos y lo toqué con mis dedos, eso volvió loco a Juan y me dijo que lo metiera a mi boca, pero no lo hice porque me pareció que no me iba a gustar, él pareció entender y me dijo...
-¿Estás lista para estar conmigo?-
-No- contesté con un poco de miedo
-No tengas miedo que no te va a pasar nada, no te voy a hacer daño, te voy a hacer sentir mujer, mi mujer, vas a ser mía-
Esas palabras me volvieron loca así que le dije que hiciera lo que quisiera conmigo. Juan entonces se colocó encima mío y me empezó a besar los pechos y succionaba fuertemente mis pezones que estaban igual de erectos que su pene, luego fue en busca de mi lengua y nos dimos un fuerte beso con un abrazo que lo sentí tan íntimo. Puso su pene a las puertas de los labios de mi vagina y empezó a sobar con su punta de arriba a abajo lo que me súper excitó luego sin yo darme cuenta cada vez que él quería penetrarme yo instintivamente me hacía para atrás al punto de llegar a la pared que teníamos en la cabecera de la cama, ya no tenía a dónde correrme más así que eso lo aprovechó Juan tomó mis nalguitas con una mano llevándome a su erecto y fuerte pene y me besó fuertemente y me penetró un poco, me dolió un poco y quise gemir del dolor pero su boca encima de la mía no me dejó así que grité por dentro y respondí su beso con más fuerza, luego sacó su pene de nuevo y volvió a penetrarme más profundo y así repetidas veces hasta que sacó una vez más su pene y me dijo:
-Grita si quieres, ahora sí, aquí voy-
Juan me miró y con su mano tomó su pene y me penetró fuertemente hasta el fondo rompiendo mi himen de una sola vez, fue muy fuerte que no me pude quedar sin hacer nada, del dolor levanté mi cabeza para buscar su boca, no la encontré porque a él también le dolió tanto que cuando lo vi tenía los ojos cerrados. Yo sentí que era solo de Juan, que él y yo éramos uno mismo porque sentía aquella conexión por medio de su miembro fuerte, hinchado, súper súper grueso tan dentro de mí. No sé si grité o no, porque me quedé sorda de tanto dolor y tanto placer a la vez realmente quería explotar y exploté a puras lágrimas, empecé a llorar Juan me besí mis ojos y mis mejillas y siguió penetrándome sacando y metiendo suavemente su pene en mi vagina, a los pocos minutos llegué a un orgasmo sintiendo que mi vagina ejercía presión en el pene de Juan lo cual pude notar que a él le fascinaba, luego me dijo que si me dolía.
-Me duele mucho pero me gusta, no pares, hazme lo que quieras, hazme tuya- dije
Sorpresivamente Juan sacó su pene de mi vagina y empezó con su lengua a acariciar mi clítoris, tuve mi tercer orgasmo en su cara y con esos líquidos corrió a mi rostro a darme un beso, luego con sus dedos acarició los labios de mi vagina, y me succionó a más ya no poder mi clítoris.
-Toma mi pene en tus manos y métetelo tú sola- dijo Juan
-No, hazlo tú- dije
-Todo corre por cuenta tuya ahora- dijo él
Se acostó boca arriba y yo me puse encima de él, entonces tomé con mis manos su pene y me penetré yo misma lo que sentí súper excitante y era yo la que me movía para sentir placer, me movía arriba abajo, de un lado a otro y entonces Juan tuvo su primera descarga adentro de mi, sentí como su líquido caliente iba mezclándose con los míos y gritaba, gritaba de placer, lo vi entonces y lo besé, estábamos cansados así que nos recostamos un rato abrazados.
Como a las dos horas de estar recostados, sentí entre mis nalguitas un miembro duro y ansioso por continuar la fiesta, yo ya estaba más que relajada y tranquila así que ...
Cuando menos sentí tenía a Juan totalmente penetrado en mí por el culo, me dolió pero menos que en mi vagina, estábamos en una posición de los dos de lado yo dándole la espalda a él así que me penetró cuantas veces pudo hasta que se derramó en mi culito, no cupo toda su leche adentro y yo podía sentir como se derramaba en mis nalguitas su semen, él se agachó a besar mis nalguitas y recoger ese semen y lo llevó en su lengua hasta mi boca, lo que me pareció súper sexy.
-Quiero que me masturbes-
-¿Cómo lo hago?-
-Sólo sóbalo de arriba a abajo-
Así lo hice y volvió a derramarse en mis manos y saltó un poco en mi vientre y mis pechos, él se encargó de lamer todo mi cuerpo y limpiarme con toda su lengua.
Nos despertamos en la mañana cara a cara, él me dió un suave y tierno beso y dijo:
-Ya eres mía, solo mía, sólo yo te he hecho mujer, sólo tienes dentro de ti mis jugos, sólo mi pene a visitado esa virginidad tuya, yo te descubrí, eres mía mi chiquita, mi amor-
Cuando nos levantamos de la cama, las sábanas estaban manchadas de sangre, lo que él encontró sensual y me abrazó y me besó. Yo al pararme no podía ni caminar del dolor así que él me llevo al baño y nos bañamos juntos cada uno enjabonando al otro, en medio de besos y abrazos.


anonimo

Acepte la Propuesta de mi Maridito

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Le dije a mi esposo que aceptaba la propuesta que durante mucho tiempo me hacía cada vez que hacíamos el amor. Cogería con otro hombre.

Se sorprendió un poco con mis palabras pero hacía tiempo que insistía con esa idea y por fin me decidí. Elegí a Juan, un amigo común, el que solía tirarme ondas y sería bueno probarlo en la cama.
Le pregunté si aceptaba que otro me acariciara, que me tocara y que me metiera su verga en mi conchita, mi culo y mi boca. Si después no me iba a hacer una historia con todo ello y prometió aceptar todo, ya que él quería que yo lo hiciera.
A veces dudaba si me quería como antes en que estaba celoso de cualquier cosa, porque ahora me estaba ofreciendo serle infiel.
Me quedé mirándolo y observé que estaba teniendo una gran erección. Se notaba que mis palabras lo habían calentado y mucho. Parecía perversa la situación.
Pasaron un par de días cuando Euge me contó que estaba todo arreglado para la cita y ya empecé a hacerme los ratones con Juan.
Debo confesar que me atraía bastante y pensaba que podía ser un buen amante en la cama. Al menos era lo que siempre insinuaba su mujer. Me ilusionaba con probarlo.
Me vestí para la ocasión con un vestido muy sexy y cuando arribó nuestro amigo tomamos un par de copas sin hacer ninguna alusión a lo que estaba por ocurrir y mi marido puso música muy suave para ir distendiéndonos.
Bailé un rato con cada uno y luego decidimos pasar al dormitorio. Primero lo hizo Juan y nosotros aguardamos afuera.
En ese momento me entraron dudas acerca de si debía entrar o no. Se lo comenté a Euge y él me dijo que si no me gustaba lo que estaba por hacer no lo hiciera e incluso que si empezaba y me sentía mal que lo dejara plantado en medio de la cama, que eso estaba hablado ya con Juan y no habría problemas.
Espiamos dentro de la pieza antes de entrar y observé que Juanca se estaba acariciando su verga que ya tenía toda erecta. Parecía que se estaba masturbando.
Cuando se lo dije a mi esposo se calentó tanto que me levantó la falda, me corrió la bombacha y me la puso bruscamente en mi conchita.
Me puse nerviosa y hasta me preocupé por si llegaba a salir nuestro amigo, como si me despreocupara o no estuviera consciente de lo que iba a suceder en un rato.
Euge estaba tan exaltado que, sin querer me empujó y entramos bruscamente al dormitorio como perritos alzados.
Cuando lo llamó a Juan para que se acercara yo estaba toda avergonzada y hasta creo que me puse colorada.
El se acercó rápidamente y me puso la pija casi encima de la cara.
No tengo dudas que ahí se produjo el \"click\" que hacía falta, es decir el punto donde uno se olvida de todo, donde el deseo manda y le tomé la verga con fuerza y me la introduje en la boca dejándola quieta sobre mi paladar mientras movía lentamente su lengua y fui cerrando los ojos como si cayera en un agradable sueño.
Aflojé mi cuerpo y busqué con mi cola la pija de Euge, quien me penetró y nos entregamos a un placer total.
Pronto invertimos los papeles y era Juan el que me cogía mientras se la chupaba a mi esposo.
Luego quedamos los tres fusionados. Estaba en medio de los dos hombres recibiendo sus caricias. Me penetraron simultáneamente, uno por adelante y otro por detrás. El placer era inmenso para los tres.
Fui penetrada indistintamente por todos sus orificios y quedé extenuada. Nunca olvidaré esa noche.
Cuando Juan se fue quedamos con Euge en repetir la experiencia y hasta tuvimos la idea de incorporar a su mujer en el juego.
Por ahí lo hacemos pronto o quizás cuando viajemos los cuatro a Brasil en el próximo verano.

Piru

A mi Novio le Gusta Exhibirme

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Hola amiguitos. Este es mi primer relato que platico, espero les guste.

Mi novio y yo, tenemos relaciones desde que tengo 19 años, actualmente tengo 22.

Sin querer, la rutina de tener sexo, se hizo presente en nuestras vidas y fuimos perdiendo un poco de interés, por lo que buscamos soluciones con ciertos problemitas que poco a poco fuimos solucionando.

Y hemos aprendido que también viendo excitados a otra gente, también nos excitamos nosotros.

Un día mi novio me pidió que saliéramos a dar un paseo a la calle y me pidió que me pusiera una minifalda con pantimedias y zapatos de tacón alto. Físicamente soy una persona muy delgada y la minifalda tengo que usarla muy cortita para que se me vean bonitas mis piernas, esto es que soy muy delgada, lo que si tengo es una cara muy bonita y muchos muchachos cada vez que paso por la calle me piropean.

En esa ocasión me dijo mi novio, que te parece si vamos al cine a ver una película porno, al principio me dio un poco de temor por que si alguien nos viera, se me caería la cara de vergüenza, pero después de todo, como ya me había tomado unas cervezas en la comida, me relajé y le dije que aceptaba.

Cuando llegamos al cine, mucha gente nos veía y eso me hizo que me diera mucha vergüenza al principio, pero no se por que también me empecé a excitar.

De pronto tomamos unos asientos donde no había mucha gente y un tipo se sentó delante de nosotros y como era lógico, no dejaba de verme las piernas. Así es que nos cambiamos de lugar. Pero después nos siguió hasta el otro lado del cine y se volvió a sentar delante de nosotros y así lo hizo como en cinco ocasiones.

Total que nos dimos por derrotados y en la última butaca de una hilera al centro del cine, nos quedamos definitivamente, para esto mi novio saco de su chamarra otras cervezas que nos iban relajando aún más. Y por fín sucedió lo que tenía que suceder. Cada vez volteaba más y más y disimulando un poco de mi parte, cada vez abría más mis piernas, hasta que me senté como un hombre y se me veía todo mi sexo, claro que traía bikini muy coqueto que lucía de maravilla debajo de mis pantimedias y ahí tuve mi primer orgasmo.

Poco a poco pasó su mano por la butaca hacia abajo y llegó el momento en que rozo mi rodilla y en ese momento tuve mi segundo orgasmo ya que al mismo tiempo mi novio me besaba y él ni se imagina hasta ahora lo que la mano del tipo me hizo.

Por ahora te dejo y después te sigo contando más de lo que pasó en el cine porno. Más sin embargo si te gusto mi historia espero me escribas y platicamos más de esto. Te agradezco que me hayas escuchado.

Adios.

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A mi Mujer le Gusta Gozar a Tope

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 Esta es la historia de una mujer, mi mujer, que le gustaba divertirse sin inhibiciones, todo lo que quería hacer lo hacia y no le tenia miedo a gozar de su sexualidad, esta es su historia, contada por ella.



Bueno una de mis tantas historias, pues como dije al comienzo la vivo al máximo. Un día me encontraba en la universidad, haciendo un trabajo que tenia que entregar así que tuve que ir a uno de los laboratorios a terminar lo que habia dejado inconcluso pero resulto que terminé de hacer otra cuestión que tambien estaba inconclusa. El tecnico del laboratorio habia tenido que salir a una cita medica y me encontre con un amigo que no hacia mucho habia visto y con el cual tuve una muy excitante aventura tiempo atrás en una finca. El se encontraba allí trabjando y el tecnico le habia dejado sus llaves mientras volvia así que nos pusimos a hablar y terminamos recordando lo sucedido en la finca, le dije que ese lugar estaba muy inclusive para repetir lo que habiamos hecho, así que sin mas pensarlo aprovechamos la soledad del lugar y comenzamos a besarnos, luego el dejo sus cosas a un lado y yo me subí en uno de los mesones del lugar donde el se acercó y empezo a acariciarme mientras me soltaba la blusa y luego besaba mis senos y los chupaba, poco a poco corrio mi ropa interior y terminamos haciendolo en ese lugar, estaba muy excitada pues esa era una de mis fantasias y de verdad la estaba gozando al máximo, luego caminamos hacia otro meson donde me agache, el me tomo de la cintura y me comenzo a penetrar mientras besaba mi cuello y espalda y con sus manos acariciaba mi trasero y me decia que le encantaba verlo y tenerme así , que desde hace mucho rato queria tenerme en esa posición y sobre todo poderme ver completamente, pues la oscuridad de el día de la finca no le habia permitido verme; me estuvo penetrando un buen rato, en ocaciones oiamos ruidos de algunas personas que se acercaban pero luego se iban, y teniamos que hacerlo muy despacio esta situación hacia que me excitara más y más y en medio de esto tuve un orgasmo que casi me hace gritar pero tube que contenerme, el al verme tan excitada y gozando me dijo que si podia hecharmelo yo le dije que si pero que queria que me lo hechara encima pues hacia mucho rato queria sentirlo sobre mi y no la habia hecho, así que el sin oponerse lo hecho sobre mi pecho y cuando termino, se lo chupe completito pues queria tambien sentirlo en mi boca, a el le gusto mucho y me dijo que hacia rato no vivia algo tan intenso y que le gustaba que yo le diera esa adrenalina, yo le dije q también la pasaba bien con el pero que no esperara mucho de mi pues no siempre iba a ocurrir algo así. Como ya se acercaba la hora de llegada del técnico me vestí rapido y lo bese y le dije que lo habia gozado y esperaba q le fuera bien y q de pronto en otro encuentro casual la suerte nos acompañara para gozarla otra vez.

Esta es la historia de una mujer que le gustaba divertirse sin inhibiciones, todo lo que quería hacer lo hacia y no le tenia miedo a gozar de su sexualidad, esta es mi historia.



Bueno una de mis tantas historias, pues como dije al comienzo la vivo al máximo. Un día me encontraba en la universidad, haciendo un trabajo que tenia que entregar así que tuve que ir a uno de los laboratorios a terminar lo que habia dejado inconcluso pero resulto que terminé de hacer otra cuestión que tambien estaba inconclusa. El tecnico del laboratorio habia tenido que salir a una cita medica y me encontre con un amigo que no hacia mucho habia visto y con el cual tuve una muy excitante aventura tiempo atrás en una finca. El se encontraba allí trabjando y el tecnico le habia dejado sus llaves mientras volvia así que nos pusimos a hablar y terminamos recordando lo sucedido en la finca, le dije que ese lugar estaba muy inclusive para repetir lo que habiamos hecho, así que sin mas pensarlo aprovechamos la soledad del lugar y comenzamos a besarnos, luego el dejo sus cosas a un lado y yo me subí en uno de los mesones del lugar donde el se acercó y empezo a acariciarme mientras me soltaba la blusa y luego besaba mis senos y los chupaba, poco a poco corrio mi ropa interior y terminamos haciendolo en ese lugar, estaba muy excitada pues esa era una de mis fantasias y de verdad la estaba gozando al máximo, luego caminamos hacia otro meson donde me agache, el me tomo de la cintura y me comenzo a penetrar mientras besaba mi cuello y espalda y con sus manos acariciaba mi trasero y me decia que le encantaba verlo y tenerme así , que desde hace mucho rato queria tenerme en esa posición y sobre todo poderme ver completamente, pues la oscuridad de el día de la finca no le habia permitido verme; me estuvo penetrando un buen rato, en ocaciones oiamos ruidos de algunas personas que se acercaban pero luego se iban, y teniamos que hacerlo muy despacio esta situación hacia que me excitara más y más y en medio de esto tuve un orgasmo que casi me hace gritar pero tube que contenerme, el al verme tan excitada y gozando me dijo que si podia hecharmelo yo le dije que si pero que queria que me lo hechara encima pues hacia mucho rato queria sentirlo sobre mi y no la habia hecho, así que el sin oponerse lo hecho sobre mi pecho y cuando termino, se lo chupe completito pues queria tambien sentirlo en mi boca, a el le gusto mucho y me dijo que hacia rato no vivia algo tan intenso y que le gustaba que yo le diera esa adrenalina, yo le dije q también la pasaba bien con el pero que no esperara mucho de mi pues no siempre iba a ocurrir algo así. Como ya se acercaba la hora de llegada del técnico me vestí rapido y lo bese y le dije que lo habia gozado y esperaba q le fuera bien y q de pronto en otro encuentro casual la suerte nos acompañara para gozarla otra vez.



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